jueves, 30 de marzo de 2017

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO: ESPERAR CONTRA TODA ESPERANZA

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El pasaje de la Carta de San Pablo a los Romanos que hemos apenas escuchado nos da un gran don. De hecho, estamos acostumbrados a reconocer en Abraham a nuestro padre en la fe; hoy el Apóstol nos hace comprender que Abraham es para nosotros padre de la esperanza; no sólo padre en la fe, sino padre en la esperanza. Y esto porque en su historia podemos ya aprehender un anuncio de la Resurrección, de la vida nueva que vence el mal y la misma muerte.
En el texto se dice que Abraham creyó en Dios «que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen» (Rom 4,17); y luego se precisa: «Su fe no flaqueó, al considerar que su cuerpo estaba como muerto y que también lo estaba el seno de Sara» (Rom 4,19). Así, esta es la experiencia a la cual estamos llamados a vivir también nosotros. El Dios que se revela a Abraham es el Dios que salva, el Dios que hace salir de la desesperación y de la muerte, el Dios que llama a la vida. En la historia de Abraham todo se convierte en un himno al Dios que libera y regenera, todo se hace profecía. Y lo hace para nosotros, para nosotros que ahora reconocemos y celebramos el cumplimiento de todo esto en el misterio de la Pascua. Dios de hecho, «resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesús» (Rom 4,24), para que también nosotros podamos pasar en Él de la muerte a la vida. Y de verdad entonces Abraham puede bien llamarse «padre de muchos pueblos», en cuanto resplandece como anuncio de una humanidad nueva – nosotros – rescatada por Cristo del pecado y de la muerte e introducida una vez para siempre en el abrazo del amor de Dios.
A este punto, Pablo nos ayuda a poner en evidencia el vínculo estrecho entre la fe y la esperanza. Él de hecho afirma que Abraham «creyó, esperando contra toda esperanza» (Rom 4,18). Nuestra esperanza no se apoya en razonamientos, previsiones o cálculos humanos; y se manifiesta ahí donde no hay más esperanza, donde no hay nada más en que esperar, justamente como sucedió con Abraham, ante su muerte inminente y la esterilidad de su mujer Sara. Era el final para ellos, no podían tener hijos y ahí, en esa situación, Abraham cree y tuvo esperanza contra toda esperanza. ¡Y esto es grande! La gran esperanza hunde sus raíces en la fe, y justamente por esto es capaz de ir más allá de toda esperanza. Sí, porque no se funda en nuestra palabra, sino en la Palabra de Dios. También en este sentido, entonces, estamos llamados a seguir el ejemplo de Abraham, quien, a pesar de la evidencia de una realidad que parece destinada a la muerte, confía en Dios, «plenamente convencido de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete» (Rom 4,21). Me gustaría hacerles una pregunta, ¿eh?: ¿Nosotros, todos nosotros, estamos convencidos de esto? ¿Estamos convencidos que Dios nos quiere mucho y que todo aquello que nos ha prometido está dispuesto a llevarlo a cumplimiento? Pero Padre, ¿Cuánto debemos pagar por esto? (El Señor responde): “Hay un precio: abrir el corazón”. Abran sus corazones y esta fuerza de Dios llevará adelante y hará cosas milagrosas y les enseñará que cosa es la esperanza. Este es el único precio: abrir el corazón a la fe y Él hará el resto.
¡Esta es la paradoja y al mismo tiempo el elemento más fuerte, más alto de nuestra esperanza! Una esperanza fundada en una promesa que del punto de vista humano parece incierta e impredecible, pero que no disminuye ni siquiera ante la muerte, cuando a prometer es el Dios de la Resurrección y de la vida. Esto no lo promete uno cualquiera, ¡no! Quien lo promete, es el Dios de la Resurrección y de la vida.
Queridos hermanos y hermanas, pidamos hoy al Señor la gracia de permanecer instaurados no tanto en nuestras seguridades, en nuestras capacidades, sino en la esperanza que surge de la promesa de Dios, como verdaderos hijos de Abraham. Cuando Dios promete, lleva a cumplimiento aquello que promete. Jamás falta a su palabra. Y entonces nuestra vida asumirá una luz nueva, en la conciencia de que Quien ha resucitado a su Hijo, resucitará también a nosotros y nos hará de verdad una cosa sola con Él, junto a todos nuestros hermanos en la fe. Todos nosotros creemos. Hoy estamos todos en la plaza, alabemos al Señor, cataremos el Padre Nuestro, luego recibiremos la bendición… pero esto pasa. Pero esto, también, es una promesa de esperanza. Si nosotros hoy tenemos el corazón abierto, les aseguro que todos nosotros nos encontraremos en la plaza del Cielo por siempre, que no pasa nunca. Y esta es la promesa de Dios. Y esta es nuestra esperanza, si nosotros abrimos nuestros corazones. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

miércoles, 29 de marzo de 2017

Asesinan a un sacerdote católico mexicano en Nayarit


Un sacerdote fue asesinado en el estado de Nayarit, sobre la costa del Pacífico, informó el martes la Conferencia del Episcopado Mexicano.
Felipe Altamirano Carrillo, un sacerdote indígena, fue asesinado el lunes, dijo la conferencia.
Su prelatura nayarita incluye una población constituida mayoritariamente por indígenas huichol y coras.
La conferencia no entró en detalles, pero la prensa local dijo que lo mataron cuando conducía un auto.
Es el segundo sacerdote asesinado en lo que va del año. El primero fue hallado muerto en el estado norteño de Coahuila en enero.
Se calcula que 32 sacerdotes han sido asesinados en México desde 2006.
(RD/Agencias)

La única imagen de la Virgen María que sobrevivió a la furia del ISIS



Los terroristas arrasaron por completo la iglesia de la Inmaculada de Qaraqosh. Destruyeron todo menos la imagen de la Virgen María y el niño Jesús que ilustra esta información y que está situada en el patio interno del templo. «Al ver esta imagen extrañamente intacta no podía más que pensar en su protección constante hacia nosotros. Protección que los cristianos perseguidos conocen y proclaman con insistencia», asegura el padre Luis Montes, misionero del Instituto del Verbo Encarnado en Irak y testigo de los hechos
El padre Luis Montes, misionero del Instituto del Verbo Encarnado en Irak, ha podido comprobar in situ las barbaridades cometidas por el ISIS contra las iglesias cristianas.
Invitado por el nuncio en Irak y Jordania, el español monseñor Alberto Ortega, el padre Montes pudo visitar este jueves las poblaciones de Bartalla y Qaraqosh, que se encontraban desde hace dos años bajo el yugo yihadista y que han sido liberadas recientemente.
«Uno percibe de un modo muy fuerte el odio, que se resume en una frase: rechazo a Cristo y a su Cruz. El mismo odio que ataca los templos de Cristo ataca los templos vivos que son los cristianos», explica el misionero en su blog Amigos de Irak.
La imagen intacta
Durante la visita a Qaraqosh, el padre Montes ha sido testigo de la destrucción de la iglesia de la Inmaculada. Los yihadistas la arrasaron por completo: «Rompieron las imágenes de la iglesia, a las que golpearon, dispararon y arrojaron al suelo», asegura.
Los terroristas destruyeron todo. Todo menos la imagen de la Virgen María y el niño Jesús que ilustra esta información. Está situada en el patio interno de la iglesia de la Inmaculada. «Al ver esta imagen extrañamente intacta no podía más que pensar en su protección constante hacia nosotros. Protección que los cristianos perseguidos conocen y proclaman con insistencia», asegura el sacerdote.
«No conocemos por qué el Isis la respetó, pero es como un símbolo de su amor de madre que al oído nos susurra: “¡no te preocupes que aquí estoy yo!”», concluye.
José Calderero @jcalderero
Alfa y Omega

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (5,17-30) POR SAN JUAN PABLO II





“Jesucristo, que es Hijo del hombre, es al mismo tiempo verdadero Dios porque tiene el poder divino de juzgar las obras y las conciencias humanas, y este poder es definitivo y universal. 

Él mismo explica por qué precisamente tiene este poder diciendo: «El Padre no juzga a nadie, sino que ha entregado al Hijo todo su poder de juzgar. Para que todos honren al Hijo como honran al Padre» (Jn 5, 22-23).

Jesús vincula este poder a la facultad de dar la Vida. «Como el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo a los que quiere les da la vida» (Jn 5, 21). «Así como el Padre tiene la vida en sí mismo, así dio también al Hijo tener vida en sí mismo, y le dio poder de juzgar, por cuanto Él es el Hijo del hombre». 

Por tanto, según esta afirmación de Jesús, el poder divino de juzgar ha sido vinculado a la misión de Cristo como Salvador, como Redentor del mundo. Y el mismo juzgar pertenece a la obra de la salvación, al orden de la salvación: es un acto salvífico definitivo. En efecto, el fin del juicio es la participación plena en la Vida divina como último don hecho al hombre: el cumplimiento definitivo de su vocación eterna... Jesús dice claramente que «los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre» (Mt 13, 43), pero anuncia también no menos claramente el rechazo de los que han obrado la iniquidad (cf. Mt 7, 23).

Así, pues, del Evangelio aprendemos esta verdad —que es una de las verdades fundamentales de fe—, es decir, que Dios es juez de todos los hombres de modo definitivo y universal y que este poder lo ha entregado el Padre al Hijo en estrecha relación con su misión de salvación. Lo atestiguan de modo muy elocuente las palabras que Jesús pronunció durante el coloquio nocturno con Nicodemo: «Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para que juzgue al mundo, sino para que el mundo sea salvado por Él» (Jn 3, 17)... 

El poder divino de juzgar está conectado con la voluntad salvífica de Dios que se manifiesta en la entera misión de Cristo. Sin duda Cristo es y se presenta sobre todo como Salvador. No considera su misión juzgar a los hombres según principios solamente humanos (cf. Jn 8, 15). Él es, ante todo, el que enseña el camino de la salvación y no el acusador de los culpables. 

... ¿En qué consiste, pues, el juicio? Jesús responde: «El juicio consiste en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas» (Jn 3, 19). Por tanto, hay que decir que ante esta Luz que es Dios revelado en Cristo, ante tal Verdad, en cierto sentido, las mismas obras juzgan a cada uno. 

...Por desgracia... el hombre ha sido ya condenado, cuando rechaza la posibilidad que se le ofrece: «el que cree en Él no es juzgado; el que no cree, ya está juzgado» (Jn 3, 18). No creer quiere decir precisamente: rechazar la salvación ofrecida al hombre en Cristo..

... Dios juzga porque ama y en vistas al amor. El juicio que el Padre confía a Cristo es según la medida del amor del Padre y de nuestra libertad.

(San Juan Pablo II, catequesis del 30 de septiembre de 1987)

EVANGELIO DE HOY: "QUIEN ESCUCHA MI PALABRA Y CREE AL QUE ME ENVIÓ POSEE LA VIDA ETERNA"





Lectura del santo evangelio según san Juan (5,17-30):

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo».

Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.

Jesús tomó la palabra y les dijo: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que Él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro.

Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.

Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.

En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.

En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.

Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.

No os sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.

Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».

Palabra del Señor

Papa a la ONU: mundo sin armas nucleares imperativo moral y humanitario

Alentando a «trabajar con determinación para promover las condiciones necesarias para un mundo sin armas nucleares», el Papa Francisco envió un Mensaje a la Conferencia de la ONU, para negociar un instrumento legalmente vinculante que prohíba las armas nucleares y que conduzca a su total eliminación, que comenzó el 27 de marzo en Nueva York.
El Mensaje pontificio fue leído por el Subsecretario para las Relaciones con los Estados, Jefe de la Delegación de la Santa Sede, Mons. Antoine Camilleri.
Reiterando lo que dijo ante la Asamblea General de la ONU, el Papa recuerda que el 25 de septiembre de 2015, subrayó que «el Preámbulo y el primer artículo de la Carta de las Naciones Unidas indican los cimientos de la construcción jurídica internacional: la paz, la solución pacífica de las controversias y el desarrollo de relaciones de amistad entre las naciones».
Y que «una ética y un derecho basados sobre la amenaza de la destrucción recíproca – y potencialmente de toda la humanidad – contradicen el espíritu mismo de las Naciones Unidas».
Por lo que, una vez más, el Papa Francisco señala que «debemos comprometernos por un mundo sin armas nucleares, aplicando plenamente el Tratado de no proliferación, en la letra y en el espíritu».
Considerando las principales amenazas contra la paz y la seguridad con sus múltiples dimensiones, en este mundo multipolar del siglo XXI, como por ejemplo el terrorismo, los conflictos asimétricos, la seguridad informática, los problemas ambientales, la pobreza, el Papa señala que «emergen no pocas dudas sobre la insuficiencia de la disuasión nuclear para responder eficazmente a dichos desafíos».
Preocupación que el Papa Francisco destaca considerando «las catastróficas consecuencias humanitarias y ambientales que se producen con el empleo de cualquier tipo de arma nuclear, con devastadores efectos indiscriminados e incontrolables en el tiempo y en el espacio».
En este contexto, el Mensaje del Papa hace hincapié también con preocupación en el «despilfarro de recursos» para las armas nucleares y objetivos militares: recursos «que, sin embargo, se podrían utilizar para prioridades más significativas, como la promoción de la paz y del desarrollo humano integral, así como la lucha contra la pobreza y la actuación de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible».
La comunidad internacional está llamada a adoptar estrategias de largo alcance para promover la paz para toda la humanidad
La paz y la estabilidad internacional no se pueden fundar sobre un «falso sentido de seguridad, sobre la amenaza de un destrucción recíproca», vuelve a reiterar el Papa, para luego recordar que «la paz se debe construir sobre la justicia, el desarrollo humano integral, el respeto de los derechos humanos fundamentales, la custodia de la creación, la participación de todos en la vida pública, la confianza entre los pueblos, la promoción de instituciones pacíficas, el acceso a la educación y a la salud, el diálogo y la solidaridad».
«El objetivo final de la eliminación total de las armas nucleares se vuelve un desafío y también un imperativo moral y humanitario», escribe el Papa Francisco, que alienta a la humanidad a aunar esfuerzos en un diálogo inclusivo:
«Los estados que poseen armas, los países que no las poseen, los sectores militares y privados, comunidades religiosas, sociedad civil, Organizaciones internacionales. En este esfuerzo debemos evitar aquellas formas de recriminación recíproca y de polarización que impiden el diálogo, en lugar de alentarlo».
El Mensaje del Papa termina deseando que los trabajos de la Conferencia de la ONU, para negociar un instrumento legalmente vinculante que prohíba las armas nucleares y que conduzca a su total eliminación, «puedan ser proficuos y puedan dar una contribución eficaz para avanzar en aquella ética de la paz y de la seguridad cooperativa multilateral, que tanto necesita hoy la humanidad».
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)

Homilía del Papa: la fe es ir adelante con la vida que se tiene

Creer en Jesús es tomar la vida tal como es e ir adelante con alegría, sin quejas, sin dejarse paralizar por el feo pecado de la pereza. Lo dijo el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
El Papa puso en el centro de su reflexión el Evangelio del día, que se refiere al paralítico curado por Jesús. Un hombre enfermo desde hacía treinta y ocho años, que yacía en el borde de una piscina en Jerusalén, llamada en hebreo Betzaeta, con cinco pórticos, debajo de los cuales había un gran número de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos. Y se decía que, cuando descendía un ángel y se agitaban las aguas, los primeros que se sumergían quedaban curados. A la vez que Jesús, al ver a este hombre, le pregunta: “¿Quieres curarte?”:
“Es hermoso. Jesús siempre nos dice esto a nosotros: ¿Quieres curarte? ¿Quieres ser feliz? ¿Quieres mejorar tu vida? ¿Quieres sentirte pleno del Espíritu Santo? ¿Quieres curarte?’, esa palabra de Jesús… Todos los demás que estaban allí, enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, habrían dicho: ‘¡Sí, Señor, sí!’. Pero este es un hombre extraño. Le respondió a Jesús: ‘Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua se agita. En efecto, mientras estoy a punto de ir, otro desciende antes que yo’. La respuesta es una queja: ‘Pero mira, Señor, cuán fea, cuán injusta ha sido la vida conmigo. Todos los demás pueden ir y curarse, y yo desde hace treinta y ocho años que trato, pero’…”.
Este hombre – observó el Pontífice – era como el árbol plantado a lo largo de los cursos de agua, del que habla el primer Salmo, “pero tenía las raíces secas” y “aquellas raíces no llegaban al agua, no podía tomar la salud del agua”:
“Esto se comprende por la actitud, las quejas y también tratando siempre de dar la culpa al otro: ‘Pero son los otros los que van antes que yo, yo soy una persona inútil aquí desde hace treinta y ocho años…’. Este es un feo pecado, el pecado de la pereza. Este hombre estaba enfermo no tanto por la parálisis, sino por la pereza, que es peor que tener el corazón tibio, peor aún. Es vivir pero porque vivo y no tener ganas de ir adelante, no tener ganas de hacer algo en la vida, haber perdido la memoria de la alegría. Este hombre ni siquiera de nombre conocía la alegría, la había perdido. Este es el pecado. Es una enfermedad fea: ‘Pero así estoy cómodo, me he acostumbrado… Pero la vida ha sido injusta conmigo…’. Y se ve el resentimiento, la amargura de aquel corazón”.
Jesús no le reprocha, pero le dice: “Levántate, toma tu camilla y camina”. El paralítico se cura, pero dado que era sábado, los doctores de la Ley le dicen que no es lícito llevar la camilla y le preguntan quién lo ha curado en ese día: “Va contra el código, no es de Dios aquel hombre”. El paralítico – dijo el Papa – ni siquiera le había dicho gracias a Jesús, ni siquiera le había preguntado su nombre. “Se levantó con aquella pereza” que hace “vivir porque el oxígeno es gratis”, hace “vivir siempre mirando a los demás que son más felices que yo” y se está “en la tristeza”, se olvida la alegría. “La pereza –explicó Francisco – es un pecado que paraliza, nos hace paralíticos. No nos deja caminar. También hoy el Señor nos mira a cada uno de nosotros. Todos tenemos pecados, todos somos pecadores, pero mirando este pecado” nos dice: “Levántate”:
“Hoy el Señor nos dice a cada uno de nosotros: ‘Levántate, toma tu vida como sea, bella, fea, como sea, tómala y ve adelante. No tengas miedo, ve adelante con tu camilla’. –‘Pero Señor, no es el último modelo…’. ¡Pero ve adelante! Con aquella camilla fea, quizás, ¡pero ve adelante! Es tu vida, es tu alegría. ‘¿Quieres curarte?’ – es la primera pregunta que hoy nos hace el Señor –.  ‘¡Sí, Señor!’. –‘Levántate’. Y en la antífona, al inicio de la Misa, estaba aquel inicio tan bello: ‘Ustedes que tienen sed, vengan a las aguas – son aguas gratis, no se paga –. Ustedes sacien la sed con alegría’. Y si nosotros le decimos al Señor: ‘Sí, quiero curarme. Sí, Señor, ayúdame que quiero levantarme’, sabremos cómo es la alegría de la salvación”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

martes, 28 de marzo de 2017

Osoro presidirá los últimos martes de cada mes una misa en San Antón por las personas que mueren solas


Mañana martes 28 de marzo, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, oficiará la misa de las 19h en la iglesia de San Antón de Madrid (Calle Hortaleza, número 63). Dedicada a las personas que mueren solas, a veces en la calle, por encontrarse en situación de sinhogarismo, la eucaristía de mañana será la primera de las que el arzobispo de Madrid va a celebrar en la iglesia de la ONG Mensajeros de la Paz el último martes de cada mes.
El padre Ángel, presidente de Mensajeros de la Paz, aprovechará la presencia del arzobispo de Madrid en la iglesia, abierta 24 horas, para presentar el programa que el templo tiene preparado para la Semana Santa de 2017. Los eventos empezarán la semana de antes (del 3 al 8 de abril), para cuando se han organizado sucesivos actos de reflexión acerca del "Sermón de las Siete Palabras". Serán pronunciados a las 19.30 horas (tras la misa de tarde) por diferentes cardenales, obispos y sacerdotes invitados.
Así, el lunes 3 de abril el cardenal Amigo, arzobispo emérito de Sevilla, reflexionará sobre las palabras "Todo está consumado". El martes 4, el padre Antonio Cartagena (director del secretariado de la comisión episcopal de Apostolado Seglar) hablará del "Estarás conmigo en el Paraíso".
Del mismo modo, monseñor Abilio Martínez, obispo de Osma-Soria, se encargará el miércoles 5 de abril de la reflexión sobre las palabras "Tengo sed". Por su parte, la tarde siguiente (jueves 6 de abril) el cardenal Sistach, arzobispo emérito de Barcelona, volverá a San Antón para abordar el "Perdónales, porque no saben lo que hacen" de Jesús en la Cruz.
Por último, el viernes 7 el padre Peio Sánchez, párroco de Santa Anna de Barcelona (iglesia-centro social abierta siempre, como San Antón) reflexionará sobre la expresión "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Y el sábado 8 el cardenal Osoro ("A tus manos encomiendo mi espíritu"), arzobispo de Madrid, y el padre Ángel ("Madre, ahí tienes a tu hijo"), párroco de San Antón, concluirán el Sermón de las Siete Palabras.
Después de esas reflexiones, el templo Mensajeros celebrará la Semana Santa (del Domingo de Ramos, 9 de abril, al Domingo de Resurrección, día 16) con actos culturales de diversos artistas (coros, músicos, recitadores...) y hermandades religiosas, además de con la retransmisión por streaming de todos los oficios de Semana Santa y misas diarias.
"Invitamos a todo el mundo a acercarse a rezarle a nuestro Cristo de los Niños, que son los más vulnerables de la sociedad en la que vivimos", declara el padre Ángel. "También a hacerse una foto con una imagen a tamaño real del Papa Francisco".
Por último, el viernes 7 el padre Peio Sánchez, párroco de Santa Anna de Barcelona (iglesia-centro social abierta siempre, como San Antón) reflexionará sobre la expresión "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Y el sábado 8 el cardenal Osoro ("A tus manos encomiendo mi espíritu"), arzobispo de Madrid, y el padre Ángel ("Madre, ahí tienes a tu hijo"), párroco de San Antón, concluirán el Sermón de las Siete Palabras.
Después de esas reflexiones, el templo Mensajeros celebrará la Semana Santa (del Domingo de Ramos, 9 de abril, al Domingo de Resurrección, día 16) con actos culturales de diversos artistas (coros, músicos, recitadores...) y hermandades religiosas, además de con la retransmisión por streaming de todos los oficios de Semana Santa y misas diarias.
"Invitamos a todo el mundo a acercarse a rezarle a nuestro Cristo de los Niños, que son los más vulnerables de la sociedad en la que vivimos", declara el padre Ángel. "También a hacerse una foto con una imagen a tamaño real del Papa Francisco".

Religión digital


Cuando un paciente nos pide morir…



«Hay quien dice que la eutanasia es un cuidado paliativo más, y no es verdad. Pero tampoco es una postura adecuada desde el ámbito provida colocarnos de manera ideológica ante la eutanasia, porque la cuestión que tratar es el sufrimiento del paciente, y ahí las ideologías desaparecen», explica el doctor Carlos Centeno, de la Universidad de Navarra, que este fin de semana responderá a la cuestión: ¿Qué pasa si un paciente nos pide morir? en el Congreso Nacional Provida que se celebra en Pamplona.
En primer lugar, como profesional, la respuesta ha de venir desde un nivel clínico, «cómo ayudamos a ese paciente que está sufriendo y nos pide morir. A esa persona no le ayuda nada decirle simplemente: “Yo eso no lo hago”. Hay que ver qué hay detrás de esa petición, por qué la persona pide morir». De ahí que lo primero a hacer es repasar la situación clínica, emocional y social y existencial del paciente, hay que revisar cómo le afectan cuestiones como su medicación, su estado de ánimo, su control de dolor, el soporte que tiene la familia… De este modo aclara que «cuando alguien te dice: “Yo no quiero vivir”, muchas veces quieren decir: “Yo no quiero vivir… así”. Si dice eso es porque experimenta algo tremendo, a veces dramático». Y ese algo «muchas veces es un descontrol de síntomas que hay que mejorar. A veces se puede querer morir porque no hemos tratado bien el dolor, porque está agotado por no descansar o porque no hemos dado el alivio conveniente a un malestar constante. Una vez controlado eso, el paciente es otro».
En otras ocasiones «puede haber un componente importante de depresión, que es algo que nos puede pasar a todos, y que también tiene un tratamiento médico». Otras veces es el aislamiento, la soledad o la falta de sentido, que se notan aun teniendo controlados los síntomas. En estos casos la medicina tiene que proponer soluciones a través de nuevas psicoterapias u ofreciendo modelos de atención que cubran necesidades sociales. «Y, en más raras ocasiones, también podremos encontrarnos con un Ramón Sampedro, con personas que desean decidir el momento de su muerte». En esos casos, «lo primero que tiene que haber es un respeto enorme hacia su sistema de valores», pero posibilitarle al mismo tiempo «un contexto de actuación que le pueda aliviar el sufrimiento o el dolor, y en el que mi conciencia como médico no se vea forzada. Esa persona puede pedir morir, pero a la vez, siempre desde el respeto, sabe que hay algunas cosas que podremos darle y otras que no. Decirle delicadamente y con los hechos: “Yo hago y haré por ti todo lo que pueda porque soy tu médico, pero entiende que me estás pidiendo que deje de ser médico”».
Sedación no es en sí eutanasia
Carlos aclara que «sedación no es en sí un sinónimo de eutanasia. Sedar sirve para que un paciente esté más tranquilo, menos agitado o pueda dormir. Calibrar la dosis de sedante es también medicina, incluso para privar de la conciencia si el médico considera que existe un sufrimiento intolerable que no se puede aliviar de otro modo». Pero simultáneamente hay más pasos que dar. Carlos tiene la experiencia de que «a veces sentarte a escuchar y tratar de comprender el sufrimiento del paciente ya supone un alivio para él», y menciona en este sentido un estudio reciente de la Universidad de Harvard que demuestra que simplemente conversar sobre la enfermedad, el pronóstico y los planes de cuidado con el profesional de la medicina reduce de manera considerable la angustia del enfermo.
Por este motivo, lamenta que hoy «estamos formando médicos y enfermeros que no han cultivado suficientemente el sentido de la compasión. Hace falta no solo pericia profesional, sino también comprensión. Ante el sufrimiento existencial de los pacientes, la medicina tiene que avanzar y trabajar para preservar la dignidad con en el trato personal esmerado y la conversación en profundidad con el paciente. No podemos simplemente lanzarnos de cabeza contra la eutanasia, hay que mejorar el modo de atender a quien está al final de su vida», y crear también «un sistema de protección que permita cuidar las familias. ¿Por qué no es posible cogerte una baja para cuidar a tu padre enfermo, como se hace en otros países?».
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

«Tú eres Piedra»


Jesús no le dijo a Pedro que él sería la percha de la que colgaría la Iglesia, sino la piedra sobre la cual se sostendría. De modo que la Iglesia es realmente una pirámide invertida: en su base está la piedra sobre la que todo el conjunto se apoya, Pedro y sus sucesores los Papas. Estos sirven de sostén a los obispos, de quienes se sube al clero, y los fieles comunes ocupan la gran superficie que constituye el norte de esa pirámide que Cristo construyó en lo esencial y que los cristianos hemos de seguir edificando mediante nuestra santidad y nuestro apostolado.
El peso que soporta la piedra es inmenso, y parecería que ha de ir disminuyendo a medida que se asciende de la base a la superficie. Pero es una visión equívoca: ningún cristiano ha de soportar un peso de menor intensidad; cada uno tiene la vocación que tiene. ¿No hay diferencia entre la vida de Francisco Javier, misionero en la India, y la de Teresita de Jesús, monja de clausura? Y los dos son los patronos universales de las misiones, porque su vocación fue misionera, y puede ser vivida con la predicación en la China o con la oración en el coro.
Al nacer en un país católico donde nos bautizaron siendo niños, Dios ya nos dio una vocación. En el futuro, uno de nosotros permanecerá en el laicado, otro será clérigo, otro miembro de una comunidad religiosa, otro obispo, otro Papa. Vocaciones. Diferentes vocaciones sobre la base de una vocación común. Cada uno ha de cumplir su específico cometido, pero todos hemos sido llamados por Dios a una misma vocación: la de bautizados, seres elegidos –sin mérito inicial por nuestra parte– para constituir la pirámide eclesial y salvar desde ella al mundo.
¿Menuda responsabilidad? ¡Menudo regalo! Dios me envió a la tierra eligiéndome al hacerlo para que fuese apóstol. ¿Eran los doce apóstoles los hombres más sabios, más poderosos, más santos, de Israel? Eran en realidad unos hombres vulgares y corrientes, pero que recibieron una llamada. Y eso es el Bautismo, una llamada: estás en el mundo y estás encargado por Mí de salvarlo. Te he escogido para ello.
La unidad es estar unidos a Dios, y Pedro Le representa en la tierra. El inmenso peso de la pirámide invertida ha hecho santos a unos Pedros y pecadores a otros. Pero ninguno ha negado nunca su condición, y si en esa piedra nos apoyamos, a través de todas las capas que integran la pirámide, tampoco nosotros negaremos la nuestra: ser Iglesia y atraer a ella a toda la humanidad. Desde el púlpito o desde la clausura, desde la base o desde la superficie, todos tenemos que ser apóstoles.
Alberto de la Hera
Alfa y Omega

Al momento aquel hombre quedó sano



Lectura del santo Evangelio según san Juan 5, 1-3. 5-16
En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.
Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice:
«¿Quieres quedar sano?».
El enfermo le contestó:
«Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».
Jesús le dice:
«Levántate, toma tu camilla y echa a andar».
Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano:
«Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla».
Él les contestó:
«El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”».
Ellos le preguntaron:
«¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?».
Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa de ese gentío que había en aquel sitio, se había alejado.
Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:
«Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor».
Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.
Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.
Palabra del Señor.

lunes, 27 de marzo de 2017

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (4,43-54) POR SAN JUAN CRISOSTOMO:




“«Si no veis prodigios y signos, no creéis.» (Jn 4,48) El funcionario real parece no creer que Jesús tenga el poder de resucitar a los muertos. «¡Baja antes que no muera mi hijo!» (Jn 4,49) Parece que cree que Jesús ignora la gravedad de la enfermedad de su hijo. Por esto, Jesús le reprocha su poca fe, para mostrarle que los signos y prodigios se realizan sobre todo para curar a las almas. 

Así, Jesús cura al padre que está enfermo del espíritu no menos que al hijo que está enfermo en su cuerpo. Así nos enseña que hace falta unirse a Él, no a causa de los milagros, sino por su enseñanza confirmada por los milagros. Jesús realiza los prodigios no para los creyentes sino para los incrédulos...

Una vez en casa, «creyó y toda su familia» (Jn 4, 53) Gente que no había visto nunca a Jesús ni oído hablar, creen en Él. ¿Qué nos quiere enseñar el evangelio? Hay que creer en Él sin exigir prodigios; no hay que exigir a Dios pruebas de su poder. 

En nuestros días, ¡cuánta gente muestra un amor mayor a Dios después que su hijo o su mujer hayan experimentado alivio en sus enfermedades! Aunque nuestros ruegos no fueran escuchados, hay que perseverar igualmente en la acción de gracias y la alabanza. ¡Quedemos unidos a Dios en la adversidad y en la prosperidad!”

EVANGELIO DE HOY: SI NO VEIS SIGNOS Y PRODIGIOS, NO CREÉIS



Lectura del santo evangelio según san Juan (4,43-54):
En aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había atestiguado: «Un profeta no es estimado en su propia patria».
Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.
Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.
Jesús le dijo: «Si no veis signos y prodigios, no creéis».
El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño».
Jesús le contesta: «Anda, tu hijo vive».
El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía.
Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: «Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre».
El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.
Palabra del Señor

Ángelus del Papa ¿Qué cosa significa caminar en la luz?



¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
En el centro del Evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma se encuentran Jesús y un hombre ciego de nacimiento (cfr Jn 9,1-41).  en los que Cristo le restituye la vista y obra este milagro con un tipo de rito simbólico: primero mezcló la tierra con la saliva y la untó  ojos al ciego; luego le ordena ir a lavarse a la piscina de Siloé. Aquel hombre va, se lava, y readquiere la vista. Era un ciego de nacimiento.  Con este milagro Jesús se manifiesta y se manifiesta a nosotros como luz del mundo; y el ciego de nacimiento representa a cada uno de nosotros, que hemos sido creados para conocer a Dios, pero que por causa del pecado somos como ciegos, tenemos necesidad de una luz nueva; todos tenemos necesidad de una luz nueva: aquella de la fe, que Jesús nos ha donado. De hecho aquel ciego del Evangelio adquiriendo la vista se abre al misterio de Cristo. Jesús le pregunta «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». «Y quien es, Señor, para que crea en él?», respondió el ciego sanado (v. 36). «Lo estás viendo: el que te está hablando» (v. 37). «¡Creo, Señor!» y se prostró ante él.
Este episodio nos induce a reflexionar sobre nuestra fe, nuestra fe en Cristo, el Hijo de Dios, y al mismo tiempo se refiere también al Bautismo, que es el primer Sacramento de la fe: el Sacramento que nos hace “venir hacia la luz”, mediante el renacer del agua y del Espíritu Santo; así como sucede al ciego de nacimiento, al cual se abrieron los ojos después de haberse lavado en el agua de la piscina de Siloé. El ciego de nacimiento sanado nos representa cuando no nos damos cuenta que Jesús es la luz, es «la luz del mundo», cuando miramos hacia otra parte, cuando preferimos fiarnos de pequeñas luces, cuando tambaleamos en la oscuridad. El hecho de que aquel ciego no tenga un nombre nos ayuda a reflejarnos con nuestro rostro y nuestro nombre en su historia. También nosotros hemos sido “iluminados” por Cristo en el Bautismo, y por lo tanto estamos llamados a comportarnos como hijos de la luz. Y comportarnos como hijos de la luz exige un cambio radical de mentalidad, una capacidad de juzgar hombres y cosas según otra escala de valores, que viene de Dios. El sacramento del Bautismo, de hecho, exige una elección de vivir como hijos de la luz y caminar en la luz.  Si ahora les preguntase: “¿Creen que Jesús es el Hijo de Dios? ¿Creen que les puede cambiar el corazón? ¿Creen que puede hacer ver la realidad como la ve Él, y no como la vemos nosotros? ¿Creen que Él es luz, que nos da la verdadera luz?” ¿Qué cosa responderían? Cada uno responda en su corazón.
¿Qué cosa significa tener la verdadera luz? ¿Qué cosa significa caminar en la luz? Significa ante todo abandonar las luces falsas: la luz fría y fatua del prejuicio contra los otros, porque el prejuicio distorsiona la realidad y nos carga de animadversión contra aquellos que juzgamos sin misericordia y condenamos sin apelación. Eh… esto es pan de todos los días ¿eh? Cuando se habla mal de los otros, se camina no en la luz: se camina en las sombras.  Otra luz falsa, porque es seductora y ambigua, es aquella del interés personal: si evaluamos a hombres y cosas en base al criterio de nuestra conveniencia, de nuestra satisfacción, de nuestro prestigio, no actuamos con la verdad en las relaciones y en las situaciones. Si andamos por este camino del buscar sólo el interés personal, caminamos en las sombras.
Que la Virgen Santa, que fue la primera en acoger a Jesús, luz del mundo, nos obtenga la gracia de acoger de nuevo en esta Cuaresma la luz de la fe, redescubriendo el don inestimable del Bautismo, que todos hemos recibido. Y que esta nueva iluminación se transforme, nos transforme en las actitudes y en las acciones, para ser también nosotros, a partir de nuestra pobreza, de nuestras pequeñeces, portadores de un rayo de la luz de Cristo.

(Traducción del italiano: Raúl Cabrera, Radio Vaticano)

domingo, 26 de marzo de 2017

26 de marzo: san Braulio de Zaragoza, obispo



Se desconoce la cuna, niñez y juventud del santo; pero consta que ya en el año 626 es obispo de Zaragoza.
Participó en la corriente de pensamiento y acción isidoriana que tanto influyó en la cultura de su época y aún en tiempos posteriores. De hecho, fue discípulo de san Isidoro, obispo, escritor y doctor de la Iglesia (c. a. 560-636). Insistió cerca de él para que diera término a las Etimologías, la conocida y la más famosa e importante obra de san Isidoro, donde se recoge el saber antiguo tomado indiscriminadamente de escritores tanto paganos como cristianos y que consta de veinte libros que fueron obligado libro de texto en las escuelas medievales, al tiempo que cauce de transmisión del saber antiguo. La división de toda la obra y sus títulos se deben a san Braulio.
Estuvo presente en los concilios V (636) y VI (638) de Toledo que fueron convocados para fortalecer la autoridad real y donde se resolvieron determinadas cuestiones de régimen eclesiástico y litúrgicas. En estos concilios se contribuyó a elaborar también el sistema de elección de los reyes por los obispos y magnates y llegó a ratificarse la imposibilidad de ser elegido rey alguien que no perteneciera a la nobleza goda.
Se le atribuyen también a san Braulio las Actas de los mártires de Zaragoza.
Llegó a escribir más de 44 cartas, gracias a las cuales pueden llegar a conocerse muchos aspectos de la España visigoda.
Ejerció el santo una notable influencia entre los reyes del tiempo intentando suavizar las leyes con espíritu cristiano y procurando potenciar la unidad del reino. Con Chindasvinto –rey que fue elegido por la nobleza al considerarlo fácilmente manipulable debido a su gran ancianidad–, cuando dicta leyes muy severas contra los magnates traidores que rompieran su juramento de lealtad al rey, llegando a decretar la deportación, la reducción a la esclavitud de sus familias y a la confiscación de sus bienes. De la misma manera, mostró también influjo decisivo cabe el rey Recesvinto, el que reprimió la rebelión del noble Troya, cuando ponía sitio a la ciudad de Zaragoza, el mismo año de la muerte de san Braulio.
La fiesta de este hombre que intervino fuertemente en la vida eclesiástica, política y social de su tiempo es el 26 de marzo ya que murió en este día del año 625.
  • Archimadrid.org