sábado, 19 de noviembre de 2016

El futuro cardenal Carlos Osoro: «El diálogo es imprescindible»


El arzobispo de Madrid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Carlos Osoro, que este sábado 19 de noviembre será creado cardenal por el Papa Francisco, espera que el nuevo Gobierno dialogue con todas las instituciones, también con la Iglesia católica porque considera que es una tarea «imprescindible».
«El diálogo es imprescindible para cualquiera que gobierna, con todas las instituciones, entre ellas, la Iglesia aunque no tenga una misión política. En este sentido, creo que no hay problemas; al contrario, todos buscamos el diálogo y seguro que cualquier Gobierno lo va a buscar», ha explicado Osoro en una entrevista concedida a Europa Press. Si bien, ha precisado que él personalmente aún no ha mantenido contacto con ningún miembro del Ejecutivo.
En concreto, en el ámbito educativo, y ante el compromiso del Gobierno de aprobar un Pacto de Estado por la Educación entre todos los partidos, Osoro cree que sería «ideal» y espera que cuenten con las opiniones de todos los sectores sociales implicados como la propia Iglesia, que desde que se aprobó la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) se ha mostrado en desacuerdo con que la clase de Religión no sea de oferta obligatoria en Bachillerato. A esto hay que sumar la reducción de horas de esta asignatura en algunas comunidades autónomas.
«Creo que es ideal que se logre firmar un Pacto por la Educación entre todos los partidos; creo que contarán con las opiniones de todos los sectores sociales implicados o a los cuales les implica este pacto social, un pacto que cree de verdad libertad, que no promueva dictaduras de ningún tipo, que construya la familia de los españoles», subraya.
Si bien, ha recordado que no es «futurólogo» y, por lo tanto, desconoce si el hecho de que haya más agentes políticos dialogando en el Parlamento favorecerá o perjudicará a la Iglesia española. «No soy futurólogo y, por tanto, no puedo preverlo, pero un diálogo abierto buscador de la verdad, de los intereses verdaderos que construyen la existencia humana, que dan hondura y profundidad a la vida, eso creo que lo están buscando todos y uno no puede negarse a la evidencia de lo que más necesita en estos momentos España para salir adelante, tenemos que hacerlo juntos», ha defendido.
A nivel internacional, en cuanto a la elección de Donald Trump como presidente de EEUU, el arzobispo se sitúa en línea con el Papa Francisco y reza para que tome las decisiones que más «construyan y acerquen» a todos, promoviendo «la libertad y el bien común».
El obispo del Padrenuestro
Osoro será creado cardenal el próximo sábado 19 de octubre por el Papa Francisco en una ceremonia en El Vaticano en la que estará arropado por más de un millar de personas, entre sus hermanos, sobrinos y fieles de Orense, Oviedo, Valencia y Madrid, diócesis de las que ha sido obispo. También acudirá una representación del Gobierno español.
El arzobispo espera que las acciones que realice durante su cardenalato, sumadas a las que ya ha realizado como prelado, le otorguen el título de «obispo del Padre Nuestro», es decir, que se le reconozca como padre de todos los hombres, sea cual sea su situación.
«Me gustaría ser el obispo del Padre Nuestro, que se mueve en ese plano. Yo no voy a poner límites a mi acción con quien sea porque todos son hijos de Dios», ha asegurado. Además, considera un «piropo» que Francisco le apode «el peregrino» porque para él es lo que significa ser cristiano, salir a los caminos de los hombres. Si bien, no cree que sea el hombre del Papa en España, aunque le profesa «gran admiración».
Osoro afirma que su ministerio se ha ido enriqueciendo con el paso de los años con tareas cada vez más grandes. Ahora, indica que el Papa le llama «a estar más cerca de él» y quizá a pedirle «opiniones más directas». Y asegura que está dispuesto a seguir haciendo lo que ha hecho siempre, dar su vida por los demás y mostrar a Dios, una misión que no siempre le resulta sencilla.
«Cuando termino el día, antes de acostarme, voy a la capilla y me quito el pectoral –que le compró su madre– y el anillo –que le regalaron sus hermanos y que ahora tendrá que sustituir por el que le ponga el Papa, pero que guardará con mucho cariño–, los pongo encima del Sagrario y digo: “Señor, hasta mañana, déjame descansar, sigue guiando a tu Iglesia, lo que no he hecho por mi mediocridad perdónamelo”», apunta.
Responsabilidad como elector en un cónclave
Sobre su responsabilidad como cardenal elector en un futuro hipótetico Cónclave, pide a Dios que Francisco continúe siendo Pontífice durante muchos años para no tener que elegir al próximo Papa –a los 80 años se pierde la condición de elector–. Acerca de la posibilidad de ser elegido Papa, asegura que no le preocupa porque no cree que vaya a ocurrir.
«Esto último no me preocupa porque no creo que vaya… No hay preocupación por eso. Sí me ocupa esa responsabilidad (como cardenal elector). Ojalá sea muy tarde, pido al Señor que dé al Papa Francisco años de vida, audacia y entrega que necesitamos en la Iglesia como la que nos está dando, ojalá pasen los años y no tenga que elegir yo, que ya esté jubilado y siga el Papa Francisco, pero en el fondo es una responsabilidad», ha asegurado.
En cuanto a la Iglesia en España, Osoro ensalza la acción del arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, como presidente de la Conferencia Episcopal, y espera que repita. «Para mí lo ha hecho excepcionalmente y cuando un persona es excepcional, para qué vas a buscar a otra que no sabes cómo va a salir», precisa al tiempo que se descarta como próximo presidente de la CEE.
El prelado no cree que su creación como cardenal sea un mensaje para que la Iglesia española sea más hospital de campaña, pues considera que ya lo está siendo. En cualquier caso, señala que la Iglesia, en todas las épocas, tiene que «revisarse» y estar atenta para no convertirse en una «habitación estufa». «Siempre hay que revisar si hay algún lugar en el que no estamos, al que no vamos, que no escuchamos», ha subrayado.
No escuchar solo a quien te da botafumeiro
En este sentido, admite que él mismo, al hacer examen de conciencia al final del día, se da cuenta de que a alguno le ha mirado «de reojo» y se pregunta si ha escuchado a todos o solo a los que le dan «botafumeiro», es decir, a los que le dan la razón, y pide perdón. «Es una terapia muy buena», recomienda.
Para el futuro cardenal español, lo que más necesita la humanidad en este momento es «misericordia» y, precisamente, con motivo de la clausura del Jubileo este sábado 20 de noviembre en Roma, Osoro hace un balance «muy positivo» del mismo por el efecto «curativo» que ha tenido, un hecho que ha observado en tanta gente, más y menos creyente, que se ha acercado al confesionario.
A su juicio, se ha acogido a toda la gente «viniese de donde viniese». Diferente ha sido la acogida de refugiados en Europa, según admite, aunque puntualiza que esas son decisiones de instituciones determinadas y que no habrá sido por falta de prédica desde la Iglesia.
Europa Press
Alfa y Omega

DIOS ES DIOS DE VIVOS



Lectura del santo evangelio según san Lucas (20,27-40):

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:

«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano». 

Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. 

Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».

Jesús les dijo: «En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.

Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para Él todos están vivos».

Intervinieron unos escribas: «Bien dicho, Maestro».

Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor

Entrevista al Papa Francisco en la vigilia de la conclusión del Jubileo: no tenía un plan, me dejé llevar por el Espíritu Santo

 
“¿El Jubileo? No tenía un plan, simplemente me dejé llevar por el Espíritu: así respondió el Papa Francisco a la periodista italiana Stefania Falasca, en una entrevista para el diario católico italiano Avvenire, en la vigilia del cierre del Año Santo de la Misericordia. “La Iglesia es Evangelio, no es un camino de ideas – explicó Francisco.  Este Año de la Misericordia es un proceso madurado en el tiempo, desde el Concilio. También en campo ecuménico el camino viene de lejos, con los pasos de mis predecesores. Éste es el camino de la Iglesia, no soy yo”.
“Me gusta pensar – prosigue el Papa – que el Omnipotente tiene una mala memoria. Una vez que te perdona, se olvida. Porque es feliz de perdonar. Para mí esto basta”. Y explica que vivir la experiencia del perdón enseña a cambiar la concepción cristiana “del legalismo a la Persona de Dios, que se ha hecho misericordia en la encarnación del Hijo.”
“Algunos, - dice citando ciertas objeciones a Amoris Laetitia – continúan a ver sólo o blanco o negro, mientras en el flujo de la vida se debe discernir. Y sostiene que las críticas  “si no hay un mal espíritu, ayudan”. ”Ciertos rigorismos nacen del querer esconder en una armadura la propia insatisfacción”. “Ninguna liquidación de la doctrina.  Servir a los pobres es servir a Cristo”.
Acerca de recientes encuentros ecuménicos, en particular aquellos de Suecia en ocasión del 500° aniversario de la reforma luterana, el Papa Francisco afirma que no son fruto del Año Santo de la Misericordia, sino de un recorrido iniciado con el Concilio Vaticano II. “Ninguna aceleración – observa – es el camino del Concilio que sigue adelante y se intensifica”.
“En este momento la unidad se hace en tres caminos: caminar juntos con las obras de caridad, rezar juntos y, finalmente, reconocer la confesión común, así como se expresa en el común martirio, en el ecumenismo de la sangre”.
Finalmente el Papa Bergoglio condena el proselitismo entre cristianos que “es en sí mismo un pecado grave” y dice que está convencido de que “el cáncer en la Iglesia es el darse gloria uno con el otro. En la reacción de Lutero  - agrega - estaba también esto: el rechazo de una imagen de Iglesia como una organización que podía seguir adelante prescindiendo de la Gracia del Señor”.
(MCM-RV)
(from Vatican Radio)

Homilía del Papa: pedir la gracia de la pobreza cristiana

La gente no perdona a un sacerdote apegado al dinero y el Señor nos da la gracia de la pobreza cristiana. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. En esta ocasión participaron en la Celebración Eucarística los secretarios de los Nuncios Apostólicos, presentes en la Ciudad del Vaticano con motivo del Jubileo de los colaboradores de las representaciones pontificias, que ha organizado la Secretaría de Estado.
En el Evangelio del día Jesús echa a los mercaderes del Templo que han transformado la Casa de Dios, un lugar de oración, en una “guarida de ladrones”. “El Señor – explicó el Santo Padre –  nos hace comprender dónde está la semilla del anticristo, la semilla del enemigo, la semilla que arruina su Reino”: El apego al dinero.
“El corazón apegado al dinero es un corazón idólatra”. El Papa Bergoglio recordó que Jesús dice que “no es posible servir a dos señores, a dos patrones”, a Dios y al dinero. Y añadió que el dinero es “el anti-Señor”, si bien podemos elegir:
“El Señor Dios, la casa del Señor Dios que es casa de oración. El encuentro con el Señor, con el Dios del amor. Y el señor-dinero, que entra en la casa de Dios, siempre trata de entrar. Y estos que cambiaban el dinero o vendían cosas, alquilaban aquellos puestos, ¡eh!: a los sacerdotes… a los sacerdotes les alquilaban, después enteraba el dinero. Éste es ‘el señor’ que puede arruinar nuestra vida y nos puede conducir a que terminemos mal nuestra vida, incluso sin felicidad, sin la alegría de servir al verdadero Señor, que es el único capaz de darnos la verdadera alegría”.
Se trata de “una elección personal” – dijo también el Papa –. De ahí su pregunta a los presentes: “¿Cómo es su actitud con el dinero? ¿Están apegados al dinero?”:
“El pueblo de Dios tiene una gran intuición, tanto para aceptar, en el hecho de canonizar como en el de condenar – porque el pueblo de Dios tiene capacidad de condenar – perdona tantas debilidades, tantos pecados a los sacerdotes; pero hay dos que no puede perdonar: el apego al dinero, cuando ve al sacerdote apegado al dinero, no perdona eso, o el maltrato a la gente, cuando el sacerdote maltrata a los fieles: esto el pueblo de Dios no puede digerirlo, y no lo perdona. Las otras cosas, las otras debilidades, los otros pecados… sí, no están bien, pero pobre hombre, está solo, es esto… y trata de justificar. Pero la condena no es tan fuerte y definitiva: el pueblo de Dios ha sabido comprender esto. El estado de señor que tiene el dinero y lleva a un sacerdote a ser patrón de una empresa o príncipe, o podemos ir hacia arriba…”.
El Pontífice recordó a los “terafín”, los ídolos que Raquel, la esposa de Jacob, tenía escondidos:
“Es triste ver a un sacerdote que llega al final de su vida, está en agonía, está en coma y los sobrinos como buitres allí, viendo qué pueden aferrar. Denle este deleite al Señor: un verdadero examen de conciencia. ‘Señor, Tú eres mi Señor ¿o esto – como Raquel – este ‘terafín’ escondido en mi corazón, este ídolo del dinero?’. Y sean valerosos, sean valientes. Hagan elecciones. Dinero suficiente, lo que tiene un trabajador honrado, el ahorro suficiente, lo que tienen un trabajador honrado. Pero el interés no es lícito, esto es una idolatría. Que el Señor nos dé hoy a todos nosotros la gracia de la pobreza cristiana”.
“Que el Señor – concluyó diciendo el Papa –  nos dé la gracia de esta pobreza de obrero, de aquellos que trabajan y ganan lo justo y no pretenden más”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

jueves, 17 de noviembre de 2016

XIII Semana de Cine Espiritual. Al cine para encontrarse con Dios


Cuentan que cuando Gaudí levantaba la fachada llamada del Nacimiento de la basílica de la Sagrada Familia otro colega le dijo que admiraba las formas de la naturaleza en su arquitectura y entonces él puntualizó: «Diga más bien creación». Esta frase del arquitecto, que está en proceso de beatificación, ha sido tomada como lema de la XIII Semana de Cine Espiritual, organizada por el departamento de Pastoral de Juventud de la Conferencia Episcopal Española y en la que se proyectarán películas que plantean el compromiso del cuidado y la contemplación de la naturaleza como creación de Dios.
El objetivo, según Raúl Tinajero, director del departamento de Pastoral de Juventud de la CEE, es «poner en contacto al espectador con Dios». Tratar de «remover el corazón y la mente» del que se sienta a ver una película «para que se abra a lo trascendente». Destacar aquellos «valores espirituales que despiertan en el ser humano el deseo de una búsqueda que va más allá de sus propio límites». Y «todo esto pensado y enfocado especialmente para jóvenes y niños».
Las películas seleccionadas –Little BoyResucitadoFrancisco. El padre JorgeGhadiSi Dios quiereAtrapa la banderaEl Principito– se proyectarán en 60 sedes repartidas por 40 diócesis distintas de toda España (cada diócesis establece las fechas de celebración de la actividad). Tras el visionado, los estudiantes que participen en la iniciativa –el año pasado lo hicieron cerca de 150.000 personas– podrán trabajar sobre el contenido de cada película gracias a unos materiales didácticos preparados por la editorial Edebé.
J.C.A.

«La fe de los cristianos de Irak no se explica sin Dios»



Jaume Vives tiene 24 años. Periodista casi recién estrenado, es de los que no se conforman con ver las noticias por la televisión o hablar por teléfono con una fuente. «Empecé a ver en medios de comunicación residuales que había un genocidio de los cristianos de Oriente Medio. Yo era muy escéptico y no me lo creía, así que me fui a Líbano primero, y después a Irak».

El joven contó en el Congreso Católicos y Vida Pública que encontró en Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, «testimonios de fe y coherencia que no se pueden explicar sin Dios». Recuerda especialmente al padre de la niña Myriam, conocida en el mundo entero tras una entrevista en la que «daba gracias a Dios por el ISIS». «Su padre nos dijo una frase: “Sé que ese 6 de agosto en que lo perdí todo el Señor entró en mi corazón y lo transformó”». «No es un loco, es que está enamorado del Señor. Y te da una patada en la conciencia».

C.S.A.

El Papa en Santa Marta: 'A los católicos tibios su tranquilidad les engaña'


El papa Francisco, en la misa de este martes en la Residencia Santa Marta, ha tomado inspiración en la primera lectura del Apocalipsis de Juan, donde el Señor reprende a los cristianos de la localidad de Laodicea por el riesgo de adormecerse en la Iglesia.
Francisco destacó el fuerte lenguaje usado por el Señor para criticarlos por no ser ni fríos ni calientes. Y les dice: «Estoy a punto de vomitarles fuera de mi boca». No a la tranquilidad que engaña. El Señor advierte que esa tranquilidad «sin sustancia» de los tibios «es una paz que engaña». El Santo Padre se interroga: «¿Qué piensa un tibio? Piensa que es rico, ‘Soy rico y no tengo necesidad de nada’ y esa tranquilidad engaña».
Porque «cuando en el alma de una Iglesia, de una familia, de una comunidad o de una persona está todo tranquilo, Dios no está allí».
Francisco les dice a los tibios que no dormiten en el sopor, en la convicción de que no carecen de nada, de que no hacen daño a nadie. El Señor muestra que los tibios están desnudos. El Señor –prosiguió el Papa– define a los que se creen ricos como «infelices y miserables», pero lo hace por amor, para descubrirles otras riquezas, que sólo Él puede dar.
«No es que la riqueza del alma que uno cree tener porque se siente bien, porque hace todas las cosas bien, con todo tranquilo: es la otra riqueza, la que viene de Dios, que siempre trae una cruz, que trae una tormenta, que siempre causa una inquietud en el alma».
De aquí el consejo –prosiguió el Santo Padre– que se compren vestiduras blancas para vestirse, «para no mostrar su desnudez y la vergüenza: los tibios no se dan cuenta de que están desnudos, como en la fábula del rey desnudo que es un niño quien dice: ‘El rey está desnudo!’... Los tibios están desnudos».
Los tibios, indica el Papa, «pierden la capacidad de contemplación, la capacidad de ver las cosas grandes y bellas de Dios». Por lo tanto, el Señor intenta despertarlos y ayudarles a convertirse.
Por ello el Papa subraya la importancia de ser capaz de «sentir cuando el Señor golpea a nuestra puerta», «porque nos quiere dar algo bueno, quiere entrar en nosotros». El Señor, añade el Papa, es aquel que tenemos delante de nosotros «que quiere ser invitado». Es lo que ocurre con Zaqueo a quien el Señor le dice de recibirle en su casa.
El Papa así invita a preguntarse: «¿Sé distinguir en mi corazón cuando el Señor me ‘despierta’, cuando me dice ‘abre’, o cuando me dice ‘baja’?». Y a rezar para «que el Espíritu Santo nos dé la gracia de discernir estos llamados».
Zenit

RECONOCER EL TIEMPO EN QUE DIOS NOS VISITA



Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,41-44):
En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén, cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella,diciendo: «¡Si tú también hubieras comprendido en ese día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.
Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes.
Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios».
Palabra del Señor

El Papa en la catequesis: “ayudemos a descubrir lo esencial con paciencia y humildad”

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Dedicamos la catequesis de hoy a una obra de misericordia que todos conocemos muy bien, pero que tal vez no la ponemos en práctica como deberíamos: sufrir con paciencia los defectos del prójimo. Todos somos muy buenos para identificar la presencia de alguno que puede incomodar: sucede cuando encontramos a alguien por la calle, o cuando recibimos una llamada telefónica… Enseguida pensamos: “¿Por cuánto tiempo tendré que escuchar las quejas, los comentarios, los pedidos o las vanaglorias de esta persona?”. A veces, sucede también, que las personas fastidiosas son aquellas que están más cercana de nosotros: entre los familiares hay siempre alguien; en el centro de trabajo no faltan; y ni siquiera en el tiempo libre no estamos eximidos. ¿Qué cosa debemos hacer con las personas fastidiosas? También nosotros muchas veces somos incomodos a los demás. ¿Por qué entre las obras de misericordia ha sido incluida también ésta? ¿Sufrir con paciencia los defectos del prójimo?.
En la Biblia vemos que Dios mismo debe usar misericordia para soportar las quejas de su pueblo. Por ejemplo, en el libro del Éxodo el pueblo resulta ser verdaderamente insoportable: primero llora porque es esclavizado en Egipto, y Dios lo libera; luego, en el desierto, se queja porque no tiene que comer (Cfr. 16,3), y Dios envía las codornices y el mana (Cfr. 16,13-16), pero no obstante esto las quejas no cesan. Moisés hacía de mediador entre Dios y el pueblo, y también él algunas vez habría sido incómodo para el Señor. Pero Dios ha tenido paciencia y así ha enseñado a Moisés y al pueblo también esta dimensión esencial de la fe.
Entonces, surge espontáneamente una pregunta: ¿hacemos siempre el examen de conciencia para ver si también nosotros, a veces, podemos resultar incomodos para los demás? Es fácil apuntar el dedo contra los defectos y las faltas de los demás, pero debemos aprender a ponernos en el lugar de los otros.
Miremos sobre todo a Jesús: ¡cuánta paciencia ha debido tener en los tres años de su vida pública! Una vez, mientras estaba de camino con sus discípulos, lo detuvo la madre de Santiago y Juan, y ella le dijo: «Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda» (Mt 20,21). La madre creaba las elites para sus hijos, pero era la mamá… También de aquella situación Jesús aprovecha la ocasión para dar una enseñanza fundamental: su reino, no es un reino de poder, no es un reino de gloria como aquellos terrenos, sino de servicio y donación a los demás. Jesús enseña a ir siempre a lo esencial y a mirar más lejos para asumir con responsabilidad la propia misión. Podríamos ver aquí la evocación a otras dos obras de misericordia espiritual: aquella de corregir al que se equivoca y enseñar al que no sabe. Pensemos en el gran empeño que se puede poner cuando ayudamos a las personas a crecer en la fe y en la vida. Pienso, por ejemplo, en los catequistas – entre los cuales hay muchas mamás y tantas religiosas – que dedican tiempo para enseñar a los jóvenes los elementos básicos de la fe. ¡Cuánto trabajo, sobre todo cuando los jóvenes preferirían jugar en vez de escuchar el catecismo!
Acompañar en la búsqueda de lo esencial es bello e importante, porque nos hace compartir la alegría de probar el sentido de la vida. Muchas veces nos sucede que encontramos a personas que se detienen en cosas superficiales, efímeras y banales; a veces porque no han encontrado a nadie que los estimulara a buscar algo más, a apreciar los verdaderos tesoros. Enseñar a mirar lo esencial es una ayuda determinante, especialmente en un tiempo como el nuestro que parece haber perdido la orientación y busca satisfacciones inmediatas. Enseñar a descubrir que cosa el Señor quiere de nosotros y cómo podemos corresponderle significa ponerse en su camino para crecer en la propia vocación, el camino de la verdadera alegría. Así las palabras de Jesús a la madre de Santiago y de Juan, y luego a todo el grupo de los discípulos, indican la vía para evitar caer en la envidia, en la ambición, en la adulación, tentaciones que están siempre presentes también entre nosotros cristianos. La exigencia de aconsejar, amonestar y enseñar no nos debe hacer sentir superiores a los demás, sino nos obliga sobre todo a entrar en nosotros mismos para verificar si somos coherentes con lo que pedimos a los demás. No olvidemos las palabras de Jesús: «¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?» (Lc 6,41). El Espíritu Santo nos ayude a ser pacientes para soportar y humildes y sencillos para aconsejar.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Reflexión del arzobispo de París a un año de los atentados

El arzobispo de París (Francia), cardenal André Vingt Trois, presidió una Misa en la que recordó los atentados del 13 de noviembre de 2015, en los que murieron más de 130 personas, y aprovechó para hacer una profunda reflexión sobre el fin del mundo.
En la homilía de la Misa que presidió el domingo 13 de noviembre en la Catedral de París, el cardenal meditó en el pasaje del Evangelio de San Lucas en el que Jesús habla del fin de los tiempos.
«La manera en la que Jesús reacciona a este asunto es particularmente importante para nosotros. Nos hace descubrir que lo que debe conducir nuestra vida no es imaginar lo que será el fin, sino afrontar a lo que es el presente», resaltó el purpurado.
«Imaginar un fin del mundo al modo de la ciencia ficción puede generar buenas series de televisión, ¡pero así no se vive! Cristo nos dice: el fin del mundo no es un acontecimiento indefinido, ¡es ahora! Hoy disponemos en el mundo, como lo conocemos, de todos los signos de la precariedad de nuestra historia, de la violencia que puede surgir entre los pueblos, de las catástrofes que pueden ocurrir».
Los atentados ocurridos el año pasado, dijo el cardenal, «han sido también un signo revelador de esta precariedad en la que vivimos. Habituados como hemos estado a las varias décadas de paz en nuestro territorio, la irrupción violenta y salvaje de la muerte nos ha hecho reflexionar, nos ha ayudado a tomar consciencia de los límites en los que se desarrolla la vida».
Ante las tragedias que se viven en el mundo y que la humanidad ha sufrido a lo largo de la historia, con los atentados de noviembre de 2015, el arzobispo cuestiona la reacción de los cristianos y si «tenemos acaso en nosotros la capacidad de comprender que estos acontecimientos, además de la gravedad de su realización concreta, son un signo de la fragilidad de nuestra vida».
«¿Tenemos la sabiduría de comprender que a través de estos acontecimientos, algo está en camino de cumplirse? Algo que no conocemos aún, de lo que no vemos el plan completo, pero que la fe en la Palabra de Dios nos permite vivir no como el fin del mundo sino como una etapa en la relación que la humanidad está llamada a renovar con Dios poco a poco».
De algún modo, continuó el cardenal Vingt Trois, «nuestra capacidad de afrontar las dificultades de la existencia, no solo cada uno por sí mismo sino afrontarlas juntos, haciendo eso la paz y la serenidad son un testimonio».
«Si creemos verdaderamente que Dios no abandona a su pueblo, si creemos verdaderamente que Dios no abandona a los hombres, si creemos en esta palabra de Cristo ‘ni un cabello de nuestra cabeza se perderá’, no podemos convertirnos en pueblos de angustia. Solo podemos convertirnos, con la ayuda de Dios, en el pueblo de la serenidad y la paz».
Sobre el miedo, el cardenal dijo que es lógico experimentarlo porque es humano, pero reiteró que por encima de ello debe primar en la persona la certeza de que «Dios no nos abandona».
Tras señalar que “no somos una humanidad perdida, ni un pueblo sumido en el temor, ni un pueblo de víctimas”, el arzobispo de París enfatizó que «sí somos un pueblo de hijos, un pueblo habitado por la fuerza de Dios, y es esta fuerza la fuente de nuestra confianza. Es esta fuerza la que debe convertirse en la fuente de nuestra paz».
«Es esta fuerza la que debemos poner el servicio de todos para tratar, si se puede, de pacificarlos, de reconfortarlos, de devolverles un poco la esperanza y no dejar que se abandonen al juego de la masacre y el terror». «Es por vuestra perseverancia lo que les guardará la vida», destacó el cardenal Vingt Trois.
El recuerdo de las víctimas de los atentados
Lo primero que debe hacerse en esta conmemoración, dice el cardenal, es «rezar por las víctimas, los que han muerto en estos atentados, los miembros de sus familias, sus amigos, que viven con el futuro de este suceso terrible, lo que llevan aún las secuelas en su carne».
«También rezamos por el personal de servicio del orden y de los servicios de seguridad que han sido muy solicitados en estos momentos difíciles, y que siguen haciéndolo como lo pueden constatar al venir aquí».
El purpurado dijo que deben estar más unidos que nunca y orar «para fortificar esta capacidad de afrontar juntos las dificultades, para no instrumentalizarlas como argumento de combate político sino para vivirlas como una prueba común que va más allá de los compromisos, las convicciones de cada uno y que requiere de todos la capacidad de asumir la realidad como gente libre y fuerte».
ACI

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (19,11-28)




Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de hoy es la parábola de los talentos... Relata la historia de un hombre que, antes de partir para un viaje, convocó a sus siervos y les confió su patrimonio (...) Durante la ausencia del patrón, los tres siervos tenían que hacer fructificar ese patrimonio. (...) Al regresar el patrón, los dos primeros recibieron la alabanza y la recompensa, mientras que el tercero, que restituyó sólo la moneda recibida, fue reprendido y castigado. 

Es claro el significado de esto. El hombre de la parábola representa a Jesús, los siervos somos nosotros y los talentos son el patrimonio que el Señor nos confía. ¿Cuál es el patrimonio? Su Palabra, la Eucaristía, la fe en el Padre celestial, su perdón... en definitiva, muchas cosas, sus bienes más preciosos. 

Este es el patrimonio que Él nos confía. No sólo para custodiar, sino para fructificar. Mientras que en el uso común el término «talento» indica una destacada cualidad individual —por ejemplo el talento en la música, en el deporte, etc.—, en la parábola los talentos representan los bienes del Señor, que Él nos confía para que los hagamos fructificar. 

El hoyo cavado en la tierra por el «siervo negligente y holgazán» indica el miedo a arriesgar que bloquea la creatividad y la fecundidad del amor. Porque el miedo a los riesgos del amor nos bloquea. Jesús no nos pide que conservemos su gracia en una caja fuerte. Jesús no nos pide esto, sino más bien quiere que la usemos en beneficio de los demás. Todos los bienes que hemos recibido son para darlos a los demás, y así crecen. 

Es como si nos dijera: «Aquí tienes mi misericordia, mi ternura, mi perdón: tómalos y haz amplio uso de ello». Y nosotros, ¿qué hemos hecho con ello? ¿A quién hemos «contagiado» con nuestra fe? ¿A cuántas personas hemos alentado con nuestra esperanza? ¿Cuánto amor hemos compartido con nuestro prójimo? Son preguntas que nos hará bien plantearnos. 

Cualquier ambiente, incluso el más lejano e inaccesible, puede convertirse en lugar donde fructifiquen los talentos. No existen situaciones o sitios que sean obstáculo para la presencia y el testimonio cristiano. El testimonio que Jesús nos pide no es cerrado, es abierto, depende de nosotros.

Esta parábola nos alienta a no esconder nuestra fe y nuestra pertenencia a Cristo, a no sepultar la Palabra del Evangelio, sino a hacerla circular en nuestra vida, en las relaciones, en las situaciones concretas, como fuerza que pone en crisis, que purifica y renueva. Así también el perdón que el Señor nos da especialmente en el sacramento de la Reconciliación: no lo tengamos cerrado en nosotros mismos, sino dejemos que irradie su fuerza, que haga caer los muros que levantó nuestro egoísmo, que nos haga dar el primer paso en las relaciones bloqueadas, retomar el diálogo donde ya no hay comunicación... Y así sucesivamente. Hacer que estos talentos, estos regalos, estos dones que el Señor nos dio, sean para los demás, crezcan, produzcan fruto, con nuestro testimonio. 

Creo que hoy sería un hermoso gesto que cada uno de vosotros tomara el Evangelio en casa (...) y meditara un poco: «Los talentos, las riquezas, todo lo que Dios me ha dado de espiritual, de bondad, la Palabra de Dios, ¿cómo hago para que crezcan en los demás? ¿O sólo los cuido en la caja fuerte?».

Además, el Señor no da a todos las mismas cosas y de la misma forma: nos conoce personalmente y nos confía lo que es justo para nosotros; pero en todos, en todos hay algo igual: la misma e inmensa confianza. Dios se fía de nosotros, Dios tiene esperanza en nosotros. Y esto es lo mismo para todos. No lo decepcionemos. 

No nos dejemos engañar por el miedo, sino devolvamos confianza con confianza. La Virgen María encarna esta actitud de la forma más hermosa y más plena. Ella recibió y acogió el don más sublime, Jesús en persona, y a su vez lo ofreció a la humanidad con corazón generoso. A ella le pedimos que nos ayude a ser «siervos buenos y fieles», para participar «en el gozo de nuestro Señor».

A QUIEN ES FIEL EN LO POCO SE LE DARÁ MUCHO


Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,11-28):

En aquel tiempo, Jesús dijo una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestarse enseguida. Dijo, pues:

«Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo”.

Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo: “No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”.

Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno.

El primero se presentó y dijo: “Señor, tu mina ha producido diez”.

Él le dijo: “Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades”.

El segundo llegó y dijo: “Tu mina, señor, ha rendido cinco”.

A ese le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”.

El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”.

Él le dijo: “Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”.

Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas”.

Le dijeron: “Señor, ya tiene diez minas”.

Os digo: “Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y en cuanto a esos enemigos míos, que no querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”».

Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

Palabra del Señor

martes, 15 de noviembre de 2016

Homilía del Papa en Santa Marta: El amor cristiano es concreto

Estar atentos para no convertirse en “cristianos tibios”, porque así perdemos de vista al Señor. Fue la advertencia del Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice subrayó que Jesús siempre trata de corregirnos, de despertar nuestra alma tibia y adormecida en la tibieza. Y exhortó a saber discernir cuando el Señor llama a nuestra puerta.
Jesús reprocha a los cristianos “tibios” de la Iglesia de Laodicea. Francisco partió de la Primera Lectura, tomada de un pasaje del Apocalipsis de Juan, para detenerse en el riesgo de la tibieza en la Iglesia, tanto hoy cuanto para la primera comunidad cristiana. El Santo Padre subrayó que el Señor utiliza un lenguaje fuerte, de reprensión para los tibios, “cristianos que no son ni fríos, ni calientes”. Y a estos les dice: “Estoy a punto de vomitarte de mi boca”.
No a la tranquilidad que engaña, allí no está Dios
El Pontífice agregó que el Señor reprocha esa tranquilidad “sin consistencia” de los tibios. Una “tranquilidad que engaña”:
“¿Pero qué cosa piensa un tibio? Lo dice aquí el Señor: piensa que es rico. ‘Me he enriquecido y no tengo necesidad de nada. Estoy tranquilo’. Esa tranquilidad que engaña. Cuando en el alma de una Iglesia, de una familia, de una comunidad, de una persona siempre todo está tranquilo, allí no está Dios”.
El Obispo de Roma reprochando a los tibios dijo que no hay que adormecerse en la tibieza, en la convicción de que no se necesita nada y de que no se hace mal a nadie.
El Señor muestra que los tibios están desnudos, su riqueza no viene de Dios
Y recordó que el Señor define a estos que se creen ricos, “infelices y miserables”. Sin embargo – añadió Francisco – “lo hace por amor”, a fin de que descubran otra riqueza, la que sólo Él puede dar:
“No aquella riqueza del alma que tú crees que tienes porque eres bueno, haces bien todas las cosas, todo tranquilo: otra riqueza, aquella que viene de Dios, que siempre trae una cruz, siempre trae tempestad, siempre trae alguna inquietud al alma. Y te aconsejo que compres ropa blanca, para vestirte, para que no aparezca tu vergonzosa desnudez: los tibios no se dan cuenta de que están desnudos, como la fábula del rey desnudo donde es un niño el que dice: ‘¡Pero el rey está desnudo!’… Los tibios están desnudos”.
Los tibios – prosiguió diciendo el Papa Bergoglio – “pierden la capacidad de contemplación, la capacidad de ver las grandes y bellas cosas de Dios”. Por esta razón el Señor trata de despertarlos, de ayudarlos a convertirse. Y prosiguió explicando que el Señor también está para invitarnos: ‘He aquí, estoy ante la puerta y llamo’”. Y evidenció la importancia de ser capaces de “sentir cuando el Señor llama a nuestra puerta”, “porque quiere darnos algo bueno, quiere entrar en nosotros”.
Saber discernir cuando el Señor llama a nuestra puerta
Hay cristianos – fue la constatación del Pontífice – “que no se dan cuenta cuando el Señor llama”, “todo rumor es igual para ellos”. Entonces es necesario “comprender bien” cuando llama el Señor, cuando quiere darnos su consuelo. Y dijo que el Señor también está ante nosotros “para hacerse invitar”. Es lo que le sucedió a Zaqueo, como narra el Evangelio del día: “Aquella curiosidad de Zaqueo, el pequeño, fue sembrada por el Espíritu Santo”:
“La iniciativa viene del Espíritu hacia el Señor: el Señor está. Levanta los ojos y dice: ‘Ven, invítame a tu casa’. El Señor está… siempre está con amor: o para corregirnos o para invitarnos a cenar o para hacerse invitar. Está para decirnos: ‘Despiértate’. Está para decirnos: ‘Abre’. Está para decirnos: ‘Baja’. Pero siempre es Él. ¿Yo sé distinguir en mi corazón cuando el Señor me dice ‘despiértate’? ¿Cuando me dice ‘abre’? ¿Y cuando me dice ‘baja’? Que el Espíritu Santo nos dé la gracia de saber discernir estas llamadas”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

San Alberto Magno – 15 de noviembre



Nació en 1206 en el castillo de Lauingen, Baviera. Era hijo de los condes de Bollstädt, quienes se hallaban al servicio del monarca Federico II. Contaba con 16 años cuando inició los estudios universitarios de derecho. Pasó por Bolonia y Venecia, y finalmente recaló en Padua, lugar donde residía un tío suyo. En ese momento la ciudad era sede de una de las más prestigiosas universidades. Hizo acopio de una vasta preparación decantándose por las ciencias naturales. Solía acudir al templo de los dominicos y en 1223 conoció al beato Jordán de Sajonia, que era entonces el segundo maestro general de la Orden de predicadores. El inquieto joven, profundamente conmovido por el testimonio de vida y palabra del beato, no dudó en seguir el llamamiento de Cristo que se produjo en su interior, y en 1224 se abrazó a este carisma, junto a otros nueve novicios, uno de ellos hijo de un noble, como lo era él.
La conmoción familiar que se desató al conocer la noticia alcanzó cotas preocupantes. Su padre, en particular, estaba tan enfurecido que determinó aplicar la fuerza, si era preciso, para desligarlo de los frailes mendicantes. Alberto no pensaba claudicar. Pero, en todo caso, y con la más que probable idea de evitar males mayores, los superiores le trasladaron a Colonia. Allí impartió clases en 1228 y en 1229; éste último año tomó el hábito. Por esa época el enojo paterno se había aplacado. Era un profesor tan brillante que sus alumnos desbordaban las aulas tanto en las universidades de Colonia, como en las de Hildesheim, Friburgo, Ratisbona, Estrasburgo, y en la Sorbona de París, lugares donde también enseñó. Además, en París había estudiado teología. Algunas veces, cuando el auditorio crecía al punto de exceder el espacio del aula, se vio obligado a impartir clases al aire libre. El texto que tenía como base era el Liber Sententiarum, de Pedro Lombardo. En Colonia, donde fue enviado en 1248 para regir como rector la nueva universidad puesta en marcha por los dominicos, tuvo como discípulo al Aquinate, su más excelso alumno, por el que tuvo predilección. Consciente de su valía, hizo notar: «Ustedes llaman a Tomás ‘buey mudo’, pero yo les digo que los mugidos de este buey se escucharán en todo el mundo».
Pero si notables fueron las cualidades intelectuales de Alberto, insigne científico, teólogo y filósofo, autor de numerosas obras, no palidecían ante ellas sus excelsas virtudes. Vivía henchido de gozo porque era un hombre de intensa y continua oración. Su penetrante análisis sobre la ciencia y la filosofía estaban encarnados en ella, por eso su magistral exposición enardecía a sus enfervorizados seguidores. Se le considera impulsor de la escolástica. Pero no se dejó tentar por la vanagloria y, con espíritu sencillo y humilde elevó sus súplicas a Dios: «Señor Jesús pedimos tu ayuda para no dejarnos seducir de las vanas palabras tentadoras sobre la nobleza de la familia, sobre el prestigio de la Orden, sobre lo que la ciencia tiene de atractivo».
Se dejó guiar de este sentimiento de plena aquiescencia con la voluntad divina: «Querer todo lo que yo quiero para gloria de Dios, como Dios quiere para su gloria todo lo que él quiere». Destacaba por su amor a la Eucaristía y su devoción por María. Se cuenta que en su juventud, experimentando gran dificultad para el estudio, pensó fugarse del colegio a través de una escalera que pendía sobre la pared. Y la Virgen, saliéndole al encuentro, le ofreció su amparo vaticinando lo que le ocurriría al final de sus días: «Alberto, ¿por qué en vez de huir del colegio, no me rezas a mí, que soy ‘Causa de la Sabiduría’? Si me tienes fe y confianza, yo te daré una memoria prodigiosa. Y para que sepas que fui yo quien te la concedo cuando ya te vayas a morir, olvidarás todo lo que sabías». Ella había sido la que guió sus pasos a la Orden dominicana. Le dedicó el Mariale.
En 1254 fue designado provincial de Alemania recorriendo el vasto territorio a pie mientras mendigaba. El pontífice le encomendó diversas misiones y tuvo que combatir graves tendencias y abusos. Defendió el derecho a la enseñanza de las órdenes mendicantes, y fue encargado de redactar el plan de estudios para todos los dominicos. Cuando se aceptó su renuncia, se centró en el estudio, la docencia y la escritura. En 1260 fue nombrado obispo de Ratisbona, lugar donde emprendió la reforma del clero y erradicó las costumbres licenciosas. No consiguió que el papa Alejandro IV le liberase del oficio, pero sí lo hizo Urbano IV encomendándole que predicara la Cruzada desde 1261 a 1263. Fue un gran pacificador. En 1274 participó en el Concilio de Lyon que había convocado Gregorio X y, entre otras cosas, tuvo ocasión de salir en defensa de las tesis de su amado Tomás de Aquino que habían sido objeto de críticas infundadas.
En 1278, mientras impartía clase en Colonia, perdió la memoria. Y desde ese momento se recluyó en su celda, en oración. Diariamente acudía a la tumba que mandó erigir para rezar el Oficio de difuntos. En 1279 redactó su testamento. Murió el 15 de noviembre de 1280 serenamente, sobre su mesa. Fue beatificado en 1622 por Gregorio XV, y canonizado por Pío XI el 16 de diciembre de 1931, quien lo proclamó doctor de la Iglesia. En 1941 Pio XII lo declaró patrono de los científicos. Ha recibido el título de «magnus» (grande), y de «doctor universal» por la extensión de su saber que engloba las disciplinas filosófico teológicas y las científicas.
Como señaló Benedicto XVI, Alberto «tiene mucho que enseñarnos aún […] muestra que entre fe y ciencia no hay oposición, a pesar de algunos episodios de incomprensión que se han registrado en la historia […] recuerda que entre ciencia y fe hay amistad, y que los hombres de ciencia pueden recorrer, a través de su vocación al estudio de la naturaleza, un auténtico y fascinante recorrido de santidad».
ZENIT

El arzobispo de Tijuana colocará una imagen de la Virgen donde Trump quiere levantar el muro

Monseñor Francisco Moreno procesionará con una talla de la Virgen de Guadalupe desde la parroquia Santa María del Mar hasta la valla fronteriza entre México y San Diego (California). Allí colocará la imagen y celebrará una Misa para suplicar a la Virgen que «interceda ante Dios para que proteja a todos los migrantes»
El arzobispo de Tijuana y un grupo de fieles llevarán en procesión la imagen de la Virgen de Guadalupe al «muro» que divide a Estados Unidos y América Latina para suplicarle que «interceda ante Dios para que proteja a todos los migrantes».
La comitiva se reunirá el sábado 19 de noviembre, a las 15:00, en la parroquia de Santa María del Mar, situada en la zona de Playas de Tijuana, donde rezarán la «hora de la Misericordia», y después saldrán en procesión con la imagen rumbo a la valla fronteriza entre México y San Diego (California). Allí monseñor Francisco Moreno bendecirá la imagen y la colocará en el lugar donde celebrará Misa y al terminar expresará «su súplica a Dios» para que, a través de la Virgen, proteja a todos los migrantes.
«Este acontecimiento se pretende tomar como un puente de paz, de amor y de misericordia a la Virgen de Guadalupe, de tal manera que por su intercesión hombres y mujeres migrantes sean bendecidos en la situación difícil» que viven, explicó el arzobispo.
Respetar la decisión de los estadounidenses
Sobre la amenaza del presidente electo de EE.UU., Donald Trump, de expulsar a tres millones de migrantes, Francisco Moreno dijo que se debe respetar la decisión de los estadounidenses y desearles que su elección sea para bien de ellos y del mundo entero.
Recordó que Estados Unidos «es un país que juega un papel preponderante en medio del concierto de las naciones».
El arzobispo añadió que, como personas de fe, «hay que orar para que Dios ilumine a este presidente electo y pueda tomar las decisiones convenientes».
Monseñor Moreno consideró que las decisiones que Trump anunció durante la campaña electoral «pueden ser precipitadas» y primero «tendrá que iniciar su gobierno, y se va a dar cuenta de que no todo es posible hacerlo tal como ha propuesto».
Pidió «no crear un ambiente de alarma, pero sí manifestar nuestra inconformidad» para reclamar un trato digno, humano, para todos nuestros migrantes que están en Estados Unidos, quienes «aportan muchísimo» a la construcción, a la identidad, al progreso de ese país.
«Tomemos con serenidad estas declaraciones y pensemos que aún no son hechos concretos, eso tendrá que ser todo un proceso; espero que se vayan diluyendo en el camino y que no lleguen a ser realidad. Ojalá el señor Trump se dé cuenta de lo valiosa que es la presencia de los migrantes en Estados Unidos», concluyó el arzobispo mexicano.
Alfa y Omega/EFE