sábado, 3 de junio de 2017

HACER UN MUNDO NUEVO

3 de junio: san Juan XXIII, Papa


Es el Papa de la sonrisa, también llamado el Papa de la bondad, y el «Papa bueno», que convocó el Concilio Vaticano II –Guía de la Iglesia en el Tercer Milenio– el 25 de enero de 1959, a 93 años de la anterior asamblea universal primera y que fue beatificado el día 3 de septiembre del 2000, en la misma ceremonia en que se subió a los altares a Pío IX, el Papa que convocó el otro concilio Vaticano.
Su pontificado se consideró desde el principio como un papado de transición; y en verdad fue breve, solo cuatro años y medio; pero supuso un cambio de rumbo en la Iglesia.
Fue el primer Papa que rompió el pertinaz aislamiento del Vaticano, saliendo tanto para visitar niños en un hospital romano, como para ver a los presos en sus cárceles, y a sus fieles –porque era el Obispo de Roma– de las parroquias ubicadas por los arrabales de la Ciudad Eterna.
Supo llamar la atención y ganarse la simpatía del mundo con su llamamiento a la paz durante la crisis cubana. Dos de sus encíclicas hicieron historia: la conocida como Mater et Magistra (14-V-1961) y la llamada Pacem in terris (11-IV-1963).
Con su personalidad, pletórica de humanidad gruesa en lo físico, a la que acompañaba un carácter bondadoso y una cara siempre sonriente, se ganó el cariño de los romanos y del mundo.
Fue el Sumo Pontífice de los años comprendidos entre el 1958 al 1963 que rompió los moldes fríos, y rígidos del papado hasta entonces.
El trabajo diplomático en Bulgaria, Turquía, Grecia y Francia lo había preparado intelectual y espiritualmente para el desempeño de su misión. Pero donde aprendió la bondad fue en la casa de sus padres, en un hogar muy pobre de Sotto il Monte, a 64 kilómetros de Bérgamo, en la comarca de Bergamasco. Era el cuarto de catorce hermanos, que nació el 25 de noviembre de 1881. Allí, Giovanni Battista Roncalli y Mariana Mazzola pusieron los fundamentos de su conocida afabilidad, experimentada por los búlgaros, turcos, griegos –países que le permitieron un contacto intenso con el mundo ortodoxo y musulmán que aprendió a amar como amaba a toda criatura humana y como amaba la paz– y por los franceses.
El que fue bautizado el mismo día de su nacimiento, ingresó en el seminario de Bérgamo en 1892; continuó sus estudios en Roma, en el Ateneo de San Apolinar desde 1901, donde obtuvo el doctorado en Teología en 1904. Se ordenó sacerdote el 10 de agosto del mismo año, cuando solo tenía veintitrés; lo nombraron secretario del nuevo obispo de Bérgamo y profesor del seminario; fue movilizado en la Segunda Guerra Mundial para prestar servicios en enfermería y ejercer como capellán de la tropa; reincorporado a la diócesis, lo hicieron director espiritual del seminario.
Luego, fue consagrado obispo para que desempeñara en el Este europeo encargos de Visitador, Delegado y Administrador Apostólico, hasta que se le nombró Nuncio en París en diciembre del 1944, cardenal en 1953, y enseguida Patriarca de Venecia. Después de los veinte años de papado de Pío XII, se eligió papa a Angelo Guiseppe Roncalli, contando 77 años, el día 28 de octubre de 1958.
Murió el 3 de junio de 1963, a las 19:49.
Sí; cuando se le beatificó, Juan XXIII vivía todavía en el corazón de los italianos y en los de millares de personas de todo el mundo que habían tenido la suerte de conocerlo. Entre los asistentes a la ceremonia se encontraban su secretario personal –monseñor Loris Capovilla, a quien el papa legó su diario y sus escritos– y la hermana Caterina Capitán, de 56 años, curada milagrosamente por la intercesión del papa Juan, cuando, el 25 de mayo de 1966, consumía sus últimas horas de vida con fiebre altísima y dolores intensos en el Hospital de la Marina de Nápoles, desahuciada a causa de una perforación gástrica con fístula por la que se le escapaban los alimentos. «Cuando estaba tumbada sobre el lado derecho sentí una mano y una voz que me llamaba: Sor Caterina. Asustada –refiere la religiosa– me di la vuelta y vi de pie junto a la cama al Papa Juan que me sonreía y me dijo: Has rezado mucho y también tus hermanas. Me habéis arrancado del corazón este milagro: No tengas miedo. Se ha acabado todo. Estás curada completamente. Suena la campanilla y llama a tus hermanas que están rezando en la capilla, menos alguna que duerme». Esto lo dijo con una sonrisa en los labios. Sor Caterina se levantó sin fiebre, comenzó a caminar de inmediato y a comer normalmente: la fístula había desaparecido sin dejar rastro. Dos días después abandonaba el hospital y, aunque han pasado treinta y cuatro años, lo recuerda como si fuera ayer.
Posiblemente el talante sencillo, bondadoso, servicial y sonriente de un papa nos anime a evitar los altivos estiramientos de los que somos menos importantes; esos engreídos aires de suficiencia que a bien poco conducen, salvo a marcar distancias.
Archimadrid.org

El Papa explica por qué Jesús eligió a Pedro, un pecador, para dirigir la Iglesia

El Papa Francisco explicó, durante la homilía de la Misa celebrada en la Casa Santa Marta, los motivos por los que Jesús eligió a San Pedro como primer Papa de la Iglesia, una decisión que podría parecer contradictoria teniendo en cuenta que unos días antes de su elección había renegado de Él.
El Santo Padre realizó esta reflexión a partir del Evangelio del día, en el que Jesús Resucitado dialoga con Pedro junto al mar de Galilea. Francisco subrayó que se trata de un diálogo entre amigos, en el contexto de la Resurrección. Durante esa conversación, Jesús confió su Iglesia a Pedro.
«Jesús escogió al más pecador de los apóstoles. Los otros escaparon, pero Pedro renegó de Él: ‘No lo conozco’. Jesús escoge al más pecador. El más pecador fue elegido para dirigir al Pueblo de Dios. Esto te hace pensar», observó el Pontífice.
Francisco explicó cómo es el modelo de Jesús para dirigir la Iglesia: «No se trata de dirigir con la cabeza alzada, como hacen los dominadores, no, sino de dirigir con humildad, con amor, como hizo Jesús».
Los pecados y los errores de Pedro no son obstáculo para Jesús. Incluso después de ser elegido, el apóstol vuelve a equivocarse: «Esa es la misión que Jesús encarga a Pedro. Sí, con sus pecados, con sus errores. Tanto es así que, justo después de este diálogo, Pedro da otro resbalón, comete otro error. Resulta tentado por la curiosidad y pregunta al Señor: ‘Y este otro discípulo, ¿adónde va? ¿Qué va a hacer?’».
Jesús le corrige, «pero con amor –continuó el Papa–, en medio de sus errores, de sus pecados…, con amor: ‘Porque estas ovejas no son tus ovejas, son mis ovejas’, dice el Señor. ‘Ama. Si eres mi amigo, debes ser también amigo de estos’».
Sin embargo, Francisco no quiso exculpar a Pedro de su traición, ya que en ella radica también su posterior redención y fidelidad ciega al Señor: Pedro, cuando reniega del Señor, lo hace convencido, al igual que estaba convencido cuando confiesa ante Jesús: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios Vivo».
Pedro permanecerá fiel a Jesús hasta su muerte, y como Él, recibirá también una muerte de cruz.
«Después de toda una vida al servicio del Señor, termina del mismo modo que el Señor: en la cruz. Pero no se jacta: ‘Termino como mi Señor’. De hecho, pide: ‘Por favor, colocadme en la cruz cabeza abajo, para que por lo menos se vea que no soy el Señor, soy el siervo’».
En conclusión, el Papa Francisco resumió aquello que podemos aprender de la enseñanza que ofrece Jesús al elegir a un pecador, a una persona que renegó de Él, para cuidar a su Pueblo:
«Esto es lo que nosotros podemos tomar de este diálogo, este diálogo tan bello, tan sereno, tan amigable, tan púdico. Que el Señor siempre nos da la gracia de ir por la vida con la cabeza baja: la cabeza en alto por la dignidad que Dios nos da, pero la cabeza baja sabiendo que somos pecadores y que el único Señor es Jesús, nosotros somos siervos».
ACI/Miguel Pérez Pichel

Cardenal Osoro, a los catequistas: «Sois necesarios, porque el mundo no puede vivir sin Dios»



El cardenal Osoro clausuró este jueves, 1 de junio, el Curso de Catequética que ha organizado durante todo este curso la Delegación de Catequesis. Al dirigirse a los catequistas, el arzobispo de Madrid les recordó que «Cristo es el modelo de todo catequista, y en comunión con Él nosotros anunciamos el Evangelio».
Asimismo, resaltó que «la primera catequista fue la Virgen María, que fue la primera que se puso en camino para anunciar a Nuestro Señor. Para ella no fue fácil –dice la Escritura que "tuvo que atravesar regiones montañosas"–, como tampoco lo es para vosotros. Tenéis dificultades de todo tipo: dificultades con los padres, que a lo mejor no tienen interés, dificultades con los niños, que cuando acaban la catequesis a los mejor ya no quieren saber nada... Hay dificultades. Dar catequesis supone también "atravesar regiones montañosas"».
Sin embargo, «hemos recibido tres regalos esenciales para poder ser catequistas». El primero es «que hemos conocido a Cristo, y tenemos el regalo de su amor; sin esto, no seríamos catequistas, sino orientadores o simples parlanchines», destacó.
El segundo regalo es «la propia misión, que es un regalo. "Ir" es un regalazo del Señor. Tenemos que ir a los hombres, no esperar a que vengan. Venimos de una época de cristiandad, pero tenemos que empezar a realizar lo que el Papa llama "conversión pastoral". Tenemos que desinstalarnos, para ir a los caminos donde realmente está la gente, no donde a nosotros nos gustaría que estuviera. Ser catequista no es solo coger el Catecismo o aprender una serie de estrategias, es ir donde está de verdad la gente».
Y el tercer regalo es «el mandamiento del Señor: "Amaos los unos a los otros como yo os he amado". No valen solo las metodologías, que son muy válidas, sino que el catequista es una persona que vive esta experiencia de amor a todos los hombres». En este sentido, el arzobispo de Madrid aconsejó a los catequistas: «Hay que conquistar a los padres, no con estrategias, sino con amor».
Por último, el cardenal Osoro les exhortó: «No os desaniméis, el Señor está con vosotros. El mensaje que lleváis no es vuestro, es de Dios, y Él tiene más interés que vosotros mismos en llegar a los hombres. Vosotros sois muy necesarios, porque el mundo no puede vivir en ausencia de Dios».
Después, el purpurado entregó los más de 60 diplomas acreditativos a los catequistas participantes presenciales (y a los que habían acreditado también su seguimiento a través de su transmisión online) del curso, provenientes de parroquias y colegios de todas las vicarías territoriales.
Este ha sido el primer curso de formación de catequistas con el formato de ciclo de conferencias –cada tema, un ponente–, organizado por la Delegación de Catequesis. Se ha emitido también vía online por el canal de YouTube del Arzobispado de Madrid para todos los interesados que lo han podido seguir en directo, personalmente o en grupos, o que han podido descargarlos después. De este modo, han podido beneficiarse de esta formación catequistas de diversos municipios de Madrid y de toda España.
ARCHIMADRID

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (21,20-25) POR SAN AGUSTÍN, OBISPO, DOCTOR Y PADRE DE LA IGLESIA:





La Iglesia sabe de dos vidas, ambas anunciadas y recomendadas por el Señor; de ellas, una se desenvuelve en la fe, la otra en la visión; una durante el tiempo de nuestra peregrinación, la otra en las moradas eternas; una en medio de la fatiga, la otra en el descanso; una en el camino, la otra en la patria; una en el esfuerzo de la actividad, la otra en el premio de la contemplación.

La primera vida es significada por el apóstol Pedro, la segunda por el apóstol Juan. La primera se desarrolla toda ella aquí, hasta el fin de este mundo, que es cuando terminará; la segunda se inicia oscuramente en este mundo, pero su perfección se aplaza hasta el fin de él, y en el mundo futuro no tendrá fin. Por eso se le dice a Pedro: Sígueme, en cambio de Juan se dice: Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú, sígueme. 

«Tú, sígueme por la imitación en soportar las dificultades de esta vida; él, que permanezca así hasta mi venida para otorgar mis bienes». Lo cual puede explicarse más claramente así: «Sígame una actuación perfecta, impregnada del ejemplo de mi pasión; pero la contemplación permanezca así hasta mi venida para perfeccionarla».

El seguimiento de Cristo consiste, pues, en una amorosa y perfecta constancia en el sufrimiento, capaz de llegar hasta la muerte; la sabiduría, en cambio, permanecerá así, en estado de perfeccionamiento, hasta que venga Cristo para llevarla a su plenitud. Aquí, en efecto, hemos de tolerar los males de este mundo en el país de los mortales; allá, en cambio, contemplaremos los bienes del Señor en el país de la vida.

Aquellas palabras de Cristo: Si quiero que se quede hasta que yo venga, no debemos entenderlas en el sentido de permanecer hasta el fin o de permanecer siempre igual, sino en el sentido de esperar; pues lo que Juan representa no alcanza ahora su plenitud, sino que la alcanzará con la venida de Cristo. 

En cambio, lo que representa Pedro, a quien el Señor dijo: ‘Tú, sígueme’, hay que ponerlo ahora por obra, para alcanzar lo que esperamos... El seguimiento del uno y la permanencia del otro eran un signo. Uno y otro, creyendo, toleraban los males de esta vida presente; uno y otro, esperando, confiaban alcanzar los bienes de la vida futura.

Y no sólo ellos, sino que toda la santa Iglesia, esposa de Cristo, hace lo mismo, luchando con las tentaciones presentes, para alcanzar la felicidad futura. Pedro y Juan fueron, cada uno, figura de cada una de estas dos vidas. Pero uno y otro caminaron por la fe, en la vida presente; uno y otro habían de gozar para siempre de la visión, en la vida futura.

Por esto, Pedro, el primero de los apóstoles, recibió las llaves del reino de los cielos, con el poder de atar y desatar los pecados, para que fuese la guía de todos los santos, unidos inseparablemente al cuerpo de Cristo, en medio de las tempestades de esta vida; y, por esto, Juan, el evangelista, se reclinó sobre el pecho de Cristo, para significar el tranquilo puerto de aquella vida eterna.

En efecto, no sólo Pedro, sino toda la Iglesia ata y desata los pecados. Ni fue sólo Juan quien bebió, en la fuente del pecho del Señor, para enseñarla con su predicación, la doctrina acerca de la Palabra que existía en el principio y estaba en Dios y era Dios –y lo demás acerca de la divinidad de Cristo, y aquellas cosas tan sublimes acerca de la trinidad y unidad de Dios, verdades todas estas que contemplaremos cara a cara en el reino, pero que ahora, hasta que venga el Señor, las tenemos que mirar como en un espejo y oscuramente—, sino que el Señor en persona difundió por toda la tierra este mismo Evangelio, para que todos bebiesen de él, cada uno según su capacidad.
(Tratado 124, 5. 7: CCL 36, 685-687)

EVANGELIO DE HOY: TÚ SÍGUEME







Lectura del santo evangelio según san Juan (21,20-25):

En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»

Al verlo, Pedro dice a Jesús: «Señor, y éste ¿qué?»

Jesús le contesta: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.»

Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?» 

Éste es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no cabrían ni en todo el mundo.

Palabra del Señor

Papa: seguir a Jesús con el corazón abierto para cambiar el mundo


Rezar por todos, también por nuestros enemigos, como nos enseña Jesús para cambiar el mundo, empezando por las cosas pequeñas de cada día
(RV).- En un clima hogareño de alegría y entusiasmo, afrontando también temas sobre el sufrimiento, el Papa Francisco dialogó con más de seis mil chicos y chicas de escuela secundaria de Italia, que participan en la experiencia educativa cristiana denominada “Los Caballeros de San Esteban” que buscan el Grial, que nació en el Movimiento de Comunión y Liberación. También había grupos que llegaron de España, Portugal, Francia y Suiza. Así como otros se unieron, en conexión desde Paraguay y Brasil
«Cambiar el mundo con las pequeñas cosas de cada día, con la generosidad, con el compartir, escuchando a los demás y creando actitudes de hermandad»
Una vez más,  el Papa escuchó algunas preguntas y luego respondió. Como cuando  Giulia le preguntó cómo los chicos, los jóvenes, pueden cambiar el mundo:
«Nunca responder al mal con el mal. Nunca. ¿Me haces daño? ¿Y qué nos ha enseñado Jesús sobre ello? Escuchen: recen por todos; recen por sus amigos y por sus enemigos, por los que los hacen sufrir. Y Jesús dice: ‘Como el Padre nuestro que está en el Cielo, hace salir el sol sobre los buenos y sobre los malos’. Sí, rezar por todos. La oración por todos y no para desear el mal contra los demás. Así se puede cambiar el mundo. No hay varilla mágica, sino que son las cosas pequeñas de cada día, que tenemos que aprender.
Ante ciertas situaciones de dolor, no todo se puede explicar en la vida. Sentimos el amor de Dios gracias a los que nos acompañan en el sufrimiento
Como Tanio, que en su joven edad ha conocido mucho dolor. Fue abandonado cuando tenía un mes de nacido, luego falleció la mamá que lo había adoptado, así como también murieron sus  abuelitos adoptivos. Y le preguntó al Papa cómo sentir que el Señor nos ama, en medio de tanto sufrimiento. Ahora ha conocido el apoyo y cercanía de los Caballeros.
Mirar al CrucificadoEl amor de Dios ante el sufrimiento
«Sólo encontrarás alguna explicación, no al por qué sino al para qué, en el amor de aquellos que te acompañan en tu sufrimiento», dijo el Santo Padre, añadiendo que algunas peguntas no se pueden responder con palabras, como si fuera un teorema matemático:
«En la vida hay preguntas y situaciones que no se pueden explicar. Una de ellas es la que tú me has preguntado, sobre tu sufrimiento. Pero detrás de ello, siempre está el amor de Dios. Y ¿cómo lo explicas?  No se puede explicar. Yo no puedo explicarlo. Y si alguien te dice: ‘ven que te lo explico’, duda. Sólo te harán sentir el amor de Dios aquellos que te sostienen, que te acompañan y te llevan adelante».
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)

viernes, 2 de junio de 2017

2 de junio: santos Blandina, Potino y los cuarenta y ocho mártires de Lyon



Blandina y Potino son dos mártires de un grupo galo que dio testimonio de la fe hasta la muerte, en tiempo de Marco Aurelio.
La carta circular que escribieron las Iglesias locales de Vienne y Lyon a las Iglesias de Asia cita a otros muchos confesores de la fe como Atalio, Epagato, Santo, Biblio, Alejandro, Alcibíades y Maturo. Pero muy en especial se enfatiza el recuerdo de los espectaculares mártires Blandina y Potino.
Potino era el santo obispo de Lyon que entonces contaba con noventa años. Por sus limitaciones físicas tuvo que ser llevado al tribunal en parihuelas. El juez le preguntó lleno de altanería y con tono de desprecio que quién era el Dios de los cristianos; Potino le respondió de la siguiente manera: «Lo conocerás cuando seas digno de Él». Aquella contestación provocó risas en los presentes y una reacción violenta en el presidente del tribunal. Se invitó al público asistente a que lo apaleara y apedreara con lo que tuvieran a mano. Llevado a prisión duró muy poco la vida del obispo anciano.
En cuanto a Blandina –patrona de Lyon y copatrona del servicio doméstico con santa Zita–, tenemos pocos datos. Pero sí sabemos que era una joven esclava que insistentemente agobiaba a los verdugos que la atormentaban de sol a sol, repitiéndoles una y otra vez: «¡Soy cristiana y nada malo se hace entre nosotros!» La colgaron de un madero para que se la comieran las fieras, pero milagrosamente la respetaron. Seguidamente la devolvieron a la prisión con la idea de reservarla para los juegos del día siguiente. Llegado el momento, comenzaron por azotarla en el anfiteatro; luego desgarraron sus carnes y le quemaron algunas partes de su cuerpo; por fin, la envolvieron en una red y la pusieron delante de un toro salvaje que la corneó hasta matarla.
Eusebio recoge en su Historia esta epístola circular escrita desde la Galia a las Iglesias de Asia; en uno de sus párrafos puede leerse: «Es imposible describiros el odio de los paganos hacia nosotros y los tormentos que nos infligen. Se nos persigue en el foro, en los baños públicos y en nuestras propias casas. Después vienen los golpes, las pedradas, la rapiña y la cárcel. A continuación llegan los interrogatorios en el foro y, por último, los suplicios a los que asiste el populacho en los dos anfiteatros de nuestra ciudad. Nuestros hermanos han soportado con buen ánimo los sufrimientos más insoportables. Algunos, por desgracia, han apostatado; alrededor de una docena. Nos han presentado como monstruos que practican el incesto y comen sangre de niños».
Siempre fue así; la sinrazón se ve obligada a buscar razonamientos que de alguna manera sirvan para justificar sus actos. ¡Cómo puede pensarse que una ideología, un partido político, un gobernante, un poderoso, un juez, un… se presente ante los suyos como malvado! El amor propio y la soberbia humana no dan para tanto. Es más, con frecuencia, el arma de algunos que triunfan aquí abajo eliminando al que consideran un rival está disimulada con abundante ropaje de humanidad que la hacen aparecer como blanda, e incluso atractiva; sí, conveniente y hasta necesaria.
Archimadrid.org

Corea del Norte teme a los cristianos. Por eso los persigue


La familia de Myoung Hee era cristiana, pero se lo había ocultado a su hija para protegerse del régimen de Corea del Norte. Como otros refugiados que huyen del país más cerrado del mundo, Hee descubrió el cristianismo cuando logró huir a China
A Hea Woo le costó creer que su marido había muerto como cristiano. No lo era cuando, en los años 90, huyó a China. Allí se había bautizado, pero fue arrestado por las autoridades y devuelto a Corea. Murió seis meses después en prisión. Fueron sus excompañeros los que buscaron a Hea Woo para contarle cómo su marido había dado testimonio de su fe en medio del sufrimiento. Pronto, ella siguió sus pasos: huyó a China, y allí descubrió el cristianismo y se bautizó. En marzo, visitó España para participar en el Encuentro Nacional de Puertas Abiertas, una entidad evangélica que ayuda a los cristianos perseguidos, por ejemplo, haciéndoles llegar Biblias.
Myoung Hee sí procedía de una familia cristiana. Aún recuerda el día que su padre llegó a casa, pálido. Ese día descubrió que la familia era cristiana, y que su tío había sido ejecutado por ello. Por miedo, muchos creyentes norcoreanos ocultan la fe incluso a sus hijos. Hee no quiso saber nada de la religión de sus padres. Pero, con el tiempo, empezó a darse cuenta de que la vida fuera de Corea era muy diferente y, como a su alrededor cada vez desaparecía más gente, decidió abandonar su país y cruzar a nado el río Yalu hacia China.
ada mes, cerca de un centenar de personas cruza esta frontera. Huyen de un país donde, según Naciones Unidas, «se han cometido y se están cometiendo violaciones sistemáticas, generalizadas y graves de los derechos humanos». «Creo que el nivel de opresión, control, lavado de cerebro y aislamiento de Corea del Norte no se ha alcanzado en ningún otro lugar del mundo», afirma a Alfa y Omega Johannes Klausa, director nacional de Ayuda a la Iglesia Necesitada de Corea del Sur.
Líder en persecución
Toda la sociedad está organizada en torno al sistema songbun, que clasifica a los ciudadanos en función de su lealtad al régimen, y así determina su acceso a la vivienda, la educación o la alimentación. Cualquier sospecha de hostilidad es castigada con la muerte, a veces en ejecuciones públicas; o con el internamiento en campos de concentración, donde hay al menos 100.000 presos.
Corea del Norte está abonada a los primeros puestos de países que persiguen al cristianismo. Según la ONU, en el país puede haber entre 200.000 y 400.000 cristianos clandestinos, sobre todo protestantes. Rezar o tener una Biblia son causa de arresto.
Pyongyang –afirmaba la ONU en un informe de 2014– ve en los cristianos «una amenaza particularmente grave» porque la Iglesia es un lugar de interacción ajeno al Estado y su fe cuestiona el culto a la dinastía gobernante, que comenzó Kim Il-sung en 1948, siguió su hijo Kim Jong-il (1994-2011) y ha llegado hasta su nieto, Kim Jong-un, actual líder supremo. En todo el país hay 30.000 estatuas y retratos gigantes de ellos, y es obligatorio rendirles culto en cada hogar.
Sin embargo, añade Klausa, «en la era de los teléfonos inteligentes e internet, el flujo de información es más difícil de controlar, especialmente en las zonas fronterizas, y empieza a filtrarse algo de información. Así, el número de refugiados aumenta».
«Como si no fuéramos humanos»
Una vez en China, la vida de los huidos no es fácil. En este país viven entre 200.000 y 300.000 norcoreanos. Este país no los reconoce como solicitantes de asilo, y los trata como inmigrantes ilegales. En cualquier momento corren el riesgo de ser arrestados por policías chinos o por agentes norcoreanos que campan a sus anchas en la región noreste, limítrofe con Corea. Son devueltos a su país, y allí ejecutados sumariamente –una de las causas es el hecho de confesar el haber estado en contacto con cristianos– o recluidos en penosas condiciones.
Es el destino que corrió el marido de Hea Woo, y unos años después ella misma. Estando en China fue detenida y devuelta a Corea. Pasó diez meses en la cárcel, donde sufrió torturas. «Empecé a dudar de Dios. Entonces oí una fuerte voz: “¡Mi querida hija, estás caminando sobre el agua!”. Fue Él quien me mantuvo con vida» cuando las malas condiciones de vida en la cárcel la hicieron caer tan enferma que su vida corrió peligro.
De prisión fue enviada varios años a un campo de trabajo. Allí «cada día era una tortura»: trabajos forzosos, reeducación ideológica, y unas pocas cucharadas de arroz al día como todo alimento.
La deportación no es la única amenaza para los refugiados. Como muchos otros compatriotas, Myoung Hee cayó en manos de una mafia. «Fui vendida como esposa a un agricultor chino. No era tan malo como la mayoría. Tuve un hijo con él». Fue afortunada. Su destino bien podría haber sido el tráfico de órganos o una red de prostitución. Un día, descubrió que su suegra era cristiana evangélica. Empezó a ir con ella a sus reuniones clandestinas, se convirtió y decidió volver a Corea para compartir la noticia de su conversión con su familia, de cuya fe hasta entonces había renegado.
Pero fue detenida al cruzar la frontera. Su destino fue un campo de reeducación. «Nos trataban como si no fuéramos humanos –relató a Puertas Abiertas en un testimonio hasta ahora inédito–. Renuncié a la vida. Pero algo se agitaba en mi corazón. Era Dios. Estaba conmigo y no quería que tirase la toalla». Pudo escapar cuando fue trasladada a una prisión con menos seguridad. Después de visitar a su familia, volvió a huir a China para reencontrarse con su marido. Esta vez, toda su familia pudo trasladarse a Corea del Sur.
También Hea Woo vive en la actualidad en este país, que da asilo a unos 25.000 refugiados.
María Martínez López

ALFA Y OMEGA

Apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas



Lectura del santo Evangelio según san Juan 21, 15-19
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, le dice a Simón Pedro:
- «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?».
Él le contestó:
- «Sí, Señor, tú, sabes que te quiero».
Jesús le dice:
- «Apacienta mis corderos».
Por segunda vez le pregunta:
- «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».
Él le contesta:
- «Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
Él le dice:
- «Pastorea mis ovejas».
Por tercera vez le pregunta:
- «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?» y le contestó:
- «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».
Jesús le dice:
- «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras».
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió:
- «Sígueme».
Palabra del Señor.

El Papa: “el sacerdote es un discípulo misionero en formación permanente”

“Orar sin cansancio, caminar siempre y compartir con el corazón significa vivir la vida sacerdotal mirando en alto y pensando en grande. No es una tarea fácil, pero se puede tener plena confianza en el Señor, porque Él, nos precede siempre en el camino”, lo dijo el Papa Francisco a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Congregación para el Clero, a quienes recibió en audiencia en la Sala del Consistorio del Vaticano.
En su discurso, el Santo Padre agradeció a todos los miembros de este dicasterio vaticano, por su generoso servicio en favor de los sacerdotes y de su formación, a pocos meses de la promulgación de la nueva Ratio Fundamentalis. “Este documento – afirmó el Papa – habla de una formación integral, capaz de incluir todos los aspectos de la vida; y de este modo indica la vía para formar al discípulo misionero. Un camino fascinante y al mismo tiempo exigente”.
Reflexionando sobre estos dos aspectos, lo fascinante de la llamada y las exigencias que esa comporta, he pensado – dijo el Pontífice – en particular en los jóvenes sacerdotes, que viven la alegría del inicio de su ministerio y el peso que sienten al empezar su misión. “El corazón de un joven sacerdote vive entre el entusiasmo de los primeros proyectos y el ansia de las fatigas apostólicas, en las cuales se inmerge con cierto temor, que es signo de sabiduría. Él siente profundamente el júbilo y la fuerza de la unción recibida, pero sus espaldas inician a ser gradualmente cargadas por el peso de la responsabilidad, por los numerosos compromisos pastorales y las esperanzas del Pueblo de Dios”.
Es necesario admitir, precisó el Obispo de Roma, que los jóvenes muchas veces son juzgados de modo superficial, etiquetándolos como una generación “liquida”, privada de pasiones e ideales. Pero esto, dijo el Papa, no debe impedirnos de reconocer que los jóvenes son capaces de apostar firmemente por la vida y de ponerse en juego con generosidad, mirando al futuro con valentía y esperanza. “Esto es lo que quisiera decir a los sacerdotes jóvenes: ustedes son elegidos, son queridos por el Señor, Dios los mira con ternura de Padre y, después de haber enamorado a sus corazones, no dejará vacilar sus pasos. Ante sus ojos son importantes y Él tiene confianza que estarán a la altura de la misión a la cual los ha llamado”.
Por ello, pensando en la nueva Ratio, que habla del sacerdote como de un discípulo misionero en formación permanente, deseo subrayar señaló el Pontífice, algunas actitudes importantes: orar sin cansancio, caminar siempre y compartir con el corazón.
Orar sin cansancio
Orar sin cansancio. Para que podamos ser “pescadores de hombres” sólo si nosotros en primer lugar, dijo el Papa, reconocemos ser “pescados” por la ternura del Señor. “Nuestra vocación ha iniciado cuando, abandonamos la tierra de nuestro individualismo y de nuestros proyectos personales, y nos encaminamos hacia el ‘santo viaje’, entregándonos a ese Amor que nos ha buscado en la noche y a esa Voz que ha hecho vibrar nuestro corazón”. Recuerden, advirtió el Sucesor de Pedro, cada día necesitamos detenernos, ponernos a la escucha de la Palabra de Dios y permanecer ante el Tabernáculo. La oración, la relación con Dios, el cuidado de la vida espiritual dan alma al ministerio sacerdotal.
Caminar siempre
Caminar siempre, porque un sacerdote jamás termina, dijo el Papa. Es siempre un discípulo, peregrino por las vías del Evangelio y de la vida, entre el misterio de Dios y las personas a él confiadas. “Jamás podrá sentirse satisfecho, ni podrá apagar la saludable inquietud que le hace extender las manos al Señor para dejarse formar y llenar. Actualizarse siempre y permanecer abiertos a las sorpresas de Dios. De hecho, en cada ámbito de la vida presbiteral es importante progresar en la fe, en el amor y en la caridad pastoral, sin enraizarse en las propias adquisiciones o fijarse en los propios esquemas”.
Compartir con el Corazón
Finalmente, concluye el Papa Francisco, compartir con el corazón, porque la vida presbiteral no es una oficina burocrática, ni un conjunto de prácticas religiosas o litúrgicas por desarrollar. “Ser sacerdotes es jugarse la vida por el Señor y por los hermanos, llevando en la propia carne las alegrías y las angustias del Pueblo, donando tiempo y escucha para sanar las heridas de los demás, y ofreciendo a todos la ternura del Padre”.
(Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

Papa: Resistir con la oración a las persecuciones del mundo


Predicación, persecuciones y oración. En su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa el Santo Padre se detuvo a considerar estos tres puntos para describir la vida del Apóstol Pablo. El Pontífice puso de manifiesto lo que también hoy nos ofrece el Apóstol de los Gentiles, a saber: anunciar el Evangelio en medio de las persecuciones del mundo y las consolaciones del Señor.
La vida de Pablo – dijo el Papa – es difícil, y está siempre en movimiento”.  Y se detuvo a considerar un pasaje del libro de los Hechos de los Apóstoles propuesto por la liturgia del día del que se desprenden “tres dimensiones” de esta “vida de Pablo en movimiento, siempre en camino”.
San Pablo: una vida siempre en movimiento para anunciar a Cristo
La primera dimensión – afirmó Francisco – “es la predicación, el anuncio”. Y comentó que Pablo iba de un lugar a otro para anunciar a Cristo, y cuando no predicaba en un sitio, trabajaba”:
“Pero a lo que más se dedica es la predicación: cuando está llamado a predicar y a anunciar a Jesucristo, la suya ¡es una pasión! No está sentado ante el escritorio. No. Él siempre, siempre está en movimiento. Siempre está llevando adelante el anuncio de Jesucristo. Tenía adentro un fuego, un celo… un celo apostólico que lo llevaba adelante. Y no se echaba atrás. Siempre adelante. Y ésta es una de las dimensiones, que trae dificultades, verdaderamente”.
Con el auxilio del Espíritu Santo es posible afrontar las persecuciones
La segunda dimensión de esta vida de Pablo – prosiguió explicando el Obispo de Roma – son, precisamente, “las dificultades. Más claramente las persecuciones”. En la Primera Lectura – dijo – leemos que todos se unieron para acusarlo. Pablo va a juicio, porque lo consideran “un perturbador”:
“Y el Espíritu inspiró a Pablo un poco de astucia. Sabía que no eran ‘uno’, que ente ellos había tantas luchas internas y sabía que los saduceos no creían en la Resurrección, que los fariseos creían… y él, un poco para salir de aquel momento, dijo con fuerza: ‘Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos. Estoy llamado a juicio a causa de la esperanza en la resurrección de los muertos’. Apenas dijo esto, se desató una disputa entre los fariseos, los saduceos y la asamblea, porque los saduceos no creían… Y estos, que parecían ser ‘uno’, se dividieron, todos”.
El Santo Padre comentó además que estos “eran los custodios de la Ley, los custodios de la doctrina del Pueblo de Dios, los custodios de la fe”, “pero uno creía una cosa y otro otra”. Esta gente – reafirmó el Papa Bergoglio – “había perdido la Ley, había perdido la doctrina, había perdido la fe, porque la había transformado en ideología”, y “lo mismo con la doctrina”.
La fuerza de San Pablo es la oración,  el encuentro con el Señor
De manera que San Pablo – recordó el Papa Francisco antes de concluir – “tuvo que luchar tanto” por esto. La primera dimensión de su vida –  añadió – “es el anuncio, el celo apostólico: llevar adelante a Jesucristo”, “la segunda es: sufrir las persecuciones, las luchas”. Y, en fin, la tercera dimensión: la oración. “Pablo – destacó el Pontífice – tenía esta intimidad con el Señor”:
“Se le presentaba a su lado tantas veces. Una vez él dijo que fue llevado casi al séptimo cielo, en la oración, y no sabía cómo decir las cosas hermosas que había sentido allí. Pero este luchador, este anunciador del horizonte sinfín, cada vez más, tenía aquella dimensión mística del encuentro con JesúsLa fuerza de Pablo era este encuentro con el Señor, que tenía en la oración, como fue el primer encuentro en el camino hacia Damasco, cuando iba a perseguir a los cristianosPablo es el hombre que ha encontrado al Señor  y no se olvida de eso, y se deja encontrar por el Señor y busca al Señor para encontrarlo. Hombre de oración”.
“Estas las tres actitudes de Pablo – terminó diciendo el Papa – nos enseñan este paso del celo apostólico para anunciar a Jesucristo; la resistencia – resistir a las persecuciones – y la oración, es decir, encontrarse con el Señor y dejarse encontrar por Él”.
“Que el Señor nos dé la gracia a todos nosotros, los bautizados – concluyó Francisco –  la gracia de aprender estas tres actitudes en nuestra vida cristiana: anunciar a Jesucristo, resistir a las persecuciones y a las seducción que te llevan a separarte de Jesucristo y la gracia del encuentro con Jesucristo en la oración”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

jueves, 1 de junio de 2017

El Papa en la Audiencia: La esperanza es una vela para que sople el viento del Espíritu Santo



El papa Francisco realizó este miércoles una nueva audiencia general en la plaza de San Pedro, donde le aguardaban miles de peregrinos llegados desde toda Italia y de los más diversos países del mundo.
En este día de primavera, el Santo Padre en el Jeep blanco acompañado por tres niños, cruzó los corredores de la plaza, saludando y bendiciendo en particular a los pequeños y ancianos.
El Pontífice retomó en la catequesis el tema de la esperanza cristiana, relacionándola con el Espíritu Santo, y en español lo resumió así:
“Ante la solemnidad de Pentecostés, he deseado presentar hoy la relación que existe entre el Espíritu Santo y la esperanza”, dijo. Y precisó que “el Espíritu Santo sopla y mueve la Iglesia, camina con ella, por eso, del mismo modo que la Escritura paragona la esperanza a un ancla, que asegura el barco en medio del oleaje, también podemos compararla con una vela que recoge ese viento del Espíritu para que empuje nuestra nave”.
“Cuando decimos: «Dios de la esperanza» no significa solamente –prosiguió el Santo Padre– que Dios es el objeto de nuestro anhelo, algo que deseamos alcanzar en la vida eterna; sino que Dios es quien nos colma hoy y en cualquier lugar de su alegría y de su paz”.
“Hermanos –exhortó el Pontífice– estemos seguros de que nuestra esperanza no quedará defraudada, porque el Espíritu ha derramado en nuestros corazones el amor de Dios y da testimonio de que somos sus hijos”.

Así el sucesor de Pedro, indicó que “llenos de confianza, seremos capaces de afrontar cualquier tribulación y de ser sembradores de esperanza entre nuestros hermanos, consolando, defendiendo y asistiendo a todos, como el Paráclito nos enseña y nos guía”.
Al despedirse saludó cordialmente “a los peregrinos de lengua española, en particular a los que han venido para participar en la Vigilia de Pentecostés con ocasión de los 50 años de la Renovación Carismática Católica, así como a los demás grupos provenientes de España y Latinoamérica”.
“Los exhorto –concluyó el Papa– a perseverar en la oración, junto con María, Nuestra Madre, pidiendo a Jesús que el don del Espíritu Santo nos haga sobreabundar en la esperanza”.