viernes, 23 de diciembre de 2016

El Papa afirma que existen «resistencias malvadas» a la reforma de la Curia


En su mensaje navideño a la Curia, el Papa indicó el rumbo de la reforma vaticana. Advirtió contra las «resistencias malévolas», las «palabras vacías del gatopardismo espiritual», instó a acabar con la añeja práctica del promoveatur ut amoveatur (una expresión para quitarse de en medio a alguien), definido como un cáncer, y pidió más espacio para las mujeres en las estructuras de gobierno en la Iglesia
La reforma de la Curia romana “no es maquillaje”. No se trata de una cirugía plástica “lifting” para esconder las arrugas. Porque en la Iglesia no se deben temer las arrugas, sino “las manchas”. Palabras del Papa en el mensaje anual a sus principales colaboradores de la Santa Sede. Un largo e incisivo discurso, en el cual constató que su impulso reformador ha encontrado dificultades. “Resistencias malévolas”, que “germinan en mentes distorsionadas”, refugiándose en “palabras justificadoras”, “en las tradiciones” y “en las formalidades”. Ante ello, Francisco instó a una renovación profunda, un cambio de mentalidad, una conversión espiritual.
Cada año, el mensaje navideño a la Curia suele ser muy esperado. Es la oportunidad para el Papa de trazar un balance e indicar el rumbo. Así fue en 2014 y 2015. Así fue en esta ocasión. Estos mensajes forman ya una trilogía única. En 2014 Jorge Mario Bergoglio habló de las “enfermedades de la Curia”, el año pasado de las virtudes necesarias para los eclesiásticos. En este 2016 optó por presentar una serie de criterios sobre la reforma, un frente aún abierto.
Pero su reflexión partió desde la Navidad, la fiesta de la “humildad amante de Dios”. Un Dios que trastoca el orden lógico de lo “descontado” y lo “debido”, lo “dialéctico y matemático”. Es la lógica de la Navidad –siguió-, que trastoca la lógica mundana, la lógica del poder, del comando, la lógica farisea, causalística y determinista.
Recordando el mensaje navideño de Pablo VI en 1971 sostuvo: “Dios habría podido venir vestido de gloria, de esplendor, de luz, de potencia a darnos miedo, a hacernos saltar los ojos de las maravillas. ¡No, no! Vino como el más pequeño de los seres, el más frágil, el más débil. ¿Por qué? Para que ninguno tenga vergüenza de acercarse a él, para que ninguno tenga temor, para que todos lo puedan tener cercano”.
El significado de la reforma
Francisco explicó que la reforma busca hacer a la Curia más “con-forme a los signos de nuestro tiempo, para salir al encuentro de las necesidades de los hombres y mujeres que estamos llamados a servir” y más “con-forme a su fin”, que no es otro sino “colaborar en el ministerio del sucesor de Pedro” y “sostener al romano pontífice en el ejercicio de su potestad singular, ordinaria, plena, suprema, inmediata y universal”. Entre las numerosas notas al pie de página, más de una reforzó este último pasaje, dejando en claro que la Curia existe como ayuda del Papa y no por otra cosa.
“Es necesario sostener con fuerza que la reforma no es un fin en si mismo, sino un proceso de crecimiento y de conversión. La reforma no tiene un fin estético, como si se quisiera poner más bella a la Curia; ni puede ser entendida como una suerte de lifting, un maquillaje para embellecer el anciano cuerpo curial y, ni siquiera, como una operación de cirugía plástica para quitar las arrugas. Queridos hermanos, no son las arrugas que en la Iglesia se deben temer, ¡sino las manchas!”, indicó.
“La reforma será eficaz sólo y únicamente si se pone en práctica con hombres renovados y no simplemente con hombres ‘nuevos’. No basta con acontentarse de cambiar al personal, sino que se requiere llevar a los miembros de la Curia a renovarse espiritualmente, humanamente y profesionalmente. La reforma de la Curia no se ejecuta con el cambio de las personas –que sin duda se da y se dará- sino con la conversión en las personas. En realidad no basta una formación permanente, se requiere también y sobre todo, una conversión y una purificación permanente. Sin un cambio de mentalidad, el esfuerzo funcional resultaría vano”, agregó.
Las “saludables” resistencias
Más adelante, Bergoglio consideró “normal” y hasta “saludable” que surjan dificultades en un proceso de reforma. Mencionó tres tipos de “resistencias”: unas “abiertas”, que nacen de la buena voluntad y del diálogo sincero; otras “escondidas”, que nacen de los “corazones atemorizados y petrificados” que se alimentan de las “palabras vacías del gatopardismo espiritual”; y las restantes, “resistencias malévolas”, que germinan en “mentes distorsionadas y se presentan cuando el demonio inspira intenciones malas”.
“Este último tipo de resistencia se esconde detrás de las palabras justificadoras y, en tantos casos, acusatorias, refugiándose en las tradiciones, en las apariencias, en las formalidades, en lo conocido, o quizás en el querer llevar todo al plano personal sin distinguir entre el acto, el actor y la acción”, completó.
Pero lejos de estigmatizar las reacciones, afirmó que todas las resistencias -incluso las menos buenas- son necesarias, “merecen ser escuchadas y animadas a expresarse”. Porque la falta de reacción “¡es un signo de muerte!”. Es más, sostuvo que las reacciones demuestran lo delicado del proceso de reforma, que debe ser vivido con “fidelidad a lo esencial”, “valentía evangélica”, “sabiduría eclesial”, con escucha atenta, tenaz acción, firmes decisiones, pasos concretos hacia adelante y –cuando resulte necesario- “también pasos atrás”, con “incondicionada obediencia”, con responsable potestad, con “mucha oración” y “profunda humildad”.
Criterios guía de la reforma
Entonces, el Papa enumeró una lista de 12 criterios que deben guiar la reforma. Algunos de actitud personal, otros de carácter organizacional. Ante todo la individualidad, la “conversión personal” sin la cual serán inútiles todos los cambios de estructura. Luego la pastoralidad, una “espiritualidad de servicio común” que servirá de antídoto “a todos los venenos de vana ambición y de ilusoria rivalidad”. Y la misionariedad, para llevar el mensaje cristiano “a todos los confines de la tierra”, superando las estructuras eclesiales que lo impidan.
Puso el acento en la racionalidad, con la cual optó por reducir el número de oficinas de la Curia y pidió respetar las competencias de cada una de ellas, para que ninguna se atribuya funciones ajenas. Habló de funcionalidad, que exige la “revisión continua de los roles, competencias y responsabilidades del personal”; de modernidad, para que las estructuras se adecúen a las “necesidades de los tiempos”; de sobriedad, que obliga a una simplificación de la Curia, considerando incluso la supresión de oficinas y organismos; de subsidiariedad, para una mejor coordinación y colaboración entre todos los entes de la Curia.
Más laicos y más mujeres en la Curia
Continuó el elenco recomendando la sinodalidad, con reuniones más fructíferas entre los diversos sectores vaticanos. Urgió más catolicidad, deseando la contratación en las oficinas de la Curia de personal proveniente de todo el mundo. “Es oportuno prever el acceso a un número mayor de fieles laicos, especialmente en aquellos dicasterios donde pueden ser más competentes de los clérigos o de los consagrados. De gran importante es, además, la valorización del rol de la mujer y de los laicos en la vida de la Iglesia y su integración en roles de guía de los dicasterios, con una particular atención a la multiculturalidad”, abundó.
Consideró indispensable una mayor profesionalidad, impulsando una política de formación permanente del personal para evitar caer en la rutina del funcionalismo. Al mismo tiempo calificó de «indispensable» la «archivación definitiva» de la añeja práctica eclesiástica del «promoveatur ut amoveatur», una regla no escrita por la cual, para quitar a un funcionario de un puesto se necesita enviarlo a otro de similar o mayor importancia. Saliéndose del discurso preparado exclamó: «¡Este es un cáncer!». Culminó la lista con la gradualidad: el «fruto del discernimiento proprio de un proceso histórico», que exige etapas, correcciones y experimentaciones. Flexibilidad necesaria y no indecisión.
Un resumen de la reforma
El Papa quiso dejar constancia del camino recorrido. Por eso leyó un completo resumen de los pasos cumplidos en la reforma. Desde el establecimiento del Consejo de los nueve cardenales en 2013 hasta la creación de los nuevos dicasterios, de Desarrollo Humano Integral y de Laicos, Familia y Vida, en 2016. Pasando por las comisiones sobre el Instiuto para las Obras de Religión (“banco vaticano”) y sobre las estructuras económico-administrativas, la institución del Consejo y la Secretaría de Economía; la Secretaría para la Comunicación y la Comisión para la Tutela de los Menores.
Para concluir su mensaje, Francisco eligió las palabras del monje Matta el Meskin, quien se dirigió –en uno de sus escritos- a Jesús nacido en Belén. “Dónanos el no creernos grandes en nuestras experiencias. Dónanos, al contrario, de volvernos pequeños como tu para que podamos estarte cercanos y recibir de ti la humildad y la mansedumbre en abundancia… Hay una competencia despiadada entre los gobiernos, entre las Iglesias, entre los pueblos, al interior de las familias, entre una parroquia y otra: ¿Quién es el más grande entre nosotros? Nosotros y el mundo todo no encontraremos ni salvación, ni paz, si no volvemos a encontrarte, de nuevo, en el pesebre de Belén”.
El regalo
Al final, fuera del texto escrito, el Papa recordó que cuando se refirió a las «enfermedades» de la Curia, un cardenal le preguntó si tenía que ir a confesarse o a la farmacia. «A las dos, le dije», replicó sonriendo. Y luego señaló que el cardenal Walter Brandmüller le habló de Claudio Acquaviva, el tercer superior de la Compañía de Jesús, quien escribió un libro que él mismo, de novicio, leía en latín. Un texto sobre el cuidado de las enfermedades del alma. Entonces anunció su deseo de regalar a todos los presentes una copia de una edición reciente, del sacerdote Giuliano Raffo, titulada: «Sagacidad para cuidar las enfermedades del alma».
Andrés Beltramo/Vatican Insider
Alfa y Omega

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS POR SAN AGUSTÍN:



“La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado, y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja; celebramos el nacimiento de Juan y el de Cristo. Ello no deja de tener su significado...

Juan nace de una anciana estéril; Cristo, de una jovencita virgen. El futuro padre de Juan no cree el anuncio de su nacimiento y se queda mudo; la Virgen cree el del nacimiento de Cristo y lo concibe por la fe. (...) 

Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegaron hasta Juan. Por tanto, él es como la personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo. 

Porque personifica lo antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, es declarado profeta en el seno de su madre. Aún no ha nacido y, al venir la Virgen María, salta de gozo en las entrañas de su madre. Con ello queda ya señalada su misión, aun antes de nacer; queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo vea. Estas cosas pertenecen al orden de lo divino y sobrepasan la capacidad de la humana pequeñez. 

Finalmente, nace, se le impone el nombre, queda libre la lengua de su padre. Estos acontecimientos hay que entenderlos con toda la fuerza de su significado. 

Zacarías calla y pierde el habla hasta que nace Juan, el precursor del Señor, y abre su boca. Este silencio de Zacarías significaba que, antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías estaba en cierto modo latente, oculto, encerrado. Con el advenimiento de Jesús, a quien se referían estas profecías, todo se hace claro. 

El hecho de que en el nacimiento de Juan se abre la boca de Zacarías tiene el mismo significado que el rasgarse el velo al morir Cristo en la cruz. Si Juan se hubiera anunciado a sí mismo, la boca de Zacarías habría continuado muda. Si se desata su lengua es porque ha nacido aquel que es la voz; en efecto, cuando Juan cumplía ya su misión de anunciar al Señor, le dijeron: ¿Tú quién eres? Y él respondió: Yo soy la voz que grita en el desierto. 

Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que en el principio ya existía. Juan era una voz pasajera, Cristo la Palabra eterna desde el principio. 
(Del Sermón 293 de San Agustín, obispo)

NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA


Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,57-66):

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella.

A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo:
«¡No! Se va a llamar Juan».

Y le dijeron: «Ninguno de tus parientes se llama así».

Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados.

Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.

Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo: «Pues ¿qué será este niño?»
Porque la mano del Señor estaba con él.

Palabra del Señor

jueves, 22 de diciembre de 2016

Cáritas Siria pide "dejar de lado las armas y la ideología y contemplar los rostros de los que más sufren"


Una vez que el Gobierno sirio se ha hecho con el control del este de Alepo, existe una seria preocupación por parte de todas las organizaciones humanitarias ante la grave situación en la que puedan encontrarse los 250.000 civiles que se estima que se han quedado en esa zona.
Fin inmediato del conflicto
La red internacional de Cáritas está habilitando fondos de emergencia para ofrecer ayuda a las personas que se encuentran atrapadas en Alepo. Además, insta a una finalización inmediata del conflicto, al tiempo que reclama que la ayuda humanitaria pueda llegar a quienes más la necesitan y que se proteja la vida de los civiles. Para Cáritas, este es el momento de dar paso a las negociaciones políticas que pongan fin a esta cruenta guerra.
"Todos estamos con la gente de Alepo", ha manifestado el Patriarca Gregory III Laham, líder espiritual de la Iglesia católica greco-melquita, al personal de Caritas en Siria. El Patriarca ha elogiado a las ONG y a las organizaciones voluntarias por el trabajo que realizan para "aliviar la tragedia y el sufrimiento de las personas". "Damos las gracias -ha asegurado-- a todos aquellos que están apoyando a Alepo desde fuera para que se ponga fin al sufrimiento y para que la paz sea devuelta a esta hermosa ciudad".
Por su parte, el presidente de Cáritas Siria y obispo de Alepo, monseñor Antoine Audo, ha enviado a todas las Cáritas del mundo un mensaje con motivo de la Navidad en la que pide "dejar de lado las armas y la ideología" y "contemplar los rostros afligidos de los que más sufren"
Este es el texto del mensaje:
"Con la cercanía de la Navidad, acerquémonos a Alepo, de este a oeste, como si avanzáramos hacia la gruta de Belén.
Pongamos a un lado las armas y la ideología. Y contemplemos las caras afligidas, empezando por mujeres y niños, de los que más sufren y contemplemos también a los hombres, indignados y humillados, que han perdido sueños e ilusiones.
Decidámonos a hablar en la verdad y que el hombre, creado a imagen de Dios, nos conduzca hacia una mayor objetividad.
Cáritas Siria, a través de esta crisis, y sintiendo la experiencia de la universalidad de la Iglesia, y de la atención del mundo árabe y musulmán y de los cristianos de Oriente, no cesa de repetir: Juntos somos cristianos, y al lado de los musulmanes, todos somos ciudadanos.
Como sirios y cristianos, animamos a nuestros socios a trabajar por la reconciliación del mundo musulmán, de sunitas y chiitas, entrando en diálogo honesto con el pensamiento contemporáneo.
Esto es lo que conducirá a nuestras sociedades hacia una mayor dignidad y a hablar en la verdad.
Que se detenga la explotación de las fragilidades y las debilidades del tercer mundo para favorecer intereses económicos y políticos.
Escuchen la llamada de los más pobres, que es el grito de Dios crucificado y niño sin armas en el pesebre".
Protección y acogida de la red Cáritas a la población civil
Siria es una de las mayores emergencias a las que se enfrenta la red internacional de Caritas desde el estallido del conflicto, en marzo de 2011. Unos 13,5 millones de personas necesitan asistencia humanitaria en Siria; de ellos, al menos 6,5 millones son desplazados internos. Además, se estima que otros 4,6 millones de personas, la mitad de ellos niños y niñas, han buscado refugio en los países vecinos (Jordania, Líbano y Turquía, principalmente) o han buscado asilo, jugándose la vida a través de rutas de máximo riesgo, en Europa.
En este contexto, Cáritas trabaja en dos líneas principales: apoyo a las necesidades básicas de las familias vulnerables, a través de reparto de alimentos, pañales y leche para bebés, ayuda para vivienda y asistencia médica; y educación y apoyo psicosocial a menores desplazados a causa del conflicto.

Respuesta de Cáritas Española a desplazados y refugiados
La Confederación Cáritas Española ha estado desde el primer momento al lado de la población afectada por la guerra en Siria y de las Cáritas locales que acogen refugiados, tanto en la región de Medio Oriente como en los países de tránsito que están siendo el escenario del éxodo de ciudadanos sirios en la frontera este de Europa.
Junto al apoyo solidario que Cáritas Española viene prestando a las Cáritas de Jordania, Líbano y Turquía para proporcionar acogida a millones de refugiados sirios, a lo largo de 2016 ha liberado diversas partidas económicas para responder a las distintas llamadas de emergencia lanzadas por las Cáritas europeas para afrontar la llegada de refugiados a sus países, como son los casos de las Cáritas de Macedonia, Serbia, Croacia, Grecia, Eslovenia y Bulgaria.

Alepo: «Ahora podemos dormir tranquilos»



Los cristianos de Alepo se preparan para vivir una Navidad alegre por la liberación de los barrios del este. Será una ocasión para coger fuerzas. Queda mucho por hacer para reconstruir la ciudad y, sobre todo, la confianza de sus habitantes
La catedral maronita de San Elías, en la plaza Farhat de Alepo, se llenará este domingo de gente para celebrar la Navidad. «Se ha invitado a todos los cristianos», explica el hermano marista Georges Sabé. El 26, los jóvenes «harán una procesión de coros con velas para cantar en otra plaza en la que hay varias iglesias. Llevamos años sin poder ir a estos lugares», situados en el casco histórico de la ciudad, «justo en el frente» que hasta la semana pasada separaba la parte occidental de la ciudad –en poder del Gobierno de Bashar al Asad– de la oriental, que controlaban los rebeldes. Hasta 40 facciones forman esta amalgama controlada sobre todo por grupos islamistas.
«A veces parece que en Siria siempre es invierno, pero nunca Navidad», lamentaba la semana pasada el cardenal Luis Antonio Tagle, presidente de Caritas Internacional. Estos días, en Alepo, empiezan a asomar, tímidos, los primeros árboles y luces.
La paz queda lejos aún. Pero, al menos, «podemos dormir tranquilos, sin bombardeos ni de un lado ni del otro», subraya el hermano Sabé. Para el franciscano Firas Lufti, «ha sido una liberación. Los fanáticos del este lanzaban bombas y morteros, que hacían mucho daño y causaban terror a la gente». Con los dos frailes menores de su comunidad viven, desde 2014, 20 ancianos cuya residencia fue bombardeada. También sobre su convento, frecuentado por muchos niños, jóvenes y familias por ser relativamente seguro, han caído bastantes misiles. «El 21 de mayo, uno explotó y mató a una señora». El 11 de diciembre, la casa de los jesuitas en Azezeia sufrió uno de los últimos golpes de la batalla, cuando cayeron sobre ella tres bombas, sin dejar víctimas.
Rehenes de los terroristas
En el este de la ciudad, «se sigue evacuando» a civiles y combatientes, a pesar de varios parones por brechas en el acuerdo alcanzado entre Turquía –que apoya a los rebeldes– y Rusia e Irán –pro Asad–. Se estima que unas 14.000 personas han dejado ya la zona, aislada del resto de Alepo desde 2012. «Quedan aún dos barrios» en manos de los islamistas «que tenían que ser liberados hace días –explica Sabé–. Creo que no vamos a tardar en tener la ciudad entera» reunificada.
Es hora de hacer balance: «He visitado algunas zonas evacuadas y es un apocalypse now. Ruinas, mucha destrucción…». El marista también ha hablado con algunos antiguos habitantes de esta zona, convertida en un paisaje fantasma por los bombardeos de la aviación siria y rusa. «Conocemos a familias que vinieron antes al oeste. Tenían su casita con una o dos habitaciones para ocho o nueve personas». Ahora han acogido a sus allegados del este, «y hay hasta 20 personas en una casa. Les ofrecemos comida, ropa y todo lo que necesiten. Y pensamos hacerles pasar un día con nosotros en torno a Navidad».
En sus casas, eran «rehenes» de los milicianos y «no les permitían salir. Han sufrido mucho porque les faltaba la comida y la seguridad». «Por los testimonios que conocemos, los que se quedaban en estos barrios –añade la hermana María Laudis Gloriae, de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará– pagaban un impuesto y tenían que pedir permiso para salir. Intentaban hacer vida normal, pero los últimos meses fueron muy duros. Hemos conocido familias que vivían a pocas manzanas de los combatientes y no tenían otro lugar para ir. Seguían allí, rezando para que Dios los cuidase». Un señor protegió su casa durante cuatro años, «pero al final no pudo evitar que fuera destruida», narra.
Al final, explica Sabé, «han descubierto que los islamistas habían escondido los alimentos y los medicamentos» y solo se los daban a los leales. «Eran sobre todo del Frente Al Nusra y de otro grupo, relacionado con Al Qaeda. Había muchos extranjeros». Ahora, los recién rescatados se enfrentan al recelo con el que les miran en el oeste: «No les consideran compatriotas, sino rebeldes. Pero son gente sencilla, que simplemente tenía su casa allí».
A 20 kilómetros del ISIS
En el resto de la ciudad, con el cese de los bombardeos «hay mucha calma y una cierta esperanza», continúa el hermano marista. «Se están limpiando las calles y hemos pasado por zonas a las que antes no se tenía acceso –explica la hermana María Laudis–. Pero muchas familias» que antes vivían en el este «no pueden volver. Hay miedo de que haya explosivos escondidos». El hermano Sabé cuenta que la semana pasada «una mina mató a varios niños en un parque. Hay que ser conscientes de que la guerra no ha acabado».
Por eso, es prudente dentro de la alegría. «No podemos cantar victoria, pero tampoco estamos como hace dos semanas». Aludiendo al asesinato del embajador ruso en Turquía, Andrey Karlov, en venganza por la victoria del Gobierno sirio en Alepo, lamenta que «la situación es tan complicada que no podemos» predecir qué ocurrirá. «No sabemos cómo van a reaccionar los de fuera». Como recuerda la hermana Laudis, «estamos a 20 kilómetros del ISIS. Todavía hay mucho miedo, y familias que siguen planeando irse».
Mendigar un ataúd
Los cristianos no vivían en el este, y los que estaban en la línea divisoria huyeron. Los que hay, se concentran en el oeste. En la zona de Shahbata al Jadida, donde están las Servidoras, «quedan muy pocas familias cristianas». Las que tenían más recursos «se marcharon. Los que se quedaron sobreviven gracias a la Iglesia» en barrios como Sulimaneia, Midan, Gibrail y Azizeia. Al visitarlos, «hemos tenido más contacto con la triste realidad de la guerra y a la vez con la inmensa riqueza que es tener fe. Sin ella, muchos cristianos habrían desesperado».
La guerra ha traído la pobreza a la que era capital económica de Siria. «Hay mucha miseria y poco trabajo. Imagina un padre de familia que trabajó toda su vida y de repente pierde la casa, el trabajo… El otro día estuvimos con una mujer que era la única de su casa que trabajaba y había enfermado. Un joven perdió las dos piernas porque le cayó un misil camino de la universidad, y necesita prótesis. Muchas familias necesitan comprar combustible aunque sea para tener caliente una parte de la casa. A una iglesia llegó un hombre con su bebé muerto en brazos» pidiendo «un cajón y un lugar en el cementerio».
En definitiva, queda mucho por hacer y hace falta mucha ayuda. «Reconstruir las piedras seguramente será lo más fácil. Mucho más difícil es reconstruir al hombre, que ya no confía en el otro –matiza fray Firas–. Hay que restaurar la imagen de Dios misericordioso», para limpiarla del mal uso que han hecho de ella los yihadistas. «Y hay que recuperar también la imagen de la persona humana, de las relaciones: el otro no es enemigo; es un amigo, un hermano».
En esta tarea, el hermano Sabé está convencido de que «los cristianos podemos jugar un papel importante. Estos días ya estamos hablando de perdón con la gente. Ellos expresan su miedo, pero también su deseo de pasar esta página tan negra». Los maristas apuestan por unir a la gente en iniciativas comunes. «En la educación podemos hacer mucho. Por ejemplo, ofrecer espacios para estar juntos» cristianos y musulmanes, del este y del oeste.
María Martínez López
Alfa y Omega

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí



Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 46-56

En aquel tiempo, María dijo:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, “se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava”.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: “su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.
Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia” - como lo había prometido a “nuestros padres” - en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.
Palabra del Señor.

El Papa en la audiencia: «Que la Navidad sea un encuentro personal con el Señor»


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hemos iniciado hace poco un camino de catequesis sobre el tema de la esperanza, muy apropiado para el tiempo del Adviento. A guiarnos hasta ahora ha sido el profeta Isaías. Hoy, a pocos días de la Navidad, quisiera reflexionar de modo más específico sobre el momento en el cual, por así decir, la esperanza ha entrado en el mundo, con la encarnación del Hijo de Dios. El mismo profeta Isaías había preanunciado el nacimiento del Mesías en algunos pasajes: «Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel» (7,14); y también – en otro pasaje – «Saldrá una rama del tronco de Jesé y un retoño brotará de sus raíces» (11,1). En estos pasajes se entre ve el sentido de la Navidad: Dios cumple la promesa haciéndose hombre; no abandona a su pueblo, se acerca hasta despojarse de su divinidad. De este modo Dios demuestra su fidelidad e inaugura un Reino nuevo, que dona una nueva esperanza a la humanidad. Y ¿cuál es esta esperanza? La vida eterna.
Cuando se habla de la esperanza, muchas veces se refiere a lo que no está en el poder del hombre y que no es visible. De hecho, lo que esperamos va más allá de nuestras fuerzas y nuestra mirada. Pero el Nacimiento de Cristo, inaugurando la redención, nos habla de una esperanza distinta, una esperanza segura, visible y comprensible, porque está fundada en Dios. Él entra en el mundo y nos dona la fuerza para caminar con Él – Dios camina con nosotros en Jesús –, caminar con Él hacia la plenitud de la vida; nos da la fuerza para estar de una manera nueva en el presente, a pesar de ser difícil. Entonces, esperar para el cristiano significa la certeza de estar en camino con Cristo hacia el Padre que nos espera. La esperanza jamás está detenida, la esperanza siempre está en camino y nos hace caminar. Esta esperanza, que el Niño de Belén nos dona, ofrece una meta, un destino bueno en el presente, la salvación para la humanidad, la bienaventuranza para quien se encomienda a Dios misericordioso. San Pablo resume todo esto con la expresión: «Solamente en la esperanza hemos sido salvados» (Rom 8,24). Es decir, caminando de este modo, con esperanza, somos salvados. Y aquí podemos hacernos una pregunta, cada uno de nosotros: ¿yo camino con esperanza o mi vida interior está detenida, cerrada? ¿Mi corazón es un cajón cerrado o es un cajón abierto a la esperanza que me hace caminar? No solo, con Jesús. Una buena pregunta por hacernos.
En las casas de los cristianos, durante el tiempo de Adviento, se prepara el pesebre, según la tradición que se remonta a San Francisco de Asís. En su simplicidad, el pesebre transmite esperanza; cada uno de los personajes está inmerso en esta atmósfera de esperanza.
Antes que nada notamos el lugar en el cual nace Jesús: Belén. Un pequeño pueblo de Judea donde mil años antes había nacido David, el pastor elegido por Dios como rey de Israel. Belén no es una capital, y por esto es preferida por la providencia divina, que ama actuar a través de los pequeños y los humildes. En aquel lugar nace el “hijo de David” tan esperado, Jesús, en el cual la esperanza de Dios y la esperanza del hombre se encuentran.
Luego, miramos a María, Madre de la esperanza. Con su “si” ha abierto a Dios la puerta de nuestro mundo: su corazón de joven estaba lleno de esperanza, completamente animada por la fe; y así Dios la ha elegido y ella ha creído en su palabra. Ella que por nueve meses ha sido el arca de la nueva y eterna Alianza, en la gruta contempla al Niño y ve en Él el amor de Dios, que viene a salvar a su pueblo y a la entera humanidad. Junto a María estaba José, descendiente de Jesé y de David; también él ha creído en las palabras del ángel, y mirando a Jesús en el pesebre, piensa que aquel Niño viene del Espíritu Santo, y que Dios mismo le ha ordenado de llamarlo así, “Jesús”. En este nombre está la esperanza para todo hombre, porque mediante este hijo de mujer, Dios salvará a la humanidad de la muerte y del pecado. Por esto es importante mirar el pesebre: detenerse un poco y mirar y ver cuanta esperanza hay en esta gente.
Y también en el pesebre están los pastores, que representan a los humildes y a los pobres que esperaban al Mesías, el «consuelo de Israel» (Lc 2,25) y la «redención de Jerusalén» (Lc 2,38). En aquel Niño ven la realización de las promesas y esperan que la salvación de Dios llegue finalmente para cada uno de ellos. Quien confía en sus propias seguridades, sobre todo materiales, no espera la salvación de Dios. Pero fijemos esto en la cabeza: nuestras propias seguridades no nos salvaran. Las propias seguridades no nos salvaran, solamente la seguridad que nos salva es aquella de la esperanza en Dios, aquella que nos salva, aquella fuerte. Y aquella que nos hace caminar en la vida con alegría, con ganas de hacer el bien, con las ganas de ser felices para toda la eternidad. Los pequeños, los pastores, en cambio confían en Dios, esperan en Él y se alegran cuando reconocen en este Niño el signo indicado por los ángeles (Cfr. Lc 2,12).
Y justamente ahí está el coro de los ángeles que anuncia desde lo alto el gran designio que aquel Niño realiza: «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él» (Lc 2,14). La esperanza cristiana se expresa en la alabanza y en el agradecimiento a Dios, que ha inaugurado su Reino de amor, de justicia y de paz.
Queridos hermanos y hermanas, en estos días, contemplando el pesebre, nos preparamos para el Nacimiento del Señor. Será verdaderamente una fiesta si acogemos a Jesús, semilla de esperanza que Dios siembra en los surcos de nuestra historia personal y comunitaria. Cada “si” a Jesús que viene es un germen de esperanza. Tengamos confianza en este germen de esperanza, en este sí: “Si Jesús, tú puedes salvarme, tú puedes salvarme”. ¡Feliz Navidad de esperanza para todos!
Renato Martinez/Radio Vaticano

Mensaje de Navidad 2016 del cardenal arzobispo de Madrid

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Nos vamos acercando a Belén


Nos vamos acercando a Belén... ya sentimos el olor de la llegada de Jesús... podemos saborear su cercanía... y con María, nos disponemos a hacer silencio para escucharle... DIOS hablará por primera vez con labios de hombre... y llorará...!!!
Cuando venga mi Hijo,
me callaré.
Si él es la Palabra
yo ¿qué?...
Belén está ya cerca,
casi se ve.
Se acaba la tarea
que comencé.
Porque cuando en mis brazos
nacido esté,
el “hágase” que dije
repetiré.
Y ya no diré nada.
Ya ¿para qué?
Si él es la Palabra
me callaré.
—José Luis Martín Descalzo
Fuente: Tengo sed de Ti.

«No es momento de palabras piadosas». Hay situaciones que «no podemos comprender»


No es tiempo de «palabras elocuentes y bonitas», sino más bien de «oración silenciosa», de «estar simplemente con la gente», reflexionaba el arzobispo de Berlín tras el atentado del lunes
«Es de noche en Berlín», decía el arzobispo, Heiner Koch, en un encuentro de oración al día siguiente del atentado que costó la vida a una docena de personas y heridas de consideración a cerca de 50. «No es momento de palabras piadosas», sino de reconocer que hay situaciones que «no podemos comprender», añadía ante la canciller Merkel, varios ministros y centenares de fieles en la llamada iglesia del recuerdo, templo luterano que conserva las huellas de los bombardeos de la II Guerra Mundial.
El terrorismo ha golpeado Alemania al comienzo de las fiestas navideñas, y también de lo que se anuncia ya como una larguísima campaña electoral hasta septiembre, con el corrosivo debate sobre la acogida a los refugiados que impulsó la canciller, especialmente en 2015, año en que el país recibió a más de un millón de solicitantes de asilo, la mayoría procedentes de Siria, Irak y Afganistán. Desde la populista y xenófoba Alternativa por Alemania se ha hablado de «los muertos de Merkel». De ahí que, en su primera reacción pública, el cardenal Marx, arzobispo de Múnich y presidente del episcopado alemán, resaltara que «en estos momentos difíciles para la ciudad de Berlín y para nuestro país es importante que estemos juntos como sociedad, que nos mantengamos unidos».
Tiempo para «la oración silenciosa»
La noticia del atentado sorprendió a monseñor Koch en Leipzig, a unos 200 kilómetros al sur de la capital. Lo primero que hizo fue hablar por teléfono con sus colaboradores y enviar a capellanes a los hospitales para atender a los heridos y a sus familiares.
«Naturalmente, en Berlín temíamos que algo así pudiera pasar», pero igualmente «el atentado ha provocado una fuerte conmoción», decía el prelado este martes en declaraciones a Dom Radio, emisora del Arzobispado de Colonia.
«Experimentamos aquí nuestra propia impotencia» y la incapacidad de encontrar sentido a unos hechos frente a los que «no es posible decir nada». Lo que sí pedía el arzobispo es «no ceder a la ira», aunque tampoco «trivializar los hechos», puesto que la gente tiene miedo y necesita comprender lo ocurrido.
Preguntado por la cercanía de la Navidad, Koch resaltaba que «realmente celebramos una noche. Era de noche en Belén, no solo en el sentido de la hora del día, sino también una noche de la impotencia y la desposesión del pueblo de Israel. Y en medio de esa noche ha venido Dios». «Hoy, igual que entonces, es de noche en Berlín».
Estos momentos de dificultad y desconcierto –afirmaba el prelado– «no son para las palabras elocuentes y bonitas», sino más bien para «la oración silenciosa». Y para «simplemente acompañar». «Igual que Dios permaneció entre nosotros, ahora debemos estar simplemente con la gente».
Ricardo Benjumea
Alfa y Omega

Monseñor Viganò invita a dejarse sorprender por Dios para comunicar la Buena Nueva


El prefecto de la Secretaría para la Comunicación, monseñor Dario Edoardo Viganò, ha presidido este lunes en el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro, la celebración de la Misa navideña, con numerosos empleados del dicasterio. Además –informa Radio Vaticana– han concelebraron unos veinte sacerdotes, entre los cuales Monseñor Lucio Ruiz, secretario del Dicasterio para la Comunicación; el padre Giuseppe Costa, director de la Librería Editorial Vaticana, y el padre Andrzej Majewski, director de los Programas de Radio Vaticano.
En su homilía, el prefecto ha pedido que «nos dejemos sorprender por Dios para poder comunicar al mundo la Buena Nueva de su Misericordia». Además, ha reflexionado sobre las figuras propuestas por las Lecturas del día, que muestran que «nada es imposible para quien se encomienda al Señor».
Deteniéndose en la misión de quien está llamado en la Santa Sede a comunicar la Buena Noticia de la Misericordia de Dios, monseñor Viganò ha desarrollado su homilía como «una peregrinación ideal siguiendo las huellas de los personajes propuestos por la Palabra de Dios».
Por otro lado, el prefecto ha recordado que «Dios que nos visita y pide que lo escuchemos, incluso cuando se revela de manera sorprendente, o fuera de nuestros esquemas e incluso en tiempos no previstos por nosotros». Y ha señalado que el Papa Francisco repite que «la oración es una llave que abre el corazón de Dios».
Al mismo tiempo ha precisado que «en estos oasis, en estos refugios del espíritu», el Señor «nos revela lo que desea de nosotros», «para responder a su llamada». Si no escuchamos, se ha preguntado, «¿cómo podemos dar una respuesta?». Una buena regla de comunicación: «escuchar, para entender y responder de modo sensato».
Monseñor Viganò ha exhortado a los empleados de la Secretaría para la Comunicación a «sentirse como dones recíprocos, o chispas de belleza», tanto «en el trabajo como en la propia familia».
«Se nos pide compromiso – ha añadido – respeto de las reglas, superación de las inevitables dificultades y tentaciones» que nos producen «fatigas, incomprensiones y decepciones, pero que nos hacen encontrar el camino de la fidelidad a Dios, a su llamada».
Zenit

COMENTARIO AL EVANGELIO DE SAN LUCAS (1,39-45) POR SANTA TERESA DE CALCUTA



“Después que María fue visitada por el ángel, se puso rápidamente en camino a casa de su prima Isabel, la cual también esperaba un hijo. Y el niño que había de nacer, Juan Bautista, saltó de gozo en el vientre de Isabel. ¡Qué maravilla! ¡El Dios todopoderoso, para anunciar la venida de su Hijo, escogió a un niño que había de nacer!

María, a través del misterio de la Anunciación y de la Visitación, representa el modelo de vida que deberíamos llevar. Primero acogió a Jesús en su existencia; seguidamente, compartió lo que había recibido. 

Cada vez que recibimos la Santa Comunión, Jesús, el Verbo, se hace carne en nuestra vida –don de Dios, al mismo tiempo bello, gracioso, singular. Esta fue la primera Eucaristía: María ofrece a su Hijo en ella, en quien Él había puesto el primer altar. María, la única que podía afirmar con una confianza absoluta: «Esto es mi cuerpo», a partir de ese primer momento ofreció su propio cuerpo, su fuerza, todo su ser, para la formación del Cuerpo de Cristo.

Nuestra Madre la Iglesia ha elevado, delante del rostro de Dios, a un gran honor a las mujeres proclamando a María Madre de la Iglesia.

El regocijo y el gozo eran la fuerza de Nuestra Señora. Fue su hijo quien hizo de ella la presurosa sirvienta de Dios, porque desde que entró en ella «se fue a toda prisa». Solamente el gozo podía darle la fuerza para marchar a toda prisa más allá de las colinas de Judea y convertirse en la servidora de su prima. 

Esto sirve igualmente para nosotros; igual que ella debemos ser siervos del Señor y cada día, después de la santa comunión, apresurarnos para ir más allá de las dificultades que nos encontremos al ofrecer con todo nuestro corazón nuestro servicio a los pobres. Dar Jesús a los pobres en tanto que siervas del Señor.

El gozo es la oración, el gozo es la fuerza, el gozo es el amor, es una red de amor gracias a la cual podréis alcanzar a las almas. «Al que da de buena gana lo ama Dios» (2Co 9,7). El que da gozosamente, da más. 

Si en el trabajo encontráis dificultades y las aceptáis con gozo, con una amplia sonrisa, en esto, como en muchas otras cosas, daréis prueba de que vuestras obras son buenas y el Padre será glorificado en ellas. La mejor manera de mostrar vuestro agradecimiento a Dios y a los hombres es aceptándolo todo con gozo. Un corazón gozoso proviene de un corazón que arde en amor”.

(De “El amor más grande”, de Santa Teresa de Calcuta)

LO QUE HA DICHO EL SEÑOR SE CUMPLIRÁ (EVANGELIO DE HOY)



Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,39-45):


En aquellos días, María se levantó y puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y, levantando la voz exclamó:

«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

Palabra del Señor


Cercanía del Papa Francisco con el pueblo ruso por el asesinato del embajador en Turquía

El Papa Francisco envió un telegrama de pésame a través del Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado Vaticano, al Presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, tras el asesinato ayer, en Ankara (Turquía), del embajador ruso en ese país, Andrei Karlov.
“Su Santidad, el Papa Francisco ha recibido con profunda tristeza la noticia del acto de violencia en Ankara, se lee en el mensaje, que ha causado la muerte del embajador Andrei Karlov. El Pontífice da su más sentido pésame a cuantos lloran su pérdida y, en especial a los familiares del difunto Embajador. Al mismo tiempo, que encomienda el alma del fallecido a Dios Todopoderoso, el Papa Francisco, le asegura, al entero pueblo de la Federación Rusa, sus oraciones y su solidaridad espiritual en estos momentos”.
Por otra parte, esta mañana, el Secretario Vaticano para las Relaciones con los Estados, Mons. Richard Gallagher, se comunicó telefónicamente con el Embajador ruso ante la Santa Sede, Alexander Avdeev, para expresarle sus condolencias por el asesinato del Embajador.
(Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

“Que la locura homicida no encuentre más espacios en nuestro mundo”. Pésame del Papa por el atentado en Berlín

“Me uno a todas las personas de buena voluntad comprometidas en que la locura homicida del terrorismo no encuentre más espacios en nuestro mundo”, lo dice el Papa Francisco a través del Secretario de Estado Vaticano, el Cardenal Pietro Parolin, en un telegrama de pésame enviado al Arzobispo de Berlín Mons. Heiner Koch, con motivo del atentado contra un mercadillo de Navidad en el centro de Berlín, a última hora de la tarde de ayer, en el que resultaron fallecidas 12 personas y heridas 45.
“El Santo Padre ha recibido con profunda consternación las noticias del terrible acto de violencia sucedido en Berlín – se lee en el telegrama – en el cual, además del considerable número de heridos, han encontrado la muerte muchas personas. Asimismo, Su Santidad manifiesta su participación en el luto de los familiares expresándoles su compasión y asegurándoles cercanía en su dolor. En sus oraciones confía a los difuntos a la misericordia de Dios al que suplica también la curación de los heridos. Igualmente, el Santo Padre da las gracias a los servicios de socorro y de seguridad por los esfuerzos realizados. El Papa Francisco se une a todas las personas de buena voluntad comprometidas en que la locura homicida del terrorismo no encuentre más espacios en nuestro mundo. Para ello, Su Santidad implora de Dios Padre misericordioso el consuelo, la protección y la bendición consoladora”.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)