martes, 23 de mayo de 2017

Las 10 cosas que el Papa Francisco dice a los periodistas



La editorial Claretiana publica, con ocasión de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales a celebrar el domingo de la Ascensión (28 de mayo de 2017), el libro Las diez cosas que el Papa Francisco propone a los periodistas. El autor del libro es el sacerdote y periodista Manuel María Bru Alonso, presidente de la Fundación Crónica Blanca de jóvenes comunicadores y colaborador de Alfa y Omega
El próximo miércoles 24 de mayo, a las 13 h., será presentado en la Sala de Prensa de la Oficina de Medios de Comunicación Social del Arzobispado de Madrid. En ella, además del autor de libro, Manuel María Bru, y del director de la Editorial Claretiana, el misionero claretiano Fernando Prado Ayuso, intervendrá el secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española, José María Gil Tamayo, y moderará el acto el director de MCS del Arzobispado de Madrid, Rodrigo Pinedo.
Los papas y el periodismo
Si en veintisiete años de pontificado de San Juan Pablo II tuvo cerca de cuatrocientas intervenciones sobre la comunicación y los comunicadores sociales, y si en nueve años Benedicto XVI tuvo más de cien, al menos en medio centenar de mensajes, discursos e intervenciones públicas hasta la fecha de esta publicación, el Papa Francisco ha hablado de la noble vocación del periodismo.
Estos son los diez mensajes que resumen sus inquietudes, sus reflexiones, sus propuestas, y sus desafíos a sus amigos los periodistas:
1.- No dejéis nunca de preguntaros: ¿qué es noticia?: Al Papa le interesa como el periodista es constructor de opinión pública desde la selección misma de las noticias, y le propone romper las agendas informativas preestablecidas para dar respuesta “al gran drama de la pobreza en el mundo, de las injusticias sociales, de las discriminaciones y de las nuevas formas de esclavitud que existen en el mundo” (12/12/2013).
2.- Comunicador: ¿Quién es tu prójimo?: En octubre del año 2002 el entonces Cardenal Jorge Mario Bergoglio, pronunció un discurso dirigido a los periodistas con este título: Comunicador, ¿Quién es tu prójimo? Aquel discurso propone un modo nuevo de entender el periodismo, el de una comunicación al servicio del hombre, y una profunda espiritualidad para el periodista cristiano. Como Papa ha dado mayor consistencia a aquel discurso.
3.- Huid de los pecados de la comunicación: Su propuesta ética de la información es concreta, sugerente, provocativa: «Cada uno, en su propia función y con su propia responsabilidad, está llamado a vigilar para mantener alto el nivel ético de la comunicación y evitar las cosas que hacen mucho mal: la desinformación, la difamación y la calumnia» (18/01/2014).
4.- No contribuyáis al colonialismo cultural dominante: Para el Papa el periodismo libre y responsable es esencial en una sociedad democrática: «Debería siempre hacernos reflexionar que, en el curso de la historia, las dictaduras -de cualquier orientación y color- siempre han tratado no sólo de apoderarse de los medios de comunicación, sino además de imponer nuevas reglas a la profesión periodística» (22/09/2016).
5.- Promoved la cultura del encuentro: ¿Podría el periodismo ser un acelerador de procesos de reconciliación, rechazar la tentación de fomentar el enfrentamiento, y favorecer la cultura del encuentro?: «Vosotros periodistas podéis recordar cada día a todos que no hay conflicto que no pueda ser resuelto por hombres y mujeres de buena voluntad» (22/09/2016).
6.- Que vuestra comunicación sea verdadera, buena y bella: Porque así es como fue pensada desde la creación, como extensión de los valores trascendentales del Ser, «la verdad, la bondad y la belleza de Dios, que deben considerarse siempre juntas, y son preciosos aliados en el compromiso en defensa de la dignidad del hombre, en la construcción de una convivencia pacífica y en custodiar con premura la creación» (14/06/2013).
7.- Que nunca os falte la inquietud, la conciencia de lo incompleto, y la imaginación: El periodista debe dirigirse a las personas en su totalidad: «a su mente y a su corazón, para que sepan ver más allá de lo inmediato» (15/12/2014), con un «estilo comunicativo abierto y creativo, que no dé todo el protagonismo al mal, sino que trate de mostrar las posibles soluciones, favoreciendo una actitud activa y responsable en las personas a las cuales va dirigida la noticia» (24/01/2017).
8.- Aplicad una hermenéutica religiosa para hacer información religiosa: Un buen profesional del periodismo debe conocer bien la verdadera naturaleza de lo que habla, también de la experiencia religiosa, de Jesucristo y de la Iglesia, «de su caminar por el mundo, con sus virtudes y sus pecados, y conocer las motivaciones espirituales que la guían» (16/03/2017).
9.- Contribuid al encuentro fe/cultura desde el diálogo, el discernimiento, y la frontera, empezando por la escucha que significa tener deseo de comprender, de valorar, respetar, custodiar la palabra del otro: «En la escucha se origina una especie de martirio, un sacrificio de sí mismo en el que se renueva el gesto realizado por Moisés ante la zarza ardiente: quitarse las sandalias en el terreno sagrado del encuentro con el otro» (24/01/2016).
10.- Algunos tenéis una vocación añadida: anunciar explícitamente el Evangelio. Ellos son «voz de una Iglesia que no tiene miedo de entrar en los desiertos del hombre, de salir a su encuentro, de buscarlo en sus inquietudes, en sus extravíos, dialogando con todos, incluso con las personas que, por diversos motivos, se han alejado de la comunidad cristiana y se sienten lejanas de Dios» (22/03/2014).
Manuel María Bru
Alfa y Omega

Omella apuesta, como cardenal, por la «fraternidad y más comunión» sin confrontaciones



El arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, que el 28 de junio será nombrado cardenal, apuesta por construir «fraternidad y más comunión» por la paz y sin confrontaciones en el territorio catalán y en el mundo, ha dicho en rueda de prensa tras conocer este domingo la voluntad del Papa Francisco de nombrarle estrecho colaborador
Omella recibió con una «gran sorpresa» este anuncio, que le sorprendió en una visita a unos locales de Cáritas y a la Virgen de los Desamparados en una jornada cuyo programa mantuvo por completo, ha explicado.
Entre sus prioridades ha situado la necesidad de «no hacer confrontaciones de civilizaciones, religiones y culturas», y ha remarcado que ve este designio como una acción de servicio.
«Cualquier cargo dentro de la Iglesia es un servicio, es para un mejor servicio de los demás, y no es un cargo hacia arriba, sino hacia abajo», ha dicho Omella preguntado por la significación de este mandato en su carrera sacerdotal.
Interpelado por la reciente carta de los obispos catalanes reunidos en la Conferencia Episcopal Tarraconense (CET) que pedía que «sean escuchadas las legítimas aspiraciones del pueblo catalán», ha recordado que en esta petición instaban al diálogo.
«Si no escuchamos a unos y otros difícilmente podremos trabajar por el bien común», ha dicho el futuro cardenal, que ha vuelto a insistir en la necesidad de vivir en comunión y no confrontación.
Sensibilidades distintas en Cataluña
«Queremos colaborar y trabajar con el pueblo catalán, en que hay tantas sensibilidades»”, ha subrayado el arzobispo barcelonés, que ha descartado hacer una lectura política de su designación, puesto que su trabajo no es el de hacer política.
El arzobispo, que todavía no ha contactado con el Pontífice, ha subrayado la «gran responsabilidad» que supone para él trabajar muy cerca del Papa y mantener su tarea en Cataluña.
Agradecimiento al Papa y a la diócesis
Ha agradecido al Papa y a la diócesis catalana esta designación que le fue comunicada por el obispo de Pamplona y arzobispo de Tudela, Francisco Pérez, que se encontraba en la plaza de San Pedro y llamó a su amigo Omella, sin que éste le diera crédito inicialmente.
Preguntado por cuándo espera hablar con el Papa Francisco y el calendario a partir de ahora, ha bromeado: «No sé cómo va esto, porque nunca me habían nombrado cardenal».
Antes de la ceremonia del 28 de junio, Omella tiene previsto viajar a Roma en un par de ocasiones por su trabajo con la Congregación de Obispos, en un viaje que aprovechará para abordar cuestiones relacionadas con su nueva misión.
Europa Press
Alfa y Omega

Si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor


Lectura del santo Evangelio según san Juan 16, 5-11
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: "¿Adónde vas?" Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy, os lo enviaré.
Y cuando venga, dejará convicto al mundo acerca de un pecado, de una justicia y de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el príncipe de este mundo está condenado».
Palabra del Señor.

lunes, 22 de mayo de 2017

El silencio y las palabras de Benedicto





La publicación anticipada de un texto de Benedicto XVI que servirá como postfacio a la próxima edición del libro La fuerza del silencio, del cardenal Robert Sarah, ha provocado una pequeña tormenta mediática. Algunos comentarios denuncian que el Papa emérito habría abandonado su retiro y bajado del monte para entrar en batalla. ¿Hay materia para este vocerío? Vayamos por partes.

Durante los últimos cuatro años Benedicto XVI se ha dedicado por entero a la oración por la Iglesia desde su retiro en el monasterio Mater Ecclesiae, dentro del recinto vaticano. Sus apariciones públicas han sido excepcionales y sus intervenciones, escasas y bien medidas. Muchas de ellas destinadas a mostrar su obediencia y amistad de corazón hacia su sucesor, el Papa Francisco. En todo caso el estatuto de un papa emérito no está definido en la Iglesia, más bien se está fraguando sobre la marcha. Benedicto dijo que quería vivir como un monje y así lo ha hecho, pero los monjes hablan en no pocas ocasiones. El propio Papa Francisco le ha invitado a dejarse ver y oír con más frecuencia.

Hasta ahora nadie había puesto el grito en el cielo por las diversas intervenciones del Papa emérito, aunque algunas han tocado temas cruciales desde el punto de vista teológico y pastoral.

El texto que se ha convertido en piedra de escándalo se enmarca en la reflexión de Joseph Ratzinger sobre la liturgia, uno de los ejes de su trabajo teológico. En este caso se trata de un apunte breve pero enjundioso sobre el valor del silencio, al hilo de la obra del prefecto de la Congregación para el Culto divino y la disciplina de los sacramentos, el cardenal guineano Robert Sarah. Benedicto XVI vuelve sobre un tema que ha abordado con insistencia, por ejemplo en su trilogía sobre Jesús de Nazaret: la competencia histórica y lingüística, ciertamente necesaria, no es suficiente para entender la Escritura. A veces, incluso, se produce un exceso de verborrea que dificulta entrar en su significado. Lo que falta es «entrar en el silencio de Jesús, del cual nace su Palabra».

Dice Benedicto, y a nadie sorprenderá que lo diga, que «el conocimiento especializado puede en última instancia ignorar lo esencial de la Liturgia, si no se funda sobre el hecho de ser una sola cosa con la Iglesia orante, que aprende una y otra vez del propio Señor qué es el verdadero culto». Por cierto, creo que Francisco suscribiría punto por punto lo que ha escrito su predecesor, incluida la severa crítica al charloteo que termina por hacer superficial, e incluso envenenar, tantos ámbitos de la vida de la Iglesia.

Todo esto a nadie extraña, aunque a alguno pueda no gustarle, porque Joseph Ratzinger lo lleva diciendo cincuenta años. El problema radica en que, al final, el Papa emérito realiza un elogio público a la figura del cardenal Sarah, y eso ha sido ya demasiado. Especialmente para los que se dedican a administrar carnets de buenos pastores, los que usan su particular y sectaria medida para determinar si un obispo, cardenal, o simple fiel cristiano, cumple el estándar o debe ser alineado en la nefasta fila de los refractarios, desobedientes y ultramontanos. Hace tiempo que Sarah figura en esa lista, y no hace falta compartir todo lo que hace y dice el cardenal guineano para observar la injusticia y la maldad de esa adscripción. Claro que su caso no es el único.

La cosa es aún más grotesca si tenemos en cuenta que Sarah presidió el Consejo Pontificio Cor Unum hasta 2014 fecha en la que Francisco le encargó el Dicasterio vaticano que cuida de la Liturgia. Evidentemente, el Papa podría haberle enviado de vuelta a su país o haberle confiado cualquier otro encargo, pero decidió colocarle precisamente ahí, algo por lo que se congratula Benedicto XVI. Como se ve, una tremenda intromisión del Papa emérito.

Cuánta razón tiene Francisco al insistir permanentemente en el carácter destructivo de las habladurías, de las murmuraciones y las clasificaciones ideológicas. Pero tranquilos todos. Esta tormenta no tendrá apenas aparato eléctrico. La Iglesia seguirá su camino entre consuelos y tropiezos, guiada por Francisco, el actual sucesor de Pedro. Y un nonagenario monje teólogo seguirá rezando por ella en silencio. Él está ya fuera del alcance de ciertos comentarios de bajo vuelo.

José Luis Restán/PáginasDigital.es
Alfa y Omega

El Papa nombra cardenal a Juan José Omella, arzobispo de Barcelona




Le impondrá la birreta púrpura el próximo 28 de junio junto con otros cuatro nuevos cardenales de cuatro continentes

El Papa Francisco ha anunciado personalmente este domingo a mediodía el nombramiento de cinco nuevos cardenales, entre los que figura el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella. El Santo Padre les impondrá la birreta púrpura el 28 de junio y celebrarán ya con todo el colegio cardenalicio la fiesta de San Pedro y San Pablo al día siguiente.

Juan José Omella nació el 21 de abril de 1946 en Cretas, provincia de Teruel, y estudió en el seminario de Zaragoza, ciudad en la que fue ordenado sacerdotes y desempeñó diversas tareas parroquiales. Ha estudiado en Lovaina y Jerusalén, y fue durante un año misionero en Zaire.

Juan Pablo II le nombró obispo auxiliar de Zaragoza en 1996, de donde pasaría en 1999 a obispo de Barbastro-Monzón y, en 2014, a obispo de Calahorra y Logroño.
El Papa Francisco le nombró miembro de la importante Congregación vaticana de los Obispos en 2014, y arzobispo de Barcelona el 6 de noviembre de 2015, en sustitución del cardenal Lluís Martínez Sistach. Es miembro del comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española, donde ha presidido durante muchos años la comisión de Pastoral Social.

El nombramiento de otro cardenal español en un grupo de tan solo cinco de todo el mundo ha sido una sorpresa. La selección del Papa vuelve a reflejar la calidad humana y pastoral de cada uno de los elegidos, olvidando definitivamente el concepto de «sedes cardenalicias» que daba un peso desproporcionado a Italia.

Los nuevos cardenales proceden de cuatro continentes. La lista incluye a Jean Zerbo, arzobispo de Bamako, Malí; Anders Arborelius, carmelita, obispo de Estocolmo, Suecia; Louis-Marie Ling Mangkhanekhoun, obispo vicario apostólico de Paksé, Laos; y Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador, El Salvador.

A partir del 28 de junio España volverá a contar con cuatro cardenales electores: Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid; Antonio Cañizares, arzobispo de Valencia; Carlos Osoro, arzobispo de Madrid; y Juan José Omella, arzobispo de Barcelona.
Los cardenales españoles de más de 80 años, que no desempeñan cargos ni participan en el cónclave, son un total de nueve desde el pasado 29 de abril, en que cumplió los 80 años el cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo emérito de Barcelona.

Después del rezo del Regina Coeli con decenas de miles de fieles reunidos en la plaza de San Pedro, el Papa Francisco ha lamentado «las noticias dolorosas que llegan de la República Centroafricana, que llevo en el corazón especialmente desde mi visita de noviembre de 2015», cuando realizó un peligroso viaje para consolidar la paz en ese país.
Se refería a los actos de violencia contra los musulmanes cometidos por la milicia animista Anti-Balaka, que ha asesinado en Bangassou, a más de ochenta musulmanes de la localidad esta semana.

El número de víctimas hubiese sido mucho mayor sin la intervención personal del cardenal de Bangui, Dieudonné Nzapalainga, y del obispo de Bangassou, el cordobés Juan José Aguirre que actuó durante muchas horas como escudo humano para llevar hasta la catedral católica a centenares de musulmanes refugiados en la mezquita.

El Papa ha manifestado su cercanía «a la población, a los obispos y a todos los que se esfuerzan por el bien de la gente y la convivencia pacífica», así como su oración por las víctimas y el deseo de que «callen las armas y prevalezca la buena voluntad de dialogar para dar paz y desarrollo al país».

Juan Vicente Boo/ABC.
Alfa y Omega

Cuando, dando la comunión, cae una bomba y las hostias se manchan de sangre



Una bomba cayó en su parroquia mientras daba la comunión y la sangre de los heridos manchó las hostias consagradas. Fray Ibrahim ayuna cada día, arregla casas destruidas, acompaña a padres que han perdido a sus hijos o reparte agua entre las familias. «Experimentamos fatiga, pero somos la presencia de Cristo en medio de su pueblo». Eso sí, reconoce que ahora sonríe menos y que no es capaz «de encontrar sentido a esto»
El 25 de octubre de 2015 un proyectil de los yihadistas hizo blanco en la parroquia de San Francisco, en Alepo (Siria), mientras fray Ibrahim daba la comunión. La bomba no estalló, pero hubo heridos. «Las hostias estaban manchadas con sangre de los fieles. Me impresionó mucho. Era un signo irrevocable de la presencia del Señor en comunión con nosotros».
«No me permitas ver las necesidades sin poder afrontarlas», pidió el franciscano a Dios antes de llegar a esta ciudad. Ha sido escuchado. Desde que llegó, los franciscanos entregan paquetes de comida cada vez más completos y a más familias. Dan todo el dinero del que disponen para pagar medicinas, el alquiler e incluso los pagos atrasados de hipotecas. En febrero de 2015 los bancos se pusieron de acuerdo para apretar las tuercas a las familias de Alepo que aún vivían en sus casas, aunque estuvieran dañadas y aunque muchos de ellos hubieran perdido sus trabajos o negocios por la guerra. Amenazaban con, de lo contrario, desahuciarlas.
Durante la batalla de Alepo, que concluyó en diciembre, los religiosos ayudaban después de cada bombardeo con los arreglos de casas que hubieran perdido paredes o habitaciones enteras. Y, cuando se corta el agua –sigue pasando: antes de Semana Santa, faltó durante 70 días–, dejan abiertas todo el día las puertas del convento, con dos tuberías que sacan agua de su pozo a la calle. Han comprado depósitos para las casas y un grupo de conductores lleva el preciado líquido a quienes no pueden acarrearlo.
El franciscano es consciente de que sin la fuerza de Dios y de la oración no podría seguir: «Cristo está presente en medio de su pueblo, le ayuda y le asiste a través de sus pastores. Y no supone un obstáculo ni un escándalo la fatiga que experimentamos».
Con bolsas bajo los ojos, el fraile reconoce que duerme peor ahora. Al principio, las bombas no le despertaban. Ahora, lo hace cualquier ruido. Un día de 2016, después de horas visitando familias, un monaguillo le dijo: «Cuando llegaste siempre sonreías. Ahora, menos». No pocas veces sus palabras transparentaban su perplejidad: «Ya no tenemos la percepción de lo que sucede y no sabemos a quién echar la culpa. Ya no somos capaces de encontrar un significado a esto».
«Nos quedamos sin palabras»
Hubo días especialmente extenuantes, como el del funeral de Bassam, un niño de 8 años al que una bala atravesó la cabeza mientras jugaba. «Para mí fue una lucha terrible contra el caos y la desesperación» de la familia y la comunidad. Mientras acompañaba a los padres, intentaba calmar al resto de familiares y a los scouts, que querían manifestarse con el ataúd.
Algunos días, el fraile llegó a sentirse «desgarrado» por todas las peticiones que le llegaban: «Nos quedamos sin palabras al ver todo a lo que tenemos que hacer frente». «He tenido que fiarme completamente de la Providencia, seguro de que no me abandonaría». La confianza de los frailes en Dios va acompañada de su propio sacrificio. Aún hoy se duchan con un litro de agua, y ayunan: «Hemos decidido experimentar qué significa el hambre, no comer carne ni pescado».
En medio de tanta actividad, los franciscanos de Alepo se desviven también por custodiar la fe de los fieles. La parroquia de San Francisco ofrece dos Misas diarias, catequesis, diversos grupos y dirección espiritual.
María Martínez López
Alfa y Omega

El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí




Lectura del santo Evangelio según san Juan 15,26-16,4a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.
Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho».
Palabra del Señor.

domingo, 21 de mayo de 2017

«El Evangelio no es la acción social, sino que Jesús nos sienta a todos a la misma mesa»





Entrevista al párroco de Santa Anna de Barcelona, que no tenía fieles y abrió sus puertas a los pobres
Peio Sánchez es el párroco de Santa Anna, la iglesia de Barcelona (España) que este invierno, durante la ola de frío, decidió abrir sus puertas durante unos días a los pobres para que pernoctaran en algunas de sus capillas. Cuando el termómetro volvió a subir, la experiencia de la hospitalidad con los más marginados de la sociedad había sido tan satisfactoria que se mantuvo la acogida, el reparto de comida y bebida diarios y la atención psicológica y de las asistentas sociales de Cáritas.
Con el gesto público que ha sucedido en esta preciosa iglesia románica y gótica situada en el mismo corazón de Barcelona, parece que ha cambiado la imagen de la Iglesia en la ciudad. Algo parecido a lo que ha sucedido con el Papa Francisco y sus llamamientos a convertir la Iglesia en un Hospital de Campaña de nuestra sociedad herida por tantos estigmas. No han cambiado nada del dogma y la caridad de raíz eclesial prosigue. Sin embargo, la Iglesia se nos aparece hoy un poco más pobre y perfumada de evangelio.
Para entender un poco mejor esto, hemos entrevistado a Peio Sánchez, que es quien capitanea el equipo de religiosos y voluntarios que han hecho esto posible.
¿Cuándo empezó su vocación por los más desfavorecidos?
Aprendí a ser cura acompañando a morir a jóvenes con SIDA en Salamanca. Eran jóvenes de mi edad. La mayoría se habían contagiado por la droga. Murieron todos.
¿Qué ha sucedido en Santa Anna? Ante los reiterados llamamientos del Papa Francisco a la misericordia y a la pobreza, ¿habéis comenzado a hacer algo que los católicos habíamos olvidado?
No. Lo que pasa es que en la Iglesia hemos especializado la acción social. Hemos hecho una buena acción social, pero por ahí precisamente se nos ha colado la secularización. El Evangelio no es la acción social, sino que Jesús nos sienta a todos a la misma mesa.
Caritas tiene su centro de atención a indigentes. Llamas por teléfono, pides hora para la entrevista, cuando vas a la hora que te toca llenas un cuestionario y la asistenta social sabe los recursos con los que se cuentan y ve qué recursos se te pueden asignar como usuario.
Jesús, por el contrario, te dice: «siéntate», se sienta a tu lado, y no hay una ficha o una puerta, sino un encuentro y un camino que se abre.
El problema es que nosotros vivimos un enorme divorcio entre la Misa y la acción social y eso saca la entraña al evangelio. La sociedad secular esconde el don de Dios. En Santa Anna buscamos combatir esto incluso con la distribución de los espacios.
¿Y cuál es tu valoración? ¿Después de todos estos meses, crees que ha funcionado?
Mucha gente que dice «yo no entraría jamás en una iglesia» entra en la nuestra. Rompemos clichés a través de signos evidentes. Hay que aprender a hacer signos con el Papa. Sirven para los de fuera, como he dicho, pero también para los de dentro.
En Santa Anna, por ejemplo, tenemos una cofradía que nos pedía que invirtiésemos continuamente en la reforma de su capilla. Desde que los pobres son una presencia aquí, ya no nos lo piden. Ven naturalmente que lo suyo no es prioritario.
¿Con qué gestos buscáis unir lo sagrado y lo social?
Oramos y servimos a la vez, por ejemplo. Lo hacemos claramente, a través de la distribución de espacios, generando un signo. Es bueno que se escuche el ruido de los cubiertos en la sala de al lado cuando se oficia. El ruido y el grito de los pobres son la voz de Dios.
Si tienes esa voz ahí al lado, ¿por qué la buscas en un silencio deshabitado? Yo me he acostumbrado a rezar con el murmullo. Curiosamente, te ayuda a rezar.
¿Por qué habéis tenido esta iniciativa precisamente en esta parroquia y no en otra?
Cuando llegué, le di la extremaunción al antiguo párroco y me encontré con que todo estaba cerrado. La belleza de esta construcción y todo el arte que en ella tenemos era mucho, pero no teníamos feligreses. En Plaza Cataluña, en pleno centro de Barcelona, no vive nadie. Hace 20 años que no se celebran primeras comuniones aquí. Como no había fieles pero sí muchos pobres en los alrededores, pues abrimos las puertas a los que lo necesitaban.
¿Por qué consideras tan importante esta dinámica de los gestos?
Estamos escribiendo un libro sobre el Hospital de Campaña. Para ello estoy leyendo autores que hablan de lo terrible que es que la Iglesia se convierta en una cosa turística, que es lo que nos está sucediendo. Eso vacía la Iglesia de significado.
Ante esto es muy difícil hacer nada. ¿Cómo hacer gestos en la Sagrada Familia que transparenten el evangelio? El sistema se ha apropiado de ella.
¿Y qué problema ves en eso?
Es verdad que el dinero que se recoge seguramente se usa bien, pero el sacramento es comunicación en esencia. Un sacramento que ya no es capaz de comunicarse es ridículo. Hoy tenemos una gran dificultad para que la Iglesia comunique lo que es. En eso el Papa es genial. Enseña a la Iglesia a ser comunicativa sacramentalmente.
Asistimos a una gran crisis de la confianza. Si el mayor creyente que teníamos aquí era Jordi Pujol y resulta que se ha lucrado con la política a lo grande: ¿qué imagen queda de la Iglesia?
Si vemos las encuestas, la confianza del ciudadano en la Iglesia es más o menos tan baja como en los políticos. Sin embargo, la confianza en Caritas es altísima. ¿Qué es lo que pasa entonces? ¿Es que Caritas no es la Iglesia? Lo que sucede es que se ha roto la sacramentalidad, que no se hace evidente para nadie que la obra social tiene una raíz evangélica.
El hecho de que la iglesia más grande y más bonita esté cobrando entrada a todo el mundo, creo que está dificultando la sacramentalidad de todas las iglesias.
¿Qué es lo que se puede hacer ante esto?
Es muy difícil solucionar el problema Sagrada Familia de modo aislado. Lo que sé seguro es que no hay que estar todo el día lamentándose de que se haya perdido la confianza en la Iglesia. Se trata de ganarla, de ver qué se puede hacer para recuperarla.
La confianza en la Iglesia se recuperará si se recupera la confianza en Dios y en el Evangelio, y eso lo conseguimos haciendo transparente el Evangelio a través de gestos significativos que tenemos que aprender a hacer.
¿Por ejemplo?
Si una familia de neocatecumenales que tiene 7 hijos adopta a un chico con síndrome de Down, eso hay que hacérselo ver a todos.
Sin embargo, la Iglesia retrocede demográficamente en nuestro país y pierde hegemonía cultural a marchas forzadas.
¿No habría que intentar preservar lo que tenemos?
Hay que abrirse a las periferias, como dice el Papa. El cierre está asociado al miedo, por ejemplo al miedo a que las iglesias se queden vacías. Perdamos el miedo. Ya no tenemos nada que perder.
En Santa Anna, cuando llegué, no tenía ningún feligrés que perder. Con eso la Iglesia puede recuperar mucha libertad. Y si recuperas la libertad, recuperas el prestigio.
Los de Podemos no querían hablar con nosotros y ahora ya quieren, porque claro, les hemos pasado por la derecha. Estamos mostrando sus vergüenzas. Ellos defendían el no al desalojo y nosotros estamos recogiendo a los desalojados que ellos tenían que proteger.
Esta libertad significa valentía y quizás riesgo, algo que no suele asociarse a la Iglesia en España, que más bien suele ser vista como conservadora.
Hay que comunicar, que las cosas se vean, dejarse de preocupaciones institucionales que no nos dejan mostrar el Evangelio. Si la gente ve que hay verdad, incluso los políticos te hacen caso.
¿Por qué la Iglesia en Cataluña no se ha pronunciado contra la corrupción? ¿Por qué no ha hecho un comunicado fuerte al respecto? Por miedo a perder los conciertos de los colegios. Otros se mueven por miedo a que vaya a no salir el PP y lleguen otros mucho peores, y por eso no critican los escándalos de corrupción. Así lo que hacemos es dejar la sal sosa.
¿Qué papel juegan en este sentido los pobres?
Los pobres dan significatividad sacramental a la Iglesia, porque es en ellos donde hoy más se ve la brecha y el dolor del mundo.
Se trata de gestos muy sencillos. Por ejemplo: viene la ola de frío y abres 5 parroquias en Barcelona para que los pobres puedan dormir. Después las vuelves a cerrar. Eso es un gesto significativo. Ahí se muestra nítidamente qué es la Iglesia.
Ratzinger lo dice: el problema no es que la Iglesia se quede pequeña, sino que pierda su significatividad olvidándose de Cristo. Tendemos a pensar que lo que va a sostener a la Iglesia son las estructuras, pero lo que sostiene a la Iglesia es la conversión a Jesucristo de cada uno.
Entonces, ¿los pobres son una cuestión meramente estratégica, un instrumento para mejorar nuestra imagen?
No. La presencia de los pobres hace mucho más fácil plantear las exigencias del Evangelio. Cuando convives con pobres, la exigencia es concreta y a uno le urge hacer algo. El cuerpo a cuerpo con el pobre te mueve a convertirte al Evangelio.
Y eso vale para uno de dentro y vale para los que están mirando desde fuera, que ven vidas cambiadas por el Evangelio. Los pobres son «madre», como dice san Ignacio y cita el Papa a menudo, porque tienen un gran poder de evocación evangélica a la conversión.
¿Qué te parece en este sentido el pontificado de Francisco?
Una guía y sugerencia continuas. Pero no basta con el Papa. La credibilidad y la confianza surgen de la Iglesia, renacen de los gestos próximos y no de los gestos espectaculares del Papa, aunque es verdad que, de otro modo, también fomentan un acercamiento de la Iglesia a la gente.
Tenemos que aprender de él, que constantemente se escapa de lo establecido por el protocolo. En Egipto, por ejemplo, ha decidido ya no ir blindado. Él dice: yo ya lo he vivido todo y no tengo nada que perder. No calcula. Esto es algo que tenemos que recuperar: el dinamismo de la conversión pastoral.
¿Qué crees que nos toca en un futuro cercano en la Iglesia en Cataluña?
Tenemos las parroquias llenas con gente buenísima que no para de recordarte cómo se hacen las cosas desde siempre. Sin embargo, lo que estamos haciendo ahora es enterrar a todos esos gentilhombres y si seguimos haciendo las cosas igual no va a quedar nadie.
Por eso es importante que pongamos al pobre en el centro de la Iglesia, así redescubriremos el Evangelio y los no creyentes tendrán también la oportunidad de encontrarse con la excepcionalidad de la Iglesia.
Jorge Martínez Lucena/Aleteia.org

El anuncio de otro Paráclito




A pesar de que quedan varios días para celebrar el día de Pentecostés, la liturgia nos prepara ya para esta solemnidad. Todas las lecturas aluden a la presencia del Espíritu Santo. En la primera, los apóstoles Pedro y Juan se dirigen a Samaría para imponer las manos a los bautizados, que reciben de este modo el Espíritu Santo. En la segunda lectura, Pedro señala que Jesús murió en la carne, pero ha sido vivificado en el Espíritu. De modo especial, el Evangelio anuncia la llegada del Espíritu Santo. Jesús mismo promete que pedirá al Padre que mande a los suyos el Espíritu, designado como «otro Paráclito». El término paráclito equivale al latino advocatus, es decir, abogado defensor. Jesús habla de «otro» paráclito porque el primero es él mismo, que vino con la finalidad de defender al hombre del acusador por excelencia, que es Satanás. Jesús pronuncia este discurso tras la Última Cena, ya que sabe que no puede quedarse para siempre con los apóstoles, puesto que asumió una vida humana, que es limitada. Y la asumió, sobre todo, para transformar la muerte humana en camino para la vida eterna. Por eso, en el momento en que Cristo, tras cumplir su misión, vuelve al Padre, este envía al Espíritu como defensor y consolador, para permanecer para siempre con los creyentes, habitando dentro de ellos. Al ser eterno, el Espíritu puede quedarse para siempre con todos los discípulos de Cristo.
Amar al Señor para recibir al Espíritu
De esta manera, siempre es posible mantener una relación de intimidad entre Dios Padre y los discípulos de Jesucristo. Primero por la mediación del Señor y más adelante por la acción y la presencia del Espíritu Santo. Por eso dice el Evangelio: «Yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros». Sin embargo, esta relación no es automática. Exige de nuestra libertad. Si Jesús era visible en cuanto hombre, no lo es el Espíritu Santo. Se trata de una realidad interior imposible de percibir por medio de los sentidos.
Es necesario, pues, estar unidos interiormente con el Espíritu. Por eso el Evangelio afirma que «el mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce». Cuando se habla «del mundo», el pasaje se refiere al conjunto de las tendencias pecadoras de la humanidad, no a cuanto de bueno y bello hay en el universo. El mal no conoce al Espíritu porque es una realidad antagónica a él. Sin embargo, el discípulo de Cristo, quien se ha dejado transformar por Jesús, tiene la capacidad de conocer y recibir su Espíritu. Al comienzo del pasaje aparece la condición «si me amáis» para recibir al Paráclito, que vuelve a repetirse al final del episodio evangélico: «El que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él». El Señor insiste en la relación entre la observancia de sus mandamientos y el amor hacia él. Una vez más se muestra que para entrar en relación con Dios es necesario pasar por la mediación del Hijo. Solo así es posible recibir y comunicar todo lo que el Padre nos quiere dar.
El Espíritu Santo en la Iglesia
La llegada del Espíritu Santo no es un acontecimiento complementario para la historia de la salvación, sino que supone la plenitud de la Encarnación y de la Redención, y se encuentra entre los contenidos de la promesa de la Nueva Alianza, hecha por Dios a través de Jeremías y, sobre todo, de Ezequiel: «Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu» (Ez 36,26-27).
La presencia y la acción del Espíritu Santo en la Iglesia continúa hasta el día de hoy. Su asistencia constante posibilita la eficacia de cualquier acción llevada a cabo por los pastores o los miembros de la Iglesia, ya sea de gobierno pastoral, de santificación, de enseñanza o de caridad. De hecho, cuando decimos que la Iglesia está viva, no lo afirmamos por utilizar un lenguaje expresivo o metafórico, sino porque hay alguien que constantemente sigue infundiéndole su aliento. Lo afirmamos, de hecho en el credo: «Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida». De no tener presente esta realidad, corremos el riesgo de reducir a la Iglesia a una organización más de entre las que existen en la sociedad o de reducir su actividad al fruto de esfuerzos humanos. Cuando Jesús promete en el Evangelio a sus discípulos no dejarlos huérfanos, les está diciendo que él estará siempre presente a través de su Espíritu.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid

Jornada de oración por la paz en Venezuela: «Hace falta que Papá Dios meta su mano aquí»



«No caminamos ni oramos por ser de la oposición o del Gobierno, sino porque somos Venezuela, y ahora lo primordial son los derechos humanos y civiles», explica una religiosa venezolana. Todas las comunidades católicas del país están convocadas este domingo a una jornada de oración por la paz y el fin de la represión del régimen chavista
En Venezuela, «la gente está rezando mucho. Las familias van rezando el rosario hacia el lugar convocado para las concentraciones, y también hay grupos de personas que en ellas rezan, incluso hacen alguna lectura de la Sagrada Escritura y peticiones». Algunos lo llaman una «pequeña Misa». Madre Ana Zamorano, religiosa de las Hermanas de María de Schönstatt, describe así cómo los venezolanos unen las protestas en la calle contra el régimen de Nicolás Maduro con la oración a Dios para que alcance la paz al país.
Sus hermanas en el país latinoamericano comparten en sus comunicaciones que los venezolanos «tienen conciencia de que el Señor tiene que sacarles de esta situación y, además de acudir con gran valentía a la convocatoria de las marchas o concentraciones, aunque saben que corren riesgo, acuden a las iglesias a rezar y se reúnen con vecinos».
Estas iniciativas de oración se multiplican este domingo con motivo de la Jornada de oración convocada por la Conferencia Episcopal Venezolana para pedir por el cese de la violencia, la represión oficial y por la búsqueda de caminos para el entendimiento y la reconciliación.
Via Lucis joven
Cada diócesis, parroquia y comunidad religiosa se sumará a esta convocatoria «de acuerdo a su creatividad», explica a Alfa y Omega la hermana Rosalía Cordero, secretaria general de las Hermanitas de los Pobres de Maiquetía.
Sin embargo, sí se han convocado algunas iniciativas con más repercusión. Por ejemplo, el Via Lucis por Venezuela que organizará en la zona de Chacao, en Caracas, Juventud Católica Organizada.
En otras ocasiones, la oración será menos visible, pero no por ello menos eficaz. «En Caracas –comparte la hermana Cordero– tenemos cuatro comunidades, pero todas nos vamos a reunir en una capilla central y tendremos el Santísimo expuesto todo el día».
«Perdimos el miedo»
Aunque su plan del domingo sea este, a la religiosa no le da miedo salir: « Ya perdimos el miedo de estar en la calle. El mes pasado religiosos, sacerdotes y seminaristas de Caracas hicimos una caminata de oración. No pedimos ningún permiso a nadie, y llegamos hasta la misma comandancia de Policía. Solo ocupábamos un carril de la calle. Duró casi cuatro horas y estuvo muy bien».
Esta misma convocatoria se va a repetir el martes 23, «con un trayecto bastante largo, desde la iglesia de los capuchinos hasta la catedral. Si nos echan de un lado nos iremos a otro. Lo importante es hacernos presentes –subraya la hermana Cordero–. No caminamos ni oramos por ser de la oposición o del Gobierno, sino porque somos Venezuela, y ahora lo primordial son los derechos humanos y civiles».
Feligreses pro-Maduro
En Carora, una ciudad de 200.000 habitantes en la zona centro-occidental del país, el padre Gilberto Canto, párroco de Nuestra Señora de Coromoto, quería organizar para el domingo una procesión rogativa con la imagen de la patrona de la ciudad. Pero está esperando instrucciones de sus superiores, porque le da miedo que se interprete como una manifestación política.
Incluso si al final no ve prudente esta opción, ofrecerá la Eucaristía dominical por esta intención y expondrá el Santísimo. Lo mismo hace todos los jueves, también por la paz en Venezuela. «Este jueves hemos tenido una vigilia hasta el amanecer. Y el 19 de abril tuvimos adoración toda la mañana y luego celebramos la Misa en el cementerio por todos los caídos y asesinados».
El hecho de ser una ciudad pequeña no ha hecho que Carora se libre de la violencia. «El miércoles un grupo de afectos al Gobierno agredieron a varios concejales de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) que aquí tiene mayoría». La tensión ha llegado al seno de la propia parroquia, donde «hay feligreses muy afectos al Gobierno». Para calmar los ánimos, el padre Canto ha decidido organizar, este sábado, una cena comunitaria en la calle, con lo que aporte cada uno.
Gas lacrimógeno en un hospital infantil
Desde Maracaibo, la misionera española Jesusa Barrena, de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, explica que ellas se sumarán a lo que se haga en la parroquia que les corresponde. «Todavía no sabemos qué va a ser. Pero oraremos, porque hace falta que Papá Dios meta su mano aquí. Esto no tiene ni pies ni cabeza. Aquí, la policía lanzó bombas lacrimógenas contra el hospital infantil y tuvieron que sacar a los niños corriendo. Y a nosotras hace poco nos entraron a robar en casa. Entraron en el patio, no en los edificios, pero se llevaron las máquinas de coser».
María Martínez López
Alfa y Omega

Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito



Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 15-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.
No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».
Palabra del Señor.

Papa: tecnología y ética al servicio de la dignidad humana del trabajo. Evangelio y doctrina social de la Iglesia

 El Papa Francisco alentó los esfuerzos que la Fundación Centesimus Annus Pro Pontefice realiza para llevar la luz del Evangelio y la riqueza de la doctrina social de la Iglesia para construir un  mundo más justo, libre y en armonía para toda la familia humana.
El Santo Padre recibió a los participantes en la Conferencia internacional dedicada a encontrar alternativas constructivas en la actual situación global del trabajo y la tecnología, para impulsar la dignidad humana, la solidaridad y la virtud cívica:
«Expreso mi aprecio por vuestros esfuerzos en encontrar modos alternativos de comprensión de la economía, del desarrollo y del comercio, para responder a los desafíos éticos planteados por la imposición de nuevos paradigmas y formas de poder, derivadas de la tecnología, la cultura del descarte y de estilos de vida que ignoran a los pobres y desprecian a los débiles (cfr Enc. Laudato si’, 16)»
El Papa destacó que la lucha contra la pobreza exige una comprensión profunda de la misma como fenómeno humano y no meramente económico
«Promover el desarrollo humano integral requiere diálogo e implicación con las necesidades y los anhelos de la gente. Requiere escuchar a los pobres y su cotidiana experiencia de privaciones múltiples y sobrepuestas, ideando respuestas específicas a situaciones concretas. Ello requiere dar vida, en el interior de las comunidades y entre las comunidades y el mundo de los negocios, a estructuras de mediación capaces de reunir a las personas y los recursos, iniciando procesos en los cuales los pobres sean protagonistas principales y beneficiarios. Este enfoque de la actividad económica, basado en la persona, alentará la iniciativa y la creatividad, el espíritu empresarial y a las comunidades de trabajo y de empresa, de modo que se pueda favorecer la inclusión social y el crecimiento de una cultura de solidaridad eficaz».
El Obispo de Roma hizo hincapié en su preocupación ante el desempleo que afecta a la juventud y a los adultos que no disponen de medios para promoverse a sí mismos:
«Es un problema que ha asumido proporciones verdaderamente dramáticas tanto en los países desarrollados como en aquellos en vías de desarrollo y que pide ser afrontado por sentido de justicia entre las generaciones y de responsabilidad para el futuro. Del mismo modo, los esfuerzos para afrontar el conjunto de las cuestiones enlazadas con el desarrollo de las nuevas tecnologías, con la transformación de los mercados y con las legítimas aspiraciones de los trabajadores, deben considerar no sólo a los individuos, sino también a las familias. Ésta, como saben, ha sido una preocupación expresada en las recientes asambleas sinodales sobre la familia, que han destacado cómo la incertidumbre en las condiciones laborales aumenta la presión y los problemas de la familia y tiene un efecto sobre la capacidad de la familia de participar fructuosamente en la vida de la sociedad».
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)

sábado, 20 de mayo de 2017

Así cambió el cristianismo la sociedad romana


Normalmente es poco conocida la influencia que el cristianismo ejerció en la transformación de la sociedad antigua mediante la cristianización del derecho romano y la legislación posterior de los reinos germánicos. Sin embargo, supuso un gran avance en la promoción del ser humano
El emperador Constantino, aconsejado e inspirado por hombres de Iglesia y por laicos cristianos desde el Edicto de Milán del año 313, comenzó a impregnar de ideas cristianas el antiguo derecho romano con elementos como el respeto a la persona y un nuevo espíritu de justicia. Nos encontramos así con normas para impedir coger los bueyes del campesino y protegerle contra las usurpaciones de los propietarios ricos, la defensa de la herencia de los hijos huérfanos de madre frente al padre y la prohibición de marcar a fuego a los delincuentes en el rostro porque este «ha sido formado a imagen de la belleza celeste». Hacia el año 320 hallamos una primera floración de la legislación cristianizada, que tendrá su pleno desarrollo años más tarde. Surgen entonces medidas a favor de la Iglesia, así como el reconocimiento del derecho de liberar a los esclavos con la simple declaración hecha en un templo en presencia de los sacerdotes, además de que los clérigos podrían concedérsela a los suyos, incluso sin formalidad legal alguna.
En las cuestiones económico-sociales, de beneficencia y de costumbres, hay hechos que resultan igualmente importantes: la institución del domingo como día de descanso obligatorio, la condena del rapto de muchachas y de la prostitución de las domésticas de albergue, la protección de los prisioneros contra la brutalidad de los carceleros y de los esclavos contra sus dueños. También el Estado se hizo cargo de la tutela de huérfanos y viudas.
Las iglesias como lugares de refugio
Una medida importante fue conceder a la Iglesia el derecho de asilo, es decir, el reconocimiento de las iglesias como lugares de refugio. Asimismo, se dio a los obispos el derecho de interceder ante los jueces con el fin de obtener la gracia de los condenados, y en este sentido intervinieron en varias ocasiones san Agustín y san Ambrosio.
Muy notoria fue la modificación que la Iglesia promovió en los derechos que la patria potestas romana daba al padre sobre los hijos y que, en ocasiones, podía ser terrible, tendiendo ahora hacia la paterna pietas, con un impulso grande del papel de la madre y de los propios derechos de los hijos. Esto posibilitó la libertad de los hijos para contraer matrimonio, la influencia de la madre en la educación del hijo, el deber de sustentar a los hijos y también el de los hijos de atender a los padres cuando se hallasen necesitados…
La Iglesia condenaba también la venta de los hijos por los padres y el abandono de los niños (los llamados expósitos), algo muy frecuente en la sociedad antigua y que, en realidad, era una consecuencia de la extensión de la patria potestas; muchos de estos niños expósitos solían acabar en la esclavitud, el amancebamiento, la pederastia o la prostitución, por lo cual los escritores eclesiásticos lucharon ardientemente contra ello. Constantino impuso una primera restricción a esta práctica y varios emperadores orientales favorecerían luego la labor de la Iglesia en la acogida y promoción humana y social de estos niños.
Combatiendo el aborto desde el siglo IV
La Iglesia también combatió el aborto, igual que ya lo había hecho la medicina antigua, pues había alcanzado una gran propagación. La legislación sinodal se ocupó del asunto desde comienzos del siglo IV y defendió intrépidamente el derecho a la vida del no nacido. Otro aspecto singular de la influencia cristiana sobre la sociedad fue la abolición de los combates de gladiadores.
No hay que olvidar la reducción de la esclavitud, mediante la recomendación del buen trato a las personas que se encontraban en este estado, las manumisiones llevadas a cabo por amos cristianos, la recaudación de las limosnas de la libertad para liberar esclavos, el reconocimiento legal del matrimonio entre ellos o la veneración de santos esclavos. Constantino otorgó toda una serie de disposiciones que suavizaban sus condiciones de vida, entre ellas la supresión de la crucifixión como castigo, y permitió que los senadores se casaran con esclavas. San Agustín pensaba que la esclavitud era contraria a la voluntad de Dios y opinaba que había surgido por la injusticia y la violencia entre los hombres, pues Dios había creado al hombre libre.
Santiago Cantera, OSB

Alfa y Omega

No sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo




Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 18-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros.
Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia.
Recordad lo que os dije: "No es el siervo más que su amo”. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.
Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió».
Palabra del Señor.