martes, 24 de enero de 2017

Los obispos de EE.UU. recuerdan que la “salud no es un lujo”


Sí a la no financiación del aborto, no a los recortes en las gastos sanitarios en general. Es la posición de los obispos estadounidenses en relación con la “contrarreforma” prometida por el nuevo presidente Donald Trump, a siete año de la entrada en vigor de la Affordable Care Act, más conocida como Obamacare.
Como primer acto de su ingreso el viernes en la Casa Blanca, Trump firmó en seguida un decreto para quitar los costes de la reforma sanitaria de su predecesor.
Contemporáneamente está en discusión en el Congreso, la derogación y la sustitución del Obamacare, del cual, sin embargo, el episcopado quisiera salvar algunos principios.
En una carta firmada por monseñor Frank J. Dewane, obispo de Venice y presidente de la Comisión Episcopal de justicia y desarrollo humano, los prelados dirigen un llamamiento a los parlamentarios, para que “trabajen juntos para proteger a los americanos más vulnerables y conservar los pasos importantes realizados hacia adelante en tema de cobertura y acceso a las curas sanitarias”.
Como recuerda el mismo monseñor Dewan, al mismo tiempo, los obispos había criticado la reforma de Obama por su financiación y facilitación a las prácticas abortivas y por la falta de acceso a los cuidados por parte de los inmigrantes. A pesar de eso, reconocen que la nueva ley ha aportado “importantes mejoras de cobertura” que “deben ser conservadas”.
Una posible derogación del Obamacare, por tanto, no tendría que suceder –desean los obispos– sin la aprobación de una “plan sustitutivo que asegure el acceso a curas sanitarias adecuadas para esos millones de ciudadanos que ahora se confían de este instrumento para la tutela de su salud”.
Obligar a una gran parte de la ciudadanía a tener que vaciar su bolsillo para la salud, podría llevar a una “gran incertidumbre que en este momento resultaría particularmente devastador”, prosigue la nota.
La asistencia sanitaria, añaden los obispos, no debe ser vista como un “lujo” sino como una “plataforma necesaria para ayudar a los individuos y a las familias a prosperar y contribuir al bien común de la sociedad y de la nación”.
En conclusión, el episcopado afirma la posibilidad de realización de un sistema sanitaria “universal y sostenible”, para adoptarse “en una modalidad que incluya la protección de la vida, de la libertad de conciencia y de los inmigrantes”.
Zenit

24 de enero: san Francisco de Sales, obispo y Doctor de la Iglesia

De rancio abolengo alpino, Francisco de Sales (1567-1622), crecido en un ambiente de piedad recibió una educación exquisita que culminó con los Jesuitas en París, de donde pasó a Padua, ciudad en la que se doctoró en Derecho civil y canónico. En su maduración espiritual tuvo un papel decisivo el teólogo jesuita -y también diplomático pontificio- Antonio Possevino, que le inculcó el interés por la Teología y la obra de Santo Tomás de Aquino.
Sin embargo, su padre tenía proyectos más mundanos para él: quiso que ejerciera como abogado y pretendió que contrajera matrimonio con una joven de su rango y condición, pero el futuro santo respondió afirmando su firme vocación eclesiástica y poco después profesó los primeros votos. Ya como diácono, demostró ser un gran predicador. Una virtud que le fue de gran utilidad, cuando, ordenado sacerdote, tuvo que desplegar una gran labor de apostolado para frenar el auge del calvinismo entre sus paisanos e intentar que estos últimos volvieran al redil católico.
Precisamente, fue enviado a Ginebra, núcleo del calvinismo, como obispo coadjutor, pasando a ser, en 1602, el titular de la diócesis. Fue su último cargo eclesial, ya que renunció, durante una estancia en París, a ser el coadjutor del famoso cardenal De Retz. No renunció nunca en cambio, a propagar de forma incansable la fe católica y, a partir, de 1610, contó con la ayuda de la futura santa Juana de Chantal. Juntos fundaron la Orden de la Visitación.
De sus obras destacan especialmente la Introducción a la vida devota y el Tratado del Amor de Dios. En la primera, San Francisco glosa con sencillez los deberes de todo cristiano, transmitiendo como idea principal que sin buena voluntad, el hombre puede recibir la gracia de Dios. En la segunda, analiza en profundidad los grandes aspectos de la Doctrina católica. San Francisco de Sales es el Patrón de los periodistas. Canonizado en 1665, fue declarado Doctor de la Iglesia en 1877.
J.M. Ballester Esquivias (@jmbe12)
Alfa y Omega

El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre



Lectura del santo Evangelio según san Marcos 3, 31-35

En aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera ,lo mandaron llamar.
La gente que tenía sentada alrededor le dijo:
«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».
El les pregunta:
«¿Quienes son mi madre y mis hermanos?».
Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice :
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».
Palabra del Señor.

El Papa a El País: hay tanta santidad en la Iglesia

Una extensa entrevista al Papa Francisco concedida al periódico español El País, fue publicada en la edición dominical de este 22 de enero. En el diálogo con el periodista Pablo Ordaz, una multiplicidad de temas abordados: desde cuestiones personales, pasando por sus preocupaciones con relacilón a la Iglesia y a las diversas situaciones del mundo actual.
Que la iglesia sea cercana a la gente. En su primera respuesta, el Papa afirma que no ha cambiado desde cuando asumió la sede de Pedro: “Mi personalidad no cambió. No digo que me lo propuse: me salió espontáneo”. “Cambiar a los 76 años es maquillarse. Por ahí no puedo hacer todo lo que quiero, pero el alma callejera está y ustedes lo ven”.
No a la Iglesia anestesiada. La anestesia dada por el espíritu de la mundanidad, es más perjudicial que aquella de los “adormecidos”. Es por eso que el pontífice pone en guardia sobre el espíritu del mundo, que hace que “el pastor se convierte en un funcionario”. “Y eso es el clericalismo, que a mi juicio es el peor mal que puede tener hoy la Iglesia”.
La santidad de la Iglesia. El periodista pregunta sobre la “caja blanca” entregada al Obispo de Roma por su predecesor, el Papa emérito Benedicto: “A mí ese día lo que más me impresionó es la memoria del santo Benedicto, que me dijo: ‘Mirá, acá están las actas, en la caja’ [...] “Todo en la cabeza! Una memoria extraordinaria”, afirma.
También señala la “facilidad” con que se habla de la corrupción de la Curia: “Hay gente corrupta en la Curia, pero muchos santos. Hombres que han pasado toda su vida sirviendo a la gente de manera anónima, detrás de un escritorio, o en un diálogo, o en un estudio para lograr... O sea, ahí adentro hay santos y pecadores”.
Las preocupaciones del pontífice: “Con respecto a la Iglesia, yo diría que la Iglesia no deje de ser cercana. O sea, que procure ser continuamente cercana a la gente. La cercanía. Una Iglesia que no es cercana no es Iglesia”. [...] “Tocar en el prójimo la carne de Cristo”. [...] “Después, en el mundo, es la guerra. Estamos en la Tercera Guerra Mundial en pedacitos. Y últimamente ya se está hablando de posible guerra nuclear como si fuera un juego de baraja: se juega a las cartas… Y eso es lo que más me preocupa”. También la desproporción económica le preocupa, es decir, “que un pequeño grupo de la humanidad tenga más del 80 por ciento de la fortuna, con lo que esto significa en la economía líquida, donde al centro del sistema económico está el dios dinero y no el hombre y la mujer.”
Acerca de la asunción del 45º Presidente de los EE.UU., “por el cual – dice el periodista- el mundo está en tensión”, el Papa Bergoglio afirma en cambio que no le gusta “anticiparse a los acontecimientos ni juzgar a las personas antes”. “Veremos qué hace. Veo cómo actúa, cómo hace, y ahí tomaré mi opinión. Pero asustarme o alegrarme por lo que pueda suceder, en eso creo que podemos caer en una gran imprudencia. En ser profetas o de calamidades o de bienestares que no se van a dar, ni una ni otra. Se verá. Veremos lo que hace y ahí se evalúa. Siempre lo concreto. El cristianismo, o es concreto o no es cristianismo”.
Por otra parte responde a una pregunta sobre las  “reacciones de sectores tradicionales, que ven cualquier cambio como una traición”: “Yo procuro, no sé si lo logro, el Evangelio: hacer lo que manda el Evangelio. Eso es lo que procuro. Soy pecador y no siempre lo logro, pero eso es lo que procuro”. Y resalta que “la historia de la Iglesia no la llevaron adelante los teólogos, ni los curas, las monjas, los obispos” aunque en “sí, en parte”, pero que los verdaderos protagonistas de la historia de la Iglesia “aquellos hombres y mujeres que se quemaron la vida para que el Evangelio fuera concreto”, es decir, “los santos”. “Usted utilizó la palabra ‘revolución’”. “Yo no soy santo. No estoy haciendo ninguna revolución. Estoy tratando de que el Evangelio vaya adelante. Pero imperfectamente, porque me pego mis patinazos a veces”.
La violencia contra las mujeres, fue otro de los argumentos abordados: “Yo visité una de esas colonias con chicas recuperadas el año pasado y había dos hombres, eran voluntarios. Y una me dijo: yo lo encontré a él. Se había casado con el hombre que le había salvado y estaban deseando tener un hijo. Y otra: este es mi novio, nos vamos a casar. El usufructo de la mujer es de las cosas más desastrosas que suceden, también aquí, en Roma. La esclavitud de la mujer”.
Sobre la teología de la liberación, el Papa subraya que “fue una cosa positiva en América Latina. Fue condenada por el Vaticano la parte que optó por el análisis marxista de la realidad. El cardenal Ratzinger hizo dos instrucciones cuando era perfecto de la Doctrina de la Fe. Una muy clara sobre el análisis marxista de la realidad. Y la segunda retomando aspectos positivos. La teología de la liberación tuvo aspectos positivos y también tuvo desviaciones, sobre todo en la parte del análisis marxista de la realidad”.
Acerca del papel de la mujer en la Iglesia, Francisco afirma que “no hay que buscarlo tanto por la funcionalidad” dado que “es más importante que una reivindicación funcional”. Lo que le interesa es “que la mujer nos dé su pensamiento, porque la Iglesia es femenina, es “la” Iglesia, no es el Iglesia, y es “la” esposa de Jesucristo, y ese es el fundamento teologal de la mujer. Y cuando me preguntan “sí, pero la mujer podría tener más…” ¿Pero qué era más importante el día de Pentecostés, la Virgen o los apóstoles? La Virgen. Lo funcional nos puede traicionar en el poner a la mujer en su sitio. Que hay que ponerla. Sí, porque todavía falta mucho, y trabajar para que pueda dar a la Iglesia la originalidad de su ser y de su pensamiento”.
El por qué del aumento de vocaciones procedentes del así llamado “tercer mundo” en Europa, fue otra de las preguntas que le realizaron: “Hace 150 años en América Latina se veían cada vez más curas y monjas europeos, y en África lo mismo y en Asia lo mismo. Las iglesias jóvenes fueron creciendo. En Europa lo que pasa es que no hay natalidad. Italia está bajo cero. Francia es la que creo que está más adelante por todas las leyes de apoyo a la natalidad. Pero no hay natalidad. El bienestar italiano de hace unos años acá cortó la natalidad. Preferimos ir de vacaciones, tenemos un perrito, un gatito…No hay natalidad, y si no hay natalidad no hay vocaciones”.
Por último, la respuesta sobre el próximo Sucesor de Pedro y el cónclave: “Santidad, ¿usted cree que verá el próximo cónclave?” “Eso no lo sé. Que Dios lo decida. Cuando yo sienta que no pueda más, ya mi gran maestro Benedicto me enseñó cómo hay que hacerlo. Y si Dios me lleva antes lo veré desde el otro lado”.
(GM - Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

Homilía del Papa Francisco: Dejémonos perdonar por Dios

Las grandes maravillas del sacerdocio de Cristo que se ha ofrecido a sí mismo, una vez para siempre, por el perdón de los pecados, ahora intercede por nosotros ante el Padre y volverá para llevarnos con Él. Son las tres etapas del sacerdocio de Cristo que el Pontífice puso de manifiesto en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Pero Francisco advirtió que existe “la blasfemia imperdonable” contra el Espíritu Santo.
El sacerdocio de Cristo estuvo en el centro de las meditaciones del Papa Bergoglio. Su reflexión comenzó a partir de la Primera Lectura del día, tomada de la Carta a los Hebreos, que se refiere a Cristo Mediador de la Alianza que Dios hace con los hombres. Jesús es el Sumo Sacerdote. Y el sacerdocio de Cristo es la gran maravilla, la más grande de las maravillas, que nos hace cantar un canto nuevo al Señor, como dice el Salmo responsorial.
Las tres etapas del sacerdocio de Cristo
El Santo Padre explicó que el sacerdocio de Cristo se desarrolla en tres momentos. El primero es la Redención: mientras los sacerdotes de la Antigua Alianza debían ofrecer sacrificios cada año, “Cristo se ofreció a sí mismo, una vez para siempre, por el perdón de los pecados”. Con esta maravilla – dijo el Papa – “nos ha llevado al Padre”, “ha re-creado la armonía de la creación”.
La segunda maravilla es la que el Señor hace ahora, es decir, reza por nosotros. “Mientras nosotros rezamos aquí, Él reza por nosotros”, “por cada uno de nosotros”, subrayó Francisco: “Ahora – dijo – vivo ante el Padre, intercede”, para que la fe no decaiga. En efecto – añadió – “cuántas veces se pide a los sacerdotes que recen porque sabemos que la oración del sacerdote tiene cierta fuerza, precisamente en el sacrificio de la Misa”.
La tercera maravilla será cuando Cristo volverá, pero esta vez no será con relación al pecado, sino que será “para hacer el Reino definitivo”, cuando nos llevará a todos con el Padre:
“Existe esta gran maravilla, este sacerdocio de Jesús en tres etapas – aquella en la que perdona los pecados, una vez para siempre; aquella en la que intercede ahora por nosotros; y aquella que sucederá cuando Él volverá – pero también está lo contrario, ‘la imperdonable blasfemia’. Es duro escuchar decir a Jesús estas cosas, pero Él lo dice y si Él lo dice es verdad. ‘En verdad les digo: todo será perdonado a los hijos de los hombres – y nosotros sabemos que el Señor perdona todos si nosotros abrimos un poco el corazón. ¡Todo! – los pecados y también todas las blasfemias que dirán  – ¡también las blasfemias serán perdonadas! – pero quien habrá blasfemado contra el Espíritu Santo no será perdonado eternamente’”.
La blasfemia imperdonable” contra el Espíritu Santo
Para explicar esto, el Papa aludió a la gran unción sacerdotal de Jesús que hizo el Espíritu Santo en el seno de María, mientras los sacerdotes en la ceremonia de ordenación son ungidos con el óleo:
“También Jesús, como Sumo Sacerdote recibió esta unción. ¿Y cuál fue la primera unción? La carne de María con la obra del Espíritu Santo. Y aquel que blasfema sobre esto, blasfema sobre el fundamento del amor de Dios, que es la redención, la re-creación; blasfema sobre el sacerdocio de Cristo. ‘Pero ¡qué malo!, ¿el Señor no perdona?’ – ‘¡No! ¡El Señor perdona todo! Pero al que dice estas cosas se le cierra el perdón. ¡No quiere ser perdonado! ¡No se deja perdonar!’. Esto es lo feo de la blasfemia contra el Espíritu Santo: no dejarse perdonar, porque reniega la unción sacerdotal de Jesús, que hizo el Espíritu Santo”.
No cerrar el corazón ante la maravilla del sacerdocio de Cristo
Al concluir, el Pontífice volvió a afrontar el tema de las grandes maravillas del sacerdocio de Cristo y de la “imperdonable blasfemia”, que es tal “no porque el Señor no quiera perdonar todo, sino porque el que la comete está tan cerrado que no se deja perdonar: la blasfemia contra esta maravilla de Jesús”:
“Hoy nos hará bien, durante la Misa, pensar que aquí, en el altar, se hace memoria viva del primer sacerdocio de Jesús, porque Él estará presente aquí, cuando ofrece su vida por nosotros; también está la memoria viva del segundo sacerdocio, porque Él rezará aquí; y también, en esta Misa – lo diremos después en el Padrenuestro – está el tercer sacerdocio de Jesús, cuando Él volverá, nuestra esperanza de la gloria. En esta Misa pensemos en estas cosas bellas. Y pidamos al Señor la gracia de que nuestro corazón no se cierre jamás, ¡no se cierre jamás! – pensemos en esta maravilla, en esta gran gratuidad”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

¿Cómo irradiar fe a los demás cuando necesitas que la tuya crezca?


"Se queda siempre en el andén, viendo partir los trenes donde los demás se van felices, mientras él solo saborea el sudor de haberles ayudado en esa felicidad" (Martín Descalzo).

Estoy leyendo el libro «Ven sé mi luz» sobre las cartas de la Madre Teresa de Calcuta, una gran santa que todos ya conocemos. En este libro se revela su vida interior y la forma en la que Dios la invitó a participar muy de cerca en sus misterios, haciéndola pasar por una gran oscuridad espiritual; no durante un año, durante cinco o diez… sino ¡durante cincuenta años! A pesar de esto, ella se mantuvo alegre, llena de fe y de amor, pero en su interior sufría mucho: «Hay tanta contradicción en mi alma: un profundo anhelo de Dios, tan profundo que hace daño; un sufrimiento continuo, y con ello el sentimiento de no ser querida por Dios, rechazada, vacía, sin fe, sin amor, sin celo… El cielo no significa nada para mí: ¡me parece un lugar vacío!». Estas palabras no tienen nada de sentido figurado, realmente la fe de la Madre Teresa estaba siendo probada. Durante esos años de oscuridad experimenta el vértigo que supone la posibilidad de negar a Dios: «He estado a punto de decir no… Me siento como si algo se fuera a partir en mí en cualquier momento”. Siente una soledad impresionante que parece hace tambalear incluso su fe:
«Señor, mi Dios, ¿quién soy yo para que me abandones? […] Llamo, me aferro, quiero, pero nadie responde, nadie a quien agarrarme, no, nadie. Sola, ¿dónde está mi fe? Incluso en lo más profundo no hay nada, excepto vacío y oscuridad, mi Dios».
De lo que voy leyendo hasta ahora, quisiera compartirles 3 reflexiones muy sencillas que a mí me han ayudado mucho:
1. La oscuridad nos lleva a buscar con más fuerza la luz
Sabemos que la oscuridad nos lleva a buscar con más fuerza la luz. Esta fue la historia de la Madre Teresa. Su prueba de fe la hacía tener un deseo inmenso (hasta doloroso) de Dios. Ella no sabía cuándo iba a encontrar esa luz, pero era tan profundo su amor a Él, que, con gran valentía y humildad, confía, le dice que sí en todo momento, se abandona y espera. Muchas veces la espera nos desanima, nos frustra y nos hace dudar. Para la Madre Teresa, esperar significa tener la certeza de que Dios actúa siempre y para el bien de sus hijos. Me quedo entonces con que la confianza es una opción y la pueden vivir aquellos que tienen fe y amor (aunque éstos sean pequeños, más pequeños que un grano de mostaza).
2. No es lo mismo una prueba de fe que una crisis de fe
La Madre Teresa fue una mujer apasionadamente enamorada de Jesús. En los primeros años de su consagración había experimentado esa intimidad con Él. Luego todo desapareció, no porque ella quisiera, sino porque Jesús lo quiso así. Lo que vivió no fue una crisis de su propia fe, fue una prueba. ¿En qué radica la diferencia? En que su deseo de estar con Jesús siempre fue el mismo. Lo que ella más quería era amar a Jesús y Él quiso mostrarle que la mejor forma de hacerlo era seguir siendo su esposa, pero esposa de un Jesús crucificado. Un Jesús que está sediento y quiere que nosotros lo ayudemos a saciar su sed. Esta imagen expresa la intensidad del deseo y del anhelo que Jesús siente por nosotros. Como respuesta a este intenso amor, la Madre Teresa, quiso responder con todo su ser y se dedicó a «saciar la sed de Jesús en la Cruz por amor y por las almas».
Algunos santos también experimentaron una noche oscura como parte de su unión mística (Santa Teresita de Jesús, San Juan de la Cruz). Este momento se les reveló como la forma de vivir la unión con Jesús; una unión contemplativa por medio de la consolación, el deseo de hacer su voluntad, la sequedad y un anhelo intenso y hondo de Dios. Todas estas experiencias no significaron que la Madre Teresa perdiera su fe, sino que permitieron que aumentara por medio de la búsqueda y el deseo. Como decía ella, la hicieron tener “una fe ciega, una fe pura”: «No puedo decir que estoy distraída, porque mi mente y mi corazón, están continuamente con Dios».  
3. No hay nada más cierto que la fe se fortalece dándola (aunque tú no tengas mucha)
Me gustó mucho algo que la Madre Teresa le dijo a sus hermanas: «Mis queridas hijas, sin sufrimiento, nuestro trabajo sería solo trabajo social, muy bueno y útil, pero no sería la obra de Jesucristo, no participaría de la redención. Jesús deseaba ayudarnos compartiendo nuestra vida, nuestra soledad, nuestra agonía y muerte. Todo esto Él lo asumió en sí mismo, y le llevó a la noche más oscura. Solo siendo uno de nosotros nos podía redimir. A nosotros se nos permite hacer lo mismo: toda la desolación de los pobres, no solo su pobreza material, sino también su profunda miseria espiritual deben ser redimidas y debemos compartirlas».
Estas palabras me dieron mucha luz. Se trata no solo de conmovernos por lo que Dios hace por nosotros o por el sufrimiento del mundo. Se trata de compartirlo. No siempre tendremos la mejor voluntad de ánimo para hacerlo, pero para Dios cuenta el que ofrezcamos vivirlo por amor a Él, para saciar su sed.
Pensando en esto, me acordé de una historia muy bonita del Padre José Luis Martín Descalzo:
«El otro día vinieron a entrevistarme unos estudiantes de periodismo para no sé qué revista juvenil, y me preguntaron: “Y tú, ¿no te cansas nunca de dar aliento a los demás?” Les dije que sí, que me cansaba por lo menos tres veces al día. Lo que ocurría es que también por lo menos cinco veces al día sentía la necesidad de no convertir en estéril mi vida y aún no había encontrado otra tarea mejor que esa.
Y cuando los muchachos se fueron, me puse a pensar en un viejo amigo mío que era mozo de equipajes de Valladolid. Debía de tener más o menos la edad que yo tengo ahora, pero entonces a mí me parecía muy viejo. Pero lo asombroso era su permanente alegría. No sabía hacer su trabajo sin gastarte una broma, y cuando te hacía un favor, parecía que se lo hubieses hecho tú a él. Un día le pregunté: “Y tú, ¿cuándo te vas de vacaciones?” Se rio y me dijo: “Me voy un poco en cada maleta que subo para los que se van hacia la playa”.
Él sonreía, pero fui yo quien se marchó desconcertado. Nunca había pensado en lo dramático de esa vocación de alguien que se pasa la vida ayudando a viajar a los demás, pero él se queda siempre en el andén, viendo partir los trenes donde los demás se van felices, mientras él solo saborea el sudor de haberles ayudado en esa felicidad. ¿Solo el sudor? No se lo dije a mi amigo, el mozo de equipajes, porque se hubiera reído de mí y me hubiera explicado que el sudor le quedaba por fuera, mientras por dentro le brotaba una quizá absurda, pero también maravillosa satisfacción».
Luisa Restrepo

Catholic Link

lunes, 23 de enero de 2017

23 de enero: san Ildefonso de Toledo, obispo


Nacido en Toledo, no se sabe con certeza si en el 606 o en el 607, Ildefonso era hijo de los nobles visigodos Esteban y Lucía; era, asimismo, sobrino de San Eugenio III, a cuya vera se formó. Al empezar su edad adolescente, fue enviado a Sevilla a estudiar en la Escuela de San Isidoro, en la que profundizó sus conocimientos en Filosofía y Humanidades. Tanto se encariñó el Santo sabio del joven Ildefonso, que intentó retenerle, sin éxito, en la ciudad hispalense.
De vuelta a Toledo, hacia el año 632, ingresó en el Monasterio Agaliense, una decisión que desembocó en un fuerte enfrentamiento con su padre: Esteban no dudo en invadir el convento con la intención de secuestrar a su hijo, pero éste logró esconderse. Al final, su madre logró convencerle del buen camino que había elegido Ildefonso. Ya monje, pudo dedicarse a la oración y al estudio.
De un monasterio a otro: los monjes de San Cosme y San Damián le eligieron como abad, dignidad que desempeñó con brillantez. No obstante, su creciente importancia no le hizo perder el sentido de la caridad y, con la herencia de sus padres, fundó un convento de monjas en un lugar llamado Deibia o Deisla. En 659, aceptó, no sin ciertas reservas, suceder a San Eugenio como arzobispo de Toledo. Sin embargo, el principal legado de San Ildefonso es su prolífica producción teológica, de rasgos marianos y sacramentarios.
J.M. Ballester Esquivias (@jmbe12)

«Reconociendo a Palestina no queremos desafiar a Israel sino mostrar que la reconciliación es posible»


La Coordinadora para Tierra Santa, formada por obispos de Europa, Norteamérica y África, ha visitado Palestina para analizar la cuestión de los territorios ocupados. «La vida de los palestinos, sus sufrimientos, la tensión en la región y la ausencia de paz son una llamada a nuestra fe», afirma el secretario general del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa
El martes 19 de enero de 2017 la Coordinadora para Tierra Santa concluyó su visita anual a las diferentes comunidades cristianas del país. Las reuniones de los obispos, que comenzaron el 14 de enero, les permitieron ser testigos de las esperanzas y preocupaciones diarias de los cristianos en esta tierra.
El domingo 15 de enero, los obispos y sus delegaciones, procedentes de Europa, América del Norte y Sudáfrica, celebraron una Misa presidida por monseñor Declan Lang, obispo de Clifton (Inglaterra), en la iglesia de la Anunciación en Beit Jala (Cisjordania). En un podcast, monseñor Lang habló de «la vitalidad de la comunidad cristiana» de esa ciudad, donde parte de la Iglesia «se tuvo que ampliar para acomodar a la creciente cantidad» de fieles.
Educación para una vida digna
Sobre las adversidades de los palestinos cristianos en su día a día, el obispo subrayó que «no es una vida fácil para los cristianos que viven en Palestina pero creo que es más difícil en Gaza que en Cisjordania, donde hay graves restricciones al movimiento».
Y añadió: «La comunidad cristiana tiene un papel vital que jugar en intentar reconciliar las diferentes nacionalidades, culturas y religiones en esta parte del mundo. Es un gran desafío que afrontar y a veces no puede porque literalmente no tiene los recursos para ello… así que en cierto sentido puedes entender por qué la gente se va».
Durante la visita de la delegación a la Universidad de Belén, monseñor Lang comentó la alta calidad de la educación que esta ofrece, así como los espectaculares logros de sus estudiantes. «Algunos estudiantes impresionantes han pasado por la Universidad de Belén, incluyendo el alcalde de la ciudad, que también ha dado clase allí», dijo. «La Iglesia ofrece educación y esta otorga a la gente el poder de vivir una vida con la mayor dignidad posible», añadió.
50 años de ocupación
Durante los días que duró la visita, la Coordinadora abordó el tema “50 años de ocupación”, que incluyó visitas a Hebrón, Jerusalén oriental y otras zonas palestinas. Refiriéndose a visitas anteriores a Hebrón, monseñor Lang señaló que «es un lugar muy tenso. He estado antes y me sentí más tenso allí que en Gaza».
En una entrevista a la Oficina de Prensa del Patriarcado Latino de Jerusalén, monseñor Duarte da Cuña, secretario general del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), habló del papel que juegan la Coordinadora y la Iglesia para impulsar el proceso de paz entre palestinos e israelíes. «La Iglesia conserva en su núcleo el poder de la oración. Creemos con fuerza que la paz es un don de Dios. Lo que nos esforzamos por conseguir es crear conciencia tanto a nivel internacional como eclesial. También buscamos dar voz a aquellos que necesitan ayuda y a todos los que tienen sugerencias para lograr la paz, la reconciliación y la coexistencia».
«Reconocemos que la vida de los palestinos, sus sufrimientos, la tensión en la región y la ausencia de paz son una llamada a nuestra fe. La Iglesia se esfuerza por sacudir la conciencia de los líderes políticos de todo el mundo acerca de la situación en Tierra Santa, para ser honrados en nuestro esfuerzo para alcanzar la paz».
Embajada de Palestina en el Vaticano
Después de la inauguración de la Embajada de Palestina en el Vaticano el pasado sábado, monseñor Da Cunha afirmó que «el reconocimiento del Estado de Palestina y la apertura de su Embajada no fue un desafío a Israel, sino un paso por medio del cual la Iglesia espera mostrar que la reconciliación es posible».
El miércoles 18 de enero, se concelebró una Misa con monseñor Pierbattista Pizzaballa, administrador apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén, en la basílica del Santo Sepulcro de la ciudad.
Saher Kawas /Patriarcado Latino de Jerusalén
Alfa y Omega

Carta del arzobispo por la Jornada de la Infancia Misionera: «Que no haya ningún niño que no conozca cuánto les quiere Dios»

Este domingo, 22 de enero, la Iglesia celebra la Jornada de la Infancia Misionera, este año con el lema ¡Sígueme! Se trata de una las Obras Misionales Pontificias; una obra de los niños y con los niños presente en más de 115 pasíses.
En una carta dirigida a los niños de la diócesis, el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, explica precisamente que esta jornada sirve para «recordar que los niños sois misioneros y hacer de ello una gran fiesta». «Nos acordamos de tantos niños que hay en el mundo que no conocen a Jesús, y se nos llena el corazón de ilusión por darles a ellos la alegría de saberse hijos de Dios, como nosotros lo sabemos», abunda.
«Jesús llama a los hombres a seguirle»
En alusión al lema de este año –¡Sígueme!–, el purpurado les lanza una pregunta: «¿No te parece que es Jesús el que te lo está diciendo a ti?». «Sí, Jesús llama a los hombres a seguirle, a aprender de Él a vivir de una forma nueva, de una forma más alegre, más servicial, más entregada y, como Él, hacer que otros muchos le conozcan, le amen, le sigan», subraya.
«Eso oyeron los misioneros –prosigue–. Esas personas que quizás no conoces personalmente pero que sí sabes que dedican su vida a llevar la alegría de ser amigos de Jesús a todos los hombres, especialmente a los que menos tienen. Ellos oyeron la llamada a seguir a Jesús y, sin pensárselo dos veces, decidieron dejarlo todo y marchar allí donde la Iglesia les necesitaba. Esos son nuestros misioneros».
«A ti también el Señor te llamó un día a seguirle. El día que te bautizaron Dios te hizo suyo y quiso que tu vida y la suya estuvieran unidas. Desde entonces tú eres su discípulo, y desde que eres consciente de lo que el Señor ha hecho contigo, eres su misionero, porque tú también quieres ayudar a que esos niños que todavía no conocen a Jesús le conozcan y le amen ¿verdad?».
Con la invitación a ser «mejor discípulo de Jesús» y «mejor misionero con aquellos que tienes cerca», el cardenal Osoro termina proponiendo a los más pequeños de la diócesis «que no haya ningún niño que no conozca cuánto les quiere Dios».
Celebración en Madrid
Este sábado, 21 de enero, tuvo lugar el IX Encuentro Diocesano de Infancia Misionera. Organizado por la Delegación de Misiones, comenzó con la celebración de la Eucaristía, a las 10:30 horas, en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús (c/ López de Hoyos, 73). Tras la Misa se pudo ver el vídeo sobre la Infancia Misionera. Además, hubo un pequeño festival y comida compartida, para concluir la jornada con juegos.

COMENTARIO DE SAN JUAN PABLO II AL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (3,22-30)





Los evangelios sinópticos recogen otra afirmación de Jesús, en sus instrucciones a los discípulos, que no puede dejar de impresionarnos. Se refiere a la “blasfemia contra el Espíritu Santo”. Dice: “A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará” (Lc 12, 10; cf. Mt 12, 32; Mc 3, 29). 

“La ‘blasfemia’ de la que se trata no consiste en el hecho de ofender con palabras al Espíritu Santo; consiste, por el contrario, en el rechazo a aceptar la salvación que Dios ofrece al hombre por medio del Espíritu Santo, que actúa en virtud del sacrificio de la cruz... 

Si Jesús afirma que la blasfemia contra el Espíritu Santo no puede ser perdonada ni en esta vida ni en la futura, es porque a esta ‘no remisión’ está unida como causa suya la ‘no penitencia’ es decir, al rechazo radical del convertirse... 

Ahora bien, la blasfemia contra el Espíritu Santo es el pecado cometido por el hombre que reivindica un pretendido ‘derecho’ a perseverar en el mal ―en cualquier pecado― y rechaza así la redención... 

Ese pecado no permite al hombre salir de su autoprisión y abrirse a las fuentes divinas de la purificación de las conciencias y remisión de los pecados. 

Se trata de una actitud exactamente opuesta a la condición de docilidad y de comunión con el Padre en la que vive Jesús, tanto en su oración como en sus obras, y que Él enseña y recomienda al hombre como actitud interior y como principio de acción.

En el conjunto de la predicación y de la acción de Jesucristo, que brota de su unión con el Espíritu Santo-Amor, se contiene una inmensa riqueza del corazón: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mt 11, 29). 

Pero está presente, al mismo tiempo, toda la firmeza de la verdad sobre el reino de Dios y, por consiguiente, la insistente invitación divina a abrir el corazón, bajo la acción del Espíritu Santo, para ser admitido en él y no ser excluidos.

En todo ello se revela el “poder del Espíritu Santo”; es más, se manifiesta el Espíritu Santo mismo con su presencia y su acción de Paráclito, que conforta y auxilia al hombre, y le confirma en la verdad divina, derrotando al “señor de este mundo”.

(De la catequesis de san Juan Pablo II el 25 de julio de 1990. Para profundizar en el tema del pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo, se puede consultar también su catequesis de la Audiencia general del 19-09-1990; y la Carta encíclica ‘Dominum et vivificantem’, n. 46, http://w2.vatican.va/.../hf_jp-ii_enc_18051986_dominum-et...).

EL QUE BLASFEME CONTRA EL ESPÍRITU SANTO CARGARÁ CON SU PECADO PARA SIEMPRE




Lectura del santo evangelio según san Marcos (3,22-30):

En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.»

Él los invitó a acercarse y les puso estas parábolas: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. 

Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. 

Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre.»

Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

Palabra del Señor

CANTAD AL SEÑOR UN CÁNTICO NUEVO


Del Salmo 97:

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas


Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. 

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia
y su fidelidad en favor de la casa de Israel. 

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclamad al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. 

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas


Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. 

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas

El Papa a la hora del Ángelus: llevar a Jesús a todas las periferias


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de hoy (cf. Mt 4.12 a 23) narra el inicio de la predicación de Jesús en Galilea. Él deja Nazaret, un pueblo en las montañas, y se establece en Cafarnaúm, un centro importante en las orillas del lago, habitado en su mayoría por paganos, punto de cruce entre el Mediterráneo y el interior mesopotámico. Esta opción indica que los destinatarios de su predicación no son sólo sus compatriotas, sino cuantos arriban a la cosmopolita «Galilea de los gentiles» (v 15; cf. Is 8,23): así se llamaba. Vista desde la capital Jerusalén, aquella tierra es geográficamente periférica y religiosamente impura, porque estaba llena de paganos, debido a la mescolanza con los que no pertenecían a Israel. De Galilea no se esperaban desde luego grandes cosas para la historia de la salvación. Sin embargo, precisamente desde allí - justo desde allí- se difunde aquella “luz” sobre la que hemos meditado en los domingos pasados: la luz de Cristo. Se difunde precisamente desde la periferia. 
El mensaje de Jesús reproduce el del Bautista, proclamando el «Reino de los Cielos» (v. 17). Este Reino no implica el establecimiento de un nuevo poder político, sino el cumplimiento de la alianza entre Dios y su pueblo, que inaugurará una temporada de paz y de justicia. Para estrechar este pacto de alianza con Dios, cada uno está llamado a convertirse, transformando su propio modo de pensar y de vivir. Esto es importante: convertirse no es solamente cambiar la manera de vivir, sino también el modo de pensar. Es una transformación del pensamiento. No se trata de cambiar la vestimenta, sino las costumbres. Lo que diferencia a Jesús de Juan el Bautista es el estilo y el método. Jesús elige ser un profeta itinerante. ¡Jesús siempre es callejero! No se queda esperando a la gente, sino que se mueve hacia ella. Sus primeras salidas misioneras se producen a lo largo del lago de Galilea, en contacto con la multitud, en particular con los pescadores. Allí Jesús no sólo proclama la venida del reino de Dios, sino que busca compañeros que se asocien a su misión de salvación. En este mismo lugar encuentra a dos parejas de hermanos: Simón y Andrés, Santiago y Juan; los llama diciendo: «Síganme y los haré pescadores de hombres» (v. 19). La llamada les llega en medio de sus actividades cotidianas: el Señor se revela a nosotros no en modo extraordinario o sensacional, sino en la cotidianeidad de nuestra vida. Ahí debemos encontrar al Señor; y ahí Él se revela, hace sentir su amor a nuestro corazón; y allí - con este diálogo con Él en la cotidianeidad de nuestra vida - cambia nuestro corazón. La respuesta de los cuatro pescadores es inmediata y rápida: «Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron» (v. 20). Sabemos, de hecho, que eran discípulos de Juan el Bautista y que, gracias a su testimonio, ya habían empezado a creer en Jesús como el Mesías (cf. Jn 1,35-42).
Nosotros, los cristianos de hoy en día, tenemos la alegría de anunciar y de dar testimonio de nuestra fe, porque existió ese primer anuncio, porque existieron esos hombres humildes y valientes que respondieron generosamente a la llamada de Jesús. En las orillas del lago, en una tierra impensable, nació la primera comunidad de discípulos de Cristo. Que la conciencia de estos inicios inspire en nosotros el deseo de llevar la palabra, el amor y la ternura de Jesús a cada contexto, incluso a aquel más inaccesible y resistente. ¡Llevar la Palabra a todas las periferias! Todos los espacios del vivir humano son terreno en el que arrojar las semillas del Evangelio, para que dé frutos de salvación. 
Que la Virgen María nos ayude con su maternal intercesión a responder con alegría a la llamada de Jesús y a ponernos al servicio del Reino de Dios.
(Griselda Mutual - Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

domingo, 22 de enero de 2017

Está cerca el reino de los cielos


Queramos o no, desde que nacemos somos guiados por alguien que nos aporta luz. De nuestros padres y hermanos mayores vamos recibiendo paulatinamente determinados valores, enseñanzas y costumbres. Asimismo, los padres nos alimentan, se preocupan por nuestra salud y nos proporcionan una educación. Al leer la referencia de Mateo a Isaías en el Evangelio de hoy, observamos que el pueblo de Dios tenía conciencia a menudo de caminar sin rumbo ni dirección. Ciertamente, sabían que Dios estaba presente en medio de ellos y que, a lo largo de los siglos, personas elegidas por Dios los habían dirigido. Aun así, les faltaba el apoyo definitivo. Por eso escuchamos que «el pueblo habitaba en tinieblas», hasta que «vio una luz grande». El pasaje del Evangelio de hoy quiere resaltar que la aparición de Jesucristo entre los suyos supone una verdadera iluminación para su caminar, poniendo fin a una etapa tenebrosa. No se entiende el comienzo de la vida pública de Jesús sin comprender su presencia como una verdadera iluminación a quienes van a entrar en contacto con él. En este sentido, no es casualidad que el Benedictus, cántico evangélico de Lucas, destinado a la oración de alabanza matutina, se refiera a Jesucristo diciendo: «Nos visitará el Sol que nace de lo alto (Oriens ex alto), para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte». Puesto que sin el sol no existiría la vida sobre la tierra, la tradición cristiana siempre ha contemplado en el astro rey a Jesucristo, que viene a traernos la verdadera y definitiva vida gracias a su luz.
El comienzo de la predicación
Cuando los días de Juan Bautista llegan a su fin, Jesús se establece en Cafarnaún e inicia su actividad pública. La región, Galilea, se encontraba bastante alejada geográficamente de Jerusalén, el centro religioso para los israelitas. Pero además se trata de una zona despreciada por los judíos, especialmente por los más fervorosos, debido a que entre sus habitantes había bastantes paganos. No en vano se la designa como «Galilea de los gentiles». La elección de este lugar, periférico para los judíos, revela la predilección de Jesús por los más olvidados y los más pequeños desde el comienzo de su predicación. Las primeras palabras que el Señor dirige a quienes lo escuchan son: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». La exhortación al cambio de vida está motivada por la Buena Nueva de la inminencia del reinado del Señor. La presencia de Cristo trae un mensaje de esperanza. El término evangelio no es original del cristianismo. Estaba asociado a las disposiciones del emperador romano, ya que sus decisiones eran consideradas como buena noticia para los habitantes de las regiones sometidas a su dominio. La utilización del vocablo para referirse a las palabras y obras del Señor sirve, pues, para mostrar al mundo que Jesucristo es el verdadero salvador y señor de los hombres y no existe poder humano que se le pueda comparar. Sin embargo, para acceder por completo a este reino es preciso dejar atrás la vida de tinieblas.
Los primeros discípulos
Junto a la invitación a la conversión escuchamos el relato de la vocación de los primeros apóstoles, a quienes los hace discípulos, es decir, partícipes de su vida y su ministerio. Forma parte también de la manifestación de Dios a los hombres el haber querido servirse de personas concretas para asociarlos a su obra de salvación. La elección de unos sencillos pescadores y la inmediatez de su respuesta ponen de manifiesto que para seguir a Jesucristo no se precisa una preparación previa específica. Es necesaria, eso sí, la completa disponibilidad a la invitación del Maestro.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Alfa y Omega

LA LLAMADA



Estamos en los primeros domingos del Tiempo Ordinario, tenemos ante nosotros el año apenas estrenado, y la Palabra de Dios nos propone el pasaje evangélico de la llamada de los primeros discípulos, y su actitud inmediata de seguir a Jesús, dejando redes, casa, familia…
Puede parecer una escena irreal, porque es difícil comprender que de una forma tan inmediata alguien pueda decidir una opción totalmente radical. Debemos interpretar que el texto evangélico compendia el relato. Seguro que los pescadores de Galilea ya habrían tenido noticias de Jesús de Nazaret, y que la opción de seguirlo no es posible sin sentir históricamente la llamada.
De una u otra manera, en el discernimiento vocacional para las distintas formas de vida cristiana, debe haberse registrado un sentimiento de llamada, con la concurrencia de circunstancias objetivadoras que ayuden a comprender la opción de vida como una obediencia y no como una decisión inventada.
Solo cuando se ha registrado el paso del Señor por nuestras vidas cabe arriesgarse en el seguimiento evangélico, porque de lo contrario, sería difícil superar una posible crisis vocacional si no se encuentra razón trascendente por la que ser fiel. Esto vale para la vida consagrada y para la vida matrimonial.
El relato se hace eco de una profecía sobre el territorio en el que Jesús ejerce su misión. Este dato de fijar la vocación en un lugar concreto también es importante, porque a la hora de recordar la llamada es luminoso poder fijarla en tiempo y lugar, como les sucedió los discípulos de Juan el Bautista, cuando se encontraron por primera vez con Jesús, se dieron cuenta que era la hora décima, hacia las cuatro de la tarde.
He leído una expresión que resume muy bien el sentido de nuestra vida: “Soy amado y llamado, por eso existo” (José A. García). Si esto es principio y fundamento, que diría san Ignacio de Loyola, también sirve a la hora de cimentar la propia vocación.
¿A qué te sientes llamado? ¿Cuándo y dónde percibiste el paso del Señor por tu vida? ¿Tu modo de vida responde a una obediencia, o es un proyecto independiente, que tú te has impuesto?