sábado, 2 de mayo de 2015

Impulso misionero, devoción mariana y testimonio de santidad. El Papa destaca la vida de Fray Junípero Serra.

“Yo te he establecido para ser la luz de las naciones, para llevar la salvación hasta los confines de la tierra”. (Hch 13, 47; cf. Is 49, 6). Estas palabras del Señor, en el pasaje de los Hechos de los Apóstoles que acabamos de escuchar, nos presentan el carácter misionero de la Iglesia que es enviada por Jesús a salir para anunciar el Evangelio. Así sucedió, desde el primer momento, con los discípulos cuando, desencadenada la persecución, salieron de Jerusalén (cf. Hch 8, 1-3).

Esto es válido también para aquella multitud de misioneros que llevaron el Evangelio al Nuevo Mundo y al mismo tiempo defendieron a los indígenas contra los abusos de los colonizadores. Entre ellos estaba también Fray Junípero; su obra de evangelización nos trae a la memoria los primeros “12 apóstoles franciscanos” que fueron los pioneros de la fe cristiana en México. Él fue protagonista de una nueva primavera evangelizadora en aquellas extensas tierras que, desde hacía doscientos años, habían sido alcanzadas por los misioneros provenientes de España, desde Florida hasta California. Mucho tiempo antes que llegasen los peregrinos del Mayflower al litoral atlántico norte.

La vida y el ejemplo de Fray Junípero ponen de relieve tres aspectos: su impulso misionero, su devoción mariana y su testimonio de santidad.

En primer lugar, fue un incansable misionero. ¿Qué fue lo que llevó a Fray Junípero a abandonar su patria, su tierra, su familia, la cátedra universitaria y su comunidad franciscana en Mallorca, para ir hacia los extremos confines de la tierra?  Sin duda, la pasión por anunciar el Evangelio ad gentes, o sea el ímpetu del corazón que quiere compartir con los más lejanos el don del encuentro con Cristo: el don que él mismo había recibido primero y que había experimentado en su plenitud de verdad y de belleza.

Como Pablo y Bernabé, como los discípulos en Antioquía y en toda Judea, él fue colmado de alegría y de Espíritu Santo en el difundir la palabra del Señor. Un celo tal nos provoca, ¡es un gran reto para nosotros! Estos discípulos misioneros, que han encontrado a Jesús, Hijo de Dios, que a través de él han conocido al Padre misericordioso y, movidos por la gracia del Espíritu Santo, se han proyectado hacia todas las periferias geográficas, sociales y existenciales, para dar testimonio a la caridad, ¡estos nos desafían!

A veces nos detenemos a examinar escrupulosamente sus virtudes y, sobre todo, sus límites y sus miserias. Sin embargo, me pregunto, si hoy somos capaces de responder con la misma generosidad y con el mismo coraje a la llamada de Dios, que nos invita a dejarlo todo para adorarlo, dejar todo para adorarlo, para seguirlo, para encontrarlo en el rostro de los pobres, para anunciarlo a aquellos que no han conocido a Cristo, y por esto, no se sienten abrazados por su misericordia.
El testimonio de Fray Junípero nos llama a dejarnos implicar, en primera persona, en la misión continental, que encuentra sus propias raíces en el “Evangelii gaudium”.

Esta alegría se manifiesta (en segundo lugar), cuando Fray Junípero encomendó su compromiso misionero a la Santísima Virgen María. Sabemos que antes de regresar a California quiso ir a consagrar su vida a Nuestra Señora de Guadalupe, y a pedirle, para la misión que estaba por iniciar, la gracia de abrir el corazón de los colonizadores y de los indígenas. En esta invocación podemos ver todavía a este humilde fraile arrodillado ante la “Madre del mismísimo Dios”, la “Morenita”, que llevó a su Hijo al Nuevo Mundo.

La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe estaba presente – o al menos lo estuvo – en las veintiún misiones que Fray Junípero fundó a lo largo de la costa de California. Desde entonces, Nuestra Señora de Guadalupe se convirtió, de hecho, en la Patrona de todo el continente americano. No es posible separarla del corazón del pueblo americano. En efecto, Ella constituye la raíz común de este continente, ¡la raíz común de este continente! Es más, la actual misión continental es confiada a aquella que es la primera y santa discípula misionera, presencia y compañía, fuente de consolación y de esperanza. A ella que está siempre a la escucha para cuidar a sus hijos americanos.
En tercer lugar, hermanos y hermanas, contemplamos el testimonio de santidad de Fray Junípero – uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, santo de la catolicidad y especial protector de los hispanos del país –, para que todo el pueblo americano descubra la propia dignidad, consolidando cada vez más la propia pertenencia a Cristo y a su Iglesia.
En la comunión universal de los santos y, en especial, en la corona de los santos americanos, nos acompañe Fray Junípero Serra e interceda por nosotros, junto a tantos otros santos y santas que se han distinguido con diversos carismas:
- Contemplativas como Rosa de Lima, Mariana de Quito y Teresita de los Andes; Pastores que emanaban el perfume de Cristo y el olor de las ovejas, como Toribio de Mogrovejo, Francois de Laval, Rafael Guizar Valencia; Humildes obreros de la Viña del Señor, como Juan Diego y Kateri Tekakwhita; Servidores de los que sufren y de los marginados, como Pedro Claver, Martín de Porres, Damián de Molokai, Alberto Hurtado y Rose Philippine Duchesne; Fundadoras de comunidades consagradas al servicio de Dios y de los más pobres, como Francisca Cabrini, Elizabeth Ann Seaton y Catalina Drexel; Misioneros incansables como Fray Francisco Solano, José de Anchieta, Alonso de Barzana, María Antonia de la Paz y Figueroa, José Gabriel de Rosario Brochero;Mártires como Roque González, Miguel Pro y Oscar Arnulfo Romero; y tantos otros santos y mártires que no nombro ahora, pero que rezan delante del Señor por sus hermanos y hermanas que son todavía peregrinos en aquellas tierras. Hubo tanta santidad en América, ¡tanta santidad sembrada!

Que un impetuoso viento de santidad recorra el próximo Jubileo extraordinario de la Misericordia en todas las Américas. Confiando en la promesa hecha por Jesús, que hemos escuchado hoy en el Evangelio, pedimos a Dios esta particular efusión del Espíritu Santo.

Pidamos a Jesús Resucitado, Señor de la historia, que la vida de nuestro continente americano se arraigue más y más en el Evangelio que ha recibido; que Cristo esté cada vez más presente en la vida de las personas, de las familias, de los pueblos y de las naciones, para la mayor gloria de Dios.

Y que esta gloria se manifieste en la cultura de la vida, en la fraternidad, en la solidaridad, en la paz, en la justicia, con amor preferencial y comprometido por los más pobres, a través del testimonio de los cristianos de las diversas comunidades y confesiones, de los creyentes de otras tradiciones religiosas y de los hombres de recta conciencia y de buena voluntad.

¡Oh Señor Jesús, nosotros somos solamente tus discípulos misioneros, tus humildes cooperadores para que venga tu Reino!
Llevando esta invocación en el corazón, pido la intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe, y también aquella de Fray Junípero y de los otros santos y santas americanos, para que me conduzcan y me guíen en mis próximos viajes apostólicos en América del Sur y en América del Norte. Por esto les pido a todos ustedes que continúen rezando por mí. Amén.

No desviarnos de Jesús


La imagen es sencilla y de gran fuerza expresiva. Jesús es la «vid verdadera», llena de vida; los discípulos son «sarmientos» que viven de la savia que les llega de Jesús; el Padre es el «viñador» que cuida personalmente la viña para que dé fruto abundante. Lo único importante es que se vaya haciendo realidad su proyecto de un mundo más humano y feliz para todos.

La imagen pone de relieve dónde está el problema. Hay sarmientos secos por los que no circula la savia de Jesús. Discípulos que no dan frutos porque no corre por sus venas el Espíritu del Resucitado. Comunidades cristianas que languidecen desconectadas de su persona.

Por eso se hace una afirmación cargada de intensidad: «el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid»: la vida de los discípulos es estéril «si no permanecen» en Jesús. Sus palabras son categóricas: «Sin mí no podéis hacer nada». ¿No se nos está desvelando aquí la verdadera raíz de la crisis de nuestro cristianismo, el factor interno que resquebraja sus cimientos como ningún otro?

La forma en que viven su religión muchos cristianos, sin una unión vital con Jesucristo, no subsistirá por mucho tiempo: quedará reducida a «folklore» anacrónico que no aportará a nadie la Buena Noticia del Evangelio. La Iglesia no podrá llevar a cabo su misión en el mundo contemporáneo, si los que nos decimos «cristianos» no nos convertimos en discípulos de Jesús, animados por su espíritu y su pasión por un mundo más humano.

Ser cristiano exige hoy una experiencia vital de Jesucristo, un conocimiento interior de su persona y una pasión por su proyecto, que no se requerían para ser practicante dentro de una sociedad de cristiandad. Si no aprendemos a vivir de un contacto más inmediato y apasionado con Jesús, la decadencia de nuestro cristianismo se puede convertir en una enfermedad mortal.

Los cristianos vivimos hoy preocupados y distraídos por muchas cuestiones. No puede ser de otra manera. Pero no hemos de olvidar lo esencial. Todos somos «sarmientos». Solo Jesús es «la verdadera vid». Lo decisivo en estos momentos es «permanecer en él»: aplicar toda nuestra atención al Evangelio; alimentar en nuestros grupos, redes, comunidades y parroquias el contacto vivo con él; no desviarnos de su proyecto.

José Antonio Pagola

Día del Trabajo


San José, hombre de trabajo

"Lo que hacéis, hacedlo con toda el alma, como para servir al Señor... Servid a Cristo Señor" ( Col 3, 23 s.).

¿Cómo no ver en estas palabras de la liturgia de hoy el programa y la síntesis de toda la existencia de San José, cuyo testimonio de generosa dedicación al trabajo propone la Iglesia a nuestra reflexión en este primer día de mayo? San José, "hombre justo", pasó gran parte de su vida trabajando junto al banco de carpintero, en un humilde pueblo de Palestina. Una existencia aparentemente igual que la de muchos otros hombres de su tiempo, comprometidos, como él, en el mismo duro trabajo. Y, sin embargo, una existencia tan singular y digna de admiración, que llevó a la Iglesia a proponerla como modelo ejemplar para todos los trabajadores del mundo.

¿Cuál es la razón de esta distinción? No resulta difícil reconocerla. Está en la orientación a Cristo, que sostuvo toda la fatiga de San José. La presencia en la casa de Nazaret del Verbo Encarnado, Hijo de Dios e Hijo de su esposa María, ofrecía a José el cotidiano por qué de volver a inclinarse sobre el banco de trabajo, a fin de sacar de su fatiga el sustento necesario para la familia. Realmente "todo lo que hizo", José lo hizo "para el Señor", y lo hizo "de corazón".

Todos los trabajadores están invitados hoy a mirar el ejemplo de este "hombre justo". La experiencia singular de San José se refleja, de algún modo, en la vida de cada uno de ellos. Efectivamente, por muy diverso que sea el trabajo a que se dedican, su actividad tiende siempre a satisfacer alguna necesidad humana, está orientada a servir al hombre. Por otra parte, el creyente sabe bien que Cristo ha querido ocultarse en todo ser humano, afirmando explícitamente que "todo lo que se hace por un hermano, incluso pequeño, es como si se le hiciese a Él mismo" (cf. Mt 25, 40). Por lo tanto, en todo trabajo es posible servir a Cristo, cumpliendo la recomendación de San Pablo e imitando el ejemplo de San José, custodio y servidor del Hijo de Dios.

Al dirigir hoy, primer día de mayo, un saludo cordialísimo a todos vosotros, (...), mi pensamiento va con todo afecto especialmente a los trabajadores presentes y, mediante ellos, a todos los trabajadores del mundo, exhortándoles a tomar renovada conciencia de la dignidad que les es propia: con su fatiga sirven a los hermanos: sirven al hombre y, en el hombre, a Cristo. Que San José les ayude a ver el trabajo en esta perspectiva, para valorar toda su nobleza y para que nunca les falten motivaciones fuertes a las que pueden recurrir en los momentos difíciles.

Autor: SS Juan Pablo II | Fuente: Catholic.net

viernes, 1 de mayo de 2015

La fe es historia de pecado y de gracia, recordó el Papa en su homilía

El cristiano está colocado en una historia de pecado y de gracia, puesto siempre ante la alternativa de servir o de servirse de los hermanos. Es uno de los conceptos que expresó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.

Hombre y mujer de historia es el cristiano

“La historia y el servicio”. En su homilía, el Papa Bergoglio se detuvo sobre estos “dos rasgos de la identidad del cristiano”. Y, ante todo, de la historia. San Pablo, San Pedro y los primeros discípulos “no anunciaban a un Jesús sin historia: ellos anunciaban a Jesús en la historia del pueblo, un pueblo que Dios ha hecho caminar durante siglos para llegar” a la madurez, “a la plenitud de los tiempos”. Dios entra en la historia y camina con su pueblo:

“El cristiano es un hombre y una mujer de historia, porque no pertenece a sí mismo, está integrado en un pueblo, un pueblo que camina. No se puede pensar en un egoísmo cristiano, no, esto no va. El cristiano no es un hombre, una mujer espiritual de laboratorio, es un hombre, es una mujer espiritual colocado en un pueblo, que tiene una historia larga y sigue caminando hasta que el Señor vuelva”.

Historia de gracia y de pecado

Es una “historia de gracia, pero también una historia de pecado”:

“Cuántos pecadores, cuántos crímenes. También hoy Pablo menciona al Rey David, santo, pero antes de llegar a ser santo fue un gran pecador. Un gran pecador. Nuestra historia debe asumir a santos y pecadores. Y mi historia personal, de cada uno, debe asumir nuestro pecado, el propio pecado y la gracia del Señor que está con nosotros, acompañándonos en el pecado para perdonar y acompañándonos en la gracia. No hay identidad cristiana sin historia”.

Servir, no servirse


El segundo rasgo de la identidad cristiana es el servicio: “Jesús lava los pies a los discípulos invitándonos a hacer como él, es decir servir:

“La identidad cristiana es el servicio, no el egoísmo. ‘Pero padre, todos somos egoístas’. ¿Ah sí? Es un pecado, es un hábito del que debemos desprendernos. Pedir perdón, que el Señor nos convierta. Estamos llamados al servicio. Ser cristiano no es una apariencia o incluso una conducta social, no es un poco maquillarse el alma, para que sea un poco más bella. Ser cristiano es hacer lo que ha hecho Jesús: servir”.

El Papa concluyó su homilía invitando a plantearnos la siguiente pregunta: “¿En mi corazón qué es lo que más hago? ¿Me hago servir por los demás, me sirvo de los demás, de la comunidad, de la parroquia, de mi familia, de mis amigos, o sirvo, estoy al servicio de…?”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).


jueves, 30 de abril de 2015

Ya no durmáis. Carmelitas Descalzas Argentina.

Nepal: el Gobierno advierte de que podría haber más de diez mil muertos


Nepal es desde el pasado sábado un país sumido en el desastre que lucha contrarreloj por tratar de recuperar con vida a las personas que aún puedan estar sepultadas entre las ruinas. 

El primer ministro del país, Sushil Koirala, ha informado que la cifra de víctimas tras el terremoto podría alcanzar los diez mil muertos. "Estamos haciendo todo lo posible por tratar de rescatar a los supervivientes", ha dicho el mandatario. "Es un desafío y un momento muy difícil para Nepal", ha añadido. 

La situación es aún peor en las áreas rurales, donde el hundimiento de las carreteras y las malas condiciones climatológicas hacen casi imposible el acceso de helicópteros y otros medios. 

El padre Boniface Tigga, superior regional de la Compañía de Jesús en Nepal, ha solicitado a los amigos y simpatizantes de todo el mundo que apoyen las labores de socorro tras el devastador seísmo

Por su parte, los Salesianos e Hijas de María Auxiliadora presentes en el país se encuentran ya trabajando para hacer frente a la emergencia

La red Cáritas Internacional ha empezado también a comprar materiales de socorro en la región, para responder a las acuciantes necesidades de los numerosísimos damnificados. 

Además, un grupo de la Camillian Task Force (CTF) de los religiosos Camilos está llegando con su equipo a Katmandú. El equipo de atención sanitaria , coordinado por el hermano Madhu, tendrá su sede en el Centro Pastoral del Vicariato Apostólico. 

La Iglesia católica en Nepal está presente en 58 de los 75 distritos del país, con programas de seguridad alimenticia, promoción humana, social y económica, de apoyo a los niños, a las mujeres y a los agricultores. 

Hasta la fecha, el Gobierno nepalí ha confirmado que 4.349 personas han muerto y más de siete mil están heridas. Ante esta situación de emergencia, el Ejecutivo ha solicitado a la comunidad internacional el envío de tiendas de campaña, medicinas y otro material especial. Ya que, es consciente de que la recuperación y la rehabilitación de los supervivientes es "un gran desafío". 

La comida, el agua y la electricidad escasean en todo el territorio, empeorando la ya de por sí complicada situación y dificultando las tareas de rescate. A esto se suman las continuas réplicas --en torno al medio centenar-- que tienen lugar desde el terremoto principal, y el temor a que nuevos movimientos acaben por derrumbar las pocas estructuras que se mantienen en pie. 

"La gente está durmiendo a la intemperie bajo la lluvia", ha lamentado Koirala al recordar que numerosas casas se han venido abajo o podrían no resistir un nuevo temblor. 

El Ejecutivo está recibiendo peticiones de ayuda procedentes de todo el país, pero es incapaz de darles respuesta debido al corte de las comunicaciones y la falta de preparación de los equipos de rescate. 

Numerosos países han enviado hasta Nepal todo tipo de ayuda y recursos para contribuir al rescate, sin embargo, el colapso en los aeropuertos y los problemas de electricidad complican que esa ayuda sea realmente efectiva y que se llegue hasta las zonas más afectadas.

“Son tantas las personas afectadas por el terremoto que uno no sabe por dónde empezar”


El superior jesuita de Nepal, el padre Boniface Tigga ha solicitado ayuda para atender a las personas refugiadas en los colegios y dependencias que la orden tiene en el país asiático. En una comunicación enviada a toda la Compañía de Jesús cuenta cómo 39 de los 75 distritos de Nepal han sufrido gravísimos daños. Cuenta además que las cifras oficiales de muertos seguirán aumentando: “El subdesarrollado sistema de comunicaciones de Nepal, y la falta de coordinación del gobierno, es tal que nunca se informará de muchas muertes”. Relataba cómo, al terremoto de 7,8 grados en la escala de Richter, ha seguido otros, como uno de 6,6 el domingo y otro también muy intenso el lunes por la mañana. El padre Boniface informaba que en la capital se habla de que muchos pueblos encaramados en las laderas montañosas han quedado devastados. Cuenta que los hospitales están saturados, las carreteras de entrada y salida de Katmandú están bloqueadas, y los equipos de rescate intentan utilizar senderos de montaña para llegar a los más necesitados. Las comunidades locales que no se han visto afectadas ayudan en las operaciones de rescate. 

“La Compañía de Jesús en Nepal ha respondido con rapidez a esta terrible tragedia. El St. Xavier’s College ha llegado hasta dos aldeas remotas del distrito de Dhanding llevando a sus habitantes lonas bajo las que dormir y alimentos básicos. Hay más material distribuyéndose en el distrito de Kavre. Muchas carreteras están bloqueadas por lo que es difícil llegar a muchos lugares. Esperamos alcanzar algunos pueblos a los que no ha llegado ayuda hasta ahora”, cuenta el superior jesuita. 

Cuenta también cómo se ha dado mucha cobertura a las avalanchas en el campo base del Everest, porque los extranjeros han podido enviar noticias e imágenes por las redes sociales, pero que los que más han sufrido han sido los pobres de las zonas rurales de los distritos que rodeaban el epicentro del terremoto. 

Señala que los jesuitas de Nepal, junto a otras comunidades religiosas del Vicariato de Nepal, han sido afortunados, al no sufrir ninguna pérdida de vidas o lesiones graves. Se ha producido algún daño en los edificios. “Cuando el riesgo de réplicas haya pasado, evaluaremos la situación, para asegurar la seguridad de aquellos a quienes enseñamos y servimos. Los colegios y la universidad de St. Xavier y el colegio de St. Mary han abierto sus instalaciones a cualquier persona que busque refugio”. 

Junto a la comunicación del superior jesuita, el padre Agustín Amakkat, director del Colegio St. Xavier de Katmandu, mandaba un breve mensaje: “Queridos hermanos, muchas gracias por su apoyo en la oración. Hemos recibido un montón de llamadas y correos electrónicos de la India. Muchas gracias. Estoy seguro de que todos están recibiendo la amplia cobertura de noticias de lo que ha ocurrido en Nepal. Sólo quiero que sepan que todos los misioneros están bien. Todas nuestras casas e instituciones también están bien. Estábamos realizando un examen de acceso cuando ocurrió el temblor y para los padres que estaban esperando a sus hijos fue una pesadilla. Todos fueron evacuados sin ninguna lesión. Acabo de regresar de una aldea remota después de entregar algo de comida y tiendas. El padre Vijay ha salido hacia otro distrito para lo mismo. Son tantas las personas afectadas por el terremoto que uno no sabe por dónde empezar y cómo moverse. Por el momento, varios grupos están intentando llegar a la mayor cantidad de personas posible con material para refugiarse y comida, pero esto es sobre todo en Katmandú. Según parece el gobierno está bastante desorganizado y confundido con respecto a cómo llegar a las personas afectadas. Esperemos que algunos grupos lleguen hasta las aldeas. 

Mientras volvía de la aldea he visto miles de personas que abandonaban el valle de Katmandú en camiones, autobuses, jeeps, y algunos incluso andando. Esto explica el miedo que tiene la gente a quedarse en Katmandú. Los temblores parecen haber disminuido. No hemos tenido ninguno en las últimas 5 horas. La gente sigue estando al aire libre. Todas nuestras instituciones han abierto sus instalaciones al público. 

Por favor sigan rezando por el pueblo de Nepal y rueguen para que estos temblores se terminen de una vez por todas”.

Sólo una Iglesia pobre puede ser una Iglesia para los pobres

Documento de los obispos españoles sobre los pobres y la crisis. Profético y arriesgado. Desde una Iglesia que quiere situarse como instancia de autoridad moral. Porque sólo así dispondrá de libertad para denunciar a los poderes políticos y económicos que crean empobrecidos. Un documento que va a simbolizar el cambio de rumbo de la Iglesia española, que se lanza, con armas y bagajes, a la primavera de Bergoglio.

Sólo se puede edificar "Iglesia pobre y para los pobres" desde la pobreza. O dicho de otra forma, no hay ni puede haber Iglesia para los pobres sin Iglesia pobre. Este principio básico y radical en la eclesiología de Francisco comienza a hacerse carne en la jerarquía española.

Tras mirar durante décadas hacia el lado de la defensa de los privilegios (que algunos prelados siguen llamando 'derechos'), los obispos españoles quieren pasar página. Y comienzan a hablar de una Iglesia pobre, es decir sin privilegios ni prebendas. Sin dineros. Sin áticos ni palacios. Con sueldos de crisis. Y volcada en la solidaridad y en los preferidos de Cristo: los más pobres.

La mayoría de la Iglesia ya venía viviendo en esa dinámica. Porque los curas, todos los curas españoles, no llegan a mileuristas. Curas, frailes, monjas y muchos obispos viven en una austeridad espartana. Entre otras cosas, porque no pueden permitirse lujos y tampoco los quieren. La mala imagen de una Iglesia rica, prepotente, lujosa, ostentosa y despilfarradora (cuando tanta gente pasa hambre) la proyectaban unos cuantos miembros del alto clero.

Ahora, todos a una, alto clero y católicos de base apuestan por el servicio a los pobres. Al menos, teóricamente. Los obispos españoles no llegan al extremo de los patriarcas griegos de ofrecer sus activos para salvar al país, pero inician el camino de la solidaridad que, algún día, podría llevarlos a realizar gestos de esa envergadura. Porque, como acaba de decir el Papa, "las palabras sin el ejemplo son palabras vacías, son ideas y no llegan jamás al corazón, y es más, hacen mal".


Por ahora, los católicos se conformarían con que sus obispos dejen de aparentar que viven como grandes y viejos ricos. Para eso, tienen que abandonar sus palacios. Grandes palacios por dentro y por fuera. Monumentos, a los que los pobres ni se atreven a entrar. Que por muy austeros que sean sus inquilinos, sólo su apariencia grita a los humildes: ¡No sois los bienvenidos!

Tras el Concilio Vaticano II, se llevó a cabo, en muchas diócesis españolas, la dinámica de que los obispos abandonaron los palacios y se fueron a vivir a los seminarios o a simples pisos. Con la restauración, el proceso se invirtió y los obispos regresaron a los palacios.¡Es hora de volver a seminarios, conventos o simples casas, donde los pobres no se sientan intimidados a entrar!

Si el Papa vive en una especie de residencia sacerdotal, los obispos no pueden seguir viviendo en palacios. Si el Papa va en pequeños utilitarios, los obispos no pueden circular en Audi o Mercedes. Si Francisco lleva su propio maletín, los obispos no pueden disponer de chófer, secretario y monjas a su servicio. Obispos pobres para los pobres. No obispos príncipes.
José Manuel Vidal


"Sin la riqueza de los pobres, no descubrimos el rostro de Cristo"

El Papa Francisco se unió - este martes - a los huéspedes de los centros de acogida de Caritas de Roma, reunidos en el teatro Brancaccio, de la capital italiana, en una representación teatral titulada ‘Si no fuera por ti', para contar sus vivencias difíciles, deabandono y marginación y también su amora los hijos, a los padres, a la vida y a Dios. Y lo hizo por medio de un vídeo mensaje:
«Estoy contento de estar entre ustedes, de este modo, complaciéndome por su coraje, para decirles que no pierdan la esperanza ¡Dios los quiere, los quiere a todos!»
El Obispo de Roma destacó su gran anhelo:
«Cuánto quisiera que Roma pudiera brillar de pietás por los que sufren, de acogida por los que huyen de guerras y muerte, de disponibilidad, de sonrisa y de magnanimidad por el que ha perdido la esperanza. Cuánto quisiera que la Iglesia de Roma se manifestara cada vez más como madre atenta hacia los débiles. Todos tenemos debilidades, cada uno las propias. ¡Cuánto quisiera que las comunidades parroquiales en oración, al entrar un pobre en la iglesia, se arrodillaran en veneración, así como hacen cuando entra el Señor! ¡Cuánto quisiera esto, que se toque la carne de Cristo presente en los pobres de esta ciudad!».
«¿Quién piensa que un sintecho es una persona de la cual aprender?» ¿Quién piensa que puede ser un santo?», preguntó Francisco, destacando esta ocasión de diálogo e intercambio significativo, así como de escucha y de enseñanza sobre el amor, sobre la solidaridad, sobre cómo en las dificultades se encuentra el amor de Dios.
Con la gran enseñanza que nos ha dado Jesús, reiteró que lo que nos da verdadera libertad, salvación y felicidad es «su amor de compasión, de ternura y de compartir». «El Buen Samaritano que nos recoge a nosotros, que fuimos golpeados por los ladrones».
 El Obispo de Roma hizo suyas las palabras de San Gregorio de Nisa y de San Agustín sobre Cristo y los pobres: «Ustedes no son un peso. Son la riqueza, sin la cual son vanos nuestros intentos de descubrir el rostro del Señor». Y recordó que, pocos días después de su elección pontificia recibió una carta de felicitación, asegurándole sus oraciones. A la que él respondió inmediatamente diciéndoles que los lleva en el corazón y que está a su disposición. Palabras que confirmó también en esta ocasión, pidiéndoles que sigan rezando por él.
El Papa agradeció de forma especial a todos los agentes de Caritas:
«Los siento como mis manos, las manos del Obispo, al tocar el cuerpo de Cristo», dijo, sin olvidar a los voluntarios romanos y de otros lugares de Italia, que «descubren un mundo que requiere atención y solidaridad:
«Hombres y mujeres que buscan afecto, relación, dignidad, con las cuales todos podemos experimentar la caridad aprendiendo a acoger, escuchar y donarse».

Deseando poder encontrarlos pronto personalmente, como fue en la Capilla Sixtina, con el anhelo de que «el Señor nos ayude a reconocerlo en el rostro del pobre», y «que la Virgen María nos acompañe en este camino», les dio su bendición.

miércoles, 29 de abril de 2015

Jesús nos enseña que la obra de arte de la sociedad es la familia, dijo el Papa

La familia: el matrimonio (I)
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Nuestra reflexión sobre el designio originario de Dios sobre la pareja hombre-mujer, después de haber considerado las dos narraciones del Libro del Génesis, se dirige ahora directamente a Jesús.

El evangelista Juan, al comienzo de su Evangelio, narra el episodio de las bodas de Caná, en las cuales estaban presentes la Virgen María y Jesús, con sus primeros discípulos (cfr. Jn 2, 1-11). ¡Jesús no sólo participó en aquel matrimonio, sino que “salvó la fiesta” con el milagro del vino! Por lo tanto, el primero de sus signos prodigiosos, con el cual Él revela su gloria, lo cumplió en el contexto de un matrimonio y fue un gesto de gran simpatía por aquella familia naciente, solicitado por el apremio materno de María. Y esto nos hace recordar el libro del Génesis, cuando Dios terminó la obra de la creación y hace su obra maestra; la obra maestra es el hombre y la mujer. Y aquí precisamente Jesús comienza sus milagros, con esta obra maestra, en un matrimonio, en una fiesta de bodas: un hombre y una mujer. Así Jesús nos enseña que la obra maestra de la sociedad es la familia: ¡el hombre y la mujer que se aman! ¡Ésta es la obra maestra!

Desde los tiempos de las bodas de Caná, tantas cosas han cambiado, pero aquel “signo” de Cristo contiene un mensaje siempre válido.

Hoy, no parece fácil hablar del matrimonio como de una fiesta que se renueva en el tiempo, en las diversas estaciones de la entera vida de los cónyuges. Es un hecho que las personas que se desposan son siempre menos. Esto es un hecho: los jóvenes no quieren casarse. En muchos países en cambio aumenta el número de las separaciones, mientras disminuye el número de los hijos. La dificultad para quedarse juntos – ya sea como pareja que como familia – lleva siempre a romper los vínculos siempre con mayor frecuencia y rapidez, y precisamente los hijos son los primeros en pagar las consecuencias. Pero pensemos que las primeras víctimas, las víctimas más importantes, las víctimas que sufren más en una separación son los hijos. Si experimentas desde pequeño que el matrimonio es un vínculo “a tiempo determinado”, inconscientemente para ti será así. En efecto, muchos jóvenes son llevados a renunciar al proyecto mismo de un vínculo irrevocable y de una familia duradera. Creo que debemos reflexionar con gran seriedad sobre el porqué tantos jóvenes “no se sienten” de casarse. Existe esta cultura de lo provisorio…todo es provisorio, parece que no hay algo definitivo.


Ésta de los jóvenes que no quieren casarse es una de las preocupaciones que surgen en el día de hoy: ¿por qué los jóvenes no se casan? ¿Por qué a menudo prefieren una convivencia y tantas veces “a responsabilidad limitada”? ¿Por qué muchos – también entre los bautizados – tienen poca confianza en el matrimonio y en la familia? Es importante tratar de entender, si queremos que los jóvenes puedan encontrar el camino justo para recorrer. ¿Por qué no tienen confianza en la familia?

Las dificultades no son sólo de carácter económico, si bien estas son realmente serias. Muchos consideran que el cambio sucedido en estos últimos decenios haya sido puesto en marcha por la emancipación de la mujer. Pero ni siquiera este argumento es válido. ¡Pero ésta es también una injuria! ¡No, no es verdad! Es una forma de machismo, que siempre quiere dominar a la mujer. Hacemos el papelón que hizo Adán, cuando Dios le dijo: “¿Pero por qué has comido la fruta?” Y él: “Ella me la dio”. Es culpa de la mujer. ¡Pobre mujer! ¡Debemos defender a las mujeres, eh! En realidad, casi todos los hombres y las mujeres querrían una seguridad afectiva estable, un matrimonio sólido y una familia feliz. La familia está en la cima de todos los índices de agrado entre los jóvenes; pero, por miedo de equivocarse, muchos no quieren ni siquiera pensar en ella; no obstante son cristianos, no piensan al matrimonio sacramental, signo único e irrepetible de la alianza, que se transforma en testimonio de la fe. Quizás, precisamente este miedo de fracasar es el más grande obstáculo para acoger la palabra de Cristo, que promete su gracia a la unión conyugal y a la familia.

El testimonio más persuasivo de la bendición del matrimonio cristiano es la vida buena de los esposos cristianos y de la familia. ¡No hay modo mejor para decir la belleza del sacramento! El matrimonio consagrado por Dios custodia aquel vínculo entre el hombre y la mujer que Dios ha bendecido desde la creación del mundo; y es fuente de paz y de bien para la entera vida conyugal y familiar. Por ejemplo, en los primeros tiempos del Cristianismo, esta gran dignidad del vínculo entre el hombre y la mujer venció un abuso considerado entonces completamente normal, es decir, el derecho de los maridos de repudiar a las esposas, también con los motivos más falsos y humillantes. El Evangelio de la familia, el Evangelio que anuncia precisamente este sacramento ha vencido esta cultura de repudio habitual.

El germen cristiano de la radical igualdad entre los cónyuges hoy debe traer nuevos frutos. El testimonio de la dignidad social del matrimonio se hará persuasivo precisamente por este camino, el camino del testimonio que atrae, el camino de la reciprocidad entre ellos, de la complementariedad entre ellos.

Por esto, como cristianos, debemos hacernos más exigentes a este respecto. Por ejemplo: sostener con decisión el derecho a la igual retribución por igual trabajo ¿por qué se da por cierto que las mujeres deben ganar menos que los hombres? ¡No! ¡El mismo derecho! ¡La disparidad es un puro escándalo! Al mismo tiempo, reconocer como riqueza siempre válida la maternidad de las mujeres y la paternidad de los hombres, a beneficio sobre todo de los niños. Igualmente, la virtud de la hospitalidad de las familias cristianas reviste hoy una importancia crucial, especialmente en las situaciones de pobreza, de degrado, de violencia familiar.

Queridos hermanos y hermanas, ¡no tengamos miedo de invitar a Jesús a la fiesta de bodas! Y no tengamos miedo de invitar a Jesús a nuestra casa, para que esté con nosotros y custodie la familia. ¡Y también a su madre, María! Los cristianos, cuando se desposan “en el Señor” son transformados en un signo eficaz del amor de Dios. Los cristianos no se desposan sólo por sí mismos: se desposan en el Señor en favor de toda la comunidad, de la entera sociedad.

De esta bella vocación del matrimonio cristiano, hablaré en la próxima catequesis. Gracias.

(Traducción del italiano: Maria Cecilia Mutual - RV)