miércoles, 2 de diciembre de 2015

Jubileo de la Misericordia


El Papa explica los motivos y expectativas del Jubileo de la Misericordia

Ciudad del Vaticano, 2 de diciembre de 2015 (Vis).-La revista italiana ''Credere'' publica hoy una entrevista con el Papa Francisco poco antes del inicio del Jubileo de la Misericordia, en la que explica los motivos y las expectativas de esa convocatoria, así como su experiencia personal de la misericordia divina. Siguen amplios extractos de la entrevista.

''El tema de la misericordia – dice Francisco - se acentúa fuertemente en la Iglesia a partir de Pablo VI. Juan Pablo II lo subrayó con la Dives in Misericordia, la canonización de Santa Faustina Kowalska y la institución de la fiesta de la Divina Misericordia en la Octava de Pascua. En esta línea,he sentido que hay como un deseo del Señor de mostrar a los hombres su misericordia. Por tanto, no se me ocurrió a mí, he seguido una tradición renovada recientemente, aunque siempre existida.... Es obvio que el mundo de hoy necesita la misericordia, necesita la compasión, es decir, ''padecer con'' . Estamos acostumbrados a las malas noticias, a las noticias crueles y a las mayores atrocidadades que ofenden el nombre y la vida de Dios. Al mundo le hace falta descubrir que Dios es Padre, que hay misericordia, que la crueldad no es el camino, que la condena no es el camino, porque la misma Iglesia a veces sigue una línea dura, cae en la tentación de seguir una línea dura, en la tentación de subrayar sólo las normas morales, pero mucha gente se queda fuera. Me vino a la mente la imagen de la Iglesia como un hospital de campaña después de la batalla: ¡cuánta gente herida y destruida! ... Creo que este es el tiempo de la misericordia. Todos somos pecadores, todos llevamos pesos dentro. Sentí que Jesús quiere abrir la puerta de su corazón, que el Padre quiere mostrar sus entrañas de misericordia, y por esto nos envía al Espíritu.... Es el año del perdón, el año de la reconciliación. Por un lado vemos el comercio de armas... el asesinato de inocentes en las formas más crueles posibles, la explotación de las personas... de los niños.. Está en curso un sacrilegio contra la humanidad, porque el hombre es sagrado, es la imagen del Dios viviente. Y el Padre dice: "Deteneosy venid a mí."

A la segunda pregunta sobre la importancia que ha tenido en la vida de Francisco- que ha afirmado varias veces que como todos los creyentes se siente pecador - la misericordia de Dios, el Papa contesta: ''Yo soy un pecador... estoy seguro de ello. Yo soy un pecador a quien el Señor ha mirado con misericordia. Como dije a los presos en Bolivia, soy un hombre perdonado. Dios me miró con compasión y me perdonó. Incluso ahora cometo errores y pecados, y me confieso cada quince o veinte días. Y si me confieso es porque necesito sentir que la misericordia de Dios todavía está en mí''.

Francisco recuerda que tuvo esa sensación de forma especial el 21 de septiembre de 1953, cuando sintió la necesidad de entrar en una iglesia y confesarse con un sacerdote que no conocía y a partir de entonces su vida fue diferente; decidió hacerse sacerdote y aquel confesor, enfermo de leucemia, lo acompañó durante un año. ''Murió al año siguiente -dice el Papa- Después del funeral lloré amargamente, me sentí totalmente perdido, como con miedo de que Dios me hubiera abandonado. Ese fue el momento en que me topé con la misericordia de Dios y está muy vinculado con mi lema episcopal. El 21 de septiembre es San Mateo, y el Venerable Beda, hablando de la conversión de Mateo dice que Jesús miró Matteo " atqve eligendo miserabs "... La traducción literal sería "misericordiando y eligiendo", casi como un trabajo de artesanía. "Lo misericordió: sería la traducción literal del texto''.

''¿El Jubileo de la misericordia puede ser una oportunidad para redescubrir la "maternidad" de Dios? ¿Hay un aspecto más "femenino" de la Iglesia que debe valorarse?'' es la tercera pregunta.
''Sí -responde el Santo Padre- Dios mismo dice en el Libro Isaías que si incluso una madre puede olvidarse de su hijo, ''Yo, en cambio nunca me olvidaré de ti." Aquí se ve la dimensión materna de Dios No todo el mundo entiende cuando se habla de la "maternidad de Dios", no es un lenguaje popular - en el buen sentido de la palabra – parece una palabra para elegidos, así que prefiero usar la ternura, propia de una madre, la ternura de Dios, la ternura nace de las entrañas paternas. Dios es padre y madre''.

A la pregunta de si el descubrimiento de un Dios misericordioso, por tanto más ''emotivo'' que se enternece y se conmueve por el ser humano puede repercutir en un cambio de actitud hacia los demás, Francisco dice: ''Descubrirlo nos llevará a tener una actitud más tolerante, más paciente, más tierna...En 1994, durante el Sínodo, en una reunión del grupo, dije que había que establecer la revolución de la ternura... y hoy sigo diciendo que la revolución es la de la ternura, porque de ella se deriva la justicia y todo lo demás....Si te pones en el lugar de la otra persona, en lugar de pensar en tus propios bolsillos... las cosas cambian. La revolución de la ternura es lo que tenemos que cultivar como fruto de este año de la misericordia: la ternura de Dios para cada uno de nosotros. Cada uno de nosotros tiene que decir: "Yo soy un desventurado, pero Dios me ama; entonces también tengo que amar a los demás de la misma manera ".
El periodista recuerda el famoso "discurso de la luna" de san Juan XXIII, cuando, una noche saludó a los fieles, diciendo: "Llevad una caricia a vuestros hijos'', que se ha convertido en un icono de la Iglesia de la ternura y pregunta si la misericordia ayudará a las comunidades cristianas a convertirse y renovarse.
''Cuando veo a los enfermos, a los ancianos, me sale una caricia espontánea -observa el Pontífice- Es el primer gesto que hacen la mamá y el papá con el bebé recién nacido, el gesto del "te quiero "… ''quiero que te vaya bien ".
Por último ¿el Papa tendrá algún gesto especial durante el Jubileo para testimoniar la misericordia de Dios? :''Habrá muchos gestos pero un viernes de cada mes, haré un gesto diferente'', concluye Francisco. 



La parroquia Nuestra Señora de Europa celebra su 50 aniversario


Ubicada en el Paseo Doctor Vallejo Nájera, 23, la parroquia Nuestra Señora de Europa está celebrando durante este año el 50 aniversario de su erección canónica. Con este motivo, el próximo 6 de diciembre, domingo, el arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, presidirá una solemne celebración de la Eucaristía. La Misa, que dará comienzo a las 12:00 horas, será concelebrada por el párroco, Lucas Berrocal, el vicario episcopal de la zona y numerosos sacerdotes. Durante la ceremonia se procederá a la bendición de una nueva imagen de la Virgen de Europa, y el arzobispo impartirá la bendición papal a todos los asistentes.
Historia de una advocación
Nuestra Señora de Europa o la Virgen de Europa es una advocación a la Bienaventurada Virgen María cuya devoción se inició en Gibraltar y en menor medida en Algeciras. El continente europeo fue consagrado bajo la protección de Nuestra Señora de Europa en el siglo XIV desde el santuario en Gibraltar, donde la devoción todavía continúa hoy en día, después de 700 años. En 1979, el Papa Juan Pablo II concedió a Nuestra Señora de Europa el título de Patrona de Gibraltar, a la vez que se trasladó su festividad al 5 de mayo, coincidiendo así con el Día de Europa.
La advocación mariana de este templo parroquial está representada por la imagen de la Virgen con el Niño. Una imagen sedente de María, sosteniendo y ofreciendo a Jesús, que expresa elocuentemente la función maternal de María, estrella de la evangelización. Simbólicamente, junto con el anagrama de María, destaca el color azul y las doce estrellas. Estas imágenes y colores, tan de actualidad por ser símbolos de la Unión Europea, tienen un origen inconfundiblemente mariano. El azul es el color de la Virgen; la M y la A son el anagrama propio de María (Ave Maria ); la corona de doce estrellas recoge la descripción de la Mujer del Apocalipsis: «Después apareció una figura portentosa en el cielo: una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas» (Apocalipsis 12,1). En el lenguaje bíblico la mujer coronada de doce estrellas puede simbolizar la figura de la esposa fecunda (madre del pueblo de Dios), coronada (símbolo de realeza) con doce estrellas (las doce tribus de Israel, es decir, toda la humanidad redimida). La señal que aparece en el cielo manifiesta una doble realidad: es, a la vez, la Virgen María, la madre de Jesús, y la Iglesia, la madre de los creyentes; María es prototipo y realización perfecta de la Iglesia.
Templo
El templo de Nuestra Señora de Europa es de planta rectangular, una nave en planta -tres en alzado-, atrio y ábside en los extremos. En el presbiterio están situados como elementos principales el altar, la sede y el ambón. El altar está complementado por la cruz. El ambón, lugar de la proclamación de la palabra de Dios, tiene forma de libro abierto con los cuatro evangelistas esculpidos en sus dos caras. La sede es un único sillón que significa la presidencia de Jesucristo en la asamblea cristiana por medio de la sucesión apostólica. En la cabecera de la nave también se sitúan el baptisterio, el coro y la imagen de la titular de la iglesia.
infomadrid

¿ En qué crees? De "Enciende tu Fe"


¿En que crees?
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Posted by Enciende tu Fe on Lunes, 30 de noviembre de 2015

Habitaré en la casa del Señor por años sin término.


Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6
Habitaré en la casa del Señor por años sin término.
El Señor es mi pastor, nada me falta: 
en verdes praderas me hace recostar; 
me conduce hacia fuentes tranquilas 
y repara mis fuerzas.
Habitaré en la casa del Señor por años sin término.
Me guía por el sendero justo, 
por el honor de su nombre. 
Aunque camine por cañadas oscuras, 
nada temo, porque tú vas conmigo: 
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Habitaré en la casa del Señor por años sin término.
Preparas una mesa ante mí, 
enfrente de mis enemigos; 
me unges la cabeza con perfume, 
y mi copa rebosa.
Habitaré en la casa del Señor por años sin término.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida, 
y habitaré en la casa del Señor 
por años sin término.
Habitaré en la casa del Señor por años sin término.

Jesús cura a muchos y multiplica los panes


Lectura del santo evangelio según san Mateo 15, 29-37
En aquel tiempo, Jesús, bordeando el lago de Galilea, subió al monte y se sentó en él.
Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los echaban a sus pies, y él los curaba.
La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y dieron gloria al Dios de Israel.
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
«Me da lástima de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino.»
Los discípulos le preguntaron:
-«¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?»
Jesús les preguntó:
-«¿Cuántos panes tenéis?»
Ellos contestaron:
- «Siete y unos pocos peces.»
Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente.
Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete cestas llenas.
Palabra del Señor.

martes, 1 de diciembre de 2015

Lo que el Papa deja en la martirizada República Centroafricana

"Con su presencia, el Papa valiente puso las bases de una nueva era para el país"


"No tengo oro ni plata, pero os dejo lo que tengo: La bendición de Dios". Palabras de Francisco que repiten las que pronunció, en los orígenes de la Iglesia, el primer Papa, el apóstol Pedro. Una bendición cargada de regalos para la República Centroafricana, víctima de una guerra cruel por la avaricia de los que quieren expoliar sus valiosos recursos naturales.
Muchos le aconsejaban (incluidas las autoridades y los servicios de inteligencia de Francia), que no visitase el país por los riesgos físicos y reales que podía correr. Pero, contra viento y marea, Francisco mantuvo esta etapa en su gira africana. Porque siempre trata de vivir lo que predica. Y si predica misericordia y cercanía a los más pobres, no iba a dejar tirado al país que, con Siria y algún otro, más sufre y más lo necesita en estos momentos.
De hecho, su presencia allí no sólo puso sobre el tapete de la agenda mundial el conflicto olvidado de la RCA, sino que impulsó salidas concretas a la crisis que vive el país. Abrió horizontes, tras reunirse con las autoridades políticas de transición y con los líderes religiosos.
Salidas que pueden cuajar o no, porque el conflicto está muy enconado y, en África, como en otras partes del planeta, sangre llama a sangre y venganza clama venganza. Cuajen o no, Francisco dejó en el pueblo llano, en los que más sufren, en los empobrecidos un rayo de luz y de esperanza. Por un par de días, los pobres y los refugiados se sintieron importantes. El Papa fue a su casa, a sus tiendas, a verlos a ellos. Pudieron tocar al Papa y ser bendecidos por él. Y eso les da nuevas energías.

Francisco deja en Bangui consuelo, sanación y muchas lágrimas enjugadas, asi como alegrías compartidas. Porque Bangui llora, pero también canta y baila y puso ante el Papa al desnudo toda su alma joven y alegre. Con cicatrices y heridas profundas, sobre las que el Papa vertió el bálsamo de la esperanza.

En Bangui Francisco ofreció también un ejemplo práctico de los que significa tender puentes y de cómo se realiza un auténtico diálogo interreligioso. Visitando en su iglesia a los protestantes y en su mezquita, a los musulmanes. La mezquita del peligroso barrio del Kilómetro 5, donde una línea roja invisible separa a cristianos y musulmanes.

En su mezquita, al lado del imán, el Papa clamó: "Juntos, digamos no al odio, a la venganza y a la violencia". No a la "violencia en nombre de Dios, porque Dios es paz, salam". Porque las religiones no pueden ni deben ser el problema, sino parte de la solución. Y, porque los musulmanes y los cristianos "somos hermanos" y "debemos considerarnos y comportarnos como tales".
Con su palabra, pero sobre todo con su presencia, el Papa atrevido, el Papa pacificador y valiente pone las bases de una nueva era en la RCA. Una era de paz. Porque, como dijo en más de una ocasión "no hay futuro sin paz".
Por eso, puede concluir su estancia en Bangui con la satisfacción del deber cumplido. Y regresa a Roma sin un rasguño. Quizás porque goza de la protección del Altísimo. A este papa nada lo tumba, siempre sale airoso. Todo lo que toca lo convierte en oro. Resplandece e ilumina incluso en medio del sufrimiento. Quizás porque, como dice el salmista, "los ángeles del Señor te cubrirán con sus alas". Francisco, el pacificador, protegido por Dios, amado por el pueblo, que lo proclama el líder global del Sur.


(José Manuel Vidal).-

Afganistán: Un niño de 12 años es reclutado para cometer un atentado suicida

Un niño de 12 años llamado Zekirya, que había sido formado por un grupo de fundamentalistas islámicos para inmolarse, se entregó a la policía después de escaparse de un centro de entrenamiento en el noroeste de Afganistán.
El menor había sido vendido por sus padres a los talibanes por 100 dólares norteamericanos en la provincia de Faryab, para luego recibir entrenamiento para cometer un ataque suicida, según informó el Ministerio del Interior afgano.
Zekirya confesó a la policía que compartía lecciones de manipulación de explosivos con otros seis niños, y que se escapó cuando ya le habían indicado que debía inmolarse en las oficinas gubernamentales del distrito de Qaisar, en Faryab.
El menor aseguró que estaba bajo el mando de un mulá, quien les había dicho que si atacaban con explosivos al jefe de policía y otros altos funcionarios de Qaisar irían “al paraíso”.
En Afganistán, los más pequeños siempre han sido utilizados para actividades insurgentes, como hacer explotar artefactos explosivos improvisados, efectuar labores de vigilancia e información sobre la ubicación de las fuerzas de seguridad y funcionarios gubernamentales, recoger armas abandonadas o incluso combatir en el bando de los talibanes. Las autoridades afganas dicen haber arrestado a unos 250 menores de edad en los últimos 10 años debido a estas actividades.
En los últimos tiempos, es cada vez mayor el número de niños que se inmolan en atentados suicidas. Los menores están siendo reclutados en las madrasas o escuelas coránicas porque pueden ser más fácilmente influenciados para que lleven a cabo este tipo de ataques, y las fuerzas de seguridad rara vez sospechan de ellos.
El año pasado, una niña de diez años fue detenida por la policía después de confesar que su hermano, un comandante talibán, le ordenó cometer un ataque suicida contra un puesto de control en la provincia de Helmand, en el sur de Afganistán.
En marzo de 2013, también en Helmand, dos niños murieron y otros seis resultaron heridos por la detonación de un chaleco cargado de explosivos durante unas lecciones en una madrasa sobre su manejo y fabricación.
En 2011 se produjeron además varios casos en los que menores de edad perpetraron atentados suicidas tanto en Afganistán como en las zonas de Pakistán próximas a la frontera.

Zenit/Iván de Vargas

“Es el tiempo de navegar en otra dirección, hacia la paz y la reconciliación”, el Papa en Bangui

No deja de asombrarnos, al leer la primer lectura, el entusiasmo y el dinamismo misionero del Apóstol Pablo. «¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Noticia del bien!» (Rm 10,15). Es una invitación a agradecer el don de la fe que estos mensajeros nos han transmitido. Nos invita también a maravillarnos por la labor misionera que -no hace mucho tiempo- trajo por primera vez la alegría del Evangelio a esta amada tierra de Centroáfrica. Es bueno, sobre todo en tiempos difíciles, cuando abundan las pruebas y los sufrimientos, cuando el futuro es incierto y nos sentimos cansados, con miedo de no poder más, reunirse alrededor del Señor, como hacemos hoy, para gozar de su presencia, de su vida nueva y de la salvación que nos propone, como esa otra orilla hacia la que debemos dirigirnos.

La otra orilla es, sin duda, la vida eterna, el Cielo que nos espera. Esta mirada tendida hacia el mundo futuro ha fortalecido siempre el ánimo de los cristianos, de los más pobres, de los más pequeños, en su peregrinación terrena. La vida eterna no es una ilusión, no es una fuga del mundo, sino una poderosa realidad que nos llama y compromete a perseverar en la fe y en el amor.
Pero esa otra orilla más inmediata que buscamos alcanzar, la salvación que la fe nos obtiene y de la que nos habla san Pablo, es una realidad que transforma ya desde ahora nuestra vida presente y el mundo en que vivimos: «El que cree con el corazón alcanza la justicia» (cf. Rm 10,10). Recibe la misma vida de Cristo que lo hace capaz de amar a Dios y a los hermanos de un modo nuevo, hasta el punto de dar a luz un mundo renovado por el amor.

Demos gracias al Señor por su presencia y por la fuerza que nos comunica en nuestra vida diaria, cuando experimentamos el sufrimiento físico o moral, la pena, el luto; por los gestos de solidaridad y de generosidad que nos ayuda a realizar; por las alegrías y el amor que hace resplandecer en nuestras familias, en nuestras comunidades, a pesar de la miseria, la violencia que, a veces, nos rodea o del miedo al futuro; por el deseo que pone en nuestras almas de querer tejer lazos de amistad, de dialogar con el que es diferente, de perdonar al que nos ha hecho daño, de comprometernos a construir una sociedad más justa y fraterna en la que ninguno se sienta abandonado. En todo esto, Cristo resucitado nos toma de la mano y nos lleva a seguirlo. Quiero agradecer con ustedes al Señor de la misericordia todo lo que de hermoso, generoso y valeroso les ha permitido realizar en sus familias y comunidades, durante las vicisitudes que su país ha sufrido desde hace muchos años.

Es verdad, sin embargo, que todavía no hemos llegado a la meta, estamos como a mitad del río y, con renovado empeño misionero, tenemos que decidirnos a pasar a la otra orilla. Todo bautizado ha de romper continuamente con lo que aún tiene del hombre viejo, del hombre pecador, siempre inclinado a ceder a la tentación del demonio -y cuánto actúa en nuestro mundo y en estos momentos de conflicto, de odio y de guerra-, que lo lleva al egoísmo, a encerrarse en sí mismo y a la desconfianza, a la violencia y al instinto de destrucción, a la venganza, al abandono y a la explotación de los más débiles...


Sabemos también que a nuestras comunidades cristianas, llamadas a la santidad, les queda todavía un largo camino por recorrer. Es evidente que todos tenemos que pedir perdón al Señor por nuestras excesivas resistencias y demoras en dar testimonio del Evangelio. Ojalá que el Año Jubilar de la Misericordia, que acabamos de empezar en su País, nos ayude a ello. Ustedes, queridos centroafricanos, deben mirar sobre todo al futuro y, apoyándose en el camino ya recorrido, decidirse con determinación a abrir una nueva etapa en la historia cristiana de su País, a lanzarse hacia nuevos horizontes, a ir mar adentro, a aguas profundas.
El Apóstol Andrés, con su hermano Pedro, al llamado de Jesús, no dudaron ni un instante en dejarlo todo y seguirlo: «Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron» (Mt 4,20). También aquí nos asombra el entusiasmo de los Apóstoles que, atraídos de tal manera por Cristo, se sienten capaces de emprender cualquier cosa y de atreverse, con Él, a todo.
Cada uno en su corazón puede preguntarse sobre su relación personal con Jesús, y examinar lo que ya ha aceptado -o tal vez rechazado- para poder responder a su llamado a seguirlo más de cerca. El grito de los mensajeros resuena hoy más que nunca en nuestros oídos, sobre todo en tiempos difíciles; aquel grito que resuena por «toda la tierra [...] y hasta los confines del orbe» (cf. Rm 10,18; Sal 18,5).

Y resuena también hoy aquí, en esta tierra de Centroáfrica; resuena en nuestros corazones, en nuestras familias, en nuestras parroquias, allá donde quiera que vivamos, y nos invita a perseverar con entusiasmo en la misión, una misión que necesita de nuevos mensajeros, más numerosos todavía, más generosos, más alegres, más santos. Todos y cada uno de nosotros estamos llamados a ser este mensajero que nuestro hermano, de cualquier etnia, religión y cultura, espera a menudo sin saberlo. En efecto, ¿cómo podrá este hermano -se pregunta san Pablo- creer en Cristo si no oye ni se le anuncia la Palabra?

A ejemplo del Apóstol, también nosotros tenemos que estar llenos de esperanza y de entusiasmo ante el futuro. La otra orilla está al alcance de la mano, y Jesús atraviesa el río con nosotros. Él ha resucitado de entre los muertos; desde entonces, las dificultades y sufrimientos que padecemos son ocasiones que nos abren a un futuro nuevo, si nos adherimos a su Persona. Cristianos de Centroáfrica, cada uno de ustedes está llamado a ser, con la perseverancia de su fe y de su compromiso misionero, artífice de la renovación humana y espiritual de su País.

Que la Virgen María, quien después de haber compartido el sufrimiento de la pasión comparte ahora la alegría perfecta con su Hijo, los proteja y los fortalezca en este camino de esperanza. Amén.


Mucha alegría, gratitud y esperanza en el mundo, por el enorme coraje apostólico de Francisco en África


Hay que tomar decisiones, hay que rezar para escuchar lo que Jesús nos pide y luchar, dijo el Papa a los jóvenes en África. Y él mismo, con su viaje, nos ha dado testimonio de lo que significa escuchar a Jesús y no las otras voces, agoreras, cargadas de miedo, que paralizan, que impiden que se haga el bien y que dan espacio y razón al mal.
Francisco nos pidió siempre salir de la auto referencialidad, de la comodidad, de las seguridades, para ir al otro y tocar las llagas de Cristo en el hermano que sufre, porque es ahí donde se experimenta la alegría del Evangelio. Y aunque la paz, la alegría, la gratitud por el encuentro con Jesús que se ha vivido en África, con el Vicario de Cristo, son momentáneas. Este momento intenso sirve para que crezca la esperanza de que la alegría y la paz definitivas son posibles si escuchamos el llamado de Jesús a vivir como hermanos, si dejamos crecer en nosotros el deseo de paz y rezamos, trabajamos y hacemos todo lo posible por la paz -como lo pide Francisco-, contra el odio, la venganza y el miedo.
La alegría por la realización del viaje del Papa al África y concretamente a República Centroafricana, tiene su epicentro en Bangui, pero se expande por toda el África y se extiende al mundo entero en los fieles y tantos hombres y mujeres de buena voluntad, agradecidos a Dios, llenos de alegría y esperanza por el enorme coraje apostólico de Francisco y por lo que este gesto concreto de cercanía y amor representa en este mundo herido, sumido en la tercera guerra mundial a pedazos, en la que el demonio, con sus mercenarios adoradores del dios dinero, masacra la dignidad de las personas, del Pueblo, con la violencia y el miedo.
Si como el mismo Francisco dice, el miedo y la pobreza son lo que alimenta el terrorismo, el suave pero firme coraje apostólico del Papa, acaricia con la riqueza de la misericordiosa ternura de nuestro Dios la herida abierta del mundo, para que Dios la cure y la fecunde con el poder de su amor.
Bendito sea Dios, le agradecemos por la valentía y coraje apostólico que da a nuestro Papa.

Papa: cristianos y musulmanes somos hermanos, impulsemos la paz, no al odio

En la Mezquita Central de Bangui, el Papa Francisco señaló que su visita pastoral a la República Centroafricana no estaría completa sin el encuentro con la comunidad musulmana.  
Con palabras de aliento, haciendo hincapié en que «cristianos y musulmanes somos hermanos» y que «tenemos que permanecer unidos» el Obispo de Roma pidió:
«Juntos digamos ‘no’ al odio, ‘no a la venganza, ‘no’ a la violencia, en particular a la que se comete en nombre de una religión o de Dios. Dios es paz, salam».
Ante estos tiempos dramáticos, el Papa alentó a las autoridades religiosas cristianas y musulmanas a impulsar la solidaridad y expresó su profundo anhelo de que las próximas consultas nacionales den al país unos representantes que sepan unir a los centroafricanos y que esta nación, situada en el corazón de África sea impulso de armonía, reconciliación y paz, para todo el continente africano.
«Queridos amigos, queridos hermanos – reiteró el Papa Francisco - los invito a rezar y a trabajar en favor de la reconciliación, la fraternidad y la solidaridad entre todos, teniendo presente a las personas que más han sufrido por estos sucesos».
(CdM – RV)


Jesús, lleno de la alegría del Espíritu Santo


Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 21-24
En aquel tiempo, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó Jesús:
- «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar.»
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
- «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.»
Palabra del Señor.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron


Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 18-22
En aquel tiempo, pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores.
Les dijo:
-«Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.»
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Palabra del Señor.

Vigilia penitencial en Bangui con el Papa, después de la apertura de la Puerta Santa del Jubileo de la misericordia

 Terminada la eucaristía que el Papa presidió en la catedral de Bangui, se realizó una vigilia de oración como puesta en práctica inmediata de las palabras de Francisco en la apertura del Jubileo en República Centroafricana: “Bangui se convierte en la capital espiritual de la oración por la misericordia del Padre”. Consecuentemente con esta realidad se rezó pidiendo la misericordia de Dios.
En esta ocasión Francisco confesó a varios jóvenes en la sacristía, como ejercicio concreto de ofrecimiento y aceptación de la misericordia de Dios, con la confesión y absolución de los pecados en el sacramento de la reconciliación.
Hablando a los jóvenes Francisco dijo: “Queridos jóvenes estoy muy contento de encontrarlos. Hoy hemos abierto esta puerta. Esto significa la Puerta de la Misericordia de Dios. Confíen en Dios. Porque él es misericordioso. Él es amor. Él es capaz de darnos la paz. Y por eso les he dicho al inicio que recen. Es necesario rezar para resistir, para amar, para ser artesano de paz”.
Y el Vicario de Cristo preguntó a los jóvenes: “¿Están dispuestos a resistir, tienen el corazón dispuesto a trabajar por la paz, a perdonar?, ¿Están con el corazón dispuesto a rezar? Recen también por mí para que pueda ser un buen obispo, un buen pastor, un buen Papa”.
Es verdaderamente hermoso, magnífico, que el domingo intenso del obispo de Roma en República Centroafricana, en el que tantos hombres y mujeres de buena voluntad y no solamente los fieles católicos, mostraron su deseo ferviente de trabajar por la reconciliación y la paz en este país, haya terminado con la experiencia concreta del amor perdonador de Dios con el sacramento de la misericordia, en una situación de tanto dolor y tanta guerra, provocada por la adoración al dios dinero por parte de mercenarios que controlan el uranio, el oro, el petróleo, a costa de la vida y dignidad de tantos que desean y merecen vivir en paz. jesuita Guillermo Ortiz- Radio Vaticana

“Misericordia y no venganza”. El Papa inicia el Jubileo en Bangui

“Hoy inicia, aquí en Bangui, el Año Santo de la Misericordia”, “Bangui es la capital espiritual de la Misericordia”, con estas firmes y decididas palabras el Papa Francisco inició elJubileo Extraordinario de la Misericordia en la capital Centroafricana.
Después de una jornada intensa y rica de emociones en los diferentes eventos del primer día de actividades del Santo Padre en Centroáfrica. Jornada que inició con el encuentro con las Autoridades del país a quienes recordó los valores sobre los cuales se funda esta nación; la emocionante visita a los prófugos de “San Salvador” de Bangui, para decirles que “la paz es posible porque todos somos hermanos”; el encuentro “familiar” con sus hermanos Obispos de una de las Conferencias Episcopales menos numerosas de la Iglesia; la visita a la Facultad Teológica Evangélica para fortalecer el “diálogo” y relanzar la plataforma interreligiosa y finalmente la apertura de la Puerta Santa en la Catedral de Bangui.
La presencia del Pontífice ha reforzado la esperanza y alentado la alegría de la gente; en un país donde muchas veces la respuesta a la violencia ha sido la venganza. El Obispo de Roma, desde la capital Centroafricana invitó a orar por la paz y la reconciliación nacional, “hoy inicia, aquí en Bangui – dijo el Papa – el Año Santo de la Misericordia” y a los fieles y peregrinos congregados en el atrio de la Catedral de “Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción” de Bangui les hizo repetir “pidamos la paz”, “pidamos la paz”. Para este pueblo pobre que sufre la guerra, pidió la gracia de la “limosna de la paz”. Que la respuesta a la violencia sea la misericordia, e invitó a todos a “pasar a la otra orilla”, a la orilla de la paz y la misericordia, para que el pueblo Centroafricano viva un nuevo tiempo de paz y progreso.
En este contexto, el Vicario de Cristo invitó a todos a vivir la reconciliación, incluso con nuestros enemigos, a ser “artesanos de la reconciliación y la misericordia” para poder pasar a la otra orilla, a la orilla de Jesús. La justicia de Dios, dijo el Papa, se da en la Misericordia. Antes de iniciar las Eucaristía el Pontífice hizo un llamamiento a todos los centroafricanos: “Depongan las armas de este mundo y abracen las armas de la justicia y la paz”.
(Desde Bangui, Renato Martinez – Radio Vaticano)