lunes, 18 de septiembre de 2017

EVANGELIO DE HOY: SEÑOR, NO SOY DIGNO DE QUE ENTRES EN MI CASA







Lectura del santo Evangelio según san Lucas (7,1-10):

En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaum. Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado, a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado.

Ellos presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: «Merece que se lo concedas porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga.»

Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió a unos amigos a decirle: 

«Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: "ve", y va; al otro: "ven", y viene; y a mi criado: "haz esto", y lo hace.»

Al oír esto, Jesús se admiró de él, y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.»

Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

Palabra del Señor

Ángelus del Papa: conscientes de la gratuidad del perdón que recibimos de Dios, seamos misericordiosos como Él

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El pasaje del Evangelio de este domingo (Mt 18.21 a 35) nos ofrece una enseñanza sobre el perdón, que no niega el agravio sufrido, sino que reconoce que el ser humano, creado a imagen de Dios, es siempre más grande que el mal que comete. San Pedro le pregunta a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces? »(V. 21). A Pedro le parece lo máximo perdonar siete veces a una misma persona; y tal vez a nosotros ya nos parece mucho hacerlo dos veces. Pero Jesús responde: «No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces» (v. 22), es decir, siempre. Tú debes perdonar siempre. Y confirma esto narrando la parábola del rey misericordioso y el siervo despiadado, en la cual muestra la incoherencia de aquel que fue perdonado antes y que luego se niega a perdonar.
El rey de la parábola es un hombre generoso que, tomado por la compasión, condona una deuda enorme - "diez mil talentos" - , enorme, a un siervo que le suplica. Pero ese mismo siervo, tan pronto como se encuentra con otro siervo que le debía cien denarios - es decir, mucho menos -, actúa sin piedad, haciéndolo aprisionar. La actitud incoherente de este siervo es también la nuestra cuando rechazamos el perdón a nuestros hermanos. Mientras que el rey de la parábola es la imagen de Dios que nos ama de un amor rico de misericordia tanto como para acogernos, amarnos y perdonarnos continuamente.
Desde nuestro Bautismo, Dios nos ha perdonado, condonándonos una deuda insoluble: el pecado original. Eso la primera vez. Luego, con una misericordia sin límites, Él nos perdona todas las culpas tan pronto como mostramos sólo un pequeño signo de arrepentimiento. Dios es así: misericordioso. Cuando tenemos la tentación de cerrar el corazón a quien nos ha ofendido y nos pide perdón, recordemos las palabras del Padre celestial al siervo despiadado: «Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?» (Versículos 32-33). Quien sea que haya experimentado la alegría, la paz y la libertad interior que viene del ser perdonado puede abrirse a la posibilidad de perdonar a su vez.
En la oración del Padrenuestro, Jesús quiso incluir la misma enseñanza de esta parábola. Puso en relación directa el perdón que le pedimos a Dios con el perdón que debemos conceder a nuestros hermanos, «Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores» (Mateo 6:12). El perdón de Dios es el signo de su abrumador amor por cada uno de nosotros; es el amor que nos deja libres de alejarnos, como el hijo pródigo, pero que espera nuestro regreso todos los días; es el amor emprendedor del pastor por la oveja perdida; es la ternura que recibe a cada pecador que llama a su puerta. El Padre Celestial, nuestro Padre, está lleno, lleno de amor y quiere ofrecérnoslo, pero no puede hacerlo si cerramos nuestro corazón al amor por los demás.
Que la Virgen María nos ayude a ser cada vez más conscientes de la gratuidad y la grandeza del perdón recibido de Dios, para volvernos misericordiosos como Él, Padre bueno, lento para la ira y grande en amor. Ángelus domini...
(Griselda Mutual - Radio Vaticano)
Palabras del Santo Padre tras rezar el Ángelus:

domingo, 17 de septiembre de 2017

Papa Francisco invita a contemplar a María sufriente bajo la Cruz

El Papa invitó a los fieles que participaron de la Misa a primera hora de la mañana en la Casa Santa Marta, a «contemplar a la Madre de Jesús» y observar su actitud al ver a Jesús en la cruz.
«Contemplar este signo de contradicción, porque Jesús es el vencedor, pero en la cruz, sobre la cruz. Es una contradicción, no se entiende. Se necesita tener fe para entender, al menos para acercarse a este misterio».
El Papa aseguró que María «vivió toda la vida con el alma traspasada» en parte porque seguía a Jesús y escuchaba los comentarios de la gente. «Por eso decimos que es la primera discípula».
Y ante la Cruz, «permaneció en silencio, observando a su Hijo. Quizás escuchó comentarios del tipo: ‘Mira, esa es la Madre de uno de los tres delincuentes’. Pero ella dio la cara por su Hijo».
«Esto que digo ahora –añadió el Santo Padre– son pequeñas palabras para ayudar a contemplar, en silencio, este misterio. En ese momento, Ella dio a luz a todos nosotros: dio a luz a la Iglesia. ‘Mujer’ –le dice el Hijo– ‘he aquí a tu hijo’. No dice ‘madre’, dice ‘mujer’. Mujer fuerte, valiente; mujer que estaba allí para decir: ‘Este es mi Hijo, no reniego de Él’».
Francisco afirmó que el Evangelio del día era más que para reflexionar, para contemplar y pidió «que sea el Espíritu Santo el que nos diga a cada unos de nosotros lo que necesitamos».
ACI/Álvaro de Juana

Las guerras y el cambio climático provocan un fuerte aumento del hambre en el mundo


No solo no mejoran las cifras, sino que empeoran. 815 millones de personas pasan hambre en el mundo. Son 40 millones más que el año anterior. La causa, las guerras y el cambio climático
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha alertado de que el número de personas que pasan hambre en el mundo aumentó en 38 millones en 2016, llegando hasta los 815 millones, en comparación con los 777 millones de 2015.
Así lo pone de manifiesto el informe anual del organismo sobre seguridad alimentaria y nutrición presentado el 15 de septiembre en Roma y que ha sido coordinado junto con el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
Las causas de este aumento son «el aumento de los conflictos, el cambio climático y el decrecimiento económico», según el director general de la FAO, José Graziano da Silva, quien destacó que, para acabar con el hambre, es necesario «garantizar sociedades pacíficas e inclusivas».
Cerca de 500 millones de personas que viven hambre viven en lugares de conflicto, donde se encuentra también a 122 de los 155 millones de niños con retraso del crecimiento.


El informe pone también de manifiesto que «el número de refugiados y desplazados internos ha aumentado significativamente con el creciente número de conflictos y se ha doblado entre 2007 y 2015 hasta alcanzar un total de aproximadamente 64 millones de personas». «Actualmente hay nueve países con más del 10% de su población clasificada como refugiada o desplazada; en Somalia y Sudán del Sur, más del 20% de su población son personas desplazadas y en la República Árabe Siria, más del 60%».
Se pone el foco particularmente en Sudán del Sur, donde hace un año se declaró una hambruna. Varios países, se advierte, atraviesan situaciones de alerta alimentaria con riego de convertirse en hambruna, como algunas zonas de Nigeria, Somalia y Yemen.
Otro motivo de preocupación son los estragos der el cambio climático, que ha intensificado el fenómeno de El Niño, con una oleada de sequías o inundaciones en varios países.
La desaceleración económica mundial es también, según el informe, causa del deterioro de la seguridad alimentaria y la nutrición.
Europa Press / Alfa y Omega

Pakistán: Un joven cristiano asesinado por beber agua del mismo vaso que sus compañeros musulmanes

La investigación policial ha dejado al descubierto una terrible historia de vejaciones y agresiones a un joven cristiano en un instituto por negarse a convertirse al islam. El asunto ha llegado a la Asamblea Nacional
La Asamblea Nacional de Pakistán estudiará cómo prevenir casos como el incidente que el 30 de agosto costó la vida a un estudiante de secundaria cristiano, acosado por varios compañeros musulmanes.
El parlamentario cristiano Khalil George, que ocupa uno de los asientos reservados por ley a las minorías del país, llevó su caso esta semana ante el parlamento, solicitando «que se introduzca el tema de la “armonía interreligiosa” como materia en todas las escuelas públicas de todos los niveles y cursos de estudio», según ha informado la agencia vaticana Fides.
Sharon Masih era un chico de 17 años que asistía al instituto en Model Boys School Burewala, al sur de Punjab, el único cristiano en una clase de 70 alumnos. Logró una beca para acceder a este centro de educación secundaria gracias a su buen expediente académico en primaria, pero allí se encontró con un verdadero infierno. Algunos de sus compañeros le sometieron a continuos hostigamientos y humillacionesYa en su primer día en el centro, Sharon Masih fue agredido, pero fue a él, y no a sus acosadores, a quien el centro impuso un castigo. El chico estaba esperando la respuesta a su solicitud para cambiarse de centro.
El 30 de agosto, el joven fue increpado por varios chicos, que una vez más le instaron a convertirse al islam. Le golpearon con tanta fuerza que se desplomó al suelo. La autopsia ha revelado que la causa del fallecimiento fueron los reiterados golpes recibidos en el cuerpo y en la cabeza.
Su familia afirma que el detonante de esta agresión fue haber utilizado para beber agua el mismo vaso que utilizaban los demás estudiantes, lo que, dijeron, constituía una ofensa debido a su condición de cristiano.
«Sharon fue golpeado y los maestros no hicieron nada para detener la violencia», ha denunciado un familiar, según recoge Fides. Interrogado por la policía, el profesor presente durante los hechos, Nazir Mol, aseguró no haber visto nada ya que estaba «ocupado leyendo un periódico», recoge la agencia iNews.
Un signo de humanidad y de esperanza
Hubo otros compañeros que sí le auxiliaron. Al ver la gravedad de su estado, le trasladaron al hospital, donde no pudieron salvarle la vida. El abogado cristiano que lleva su caso, Mushtaq Gill, agradeció el gesto de esos chicos como un significativo gesto de humanidad en medio de un episodio más de intolerancia religiosa contra los cristianos. «Esos estudiantes musulmanes que llevaron a Sharon al hospital son verdaderamente un signo de esperanza y un verdadero ejemplo de las enseñanzas de Dios y de la humanidad», dijo
Los obispos de Pakistán han exigido al gobierno de Punjab «justicia para la familia de Sharon Masih» y han pedido medidas para prevenir la intolerancia religiosa.
«Este episodio puede parecer una trivial pelea entre adolescentes, pero en realidad fue causada por la intolerancia, la discriminación y las actitudes inhumanas hacia las comunidades minoritarias y marginadas. Expresamos profunda preocupación por el nivel de negligencia extrema por parte de las autoridades escolares», ha dicho el abogado Mushtaq Gill.
 Alfa y Omega

Vivir perdonando

Los discípulos le han oído a Jesús decir cosas increíbles sobre el amor a los enemigos, la oración al Padre por los que los persiguen, el perdón a quien les hace daño. Seguramente les parece un mensaje extraordinario, pero poco realista y muy problemático.
Pedro se acerca ahora a Jesús con un planteamiento más práctico y concreto que les permita, al menos, resolver los problemas que surgen entre ellos: recelos, envidias, enfrentamientos y conflictos. ¿Cómo tienen que actuar en aquella familia de seguidores que caminan tras sus pasos? En concreto: «¿Cuántas veces he de perdonar a mi hermano cuando me ofenda?».
Antes de que Jesús le responda, el impetuoso Pedro se le adelantaa hacerle su propia sugerencia: «¿Hasta siete veces?». Su propuesta es de una generosidad muy superior al clima justiciero que se respira en la sociedad judía. Va más allá incluso de lo que se practica entre los rabinos y los grupos esenios, que hablan como máximo de perdonar hasta cuatro veces.
Sin embargo, Pedro se sigue moviendo en el plano de la casuística judía, donde se prescribe el perdón como arreglo amistoso y reglamentado para garantizar el funcionamiento ordenado de la convivencia entre quienes pertenecen al mismo grupo.
La respuesta de Jesús exige ponernos en otro registro. En el perdón no hay límites: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». No tiene sentido llevar cuentas del perdón. El que se pone a contar cuántas veces está perdonando al hermano se adentra por un camino absurdo que arruina el espíritu que ha de reinar entre sus seguidores.
Entre los judíos era conocido el «Canto de venganza» de Lámec, un legendario héroe del desierto, que decía así: «Caín será vengado siete veces, pero Lámec será vengado setenta veces siete». Frente a esta cultura de la venganza sin límites, Jesús propone el perdón sin límites entre sus seguidores.
Las diferentes posiciones ante el Concilio han ido provocando en el interior de la Iglesia conflictos y enfrentamientos a veces muy dolorosos. La falta de respeto mutuo, los insultos y las calumnias son frecuentes. Sin que nadie los desautorice, sectores que se dicen cristianos se sirven de Internet para sembrar agresividad y odio, destruyendo sin piedad el nombre y la trayectoria de otros creyentes.

Necesitamos urgentemente testigos de Jesús que anuncien con palabra firme su Evangelio y que contagien con corazón humilde su paz. Creyentes que vivan perdonando y curando esta obcecación enfermiza que ha penetrado en su Iglesia.
José Antonio Pagola

COMENTARIO DE SAN JUAN PABLO II AL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO(18,21-35)



¡El perdón! Cristo nos ha enseñado a perdonar. Muchas veces y de varios modos Él ha hablado de perdón. Cuando Pedro le preguntó cuántas veces habría de perdonar a su prójimo, “¿hasta siete veces?”, Jesús contestó que debía perdonar “hasta setenta veces siete”. 

En la práctica, esto quiere decir: siempre. Efectivamente, el número “setenta por siete” es simbólico, y significa, más que una cantidad determinada, una cantidad incalculable, infinita. 

Al responder a la pregunta sobre cómo es necesario orar, Cristo pronunció aquellas magníficas palabras dirigidas al Padre: “Padre nuestro que estás en los cielos”; y entre las peticiones que componen esta oración, la última habla del perdón: “Perdónanos nuestras ofensas, como nosotros las perdonamos” a quienes son culpables con relación a nosotros (“a los que nos ofenden”).

Finalmente, Cristo mismo confirmó la verdad de estas palabras en la cruz, cuando, dirigiéndose al Padre, suplicó: “¡Perdónalos!”, “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 32, 34).

“Perdón” es una palabra pronunciada por los labios de un hombre, al que se le ha hecho mal. Más aún, es la palabra del corazón humano. En esta palabra del corazón, cada uno de nosotros se esfuerza por superar la frontera de la enemistad que puede separarlo del otro, trata de reconstruir el espacio interior de entendimiento, de contacto, de unión. 

Cristo nos ha enseñado con la palabra del Evangelio y, sobre todo, con el propio ejemplo, que este espacio se abre no sólo ante el otro hombre sino, a la vez, ante Dios mismo. El Padre, que es Dios de perdón y de misericordia, desea actuar precisamente en este espacio del perdón humano, desea perdonar a aquellos que son capaces de perdonar recíprocamente, a los que tratan de poner en práctica estas palabras: “Perdónanos... como nosotros perdonamos”. 

El perdón es una gracia, en la que se debe pensar con humildad y gratitud profundas. (…) Cristo nos ha enseñado a perdonar. El perdón es indispensable también para que Dios pueda plantear a la conciencia humana los interrogantes sobre los que espera respuesta en toda la verdad interior.

En este tiempo, cuando tantos hombres inocentes perecen a manos de otros hombres, parece imponerse una necesidad especial de acercarse a cada uno de los que matan, acercarse con el perdón en el corazón y, al mismo tiempo, con la misma pregunta que Dios, Creador y Señor de la vida humana, hizo al primer hombre que había atentado contra la vida del hermano y se la habla quitado, había quitado lo que es propiedad sólo del Creador y del Señor de la vida.

Cristo nos ha enseñado a perdonar. Enseñó a Pedro a perdonar “hasta setenta veces siete. Dios mismo perdona cuando el hombre responde a la pregunta dirigida a su conciencia y a su corazón, con toda la verdad interior de la conversión.

Dejando a Dios mismo el juicio y la sentencia en su dimensión definitiva, no cesemos de pedir: “Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”.

(San Juan Pablo II, catequesis del 21 de octubre de 1981)

EVANGELIO DE HOY: PERDONAR DE CORAZÓN SIEMPRE




Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,21-35):

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»

Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. 

El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. 

Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. 

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. 

Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. 

Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Palabra del Señor

sábado, 16 de septiembre de 2017

Papa: ofrecer al mundo el ‘buen vino’ del Evangelio de Cristo


El Papa Francisco recibió cordialmente a los participantes en el Capítulo General de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús, reunidos para «reflexionar sobre su Congregación, rezar para discernir juntos cuáles son los caminos que el Señor les indica para actualizar y dar renovada fecundidad al carisma, que el Espíritu Santo ha donado a la Iglesia y al mundo a través de su Fundador, el sacerdote Jean Jules Chevalier».
«Tú has guardado el buen vino hasta este momento». Con el lema elegido para su reflexión, tomado del Evangelio de Juan (2,10), el Papa destacó el siglo y medio de vida de este Instituto, alentando su renovado impulso misionero en el mundo de hoy:
«En actitud de escucha de cuanto el Espíritu dice hoy a su Iglesia y abiertos a lo que pide la humanidad, ustedes sabrán tomar de la fuente genuina e inextinguible de su carisma un nuevo impulso, opciones valientes, expresiones creativas de la misión que se les ha confiado. Justo las condiciones cambiadas del mundo actual con respecto al pasado y las nuevas instancias del compromiso de evangelización de la Iglesia, son las condiciones que requieren y hacen posible nuevos modos de ofrecer el ‘buen vino’ del Evangelio para donar alegría y esperanza a tantos».
Con la importancia de comprender y actualizar la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, en una variedad de obras y acciones, que testimonian el amor tierno y misericordioso de Jesús a todos, en particular a los más necesitados, cuidando a las ovejas perdidas y heridas, obrando por la justicia y la solidaridad para los más débiles y pobres, dando esperanza a los desheredados y acudiendo dondequiera que un ser humano espera ser escuchado y ayudado, el Santo Padre les recordó la misión que les encomienda la Iglesia:
«Enviándolos como Misioneros en el mundo, éste es el primer evangelio que la Iglesia les encomienda: mostrar en sus propias personas y con sus obras el amor apasionado y tierno de Dios para con los pequeños, los últimos, los indefensos, los descartados de la tierra».
Y, si bien el Instituto de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús, como otros, ha sufrido cierta disminución de sus miembros el Papa señaló que, sin embargo, el aumento de vocaciones en América del Sur, en Oceanía y Asia podrá garantizar e incrementar la formación cristiana de la juventud, ulterior expresión de su carisma:
«¡Cuán urgente es hoy la tarea de educar y acompañar a las nuevas generaciones a aprender los valores humanos y a cultivar una visión evangélica de la vida y de la historia! Ésta, que muchos definen como una verdadera ‘emergencia educativa’, es sin duda una de las fronteras de la misión evangelizadora de la Iglesia, hacia las cuales toda la comunidad cristiana está invitada a salir».
Con su aliento, el renovado pedido del Papa:
«¡Les ruego que no cedan al mal del clericalismo! Y los hermanos son una gracia, en una congregación los hermanos son una gracia del Señor. No cedan al mal del clericalismo que aleja al pueblo y especialmente a los jóvenes de la Iglesia, como ya pude recordar otras veces. Vivan entre ustedes una verdadera fraternidad, que acoge las diversidades y valoriza la riqueza de cada uno. No teman seguir incrementando la comunión con los laicos que colaboran en vuestro apostolado, haciéndolos partícipes de vuestros ideales y proyectos y compartiendo con ellos las riquezas de la espiritualidad que mana del carisma de vuestro Instituto. Junto con ellos y con las hermanas de la congregación femenina, adquirirá vigor una ‘familia carismática’ más grande, que mostrará mejor la vitalidad y actualidad del carisma de vuestro Fundador».
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)

La Iglesia tacha de "cobarde" el atentado terrorista en Londres

El arzobispo de Canterbury, Justin Welby, aseguró que reza por las víctimas del atentado sucedido este viernes en el metro de Londres, y que al momento ha dejado 22 heridos.
"Estoy rezando por todos aquellos involucrados esta mañana en el incidente terrorista en Parsons Green, y especialmente por aquellos que han sufrido heridas o traumatismos", dijo el prelado anglicano a través de su cuenta oficial en Twitter.
A su vez, la Iglesia de Inglaterra, aseguró que eleva plegarias por las víctimas y los efectivos involucrados en el operativo de emergencia.
Al menos 22 personas resultaron heridas por la explosión de un artefacto de fabricación casera en un vagón del subte de Londres en el suroeste de la ciudad, informó la policía, que afirmó que se trató de un "acto terrorista", el quinto en el Reino Unido en lo que va del año.
El Servicio Nacional de Salud (NHS, siglas en inglés) y el Servicio de Ambulancias de Londres informaron que los heridos fueron ingresados en distintos hospitales, la mayoría de ellos con quemaduras en la cara, brazos y piernas y ninguno con heridas que pongan en riesgo la vida.
El jefe de la unidad antiterrorista de la policía de Londres, Mark Rowley, dijo que cientos de detectives están trabajando con el servicio de inteligencia interno MI5 investigando la explosión y que los agentes estaban analizando imágenes tomadas por cámaras de seguridad.
El cardenal arzobispo de Westminster, "consternado" por el ataque
Por su parte, el cardenal Vincent Nichols, arzobispo de Westminster, ha expresado su "consternación" por lo que ha calificado como un ataque "cobarde" en Parsons Green.
"Estoy consternado por otro ataque cobarde más a gente inocente, incluyendo a niños jóvenes, mientras se desplazaban esta manaña hasta el trabajo o el colegio", dijo el purpurado.
"Rezo por todos los que fueron heridos en la explosión y en la consiguente estampida, y por todos los que están afectados por el incidente. Que Dios nos dé paz a ellos y a todos los londinenses y que nos refuerce nuestra voluntad de oponernos a actos tan malignos".
El arzobispo de Westminster asimismo elogió las labores de socorro no solo de los servicios de emergencia sino también de los vecinos que acudieron al lugar donde se produjo la explosión para ofrecer su ayuda.
"Las acciones generosas de aquellos que se apresuraron a atender a los heridos y a los que estaban en shock demuestran todo lo bueno de la humanidad mientras un número reducido busca dividir nuestra sociedad. Deberíamos estar alerta, a la vez que mantenemos la calma".
(RD/Agencias)

La costumbre de llevar una cruz en el bolsillo



En la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz, sobre la costumbre de llevar una cruz en el bolsillo
Entre los jóvenes que participaron en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011 se repartió una caja de medicina llamada Nadie tiene amor + grande. En el prospecto, en el apartado «Modo de empleo», se recomendaba a los «enfermos» «llevar encima» el crucifijo «del mismo que muchas personas llevan la fotografía de los que aman en su agenda». Y se añadía: «Los que aman a Cristo procuran llevar siempre con ellos su crucifijo, la cruz de Cristo».
El prospecto no hacía más que confirmar una larguísima tradición entre los católicos de llevar una pequeña cruz en el bolsillo. La costumbre, vivida por infinidad de fieles, ha sido seguida incluso por algunos santos. En una entrevista de Cesare Cavalleri sobre san Josemaría Escrivá, el beato Álvaro del Portillo aseguraba que cuando el fundador del Opus Dei «trabajaba en la mesa, se ponía delante un crucifijo, bastante grande –de diez o doce centímetros–, que llevó siempre en el bolsillo».
Pero, ¿y por qué llevar una cruz en el bolsillo? Las respuestas se encuentran en un poema de Verna Mae Thomas publicado originalmente en inglés:
Llevo una cruz en mi bolsillo
un recordatorio de que soy cristiano.
No importa donde me encuentre.
Esta pequeña cruz no es mágica
ni es un talismán de buena suerte.
No esta hecha para protegerme de todo daño.
No es para identificación
para que todo el mundo la vea.
Es simplemente un acuerdo entre mi Salvador y yo.
Cuando meto la mano en mi bolsillo
para sacar una moneda o una llave,
la cruz esta ahí para recordarme que
El se sacrificó por mí.
Me recuerda también dar las gracias
por mis bendiciones diarias
y esforzarme por servir a Dios mejor en todo
lo que digo y hago.
También es un recordatorio diario por la paz
y el bienestar que comparto con quienes
conocen al Señor y se entregan a su cuidado.
Por lo tanto, llevo una cruz en mi bolsillo.
Recordándome a mi solo
que Jesucristo será Señor de mi vida
únicamente con permitirle que lo sea.
Alfa y Omega

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (6,43-49)





Todos conocemos bien la parábola de Jesús sobre aquel hombre que edificó su casa sobre arena, en vez de hacerlo sobre roca. Cuando soplaron los vientos, se derrumbó, y su ruina fue grande. Dios es la roca sobre la que estamos llamados a construir. Él nos lo dice y nos pregunta: «¿Hay un dios fuera de mí?» (Is 44,8).

Cuando Jesús resucitado afirma en el Evangelio: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28,18), nos está asegurando que Él, el Hijo de Dios, es la roca. No hay otro fuera de Él. Como único Salvador de la humanidad, quiere atraer hacia sí a los hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares, para poder llevarlos al Padre. Él quiere que todos nosotros construyamos nuestra vida sobre el cimiento firme de su palabra. 

Este es el encargo que el Señor nos da a cada uno de nosotros. Nos pide que seamos discípulos misioneros, hombres y mujeres que irradien la verdad, la belleza y el poder del Evangelio, que transforma la vida. Hombres y mujeres que sean canales de la gracia de Dios, que permitan que la misericordia, la bondad y la verdad divinas sean los elementos para construir una casa sólida. 

Una casa que sea hogar, en la que los hermanos y hermanas puedan, por fin, vivir en armonía y respeto mutuo, en obediencia a la voluntad del verdadero Dios, que nos ha mostrado en Jesús el camino hacia la libertad y la paz que todo corazón ansía.

Que Jesús, el Buen Pastor, la roca sobre la que construimos nuestras vidas, los guíe a ustedes y a sus familias por el camino de la bondad y la misericordia, todos los días de sus vidas... «Estén firmes en la fe. No tengan miedo». «Porque ustedes pertenecen al Señor».

(De la homilía del 26 de noviembre de 2015)

EVANGELIO DE HOY: QUIEN HACE LO QUE JESÚS DICE CONSTRUYE SÓLIDAMENTE SU VIDA





Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,43-49):

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto; porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. 

El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca. 

¿Por qué me llamáis "Señor, Señor", y no hacéis lo que digo? El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida. 

El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó y quedó hecha una gran ruina.»

Palabra del Señor

Papa: Contemplar a Jesús como Nuestra Señora de los Dolores

 En su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, en el día en que la Iglesia recuerda a Nuestra Señora de los Dolores, el Papa Francisco invitó a contemplar a la Bienaventurada Virgen María a los pies de la Cruz.
“Contemplar a la Madre de Jesús, contemplar este signo de contradicción – porque Jesús es el vencedor, pero en la Cruz, en la Cruz. Es una contradicción, no se comprende… Se necesita fe para comprender, al menos para acercarse a este misterio”.
María sabía, y “vivió toda su vida con el alma traspasada”. Seguía a Jesús y oía los comentarios de la gente, a veces a favor, y otras en contra, pero estaba siempre detrás de su Hijo. Y “por esto decimos que es la primera discípula” – subrayó Francisco. María tenía la inquietud que le hacía nacer en su corazón este “signo de contradicción”.
Al final, estaba allí, en silencio, bajo la cruz mirando a su Hijo. Quizás oía comentarios que decían: “Mira a aquella, es la Madre de uno de los tres delincuentes”. Pero ella “mostró el rostro por el Hijo”:
“Esto que yo digo ahora son pequeñas palabras para ayudar a contemplar, en silencio, este misterio. En aquel momento, Ella nos dio a luz a todos nosotros: dio a la luz a la Iglesia. ‘Mujer’ –  le dice su Hijo – ‘he aquí a tus hijos’. No dice ‘madre’: dice ‘mujer’. Mujer fuerte, valerosa; mujer que estaba allí para decir: ‘Éste es mi Hijo: no lo reniego’”.
El pasaje del Evangelio del día es, por lo tanto, más que para reflexionar, para contemplar. “Que sea el Espíritu Santo  – concluyó diciendo el Papa Francisco en su homilía – el que diga a cada uno de nosotros aquello de lo que tenemos necesidad”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

El Papa a los nuevos Obispos: “Discernir con humildad y obediencia con el pueblo y para el pueblo de Dios”

 
“Les pido que tengan escrupulosamente ante sus ojos a Jesús y la misión que no era suya sino del Padre, y ofrezcan a la gente cuanto Él ha sabido dar, es decir, la posibilidad de encontrar personalmente a Dios, de escoger su Vía y de progresar en su amor”, lo dijo el Papa Francisco a los participantes en el Curso de Formación para nuevos Obispos, organizado por la Congregación para los Obispos, en colaboración con la Congregación para las Iglesias Orientales, a quienes recibió en Audiencia la mañana del segundo jueves de septiembre, en la Sala Clementina del Vaticano.
En su discurso, dirigido a los nuevos Obispos ordenados en el curso del año, el Santo Padre agradeció a los responsables de los mencionados Dicasterios, “por el generoso empeño” con el cual han organizado este evento. “Este año – señaló el Pontífice – el programa de sus jornadas romanas ha tratado de penetrar en el misterio del Episcopado mediante una de sus tareas centrales, es decir, el de ofrecer a la grey en medio al cual el Espíritu Santo nos ha constituido como custodios, el discernimiento espiritual y pastoral necesario para que este llegue al conocimiento y a la realización de la voluntad de Dios, en la cual reside toda plenitud”.
En este sentido, el Obispo de Roma les ofreció algunas reflexiones sobre este tema tan importante en nuestros días, paradójicamente marcados por un sentido de autoreferencialidad, que proclama el fin del tiempo de los maestros mientras que, en la soledad, el hombre concreto continúa pidiendo ayuda para afrontar las dramáticas cuestiones de lo afligen. “Es precisamente mediante el auténtico discernimiento – precisó el Papa – que Pablo presenta como uno de los dones del Espíritu y Santo Tomás de Aquino llama ‘la virtud superior que juzga según aquellos principios superiores’, que podemos responder a tal necesidad humana hodierna”.
Primero: El Espíritu Santo, protagonista de todo auténtico discernimiento
Recordando el momento de sus consagraciones episcopales, el Papa Francisco dijo a los nuevos Obispos que la Iglesia ha invocado sobre ellos el “Pneuma hegemonikon”, es decir, el Espíritu que guía y gobierna, la potencia que el Padre ha dado al Hijo y que Ellos han transmitido a los santos Apóstoles. “Solamente quien es guiado por Dios – puntualizó el Santo Padre – tiene título y autoridad para ser propuesto como guía de los demás. Puede enseñar y hacer crecer en el discernimiento sólo quien tiene cercanía con este maestro interior quien, como una brújula, ofrece los criterios para distinguir, para sí y para los demás, los tiempos de Dios y de su gracia”.
Por ello, afirmó el Papa Francisco, el Obispo no puede dar por presupuesto el poseer un don tan alto y trascendente, como si fuera un derecho adquirido, sin declinar en un ministerio sin fecundidad. “Por lo tanto – precisó el Pontífice – es imperativo regresar continuamente en la oración a Gabaón, para recordar al Señor que ante Él somos perennes jóvenes, que no saben cómo guiarse y para implorar no largos días, ni riquezas, ni la vida de los enemigos, sino sólo el discernimiento en el juzgar en medio a su pueblo”. “El discernimiento por lo tanto – afirmó el Papa – nace en el corazón y en la mente del Obispo a través de su oración, cuando pone en contacto a las personas y a las situaciones a él confiadas con la Palabra divina pronunciada por el Espíritu. Es en esta intimidad que el Pastor madura la libertad interior que lo hace fuerte en sus elecciones y en sus comportamientos, sea personales que eclesiales. Sólo en el silencio de la oración se puede aprender la voz de Dios, percibir las señales de su lenguaje, acceder a su verdad, que es una luz distinta, que no está sobre la inteligencia como el aceite que se sobrepone al agua, porque sólo quien conoce la verdad conoce esta luz”.
Segundo: El discernimiento es un don del Espíritu a la Iglesia, al cual se responde con la escucha
Desarrollando el segundo punto de su meditación, el Papa Francisco señaló que el discernimiento es una gracia del Espíritu al santo pueblo fiel de Dios, que lo constituye pueblo profético, dotado del sentido de la fe y de ese instinto espiritual que lo hace capaz de sentir cum Ecclesia. “El discernimiento del Obispo – precisó el Pontífice – es siempre una acción comunitaria, que no prescinde de la riqueza del parecer de sus presbíteros y diáconos, del Pueblo de Dios y de todos aquellos que pueden ofrecerle un aporte útil, también a través de ayudas concretas y no solamente formales”.
Por lo tanto, dijo el Santo Padre, los invito a cultivar una actitud de escucha, creciendo en la libertad de renunciar al proprio punto de vista, para asumir aquel de Dios. Sin dejarse condicionar por la mirada de los demás. “La misión que les espera – agregó el Papa – no es llevar ideas y proyectos propios, ni soluciones abstractamente ideadas por quien considera la Iglesia como un huerto de su casa, sino humildemente, sin protagonismos o narcisismos, ofrecer su concreto testimonio de unión con Dios, sirviendo al Evangelio que debe ser cultivado y ayudado a crecer en esta situación específica. Por lo tanto, discernir significa – subrayó el Pontífice – humildad y obediencia. Humildad respecto a los propios proyectos. Obediencia respecto al Evangelio, criterio último; al Magisterio, que lo custodia; a las normas de la Iglesia universal, que lo sirven; y a las situaciones concretas de las personas, para las cuales no se quiere otra cosa que sacar del tesoro de la Iglesia cuanto es fecundo para su salvación”.
Tercero: Llamados a crecer en el discernimiento
Finalmente, en el tercer punto de su meditación el Papa Francisco señaló que los Obispos deben esforzarse en el crecimiento de un discernimiento encarnado e inclusivo, que dialogue con la conciencia de los fieles que debe ser formado y no sustituido. “Por eso – señaló el Papa – el auténtico discernimiento, si bien es definitivo en cada paso, es un proceso siempre abierto y necesario, que puede ser completado y enriquecido… El Pastor está llamado a hacer disponible a la grey la gracia del Espíritu, que sabe penetrar en los pliegues de la realidad y tener presente sus tonalidades para hacer emerger cuanto Dios quiere realizar en cada momento”.
(Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)