jueves, 9 de febrero de 2017

Francisco en Sta. Marta: “Dios hizo a la mujer para que tuviéramos una madre”


El papa Francisco en su homilía de este jueves en la misa matutina que celebró en Residencia Santa Marta, prosiguió la reflexiones sobre la Creación y las lecturas del Libro del Génesis, recordando que el Señor había plasmado todos los animales, pero el hombre no encontraba en ellos la compañía adecuada, estaba solo.
Por ello el Señor le sacó una costilla a Adán y formó a la mujer, que el hombre reconoció como carne de su carne. “Pero, antes de verla la había soñado” recordó el Pontífice, y precisó que “para comprender a una mujer, antes hay que soñarla”, señalando la riqueza que la mujer aporta a la armonía de la Creación.
“Cuando falta la mujer, falta la armonía. Solemos decir, hablando que ‘ésta es una sociedad con una marcada actitud masculina ¿no? Falta la mujer”. Dicen: “Sí, sí: la mujer está para lavar los platos, para hacer…”. “No, no, no –respondió el Papa– la mujer está para traer armonía. Sin la mujer no hay armonía”. Porque el hombre y la mujer “no son iguales, no son uno superior al otro: no. Sólo que el hombre no trae armonía. Es ella la que trae esa armonía, que nos enseña a acariciar, a amar con ternura y que hace del mundo una cosa bella».
El Pontífice indicó que la mujer con la armonía trae la capacidad de enamorarse, y contó que en una audiencia mientras saludaba a la gente, le preguntó a una pareja que celebraba 60 años de matrimonio, quién de los dos había tenido más paciencia: “Y ellos me miraban, se miraban a los ojos, nunca olvidaré esos ojos. Luego volvieron y me dijeron, los dos juntos: ‘estamos enamorados’. Después de 60 años, esto significa una sola carne. Y esto es lo que trae la mujer: la capacidad de enamorarse. La armonía al mundo”.
“La funcionalidad no es el objetivo de la mujer. Es verdad que la mujer tiene que hacer cosas, y hace como todos hacemos, cosas”, señaló el Pontífice, pero “el objetivo de la mujer es brindar la armonía”. Por ello “explotar a las personas es un crimen de lesa humanidad, es verdad. Pero explotar a una mujer es más: es destruir la armonía que Dios ha querido dar al mundo”.
Recordando el Evangelio de Marcos que habla de la mujer sirio-fenicia y de su valentía como madre, el Papa dijo que le gusta pensar que Dios creó a la mujer para que todos tuviéramos una madre.
“Dios nos ha dado un gran don, es la mujer” y aún más porque “la mujer es la armonía, es la poesía, es la belleza. Sin ella el mundo no sería tan bello, no sería armonioso. Y me gusta pensar –pero es algo personal– que Dios ha creado a la mujer para que todos nosotros tuviéramos una madre”.
ZENIT

800 millones de Lázaros



Somos cómplices y víctimas de un sistema desalmado que genera graves injusticias, desigualdades y mucha alienación personal
La parábola del hombre rico y el pobre Lázaro centra el mensaje del Papa para la Cuaresma de este año. El primero –dice Francisco– representa «la «opulencia», el «lujo exagerado», pero también a la persona incapaz de ver las necesidades del otro. ¿Un rico desalmado? Nos convendría no juzgar muy severamente. El domingo se celebra la Jornada de Manos Unidas, que recuerda que 800 millones de personas pasan hambre en el mundo, mientras en España un tercio de los alimentos termina en el cubo de la basura. La analogía es demasiado hiriente.
Sabemos –nos lo recuerda, si no, Manos Unidas– que el planeta puede abastecer a toda la humanidad. Que el problema está en los sistemas de producción y comercialización de los alimentos, convertidos en un producto con el que los mercados especulan a costa de la vida de muchos. Entramos así en una dimensión global que a un ciudadano español de a pie tal vez le venga muy grande. Pero Manos Unidas nos dice también que cada uno de nosotros es parte de ese engranaje; cómplices, por tanto, aunque también víctimas de un sistema desalmado (una «economía que mata», dice el Papa) que genera graves injusticias y desigualdades, y dosis nada desdeñables de alienación personal.
La Cuaresma –escribe Francisco– es «una fuerte llamada a la conversión», a volver los ojos a Dios y a abrir «nuestro corazón al otro». Esa conversión tiene una dimensión social. Adoptar estilos de vida más sobrios se ha convertido en una de las primeras formas de solidaridad, porque la voracidad en el norte alimenta terribles formas de explotación en el sur. Pero el Papa ha aludido también a la necesidad de compromiso político. Al dirigirse el sábado a representantes de empresas focolares de Economía de Comunión, les advirtió de que «un empresario que es solamente un buen samaritano cumple solo la mitad de su deber: cura a las víctimas de hoy, pero no reduce las de mañana». Es necesario además implicarse para cambiar unas reglas del juego injustas, aunque ahora podamos pensar que el reto nos viene muy grande.
Alfa y Omega

El Papa admite que en el Vaticano «hay corrupción» y una «atmósfera mundana y principesca»


Francisco ha recibido a los 60 integrantes de la revista jesuita La Civiltà Cattolica con motivo de la publicación de su número 4.000. En el próximo número, se publicarán unas respuestas del Papa a los superiores religiosos en las que les pide que le ayuden a combatir la mundanidad y el clericalismo en la Iglesia
«¡Permanezcan en mar abierto! El católico no debe tener miedo del mar abierto, no debe buscar reparo en puertos seguros. Ustedes como jesuitas eviten aferrarse a certezas y seguridades»: fue la invitación que dirigió el Papa Francisco a los a 60 integrantes de la revista jesuita La Civiltà Cattolica, recibidos en audiencia, en la mañana de este 9 de febrero, en ocasión del número 4.000 de esta revista quincenal que cuenta con 167 años de historia.
El Papa les recordó que en su navegación van «en la barca de Pedro». «Este vínculo al Pontífice es, desde siempre, una característica esencial de vuestra revista», encargada por Pío IX a la Compañía de Jesús para estar «al servicio directo de la Sede Apostólica». Y exclamó: «¡Rememos al servicio de la Iglesia, rememos juntos! Es este el vínculo entre ustedes y yo». En este sentido, el Pontífice les agradeció que «siempre han acompañado cada pasaje fundamental de mi Pontificado» con la publicación de las Encíclicas y Exhortaciones Apostólicas, «dando siempre una fiel interpretación».
La misión de La Civiltà Cattolica es ser católica, sin ser «de sacristía»: «Una revista es verdaderamente católica solo si posee la mirada de Cristo sobre el mundo y lo transmite y da testimonio». Por eso, recordando la felicitación que les ha enviado con motivo del número 4.000, ha explicado que debería ser «al mismo tiempo puente y frontera».
Inquietos, incompletos e imaginativos
Para seguir adelante y profundizar sobre el «diseño constitucional» de la revista, el Vicario de Cristo usó tres palabras: la «inquietud», que ayuda a no ser estériles, con la certeza de la fe que debe ser el motor de la investigación; el ser «incompletos» porque deben ser escritores de pensamiento abierto, incompleto; y finalmente, «imaginación» porque «el pensamiento rígido no es divino» y «la sabiduría del discernimiento rescata la necesaria ambigüedad de la vida».
«El pensamiento de la Iglesia –prosiguió– debe recuperar genialidad y entender cada vez mejor cómo el hombre se comprende hoy para desarrollar y profundizar su propia enseñanza».
Edición en español
Esta celebración de la veterana publicación católica coincide con el lanzamiento de sus versiones en español, inglés, francés y coreano. Y también con la publicación, en su próximo número, de las respuestas del Santo Padre a las preguntas de varios superiores de órdenes y congregaciones religiosas en un encuentro celebrado el 25 de noviembre.
En su respuestas, adelantadas este jueves por Corriere della Sera, Francisco admite que en el Vaticano «hay corrupción» y una «atmósfera mundana y principesca» que no afecta solo a los cardenales –llamados príncipes de la Iglesia–. «Basta ser clericales». Los religiosos –añadió– «tienen que contribuir a destruir este ambiente nefasto», que es «lo peor en la organización de la Iglesia».
A pesar de todo ello, el Pontífice subrayó que vive «en paz». Cuando hay un problema –contó– se lo encomienda a san José, cuya imagen durmiente tiene en su habitación. «Yo duermo bien. Duermo seis horas y rezo. Esta paz es un regalo del Señor» que recibió al ser elegido Papa.
Las críticas «hacen bien»
También le ayuda un poco de «pasotismo», aunque ¬–subrayó– «nunca lavarse las manos» como Poncio Pilato, que tiene muchos imitadores en la Iglesia. «Un superior que se lava las manos no es padre y no ayuda», insistió. En este sentido, tampoco le molestan las críticas, que «hacen bien» si «sirven para crecer».
Sobre los abusos sexuales por parte de sacerdotes y religiosos a menores y la pederastia, el Papa subraya que esta «es una enfermedad» y, «en el caso de que estén implicados curas o religiosos, está calro que está presente el diablo, que destroza la obra de Jesús a través de quien la tendría que anunciar».
Por eso, pide que se preste atención a verificar la madurez afectiva de los candidatos a la vida sacerdotal o religiosa, y que en el caso de que hayan sido rechazados por otra institución, se averigüe con profundidad el porqué.
El adelanto de la conversación en el Corriere della Sera incluye, además, una reflexión del Pontífice sobre las penitencias físicas, como el cilicio. «Cuando entré en el noviciado de los jesuitas, me dieron el cilicio. Esta bien el cilicio, pero atención: no tiene que ayudarme a demostrar que soy bueno y fuerte. La verdadera ascesis tiene que hacerme más libre».
Agencias
Alfa y Omega

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (7,24-30)




El Evangelio de Marcos presenta hoy la figura de la mujer «de lengua griega y de origen siro-fenicio» que suplica a Jesús «que expulse el demonio de su hija». 

La mujer, dirigiéndose a Jesús, es «valiente», como lo es toda «madre desesperada» que «ante la salud de un hijo», está dispuesta a hacer de todo. «Le habían dicho que existía un hombre bueno, un profeta», y así fue a buscar a Jesús, a pesar de que «no creía en el Dios de Israel».

Por el bien de su hija «no tuvo vergüenza de la mirada de los apóstoles». Y se acercó a Jesús para suplicarle que ayudara a su hija que estaba poseída por un espíritu impuro. 

A su petición Jesús respondió que había venido «ante todo para las ovejas de la casa de Israel». Y se lo «explica con un lenguaje duro», diciéndole: «Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». 

La mujer no respondió a Jesús «con su inteligencia, sino con sus entrañas de madre, con su amor». Y dijo: «Pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños». Queriendo decir: «Dame estas migajas a mí». 

Impresionado por su fe «el Señor hizo un milagro». Y, así, «al llegar a su casa, se encontró a la niña acostada en la cama, y el demonio se había marchado».

Es, en esencia, la historia de una madre que «se había expuesto al riesgo de hacer un mal papel, pero insistió» por amor a su hija. Viniendo «del paganismo y de la idolatría, encontró la salud para su hija»; y para sí misma «encontró al Dios viviente». Su camino «es el camino de una persona de buena voluntad que busca a Dios y lo encuentra». Por su fe «el Señor la bendice». 

Pero es también la historia de mucha gente que aún hoy «recorre este camino». Y «el Señor espera» a estas personas, movidas por el Espíritu Santo. «Cada día en la Iglesia del Señor hay personas que recorren este camino, silenciosamente, para encontrar al Señor», precisamente «porque se dejan conducir por el Espíritu Santo». 

«Recorramos el camino de la mujer cananea, de esa mujer pagana, acogiendo la Palabra de Dios que fue sembrada en nosotros y que nos conducirá a la salvación».

Los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños



Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 24-30
En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro.
Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse.
Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies.
La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.
Él le dijo:
«Deja que coman primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella replicó:
«Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».
Él le contestó:
«Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija».
Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.
Palabra del Señor.

miércoles, 8 de febrero de 2017

“La Iglesia es el cuerpo donde se alimenta y se sostiene la esperanza”, el Papa en la catequesis

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El miércoles pasado hemos visto que San Pablo, en la Primera Carta a los Tesalonicenses, exhorta a permanecer arraigados en la esperanza de la resurrección (Cfr. 5,4-11), con esa bella palabra “estaremos siempre con el Señor”. En el mismo contexto, el Apóstol muestra que la esperanza cristiana no tiene sólo un aspecto personal, individual, sino comunitario, eclesial. Todos nosotros esperamos. Todos nosotros tenemos esperanza, pero también comunitariamente.
Por esto, la mirada es enseguida extendida por Pablo a todas las realidades que componen la comunidad cristiana, pidiéndoles de orar los unos por los otros y de sostenerse recíprocamente. Ayudarse recíprocamente. Pero no solo ayudarse en las necesidades, en las tantas necesidades de la vida cotidiana, sino ayudarnos en la esperanza, sostenernos en la esperanza. Y no es casualidad que comience justamente haciendo referencia a quienes les es confiada la responsabilidad y la guía pastoral. Son los primeros en ser llamados a alimentar la esperanza, y esto no porque sean mejores que los demás, sino en virtud de un ministerio divino que va más allá de sus propias fuerzas. Por tal motivo, tienen más que nunca la necesidad del respeto, de la comprensión y del apoyo benévolo de todos.
La atención luego es puesta en los hermanos con mayor riesgo de perder la esperanza, de caer en la desesperación. Pero, nosotros siempre tenemos noticias de gente que cae en la desesperación y hace cosas feas, ¿no? La des-esperanza los lleva a estas cosas feas. Se refiere a quien está desanimado, a quien es débil, a quien se siente abatido por el peso de la vida y de las propias culpas y no logra más levantarse. En estos casos, la cercanía y el calor de toda la Iglesia debe hacerse todavía más intensa y amorosa, y deben asumir la forma exquisita de la compasión, que no es tener piedad: la compasión es padecer con el otro, sufrir con el otro, acercarme a quien sufre… una palabra, una caricia, pero que salga del corazón, esto es la compasión. Tienen necesidad de la solidaridad y de la consolación. Esta es más importante que nunca: la esperanza cristiana no puede prescindir de la caridad genuina y concreta. El mismo Apóstol de los gentiles, en la Carta a los Romanos, afirma con el corazón en la mano: «Nosotros, los que somos fuertes – que tenemos la fe, la esperanza o no tenemos tantas dificultades – debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no complacernos a nosotros mismos» (15,1). Sobrellevar, sobrellevar las debilidades de los demás. Este testimonio luego no permanece cerrado dentro de los confines de la comunidad cristiana: resuena con todo su vigor también fuera, en el contexto social y civil, como una llamada a no crear muros sino puentes, a no intercambiar el mal con el mal, a vencer el mal con el bien, la ofensa con el perdón: el cristiano jamás puede decir, me las pagaras. ¡Jamás! Esto no es un gesto cristiano. La ofensa se vence con el perdón; para vivir en paz con todos. ¡Esta es la Iglesia! Y esto es lo que obra la esperanza cristiana, cuando asume los lineamientos fuertes y al mismo tiempo tiernos del amor. Y el amor es fuerte y tierno. Es bello.
Se comprende entonces que no se aprende a esperar solos. Nadie aprende a esperar solo. No es posible. La esperanza, para alimentarse, necesita necesariamente de un “cuerpo”, en el cual los diferentes miembros se sostengan y se animen recíprocamente. Esto entonces quiere decir que, si esperamos, es porque muchos de nuestros hermanos y hermanas nos han enseñado a esperar y han tenido viva nuestra esperanza. Y entre ellos, se distinguen los pequeños, los pobres, los sencillos, los marginados. Sí, porque no conoce la esperanza quien se cierra en su propio bienestar: espera solamente en su bienestar y esto no es esperanza: es seguridad relativa; no conoce la esperanza quien se cierra en su propia satisfacción, quien se siente siempre bien… Los que esperan son en cambio aquellos que experimentan cada día la prueba, la precariedad y el propio límite. Son estos nuestros hermanos los que nos dan el testimonio más bello, más fuerte, porque permanecen firmes en la confianza en el Señor, sabiendo que, más allá de la tristeza, de la opresión y de la inevitabilidad de la muerte, la última palabra será la suya, y será una palabra de misericordia, de vida y de paz. Quien espera, espera escuchar un día esta palabra: “Ven, ven a mí, hermano; ven, ven a mí, hermana, por toda la eternidad”.
Queridos amigos, si – como hemos dicho – la morada natural de la esperanza es un “cuerpo” solidario, en el caso de la esperanza cristiana este cuerpo es la Iglesia, mientras que el soplo vital, el alma de esta esperanza es el Espíritu Santo. Sin el Espíritu Santo no se puede tener esperanza. Es por eso que el Apóstol Pablo nos invita al final a invocarlo continuamente. Si no es fácil creer, mucho menos lo es esperar. Es más difícil esperar que creer. Es más difícil. Pero cuando el Espíritu Santo habita en nuestros corazones, es Él quien nos hace entender que no debemos temer, que el Señor está cerca y se preocupa por nosotros; y es Él quien modela nuestras comunidades, en una perene Pentecostés, como signos vivos de esperanza para la familia humana. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

El mensaje de Cuaresma va a la raíz del problema: ‘vivir solo para sí mismo’


“La parábola del rico y Lázaro citada por el papa Francisco en el mensaje para Cuaresma de este año no es una parábola solamente para los ricos, pero para todos los hombres, porque todo hombre puede caer en esto aunque tenga nada, porque para el cristiano ‘el Cielo’ es el otro”.  Y mientras “Sartre decía: ‘el otro es el infierno’, el Papa y el Evangelio en cambio dice ‘el otro es un don’”.
Lo indicó Mons. Segundo Tejado subsecretario delegado del dicasterio de Desarrollo humano integral, conversando este martes con ZENIT, al margen de la presentación del mensaje de cuaresma en la Sala de Prensa de la Santa Sede, que este año inicia el primer de marzo y que lleva por título “La palabra es un don. El otro es un don”.
Aseguró así que Papa en su mensaje para la Cuaresma de este año “va a la raíz del problema”. Cuál es la raíz del problema “lo dice San Pablo, Cristo ha muerto por los hombres para que el hombre no viva más para sí mismo. Allí está el punto: vivir para sí mismo es una maldición”.
“En cierto sentido Sartre tenía razón -señalo Mons. Tejado- porque el otro te amenaza, de alguna manera te quitará algo de tu autonomía, de tu tiempo libre. En cambio decir que el otro es un don es abrirse a una dimensión vertical. Porque el Otro con la ‘O’ mayúscula es Dios mismo, el don de los dones”.
Señaló así que “vivir para sí mismo como sucede en esta parábola del rico y Lazaro, lleva a que uno no vea a los otros. El rico este, al que uno le llama rico, era un hombre lleno de sí mismo, que no ve a Lazaro en su puerta, tiene una ocasión para salvarse y no lo ve”. Y por eso en el más allá dice: “Manden a alguno para que le avise a mis hermanos, que el otro que está a mi puerta es una oportunidad para salvarme”.
El subsecretario delegado del dicasterio de Desarrollo humano integral, citando a la presentación del documento para la cuaresma hecha minutos antes por Mons. Dal Toso señaló que “es equivocado cuando alguien piensa: las personas que tengo a mi alrededor son para mí, mis bienes son para mí, la naturaleza es para mí y no me importa destrozarla. Es esa raíz en el corazón del hombre que la pascua viene a destruir”.
Precisó además que “el otro no es solamente el pobre, como si fuera una categoría impersonal. El otro es tu mujer, es tu hijo, tu compañero de trabajo, tu vecino, el que está deprimido, que tiene problemas económicos, que tiene un problema en familia, un luto, y a veces pasamos a su lado y ni nos damos cuenta, pasamos a su lado, porque estamos concentrados otro centro: no es Cristo, no es el otro somos nosotros mismos”.
“Si yo tengo a Dios como mi don y si el otro para mi es Cristo, el pobre, o mi hijo o mi cuñado me abro a una dimensión eterna que es pascual”, señaló.
Y sobre la tentación de ver en el mensaje una idea política, precisó que “Evangelio no es una casuística para los problemas actuales, es como un comodín, ya que el Evangelio da la respuesta a todos los problemas actuales. Está la Palabra de Dios como un don. Es la llave para entender todo lo que pasa en el mundo”.
Zenit

Nigeria, en manos del terror. Jornada Internacional de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas


[Publicada en el número 881 el 15 de mayo de 2014] Mientras el mundo entero exhibe carteles que piden el regreso de las más de doscientas niñas secuestradas en un colegio del noreste de Nigeria, aquí en España, en una casa cualquiera de una ciudad cualquiera, Natasha recuerda la pesadilla por la que están pasando las pequeñas. Hace dos años, fue ella la secuestrada
Llega al aeropuerto de Barajas con pasaporte y permiso de residencia falsos. Tiene 20 años y viene de Nigeria. Sus documentos no engañan a la policía y queda retenida en la sala de rechazados, en espera de su devolución al país de origen.
Recibe entonces una llamada. Es una abogada, contratada por quienes le han organizado el viaje, que le recomienda pedir asilo. Lo hace, y es trasladada a otra sala para ser entrevistada como solicitante de asilo.
Allí, Natasha rechaza la ayuda de la abogada contratada y se acoge a la gratuita que ofrece la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). A ellos les cuenta su historia: cuatro meses antes estaba en su hogar, junto a sus padres, cuando unos hombres armados la secuestraron. Llegó a una casa llena de mujeres, en un lugar que no conoce ni sabe localizar en el mapa, y allí permaneció cuatro meses encerrada y convertida en esclava sexual. Después, inició el viaje que la lleva directa a la sala del aeropuerto de Barajas.
Las autoridades no consideran creíble el testimonio de la joven y deciden denegar el asilo, pero la petición por parte de CEAR de una medida cautelarísima por riesgo vital de la joven si regresa, le permite quedarse en España. Llega así a Proyecto Esperanza, la respuesta de la Congregación de Religiosas Adoratrices al problema de la trata de mujeres en España, y recibe la ayuda y atención que necesita.
«Los informes médicos», explica a Alfa y Omega la coordinadora de Proyecto Esperanza, Marta González, «revelan todos los síntomas de haber sido sometida a hechos traumáticos que coinciden con su relato».
El caso de Natasha -hoy recuperada y esperando la resolución sobre su petición de asilo- es excepcional por la forma en que se produce, recalcan desde Proyecto Esperanza. Ella fue secuestrada en Edo -un Estado del sur de Nigeria que fue, en su día, origen de la esclavitud-, pero la mayoría de las mujeres que llegan a Europa desde allí ha sido víctima, no del secuestro, sino de falsas promesas de trabajo o prosperidad.
Teniendo en cuenta que Nigeria es un país rico en materias primas, pero con 105 millones de personas en condiciones de pobreza extrema (sobre un total de cerca de 170 millones), según el último informe del World Factbook, de la CIA, la posibilidad de un futuro mejor es el mejor reclamo para engañar a las chicas jóvenes.
Escondidas tras los árboles
El caso que ha puesto a Nigeria en el foco mediático, el de las más de 200 niñas secuestradas por Boko Haram, ocurrió, en cambio, en el noreste del país, de mayoría musulmana. La escuela donde las niñas fueron raptadas era la única abierta en Chibok, en el Estado de Borno, donde el resto de colegios había cerrado sus puertas precisamente por miedo a los ataques. Y es que, si con algo quiere acabar Boko Haram, es con la educación que ellos denominan occidental.
Desde octubre del pasado año, setenta profesores y más de cien alumnos han sido asesinados en el Estado de Borno, donde se han quemado más de 800 aulas, según recoge el último informe de Amnistía Internacional.
Con una tasa de escolarización notablemente más baja que en el resto del país y con el 67,4% de las niñas casadas antes de los 15 años -este porcentaje desciende al 10,8% en el sur-, asistir al colegio en el noreste de Nigeria es exponer la vida.
«Me apuntaron a la cabeza con un arma y me dijeron que, si mi prima no dejaba de llorar, nos matarían a las dos», recuerda Godiya Usman, una joven que consiguió escapar tras el secuestro y que ha contado su testimonio al diario The Guardian. «Cada vez que llegábamos a un pueblo, comenzaban a disparar a los vecinos y quemar las casas. Le dije a mi prima que teníamos que saltar del camión aprovechando el desconcierto». Godiya escapó, pero lo hizo en solitario porque el resto de niñas no se atrevió a seguir sus pasos. Se internó en la selva entre lágrimas y corrió hasta encontrar a un grupo de padres en misión de rescate.
La incapacidad del Gobierno para hacer frente al terror de Boko Haram y el futuro que espera a estas jóvenes si no son rescatadas -ser esclavas sexuales y domésticas de los miembros de Boko Haram, o convertirse en mercancía para vender en los mercados del África subsahariana-, desespera a unos padres que se sienten solos en la lucha por sus hijas.
Mientras la comunidad internacional ofrece ayuda excepcional para encontrar a las niñas, parece olvidar que, más allá del colegio de Chibok, más allá incluso de las fronteras nigerianas, el tráfico de seres humanos y la esclavitud es una realidad que afecta a 29,8 millones de personas en todo el mundo (mujeres y niños en su mayoría), según el último informe de Naciones Unidas. Muchos niños y niñas, muchas natashas por las que nadie ha levantado un cartel con el Devolvednos a nuestras niñas.
Rosa Cuervas-Mons
Alfa y Omega

Beatificación en Japón de Justo Takayama, 'El samurai de Cristo'


La Iglesia católica en Japón celebra hoy la beatificación de Justo Takayama Ukon (1552-1615), conocido como el 'Samurai de Cristo', un señor feudal que se convirtió al catolicismo y tuvo que huir del país a causa de su fe, renunciando a su estatus y riquezas.
La solemne ceremonia y Misa de beatificación se celebran en Osaka y será presidida por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, y será retransmitida en directo por la televisión japonesa.
El Papa Francisco firmó el decreto de beatificación en enero de 2016 y la Iglesia japonesa se ha estado preparando durante todo un año para este evento que había pedido se celebrase en Japón.
Takayama nació en 1552, tres años después de la llegada de San Francisco Javier al Japón. Cuando tenía 12 años, su padres se convirtió al catolicismo, y Ukon fue bautizado también con el nombre de Justo por el padre jesuita Gaspare di Lella.
Los Takayama eran daimios, es decir, miembros de la clase señorial y gobernante de la época. Los daimios tenían vastas propiedades y el derecho a formar ejércitos y contratar samuráis. Dado su estatus, los Takayama apoyaron la labor misionera en Japón, protegiendo a los cristianos japoneses y a los misioneros jesuitas.
En 1587, cuando Takayama Ukon contaba 35 años, el canciller de Japón, Toyotomi Hideyoshi, comenzó una persecución contra los cristianos, expulsando a los misioneros y forzando a los católicos japoneses a abandonar su fe. Aunque muchos daimios eligieron abandonar el catolicismo, Takayama y su padre escogieron, por el contrario, abandonar sus tierras y sus honores y conservar su fe. Eligieron, en consecuencia, la pobreza y perder todo. En 1597 tuvo lugar la ejecución de 26 católicos, misioneros y japoneses nativos, que fueron crucificados el 5 de febrero. A pesar de las amenazas, Takayama rechazó abandonar su fe, deseando vivir como cristiano hasta su muerte. Cuando el shogun Tokugawa Ieyasu prohibió definitivamente el cristianismo en 1614, Takayama partió al exilio.
Condujo a un grupo de 300 católicos a Filipinas, que se establecieron en Manila. Llegaron en diciembre y, dos meses después, fallecía Takayama, debilitado por la persecución sufrida en Japón.
Como logotipo para la beatificación se ha escogido el diseño de la hermana Esther Kitazume, de las Pías Discípulas del Divino Maestro. Reproduce las siete estrellas redondas del emblema de la familia Takayama, con la cruz y tres anillos en el fondo. Las siete estrellas indican la familia de Ukon pero también los siete sacramentos y los siete dones del Espíritu Santo. La cruz es el signo de la ofrenda de la vida de Ukon.
OMPRESS

LO QUE HACE IMPURO AL HOMBRE ES LO QUE SALE DE SU CORAZÓN




Lectura del santo evangelio según san Marcos (7,14-23):

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo:

«Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».

Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. Él les dijo:

«También vosotros seguís sin entender? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina».

(Con esto declaraba puros todos los alimentos). Y siguió:

«Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».

Palabra del Señor

Homilía del Papa: Dios nos ha dado el ADN de hijos

 El hombre hecho a imagen de Dios, señor de la tierra y flanqueado por una mujer a la que amar. Son los tres grandes dones que Dios dio al hombre en el acto de la Creación sobre los que el Papa Francisco centró su homilía de la Misa matutina celebrara en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice pidió la gracia de poder custodiar estos dones y llevarlos adelante con el empeño de cada día.
“Señor, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él?”. “Verdaderamente lo has hecho poco menos que un Dios, de gloria y de honor lo has coronado”. La reflexión del Santo Padre comenzó a partir del Salmo 8 y por el relato del Génesis propuesto por la Liturgia del día, para exaltar la admiración por la “ternura” y el “amor” de Dios que, en la Creación, “ha dado todo al hombre”.
Dios nos ha dado el ADN de hijos, a Su imagen
Tres son los grandes dones que el Papa subrayó partiendo de la identidad:
“Ante todo, nos ha dado el ‘ADN’, es decir, nos ha hecho hijos, nos ha creado a Su imagen, a Su imagen y semejanza, como Él. Y cuando uno tiene un hijo, no puede ir para atrás: el hijo está hecho, está allí. E independientemente de que se le asemeje mucho o poco, se asemeja al padre, a veces no, pero es hijo; ha recibido la identidad. Y si el hijo llega a ser bueno, el padre se siente orgulloso de aquel hijo, ¿no? ‘Pero, mira, ¡qué bueno!’. Y si es un poco feo, el padre dice: ‘¡Es bello!’, porque el padre es así. Siempre. Y si es malo, el padre lo justifica, lo espera… Jesús nos ha enseñado cómo un padre sabe esperar a los hijos. Nos ha dado esta identidad de hijo: hombre y mujer; debemos añadir: hijos. Somos ‘como dioses’, porque somos hijos de Dios”.
La Tierra está encomendada al hombre para que la custodie con su trabajo
El segundo don de Dios en la Creación es, según Francisco, una “tarea”: “Nos ha dado toda la Tierra”, para “dominar” y  “subyugar”, como reza el Génesis. Es, por tanto, una “realeza” la que ha sido donada al hombre, añadió el Papa, porque Dios no lo quiere “esclavo” sino “señor”, “rey”, pero con una tarea:
“Así como Él ha trabajado en la Creación, nos ha dado a nosotros el trabajo, nos ha dado el trabajo de llevar adelante la Creación. No destruirla; sino hacerla crecer, cuidarla, custodiarla y hacer que se la lleve adelante. Nos ha dado todo. Es curioso, pienso yo: pero no nos dado el dinero. Tenemos todo. ¿El dinero quién nos lo ha dado? No lo sé. Dicen las abuelas que el diablo entra por los bolsillos: puede ser… podemos pensar en quien ha dado el dinero… Ha dado toda la Creación para custodiarla y llevarla adelante: éste es el don. Y, finalmente, ‘Dios creó al hombre a Su imagen, hombre y mujer los creó’”.
Volviendo a recorrer el relato del Génesis, el Obispo de Roma propuso el tercer y último don, el amor, a partir del hombre y de la mujer.
El amor: el tercer don de Dios en la Creación
“Hombre y mujer los creó. No es bueno que el hombre viva solo. E hizo a la compañera”, explicó el Papa Bergoglio. Dios amor da al hombre el amor y un “diálogo de amor” debe haber sido el primero entre el hombre y la mujer, imaginó Francisco. Y completó su mirada sobre la Creación con la siguiente invocación final:
“Agradezcamos al Señor por estos tres regalos que nos ha dado: la identidad, el don-deber y el amor. Y pidamos la gracia de custodiar esta identidad de hijos, de trabajar sobre el don que nos ha dado y llevar adelante con nuestro trabajo este don, y la gracia de aprender cada día a amar más”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

martes, 7 de febrero de 2017

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2017


Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016).
La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc16,19-31). Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión.
1. El otro es un don
La parábola comienza presentando a los dos personajes principales, pero el pobre es el que viene descrito con más detalle: él se encuentra en una situación desesperada y no tiene fuerza ni para levantarse, está echado a la puerta del rico y come las migajas que caen de su mesa, tiene llagas por todo el cuerpo y los perros vienen a lamérselas (cf. vv. 20-21). El cuadro es sombrío, y el hombre degradado y humillado.
La escena resulta aún más dramática si consideramos que el pobre se llama Lázaro: un nombre repleto de promesas, que significa literalmente «Dios ayuda». Este no es un personaje anónimo, tiene rasgos precisos y se presenta como alguien con una historia personal. Mientras que para el rico es como si fuera invisible, para nosotros es alguien conocido y casi familiar, tiene un rostro; y, como tal, es un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano (cf. Homilía, 8 enero 2016).
Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico.
2. El pecado nos ciega
La parábola es despiadada al mostrar las contradicciones en las que se encuentra el rico (cf. v. 19). Este personaje, al contrario que el pobre Lázaro, no tiene un nombre, se le califica sólo como «rico». Su opulencia se manifiesta en la ropa que viste, de un lujo exagerado. La púrpura, en efecto, era muy valiosa, más que la plata y el oro, y por eso estaba reservada a las divinidades (cf. Jr 10,9) y a los reyes (cf. Jc 8,26). La tela era de un lino especial que contribuía a dar al aspecto un carácter casi sagrado. Por tanto, la riqueza de este hombre es excesiva, también porque la exhibía de manera habitual todos los días: «Banqueteaba espléndidamente cada día» (v. 19). En él se vislumbra de forma patente la corrupción del pecado, que se realiza en tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia (cf. Homilía, 20 septiembre 2013).
El apóstol Pablo dice que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico (cf. Exh. ap. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz.
La parábola nos muestra cómo la codicia del rico lo hace vanidoso. Su personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los demás lo que él se puede permitir. Pero la apariencia esconde un vacío interior. Su vida está prisionera de la exterioridad, de la dimensión más superficial y efímera de la existencia (cf. ibíd., 62).
El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente un mortal. Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación.
Cuando miramos a este personaje, se entiende por qué el Evangelio condena con tanta claridad el amor al dinero: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24).
3. La Palabra es un don
El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca. La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática. El sacerdote, mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». El rico y el pobre, en efecto, mueren, y la parte principal de la parábola se desarrolla en el más allá. Los dos personajes descubren de repente que «sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él» (1 Tm 6,7).
También nuestra mirada se dirige al más allá, donde el rico mantiene un diálogo con Abraham, al que llama «padre» (Lc16,24.27), demostrando que pertenece al pueblo de Dios. Este aspecto hace que su vida sea todavía más contradictoria, ya que hasta ahora no se había dicho nada de su relación con Dios. En efecto, en su vida no había lugar para Dios, siendo él mismo su único dios.
El rico sólo reconoce a Lázaro en medio de los tormentos de la otra vida, y quiere que sea el pobre quien le alivie su sufrimiento con un poco de agua. Los gestos que se piden a Lázaro son semejantes a los que el rico hubiera tenido que hacer y nunca realizó. Abraham, sin embargo, le explica: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces» (v. 25). En el más allá se restablece una cierta equidad y los males de la vida se equilibran con los bienes.
La parábola se prolonga, y de esta manera su mensaje se dirige a todos los cristianos. En efecto, el rico, cuyos hermanos todavía viven, pide a Abraham que les envíe a Lázaro para advertirles; pero Abraham le responde: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen» (v. 29). Y, frente a la objeción del rico, añade: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto» (v. 31).
De esta manera se descubre el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano.
Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor ―que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador― nos muestra el camino a seguir. Que el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados. Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana. Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua.
Vaticano, 18 de octubre de 2016
Fiesta de san Lucas Evangelista
Francisco

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (7,1-13) POR BENEDICTO XVI




Queridos hermanos y hermanas:
En la liturgia de la Palabra de hoy destaca el tema de la Ley de Dios, de su mandamiento: un elemento esencial de la religión judía e incluso de la cristiana, donde encuentra su plenitud en el amor (cf. Rm 13, 10). 

La Ley de Dios es su Palabra que guía al hombre en el camino de la vida, lo libera de la esclavitud del egoísmo y lo introduce en la «tierra» de la verdadera libertad y de la vida. Por eso en la Biblia la Ley no se ve como un peso, como una limitación que oprime, sino como el don más precioso del Señor, el testimonio de su amor paterno, de su voluntad de estar cerca de su pueblo, de ser su Aliado y escribir con él una historia de amor. 

El israelita piadoso reza así: «Tus decretos son mi delicia, no olvidaré tus palabras. (...) Guíame por la senda de tus mandatos, porque ella es mi gozo» (Sal 119, 16.35). 

En el Antiguo Testamento, es Moisés quien en nombre de Dios transmite la Ley al pueblo. Él, después del largo camino por el desierto, en el umbral de la tierra prometida, proclama: «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os enseño para que, cumpliéndolos, viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar» (Dt 4, 1).

Y aquí está el problema: cuando el pueblo se establece en la tierra, y es depositario de la Ley, siente la tentación de poner su seguridad y su gozo en algo que ya no es la Palabra del Señor: en los bienes, en el poder, en otros «dioses» que en realidad son vanos, son ídolos. 

Ciertamente, la Ley de Dios permanece, pero ya no es lo más importante, ya no es la regla de la vida; se convierte más bien en un revestimiento, en una cobertura, mientras que la vida sigue otros caminos, otras reglas, intereses a menudo egoístas, individuales y de grupo. 

Así la religión pierde su auténtico significado, que es vivir en escucha de Dios para hacer su voluntad —que es la verdad de nuestro ser—, y así vivir bien, en la verdadera libertad, y se reduce a la práctica de costumbres secundarias, que satisfacen más bien la necesidad humana de sentirse bien con Dios. 

Y este es un riesgo grave para toda religión, que Jesús encontró en su tiempo, pero que se puede verificar, por desgracia, también en el cristianismo. 

Por eso, las palabras de Jesús en el evangelio de hoy contra los escribas y los fariseos nos deben hacer pensar también a nosotros. Jesús hace suyas las palabras del profeta Isaías: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos» (Mc 7, 6-7; cf. Is 29, 13). 

Y luego concluye: «Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres» (Mc 7, 8).

También el apóstol Santiago, en su carta, pone en guardia contra el peligro de una falsa religiosidad. Escribe a los cristianos: «Poned en práctica la palabra y no os contentéis con oírla, engañándoos a vosotros mismos» (St 1, 22). 

Que la Virgen María, a la que nos dirigimos ahora en oración, nos ayude a escuchar con un corazón abierto y sincero la Palabra de Dios, para que oriente todos los días nuestros pensamientos, nuestras decisiones y nuestras acciones.

(Benedicto XVI, Ángelus del 2 de septiembre de 2012)

JESÚS ADVIERTE A LOS QUE DEJAN DE LADO LOS MANDAMIENTOS DE DIOS EN FAVOR DE LAS TRADICIONES





Lectura del santo evangelio según san Marcos (7,1-13):

En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas).

Y los fariseo y los escribas le preguntaron: «Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?».

Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”.

Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».

Y añadió: «Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y “el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte”. 

Pero vosotros decís: “Si uno le dice al padre o a la madre: los bienes con que podría ayudarte son ‘corbán’, es decir, ofrenda sagrada”, ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os transmitís; y hacéis otras muchas cosas semejantes».

Palabra del Señor

Caminar juntos sin cansarnos en servicio a quienes más sufren, dijo el Papa

“Es necesario que nos empeñemos con oración insistente y con todas nuestras fuerzas, en superar los obstáculos todavía existentes, intensificando el diálogo teológico y reforzando la colaboración entre nosotros, sobre todo en el servicio a quienes sufren mayormente y en la custodia de la creación amenazada: fueron las palabras del Papa Francisco a los 23 integrantes de la delegación ecuménica de la Iglesia Evangélica en Alemania, recibidos en audiencia en la mañana de este lunes, 6 de febrero, en el Vaticano.
En un rico discurso Francisco dio inicialmente la bienvenida los representantes de la Iglesia Evangélica en Alemania, manifestando su alegría porque el presidente de la Conferencia Episcopal alemana, el card. Marx, acompañara a la delegación, indicando el gesto como “fruto de una colaboración de largo tiempo y expresión de una relación madurada a través de los años”.
El Santo Padre calificó asimismo como significativo que “en ocasión del 500° aniversario de la Reforma, cristianos evangélicos y católicos aprovechen la ocasión de la conmemoración común de los eventos históricos del pasado, para poner nuevamente a Cristo al centro de sus relaciones”. Recordando que lo que animaba a los Reformadores era “indicar el camino hacia Cristo” el Pontífice subrayó que es precisamente esto “lo que debe importarnos también hoy, después de haber emprendido, gracias a Dios, un camino común”.
“Este año de conmemoraciones – dijo después el Papa refiriéndose al año de conmemoraciones iniciado en otoño pasado en diversas localidades de Alemania -  nos ofrece la oportunidad de cumplir un ulterior paso hacia adelante, mirando al pasado sin rencores, pero según Cristo y en comunión con Él, para proponer a los hombres y mujeres de nuestro tiempo la novedad radical de Jesús, la misericordia sin límites de Dios: precisamente – destacó – lo que los Reformadores en su tiempo querían estimular”.
Recordando cómo la llamada de los Reformadores suscitó en aquel entonces eventos que llevaron a divisiones entre cristianos, Francisco dio gracias a Dios porque hoy “finalmente despojados de todo lo que nos estorba, fraternalmente “corramos resueltamente al combate que se nos presenta, fijando la mirada en Jesús”, (cfr. Hebreos 12, 1-2).
El Pontífice recordó luego el común gesto de penitencia y de reconciliación que tendrá lugar próximamente, es decir, la función ecuménica titulada: “Sanear la memoria, testimoniar a Jesucristo”. “Con este signo – afirmó – y con otras iniciativas ecuménicas previstas este año - como el peregrinaje a Tierra Santa - ustedes tienen el ánimo de dar una configuración concreta a la Fiesta de Cristo, que en ocasión de la conmemoración de la Reforma, piensan celebrar juntos”.
“Para el futuro - agregó el Obispo de Roma - deseo confirmar nuestra llamada sin retorno a dar testimonio juntos del Evangelio y a continuar en el camino hacia la plena unidad. Haciéndolo juntos - agregó - nace también el deseo de ir más allá, en nuevos recorridos”. “La llamada urgente de Jesús a la unidad nos interpela, como también la entera familia humana, en un periodo en el cual experimenta graves laceraciones y nuevas formas de exclusión y de marginación. También en esto es grande nuestra responsabilidad”.
(MCM-RV)
(from Vatican Radio)