martes, 23 de diciembre de 2014

Este vierne fue la Tercera predicación de Adviento al Papa y a la Curia Romana


Después de haber reflexionado sobre la paz como don de Dios en Cristo Jesús a toda la humanidad y de la paz como tarea en la que trabajar, esta semana el padre Raniero Cantalamessa ha hablado esta semana, en su predicación al Papa y a la Curia Romana, de la paz como fruto del Espíritu. 

Y así, ha explicado que en la expresión frutos del Espíritu, Espíritu no indica el Espíritu Santo en sí mismo, como el principio de la nueva existencia, o incluso el hombre que se deja guiar por el Espíritu. A diferencia de los carismas, que son obra exclusiva del Espíritu, que los da a quien quiere y cuando quiere, los frutos son el resultado de una colaboración entre la gracia y la libertad. 

Además, ha indicado que no todos en la Iglesia pueden ser apóstoles, profetas, evangelistas; pero todos indistintamente, del primero al último, pueden y deben ser caritativos, pacientes, humildes, pacíficos. A continuación, el predicador ha analizado la paz interior en la tradición espiritual de la Iglesia, afirmando que alcanzarla, ha ocupado a lo largo de los siglos a todos los grandes buscadores de Dios. En Oriente, comenzando por los Padres del desierto, hasta la tradición occidental, persiguiendo el mismo ideal pero por otros caminos. 

La concepción de Agustín de la paz interior como la adhesión a la voluntad de Dios es una confirmación y una profundización en los místicos, ha asegurado el padre Cantalamessa. Un desarrollo diferente, más ascético que místico, lo encontramos en san Ignacio de Loyola con su doctrina de la santa indiferencia que consiste en ponerse en un estado de disposición total a aceptar la voluntad de Dios, renunciando, desde el principio, a cualquier preferencia personal, al igual que una balanza dispuesta a inclinarse del lado donde el peso será mayor. Sin embargo, tal y como ha recordado que predicador ninguna corriente espiritual saludable, ha pensado nunca que la paz del corazón sea una paz barata y sin esfuerzo. 

El padre capuchino ha indicado que para mantener y aumentar la paz del corazón hay que domar, momento a momento, sobre todo al principio, una revuelta: la de la carne contra el espíritu. Y Pablo lo dice si con el Espíritu hacéis morir las obras del cuerpo, viviréis. Esta frase --ha afirmado-- contiene una enseñanza importantísima. El Espíritu Santo no es la recompensa a nuestros esfuerzos de mortificación, sino el que los hace posibles y fructíferos; no sólo al final, sino también al comienzo del proceso, ha subrayado. 

Pero también ha advertido que una mortificación voluntarista y demasiado confiada de sí misma puede llegar a ser (y se ha convertido a menudo) también en una obra de la carne. 

Sin pretender sustituir los medios ascéticos tradicionales, la espiritualidad moderna pone su acento en otros medios más positivos para conservar la paz interior, ha precisado el predicador. Y el primero es la confianza y el abandono en Dios. 

Nos acercamos a la Navidad --ha recordado el padre Cantalamessa-- y me gustaría resaltar lo que creo que es el medio más eficaz de todos para preservar la paz del corazón y esto es la certeza de ser amados por Dios. Tal y como recuerda, San Pablo nos muestra un manera de superar todas nuestras ansiedades y encontrar cada vez la paz del corazón, a través de la certeza de que somos amados por Dios. En la epístola a los romanos dice: Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros? El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él graciosamente todas las cosas? ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada? Pero en todo esto salimos más que vencedores gracias a aquel que nos amó. 

El padre Cantalamessa ha explicado que el apóstol nos invita a hacer lo mismo: a mirar nuestra vida, tal y como se presenta, para sacar a la luz los miedos y las razones para la tristeza que se esconden allí, y que no nos permiten aceptarnos con serenidad a nosotros mismos. 

De este modo, ha recordado que estamos invitados a mirar a la luz del amor de Dios, el mundo que nos rodea y que nos da miedo. 

Al finalizar la predicación, ha mencionado a Santa Teresa de Ávila, que nos ha dejado una especie de testamento, que es útil repetirnos cada vez que tenemos que encontrar la paz del corazón: Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Adeste Fideles. Parroquia de Gaza

MI CORAZÓN SE REGOCIJA POR EL SEÑOR, MI SALVADOR


Del primer libro de Samuel (1S 2,1.45.6-7.8abcd):
Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador
Mi corazón se regocija en el Señor, 
tengo la frente erguida gracias a mi Dios. 
Mi boca se ríe de mis enemigos, 
porque tu salvación me ha llenado de alegría.

Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador
Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos queda baldía.

Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador
El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece.

Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador
Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la miseria al pobre,
para hacer que se sienten entre príncipes
y que hereden un trono de gloria.


Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador

MI ALMA CANTA LA GRANDEZA DEL SEÑOR

Evangelio según San Lucas 1,46-56.

"Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora.

En adelante todas las generaciones me llamarán feliz".
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!

Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.

Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.

Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.

Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre".

María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa. 
De News.va

Vivir una Navidad cristiana, libres de toda mundanidad, pidió el Papa

Ante la inminencia de la Navidad, a la hora del Ángelus del cuarto y último Domingo de Adviento, el Papa Francisco recordó a los fieles y peregrinos reunidos en una Plaza de San Pedro adornada con los símbolos típicos de este período – el Pesebre y el Árbol – que la liturgia nos invita a meditar el relato del anuncio del Ángel a María. Y afirmó que al contemplar el momento en que esta sencilla muchacha de Nazaret se vuelve disponible al mensaje divino con su “sí” vemos dos aspectos esenciales de su actitud, que es para nosotros modelo de cómo prepararse a la Navidad.

Ante todo su fe, que consiste en escuchar la Palabra de Dios y abandonarse a ella con plena disponibilidad de mente y de corazón.

Y también la capacidad de la Madre de Cristo de reconocer el tiempo de Dios. Porque Ella – dijo el Papa Francisco es la que ha hecho posible la encarnación del Hijo de Dios en ese “sí” humilde y valiente, enseñándonos, de este modo, a comprender el momento favorable en que Jesús pasa por nuestra vida y pide una respuesta generosa.

El Papa Bergoglio no olvidó mencionar la presencia silenciosa de San José en este misterio, cuya figura se representa siempre en todo pesebre.

Después de destacar que el don precioso de la Navidad es la paz, que Cristo es nuestra paz verdadera, el Santo Padre concluyó pidiendo la intercesión de nuestra Madre y de San José, para vivir una Navidad verdaderamente cristiana, libres de toda mundanidad y dispuestos a acoger al Salvador, es decir de Dios-con-nosotros.

(María Fernanda Bernasconi - RV). 


domingo, 21 de diciembre de 2014

La nostalgia de la Navidad

La Navidad es una fiesta llena de nostalgia. Se canta la paz, pero no sabemos construirla. Nos deseamos felicidad, pero cada vez parece más difícil ser feliz. Nos compramos mutuamente regalos, pero lo que necesitamos es ternura y afecto. Cantamos a un niño Dios, pero en nuestros corazones se apaga la fe. La vida no es como quisiéramos, pero no sabemos hacerla mejor.


No es sólo un sentimiento de Navidad. La vida entera está transida de nostalgia. Nada llena enteramente nuestros deseos. No hay riqueza que pueda proporcionar paz total. No hay amor que responda plenamente a los deseos más hondos. No hay profesión que pueda satisfacer del todo nuestras aspiraciones. No es posible ser amados por todos.

La nostalgia puede tener efectos muy positivos. Nos permite descubrir que nuestros deseos van más allá de lo que hoy podemos poseer o disfrutar. Nos ayuda a mantener abierto el horizonte de nuestra existencia a algo más grande y pleno que todo lo que conocemos. Al mismo tiempo, nos enseña a no pedir a la vida lo que no nos pueda dar, a no esperar de las relaciones lo que no nos pueden proporcionar. La nostalgia no nos deja vivir encadenados sólo a este mundo.

Es fácil vivir ahogando el deseo de infinito que late en nuestro ser. Nos encerramos en una coraza que nos hace insensibles a lo que puede haber más allá de lo que vemos y tocamos. La fiesta de la Navidad, vivida desde la nostalgia, crea un clima diferente: estos días se capta mejor la necesidad de hogar y seguridad. A poco que uno entre en contacto con su corazón, intuye que el misterio de Dios es nuestro destino último.

Si uno es creyente, la fe le invita estos días a descubrir ese misterio, no en un país extraño e inaccesible, sino en un niño recién nacido. Así de simple y de increíble. Hemos de acercarnos a Dios como nos acercamos a un niño: de manera suave y sin ruidos; sin discursos solemnes, con palabras sencillas nacidas del corazón. Nos encontramos con Dios cuando le abrimos lo mejor que hay en nosotros.

A pesar del tono frívolo y superficial que se crea en nuestra sociedad, la Navidad puede acercar a Dios. Al menos, si la vivimos con fe sencilla y corazón limpio.

José Antonio Pagola

UN ANUNCIO SORPRENDENTE

Lucas narra el anuncio del nacimiento de Jesús en estrecho paralelismo con el del Bautista. El contraste entre ambas escenas es tan sorprendente que nos permite entrever con luces nuevas el Misterio del Dios encarnado en Jesús.


El anuncio del nacimiento del Bautista sucede en «Jerusalén», la grandiosa capital de Israel, centro político y religioso del pueblo judío. El nacimiento de Jesús se anuncia en un pueblo desconocido de las montañas de Galilea. Una aldea sin relieve alguno, llamada «Nazaret», de donde nadie espera que pueda salir nada bueno.

Años más tarde, estos pueblos humildes acogerán el mensaje de Jesús anunciando la bondad de Dios. Jerusalén por el contrario lo rechazará. Casi siempre, son los pequeños e insignificantes los que mejor entienden y acogen al Dios encarnado en Jesús.

El anuncio del nacimiento del Bautista tiene lugar en el espacio sagrado del «templo». El de Jesús en una casa pobre de una «aldea». Jesús se hará presente allí donde las gentes viven, trabajan, gozan y sufren.

Vive entre ellos aliviando el sufrimiento y ofreciendo el perdón del Padre. Dios se ha hecho carne, no para permanecer en los templos, sino para «poner su morada entre los hombres» y compartir nuestra vida.

El anuncio del nacimiento del Bautista lo escucha un «varón» venerable, el sacerdote Zacarías, durante una solemne celebración ritual. El de Jesús se le hace a María, una «joven» de unos doce años. No se indica dónde está ni qué está haciendo. ¿A quién puede interesar el trabajo de una mujer? 

Sin embargo, Jesús, el Hijo de Dios encarnado, mirará a las mujeres de manera diferente, defenderá su dignidad y las acogerá entre sus discípulos.

Por último, del Bautista se anuncia que nacerá de Zacarías e Isabel, una pareja estéril, bendecida por Dios. De Jesús se dice algo absolutamente nuevo. El Mesías nacerá de María, una joven virgen. El Espíritu de Dios estará en el origen de su aparición en el mundo. Por eso, «será llamado Hijo de Dios».

El Salvador del mundo no nace como fruto del amor de unos esposos que se quieren mutuamente. Nace como fruto del Amor de Dios a toda la humanidad. Jesús no es un regalo que nos hacen María y José. Es un regalo que nos hace Dios.


José Antonio Pagola

La obediencia a Dios es el secreto de la felicidad

Llevamos toda esta semana viendo las grandes promesas divinas al pueblo elegido de Israel. En la primera lectura la profecía-promesa del profeta Natán establece la elección de Jerusalén como ciudad santa ya que el arca de la alianza pedía un templo en el que habitar. También, había que asegurar la descendencia o dinastía davídica ante la esterilidad de la mujer de David, al elegir la dinastía davídica como depositaria de las promesas divinas, Dios promete que “permanecerá por siempre”, resolviendo la incertidumbre. Así lo comprobamos en el salmo 88 y en el Evangelio de hoy de la anunciación: Jesús, recibe el trono de David, su padre, y su reino no tendrá fin.
 A nosotros, los cristianos, el nuevo pueblo de Dios, se nos ha revelado el “misterio mantenido en secreto durante siglos”, anuncia San Pablo en la segunda lectura de la liturgia. Con la predicación del Evangelio de Cristo Jesús, recibimos la fortaleza y a fe que nos ayuda a conocer y obedecer a Dios. Sabemos muy bien, y cada día lo vamos descubriendo, que el secreto de la felicidad en nuestra vida es obedecer a Dios. Así nos lo va repitiendo una y otra vez la revelación bíblica. El Señor nos ama, y su amor es fiel y leal. Por ello, la importancia de descubrir nuestra propia elección en el amor por Él, aceptarla y responder con lealtad a ella. Así lo viven los israelitas y luego los apóstoles. También la Virgen María lo cree así y se deja llenar de gracia por Dios, respondiendo con una fidelidad plena a Él. Esta obediencia le llena de gozo y felicidad por la gracia que redunda en todos nosotros, en la humanidad, por su participación en el misterio de la redención.
La obediencia al Señor nos lleva a escuchar su Palabra, a tener una relación cercana con Él, a acudir a recibir su gracia en los sacramentos y, por tanto, nos ayuda a que nuestro actuar sea conforme a su voluntad divina, o sea, a hacer lo correcto, lo bueno. Y cuando se va viviendo con esta certeza, cada vez más, experimentamos la auténtica felicidad. Cuando somos niños lo entendemos rápidamente y parece fácil. Pero ha medida que vamos creciendo todo se complica, nosotros nos complicamos y vamos perdiendo esta actitud creyente de vida. Cuando hablo con los jóvenes, ellos se dan cuenta rápido y siempre me  preguntan que hacer para evitarlo. La respuesta es que lo que a mi me funciona es no parar de conocer a Jesucristo a través de vivir su Evangelio, de tratar con Él y de aprender día a día a ser fiel, luchando con constancia por mantenerse en la obediencia, aún teniendo que levantarme una y otra vez por culpa de mi pecado ¿Tú lo haces?
Fuente: Archimadrid

Arzobispo de Mosul: 'Hemos perdido todo menos la fe'

Ayuda a la Iglesia Necesitada lanza la mayor campaña de su historia para evitar que el cristianismo desaparezca de Irak. 120 mil cristianos viven en situación crítica en el Kurdistán


La comunidad cristiana en Irak está desde el pasado verano en 

una situación insostenible debido a la presión y persecución del Estado Islámico (EI). La Iglesia local ha informado este viernes que el número de cristianos refugiados en el Kurdistán iraquí, único lugar seguro para ellos, es de 120 mil. Son 20 mil las familias que no tienen trabajo, vivienda ni escuela para sus hijos.

Por este motivo, la fundación de la Santa Sede, Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) en España ha lanzado la mayor campaña en sus 50 años de historia para ayudar a la comunidad cristiana refugiada de Irak y evitar que el cristianismo, presente desde el siglo III en ese país, desaparezca.

En la presentación de esta iniciativa, el arzobispo caldeo de Mosul, monseñor Amel Nona ha asegurado que han perdido todas sus posesiones "pero lo único que no han perdido es la fe". "Estamos muy felices y contentos que de los 120 mil cristianos que han huído de Mosul y la planicie de Nínive, ninguno de ellos ha apostatado, ninguno ha renunciado a su fe y se ha convertido al Islam".
Monseñor Nona ha explicado que lo que más necesitan los cristianos en estos momentos es alojamiento y comida. "Queremos evitar un éxodo cristiano todavía mayor. Pensábamos que la crisis iba a durar como mucho un mes, pero ya llevamos seis meses y todavía no hay señales positivas de que nuestra tierra sea liberada del Estado Islámico".
En este sentido, ha apuntado que no podemos decir a las familias que se queden en Irak, que permanezan en su tierra, "si no hay un motivo esperanzador para ellos, si no son sostenidos". Por ello, ha agradecido toda la ayuda que están recibiendo del exterior. "Gracias a esta generosidad sentimos que contamos como cristianos" para la Iglesia universal. "Estamos sufriendo, pero con vuestra ayuda esperamos poder permanecer en nuestra tierra", ha señalado el arzobispo caldeo de Mosul.
Por su parte, el director de Ayuda a la Iglesia Necesitada en España, Javier Menéndez Ros ha explicado que Irak ha sido, es y será un país preferente para esta fundación de la Santa Sede y ha anunciado que la próxima semana una delegación de AIN viajará a Erbil para mostrar la cercanía de los cristianos españoles con los iraquíes. "Queremos que sepan que no están solos, que estamos unidos a ellos, que no les vamos a abandonar" en estos gravemos momentos de dificultad, ha destacado Menéndez Ros.
Antes del 2003, los cristianos eran 1,6 millones. En estos momentos, se calcula que no llegan a los 300 mil. "Si no queremos que se vayan, hay que ayudarles a que susbistan. Cada día 75 cristianos abandona Irak", ha reiterado el responsable de AIN.
"Ayuda a la Iglesia Necesitada es consciente de que este pueblo se encuentra en estos momentos en una gran encrucijada histórica. O se les sostiene con ayuda o todos se irán y desapa

sábado, 20 de diciembre de 2014

“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz.” Jesús viene a nacer en ti como luz. El ha venido para iluminar tu vida, para dar sentido a tu vida.

Y viene porque el amor de Dios Padre es muy grande y quiere revelarte los secretos de la vida a través de su Hijo. Jesús es el Salvador y Él viene para revelarte qué es la verdad, qué es el amor, qué es la humildad, qué es la paz y en qué consiste la salvación.

El misterio de esta noche ha dejado iluminada todas las noches pues el Salvador ha venido a iluminar todas nuestras noches: «No temáis, os anuncio una gran noticia: “Hoy, en la ciudad de Belén, os ha nacido un Salvador”». ¿Se te quitarán todos tus miedos, confiarás en Él, lo acogerás como tu verdadero Salvador?

Haz de tu corazón la gruta de Belén, deja que allí te habite el misterio y haz este misterio vida. El gran regalo de la Navidad es que Jesús nazca en tu corazón.

Si quieres descubrir el verdadero sentido de la Navidad necesitas ojos iluminados del corazón, es decir, necesitas la fe y la humildad para acoger el misterio de la pobreza de Belén.

Jesús nace pobre en un pesebre y para Él no habrá posada, “fue a los suyos pero los suyos no le recibieron”.

Acércate delicadamente al misterio.

Jesús viene a solidarizarse con todos y a traer la salvación, y quiere que tú seas sus manos y sus pies para quien busca la salvación.

Adéntrate en el misterio de Belén con un a actitud de adoración, como los pastores.

Abre tu corazón al misterio de la pobreza de Belén, aviva en ti actitudes de humildad, de generosidad y siembra el amor del Niño Dios en tu entorno cercano y en este mundo que está hambriento de amor.

En el silencio de la noche entremos en las afueras de Belén, dejémonos iluminar por la estrella que conduce a Belén, contemplemos a María, a José y al Niño Dios. En el silencio de la noche busquemos la luz de Jesús.


 Fuente:  Reflejos de Luz Pastoral 

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo



Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,26-38

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: - «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: - «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: - «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: - «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: - «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Y la dejó el ángel.

El silencio de san José


Un silencio gracias al cual san José, al unísono con María, guarda la palabra de Dios, conocida a través de las sagradas Escrituras.



En estos últimos días del Adviento, la liturgia nos invita a contemplar de modo especial a la Virgen María y a san José, que vivieron con intensidad única el tiempo de la espera y de la preparación del nacimiento de Jesús. Hoy deseo dirigir mi mirada a la figura de san José. (......)

Desde luego, la función de san José no puede reducirse a un aspecto legal. Es modelo del hombre "justo" (Mt 1, 19), que en perfecta sintonía con su esposa acoge al Hijo de Dios hecho hombre y vela por su crecimiento humano. Por eso, en los días que preceden a la Navidad, es muy oportuno entablar una especie de coloquio espiritual con san José, para que él nos ayude a vivir en plenitud este gran misterio de la fe.

El amado Papa Juan Pablo II, que era muy devoto de san José, nos ha dejado una admirable meditación dedicada a él en la exhortación apostólica Redemptoris Custos, "Custodio del Redentor". Entre los muchos aspectos que pone de relieve, pondera en especial el silencio de san José. Su silencio estaba impregnado de contemplación del misterio de Dios, con una actitud de total disponibilidad a la voluntad divina. En otras palabras, el silencio de san José no manifiesta un vacío interior, sino, al contrario, la plenitud de fe que lleva en su corazón y que guía todos sus pensamientos y todos sus actos.

Un silencio gracias al cual san José, al unísono con María, guarda la palabra de Dios, conocida a través de las sagradas Escrituras, confrontándola continuamente con los acontecimientos de la vida de Jesús; un silencio entretejido de oración constante, oración de bendición del Señor, de adoración de su santísima voluntad y de confianza sin reservas en su providencia.

No se exagera si se piensa que, precisamente de su "padre" José, Jesús aprendió, en el plano humano, la fuerte interioridad que es presupuesto de la auténtica justicia, la "justicia superior", que él un día enseñará a sus discípulos (cf. Mt 5, 20).

Dejémonos "contagiar" por el silencio de san José. Nos es muy necesario, en un mundo a menudo demasiado ruidoso, que no favorece el recogimiento y la escucha de la voz de Dios. En este tiempo de preparación para la Navidad cultivemos el recogimiento interior, para acoger y tener siempre a Jesús en nuestra vida.



Autor: SS Benedicto XVI | Fuente: Catholic.net

Meditación del Ángelus. Domingo 18 de diciembre de 2005

Dios nos ama, es el medio más eficaz para llegar a la paz

Para mantener la paz el "medio más eficaz" se encuentra en la "certeza de ser amados por Dios". Así lo aseguró el padre Raniero Cantalamessa en la Tercera Predicación de Adviento, realizada ante el Papa y la Curia Romana, dedicada al tema "la paz, fruto del Espíritu".
El predicador de la Casa Pontificia asegura que “la paz fruto del Espíritu es distinta de la paz don de Dios y de la paz como tarea en la que trabajar”. Recordando el título del mensaje del papa Juan Pablo II para la Jornada mundial de la paz de 1984 decía: “La paz nace de un corazón nuevo” y Francisco de Asís, mandando a sus hermanos por el mundo, les aconsejaba: “La paz que anunciáis con la boca, tenedla sobre todo en vuestros corazones”.
Y así asegura que “la paz interior o del corazón ha ocupado a lo largo de los siglos a todos los grandes buscadores de Dios”. La esperanza de esta paz eterna ha marcado toda la liturgia de los difuntos. Expresiones como “Pax”, “In pace Christi”, “Requiescat in pace” son las más frecuentes en las tumbas de los cristianos y en las oraciones de la Iglesia. La Jerusalén celeste, con alusión a la etimología del nombre, es definitiva “beata pacis visio”[1], beata visión de paz, aseguró.
Hablando sobre la concepción de San Agustín de la paz interior como la adhesión a la voluntad de Dios, asegura que  encuentra una confirmación y una profundización en los místicos. Y cita al maestro Eckhart cuando escribe: “Nuestro Señor dice: ‘Sólo tendréis paz en mí’ (cfr. Jn 16, 33). Cuanto más se penetra en Dios, más nos adentramos en la paz. El que tiene su yo en Dios tiene la paz, el que tiene su yo fuera de Dios no tiene la paz”[2]. “No se trata, por lo tanto, sólo de cumplir con la voluntad de Dios, sino de no tener otra voluntad que la Dios, morir completamente a la propia voluntad. La misma cosa se lee, en forma de experiencia vivida, en Santa Ángela de Foligno: “Más adelante, la bondad de Dios me concedió la gracia de hacer de dos cosas una sola, tanto que no puedo querer otra cosa, sino lo que Él quiere. […] Ya no me hallo más ahora como solía hallarme, sino que fui conducida a una gran paz en la cual vivo con Él y estoy contenta de cualquier cosa”[3].
Recordó también a San Ignacio de Loyola y su “doctrina de la santa indiferencia”. Consiste en ponerse en un estado de disposición total a aceptar la voluntad de Dios, renunciando, desde el principio, a cualquier preferencia personal, al igual que una balanza dispuesta a inclinarse del lado donde el peso será mayor. La experiencia de paz interior se convierte así en el principal criterio en todo discernimiento. Hay que considerar que es conforme a la voluntad de Dios, la elección, que después de una prolongada ponderación y oración, viene acompañada por una mayor paz del corazón.
Finalmente el padre Cantalamessa habla del testamento que nos ha dejado Santa Teresa de Ávila, el que asegura que es muy útil para repetirnos cada vez que tenemos que recobrar la paz en el corazón: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta”.

Concluye esta tercera predicación de Adviento, deseando que el nacimiento del Señor, Santo Padre, Venerables padres, hermanos y hermanas, sea realmente para nosotros, como decía san León Magno, ¡“el nacimiento de la paz”![4] De las tres dimensiones de la paz: aquella entre el cielo y la tierra, aquella entre todos los pueblos y aquella en nuestros corazones.
P. Cantalamessa

Que ante todo la Iglesia sea madre como María, pidió el Papa

Que la Iglesia sea madre, no empresaria, dijo el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, la última de este año, en la que participó un grupo de fieles. El Pontífice destacó la “nueva Creación”, que representa el nacimiento de Jesús, y que hace nuevas todas las cosas.

Dos mujeres que eran estériles se vuelven fecundas. El Papa Bergoglio desarrolló su homilía partiendo de las lecturas del día que narran los nacimientos milagrosos de Sansón y Juan Bautista. En el Pueblo de Israel – afirmó el Santo Padre –  era “casi una maldición no tener hijos” y recordó que en la Biblia encontramos a tantas mujeres estériles en las que “el Señor hace el milagro”. Además, Francisco destacó que la Iglesia “nos hace ver este símbolo de la esterilidad precisamente antes del nacimiento de Jesús, y también de parte de una mujer incapaz de tener un hijo por su decisión de permanecer virgen”.

Éste es “el signo de la humanidad incapaz de dar un paso más”, comentó el Santo Padre. Y añadió que la Iglesia “quiere hacernos reflexionar sobre la humanidad estéril”:

Esterilidad y nueva Creación

“De la esterilidad, el Señor es capaz de volver a comenzar una nueva descendencia, una nueva vida. Y éste es el mensaje de hoy. Cuando la humanidad está extenuada, ya no puede caminar, viene la gracia y viene el Hijo,  y viene la Salvación. Y aquella creación agotada deja lugar a la nueva Creación…”.
“Esta ‘segunda’ Creación cuando la Tierra está agotada  –  prosiguió explicando el Papa  – es el mensaje de hoy”. Nosotros – dijo Francisco –  esperamos a Aquel que “es capaz de recrear todas las cosas, de hacer nuevas las cosas. Esperamos la novedad de Dios”. Es Navidad –  añadió – “la novedad de Dios que vuelve a hacer, de modo maravilloso la Creación, y todas las cosas”. Francisco puso de manifiesto que tanto la esposa de Manoach, madre de Sansón, como Isabel, serán madres gracias a la acción del Espíritu del Señor. Y se preguntó qué mensaje nos dejan estas lecturas. “Abrámonos al Espíritu de Dios – fue su respuesta –. Nosotros, solos, no somos capaces. Es Él quien puede hacer las cosas”:

Apertura a las novedades de Dios

“También esto me hace pensar en nuestra madre Iglesia; también en tantas esterilidades que tiene nuestra madre Iglesia: cuando, por el peso de la esperanza en los mandamientos, aquel pelagianismo que todos nosotros llevamos en los huesos, se vuelve estéril. Se cree capaz de dar a luz… no, ¡no puede! La Iglesia es madre, y se hace madre sólo cuando se abre a la novedad de Dios, a la fuerza del Espíritu. Cuando se dice a sí misma: ‘Yo hago todo, pero, he terminado, ¡no puedo avanzar más!’, viene el Espíritu”.

Madre no empresaria

Se trata de una constatación que suscitó en el Papa Francisco una reflexión sobre las esterilidades en la Iglesia y sobre la apertura a la fecundidad en la fe:
“Y también hoy es un día para rezar por nuestra madre Iglesia, por tantas esterilidades en el pueblo de Dios. Esterilidad de egoísmos, de poder… cuando la Iglesia cree que puede todo, que se adueña de las conciencias de la gente, de ir por el camino de los Fariseos, de los Saduceos, por el camino de la hipocresía, eh, la Iglesia es estéril. Rezar. Que nuestra Iglesia abierta al don de Dios lo haga en esta Navidad, que se deje sorprender por el Espíritu Santo y que sea una Iglesia que haga hijos, una Iglesia madre. Madre. Tantas veces yo pienso que la Iglesia en algunos lugares, más que madre es una empresaria”.
“Viendo esta historia de esterilidad del pueblo de Dios y tantas historias en la historia de la Iglesia que la han hecho estéril  –  concluyó diciendo el Papa – pidamos al Señor, hoy, mirando el Pesebre”, la gracia “de la fecundidad de la Iglesia. Que ante todo, la Iglesia sea madre, como María”.          

(María Fernanda Bernasconi - RV).

viernes, 19 de diciembre de 2014

ZACARÍAS Y EL ÁNGEL


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 5-25

En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón llamada Isabel.

Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada.

Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según el ritual de los sacerdotes, le tocó a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso.

Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor. Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto.»

Zacarías replicó al ángel: «¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada.»

El ángel le contestó: «Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado a hablarte para darte esta buena noticia. Pero mira: te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento.»

El pueblo estaba aguardando a Zacarías, sorprendido de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo.

Al cumplirse los días de su servicio en el templo volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir cinco meses, diciendo: «Así me ha tratado el Señor cuando se ha dignado quitar mi afrenta ante los hombres.»

De News.va