domingo, 20 de noviembre de 2016

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (23,35-43)





“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Las palabras que Jesús pronuncia durante su Pasión encuentran su culminación en el perdón. Jesús perdona: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34). 

No sólo son palabras, porque se convierten en un acto concreto en el perdón ofrecido al «buen ladrón», que estaba junto a Él. San Lucas escribe sobre dos delincuentes crucificados con Jesús, los cuales se dirigen a Él con actitudes opuestas. 

El primero le insulta, como le insultaba toda la gente, ahí, como hacen los jefes del pueblo, pero este pobre hombre, llevado por la desesperación dice: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti mismo y a nosotros!» (Lc 23, 39). 

Este grito atestigua la angustia del hombre ante el misterio de la muerte y la trágica conciencia de que sólo Dios puede ser la respuesta liberadora: por eso es impensable que el Mesías, el enviado de Dios, pueda estar en la cruz sin hacer nada para salvarse. Y no entendían esto. No entendían el misterio del sacrificio de Jesús. Y en cambio, Jesús nos ha salvado permaneciendo en la cruz. 

Todos nosotros sabemos que no es fácil «permanecer en la cruz», en nuestras pequeñas cruces de cada día. Él en esta gran cruz, con este gran sufrimiento, ha permanecido así y nos ha salvado; nos ha mostrado su omnipotencia y ahí nos ha perdonado. Ahí se cumple su donación de amor y surge para siempre nuestra salvación. 

Muriendo en la cruz, inocente entre dos criminales, Él testimonia que la salvación de Dios puede llegar a cualquier hombre en cualquier condición, incluso en la más negativa y dolorosa. La salvación de Dios es para todos, nadie excluido. Es un regalo para todos. 

(...) La Iglesia no es solamente para los buenos o para aquellos que parecen buenos o se creen buenos; la Iglesia es para todos, y además preferiblemente para los malos, porque la Iglesia es misericordia. (...) ¡Nada nos puede separar del amor de Cristo! (cf. Rm 8, 39). 

A quien está postrado en una cama de hospital, a quien vive encerrado en una prisión, a los que están atrapados por las guerras, yo digo: mirad el Crucifijo; Dios está con vosotros, permanece con vosotros en la cruz y a todos se ofrece como Salvador, a todos nosotros. A vosotros que sufrís tanto digo, Jesús ha sido crucificado por vosotros, por nosotros, por todos. Dejad que la fuerza del Evangelio entre en vuestros corazones y os consuele, os dé esperanza y la íntima certeza de que nadie está excluido de su perdón. 

Pero vosotros podéis preguntarme: «Pero Padre dígame ¿El que ha hecho las cosas más malas durante la vida, tiene la posibilidad de ser perdonado?» — «¡Sí! Sí: ninguno está excluido del perdón de Dios. Solamente tiene que acercarse arrepentido a Jesús y con ganas de ser abrazado por Él».

Este era el primer delincuente. El otro es el llamado «buen ladrón». Sus palabras son un maravilloso modelo de arrepentimiento, una catequesis concentrada para aprender a pedir perdón a Jesús. Primero, él se dirige a su compañero: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena?» (Lc 23, 40). Así pone de relieve el punto de partida del arrepentimiento: el temor a Dios. Pero no el miedo a Dios, no: el temor filial de Dios. No es el miedo, sino ese respeto que se debe a Dios porque Él es Dios. Es un respeto filial porque Él es Padre. 


El buen ladrón recuerda la actitud fundamental que abre a la confianza en Dios: la conciencia de su omnipotencia y de su infinita bondad. Este es el respeto confiado que ayuda a dejar espacio a Dios y a encomendarse a su misericordia, incluso en la oscuridad más densa.

Después, declara la inocencia de Jesús y confiesa abiertamente su propia culpa: «Y nosostros con razón porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio éste nada malo ha hecho» (Lc 23, 41). Jesús está ahí en la cruz para estar con los culpables: a través de esta cercanía, Él les ofrece la salvación. Lo cual es un escándalo para los jefes y para el primer ladrón, para los que estaban ahí y se burlaban de Jesús. 

Sin embargo esto es el fundamento de su fe. Y así el buen ladrón se convierte en testigo de la Gracia; ha ocurrido lo impensable: Dios me ha amado hasta tal punto que ha muerto en la cruz por mí. La fe misma de este hombre es fruto de la gracia de Cristo: sus ojos contemplan en el Crucificado el amor de Dios por él, pobre pecador. Es verdad, era ladrón, era un ladrón, había robado toda su vida. Pero al final, arrepentido de lo que había hecho, mirando a Jesús tan bueno y misericordioso logró robarse el cielo: ¡éste es un buen ladrón! 

El buen ladrón se dirige directamente a Jesús, pidiendo su ayuda: «Jesús acuérdate de mí cuando vengas con tu reino» (Lc 23,42). Le llama por nombre, «Jesús», con confianza, y así confiesa lo que este nombre indica: «el Señor salva», esto significa el nombre de «Jesús». Ese hombre pide a Jesús que se acuerde de él. 

¡Cuánta ternura en esta expresión, cuánta humanidad! Es la necesidad del ser humano de no ser abandonado, de que Dios le esté siempre cerca. De este manera un condenado a muerte se convierte en modelo del cristiano que confía en Jesús. 

Un condenado a muerte es un modelo para nosotros, un modelo para un hombre, para un cristiano que confía en Jesús; y también un modelo de la Iglesia que en la liturgia tantas veces invoca al Señor diciendo: «Acuérdate… Acuérdate… Acuérdate de tu amor…».

Mientras el buen ladrón habla del futuro: «cuando vengas con tu reino», la respuesta de Jesús no se hace esperar; habla en presente: dice «hoy estarás conmigo en el Paraíso» (v. 43). En la hora de la cruz, la salvación de Cristo llega a su culmen; y su promesa al buen ladrón revela el cumplimiento de su misión: es decir, salvar a los pecadores. 

Al inicio de su ministerio, en la sinagoga de Nazaret, Jesús había proclamado: «la liberación a los cautivos» (Lc 4, 18); en Jericó, en la casa del público pecador Zaqueo, había declarado que «el hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido» (Lc 19, 9). En la cruz, el último acto confirma la realización de este diseño salvífico. 

Desde el principio hasta el final Él se ha revelado Misericordia, se ha revelado encarnación definitiva e irrepetible del amor del Padre. Jesús es verdaderamente el rostro de la misericordia del Padre. Y el buen ladrón le ha llamado por su nombre: «Jesús». Es una invocación breve, y todos nosotros podemos hacerla durante el día muchas veces: «Jesús». «Jesús», simplemente. Hacedla durante todo el día.
(Papa Francisco, catequesis del 28 de septiembre de 2016)

JESÚS, ACUÉRDATE DE MÍ EN TU REINO


Lectura del santo evangelio según san Lucas (23,35-43):

En aquel tiempo, los magistrados hacían muecas a Jesús diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si Él es el Mesías de Dios, el Elegido».

Se burlaban de Él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».

Había también por encima de Él un letrero: «Este es el rey de los judíos».

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha hecho nada malo».

Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».

Jesús le dijo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Palabra del Señor

sábado, 19 de noviembre de 2016

Carlos Osoro, "el peregrino", ya es cardenal

 "El peregrino" ya es cardenal. El Papa Francisco acaba de imponer la birreta y el anillo al arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, en una abarrotada basílica de San Pedro. El prelado, sin lugar a dudas el hombre del Papa en España, recibió la púrpura arrodillado a los pies del pontífice, quien le pidió, como al resto, cuatro grandes mandatos: "Amad, haced el bien, bendecid, orad". Le ha sido concedida la parroquia de Santa María del Trastevere.
"Yo, Carlos Osoro, cardenal de la Santa Iglesia de Roma, prometo y juro ser leal a partir de hoy y para siempre, mientras viva, a Cristo y a su Evangelio, ser obediente constantemente a la Santa Iglesia Apostólica Romana, a Pedro bendito en la persona del Supremo Pontífice Francisco y de sus sucesores elegidos canónicamente; mantener siempre la comunión con la Iglesia católica, de palabra y de hecho; no revelar a nadie lo que se me confíe en secreto, no divulgar lo que podría perjudicar o deshonrar a la Santa Iglesia; llevar a cabo aquellas tareas a las que soy llamado por mi servicio a la Iglesia con gran diligencia y lealtad, según las normas de la ley. Así que ayúdame Dios Todopoderoso", fue el juramento del nuevo cardenal de Madrid, visiblemente emocionado, al recibir el abrazo de Bergoglio. Osoro portaba el roquete que perteneció al cardenal Tarancón, en un gesto histórico.
Tras la procesión inicial, el Papa se detuvo en oración a los pies de la tumba de San Pedro. Estuvo Francisco cerca de tropezar con sus faldas al subir al altar de san Pedro, pero todo transcurrió según lo previsto, y pocos minutos antes de las once de la mañana comenzaba la ceremonia. Todo el colegio cardenalicio, y cientos de obispos, se encontraban en la basílica para acompañar a los nuevos miembros de los príncipes de la Iglesia.
El primero de los cardenales, Mario Zenari, nuncio en Siria, en nombre de todos, dirigió a todos un saludo de agradecimiento al Papa por su "renovado empeño en la misericordia" desde la apertura de la Puerta Santa de Bangui. "una Iglesia en salida que va a las periferias existenciales a llevar con coraje a todos los rincones de la Iglesia la luz de la fe".
Tuvo un recuerdo a los mártires cristianos, "más numerosos hoy que al inicio del Cristianismo". La "púrpura del martirio", la "Iglesia del buen samaritano" frente a un mundo que deja morir y sufrir a niños, pobres y ancianos por la guerra, los conflictos y la cultura del descarte. "En usted vemos la incansable obra, el llamado por la reconciliación y la paz, la aceptacion de los refugiados y el desrarollo integral de los pueblos", señaló el neocardenal Zenari.
Al finalizar la ceremonia, el Papa y nos nuevos cardenales salieron en dos minibuses hasta el monasterio Mater Ecclesia para visitar al papa emérito Benedicto XVI, según informó la oficina de prensa de la Santa Sede.

 "Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso", narra el Evangelio de Lucas, elegido personalmente por el Papa. "El relato del Evangelio es el llamado discurso de la llanura", comenzó Francisco. "tras la institución de los 12, Jesús bajo con sus discípulos junto a una multitud", que estaba atormentada.
La elección, en vez de mantenerlos en lo alto del monte, les lleva al corazón de la multitud, en medio de los tormentos... de este modo el Señor nos dice que la cúspide se encuentra en una mirada, en una llamada. "Sean misericordiosos como nuestro Padre es misricordioso"
Y Francisco les pidió cuatro mandatos: "Son cuatro acciones que darán forma el camino del discípulo: Amad, haced el bien, bendecid, orad", frente al virus de la polarización y "la patología de la indiferencia". "Nosotros levantamos muros, construimos barreras y clasificamos a las personas. Dios tiene hijos", lamentó Francisco.
"Amen, hagan el bien, bendigan y rueguen. Creo que en estos aspectos todos podemos coincidir y hasta nos resultan razonables. Son cuatro acciones que fácilmente realizamos con nuestros amigos", apuntó el Papa. "el problema surge cuando Jesús nos presenta los destinarios de estas acciones, y en esto es muy claro, no anda con vueltas ni eufemismos: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman". Un gran desafío que el propio Papa está sufriendo en carne propia.
"Y estas no son acciones que surgen espontáneas con quien está delante de nosotros como un adversario, como un enemigo. Frente a ellos, nuestra actitud primera e instintiva es descalificarlos, desautorizarlos, maldecirlos", reconoció Francisco. Sin embargo, "Jesús nos dice que al enemigo, al que te odia, al que te maldice o difama: ámalo, hazle el bien, bendícelo y ruega por él".
"El enemigo es alguien a quien debo amar. En el corazón de Dios no hay enemigos, Dios tiene hijos. Nosotros levantamos muros, construimos barreras y clasificamos a las personas. Dios tiene hijos y no precisamente para sacárselos de encima. El amor de Dios tiene sabor a fidelidad con las personas, porque es amor de entrañas, un amor maternal/paternal que no las deja abandonadas, incluso cuando se hayan equivocado", recordó Bergoglio, quien afirmó que "nuestro Padre no espera a amar al mundo cuando seamos buenos, no espera a amarnos cuando seamos menos injustos o perfectos;nos ama porque eligió amarnos, nos ama porque nos ha dado el estatuto de hijos. Nos ha amado incluso cuando éramos enemigos suyos".
Un amor incondicional frente a las tentaciones de "juzgar, dividir, oponer y condenar". Porque "ninguna mano sucia puede impedir que Dios ponga en esa mano la Vida que quiere regalarnos". Y más en una época como la actual, marcada por "fuertes cuestionamientos e interrogantes a escala mundial", donde "la polarización y la exclusión como única forma posible de resolver los conflictos".
"Vemos, por ejemplo, cómo rápidamente el que está a nuestro lado ya no sólo posee el estado de desconocido o inmigrante o refugiado, sino que se convierte en una amenaza; posee el estado de enemigo. Enemigo por venir de una tierra lejana o por tener otras costumbres. Enemigo por su color de piel, por su idioma o su condición social, enemigo por pensar diferente e inclusive por tener otra fe. Enemigo por..."
"Cuántas heridas crecen por esta epidemia de enemistad y de violencia, que se sella en la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de esta patología de la indiferencia. Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento se siembran por este crecimiento de enemistad entre los pueblos, entre nosotros", apuntó el Papa.
"Sí, entre nosotros, dentro de nuestras comunidades, de nuestros presbiterios, de nuestros encuentros. El virus de la polarización y la enemistad se nos cuela en nuestras formas de pensar, de sentir y de actuar", denunció Bergoglio. Quien tenga oídos, que oiga. Y confrontó esta realidad con "la riqueza y la universalidad de la Iglesia que podemos palpar en este Colegio Cardenalicio. Venimos de tierras lejanas, tenemos diferentes costumbres, color de piel, idiomas y condición social; pensamos distinto e incluso celebramos la fe con ritos diversos. Y nada de esto nos hace enemigos, al contrario, es una de nuestras mayores riquezas".
Finalmente, Francisco pidió a los nuevos cardenales "bajar del monte" para "anunciar el Evangelio de la Misericordia". Pues "Jesús nos sigue llamando y enviando al «llano» de nuestros pueblos, nos sigue invitando a gastar nuestras vidas levantando la esperanza de nuestra gente, siendo signos de reconciliación. Como Iglesia, seguimos siendo invitados a abrir nuestros ojos para mirar las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de su dignidad, privados en su dignidad".
"Querido hermano neo Cardenal, el camino al cielo comienza en el llano, en la cotidianeidad de la vida partida y compartida, de una vida gastada y entregada. En la entrega silenciosa y cotidiana de lo que somos. Nuestra cumbre es esta calidad del amor; nuestra meta y deseo es buscar en la llanura de la vida, junto al Pueblo de Dios, transformarnos en personas capaces de perdón y reconciliación", concluyó el Pontífice.

El futuro cardenal Carlos Osoro: «El diálogo es imprescindible»


El arzobispo de Madrid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Carlos Osoro, que este sábado 19 de noviembre será creado cardenal por el Papa Francisco, espera que el nuevo Gobierno dialogue con todas las instituciones, también con la Iglesia católica porque considera que es una tarea «imprescindible».
«El diálogo es imprescindible para cualquiera que gobierna, con todas las instituciones, entre ellas, la Iglesia aunque no tenga una misión política. En este sentido, creo que no hay problemas; al contrario, todos buscamos el diálogo y seguro que cualquier Gobierno lo va a buscar», ha explicado Osoro en una entrevista concedida a Europa Press. Si bien, ha precisado que él personalmente aún no ha mantenido contacto con ningún miembro del Ejecutivo.
En concreto, en el ámbito educativo, y ante el compromiso del Gobierno de aprobar un Pacto de Estado por la Educación entre todos los partidos, Osoro cree que sería «ideal» y espera que cuenten con las opiniones de todos los sectores sociales implicados como la propia Iglesia, que desde que se aprobó la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) se ha mostrado en desacuerdo con que la clase de Religión no sea de oferta obligatoria en Bachillerato. A esto hay que sumar la reducción de horas de esta asignatura en algunas comunidades autónomas.
«Creo que es ideal que se logre firmar un Pacto por la Educación entre todos los partidos; creo que contarán con las opiniones de todos los sectores sociales implicados o a los cuales les implica este pacto social, un pacto que cree de verdad libertad, que no promueva dictaduras de ningún tipo, que construya la familia de los españoles», subraya.
Si bien, ha recordado que no es «futurólogo» y, por lo tanto, desconoce si el hecho de que haya más agentes políticos dialogando en el Parlamento favorecerá o perjudicará a la Iglesia española. «No soy futurólogo y, por tanto, no puedo preverlo, pero un diálogo abierto buscador de la verdad, de los intereses verdaderos que construyen la existencia humana, que dan hondura y profundidad a la vida, eso creo que lo están buscando todos y uno no puede negarse a la evidencia de lo que más necesita en estos momentos España para salir adelante, tenemos que hacerlo juntos», ha defendido.
A nivel internacional, en cuanto a la elección de Donald Trump como presidente de EEUU, el arzobispo se sitúa en línea con el Papa Francisco y reza para que tome las decisiones que más «construyan y acerquen» a todos, promoviendo «la libertad y el bien común».
El obispo del Padrenuestro
Osoro será creado cardenal el próximo sábado 19 de octubre por el Papa Francisco en una ceremonia en El Vaticano en la que estará arropado por más de un millar de personas, entre sus hermanos, sobrinos y fieles de Orense, Oviedo, Valencia y Madrid, diócesis de las que ha sido obispo. También acudirá una representación del Gobierno español.
El arzobispo espera que las acciones que realice durante su cardenalato, sumadas a las que ya ha realizado como prelado, le otorguen el título de «obispo del Padre Nuestro», es decir, que se le reconozca como padre de todos los hombres, sea cual sea su situación.
«Me gustaría ser el obispo del Padre Nuestro, que se mueve en ese plano. Yo no voy a poner límites a mi acción con quien sea porque todos son hijos de Dios», ha asegurado. Además, considera un «piropo» que Francisco le apode «el peregrino» porque para él es lo que significa ser cristiano, salir a los caminos de los hombres. Si bien, no cree que sea el hombre del Papa en España, aunque le profesa «gran admiración».
Osoro afirma que su ministerio se ha ido enriqueciendo con el paso de los años con tareas cada vez más grandes. Ahora, indica que el Papa le llama «a estar más cerca de él» y quizá a pedirle «opiniones más directas». Y asegura que está dispuesto a seguir haciendo lo que ha hecho siempre, dar su vida por los demás y mostrar a Dios, una misión que no siempre le resulta sencilla.
«Cuando termino el día, antes de acostarme, voy a la capilla y me quito el pectoral –que le compró su madre– y el anillo –que le regalaron sus hermanos y que ahora tendrá que sustituir por el que le ponga el Papa, pero que guardará con mucho cariño–, los pongo encima del Sagrario y digo: “Señor, hasta mañana, déjame descansar, sigue guiando a tu Iglesia, lo que no he hecho por mi mediocridad perdónamelo”», apunta.
Responsabilidad como elector en un cónclave
Sobre su responsabilidad como cardenal elector en un futuro hipótetico Cónclave, pide a Dios que Francisco continúe siendo Pontífice durante muchos años para no tener que elegir al próximo Papa –a los 80 años se pierde la condición de elector–. Acerca de la posibilidad de ser elegido Papa, asegura que no le preocupa porque no cree que vaya a ocurrir.
«Esto último no me preocupa porque no creo que vaya… No hay preocupación por eso. Sí me ocupa esa responsabilidad (como cardenal elector). Ojalá sea muy tarde, pido al Señor que dé al Papa Francisco años de vida, audacia y entrega que necesitamos en la Iglesia como la que nos está dando, ojalá pasen los años y no tenga que elegir yo, que ya esté jubilado y siga el Papa Francisco, pero en el fondo es una responsabilidad», ha asegurado.
En cuanto a la Iglesia en España, Osoro ensalza la acción del arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, como presidente de la Conferencia Episcopal, y espera que repita. «Para mí lo ha hecho excepcionalmente y cuando un persona es excepcional, para qué vas a buscar a otra que no sabes cómo va a salir», precisa al tiempo que se descarta como próximo presidente de la CEE.
El prelado no cree que su creación como cardenal sea un mensaje para que la Iglesia española sea más hospital de campaña, pues considera que ya lo está siendo. En cualquier caso, señala que la Iglesia, en todas las épocas, tiene que «revisarse» y estar atenta para no convertirse en una «habitación estufa». «Siempre hay que revisar si hay algún lugar en el que no estamos, al que no vamos, que no escuchamos», ha subrayado.
No escuchar solo a quien te da botafumeiro
En este sentido, admite que él mismo, al hacer examen de conciencia al final del día, se da cuenta de que a alguno le ha mirado «de reojo» y se pregunta si ha escuchado a todos o solo a los que le dan «botafumeiro», es decir, a los que le dan la razón, y pide perdón. «Es una terapia muy buena», recomienda.
Para el futuro cardenal español, lo que más necesita la humanidad en este momento es «misericordia» y, precisamente, con motivo de la clausura del Jubileo este sábado 20 de noviembre en Roma, Osoro hace un balance «muy positivo» del mismo por el efecto «curativo» que ha tenido, un hecho que ha observado en tanta gente, más y menos creyente, que se ha acercado al confesionario.
A su juicio, se ha acogido a toda la gente «viniese de donde viniese». Diferente ha sido la acogida de refugiados en Europa, según admite, aunque puntualiza que esas son decisiones de instituciones determinadas y que no habrá sido por falta de prédica desde la Iglesia.
Europa Press
Alfa y Omega

DIOS ES DIOS DE VIVOS



Lectura del santo evangelio según san Lucas (20,27-40):

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:

«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano». 

Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. 

Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».

Jesús les dijo: «En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.

Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para Él todos están vivos».

Intervinieron unos escribas: «Bien dicho, Maestro».

Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor

Entrevista al Papa Francisco en la vigilia de la conclusión del Jubileo: no tenía un plan, me dejé llevar por el Espíritu Santo

 
“¿El Jubileo? No tenía un plan, simplemente me dejé llevar por el Espíritu: así respondió el Papa Francisco a la periodista italiana Stefania Falasca, en una entrevista para el diario católico italiano Avvenire, en la vigilia del cierre del Año Santo de la Misericordia. “La Iglesia es Evangelio, no es un camino de ideas – explicó Francisco.  Este Año de la Misericordia es un proceso madurado en el tiempo, desde el Concilio. También en campo ecuménico el camino viene de lejos, con los pasos de mis predecesores. Éste es el camino de la Iglesia, no soy yo”.
“Me gusta pensar – prosigue el Papa – que el Omnipotente tiene una mala memoria. Una vez que te perdona, se olvida. Porque es feliz de perdonar. Para mí esto basta”. Y explica que vivir la experiencia del perdón enseña a cambiar la concepción cristiana “del legalismo a la Persona de Dios, que se ha hecho misericordia en la encarnación del Hijo.”
“Algunos, - dice citando ciertas objeciones a Amoris Laetitia – continúan a ver sólo o blanco o negro, mientras en el flujo de la vida se debe discernir. Y sostiene que las críticas  “si no hay un mal espíritu, ayudan”. ”Ciertos rigorismos nacen del querer esconder en una armadura la propia insatisfacción”. “Ninguna liquidación de la doctrina.  Servir a los pobres es servir a Cristo”.
Acerca de recientes encuentros ecuménicos, en particular aquellos de Suecia en ocasión del 500° aniversario de la reforma luterana, el Papa Francisco afirma que no son fruto del Año Santo de la Misericordia, sino de un recorrido iniciado con el Concilio Vaticano II. “Ninguna aceleración – observa – es el camino del Concilio que sigue adelante y se intensifica”.
“En este momento la unidad se hace en tres caminos: caminar juntos con las obras de caridad, rezar juntos y, finalmente, reconocer la confesión común, así como se expresa en el común martirio, en el ecumenismo de la sangre”.
Finalmente el Papa Bergoglio condena el proselitismo entre cristianos que “es en sí mismo un pecado grave” y dice que está convencido de que “el cáncer en la Iglesia es el darse gloria uno con el otro. En la reacción de Lutero  - agrega - estaba también esto: el rechazo de una imagen de Iglesia como una organización que podía seguir adelante prescindiendo de la Gracia del Señor”.
(MCM-RV)
(from Vatican Radio)

Homilía del Papa: pedir la gracia de la pobreza cristiana

La gente no perdona a un sacerdote apegado al dinero y el Señor nos da la gracia de la pobreza cristiana. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. En esta ocasión participaron en la Celebración Eucarística los secretarios de los Nuncios Apostólicos, presentes en la Ciudad del Vaticano con motivo del Jubileo de los colaboradores de las representaciones pontificias, que ha organizado la Secretaría de Estado.
En el Evangelio del día Jesús echa a los mercaderes del Templo que han transformado la Casa de Dios, un lugar de oración, en una “guarida de ladrones”. “El Señor – explicó el Santo Padre –  nos hace comprender dónde está la semilla del anticristo, la semilla del enemigo, la semilla que arruina su Reino”: El apego al dinero.
“El corazón apegado al dinero es un corazón idólatra”. El Papa Bergoglio recordó que Jesús dice que “no es posible servir a dos señores, a dos patrones”, a Dios y al dinero. Y añadió que el dinero es “el anti-Señor”, si bien podemos elegir:
“El Señor Dios, la casa del Señor Dios que es casa de oración. El encuentro con el Señor, con el Dios del amor. Y el señor-dinero, que entra en la casa de Dios, siempre trata de entrar. Y estos que cambiaban el dinero o vendían cosas, alquilaban aquellos puestos, ¡eh!: a los sacerdotes… a los sacerdotes les alquilaban, después enteraba el dinero. Éste es ‘el señor’ que puede arruinar nuestra vida y nos puede conducir a que terminemos mal nuestra vida, incluso sin felicidad, sin la alegría de servir al verdadero Señor, que es el único capaz de darnos la verdadera alegría”.
Se trata de “una elección personal” – dijo también el Papa –. De ahí su pregunta a los presentes: “¿Cómo es su actitud con el dinero? ¿Están apegados al dinero?”:
“El pueblo de Dios tiene una gran intuición, tanto para aceptar, en el hecho de canonizar como en el de condenar – porque el pueblo de Dios tiene capacidad de condenar – perdona tantas debilidades, tantos pecados a los sacerdotes; pero hay dos que no puede perdonar: el apego al dinero, cuando ve al sacerdote apegado al dinero, no perdona eso, o el maltrato a la gente, cuando el sacerdote maltrata a los fieles: esto el pueblo de Dios no puede digerirlo, y no lo perdona. Las otras cosas, las otras debilidades, los otros pecados… sí, no están bien, pero pobre hombre, está solo, es esto… y trata de justificar. Pero la condena no es tan fuerte y definitiva: el pueblo de Dios ha sabido comprender esto. El estado de señor que tiene el dinero y lleva a un sacerdote a ser patrón de una empresa o príncipe, o podemos ir hacia arriba…”.
El Pontífice recordó a los “terafín”, los ídolos que Raquel, la esposa de Jacob, tenía escondidos:
“Es triste ver a un sacerdote que llega al final de su vida, está en agonía, está en coma y los sobrinos como buitres allí, viendo qué pueden aferrar. Denle este deleite al Señor: un verdadero examen de conciencia. ‘Señor, Tú eres mi Señor ¿o esto – como Raquel – este ‘terafín’ escondido en mi corazón, este ídolo del dinero?’. Y sean valerosos, sean valientes. Hagan elecciones. Dinero suficiente, lo que tiene un trabajador honrado, el ahorro suficiente, lo que tienen un trabajador honrado. Pero el interés no es lícito, esto es una idolatría. Que el Señor nos dé hoy a todos nosotros la gracia de la pobreza cristiana”.
“Que el Señor – concluyó diciendo el Papa –  nos dé la gracia de esta pobreza de obrero, de aquellos que trabajan y ganan lo justo y no pretenden más”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

jueves, 17 de noviembre de 2016

XIII Semana de Cine Espiritual. Al cine para encontrarse con Dios


Cuentan que cuando Gaudí levantaba la fachada llamada del Nacimiento de la basílica de la Sagrada Familia otro colega le dijo que admiraba las formas de la naturaleza en su arquitectura y entonces él puntualizó: «Diga más bien creación». Esta frase del arquitecto, que está en proceso de beatificación, ha sido tomada como lema de la XIII Semana de Cine Espiritual, organizada por el departamento de Pastoral de Juventud de la Conferencia Episcopal Española y en la que se proyectarán películas que plantean el compromiso del cuidado y la contemplación de la naturaleza como creación de Dios.
El objetivo, según Raúl Tinajero, director del departamento de Pastoral de Juventud de la CEE, es «poner en contacto al espectador con Dios». Tratar de «remover el corazón y la mente» del que se sienta a ver una película «para que se abra a lo trascendente». Destacar aquellos «valores espirituales que despiertan en el ser humano el deseo de una búsqueda que va más allá de sus propio límites». Y «todo esto pensado y enfocado especialmente para jóvenes y niños».
Las películas seleccionadas –Little BoyResucitadoFrancisco. El padre JorgeGhadiSi Dios quiereAtrapa la banderaEl Principito– se proyectarán en 60 sedes repartidas por 40 diócesis distintas de toda España (cada diócesis establece las fechas de celebración de la actividad). Tras el visionado, los estudiantes que participen en la iniciativa –el año pasado lo hicieron cerca de 150.000 personas– podrán trabajar sobre el contenido de cada película gracias a unos materiales didácticos preparados por la editorial Edebé.
J.C.A.

«La fe de los cristianos de Irak no se explica sin Dios»



Jaume Vives tiene 24 años. Periodista casi recién estrenado, es de los que no se conforman con ver las noticias por la televisión o hablar por teléfono con una fuente. «Empecé a ver en medios de comunicación residuales que había un genocidio de los cristianos de Oriente Medio. Yo era muy escéptico y no me lo creía, así que me fui a Líbano primero, y después a Irak».

El joven contó en el Congreso Católicos y Vida Pública que encontró en Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, «testimonios de fe y coherencia que no se pueden explicar sin Dios». Recuerda especialmente al padre de la niña Myriam, conocida en el mundo entero tras una entrevista en la que «daba gracias a Dios por el ISIS». «Su padre nos dijo una frase: “Sé que ese 6 de agosto en que lo perdí todo el Señor entró en mi corazón y lo transformó”». «No es un loco, es que está enamorado del Señor. Y te da una patada en la conciencia».

C.S.A.

El Papa en Santa Marta: 'A los católicos tibios su tranquilidad les engaña'


El papa Francisco, en la misa de este martes en la Residencia Santa Marta, ha tomado inspiración en la primera lectura del Apocalipsis de Juan, donde el Señor reprende a los cristianos de la localidad de Laodicea por el riesgo de adormecerse en la Iglesia.
Francisco destacó el fuerte lenguaje usado por el Señor para criticarlos por no ser ni fríos ni calientes. Y les dice: «Estoy a punto de vomitarles fuera de mi boca». No a la tranquilidad que engaña. El Señor advierte que esa tranquilidad «sin sustancia» de los tibios «es una paz que engaña». El Santo Padre se interroga: «¿Qué piensa un tibio? Piensa que es rico, ‘Soy rico y no tengo necesidad de nada’ y esa tranquilidad engaña».
Porque «cuando en el alma de una Iglesia, de una familia, de una comunidad o de una persona está todo tranquilo, Dios no está allí».
Francisco les dice a los tibios que no dormiten en el sopor, en la convicción de que no carecen de nada, de que no hacen daño a nadie. El Señor muestra que los tibios están desnudos. El Señor –prosiguió el Papa– define a los que se creen ricos como «infelices y miserables», pero lo hace por amor, para descubrirles otras riquezas, que sólo Él puede dar.
«No es que la riqueza del alma que uno cree tener porque se siente bien, porque hace todas las cosas bien, con todo tranquilo: es la otra riqueza, la que viene de Dios, que siempre trae una cruz, que trae una tormenta, que siempre causa una inquietud en el alma».
De aquí el consejo –prosiguió el Santo Padre– que se compren vestiduras blancas para vestirse, «para no mostrar su desnudez y la vergüenza: los tibios no se dan cuenta de que están desnudos, como en la fábula del rey desnudo que es un niño quien dice: ‘El rey está desnudo!’... Los tibios están desnudos».
Los tibios, indica el Papa, «pierden la capacidad de contemplación, la capacidad de ver las cosas grandes y bellas de Dios». Por lo tanto, el Señor intenta despertarlos y ayudarles a convertirse.
Por ello el Papa subraya la importancia de ser capaz de «sentir cuando el Señor golpea a nuestra puerta», «porque nos quiere dar algo bueno, quiere entrar en nosotros». El Señor, añade el Papa, es aquel que tenemos delante de nosotros «que quiere ser invitado». Es lo que ocurre con Zaqueo a quien el Señor le dice de recibirle en su casa.
El Papa así invita a preguntarse: «¿Sé distinguir en mi corazón cuando el Señor me ‘despierta’, cuando me dice ‘abre’, o cuando me dice ‘baja’?». Y a rezar para «que el Espíritu Santo nos dé la gracia de discernir estos llamados».
Zenit

RECONOCER EL TIEMPO EN QUE DIOS NOS VISITA



Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,41-44):
En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén, cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella,diciendo: «¡Si tú también hubieras comprendido en ese día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.
Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes.
Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios».
Palabra del Señor

El Papa en la catequesis: “ayudemos a descubrir lo esencial con paciencia y humildad”

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Dedicamos la catequesis de hoy a una obra de misericordia que todos conocemos muy bien, pero que tal vez no la ponemos en práctica como deberíamos: sufrir con paciencia los defectos del prójimo. Todos somos muy buenos para identificar la presencia de alguno que puede incomodar: sucede cuando encontramos a alguien por la calle, o cuando recibimos una llamada telefónica… Enseguida pensamos: “¿Por cuánto tiempo tendré que escuchar las quejas, los comentarios, los pedidos o las vanaglorias de esta persona?”. A veces, sucede también, que las personas fastidiosas son aquellas que están más cercana de nosotros: entre los familiares hay siempre alguien; en el centro de trabajo no faltan; y ni siquiera en el tiempo libre no estamos eximidos. ¿Qué cosa debemos hacer con las personas fastidiosas? También nosotros muchas veces somos incomodos a los demás. ¿Por qué entre las obras de misericordia ha sido incluida también ésta? ¿Sufrir con paciencia los defectos del prójimo?.
En la Biblia vemos que Dios mismo debe usar misericordia para soportar las quejas de su pueblo. Por ejemplo, en el libro del Éxodo el pueblo resulta ser verdaderamente insoportable: primero llora porque es esclavizado en Egipto, y Dios lo libera; luego, en el desierto, se queja porque no tiene que comer (Cfr. 16,3), y Dios envía las codornices y el mana (Cfr. 16,13-16), pero no obstante esto las quejas no cesan. Moisés hacía de mediador entre Dios y el pueblo, y también él algunas vez habría sido incómodo para el Señor. Pero Dios ha tenido paciencia y así ha enseñado a Moisés y al pueblo también esta dimensión esencial de la fe.
Entonces, surge espontáneamente una pregunta: ¿hacemos siempre el examen de conciencia para ver si también nosotros, a veces, podemos resultar incomodos para los demás? Es fácil apuntar el dedo contra los defectos y las faltas de los demás, pero debemos aprender a ponernos en el lugar de los otros.
Miremos sobre todo a Jesús: ¡cuánta paciencia ha debido tener en los tres años de su vida pública! Una vez, mientras estaba de camino con sus discípulos, lo detuvo la madre de Santiago y Juan, y ella le dijo: «Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda» (Mt 20,21). La madre creaba las elites para sus hijos, pero era la mamá… También de aquella situación Jesús aprovecha la ocasión para dar una enseñanza fundamental: su reino, no es un reino de poder, no es un reino de gloria como aquellos terrenos, sino de servicio y donación a los demás. Jesús enseña a ir siempre a lo esencial y a mirar más lejos para asumir con responsabilidad la propia misión. Podríamos ver aquí la evocación a otras dos obras de misericordia espiritual: aquella de corregir al que se equivoca y enseñar al que no sabe. Pensemos en el gran empeño que se puede poner cuando ayudamos a las personas a crecer en la fe y en la vida. Pienso, por ejemplo, en los catequistas – entre los cuales hay muchas mamás y tantas religiosas – que dedican tiempo para enseñar a los jóvenes los elementos básicos de la fe. ¡Cuánto trabajo, sobre todo cuando los jóvenes preferirían jugar en vez de escuchar el catecismo!
Acompañar en la búsqueda de lo esencial es bello e importante, porque nos hace compartir la alegría de probar el sentido de la vida. Muchas veces nos sucede que encontramos a personas que se detienen en cosas superficiales, efímeras y banales; a veces porque no han encontrado a nadie que los estimulara a buscar algo más, a apreciar los verdaderos tesoros. Enseñar a mirar lo esencial es una ayuda determinante, especialmente en un tiempo como el nuestro que parece haber perdido la orientación y busca satisfacciones inmediatas. Enseñar a descubrir que cosa el Señor quiere de nosotros y cómo podemos corresponderle significa ponerse en su camino para crecer en la propia vocación, el camino de la verdadera alegría. Así las palabras de Jesús a la madre de Santiago y de Juan, y luego a todo el grupo de los discípulos, indican la vía para evitar caer en la envidia, en la ambición, en la adulación, tentaciones que están siempre presentes también entre nosotros cristianos. La exigencia de aconsejar, amonestar y enseñar no nos debe hacer sentir superiores a los demás, sino nos obliga sobre todo a entrar en nosotros mismos para verificar si somos coherentes con lo que pedimos a los demás. No olvidemos las palabras de Jesús: «¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?» (Lc 6,41). El Espíritu Santo nos ayude a ser pacientes para soportar y humildes y sencillos para aconsejar.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Reflexión del arzobispo de París a un año de los atentados

El arzobispo de París (Francia), cardenal André Vingt Trois, presidió una Misa en la que recordó los atentados del 13 de noviembre de 2015, en los que murieron más de 130 personas, y aprovechó para hacer una profunda reflexión sobre el fin del mundo.
En la homilía de la Misa que presidió el domingo 13 de noviembre en la Catedral de París, el cardenal meditó en el pasaje del Evangelio de San Lucas en el que Jesús habla del fin de los tiempos.
«La manera en la que Jesús reacciona a este asunto es particularmente importante para nosotros. Nos hace descubrir que lo que debe conducir nuestra vida no es imaginar lo que será el fin, sino afrontar a lo que es el presente», resaltó el purpurado.
«Imaginar un fin del mundo al modo de la ciencia ficción puede generar buenas series de televisión, ¡pero así no se vive! Cristo nos dice: el fin del mundo no es un acontecimiento indefinido, ¡es ahora! Hoy disponemos en el mundo, como lo conocemos, de todos los signos de la precariedad de nuestra historia, de la violencia que puede surgir entre los pueblos, de las catástrofes que pueden ocurrir».
Los atentados ocurridos el año pasado, dijo el cardenal, «han sido también un signo revelador de esta precariedad en la que vivimos. Habituados como hemos estado a las varias décadas de paz en nuestro territorio, la irrupción violenta y salvaje de la muerte nos ha hecho reflexionar, nos ha ayudado a tomar consciencia de los límites en los que se desarrolla la vida».
Ante las tragedias que se viven en el mundo y que la humanidad ha sufrido a lo largo de la historia, con los atentados de noviembre de 2015, el arzobispo cuestiona la reacción de los cristianos y si «tenemos acaso en nosotros la capacidad de comprender que estos acontecimientos, además de la gravedad de su realización concreta, son un signo de la fragilidad de nuestra vida».
«¿Tenemos la sabiduría de comprender que a través de estos acontecimientos, algo está en camino de cumplirse? Algo que no conocemos aún, de lo que no vemos el plan completo, pero que la fe en la Palabra de Dios nos permite vivir no como el fin del mundo sino como una etapa en la relación que la humanidad está llamada a renovar con Dios poco a poco».
De algún modo, continuó el cardenal Vingt Trois, «nuestra capacidad de afrontar las dificultades de la existencia, no solo cada uno por sí mismo sino afrontarlas juntos, haciendo eso la paz y la serenidad son un testimonio».
«Si creemos verdaderamente que Dios no abandona a su pueblo, si creemos verdaderamente que Dios no abandona a los hombres, si creemos en esta palabra de Cristo ‘ni un cabello de nuestra cabeza se perderá’, no podemos convertirnos en pueblos de angustia. Solo podemos convertirnos, con la ayuda de Dios, en el pueblo de la serenidad y la paz».
Sobre el miedo, el cardenal dijo que es lógico experimentarlo porque es humano, pero reiteró que por encima de ello debe primar en la persona la certeza de que «Dios no nos abandona».
Tras señalar que “no somos una humanidad perdida, ni un pueblo sumido en el temor, ni un pueblo de víctimas”, el arzobispo de París enfatizó que «sí somos un pueblo de hijos, un pueblo habitado por la fuerza de Dios, y es esta fuerza la fuente de nuestra confianza. Es esta fuerza la que debe convertirse en la fuente de nuestra paz».
«Es esta fuerza la que debemos poner el servicio de todos para tratar, si se puede, de pacificarlos, de reconfortarlos, de devolverles un poco la esperanza y no dejar que se abandonen al juego de la masacre y el terror». «Es por vuestra perseverancia lo que les guardará la vida», destacó el cardenal Vingt Trois.
El recuerdo de las víctimas de los atentados
Lo primero que debe hacerse en esta conmemoración, dice el cardenal, es «rezar por las víctimas, los que han muerto en estos atentados, los miembros de sus familias, sus amigos, que viven con el futuro de este suceso terrible, lo que llevan aún las secuelas en su carne».
«También rezamos por el personal de servicio del orden y de los servicios de seguridad que han sido muy solicitados en estos momentos difíciles, y que siguen haciéndolo como lo pueden constatar al venir aquí».
El purpurado dijo que deben estar más unidos que nunca y orar «para fortificar esta capacidad de afrontar juntos las dificultades, para no instrumentalizarlas como argumento de combate político sino para vivirlas como una prueba común que va más allá de los compromisos, las convicciones de cada uno y que requiere de todos la capacidad de asumir la realidad como gente libre y fuerte».
ACI

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (19,11-28)




Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de hoy es la parábola de los talentos... Relata la historia de un hombre que, antes de partir para un viaje, convocó a sus siervos y les confió su patrimonio (...) Durante la ausencia del patrón, los tres siervos tenían que hacer fructificar ese patrimonio. (...) Al regresar el patrón, los dos primeros recibieron la alabanza y la recompensa, mientras que el tercero, que restituyó sólo la moneda recibida, fue reprendido y castigado. 

Es claro el significado de esto. El hombre de la parábola representa a Jesús, los siervos somos nosotros y los talentos son el patrimonio que el Señor nos confía. ¿Cuál es el patrimonio? Su Palabra, la Eucaristía, la fe en el Padre celestial, su perdón... en definitiva, muchas cosas, sus bienes más preciosos. 

Este es el patrimonio que Él nos confía. No sólo para custodiar, sino para fructificar. Mientras que en el uso común el término «talento» indica una destacada cualidad individual —por ejemplo el talento en la música, en el deporte, etc.—, en la parábola los talentos representan los bienes del Señor, que Él nos confía para que los hagamos fructificar. 

El hoyo cavado en la tierra por el «siervo negligente y holgazán» indica el miedo a arriesgar que bloquea la creatividad y la fecundidad del amor. Porque el miedo a los riesgos del amor nos bloquea. Jesús no nos pide que conservemos su gracia en una caja fuerte. Jesús no nos pide esto, sino más bien quiere que la usemos en beneficio de los demás. Todos los bienes que hemos recibido son para darlos a los demás, y así crecen. 

Es como si nos dijera: «Aquí tienes mi misericordia, mi ternura, mi perdón: tómalos y haz amplio uso de ello». Y nosotros, ¿qué hemos hecho con ello? ¿A quién hemos «contagiado» con nuestra fe? ¿A cuántas personas hemos alentado con nuestra esperanza? ¿Cuánto amor hemos compartido con nuestro prójimo? Son preguntas que nos hará bien plantearnos. 

Cualquier ambiente, incluso el más lejano e inaccesible, puede convertirse en lugar donde fructifiquen los talentos. No existen situaciones o sitios que sean obstáculo para la presencia y el testimonio cristiano. El testimonio que Jesús nos pide no es cerrado, es abierto, depende de nosotros.

Esta parábola nos alienta a no esconder nuestra fe y nuestra pertenencia a Cristo, a no sepultar la Palabra del Evangelio, sino a hacerla circular en nuestra vida, en las relaciones, en las situaciones concretas, como fuerza que pone en crisis, que purifica y renueva. Así también el perdón que el Señor nos da especialmente en el sacramento de la Reconciliación: no lo tengamos cerrado en nosotros mismos, sino dejemos que irradie su fuerza, que haga caer los muros que levantó nuestro egoísmo, que nos haga dar el primer paso en las relaciones bloqueadas, retomar el diálogo donde ya no hay comunicación... Y así sucesivamente. Hacer que estos talentos, estos regalos, estos dones que el Señor nos dio, sean para los demás, crezcan, produzcan fruto, con nuestro testimonio. 

Creo que hoy sería un hermoso gesto que cada uno de vosotros tomara el Evangelio en casa (...) y meditara un poco: «Los talentos, las riquezas, todo lo que Dios me ha dado de espiritual, de bondad, la Palabra de Dios, ¿cómo hago para que crezcan en los demás? ¿O sólo los cuido en la caja fuerte?».

Además, el Señor no da a todos las mismas cosas y de la misma forma: nos conoce personalmente y nos confía lo que es justo para nosotros; pero en todos, en todos hay algo igual: la misma e inmensa confianza. Dios se fía de nosotros, Dios tiene esperanza en nosotros. Y esto es lo mismo para todos. No lo decepcionemos. 

No nos dejemos engañar por el miedo, sino devolvamos confianza con confianza. La Virgen María encarna esta actitud de la forma más hermosa y más plena. Ella recibió y acogió el don más sublime, Jesús en persona, y a su vez lo ofreció a la humanidad con corazón generoso. A ella le pedimos que nos ayude a ser «siervos buenos y fieles», para participar «en el gozo de nuestro Señor».

A QUIEN ES FIEL EN LO POCO SE LE DARÁ MUCHO


Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,11-28):

En aquel tiempo, Jesús dijo una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestarse enseguida. Dijo, pues:

«Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo”.

Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo: “No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”.

Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno.

El primero se presentó y dijo: “Señor, tu mina ha producido diez”.

Él le dijo: “Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades”.

El segundo llegó y dijo: “Tu mina, señor, ha rendido cinco”.

A ese le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”.

El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”.

Él le dijo: “Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”.

Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas”.

Le dijeron: “Señor, ya tiene diez minas”.

Os digo: “Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y en cuanto a esos enemigos míos, que no querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”».

Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

Palabra del Señor