martes, 8 de marzo de 2016

Padre, me abandono en tus manos

Padre, me abandono en tus manos,
el abandonarse es un compromiso solo con
y en la madurez de Cristo Jesús.

Es un dejarse ir.
es una ruptura con las cuerdas por las cuales
uno manipula, controla, administra,
la fuerza de la propia vida.
El abandonarse es no manejar nada,
no esperar nada,
el abandonarse es recibir todas las cosas
de manera en que uno recibe un regalo
con las manos abiertas,
y el corazón abierto.
El abandonarse es ser dirigido,
no por las necesidades humanas, sino por Dios,
el abandonarse es más que un compromiso,
es no hacer nada para Dios, sino dejar que
todo sea hecho por Dios.

El abandonarse se hace solamente en la
esperanza de que la vida de Dios rodee
todas las cosas,
de que venga su Reino,
de que su voluntad sea cumplida.


Publicado por Reflejos de Luz Pastoral 

El arzobispo de Madrid apunta "la necesidad de otro idioma, el del corazón".Juan José Omella: "No podemos quedarnos tranquilos hasta que la última persona salga de la pobreza"


El arzobispo de Barcelona clausuró, junto a Carlos Osoro, el mes solidario en la parroquia de El Pilar

El arzobispo de Barcelona, monseñor Juan José Omella, clausuró este lunes por la tarde el mes solidario de la parroquia Nuestra Señora del Pilar. Tras la celebración de la Eucaristía, impartió una conferencia sobre la instrucción pastoral Iglesia servidora de los pobres. Aunque el prelado reconoció que quizá se había tardado en hacer un diagnóstico público de la crisis, destacó que muchos obispos sí llevaban mucho tiempo tratando el tema, fundamentalmente en sus cartas pastorales, y puso en valor la labor que siempre han realizado instituciones de Iglesia como Cáritas o Manos Unidas en favor de los más necesitados.
Hoy, según resaltó, vivimos «una crisis económica y de valores» y «no podemos quedarnos tranquilos hasta que la última persona salga de la pobreza». Tenemos que aprender a «mirar con los ojos de Dios» y no como «un sociólogo», para ver los «rostros» de cada persona en vez de números. «O la economía se reestructura en torno a la persona o volveremos a caer en otra crisis», abundó en otro momento de su intervención.
De acuerdo con la citada instrucción pastoral, lograrlo pasa por «una conversión de cada uno para no dejarnos atrapar por esta sociedad tan materialista» y por «mayor colaboración entre todos», que nos lleve a un «gran pacto social contra la pobreza». Los creyentes, según explicó monseñor Omella, tenemos que jugar un papel destacado en este cambio porque, si tenemos presente «el mensaje de Jesús», no solo estamos llamados a evangelizar a través de la liturgia o las catequesis, sino «también a través del compromiso social desde el Evangelio».
En este sentido, recordó la primera campaña de Manos Unidas, que tenía por lemaHambre de pan, hambre de cultura, hambre de Dios y sintetiza muy bien la idea de que los católicos debemos estar al lado de los últimos procurándoles alimento y ayuda, pero también mostrándoles a Dios. El Papa Francisco -al que la gente admira «no tanto por lo que dice sino por lo que hace»- le de Error Se ha producido un error al procesar el fichero jó muy clara esta doble tarea en una visita ad limina. En ella detalló que, siendo arzobispo de Buenos Aires, una señora le contó emocionada cuanta ayuda le había dado Cáritas pero lamentó que, cuando tenía «hambre de Dios», tuvo que acudir a los protestantes. No se trata de hacer «proselitismo», sino de lograr «que vean que estamos ahí por servicio al Señor», subrayó monseñor Omella.
El arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, siguió con interés la conferencia y a la conclusión de la misma tuvo unas palabras de agradecimiento para el arzobispo de Barcelona por mostrar «la necesidad de otro idioma: el del corazón que nos acerca a todos». «Él es experto», apostilló.
 (Archimadrid)

Felices las mujeres…Vivir con la solidaridad por bandera


Felices las mujeres que se dejan seducir por los sueños, que tienen la sensibilidad, la fortaleza y el ánimo a flor de piel, que disfrutan creando, poniéndose hermosas para salir de fiesta, divirtiéndose, aprendiendo, compartiendo, amando.
Felices las mujeres que intentan crecer en humanidad, que se esfuerzan por alcanzar nuevas metas personales, de formación, profesionales, optando por la cooperación con todos y todas y rechazando, en este empeño, el seguir las pautas competitivas que la sociedad patriarcal impone.
Felices las mujeres que se sienten plenas desde su hondón personal; que necesitan vivir con la solidaridad por bandera, para poder sentirse una parte activa de la humanidad; que gritan y se enfurecen contra cualquier abuso de poder; que caminan erguidas, dichosas de ser como son.
Felices las mujeres que se sienten a gusto con su propio cuerpo, que no se agobian cuando suben de talla, que se sienten orgullosas de la edad que tienen, que les gusta lo que ven cada vez que se miran al espejo.
Felices las mujeres que llevan a cabo las actividades con las que más se realizan personalmente, que disfrutan del camino que recorren cada día, que se encuentran contentas cuando están en casa, en el trabajo o tomando una copa con los amigos.
Felices las mujeres que tienen verdaderos amigos y amigas con las que poder compartir todo lo que les pasa en la vida, las dificultades cotidianas, las lágrimas amargas, las alegrías y las esperanzas, los momentos de satisfacción y de tristeza.
Felices las mujeres que se comprometen por conseguir los derechos negados y la dignidad de todas las mujeres del mundo, en especial de las más oprimidas y excluidas; contra la violencia y los asesinatos machistas; para poner su granito de arena en la construcción de una sociedad más justa, igualitaria y fraterna.
Felices las mujeres que son fértiles siempre que dan a luz una más honda amistad; cuando crean alternativas; cuando son fieles a sus principios y creencias; cuando generan vida de cualquier forma a su alrededor: con la justicia, el amor, la cercanía; cuando alumbran semillas de liberación para sí mismas, para sus compañeras de camino y luchas, para los hombres, para la sociedad.
Felices las mujeres que tienen a su lado hombres que luchan con ellas contra el machismo, por la igualdad de derechos, que sienten y lloran ante sus sufrimientos y se alegran y festejan sus victorias con las sonrisas que iluminan su horizonte común, compartido.


(Miguel Ángel Mesa Bouzas)

El arzobispo de Santiago defiende un "feminismo cristiano".Reconocer su dignidad, también en la Iglesia

"Las lamentables situaciones de violencia exigen justicia"

El arzobispo de Santiago de Compostela,Julián Barrio, considera "importante poder hablar de un feminismo cristiano para presentar los principios en los que se fundamenta esta causa", en el día de la celebración mañana del Día internacional de la Mujer.

En una carta pastoral divulgada hoy, Barrio reconoce que hay una situación de discriminación y opina que es una "buena ocasión para reflexionar sobre qué estamos haciendo individual y colectivamente para que la mujer sea estimada en igualdad real con el hombre".

En su carta, ejemplifica los casos de "mayor paro entre las mujeres que entre los hombres; jóvenes obligadas a dejar en edad temprana sus estudios; dificultades mayores para acceder a puestos de trabajo; imposibilidad de conciliar la vida familiar y laboral; cuando no lamentables situaciones de violencia o de abusos que escandalizan, exigen justicia y necesitan sanación".

Barrio no evoca en ningún momento la discriminación de la mujer en el seno de la Iglesia católica, pero dice que un "reconocimiento de la dignidad de la mujer" constituiría "el primer paso a dar para promover su plena participación tanto en la vida eclesial como en la social y pública".

(RD/EP)

En el Día Internacional de la Mujer, reclama un diálogo riguroso para promover el desarrollo. Manos Unidas denuncia la "feminización de la pobreza, la desigualdad y la exclusión"

La igualdad entre hombres y mujeres es una condición indispensable para acabar con el hambre
Este 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer; Manos Unidas aprovecha esta jornada para denunciar que la feminización de la pobreza, de la desigualdad y de la exclusión, sigue siendo una constante en el mundo.
Manos Unidas manifiesta que los problemas relacionados con la salud, la atención médica y sanitaria, la educación, la formación profesional, la legislación vigente, las costumbres, la violencia, los conflicto armados etc., así como la participación activa de la mujer en la vida social y en la actividad económica, son graves cuestiones que exigen un diálogo riguroso por parte de todos los implicados, para poder encontrar soluciones eficaces, estables y duraderas.
Grandes avances y mucho por andar
A lo largo de más de medio siglo de trabajo, Manos Unidas ha sido testigo de los enormes avances que se han producido en cuestiones de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. La mujer es, hoy, objeto de mayor protección legal y goza de más garantías jurídicas que nunca. Gracias al esfuerzo de gobiernos e instituciones, y con el papel indispensable de la sociedad civil en el reconocimiento de la dignidad de las mujeres, sus derechos y sus responsabilidades, se han alcanzado grandes mejoras en la instrucción de las niñas y en la promoción de las mujeres, factores fundamentales para desarraigar la pobreza y promover el desarrollo.
A pesar de ello, el camino por recorrer todavía es largo. La mujer sigue siendo víctima de la desigualdad y, como consecuencia de ello, de la pobreza, el hambre, la enfermedad, el analfabetismo, el tráfico y la deportación para la explotación sexual, el desempleo y el trabajo esclavo, la discriminación, la exclusión de la vida pública y del ejercicio del poder. La discriminación de la mujer es patente en el acceso a la igualdad de oportunidades de desarrollo personal y comunitario. Esta discriminación lleva a la mujer a ser olvidada, marginada e, incluso, sometida a esclavitud.
Confianza en el esfuerzo

En los países en los que trabaja Manos Unidas, las mujeres son protagonistas de numerosas iniciativas de desarrollo personal, familiar y comunitario, aunque su labor pase tantas veces desapercibida o no sea reconocida. El esfuerzo de la mujer es en la mayoría de las ocasiones invisible. "Sin embargo, organizadas en asociaciones y cooperativas, en el ámbito agrario, educativo, sanitario, económico y cultural, entre otros, las mujeres son agentes fundamentales de desarrollo, de creación de renta familiar y de beneficios sociales", asegura Mª José Hernando, técnico del departamento de Estudios y Documentación de la ONGD.
"Conscientes del rol indiscutible que las mujeres juegan en todo el proceso de desarrollo,en el año 2015 Manos Unidas ha aprobado 85 proyectos dedicados exclusivamente a la promoción de la mujer, por importe de 5.284.691 euros. La mayoría de estas iniciativas se desarrollan en el sector educativo y de promoción social", informan.
Manos Unidas

EL SEÑOR ES NUESTRO REFUGIO Y FORTALEZA

Del Salmo 45:
 El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestra fortaleza es el Dios de Jacob
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestra fortaleza es el Dios de Jacob
Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestra fortaleza es el Dios de Jacob
El Señor del universo está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestra fortaleza es el Dios de Jacob

HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO SOBRE EL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (5,1-3.5-16)


La Cuaresma es tiempo propicio para pedir al Señor, «para cada uno de nosotros y para toda la Iglesia», la «conversión a la misericordia de Jesús». Demasiadas veces, en efecto, los cristianos «son especialistas en cerrar las puertas a las personas» que, debilitadas por la vida y por sus errores, estarían, en cambio, dispuestas a recomenzar, «personas a las cuales el Espíritu Santo mueve el corazón para seguir adelante».

En el Evangelio de san Juan (5, 1-16) se narra acerca de una piscina —«llamada en hebreo Betesda»— caracterizada por «cinco soportales, bajo los cuales estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos». En ese sitio, en efecto, «había una tradición» según la cual «de vez en cuando bajaba del cielo un ángel» a mover las aguas, y los enfermos «que se tiraban allí» en ese momento «quedaban curados».

Por ello, explicó el Pontífice, «había tanta gente». Y, así, se encontraba también en ese sitio «un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años». Estaba allí esperando y Jesús le preguntó: «¿Quieres quedar sano?». El enfermo respondió: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua, cuando viene el ángel. Para cuando llego yo, otro se se me ha adelantado». 
«Es la acedia la que hacía que estuviese triste, que sea perezoso», destacó. Otra persona, en efecto, hubiese «buscado el camino para llegar a tiempo, como el ciego en Jericó, que gritaba, gritaba, y querían hacerle callar y gritaba más fuerte: encontró el camino». Pero él, postrado por la enfermedad desde hacía treinta y ocho años, «no tenía ganas de curarse», no tenía «fuerzas». 

Al mismo tiempo, tenía «amargura en el alma: “Pero el otro llega antes que yo y a mí me dejan a un lado”». Y tenía «también un poco de resentimiento». Era «de verdad un alma triste, derrotada, derrotada por la vida».
«Jesús tiene misericordia» de este hombre y lo invita: «Levántate. Levántate, acabemos esta historia; toma tu camilla y echa a andar». El Papa Francisco describió la siguiente escena: «Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Pero estaba tan enfermo que no lograba creer y tal vez caminaba un poco dudoso con su camilla sobre los hombros».

A este punto entraron en juego otros personajes: «Era sábado, ¿qué encontró ese hombre? A los doctores de la ley», quienes le preguntaron: «¿Por qué llevas esto? No se puede, hoy es sábado». Y el hombre respondió: «¿Sabes? Estoy curado». Y añadió: «El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla”».

Sucede, por lo tanto, un hecho extraño: «esta gente en lugar de alegrarse, de decir: “¡Qué bien! ¡Felicidades!”», se pregunta: «¿Quién es este hombre?». Los doctores comienzan «una investigación» y discuten: «Veamos lo que sucedió aquí... Debemos custodiar la ley».

Jesús «encuentra a este hombre más tarde y le dice: “Mira, has quedado sano, pero no vuelvas atrás —es decir, no peques más— para que no te suceda algo peor. Sigue adelante, sigue caminando hacia adelante”».

Y el hombre fue a los doctores de la ley para decir: «La persona, el hombre que me curó se llama Jesús. Es Aquel». Y se lee: «Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado». De nuevo comentó el Papa Francisco: «Porque hacía el bien también el sábado, y no se podía hacer».

Esta historia, dijo el Papa actualizando su reflexión, «se repite muchas veces en la vida: un hombre —una mujer— que se siente enfermo en el alma, triste, que cometió muchos errores en la vida, en un cierto momento percibe que las aguas se mueven, está el Espíritu Santo que mueve algo; u oye una palabra». Y reacciona: «Yo quisiera ir». Así, «se arma de valor y va». 

Pero ese hombre «cuántas veces hoy en las comunidades cristianas encuentra las puertas cerradas». Tal vez escucha que le dicen: «Tú no puedes, no, tú no puedes; tú te has equivocado aquí y no puedes. Si quieres venir, ven a la misa del domingo, pero quédate allí, no hagas nada más». Sucede de este modo que «lo que hace el Espíritu Santo en el corazón de las personas, los cristianos con psicología de doctores de la ley lo destruyen».

El Pontífice dijo que la Iglesia «es la casa de Jesús y Jesús acoge, pero no sólo acoge: va a al encuentro de la gente», así como «fue a buscar» a ese hombre. «Y si la gente está herida —se preguntó—, ¿qué hace Jesús?, ¿la reprende? No, va y la carga sobre los hombros». Esto, afirmó el Papa, «se llama misericordia». Precisamente de esto habla Dios cuando «reprende a su pueblo: “Misericordia quiero, no sacrificios”».

«Estamos en Cuaresma, tenemos que convertirnos». Alguien, dijo, podría reconocer: «Padre, hay tantos pecadores por la calle: los que roban, los que están en los campos nómadas... —por decir algo— y nosotros despreciamos a esta gente». Pero a este se le debe decir: «¿Y tú quién eres? ¿Y tú quién eres, que cierras la puerta de tu corazón a un hombre, a una mujer, que tiene ganas de mejorar, de volver al pueblo de Dios, porque el Espíritu Santo ha obrado en su corazón?». 

Incluso hoy hay cristianos que se comportan como los doctores de la ley y «hacen lo mismo que hacían con Jesús», objetando: «Pero este, este dice una herejía, esto no se puede hacer, esto va contra la disciplina de la Iglesia, esto va contra la ley». Y así cierran las puertas a muchas personas. Por ello, concluyó el Papa, «pidamos hoy al Señor» la «conversión a la misericordia de Jesús»: sólo así «la ley estará plenamente cumplida, porque la ley es amar a Dios y al prójimo, como a nosotros mismos».
(Papa Francisco, homilía en santa Marta del 17 de marzo de 2015)
Es decir, quien se presenta a Jesús es «un hombre derrotado» que «había perdido la esperanza». Enfermo, pero —destacó el Papa Francisco— «no sólo paralítico»: estaba enfermo de «otra enfermedad muy mala», la acedia.

HAS QUEDADO SANO, NO PEQUES MÁS

Lectura del santo evangelio según san Juan (5,1-3.5-16):
Se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?».
El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».
Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar».
Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla».
El les contestó: «El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar».
Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?»
Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa del gentío que había en aquel sitio, se había alejado.
Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor».
Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

Palabra del Señor

lunes, 7 de marzo de 2016

Ejercicios espirituales del Papa y la Curia a cargo del Padre Ronchi

Con diez preguntas en preparación a la Pascua, el Papa Francisco y los miembros de la Curia Romana se encuentran realizando los Ejercicios Espirituales, del 6 al 11 de marzo, en la Casa del Divino Maestro de la localidad Ariccia que comenzaron, la tarde del IV Domingo de Cuaresma, con la Adoración Eucarística y el rezo de las Vísperas. El padre Ermes Ronchi, de la Orden de los Siervos de María, dirige la meditación sobre “las preguntas desnudas del Evangelio”.
La primera meditación de este retiro espiritual, de la tarde del primer domingo de marzo fue sobre la pregunta de Jesús: “¿Qué buscan?” (Jn 1, 38), según un pasaje del Evangelio de Juan. Tal como afirmó el Padre servita, la propuesta para estos días es detenerse en escucha ante las preguntas de Dios, no para interrogar al Señor, sino para dejarse interrogar por Él. Y, en lugar de buscar inmediatamente la respuesta, detenerse para vivir bien estas preguntas, “las preguntas desnudas del Evangelio”. Y amar estas preguntas que ya son revelación. Es más, las preguntas son el “otro nombre de la conversión”.
En su meditación de la tarde del 6 de marzo el Padre Ronchi  afirmó que Jesús educa en la fe a través de preguntas más que a través de las palabras. Y de hecho, los cuatro Evangelio ofrecen más de 220 preguntas del Señor. Porque la pregunta – dijo –  es una comunicación no violenta, que no hace callar al otro, sino que relanza el diálogo, implicándolo y, al mismo tiempo, dejándolo libre. También explicó que el mismo Jesús es una pregunta, puesto que su vida y su muerte nos interpelan acerca del sentido último de las cosas y nos interrogan sobre lo que hace feliz la vida siendo, precisamente Él, la respuesta.
El religioso también afirmó que la fe es buscar a “un Dios sensible al corazón, uno que hace feliz el corazón, cuyo nombre es alegría, libertad y plenitud. Y tras recordar que Dios es bello, concepto que hay que anunciar dijo que tal vez el rostro de Dios haya sido empobrecido porque a veces lo hemos reducido a la miseria, relegado a hurgar en el pasado y en el pecado del hombre…
“Todo hombre – concluyó diciendo el Padre Ermes Ronchi – busca a un Dios atrayente. Dios puede morir de aburrimiento en nuestras iglesias. Devolvámosle su rostro solar, un Dios deseable del que gustar y gozar. Será como beber de las fuentes de la luz, en las orillas del infinito. ¿Qué buscan? ¿Por quién caminan? Busco a un Dios deseable – dijo – camino por uno que hace feliz el corazón”.
Las reflexiones del primer lunes de marzo se basan en las preguntas: “¿Por qué tienen miedo, no tienen fe?” (Mc, 4, 40), según el Evangelio de Marcos  y “Ustedes son la sal de la tierra. ¿Pero si la sal pierde sabor, luego será salada con qué?” (Mt, 5, 13), según el Evangelio de Mateo.
Las del martes se basarán en las preguntas: “Pero, ¿quién dicen que soy yo?” (Lc 9, 20); “Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ¿ves a esta mujer?” (Lc 7, 44), ambas basadas en el Evangelio de Lucas.
Las reflexiones del miércoles se centrarán en: “Jesús dijo a sus discípulos: ¿Cuántos panes tienen?” (Mc 6, 38; Mt 15, 34), tal como se lee en los Evangelios de Marcos y Mateo y “Entonces Jesús se levantó y dijo: mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?” (Jn 8, 10), según se lee en el Evangelio de Juan.
El jueves 10 de marzo, en el quinto día de Ejercicios Espirituales del Papa Francisco y la Curia Romana, basándose en el Evangelio de San Juan, el predicador ofrecerá sus meditaciones sobre el tema: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?” (Jn 20, 15), y “Simón, hijo de Juan, ‘¿me amas?”, (Jn 21, 16).
Los Ejercicios Espirituales del Santo Padre y la Curia Romana terminarán el viernes 11 de marzo. El predicador ofrecerá su meditación conclusiva sobre la pregunta propuesta por el Evangelio de San Lucas: “María dijo al ángel: ¿Cómo sucederá esto?” (Lc, 1, 34).
(María Fernanda Bernasconi - RV).


Comentario del Papa Francisco al Evangelio según San Juan 4,43-54.

Ni «cristianos errantes como turistas existenciales» ni «cristianos inmóviles», sino testigos de una «fe que camina» siguiendo las promesas de Dios. Es la identidad cristiana así como la trazó el Papa Francisco el lunes 31 de marzo en la misa celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta.

El Pontífice habló del valor que —en la vida de un cristiano— tiene la confianza en Jesús «que no defrauda nunca». Está escrito en el Evangelio y el Papa Francisco lo puso de relieve al comentar las lecturas de la liturgia. «En la primera lectura —comenzó citando a Isaías (65, 17-21)— está la promesa de Dios, lo que nos espera. Lo que Dios ha preparado para nosotros: “Yo creo cielos nuevos y tierra nueva...”. No recordará ya el pasado, las fatigas... será todo nuevo. “Creó Jerusalén para la alegría....”. Habrá alegría. Es la promesa de la alegría».

El Señor, explicó el obispo de Roma, antes de pedir algo promete. Y por ello el fundamento principal de la virtud de la esperanza es precisamente fiarse de las promesas del Señor. También porque «esta esperanza —aseguró— no defrauda; porque Él es fiel y no falla». El Señor, continuó, no pidió nunca a nadie ir, actuar, sin antes haberle hecho una promesa. «Incluso Adán —recordó al respecto— cuando fue expulsado del Paraíso recibió una promesa». Y este «es nuestro destino: caminar en la perspectiva de las promesas, seguros de que llegarán a ser realidad. Es hermoso leer el capítulo once de la Carta a los Hebreos, donde se relata el camino del pueblo de Dios hacia las promesas: cómo esta gente amaba mucho estas promesas y las buscaba incluso con el martirio. Sabía que el Señor era fiel. La esperanza no defrauda nunca».

Para ayudar a comprender mejor el valor de la confianza en las promesas del Padre, el Papa hizo referencia al episodio narrado por el Evangelio de san Juan (4, 43-54) proclamado poco antes, en el cual se habla del funcionario del rey que, al enterarse de la llegada de Jesús a Caná, va a su encuentro para pedirle que salve al hijo enfermo que estaba muriéndose en Cafarnaún. Fue suficiente, recordó el Pontífice, que Jesús dijera: «Anda, tu hijo vive» para que ese hombre creyese en su palabra y se pusiese en camino: «Esta es nuestra vida: creer y ponerse en camino» como hizo Abrahán, que «confió en el Señor y caminó incluso en momentos difíciles», cuando, por ejemplo, su fe «fue probada» con la petición del sacrificio del hijo. Incluso en esa ocasión él «caminó. Se fio del Señor —destacó el Pontífice— y siguió adelante. La vida cristiana es esto: caminar hacia las promesas». Por ello «la vida cristiana es esperanza».

Sin embargo, se puede incluso no caminar en la vida. «Y, de hecho —apuntó el obispo de Roma— hay muchos, incluso cristianos y católicos de comunidad, que no caminan. Está la tentación de detenerse», de considerar ser un buen cristiano sólo porque, precisó, se forma parte de movimientos eclesiales y se sienten en ellos como en la propia «casa espiritual», casi «cansados» de caminar.

«Contamos con muchos cristianos inmóviles. Tienen una esperanza débil. Sí, creen que existe el cielo pero no lo buscan. Siguen los mandamientos —evidenció el Pontífice—, cumplen los preceptos, todo, todo; pero están inmóviles. Y el Señor no puede sacar levadura de ellos para hacer crecer a su pueblo. Y esto es un problema: los inmóviles».

«Luego —añadió— están los otros, los que se equivocan de camino. Todos nosotros algunas veces nos hemos equivocado de camino». Pero el problema, precisó, «no es equivocarse de camino. El problema es no volver cuando uno se da cuenta de que se ha equivocado. Es nuestra condición de pecadores lo que nos hace errar el camino. Caminamos, pero a veces cometemos esta equivocación de camino. Se puede volver: el Señor nos da esta gracia, de poder regresar».

Y «hay otro grupo que es más peligroso —dijo— porque se engaña a sí mismo». Son «los que caminan pero no hacen camino. Son los cristianos errantes: dan vueltas, dan vueltas como si la vida fuese un turismo existencial, sin meta, sin tomar en serio las promesas. Los que dan vueltas y se engañan porque dicen: “Yo camino...”. No; tú no caminas, tú das vueltas. En cambio el Señor nos pide que no nos detengamos, que no nos equivoquemos de camino y que no demos vueltas por la vida. Nos pide que miremos las promesas, que sigamos adelante con las promesas», como el hombre del Evangelio de Juan, que «creyó en las promesas de Jesús y se puso en camino». Y la fe se pone en camino.

La Cuaresma, dijo como conclusión, es un tiempo propicio para pensar si estamos en camino o si estamos «demasiado inmóviles» y entonces debemos convertirnos; o bien si «nos hemos equivocado de camino» y entonces debemos ir a confesarnos «para retomar el camino»; o, por último, si somos «turistas teologales», como los que dan vueltas por la vida «pero que nunca dan un paso hacia adelante».

«Pidamos al Señor la gracia —esta fue la exhortación del Papa Francisco— de retomar el camino, de ponernos en camino hacia las promesas. Mientras pensamos en esto, nos hará bien releer el capítulo once de la Carta a los Hebreos, para comprender bien lo que significa caminar hacia las promesas que nos hizo el Señor».

Para no ser turistas existenciales
Lunes 31 de marzo de 2014

Vuelve a tu casa, tu hijo vive

Evangelio según San Juan 4,43-54. 

Jesús partió hacia Galilea.
 
El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo.
 



Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta. 

Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaún. 


Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a curar a su hijo moribundo. 

Jesús le dijo: "Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen". 
El funcionario le respondió: "Señor, baja antes que mi hijo se muera".


"Vuelve a tu casa, tu hijo vive", le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. 

Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y leanunciaron que su hijo vivía. 
El les preguntó a qué hora se había sentido mejor. "Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre", le respondieron. 


El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: "Tu hijo vive". Y entonces creyó él y toda su familia

Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea. 

domingo, 6 de marzo de 2016

Llevemos la caricia de Dios a todos los hombres. "Nadie podrá apagar la alegría que nace de la amistad con Dios"

La Cuaresma nos está invitando permanentemente a conocer más y más a Jesucristo, a vivir con coherencia la fe, con un estilo de vida que exprese y manifieste la bondad y el amor de Dios.
Expresemos su misericordia, ofrezcamos signos concretos de su cercanía. Esta caricia de Dios que lleva alegría al corazón de quien la percibe, a la vida personal y colectiva de los hombres, se esconde en pequeñas cosas y alcanza su cumplimiento con espíritu de servicio. A mí, siempre me ha impresionado la vida de san Pablo, el apóstol que llevó la caricia de Dios a los gentiles. Su vida y sus obras son un cántico que se puede resumir en esta palabra: alegría, gaudete. ¿Cómo es posible que en una vida atormentada, llena de persecuciones, de hambre, de sufrimientos diversos, siempre está presente la alegría? No encuentro otra explicación más que la experiencia tan honda que él tiene del Señor y que le lleva a la conversión: «No soy yo, es Cristo quien vive en mí». Aquel que me ama hasta dar su vida por mí y por todos los hombres, está cerca de mí. Y lo está en todas las situaciones; por eso, en la profundidad del corazón reina una alegría que es más grande que todos los sufrimientos.
Llevar la caricia de Dios a todos los hombres, es decir, llevar el Evangelio, la Buena Noticia, y lograr que experimenten la alegría de Jesucristo, es la gran tarea que tenemos sus discípulos. ¿Puede haber una misión más hermosa que esta? ¿Hay algo más grande y más estimulante que llevar el agua que quita la sed que todo ser humano tiene en lo más profundo de su corazón? ¡Qué bien nos lo explica el salmo 41, cuando nos dice: «como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío»! Anunciar y testimoniar nuestra alegría es el núcleo de nuestra misión. Pero esto exige y pide de nosotros una conversión en la raíz de nuestra vida. ¡Qué maravilla! Qué oportunidad nos regala el Señor en este tiempo de Cuaresma: ni más ni menos que ser colaboradores de la alegría a los demás. Cuando nuestro mundo está triste y es negativo es porque olvida el retrato verdadero del hombre que tan maravillosamente ha revelado Jesucristo con su vida, y la versión verdadera de un Dios que nos ama y que nos dice los senderos por donde tenemos que caminar si deseamos servir, vivir y hacer vivir, teniendo siempre las palabras oportunas, hablando en verdad, aconsejando desde quien es Consejero y Maestro y decidiendo con los modos y maneras que tiene quien decidió crear todo lo que existe y entrar en esta historia para decirnos a los hombres la ruta que hemos de tomar.


En el inicio de la Cuaresma hemos oído expresiones como «conviértete y cree en el Evangelio». Y es que la alegría cristiana radica en Jesucristo. La conquista del éxito, la obsesión por el prestigio, la búsqueda de comodidades que absorben nuestra vida de tal modo que excluyen a Dios de nuestro horizonte, no traen la felicidad. La única alegría que llena el corazón humano es la que procede de Dios. Nadie podrá apagar la alegría que nace de la amistad con Dios. Una alegría que nos acerca siempre a los demás y nos hace regalar la ternura de Dios, enseñándonos que no hay mayor felicidad que aquella que dispone al ser humano para dar: dar la vida, dar lo que soy y tengo, hacer partícipes a todos de los dones que me han dado. ¡Ojalá brote en nosotros la alegría que nace de la conversión! Llena nuestra vida, porque nos hace caer en la cuenta de cómo Dios nos ha mostrado gratuitamente su rostro, su amor misericordioso, y nos llama a su casa y a hacer de su casa un lugar donde se regala la amistad, la ternura y su gracia; nos da la valentía de afrontar el mal solamente armados con su misericordia.
Habrá verdadera conversión si llevamos a todos los hombres la caricia de Dios, que al fin y al cabo ha sido la que nosotros hemos experimentado en nuestra vida. Esta caricia cambia y educa los corazones, nos hace sensibles a las cosas de Dios que son las que necesita el hombre. Vivamos las exigencias del amor misericordioso:
1. Dar una respuesta de amor en todas las situaciones que vivamos: Sabemos que ha sido Dios quien nos ha amado primero. Esto nos lleva a descubrir que el amor no es solamente un mandato, es la respuesta a quien nos ha amado, a quien nos ha dado el don del amor cuando vino a nuestro encuentro. No damos de lo nuestro, damos de lo que se nos ha regalado como don para hacer la tarea.
2. Hacer una entrega personal de toda nuestra vida: Si el amor engloba nuestra existencia entera y en todas sus dimensiones, incluido también el tiempo, nuestra vida se convierte en éxtasis, pero no en el sentido de arrobamiento momentáneo, sino como camino permanente, como es salir del yo cerrado a la entrega de sí. Es no guardar la vida, sino perderla para recobrarla.
3. Vencer la violencia que se instaura en este mundo con amor: ¡Qué fuerza tiene contemplar la Cruz para descubrir cómo vence la violencia Jesús! No lo hace al modo humano; vence con un amor capaz de llevarlo hasta la muerte. La violencia no opone otra violencia más fuerte, se opone el amor hasta el fin. Este modo humilde de vencer de Dios, con su amor, pone un límite a la violencia.
4. Reconciliar a los hombres, sabiendo que el amor es más fuerte que el odio: En la Eucaristía celebramos la victoria de Cristo sobre la muerte, se nos muestra que Dios es más fuerte que todos los poderes oscuros y tenebrosos de la historia. Como nos dice san Pablo, Cristo derribó el muro del odio para reconciliar a los hombres entre sí.
5. Salir convencidos de que es posible el amor: Todo ser humano siente el deseo de amar y de ser amado, pero no sirve cualquier amor, hay que descubrir que el futuro y la esperanza de la humanidad están en el amor verdadero fiel y fuerte, que produce paz y alegría, que nos une a los hombres. Siendo de Dios, este amor tiene un rostro humano: lo encontramos en Jesucristo.
6. El ser humano es mendigo de amor, tiene sed de amor: Ya san Juan Pablo II nos decía que «el hombre no puede vivir sin amor. Permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él plenamente» (RH 10).
7. Amar como Jesús, es el corazón de la vida cristiana: Convertirnos al amor es pasar de la amargura a la dulzura, de la tristeza a la alegría. Y esto se hace viviendo con Dios y para Dios. Y así podremos responder con nuestra vida a la pregunta «¿quién es mi prójimo?», describiendo en nosotros la parábola del buen samaritano que termina diciendo: «Ve y haz tú lo mismo».
Examinemos desde estas siete perspectivas si, en esta Cuaresma, estamos disponiendo la vida para llevar la caricia de Dios a los hombres.
Con gran afecto, os bendice,
+ Carlos, arzobispo de Madrid


El Papa a la hora del Ángelus: El Padre siempre espera nuestra conversión cuando nos equivocamos

En el capítulo decimoquinto del Evangelio de Lucas encontramos las tres parábolas de la misericordia: la de la oveja encontrada (v. 4-7), aquella de la moneda encontrada (v. 8-10), y la gran parábola del hijo pródigo, o mejor, del padre misericordioso (v.11-32). Hoy, sería bonito que cada uno de nosotros tomase el Evangelio, este capítulo XV del Evangelio según Lucas, y leyese las tres parábolas. Hoy, dentro del itinerario cuaresmal, el Evangelio nos presenta justamente esta última parábola del padre misericordioso, que tiene como protagonista un padre con sus dos hijos. El relato nos hace ver algunos gestos de este padre: es un hombre que está siempre preparado para perdonar y que espera ante toda esperanza. Llama sobre todo la atención su tolerancia ante la decisión del hijo más joven de irse de casa: se podría haber opuesto, sabiendo que era todavía inmaduro, un joven chico, o buscar algún abogado para quitarle la herencia, estando todavía vivo. En cambio le deja irse, aun conociendo los posibles riesgos. Así hace Dios con nosotros: nos deja libres, también ante equivocaciones, porque creándonos ha hecho el gran don de la libertad. Es nuestra responsabilidad el hacer un buen uso. ¡Este don de la libertad que nos da Dios me sorprende siempre!
Pero la separación de aquel hijo es sólo física; el padre lo lleva siempre en el corazón; espera con esperanza su vuelta; escruta el camino en la esperanza de verlo. Y un día lo ve aparecer a lo lejos.
Pero esto significa que este padre, cada día, salía a la terraza a mirar si el hijo volvía… Entonces se conmueve al verlo, se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó (cfr v. 20). ¡Cuánta ternura! Y este hijo había hecho tantas cosas graves, ¡eh! Pero el padre lo recibe así.  
La misma actitud reserva el padre para el hijo mayor, que siempre se ha quedado en casa y ahora está indignado y protesta porque no entiende y no comparte toda aquella bondad con el hermano que se había equivocado. El padre sale a encontrar también a este hijo y le recuerda "Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo (v.31), es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado". Y esto me hace pensar en una cosa: cuando uno se siente pecador, se siente de verdad poca cosa como he escuchado a tanta gente, que me dicen: “Pero, Padre, ¡yo soy lo peor! En cambio cuando uno se siente justo “Yo siempre he hecho bien las cosas”, - también el Padre viene a buscarnos, porque aquella actitud de sentirnos justos es una actitud mala, ¡es la soberbia! Es del diablo. El Padre espera a que se reconozcan los pecadores y va a buscar a aquellos que se sienten justos. ¡Éste es nuestro Padre!
 Y en esta parábola se puede entrever también un tercer hijo: ¿un tercer hijo? ¿Y Dónde? ¡Está escondido! Es aquel que “no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor” (Fil 2, 6-7). Este hijo- Siervo es Jesús. Es la extensión de los brazos y del corazón del Padre: Él ha recibido al pródigo y ha lavado sus pies sucios: Él ha preparado el banquete para la fiesta del perdón. Él, Jesús, nos enseña a ser “misericordiosos como el Padre”.

La figura del padre de la parábola revela el corazón de Dios. Él es el Padre misericordioso que en Jesús nos ama inconmensurablemente, espera siempre nuestra conversión cada vez que nos equivocamos; está atento a nuestro regreso cuando nos alejamos de Él pensando que no lo necesitamos. Está siempre preparado para abrirnos los brazos pase lo que pase. Como el padre del Evangelio, también Dios continúa considerándonos sus hijos cuando estamos perdidos, y viene hacia nosotros con ternura cuando volvemos a Él. Y nos habla con tanta bondad cuando nosotros creemos que somos justos. Los errores que cometemos, también si son grandes, no dañan la fidelidad de su amor. En el sacramento de la Reconciliación podemos siempre de nuevo comenzar: Él nos acoge, nos da de nuevo la dignidad de hijos suyos y nos dice: “¡Ve hacia delante! ¡Ve en paz! ¡Levántate, ve hacia delante!
Que en este tiempo de Cuaresma, que nos separa de la Pascua, seamos llamados a intensificar el camino interior de la conversión. Permitamos encontrar la mirada del amor de nuestro Padre, y volvamos a Él con todo el corazón, rechazando cualquier compromiso con el pecado. Que la Virgen María nos acompañe hasta el abrazo regenerador con la Divida Misericordia.
(MZ-RV)