lunes, 30 de octubre de 2017

Francisco defiende «una Europa unida»


La paz sigue siendo en Europa «un bien frágil», amenazado por «las lógicas particulares y nacionales», advierte el Papa
«No es este el tiempo de construir trincheras, sino el de tener la valentía de trabajar para perseguir plenamente el sueño de los Padres fundadores de una Europa unida y concorde, comunidad de pueblos que desean compartir un destino de desarrollo y de paz», dijo el Papa este sábado al dirigir un discurso a los participantes en un seminario celebrado en el Vaticano sobre la contribución del cristianismo a la Unión Europea que ha unido a eclesiásticos con líderes políticos, académicos y representantes de la sociedad civil.
El Papa resaltó que, pese a los grandes logros en el Viejo Continente tras la II Guerra Mundial, no es posible dar la paz por garantizada, amenazada particularmente por los nacionalismos. «Todavía hoy vemos cómo la paz es un bien frágil y las lógicas particulares y nacionales corren el riesgo de frustrar los sueños valientes de los fundadores de Europa», dijo.
«La Unión Europea –según el Pontífice– mantendrá fidelidad a su compromiso de paz en la medida en que no pierda la esperanza y sepa renovarse para responder a las necesidades y a las expectativas de los propios ciudadanos». Para eso hace falta que toda Europa, «desde el Atlántico hasta los Urales, desde el Polo Norte hasta el Mar Mediterráneo», sea un lugar de diálogo, sincero y constructivo en el que todos los protagonistas tienen la misma dignidad. «Estamos llamados a construir una Europa en la que podamos encontrarnos y confrontarnos a todos los niveles», dijo el Papa.
Con respecto a la contribución de los cristianos, en un tiempo en que  muchos perciben el cristianismo «como un elemento del pasado, lejano y ajeno», Francisco considera que, su deber es «dar nuevamente alma a Europa, a despertar la conciencia, no para ocupar los espacios, sino para animar procesos que generen nuevos dinamismos en la sociedad».
Lo primero es personalizar la realidad europea frente a la tendencia actual a reducirlo todo «a una discusión de cifras». «No hay ciudadanos, hay votos. No hay emigrantes, hay cuotas. No hay trabajadores, hay indicadores económicos. No hay pobres, hay umbrales de pobreza», lamentó el Pontífice. «Lo concreto de la persona humana se ha reducido así a un principio abstracto, más cómodo y tranquilizador. Se entiende la razón: las personas tienen rostros, nos obligan a asumir una responsabilidad real y personal; las cifras tienen que ver con razonamientos, también útiles e importantes, pero permanecerán siempre sin alma. Nos ofrecen excusas para no comprometernos, porque nunca nos llegan a tocar en la propia carne».
Y «la segunda contribución que los cristianos pueden aportar al futuro de Europa es el descubrimiento del sentido de pertenencia a una comunidad», añadió el Papa, quien abogó por una Europa «inclusiva», lo cual –subrayó– «no es sinónimo de aplastamiento indiferenciado. Al contrario, se es auténticamente inclusivos cuando se saben valorar las diferencias, asumiéndolas como patrimonio común y enriquecedor».
Tuvo también el Papa palabras sobre el paro juvenil, una de sus constantes preocupaciones, y sobre los migrantes y refugiados, frente a las que pidió «tener un corazón abierto» para integrarlas plenamente «a nivel social, económico y político». «No se puede pensar que el fenómeno migratorio sea un proceso indiscriminado y sin reglas –añadió–, pero no se pueden tampoco levantar muros de indiferencia o de miedo».
«Por su parte, los mismos emigrantes no deben olvidar el compromiso importante de conocer, respetar y también asimilar la cultura y las tradiciones de la nación que los acoge».
Agencias/Alfa y Omega

Padrinos de bautismo


De repente nos damos cuenta de que no encontramos el expediente para un bautizo. Y eso que los padres habían acudido a las sesiones de catequesis para prepararlo. Cojo el teléfono y los llamo. No responden. A los cinco minutos me devuelven la llamada. Que lo tienen todo ellos, que sí se lo habíamos dado y explicado todo, que pensaban tráelo el día del bautizo (esto ocurre un domingo y el bautizo es el sábado siguiente). Les digo que es importante revisarlo y que lo necesitamos en la parroquia. «¡Ahora voy, en diez minutos estoy allí!» Viene ella sola con el bebé. Sonrisa nerviosa, muy nerviosa.
Me entrega un montón de papeles desordenados. Falta parte de la información. Los datos de la madrina están en flamenco, pues es belga. «Yo te lo explico». Le contesto que no hace falta: he viajado mucho por Bélgica y leo lo suficiente para entender que allí no pone lo que ella me dice; me está entregando documentos del Registro Civil, papeles de relleno. El padrino no está confirmado; tampoco trae la partida de Bautismo, aunque sí un papelín que dice cuándo y dónde fue bautizado. «¿No vale con que uno de los dos esté confirmado?». O sea, que la cosa es valer.
Comienza a sincerarse. El padrino convive con su novia; «¡son muy buena gente!». Le contesto que nadie dice lo contrario. Y la madrina, la belga, «bueno, tampoco está casada, aunque piensan hacerlo pronto… además está embarazadísima». Le recuerdo que nadie está juzgando nada. También le recuerdo cuáles son los requisitos y que no parece que cumplan lo de no encontrarse en situación irregular pública y estable. Silencio. Cojo el ritual del Bautismo de niños. Voy a donde dice que los padres se obligan a educar a su hijo en la fe para que, guardando los mandamientos de Dios, ame al Señor y al prójimo «como Cristo enseña en el Evangelio». Le muestro que inmediatamente después se pregunta a los padrinos si están dispuestos a ayudar a sus padres en esa tarea. Los verbos utilizados son obligar y ayudar.
La idea era aguardar al sábado y «a ver si, con toda la familia allí, nos ponen alguna pega». No solo es cuestión de buscar nuevos padrinos. Queda mucho trabajo por delante.
Jaime Noguera (@noguera_jaime)
Diácono permanente
Alfa y Omega

El Papa en el Ángelus: “El sueño de Dios para el hombre es hacerlo partícipe de su vida de Amor”

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Este domingo la liturgia nos presenta un pasaje evangélico breve, pero muy importante (Cfr. Mt 22,34-40). El evangelista Mateo narra que los fariseos se reunieron para poner a prueba a Jesús. Uno de ellos, un doctor de la Ley, le dirige esta pregunta: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?» (v. 36). Es una pregunta insidiosa, porque en la Ley de Moisés son mencionados más de seiscientos preceptos. ¿Cómo distinguir, entre todos estos, el mandamiento más grande? Pero Jesús no tiene duda alguna y responde: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu». Y agrega: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (vv. 37.39).
Esta respuesta de Jesús no es presupuesta, porque, entre los múltiples preceptos de la ley hebrea, los más importantes eran los diez Mandamientos, comunicados directamente por Dios a Moisés, como condición del pacto de alianza con el pueblo. Pero Jesús quiere hacer entender que sin el amor por Dios y por el prójimo no existe verdadera fidelidad a esta alianza con el Señor. Tú puedes hacer tantas cosas buenas, cumplir tantos preceptos, tantas cosas buenas, pero si tú no tienes amor, esto no sirve.
Lo confirma otro texto del Libro del Éxodo, llamado “código de la alianza”, donde se dice que no se puede estar en la Alianza con el Señor y maltratar a quienes gozan de su protección. ¿Y quiénes son estos que gozan de la protección? Dice la Biblia: la viuda, el huérfano, el migrante, es decir, las personas más solas e indefensas (Cfr. Ex 22,20-21).
Respondiendo a esos fariseos que lo habían interrogado, Jesús trata también de ayudarlos a poner en orden en su religiosidad, para restablecer lo que verdaderamente cuenta y lo que es menos importante. Dice: «De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas» (Mt 22,40). Son los más importantes, y los demás dependen de estos dos. Y Jesús ha vivido justamente así su vida: predicando y obrando lo que verdaderamente cuenta y es esencial, es decir, el amor. El amor da impulso y fecundidad a la vida y al camino de fe: sin el amor, sea la vida, sea la fe permanecen estériles.
Lo que Jesús propone en esta página evangélica es un ideal estupendo, que corresponde al deseo más auténtico de nuestro corazón. De hecho, nosotros hemos sido creados para amar y ser amados. Dios, que es Amor, nos ha creado para hacernos partícipes de su vida, para ser amados por Él y para amarlo, y para amar con Él a todas las personas. Este es el “sueño” de Dios para el hombre. Y para realizarlo tenemos necesidad de su gracia, necesitamos recibir en nosotros la capacidad de amar que proviene de Dios mismo. Jesús se ofrece a nosotros en la Eucaristía justamente por esto. En ella nosotros recibimos su Cuerpo y su Sangre, es decir, recibimos a Jesús en la expresión máxima de su amor, cuando Él se ofreció a sí mismo al Padre por nuestra salvación.
La Virgen Santa nos ayude a acoger en nuestra vida el “gran mandamiento” del amor a Dios y al prójimo. De hecho, si incluso lo conocemos desde cuando éramos niños, no terminaremos jamás de convertirnos a ello y de ponerlo en práctica en las diversas situaciones en las cuales nos encontramos.
(Traducción del italiano, Renato Martinez)

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (13,10-17) POR EL PAPA FRANCISCO:



El Evangelio del día muestra a Jesús que cura a una mujer en día sábado, provocando la indignación del jefe de la Sinagoga porque ha sido violada la Ley del Señor. Jesús lo acusa de ser hipócrita, una palabra que “repite tantas veces a los rígidos, a aquellos que tienen una actitud de rigidez en el complimiento de la ley”, que no tienen la libertad de los hijos, “son esclavos de la Ley”. En cambio, “la Ley no ha sido escrita para hacernos esclavos, sino para hacernos libres, para hacernos hijos”. Y añadió que “detrás de la rigidez hay otra cosa, ¡siempre! Y por esto Jesús dice: ¡hipócritas!”:

“Detrás de la rigidez hay algo escondido en la vida de una persona. La rigidez no es un don de Dios. La mansedumbre, sí; la bondad, sí; la benevolencia, sí; el perdón, sí. ¡Pero la rigidez no! Detrás de la rigidez hay siempre algo escondido, en tantos casos una doble vida; pero hay algo también de enfermedad. 

¡Cuánto sufren los rígidos: cuando son sinceros y se dan cuenta de esto, sufren! Porque no logran tener la libertad de los hijos de Dios; no saben cómo se camina en la Ley del Señor y no son felices. ¡Y sufren tanto! Parecen buenos, porque siguen la Ley; pero detrás hay algo que no los hace buenos: o son malos, hipócritas o son enfermos. ¡Sufren!”.

El Santo Padre recordó la parábola del hijo pródigo, según la cual, el hijo mayor – que se había comportado siempre bien – se indigna con su padre porque vuelve a acoger con alegría al hijo menor disoluto, pero que había regresado a la casa arrepentido. Esta actitud hacer ver qué hay detrás de cierta bondad: “la soberbia de creerse justo”:

“Detrás de este hacer bien, hay soberbia. El hijo pródigo sabía que tenía un padre, y en el momento más oscuro de su vida acudió a su padre; en cambio, el hermano sólo veía al padre como el patrón, pero jamás lo había sentido como padre. Era uno rígido: caminaba en la Ley con rigidez. El otro dejó de parte la Ley, se fue sin la Ley, contra la Ley, pero en un determinado momento pensó en el padre y regresó. Y obtuvo el perdón. No es fácil caminar en la Ley del Señor sin caer en la rigidez”.

“Oremos al Señor, oremos por nuestros hermanos y nuestras hermanas que creen que caminar en la Ley del Señor es convertirse en rígidos. Que el Señor les haga sentir a ellos que Él es Padre, y que a Él le agradan la misericordia, la ternura, la bondad, la mansedumbre, la humildad. Y que a todos nos enseñe a caminar en la Ley del Señor con estas actitudes”.

(Homilía en santa Marta el 24-10- 2016)

EVANGELIO DE HOY: TODA LA GENTE SE ALEGRABA DE LOS MILAGROS QUE JESÚS HACÍA




Lectura del santo evangelio según san Lucas (13,10-17):

Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar.

Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad.» Le impuso las manos, y en seguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. 

Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: «Seis días tenéis para trabajar; venid esos días a que os curen, y no los sábados.»

Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: «Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?»

A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.

Palabra del Señor

domingo, 29 de octubre de 2017

El mandamiento principal



El Evangelio de este domingo nos recuerda que toda la ley divina se resume en el amor a Dios y al prójimo. Con ello, Jesús, sin añadir un nuevo precepto, cumple la revelación antigua, realizando en sí mismo la síntesis que nos presenta. Es precisamente en la celebración eucarística donde percibimos con mayor nitidez la muestra máxima de amor a Dios y al prójimo que Jesús realiza. Y el Señor no solo muestra este amor, que es entrega máxima, sino que, alimentándonos de su cuerpo y su sangre, nos lo comunica. Únicamente recibiendo esa capacidad de amar, se realiza la verdadera conversión de la que san Pablo nos habla en la segunda lectura de la Misa.
El resumen de la ley de Dios
Por otro lado, el mandato del doble amor nos señala que el amor es el compendio de toda la ley divina. Ciertamente, los fariseos no tenían buenas intenciones al plantear a Jesús la cuestión sobre el principal mandamiento de la ley, ya que «trataban de ponerlo a prueba». Pero, independientemente de su finalidad, la pregunta no carecía en absoluto de sentido. La ley comprendía multitud de preceptos, que a lo largo de los siglos se habían convertido más en una limitación a la libertad que en una ayuda eficaz para la salvación del hombre. Hasta 613 preceptos, de los cuales la formulación comenzaba por «no…» en unos y «harás» o «debes» en otros. Entre tanta disposición no era extraño querer hallar un principio unificador. Por desgracia, aún hoy en día muchos no creyentes y también cristianos practicantes piensan que la Revelación de Dios que Jesucristo nos ha traído consiste en explicarnos un compendio de mandatos y prohibiciones; algo que la Iglesia continuaría, secundando el mandato del Señor. Si reducimos el cristianismo a esto, estamos circunscribiendo la fe únicamente a una lista de reglas morales, perdiéndonos lo esencial de la salvación de Dios.
El precepto del amor a Dios y al prójimo no trata de aniquilar todo lo que se había recogido en la ley y los profetas, es decir en el Antiguo Testamento, pero sí busca presentar la misión de Cristo y, en último término, el designio de Dios, como algo que trata no de coartar, sino de liberar; no crear nuevas normas, sino buscar el sentido y el motor de todas ellas. Frente a la pregunta capciosa de los doctores de la ley, el Señor no elige uno de los múltiples preceptos, sino que, partiendo del amor, unifica bajo este concepto lo que en la Escritura aparecía de manera dispersa, tanto en Deuteronomio 6, 5 (amar a Dios con todo el corazón), como en Levítico 19, 18 (amar al prójimo como a uno mismo).
La concreción del amor
Puesto que el amor es una de los conceptos que puede quedar sin contenido si no se concreta, la primera lectura completa en cierto sentido el pasaje evangélico, poniendo ante nosotros cuatro ejemplos de cómo realizar ese amor: la ayuda al forastero nos impulsa a atender a quien viniendo desde otra tierra necesita de nuestra atención; el mandato de no explotar a la viuda o al huérfano nos recuerda que el amor no es abstracto, sino que se ejecuta precisamente con las personas más desamparadas por la sociedad, como eran estos grupos de personas en tiempos de Jesús y pueden ser otras personas hoy en día (ancianos, quienes viven en soledad); el modo de actuar con el pobre cuando nos pide un préstamo nos advierte que Dios considera como dirigido a sí mismo el trato que damos a estas personas, y que, si un pobre es humillado, Dios mismo es humillado.
No debemos olvidar que el ejemplo supremo de amor nos lo muestra el Señor en la cruz, dando su vida por nosotros. Él mismo nos recuerda asimismo que no solo debemos amar al prójimo como a nosotros mismos, sino que hemos de amar incluso a nuestros enemigos, algo inaudito en aquella época para quienes acompañaban a Jesús.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid

Evangelio
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». Él le dijo: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En estos dos mandamientos se sostienen toda la ley y los profetas».
Mateo 22, 34-40

Alfa y Omega

El último gesto del Papa y Omella con Catalunya


 Me consta que lo ha intentado. Hasta el último momento. Ha sido uno de los grandes protagonistas silenciosos de este procès que, si nadie lo remedia, acabará en catástrofe. Para todos. El cardenal de Barcelona, Juan José Omella, partió ayer por la mañana hacia Roma convencido de que el president Puigdemont iba a dar marcha atrás y convocar elecciones autonómicas, frenando la aplicación de la DUI y del famoso artículo 155 de la Constitución.
Así se lo había comentado, horas antes, al propio Papa, quien felicitó al purpurado por el trabajo conjunto llevado a cabo con Osoro y la aquiescencia de Blázquez. Pero ya en la Ciudad Eterna, en mitad de la reunión de la Congregación de Obispos, Omella supo que todo se había truncado.
Los teléfonos echaron humo el pasado mediodía. En Barcelona, en Madrid, en Bilbao... también en Roma. Nadie entendía qué había podido pasar, cuando todo estaba medianamente atado. Quienes lo conocen, cuentan que el cardenal de Barcelona está triste, muy triste. Por las decisiones tomadas (o a punto de materializarse) pero, fundamentalmente, por el pueblo catalán. Que va a sufrir, y mucho, por la irresponsabilidad de sus gobernantes.
A media tarde, casi sin proponérselo, Francisco y Omella vieron la posibilidad de hacer un último gesto, probablemente baldío, de amor a Cataluña. Ocurrió durante la visita del Papa a la sede italiana de Scholas Ocurrentes. El cardenal de Barcelona acompañó al Papa para escuchar las conclusiones del último encuentro de esta fundación celebrado en Tarragona, y allí coincidieron, también, con los responsables del F. C. Barcelona, que venían a renovar el acuerdo con Scholas.
Ni cortos ni perezosos, nos cuentan, el director de Scholas, José María del Corral, vio la oportunidad. Y se hizo la foto que preside esta información. Francisco, Omella y el vicepresidente primero del FC Barcelona y de la Fundación, Jordi Cardoner, posaban juntos con una camiseta del Barça con el "10" (el dorsal de Messi), y el nombre de "Papa Francisco" en la zamarra. Un último gesto de seny, una última llamada a la sensatez. Y al "Catalunya t'estimo" por parte de Bergolio y del cardenal que, todavía hoy, continúa tratando de parar el desastre.
Jesús Bastante

Creer en el amor


La religión cristiana les resulta a no pocos un sistema religioso difícil de entender y, sobre todo, un entramado de leyes demasiado complicado para vivir correctamente ante Dios. ¿No necesitamos los cristianos concentrar mucho más nuestra atención en cuidar antes que nada lo esencial de la experiencia cristiana?
Los evangelios han recogido la respuesta de Jesús a un sector de fariseos que le preguntan cuál es el mandamiento principal de la Ley. Así resume Jesús lo esencial: lo primero es "amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser"; lo segundo es "amarás a tu prójimo como a ti mismo".
La afirmación de Jesús es clara. El amor es todo. Lo decisivo en la vida es amar. Ahí está el fundamento de todo. Por eso, lo primero es vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor. No hemos de perdernos en cosas accidentales y secundarias, olvidando lo esencial. Del amor arranca todo lo demás. Sin amor, todo queda desvirtuado.
Al hablar del amor a Dios, Jesús no está pensando en los sentimientos o emociones que pueden brotar de nuestro corazón; tampoco está invitando a multiplicar nuestros rezos y oraciones. Amar al Señor, nuestro Dios, con todo el corazón es reconocer a Dios como Fuente última de nuestra existencia, despertar en nosotros una adhesión total a su voluntad y responder con fe incondicional a su amor universal de Padre de todos.
Por eso añade Jesús un segundo mandamiento. No es posible amar a Dios y vivir de espaldas a sus hijos e hijas. Una religión que predica el amor a Dios y se olvida de los que sufren es una gran mentira. La única postura realmente humana ante cualquier persona que encontramos en nuestro camino es amarla y buscar su bien como quisiéramos para nosotros mismos.
Todo este lenguaje puede parecer demasiado viejo, demasiado gastado y poco eficaz. Sin embargo, también hoy el primer problema en el mundo es la falta de amor, que va deshumanizando una y otra vez los esfuerzos y las luchas por construir una convivencia más humana.
Hace unos años, el pensador francés Jean Onimus escribía así: "El cristianismo está todavía en sus comienzos: nos lleva trabajando solo dos mil años. La masa es pesada y se necesitarán siglos de maduración antes de que la caridad la haga fermentar".

Los seguidores de Jesús no hemos de olvidar nuestra responsabilidad. El mundo necesita testigos vivos que ayuden a las futuras generaciones a creer en el amor, pues no hay un futuro esperanzador para el ser humano si termina por perder la fe en el amor.
José Antonio Pagola

Amarás al Señor tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo


Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?».
Él le dijo:
«"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente".
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo."
En estos dos mandamientos sostienen toda la Ley y los Profetas».
Palabra del Señor.

sábado, 28 de octubre de 2017

Ana, al convento de Iesu Communio con 18 años: «¿Y no es muy joven?»



Ana entrará en Iesu Communio el 5 de noviembre. Con tan solo 18 años, «ha comprendido lo que muchos no entienden en toda su vida», explica su prima. Ha dado respuesta a la pregunta: «¿merece algo tanto la pena como para dar la vida por ello?» «Cristo es su respuesta». «Está enamorada» de Él, y «¿quién no daría la vida por la persona amada? Eso está haciendo ella»
Ana «tiene 18 años, es guapa, lista, le gusta el diseño de moda, viajar, escuchar música y, sí, se mete monja». Lo cuenta su prima ,Teresa García de Santos, en un post en su blog.
La joven ingresará este domingo 5 de noviembre en Iesu Communioun instituto religioso femenino de derecho pontificio aprobado por la Santa Sede el 8 de diciembre de 2010 y cuyas hermanas visten un peculiar hábito de tela vaquera.
En el texto del blog, García de Santos reflexiona, a través de una serie de preguntas que ella misma responde, sobre la juventud y la experiencia de la vida en el marco de la vocación religiosa.
– ¿Ana «es feliz?», se pregunta su prima.
– «Sí, es tremendamente feliz», responde Teresa.
– Y, «¿no es muy joven?»
– «Sí, es tremendamente joven», continúa el diálogo. «Pero eso no le incapacita para tomar una decisión», añade.
– «¿Se es joven para salir con alguien a los 18 años?»
– «Sí, de nuevo, tremendamente joven. Pero eso no te incapacita para amar».
– «¿Y no sería mejor que primero conociese mundo, que viviese más experiencias?»
– «Pero un momento, ¿hace falta salir con todos los chicos del mundo para saber que esa es la persona? ¿Es necesario probar todas las carreras universitarias para darse cuenta de que esa es la tuya? Todos nosotros concluiríamos que no. Cuando uno encuentra aquello, o a aquel, que le hace feliz, ¿para qué posponer la elección?»
Anita, como la llama su prima, «está enamorada de un hombre especial. El más bello, tierno y vulnerable de todos» y este es «el secreto de su felicidad».
Con tan solo 18 años, «ha comprendido lo que muchos no entienden en toda su vida», asegura. Ha dado respuesta a la pregunta: «¿merece algo tanto la pena como para dar la vida por ello?» «Cristo es su respuesta».
Antes de concluir, Teresa García de Santos explica que Ana «está enamorada de Cristo», y ¿quién no daría la vida por la persona amada? Eso está haciendo ella».
José Calderero de Aldecoa @jcalderero
Alfa y Omega

La Conferencia Episcopal reitera su compromiso con la Constitución



El responsable de relaciones exteriores del Vaticano critica «el nacionalismo no sano» y las «divisiones» en Europa
La Conferencia Episcopal Española reitera su compromiso con el orden constitucional. A través de su cuenta en Twitter, el secretario general y portavoz, José María Gil Tamayo, lanzó un mensaje de apoyo al Estado de Derecho tras la declaración unilateral aprobada por los partidos soberanistas catalanes y el anuncio por parte del gobierno de una batería de medidas para restaurar la legalidad en Cataluña.
«Nuestra oración y dolor x acontecimientos de hoy. El respeto del Estado de Derecho y de la Constitución aseguran nuestra convivencia en paz», afirmaba el mensaje.
A este mensaje se había adelantado la diócesis de Palencia, con una nota en la que se calificaba «los recientes acontecimientos vividos en Cataluña» de «una grave quiebra del marco de convivencia del que gozamos los españoles». Frente a ellos, «la Iglesia católica en Palencia y su obispo están con el Estado de Derecho y la Constitución vigente», y elevan oraciones «para que, en este momento, todos conservemos el sentido común y la serenidad, y trabajemos por la unidad en la fraternidad de todos los españoles».
La vorágine de acontecimientos encontró al cardenal de Barcelona, Juan José Omella, en Roma, donde se ha podido encontrar personalmente con el Papa Francisco durante su participación en un congreso sobre el futuro de la UE. Los cardenales Omella y Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, han mantenido una interlocución política al máximo nivel para tratar de facilitar una salida a la crisis política.
Sin referirse expresamente a la situación a Cataluña, que en esos momentos acaparaba las portadas digitales de la prensa europeas, el secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede, Paul Gallagher, decía este viernes que «el nacionalismo no sano se debe siempre rechazar y un populismo como estrategia política es poco aconsejable». Y defendía además una Unión Europea «sin divisiones».
Los obispos catalanes, al menos la inmensa mayoría, esperaba la convocatoria de elecciones autonómicas anticipadas. De este tema hablaron los obispos catalanes durante la reunión de la Conferencia Episcopal Tarraconense celebrada el 24 de octubre en el seminario Conciliar de Barcelona, con asistencia de todos los obispos, incluido el hasta ahora auxiliar de Barcelona, Sebastià Taltavull, que el 19 de noviembre tomará oficialmente posesión como obispo de Mallorca.

Ricardo Benjumea
Alfa y Omega

Cardenal Omella: «Pido al Señor que nos ayude a construir un futuro en paz»


«Amo profundamente Barcelona y Cataluña. Y amo también España y Europa», dice el cardenal arzobispo de Barcelona en un mensaje enviado desde Roma
La vorágine de acontecimientos le ha encontrado a Juan José Omella en Roma, donde participa en un congreso sobre el futuro de la Unión Europea. El Papa Francisco ha podido así en las últimas horas recibir información de primera mano de un cardenal en el que confía especialmente.
La parte dolorosa para Omella ha sido tener que alejarse de su diócesis en estos momentos tan difíciles, tras la declaración de independencia por parte de algunos partidos del Parlamento autonómico, con la consiguiente disolución de la cámara, la destitución del gobierno de la Generalitat y la convocatoria de elecciones el 21 diciembre. La incertidumbre a estas horas reside en el grado de resistencia del independentismo catalán a estas medidas del gobierno central, cuya finalidad es restituir la legalidad.
«En este momento, como pastor de Barcelona, comparto el dolor y el sufrimiento de la gente», dice el cardenal de Barcelona desde Roma, por medio de una grabación de voz difundida a través de la página web del Arzobispado.
Omella hace un llamamiento a «evitar la confrontación y a construir un futuro en paz». E implícitamente pide que la identidad catalana pueda vivirse con naturalidad de forma simultánea con la española, sin contraponer ambas. «Después de dos años que llevo en la diócesis de Barcelona –añade el mensaje– puedo decir que amo profundamente Barcelona y Cataluña. Son gente maravillosa. Y amo también España y amo la Europa a la que pertenecemos».
Ricardo Benjumea

28 de octubre: san Simón y san Judas, apóstoles de Cristo


Apóstoles de Cristo y amigos en la difusión del Evangelio. Ambos fueron martirizados en Persia después de una vida de entrega al Señor. San Judas fue aquél que preguntó al Señor en la última Cena por su manifestación. «El que me ame, observará mi palabra, y el Padre mío le amará, y vendremos a él y haremos nuestra mansión en él», le contestó Jesús
El misal habla así de los dos apóstoles cuya fiesta se celebra de forma conjunta: «Fiesta de san Simón y san Judas, apóstoles, el primero apellidado Cananeo o Zelotas, y el segundo, hijo de Santiago, llamado también Tadeo, el cual, en la última Cena preguntó al Señor acerca de su manifestación recibiendo esta respuesta: El que me ame, observará mi palabra, y el Padre mío le amará, y vendremos a él y haremos nuestra mansión en él».
Simón y Judas fueron apóstoles de Cristo, por el que derramaron hasta su sangre. Su fiesta se celebra de forma conjunta el 28 de octubre porque se dice que siempre se les veía juntos predicando la palara de Dios.
Judas Tadeo evangelizó con gran celo a los paganos. Viajó hasta Mesopotamia para difundir la figura de Cristo. Regresó a Jerusalén para el Concilio de los Apóstoles. Posteriormente volvió a partir en dirección a Libia, donde junto a Simón, difundieron el Evangelio por toda aquella región.
Ambos apóstoles sufrieron el martirio en Persia, en la ciudad de Suanis. A san Judas le cortaron la cabeza después de golpearle con un garrote. Antes de morir Judas escribió una carta incluida en el Nuevo Testamento. Simón, por su parte, fue martirizado con una sierra, que cortó su cuerpo en dos.
Pero la historia de estos dos apóstoles no es solo la historia de su martirio, sino la historia de dos hombres que dejaron todo para seguir muy de cerca a Cristo y que difundieron su figura por muchos de los reinos conocidos entonces.
José Calderero @jcalderero
Alfa y Omega

Escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles




Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 12-19
En aquellos días, tiempo, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Simón, llamado el Zelote, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Después de bajar con ellos, se paró en una llanura, con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.
Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y toda la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.
Palabra del Señor.

Papa: la precariedad laboral es inmoral, mata la dignidad

El Papa Francisco reiteró que «sin trabajo no hay dignidad», y recordando que ante todo está el bien de la persona, señaló que «no todos los trabajos son dignos». En un vídeo mensaje, con motivo de la Semana social de los católicos italianos, celebrada en Cagliari del 26 al 29 de octubre de 2017, el Obispo de Roma agradece el tema elegido: «El trabajo que queremos: libre, creativo, participativo y solidario», que se inspira en su Exhortación Apostólica Evangelii gaudium (192).
«Hay trabajos que humillan la dignidad de las personas, aquellos que alimentan las guerras con la construcción de armas, que baratean el valor del cuerpo con el tráfico de la prostitución, que explotan a los menores. Ofenden la dignidad del trabajador también el trabajo negro, la contratación ilícita de mano de obra, los trabajos que discriminan a la mujer y no incluyen al que tiene una discapacidad»
Una vez más el Papa denunció con firmeza el trabajo precario
«Es una herida abierta para muchos trabajadores, que viven en el temor de perder el empleo. Tantas veces he oído esta angustia: la angustia de poder perder su propia ocupación: la angustia de aquella persona que tiene un trabajo de septiembre a junio y que no sabe si lo tendrá el próximo septiembre. Precariedad total. Esto es inmoral. Esto mata: mata la dignidad, mata la salud, mata la familia, mata la sociedad. El trabajo negro y el trabajo precario matan».
El Santo Padre expresó preocupación asimismo por los trabajos peligrosos y malsanos, que cada año causan cientos de muertos y de inválidos, por la explotación de los trabajadores y del trabajo infantil. Sin olvidar a los que no tienen empleo y a los subempleados.
«La Iglesia obra por una economía al servicio de la persona, que reduce las desigualdades y tiene como fin el trabajo para todos», reafirmó el Papa, para luego destacar que «la crisis económica mundial comenzó como crisis financiera, que se transformó luego en crisis ambiental y social al mismo tiempo».
Animando «los signos de esperanza» que como una foresta crecen sin hacer ruido, el Papa alienta a «servir a las personas que tienen necesidad» y a «formar comunidades en las que la comunión prevalece sobre la competición»: «¡en el mundo del trabajo la comunión debe vencer sobre la competición!».
Éste es el llamamiento del Papa Francisco:
«Que nada se anteponga al bien de la persona y al cuidado de la casa común, a menudo desfigurada por un modelo de desarrollo que ha producido una grave deuda ecológica. La innovación tecnológica debe ser guiada por la conciencia y por los principios de subsidiariedad y de solidaridad. El robot debe permanecer como medio y no volverse el ídolo de una economía en manos de los poderosos; deberá servir a la persona y a sus necesidades humanas».
(CdM)
(from Vatican Radio)