jueves, 14 de abril de 2016

La Conferencia episcopal valora la exhortación 'Amoris laetitia' de Francisco.Carlos Osoro: "La Iglesia no condena a nadie para siempre"


No hay cambio de doctrina, pero ésta ya no puede aplicarse de la misma manera". Ésta es la frase con la que los cuatro expertos, convocados por la Conferencia episcopal española, resumieron la reciente exhortación postsinodal del Papa, 'Amoris laetitia'. Se trata de pasar de la Iglesia-aduana a la Iglesia-hospital de campaña, que, como explicó, el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, "no condena a nadie para siempre".
Presentación poliédrica de la exhortación papal en la sala de prensa de la CEE, presidida por el vicepresidente del episcopado, Carlos Osoro. Con expertos de reconocido prestigio, como el rector de la Universidad Comillas, padre Julio Martínez, el rector de la Universidad San Dámaso, Javier Prades, el profesor de la Pontificia de Salamanca, José Luis Segovia, y el profesor de Comillas, Pablo Guerrero.
Desde la perspectiva teológica, Javier Prades, alabó la fundamentación escriturística de la exhortación papal, lo que no le impide, a su juicio, "poner los pies en la tierra y acompañar con realismo". De dos formas, "apelando a las razones y a la hermosura de la familia" y valorando "la educación como un proceso".
En contra de lo que sostuvo recientemente el cardenal Burke, que aseguraba que el documento papal contiene meras afirmaciones personales sin valor magisterial, el rector de San Dámaso lo calificó, evidentemente, de "claro magisterio doctrinal" del Papa. O como subrayó el secretario del episcopado, José Maria Gil, "un magisterio luminoso sobre la familia, al que nos adherimos sin fisuras".
En este sentido, Carlos Osoro explicó que "ningún obispo se opone a la doctrina del Papa" y que la exhortación implica "un nuevo modo de actuar pastoralmente ante todas las situaciones", para lo que los propios pastores han de prepararse y, en ocasiones, cambiar de mentalidad y de forma de actuar.
Porque, como señaló, a preguntas de los informadores, el padre Julio Martínez, en referencia al reciente documento de los obispos de Alcalá y Getafe, "estos obispos tienen que recibir la exhortación postsinodal y armonizarse con lo que aquí se dice".
Sólo así se pueden adecuar a la "misericordia pastoral", que es, para el rector de Comillas, la clave de lectura de la 'Amoris laetitia'. Porque, para poner esta misericordia en marcha, como pide el Papa, hay que juntar "la espiritualidad, la pastoral y la moral". Eso significa, en concreto, que "no se pueden separar a puros e impuros, a buenos y malos" y que los pastores "tienen que tener los pies en la tierra".
A juicio de Julio Martínez, la Iglesia y las familias tienen que hacer un "mayor esfuerzo en la educación moral" en las situaciones concretas de la vida cotidiana. Con una clave fundamental: el respeto a la conciencia. "El Papa quiere que la moral ponga en el centro la conciencia, que como decía el cardenal Newman, es el vicario de Cristo".
Una nueva educación moral que, "desde el pleno respeto al magisterio no es incompatible con el debate" y con el reconocimiento de una moral basada en "las actitudes fundamentales", como explicó el rector jesuita.
El profesor de la Pontificia de Salamanca y vicario de pastoral social de Madrid, José Luis Segovia, insistió en que se trata de un texto "marcadamente pastoral", que "no contiene condenas ni concreciones jurídico-morales". Porque lo que el papa pretende es "acompañar, integrar, comprender y abrazar, especialmente a los que más sufren".
Se trata, a su juicio, de "superar el rigorismo doctrinal" y acercarse a la misericordia. Porque "la Iglesia es madre y maestra, por este orden, y sólo una Iglesia que ejerce de madre pueda encaminar a los fieles hacia la utopía creyente".
Por último, el profesor de Comillas, Pablo Guerrero, subrayó que "tenemos la suerte de tener un Papa que nos habla del amor, que es la entraña del Evangelio" y que nos invita a "retomar la ternura, la atención y el cuidado del más débil".
A su juicio, la exhortación "rezuma Evangelio", porque la familia es, precisamente, "escuela de Evangelio", con dos misiones: construir un buen nido y enseñar a volar. Sólo así, la Iglesia, como decía el padre Arrupe, "no dará respuestas de ayer a problemas del mañana".


(José M. Vidal)

El Papa en Sta. Marta: ‘La docilidad al Espíritu es fuente de alegría’

En la homilía de este jueves, el Santo Padre invita a rezar cada día al Señor con estas palabras: ‘Habla Señor, que tu siervo escucha’
(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- Es necesario ser dócil al Espíritu Santo y no mostrarle resistencia. Así lo ha asegurado el papa Francisco en la homilía de la misa matutina en Santa Marta. El Papa ha advertido sobre los que justifican tal resistencia con una “llamada fidelidad a la ley”. Y de este modo, ha invitado a todos los fieles a pedir la gracia de la docilidad al Espíritu Santo.
En la primera lectura de la liturgia del día, se narra el pasaje de Felipe que evangeliza al etíope, ministro de la reina Candace. De este modo, el Santo Padre ha tomado como referencia este episodio para hablar de la docilidad al Espíritu Santo.
El protagonista de este encuentro no es tanto Felipe ni el etíope, sino el Espíritu Santo, ha precisado. “Es Él quien hace las cosas. Está el Espíritu que hace nacer y crecer la Iglesia”, ha añadido.
Tal y como ha recordado el Pontífice, en los días pasados la Iglesia nos ha propuesto el drama de la resistencia al Espíritu: los corazones cerrados, duros, tontos, que resisten al Espíritu.  “Veíamos las cosas –la sanación del cojo hecha por Pedro y Juan en la Puerta del Templo; las palabras y las cosas grandes que hacía Estaban… — pero se quedaron cerrados a estos signos del Espíritu y han mostrado resistencia al Espíritu. Y buscaban justificar esta resistencia con una llamada fidelidad a la ley, es decir, a la lectura de la ley”.
Hoy –ha observado el Santo  Padre– la Iglesia nos propone lo opuesto: no la resistencia al Espíritu, sino la docilidad al Espíritu, que es precisamente la actitud del cristiano. “Ser dócil al Espíritu y esta docilidad hace que el Espíritu pueda actuar e ir adelante para construir la Iglesia”, ha exhortado.
Por otro lado ha aseverado que aquí estaba Felipe, “ocupado como todos los obispos y ese día seguramente tenía sus planes de trabajo”. Pero el Espíritu le dice que deje lo que tenía programado y vaya donde el etíope, “y él obedeció”. Y ha añadido que el Espíritu “trabaja en el corazón del etíope”, le ofrece “el don de la fe y este hombre sintió algo de nuevo en el corazón”. Finalmente pide ser bautizado, es dócil al Espíritu Santo.
Dos hombres –ha explicado el Papa– un evangelizador y uno que no sabía nada de Jesús, pero el Espíritu había sembrado la curiosidad sana y no esa curiosidad de los chismorreos. Al final el etíope sigue su camino con alegría, “la alegría del Espíritu, la docilidad al Espíritu”.
Así, ha asegurado que la docilidad al Espíritu es fuente de alegría. “Pero yo quiero hacer algo, esto… Pero siento que el Señor me pide otra cosa. ¡La alegría la encontraré allí, donde está la llamada del Espíritu!”, ha exclamado el Obispo de Roma en su homilía.
A continuación, el Santo Padre ha indicado que un bonita oración para pedir esta docilidad se encuentra en el Primer Libro de Samuel, la oración que el sacerdote Elías sugiere al joven, que por la noche escucha una voz que lo llamaba: “Habla Señor, que tu siervo escucha”.
Para concluir ha indicado el Papa que esta es una bonita oración que podemos hacer nosotros, siempre: Habla Señor, porque yo escucho.
La oración para pedir esa docilidad al Espíritu Santo y con esta docilidad llevar adelante la Iglesia, ser instrumento del Espíritu para que la Iglesia pueda ir adelante. El Santo Padre ha sugerido hacer esta oración varias veces al día. “Cuando tengamos una duda, cuando no sabemos o cuando simplemente queramos rezar. Y con esta oración pidamos la gracia de la docilidad del Espíritu Santo”, ha indicado.

BENDITO SEA EL SEÑOR, QUE NO RECHAZA MI SÚPLICA

Del Salmo 65:

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus alabanzas,
porque Él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran nuestros pies.

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios

Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a Él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua.

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios

Bendito sea Dios,
que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor.

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios

Comentario del santo Evangelio según san Juan 6, 44-51 por el Papa francisco


«Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

(…) Jesús dijo: «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día» (Jn 6, 54). El estupor de los que lo escuchan es comprensible; Jesús, de hecho, usa el estilo típico de los profetas para provocar en la gente —y también en nosotros— preguntas y, al final, suscitar una decisión. 

Antes que nada las preguntas: ¿qué significa «comer la carne y beber la sangre» de Jesús? ¿es sólo una imagen, una forma de decir, un símbolo, o indica algo real? Para responder, es necesario intuir qué sucede en el corazón de Jesús mientras parte el pan para la muchedumbre hambrienta. 

Sabiendo que deberá morir en la cruz por nosotros, Jesús se identifica con ese pan partido y compartido, y eso se convierte para Él en «signo» del Sacrificio que le espera. Este proceso tiene su culmen en la Última Cena, donde el pan y el vino se convierten realmente en su Cuerpo y en su Sangre. Es la Eucaristía, que Jesús nos deja con una finalidad precisa: que nosotros podamos convertirnos en una sola una cosa con Él. 

De hecho dice: «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él» (v. 56). Ese «habitar»: Jesús en nosotros y nosotros en Jesús. La comunión es asimilación: comiéndole a Él, nos hacemos como Él. Pero esto requiere nuestro «sí», nuestra adhesión de fe.

A veces, se escucha esta objeción sobre la Santa Misa : «Pero, ¿para qué sirve la Misa? Yo voy a la iglesia cuando me apetece, y rezo mejor en soledad». Pero la Eucaristía no es una oración privada o una bonita experiencia espiritual, no es una simple conmemoración de lo que Jesús hizo en la Última Cena. 
Nosotros decimos, para entender bien, que la Eucaristía es «memorial», o sea, un gesto que actualiza y hace presente el evento de la muerte y resurrección de Jesús: el pan es realmente su Cuerpo donado por nosotros, el vino es realmente su Sangre derramada por nosotros. La Eucaristía es Jesús mismo que se dona por entero a nosotros. 

Nutrirnos de Él y vivir en Él mediante la Comunión eucarística, si lo hacemos con fe, transforma nuestra vida, la transforma en un don a Dios y a los hermanos. Nutrirnos de ese «Pan de vida» significa entrar en sintonía con el corazón de Cristo, asimilar sus elecciones, sus pensamientos, sus comportamientos. Significa entrar en un dinamismo de amor y convertirse en personas de paz, personas de perdón, de reconciliación, de compartir solidario. Lo mismo que hizo Jesús.

Jesús concluye su discurso con estas palabras: «El que come este pan vivirá para siempre» (Jn 6, 58). Sí, vivir en comunión real con Jesús en esta tierra, nos hace pasar de la muerte a la vida. El Cielo comienza precisamente en esta comunión con Jesús».

(Papa Francisco, Ángelus del 16 de agosto de 2015)

EL QUE CREE TIENE VIDA ETERNA


Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 44-51

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: – «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. 

Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios." Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. 

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. 

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

miércoles, 13 de abril de 2016

YO QUIERO MISERICORDIA”: LA LEALTAD DE UN CORAZÓN QUE SE ARREPIENTE Y VUELVE A SER FIEL A DIOS


«Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hemos escuchado el Evangelio de la llamada de Mateo. Mateo era un “publicano”, es decir un cobrador de impuestos por parte del imperio romano, y por esto, considerado un pecador público. Pero Jesús lo llama a seguirlo y a convertirse en su discípulo.
Mateo acepta, y lo invita a cena en su casa junto a los discípulos. (...)


Llamando a Mateo, Jesús muestra a los pecadores que no mira su pasado, a la condición social, a las convenciones exteriores, sino que más bien les abre un futuro nuevo. Una vez escuché un dicho hermoso: “no hay santo sin pasado y no hay pecador sin futuro”. Es bello esto. Esto es lo que hace Jesús. “No hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro”.

Basta responder a la invitación con corazón humilde y sincero. La Iglesia no es una comunidad de perfectos, sino de discípulos en camino, que siguen al Señor porque se reconocen pecadores y necesitados de su perdón. La vida cristiana, entonces, es escuela de humildad que se abre a la gracia.

Un comportamiento tal no es comprendido por quien tiene la presunción de creerse “justo” y creerse mejor que los otros. Soberbia y orgullo no permiten reconocerse necesitados de salvación, más bien, impiden ver el rostro misericordioso de Dios y de actuar con misericordia. Son un muro. La soberbia, el orgullo son un muro que impiden la relación con Dios.

Y sin embargo, la misión de Jesús es propio esta: ir en búsqueda de cada uno de nosotros, para sanar nuestras heridas y llamarnos a seguirlo con amor. Lo dice claramente: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos» (v.12). ¡Jesús se presenta como un buen médico! 

Él anuncia el Reino de Dios, y los signos de su venida son evidentes: Él sana las enfermedades, libera del miedo, de la muerte y del demonio. Frente a Jesús ningún pecador es excluido, porque el poder curador de Dios no conoce enfermedad que no pueda ser curada. Y esto nos debe dar confianza y abrir nuestro corazón al Señor para que venga y nos cure. (...)

Llamando a los pecadores a su mesa, Él los cura restableciéndolos en aquella vocación que ellos creían perdida y que los fariseos han olvidado: aquella de los invitados al banquete de Dios. Según la profecía de Isaías: «El Señor de los ejércitos ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña un banquete de manjares suculentos, un banquete de vinos añejados, de manjares suculentos, sustanciosos, de vinos añejados, decantados. Y se dirá en aquel día: Ahí está nuestro Dios, de quien esperábamos la salvación: es el Señor, en quien nosotros esperábamos; ¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación!». (25, 6.9). Así dice Isaías.

Si los fariseos ven en los invitados sólo pecadores y rechazan sentarse con ellos, Jesús por el contrario les recuerda que también ellos son comensales de Dios. De este modo, sentarse en la mesa con Jesús significa ser transformados por Él y salvados.

En la comunidad cristiana la mesa de Jesús es doble: está la mesa de la Palabra y la mesa de la Eucaristía (cfr Dei Verbum, 21). Son estas las medicinas con las cuales el Médico Divino nos cura y nos nutre. Con la primera -la Palabra- Él se revela y nos invita a un diálogo entre amigos. Jesús no tenía miedo de dialogar con los publicanos, los pecadores, las prostitutas, Él no tenía miedo, amaba a todos.

Su Palabra nos penetra y, como un bisturí, actúa profundamente para liberarnos del mal que se anida en nuestra vida. A veces esta Palabra es dolorosa porque incide sobre hipocresías, desenmascara las falsas escusas, mete al desnudo las verdades escondidas; pero al mismo tiempo ilumina y purifica, da fuerza y esperanza, es un reconstituyente valioso en nuestro camino de fe.

La Eucaristía, por su parte, nos nutre de la vida misma de Jesús y, como un poderoso remedio, renueva en modo misterioso continuamente la gracia de nuestro Bautismo. Acercándose a la Eucaristía nosotros nos nutrimos del Cuerpo y la Sangre de Jesús, y sin embargo, viniendo a nosotros, ¡es Jesús que nos une a su Cuerpo!

Concluyendo aquel diálogo con los fariseos, Jesús les recuerda una palabra del profeta Oseas (6,6): «Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios» (Mt 9,13). 
(...) El profeta insiste: “Yo quiero misericordia”, es decir la lealtad de un corazón que reconoce los propios pecados, que se arrepiente y vuelve a ser fiel a la alianza con Dios, “y no sacrificios”: ¡sin un corazón arrepentido cada acción religiosa es ineficaz!

Jesús aplica esta frase profética también a las relaciones humanas: aquellos fariseos era muy religiosos en la forma, pero (...) no reconocían la posibilidad de un arrepentimiento y por eso, de una curación; no colocan en primer lugar la misericordia: siendo fieles custodios de la Ley, ¡demostraban no conocer el corazón de Dios! (...)



Queridos hermanos y hermanas, todos nosotros estamos invitados a la mesa del Señor. Hagamos nuestra la invitación de sentarnos al lado de Él junto a sus discípulos. Aprendamos a mirar con misericordia y a reconocer en cada uno de ellos un comensal. Somos todos discípulos que tienen necesidad de experimentar y vivir la palabra consoladora de Jesús. Tenemos todos necesidad de nutrirnos de la misericordia de Dios, porque es de esta fuente que brota nuestra salvación».
(Traducción del italiano por Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).

¡ALABA AL SEÑOR, TIERRA ENTERA!



Del Salmo 65:

Aclama al Señor, tierra entera

Aclama al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su Nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué terribles son tus obras!»


Aclama al Señor, tierra entera

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu Nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres.


Aclama al Señor, tierra entera

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna enteramente.


Aclama al Señor, tierra entera

«DE LA ENCARNACIÓN DEL VERBO»


El Verbo de Dios, incorpóreo, incorruptible e inmaterial vino a nuestro mundo, aunque tampoco antes se hallaba lejos, pues nunca parte alguna del universo se hallaba vacía de él, sino que lo llenaba todo en todas partes, ya que está junto a su Padre.

Pero él vino por su benignidad hacia nosotros, y en cuanto se nos hizo visible. [...] Tomó para sí un cuerpo como el nuestro, ya que no se contentó con habitar en un cuerpo ni tampoco en hacerse simplemente visible. En efecto, si tan solo hubiese pretendido hacerse visible, hubiera podido ciertamente asumir un cuerpo más excelente; pero él tomó nuestro mismo cuerpo.

En el seno de la Virgen, se construyó un templo, es decir, su cuerpo, y lo hizo su propio instrumento, en el que había de darse a conocer y habitar; de este modo, habiendo tomado un cuerpo semejante al de cualquiera de nosotros, ya que todos estaban sujetos a la corrupción de la muerte, lo entregó a la muerte por todos, ofreciéndolo al Padre con un amor sin límites; con ello, al morir en su persona todos los hombres, quedó sin vigor la ley de la corrupción que afectaba a todos, ya que agotó toda la eficacia de la muerte en el cuerpo del Señor; y así ya no le quedó fuerza alguna para ensañarse con los demás hombres, semejantes a él; con ello, también hizo de nuevo incorruptibles a los hombres, que habían caído en la corrupción, y los llamó de muerte a vida, consumiendo totalmente en ellos la muerte, con el cuerpo que había asumido y con el poder de su resurrección, del mismo modo que la paja es consumida por el fuego. [...]

La corrupción de la muerte no tiene ya poder alguno sobre los hombres, gracias al Verbo, que habita entre ellos por su encarnación.

De los sermones de san Atanasio, obispo

JESÚS ES EL PAN DE VIDA

Evangelio según San Juan 6,35-40.

Jesús dijo a la gente: "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.

Pero ya les he dicho: ustedes me han visto y sin embargo no creen.

Todo lo que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí yo no lo rechazaré, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la de Aquél que me envió.

La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que Él me dio, sino que lo resucite en el último día.

Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en Él, tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día".

martes, 12 de abril de 2016

Dos persecuciones - Misa en Santa Marta

Son dos las persecuciones contra los cristianos: una es la «explícita», y el recuerdo de la Papa se dirigió a los mártires asesinados en Pascua en Pakistán, y la otra la «educada, disfrazada de cultura, modernidad y progreso» que termina por quitarle al hombre la libertad y también el derecho a la objeción de conciencia. Pero precisamente en el sufrimiento de las persecuciones el cristiano sabe que tiene siempre al lado al Señor, aludió Francisco durante la misa celebrada el martes 12 de abril por la mañana en la capilla de la Casa Santa Marta.
Para su meditación, el Pontífice se basó en la primera lectura (Hechos de los apóstoles 7, 51 - 8, 1). «Hemos escuchado —explicó— el martirio de Esteban: la tradición de la Iglesia lo llama el protomártir, el primer mártir de la comunidad cristiana». Sin embargo, «antes que él había habido pequeños mártires que, sin hablar pero con la vida, habían sido perseguidos por Herodes». Y «desde ese momento hasta la actualidad existen mártires en la Iglesia, ¡ha habido y hay!». Y «son hombres y mujeres perseguidos sólo por confesar y decir que Jesucristo es el Señor, pero ¡esto está prohibido!». Es más, esta confesión «provoca —en algunos momentos de la historia, en algunos lugares— la persecución».
«Es lo que aparece claramente —afirmó Papa— en el pasaje de los Hechos de los Apóstoles que leeremos mañana: después del martirio de Esteban se desencadenó una gran persecución en Jerusalén». Entonces «todos los cristianos huyeron, sólo los apóstoles se quedaron». Y, añadió, «la persecución —yo diría— es el pan de cada día de la Iglesia: por otra parte ya lo dijo Jesús».
«Nosotros cuando hacemos un poco de turismo por Roma, y vamos al Coliseo, pensamos que los mártires fueron los asesinados por los leones», prosiguió el Pontífice. Pero «los mártires no fueron sólo esos». En realidad los mártires «son hombres y mujeres de todos los días: hoy, el día de Pascua, hace sólo tres semanas». Francisco se refirió a «los cristianos que celebraban la Pascua en Pakistán: fueron martirizados sólo por celebrar el Cristo resucitado». Y «de esta forma la historia de la Iglesia sigue adelante con sus mártires». Puesto que «la Iglesia es la comunidad de creyentes, la comunidad de los confesores, de los que confiesan que Jesús es Cristo: es la comunidad de mártires».

«La persecución —observó el Papa— es una de las características, de los rasgos en la Iglesia, e impregna toda su historia» Y «la persecución es cruel, como la de Esteban, como la de nuestros hermanos pakistaníes hace tres semanas». Sí, cruel «como la que hacía Saulo que estaba presente en la muerte de Esteban, del mártir Esteban: iba, entraba en las casas, tomaba a los cristianos y los llevaba para ser juzgados».
Hay, sin embargo, advirtió Francisco, «otra persecución de la que no se habla tanto». La primera forma de persecución «se debe a confesar el nombre de Cristo» y por lo tanto es «una persecución explícita, clara». Pero la otra persecución «se presenta disfrazada como cultura, disfrazada de cultura, disfrazada de modernidad, disfrazada de progreso: es una persecución —yo diría un poco irónicamente— educada». Se reconoce «cuando el hombre es perseguido no por confesar el nombre de Cristo, sino por querer tener y manifestar los valores del hijo de Dios». Por lo tanto, es «una persecución contra Dios Creador en la persona de sus hijos».
Y así «vemos todos los días que los potencias hacen leyes que obligan a ir por este camino y una nación que no sigue estas leyes modernas, cultas o al menos que no quiera tenerlas en su legislación, es acusada, es perseguida educadamente». Es «la persecución que le quita al hombre la libertad, ¡también la de la objeción de conciencia! Dios nos ha hecho libres, pero ¡esta persecución te quita la libertad! Y si tú no lo haces, serás castigado: perderás el trabajo y muchas cosas o serás dejado de lado».
«Esta es la persecución del mundo», insistió el Pontífice. Y «esta persecución también tiene un jefe». En la persecución de Esteban «los jefes eran los doctores de la letra, los doctores de la ley y los sumos sacerdotes». En cambio, «el jefe de la persecución educada, Jesús lo llamó: el príncipe de este mundo». Se puede ver «cuando las potencias quieren imponer actitudes, leyes contra la dignidad del Hijo de Dios, persiguen a estos y van contra el Creador Dios: es la gran apostasía». Así «la vida de los cristianos sigue adelante con estas dos persecuciones». Pero también con la certeza de que «el Señor nos ha prometido que no se aleja de nosotros: “¡Tened cuidado, tenes cuidado! No caed en el espíritu del mundo. ¡Tened cuidado! Pero id adelante, Yo estaré con vosotros”».
En conclusión, Francisco pidió al Señor en la oración, «la gracia de entender que el camino del cristiano siempre va adelante en medio de dos persecuciones: el cristiano es un mártir, es decir, un testigo, uno que debe dar testimonio del Cristo que nos ha salvado». Se trata de «dar testimonio de Dios Padre, que nos ha creado, en el camino de la vida». En este camino el cristiano «muchas veces tiene que sufrir: esto trae mucho sufrimiento». Sin embargo, «así es nuestra vida: Jesús siempre a nuestro lado, con el consuelo del Espíritu Santo». Y «¡esa es nuestra fuerza!».

LA IGLESIA ESTÁ FUNDADA SOBRE LA PIEDRA QUE CONFESÓ PEDRO



Cristo dijo al apóstol Pedro: «Te daré las llaves del reino de los cielos, lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo», Pedro en aquel momento representaba a toda la Iglesia, que en este mundo es azotada por diversas tentaciones, como si fuesen lluvias, ríos, tempestades, pero que no cae, porque está fundamentada sobre la piedra, término de donde le viene el nombre a Pedro.

Y el Señor dice: Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, porque Pedro había dicho: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. «Sobre esta piedra que tú has confesado edificaré mi Iglesia.» Porque la piedra era Cristo, él es el cimiento sobre el cual el mismo Pedro ha sido edificado, pues nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo.

La Iglesia, que está fundamentada en Cristo, ha recibido en la persona de Pedro las llaves del reino de los cielos, es decir, el poder de perdonar y retener los pecados. La Iglesia, amando y siguiendo a Cristo, se libra de los males. Pero a Cristo le siguen más de cerca aquellos que luchan por la verdad hasta la muerte.

SEÑOR, HAZ BRILLAR TU ROSTRO SOBRE MI


Del Salmo 30:

 A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu Nombre dirígeme y guíame.

A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

A tus manos encomiendo mi espíritu:
Tú, el Dios leal, me librarás;
yo confío en el Señor.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.

A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

Haz brillar tu Rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas.

A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

No fue Moisés, sino que es mi Padre el que da el verdadero pan del cielo


Evangelio según San Juan 6,30-35. 

La gente dijo a Jesús: "¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? 

Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo". 

Jesús respondió:
 
"Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo;  porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo". 

Ellos le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". 

Jesús les respondió: 
"Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. 

lunes, 11 de abril de 2016

¿Qué se le ha perdido al Papa en Lesbos? "Quiere despertar a una ciudadanía europea indiferente, abotargada y dormida"

En esta misma tribuna, hace unas semanas, decíamos que al Papa Francisco no le habían dejado ir a Idomeni. Y probablemente fuera así, sin embargo al final se ha salido con la suya. Viajará a Lesbos, la puerta de entrada más importante de inmigrantes y refugiados a Europa. Lo lleva en el corazón. Es superior a él. En cuanto ha podido, y le han dejado, ha cogido el avión. Estoy convencido que la Secretaría de Estado temblará en estos momentos. Este Papa se lo pone difícil a los diplomáticos y marrulleros.
Pero, realmente, qué se le ha perdido al Papa en Lesbos. Nada. Pero a Europa sí. Y el Papa va a Lesbos a gritar, una vez más: ¡Verguenza! ¡Verguenza! como lo hizo en Lampedusa. Su discurso será, sin duda contundente, contra la política comunitaria en relación con los inmigrantes y refugiados. Europa está perdiendo los valores históricos, que la caracterizaron.
El Papa Francisco viaja a Lesbos para esto: "Nuestra tarea es amonestar a quien se equivoca, denunciando la maldad y la injusticia de ciertos comportamientos, con el fin de liberar a las víctimas y de levantar al caído. El evangelio de Juan nos recuerda que «la verdad os hará libres» (Jn 8,32). Esta verdad es, en definitiva, Cristo mismo, cuya dulce misericordia es el modelo para nuestro modo de anunciar la verdad y condenar la injusticia. Nuestra primordial tarea es afirmar la verdad con amor (cf. Ef 4,15)...". ( MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA 50 JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES, 24 enero 2016)
La mayoría de los países europeos es un conglomerado de pueblos, que poco a poco desde las diferencias, han ido integrándose, y dando lugar a las distintas nacionalidades. La inmigración externa e interna ha conformado, de manera más o menos armoniosa, las naciones europeas. Como ejemplo, sólo hay que ver las selecciones de fútbol de los distintos países o en Francia, la presidencia del gobierno o la alcaldía de París, ocupadas por dos personas de origen español. ¡Ah! pero esos son inmigrantes de lujo. Los de Lesbos son miseria y compañía. No es cierto son personas que tenían su vida resuelta hasta que llegaron las malditas guerras. ¿Nos gustaría que nos hubiera pasado a nosotros?
En una palabra, a Europa el término solidaridad se le está olvidando. De las promesas ha pasado a un comportamiento humillante y agresivo. Primero íbamos a acoger miles en cada país, luego cuotas, al final agua de borrajas. Estas personas que llegan a Lesbos son víctimas de un problema creado también por europeos y americanos. No lo olvidemos. Y las armas, que manejan los unos y los otros, han sido fabricadas en Europa y Estados Unidos. Las bombas que provocan la salida de esos seres humanos de sus países son nuestras. Y el negocio de la muerte lo hemos hecho nosotros.
En la época de la globalización, en la que viajar es algo muy sencillo, las personas podemos admirar las bellezas de la naturaleza y las realizaciones de los hombres a lo largo y ancho de este mundo. Pero, al final, después de un viaje agotador, nos gusta regresar al calor del hogar, a nuestra casa. Allí en donde tenemos nuestras raíces, nuestra familia, nuestro mundo, porque es donde mejor nos encontramos. Esas personas dejan todo eso para lanzarse a una peligrosa aventura, mediatizada por las mafias, y al llegar a la primera etapa se encuentran con las puertas cerradas y la hostilidad de los gobiernos. Y han dejado su tierra, porque no tiene más remedio. La mayoría llegan con sus hijos y lo puesto, en busca de esperanza.
El Papa Francisco viaja a Lesbos para recordarnos a todos nuestra responsabilidad en relación con estos hermanos que sufren. Europa, la sede de la fraternidad y de la libertad, niega su suelo a quienes se han quedado sin nada. Los inmigrantes y refugiados se han convertido en mercancía barata de negociación. Y los hemos vendido a precio de saldo a Turquía.

Lo claro es que, el Papa, aprovecha su simbolismo, e implica a la Iglesia ortodoxa, para clamar contra esas políticas europeas excluyentes e irresponsables. Ecumenismo práctico. La caridad une, aunque la historia y la teología nos separe. El Papa Francisco quiere despertar a una ciudadanía europea indiferente, abotargada y dormida. No podemos inhibirnos ante el sufrimiento de miles de hermanos y hermanas, que vagan por Europa y América en busca de una oportunidad de vida. Escuchemos el mensaje del Papa Francisco y apreciemos su gesto: "La comunicación, sus lugares y sus instrumentos han traído consigo un alargamiento de los horizontes para muchas personas. Esto es un don de Dios, y es también una gran responsabilidad. Me gusta definir este poder de la comunicación como «proximidad». El encuentro entre la comunicación y la misericordia es fecundo en la medida en que genera una proximidad que se hace cargo, consuela, cura, acompaña y celebra. En un mundo dividido, fragmentado, polarizado, comunicar con misericordia significa contribuir a la buena, libre y solidaria cercanía entre los hijos de Dios y los hermanos en humanidad". (MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA 50 JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES, 24 enero 2016)
(José Luis Ferrando)

Aferrados a la letra - Misa en Santa Marta

Para Jesús, lo que cuenta es la vida de las personas y no un esquema de leyes y palabras: la muerte de Esteban y Juana de Arco, la muerte de muchos otros inocentes en la historia e incluso el suicidio de Judas recuerdan el mal que puede hacer «un corazón cerrado a la palabra de Dios» hasta el punto de utilizarla contra la verdad. Lo dijo el Papa durante la misa celebrada el lunes 11 de abril por la mañana, en la capilla de la Casa Santa Marta.
En la primera lectura, tomada de los Hechos de los apóstoles (6, 8-15), explicó Francisco, «la Iglesia nos hace escuchar el pasaje del discurso de Esteban, y del juicio» contra él. «Algunos de los doctores de la ley, doctores de la letra, se levantaron para discutir con Esteban —recordó el Papa—, pero no pudieron resistir a la sabiduría y al espíritu con que hablaba». De hecho, «Esteban había sido ungido por el Espíritu Santo y tenía la sabiduría del Espíritu Santo, y hablaba con esa fuerza, con esa sabiduría, la misma que tenía Jesús; pero Él era Dios, que hablaba con la autoridad, la autoridad que viene de Dios, la autoridad que viene del Espíritu Santo».
No pudiendo hacer nada contra él, prosiguió Francisco, esas personas que estaban en la sinagoga «instigaron a algunos para que» lo acusasen injustamente de haber pronunciado «palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios». No siendo capaces de «dialogar con él y abrir el corazón a la verdad», «rápidamente tomaron el camino de la calumnia». Los Hechos relatan que Esteban fue capturado y llevado ante el Sanedrín y que también se presentaron testigos falsos para acusarlo.
La historia de Esteban, señaló el Papa, es significativa: «El corazón cerrado a la verdad de Dios se aferra solamente a la verdad de la ley, de la letra —más que a la ley, a la letra— y no encuentra otra salida que la mentira, el falso testimonio y la muerte». Precisamente «Jesús había reprendido esta actitud, ya que con los profetas, en el Antiguo Testamento, había sucedido lo mismo». Tanto es así que «Jesús había dicho» a esas personas «que sus padres habían matado a los profetas “y vosotros hacéis los monumentos, los sepulcros”» Sin embargo, su «respuesta es más que hipócrita, es cínica: “Si hubiéramos vivido en los tiempos de nuestros padres, no hubiéramos hecho lo mismo”». Y «así se lavan las manos y ante sí mismos se juzgan puros». Pero, «el corazón está cerrado a la palabra de Dios, está cerrado a la verdad, está cerrado al mensajero de Dios que trae la profecía para hacer que el pueblo de Dios siga hacia adelante».
«Me duele —confesó Francisco— leer ese breve pasaje del Evangelio de Mateo, cuando Judas arrepentido va a los sacerdotes y les dice: “he pecado”, y quiere dar ... y da las monedas». Pero ellos le contestan: «¡Qué nos importa! ¡Tú verás!». Tienen «un corazón cerrado ante este pobre hombre arrepentido que no sabía qué hacer». Ellos le dicen: «Tú veras». Y así Judas «fue y se ahorcó».
Y «¿qué es lo que hacen cuando Judas va a colgarse? Hablan y dicen: “pero, pobre hombre ...”». Y, a continuación, refiriéndose a los treinta denarios añaden, «son precio de sangre, no pueden entrar en el templo». En esencia son «son los doctores de la letra», y así siguen «tal y tal y tal regla ...».
A ellos, destacó el Papa, «no les importa la vida de una persona, no les importa el arrepentimiento de Judas: el Evangelio dice que regresó arrepentido». A ellos «les importa sólo su esquema de leyes y las muchas palabras y muchas cosas que han construido». «Esta es la dureza de sus corazones, la insensatez del corazón de esta gente, que dado que no podía resistir la verdad de Esteban va a buscar evidencias y testigos falsos para juzgarlo: la suerte de Esteban está marcada como la de los profetas como la de Jesús».
Y esta forma de hacer «se repetirá» en el tiempo, dijo Francisco recordando que «no sólo sucedió en los primeros tiempos de la Iglesia». Por otra parte, señaló, «la historia nos habla de mucha gente que fue asesinada, juzgada, a pesar de que era inocente: juzgada con la palabra de Dios contra la palabra de Dios». El Papa se refirió «a la caza de brujas o a santa Juana de Arco», y también «a muchos otros que fueron quemados, condenados porque no se «ajustaron», según los jueces, a la palabra de Dios».
Es «el modelo de Jesús —concluyó el Pontífice— que, por ser fiel y haber obedecido la palabra del Padre, termina en la cruz». Francisco volvió a proponer la imagen de la gran ternura de Jesús que les dijo a los discípulos de Emaús : «Insensatos y tardos de corazón». Al Señor, concluyó, «pidámosle que, con la misma ternura, mire las pequeños o grandes insensateces de nuestro corazón y nos acaricie» diciéndonos «“insensato y tardo de corazón” y comience a explicarnos las cosas».