Este blog se crea con el objetivo de que todos los que formamos parte de de la comunidad cristiana, podamos expresar nuestras opiniones, consultar nuestras dudas y, sobre todo, ayudarnos unos a otros en este caminar con Jesús y hacia Jesús. Anímate y participa
jueves, 19 de enero de 2017
“Cincuenta años de ocupación requieren acción”
Durante cincuenta años, la Ribera Occidental (West Bank), Jerusalén Este y Gaza han languidecido bajo ocupación, violando la dignidad humana tanto de los Palestinos como de los Israelíes. Este es un escándalo al que nunca debemos acostumbrarnos. Así lo asegura en un comunicado la Coordinadora de las Conferencias episcopales para la Iglesia en Tierra Santa y la Asamblea de Obispos de Católicos de Tierra Santa, “Holy Land Coordination” (HLC) que ha celebrado su encuentro anual del 13 al 19 de enero
Tal y como recuerdan ellos han pedido “justicia y paz cada año desde 1998”, pero “el sufrimiento continúa”. Así que esta llamada –añaden– debe hacerse aún más fuerte. Como obispos imploran a los cristianos de sus países de origen “que reconozcan nuestra propia responsabilidad en la oración, la conciencia y la acción”.
Los prelados recuerdan también que mucha gente en Tierra Santa ha pasado toda su vida bajo la ocupación, “con su segregación social polarizadora”, pero “todavía profesa esperanza y lucha por la reconciliación”. Por eso indican que ahora más que nunca, “merecen nuestra solidaridad”.
Todos tenemos “la responsabilidad de oponernos a la construcción de asentamientos”. Esta anexión de facto de la tierra –explican– no sólo socava los derechos de los palestinos en zonas como Hebrón y Jerusalén Este, sino que, como reconoció recientemente la ONU, pone también en peligro la posibilidad de paz. Todos tenemos “la responsabilidad de prestar asistencia al pueblo de Gaza, que continúa viviendo en medio de una catástrofe humanitaria causada por el hombre”. Al respecto recuerdan que han pasado una década bajo bloqueo, agravado por un estancamiento político causado por la mala voluntad de todas las partes. Todos tenemos –prosiguen los obispos– la responsabilidad de alentar la resistencia no violenta que, como nos recuerda el Papa Francisco, ha logrado grandes cambios en todo el mundo. “Esto es particularmente necesario ante las injusticias tales como la construcción continua del muro de separación en tierras palestinas, incluyendo el Valle de Cremisán”, advierten.
Y subrayan que “todos tenemos la responsabilidad de promover una solución de dos estados”. Todos tenemos — concluyen los obispos– la responsabilidad de ayudar a la Iglesia local, sus agencias, voluntarios y ONG’s. En las circunstancias más probadas muestran una gran capacidad de recuperación y realizan un trabajo que cambia la vida. “Es nuestra fe en Dios que nos da esperanza. Es el testimonio de los cristianos en Tierra Santa y especialmente de los jóvenes que conocimos, lo que nos inspira”, finaliza el mensaje.
Zenit
430 entidades denuncian la pasividad de la UE ante la ola de frío polar que está afectando a los refugiados
Cáritas Española se suma a la petición de una operación eficaz y rápida, a nivel europeo, de protección contra el frío
Cáritas Española se suma a la petición que en las últimas 48 horas han suscrito 430 organizaciones de todo el país que trabajan en defensa de derechos humanos, migraciones y refugio, y de la sociedad civil, en apoyo del llamamiento «Para que no se mueran de frío», en el que solicitan una operación a nivel europeo de protección contra el frío de manera eficaz y rápida.
Las imágenes de los últimos días en las que decenas de miles de personas refugiadas están soportando la actual ola de frío polar sin un techo sobre sus cabezas, así como la congelación de miembros y muerte de varias de ellas, han impulsado a estas organizaciones (así como cientos de particulares que se han sumado de forma espontánea al documento) a solicitar a la Comisión Europea y al Gobierno español una operación eficaz e inmediata que disponga las medidas de emergencia necesarias de cara a garantizar las condiciones mínimas de habitabilidad de estas personas.
Las organizaciones firmantes manifiestan su profunda preocupación debido a que la situación actual de miles de refugiados en Grecia y los Balcanes pone en riesgo la vida de muchos de ellos y supone, en la práctica, un incumplimiento de las garantías mínimas que debe ofrecer la Unión Europea. La Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, en sus dos primeros artículos, se compromete a preservar, proteger y respetar la dignidad humana, así como el Derecho a la vida; dos elementos, que a juicio de los firmantes, se están poniendo en entredicho.
Por ello, las organizaciones firmantes solicitan al Gobierno de España y a la Comisión Europea un papel mucho más activo para poner en marcha urgentemente una operación europea contra el frío en coordinación con los gobiernos de Grecia y los países de los Balcanes, a través del Mecanismo europeo de Protección Civil u otras acciones de emergencia que puedan poner en marcha los propios Gobiernos de la Unión, que dé una solución urgente e inmediata a estas personas, de forma independiente a sus procesos de documentación y /o reconocimiento de su condición de persona refugiada.
Este es el texto del llamamiento:
Solicitud al Gobierno de España y a la Comisión Europea
PARA QUE NO SE MUERAN DE FRÍO:
LA UNIÓN EUROPEA DEBE CUMPLIR EL DEBER DE SOCORRO
LA UNIÓN EUROPEA DEBE CUMPLIR EL DEBER DE SOCORRO
430 entidades denuncian la pasividad de la Unión Europea
ante la emergencia humanitaria en Grecia y los Balcanes
ante la emergencia humanitaria en Grecia y los Balcanes
Más de 75.000 migrantes y refugiados llevan meses varados en Grecia, la antigua República yugoslava de Macedonia, Serbia, Eslovenia, Croacia, Hungría y Bulgaria, muchos de ellos a la espera de su reubicación a otros países de Europa. El sufrimiento de estas personas se ha agravado con la llegada del invierno, uno de los más fríos en los últimos años. Las temperaturas bajo cero por la ola de frío polar que azota Europa estas semanas, unido a las pésimas condiciones en que viven muchas de estas personas ha provocado numerosos problemas de salud, congelación de miembros o incluso, riesgo de muerte.
A pesar de los esfuerzos llevados a cabo, el hecho es que la preparación de todos los campamentos para el invierno no se ha completado y muchos refugiados continúan viviendo en tiendas.
«Se trata de salvar vidas, no de papeleos y de cumplir las disposiciones burocráticas», ha advertido el Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR). Médicos Sin Fronteras ha denunciado el pasado jueves que se han registrado ya casos de congelación de miembros entre los alrededor de 2.000 migrantes y refugiados que se encuentran atrapados en Belgrado, donde en los últimos días se han registrado temperaturas bajo cero. «Estoy seguro de que el número de casos de congelación será mucho mayor al final de la semana», ha añadido Andrea Contenta, subrayando que el pasado fin de semana en la capital serbia se alcanzaron los 16 grados bajo cero y que la ciudad está cubierta por 30 centímetros de nieve.
La semana pasada, refugiados y asociaciones trabajando en los campos de Grecia explicaban en el manifiesto WAKE UP EUROPE las terribles condiciones de vida con la llegada del frío. También desde Grecia, el Servicio Jesuita a Refugiados denunciaba el sufrimiento de miles de personas: «En el Norte de Grecia, un refugiado afgano ha fallecido por congelación a causa de las temperaturas de 14 grados bajo cero» señalaba Cécile Deleplanque. «Los campamentos de las islas están abarrotados y muchas personas continúan viviendo en tiendas».
Las ayudas económicas destinadas a proteger a las personas refugiadas del invierno no parecen haber resultado del todo eficaces. El ACNUR alerta de la situación en la Isla de Samos donde unas 1.000 personas, incluidas familias con niños, se encuentran viviendo en tiendas de campaña sin calefacción. La situación en la ruta de los Balcanes es aún más grave, especialmente en la frontera entre Croacia y Hungría y Serbia, donde muchas personas refugiadas están afrontando las bajas temperaturas a la intemperie, ante el abandono e incluso hostigamiento de las autoridades.
El invierno es un fenómeno natural que no podemos controlar, pero sí podemos y debemos atender las necesidades inmediatas de estas personas vulnerables. Europa no puede dejar morir de frío a las personas refugiadas y es responsable de darles un trato digno.
Siempre que la magnitud de una emergencia sobrepasa las capacidades de respuesta de un país, el Mecanismo de Protección Civil de la Unión Europea permite una asistencia coordinada de los Estados participantes. Este Mecanismo apoya y facilita la movilización de los servicios de protección civil de los Estados Miembros para responder a las necesidades inmediatas de los países afectados por una catástrofe o en riesgo de sufrirla.
El Centro Europeo de Coordinación de la Respuesta a Emergencias (CECRE) es el núcleo operativo del Mecanismo europeo de Protección Civil. El CECRE trabaja en estrecha colaboración con las autoridades de protección civil de los Estados participantes en el Mecanismo, para coordinar una respuesta rápida a nivel europeo. El CECRE proporciona capacidad logística las 24 horas del día para supervisar y coordinar la respuesta. Además de los Estados miembros de la UE, en el Mecanismo de Protección Civil de la Unión, participan Islandia, Noruega, Serbia, Turquía y la Antigua República Yugoslava de Macedonia y Montenegro.
El Mecanismo europeo de Protección Civil se ha activado en algunos momentos de 2015 y 2016 para apoyo a los refugiados pero actualmente, sólo permanece abierto para Grecia -abajo figura el enlace a día 6 de enero- sin que se haya montado una operativa de emergencia específica con mayores medios para abordar la ola de frío actual.
Ante la emergencia humanitaria provocada por la llegada del invierno y la ola de frío polar en Europa, pedimos con carácter urgente:
1. Al Ministerio de Interior y al Gobierno de España, que solicite la activación del Mecanismo Europeo de Protección Civil para organizar una respuesta coordinada europea que de forma urgente, asista a los refugiados afectados por la ola de frío en Grecia y los Balcanes.
2. A la Comisión Europea, que ofrezca a Grecia y los países de los Balcanes la asistencia inmediata de dicho Mecanismo de Protección Civil para proteger a los refugiados de las bajas temperaturas que se dan estas semanas en Europa.
Mecanismo Europeo de Protección Civil a 6 de enero de 2017: https://drive.google.com/file/d/0B8Ebhp0CxldjM1Qxem0zSWZZTS13bFZxUUZBX1JCRnVKeXVn/view?usp=sharing
Acción de la red Cáritas en la Frontera Este
La red Cáritas está redoblado sus esfuerzos de acogida y protección a los migrantes y refugiados que se enfrentan a condiciones de máxima precariedad ante el impacto de la ola de frío ártico que afecta a Grecia, Serbia y Europa sudoriental.
Con temperaturas nocturnas inferiores a 20 grados centígrados bajo cero en algunas áreas, miles de migrantes están durmiendo prácticamente a la intemperie, en campos de acogida o edificios abandonados. Estas personas –afganos, pakistaníes, sirios e iraquíes en su mayoría— han huido de situaciones de conflicto e, incluso después de que las rutas de migración desde Turquía a Grecia fueran cerradas el pasado mes de marzo, las personas siguen intentado entrar en Europa por vías alternativas.
En Grecia, Caritas está proporcionando ayuda de primera necesidad a los refugiados que están en perores condiciones, al norte del país. Como señala Maristella Tsamatropoulou, portavoz de Caritas Hellas, «no hay calefacción alguna. La población local les está dando madera para hacer pequeñas hogueras o alimentar estufas. Queman todo lo que pueda arder para mantener el calor».
En Serbia, más de 7.500 personas también están atrapadas en condiciones muy precarias, cerca de la frontera húngara, casi en estado de congelación. Según alertan responsables de la red Cáritas en la zona, «los campamentos en Serbia y Belgrado están superpoblados y miles de personas duermen a la intemperie».
«Caritas está en primera línea de la emergencia –añaden—, ofreciendo ropa, alimentos y ayuda médica a los migrantes y refugiados». «Hacemos todo lo que el Gobierno nos permite hacer, ya que la acogida a los inmigrantes en el país están bajo el control estricto del Gobierno y éste no quiere que las organizaciones de la sociedad civil operen de forma autónoma. Aunque tendríamos los medios para responder, no se nos permite hacerlo de forma adecuada».
Cáritas
COMENTARIO DE SAN JUAN PABLO II AL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (3,7-12)
“Jesús da a conocer claramente esta misión suya de librar al hombre del mal y, antes que nada del pecado, mal espiritual. Es una misión que comporta y explica su lucha con el espíritu maligno que es el primer autor del mal en la historia del hombre.
Como leemos en los Evangelios, Jesús repetidamente declara que tal es el sentido de su obra y de la de sus Apóstoles. Así, en Lucas: “Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo. Yo os he dado poder para andar... sobre todo poder enemigo y nada os dañará” (Lc 10, 18-19). Y según Marcos, Jesús, después de haber constituido a los Doce, les manda “a predicar, con poder de expulsar a los demonios” (Mc 3, 14-15). Según Lucas, también los setenta y dos discípulos, después de su regreso de la primera misión, refieren a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos sometían en tu Nombre” (Lc 10, 17).
Así se manifiesta el poder del Hijo del hombre sobre el pecado y sobre el autor del pecado. El nombre de Jesús, que somete también a los demonios, significa Salvador.
Sin embargo, esta potencia salvífica alcanzará su cumplimiento definitivo en el sacrificio de la cruz. La cruz sellará la victoria total sobre Satanás y sobre el pecado, porque éste es el designio del Padre, que su Hijo unigénito realiza haciéndose hombre: vencer en la debilidad, y alcanzar la gloria de la resurrección y de la vida a través de la humillación de la cruz. También en este hecho paradójico resplandece su poder divino, que puede justamente llamarse la “potencia de la cruz”. (...)
Sí, todos los “milagros, prodigios y señales” de Cristo están en función de la revelación de Él como Mesías, de El como Hijo de Dios: de Él, que, solo, tiene el poder de liberar al hombre del pecado y de la muerte, de Él que verdaderamente es el Salvador del mundo”.
(De la catequesis de San Juan Pablo II el 25-11-1987)
TÚ ERES EL HIJO DE DIOS
Lectura del santo evangelio según san Marcos (3,7-12):
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y lo siguió una muchedumbre de Galilea.
Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón.
Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, no lo fuera a estrujar el gentío. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.
Cuando lo veían, hasta los espíritus inmundos se postraban ante Él, gritando: «Tú eres el Hijo de Dios.»
Pero Él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.
Palabra del Señor
Papa: La vida cristiana es una lucha contra las tentaciones
“La vita cristiana es una lucha. Dejémonos atraer por Jesús”. Fue la exhortación del Santo Padre Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice advirtió ante las tentaciones que nos conducen por el camino equivocado, y recordó que el Señor ha venido para destruir la influencia del mal sobre nuestros corazones.
Jesús y la muchedumbre
El Papa Bergoglio reflexionó con el Evangelio del día, que narra acerca de la gran cantidad de gente que seguía a Jesús con entusiasmo, procedente de todas partes. Y ante la pregunta de por qué lo hacía, Francisco explicó que el mismo Evangelio relata que eran enfermos, que querían curarse; pero también había personas a quienes les gustaba escuchar al Señor porque hablaba, no como los Doctores, sino “con autoridad”, con lo que llegaba a los corazones.
El Padre atrae a la gente hacia Jesús
Esta gente – prosiguió diciendo el Pontífice – “iba porque sentía algo”, hasta el punto de que el Señor tuvo que pedir una barca para alejarse un poco de la orilla:
“Esta muchedumbre ¿iba a ver a Jesús? ¡Sí! ¿Tenía necesidades? ¡Sí! Algunos eran curiosos, pero estos eran los escépticos, la minoría… Pero a esta muchedumbre la atraía el Padre: era el Padre el que atraía a la gente hacia Jesús. Hasta el punto de que Jesús no permanecía indiferente, como un maestro estático que pronunciaba sus palabras y después se lavaba las manos. ¡No! Esta muchedumbre tocaba el corazón de Jesús. El mismo Evangelio nos dice: ‘Jesús se sentía conmovido, porque veía a esta gente como ovejas sin pastor’. Y el Padre, a través del Espíritu Santo, atraía a la gente hacia Jesús”.
De este modo, Francisco puso de manifiesto que la gente no se mueve a causa de razonamientos o “argumentos apologéticos”. No, dijo, “es necesario que sea el Padre quien te atraiga a Jesús”.
La vida cristiana es una lucha contra las tentaciones
Po otra parte, el Santo Padre observó que es “curioso” que en este pasaje del Evangelio de San Marcos, en el que se “se habla de Jesús, se habla de la muchedumbre, del entusiasmo y del amor del Señor”, se termine con los espíritus impuros que cuando lo veían le gritaban: “¡Tú eres el Hijo de Dios!”:
“Ésta es la verdad; ésta es la realidad que cada uno de nosotros siente cuando se acerca a Jesús. Los espíritus impuros tratan de impedirlo, nos hacen la guerra. ‘Pero, Padre, yo soy muy católico; voy siempre a Misa… Pero jamás, jamás, tengo estas tentaciones. ¡Gracias a Dios, no!'. '¡Reza, porque estás por un camino equivocado!’. Una vida cristiana sin tentaciones no es cristiana: es ideológica, es gnóstica, pero no es cristiana. Cuando el Padre atrae a la gente hacia Jesús, hay otro que te atrae de modo contrario ¡y te hace la guerra dentro! Y por esta razón Pablo habla de la vida cristiana como de una lucha: una lucha de todos los días. ¡Una lucha!”.
Una lucha – reafirmó el Papa – “para vencer, para destruir el imperio de satanás, el imperio del mal”. Y para esto – dijo – “ha venido Jesús, ¡para destruir a satanás! Para destruir su influencia sobre nuestros corazones”. E insistió en que el Padre “atrae a la gente a Jesús”, mientras el espíritu del mal “trata de destruir, ¡siempre!”.
¿Estamos luchando contra el mal?
La vida cristiana – dijo el Papa al concluir su homilía – “es una lucha así. Si quieres ir adelante – fue su exhortación – “¡debes luchar! Sentir el corazón que lucha, para que Jesús venza”:
“Pensemos cómo es nuestro corazón: ¿Siento esta lucha en mi corazón? ¿Entre la comodidad o el servicio a los demás, entre divertirme un poco o hacer oración y adorar al Padre, entre una cosa y la otra? ¿Siento la lucha, las ganas de hacer el bien? ¿Creo que mi vida conmueve el corazón de Jesús? Si yo no creo esto, debo rezar mucho para creerlo, para que me sea dada esta gracia. Que cada uno de nosotros busque en su corazón cómo va la situación allí. Y pidamos al Señor ser cristianos capaces de discernir lo que sucede en el propio corazón y capaces de elegir bien el camino sobre el que el Padre nos atrae a Jesús”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)
miércoles, 18 de enero de 2017
Carta del cardenal arzobispo de Madrid: «Me haréis creíble si estáis unidos»
Busquemos la unidad de los cristianos; oremos por ella. La unidad la da Jesucristo. La unidad y la comunión son esencia de nuestra identidad, de nuestro ser cristianos
Del 18 al 25 de enero celebramos la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Nunca podemos olvidar que el gran deseo de Cristo es que todos los discípulos seamos uno, que permanezcamos unidos. Y sin embargo no lo estamos. Y es un deseo del Señor que se nos torna necesario para realizar la misión que Él entregó a su Iglesia, pues sin unidad, sin comunión plena, no hay un anuncio con la sólida fuerza creíble del Evangelio para los hombres. Circunstancias diversas hicieron que los discípulos de Jesús rompiésemos la comunión y hoy, la situación histórica que vivimos los hombres, nos está mostrando la urgencia de la unidad. Hay que decir a todos los hombres que solamente en el Evangelio de Jesús está la salvación esperada y deseada, «porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el cual ellos deben ser salvados» (Hch 4, 12).
Busquemos la unidad de los cristianos; oremos por ella. La unidad la da Jesucristo. Por eso es normal que cuando queremos algo pongamos nuestra vida en sus manos. Siempre lo hacemos así, aunque estos días pedimos al Señor con especial intensidad que nos otorgue la unidad y la comunión. Esta Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos tiene un lema que arranca de lo más profundo de nosotros esa petición, y está sacado de una frase del apóstol san Pablo en una de sus cartas: «Reconciliación. El amor de Cristo nos apremia» (2 Cor 5, 14-20). Es verdad que la unidad y la comunión son esencia de nuestra identidad y, por tanto, de nuestro ser de cristianos. Esa esencia nos la entregó el Señor el día de nuestro Bautismo al darnos su misma Vida. Pero nos sucede como al apóstol, que hacemos lo que no queremos y queremos lo que no hacemos. El tesoro precisamente es eso que puso el Señor en nosotros, la unidad y la comunión, pero la vasija que cada uno somos se rompe, y hace que lo estropeemos y se vacíe.
¡Qué maravilloso es entrar en los escritos de san Pablo y ver cómo usa y qué sentido da a la palabra koinonía! Con ella expresa la participación de todo cristiano en Cristo, en los bienes cristianos entre los que se encuentran la unidad y la comunión y que también tienen su expresión en la comunidad de los fieles entre sí. Según el apóstol, los discípulos de Cristo estamos llamados a la comunión con el Hijo, y precisamente este el motivo por el que se llama al Padre fiel o justo: «Pues fiel es Dios, por quien habéis sido llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, Señor nuestro» (1 Cor 1, 9). Así, todos los creyentes somos compañeros de Cristo, en una comunión que está en el presente y se desarrolla en el futuro, en una comunión que se realiza mediante la fe, en una comunión que se realiza en una misión de vida con Él. El momento de esta unión es el Bautismo, en él se con-muere con Cristo para con-resucitar con Él. Es una comunión que se crea y recrea también en la Cena del Señor, en el Misterio de la Eucaristía.
El proyecto pastoral del Papa Francisco, que nos propone llevar a la tierra y a todos los hombres la alegría del Evangelio, no se puede hacer sin la espiritualidad de comunión. La comunión que se tiene en la fe con el Padre y el Hijo solo puede expresarse en la comunión con los hermanos. Es necesario volver a meditar este pasaje del Evangelio de Juan y hacerlo vida en nosotros: «Permaneced en mí como yo en vosotros. Si un sarmiento no permanece en la vid, no puede dar fruto solo; así también vosotros, si no permanecéis en mí» (Jn 15, 4). Y de la misma manera, este otro: «Para que todos sean una sola cosa. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean una sola cosa en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17, 21). Descubrir y experimentar que Cristo está en nosotros, que damos fruto y servimos tanto en cuanto permanecemos en Él, y que la credibilidad en este mundo pasa por ser uno en Él, se convierte para nosotros en petición constante al Señor, en tarea y en misión.
Os invito a descubrir tareas esenciales para vivir la unidad y la comunión. Os convoco a descubrir que el contenido, la gracia y la fuerza de la comunión pertenecen al poder de Dios en Jesucristo y no pueden ser sustituidos por ninguna otra cosa. De tal manera que en el anuncio gozoso de la salvación está también la fuerza para construir la unidad. Asumamos estas tareas:
1. Extendamos la mirada al panorama social que nos rodea: observemos los problemas, las necesidades, las posibilidades, los deberes que reclaman nuestro interés y servicio a todos los hombres. Hemos de buscar soluciones valientes y pacíficas, pongamos a prueba la sabiduría que nos regala Jesucristo para dar su esperanza y su amor. Podemos construir una sociedad más justa, sólida y pacífica. Pero ello nos está pidiendo unidad a los cristianos.
2. Tengamos la seguridad de que el cristianismo encierra un mensaje esencial para construir ya este mundo: en un mundo cada vez más inteligente y desarrollado, más metido en la esfera de lo visible y de lo experimental, orgulloso de sus inventos, satisfecho de sí, ¿qué falta? Si queremos ser coherentes con nuestra propia racionalidad, debemos retornar a Dios, dialogar humilde y noblemente con Dios, ver cómo el Evangelio puede dar al mundo una historia y una gloria nueva. Se percibe en los pensadores, en los científicos, en el corazón de los pueblos. Urge la unidad. Salgamos los cristianos al mundo como Cristo ha querido: unidos para dar ese mensaje de la alegría del Evangelio.
3. Regalemos el amor de Cristo a nuestro tiempo, a la humanidad: empeñemos la vida en dialogar con nuestro mundo, en ofrecer regeneración, solidez y paz. Nuestro mundo está pidiendo no solamente progreso humano y técnico, sino también justicia, fraternidad, paz, suspensión de hostilidades entre los hombres y pueblos, atmósfera de confianza. Ofrezcamos a la humanidad el remedio a los males y la respuesta a sus peticiones; ofrezcamos a Cristo y sus insondables riquezas.
4. Abramos nuestra vida a todos los que se enorgullecen del nombre de Cristo: ¡Con qué nombre más bonito les llamamos! Nada más ni nada menos que hermanos. Tengamos la pasión por restablecer la unidad rota en el pasado. Que encuentre en nosotros eco una voluntad ferviente y una plegaria emocionada desde la misión que nos regaló Jesús, «que también ellos sean una sola cosa en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17, 21).
Con gran afecto, os bendice,
+Carlos Card. Osoro Sierra, arzobispo de Madrid
JESÚS CURA EN SÁBADO
Lectura del santo evangelio según san Marcos (3,1-6):
En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo.
Jesús le dijo al que tenía la parálisis: «Levántate y ponte ahí en medio.»
Y a ellos les preguntó: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?»
Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira, y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: «Extiende el brazo.»
Lo extendió y quedó restablecido. En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con Él.
Palabra del Señor
Catequesis del Papa: “La oración hace crecer la esperanza”
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En la Sagrada Escritura, entre los profetas de Israel, resalta una figura un poco anómala, un profeta que trata de escaparse de la llamada del Señor rechazando en ponerse al servicio del plan divino de salvación. Se trata del profeta Jonás, de quien se narra la historia en un pequeño libro de sólo cuatro capítulos, una especie de parábola que contiene una gran enseñanza, aquella de la misericordia de Dios que perdona.
Jonás es un profeta “en salida” – pero también un profeta en fuga –, es un profeta en salida que Dios invita ir “a las periferias”, a Nínive, para convertir a los habitantes de aquella gran ciudad. Pero Nínive, para un israelita como Jonás, representa una realidad peligrosa, el enemigo que ponía en peligro a la misma Jerusalén, y por lo tanto de destruir, no cierto para salvar. Por eso, cuando Dios envía a Jonás a predicar en aquella ciudad, el profeta, que conoce la bondad del Señor y su deseo de perdonar, trata de escapar de su misión y huye.
Durante su fuga, el profeta entra en contacto con algunos paganos, los marineros del navío en el cual se había embarcado para alejarse de Dios y de su misión. Y huye lejos, porque Nínive estaba en la zona de Irak y él huye a España, huye en serio. Y es justamente el comportamiento de estos hombres, como después será el de los habitantes de Nínive, que nos permite hoy reflexionar un poco sobre la esperanza que, ante el peligro y la muerte, se expresa en oración.
De hecho, durante la travesía en el mar, se desata una fuerte tormenta, y Jonás baja a la bodega del barco y se queda dormido. Los marineros en cambio, viéndose perdidos, «invocaron cada uno a su dios», eran paganos (Jon 1,5). El capitán de la nave despertó a Jonás diciéndole: «¿Qué haces aquí dormido? Levántate e invoca a tu dios. Tal vez ese dios se acuerde de nosotros, para que no perezcamos» (Jon 1,6).
La reacción de estos “paganos” es la justa reacción ante la muerte, ante el peligro; porque es entonces que el hombre tiene la completa experiencia de la propia fragilidad y de la necesidad de salvación. El instintivo horror de morir revela la necesidad de esperar en el Dios de la vida. «Tal vez Dios se acuerde de nosotros, para que no perezcamos»: son las palabras de la esperanza que se convierte en oración, aquella suplica llena de angustia que sale de los labios del hombre ante un inminente peligro de muerte.
Con demasiada facilidad despreciamos el dirigirnos a Dios en la necesidad como si fuera solo una oración interesada, y por ello imperfecta. Pero Dios conoce nuestra debilidad, sabe que nos recordamos de Él para pedir ayuda, y con la sonrisa indulgente de un padre, Dios responde afectuosamente.
Cuando Jonás, reconociendo sus propias responsabilidades, se hace arrojar al mar para salvar a sus compañeros de viaje, la tempestad se calma. La muerte inminente ha llevado a aquellos hombres paganos a la oración, ha hecho también que el profeta, no obstante todo, viviera su propia vocación al servicio de los demás aceptando sacrificarse por ellos, y ahora conduce a los sobrevivientes al reconocimiento del verdadero Señor y a la alabanza. Los marineros, que habían orado por miedo dirigiéndose a sus dioses, ahora, con sincero temor del Señor, reconocen al verdadero Dios y ofrecen sacrificios y elevan votos. La esperanza, que les había llevado a orar para no morir, se revela aún más potente y obra en una realidad que va más allá de cuanto ellos esperaban: no solo no perecen en la tempestad, sino se abren al reconocimiento del verdadero y único Señor del cielo y de la tierra.
Sucesivamente, también los habitantes de Nínive, ante la perspectiva de ser destruidos, oraran, impulsados por la esperanza en el perdón de Dios. Harán penitencia, invocaran al Señor y se convertirán a Él, empezando por el rey, que, como el capitán del barco, da voz a la esperanza diciendo: «Tal vez Dios se vuelva atrás y se arrepienta, […] de manera que no perezcamos» (Jon 3,9). También para ellos, como para la tripulación en la tormenta, haber enfrentado la muerte y haber salido vivos los ha llevado a la verdad. Así, bajo la misericordia divina, y todavía más a la luz del misterio pascual, la muerte puede convertirse, como ha sido para San Francisco de Asís, en “nuestra hermana muerte” y representar, para todo hombre y para cada uno de nosotros, la sorprendente ocasión para conocer la esperanza y encontrar al Señor. Que el Señor nos haga entender esto, la relación entre oración y esperanza. La oración te lleva adelante en la esperanza y cuando las cosas se vuelven oscuras, más oración. Y habrá más esperanza. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)martes, 17 de enero de 2017
Luz Casanova: mujer apóstol, mujer de periferias
El Papa ha reconocido como venerable a Luz Casanova. El 8 de enero se celebraron los 68 años de su muerte en Madrid en la casa fundacional de la congregación de Apostólicas del Corazón de Jesús
Nace en Avilés el 28 de agosto de 1873 en el seno de una familia aristocrática, aunque la mayor parte de su vida trascurrirá en las periferias de Madrid. El derecho a la educación y a la salud de los últimos de la ciudad la llevará a crear una amplia red de escuelas populares dirigidas por mujeres, con el apoyo del cardenal Merry del Vall y el patronato de enfermos, como una red integral de atención sociosanitaria, apoyándose en el voluntariado social. En 1924, en unos ejercicios espirituales acompañados por el jesuita san José María Rubio, junto a otras compañeras decide fundar la congregación de la Apostólicas del Corazón de Jesús para dar estabilidad a los proyectos generados. Una congregación cuyo fin es la evangelización en el mundo de la marginación. «El amor más ardiente al Salvador y la máxima estima de la dignidad de la persona»; «tener un oído atento al murmullo de los pobres»; «la flexibilidad a circunstancias tiempos y lugares»… son algunos de los rasgos de la congregación desde su origen.
La vida incansable de Luz Casanova entre los pobres no estuvo nunca reñida con su preocupación por la formación y su gusto por escribir y abrir nuevos horizontes para las mujeres en la Iglesia. Lo cual la llevó a tener una intensa actividad en el Apostolado de la Prensa, viajar a Alemania para conocer la Pastoral Social y escribir unos ejercicios espirituales que durante años dio en secreto a otras mujeres. Murió en 1949 en Madrid.
Luz Casanova hoy
Luz Casanova encarna un tipo de Iglesia, la Iglesia en salida a las periferias que necesita de mujeres y hombres con «oído atento al murmullo de los empobrecidos y empobrecidas» que se dejan afectar por el Espíritu de Jesús para conducir su vida sin otra ley que «la ley interior de la caridad», porque el prójimo y el valor de la dignidad de la persona son la norma suprema en el Evangelio. En definitiva: la libertad, la agilidad y la creatividad del Evangelio al servicio de los últimos de la ciudad, pues ellos son los vicarios, los representantes de Cristo. Así fue la vida de Luz. Su historia es un icono del seguimiento a Jesús en las periferias, desde sus primeros encuentros con los pobres a los que empieza a convocar en el salón familiar de su casa, pasando por la creación de escuelas. También están los años duros de la guerra, cuando se resiste a cerrar y abandonar las obras sociales y educativas porque «la gente está preocupada por la quema de conventos; pero a mí lo que me quita el sueño es no poder dar de comer a la gente». En los últimos años de su vida creó albergues y puso en marcha proyectos socioeducativos dirigidos a la promoción y la evangelización de las de las personas más excluidas.
Una fe de camino
Toda su vida estuvo movida por «el más ardiente amor al Salvador y la máxima estima de la dignidad de la persona». Su fe, como nos insta el Papa Francisco, «no fue una fe de laboratorio, sino una fe histórica, una fe de camino», que hizo de su vida un permanente éxodo del centro a los márgenes para hacer comunidad de destino con quienes habitaban en ellos. Una fe que la llevó a romper con el círculo de confort y seguridad para el que había sido educada y a descubrir que lo que ella había recibido como un privilegio –techo, educación, salud, conocimiento del Evangelio, etcétera–, tenía que ser devuelto a los pobres como un derecho universalizable.
Reconocer a Luz Casanova como venerable significa también descubrirla como maestra de espiritualidad apostólica, de una espiritualidad contemplativa en la acción, en la que la complejidad de lo real y los compromisos por otro mundo posible no son un inconveniente para el encuentro con Dios, sino justo su condición. Una espiritualidad que conlleva una forma de vida atenta la realidad, buscando el querer de Dios en los acontecimientos desde la actitud y la práctica de discernimiento, con la confianza, la libertad y el riesgo que ello conlleva. En definitiva, una espiritualidad que no separa la fe de la justicia, la oración de la actuación, la pasión de la razón, las necesidades espirituales de las materiales. Una espiritualidad eucarística, de banquete y acción de gracias. Una espiritualidad de mesa compartida, donde sentarnos juntas y juntos con los excluidos del reparto de los bienes de la tierra para que dejen de serlo, para que no haya primeros ni últimos, donde nadie ocupe el centro, porque el centro es el Corazón de Cristo.
Por último, reconocer a Luz Casanova como venerable significa la apuesta por una Iglesia más laical y femenina, donde la autoridad de las mujeres no sea vista con sospecha o amenaza frente al clericalismo dominante, sino como un don del Espíritu. Luz Casanova se tomó en serio su participación en el espacio público: primero como laica, desde el apostolado femenino, creando escuelas, obras sociales dirigidas por mujeres y promoviendo la colaboración del laicado masculino y de otros religiosos y sacerdotes. Y, a partir de 1929, como fundadora de la congregación Apostólicas del Corazón de Jesús, cuyo fin es la evangelización en el mundo de los pobres. Una fundación «con el espíritu de san Ignacio pero en femenino», buscando la inculturación en las periferias y lugares de vida de los empobrecidos; cuidando el trato, la acogida y la amistad con ellos, de modo que «se sientan con derecho a contar con nosotras».
María José Torres
Autora de Espiritualidad y originalidad femenina en Luz R. Casanova (Verbo Divino)
Autora de Espiritualidad y originalidad femenina en Luz R. Casanova (Verbo Divino)
El p. Hamel ya había sufrido un atentado en 1954: un tiroteo en el que murieron todos sus compañeros
El primer sacerdote muerto a manos de un islamista en suelo europeo en el siglo XXI ya sufrió un atentado cuando era seminarista durante la Guerra de Argelia, en 1954. Todos los ocupantes de su jeep y del que les seguía inmediatamente detrás murieron, mientras que él resultó ileso. «¿Por qué yo?», fue una pregunta que se hizo muchas veces a lo largo de su vida, durante muchos años
El sacerdote francés Jacques Hamel, muerto a manos de dos islamistas el 26 de julio de 2016, esquivó la muerte con anterioridad cuando con 23 años, siendo todavía seminarista, salió de Francia tras ser reclutado para participar en la guerra de Argelia, en 1954. Hamel sufrió entonces un atentado del que salió indemne. Mientras atravesaba el macizo de Biskra, el convoy en el que viajaba recibió una ráfaga de ametralladora: todos los ocupantes de su jeep y del que les seguía inmediatamente detrás murieron, mientras que él resultó ileso. «¿Por qué yo?», fue una pregunta que se hizo muchas veces a lo largo de su vida, durante muchos años.
Así lo desvela el periodista belga Jan de Volder en el libro Martyr. Vida y muerte del padre Jacques Hamel (Publicaciones claretianas). El sacerdote francés, que viviría después su ministerio muy implicado en desarrollar buenas relaciones con los musulmanes, quedó también muy impresionado cuando conoció la noticia del martirio de los monjes trapenses de Tibhirine, en 1996. «¿Por qué han querido suprimir todo el bien que hacían?», comentaba con sus familiares, mientras manifestaba su conmoción por el testamento espiritual del padre Christian, prior de la comunidad. La película De dioses y hombres, que narra el martirio de los religiosos, fue luego una de las preferidas del padre Jacques.
La parroquia en la que servía desde el año 2000 está enclavada en la zona de Rouen con más inmigrantes procedentes de Argelia y Marruecos. Detrás de la iglesia se encuentra la mezquita, para cuyo acceso la parroquia cedió en su día una parte de su terreno al precio simbólico de un franco, años antes de que se incorporara Hamel. La convivencia siempre fue normal, hasta el punto de que cada tres meses se organizaban en los salones parroquiales encuentros entre fieles de ambas religiones, a los que Hamel iba algunas veces.
«El Dios de los terroristas es un Dios que quiere la muerte, pero ese no es el Dios del islam. Estos jóvenes no saben lo que hacen», decía en los últimos años, cuando escuchaba noticias de algún atentado islamista. Pero poco antes de morir confesó a un amigo íntimo que tenía pesadillas en las que él resultaba agredido a la salida de la iglesia.
Días después de su martirio, durante su funeral en la catedral de Rouen, su hermana dio respuesta a la inquietud que había acompañado a Jacques durante años: por qué fue él el que salió ileso de aquel atentado en Argelia. «El Dios del amor y de la misericordia te ha elegido para estar al servicio de los demás, cultivar el amor, la apertura y la tolerancia entre los pueblos de todas las confesiones, creyentes y no creyentes, hasta tu último suspiro», dijo la hermana. Se despedía así de Jacques, el que en los funerales solía entonar un canto, que para él fue profético: «A las puertas de su mansión, nuestro Padre te espera, y los brazos de Dios se abrirán para ti».
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Alfa y Omega
17 de enero: san Antonio, abad
Modelo de espiritualidad ascética, considerado como el padre del monaquismo, San Antonio nació en Egipto -al sur de Memfis, cerca del Delta del Nilo, para ser precisos- en el año 251. Sus padres eran de posición social elevada y le dejaron una fortuna considerable al morir. San Antonio tenía entonces 20 años. Inspirado por el Evangelio de San Mateo, legó una parte de sus bienes a su hermana, repartió el resto entre los pobres y marchó a vivir al desierto de Tebaida en total soledad.
Una soledad especialmente austera: baste decir que no bebía una gota de agua antes de la puesta del sol. Más de una vez, padeció tentaciones diabólicas, que logró superar. No tardó en granjearse una fama de santo y, para albergar a todos los que acudían a verle -y a veces, a quedarse con él- hizo construir edificios con celdas individuales alrededor de un claustro. Era, según San Antonio, la mejor forma de propiciar una vida de oración y de entrega a Dios.
A estos edificios los llamó monasterios, del griego mono, que significa solo. Fundó varios de ellos y estableció que a la cabeza de cada uno debía figurar un monje que fuese como un padre para el resto. De ahí la palabra abad, que procede del Evangelio y significa padre.
De excepcional longevidad, superó los 100 años de vida y se da el año 356 como fecha de su muerte.
J.M. Ballester Esquivias (@jmbe12)
Alfa y Omega
El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 2, 23-28
Sucedió que un sábado Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas.
Los fariseos le preguntan:
«Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?».
Él les responde:
« ¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre, cómo entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que sólo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a quienes estaban con él»
Y les decía:
«El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado».
Palabra del Señor.
lunes, 16 de enero de 2017
¿Quién realiza el milagro de convertir el pan en Cuerpo de Cristo?
Dios
tiene el poder de crear de la nada, y puede cambiar la sustancia de
la materia ya preexistente de las especies eucarísticas para hacerse presente
en la divina persona de Jesús.
Este cambio de sustancia (transubstanciación) de la
materia del pan y del vino, aunque permanezcan los accidentes o apariencias
(sabor, olor, medida, etc.), lo realiza Dios por medio del ministerio sacerdotal -que es la
acción del mismo Jesús- por la fuerza del Espíritu Santo (epíclesis) junto a
las palabras que Jesús utilizó cuando instituyó la eucaristía.
Jesucristo, que es el sumo y eterno sacerdote, manda a
los apóstoles (sus discípulos) en la última cena perpetuar en la historia el
ofrecimiento de su Cuerpo y Sangre, diciéndoles: “Haced esto en memoria mía”
(Lc 22,19; 1 Cor 11, 24.25). En este sentido la misa es el memorial de su
pasión.
Es decir, Jesús al dar este mandato a sus apóstoles,
les pide reiterar el rito del Sacrificio eucarístico de su Cuerpo que será
entregado y de su Sangre que será derramada.
A sus apóstoles, Jesús les entrega la acción que acaba
de realizar, de transformar el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre; la
acción con la que Él se manifiesta como sacerdote y víctima.
Con sus palabras Jesús constituye a sus apóstoles como
sacerdotes del Nuevo Testamento, a ellos y a sus sucesores en el sacerdocio.
“Haced esto en
memoria mía”, son las palabras de Cristo que, aunque dirigidas
a toda la Iglesia, son confiadas, como tarea específica, a sus apóstoles y, en
consecuencia, a los que continuarán su ministerio.
Cristo quiere que, desde ese momento, su acción sea
sacramentalmente también acción de la Iglesia por las manos de los sacerdotes.
Jesús al decir: “haced esto”, no sólo estaba señalando
el acto en sí mismo -uno de los elementos constitutivos y el más importante de
la Iglesia-, sino que también señala el sujeto llamado a actuar; es decir,
instituye el sacerdocio ministerial.
Y recordemos que los apóstoles son los primeros
obispos de la Iglesia encabezados por san Pedro, hoy el Papa.
Por tanto ellos, verdaderos, únicos y legítimos
pastores, instituidos por Jesucristo el buen pastor, son los primeros
sacerdotes de la nueva y eterna alianza.
Y los apóstoles, por la autoridad otorgada por Jesús,
instituyeron u ordenaron a otros sacerdotes (los presbíteros) (Hch 14, 23), sus
directos colaboradores, con el mismo poder y potestad recibidos de Jesucristo.
El Nuevo Testamento habla claramente de la unidad
ministerial entre “los apóstoles y los presbíteros” (Hch 15, 22); por tanto los apóstoles
y sus colaboradores (los
presbíteros) tienen el mandato de Jesús de ‘hacer esto en memoria suya’.
“Así a los primeros apóstoles están ligados
especialmente aquellos que han sido puestos para renovar IN PERSONA
CHRISTI el gesto que
Jesús realizó en la Última Cena, instituyendo el sacrificio eucarístico,
“fuente y cima de toda la vida cristiana” (LG, 11).
El poder divino de Cristo para realizar el milagro de
la transubstanciación lo transmite o lo traspasa pues a sus apóstoles y por
extensión a sus colaboradores, los presbíteros o sacerdotes.
Es por esto que el sacerdote (sea obispo o presbítero)
obra en nombre y con el poder del mismo Cristo, de manera que, por sobre él
sólo está el poder de Dios: “El acto del sacerdote no depende de potestad
alguna superior, sino de la divina” (Summa
Teologiae supl,
40,4.).
En consecuencia ningún obispo, ni siquiera el Papa,
tiene mayor poder que un sacerdote, para la consagración de las especies
eucarísticas: “No tiene el Papa mayor poder que un simple sacerdote” (Summa Teologiae supl,
38,1, ad 3).
Ahora bien, el sacramento del Orden consta de tres
grados diversos: los obispos, los presbíteros y los diáconos. Los dos primeros
participan ministerialmente del sacerdocio de Cristo. Por eso, el término
SACERDOTE designa a los obispos y a los presbíteros, pero no a los diáconos (catecismo, 1554).
El diaconado, sea éste transeúnte o permanente, está
destinado a ayudar y a servir a los obispos y a los presbíteros (Catecismo
1554). El diaconado es un grado de servicio (Hch 6, 1-6).
Es por esto que los diáconos están “para realizar un
servicio y no para ejercer el sacerdocio” (LG, 29). De manera pues que si el
sacramento del Orden incluye, en tercer grado, el diaconado, éste no
forma parte del sacerdocio ministerial.
De aquí se deriva que sólo hay misa, con la
consecuente transubstanciación de las especies eucarísticas del pan y del vino,
cuando está presente, única y exclusivamente, un obispo o un sacerdote.
En la ausencia de ellos, aunque esté presente un
diácono, no hay misa y por tanto no hay consagración de dichas especies, no hay
transubstanciación.
Aleteia
Francisco: "Una parroquia de chismosos y chismosas es una comunidad incapaz de dar testimonio"
El Papa Francisco visitó la parroquia romana de Santa María a Seteville. Y en una misa sencilla pronunció una homilía sencilla, como la de un párroco. Y, en ella, quiso dejar claro que una de las peores enfermedades de las parroquias católicas son los chismes. "Una parroquia de chismosos y chimosas es una comunidad incapaz de dar testimonio". Y recordó que los apóstoles fueron pecadores ("Pedro, el primer Papa, traicionó a Jesús), pero no fueron chismosos.
Algunas frases de la homilía improvisada del Papa
"Juan da testimonio de Jesús"
"Hemos encontrado el Mesías"
"¿Por qué lo encontraron? Porque hubo un testigo"
"Así sucede en nuestra vida"
"Hay muchos cristianos que confiesan que Jesús es Dios"
"Ser cristiano no es tener una filosofía. Es, ante todo, dar testimonio de Jesús"
"Testimonio en lo pequeño y algunos llegan a lo grande: a dar la vida"
"Los apóstoles no hicieron un curso para ser testigos de Jesús, no hicieron un curso, no fueron a la Universidad"
"Los doce eran pecadores, envidiosos, tenían celos entre ellos..."
"Incluso fueron traidores. Cuando prendieron a Jesús, todos escaparon llenos de miedo"
"Pedro, el primer Papa, traicionó a Jesús"
"Ser testigo no significa ser santo"
"Les quiero dejar sólo un mensaje: Los apóstoles no eran chismosos"
"Los apóstoles no eran chismosos, no hablaban mal los unos de los otros"
"De creerse superior al otro y hablar mal de él"
"Todos somos pecadores"
"Pero una comunidad de chismosos y chismosas es una comunidad incapaz de dar testimonio"
"Nada de chismes, nada"
"Si tienes algo contra alguien dilo a la cara"
"Este es el signo de que el Espíritu está en una parroquia"
"Los otros pecados todos los tenemos. Lo que destruye una comunidad son los chismorreos"
"Que el Señor les conceda esta gracia: no hablar jamás mal unos de los otros"
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