miércoles, 23 de diciembre de 2015

Turrón con sabor a Papa Francisco.Juan José Aguirre, obispo de Bangassou

Este año el mejor regalo de Navidad que hemos recibido en Centroáfrica ha sido el Papa Francisco. El eco de su visita todavía resuena en nuestros oídos. Llegó como un ángel blanco con zapatos negros y gastados y, con solo su estar, sonreír y acariciar, hizo saltar de un plumazo los negros augurios que pronosticaban una visita saboteada y rota.
Cuando acarició a su niño, una madre se echó a llorar de emoción. El de la foto de abajo es de un campo de desplazados que visitó justo después de la acogida ritual con fanfarrias en el palacio presidencial.
Del abrazo de ministros y funcionarios (también ellos muy felices con su visita) se marchó al otro extremo: a la dura vida del día a día, del sobrevivir con menos que nada en un campo de gentes en donde todos lo habían perdido todo.
Cuando vieron al Papa paseando junto a ellos, buscándolos incluso para poder acariciar sus cabezas apenas trenzadas al estilo africano, sintieron que no lo habían perdido todo, porque tenían sonrisas a raudales por sentirse bendecidos con la sola experiencia de las yemas de sus dedos.
El Papa Francisco se pateó el campo de desplazados de arriba a abajo. Creo que tocó a más de 400 personas, la mayoría niños. Bajo un sol de plomo porque era ya medio día. Sonrió a las madres, acarició los niños, con el mismo cariño que acabará acariciando el niño Jesús de su Belén en Santa Marta.
Los niños que el Papa Francisco tocó en Bangui, sin mediar palabra, justo con un intercambio de miradas cómplices, era ya un deseo de Feliz Navidad.
Luego se acercó a acariciar a aquella mujer en el pediátrico de Bangui. Podría haber sido en el "Buen Samaritano" en Bangassou, tantas veces hemos visto esa escena repetida.
Esa mujer, que todo el mundo vino a saludar al día siguiente porque la habían visto en la prensa junto al Papa, es, junto al niño, el segundo símbolo de nuestra navidad. ¡Feliz navidad a todos los amigos de la Fundación Bangassou!
Algunos creyeron que era un niño. Si nos fijamos, es una mujer de 25-30 años, de 35-40 kilos de peso corporal, con una enfermedad en fase terminal, seguramente Sida, sobre abiertos los ojos, menguados sus pechos, como vaciada de vísceras, reducida a un amasijo de huesos y humanidad... Papa Francisco le coge la mano, luego alarga la otra hacia su frente...
Ella mira a la cruz como desangelada y él baja la mirada pudoroso al encontrarse junto a un misterio. El misterio del sufrimiento llevado a límites fuera de lo normal, una serie interminable de píldoras amargas que han llevado a esa joven a ese extremo de desamparo...
Finalmente, aparezco en otra foto junto al Papa. Después del campamento de desplazados, quiso encontrar a los 10 obispos de Centroáfrica. Nos saludó uno a uno. Yo le hablé en español mientras que el Nuncio traducía en francés para los otros obispos.

Le hablé de Bangassou, de los peregrinos que han hecho tres días de camión por pistas llenas de violentos para venir a verlo y de que después nos tocaba la vuelta. Pero que todo era poco por el placer de oír su mensaje y ver sus gestos de coraje que buscan la fraternidad en una sociedad huérfana de guiños de amor.
Me dijo que estaba impresionado de ver que 2.800 jóvenes scouts habían hecho como "un muro" para que nadie entrara por donde su coche iba a pasar. ¡Los jóvenes de Bangui protegiendo al Papa Francisco! Feliz Navidad a todos y próspero año 2016....

Juan José Aguirre, obispo de Bangassou
Fuente: Religión digital

Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación

Sal 24, 4-5ab. 8-9. 10 y 14
Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación
Señor, enséñame tus caminos, 
instrúyeme en tus sendas: 
haz que camine con lealtad; 
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.
Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación
El Señor es bueno y es recto, 
y enseña el camino a los pecadores; 
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes.
Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación
Las sendas del Señor son misericordia y lealtad 
para los que guardan su alianza y sus mandatos. 
El Señor se confía con sus fieles 
y les da a conocer su alianza.
Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación

El nacimiento de Juan Bautista


Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,57-66
A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban.
A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo:
- «¡No! Se va a llamar Juan.»
Le replicaron:
-«Ninguno de tus parientes se llama así.»
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados.
Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo:
- «¿Qué va a ser este niño?»
Porque la mano del Señor estaba con él.
Palabra del Señor.

martes, 22 de diciembre de 2015

Señor mío y Dios mío, hoy me he sentido abrazado por Ti.


Señor mío y Dios mío, hoy me he sentido abrazado por Ti.

Ya sé que siempre estás a mi lado, que siempre me acompañas, cuando estoy alegre y cuando estoy triste.

Sé, que cuando la tristeza me invade y no puedo parar de llorar, Tú no me dejas de tu lado, pero estoy tan ciego, que no te siento, soy tan egoísta, que solo pienso en mis problemas y  no te reconozco a mi lado.


Pero hoy, orando, mirándote en tu Cruz, contándote mis problemas, dándote gracias por todo lo bueno que me has dado.

Dándote gracias también,  porque para salvarme, naciste y moriste en una cruz. Me he imaginado el dolor de tu sacrificio, un dolor no suficientemente agradecido y he querido consolarte.Y entonces ,me he sentido abrazado por Ti , he sentido unos brazos amorosos que me sostenían y yo descansaba en esos brazos,  todo dolor, toda soledad ha desaparecido y una paz inmensa  ha llenado mi alma y mi cuerpo.

Gracias Señor, gracias, porque tu abrazo me ha devuelto la esperanza, me ha devuelto la alegría y ha aumentado mi amor por ti.

H. de Carmen

Francisco: Quien cruza con amor las Puertas Santas encontrará perdón y consolación


El Papa Francisco aseguró que quienes cruzan las Puertas Santas, abiertas con ocasión del Jubileo de la Misericordia, encontrarán perdón y consolación. Lo dijo durante su audiencia con los empleados de la empresa ferroviaria estatal italiana, Ferrovie dello Stato Italiane.
Este sábado el Santo Padre abrió la Puerta Santa de la Caridad, en la principal estación de ferrocarril de Roma.
El Papa recordó los 110 años de historia y las importantes iniciativas solidarias que ha tenido la empresa estatal durante este tiempo. Entre ellas, el albergue de la estación romana de Términi, dedicado a Don Luigi Di Liegro, fundador de la Cáritas de la Diócesis de Roma.
La primera piedra de este albergue fue bendecida por Benedicto XVI en 2010.
Francisco expresó su deseo de que el recién iniciado Año Santo de la Misericordia nos enseñe el valor de la acogida a las personas sin techo, así como “imprima en nuestra mente y en nuestros corazones que la misericordia es la primera y verdadera medicina para el hombre, de la que cada uno tiene urgente necesidad”.
El Papa pidió también que “Italia y todos los países del mundo sean lugares de redes solidarias, auténticamente humanos, capaces de alegrarse con el amor de Dios y de la comunión mutua”.
“Esto es precisamente lo que nos recuerdan las Puertas Santas, que en estos días se abren en todas las diócesis del mundo: el que las cruza con amor encontrará perdón y consolación y estará impulsado a donar y donarse con mayor generosidad, por su propia salvación y por la de los hermanos”, señaló.
Francisco exhortó a dejarnos “transformar por el momento en que pasamos esta puerta espiritual, de forma que marque interiormente nuestra vida”.
“Dejémonos involucrar por el Jubileo de la Misericordia –todos tenemos necesidad de un poco de misericordia– de forma que podamos renovar el tejido de nuestra sociedad, haciéndola más justa y solidaria”, dijo.
Todo esto especialmente en medio de “esta III guerra mundial que ha estallado a pedazos, que estamos viviendo”.

Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador.


1Sam 2, 1. 4-5. 6-7. 8abcd 
Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador.
Mi corazón se regocija por el Señor, 
mi poder se exalta por Dios; 
mi boca se ríe de mis enemigos, 
porque gozo con tu salvación.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador.
Se rompen los arcos de los valientes, 
mientras los cobardes se ciñen de valor; 
los hartos se contratan por el pan, 
mientras los hambrientos engordan; 
la mujer estéril da a luz siete hijos, 
mientras la madre de muchos queda baldía.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador.
 El Señor da la muerte y la vida, 
hunde en el abismo y levanta; 
da la pobreza y la riqueza, 
humilla y enaltece.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador.
Él levanta del polvo al desvalido, 
alza de la basura al pobre, 
para hacer que se siente entre príncipes 
y que herede un trono de gloria.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador.

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí


Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 46-56
En aquel tiempo, María dijo:
- «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia - como lo había prometido a nuestros padres - en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.
Palabra del Señor.

lunes, 21 de diciembre de 2015

COMENTARIO DE SAN BERNARDO, DOCTOR DE LA IGLESIA (1091-1153)


 Maria es dichosa, tal como su prima Isabel se lo ha dicho, no sólo porque Dios la ha mirado, sino porque ha creído. Su fe es el mejor fruto de la bondad divina. Pero ha sido necesario que el arte inefable del Espíritu Santo viniera sobre ella para que una tal grandeza de alma se uniera, en el secreto de su corazón virginal, a una tal humildad. La humildad y la grandeza de alma de María, así como su virginidad y su fecundidad, son semejantes a dos estrellas que se iluminan mutuamente, porque en María la profundidad de su humildad no perjudica en nada a la generosidad de su alma, y recíprocamente. Puesto que María se juzgaba a sí misma de manera tan humilde, no fue menos generosa en su fe en la promesa que el ángel le había hecho. Ella, que se miraba a sí misma como una pobre y pequeña esclava, no dudó en absoluto ser llamada a este misterio incomprensible, a esta unión prodigiosa, a este secreto insondable. Creyó inmediatamente que iba a ser verdaderamente la madre de Dios-hecho-hombre.

Es la gracia de Dios la que produce esta maravilla en el corazón de los elegidos; la humildad no los hace ser temerosos ni timoratos, como tampoco la generosidad de su alma los vuelve orgullosos. Al contrario, en los santos, estas dos virtudes de refuerzan la una a la otra. La grandeza de alma no sólo no abre la puerta a ninguna clase de orgullo, sino que es sobre todo ella la que les hace penetrar siempre más adentro en los misterios de la humildad. En efecto, los más generosos en el servicio de Dios son también los más penetrados del temor del Señor y los más agradecidos por los dones recibidos. Recíprocamente, cuando la humildad está en juego, no se desliza en el alma ninguna ruindad. Cuanto menos una persona tiene la costumbre de presumir de sus propias fuerzas, incluso en las cosas más pequeñas, tanto más se confía en el poder de Dios, incluso en las más grandes.
Fuente: News. Va

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-45
Unos días después, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
- «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
Palabra del Señor.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Ángelus del Papa: en Navidad Dios se nos da a sí mismo donando a su Hijo

Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!
El Evangelio de este domingo de Adviento pone de manifiesto la figura de María. La vemos cuando, inmediatamente después de haber concebido en la fe al Hijo de Dios, afronta el largo viaje de Nazaret de Galilea a los montes de Judea para ir a visitar y a ayudar a Isabel.
El ángel Gabriel le había revelado que su anciana pariente, que no tenía hijos, estaba en el sexto mes de embarazo (cfr. Lc 1,26.36). Por esto la Virgen, que lleva en sí un don y un misterio más grande aún, va a ver a Isabel y permanece con ella tres meses. En el encuentro entre las dos mujeres – imagínense – una anciana y la otra joven, es la joven, María, quien saluda en primer lugar. El Evangelio dice así: “Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel” (Lc 1,40). Y, después de aquel saludo, Isabel se siente envuelta por un gran estupor – no se olviden de esta palabra: estupor. El estupor –. Isabel se siente envuelta por un gran estupor que resuena en sus palabras: “¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?” (v. 43). Y se abrazan, se besan gozosas estas dos mujeres: la anciana y la joven, ambas embarazadas.

Para celebrar de modo proficuo la Navidad, estamos llamados a detenernos en los “lugares” del estupor. ¿Y cuáles son estos lugares del estupor en la vida cotidiana? Son tres. El primer lugar es el otro, en el cual reconocer a un hermano, porque desde que se produjo el Nacimiento de Jesús, cada rostro lleva impresas las semblanzas del Hijo de Dios. Sobre todo cuando es el rostro del pobre, porque como pobre, Dios entró en el mundo y dejó, ante todo, que los pobres se acercaran a Él.
Otro lugar del estupor en el que, si miramos con fe, experimentamos precisamente el estupor es la historia: el segundo. Tantas veces creemos que la vemos por el lado justo, y en cambio corremos el riesgo de leerla al revés. Sucede, por ejemplo, cuando ella nos parece determinada por la economía de mercado, regulada por la finanza y las especulaciones, dominada por los poderosos de turno. En cambio, el Dios de la Navidad es un Dios que “desordena las cartas”. Le gusta hacerlo, ¡eh!  Como canta María en el Magníficat, es el Señor quien derriba a los poderosos de su trono y eleva a los humildes, colmando de bienes a los hambrientos y despidiendo a los ricos con las manos vacías (cfr. Lc 1,52-53). Este es el segundo estupor, el estupor de la historia.
Un tercer lugar del estupor es la Iglesia: mirarla con el estupor de la fe significa no limitarse a considerarla sólo como una institución religiosa, que es, sino sentirla como una Madre que, aun entre manchas  y arrugas – ¡tenemos tantas! – deja translucir los lineamientos de la Esposa amada y purificada por Cristo Señor. Una Iglesia que sabe reconocer los muchos signos de amor fiel que Dios le envía continuamente. Una Iglesia por la cual el Señor Jesús jamás será una posesión que hay que defender celosamente: los que hacen esto se equivocan, sino siempre Aquel que sale a su encuentro y que ella sabe esperar con confianza y alegría, dando voz a la esperanza del mundo. La Iglesia que llama al Señor: “¡Ven, Señor Jesús!”. La Iglesia madre que siempre tiene las puertas abiertas de par en par y los brazos abiertos para acoger a todos. Es más, la Iglesia madre que sale de sus propias puertas para buscar con sonrisa de madre a todos los alejados y llevarlos a la misericordia de Dios. ¡Este es el estupor de la Navidad!
En Navidad Dios se nos da totalmente a Sí mismo donando as su Hijo, el Único que es toda su alegría. Y sólo con el corazón de María, la humilde y pobre hija de Sion, que se convirtió en Madre del Hijo del Altísimo, es posible exultar y alegrarse por el gran don de Dios y por su imprevisible sorpresa.
Que Ella nos ayude a percibir el estupor, estos tres estupores: el otro, la historia y la Iglesia; así para el nacimiento de Jesús, el don de los dones, el regalo inmerecido que nos trae la salvación, nos hará sentir también a nosotros este gran estupor en el encuentro con Jesús. Pero no podemos tener este estupor, no podemos encontrar a Jesús, si no lo encontramos en los demás, en la historia y en la Iglesia.
(Traducción de MFB - RV).

El saludo del Ángel


Me imagino que a María le gusta que la invoquemos con oraciones sencillas. Cuando amamos a una persona pensamos en aquello que más le agrada, y no en lo que a nosotros nos gusta. Entonces, si creemos que a María, la Madre de Jesús, le agrada que la saludemos como lo hizo el Ángel del Señor en Nazaret, es gesto de amor rezar el “Ave María”.
Pienso que María se complace cuando la llamamos como lo hizo su prima Isabel al encontrarse con ella en la montaña de Judea, y la saludó con estas palabras: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”.
Las oraciones sencillas deben salir de un corazón humilde, de niño, limpio, pues así no quedarán como fórmulas vacías, y menos aún como ritos autojustificativos, a la manera de quienes piensan que por esas prácticas cumplen sus obligaciones religiosas.
Dios escucha la oración de los pequeños, cuyos ángeles contemplan el rostro de Dios. Y tiene en cuenta a los humildes, a los pobres, a los sencillos y a los limpios de corazón, capaces de poner amor y entrega en la expresión de sus labios.
La oración del “Ave María” se nos ofrece como expresión acertada y sencilla, que agrada a María y que concede gracia. Por ello, no te invito a sobrecargarte con una práctica religiosa más, sino que te ofrezco la manera en que Dios se ha dirigido a su Madre, y ella misma ha recomendado en tantos momentos que lo hagamos, cuando se ha manifestado con gracias especiales en visiones sobrenaturales.
En tiempos de dificultad, de insensibilidad, de sequedad, de pereza y desgana espirituales, de prueba y hasta de hastío, la oración vocal es un medio para combatir la tentación y para resquebrajar todo endurecimiento del corazón.
María no violenta, ni interviene de manera forzada en nuestras vidas, pero si pedimos que interceda por nosotros, ella lo hace con gusto y generosidad, y además desea que se lo pidamos.
Lo más importante es, como decía Santa Teresa, orar con consideración, no importa sea oración vocal o mental, con tal que se haga con advertencia, de manera consciente y amorosa.
El “Ave María” es la oración de salutación de Dios a la Virgen, y a su vez el ruego que en la Iglesia hacen todos los que invocan a la Madre de Dios. Cada vez que rezamos el “Ave María”, rogamos a quien Dios ha puesto como medianera de todas las gracias, por toda la humanidad.
Cuando no sepas cómo orar, o no te sientas con ganas de hacerlo, tienes en tu mano el elevar como los sencillos y los pequeños tu oración, y hacerla igual que ellos. Dios revela sus secretos a los humildes y los pequeños.

Si piensas que rezar el “Ave María” es una fórmula estereotipada, te pregunto: ¿Acaso dudas de decir a la persona que amas “te quiero”, porque sea una expresión manida? No dudes en invocar a la Madre de Jesús como lo hace la Iglesia, como lo han hecho los santos, como lo hizo el Ángel del Señor.
Ángel Moreno de Buenafuente

RASGOS DE MARÍA

La visita de María a Isabel le permite al evangelista  Lucas poner en contacto al Bautista y a Jesús antes incluso de haber nacido. La escena está cargada de una atmósfera muy especial. Las dos van a ser madres. Las dos han sido llamadas a colaborar en el plan de Dios. No hay varones. Zacarías ha quedado mudo. José está sorprendentemente ausente. Las dos mujeres ocupan toda la escena.

María que ha llegado aprisa desde Nazaret se convierte en la figura central. Todo gira en torno a ella y a su Hijo. Su imagen brilla con unos rasgos más genuinos que muchos otros que le han sido añadidos posteriormente a partir de advocaciones y títulos más alejados del clima de los evangelios.
María, «la madre de mi Señor». Así lo proclama Isabel a gritos y llena del Espíritu Santo. Es cierto: para los seguidores de Jesús, María es, antes que nada, la Madre de nuestro Señor. Este es el punto de partida de toda su grandeza. Los primeros cristianos nunca separan a María de Jesús. Son inseparables. «Bendecida por Dios entre todas las mujeres», ella nos ofrece a Jesús, «fruto bendito de su vientre».

María, la creyente. Isabel la declara dichosa porque «ha creído». María es grande no simplemente por su maternidad biológica, sino por haber acogido con fe la llamada de Dios a ser Madre del Salvador. Ha sabido escuchar a Dios; ha guardado su Palabra dentro de su corazón; la ha meditado; la ha puesto en práctica cumpliendo fielmente su vocación. María es Madre creyente.

María, la evangelizadora. María ofrece a todos la salvación de Dios que ha acogido en su propio Hijo. Esa es su gran misión y su servicio. Según el relato, María evangeliza no solo con sus gestos y palabras, sino porque allá a donde va lleva consigo la persona de Jesús y su Espíritu. Esto es lo esencial del acto evangelizador.

María, portadora de alegría. El saludo de María contagia la alegría que brota de su Hijo Jesús. Ella ha sido la primera en escuchar la invitación de Dios: «Alégrate... el Señor está contigo». Ahora, desde una actitud de servicio y de ayuda a quienes la necesitan, María irradia la Buena Noticia de Jesús, el Cristo, al que siempre lleva consigo. Ella es para la Iglesia el mejor modelo de una evangelización gozosa.

José Antonio Pagola

Madre Teresa de Calcuta será santa

El Santo Padre recibió ayer tarde en audiencia al cardenal Angelo Amato, S.D.B., Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y autorizó la publicación de los decretos relativos a:

-MILAGROS

Un milagro atribuido a la intercesión de la beata Teresa de Calcuta (en el siglo Agnes Gonxha Bojaxhiu), macedonia, Fundadora de la Congregación de las Misioneras de la Caridad y de los Misioneros de la Caridad (1910-1997).

VIRTUDES HEROICAS

-Siervo de Dios Giuseppe Ambrosoli, italiano, sacerdote profeso de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús (1923 -1987).
-Siervo de Dios Adolfo (en el siglo Leonardo Lanzuela Martínez), español, religioso profeso del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, 1894-1976.

-Siervo de Dios Heinrich Hahn, laico alemán (1800 -1882).

¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!


Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-45

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:

- «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. »
Palabra del Señor.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Carmena, Osoro y el padre Ángel cenarán en Nochebuena con doscientos sin techo

El Ayuntamiento cede el Palacio de Cibeles a la Fundación Mensajeros de la Paz

"Les vamos a acoger con mucho gusto", dice la alcaldesa de Madrid

El Ayuntamiento de Madrid cederá la galería del Palacio de Cibeles, sede del Consistorio, para acoger una cena de Nochebuena para 200 personas sin hogar organizada por la Fundación Mensajeros de la Paz, tal y como ha señalado a Europa Press su presidente y párroco de la iglesia de San Antón de Madrid, el padre Ángel.
Ha indicado que se trata de un "símbolo" en favor de las personas que padecen el sinhogarismo al poder congregar en este lugar a 200 personas sin hogar con un menú de Nochebuena a partir de las 20 horas del 24 de diciembre.
La iniciativa de la Fundación Mensajeros de la Paz cuenta con el visto bueno de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, quien vendrá acompañado por el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, como confirmó la propia regidora este mediodía.
Así lo ha asegurado en la Navideña Feria Internacional de las culturas, donde ha señalado que la cena la ha preparado el religioso y que acudirán "todas las personas con las que él trabaja". "Les vamos a acoger con mucho gusto", ha añadido, subrayando que ella asistirá junto al arzobispo de Madrid, Carlos Osoro.

El padre Ángel ha explicado que una empresa de catering que habitualmente colabora en el servicio de comida de residencias de mayores se encargaría de aportar el menú y que incluso profesionales del taxi se han ofrecido a traer a los comensales a la sede del Consistorio.
El mobiliario para la cena lo dispondrá también la empresa de catering y los asistentes tendrán también camareros que le sirvan el menú.
"Lo esencial de la iniciativa es que se trata de una muestra de cariño hacia los sin techo", ha asegurado el padre Ángel para recalcar que serán personas sin hogar que habitualmente pasan la madrugada de Nochebuena en la Iglesia de San Antón o asisten a comedores sociales.

Ha recordado que el Papa Francisco suele hacer una iniciativa similar en Nochebuena y cree que esta cena en el Consistorio es un "proyecto precioso" que podría también hacerse en otras instituciones, aludiendo como ejemplos aleatorios el Congreso o el Senado.
Fuente: Religión Digital