martes, 18 de agosto de 2015

Monseñor Aguirre denuncia la trata de esclavos: "El silencio nos hace cómplices de los esclavistas"

De "usar y tirar". Un concepto casi desconocido en grandes partes del continente africano es hoy allí moneda corriente. Pero no estoy hablando de un objeto que se puede barrer o quitar de en medio como algo inservible, inútil, engorroso o molesto. Se trata de seres humanos. Depersonas del siglo XXI que son vendidas como esclavos. Personas de carne y hueso son tratadas como amasijos de carne, de usar y tirar o de reciclar vendiéndoselos a otros.
Una trata de seres humanos, carne de cañón bien etiquetada para el mercado, niñas jóvenes para recreo de gente sin escrúpulos en el Golfo Pérsico que bajo la publicidad de países punta de lanza en camisetas del Madrid, del PSG o de la Fórmula 1 esconden unas bajezas podridas hasta el límite de lo inhumano.
Ser esclavo hoy está tan de moda como lo fue en la antigüedad. Leíamos en estos días que el mal llamado Ejército islámico (hay millones de musulmanes tolerantes en el mundo que rechazan la violencia yihadista), el ISIS, ha raptado más 200 personas (y asesinado a otras tantas) para pedir un rescate o para venderlos como esclavos en los alrededores de la ciudad de Ohms. El Boko-haram tiene en su cosecha más de 700 asesinatos. De aquellas 200 muchachas estudiantes raptadas, apenas se escaparon 40. Las demás han desaparecido. O las han matado o las han vendido como esclavas.
Muchas, igual estarán en un harem del Golfo Pérsico al estilo de las esclavas de sus antepasados en el imperio califal cordobés. Desde las áridas estepas de Palmira, el DAES juega con las vidas humanas o se quedan con jóvenes indefensas como esclavas sexuales para goce aquellos "mártires de pacotilla". Desde los miles de esclavos y esclavas secuestrados por los perros rabiosos de DAES en Siria cuyos padres de la secta Yazidi han huído a las montañas, hasta las azules aguas del Mediterráneo en una patera sobrecargada, amasijo de sombras que huyen, a merced del mar y sus caprichos.
Estos huyen de la esclavitud pero son esclavos de la ruleta que los lleve a buen puerto, a salvamento marítimo o al camposanto improvisado en los fondos marinos. Se juegan la vida a una carta. Y la de su familia. Es la esclavitad de la fortuna. Convertirse en esclavos pende de un hilo en una serie de calamidades que han llovido sobre sus cabezas.
Luego lleva lo que algunos llaman el "flujo demográfico". Para subir a una patera, muchas africanas han debido ser esclavas sexuales de los traficantes. Otros llegan a España, Grecia o Italia en donde empieza otra carrera por la vida: la de quedarse fuera de las zonas calientes, la de encontrar un sitio donde vivir en paz, la de los papeles, la de buscar un medio para llegar a Francia, o a Calé para mirar a Inglaterra, o a los países nórdicos, donde vivir en la calle siempre será mejor que quedarse a ver venir la apisonadora asesina del DAES o del ISIS.
El flujo migratorio toca sobre todo a países africanos o a Turquía. En mi diócesis tenemos un campo de 3.000 refugiados del Congo que hemos acogido, alojado y dado un terreno para sembrar y comer. Llegaron sin papeles y nadie se los pidió. Muchos países africanos reciben cientos de miles de refugiados. En Italia parecen haber entrado 52.000 en 2015. En África estoy hablando de cientos de miles. Huyen de un drama que a veces comprendemos sólo a medias.
Recuerdo a una mujer protestante de Obo, al este de Bangassou, en Centroáfrica. Se llama Olive. Deterioró su vida, su salud física y mental, su familia, su honor, su credibilidad el día en que la LRA (Armada de Resistencia del Señor del miserable Joseph Kony) la secuestró y se la llevó esclava a la selva. Por tres años fue esclava de un comandante que mancilló sus veinte años, la ultrajó pisoteándola, la violó, la prestó como puta gratis a sus compañeros de tropa, la torturó echándole encima gotitas de fuego de una bolsa de plástico que hacía arder sobre ella cuando una orden suya era mal comprendida o una mancha en su camisa delataba que su trabajo como sirvienta no era hecho con inmaculada delicadeza.
Oliva me contaba como ese hacer inmaculado de las horas áridas del día se convertía en tórrido asco cuando su "protector" llegaba borracho al campamento, la violaba y luego la quemaba con emponzoñadas gotas de plástico. La fragilidad de Olive destacaba sobre la brutalidad de aquel pervertido. Sus manos vacías hablaban de su horror frente al arsenal de aquel vándalo vestido con traje de camuflaje.
Olive vivió aquel espanto tres años, hasta que, en una escaramuza afortunada, huyó del campamento con una decena de cuerpos macilentos, jóvenes convertidos en adultos abruptamente, mujeres con niños en los brazos, todos esclavos modernos en el mundo virtual de alta tecnología. Olive nunca podrá huir del drama que vivió en la selva de Obo. No tiene medios. Vive con medio euro al día.
Entre docenas de casos vividos en primera persona recuerdo otro del 2002. Se trata de un muchacho atlético, fuerte, que tenía 14 años y era de Rafai, diócesis de Bangassou. Se perdió en la selva cuando cazaba ratas palmistas con sus amigos. A los tres días lo encontró un grupo de cazadores furtivos sudaneses que lo alimentaron y se lo llevaron en la grupa de uno de sus asnos. A los tres meses, el destino lo llevó a una ciudad del centro del Sudán en donde los furtivos lo vendieron a unos comerciantes de Jartum, la capital. Allí lo volvieron a vender en una subasta de esclavos, lo compró una familia que lo revendió más tarde.
Su vida se convirtió en una espiral de pujas y vejaciones, en un objeto desechable dentro de las costumbres de familias tradicionales sudanesas. Cuando tres años después, una ONG inglesa lo descubrió y habló con él, se recordó de cuatro palabras en francés y en zande, su lengua natal y de Bangassou su región. A través de los Combonianos de Jartum, contactaron conmigo. Esta ONG lo recompró y lo embarcó para Centroáfrica donde yo mismo lo recibí en el aeropuerto de Bangui y lo llevé hasta su familia, 800 kilómetros en la selva, que lo acogió con extraordinaria alegría, perpleja por increíble, el mismo Michel por quien habían hecho los funerales tres años antes.
Esclavos de la antigüedad y esclavos del hombre moderno. Estamos viviendo la repetición de aquello que ya ocurrió en muchos momentos de la historia. La de hoy, en el Mediterraneo, en Ceuta, en Calé o en Lampedusa, es otra página manchada de la historia. ¿Vamos a quedarnos de brazos cruzados? En aquellos momentos, siempre hubo hombres lúcidos, carismáticos. Héroes de la humanidad que supieron reaccionar con feroz energía y amor sin límites. Desde San Pablo y su historia de Onésimo y Filemón hasta San Pedro Claver o San Junípero Serra (que será canonizado por el Papa Francisco en Washington el próximo 23 de septiembre), no todo el mundo se quedó indiferente.
Hay reacciones extraordinarias, como la del arzobispo de Tánger, Mons. Santiago Agrelo, que escribió en defensa de los derechos de estos "extranjeros" a los que el Evangelio nos dice claramente, en el texto del juicio final de Mateo 25, que tenemos que acoger, sobre todo sabiendo que miles de ellos están huyendo de una muerte segura. Con efecto llamada o sin él. Países como Grecia, Italia o España están haciendo frente al problema como mejor pueden, pero muchas veces están desbordados.
La Unión Europea no dice nada por no mojarse, creo yo. Y la Iglesia católica, nuestras comunidades religiosas, me parece ver un alzarse de hombros como pensando "esto no me toca", "estos dramas no van conmigo", o "estos indeseables no entran en mi evangelio, mejor que la policía los vuelva a echar al otro lado de la frontera".
Mirar y ver qué pasa, desde la orilla. El silencio nos hace cómplices de los esclavistas. Ojalá que surjan nuevos Juníperos o Pedro Claver, capaces de mirar desde el evangelio y actuar, de empatizar con los últimos de la cadena y desbordar de compasión por estos esclavos modernos. No vaya a ser que el mayor asesino en serie hoy día en nuestro planeta no sea la pobreza, sino nuestra indiferencia.
uan José Aguirre, obispo de Bangassou


Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros

Lectura del santo evangelio según san Mateo 19, 23-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Os aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.»
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados:
-«Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús se les quedó mirando y les dijo:
-«Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.»
Entonces le dijo Pedro:
-«Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar? »
Jesús les dijo:
-«Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mi deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros. »
Palabra del Señor

lunes, 17 de agosto de 2015

La comunidad es mucho más que vivir y trabajar juntos

“La comunidad es mucho más que vivir y trabajar juntos. Es un vínculo del corazón que no tiene límites físicos. Son velas que arden en diferentes partes del mundo, todas ellas rezando la misma oración silenciosa de la amistad y del amor”.

“No creo que tengamos que reprimir nuestras energías eróticas para llevar una vida ordenada. Tampoco creo que debamos olvidar toda disciplina u orden para entrar en contacto con las fuerzas salvajes de nuestra existencia. Pero sí que hace falta una concentración de esfuerzo para encontrar la única manera de llegar a ser personas íntegras”.

“El valor de la vida no depende de las horas, días o años que se vivan, ni tampoco del número de personas con las que uno se relacione, ni de la influencia que se tenga en la historia. El valor de la vida es la vida en sí misma”.

“Nuestros dones, por pequeños que parezcan, se hacen grandes cuando se reconocen como dones de Dios para el pueblo de Dios. Cuando nos refrenamos en la entrega, con una mentalidad de escasez, lo poco que tengamos se hace aún menos. Cuando damos con generosidad, con una mentalidad de abundancia, lo que entregamos se multiplica”.

“Creo personalmente que Jesús se encarnó para abrirnos la puerta de la casa de Dios, y todos los hombres pueden pasar por esa puerta, conozcan o no a Jesús”.

Henri Nouwen.


Publicado por Reflejos de Luz Pastoral 

Teresa, como la piedra imán


«Me afirma quien la conoció muchos días, que nadie la conversó que no se perdiese por ella; y que, niña y doncella, seglar y monja, reformada y antes que se reformase, fue con cuantos la veían como la piedra imán con el hierro; que el aseo y buen parecer de su persona, y la discreción de su habla, y la suavidad templada con honestidad de su trato, la hermoseaban de manera que el profano y el santo, el distraído y el de reformadas costumbres, los de más y los de menos edad, sin salir ella en nada de lo que debía a sí misma, quedaban como presos y cautivos de ella, pues en estos naturales, como en tierra fértil y sazonada, prendió luego con firmes y hondas raíces la gracia que recibió en el bautismo, de manera que en los primeros años de su niñez dio claras muestras de lo que después pareció en ella».

Fray Luis de León

Fuente: Blog de las carmelitas descalzas de Puzol.


Francisco, contra los rigoristas

El Sínodo de la familia está llamado a ser uno de los hitos del pontificado de Francisco. Por la temática abordada, por los procesos que puso en marcha y porque el propio papa quiso que se desarrollase con total parresia, la capacidad de decir lo que se piensa en conciencia con claridad, franqueza y valentía. 
Aún siendo un acontecimiento mayor y pleno de parresía, el Sínodo no está por encima del papa. Francisco no le entregó su agenda ni dotó de poderes deliberativos a la asamblea sinodal. Y al final, él y sólo él tendrá la última palabra sobre todos los temas que aborde el Sínodo, incluidos los más polémicos y sensibles, como el de los divorciados vueltos a casar civilmente.
Por eso, todas las campañas (y van ya muchas) de los rigoristas se centran en denunciar que cualquier “alejamiento de la disciplina”, lo haga el Papa o el Papa apoyado en el Sínodo, es una “traición a la doctrina”.
Los rigoristas son esa especie eclesial, poco numerosa pero muy ruidosa en ciertos círculos especialmente de Internet, que, al igual que los fariseos imponen “cargas pesadas” sobre las espaldas de la gente. Y lo hacen con absoluta desfachatez, siempre seguros de sí mismos, de su interpretación de la doctrina. Una docrtrina a la que dicen defender a capa y espada, porque ellos y solo ellos lo hacen con absoluta transparencia y sin buscar para nada el aplauso de la gente.
Gente y pueblo que, lógicamente, en su interpretación doctrinaria no sólo es pecadora y busca permanentemente pecar y no salir del pecado en el que se refocila como puercos en lodazal, sino que, además, como masa que es, desconoce la doctrina, se deja llevar siempre por el diablo y quiere vivir sin valores morales.
Es ésta, la de los rigoristas y fariseos, una especie antigua, que sacaba de sus casillas al propio Cristo, y que se ha perpetuado en la historia de la Iglesia, que siempre los condenó taxativamente, como su maestro.
Ya en el primer Concilio de Nicea, allá por el 325, excomulgó a los llamados “puros” y se consideraban como tales.
Hace unos días, Francisco recordó que los divorciados vueltos a casar no están excomulgados. Al recordar y explicitar, con su habitual estilo catequético, la doctrina común de la Iglesia, el Papa marcaba el camino de la misericordia a los padres sinodales. Pero, sobre todo, señalaba a los rigoristas de hoy. A los que le acusan de ser un Papa débil.
Al proclamar que los divorciados no están excomulgados, está diciendo a los rigoristas queson ellos los que a menudo los tratan como tales y que eso no es evangélico ni doctrinal. Y, además, que con esa actitud no están defendiendo el matrimonio ni entienden el significado doctrinal profundo de la eucaristía.
Los rigoristas patrios y ajenos ni se han enterado ni se enterarán. Lo que dice el Papa sólo va a su misa, si coincide con su cristianismo doctrinario e ideologizado. Y seguirán tronando desde sus pequeños púlpitos y disparando con tirachinas, creyendo que son misiles.
No saben conjugar el verbo misericordear. Hasta abominan de él y, por lo tanto, del Evangelio de Cristo, que coloca en su frontispicio al Dios Padre misericordioso.
En cualquier caso, ya es hora de que sepan estos 'cátaros' de hoy que el silencio habitual de los buenos no implica que comulguen con sus 'chinas doctrinales'. Los buenos callan, pero siguen al Papa y, sobre todo, al Dios de la misericordia.
José Manuel Vidal


«Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna? »

Lectura del santo evangelio según san Mateo 19, 16-22
En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó:
-«Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna? »
Jesús le contestó:
-« ¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. »
Él le preguntó:
-«¿Cuáles?»
Jesús le contestó:
-«No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo. »
El muchacho le dijo:
-«Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?»
Jesús le contestó:
-«Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres – así tendrás un tesoro en el cielo - y luego vente conmigo. »
Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.
Palabra del Señor

domingo, 16 de agosto de 2015

Pablo VI, el Papa del Concilio Vaticano II

Se ha escrito que Pablo VI fue un Papa al que todavía le tenemos que hacer justicia, y más aún cuando ya han sido canonizados su antecesor y un sucesor: Juan XXIII y Juan Pablo II. Recordemos que Pablo VI recibió el Concilio Vaticano II de manos de Juan XXIII, que murió cuando apenas se habían iniciado los trabajos de la gran asamblea conciliar, y lo llevó hasta la conclusión, encargándose de su primera aplicación en las décadas de los 60 y 70, unos años muy difíciles para el gobierno de la Iglesia.
Recordemos también que fue el primer Papa que hizo una peregrinación a Tierra Santa, donde tuvo un encuentro memorable con el patriarca Atenágoras, con aquel gran abrazo entre los máximos representantes de las Iglesias de Oriente y de Occidente, un gesto que llevaría, al final del Concilio Vaticano II, a anular las mutuas excomuniones entre Roma y Constantinopla, que venían del siglo XI.
Pablo VI fue el Papa que hizo cardenales a Karol Wojtyla (en 1967) y a Joseph Ratzinger (1977), ambos sucesores suyos, que se han convertido en san Juan Pablo II y Benedicto XVI, hoy Papa emérito.
También fue el Papa que comenzó los viajes apostólicos, además de la ya mencionada peregrinación a Tierra Santa durante el Concilio Vaticano II, a las Iglesias locales de los cinco continentes. 

Entre las muchas cosas que se pueden recordar de este Papa está la encíclica Populorum Progressio (1967), escrita al final del colonialismo, cuando nacían y crecían en el mundo nuevas naciones y nuevos estados. Después publicó la Humanae Vitae (1968), la encíclica sobre el control de la natalidad y los valores de la familia. De la última etapa de su pontificado es su exhortación apostólica sobre el anuncio del Evangelio,Evangelii Nuntiandi, del 8 de diciembre de 1975, un texto que aún hoy es un punto de referencia cuando se habla de la evangelización.

Recuerdo que el papa Francisco, que tiene una gran admiración por el papa Montini, en la audiencia que nos concedió a los participantes en el reciente Congreso de la Pastoral de las Grandes Ciudades, el 27 de noviembre de 2014, concluyó sus palabras haciendo un gran elogio de Pablo VI: "En los escritos del beato Pablo VI cuando era arzobispo de Milán –nos dijo-, hay una verdadera reserva de cosas que nos pueden ayudar a llevar el Evangelio a las grandes ciudades".

+ Lluís Martínez Sistach
Cardenal arzobispo de Barcelona

El Vaticano acusa a Italia de no hacer lo suficiente para paliar las muertes en el Mediterráneo

Para finales de agosto habrán llegado a Europa 250.000 inmigrantes irregulares

 Lo peor de la situación sin embargo es que ya han muerto 2.300 en 2015, casi 500 más que en todo el año anterior
El Vaticano y el Gobierno de Italia se enfrascaron en sus más profundas críticas mutuas en décadas a consecuencia de un nuevo naufragio que dejó decenas de muertos entre inmigrantes que intentaban alcanzar la costa italiana. Ya suman 2.300 los muertos este año cuando cruzaban el Mediterráneo, 500 más que el total del año pasado.
La Organizaciòn Internacional de las Migraciones (OIM) en su último informe publicado el viernes, reveló que para fines de agosto habrán llegado a Europa 250.000 inmigrantes irregulares, contra 219.00 en total del año pasado. Lo peor de la situación sin embargo es que ya han muerto 2.300 en 2015, casi 500 más que en todo el año anterior.
El principal teatro de operaciones es el llamado canal de Sicilia, una lengua de aguas mediterráneas de cien quilómetros de ancho que separa la isla de Libia en el norte africano y que ahora ha pasado a llamarse el canal "más mortal del mundo". La OIM cree que la situación es aún peor a lo que se conoce, ya que se carece de datos suficientes sobre los camiones que por cientos llegan desde Nigeria, Somalia y Eritrea, cargados de gente desesperada y dispuesta a todo con tal de llegar a la costa europea.
Italia, es el segundo país que más inmigrantes ha recibido, después de Grecia, y las autoridades han perdido el control de la situación en muchos aspectos.
El conflicto de vaticano-italiano, se desató cuando Monseñor Nunzio Galantino,secretario de la Conferencia Episcopal Italiana, dijo a Radio Vaticana que los políticos italianos eran los máximos responsables de la crisis humanitaria en tanto nada les importa "con tal de conseguir un voto".
"Como italianos deberíamos distinguir entre la realidad y la percepción que de ella tenemos. Escuchamos que se habla de que es ‘insoportable' el número de las personas que piden asilo político. En mi opinión ésta es una actitud que viene alimentada por esos ‘comerciantes de poca monta' (apuntando a los políticos) que con tal de conseguir votos dicen cosas extraordinariamente insípidas. Sé que la inmigración tal cual está planteada es un esfuerzo, sé que es difícil abrir la propia casa, abrir el propio corazón, abrir la propia realidad", puntualizó. Recordó paralelamente la situación de Jordania, que "con seis millones de habitantes tiene dos millones de refugiados. Y no tienen más medios. Probablemente porque tienen sólo un corazón más grande".
Una decena de diputados de la derecha italiana, encabezados por la Liga Norte y Forza Italia, de Berlusconi, apuntaron al Vaticano rechazando los dichos del prelado y le conminaron pedir al papa Francisco que llame telefónicamente a Merkel, en Alemania; Hollande, en Francia; Rajoy, en España, y Cameron, en Inglaterra, para que a su vez colaboren a recibir más migrantes, en tanto esos países han puesto límites mayores de lo que habían comprometido.
(RD/Agencias)

INVITADOS AL BANQUETE

Coincide este domingo con el paso de quincena del mes de agosto, fecha en la que en muchos lugares se celebran fiestas en honor de la Asunción de Nuestra Señora y de San Roque.
Es tiempo de convivencia familiar, de cenas amigas, de celebraciones generosas. En vacaciones gusta el encuentro distendido ante un sorbo de bebida fresca y un aperitivo.
La Liturgia de la Palabra escoge para este tiempo el discurso del “Pan de Vida”, del Evangelio de San Juan, no solo por completar el texto evangélico más corto, como es el de Marcos, sino por acercarse al ambiente festivo del tiempo de estío.
Según el Cuarto Evangelio, Jesús se convierte en el mejor anfitrión, y da cumplida respuesta a los pasajes sapienciales, clave de interpretación por la que se comprenden muchos escritos del Antiguo Testamento.
Al leer el párrafo del libro de los Proverbios: "Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la prudencia."» (Prov 9, 6), es fácil recordar las palabras de Jesús en Cafarnaúm: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él” (Jn 6,56).
La buena mesa no solo se aprecia por los manjares que en ella se sirven, también depende de la conversación y el acompañamiento que se tenga, para que realmente la participación en el banquete se convierta en un momento especial. De ahí que la liturgia haya escogido el verso del salmo: “Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor” (Sal 33), para significar no solo que somos invitados a comer, sino también a la mesa de la Palabra, para conocer la sabiduría del Maestro.
Gracias a la enseñanza aprendida, como señala San Pablo: “Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos” (Ef 5,15), el encuentro rezuma abundancia de manjares, de sabia conversación de la que se deriva el aprendizaje esencial para caminar por el sendero de la vida satisfechos y gozosos.
¿Puedes decir que has participado durante este tiempo en la fiesta del Señor? ¿Has gustado el regalo de la Eucaristía? ¿Has escuchado con sosiego la Palabra de Dios? ¿Te has parado a evaluar el modo de vida y a ver si avanzas de manera sensata?
Posiblemente, aun te queda una quincena de vacaciones o de tiempo hasta empezar el curso. ¡Aprovecha la oportunidad!


Lo decisivo es tener hambre

El evangelista Juan utiliza un lenguaje muy fuerte para insistir en la necesidad de alimentar la comunión con Jesucristo. Solo así experimentaremos en nosotros su propia vida. Según él, es necesario comer a Jesús: «El que me come, vivirá por mí».

El lenguaje adquiere un carácter todavía más agresivo cuando dice que hay que comer la carne de Jesús y beber su sangre. El texto es rotundo. «Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él».

Este lenguaje ya no produce impacto alguno entre los cristianos. Habituados a escucharlo desde niños, tendemos a pensar en lo que venimos haciendo desde la primera comunión. Todos conocemos la doctrina aprendida en el catecismo: en el momento de comulgar, Cristo se hace presente en nosotros por la gracia del sacramento de la eucaristía.

Por desgracia, todo puede quedar más de una vez en doctrina pensada y aceptada piadosamente. Pero, con frecuencia, nos falta la experiencia de incorporar a Cristo a nuestra vida concreta. No sabemos cómo abrirnos a él para que nutra con su Espíritu nuestra vida y la vaya haciendo más humana y más evangélica.

Comer a Cristo es mucho más que adelantarnos distraídamente a cumplir el rito sacramental de recibir el pan consagrado. Comulgar con Cristo exige un acto de fe y apertura de especial intensidad, que se puede vivir sobre todo en el momento de la comunión sacramental, pero también en otras experiencias de contacto vital con Jesús.

Lo decisivo es tener hambre de Jesús. Buscar desde lo más profundo encontrarnos con él. Abrirnos a su verdad para que nos marque con su Espíritu y potencie lo mejor que hay en nosotros. Dejarle que ilumine y transforme zonas de nuestra vida que están todavía sin evangelizar.

Entonces, alimentarnos de Jesús es volver a lo más genuino, lo más simple y más auténtico de su Evangelio; interiorizar sus actitudes más básicas y esenciales; encender en nosotros el instinto de vivir como él; despertar nuestra conciencia de discípulos y seguidores para hacer de él el centro de nuestra vida. Sin cristianos que se alimenten de Jesús, la Iglesia languidece sin remedio.
José Antonio Pagola


Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

Lectura del santo evangelio según san Juan 6,51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

- «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Disputaban los judíos entre sí:

- «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Entonces Jesús les dijo:

- «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron;,el que come este pan vivirá para siempre.»
Palabra del Señor.

«TU CUERPO ES SANTO Y SOBREMANERA GLORIOSO».PAPA PÍO XII


Los santos Padres y grandes doctores, en las homilías y disertaciones dirigidas al pueblo en la fiesta de la Asunción de la Madre de Dios, hablan de este hecho como de algo ya conocido y aceptado por los fieles y lo explican con toda precisión, procurando, sobre todo, hacerles comprender que lo que se conmemora en esta festividad es no sólo el hecho de que el cuerpo sin vida de la Virgen María no estuvo sujeto a la corrupción, sino también su triunfo sobre la muerte y su glorificación en el cielo, a imitación de su Hijo único Jesucristo. 

Y, así, san Juan Damasceno, el más ilustre transmisor de esta tradición, ... afirma, con elocuencia vehemente: « Convenía que aquella que había llevado al Creador como un niño en su seno tuviera después su mansión en el cielo. 

Todos estos argumentos y consideraciones de los santos Padres se apoyan, como en su último fundamento, en la sagrada Escritura; ella, en efecto, nos hace ver a la santa Madre de Dios unida estrechamente a su Hijo divino y solidaria siempre de su destino. Y, sobre todo, hay que tener en cuenta que, ya desde el siglo segundo, los santos Padres presentan a la Virgen María como la nueva Eva asociada al nuevo Adán, íntimamente unida a él, aunque de modo subordinado, en la lucha contra el enemigo infernal. [...]

Por todo ello, la augusta Madre de Dios, unida a Jesucristo de modo arcano, desde toda la eternidad, por un mismo y único decreto de predestinación, inmaculada en su concepción, virgen integérrima en su divina maternidad, asociada generosamente a la obra del divino Redentor, que obtuvo un pleno triunfo sobre el pecado y sus consecuencias, alcanzó finalmente, como suprema coronación de todos sus privilegios, el ser preservada inmune de la corrupción del sepulcro y, a imitación de su Hijo, vencida la muerte, ser llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial, para resplandecer allí como reina a la derecha de su Hijo, el rey inmortal de los siglos.

De la constitución apostólica Munificentissimus Deus del papa Pío XII
(AAS 42 [1950), 760-762. 767-769)
Fuente: News.Va

María, luz de la Misericordia de Dios, muéstranos a Jesús, oración del Papa

Queridos hermanos y hermanas, buenos días y ¡buena fiesta de la Virgen!
Hoy la Iglesia celebra una de las fiestas más importantes dedicadas a la Santísima Virgen María: la fiesta de su Asunción. Al final de su vida terrena, la Madre de Cristo subió en cuerpo y alma al Cielo, es decir, en la gloria de la vida eterna, en plena comunión con Dios.
El Evangelio de hoy (Lc 1,39-56) nos presenta a María, que, inmediatamente después de haber concebido a Jesús por obra del Espíritu Santo, se dirige a ver a su anciana pariente Isabel, también ella milagrosamente a la espera de un hijo. En este encuentro lleno del Espíritu Santo, María expresa su alegría con el cántico del Magnificat, porque ha tomado plena conciencia de las grandes cosas que están ocurriendo en su vida: a través de ella se llega al cumplimiento de toda la espera de su pueblo.
Pero el Evangelio también nos muestra cual es el motivo más verdadero de la grandeza de María y de su beatitud: el motivo es la fe. De hecho Isabel la saluda con estas palabras: «Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor». (Lc 1:45). La fe es el corazón de toda la historia de María; ella es la creyente, la gran creyente; ella sabe - y así lo dice - que en la historia pesa la violencia de los prepotentes, el orgullo de los ricos, la arrogancia de los soberbios. Sin embargo, María cree y proclama que Dios no deja solos a sus hijos, humildes y pobres, sino que los socorre con misericordia, con premura, derribando a los poderosos de sus tronos, dispersando a los orgullosos en las tramas de sus corazones. Y ésta es la fe de nuestra Madre, ¡esta es la fe de María!

El Cántico de la Virgen también nos permite intuir el sentido cumplido de la vivencia de María: si la misericordia del Señor es el motor de la historia, entonces no podía «conocer la corrupción del sepulcro aquella que, de un modo inefable, dio vida en su seno y carne de su carne al autor de toda vida» (Prefacio). Todo esto no tiene que ver sólo con María. Las “grandes cosas” hechas en ella por el Omnipotente nos tocan profundamente, nos hablan de nuestro viaje por la vida, nos recuerdan la meta que nos espera: la casa del Padre. Nuestra vida, vista a la luz de María asunta al Cielo, no es un deambular sin rumbo, sino una peregrinación que, aún con todas sus incertidumbres y sufrimientos, tiene una meta segura: la casa de nuestro Padre, que nos espera con amor. Es bello pensar en esto: que nosotros tenemos un Padre que nos espera con amor y que nuestra Madre María también está allá arriba, y nos espera con amor.

Mientras tanto, mientras transcurre la vida, Dios hace resplandecer «para su pueblo, todavía peregrino sobre la tierra, un signo de consuelo y de segura esperanza». Aquel signo tiene un rostro, aquel signo tiene un nombre: el rostro radiante de la Madre del Señor, el nombre bendito de María, la llena de gracia, bendita porque ella creyó en la palabra del Señor. ¡La gran creyente! Como miembros de la Iglesia, estamos destinados a compartir la gloria de nuestra Madre, porque, gracias a Dios, también nosotros creemos en el sacrificio de Cristo en la cruz y, mediante el Bautismo, somos insertados en este misterio de salvación.
Hoy todos juntos le rezamos para que, mientras se desanuda nuestro camino sobre esta tierra, ella vuelva sobre nosotros sus ojos misericordiosos, nos despeje el camino, nos indique la meta, y nos muestre después de este exilio a Jesús, fruto bendito de su vientre. Y decimos juntos: ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
Traducción del italiano: Griselda Mutual, Radio Vaticano


sábado, 15 de agosto de 2015

¡ Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-56

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:

-«¡ Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

María dijo:

-«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mi: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia - como lo había prometido a nuestros padres - en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.
Palabra del Señor.

Nota Eclesial: La Virgen de la Consolación

La Madre de Dios asunta al cielo en cuerpo y alma, es la Virgen de la Consolación, intercesora de los afligidos siendo oyente, orante, madre, y oferente como la presenta el Papa Pablo VI en la Exhortación Apostólica Marialis Cultus (MC). Siendo consoladora le veneramos como modelo de espiritualidad de la vida cristiana en el orden de la esperanza, la caridad y la perfecta unión con Cristo.
La Virgen María consuela a sus hijos primeramente porque es “Virgen oyente” tiene la paciencia materna de atender cada suplica. Pero principalmente porque “acoge con fe la palabra de Dios: fe, que para ella fue premisa y camino hacia la Maternidad   divina” (MC 17), que luego la hace también Madre de la humanidad.
Es de igual manera “Virgen orante” que testifica su permanente dialogo con Dios, en un espíritu de alabanza e intercesión. Los relatos bíblicos permiten contemplarla en oración en su visita a Santa Isabel, recitando su oración por excelencia: el Magníficat (Lucas 1, 46-55); o suplicando a su Hijo por las necesidades en la Boda de Cana (Juan 2, 1-12); y luego en oración persevante junto a los apóstoles. Resalta Pablo VI su importancia porque la “presencia orante de María en la Iglesia naciente y en la Iglesia de todo tiempo, porque Ella, asunta al cielo, no ha abandonado su misión de intercesión y salvación” (MC 18).
De manera especial los creyentes percibimos el consuelo de la “Virgen Madre” que no desampara a sus hijos, y que muestra está “prodigiosa maternidad constituida por Dios como ‘tipo’ y ‘ejemplar’ de la fecundidad de la Virgen-Iglesia, la cual se convierte ella misma en Madre, porque con la predicación y el bautismo engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos, concebidos por obra del Espíritu Santo, y nacidos de Dios" (MC 19).  ´
También el Papa Pablo VI reflexiona sobre la “Virgen oferente”, teniendo en cuenta la Presentación de Jesús en el Templo (Lucas 2, 22-35) que orienta hacia el misterio salvífico de la cruz, siendo una “continuidad de la oferta fundamental que el Verbo encarnado hizo al Padre al entrar en el mundo” (MC 20). Por lo cual vemos a la Virgen que consuela cooperando con la obra salvadora de Jesucristo.
La Virgen de la Consolación así se nos presenta como maestra de espiritualidad que sabe acoger la Palabra, para vivirla en la misión del mismo evangelio siendo cercana a sus hijos, escuchando sus suplicas y llevándoles a Jesucristo, para dar consuelo ante la adversidades del mundo.
(P. Johan Pacheco, RV)
(from Vatican Radio)