sábado, 30 de septiembre de 2017

Homilía del Papa: los arcángeles enviados para acompañarnos en la vida

Nosotros y los ángeles tenemos la misma vocación: «cooperamos juntos en el plan de salvación de Dios». Está escrito en la Oración Colecta de la fiesta de los tres arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel y el Papa Francisco lo señaló en su homilía en la Misa matutina en la Casa de Santa Marta:
«Somos, por decir así, ‘hermanos’ en la vocación. Y ellos están ante el Señor para servirlo, para alabarlo y también para contemplar la gloria de rostro del Señor. Los ángeles son grandes contemplativos. Ellos contemplan al Señor; sirven y contemplan. Pero, también, el Señor los envía para acompañarnos por el camino de la vida».
Y, en particular, Miguel, Gabriel y Rafael, tienen «un papel importante en nuestro camino hacia la salvación», destacó el Santo Padre, recordando que «el Gran Miguel es aquel que combate contra el diablo», al «gran dragón», a «la serpiente antigua», que «fastidia nuestra vida», seduce al mundo entero, como sedujo a nuestra madre Eva con argumentos convincentes y luego, cuando hemos caído nos acusa ante Dios:
«¡Anda, come el fruto! Te hará bien, te hará conocer tantas cosas… Y comienza, como la serpiente a seducir, a seducir… Y, luego, cuando hemos caído nos acusa ante Dios: ‘¡es un pecador, es mío! Éste es mío: es precisamente la palabra del diablo. Nos gana por medio de la seducción y nos acusa ante Dios: ‘es mío. Éste me lo llevo conmigo’. Y Miguel combate. El Señor le pidió que haga la guerra. Por nosotros, que estamos en camino en esta vida nuestra hacia el Cielo, Miguel nos ayuda a hacerle la guerra, a no dejarnos seducir».
Es un trabajo de defensa que Miguel hace ‘ por la Iglesia’ y por ‘cada uno de nosotros’, distinto al papel de Gabriel, ‘el otro arcángel de hoy’, aquel que - recuerda el Papa – ‘lleva las buenas noticias: aquel que ha llevado la noticia a María, a Zacarías, a José’: la noticia de la salvación. También Gabriel está con nosotros y nos ayuda en el camino cuando ‘olvidamos’ el Evangelio de Dios, que ‘Jesús ha venido entre nosotros’, para salvarnos.
El tercer arcángel que festejamos hoy es Rafael, aquel que ‘camina con nosotros’ y que nos ayuda en este camino: debemos pedirle – invitó el Papa – que nos proteja de la ‘seducción de dar el paso equivocado’.
He aquí pues a nuestros compañeros al servicio de Dios y de nuestra vida a los que el Santo Padre nos enseña a rezar:
«Miguel, ayúdanos en la lucha: cada uno sabe cuál lucha tiene en su propia vida hoy. Cada uno de nosotros conoce su lucha principal, aquella que pone en riesgo su salvación. Ayúdanos. Gabriel, tráenos noticias, tráenos la Buena Noticia de la salvación, que Jesús está con nosotros, que Jesús nos ha salvado y danos esperanza. Rafael, tómanos de la mano y ayúdanos en el camino para no equivocarnos de camino, para no quedarnos parados. Siempre caminar, pero ayudados por ti».
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)

viernes, 29 de septiembre de 2017

Sor Emmanuel, en Madrid: «El sufrimiento no tiene más sentido que el cristiano»


Sor Emmanuel Maillard, autora espiritual y miembro de la Comunidad de las Bienaventuranzas, vecina de Medjugorje desde 1989, ha estado varios días en distintas ciudades de España. En Madrid ha hablado sobre el sentido del sufrimiento
«Cada criatura experimenta el dolor en mayor o menor medida», dijo sor Emmanuel en la parroquia de San José de la Montaña, y «cada vez que recibimos una enfermedad o un sufrimiento interior, en nosotros se abre una herida, y esa herida sangra y nos hace vulnerables. El demonio se acercará y querrá infectar esa herida con el veneno de la desesperación: “Ya no puedes más, suicídate”… O el odio: “Véngate de aquella persona…” O la duda del amor de Dios: “¿No decías que Dios te amaba…? A Dios no le interesas, pierdes el tiempo con Él…” O amargura, o angustia…».
Sor Emmanuel pidió en cambió «escuchar la voz de Jesús, que se acerca a nosotros en el silencio del corazón, y nos dice: “No tengas miedo, estoy contigo, conozco tu sufrimiento. Mira mis manos y mis pies y mi costado: Yo también sufrí mucho. Abandónate en mi. Juntos saldremos de esta”».
Cuando esto sucede, «Jesús nos dice: “Dame tu herida, ofréceme tu sufrimiento” Y si lo hacemos, para Él va a ser un regalo y un tesoro inestimable. Él cogerá tu herida y se la pondrá sobre las suyas. Y lo hará de tal forma que mi herida se fundirá con la suya. Y como va a ser suya, será transformada en una herida divina. Por eso mi herida ya no va a producir amargura y negatividad, sino paz y consolación. De las heridas de Jesús no salió amargura, odio ni ira, sino paz y misericordia, y también la sanación, la vida, la resurrección. Hay que meter nuestras heridas en las de Jesús».
Además, cuando uno ofrece su sufrimiento al Señor, «participa en la obra de la redención, y le ayuda de alguna manera a salvar muchas almas, participando en su obra más hermosa, y eso me dará alegría. La alegría procede del amor por Jesús».
Sor Emmanuel ofreció asimismo el sentido de la participación en la Eucaristía, algo más que una mera consolación psicológica o espiritual: «En la Misa el sacerdote vierte unas gotas de agua en el vino del cáliz. Esas gotitas de agua representan mi ofrenda: mis sufrimientos, mis alegrías, mis penas, mis seres queridos… Si en un vaso de vino pones unas gotas de agua, el agua desaparece, se diluye completamente en el vino. Por eso, cuando unos minutos más tarde esa copa se transforma en la sangre de Cristo, ¿qué pasa con esa gota de agua? Como se ha diluido en el vino, será también sangre de Cristo. Y unos minutos más tarde, el sacerdote elevará el Cuerpo y la Sangre de Cristo para ofrecer de nuevo a Jesús al Padre, como en el Gólgota. Es la ofrenda de su Hijo junto con mi ofrenda. ¿Y qué hace el Padre? Esa ofrenda le conmueve tanto que derrama en el mundo ríos de alegría, de consuelo, de paz, de sanación… Son las gracias de la salvación. ¿Veis la importancia de poner la Misa en el centro de nuestra vida?», afirmó sor Emmanuel, que concluyó atestiguando que «el sufrimiento no tiene más sentido que el cristiano».
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Alfa y Omega

29 de septiembre: santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael


Dicen que, en tiempos atrás, los conspicuos teólogos tuvieron diatribas entre ellos discutiendo sobre el sexo de los ángeles. Entre bromas y veras, todavía hay gente en nuestro tiempo que no se ha enterado de que ellos son de otra naturaleza y, por tanto, lo que es propiedad de la nuestra no tiene por qué estar presente en la de ellos, de la misma manera que los árboles no necesitan corazón y es impropio del camello establecer las diferencias que se dan entre la permisividad y la tolerancia. ¿Varoniles y musculosos? Quizá sea un modo plástico de expresar una fortaleza superior a la de los pobres hombres. ¿Hermosos, leves y sutiles? A lo mejor los pintan de esa manera para indicarnos que su propio modo de ser –en espíritu– trasciende todo lo corpóreo y sus limitaciones. Porque, ¿cómo van a expresar los virtuosos del pincel las operaciones del entendimiento y de la voluntad, separándolas de la ubicación que lleva consigo la materia, sabiendo que para el ángel no cuentan las limitaciones del espacio y del tiempo? Lógicamente echan mano de antropomorfismos con la ilusión de transmitirnos a modo humano lo que se sabe que no tiene cuerpo, ni alas, ni plumas, ni mantos, ni nariz o cabellos.
Por eso, a pesar de su belleza, no deja de ser una reproducción burda y basta –en comparación con el original invisible– la que dejan en sus lienzos Denís, Beuron. Rohault, Fra Angélico, Rembrandt en el Louvre o Murillo en Sevilla; o las vidrieras de tantos ventanales catedralicios, por más que las atraviese el sol y jugueteen los colores en los días de la canícula.
La escenografía apocalíptica joánica descrita desde Patmos los presenta como ciudadanos de Dios y sus domésticos. Distribuidos en arcana jerarquía. Espíritus puros.
En Lucifer, o «el que lleva la luz», se describe la inaudita paradoja del ángel. No estaba confirmado aún en gracia; sí, en estado de prueba. Todo dependía de una libérrima, definitiva e irreversible decisión. Se ha enamorado de sí mismo y osa negar su culto, honor, obediencia, sumisión, respeto y adoración al Creador: «No lo quiero servir», fue su opción. División angélica en el Cielo. Está en juego el honor de Dios Creador. Pelea –a modo humano– de fidelidad con el grito que hace estandarte y divisa en el combate: MIKAEL –nombre de Arcángel– «¿Quién como Dios?». Desde entonces hubo Luz y Tinieblas Eternas. También defenderá el mismo honor de Dios en la futura vida de la Iglesia, que siempre recurrirá a él en su peregrinar.
Dos anunciaciones de niños con especial misión hará otro Arcángel que se llama GABRIEL, «Dios Fuerte» o «Fortaleza de Dios», que también se traduce por «Hombre de Dios» o «Varón de Dios». Una fue a Zacarías con referencia al Bautista; la otra, a María, la Madre de Dios. En Nazaret, el tiempo total se divide para el hombre entre el antes y el después. El mensajero celeste habla a la doncella nazarena del misterio insospechado de Dios de cara a salvar al hombre con una inefable felicidad donde no hay límite ni en tiempo ni en grado. Aquella comunicación, hecha en el olvido del pueblo y en el silencio, era primigenia demostración irrefutable del amor de Dios al hombre que rompió las barreras y acortó la distancia hasta confundir el Cielo con la Tierra en unidad y plenitud. Ante la Virgen, respeto; es la embajada angélica, pidiendo permiso en nombre de Dios; libertad de la que está favorecida hasta el punto de haber quedado «llena de gracia»; cierto desvelo de Trinidad por mención del Espíritu fecundante. Quedó santificada la familia sumergida en el misterio del amor divino.
«Dios sana», RAFAEL se lee como «Medicina de Dios». Acciones divinas sanantes en casa de Tobías: «Me envió a curarte a ti y a librar del demonio a Sara, esposa de tu hijo». Cuerpo y alma, ambos criaturas, aun en esta vida reciben premio, sin merma del futuro y definitivo, por las buenas obras hechas por amor a Dios. Largo era el camino de Tobías junior hasta Ragus de Media, cuando Tobías padre era ya viejo y ciego. Inexperto el joven, sin orientación y con mucho desconocimiento. El Arcángel hizo de guía anónimo, de maestro y de médico. Aquel pez voraz dio sus entrañas para el doble remedio; parte para echar de Raquel al demonio Asmodeo y la hiel para dar vista a los ojos ciegos de Tobías senior. ¿Cómo va a extrañar que Rafael sea invocado en los males del alma y las enfermedades del cuerpo? Los farmacéuticos lo tomaron por Patrón y lo mismo hicieron los caminantes. Los jóvenes que están para dejar por primera vez la casa de los padres bien hacen en acudir a su protección para los asuntos del cuerpo y del espíritu.
La reforma del santoral de Pablo VI los reúne en la misma fiesta. Los tres nos valgan para que demos el peso –en eso está la verdadera sabiduría– a la hora de ser medidos en la balanza, ante las muecas de rabia del Maligno.
Archimadrid.org

Cardenal Parolin pide reconstruir Irak para que los cristianos puedan regresar a sus casas


Durante un encuentro en Roma sobre los cristianos perseguidos en Irak bajo el título ‘Vuelta a las raíces: Cristianos en la llanura del Nínive’, en la que han participado el patriarca de Babilonia de los Caldeos, Su Beatitud Louis Raphael I Sako; o el arzobispo de Mosul, monseñor Yohanna Petros Mouche, el cardenal secretario de Estado Vaticano, Pietro Parolin, pidió reconstruir la sociedad iraquí y continuar la lucha contra el terrorismo.
Parolin aseguró además que «el Santo Padre ha seguido con particular preocupación desde el inicio la dramática situación de miles de familias que han debido abandonar las propias ciudades y pueblos a causa de la invasión del autodenominado Estado Islámico desde junio de 2014».  
El secretario de Estado intervino en esta iniciativa organizada por Ayuda a la Iglesia Necesitada en la Pontificia Universidad Lateranense que «no ha dejado de abogar por los cristianos en varias ocasiones reiterando la necesidad de favorecer su regreso, de asegurar medidas de protección adecuadas y el respeto de sus derechos».  
«En varios foros internacionales y en los encuentros de alto nivel, la Santa Sede no cesa de reiterar que la presencia de los cristianos es fundamental para un Oriente Medio pacífico, estable, plural, al cual han ofrecido su contribución a lo largo de los siglos».
Durante su intervención, Parolin destacó la importancia «de tutelar la presencia y los derechos de los cristianos a través de instrumentos jurídicos adecuados; el derecho al regreso de las personas desplazadas y de los refugiados, asegurando adecuadas condiciones de seguridad».
Pero también «el respeto de la libertad religiosa y sobre todo la aplicación del concepto de ciudadanía, que implica igualdad en los derechos y en los deberes».
«Es necesario enfrentar el fenómeno del terrorismo en sus causas y favorecer el diálogo interreligioso, el conocimiento recíproco y la educación», añadió.
Sobre el regreso de los cristianos a la llanura del Nínive después de haber sido recientemente liberada del ISIS, el purpurado afirmó que «la reconstrucción de las casas y de los pueblos es el primer y fundamental requisito para la vuelta de los cristianos a sus tierras». Pero también la reconstrucción de la propia «sociedad iraquí» para «promover su convivencia armoniosa y pacífica».
A este respecto, «los cristianos tienen una misión específica de ser artífices de paz reconciliación y desarrollo». «Los cristianos no quieren ser una ‘minoría protegida’ y bien tolerada», sino «ciudadanos cuyos derechos sean defendidos y garantizados junto a todos los otros ciudadanos».
ACI/Álvaro de Juana

El verdadero cristiano está en contacto con los que sufren, recuerda el Papa a religiosos

Estar siempre en camino, dejarse sorprender por la mirada del Señor y estar en contacto con los que sufren fueron los consejos que ofreció el Papa Francisco a la Familia Vicenciana, también conocidos como vicentinos, en un mensaje con motivo del cuarto centenario del carisma.
De su fundador San Vicente de Paúl, Francisco recordó que «vivió siempre en camino, abierto a la búsqueda de Dios y de sí. Inflamado del deseo de dar a conocer a Jesús a los pobres, se dedicó intensamente al anuncio, especialmente a través de las misiones al pueblo, y cuidando de manera especial la formación de los sacerdotes».
«Deseo que este año de agradecimiento al Señor y profundización del carisma sea ocasión para acudir a la fuente, para refrescarse en las fuentes del espíritu original».
También les dijo que están llamados a «alcanzar las periferias de la condición humana, para llevar no vuestras capacidades, sino el Espíritu del Señor».
«Él os esparce en el mundo como semillas que germinan en tierra árida, como bálsamo de consuelo para quien está herido, como fuego de caridad para calentar tantos corazones congelados por el abandono o endurecidos por haber sido descartados».
El Obispo de Roma también advirtió de algunos peligros que pueden surgir con «ciertas formas de limosna y de ayuda» y que pueden alimentar «formas de explotación y de ilegalidad y no llevar a beneficios reales y duraderos».
No obstante, «su ejemplo nos estimula, al mismo tiempo, a dar espacio y tiempo a los pobres, a los nuevos pobres de hoy, a hacer nuestros sus pensamientos y problemas, porque un cristianismo sin contacto con los que sufre se transforma en un cristianismo desencarnado, incapaz de tocar la carne de Cristo».
ACI/Álvaro de Juana

El cardenal Osoro publica su carta pastoral para el curso 2017-2018

El cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, publica su carta pastoral para el curso 2017-2018, titulada Iglesia: ¡Anuncia a Jesucristo! Eres luz y sal del mundo y enmarcada en los trabajos del tercer año del Plan Diocesano de Evangelización (PDE). Puede descargarse en PDF en la web de la archidiócesis y, en los próximos días, estará disponible tanto en la sede del Arzobispado como en parroquias.
En el texto, el purpurado muestra su deseo de que, «entre todos, con todos y para todos, un año más salgamos ilusionados a la misión y a encontrarnos con todos los hombres y mujeres», y anima a los fieles a preguntarse por la manera de anunciar a Jesucristo. «¿Ofrecemos la Palabra y los sacramentos con una convicción absoluta de que el Espíritu se manifiesta y actúa en ellos?», «¿aprovechamos las diferentes situaciones y acontecimientos para manifestar la misericordia de Dios?», son algunas de las preguntas que lanza.
«No hay misión cristiana sin un encuentro radical con Jesucristo»
Para ayudar a responderlas, en el primer capítulo de la carta, el cardenal Osoro recuerda que «no hay misión cristiana sin un encuentro radical con Nuestro Señor Jesucristo» y desgrana las bienaventuranzas, que «dan idea cabal del perfecto discípulo de Dios».
Quienes se encuentran con Dios –continúa en el segundo capítulo–, «lo expresan y manifiestan con sus palabras y con sus obras». «Y lo hacen de tal manera que se nota en el mundo, se convierten en fermento de una humanidad nueva. Son sal, es decir, dan sabor a esta humanidad y son luz. Iluminan de una manera tan fuerte la humanidad que desaparecen todas las oscuridades», agrega.
En este sentido, el arzobispo de Madrid subraya que las comunidades cristianas deben estar marcadas por «el encuentro y la cercanía» y manifestar que «la Iglesia es madre para todos los hombres»; al tiempo que remarca la importancia de la «comunión». «La debilidad siempre llega a la Iglesia cuando estamos divididos», advierte.
Ya en el tercer capítulo, el cardenal Osoro alienta a estar «abiertos a todos» porque «la Iglesia no puede abandonar al hombre». El discípulo misionero, señala, «se acerca a todas las culturas y concepciones ideológicas, a todos los hombres y mujeres, jóvenes y viejos», y lo hace «estando abierto al Espíritu Santo, llevando a todos el amor de Dios  y convencido de que en todos los seres humanos hay hambre por conocer la verdad».
En el cuarto y último capítulo, el purpurado ofrece, entre otros, estos consejos para lograrlo: vivir conforme al padrenuestro, que nos sitúa a todos como hijos de Dios y, por ello, como hermanos; confiar en «la fuerza y el poder de Dios»; mantener el «ardor evangélico de la misión» y estar siempre «disponibles para sembrar», e intentar cambiar el mundo con «amor mismo de Jesucristo acogido, vivido y mostrado en el camino a todos los hombres».

Veréis a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre


Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 47-51
En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».
Natanael le contesta:
«¿De qué me conoces?».
Jesús le responde:
«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»
Natanael respondió:
«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Jesús le contestó:
«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».
Y le añadió:
«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».
Palabra del Señor.

Homilía de Papa: El remordimiento es síntoma de salvación

No tener miedo de “decir la verdad sobre nuestra vida”, siendo conscientes de nuestros pecados. Y confesarlos al Señor “para que nos perdone”. Es la exhortación que hizo el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, el último jueves de septiembre.
Reflexionando a partir del Evangelio de San Lucas, propuesto por la liturgia del día y dedicado a la reacción de Herodes ante la predicación de Cristo, el Santo Padre recordó que algunas personas asociaban a Jesús con Juan Bautista o Elías, mientras otras lo identificaban con algún profeta. De manera que Herodes no sabía “qué pensar”, pero “sentía algo dentro”, que “no era una curiosidad”, era “un remordimiento en el alma”, “en el corazón”. Trataba – dijo el Papa – de ver a Jesús “para tranquilizarse”. Quería ver los milagros realizados por Cristo. Pero Jesús – añadió Francisco – no hizo “el circo ante Él”.
Fue entregado a Pilatos y Jesús pagó con la muerte. Encubrió “un crimen con otro”, “el remordimiento de la conciencia con otro crimen”, como quien “mata por temor”. Por lo tanto, el remordimiento de la conciencia no es “simplemente recordar algo”, sino “un tormento”:
“Una plaga que nosotros, cuando en la vida hemos cometido el mal, nos hace mal. Pero es un tormento escondido, no se ve; ni siquiera yo lo veo, porque me acostumbro a llevarlo y después se anestesia. Está allí. Algunos la tocan, pero la llaga está adentro. Y cuando esa llaga hace mal, sentimos el remordimiento. No sólo estoy consciente de haber hecho el mal, sino que lo siento: lo siento en el corazón, lo siento en el cuerpo, en el alma, lo siento en la vida. De allí surge la tentación de cubrir esto para no sentirlo más”.
Por eso es “una gracia sentir que la conciencia nos acusa, nos dice algo”. Por otra parte – reafirmó Francisco – “ninguno de nosotros es un santo” todos tendemos a mirar los pecados “de los demás” y no los nuestros, compadeciendo, quizás, a quien sufre en la guerra o a causa de “dictadores que matan a la gente”:
“Nosotros debemos – permítanme la palabra – ‘bautizar’ la llaga, es decir, darle un nombre. ¿Dónde tienes la llaga? ‘¿Cómo hago, padre, para quitármela?’. ‘Bueno, ante todo reza: Señor, ten piedad de mí que soy pecador’. El Señor escucha tu oración. Después examina tu vida. ‘Si no veo cómo y dónde está aquel dolor, de dónde viene, que es un síntoma, ¿cómo hago?’. ‘Pide asistencia a alguien que te ayude a salir; que salga la llaga y después dale un nombre’. Yo tengo este remordimiento de conciencia porque he hecho esto. Concretamente; lo concreto. Y ésta es la verdadera humildad ante Dios y Dios se conmueve ante lo concreto”.
Este carácter concreto – dijo el Pontífice – que expresan los niños en la confesión. Lo concreto de decir lo que se ha hecho, para que “salga la verdad”. “Así se cura uno”:
“Aprender la ciencia, la sabiduría de acusarse a sí mismo. Yo me acuso a mí mismo, siento el dolor de la llaga, hago de todo para saber de dónde viene este síntoma y después me acuso a mí mismo. No tener miedo de los remordimientos de la conciencia: son un síntoma de salvación. Tener miedo de encubrirlos, de camuflarlos, de disimularlos, de esconderlos… Pero eso sí, ser claros. Y de este modo el Señor nos cura”.
El Papa Francisco  dirigió su invocación final a fin de que el Señor nos dé la gracia “de tener el valor de acusarnos a nosotros mismos” para encaminarnos por el camino del perdón.
 (María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

El Papa lanzó la campaña de Caritas en favor de los migrantes: Iglesia que abraza como nos pide Cristo

El Papa Francisco quiso que el lanzamiento coincidiera con su audiencia general del 27 de septiembre, San Vicente de Paúl, Patrono de todas las asociaciones de caridad:
«Hoy comienza la campaña de Caritas Internationalis, ‘Comparte el Viaje’, para sostener a las familias obligadas a migrar; los aliento a adherir a esta loable iniciativa como signo de solidaridad con estos nuestros hermanos y hermanas necesitados. Sobre todos ustedes y sus familias invoco la alegría y la paz del Señor nuestro Jesucristo».
El Obispo de Roma dio su cordial bienvenida a los impulsores de esta iniciativa, reiteró su apremiante exhortación a promover la solidaridad fraterna y cristiana en favor de los migrantes, como nos pide Cristo, y alentó una nueva ley migratoria:
«Tengo la alegría de acoger a los representantes de Cáritas, aquí reunidos para dar comienzo de forma oficial a la campaña ‘Comparte el viaje’ – qué lindo el nombre de esta campaña -  que he querido hacer coincidir con esta audiencia. Doy la bienvenida a los migrantes, a los que solicitan asilo y a los refugiados que, junto con los operadores de Caritas Italiana y de otras organizaciones católicas, son signo de una Iglesia que busca ser abierta, inclusiva y acogedora. Gracias a todos por su infatigable servicio.
¡Todos ellos merecen verdaderamente un gran aplauso!
Con su empeño cotidiano, nos recuerdan que Cristo mismo nos pide acoger a nuestros hermanos y hermanas migrantes y refugiados con los brazos abiertos. Precisamente así, con los brazos bien abiertos, listos para un abrazo sincero, afectuoso y envolvente, como esta columnata de la Plaza de San Pedro, que representa a la Iglesia madre, que abraza a todos en el compartir el viaje común.
Doy la bienvenida también a los representantes de tantas organizaciones de la sociedad civil empeñadas en la asistencia a los migrantes y refugiados que, junto con Caritas, han dado su apoyo a la recogida de firmas para una nueva ley migratoria más atinente al contexto actual».
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Monseñor Casaldáliga: "Preferiría que no hubiese independencia (en Cataluña). No es un proceso natural. No tiene sentido"


Fue sempre como un junco pequeño y delgado, pero son salud de hierro y nervios de acero. Hoy, a sus 89 años, Don Pedro Casaldáliga(Balsereny, 1928), el obispo-poeta de los marginados sigue siendo un junco, pero doblado por el Parkinson. Desde su silla de ruedas administra sus silencios y economiza sus palabras, que, de vez en cuando, siguen fluyendo como dardos proféticos: lacónicos y justos. No quiere la independencia catalana, pide a los jóvenes que pasen a la acción y asegura que Francisco es "una bendición de Dios".
Don Pedro, ¿le gusta recibir visitas?
Algunas, sí
¿Como catalán y Premio de Cataluña, qué opina del procés?
Vamos a ver qué pasa con la independencia. Preferiría que no la hubiese. Hay personas sensatas que van a enfocar la cosa de forma diferente. No es un proceso natural. No tiene sentido.
¿Conoció a Tarancón?
Sí, cuando yo era seminarista en Barbastro y él, obispo en Solsona. Fue una figura digna y con vocación de intermediario en aquel momento difícil en España.
¿De dónde le viene la esperanza y la fuerza a pesar de todo?
Contando con alguien.
¿Quién es ese alguien?
Solo podía ser Él.
¿Qué alimenta su esperanza?
La Resurrección de Cristo.
Si pudiera cambiar una sola cosa en el mundo, ¿cuál sería?
Que todo el que tenga poder se ponga en el lugar cierto: la vida.
¿Y qué cambiaría en la Iglesia católica?
Poner el poder en manos del pueblo. De lo contrario, se convierte en un problema. En la Iglesia, lo esencial es dar la vida por los demás y la dedicación evangélica a las Bienaventuranzas.
¿Tuvo problemas con la jerarquía?
Sí, los tuve.
¿Qué hizo y qué hacer en esos casos?
Continuar firmes al lado de los pobres y dar testimonio siempre.
¿Mandaría abrir los templos las 24 horas?
Sí, para que el pueblo entre, duerma, coma y rece, si quiere.
Un consejo para los jóvenes
Que sigan siendo rebeldes con esperanza, a pesar de la desesperanza. Y siempre al lado de los pobres y excluidos. Hemos estado años hablando de concienciación. Se acabó ese tiempo. Es la hora de actuar y de responder a llamadas concretas.
¿Qué le dice al Padre Ángel que vino a verlo desde Madrid?
Que siga siendo un profeta y vele por la paz, que se va viviendo y es un proceso.
¿Qué piensa del Papa Francisco?
Una bendición de Dios.
¿Es usted, como él, una bendición De Dios?
Todos somos bendiciones de Dios, si estamos a la escucha y si apostamos por el intercambio y el diálogo. Porque el problema es cómo vivir la vida diaria en medio de este mundo violento.

¿Se arrepiente de algo?
De no tener bastante actitud de diálogo.
¿De qué se siente más orgulloso?
De la mucha gente que sigue acompañándome en la caminhada y de haber entregado mi vida a  los excluidos, a los marginados, a los pequeños.
¿Sus santos preferidos?
San Francisco de Asís (cuando fue a Roma, quiso ir a Asís y a ver al padre Arrupe, pero no pudo).
¿Y sus poetas?
Antonio Machado, San Juan De la Cruz (su Cántico espiritual va por delante), Espriu, Neruda y Maragall.
Muchas gracias, Don Pedro.
De nada. Ya hemos hablado. Ahora se trata de hacer.
José M. Vidal, Sao Felix do Araguaia

Cáritas lanza la campaña Compartiendo el viaje para disipar el miedo al extranjero


Lo reconocía el Papa abiertamente el pasado viernes al dirigirse a los responsables europeos en pastoral de Migracionesla xenofobia ha penetrado también dentro de la propia Iglesia. Esto es lo que quiere contrarrestar la campaña Compartiendo el viaje, lanzada este miércoles por Cáritas Internationalis. A lo largo de los dos próximos años, el objetivo es promover «oportunidades y espacios para que los migrantes y las comunidades se reúnan y aprendan unos de otros». «A través de Compartiendo el viaje esperamos disipar el miedo» e «inspirar a las comunidades para que establezcan relaciones con los refugiados y migrantes», explicaba el máximo responsable de la institución, el cardenal Luis Antonio Tagle, arzobispo de Manila.
Cáritas Española asume la coordinación de la campaña en España, en contacto estrecho con Cáritas Europa y en colaboración con el resto de integrantes de la red eclesial Migrantes con derechos, integrada también por CONFER, Justicia y Paz, el Secretariado de la Comisión Episcopal de Migraciones y el Sector Social de la Compañía de Jesús. El reto es llegar a cada parroquia y a comunidad católica. «Muchas veces tenemos dificultades en ser sociedad acogedora», reconoce a este semanario un responsable de Cáritas. «Si cada persona, incluidos sacerdotes, se encontrara cara a cara con inmigrantes y conociera sus historias, las cosas cambiarían mucho», añade.
Promover esos contactos es una forma de dar respuesta a la petición del Papa el pasado viernes, cuando animó a las Iglesias europeas a contemplar la llegada de «tantos hermanos y hermanas en la fe» como una oportunidad que las enriquece, y a afrontar el diálogo con personas de otras culturas y religiones como ocasión para «dar un testimonio concreto de la fe cristiana en la caridad y en el profundo respeto por otras expresiones religiosas».
Pero además de acción, Cáritas Española quiere impulsar también la reflexión teológica. Se trata de reflexionar sobre los 20 puntos de actuación que ha presentado la Santa Sede para resaltar su fundamento evangélico. «A veces se presentan como opinables determinadas cuestiones de doctrina social que, en realidad, pertenecen íntegramente al depósito de la fe», explican desde Cáritas. «Por eso la situación a veces cambia mucho de unas diócesis a otras». Ahora, con estos 20 puntos como marco de actuación común para toda la Iglesia, «ya nadie podrá decir que esto no va con él».
R. B.
Alfa y Omega

«Jamás firmaré un indulto a un abusador»



«Debemos metérnoslo en la cabeza: es una enfermedad, una ruina para la humanidad». Sin medias tintas, el Papa cargó una vez más contra abusos sexuales en la Iglesia. Lo hizo ante miembros de la Comisión para la Tutela de los Menores del Vaticano. Un discurso improvisado, en el cual denunció omisiones, reconoció fallos propios y ratificó su voluntad de actuar con «tolerancia cero». Francisco dejó claro que la lucha contra ese flagelo aún tiene capítulos pendientes. Y mandó un mensaje a algunos eclesiásticos que preferirían relajar las normas o cambiar protocolos que consideran demasiado rígidos
La mañana del 21 de septiembre, en su biblioteca del Palacio Apostólico, el Pontífice concedió el primer encuentro con los miembros de la Comisión para la Tutela de los Menores del Vaticano desde que él mismo lo creó, en 2014. Una cita largamente ansiada, sobre todo por algunas víctimas. Entre ellas Marie Collins, una mujer irlandesa que estuvo presente, aunque en marzo pasado renunció a trabajar en la comisión tras denunciar bloqueos y falta de colaboración de la Curia. Una de sus quejas fue la falta de atención por parte del Papa.
Tras aquella crisis, Collins fue recibida por Francisco y las cosas parecieron encaminarse. Pero el Papa tenía varias cosas que decir a colaboradores y eclesiásticos. Aprovechó la oportunidad y habló improvisando con los presentes, aunque ya existía un texto preparado que había sido anticipado a la prensa.
«Vergüenza» de toda la Iglesia
El discurso preparado era transparente. Calificaba a la crisis de los abusos como una «experiencia muy dolorosa» y manifestaba la «vergüenza» de toda la Iglesia. Consideraba esos actos como «pecados horribles, completamente opuestos» a las enseñanzas de Cristo. Garantizaba la aplicación de las «más firmes medidas» a quienes han abusado de los hijos de Dios, sanciones que se pondrán en práctica en todos los niveles y a todas las personas que trabajan en las instituciones eclesiásticas.
Además, precisaba que la responsabilidad primordial de este flagelo recae en los obispos, los sacerdotes y los religiosos, quienes deben tener una «protección vigilante» de todos los niños, jóvenes y adultos vulnerables. Por ello, insistía, la Iglesia aplicará siempre e irrevocablemente una política de «tolerancia cero».
Cada una de estas palabras forma parte del pensamiento de Francisco. Por eso, él mismo las entregó por escrito a los miembros de la comisión. Pero no las pronunció. En cambio, quiso centrarse en otros aspectos propios de la discusión sobre el tratamiento que la Curia romana y los obispos del mundo dan a los abusos sexuales.
La Iglesia ha llegado tarde
Primero fue explícito al reconocer que la Iglesia llegó tarde a atender estos delitos. «Tal vez la antigua práctica de mover gente, que no resolvió el problema, adormiló las conciencias», subrayó, estigmatizando la añeja costumbre de cambiar de parroquia a los sacerdotes que han sido denunciados. Y destacó el trabajo de clérigos como el cardenal Sean O’Malleyarzobispo de Boston y presidente de la comisión, gracias a los cuales el problema salió a la luz.
Precisó también que los procesos judiciales por abusos seguirán bajo la competencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe. «Esto lo digo porque algunos me piden que vayan directamente al fuero jurisdiccional de la Santa Sede, la Rota Romana y la Signatura Apostólica, pero este problema es grave y es grave que algunos hayan perdido la conciencia sobre esto», siguió. Así respondió a algunos cardenales que, con insistencia, le han recomendado cambiar a los responsables de juzgar los casos de abuso por considerar que la Doctrina de la Fe es demasiado rígida. El debate sobre este punto generó tensiones al interior de la Curia romana en los últimos meses, pero el mismo Papa, de este modo, enterró la diatriba.
Luego anticipó una medida sin precedentes. Reveló su decisión de no recibir recursos si un abuso contra menores está probado. «Si existen las pruebas basta, es definitivo», ratificó. Es decir, prácticamente estableció que en los casos extremos no proceda la apelación, algo inédito incluso en los sistemas judiciales más rigurosos. Porque, aclaró, «existe la tentación de parte de los abogados de rebajar la pena».
Incluso fue más allá. Tras recordar que un condenado puede dirigirse al Papa para obtener un indulto, constató: «Yo nunca he firmado uno de esos y nunca lo firmaré. Espero que quede claro». Entonces reconoció un error suyo. Habló de «un sacerdote de la diócesis de Crema» (en Italia) al cual le dio una sanción «más suave» por petición del obispo y que, luego, «volvió a caer». Se trata de Mauro Inzoli, un alto exponente del movimiento Comunión y Liberación. En 2012 la Doctrina de la Fe lo condenó a la pérdida del estado clerical, pero algunos cardenales abogaron por él ante Francisco. El Papa confió y le permitió mantenerse como sacerdote, aunque con un ministerio reducido. Al final, el clérigo no cumplió el veto de celebrar y poco tiempo después volvió a ser denunciado. También fue condenado por la justicia civil italiana.
La noticia enfadó particularmente al Pontífice, quien pidió proceder de inmediato a su expulsión del sacerdocio, pero los jueces vaticanos le hicieron ver que era necesario conducir un nuevo proceso judicial. Así se hizo. Tras él, fue hallado culpable y dimitido de su estado clerical.
Este caso dejó sus lecciones: «Ya aprendí», confesó Bergoglio. De ahí su renovada convicción por la «tolerancia cero». Lo explicó sin dudar: «Simplemente porque la persona que hace esto, sea hombre o mujer, está enferma. Es una enfermedad. Hoy él se arrepiente, sigue adelante, lo perdonamos, pero después de dos años recae. Debemos metérnoslo en la cabeza: esta es una enfermedad».
Andrés Beltramo Álvarez
Ciudad del Vaticano
Alfa y Omega

27 de septiembre: san Vicente de Paúl, fundador.


Vicente de Paúl y Moras era de ascendencia española; nació en las Landas en 1581. Este hombre, mezcla de aragonés y francés, llevará su impronta de aldeano en sus empresas. El estudiante de los franciscanos de Dax que se avergonzaba de que su padre fuera cojo, se mostrará cuando sea adulto como un campesino gascón prudente y casi lento, tozudo impenitente, silencioso, muy dado a la caridad y lleno de esperanzas. Fue el tercero de seis hermanos y se le inculcó en la familia una profunda devoción mariana.
Parece que hizo estudios universitarios entre Tolosa y Zaragoza. Se acercó al sacerdocio en 1600 y desde entonces pretendió situarse bien en la vida, dedicándose a buscar cargos eclesiásticos; pero se le torcieron todas las gestiones. En Túnez, cuando marchaba a reclamar una herencia que pertenecía a la familia, estuvo cautivo casi por tres años llenos de sufrimiento. Va a Roma a peregrinar y a intentar conseguir una prebenda, pero como le abandona el personajillo curial Montorio de quien se había fiado, aquello terminó en fracaso. Para colmo de desdichas, a su regreso de la Ciudad Eterna es culpado injustamente de robo. Al no faltarle tampoco problemas internos por atravesar una larga racha de terribles tentaciones, entra en picado hundimiento anímico que le lleva a buscar un modesto retiro donde piensa rumiar su amargura por el fracaso múltiple. Pero parece que aquellas frustraciones humanas estaban previstas y escritas en el guión de su vida. Allí, a los pies del crucifijo, vino la luz y recobró energía el espíritu, decidiendo consagrar por entero su vida a los pobres mientras otros, muy listos, inteligentes, educados y finos dedican su tiempo a disputar contra jansenistas, protestantes e incrédulos. Con la ayuda del Oratorio de Bérulle, se produce –a través de la oración intensa y de la penitencia– el cambio de «humor negro» por la amabilidad espontánea y sincera.
Capellán y limosnero de la reina Margarita de Valois, visita y atiende personalmente a los pobres por los arrabales de París. Consuela e instruye a las almas y remedia algo el hambre del cuerpo.
Párroco rural en Clichy y Chatillon les Dombes, se dedica a restaurar material y espiritualmente aquellas parroquias hundidas por el abandono y la herejía; las cosas estaban tan mal que Vicente quema sus energías intentando restaurar la comunión mensual.
Bérulle lo trae y lo lleva. Hace que sea el preceptor de la familia Gondí, que pertenece a la aristocracia francesa, tiene grandes posesiones rurales y podrá apoyarle en sus obras de caridad. Se encontró Vicente a ocho mil colonos que necesitaban de todo; topó con gente descreída inficionada por la herejía que se había hecho anticlerical, con un sacerdote que no sabe la fórmula de la absolución y con ignorantes faltos de atención espiritual; estuvo con el viejo que nunca hizo buena confesión por vergüenza y con los amancebados; descubrió una juventud ahuyentada por los escándalos de los eclesiásticos y a niños que nunca aprendieron a rezar…
Ante este panorama decide abandonar y marcharse a Chatillon, pero Bérulle le frena; le hace ver que solo queda ponerse a rezar y a trabajar. Funda La Congregación de la Misión: sacerdotes seculares dispuestos a predicar misiones por los campos ayudando a los párrocos; la tozudez de Vicente conseguirá la aprobación del arzobispo de París en 1626 y en 1632 la del papa Urbano VIII, en contra del querer de Bérulle. Funda varias Cofradías de la Caridad. Es nombrado capellán de las galeras reales y esto le abre puertas para organizar más misiones y sacar adelante un hospital. Se encarga como capellán de la dirección espiritual de las Salesas donde, con la autorización de la madre Chantal, toma a su cargo la dirección de la colaboradora que será su brazo derecho, Luisa de Marillac.
La actividad que desarrolla parece imposible de abarcar. Forma con clases doctrinales y pastorales a sus sacerdotes y aspirantes e introduce la práctica de Ejercicios espirituales previos a la ordenación sacerdotal que Roma mandará como obligatorios más tarde.
Amplía el campo de las misiones del campo a las misiones en las ciudades.
Richelieu le ha puesto en su punto de mira; nombra obispos para sus diócesis a los mejores sacerdotes que están en torno a Vicente y a él le facilita medios para fundar el seminario de San Lázaro.
Como pasara con los sacerdotes, también las Cofradías de la Caridad se extienden a los suburbios incipientes de las ciudades. Ahora quien coordina esta actividad apostólica y caritativa bajo la dirección de Monsieur Vicent es Luisa de Marillac; con las Damas de la Caridad monta escuelas para niños expósitos, se encarga de la atención de los heridos en los campos de batalla, del Hospital de París y del Asilo del Nombre de Jesús e incluso se atreverán a meterse en Polonia para atender las regiones devastadas por la guerra a petición de la reina polaca.
En su preocupación por mejorar el clero francés, procurándole la formación conveniente y desestimando a los candidatos indignos, no todo fue fácil; incluso le vino bien la ayuda de la reina española Ana de Austria, porque más de una vez se enfrentó con el cardenal Giulio Nazarino para evitar favoritismos en la distribución de los cargos eclesiásticos y, además, había que alentar a los teólogos de la Sorbona que luchaban contra el jansenismo y contra el galicismo, que era un cáncer en la Iglesia.
Desde el cuartel general de San Lázaro envió misioneros a Túnez, Argel, Madagascar y Argelia; no se mantuvo indiferente a los problemas de Irlanda perseguida por Cromwell y proyectaba la expansión a Toledo y Canadá cuando muere el 27 de septiembre de 1660.
Fue canonizado en 1737 y en 1885 nombrado patrón de las obras de caridad; esas que exigen atender los cuerpos y que, si son verdaderas, cuidan más y mejor de las almas.
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