sábado, 3 de junio de 2017

EVANGELIO DE HOY: TÚ SÍGUEME







Lectura del santo evangelio según san Juan (21,20-25):

En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»

Al verlo, Pedro dice a Jesús: «Señor, y éste ¿qué?»

Jesús le contesta: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.»

Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?» 

Éste es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no cabrían ni en todo el mundo.

Palabra del Señor

Papa: seguir a Jesús con el corazón abierto para cambiar el mundo


Rezar por todos, también por nuestros enemigos, como nos enseña Jesús para cambiar el mundo, empezando por las cosas pequeñas de cada día
(RV).- En un clima hogareño de alegría y entusiasmo, afrontando también temas sobre el sufrimiento, el Papa Francisco dialogó con más de seis mil chicos y chicas de escuela secundaria de Italia, que participan en la experiencia educativa cristiana denominada “Los Caballeros de San Esteban” que buscan el Grial, que nació en el Movimiento de Comunión y Liberación. También había grupos que llegaron de España, Portugal, Francia y Suiza. Así como otros se unieron, en conexión desde Paraguay y Brasil
«Cambiar el mundo con las pequeñas cosas de cada día, con la generosidad, con el compartir, escuchando a los demás y creando actitudes de hermandad»
Una vez más,  el Papa escuchó algunas preguntas y luego respondió. Como cuando  Giulia le preguntó cómo los chicos, los jóvenes, pueden cambiar el mundo:
«Nunca responder al mal con el mal. Nunca. ¿Me haces daño? ¿Y qué nos ha enseñado Jesús sobre ello? Escuchen: recen por todos; recen por sus amigos y por sus enemigos, por los que los hacen sufrir. Y Jesús dice: ‘Como el Padre nuestro que está en el Cielo, hace salir el sol sobre los buenos y sobre los malos’. Sí, rezar por todos. La oración por todos y no para desear el mal contra los demás. Así se puede cambiar el mundo. No hay varilla mágica, sino que son las cosas pequeñas de cada día, que tenemos que aprender.
Ante ciertas situaciones de dolor, no todo se puede explicar en la vida. Sentimos el amor de Dios gracias a los que nos acompañan en el sufrimiento
Como Tanio, que en su joven edad ha conocido mucho dolor. Fue abandonado cuando tenía un mes de nacido, luego falleció la mamá que lo había adoptado, así como también murieron sus  abuelitos adoptivos. Y le preguntó al Papa cómo sentir que el Señor nos ama, en medio de tanto sufrimiento. Ahora ha conocido el apoyo y cercanía de los Caballeros.
Mirar al CrucificadoEl amor de Dios ante el sufrimiento
«Sólo encontrarás alguna explicación, no al por qué sino al para qué, en el amor de aquellos que te acompañan en tu sufrimiento», dijo el Santo Padre, añadiendo que algunas peguntas no se pueden responder con palabras, como si fuera un teorema matemático:
«En la vida hay preguntas y situaciones que no se pueden explicar. Una de ellas es la que tú me has preguntado, sobre tu sufrimiento. Pero detrás de ello, siempre está el amor de Dios. Y ¿cómo lo explicas?  No se puede explicar. Yo no puedo explicarlo. Y si alguien te dice: ‘ven que te lo explico’, duda. Sólo te harán sentir el amor de Dios aquellos que te sostienen, que te acompañan y te llevan adelante».
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)

viernes, 2 de junio de 2017

2 de junio: santos Blandina, Potino y los cuarenta y ocho mártires de Lyon



Blandina y Potino son dos mártires de un grupo galo que dio testimonio de la fe hasta la muerte, en tiempo de Marco Aurelio.
La carta circular que escribieron las Iglesias locales de Vienne y Lyon a las Iglesias de Asia cita a otros muchos confesores de la fe como Atalio, Epagato, Santo, Biblio, Alejandro, Alcibíades y Maturo. Pero muy en especial se enfatiza el recuerdo de los espectaculares mártires Blandina y Potino.
Potino era el santo obispo de Lyon que entonces contaba con noventa años. Por sus limitaciones físicas tuvo que ser llevado al tribunal en parihuelas. El juez le preguntó lleno de altanería y con tono de desprecio que quién era el Dios de los cristianos; Potino le respondió de la siguiente manera: «Lo conocerás cuando seas digno de Él». Aquella contestación provocó risas en los presentes y una reacción violenta en el presidente del tribunal. Se invitó al público asistente a que lo apaleara y apedreara con lo que tuvieran a mano. Llevado a prisión duró muy poco la vida del obispo anciano.
En cuanto a Blandina –patrona de Lyon y copatrona del servicio doméstico con santa Zita–, tenemos pocos datos. Pero sí sabemos que era una joven esclava que insistentemente agobiaba a los verdugos que la atormentaban de sol a sol, repitiéndoles una y otra vez: «¡Soy cristiana y nada malo se hace entre nosotros!» La colgaron de un madero para que se la comieran las fieras, pero milagrosamente la respetaron. Seguidamente la devolvieron a la prisión con la idea de reservarla para los juegos del día siguiente. Llegado el momento, comenzaron por azotarla en el anfiteatro; luego desgarraron sus carnes y le quemaron algunas partes de su cuerpo; por fin, la envolvieron en una red y la pusieron delante de un toro salvaje que la corneó hasta matarla.
Eusebio recoge en su Historia esta epístola circular escrita desde la Galia a las Iglesias de Asia; en uno de sus párrafos puede leerse: «Es imposible describiros el odio de los paganos hacia nosotros y los tormentos que nos infligen. Se nos persigue en el foro, en los baños públicos y en nuestras propias casas. Después vienen los golpes, las pedradas, la rapiña y la cárcel. A continuación llegan los interrogatorios en el foro y, por último, los suplicios a los que asiste el populacho en los dos anfiteatros de nuestra ciudad. Nuestros hermanos han soportado con buen ánimo los sufrimientos más insoportables. Algunos, por desgracia, han apostatado; alrededor de una docena. Nos han presentado como monstruos que practican el incesto y comen sangre de niños».
Siempre fue así; la sinrazón se ve obligada a buscar razonamientos que de alguna manera sirvan para justificar sus actos. ¡Cómo puede pensarse que una ideología, un partido político, un gobernante, un poderoso, un juez, un… se presente ante los suyos como malvado! El amor propio y la soberbia humana no dan para tanto. Es más, con frecuencia, el arma de algunos que triunfan aquí abajo eliminando al que consideran un rival está disimulada con abundante ropaje de humanidad que la hacen aparecer como blanda, e incluso atractiva; sí, conveniente y hasta necesaria.
Archimadrid.org

Corea del Norte teme a los cristianos. Por eso los persigue


La familia de Myoung Hee era cristiana, pero se lo había ocultado a su hija para protegerse del régimen de Corea del Norte. Como otros refugiados que huyen del país más cerrado del mundo, Hee descubrió el cristianismo cuando logró huir a China
A Hea Woo le costó creer que su marido había muerto como cristiano. No lo era cuando, en los años 90, huyó a China. Allí se había bautizado, pero fue arrestado por las autoridades y devuelto a Corea. Murió seis meses después en prisión. Fueron sus excompañeros los que buscaron a Hea Woo para contarle cómo su marido había dado testimonio de su fe en medio del sufrimiento. Pronto, ella siguió sus pasos: huyó a China, y allí descubrió el cristianismo y se bautizó. En marzo, visitó España para participar en el Encuentro Nacional de Puertas Abiertas, una entidad evangélica que ayuda a los cristianos perseguidos, por ejemplo, haciéndoles llegar Biblias.
Myoung Hee sí procedía de una familia cristiana. Aún recuerda el día que su padre llegó a casa, pálido. Ese día descubrió que la familia era cristiana, y que su tío había sido ejecutado por ello. Por miedo, muchos creyentes norcoreanos ocultan la fe incluso a sus hijos. Hee no quiso saber nada de la religión de sus padres. Pero, con el tiempo, empezó a darse cuenta de que la vida fuera de Corea era muy diferente y, como a su alrededor cada vez desaparecía más gente, decidió abandonar su país y cruzar a nado el río Yalu hacia China.
ada mes, cerca de un centenar de personas cruza esta frontera. Huyen de un país donde, según Naciones Unidas, «se han cometido y se están cometiendo violaciones sistemáticas, generalizadas y graves de los derechos humanos». «Creo que el nivel de opresión, control, lavado de cerebro y aislamiento de Corea del Norte no se ha alcanzado en ningún otro lugar del mundo», afirma a Alfa y Omega Johannes Klausa, director nacional de Ayuda a la Iglesia Necesitada de Corea del Sur.
Líder en persecución
Toda la sociedad está organizada en torno al sistema songbun, que clasifica a los ciudadanos en función de su lealtad al régimen, y así determina su acceso a la vivienda, la educación o la alimentación. Cualquier sospecha de hostilidad es castigada con la muerte, a veces en ejecuciones públicas; o con el internamiento en campos de concentración, donde hay al menos 100.000 presos.
Corea del Norte está abonada a los primeros puestos de países que persiguen al cristianismo. Según la ONU, en el país puede haber entre 200.000 y 400.000 cristianos clandestinos, sobre todo protestantes. Rezar o tener una Biblia son causa de arresto.
Pyongyang –afirmaba la ONU en un informe de 2014– ve en los cristianos «una amenaza particularmente grave» porque la Iglesia es un lugar de interacción ajeno al Estado y su fe cuestiona el culto a la dinastía gobernante, que comenzó Kim Il-sung en 1948, siguió su hijo Kim Jong-il (1994-2011) y ha llegado hasta su nieto, Kim Jong-un, actual líder supremo. En todo el país hay 30.000 estatuas y retratos gigantes de ellos, y es obligatorio rendirles culto en cada hogar.
Sin embargo, añade Klausa, «en la era de los teléfonos inteligentes e internet, el flujo de información es más difícil de controlar, especialmente en las zonas fronterizas, y empieza a filtrarse algo de información. Así, el número de refugiados aumenta».
«Como si no fuéramos humanos»
Una vez en China, la vida de los huidos no es fácil. En este país viven entre 200.000 y 300.000 norcoreanos. Este país no los reconoce como solicitantes de asilo, y los trata como inmigrantes ilegales. En cualquier momento corren el riesgo de ser arrestados por policías chinos o por agentes norcoreanos que campan a sus anchas en la región noreste, limítrofe con Corea. Son devueltos a su país, y allí ejecutados sumariamente –una de las causas es el hecho de confesar el haber estado en contacto con cristianos– o recluidos en penosas condiciones.
Es el destino que corrió el marido de Hea Woo, y unos años después ella misma. Estando en China fue detenida y devuelta a Corea. Pasó diez meses en la cárcel, donde sufrió torturas. «Empecé a dudar de Dios. Entonces oí una fuerte voz: “¡Mi querida hija, estás caminando sobre el agua!”. Fue Él quien me mantuvo con vida» cuando las malas condiciones de vida en la cárcel la hicieron caer tan enferma que su vida corrió peligro.
De prisión fue enviada varios años a un campo de trabajo. Allí «cada día era una tortura»: trabajos forzosos, reeducación ideológica, y unas pocas cucharadas de arroz al día como todo alimento.
La deportación no es la única amenaza para los refugiados. Como muchos otros compatriotas, Myoung Hee cayó en manos de una mafia. «Fui vendida como esposa a un agricultor chino. No era tan malo como la mayoría. Tuve un hijo con él». Fue afortunada. Su destino bien podría haber sido el tráfico de órganos o una red de prostitución. Un día, descubrió que su suegra era cristiana evangélica. Empezó a ir con ella a sus reuniones clandestinas, se convirtió y decidió volver a Corea para compartir la noticia de su conversión con su familia, de cuya fe hasta entonces había renegado.
Pero fue detenida al cruzar la frontera. Su destino fue un campo de reeducación. «Nos trataban como si no fuéramos humanos –relató a Puertas Abiertas en un testimonio hasta ahora inédito–. Renuncié a la vida. Pero algo se agitaba en mi corazón. Era Dios. Estaba conmigo y no quería que tirase la toalla». Pudo escapar cuando fue trasladada a una prisión con menos seguridad. Después de visitar a su familia, volvió a huir a China para reencontrarse con su marido. Esta vez, toda su familia pudo trasladarse a Corea del Sur.
También Hea Woo vive en la actualidad en este país, que da asilo a unos 25.000 refugiados.
María Martínez López

ALFA Y OMEGA

Apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas



Lectura del santo Evangelio según san Juan 21, 15-19
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, le dice a Simón Pedro:
- «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?».
Él le contestó:
- «Sí, Señor, tú, sabes que te quiero».
Jesús le dice:
- «Apacienta mis corderos».
Por segunda vez le pregunta:
- «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».
Él le contesta:
- «Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
Él le dice:
- «Pastorea mis ovejas».
Por tercera vez le pregunta:
- «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?» y le contestó:
- «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».
Jesús le dice:
- «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras».
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió:
- «Sígueme».
Palabra del Señor.

El Papa: “el sacerdote es un discípulo misionero en formación permanente”

“Orar sin cansancio, caminar siempre y compartir con el corazón significa vivir la vida sacerdotal mirando en alto y pensando en grande. No es una tarea fácil, pero se puede tener plena confianza en el Señor, porque Él, nos precede siempre en el camino”, lo dijo el Papa Francisco a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Congregación para el Clero, a quienes recibió en audiencia en la Sala del Consistorio del Vaticano.
En su discurso, el Santo Padre agradeció a todos los miembros de este dicasterio vaticano, por su generoso servicio en favor de los sacerdotes y de su formación, a pocos meses de la promulgación de la nueva Ratio Fundamentalis. “Este documento – afirmó el Papa – habla de una formación integral, capaz de incluir todos los aspectos de la vida; y de este modo indica la vía para formar al discípulo misionero. Un camino fascinante y al mismo tiempo exigente”.
Reflexionando sobre estos dos aspectos, lo fascinante de la llamada y las exigencias que esa comporta, he pensado – dijo el Pontífice – en particular en los jóvenes sacerdotes, que viven la alegría del inicio de su ministerio y el peso que sienten al empezar su misión. “El corazón de un joven sacerdote vive entre el entusiasmo de los primeros proyectos y el ansia de las fatigas apostólicas, en las cuales se inmerge con cierto temor, que es signo de sabiduría. Él siente profundamente el júbilo y la fuerza de la unción recibida, pero sus espaldas inician a ser gradualmente cargadas por el peso de la responsabilidad, por los numerosos compromisos pastorales y las esperanzas del Pueblo de Dios”.
Es necesario admitir, precisó el Obispo de Roma, que los jóvenes muchas veces son juzgados de modo superficial, etiquetándolos como una generación “liquida”, privada de pasiones e ideales. Pero esto, dijo el Papa, no debe impedirnos de reconocer que los jóvenes son capaces de apostar firmemente por la vida y de ponerse en juego con generosidad, mirando al futuro con valentía y esperanza. “Esto es lo que quisiera decir a los sacerdotes jóvenes: ustedes son elegidos, son queridos por el Señor, Dios los mira con ternura de Padre y, después de haber enamorado a sus corazones, no dejará vacilar sus pasos. Ante sus ojos son importantes y Él tiene confianza que estarán a la altura de la misión a la cual los ha llamado”.
Por ello, pensando en la nueva Ratio, que habla del sacerdote como de un discípulo misionero en formación permanente, deseo subrayar señaló el Pontífice, algunas actitudes importantes: orar sin cansancio, caminar siempre y compartir con el corazón.
Orar sin cansancio
Orar sin cansancio. Para que podamos ser “pescadores de hombres” sólo si nosotros en primer lugar, dijo el Papa, reconocemos ser “pescados” por la ternura del Señor. “Nuestra vocación ha iniciado cuando, abandonamos la tierra de nuestro individualismo y de nuestros proyectos personales, y nos encaminamos hacia el ‘santo viaje’, entregándonos a ese Amor que nos ha buscado en la noche y a esa Voz que ha hecho vibrar nuestro corazón”. Recuerden, advirtió el Sucesor de Pedro, cada día necesitamos detenernos, ponernos a la escucha de la Palabra de Dios y permanecer ante el Tabernáculo. La oración, la relación con Dios, el cuidado de la vida espiritual dan alma al ministerio sacerdotal.
Caminar siempre
Caminar siempre, porque un sacerdote jamás termina, dijo el Papa. Es siempre un discípulo, peregrino por las vías del Evangelio y de la vida, entre el misterio de Dios y las personas a él confiadas. “Jamás podrá sentirse satisfecho, ni podrá apagar la saludable inquietud que le hace extender las manos al Señor para dejarse formar y llenar. Actualizarse siempre y permanecer abiertos a las sorpresas de Dios. De hecho, en cada ámbito de la vida presbiteral es importante progresar en la fe, en el amor y en la caridad pastoral, sin enraizarse en las propias adquisiciones o fijarse en los propios esquemas”.
Compartir con el Corazón
Finalmente, concluye el Papa Francisco, compartir con el corazón, porque la vida presbiteral no es una oficina burocrática, ni un conjunto de prácticas religiosas o litúrgicas por desarrollar. “Ser sacerdotes es jugarse la vida por el Señor y por los hermanos, llevando en la propia carne las alegrías y las angustias del Pueblo, donando tiempo y escucha para sanar las heridas de los demás, y ofreciendo a todos la ternura del Padre”.
(Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

Papa: Resistir con la oración a las persecuciones del mundo


Predicación, persecuciones y oración. En su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa el Santo Padre se detuvo a considerar estos tres puntos para describir la vida del Apóstol Pablo. El Pontífice puso de manifiesto lo que también hoy nos ofrece el Apóstol de los Gentiles, a saber: anunciar el Evangelio en medio de las persecuciones del mundo y las consolaciones del Señor.
La vida de Pablo – dijo el Papa – es difícil, y está siempre en movimiento”.  Y se detuvo a considerar un pasaje del libro de los Hechos de los Apóstoles propuesto por la liturgia del día del que se desprenden “tres dimensiones” de esta “vida de Pablo en movimiento, siempre en camino”.
San Pablo: una vida siempre en movimiento para anunciar a Cristo
La primera dimensión – afirmó Francisco – “es la predicación, el anuncio”. Y comentó que Pablo iba de un lugar a otro para anunciar a Cristo, y cuando no predicaba en un sitio, trabajaba”:
“Pero a lo que más se dedica es la predicación: cuando está llamado a predicar y a anunciar a Jesucristo, la suya ¡es una pasión! No está sentado ante el escritorio. No. Él siempre, siempre está en movimiento. Siempre está llevando adelante el anuncio de Jesucristo. Tenía adentro un fuego, un celo… un celo apostólico que lo llevaba adelante. Y no se echaba atrás. Siempre adelante. Y ésta es una de las dimensiones, que trae dificultades, verdaderamente”.
Con el auxilio del Espíritu Santo es posible afrontar las persecuciones
La segunda dimensión de esta vida de Pablo – prosiguió explicando el Obispo de Roma – son, precisamente, “las dificultades. Más claramente las persecuciones”. En la Primera Lectura – dijo – leemos que todos se unieron para acusarlo. Pablo va a juicio, porque lo consideran “un perturbador”:
“Y el Espíritu inspiró a Pablo un poco de astucia. Sabía que no eran ‘uno’, que ente ellos había tantas luchas internas y sabía que los saduceos no creían en la Resurrección, que los fariseos creían… y él, un poco para salir de aquel momento, dijo con fuerza: ‘Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos. Estoy llamado a juicio a causa de la esperanza en la resurrección de los muertos’. Apenas dijo esto, se desató una disputa entre los fariseos, los saduceos y la asamblea, porque los saduceos no creían… Y estos, que parecían ser ‘uno’, se dividieron, todos”.
El Santo Padre comentó además que estos “eran los custodios de la Ley, los custodios de la doctrina del Pueblo de Dios, los custodios de la fe”, “pero uno creía una cosa y otro otra”. Esta gente – reafirmó el Papa Bergoglio – “había perdido la Ley, había perdido la doctrina, había perdido la fe, porque la había transformado en ideología”, y “lo mismo con la doctrina”.
La fuerza de San Pablo es la oración,  el encuentro con el Señor
De manera que San Pablo – recordó el Papa Francisco antes de concluir – “tuvo que luchar tanto” por esto. La primera dimensión de su vida –  añadió – “es el anuncio, el celo apostólico: llevar adelante a Jesucristo”, “la segunda es: sufrir las persecuciones, las luchas”. Y, en fin, la tercera dimensión: la oración. “Pablo – destacó el Pontífice – tenía esta intimidad con el Señor”:
“Se le presentaba a su lado tantas veces. Una vez él dijo que fue llevado casi al séptimo cielo, en la oración, y no sabía cómo decir las cosas hermosas que había sentido allí. Pero este luchador, este anunciador del horizonte sinfín, cada vez más, tenía aquella dimensión mística del encuentro con JesúsLa fuerza de Pablo era este encuentro con el Señor, que tenía en la oración, como fue el primer encuentro en el camino hacia Damasco, cuando iba a perseguir a los cristianosPablo es el hombre que ha encontrado al Señor  y no se olvida de eso, y se deja encontrar por el Señor y busca al Señor para encontrarlo. Hombre de oración”.
“Estas las tres actitudes de Pablo – terminó diciendo el Papa – nos enseñan este paso del celo apostólico para anunciar a Jesucristo; la resistencia – resistir a las persecuciones – y la oración, es decir, encontrarse con el Señor y dejarse encontrar por Él”.
“Que el Señor nos dé la gracia a todos nosotros, los bautizados – concluyó Francisco –  la gracia de aprender estas tres actitudes en nuestra vida cristiana: anunciar a Jesucristo, resistir a las persecuciones y a las seducción que te llevan a separarte de Jesucristo y la gracia del encuentro con Jesucristo en la oración”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

jueves, 1 de junio de 2017

El Papa en la Audiencia: La esperanza es una vela para que sople el viento del Espíritu Santo



El papa Francisco realizó este miércoles una nueva audiencia general en la plaza de San Pedro, donde le aguardaban miles de peregrinos llegados desde toda Italia y de los más diversos países del mundo.
En este día de primavera, el Santo Padre en el Jeep blanco acompañado por tres niños, cruzó los corredores de la plaza, saludando y bendiciendo en particular a los pequeños y ancianos.
El Pontífice retomó en la catequesis el tema de la esperanza cristiana, relacionándola con el Espíritu Santo, y en español lo resumió así:
“Ante la solemnidad de Pentecostés, he deseado presentar hoy la relación que existe entre el Espíritu Santo y la esperanza”, dijo. Y precisó que “el Espíritu Santo sopla y mueve la Iglesia, camina con ella, por eso, del mismo modo que la Escritura paragona la esperanza a un ancla, que asegura el barco en medio del oleaje, también podemos compararla con una vela que recoge ese viento del Espíritu para que empuje nuestra nave”.
“Cuando decimos: «Dios de la esperanza» no significa solamente –prosiguió el Santo Padre– que Dios es el objeto de nuestro anhelo, algo que deseamos alcanzar en la vida eterna; sino que Dios es quien nos colma hoy y en cualquier lugar de su alegría y de su paz”.
“Hermanos –exhortó el Pontífice– estemos seguros de que nuestra esperanza no quedará defraudada, porque el Espíritu ha derramado en nuestros corazones el amor de Dios y da testimonio de que somos sus hijos”.

Así el sucesor de Pedro, indicó que “llenos de confianza, seremos capaces de afrontar cualquier tribulación y de ser sembradores de esperanza entre nuestros hermanos, consolando, defendiendo y asistiendo a todos, como el Paráclito nos enseña y nos guía”.
Al despedirse saludó cordialmente “a los peregrinos de lengua española, en particular a los que han venido para participar en la Vigilia de Pentecostés con ocasión de los 50 años de la Renovación Carismática Católica, así como a los demás grupos provenientes de España y Latinoamérica”.
“Los exhorto –concluyó el Papa– a perseverar en la oración, junto con María, Nuestra Madre, pidiendo a Jesús que el don del Espíritu Santo nos haga sobreabundar en la esperanza”.

El Daesh se ceba con los coptos


Los últimos tres atentados contra cristianos egipcios dejan más de 100 muertos. A los 29 asesinados el viernes en Minya se les dio la posibilidad de apostatar para salvar su vida
«Fueron asesinados después de que se negaran a renunciar a su fe cristiana». Lo resaltaba el Papa el domingo durante el rezo del Regina Coeli en la plaza de San Pedro. La cifra oficial de muertos por el atentado asciende a 29, aunque la Iglesia copta la eleva a 35. Se trata fundamentalmente de empleados del monasterio de San Samuel y de peregrinos que acudían a ese lugar a rezar, entre ellos numerosos niños de viaje con la parroquia.
Los hechos tuvieron lugar en la provincia de Minya, una de las zonas con mayor concentración cristiana en el país, donde diversas fuentes diplomáticas –y algún obispo local– venían alertando desde hace semanas de un aumento en la actividad de los grupos integristas. Según los testigos, los terroristas, vestidos de militares, detuvieron los autobuses que se dirigían a San Samuel, subieron a bordo y preguntaron: «¿Sois cristianos?». Tras negarse los pasajeros a apostatar, los yihadistas los desvalijaron. Hicieron descender a un grupo de hombres y los asesinaron a sangre fría. Dispararon después indiscriminadamente contra quienes permanecieron en el autobús. Algunos sobrevivieron, como un niño de unos 6 años al que su madre empujó bajo el asiento y cubrió con una bolsa.
Fe admirable
«Los cristianos de este país son admirables. Cuando te hablan de martirio, dicen: “Jesús nos avisó de que nos perseguirían por nuestra fe”». Así habla la misionera comboniana María Villar Sesma, que atiende el teléfono desde una leprosería a las afueras de El Cairo, uno de los tres centros en los que las religiosas atienden a los contagiados de una enfermedad que «muchos en Egipto no saben ni siquiera que existe aquí», a pesar de que la lepra es «un gran problema».
Sus pacientes son mayoritariamente musulmanes. También ellos –dice la religiosa española– están consternados por el atentado del viernes, en la víspera del inicio de Ramadán, especialmente al irse conociendo los macabros detalles del suceso, con niños de 2 y 4 años entre las víctimas. «La gente sencilla lo siente igual que lo sentimos nosotros», asegura, y responsabiliza del terrorismo a «grupos aislados».
«Los terroristas tratan de dividir a la población egipcia sembrando discordia entre cristianos y musulmanes», ha dicho en la misma línea a la agencia vaticana Fides el portavoz de los obispos católicos en Egipto, el sacerdote Rafic Greiche. «Hasta el momento no han tenido éxito», porque «la población está unida en el rechazo de la violencia». A juicio de Greiche, este atentado ha sido «una respuesta al discurso que el presidente de Egipto, Abdel Fattah Al-Sisi, tuvo en la conferencia entre los Estados Unidos y el mundo árabe islámico que se celebró la semana pasada en Arabia Saudí», con «un discurso muy franco contra el integrismo».
Una bofetada al Papa
Este es el tercer atentado desde que el Daesh hizo explotar una bomba el 11 de diciembre (fecha de nacimiento de Mahoma) en la iglesia de San Pedro y San Pablo en El Cairo, asesinando a 28 personas, la mayoría mujeres y niñas. El 9 de abril, Domingo de Ramos, a pocas semanas de la visita del Papa, 46 personas perdieron la vida en dos ataques terroristas contra iglesias cristianas.
Líderes musulmanes y cristianos de Egipto vuelven a cerrar filas con el Gobierno de Al-Sisi en la condena de un atentado contra cristianos. Pero a pie de calle es inevitable que cunda el nerviosismo.
Los coptos, alrededor del 10 % de la población, saben que están en la diana de los terroristas. El mismo viernes del atentado, en el funeral celebrado en el monasterio de San Samuel se vivieron momentos de gran tensión. «Con nuestra alma, con nuestra sangre, nos sacrificaremos por la cruz», gritaron varias personas junto a un hombre portando una gran cruz de madera. Hubo también protestas contra el Gobierno por no haber sido capaz de defender a los cristianos asesinados.
Son reacciones comprensibles, a juicio del director de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada en España, Javier Menéndez Ros, que ha visitado Egipto en varias ocasiones. «Es una población atemorizada, que lleva varios años sufriendo discriminación, de forma especialmente virulenta durante el Gobierno de los Hermanos Musulmanes», que acabó abruptamente con el golpe de estado de Al-Sisi. Los cristianos son un blanco fácil, y lo más que tienen son medidas birriosas de seguridad en las iglesias».
Los coptos viven, por tanto, sabiendo que el martirio «es una posibilidad real, que les puede tocar a ellos cualquier día». Y en estas circunstancias, «muestran una fortaleza en la fe impresionante», incluso «prefieren la muerte antes que renunciar a su fe». «Habría que ver cómo reaccionábamos nosotros con una metralleta delante», añade Menéndez Ros.
Pero el objetivo de los terroristas no eran solo los cristianos, sino también el mensaje de paz que llevó a finales de abril el Papa a El Cairo. «Antes de su llegada le dieron una bofetada con el atentado del Domingo de Ramos, y le han vuelto a dar otra ahora», afirma el máximo responsable de la fundación pontificia en España.
Ricardo Benjumea
Alfa y Omega

Carta del arzobispo de Madrid: Ven, Espíritu Santo. Con él la Iglesia inicia su misión


El Espíritu Santo es un regalo de Dios a su Iglesia. Hagamos un examen de nuestra vida y construyámosla con ese regalo. Deja que tu vida se llene del Espíritu Santo
Siempre es un gozo contemplar cómo el Espíritu Santo constituye un regalo de Dios a la Iglesia. Es su alma, es la savia que recorre todo el Cuerpo de la Iglesia y que le hace experimentar que su vida debe ser la que Jesús le dio, cuando antes de subir a los cielos les prometió a los primeros discípulos que les daría el Espíritu Santo, y que debían salir al mundo y dirigirse a todos los hombres para anunciarles la Buena Noticia de la salvación, que es el mismo Jesucristo. Resuenan las palabras de Jesús: «Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén,de Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo» (cfr. 1, 1-11). El Señor, enviando el Espíritu Santo, comunica dones espirituales a quien lo acoge. La Iglesia ha enumerado siempre siete. Es número que significa plenitud y totalidad: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.
Deja que tu vida se llene del Espíritu Santo que Cristo da a su Iglesia. Déjate inundar por esos dones en tus entrañas profundas. ¿Qué significan estos dones? I) Sabiduría: ver las cosas con los ojos de Dios, sentir con el corazón de Dios, saber de Dios, gusto y sabor de Dios. II) Inteligencia o entendimiento: no es inteligencia humana o capacidad intelectual. Abre la mente para entender mejor las cosas de Dios, las cosas humanas, todas las situaciones. Es aquello de san Pablo: «Lo que el ojo no vio, ni el oído oyó, ni entraron en el corazón del hombre, Dios las ha preparado para los que le aman». III) Consejo: es Dios mismo quien nos ilumina con su Espíritu y alumbra el corazón y comprendemos el modo justo de hablar, de comportarse, de caminar. IV) Fortaleza: nos sostiene en nuestra debilidad, nos libera de la tibieza, de incertidumbres y temores. Nos ayuda a dar la vida. V) Ciencia: la fuerza del Espíritu nos ilumina ojos, mente y corazón, para descubrir cómo cada cosa nos habla de Él y de su amor. VI) Piedad: nos habla de nuestra pertenencia a Dios y de nuestro vínculo profundo con Él, que da sentido a nuestra vida. Es la amistad con el Señor que cambia nuestra vida y nos da entusiasmo y alegría. VII) Temor de Dios: no es tener miedo de Dios, pues es Padre y nos ama, nos salva y nos perdona siempre. El temor de Dios nos recuerda la pequeñez.
Somos muy pequeños ante Dios y por ello nos dejamos sostener por sus brazos y nos hacemos dóciles, con capacidad permanente de alabanza y llenos de esperanza; todo viene de la gracia que nos llena de misericordia y bondad.
En la lógica de darnos
Hagamos un examen de la vida y construyámosla con el regalo que nos da Nuestro Señor Jesucristo, el Espíritu Santo. De tal manera que en nuestra vida se hagan realidad estas tres dimensiones:
1. Vida llena de sentido de universalidad: a ello te ayuda ver a la Iglesia caminando desde su inicio con la fuerza del Espíritu Santo. Es un camino en medio de las dificultades del mundo, con alegría, en fiesta. Y así lo tiene que hacer hoy, en medio de un ambiente secularizado. Debes de ser consciente de que nuestro mundo está lleno de energías que aparentemente no se ven, pero están. Nosotros, los cristianos, vivimos de la energía más grande, de la fuerza del Espíritu Santo que nos llama y nos hace vivir con nuestro nombre verdadero: hijo de Dios y hermano de todos los hombres. De tal manera que la Iglesia es una alternativa a una sociedad que se cierra sobre sí misma. Ella nos abre a todos, porque apoyados en la fuerza del Espíritu Santo confiamos, no tenemos miedos, nos abrimos a la absoluta confianza de quien nos dijo y nos sostiene en ese «no tengáis miedo», «veréis cosas mayores».
El Espíritu Santo nos hace nacer de nuevo, ¿cómo? Entrando en todos los caminos, en todos los hombres y para todos los hombres. Nunca pensando solamente en mí y en el bien de uno mismo. El ser humano sufre siempre por falta de visión y por ello debe abrirse a la perspectiva que le da la Palabra del Señor, su acción. Es necesario cultivar la visión, la que nos da Cristo por su Espíritu. Creemos hombres fuertes llenos del Espíritu Santo, que harán sociedades fuertes.
Conectándonos con el otro en su verdadero valor, nos conectamos en la solidaridad. Ello nos hace vivir en medio del pueblo con cordialidad, entusiasmo, llenando de una atmósfera de amor, que es el amor mismo de Dios, todo lo que toca nuestra vida, siempre en actitud cordial. La Iglesia tiene que desarrollar el sentido social y hacer crecer la conciencia religiosa, cambiar la cultura, sosteniendo a las familias, dándoles entusiasmo por ser iglesias domésticas, como en el inicio de la Iglesia.
2. Vida que trae y entrega la novedad: muestra la gran novedad que trae el espíritu de apertura que da el Espíritu Santo. No tengas miedo a fundar la vida en esas convicciones firmísimas del cristiano que te hacen vivir las experiencias nuevas. Que no te llevan a perder la identidad y la apertura que han de caracterizar tu ser de cristiano en profundidad. No tengas miedo a encontrarte con las grandes confesiones religiosas, pues el espíritu de apertura has de fundarlo en convicciones firmísimas de hombre de Iglesia que no cesan de invitar a quienes nos encontremos a la oración y a la meditación. El Concilio Vaticano II es un acontecimiento y una experiencia de comunión fraterna entre los cristianos, pero también una llamada a crearla donde se rompió, a aumentarla donde se va evaporando y a manifestarla para ser creíbles. Pero ello es obra del Espíritu Santo.
El Concilio Vaticano II nos habla de proclamar la verdad sobre Dios y sobre el hombre en un mundo dominado por el materialismo y la ausencia de Dios. Tengamos el atrevimiento y la osadía de hacerlo con nuestras vidas. Poner a la Iglesia en misión, como describió el Papa beato Pablo VI en Evangelli nuntiandi y el Papa Francisco en Evangelli gaudium, es un reto; es el reto de poner a la Iglesia cumpliendo lo que mandó el Señor y para la que le entregó el Espíritu Santo. Es su misión en el mundo tal y como es el mundo hoy.
3. Vida con un modo nuevo de vivir, de fervor y disponibilidad: vivir con los dos pulmones, occidental y oriental, es una necesidad que el Espíritu Santo nos da a conocer y que nos ayuda a respetar y descubrir en profundidad los derechos humanos, la libertad, las grandes cuestiones sociales. Es más, la aceptación generalizada de la carta de la Declaración de los Derechos del Hombre no corresponde a la realización concreta de su espíritu; al contrario, a veces el espíritu de la vida social de algunos pueblos está en abierta contraposición con la letra de los derechos, por ejemplo con el tema de la libertad religiosa. Hay que seguir preguntándonos: ¿qué quiere decir ser católico después del Concilio Vaticano II, en esta realidad concreta en la que vive nuestro mundo? No desestimar absolutamente nada de lo que dicen todos los documentos del Concilio e interpretarlos a la luz de la identidad de la Iglesia y de su misión. Solamente el Espíritu Santo nos hará comprender el tiempo que vivimos y discernir los signos del mismo tiempo. Permanecer en la Iglesia y dar a la misma la forma de auténtico Pueblo de Dios. Creo que aquí valen las palabras del Beato Pablo VI: «el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan es porque dan testimonio» (EN 41). Cristo nos pide que, con nuestra vida, demos a saber lo que Él piensa, cómo quiere que vivamos los hombres, y cómo hemos de ver la vida. Lo que sí es claro es que el ser humano se afirma a sí mismo de manera más completa dándose. El Espíritu Santo nos sitúa en la lógica de darnos.
Con gran afecto, os bendice,
+Carlos Card. Osoro Sierra, arzobispo de Madrid

¡Que sean completamente uno!



Lectura del santo Evangelio según san Juan 17, 20-26
En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró, Jesús diciendo:
- «No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.
Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.
Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos».
Palabra del Señor.