domingo, 21 de mayo de 2017

«El Evangelio no es la acción social, sino que Jesús nos sienta a todos a la misma mesa»





Entrevista al párroco de Santa Anna de Barcelona, que no tenía fieles y abrió sus puertas a los pobres
Peio Sánchez es el párroco de Santa Anna, la iglesia de Barcelona (España) que este invierno, durante la ola de frío, decidió abrir sus puertas durante unos días a los pobres para que pernoctaran en algunas de sus capillas. Cuando el termómetro volvió a subir, la experiencia de la hospitalidad con los más marginados de la sociedad había sido tan satisfactoria que se mantuvo la acogida, el reparto de comida y bebida diarios y la atención psicológica y de las asistentas sociales de Cáritas.
Con el gesto público que ha sucedido en esta preciosa iglesia románica y gótica situada en el mismo corazón de Barcelona, parece que ha cambiado la imagen de la Iglesia en la ciudad. Algo parecido a lo que ha sucedido con el Papa Francisco y sus llamamientos a convertir la Iglesia en un Hospital de Campaña de nuestra sociedad herida por tantos estigmas. No han cambiado nada del dogma y la caridad de raíz eclesial prosigue. Sin embargo, la Iglesia se nos aparece hoy un poco más pobre y perfumada de evangelio.
Para entender un poco mejor esto, hemos entrevistado a Peio Sánchez, que es quien capitanea el equipo de religiosos y voluntarios que han hecho esto posible.
¿Cuándo empezó su vocación por los más desfavorecidos?
Aprendí a ser cura acompañando a morir a jóvenes con SIDA en Salamanca. Eran jóvenes de mi edad. La mayoría se habían contagiado por la droga. Murieron todos.
¿Qué ha sucedido en Santa Anna? Ante los reiterados llamamientos del Papa Francisco a la misericordia y a la pobreza, ¿habéis comenzado a hacer algo que los católicos habíamos olvidado?
No. Lo que pasa es que en la Iglesia hemos especializado la acción social. Hemos hecho una buena acción social, pero por ahí precisamente se nos ha colado la secularización. El Evangelio no es la acción social, sino que Jesús nos sienta a todos a la misma mesa.
Caritas tiene su centro de atención a indigentes. Llamas por teléfono, pides hora para la entrevista, cuando vas a la hora que te toca llenas un cuestionario y la asistenta social sabe los recursos con los que se cuentan y ve qué recursos se te pueden asignar como usuario.
Jesús, por el contrario, te dice: «siéntate», se sienta a tu lado, y no hay una ficha o una puerta, sino un encuentro y un camino que se abre.
El problema es que nosotros vivimos un enorme divorcio entre la Misa y la acción social y eso saca la entraña al evangelio. La sociedad secular esconde el don de Dios. En Santa Anna buscamos combatir esto incluso con la distribución de los espacios.
¿Y cuál es tu valoración? ¿Después de todos estos meses, crees que ha funcionado?
Mucha gente que dice «yo no entraría jamás en una iglesia» entra en la nuestra. Rompemos clichés a través de signos evidentes. Hay que aprender a hacer signos con el Papa. Sirven para los de fuera, como he dicho, pero también para los de dentro.
En Santa Anna, por ejemplo, tenemos una cofradía que nos pedía que invirtiésemos continuamente en la reforma de su capilla. Desde que los pobres son una presencia aquí, ya no nos lo piden. Ven naturalmente que lo suyo no es prioritario.
¿Con qué gestos buscáis unir lo sagrado y lo social?
Oramos y servimos a la vez, por ejemplo. Lo hacemos claramente, a través de la distribución de espacios, generando un signo. Es bueno que se escuche el ruido de los cubiertos en la sala de al lado cuando se oficia. El ruido y el grito de los pobres son la voz de Dios.
Si tienes esa voz ahí al lado, ¿por qué la buscas en un silencio deshabitado? Yo me he acostumbrado a rezar con el murmullo. Curiosamente, te ayuda a rezar.
¿Por qué habéis tenido esta iniciativa precisamente en esta parroquia y no en otra?
Cuando llegué, le di la extremaunción al antiguo párroco y me encontré con que todo estaba cerrado. La belleza de esta construcción y todo el arte que en ella tenemos era mucho, pero no teníamos feligreses. En Plaza Cataluña, en pleno centro de Barcelona, no vive nadie. Hace 20 años que no se celebran primeras comuniones aquí. Como no había fieles pero sí muchos pobres en los alrededores, pues abrimos las puertas a los que lo necesitaban.
¿Por qué consideras tan importante esta dinámica de los gestos?
Estamos escribiendo un libro sobre el Hospital de Campaña. Para ello estoy leyendo autores que hablan de lo terrible que es que la Iglesia se convierta en una cosa turística, que es lo que nos está sucediendo. Eso vacía la Iglesia de significado.
Ante esto es muy difícil hacer nada. ¿Cómo hacer gestos en la Sagrada Familia que transparenten el evangelio? El sistema se ha apropiado de ella.
¿Y qué problema ves en eso?
Es verdad que el dinero que se recoge seguramente se usa bien, pero el sacramento es comunicación en esencia. Un sacramento que ya no es capaz de comunicarse es ridículo. Hoy tenemos una gran dificultad para que la Iglesia comunique lo que es. En eso el Papa es genial. Enseña a la Iglesia a ser comunicativa sacramentalmente.
Asistimos a una gran crisis de la confianza. Si el mayor creyente que teníamos aquí era Jordi Pujol y resulta que se ha lucrado con la política a lo grande: ¿qué imagen queda de la Iglesia?
Si vemos las encuestas, la confianza del ciudadano en la Iglesia es más o menos tan baja como en los políticos. Sin embargo, la confianza en Caritas es altísima. ¿Qué es lo que pasa entonces? ¿Es que Caritas no es la Iglesia? Lo que sucede es que se ha roto la sacramentalidad, que no se hace evidente para nadie que la obra social tiene una raíz evangélica.
El hecho de que la iglesia más grande y más bonita esté cobrando entrada a todo el mundo, creo que está dificultando la sacramentalidad de todas las iglesias.
¿Qué es lo que se puede hacer ante esto?
Es muy difícil solucionar el problema Sagrada Familia de modo aislado. Lo que sé seguro es que no hay que estar todo el día lamentándose de que se haya perdido la confianza en la Iglesia. Se trata de ganarla, de ver qué se puede hacer para recuperarla.
La confianza en la Iglesia se recuperará si se recupera la confianza en Dios y en el Evangelio, y eso lo conseguimos haciendo transparente el Evangelio a través de gestos significativos que tenemos que aprender a hacer.
¿Por ejemplo?
Si una familia de neocatecumenales que tiene 7 hijos adopta a un chico con síndrome de Down, eso hay que hacérselo ver a todos.
Sin embargo, la Iglesia retrocede demográficamente en nuestro país y pierde hegemonía cultural a marchas forzadas.
¿No habría que intentar preservar lo que tenemos?
Hay que abrirse a las periferias, como dice el Papa. El cierre está asociado al miedo, por ejemplo al miedo a que las iglesias se queden vacías. Perdamos el miedo. Ya no tenemos nada que perder.
En Santa Anna, cuando llegué, no tenía ningún feligrés que perder. Con eso la Iglesia puede recuperar mucha libertad. Y si recuperas la libertad, recuperas el prestigio.
Los de Podemos no querían hablar con nosotros y ahora ya quieren, porque claro, les hemos pasado por la derecha. Estamos mostrando sus vergüenzas. Ellos defendían el no al desalojo y nosotros estamos recogiendo a los desalojados que ellos tenían que proteger.
Esta libertad significa valentía y quizás riesgo, algo que no suele asociarse a la Iglesia en España, que más bien suele ser vista como conservadora.
Hay que comunicar, que las cosas se vean, dejarse de preocupaciones institucionales que no nos dejan mostrar el Evangelio. Si la gente ve que hay verdad, incluso los políticos te hacen caso.
¿Por qué la Iglesia en Cataluña no se ha pronunciado contra la corrupción? ¿Por qué no ha hecho un comunicado fuerte al respecto? Por miedo a perder los conciertos de los colegios. Otros se mueven por miedo a que vaya a no salir el PP y lleguen otros mucho peores, y por eso no critican los escándalos de corrupción. Así lo que hacemos es dejar la sal sosa.
¿Qué papel juegan en este sentido los pobres?
Los pobres dan significatividad sacramental a la Iglesia, porque es en ellos donde hoy más se ve la brecha y el dolor del mundo.
Se trata de gestos muy sencillos. Por ejemplo: viene la ola de frío y abres 5 parroquias en Barcelona para que los pobres puedan dormir. Después las vuelves a cerrar. Eso es un gesto significativo. Ahí se muestra nítidamente qué es la Iglesia.
Ratzinger lo dice: el problema no es que la Iglesia se quede pequeña, sino que pierda su significatividad olvidándose de Cristo. Tendemos a pensar que lo que va a sostener a la Iglesia son las estructuras, pero lo que sostiene a la Iglesia es la conversión a Jesucristo de cada uno.
Entonces, ¿los pobres son una cuestión meramente estratégica, un instrumento para mejorar nuestra imagen?
No. La presencia de los pobres hace mucho más fácil plantear las exigencias del Evangelio. Cuando convives con pobres, la exigencia es concreta y a uno le urge hacer algo. El cuerpo a cuerpo con el pobre te mueve a convertirte al Evangelio.
Y eso vale para uno de dentro y vale para los que están mirando desde fuera, que ven vidas cambiadas por el Evangelio. Los pobres son «madre», como dice san Ignacio y cita el Papa a menudo, porque tienen un gran poder de evocación evangélica a la conversión.
¿Qué te parece en este sentido el pontificado de Francisco?
Una guía y sugerencia continuas. Pero no basta con el Papa. La credibilidad y la confianza surgen de la Iglesia, renacen de los gestos próximos y no de los gestos espectaculares del Papa, aunque es verdad que, de otro modo, también fomentan un acercamiento de la Iglesia a la gente.
Tenemos que aprender de él, que constantemente se escapa de lo establecido por el protocolo. En Egipto, por ejemplo, ha decidido ya no ir blindado. Él dice: yo ya lo he vivido todo y no tengo nada que perder. No calcula. Esto es algo que tenemos que recuperar: el dinamismo de la conversión pastoral.
¿Qué crees que nos toca en un futuro cercano en la Iglesia en Cataluña?
Tenemos las parroquias llenas con gente buenísima que no para de recordarte cómo se hacen las cosas desde siempre. Sin embargo, lo que estamos haciendo ahora es enterrar a todos esos gentilhombres y si seguimos haciendo las cosas igual no va a quedar nadie.
Por eso es importante que pongamos al pobre en el centro de la Iglesia, así redescubriremos el Evangelio y los no creyentes tendrán también la oportunidad de encontrarse con la excepcionalidad de la Iglesia.
Jorge Martínez Lucena/Aleteia.org

El anuncio de otro Paráclito




A pesar de que quedan varios días para celebrar el día de Pentecostés, la liturgia nos prepara ya para esta solemnidad. Todas las lecturas aluden a la presencia del Espíritu Santo. En la primera, los apóstoles Pedro y Juan se dirigen a Samaría para imponer las manos a los bautizados, que reciben de este modo el Espíritu Santo. En la segunda lectura, Pedro señala que Jesús murió en la carne, pero ha sido vivificado en el Espíritu. De modo especial, el Evangelio anuncia la llegada del Espíritu Santo. Jesús mismo promete que pedirá al Padre que mande a los suyos el Espíritu, designado como «otro Paráclito». El término paráclito equivale al latino advocatus, es decir, abogado defensor. Jesús habla de «otro» paráclito porque el primero es él mismo, que vino con la finalidad de defender al hombre del acusador por excelencia, que es Satanás. Jesús pronuncia este discurso tras la Última Cena, ya que sabe que no puede quedarse para siempre con los apóstoles, puesto que asumió una vida humana, que es limitada. Y la asumió, sobre todo, para transformar la muerte humana en camino para la vida eterna. Por eso, en el momento en que Cristo, tras cumplir su misión, vuelve al Padre, este envía al Espíritu como defensor y consolador, para permanecer para siempre con los creyentes, habitando dentro de ellos. Al ser eterno, el Espíritu puede quedarse para siempre con todos los discípulos de Cristo.
Amar al Señor para recibir al Espíritu
De esta manera, siempre es posible mantener una relación de intimidad entre Dios Padre y los discípulos de Jesucristo. Primero por la mediación del Señor y más adelante por la acción y la presencia del Espíritu Santo. Por eso dice el Evangelio: «Yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros». Sin embargo, esta relación no es automática. Exige de nuestra libertad. Si Jesús era visible en cuanto hombre, no lo es el Espíritu Santo. Se trata de una realidad interior imposible de percibir por medio de los sentidos.
Es necesario, pues, estar unidos interiormente con el Espíritu. Por eso el Evangelio afirma que «el mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce». Cuando se habla «del mundo», el pasaje se refiere al conjunto de las tendencias pecadoras de la humanidad, no a cuanto de bueno y bello hay en el universo. El mal no conoce al Espíritu porque es una realidad antagónica a él. Sin embargo, el discípulo de Cristo, quien se ha dejado transformar por Jesús, tiene la capacidad de conocer y recibir su Espíritu. Al comienzo del pasaje aparece la condición «si me amáis» para recibir al Paráclito, que vuelve a repetirse al final del episodio evangélico: «El que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él». El Señor insiste en la relación entre la observancia de sus mandamientos y el amor hacia él. Una vez más se muestra que para entrar en relación con Dios es necesario pasar por la mediación del Hijo. Solo así es posible recibir y comunicar todo lo que el Padre nos quiere dar.
El Espíritu Santo en la Iglesia
La llegada del Espíritu Santo no es un acontecimiento complementario para la historia de la salvación, sino que supone la plenitud de la Encarnación y de la Redención, y se encuentra entre los contenidos de la promesa de la Nueva Alianza, hecha por Dios a través de Jeremías y, sobre todo, de Ezequiel: «Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu» (Ez 36,26-27).
La presencia y la acción del Espíritu Santo en la Iglesia continúa hasta el día de hoy. Su asistencia constante posibilita la eficacia de cualquier acción llevada a cabo por los pastores o los miembros de la Iglesia, ya sea de gobierno pastoral, de santificación, de enseñanza o de caridad. De hecho, cuando decimos que la Iglesia está viva, no lo afirmamos por utilizar un lenguaje expresivo o metafórico, sino porque hay alguien que constantemente sigue infundiéndole su aliento. Lo afirmamos, de hecho en el credo: «Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida». De no tener presente esta realidad, corremos el riesgo de reducir a la Iglesia a una organización más de entre las que existen en la sociedad o de reducir su actividad al fruto de esfuerzos humanos. Cuando Jesús promete en el Evangelio a sus discípulos no dejarlos huérfanos, les está diciendo que él estará siempre presente a través de su Espíritu.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid

Jornada de oración por la paz en Venezuela: «Hace falta que Papá Dios meta su mano aquí»



«No caminamos ni oramos por ser de la oposición o del Gobierno, sino porque somos Venezuela, y ahora lo primordial son los derechos humanos y civiles», explica una religiosa venezolana. Todas las comunidades católicas del país están convocadas este domingo a una jornada de oración por la paz y el fin de la represión del régimen chavista
En Venezuela, «la gente está rezando mucho. Las familias van rezando el rosario hacia el lugar convocado para las concentraciones, y también hay grupos de personas que en ellas rezan, incluso hacen alguna lectura de la Sagrada Escritura y peticiones». Algunos lo llaman una «pequeña Misa». Madre Ana Zamorano, religiosa de las Hermanas de María de Schönstatt, describe así cómo los venezolanos unen las protestas en la calle contra el régimen de Nicolás Maduro con la oración a Dios para que alcance la paz al país.
Sus hermanas en el país latinoamericano comparten en sus comunicaciones que los venezolanos «tienen conciencia de que el Señor tiene que sacarles de esta situación y, además de acudir con gran valentía a la convocatoria de las marchas o concentraciones, aunque saben que corren riesgo, acuden a las iglesias a rezar y se reúnen con vecinos».
Estas iniciativas de oración se multiplican este domingo con motivo de la Jornada de oración convocada por la Conferencia Episcopal Venezolana para pedir por el cese de la violencia, la represión oficial y por la búsqueda de caminos para el entendimiento y la reconciliación.
Via Lucis joven
Cada diócesis, parroquia y comunidad religiosa se sumará a esta convocatoria «de acuerdo a su creatividad», explica a Alfa y Omega la hermana Rosalía Cordero, secretaria general de las Hermanitas de los Pobres de Maiquetía.
Sin embargo, sí se han convocado algunas iniciativas con más repercusión. Por ejemplo, el Via Lucis por Venezuela que organizará en la zona de Chacao, en Caracas, Juventud Católica Organizada.
En otras ocasiones, la oración será menos visible, pero no por ello menos eficaz. «En Caracas –comparte la hermana Cordero– tenemos cuatro comunidades, pero todas nos vamos a reunir en una capilla central y tendremos el Santísimo expuesto todo el día».
«Perdimos el miedo»
Aunque su plan del domingo sea este, a la religiosa no le da miedo salir: « Ya perdimos el miedo de estar en la calle. El mes pasado religiosos, sacerdotes y seminaristas de Caracas hicimos una caminata de oración. No pedimos ningún permiso a nadie, y llegamos hasta la misma comandancia de Policía. Solo ocupábamos un carril de la calle. Duró casi cuatro horas y estuvo muy bien».
Esta misma convocatoria se va a repetir el martes 23, «con un trayecto bastante largo, desde la iglesia de los capuchinos hasta la catedral. Si nos echan de un lado nos iremos a otro. Lo importante es hacernos presentes –subraya la hermana Cordero–. No caminamos ni oramos por ser de la oposición o del Gobierno, sino porque somos Venezuela, y ahora lo primordial son los derechos humanos y civiles».
Feligreses pro-Maduro
En Carora, una ciudad de 200.000 habitantes en la zona centro-occidental del país, el padre Gilberto Canto, párroco de Nuestra Señora de Coromoto, quería organizar para el domingo una procesión rogativa con la imagen de la patrona de la ciudad. Pero está esperando instrucciones de sus superiores, porque le da miedo que se interprete como una manifestación política.
Incluso si al final no ve prudente esta opción, ofrecerá la Eucaristía dominical por esta intención y expondrá el Santísimo. Lo mismo hace todos los jueves, también por la paz en Venezuela. «Este jueves hemos tenido una vigilia hasta el amanecer. Y el 19 de abril tuvimos adoración toda la mañana y luego celebramos la Misa en el cementerio por todos los caídos y asesinados».
El hecho de ser una ciudad pequeña no ha hecho que Carora se libre de la violencia. «El miércoles un grupo de afectos al Gobierno agredieron a varios concejales de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) que aquí tiene mayoría». La tensión ha llegado al seno de la propia parroquia, donde «hay feligreses muy afectos al Gobierno». Para calmar los ánimos, el padre Canto ha decidido organizar, este sábado, una cena comunitaria en la calle, con lo que aporte cada uno.
Gas lacrimógeno en un hospital infantil
Desde Maracaibo, la misionera española Jesusa Barrena, de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, explica que ellas se sumarán a lo que se haga en la parroquia que les corresponde. «Todavía no sabemos qué va a ser. Pero oraremos, porque hace falta que Papá Dios meta su mano aquí. Esto no tiene ni pies ni cabeza. Aquí, la policía lanzó bombas lacrimógenas contra el hospital infantil y tuvieron que sacar a los niños corriendo. Y a nosotras hace poco nos entraron a robar en casa. Entraron en el patio, no en los edificios, pero se llevaron las máquinas de coser».
María Martínez López
Alfa y Omega

Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito



Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 15-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.
No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».
Palabra del Señor.

Papa: tecnología y ética al servicio de la dignidad humana del trabajo. Evangelio y doctrina social de la Iglesia

 El Papa Francisco alentó los esfuerzos que la Fundación Centesimus Annus Pro Pontefice realiza para llevar la luz del Evangelio y la riqueza de la doctrina social de la Iglesia para construir un  mundo más justo, libre y en armonía para toda la familia humana.
El Santo Padre recibió a los participantes en la Conferencia internacional dedicada a encontrar alternativas constructivas en la actual situación global del trabajo y la tecnología, para impulsar la dignidad humana, la solidaridad y la virtud cívica:
«Expreso mi aprecio por vuestros esfuerzos en encontrar modos alternativos de comprensión de la economía, del desarrollo y del comercio, para responder a los desafíos éticos planteados por la imposición de nuevos paradigmas y formas de poder, derivadas de la tecnología, la cultura del descarte y de estilos de vida que ignoran a los pobres y desprecian a los débiles (cfr Enc. Laudato si’, 16)»
El Papa destacó que la lucha contra la pobreza exige una comprensión profunda de la misma como fenómeno humano y no meramente económico
«Promover el desarrollo humano integral requiere diálogo e implicación con las necesidades y los anhelos de la gente. Requiere escuchar a los pobres y su cotidiana experiencia de privaciones múltiples y sobrepuestas, ideando respuestas específicas a situaciones concretas. Ello requiere dar vida, en el interior de las comunidades y entre las comunidades y el mundo de los negocios, a estructuras de mediación capaces de reunir a las personas y los recursos, iniciando procesos en los cuales los pobres sean protagonistas principales y beneficiarios. Este enfoque de la actividad económica, basado en la persona, alentará la iniciativa y la creatividad, el espíritu empresarial y a las comunidades de trabajo y de empresa, de modo que se pueda favorecer la inclusión social y el crecimiento de una cultura de solidaridad eficaz».
El Obispo de Roma hizo hincapié en su preocupación ante el desempleo que afecta a la juventud y a los adultos que no disponen de medios para promoverse a sí mismos:
«Es un problema que ha asumido proporciones verdaderamente dramáticas tanto en los países desarrollados como en aquellos en vías de desarrollo y que pide ser afrontado por sentido de justicia entre las generaciones y de responsabilidad para el futuro. Del mismo modo, los esfuerzos para afrontar el conjunto de las cuestiones enlazadas con el desarrollo de las nuevas tecnologías, con la transformación de los mercados y con las legítimas aspiraciones de los trabajadores, deben considerar no sólo a los individuos, sino también a las familias. Ésta, como saben, ha sido una preocupación expresada en las recientes asambleas sinodales sobre la familia, que han destacado cómo la incertidumbre en las condiciones laborales aumenta la presión y los problemas de la familia y tiene un efecto sobre la capacidad de la familia de participar fructuosamente en la vida de la sociedad».
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)

sábado, 20 de mayo de 2017

Así cambió el cristianismo la sociedad romana


Normalmente es poco conocida la influencia que el cristianismo ejerció en la transformación de la sociedad antigua mediante la cristianización del derecho romano y la legislación posterior de los reinos germánicos. Sin embargo, supuso un gran avance en la promoción del ser humano
El emperador Constantino, aconsejado e inspirado por hombres de Iglesia y por laicos cristianos desde el Edicto de Milán del año 313, comenzó a impregnar de ideas cristianas el antiguo derecho romano con elementos como el respeto a la persona y un nuevo espíritu de justicia. Nos encontramos así con normas para impedir coger los bueyes del campesino y protegerle contra las usurpaciones de los propietarios ricos, la defensa de la herencia de los hijos huérfanos de madre frente al padre y la prohibición de marcar a fuego a los delincuentes en el rostro porque este «ha sido formado a imagen de la belleza celeste». Hacia el año 320 hallamos una primera floración de la legislación cristianizada, que tendrá su pleno desarrollo años más tarde. Surgen entonces medidas a favor de la Iglesia, así como el reconocimiento del derecho de liberar a los esclavos con la simple declaración hecha en un templo en presencia de los sacerdotes, además de que los clérigos podrían concedérsela a los suyos, incluso sin formalidad legal alguna.
En las cuestiones económico-sociales, de beneficencia y de costumbres, hay hechos que resultan igualmente importantes: la institución del domingo como día de descanso obligatorio, la condena del rapto de muchachas y de la prostitución de las domésticas de albergue, la protección de los prisioneros contra la brutalidad de los carceleros y de los esclavos contra sus dueños. También el Estado se hizo cargo de la tutela de huérfanos y viudas.
Las iglesias como lugares de refugio
Una medida importante fue conceder a la Iglesia el derecho de asilo, es decir, el reconocimiento de las iglesias como lugares de refugio. Asimismo, se dio a los obispos el derecho de interceder ante los jueces con el fin de obtener la gracia de los condenados, y en este sentido intervinieron en varias ocasiones san Agustín y san Ambrosio.
Muy notoria fue la modificación que la Iglesia promovió en los derechos que la patria potestas romana daba al padre sobre los hijos y que, en ocasiones, podía ser terrible, tendiendo ahora hacia la paterna pietas, con un impulso grande del papel de la madre y de los propios derechos de los hijos. Esto posibilitó la libertad de los hijos para contraer matrimonio, la influencia de la madre en la educación del hijo, el deber de sustentar a los hijos y también el de los hijos de atender a los padres cuando se hallasen necesitados…
La Iglesia condenaba también la venta de los hijos por los padres y el abandono de los niños (los llamados expósitos), algo muy frecuente en la sociedad antigua y que, en realidad, era una consecuencia de la extensión de la patria potestas; muchos de estos niños expósitos solían acabar en la esclavitud, el amancebamiento, la pederastia o la prostitución, por lo cual los escritores eclesiásticos lucharon ardientemente contra ello. Constantino impuso una primera restricción a esta práctica y varios emperadores orientales favorecerían luego la labor de la Iglesia en la acogida y promoción humana y social de estos niños.
Combatiendo el aborto desde el siglo IV
La Iglesia también combatió el aborto, igual que ya lo había hecho la medicina antigua, pues había alcanzado una gran propagación. La legislación sinodal se ocupó del asunto desde comienzos del siglo IV y defendió intrépidamente el derecho a la vida del no nacido. Otro aspecto singular de la influencia cristiana sobre la sociedad fue la abolición de los combates de gladiadores.
No hay que olvidar la reducción de la esclavitud, mediante la recomendación del buen trato a las personas que se encontraban en este estado, las manumisiones llevadas a cabo por amos cristianos, la recaudación de las limosnas de la libertad para liberar esclavos, el reconocimiento legal del matrimonio entre ellos o la veneración de santos esclavos. Constantino otorgó toda una serie de disposiciones que suavizaban sus condiciones de vida, entre ellas la supresión de la crucifixión como castigo, y permitió que los senadores se casaran con esclavas. San Agustín pensaba que la esclavitud era contraria a la voluntad de Dios y opinaba que había surgido por la injusticia y la violencia entre los hombres, pues Dios había creado al hombre libre.
Santiago Cantera, OSB

Alfa y Omega

No sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo




Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 18-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros.
Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia.
Recordad lo que os dije: "No es el siervo más que su amo”. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.
Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió».
Palabra del Señor.

Papa: Las ideologías cierran el corazón al Espíritu Santo

La verdadera doctrina une. En cambio, la ideología divide. Lo afirmó el Santo Padre, en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. En su reflexión, el Papa aludió al llamado Concilio de Jerusalén que, alrededor del año 49, decidió que los paganos convertidos al cristianismo no debían circuncidarse como pedía la Ley mosaica.
Ante la Primera Lectura propuesta por la liturgia del día, tomada de los Hechos de los Apóstoles, Francisco observó que también en la primera comunidad cristiana “había celos, luchas de poder, y algún que otro astuto que quería ganar y comprar el poder”. De modo que “los problemas siempre existieron”. “Somos humanos – dijo el Papa – somos pecadores” y las dificultades también están en la Iglesia, pero el hecho se ser pecadores nos lleva a la humildad y a acercarnos al Señor, “como Salvador de nuestros pecados”.
A propósito de los paganos a los que “el Espíritu Santo llama a convertirse en cristianos”, el Pontífice puso de manifiesto que los apóstoles y los ancianos eligen a algunos de ellos para ir a Antioquía junto a Pablo y Bernabé. Son dos los grupos de personas descriptos, y había “fuertes discusiones”, pero con “buen espíritu” y que causaba “confusión”:
“El grupo de los apóstoles que quieren discutir el problema y los otros que van y crean problemas, dividen, dividen a la Iglesia. Dicen que lo que predican los apóstoles no es lo que dijo Jesús, y que no es la verdad”.
Los apóstoles – destacó el Papa Francisco – discuten entre ellos y al final se ponen de acuerdo:
“Pero no es un acuerdo político, es la inspiración del Espíritu Santo que los lleva a decir: nada de cosas, nada de exigencias. Sólo estos que dicen: no comer carne en aquel tiempo, la carne sacrificada a los ídolos, porque era como hacer comunión con los ídolos, abstenerse de la sangre, de los animales sofocados y de las uniones ilegítimas”.
El Santo Padre evidenció a continuación la “libertad del Espíritu” que “pone de acuerdo”, Así – dijo – los paganos pueden entrar en la Iglesia “sin pasar por la circuncisión”. Se trató, en el fondo, de un “primer Concilio” de la Iglesia – añadió Francisco – “el Espíritu Santo y ellos, el Papa con los obispos, todos juntos”, que se reunió “para aclarar la doctrina” y que fue seguido, a lo largo de los siglos, por ejemplo por el de Éfeso o el del Vaticano II, porque “es un deber de la Iglesia aclarar la doctrina” a fin de que “se comprenda bien lo que Jesús ha dicho en los Evangelios, o cuál es el Espíritu de los Evangelios”:
“Pero siempre existió aquella gente que sin ningún cargo va a turbar a la comunidad cristiana con razonamientos que trastornan a las almas: ‘Eh, no. Éste que ha dicho eso es herético, aquello no se puede decir, aquello no, la doctrina de la Iglesia es ésta…”. Y son fanáticos de cosas que no son claras, como estos fanáticos que iban allí sembrando cizaña para dividir a la comunidad cristiana. Y éste es el problema: cuando la doctrina de la Iglesia, la que viene del Evangelio, la que se inspira en el Espíritu Santo – porque Jesús dijo: ‘Él les enseñará y les hará recordar lo que yo he enseñado’ – aquella doctrina se vuelve ideología. Y ésta es la gran equivocación de esta gente”.
Estos individuos –  explicó el Papa Francisco al concluir su reflexión – “no eran creyentes, estaban ideologizados”, tenían una ideología “que cerraba el corazón a la obra del Espíritu Santo”. En cambio, los apóstoles seguramente discutieron con fuerza, pero no estaban ideologizados. “Tenían el corazón abierto a lo que el Espíritu decía.
La exhortación final del Pontífice fue que no debemos asustarnos frente a las “opiniones de los ideólogos de la doctrina”. Sí, porque la Iglesia tiene “su propio magisterio, el magisterio del Papa, de los obispos, de los Concilios”, y debemos ir por este camino “que viene de la predicación de Jesús y de la enseñanza y asistencia del Espíritu Santo”, que es “siempre abierta, siempre libre”, porque la doctrina une, los Concilios unen a la comunidad cristiana”, mientras “la ideología divide”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

viernes, 19 de mayo de 2017

Un Papa que gobierna


En un plazo de solo dos semanas el Papa Francisco ha hecho un viaje sin precedentes a El Cairo y una peregrinación al santuario de Fátima. Los medios internacionales los han seguido, como siempre, con el máximo interés. En la Universidad de Al-Azhar, centro teológico de los musulmanes sunníes, Francisco ha dado su apoyo al decidido esfuerzo de los líderes religiosos para desautorizar cualquier violencia en nombre de Dios. En Fátima, ha honrado a la Virgen y canonizado a los pastorcitos que fallecieron jóvenes, Francisca y Jacinto.
Pero la visibilidad de los viajes del Papa y de los encuentros que mantiene en Roma –la próxima semana recibe a Donald Trump– deja a veces en segundo plano la importancia de su trabajo ordinario, en sintonía cercana con los obispos de todo el mundo.
Las visitas ad limina, por ejemplo, tienen ahora un tono muy familiar. Son una especie de manantial oculto que mejora la alegría de los pastores y dinamiza el trabajo de evangelización en países fáciles –si los hay– o problemáticos. En la visión de una Iglesia más colegial y más sinodal ese trabajo de equipo con los obispos está al mismo nivel que el de la Curia vaticana, donde el Papa ha enseñado a muchos monsignori a valorar y respetar cada vez más el trabajo que los sucesores de los apóstoles realizan en todos los lugares del planeta. De puertas adentro, al cabo de cuatro años ha quedado claro que el gobierno de la Iglesia corresponde al Papa y no a la Curia vaticana, que es un simple equipo de colaboradores.
Francisco tiene buena información de primera mano, pues recibe muchas visitas, mantiene una correspondencia intensa, hace frecuentes llamadas telefónicas y vive en la misma casa que sus colaboradores directos. Los ve en su estudio, pero también en el comedor o en los pasillos. Es fácil trabajar en tiempo real. Cada tres meses, el Papa dedica tres días enteros a reuniones con el consejo de nueve cardenales que, a su vez, están en contacto estrecho con los obispos de los respectivos continentes.
Francisco es un Papa que gobierna. Que agarra el toro por los cuernos cuando hay que cesar al obispo de Dax o al gran maestre de la Orden de Malta por el bien de sus respectivas organizaciones.
A veces aconseja un trío de virtudes que facilitan la tarea de gobernar: «Humildad, firmeza, mansedumbre». Rodeada por las otras dos, la firmeza se ve menos. Pero, envuelta en ellas, multiplica su eficacia.
Juan Vicente Boo
Alfa y Omega

La Justicia no ve «ni un solo razonamiento» para que el Ayuntamiento de Zaragoza reclame La Seo



Varapalo judicial para el Ayuntamiento de Zaragoza, liderado por Zaragoza en Común (ZEC), en su reclamación de la titularidad de dos edificios de la Iglesia –La Seo y la iglesia de la Magdalena–, pues el Tribunal Superior de Justicia de Aragón acaba de decidir la suspensión del acuerdo, tras ser recurrido por el Arzobispado de Zaragoza, por el que el Gobierno municipal decidió llevar a los tribunales las inmatriculaciones de los citados templos.
El tribunal da así la razón a la Iglesia, decisión que justifica al no ver razones que puedan justificar las acciones legales anunciadas en el informe del consistorio de la capital aragonesa. «No contiene un solo razonamiento explícito sobre la viabilidad de la acción y sobre la procedencia o no de adoptar el acuerdo de interposición de acciones judiciales», explica el auto. Y añade: «Tampoco consta el más mínimo indicio a los posibles derechos que pudiera ostentar el Ayuntamiento de Zaragoza sobre los referidos templo».
Así, le recuerda que para iniciar acciones judiciales se debe tener «una previa opinión experta para hacer más difícil que un órgano administrativo inicie un pleito irreflexivamente o sin conocimiento de lo que son sus derechos, el modo de ejercitarlos y las razonables posibilidades de obtener una respuesta favorable».
Tras conocer la decisión, el Arzobispado de Zaragoza manifestó «satisfacción» y destacó que reconoce que su petición tiene «una apariencia de buen derecho especialmente intensa, que subraya que el acuerdo carece del informe preceptivo que señale la viabilidad y las acciones emprendidas por parte del Gobierno municipal, que lo que está en juego es el interés general».
Por su parte, el Ayuntamiento anunció que va a estudiar el auto para decidir el siguiente paso a dar.
F. Otero

EVANGELIO DE HOY: NADIE TIENE AMOR MÁS GRANDE QUE EL QUE DA LA VIDA POR SUS AMIGOS




Lectura del santo evangelio según san Juan (15,12-17):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Este es mí mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.

De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros».

Palabra del Señor

La persona humana tiene una dignidad que nadie ni nada le puede quitar: el Papa a los enfermos de Huntington


Queridos hermanos y hermanas:
Los recibo con alegría y los saludo a cada uno de los que están aquí presentes en esta reunión y reflexión dedicada a la enfermedad de Huntington. Doy las gracias sinceramente a todos los que se han esforzado para que esta jornada se pudiera realizar. Agradezco a la señora Cattaneo y al señor Sabine sus palabras de presentación. Me gustaría extender mi saludo a todos los que llevan en su cuerpo y en su vida las huellas de esta enfermedad, así como a los que sufren otras enfermedades denominadas raras.
Sé que algunos de ustedes han tenido que realizar un viaje muy largo y difícil para estar hoy aquí. Se los agradezco y me alegro de su presencia. He escuchado sus historias y las dificultades que cada día tienen que afrontar; conozco la tenacidad y la dedicación con que sus familias, los médicos, el personal sanitario y los voluntarios están a su lado en este camino lleno de cuestas arriba, algunas muy duras.
Durante mucho tiempo, los temores y las dificultades que han caracterizado la vida de las personas enfermas de Huntington han provocado a su alrededor malentendidos, barreras, verdaderas marginaciones. En muchos casos, los enfermos y sus familias han experimentado el drama de la vergüenza, del aislamiento, del abandono. Pero hoy estamos aquí porque queremos decir a nosotros mismos y al mundo: «HIDDEN NO MORE!», «NUNCA MÁS OCULTA», «MAI PIÙ NASCOSTA!». No se trata simplemente de un eslogan, sino de un compromiso que todos debemos asumir. La fuerza y ​​la convicción con que pronunciamos estas palabras se derivan precisamente de la misma enseñanza de Jesús. Durante su ministerio, Él se encontró con muchos enfermos, se hizo cargo de su sufrimiento, derribó los muros del estigma y de la marginación que a muchos de ellos les impedía sentirse respetados y queridos. Para Jesús, la enfermedad nunca ha sido obstáculo para acercarse al hombre, sino todo lo contrario. Él nos ha enseñado que la persona humana es siempre valiosa, que tiene siempre una dignidad que nada ni nadie le puede quitar, ni siquiera la enfermedad. La fragilidad no es un mal. Y la enfermedad, que es expresión de la fragilidad, no puede y no debe llevarnos a olvidar el inmenso valor que siempre tenemos ante Dios.
También la enfermedad puede ser una oportunidad para el encuentro, la colaboración, la solidaridad. Los enfermos que se encontraban con Jesús quedaban regenerados sobre todo por esta toma de conciencia. Se sentían escuchados, respetados, amados. Ninguno de ustedes se debe sentir nunca solo, ninguno se debe sentir una carga, ninguno debe sentir la necesidad de escapar. Ustedes son valiosos para Dios, son valiosos para la Iglesia.
Me dirijo ahora a las familias. Quien sufre la enfermedad de Huntington sabe que nadie puede superar la soledad y la desesperación si no tiene a su lado personas que con abnegación y constancia se transforman en «compañeros de viaje». Ustedes son todo esto: padres, madres, esposos, esposas, hijos, hermanos y hermanas, que cada día, de manera silenciosa pero eficaz, acompañan a sus familiares en este duro camino. También para ustedes el camino se hace a veces cuesta arriba. Por eso los animo también a que no se sientan solos; a que no cedan a la tentación del sentimiento de vergüenza y de culpa. La familia es un lugar privilegiado de vida y dignidad, y pueden contribuir a crear esa red de solidaridad y de ayuda que sólo la familia es capaz de asegurar y a la que está llamada a vivir en primer lugar.
Y me dirijo a ustedes, médicos, personal sanitario, voluntarios de las asociaciones que se dedican a la enfermedad de Huntington y a las personas afectadas por ella. Entre ustedes hay también personal del Hospital «Casa Sollievo della Sofferenza» que, con su atención y su investigación, son una manifestación de la aportación que la Santa Sede quiere dar en este ámbito tan importante a través de una obra suya. El servicio de todos ustedes es muy valioso, porque la esperanza y el impulso de las familias que se confían a ustedes depende ciertamente de su compromiso e iniciativa. Son muchos los retos que plantea la enfermedad desde el punto de vista diagnóstico, terapéutico y asistencial. Que el Señor bendiga su trabajo: que sean un punto de referencia para los pacientes y sus familias, que en muchas ocasiones se ven obligados a hacer frente a las ya duras pruebas que la enfermedad comporta en un contexto socio-sanitario que, con frecuencia, no corresponde a la dignidad de la persona humana. Así las dificultades aumentan. Con frecuencia, la enfermedad se agrava por la pobreza, las separaciones forzadas y una sensación general de confusión y desconfianza. Por eso, las asociaciones y los organismos nacionales e internacionales son decisivos. Son como las manos de Dios que siembran esperanza. Son la voz de estas personas que quieren reivindicar sus derechos.
Por último, están aquí presentes genetistas y científicos que sin escatimar energías se dedican desde hace tiempo al estudio y la búsqueda de una terapia para la enfermedad de Huntington. Es obvio que se mira a su trabajo con mucha expectativa: la esperanza de encontrar un camino para la curación definitiva de la enfermedad depende de sus esfuerzos, pero también para la mejora de las condiciones de vida de estos hermanos y para su acompañamiento, especialmente en la etapa delicada del diagnóstico, cuando aparecen los primeros síntomas. Que el Señor bendiga sus esfuerzos. Los animo a realizarlo siempre con medios que no contribuyan a alimentar esa «cultura del descarte» que a veces se insinúa también en el mundo de la investigación científica. Algunas líneas de investigación, de hecho, utilizan embriones humanos provocando inevitablemente su destrucción. Pero sabemos que ningún fin, aunque en sí mismo sea noble ―como la posibilidad de una utilidad para la ciencia, para otros seres humanos o para la sociedad―, puede justificar la destrucción de embriones humanos.
Hermanos y hermanas, como ven son una comunidad grande y motivada. Que la vida de cada uno de ustedes, marcada directamente por la enfermedad de Huntington o comprometida cada día en acompañar el dolor y la dificultad de los enfermos, sea un testimonio vivo de la esperanza que Cristo nos ha dado. Incluso a través del dolor pasa un camino fecundo de bien que podemos recorrer juntos.
Gracias a todos. Por favor, no se olviden de rezar por mí, igual que yo rezaré por ustedes.

(from Vatican Radio)