lunes, 19 de junio de 2017

Video-mensaje de Francisco: el Rosario, una oración que lleva paz a los corazones, a la iglesia y al mundo



“También yo rezo frecuentemente el Rosario delante a un mosaico: un pequeño mosaico de la Virgen con el Niño, donde parece que en el centro está María, cuando en realidad Ella, usando sus manos se vuelve una especie de escalera a través de la cual Jesús puede bajar en medio de nosotros”.
Así el papa Francisco explicó este domingo cómo la María lleva a Jesús, durante el video-mensaje enviado al santuario de la Virgen de Ta’ Pinu, en la isla de Gozo en Malta, en ocasión de la inauguración de un mosaico en el exterior de la basílica que representa los cuatros misterios marianos.
El Santo Padre les aseguró que “en un gran abrazo de mosaicos les esperan Jesús y su madre” y que recuerda “una oración contemplativa, simple, accesible a todos, grandes y pequeños: la oración del santo Rosario.
“En la oración del Rosario –aseguró el sucesor de Pedro– nos dirigimos a la Virgen María para que nos lleve cada vez más cerca a su hijo Jesús, para conocerlo y amarlo cada vez más”.
Señaló que “mientras repetimos ‘ Ave María’, meditamos los misterios, las etapas gozosas, luminosas, dolorosas y gloriosas de la vida de Cristo, pero también de nuestra vida: porque nosotros caminamos con el Señor”.
“Rezando llevamos todo a Dios: las fatigas, las heridas, los miedos, pero también las alegrías, los dones, las personas queridas… todo a Dios. Rezando le permitimos a Dios entrar en nuestro tiempo, recibir y transfigurar todo lo que vivimos”, dijo.
El Papa concluyó exhortando: “Sírvanse con frecuencia de este instrumento potente que es la oración del santo Rosario, porque lleva paz en los corazones, en las familias, en la Iglesia y en el mundo”.

Los niños endemoniados que desaparecen



Mercedes García Hurtado es hermana de la Caridad de Santa Ana y enfermera. Trabajó durante 25 años en un hospital psiquiátrico en Tarragona y en 2012 llegó hasta Costa de Marfil «porque siempre quise ser misionera, pero me quedé en España más de 20 años para cuidar a mi madre enferma». Además de atender el dispensario, Soro Gnenetcho –que quiere decir mujer del cielo, como la llaman en su aldea– atiende y hasta en ocasiones salva la vida a las personas con discapacidad intelectual o enfermedades psiquiátricas en un país lleno de tabús y creencias animistas que las consideran espíritus a los que hacen desaparecer. Mercè, como la llaman en su tierra, pide ayuda, porque se necesitan medios para las personas con discapacidad intelectual puedan tener las mismas oportunidades que los demás.
¿Cómo que desaparecen?
Los marfileños consideran que los enfermos mentales tienen demonios dentro porque han hecho algo mal. Sus familias los llevan a curanderos, cuando no los abandonan en el campo. El marabú practica un ritual místico y los hace desaparecer.
Pero… ¿dónde van a parar?
El ritual consiste en aplicar unas hierbas y esparcir agua sobre su cuerpo. Si es una serpiente, la persona comenzará a moverse y se transformará en una cobra, y entonces desaparecerá. Si es un genio comenzará a dar vueltas sobre sí mismo como un remolino y desaparecerá también. En cambio, si se trata de un hombre se quedará quieto, aunque, eso sí, el espíritu no desaparecerá de su cuerpo, pero su familia deberá aceptarlo y llevarlo de nuevo a casa. La gente que ha ido a estos curanderos nunca más aparece… no sabemos dónde están, nadie los vuelve a ver. Y la familia tiene que estar contenta, porque si no, al próximo embarazo también caerá la maldición.
¿Los matan?
No lo sabemos.
¿Y cómo trabaja una enfermera experta en psiquiatría entre tanta creencia mágica?
Es difícil, porque cambiar el mundo de las creencias es casi imposible. Por ejemplo, a las personas con síndrome de Down o a los epilépticos ni se los toca porque creen que son contagiosos, los echan de la escuela o el trabajo… Es todo un estigma.
Se quedarán pasmados cuando la ven a usted acercarse a los personas con enfermedades mentales.
Tanto que me llaman Soro Gnenetcho, que significa mujer del cielo. Ven extraordinario –pero en positivo– que me acerque a esos espíritus que echan espuma por la boca y los atienda con cariño y atención.
En un entorno así la parte evangelizadora también tiene pinta de ser difícil.
Es otro buen desafío. Aquí el cristianismo lleva 100 años, está muy poco arraigado. Pero, eso sí, en sus creencias también hay un solo dios, y además es mujer.
Entonces predican con sus obras.
Atendemos un pequeño dispensario al que vienen enfermos de todas las aldeas de alrededor. Son muy pobres, pero es curioso el culto a los muertos tan desarrollado que tienen. Cuando fallece alguien de la familia hacen un gran despliegue de actos, gastan todo lo que tienen en comidas… de hecho, no hay fecha para enterrarlos. Yo sé de familias que tienen un miembro sin enterrar desde hace 20 años porque no se han reunido todavía todos. Este momento es crucial para ellos, porque se tiene que hacer bien el traspaso a la otra orilla.
La clave, aunque parezca un lugar común, es la educación.
Sí, pero no creas, es difícil con los jóvenes. Aquí hay un rito, el del bosque sagrado, una iniciación en la que el muchacho entra en la edad adulta. Los jóvenes se pasan casi un año dentro del bosque sin poder salir. Si se ponen enfermos, tienen que curarse a base de hierbas, y muchos mueren en el intento. Si la novia o la madre va a ponerle un plato de comida y al día siguiente está intacto es que ha muerto. Las religiosas que están en la escuela están enfadadísimas porque, claro, los muchachos dejan durante mucho tiempo de ir a clase.
¿Y las mujeres?
No van al colegio. Aquí la mujer está para trabajar en el campo, para tener hijos –varones, porque si no corre el riesgo de ser abandonada– y para casarse de niñas con hombres mucho más mayores. Son un cero a la izquierda, son esclavas. Por ponerte un ejemplo de lo más cotidiano, en los funerales preparan comida para cientos de personas y, si hay solo una silla, el hombre nunca permitirá que ella se siente a descansar. Se sienta él.
Cristina Sánchez Aguilar
Con la colaboración de Obras Misionales Pontificias (OMP)
Alfay Omega

Cardenal Osoro, en el Corpus Christi: «Si nos alimentamos de Dios es posible ver, en los demás, hermanos»



«Que la Eucaristía sea siempre el lugar donde encontramos Vida y la forma también de dar Vida a todos los hombres». Con este deseo ha terminado el cardenal Osoro su homilía en la solemnidad del Corpus Christi, Día de Caridad.
El arzobispo de Madrid ha recordado que «la Nueva Jerusalén tiene que glorificar al Señor, porque Él nos trae la Paz, Él nos sacia» y que precisamente en este día «honramos la presencia real de Jesucristo en el misterio de la Eucaristía».
«Recordemos siempre y no olvidemos nunca al Señor» –ha pedido–, porque Él nunca se olvida de los hombres como, por ejemplo, cuando el pueblo de Israel pasaba «aflicción» y le entregó el maná. «No olvidemos nunca al Señor, Él nos alimenta como alimentó al pueblo de Israel y nos alimenta también a nosotros con su propia vida en el camino. […] Si nos alimentamos de Dios es posible ver, en los demás, hermanos; es posible entender el mandato de Jesús cuando nos dice que nos amemos los unos a los otros», ha aseverado.
En «un momento de la historia difícil» en el que «los enfrentamientos son reales», es necesario que «vivamos en comunión con Cristo y con los hermanos» –ha explicado–. «No es extraño que en este día se celebre el Día de Cáritas, es estar mirando las necesidades de los demás, de los más pobres […]. De lo que habéis comido, dad. Nos deis otra cosa. Dad a Dios. El Señor es fraternidad, es paz, es reconciliación, es compromiso con el otro…».
Nuevo director de Cáritas Madrid
En el marco del Día de Cariad, justo después de la homilía, ha tomado posesión como nuevo director de Cáritas Madrid Luis Hernández Vozmediano, que sustituye a Julio Beamonte Mayayo. El cardenal Osoro ha agradecido la labor de este último, incidiendo en el «bien» que la entidad caritativa de la Iglesia «ha querido regalar a todos los hombres». Y el canciller-secretario del Arzobispado, Alberto Andrés Domínguez, ha leído su nombramiento como caballero de la Orden de San Gregorio Magno.
Además, el vicario de Acción Caritativa, Javier Cuevas, ha agradecido la «entrega y generosidad» del hasta ahora delegado episcopal de Cáritas Diocesana, Pablo González Díaz, quien «ha lavado los pies» como el Señor y ha sabido «acompañar la búsqueda de un futuro con esperanza de tantas personas que caminan sin sentido».

Adelanto fotográfico: los madrileños acompañan al Señor por las calles

A pesar del calor, miles de madrileños han salido este domingo por la tarde a acompañar al Señor por las calles de Madrid en la solemnidad del Corpus Christi. La procesión ha estado encabezada por el cardenal Osoro, que esta misma mañana había subrayado que «si nos alimentamos de Dios es posible ver, en los demás, hermanos», y ha salido de la catedral pasadas las 19 horas para discurrir por las calles Mayor, Milaneses y Santiago, plaza de Ramales, plaza de Oriente, calle de San Quintín y calle Bailén, con vuelta a la plaza de la Almudena. 

COMENTARIO DE BENEDICTO XVI AL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (5,38-42)





... ¿Cuál es el sentido de esas palabras? ¿Por qué Jesús pide amar a los propios enemigos, o sea, un amor que excede la capacidad humana? En realidad, la propuesta de Cristo es realista, porque tiene en cuenta que en el mundo hay demasiada violencia, demasiada injusticia y, por tanto, sólo se puede superar esta situación contraponiendo un plus de amor, un plus de bondad. 

Este “plus” viene de Dios: es su misericordia, que se ha hecho carne en Jesús y es la única que puede “desequilibrar” el mundo del mal hacia el bien, a partir del pequeño y decisivo “mundo” que es el corazón del hombre.

Con razón, esta página evangélica se considera la charta magna de la no violencia cristiana, que no consiste en rendirse ante el mal —según una falsa interpretación de “presentar la otra mejilla” (cf. Lc 6, 29)—, sino en responder al mal con el bien (cf. Rm 12, 17-21), rompiendo de este modo la cadena de la injusticia. 

Así, se comprende que para los cristianos la no violencia no es un mero comportamiento táctico, sino más bien un modo de ser de la persona, la actitud de quien está tan convencido del amor de Dios y de su poder, que no tiene miedo de afrontar el mal únicamente con las armas del amor y de la verdad.

El amor a los enemigos constituye el núcleo de la “revolución cristiana”, revolución que no se basa en estrategias de poder económico, político o mediático. La revolución del amor, un amor que en definitiva no se apoya en los recursos humanos, sino que es don de Dios que se obtiene confiando únicamente y sin reservas en su bondad misericordiosa. 

Esta es la novedad del Evangelio, que cambia el mundo sin hacer ruido. Este es el heroísmo de los “pequeños”, que creen en el amor de Dios y lo difunden incluso a costa de su vida.

[…] Pidamos a la Virgen María, dócil discípula del Él nos ha amado, para ser misericordiosos como es misericordioso nuestro Padre que está en los cielos (cf. Lc 6, 36).

(Del Ángelus de Benedicto XVI el 18-2-2017)

EVANGELIO DE HOY: DEVOLVER BIEN POR MAL



Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,38-42):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente". Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.»

Ángelus del Papa: En la Eucaristía Jesús alimenta nuestra fe, esperanza y caridad

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En Italia y en muchos países se celebran este domingo la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo - a menudo se utiliza el nombre latino Corpus Domini o Corpus Christi. Cada domingo la comunidad eclesial se reúne alrededor de la Eucaristía, sacramento instituido por Jesús en la última cena. Sin embargo, cada año tenemos la alegría de celebrar la fiesta dedicada a este misterio central de la fe, para expresar en plenitud nuestra adoración a Cristo que se dona como alimento y bebida de salvación.
El pasaje del Evangelio de hoy, tomado de San Juan, es una parte del discurso sobre el "pan de vida" (cf. 6,51-58). Jesús afirma: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo. [...] El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo"(v. 51). Él quiere decir que el Padre lo envió al mundo como alimento de vida eterna, y que para ello Él se sacrificará a sí mismo, su carne. De hecho, Jesús, en la cruz, ha donado su cuerpo y ha derramado su sangre. El Hijo del hombre crucificado es el verdadero Cordero pascual, que hace salir de la esclavitud del pecado y sostiene en el camino hacia la tierra prometida. La Eucaristía es el sacramento de su carne dada para hacer vivir el mundo; quien se nutre de este alimento permanece en Jesús y vive por Él. Asimilar a Jesús significa estar en él, volviéndose hijos en el Hijo.
En la Eucaristía, Jesús, como lo hizo con los discípulos de Emaús, se pone a nuestro lado, peregrinos en la historia, para alimentar en nosotros la fe, la esperanza y la caridad; para confortarnos en las pruebas; para sostenernos en el compromiso por la justicia y la paz. Esta presencia solidaria del Hijo de Dios está en todas partes: en las ciudades y en el campo, en el Norte y Sur del mundo, en países de tradición cristiana y en los de primera evangelización. Y en la Eucaristía Él se ofrece a sí mismo como fuerza espiritual para ayudarnos a poner en práctica su mandamiento – amarnos los unos a otros como Él nos ha amado -, mediante la construcción de comunidades acogedoras y abiertas a las necesidades de todos, especialmente de las personas más frágiles, pobres y necesitadas.
Nutrirnos de Jesús Eucaristía significa también abandonarnos con confianza en Él y dejarnos guiar por Él. Se trata de recibir a Jesús en el lugar del propio "yo". De este modo el amor gratuito recibido de Jesús en la comunión eucarística, con la obra del Espíritu Santo, alimenta el amor por Dios y por los hermanos y hermanas que encontramos en el camino de cada día. Nutridos por el Cuerpo de Cristo, nos volvemos cada vez más y concretamente, Cuerpo Místico de Cristo. Nos lo recuerda el Apóstol Pablo: «La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan».(1 Cor 10,16-17).
La Virgen María, que siempre ha estado unida a Jesús Pan de Vida, nos ayude a redescubrir la belleza de la Eucaristía, a nutrirnos de ella con fe, para vivir en comunión con Dios y con hermanos.
Ángelus domini...
(Griselda Mutual - Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

domingo, 18 de junio de 2017

18 de junio: san Marcos y san Marcelino, mártires


Marcos y Marcelino, mártires, fueron hermanos gemelos, hijos de san Tranquilino y santa Marcia, convertidos a la fe por san Sebastián, y crucificados en Roma por la fe en Jesucristo, el año 286.
Son patronos secundarios de la hoy Archidiócesis de Mérida-Badajoz. Un rayo que cayó en el castillo fue la causa del terrible fuego que amenazaba a todas luces alcanzar el polvorín o almacenes de pólvora de la ciudad y cuya explosión hubiera sido una catástrofe. El apresurado rezo a los santos del día en aquel apuro hizo que milagrosamente se detuvieran las llamas en la misma zona inmediatamente próxima al almacén de munición. Se pidió a las autoridades eclesiásticas sea oficialmente reconocida la protección de los santos que les libraron en aquella terrible tormenta.
Un decreto de la Sagrada Congregación de Ritos faculta al Deán y Cabildo para elegirlos patronos menos principales de la ciudad de Badajoz. Una vez ejecutado, es aprobado por el obispo Juan Marín Rodezno, el 13 de junio de 1699. Su celebración es solo para la ciudad.
Archimadrid.o

Solemnidad del Corpus Christi. El pan vivo bajado del cielo


Celebramos este domingo la solemnidad del Corpus Christi; una fiesta que nos invita a detenernos en torno al misterio eucarístico y a su significado para la vida de la Iglesia. Para comprender lo que implica el don de la Eucaristía, el Evangelio nos presenta la última parte del discurso de san Juan sobre el pan de vida. Comienza el pasaje con las palabras «yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre». En el Antiguo Testamento el pan es, ante todo, un don de Dios, esencial para la subsistencia del hombre. Por eso, en la oración que el Señor enseña a sus discípulos parece resumir en este alimento todo lo necesario para la vida del hombre, al mismo tiempo que anticipa el don eucarístico.
El maná y la Eucaristía
Cuando los judíos escuchaban «pan bajado del cielo» pensaban inevitablemente en el maná, el alimento que Dios dio a Israel durante la marcha por el desierto, conforme escuchamos este domingo en la primera lectura, del libro del Deuteronomio. El maná tenía un carácter misterioso. Pero a través de este medio de subsistencia Dios hace patente su presencia en medio de su pueblo, que recordará siempre este don poniendo en el arca, junto a las tablas de la ley, un vaso con maná.
La Palabra que nos propone hoy la liturgia busca subrayar la relación entre el maná y el verdadero pan que nos da Dios. Lo hemos escuchado también en la primera lectura: «no solo de pan vive el hombre, sino que vive de todo cuanto sale de la boca de Dios» (Dt 8,3). El Evangelio insiste en que el verdadero pan no es el maná —el cual no libraba al hombre de la muerte—, sino Jesús mismo, verdadero pan del cielo. La poesía cristiana nos lo ha transmitido a través de la secuencia Lauda Sion, que desde hace siglos se canta en este día. En una de sus estrofas se resaltan los precedentes o figuras del Pan verdadero: «Isaac fue sacrificado; el cordero pascual, inmolado; el maná nutrió a nuestros padres».
Del mismo modo que Dios se preocupó por alimentar a su pueblo cuando estaba en el desierto, Jesús ofrece a sus discípulos un don aún mayor: la Eucaristía, esencial para la vida. Jesús no se refiere a la vida física, sino a la vida verdadera, la que une a Dios con el hombre para siempre y a los hombres entre sí. Esta es la «vida eterna» de la que nos habla.
Pan de comunión
Durante estos días muchos niños han recibido por primera vez al Señor en la Eucaristía. Han hecho la comunión. San Pablo nos dice en la carta a los Corintios que el cáliz que bendecimos y el pan que partimos son comunión. ¿Qué significa esto? Unión íntima y profunda. El Señor quiere ofrecernos el vínculo más hondo que puede existir con él mismo. Pero recibir al Señor crea al mismo tiempo un lazo estrecho entre los cristianos, tal y como afirma Pablo: «el pan es uno, nosotros, siendo muchos formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan». Por lo tanto, la Eucaristía no puede ser considerada nunca como un hecho privado. Su celebración nunca ha sido un acontecimiento reservado para unos pocos, de manera exclusiva. Cuando acudimos a Misa no elegimos quién nos acompañará, y, probablemente, en el mismo lugar haya personas completamente desconocidas para nosotros, de distintas profesiones, condición o, incluso, nacionalidad. Por eso, la Eucaristía ha sido siempre un antídoto frente a cualquier tentación de particularismo. De hecho, durante muchos años la única celebración eucarística que había en cada ciudad era la presidida por el obispo, donde en torno a la Eucaristía y al obispo se visibilizaba la única comunidad, expresión de la unidad de la Iglesia. El caminar en procesión junto al Señor sacramentado permite hoy día seguir reflejando la unión de quienes, como miembros de la Iglesia, dirigimos la mirada hacia el Señor resucitado.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (6,51-58)




... El Evangelio de Juan presenta el discurso sobre el «pan de vida», pronunciado por Jesús en la sinagoga de Cafarnaún, en el cual afirma: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo» (Jn 6, 51). 

Jesús subraya que no vino a este mundo para dar algo, sino para darse a sí mismo, su vida, como alimento para quienes tienen fe en Él. Esta comunión nuestra con el Señor nos compromete a nosotros, sus discípulos, a imitarlo, haciendo de nuestra vida, con nuestras actitudes, un pan partido para los demás, como el Maestro partió el pan que es realmente su carne. 

Para nosotros, en cambio, son los comportamientos generosos hacia el prójimo los que demuestran la actitud de partir la vida para los demás.

Cada vez que participamos en la santa Misa y nos alimentamos del Cuerpo de Cristo, la presencia de Jesús y del Espíritu Santo obra en nosotros, plasma nuestro corazón, nos comunica actitudes interiores que se traducen en comportamientos según el Evangelio. 

Ante todo, la docilidad a la Palabra de Dios; luego, la fraternidad entre nosotros, el valor del testimonio cristiano, la fantasía de la caridad, la capacidad de dar esperanza a los desalentados y acoger a los excluidos. De este modo la Eucaristía hace madurar un estilo de vida cristiano. 

La caridad de Cristo, acogida con corazón abierto, nos cambia, nos transforma, nos hace capaces de amar no según la medida humana, siempre limitada, sino según la medida de Dios. ¿Y cuál es la medida de Dios? ¡Sin medida! La medida de Dios es sin medida. ¡Todo! ¡Todo! ¡Todo! No se puede medir el amor de Dios: ¡es sin medida! 

Y así llegamos a ser capaces de amar también nosotros a quien no nos ama: y esto no es fácil. Amar a quien no nos ama… ¡No es fácil! Porque si nosotros sabemos que una persona no nos quiere, también nosotros nos inclinamos por no quererla. Y, en cambio, no. Debemos amar también a quien no nos ama. Oponernos al mal con el bien, perdonar, compartir, acoger. 

Gracias a Jesús y a su Espíritu, también nuestra vida llega a ser «pan partido» para nuestros hermanos. Y viviendo así descubrimos la verdadera alegría. La alegría de convertirnos en don, para corresponder al gran don que nosotros hemos recibido antes, sin mérito de nuestra parte. Esto es hermoso: nuestra vida se hace don. Esto es imitar a Jesús. 

Quisiera recordar estas dos cosas. Primero: la medida del amor de Dios es amar sin medida. ¿Está claro esto? Y nuestra vida, con el amor de Jesús, al recibir la Eucaristía, se hace don. Como ha sido la vida de Jesús. No olvidemos estas dos cosas: la medida del amor de Dios es amar sin medida; y siguiendo a Jesús, nosotros, con la Eucaristía, hacemos de nuestra vida un don. 

Jesús, Pan de vida eterna, bajó del cielo y se hizo carne gracias a la fe de María santísima. Después de llevarlo consigo con inefable amor, Ella lo siguió fielmente hasta la cruz y la resurrección. Pidamos a la Virgen que nos ayude a redescubrir la belleza de la Eucaristía, y a hacer de ella el centro de nuestra vida, especialmente en la Misa dominical y en la adoración. 
(Del Ángelus del Papa Francisco el 22 de junio de 2014)

EVANGELIO DE HOY: EL QUE COMA DE ESTE PAN VIVIRÁ PARA SIEMPRE




Lectura del santo Evangelio según san Juan (6,51-58):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Palabra del Señor

sábado, 17 de junio de 2017

Yo os digo que no juréis en absoluto

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 33-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso" y "Cumplirás tus juramentos al Señor".
Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».
Palabra del Señor.

Papa Francisco: Diálogo “entre el tesoro y el barro”


Tener “conciencia” de que somos débiles, vulnerables y pecadores: sólo el poder de Dios nos salva y nos cura. Es la exhortación que hizo el Santo Padre en su homilía de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
Ninguno de nosotros “puede salvarse a sí mismo”. Tenemos necesidad “del poder de Dios” para ser salvados. Francisco reflexionó sobre la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios – en la que el Apóstol se refiere al misterio de Cristo – afirmando que “tenemos un tesoro en vasijas de barro” y exhorta a todos a tomar “conciencia” de ser, precisamente “barro, débiles y pecadores”. Sí porque sin el poder de Dios – recordó el Papa – no podemos “ir adelante”. Este tesoro de Cristo –  explicó el Pontífice – lo tenemos “en nuestra fragilidad: nosotros somos barro”. Porque es “el poder de Dios, la fuerza de Dios lo que nos salva, nos cura y nos pone de pie”. Y esto, en el fondo, es “la realidad de nuestra vulnerabilidad”:
“Todos nosotros somos vulnerables, frágiles, débiles, y tenemos necesidad de ser curados. Y Él lo dice: estamos llenos de tribulaciones, estamos trastornados, somos perseguidos, afectados como manifestación de nuestra debilidad, de la debilidad de Pablo, manifestación del barro. Ésta es nuestra vulnerabilidad. Y una de las cosas más difíciles en la vida es reconocer la propia vulnerabilidad. A veces, tratamos de encubrir la vulnerabilidad, para que no se vea; o de camuflarla, para que no sea vea; o disimularla… El mismo Pablo, al inicio de este capítulo dice: ‘Cuando he caído en las disimulaciones vergonzosas. Las disimulaciones son vergonzosas. Siempre. Son hipócritas”.
Además de la “hipocresía hacia los demás” – prosiguió diciendo el Papa Francisco – existe también la de “la confrontación con nosotros mismos”, o sea, cuando creemos que “somos otra cosa”, pensando “que no tenemos necesidad de curación” y “apoyo”. En una palabra, cuando decimos: “no estoy hecho de barro”, tengo “un tesoro mío”.
“Éste es el camino, el camino hacia la vanidad, la soberbia, la autorreferencialidad de aquellos que no sintiéndose barro, buscan la salvación, la plenitud de sí mismos. Pero el poder de Dios es el que nos salva, y Pablo reconoce nuestra vulnerabilidad: ‘Padecemos tribulaciones, pero no estamos aplastados’. No aplastados, porque el poder de Dios nos salva. ‘Estamos trastornados’ – reconoce – ‘pero no desesperados’. Hay algo de Dios que nos da esperanza. Somos perseguidos, pero no abandonados; golpeados, pero no asesinados. Siempre está esta relación entre el barro y el poder, el barro y el tesoro. Nosotros tenemos un tesoro en vasijas de barro. Pero la tentación es siempre la misma: encubrir, disimular, no creer que somos barro. Esa hipocresía con nosotros mismos”.
El Apóstol Pablo – subrayó el Papa – con este modo “de pensar, de razonar, de predicar la Palabra de Dios” nos conduce, por tanto, a un diálogo “entre el tesoro y el barro”. Un diálogo que continuamente debemos hacer, “para ser honestos”. Francisco propuso el ejemplo de la confesión, cuando “decimos los pecados como si fuera una lista de precios del mercado”, pensando “blanquear un poco el barro” para ser más fuertes. En cambio, debemos aceptar la debilidad y la vulnerabilidad, incluso si resulta “difícil” hacerlo: es aquí donde entra en juego “la vergüenza”:
“Es la vergüenza la que ensancha el corazón para que entre el poder de Dios, la fuerza de Dios. La vergüenza de ser barro y no ser una vasija de plata o de oro. De ser barro. Y si nosotros llegamos a este punto, seremos felices. Seremos muy felices. El diálogo entre el poder de Dios y el barro: pensemos en el lavatorio de los pies, cuando Jesús se acerca a Pedro y Pedro dice: ‘No, a mí no, Señor, ¡pero por favor! ¿Qué haces?’. Pedro no había entendido que tenía necesidad del poder del Señor para ser salvado”.
De manera que está en la “generosidad” reconocer “que somos vulnerables, frágiles, débiles y pecadores”. Sólo si aceptamos que somos barro – terminó diciendo el Santo Padre – el “extraordinario poder de Dios vendrá a nosotros y nos dará la plenitud, la salvación, la felicidad, la alegría de ser salvados”, recibiendo así el “tesoro” del Señor.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

Papa: es tiempo de librar a los pobres del desaliento


“Pidamos a la Virgen María que nos dejemos guiar siempre por el amor de su Hijo. Que sepamos transmitir a los demás ese amor de Dios, para que se encienda en todos una esperanza nueva”.
Fue la invitación del Papa Bergoglio al saludar a los peregrinos de nuestro idioma – que se dieron cita en la Plaza de San Pedro – para participar en la Audiencia General del segundo miércoles de junio.
Prosiguiendo con su ciclo de catequesis dedicado a la esperanza cristiana, en esta ocasión el Santo Padre reflexionó acerca de cómo la certeza de la esperanza se funda en que somos hijos amados de Dios. Y lo hizo a partir de un pasaje del Evangelio de San Lucas que relata la fiesta que hizo el padre cuando regresó a casa el hijo pródigo.
Hablando en italiano, el Papa destacó  ante todo que ninguno de nosotros puede vivir sin amor, a la vez que recordó que tal vez, buena parte de la angustia del hombre contemporáneo podría derivar de la creencia de que no somos fuertes, atrayentes y bellos como para que alguien se ocupe de nosotros. Y afirmó que buena parte del narcisismo del ser humano surge de un sentimiento de soledad.
Francisco añadió que cuando el que no es, o no se siente amado, es un adolescente, entonces podría producirse la violencia, ya que detrás de tantas formas de odio social y de vandalismo hay, con frecuencia, un corazón que no ha sido reconocido. “No existen niños malos – dijo el Obispo de Roma – así como no existen adolescentes totalmente malvados, sino que existen personas infelices”.  A lo que añadió que la vida del ser humano es un intercambio de miradas, que nos conduce a la sonrisa.
De hecho  – prosiguió el Pontífice – el primer paso que Dios realiza hacia nosotros es el de un amor incondicional, puesto que no nos ama porque en nosotros exista alguna razón que suscite el amor. No. Dios nos ama porque Él mismo es amor, y el amor tiende, por su misma naturaleza, a difundirse y donarse. De manera que Dios ni siquiera relaciona su benevolencia a nuestra conversión. Y recordó que San Pablo dice esto mismo perfectamente en su Carta a los Romanos: “Dios demuestra su amor hacia nosotros en el hecho de que, mientras éramos aún pecadores, Cristo ha muerto por nosotros”.
A lo que el Papa se preguntó: “¿Quién de nosotros ama de esta manera, sino quien es padre o madre? Una mamá sigue queriendo a su hijo también cuando éste se encuentra en la cárcel”. Francisco dijo que si bien una madre no pedirá que se borre la justicia humana, porque todo error exige una redención, al mismo tiempo, tampoco dejará de sufrir por su propio hijo, puesto que lo ama aun cuando es pecador. Dios – añadió el Papa –  hace lo mismo con nosotros: ¡“Somos sus hijos amados”, exclamó.
El Santo Padre concluyó su catequesis afirmando que “para cambiar el corazón de una persona infeliz, es necesario ante todo abrazarla”. Hacerle sentir – dijo – que es deseada, que es importante, y así dejará de estar triste. Sí, porque el amor llama al amor, y de modo más fuerte de cuanto el odio llame a la muerte, agregó Francisco. A la vez que recordó que Jesús murió y resucitó por nosotros, a fin de que nuestros pecados sean perdonados. Por tanto, es tiempo de resurrección para todos, finalizó diciendo el Papa: tiempo de librar a los pobres del desaliento, sobre todo a los que yacen en el sepulcro desde hace mucho más que tres días.  

viernes, 16 de junio de 2017

«Queremos ser una Iglesia en salida y al servicio de los pobres»




Cumple en septiembre diez años como pastor de la diócesis de Coria-Cáceres. Desde entonces cada fin de curso convoca un Congreso Teológico Pastoral, el de este año muy en línea con el proceso sinodal que vive la diócesis
Cuando Francisco Cerro Chaves llegó, hace diez años, a Coria-Cáceres como obispo, tuvo claro que cada curso la diócesis debería tener una presentación del plan pastoral al principio y un Congreso Teológico Pastoral como clausura. Este viernes 16 de junio ha comenzado la novena edición de este último, un espacio para celebrar, orar, formarse y tomar el pulso a cómo ha caminado la diócesis durante el curso. Por él han pasado cardenales, obispos, teólogos, periodistas, laicos «que nos ayudan a profundizar lo que está viviendo la Iglesia como proyecto de evangelización», dice Cerro Chaves. Un encuentro que además puede ayudar en el camino sinodal diocesano que está recorriendo esta Iglesia extremeña desde 2014.
¿Cómo se presenta la edición de este año?
La inauguración será a cargo del cardenal Maradiaga. Cada año, el esfuerzo que hace la diócesis es fantástico. Estamos en el momento álgido, pido a todos los diocesanos que participen. La presencia de Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, que pertenece al grupo de los ocho cardenales que el Papa Francisco ha confiado muchas de las reformas de la Iglesia, es una alegría enorme para nosotros, por su vinculación afectiva y efectiva con el Papa, que también es la nuestra. Es un momento para reafirmar lo que queremos: una Iglesia en salida al servicio de los pobres, una vuelta a lo que está repitiendo el Papa Francisco constantemente. A pesar de nuestros fallos, tenemos claro hacia dónde tenemos que caminar y el sínodo lo está demostrando.
¿Y el resto de ponentes?
Este congreso va a contar con personas que hoy en la Iglesia por su vida y testimonio nos pueden iluminar en el camino del sínodo, como misión de la Iglesia de anunciar a Jesucristo y que nos ayude a ser una Iglesia que en salida vive para llevar el amor de Jesús a los que sufren. El padre Miguel Márquez Calle, ocd, o el filósofo José Manuel Domínguez Prieto, la periodista Cristina López Schlichting, Ester Martín, responsable de la oficina de transparencia de la CEE o la vicepresidenta de Manos Unidas, pueden ser providenciales en estos momentos, ayudándonos a encarar el sínodo diocesano, el acontecimiento eclesial más importante de los últimos años, como mayor espacio de corresponsabilidad con que cuenta el obispo.
¿Por qué convocó un sínodo diocesano?
Hace tres años consulté la idoneidad de la celebración de este evento que marcará un antes y un después en nuestra Iglesia diocesana. Era muy consciente de que era necesario conocer y compartir las alegrías, los dolores, los sufrimientos y esperanzas de nuestra gente, que camina en nuestra diócesis de Coria-Cáceres.
Un sínodo es siempre algo extraordinario, una gran oportunidad para ponernos las pilas en esta tierra, en este momento que nos toca vivir y donde debemos convertir los obstáculos que existen en retos para juntos buscar soluciones. Por eso este sínodo, para tomar el pulso a la realidad y seguir en la tarea de la Iglesia, como dice nuestro lema sinodal: Caminar juntos con Cristo para buscar, renovar y fortalecer la fe.
¿Cómo lo está viviendo la diócesis?
Llevamos tres años caminando con más de 3000 participantes distribuidos en grupos (322) y que han reflexionado sobre cuatro temas: anuncio del Evangelio y transmisión de la fe; compromiso social y caritativo de la Iglesia en la sociedad hoy; formación y participación de los laicos en la Iglesia y el mundo y por último, la organización pastoral de la diócesis. El próximo otoño tendrán lugar las asambleas finales. Estamos en un momento trascendental en la diócesis. Y muy ilusionante.
Los fieles están viviendo también esa ilusión…
Los miembros de los grupos sinodales viven este momento con una profunda alegría. Para ellos es una gracia poder hablar, con tranquilidad, sobre qué puede ser mejorable en la Iglesia diocesana. Para algunos supone hasta un planteamiento de conversión pastoral. Saben que el sínodo no es para inventarse la fe ni la moral, sino que es totalmente pastoral, es decir, que todos tenemos que estar implicados, eso se llama corresponsabilidad, para que nuestra Iglesia diocesana sea fiel al proyecto de Jesucristo y siga evangelizando este mundo que construimos entre todos. Alguien me preguntó: «¿De verdad que cree que un sínodo es la panacea, la solución?». Recuerdo que, sencillamente, le contesté: «Hoy panacea no es nada, sin embargo, lo que sí está claro es que no hacer nada no es la solución».
Lorena Jorna
Cáceres

Alfa y Omega