miércoles, 3 de agosto de 2016

“La visita a Polonia y la JMJ, un signo de fraternidad y de paz para el mundo”, el Papa en la catequesis

Hoy quisiera reflexionar brevemente sobre el Viaje Apostólico que he realizado en los días pasados a Polonia.
La ocasión del Viaje ha sido la Jornada Mundial de la Juventud, a 25 años de aquella histórica celebrada en Częstochowa poco después de la caída de la “cortina de hierro”. En estos 25 años, Polonia ha cambiado, ha cambiado Europa y ha cambiado el mundo, y esta JMJ se ha convertido en un signo profético para Polonia, para Europa y para el mundo. La nueva generación de jóvenes, herederos y continuadores de la peregrinación iniciada por San Juan Pablo II, han dado la respuesta a los desafíos de hoy, han dado un signo de esperanza, y este signo se llama fraternidad. Porque, justamente en este mundo en guerra, se necesita fraternidad; se necesita cercanía; se necesita dialogo; se necesita amistad. Y este es el signo de la esperanza: cuando hay fraternidad.
Iniciemos justamente de los jóvenes, que han sido el primer motivo del Viaje. Una vez más han respondido a la llamada: han venido de todo el mundo – algunos de ellos todavía están aquí – una fiesta de colores, de rostros diversos, de lenguas, de historia diversas. Yo no sé cómo hacen: hablan diferentes lenguas, pero logran entenderse ¿y por qué? ¡Porque tienen la voluntad de ir juntos, de hacer puentes, de fraternidad! Han venido también con sus heridas, con sus interrogantes, pero sobre todo con la alegría de encontrarse; y una vez más han formado un mosaico de fraternidad. Se puede hablar de un mosaico de fraternidad. Una imagen emblemática de las Jornadas Mundiales de la Juventud es la vastedad multicolor de banderas llevadas por los jóvenes: de hecho, en la JMJ, las banderas de las naciones se hacían más bellas, por así decir, “se purificaban”, y también las banderas de naciones en conflicto entre ellas ondeaban juntas. ¡Y esto es bello! ¡También aquí están las banderas! ¡Háganlas ver!
Así, en este gran encuentro jubilar, los jóvenes del mundo han recibido el mensaje de la Misericordia, para llevarlo a todas partes en las obras espirituales y corporales. ¡Agradezco a todos los jóvenes que han ido a Cracovia! ¡Y agradezco a aquellos que se han unido a nosotros de diferentes partes de la tierra! Porque en muchos países se han hecho pequeñas Jornadas de la Juventud en relación con aquella en Cracovia. El don que han recibido se haga respuesta cotidiana a la llamada del Señor. Un recuerdo lleno de afecto es para Susana, la joven romana de esta diócesis, que ha fallecido después de haber participado en la JMJ, en Viena. El Señor, que ciertamente la ha recibido en el Cielo, conforte a sus familiares y amigos.
En este Viaje he visitado también el Santuario de Częstochowa. Ante el ícono de la Virgen, he recibido el don de la mirada de la Madre, que es de modo particular Madre del pueblo polaco, de aquella noble nación que ha sufrido tanto y, con la fuerza de la fe y su mano materna, se ha siempre levantado. He saludado a algunos polacos aquí, ¡eh! ¡Son buenos, ustedes son buenos! Ahí, bajo esta mirada, se entiende el sentido espiritual del camino de este pueblo, cuya historia está ligada de modo indisoluble a la Cruz de Cristo. Ahí se toca con la mano la fe del santo pueblo fiel de Dios, que custodia la esperanza a través de las pruebas; y conserva también aquella sabiduría que es equilibrio entre tradición e innovación, entre memoria y futuro. Y Polonia hoy recuerda a toda Europa que no puede haber futuro para el continente sin sus valores fundantes, los cuales a su vez tienen al centro la visión cristiana del hombre. Entre estos valores esta la misericordia, de la cual han sido especiales apóstoles, dos grandes hijos de esta tierra polaca: santa Faustina Kowalska y san Juan Pablo II.
Y, finalmente, también este Viaje tenía el horizonte del mundo, un mundo llamado a responder al desafío de una guerra “a pedazos” que la está amenazando. Y aquí el gran silencio de la visita a Auschwitz-Birkenau ha sido más elocuente de cualquier palabra. En aquel silencio he escuchado, he sentido la presencia de todas las almas que han pasado por ahí; he sentido la compasión, la misericordia de Dios, que algunas almas santas también han sabido llevar a este abismo. En aquel gran silencio he orado por todas la víctimas de la violencia y de la guerra. Y ahí, en aquel lugar, he comprendido más, más que nunca el valor de la memoria, no sólo como recuerdo de eventos pasados, sino como exhortación y responsabilidad para el hoy y el mañana, para que la semilla del odio y de la violencia no crezca en los surcos de la historia. Y en esta memoria de las guerras y de tantas heridas, de tanto dolor vivido, también existen hombres y mujeres, hoy, que sufren las guerras: tantos hermanos y hermanas nuestros. Mirando aquella crueldad, en aquel campo de concentración, he pensado enseguida a la crueldad de hoy, que se asemeja: no así concentrada como en aquel lugar, sino por todas partes en el mundo; este mundo que está enfermo de crueldad, de dolor, de guerra, de odio, de tristeza. Y por esto siempre les pido una oración: ¡que el Señor nos de la paz!
Por todo esto, agradezco al Señor y a la Virgen María. Y expreso nuevamente mi gratitud al Presidente de Polonia y a las Autoridades, al Cardenal Arzobispo de Cracovia y al entero Episcopado polaco, y a todos aquellos que, de mil formas, han hecho posible este evento, que ha ofrecido un signo de fraternidad y de paz a Polonia, a Europa y al mundo. También quisiera agradecer a los jóvenes voluntarios, que durante más de un año han trabajado para llevar adelante esto; y también a los medios de comunicación, a quienes trabajan en estos medios: muchas gracias por haber hecho que esta Jornada se viera en todo el mundo. Y aquí no puedo olvidarme de Anna Maria Jacobini, una periodista italiana que ha perdido la vida, improvisamente. Oremos también por ella, ella se ha ido en un acto de servicio. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

"No todo vale para hacer bromas" San Bernardo, monje y mártir de la fe

Cada año el 23 de julio, Carlet y de Alzira, las ciudades valencianas donde, respectivamente, nació y murió mártir San Bernardo, celebran la fiesta de este monje del siglo XII, hijo de musulmanes, que después de convertirse al cristianismo, ingresó en el monasterio cisterciense de Poblet. Una vez monje, Bernardo regresó a su casa, en Carlet, para predicar el Evangelio y para que así, sus hermanas abrazasen la fe en Jesucristo. Y fue el propio hermano de Bernardo quien persiguió a éste y a sus hermanas, María y a Gracia, sufriendo el martirio los tres en Alzira.
Este año el cartel de las fiestas de San Bernardo, monje de Poblet y mártir de la fe, que ha publicado el Casal Popular de Alzira (no el ayuntamiento de la ciudad) ha creado una polémica del todo innecesaria. Y es que banalizar la figura de un mártir, que dio la vida por Jesucristo, es un hecho del todo inapropiado en una sociedad democrática, que ha de respetar los sentimientos religiosos de una buena parte de la sociedad.
Y es que no se puede ni ridiculizar ni frivolizar una persona como San Bernardo, que se tomó en serio su vida y que por su fe en Jesucristo dio la vida por el Evangelio, como la ha dado recientemente el sacerdote Jacques Hamel en Normandía. Y no vale empararse en una pretendida libertad de expresión para ofender a los cristianos que, con amor, veneramos el patrocinio y el ejemplo de vida de San Bernardo, testigo de la vida.
En mayo de 2005, en Israel, el Presidente de la Generalitat de Catalunya, Pasqual Maragall, hizo una broma sin ton ni son, con el entonces vicepresidente, Josep Lluís Carod Rovira, cuando fotografió a Carod con una corona de espinas, mientras los dos reían. Unos días más tarde, el mismo Maragall se disculpó, cosa que lo honró, a la vez que calificó aquella broma de estúpida, ya que no se puede ridiculizar un instrumento de tortura, como la corona de espinas con la cual Jesús fue conducido a la muerte.
¿Alguien haría broma con los condenados a muerte por el franquismo? ¿O con los hombres y mujeres gaseados a Auswitch? ¿Alguien se atrevería a hacer una broma de mal gusto, como la que se ha hecho en Alzira, con los asesinados por el GAL? ¿O con una mujer violada? ¿O con el recientemente sacerdote mártir de Normandía?

No todo vale para entretener o hacer bromas. O por salir en los medios de comunicación, gracias a un cartel que no tenía otra finalidad que ridiculizar los sentimientos religiosos de una bona parte de la sociedad de Alzira.

Los mártires, como San Bernado, o como el sacerdote Jacques Hamel, fueron hombres y mujeres que se jugaron la vida por Jesucristo. Y cuando alguien da la vida por unos ideales, merece un respeto, tanto si se comparten sus idees como si no.
El Casal Popular de Alzira (no el ayuntamiento) creador de este estúpido cartel, y que dice que tiene como objetivo "dar a los ciudadanos una alternativa de modelo de vida, consumo, relaciones humanas y de cultura", habría de saber que los mártires como San Bernardo, sí que vivieron contra corriente como hombres de vida alternativa, ya que no se dejaron llevar por una sociedad alienadora, frívola y conformista. Al contrario: con su fe, fueron testigos de una manera diferente de vivir, y con un estilo de vida enraizada en los valores del Evangelio, proclamaron que es posible vivir de otra manera, desde la fraternidad, el perdón y la confianza en Dios.
El Casal Popular de Alzira que dice que tiene como objetivo "el asociacionismo para huir del individualismo" y que quiere ofrecer "una gestión transparente que aporte soluciones", solo ha hecho que provocar un conflicto del todo innecesario, que podía haberse ahorrado. Y es que con su cartel, en vez de aportar "soluciones", solo ha escogido el camino más superficial y fácil para hacerse notar y para salir en los medios de comunicación social. Eso sí, ofendiendo los sentimientos de los cristianos que veneramos a San Bernardo.
San Bernardo, monje de Poblet y mártir de la fe, merece la consideración y el respeto de este grupo, que amparándose en una pretendida libertad de expresión y con su acción del todo infantil y sin ton ni son, se ha retratado con su desgraciado cartel.
Solo espero que los miembros de este Casal, que dicen que quieren aportar soluciones, tengan la valentía y la honradez, como hizo Maragall, de disculparse por haber ofendido a los devotos de San Bernardo. Solo espero que este cartel, con un San Bernardo maquillado o travestido, sirva para que este grupo sea capaz de reconocer la banalización y la estupidez de su acción, más propia de unos gamberros que de una asociación cultural que pretende ofrecer soluciones.
(Josep Miquel Bausset)

Papa: "La JMJ fue un signo de fraternidad para todo el mundo"


Audiencia de verano en el aula Pablo VI, en la que Francisco recuerda su reciente viaje a Polonia, para participar en la JMJ de Cracovia. Para el Papa, la JMJ fue "un signo de fraternidad para todo el mundo". También rememoró su pasó por Auschwitz en medio del "silencio más elocuente que las palabras" y ofreció la fraternidad como salida a la "guerra a pedazos" que está azotando al mundo.
Lectura del pasaje evangélico de las Bienaventuranzas
Algunas frases de la catequesis del Papa
"Me detendré en mi reciente viaje a la JMJ de Cracovia"
"El signo de la misericordia se llama fraternidad"
"En este mundo en guerra, hace falta fraternidad, cercanía, diálogo y amistad"
"Una fiesta de colores, rostros, historias y lenguas diversas"
"Hablan lenguas diversas, pero consiguen entenderse"
"Porque tienen la voluntad de caminar juntos, de construir puentes, de fraternidad"
"LLegaron con sus heridas e interrogantes, pero, sobre todo, con la alegría de encontrarse"
"Una vez más formaron un mosaico de fraternidad"
"Allí, las banderas de las naciones se purifican e incluso de naciones enfrentadas"
"Gracias a todos los jóvenes que han venido a Cracovia"
"Y a todos los que participaron en las pequeñas jornadas mundiales en muchos países"
"Recuerdo lleno de afecto a Susana, la chica romana que murió después de haber participado en la JMJ"
"Visité el santuario de Czestochowa, madre del pueblo polaco, noble nación que tanto sufrió, pero siempre se levantó"
"¡Son valientes los polacos!"
"Allí se toca con la mano la fe del santo pueblo de Dios, que custodia la esperanza y la sabiduría que es equilibrio entre tradición e innovación"
"No puede haber futuro para el Continente sin sus valores fundantes"
"Entre estos valores, está la misericordia"
"Dos grandes hijos de la tierra polaca: Santa Faustina y San Juan Pablo II"
"El mundo llamado a responder al reto de una guerra a pedazos, que lo está amenazando"
"El gran silencio en Aischwitz fue más elocuente que las palabras"
"Sentí la presencia de todas las almas que pasaron por allí"
"He sentido la compasión y la misericordia de Dios"
"Allí, en aquel lugar, comprendí más que nunca el valor de la memoria, como advertencia y responsabilidad para el hoy y el mañana, para que la simiente del odio no crezca en la historia"
"También hoy hay muchos hombres y mujeres que sufren las guerras"
"Pensé en el campo en las crueldades de hoy, que se asemejan. No tan concentradas, pero en todo el mundo"
"El mundo está enfermo de crueldad, de dolor, de guerra, de odio y de tristeza"
"Que Dios nos dé la paz"
"Signo de fraternidad para el mundo"
"Gracias a los jóvenes voluntarios y a los medios de comunicación"
"Recuerdo a Ana María Giacobini, periodista italiana, que perdió allí la vida repentinamente. Se fue en acto de servicio".
Saludo a Brasil y a Rio de Janeiro
"En un mundo que tiene sed de paz, que el espíritu de los Juegos inspire a todos a combatir la buena batalla: realización de una civilización de la solidaridad, que todos seamos miembros de una única familia humana"
"Para los brasileños que organizan la fiesta del deporte, espero que sea una oportunidad para construir un país más justo y seguro, apostando por un futuro lleno de esperanza y de alegría"
Texto completo del saludo en español
Queridos hermanos y hermanas:
En esta catequesis me refiero al Viaje Apostólico en Polonia. Después de 25 años, la Jornada Mundial de la Juventud vuelve a ese país, con un signo de esperanza para los nuevos desafíos del mundo: la "fraternidad".
Venidos de 180 países, los jóvenes han hecho ondear juntas todas sus banderas, incluso las de naciones en conflicto, en una fiesta de color, un mosaico de fraternidad. Han compartido la alegría de estar juntos, para derramarla por todas partes con las obras de misericordia. Gracias a todos los jóvenes que han venido y a todos los que se han unido a nosotros.
Aquí, en Polonia, la Virgen de Częstochowa, nos revela el sentido espiritual del camino de este pueblo, tan ligado al sufrimiento y a la cruz. Ciertamente lo polacos han conocido una historia llena de sufrimientos. Nos hace ver que Europa no tiene futuro sin sus valores fundamentales, vinculados a la visión cristiana del hombre. Entre ellos la misericordia.
La JMJ es un llamado al mundo, que se ha hecho elocuente en el silencio de Auschwitz. En la oración, las almas de los que allí sufrieron, de los que allí dieron testimonio de la misericordia de Dios, me han hecho comprender el valor del recuerdo, como advertencia para que el odio y la violencia no triunfen y no se repitan.
***
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Saben hacer barullo. Muy bien. Agradezcamos al Señor y a la Virgen María este don de gracia, también a todos lo que lo han hecho posible, al Presidente de Polonia, a las Autoridades, al Cardenal Arzobispo de Cracovia y al episcopado polaco. Que Dios los bendiga.
Fuente:Religión digital


Comentario del Evangelio según San Mateo 15,21-28, por Benedicto XVI




La liturgia nos presenta un singular ejemplo de fe: una mujer cananea, que pide a Jesús que cure a su hija, que "tenía un demonio muy malo". 

El Señor no hace caso a sus insistentes invocaciones y parece no ceder ni siquiera cuando los mismos discípulos interceden por ella, como refiere el evangelista san Mateo. 

Pero, al final, ante la perseverancia y la humildad de esta desconocida, Jesús condesciende: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas". 

"Mujer, ¡qué grande es tu fe!". Jesús señala a esta humilde mujer como ejemplo de fe indómita. Su insistencia en invocar la intervención de Cristo es para nosotros un estímulo a no desalentarnos jamás y a no desesperar ni siquiera en medio de las pruebas más duras de la vida. 

El Señor no cierra los ojos ante las necesidades de sus hijos y, si a veces parece insensible a sus peticiones, es sólo para ponerlos a prueba y templar su fe. Este es el testimonio de los santos; este es, especialmente, el testimonio de los mártires, asociados de modo más íntimo al sacrificio redentor de Cristo. 

(...) Que sobre cada uno de vosotros vele con amor materno María, la Reina de los mártires».

(Del Angelus de Benedicto XVI el 14 de agosto de 2005)

¡QUÉ GRANDE ES TU FE, QUE SE CUMPLA TU DESEO!



Evangelio según San Mateo 15,21-28.

Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón.

Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio".

Pero Él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: "Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos".

Jesús respondió: "Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel".

Pero la mujer fue a postrarse ante Él y le dijo: "¡Señor, socórreme!".

Jesús le dijo: "No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros".

Ella respondió: "¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!".

Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!". Y en ese momento su hija quedó curada.

martes, 2 de agosto de 2016

La alegría perfecta: Qué es y cómo se encuentra


Tengo el corazón lleno de recuerdos. Algunos buenos, otros malos. No sé por qué me empeño en centrarme en los malos. Hoy elijo los buenos. Busco ese amor que me haga descansar en sus manos. Un amanecer lleno de esperanza.
Quiero afirmar con san Francisco de Asís: Si fueses perseguido, rechazado, etc. y te alegras en Dios, habrás encontrado la alegría perfecta.
Quiero alegrarme en Dios en medio de mi cruz, en medio de mis heridas. Alegrarme por lo que tengo, sin amargarme por lo que he perdido. Recordar lo bueno, dejar a un lado esos malos recuerdos.
Es la memoria buena de la que hablaba el papa Francisco: “¿Cómo ha sido mi vida? ¿cómo ha sido mi jornada hoy, o cómo ha sido este último año? Memoria. ¿Cómo han sido mis relaciones con el Señor? Memoria de las cosas bellas, grandes que el Señor ha hecho en la vida de cada uno de nosotros”.
En medio de mi vida real, esa que no me convence del todo, esa que no me gusta, o inquieta. En medio de esa vida que vivo en la que a veces me siento incómodo… ahí quiero tener memoria buena y recordar la belleza de mi vida.
No quiero detenerme en la memoria mala: “La memoria negativa es la que fija obsesivamente la atención de la mente y del corazón en el mal, sobre todo el cometido por otros”.
No quiero recordar sólo lo malo, quedarme amargado en lo que me hiere, en lo que no me gusta, en lo que me envenena. No quiero huir a esconderme en una realidad virtual para cazar alegrías. Vanidad de vanidades, todo es vanidad. No quiero buscar la apariencia que encandila.
Buscar fotos que me traigan recuerdos buenos. No lo sé, a veces no sé qué hay detrás de las fotos que cuelgo en las redes sociales. ¿Es todo lo que parece? Sonrisas. Risas. ¿Alegría? La verdad de mi vida sé que pesa y duele. Sé que hay lágrimas y sonrisas. Llanto y risas.
Pero es mi vida, es mi memoria. Son mis recuerdos grabados a fuego en el corazón. Ahí no quiero el brillo que deslumbra. Beso con esperanza el peso opaco de mi vida. Con alegría, conmovido. La realidad dura de mi vida.
A veces la realidad virtual me encandila y hace que me aleje de mi vida real. La tensión entre la apariencia y la verdad.
La verdadera alegría nace de la aceptación de mi vida como es. Quiero alegrarme de ser como soy, de tener lo que tengo, de hacer lo que hago. Quiero vivir en paz conmigo mismo y con los que viven a mi alrededor.
No quiero ser tan rico como otros. No quiero hacer tantos viajes como otros. No quiero tener tantos éxitos como otros. No quiero. Sólo quiero ser quien soy. Nada más. Eso me consuela y alegra y me da fuerzas para la vida. Sólo necesito que mi corazón se ensanche. Un poco más.
Como el de ese niño llamado Rafa, que cuando tenía nueve años, escribió en su cuaderno: “Cuando recibí a Jesús sentí que una cruz entraba en mi corazón y se hacía más grande”. Me gusta esa mirada sobre la eucaristía. Así quiero vivir yo y que mi corazón se ensanche cada vez que reciba a Jesús. Así de sencillo. El corazón más grande.
Aleteia
Carlos Padilla Esteban





Juntos en tu búsqueda



Aquí estamos, Señor

Jesús: juntos en tu
búsqueda.
Aquí estamos con el corazón en alas de libertad.
Aquí estamos, Señor, juntos como amigos. Juntos.
Tú dijiste que estás en medio de los que caminan juntos.



Señor Jesús, estamos juntos y a pie descalzo.
Juntos y con ganas de hacer camino, de hacer desierto.
Juntos, como en un solo pueblo, como en racimo.
Juntos como piña
apretada, como espiga,
como un puño.



Danos, Señor Jesús,
la fuerza de caminar juntos.
Danos, Señor Jesús,
la alegría de sabernos juntos.
Danos, Señor Jesús,
el gozo del hermano
al lado.Danos, Señor Jesús,
la paz de los
que buscan en grupo.

Reflejos de Luz

"Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios"


Evangelio según San Mateo 14,22-36.

En seguida, obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.

Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.

La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra.

A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.

Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.

Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman".

Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua".

"Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.
Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame".

En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?".

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.

Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios".
Al llegar a la otra orilla, fueron a Genesaret.

Cuando la gente del lugar lo reconoció, difundió la noticia por los alrededores, y le llevaban a todos los enfermos, rogándole que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron curados.

lunes, 1 de agosto de 2016

Dios y el mundo

Papa Francisco escribe un mensaje por la fiesta de San Cayetano, patrono del pan y del trabajo

Querido hermano:
Dentro de pocos días celebramos la fiesta de San Cayetano. Por medio tuyo quiero hacer llegar mi saludo y bendición a tantos hombres y mujeres que se congregarán en los diversos templos del país dedicados al Santo para pedir pan y trabajo o para agradecer el hecho de que no les falte.
Recuerdo conmovido los 7 de agosto en Buenos Aires. La Misa en el Santuario de Liniers y luego el recorrido de la cola de la gente hasta el Estadio de Velez. Saludar, escuchar, acompañar la fe de ese pueblo sencillo... y tantas veces, ante la angustia de hombres y mujeres que quieren y buscan trabajo y no encuentran..., sólo atinaba a un apretón de manos, una caricia, mirar esos ojos humedecidos de dolor, y llorar dentro. Llorar sí, porque es duro cruzar to vida con un padre de familia que quiere trabajar y no tiene posibilidad de lograrlo.
A San Cayetano pedimos pan y trabajo. El pan es más fácil conseguirlo porque siempre hay alguna persona o institución buena que to lo acerca, al menos en Argentina donde nuestro pueblo es tan solidario. Hay lugares en el mundo que ni esa posibilidad tienen. Pero trabajo es tan difícil lograrlo, sobre todo cuando seguimos viviendo momentos en los cuales los índices de desocupación son significativamente altos. El pan te soluciona una parte del problema, pero a medias, porque ese pan no es el que ganás con tu trabajo. Una cosa es tener pan para comer en casa y otra es llevarlo a casa como fruto del trabajo. Y esto es lo que confiere dignidad.
Cuando pedimos trabajo estamos pidiendo poder sentir dignidad; y en esta celebración de San Cayetano pedimos esa dignidad que nos confiere el trabajo; poder llevar el pan a casa. Trabajo, esa T (que junto con las otras dos T: Techo y Tierra) está en el entramado básico de los Derechos Humanos; y cuando pedimos trabajo para llevar el pan a casa estamos pidiendo dignidad.
La sabiduría de nuestro pueblo usa un dicho para calificar a quien, pudiendo trabajar no lo hace: "ése vive de arriba". Y nuestra gente menosprecia a quienes "viven de arriba", porque arteramente atisban en ellos una cierta falta de dignidad.
Querido Arancedo: que en esta fiesta de San Cayetano todos los Obispos sepamos acompañar a nuestros hermanos que piden pan y trabajo. Y lo hagamos con cariño, cercanía y oración, y pidamos también para nosotros esa gracia: que nunca nos falte trabajo, ese trabajo al que nos envía el Señor y que nos confiere dignidad.
Por favor, nos to olvides de rezar por mí. Que Jesús to bendiga y la Virgen Santa to cuide. Fraternalmente,
Francisco 

Sólo Dios. Crónicas desde la JMJ


Esto ha llegado a su fin. Todo pasa, y eso es bueno y necesario. Esta JMJ no iba a ser menos. Ya es oficial que para volver a vivir una de nuevo tendremos que esperar tres años y cruzar el charco. Dios proveerá, pero también pondremos todas las ganas, ilusión y fuerzas para poder estar allí.
La misa de envío ha sido realmente emotiva (y calurosa). Hemos cumplido con la tradición de una JMJ: un calor sofocante en el fin de semana, cuando no hay nada que hacer para combatirlo. Pero bueno, todo pasó y al fin y al cabo pudimos aprovechar mucho la eucaristía. Ahora toca devolver todo lo vivido, ahora toca sembrar y compartir la semilla que han dejado en nuestro corazón estos días. Esto ha sido un regalo de Dios, y los regalos compartidos saben mejor.
Mirad, el día de hoy ha sido muy sencillo: nos han despertado a las 7 la megafonía del Campus Misericoridae, hemos celebrado la misa de envío, y hemos salido del Campus hacia Cracovia andando. En total, 20 km recorridos de los cuales unos 16 a pie en unas 4 horas. Más de uno se estará llevando las manos a la cabeza pensando la barbaridad que ha sido, y sí, lo admito, lo ha sido. Estoy ahora mismo reventado, bajo mínimos. Pero la experiencia de peregrinar, o más bien, de volver del peregrinar ha sido una maravilla.
El calor no cesaba, pero la generosidad de los polacos tampoco. Los encargados nos repartían agua continuamente. Entre todos nos ayudábamos, entre todos nos animábamos, y entre todos tirábamos para adelante. He aquí una gran experiencia de esta JMJ: la fuerza del grupo. Sin duda alguna la fe cristiana no está hecha para vivirla individualmente. Somos seres sociales, y Dios nos llama a la comunidad. Hasta en estos momentos tan mundanos se observa la fuerza del grupo.
Bueno, había gente cantando, bailando, echándose fotos... hasta que claro, no podíamos faltar la siguiente tradición ya: la tormenta de rigor. Os prometo que no veía tormenta igual desde aquella noche en Cuatro Vientos en 2011. Pero de nuevo, aún sabiendo que estábamos cerca de la desesperación, la fuerza del grupo ha hecho subir ánimos, acompañar, aconsejar. De nuevo, comunidad.
Sobre las 16:30 llegábamos por fin al Centro de Cracovia, nuestra JMJ como tal había terminado (aunque aún nos quedan tres días en Polonia). He sentido cierta pena y melancolía en ese momento, para qué engañarnos. Pero una metáfora que pensaba ayer me ha ayudado a que se me pase pronto.
Mirad, mi sector en el Campus estaba justo detrás del altar, era imposible ver nada. Claro, muchos de nosotros nos desilusionamos, yo entre ellos. Pero solo hasta que vi una pantalla a lo lejos que por supuesto retransmitiría todos los actos. Y aquí viene la reflexión: por muy lejos de Dios que estemos, aún estando a sus espaldas, siempre habrá alguien que sea tu pantalla hacia Dios. Los jóvenes que hoy hemos sido enviados por el Papa a nuestros lugares de origen debemos ser esa pantalla de Dios para todas esas personas que aún no han encontrado su camino, no conocen a Dios, o directamente están a 'las espaldas' de Él. Bonito reto.
Para acabar, quiero compartir con vosotros el último pensamiento que he tenido en esta Jornada Mundial de la Juventud. Al ir caminando de vuelta a Cracovia he vuelto a observar el río de banderas que había, de miles de sitios diferentes. Lo llevaba viendo todos los días pero en fin, los tiempos de Dios son diferentes y ha querido que sea hoy cuando caiga en la cuenta de esto.
Me preguntaba al ver tanta bandera que por qué hay tantas divisiones y que al fin y al cabo lo único que hacemos al llevar estas banderas tan a gala es marcar las divisiones de los hombres. Es entonces cuando he comprendido realmente el por qué de tantas y tantas banderas: donde otros se empeñan en ver colores, fronteras, razas y diferencias, en definitiva banderas, y a separar en vez de unir, los jóvenes católicos del mundo hemos demostrado que no nos importa nada todas estas barreras impuestas por la locura humana. Llevamos nuestras banderas para demostrar que solo Cristo es capaz de reunir a dos millones de personas gritando a una misma voz. Llevamos nuestras banderas para mostrarle al mundo que sabemos caminar juntos respetando nuestras diferencias, nuestras culturas, nuestras razas, porque para nosotros solo Dios importa, y Dios nos une a todos como hermanos.
Éramos, dicen, casi tres millones de personas hoy en el Campus Misericordiae. Sinceramente, ¿alguién es capaz de decirme algún otro colectivo capaz de aglomerar tal cantidad de personas? Pues mirad, no, no lo hay, porque solo Dios es capaz de hacerlo. Para que luego digan que Dios está pasado de moda.
- Francisco Javier Garrido Hernández, peregrino de Cracovia 2016. @MJS_es

Multiplicación de los panes y los peces



Evangelio según San Mateo 14,13-21.

Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie.


Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.

Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: "Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos".

Pero Jesús les dijo: "No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos".

Ellos respondieron: "Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados".

"Tráiganmelos aquí", les dijo.

Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.

Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas.

Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.