jueves, 12 de enero de 2017

Vaticano lanza campaña mediática para sensibilizar sobre la situación de los menores migrantes



La sección Migrantes y Refugiados del dicasterio vaticano para el Servicio del Desarrollo Humano Integral lanza su primera campaña mediática de sensibilización sobre la cuestión que le compete. La ocasión es la 103º Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, que se celebra el 15 de enero.
En línea con el tema elegido por el Pontífice para la edición de este año, “Migrante menores, vulnerables y sin voz”, la campaña mediática se concentrará sobre la situación de los niños, niñas y adolescentes migrantes, refugiados, desplazados y víctimas de la trata.
Tal y como informan en un comunicado, del 12 al 15 de enero de 2017, los tuits del Pontífice serán dedicados a tales situaciones y dirigirán directamente a la página Facebook de la sección, en la que se presentarán breves historias y reflexiones sobre esta temática general.
Zenit

Por qué debemos escuchar las advertencias de Bauman sobre los riesgos del «amor líquido»


Ha fallecido el filósofo y sociólogo polaco que explicó la sociedad «líquida» y la importancia de las relaciones personales
Erik Gandini, director ítalo-sueco, parte de Suecia en un viaje cinematográfico que lo lleva a Etiopía. Su película (La teoría del amor de Suecia) nació a partir de una reflexión sobre el manifiesto propuesto por el Parlamento sueco en 1972, La familia del futuro.
El concepto básico es que toda auténtica relación humana debe basarse en la independencia: la independencia de la mujer respecto a su marido, de los adolescentes con respecto a sus padres, de los ancianos con respecto sus hijos. Pero la independencia, sin embargo, limita el contacto y la interacción personal: por ello hoy, después de 50 años, la mitad de la población vive sola, y cada vez más mujeres se convierten en madres solteras a través de la inseminación artificial
¿Por qué una vida segura y protegida puede tornarse tan poco satisfactoria? Una posible respuesta es la del famoso sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman, quien demuestra que una vida sin problemas no es necesariamente una vida feliz:
«Debemos hacer frente a los retos; se llega a la felicidad cuando se puede controlar a los desafíos planteados por el destino. De hecho, el aumento de la comodidad puede hacernos sentir perdidos. Una cosa que no tenemos y que no nos puede ser proporcionada por el Estado ni por los políticos, es pasar tiempo con los demás, estar con otras personas: nuestro estar en un grupo. De esto usted se tiene que ocupar. Las personas acostumbradas a la independencia están perdiendo la familiaridad de vivir con otras personas, debido a que ya se ven privados de la capacidad de socializar. Socializar es agotador porque implica negociar y volver a negociar, discutir, acordar, volver a crear. La independencia priva de la capacidad de hacer todo esto. Nuestra vida está ahora dividida: online y offline, conectado y desconectado. La primera no tiene riesgos: es muy fácil hacer amigos en Internet; en realidad, así nunca percibe uno la propia soledad. Y si alguien no te gusta, simplemente dejas de interactuar con él. En el mundo offline es difícil evitar la confrontación. Cuanto más independientes somos, nos volvemos menos capaces de detener nuestra independencia y sustituirla por una interdependencia agradable».
Un estilo de vida líquido (una categoría muy querida por el distinguido sociólogo) es atractivo para muchas personas, ya que ofrece un intercambio sin restricciones; más exactamente, sin compromisos.
El amor, en cambio, requiere compromiso y esfuerzo. Las redes sociales hacen que sea más fácil encontrar la forma de salir de los compañeros, haciendo crecer cada vez más una tendencia que ha llegado a ser dominante en Occidente.
Para Bauman (1925 – 2017), el sociólogo polaco naturalizado británico, nuestra sociedad podría estar a pocas décadas a la destrucción de todos los vínculos interpersonales, una tendencia que ha visto progresivamente el final de los partidos políticos, de los sindicatos, y de las relaciones entre las familias y las instituciones como la escuela, y que en algunos casos ha convertido a los individuos en átomos que no pueden construir lazos de ningún tipo, condenándolos a la soledad y a la única satisfacción del consumo.
De hecho, el consumismo se ha convertido en figura señera de Occidente, en una ideología única e intocable con un solo enemigo: el amor.
Este lunes 9 de enero hemos tenido que despedirnos de un gran pensador, uno de los pocos capaces de advertirnos en contra de estos abusos. Se le echará de menos.
Lucandrea Massaro

«La casilla de la Iglesia en el IRPF no es dinero decidido por el Gobierno, sino por los contribuyentes»


Según Fernando Giménez Barriocanal, vicesecretario para Asuntos Económicos de la CEE, «el Tribunal de Cuentas tiene la capacidad de fiscalizar dinero público» pero «la asignación tributaria [a la Iglesia] es un dinero que no está decidido por el Gobierno. Son los contribuyentes los que deciden si la Iglesia recibe o no. Si nadie marcase la casilla, la Iglesia recibiría 0 euros», ha explicado en la Cadena Ser
El Tribunal de Cuentas no fiscalizará el dinero que las personas deciden entregar a la Iglesia Católica a través de la casilla de la Iglesia en la declaración de la renta. Así lo decidió, el pasado 22 de diciembre, el pleno del tribunal, con siete votos a favor y cinco en contra.
El vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española, que se enteró de la noticia este martes por la tarde, ha dado hoy su opinión al respecto en los micrófonos de la Cadena Ser. Según Fernando Giménez Barriocanal, «el Tribunal de Cuentas tiene la capacidad de poder fiscalizar dinero público» pero «la asignación tributaria [a la Iglesia] es un dinero que no está decidido por el Gobierno. Son los contribuyentes los que deciden si la Iglesia recibe o no», ha explicado. «Si ningún contribuyente decidiera marcar la casilla, la Iglesia recibiría 0 euros. Por eso, jurídicamente, la asignación tributaria es un concepto diferente del resto de las asignaciones», ha añadido.
«Dicho eso, -ha continuado Barriocanal- la Conferencia Episcopal hará siempre lo que se le diga por parte de las autoridades civiles. No tiene ningún problema. Para nosotros la transparencia es nuestra razón de ser».
En este sentido, el vicesecretario ha recordado que la CEE siempre ha hecho todo lo que se le ha pedido en materia de transparencia y fiscalización. «Hasta el año 2007 depositábamos en el Ministerio de Justicia, toda la documentación -hasta los justificantes bancarios-, de las cuentas de todo lo que recibía la Conferencia Episcopal». A partir de entonces, y en base al acuerdo que firmaron el Partido Socialista y la Santa Sede «en el que se nos pidió que explicáramos bien a qué se destinaba el dinero, cuál era el servicio que la Iglesia estaba prestando a la sociedad», la Conferencia Episcopal empezó «a hacer una memoria completa, revisada por una de las principales auditorias internacionales de más prestigio -y cuyo resumen presentamos a la sociedad-, y depositamos más de 500 folios en el Ministerio de Justicia, en la Dirección General de Relaciones con las Confesiones».
Reparto del dinero del IRPF
Durante la entrevista, Barriocanal también ha sido preguntado por el voto particular de los consejeros del PSOE en el Programa de Fiscalizaciones del Tribunal para el Año 2017 en el que argumentaban que la información que aporta la Iglesia sobre sus actividades no es suficiente y que se limita a informar sobre el reparto territorial de los fondo.
«Informamos del reparto, del destino de ese dinero, de cuánto va a actividades pastorales, cuánto va a actividad caritativa, cuánto va a mantenimiento de templos… y también de cuál es el retorno que tiene la sociedad de todo ese dinero», ha contestado el vicepresidente. También informan, según Fernando Giménez, de «como el hecho de mantener abiertos los bienes de interés cultural supone el 2,5 % del PIB de España; de cuánto estamos ahorrando a todos los españoles gracias a los colegios concertados; de la inmensa labor asistencial» de la Iglesia. «Y si nos piden información más detallada, más allá de los 500 folios que ya entregamos, pues lo presentaremos, no tenemos ningún inconveniente. Queremos cumplir la legislación».
José Calderero @jcalderer
Alfa Y Omega

Francisco denuncia: «¡Quienes venden billetes de entrada en la audiencia general son estafadores!»


Advierte que «es una visita al Papa en la casa de todos, y no se paga. ¡Esas personas son delincuentes!»
Saliendo al paso de quienes engañan a los peregrinos, el Papa Francisco ha denunciado el miércoles a «algunos ‘listos’ que cobran por los billetes» de entrada a las audiencias generales, ya sea en la plaza de San Pedro o en el Aula Pablo VI durante los meses de frio.
Enseñando un billete de color rojo, el Santo Padre hizo notar que «aquí está escrito en seis idiomas: ‘este billete es totalmente gratuito’. No se debe pagar. Es una visita al Papa y es gratuita. Si alguien os pide dinero os está estafando».
Como este tipo de abusos se ceban sobre todo en personas que vienen de muy lejos, el Papa ha dado la alarma para que la noticia llegue a todo el mundo. Lo ha dicho con la máxima claridad: las audiencias generales de los miércoles son «una visita al Papa en la casa de todos, y no se paga. ¡Esas personas son delincuentes! ¡Eso no se hace! ¿Entendido?».
Los peregrinos a Roma empiezan a correr peligro de estafa nada más asomarse a las marquesinas de los aeropuertos de Fiumicino y Ciampino o de la Estación Termini. Allí le salen al paso los conductores de taxis piratas, que les llevarán por recorridos tortuosos y les esquilmarán entre sonrisas y bromas. En los autobuses y en otros lugares en que se concentra gente, actúan los carteristas con perfección inigualable.
A pesar de que la Guardia di Finanza vigila los establecimientos comerciales, siempre hay restaurantes y bares que «clavan» a los peregrinos extranjeros, especialmente a los japoneses y otros asiáticos.
Hay también estafadores que revenden billetes de entrada en los Museos Vaticanos, pero los peores ladrones son los que venden a los peregrinos los billetes de entrada en la audiencia, que son totalmente gratuitos.
El código de colores, puertas de entrada y zonas tiene por objeto colocar juntos a los grupos de peregrinos, dando preferencia en los puestos más cercanos al Papa a los que vienen de más lejos o lo han solicitado antes.
Los billetes se retiran en la plaza de San Pedro el martes por la tarde, exhibiendo un documento de identidad o bien el fax o correo electrónico de la Casa Pontifica en que se confirma la reserva.
Precisamente el discurso del Papa se centraba este miércoles en los falsos ídolos, como las ideologías, el dinero, el poder, el éxito o la belleza física cuanto se convierten en objetos de culto. En ese contexto, Francisco incluyo otra falsedad: cobrar por un encuentro de familia que es absolutamente gratuito.
Juan Vicente Boo/Corresponsal de ABC en el Vaticano
Alfa y Omega

La lepra se la quitó y quedó limpio (evangelio de hoy)



Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 40-45
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
-«Si quieres, puedes limpiarme».
Compadecido, extendió la mano y lo tocó, diciendo:
-«Quiero: queda limpio».
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente:
-«No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que sirva de testimonio».
Pero, cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a el de todas partes.
Palabra del Señor.

Papa: Es necesario permanecer en el mundo, pero defenderse de las ilusiones del mundo


La esperanza, esperar en el futuro, creer en la vida, es una necesidad primaria del hombre. Pero es importante que pongamos nuestra confianza en lo que verdaderamente pueda ayudar a vivir y dar sentido a la existencia.
La Sagrada Escritura nos advierte contra las falsas esperanzas que el mundo presenta, denunciando la paradoja de sus ídolos. El hombre, al buscar seguridades tangibles y concretas, cae en la tentación de las consolaciones efímeras —dinero, alianza con los potentes, mundanidad, falsas ideologías— que parecen colmar el vacío de soledad y mitigan el cansancio de creer.
El salmo 115 describe de modo sugestivo la realidad absolutamente fugaz de estos ídolos. Advierte que quien pone la esperanza en ellos termina siendo como ellos: imágenes vacías con manos que no tocan, pies que no caminan, boca que no puede hablar. No se tiene nada que decir, se es incapaz de ayudar, cambiar las cosas, sonreír, donarse, amar. El hombre en cambio ha de ser imagen de Dios, confiando y esperando su gracia y bendición.

Catequesis del Papa: “Los ídolos defraudan siempre, la esperanza no defrauda jamás”


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El pasado mes de diciembre y en la primera parte de enero hemos celebrado el tiempo de Adviento y luego el de Navidad: un periodo del año litúrgico que despierta en el pueblo de Dios la esperanza. Esperar es una necesidad primaria del hombre: esperar en el futuro, creer en la vida, el llamado “pensamiento positivo”.
Pero es importante que tal esperanza sea colocada en lo que verdaderamente puede ayudar a vivir y a dar sentido a nuestra existencia. Es por esto que la Sagrada Escritura nos pone en guardia contra las falsas esperanzas: estas falsas esperanzas que el mundo nos presenta, encubriendo su inutilidad y mostrando su insensatez. Y lo hace de varios modos, pero sobre todo denunciando la falsedad de los ídolos en el cual el hombre está tentado de poner su confianza, haciéndolo el objeto de su esperanza.
En particular los profetas y los sabios insisten en esto, tocando un punto central del camino de fe del creyente. Porque la fe es confiar en Dios – quien tiene fe, confía en Dios – pero llega el momento en el cual, enfrentándose a las dificultades de la vida, el hombre experimenta la fragilidad de esta confianza y siente la necesidad de certezas distintas, de seguridades tangibles, concretas. Yo confío en Dios, pero la situación es un poco fea y yo necesito una certeza un poco más concreta. ¡Y ahí está el peligro! Y entonces estamos tentados en buscar consolaciones incluso efímeras, que parecen colmar el vacío de la soledad y mitigar el cansancio de creer. Y pensamos de poderlas encontrar en la seguridad que puede dar – por ejemplo – el dinero, o las alianzas con los potentes, o las seguridades de la mundanidad, o las falsas ideologías. A veces las buscamos en un dios que pueda doblegarse a nuestros pedidos y mágicamente intervenir para cambiar la realidad y hacerla como nosotros queremos; un ídolo, precisamente, que en cuanto tal no puede hacer nada, impotente y mentiroso.
¡Pero a nosotros nos gustan los ídolos, nos gustan mucho! Una vez, en Buenos Aires, debía ir de una iglesia a otra, a mil metros, más o menos. Y lo hice, caminando. Y había un parque por ahí, y en el parque habían pequeñas mesas, muchas, donde estaban sentados los videntes. Y estaba lleno de gente, incluso hacían colas, había mucha gente; y tú le dabas la mano y él comenzaba… Pero, el discurso era siempre el mismo: hay una mujer en tu vida, hay una sombra que viene, pero todo saldrá bien… y luego, pagabas. Y ¿esto te da seguridad? Es la seguridad de una – permítanme la palabra – de una estupidez. Y este es un ídolo: he ido al vidente, a la vidente y me han leído las cartas – yo sé que ninguno de ustedes hace esto – y he salido mejor. Me recuerda a esa película, “Milagro en Milán”, “que cara, que nariz… 100 liras”. Te hacen pagar para que te alaben y ten una falsa esperanza. Este es un ídolo, y nosotros estamos tan atentos: compramos falsas esperanzas. Y aquello que es la esperanza de la gratuidad, aquella que nos ha traído Jesucristo, gratuitamente, ha dado su vida por nosotros, en aquella no confiamos tanto…
Un Salmo lleno de sabiduría nos describe de modo muy sugestivo la falsedad de estos ídolos que el mundo ofrece a nuestra esperanza y a la cual los hombres de todo tiempo son tentados a encomendarse. Es el Salmo 115, que recita así: «Los ídolos, en cambio, son plata y oro, obra de las manos de los hombres. Tienen boca, pero no hablan, tienen ojos, pero no ven; tienen orejas, pero no oyen, tienen nariz, pero no huelen. Tienen manos, pero no palpan, tienen pies, pero no caminan; ni un solo sonido sale de su garganta. Como ellos serán los que los fabrican, los que ponen en ellos su confianza» (vv. 4-8).
El salmista nos presenta, incluso de modo un poco irónico, la realidad absolutamente efímera de estos ídolos. Y debemos entender que no se trata solo de representaciones hechas de metal o de otro material, sino también de aquellas construidas con nuestra mente, cuando confiamos en realidades limitadas que transformamos en absolutas, o cuando reducimos a Dios a nuestros esquemas y a nuestras ideas de divinidad; un dios que se nos asemeja, comprensible, predecible, justamente como los ídolos del cual habla el Salmo. El hombre, imagen de Dios, se fabrica un dios a su propia imagen, y es incluso una imagen mal hecha: no escucha, no actúa, y sobre todo no puede hablar. Pero, nosotros estamos más contentos de ir en los ídolos que ir al Señor. Estamos muchas veces más contentos de las efímeras esperanzas que te da esto que es falso, este ídolo, que la gran esperanza segura que nos da el Señor.
A la esperanza en un Señor de la vida que con su Palabra ha creado el mundo y conduce nuestras existencias, se contrapone la confianza en imágenes mudas. Las ideologías con sus pretensiones de absoluto, las riquezas – y este es un gran ídolo –, el poder y el suceso, la vanidad, con sus ilusiones de eternidad y de omnipotencia, los valores como la belleza física y la salud, cuando se convierten en ídolos a los cuales sacrificar cada cosa, son todas realidades que confunden la mente y el corazón, y en vez de favorecer la vida la conducen a la muerte. Y feo escuchar y hace tanto mal al alma aquello que una vez, hace años, he escuchado, en otra diócesis: una mujer, una buena mujer, muy bella, era muy bonita y se vanagloriaba de su belleza, comentaba, como si fuera natural: “He debido abortar para que mi figura es muy importante”. Estos son los ídolos, y te llevan por el camino equivocado y no te dan la felicidad.
El mensaje del Salmo es muy claro: si se pone la esperanza en los ídolos, se termina siendo como ellos: imágenes vacías con manos que no tocan, pies que no caminan, bocas que no pueden hablar. No se tiene nada más que decir, se es incapaz de ayudar, cambiar las cosas, incapaces de sonreír, donarse, incapaces de amar. Y también nosotros, hombres de Iglesia, corremos este riesgo cuando nos “mundanizamos”. Es necesario permanecer en el mundo pero defenderse de las ilusiones del mundo, que son estos ídolos que yo he mencionado.
Como prosigue el Salmo, se necesita confiar y esperar en Dios, y Dios donará bendición: «Pueblo de Israel, confía en el Señor […] Familia de Aarón, confía en el Señor […] Confíen en el Señor todos los que lo temen […] Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga» (vv. 9.10.11.12). Siempre el Señor se recuerda, también en los momentos difíciles; pero Él se recuerda de nosotros. Y esta es nuestra esperanza. Y la esperanza no defrauda. Jamás. Jamás. Los ídolos defraudan siempre: son fantasías, no son realidades.
Esta es la estupenda realidad de la esperanza: confiando en el Señor nos hacemos como Él, su bendición nos transforma, nos transforma en sus hijos, que comparten su vida. La esperanza en Dios nos hace entrar, por así decir, en el rayo de acción de su recuerdo, de su memoria que nos bendice y nos salva. Y entonces puede surgir el aleluya, la alabanza al Dios vivo y verdadero, que por nosotros ha nacido de María, ha muerto en la cruz y ha resucitado en la gloria. Y en este Dios nosotros tenemos esperanza, y este Dios – que no es un ídolo – no defrauda jamás. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

miércoles, 11 de enero de 2017

Desde el inframundo: Alternativas "Más que luchar contra la enfermedad hay que luchar con


Tenemos una medicina brillante de carácter quirúrgico y cirujano, cortante, de rasga y raja. Es una terapia heroica y agresiva que convierte al paciente en un toro toreado por los toreros de Esculapio, que empero buscan la salvación del enfermo. Pero es una salvación a través de su rajadura o partición, y uno se pregunta por alternativas menos agresivas (algunos hablan de inmunoterapia) o menos heroicas. Tras larga espera temporal (el tiempo todo lo cura, en este mundo o el otro), me han rajado de arriba abajo, así que tengo cierto derecho adquirido a rajarme de todo heroísmo fútil o fatuo.
Un amigo dominico, siguiendo el ejemplo de L. Wittgenstein y otros, rehusó la operación de cáncer para aceptar su curso natural hasta el final con cuidados paliativos. Y es que la operación de cáncer resulta dura, y la quimioterapia anunciada es fuerte (espero al menos que su fogueo acalore un poco mi friolera congénita). Pero no se nos ofrecen alternativas al modelo clásico oficial, quizás porque a la mayoría de la gente se le ha inculcado el vivir a toda costa, lo cual parece un poco obsceno en cierta edad, condición y situación límite. Pero incluso algún estólido mental ha llegado a plantear la inmortalidad, abundando así en la insensatez sobrehumana.
El caso es que la gente tiene miedo a la muerte y está dispuesta a vivir a toda costa, imponiéndose la cantidad a la calidad y la vida biológica a la existencia humana. Se trata de una ideología heroica que tiene dos fundamentos extremos pero que se tocan, por una parte cierto paganismo o naturalismo algo sádico o cruel, por otra una religiosidad o sobrenaturalismo algo pacato o masoquista. Frente a ello, la filosofía nos enseña desde Sócrates y Epicuro a no temer a la muerte, que es descanso eterno, sino a morir malamente, lo cual es bien distinto.
En el fondo de la ideología heroica contemporánea está la afirmación de un ánimus masculinista, que defiende el ánimo y la lucha a lo Cid Campeador. Pero es más sensato tener ánimo, valor y miedo, así pues asumir también el ánima femenina como implicación de lo real. Un amigo me ha rogado que no le falle, pero se trata de no fallar ante uno mismo sobre la propia realidad. Yo diría que más que luchar contra la enfermedad hay que luchar con ella, al modo como Jacob lucha con el ángel terrible y no en contra, sabiendo que es mejor morirse que perder la vida en el campo de batalla. Hay que hacerse una idea de la vida y hacerse a la idea de la muerte. Pues como me decía nuestro arzobispo y antiguo compañero de estudios, quien no tiene razones para morir no tiene razones para vivir.
Se me dirá que la vida es bella, por supuesto, pero también antibella; y se añadirá retóricamente que todo el mundo es bueno, sí, y también malo. Recuerdo que cuando animaba a mi santa abuela a cumplir años, me hacía una mueca ambivalente, como diciendo sí y no. Escribo esto convaleciendo en una buena residencia, a la que sin embargo mis cofrades denominan con humor negro el Morituri e incluso Treblinka, lo que muestra irónicamente la conciencia popular sobre nuestras residencias de ancianos. Es un inframundo o mundo inferior que debemos reconvertir en intramundo o mundo interior, elevando nuestra inconsciencia colectiva a conciencia crítica y autocrítica. Resulta sintomática al respecto la actual tabuización de la muerte, hasta el punto de llamar Testamento vital a lo que deberíamos llamar sin eufemismos Testamento mortal.
Europa está replanteando la cuestión de la vida en relación con la muerte, y nosotros debemos hacernos eco de semejante problema crucial. Curiosamente la máxima aportación de Franco al respecto fue su máxima final: "Lo que cuesta morir". En efecto, veo a mi alrededor demasiada inmanencia y algún encarnizamiento terapéutico, pues yo amo la trascendencia. De todas formas, deseo agradecer aquí la ayuda terapéutica de tantas personas en hospitales en vilo y en residencias quietistas. En la pequeña biblioteca de un gran hospital encontré una obra de Aristóteles, pero resultó ser de Aristóteles Onassis, lo cual me resultó simbólico. Pues hay que tener cuidado en no pasar del humanismo de Aristóteles al tecnologismo de Onassis.
La ciencia médica está al servicio del hombre humano y no inhumano. Mas he visto demasiados muertos vivientes entre nosotros, así como algún peligro de burocratización de la muerte. El hombre no puede librar al hombre de la muerte, pero puede liberar la muerte lo mismo que la vida.
(Andrés Ortíz-Osés)
Religión Digital

Carlos Osoro, a los jóvenes: “Acoged a Cristo para darlo a conocer con vuestra vida”



 Búscate en mí. Los jóvenes conversan con Jesús es un libro que se ha ido fraguando en mi corazón desde hace muchos años. Numerosos encuentros con diversas generaciones de jóvenes me han llevado a formular lo que yo llamaría «las grandes catequesis cristianas desde el inicio mismo de la Iglesia».
Y me animó a ello todavía más la celebración del «Año de la misericordia», que me hizo ver, con más claridad aún, lo que Jesucristo nos ha mostrado y revelado y lo que supone un encuentro con él. (...)
Siempre he querido proponer a los jóvenes acoger a Cristo para darlo a conocer a todos los hombres con nuestra vida, y así protagonizar en nuestra historia, con toda la Iglesia, con obras y palabras, el anuncio del mensaje con más novedad y más revolucionario, pues cambia nuestras vidas desde dentro: nos da un corazón nuevo, unos ojos nuevos, unos oídos nuevos y nos hace criaturas nuevas, hijos de Dios y hermanos de todos los hombres. (...)
El libro está pensado para que podáis iniciaros en el encuentro con Jesucristo, que os busca incansablemente, que siempre está a vuestro lado aunque no os deis cuenta, y que es quien provoca la verdadera alegría y da el verdadero sentido que tiene la vida. Tres capítulos lo conforman: comienzo con el Padre nuestro y termino con el Credo. En medio de estos dos capítulos puse otro, para mí entrañable, que llamo Ave María. (...)
"Búscate en mí" pretende ser un libro que se siga escribiendo entre todos con la convicción de que «Dios es real, se manifiesta en nuestro hoy y está en todas partes».
Un libro interactivo en el que Osoro cuenta lo que vive y cómo lo vive, e invita a los jóvenes a concretar lo que cada uno va descubriendo. Al final de cada capítulo, en el apartado «Ahora te toca a ti», se pueden plasmar los descubrimientos y vivencias mediante reflexiones, relatos, poemas y dibujos según se indica en cada ocasión. Y al final, si se desea, se puede enviar el libro -que siempre se devolverá- al concurso «Búscate en mí», organizado por el Arzobispado de Madrid, en colaboración con la editorial PPC, y dotado con 6.000 € en premios. Se pueden ver y descargar las bases del concurso en este enlace: www.e-sm.net/bembases
(Mons. Carlos Osoro)
Religión Digital

De cuando la Iglesia contribuyó a que España permaneciera en la Europa cristiana


Durante los siglos medievales, la Iglesia en la península ibérica marcó de modo profundo el lugar que hoy ocupa España en la civilización, al contribuir, de forma sobresaliente, a que pueda enmarcarse en la Europa de raíces cristianas, a cuya historia y vicisitudes logró mantenerse unida en un momento en el que pudo haber caído definitivamente en otra órbita cultural y religiosa
Durante los largos siglos que van desde la caída del Imperio romano (476) hasta el inicio del reinado de Isabel la Católica en Castilla (1474), la Iglesia española es protagonista de tres procesos principales que afectan tanto a la configuración de España como nación como a la vida de la Iglesia universal.
Puente entre dos culturas
El primer proceso es el que constituye a la Iglesia española como puente entre la cultura romano-cristiana y la cultura medieval. Estamos ante la gran contribución de la Iglesia en tiempos de los visigodos. Primero, como Iglesia de la mayoría de la población (los hispanorromanos) y, desde el 587, como la Iglesia oficial del reino tras la conversión del rey Recaredo.
La cultura romana fue conservada en estos siglos en los monasterios visigodos, de los que salieron los grandes exponentes de la cultura del momento, destacando san Isidoro de Sevilla, autor de las famosas Etimologías, obra enciclopédica que compendiaba la sabiduría de las generaciones anteriores. También el derecho canónico romano-cristiano se conservó y transmitió con mayor amplitud que en ninguna otra región cristiana gracias a la elaboración de la colección Hispana, en diversas etapas durante el siglo VI. La difusión de estas obras en el resto de Europa, a través de su recepción por parte del reino merovingio primero y carolingio después, garantizó la continuidad fundamental con el mundo antiguo, adaptándolo a las nuevas circunstancias.
La Reconquista
El segundo proceso es el que ha permitido que la península ibérica forme parte de la civilización cristiana, a diferencia de otras enormes regiones que en la antigüedad también lo eran. Dicho proceso se ha llamado Reconquista y ha durado desde la misma invasión de los árabes en el 711 hasta su definitiva expulsión del reino de Granada en 1492.
La religión cristiana sirvió durante esos siglos como elemento unificador de las distintas unidades políticas que se formaron como reacción al poder musulmán, siempre considerado como invasor. Todos los reinos cristianos encontraron en los hombres de Iglesia grandes colaboradores en el ejercicio de su gobierno y, en los monjes, uno de los más eficaces agentes para la progresiva repoblación y extensión de los límites de sus fronteras. La legitimidad del poder ejercido por los distintos reyes se buscó de un modo u otro en categorías tomadas de la teología cristiana. No es, pues, una exageración afirmar que la conciencia de unidad entre los distintos reinos cristianos estuvo fundado en una empresa común –la Reconquista– de indudable sentido religioso.
La europeización de España
Finalmente, el tercer proceso es el de la europeización de España. La entrada de los reinos cristianos peninsulares en la órbita de la naciente cristiandad europea en tiempos de Carlomagno fue favorecida por los eclesiásticos de dichos reinos, que buscaron desligarse de la Iglesia mozárabe, que vivía bajo dominio musulmán. Se produjo así una creciente europeización de la Iglesia española que, comenzando con la progresiva penetración de la regla de san Benito para la vida monástica, culminó con la supresión del rito mozárabe y la adopción del rito romano para las celebraciones litúrgicas en tiempos de san Gregorio VII. En este tercer proceso, el Camino de Santiago tuvo una importancia fundamental, convirtiéndose en una vía de intercambio cultural y religioso que unía el norte de la península con todos los reinos de Europa.
A partir del siglo XII los asuntos de los reinos cristianos de la península fueron de interés para todos los reinos europeos. Los Papas, por su parte, concedieron el estatuto de cruzada a la empresa de la Reconquista, facilitando de este modo la participación de caballeros de otras latitudes. También enviaron legados para que garantizaran la correcta aplicación de las distintas reformas eclesiásticas con el resultado de fortalecer aún más el carácter plenamente europeo del cristianismo peninsular. De este modo, ya en los albores de la Edad Moderna, los reinos peninsulares participaron todos juntos en el Concilio de Constanza, formando parte de la nación hispana y contribuyendo de este modo a la solución del cisma de Occidente y a poner las bases de un nuevo modo de entender las relaciones entre el poder eclesiástico y el civil.
Antesala de la edad moderna
Como se ve, el desarrollo de la Iglesia en la península ibérica durante los siglos medievales ha marcado de modo profundo el lugar que España ocupa hoy en la civilización, al contribuir de modo sobresaliente a que pueda enmarcarse en la Europa de raíces cristianas, a cuya historia y vicisitudes logró mantenerse unida en un momento en el que pudo haber caído en otra órbita cultural y religiosa de modo definitivo.
La vida de la Iglesia peninsular ha sido también de gran fecundidad para el conjunto de la Iglesia. Un papel principal se le reconoce como puente entre el mundo antiguo y medieval; pero, sobre todo desde el siglo XII, fue protagonista en pie de igualdad con las restantes Iglesias europeas en la configuración del catolicismo que se apresuraba hacia la Edad Moderna.
Nicolás Álvarez de las Asturias

Profesor del máster en Historia de la Iglesia española de la Universidad Eclesiástica San Dámaso
Alfa y Omega

Comentario del santo Evangelio según san Marcos 1, 29-39, por Benedicto XVI



Queridos hermanos y hermanas:

El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús que cura a los enfermos: primero a la suegra de Simón Pedro, que estaba en cama con fiebre, y él, tomándola de la mano, la sanó y la levantó; y luego a todos los enfermos en Cafarnaún, probados en el cuerpo, en la mente y en el espíritu; y «curó a muchos... y expulsó muchos demonios» (Mc 1, 34). Los cuatro evangelistas coinciden en testimoniar que la liberación de enfermedades y padecimientos de cualquier tipo constituía, junto con la predicación, la principal actividad de Jesús en su vida pública. De hecho, las enfermedades son un signo de la acción del Mal en el mundo y en el hombre, mientras que las curaciones demuestran que el reino de Dios, Dios mismo, está cerca. Jesucristo vino para vencer el mal desde la raíz, y las curaciones son un anticipo de su victoria, obtenida con su muerte y resurrección.

Un día Jesús dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos» (Mc 2, 17). En aquella ocasión se refería a los pecadores, que él había venido a llamar y a salvar, pero sigue siendo cierto que la enfermedad es una condición típicamente humana, en la que experimentamos fuertemente que no somos autosuficientes, sino que necesitamos de los demás. En este sentido podríamos decir, de modo paradójico, que la enfermedad puede ser un momento saludable, en el que se puede experimentar la atención de los demás y prestar atención a los demás. Sin embargo, la enfermedad es siempre una prueba, que puede llegar a ser larga y difícil. Cuando la curación no llega y el sufrimiento se prolonga, podemos quedar como abrumados, aislados, y entonces nuestra vida se deprime y se deshumaniza. ¿Cómo debemos reaccionar ante este ataque del Mal? Ciertamente con el tratamiento apropiado —la medicina en las últimas décadas ha dado grandes pasos, y por ello estamos agradecidos—, pero la Palabra de Dios nos enseña que hay una actitud determinante y de fondo para hacer frente a la enfermedad, y es la fe en Dios, en su bondad. Lo repite siempre Jesús a las personas a quienes sana: Tu fe te ha salvado (cf. Mc 5, 34.36). Incluso frente a la muerte, la fe puede hacer posible lo que humanamente es imposible. ¿Pero fe en qué? En el amor de Dios. He aquí la respuesta verdadera que derrota radicalmente al Mal. Así como Jesús se enfrentó al Maligno con la fuerza del amor que le venía del Padre, así también nosotros podemos afrontar y vencer la prueba de la enfermedad, teniendo nuestro corazón inmerso en el amor de Dios. Todos conocemos personas que han soportado sufrimientos terribles, porque Dios les daba una profunda serenidad. Pienso en el reciente ejemplo de la beata Chiara Badano, segada en la flor de la juventud por un mal sin remedio: cuantos iban a visitarla recibían de ella luz y confianza. Pero en la enfermedad todos necesitamos calor humano: para consolar a una persona enferma, más que las palabras, cuenta la cercanía serena y sincera.

Queridos amigos, el próximo sábado, 11 de febrero, memoria de Nuestra Señora de Lourdes, se celebra la Jornada mundial del enfermo. Hagamos también como la gente en tiempos de Jesús: presentémosle espiritualmente a todos los enfermos, confiando en que él quiere y puede curarlos. E invoquemos la intercesión de Nuestra Señora, en especial por las situaciones de mayor sufrimiento y abandono. María, Salud de los enfermos, ruega por nosotros.
Ángelus Domingo 5 de febrero de 2012

Curó a muchos enfermos de diversos males (Evangelio de hoy)




Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 29-39
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron:
-«Todo el mundo te busca».
Él les responde:
-«Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido».
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios
Palabra del Señor.

martes, 10 de enero de 2017

Omella traza las bases de su pontificado en Barcelona con la elección de dos auxiliares "pastores"


Un año después de su designación, Juan José Omella empieza trazar su pontificado en la Ciudad Condal. En los últimos meses, el arzobispo de Barcelona ha recorrido toda la diócesis, y a los sacerdotes, y ha formulado su petición: dos obispos auxiliares, con amplia experiencia pastoral, y conocimiento del "conflicto" catalán.
La petición se hizo perentoria después de la resolución del "escándalo Salinas" en Mallorca, que concluyó con el envío a la isla de Sebastiá Taltavull, todavía obispo auxiliar de Barcelona. Según ha sabido RD, Taltavull abandonará definitivamente la Ciudad Condal para dedicarse plenamente a su nueva diócesis, de la que será nombrado obispo residencial dentro de unos meses.
La marcha de Taltavull fue una difícil decisión para monseñor Omella, quien se había apoyado en su auxiliar durante sus primeros meses en Barcelona, para conocer la realidad de una diócesis marcada por la secularización, y por una sociedad en la que, desde hace unos años, sólo se habla del procès y del encaje de Cataluña en España, o fuera de ella.
Sin embargo, la decisión de que Taltavull recalase en Mallorca fue del propio arzobispo, miembro de la Congregación de Obispos y encargado por el Papa de informarle de todos los escándalos y problemas de la Iglesia española. Si Osoro es el hombre de Francisco en España, no cabe duda de que Omella es el nexo de unión con Roma.
Una vez conocida la marcha de Taltavull, Omella reclamó a la Santa Sede dos auxiliares, que a falta de confirmación oficial, Roma ha concedido, y que serán designados en las próximas semanas. Aunque no han trascendido sus nombres, sí parece que ambos serán dos párrocos con un amplio bagaje pastoral y un profundo conocimiento de las "periferias existenciales" de la diócesis barcelonesa.
Al menos uno de ellos será un sacerdote experimentado, y al parecer no será ninguno de los que, en los últimos años, han aparecido en sucesivas quinielas, incluso durante la época de Sistach: Santiago Bueno o Armand Puig. También queda descartado, pero en este caso debido a su edad, Salvador Pié Ninot (cumplió en junio los 75 años). Pié, sin embargo, sí es uno de los expertos que asesoran al Papa Francisco en su tarea de reformar la Iglesia.
De hecho, él es uno de los participantes en el volumen que, coordinado por Antonio Spadaro y Carlos María Galli, se acaba de publicar bajo el título "La reforma y las reformas en la Iglesia" (Sal Terrae), y en el que aparecen, directa o subrepticiamente, las claves del camino que Francisco ha emprendido.
Jesús Bastante

Papa: Jesús tiene autoridad porque está al servicio de la gente

Jesús tenía autoridad porque servía a la gente, estaba cerca de las personas y era coherente, al contrario, los Doctores de la Ley se sentían príncipes. En su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta el Papa Francisco puso de manifiesto estas tres características de la autoridad de Jesús. El Santo Padre subrayó que, en cambio, los Doctores de la Ley enseñaban con una autoridad de tipo clerical, separados de la gente, y que no vivían lo que predicaban.
Jesús servía a la gente mientras los Doctores de la Ley se sentían príncipes
El Papa Bergoglio centró su reflexión en las características que diferencian la autoridad de Jesús de la de los Doctores de la Ley. Mientras el Señor “enseñaba con humildad” y dice a sus discípulos que “el más grande sea como el que sirve”, es decir, que “se haga pequeño”, los fariseos se sentían príncipes:
“Jesús servía a la gente, explicaba las cosas para que la gente comprendiera bien: estaba al servicio de la gente. Tenía una actitud de servidor, y esto le daba autoridad. En cambio, estos Doctores de la Ley que las personas… sí, escuchaban, respetaban, pero no sentían que tuvieran autoridad sobre ellas; estos tenían una psicología de principios: ‘Nosotros somos los maestros, los príncipes, y nosotros les enseñamos a ustedes. No servicio: nosotros mandamos, ustedes obedecen’. Y Jesús jamás se hizo pasar como un príncipe: siempre era servidor de todos y esto es lo que le daba autoridad”.
La segunda característica de la autoridad de Jesús es la cercanía
Es estar cerca de la gente lo que, en efecto, confiere autoridad. La cercanía es, por lo tanto, la segunda característica que diferencia la autoridad de Jesús de la de los fariseos. “Jesús no tenía alergia a la gente: tocar a los leprosos, a los enfermos, no le producía repugnancia” – explicó Francisco – mientras los fariseos despreciaban a “la pobre gente ignorante”, y les gustaba pasear por las plazas, bien vestidos:
“Estaban separados de la gente, no eran cercanos; Jesús estaba sumamente cerca de la gente, y esto le daba autoridad. Aquellos separados, estos Doctores tenían una psicología clerical: enseñaban con una autoridad clerical, o sea con el clericalismo. A mí me gusta mucho cuando leo acerca de la cercanía a la gente que tenía el Beato Pablo VI. En el número 48 de la ‘Evangelii Nuntiandi’ se ve el corazón del pastor cercano: está allí la autoridad de aquel Papa, la cercanía. Primero: servidor, de servicio, de humildad: el jefe es aquel que sirve, que voltea todo, como un iceberg. Del iceberg se ve la cúspide; en cambio Jesús da un vuelco y el pueblo está arriba y Él, que manda, está debajo y desde abajo manda. Segundo: cercanía”.
Jesús era coherente. La actitud clerical es hipócrita
Pero hay un tercer punto que caracteriza la autoridad de Jesús en comparación con la de los escribas que es la coherencia. Jesús “vivía lo que predicaba”: “Había como una unidad, una armonía entre lo que pensaba, sentía y hacía”. Mientras quien se siente príncipe tiene “una actitud clerical”, o sea, hipócrita, dice una cosa y hace otra:
“En cambio, esta gente no era coherente y su personalidad estaba dividida hasta el punto de que Jesús aconseja a sus discípulos: “Hagan aquello que les dicen, pero no aquello que hacen”. Decían una cosa y hacían otra. Incoherencia. Eran incoherentes. Y el adjetivo que tantas veces Jesús les dice a ellos es hipócrita. Y se comprende que uno que se siente príncipe, que tiene una actitud clerical, que es un hipócrita, ¡no tiene autoridad! Dirá les verdades, pero sin autoridad. En cambio Jesús, que es humilde, que está al servicio, que es cercano, que no desprecia a la gente y que es coherente, tiene autoridad. Y ésta es la autoridad que siente el pueblo de Dios”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

Las masacres contra los jesuitas del Imperio español que inspiraron la película Silencio de Scorsese



En 1587, el shogunato (el gobierno militar central) ordenó la salida de todos los religiosos extranjeros en un plazo de 20 días. Pero ante la amenaza de ser ejecutados, los jesuitas decidieron «ofrecer sus vidas a nuestro Señor antes que desamparar aquella cristiandad ni salir de Japón»
La Compañía de Jesús se aficionó desde su nacimiento a las misiones imposibles. «Tengo gran esperanza, y está toda en Dios nuestro Señor, que se han de hacer muchos cristianos en Japón», escribió el primer jesuita que pisó el país en una carta dirigida a Ignacio de Loyola donde, tal vez, no calculó bien los peligros. Porque predicar en Japón no era difícil, simplemente iba a ser suicida.
Los negocios de los mercaderes portugueses y españoles en torno a Japón empezaron a ser cada vez más frecuentes conforme avanzaba el siglo XVI. Ambos países ibéricos sopesarían en varias ocasiones atacar Japón o incluso China; pero al final se contentaron con la evangelización.
En 1549, el jesuita San Francisco Javier y otros dos miembros de la Compañía llegaron a Japón para predicar el cristianismo, aprovechando esas mismas rutas comerciales. Los jesuitas se encontraron un país debilitado por las guerras internas y la inestabilidad política. El propio emperador prácticamente estaba confinado en su palacio. El arcabuz, que fascinó a los belicosos nipones, y Cristo fueron las únicas herramientas que encontró Occidente para hincarle el diente a una tierra de anarquía y guerras feudales.
El «Apóstol de las Indias» prende la llama
El conocido como «Apóstol de las Indias» fue un estrecho colaborador de Ignacio de Loyola y la vanguardia de la orden religiosa en el Lejano Oriente. Al estilo de Gary Cooper, los misioneros quedaron solos ante el peligro, especialmente tras el fallecimiento del carismático Francisco Javier y del reinado del señor de la guerra Oda Nobunaga, favorable al catolicismo.
Este Samuray vio en los sacerdotes católicos la mejor oportunidad para desplazar a los budistas de la política japonesa y abrió de par en par las puertas del país a la evangelización, hasta el extremo de que en esas fechas un grupo de cuatro jóvenes japoneses fue invitado a viajar a Roma a entrevistarse con el Papa Gregorio XIII.
Sin embargo, la muerte de Nobunaga echó al traste aquellos años de tolerancia. El Señor de Japón fue acribillado a flechazos en su palacio cuando estaba lavándose las manos con una toalla, al estilo de otras historias de traición de la época. Todavía herido se encerró en su cámara hasta que le alcanzó la muerte.
Uno de sus principales generales asumió el poder y, al menos al principio, mantuvo las buenas relaciones con los misioneros. Mientras el número de fieles no dejaba de incrementarse, con 60.000 almas convertidas; se elevó también la desconfianza de los señores feudales y la élite budista hacia lo que identificaban, no sin razón, como una quinta columna previa a una invasión militar.
Además de los problemas del idioma, los misioneros tuvieron que disputarse desde el principio cada alma con los monjes budistas, que vivían en aquellas fechas su momento político más bajo. Durante muchos años habían sabido ganarse el favor de las autoridades gobernantes; en tanto, la aparición de una nueva religión amenazaba sus intereses tanto terrenales como espirituales. Una nueva guerra religiosa estaba en curso.
La recuperación política de los budistas y la entrada en escena de los holandeses, enfrentados en Europa al Imperio español (donde también estaba integrado el Impero portugués) por un asunto religioso de fondo, complicaron la posición de los españoles y portugueses en Japón.
En 1587, el shogunato (el gobierno militar central) ordenó la salida de todos los religiosos extranjeros en un plazo de 20 días. Pero ante la amenaza de ser ejecutados, los jesuitas decidieron «ofrecer sus vidas a nuestro Señor antes que desamparar aquella cristiandad ni salir de Japón». Como resultado directo de este edicto fueron condenados a muerte de veintiséis cristianos –incluidos tres niños–, los cuales salieron de Kioto escoltados por soldados y fueron ejecutados en la colina Nishizaka (Nagasaki) hacia el año 1597. Los individuos fueron alzados en cruces y lanceados ante la multitud.
Los misioneros se vieron condenados a la clandestinidad hasta que, a principios del siglo XVII, ni siquiera se les permitió eso. Varios choques militares con barcos españoles y portugueses motivaron que Japón declarara una guerra abierta a los católicos. Miles de fieles cristianos y centenares de misioneros fueron enviados a la hoguera, mientras que sus iglesias fueron destruidas y sus símbolos profanados. Se estableció, además, como recuerda el historiador Jaime Tramon Castillo en un interesante artículo académico en la revista «Pharos», la práctica del «Fumiye», que consistía en poner la imagen de la Virgen en el suelo y obligar a la población a pisarla.
El número de asesinados alcanzó cifras aterradoras. El cronista jesuita Llorca García Villoslada Montalbán: «Ya en 1624 se elevaba a 30.000 el número de cristianos muertos o desterrados, y al final de la persecución pasaron de doscientos mil».
Y detrás de la sangre vino la oscuridad. «El Sakoku» o Política del aislamiento arrojó, desde 1639, un telón de acero sobre Japón que no se levantaría hasta 1853. «Silencio», de Scorsese, se desarrolla precisamente en los albores de esa oscuridad y de aquella lucha de la katana contra la cruz.
César Cervera/ABC
Alfa y Omega