jueves, 17 de noviembre de 2016

«La fe de los cristianos de Irak no se explica sin Dios»



Jaume Vives tiene 24 años. Periodista casi recién estrenado, es de los que no se conforman con ver las noticias por la televisión o hablar por teléfono con una fuente. «Empecé a ver en medios de comunicación residuales que había un genocidio de los cristianos de Oriente Medio. Yo era muy escéptico y no me lo creía, así que me fui a Líbano primero, y después a Irak».

El joven contó en el Congreso Católicos y Vida Pública que encontró en Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, «testimonios de fe y coherencia que no se pueden explicar sin Dios». Recuerda especialmente al padre de la niña Myriam, conocida en el mundo entero tras una entrevista en la que «daba gracias a Dios por el ISIS». «Su padre nos dijo una frase: “Sé que ese 6 de agosto en que lo perdí todo el Señor entró en mi corazón y lo transformó”». «No es un loco, es que está enamorado del Señor. Y te da una patada en la conciencia».

C.S.A.

El Papa en Santa Marta: 'A los católicos tibios su tranquilidad les engaña'


El papa Francisco, en la misa de este martes en la Residencia Santa Marta, ha tomado inspiración en la primera lectura del Apocalipsis de Juan, donde el Señor reprende a los cristianos de la localidad de Laodicea por el riesgo de adormecerse en la Iglesia.
Francisco destacó el fuerte lenguaje usado por el Señor para criticarlos por no ser ni fríos ni calientes. Y les dice: «Estoy a punto de vomitarles fuera de mi boca». No a la tranquilidad que engaña. El Señor advierte que esa tranquilidad «sin sustancia» de los tibios «es una paz que engaña». El Santo Padre se interroga: «¿Qué piensa un tibio? Piensa que es rico, ‘Soy rico y no tengo necesidad de nada’ y esa tranquilidad engaña».
Porque «cuando en el alma de una Iglesia, de una familia, de una comunidad o de una persona está todo tranquilo, Dios no está allí».
Francisco les dice a los tibios que no dormiten en el sopor, en la convicción de que no carecen de nada, de que no hacen daño a nadie. El Señor muestra que los tibios están desnudos. El Señor –prosiguió el Papa– define a los que se creen ricos como «infelices y miserables», pero lo hace por amor, para descubrirles otras riquezas, que sólo Él puede dar.
«No es que la riqueza del alma que uno cree tener porque se siente bien, porque hace todas las cosas bien, con todo tranquilo: es la otra riqueza, la que viene de Dios, que siempre trae una cruz, que trae una tormenta, que siempre causa una inquietud en el alma».
De aquí el consejo –prosiguió el Santo Padre– que se compren vestiduras blancas para vestirse, «para no mostrar su desnudez y la vergüenza: los tibios no se dan cuenta de que están desnudos, como en la fábula del rey desnudo que es un niño quien dice: ‘El rey está desnudo!’... Los tibios están desnudos».
Los tibios, indica el Papa, «pierden la capacidad de contemplación, la capacidad de ver las cosas grandes y bellas de Dios». Por lo tanto, el Señor intenta despertarlos y ayudarles a convertirse.
Por ello el Papa subraya la importancia de ser capaz de «sentir cuando el Señor golpea a nuestra puerta», «porque nos quiere dar algo bueno, quiere entrar en nosotros». El Señor, añade el Papa, es aquel que tenemos delante de nosotros «que quiere ser invitado». Es lo que ocurre con Zaqueo a quien el Señor le dice de recibirle en su casa.
El Papa así invita a preguntarse: «¿Sé distinguir en mi corazón cuando el Señor me ‘despierta’, cuando me dice ‘abre’, o cuando me dice ‘baja’?». Y a rezar para «que el Espíritu Santo nos dé la gracia de discernir estos llamados».
Zenit

RECONOCER EL TIEMPO EN QUE DIOS NOS VISITA



Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,41-44):
En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén, cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella,diciendo: «¡Si tú también hubieras comprendido en ese día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.
Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes.
Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios».
Palabra del Señor

El Papa en la catequesis: “ayudemos a descubrir lo esencial con paciencia y humildad”

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Dedicamos la catequesis de hoy a una obra de misericordia que todos conocemos muy bien, pero que tal vez no la ponemos en práctica como deberíamos: sufrir con paciencia los defectos del prójimo. Todos somos muy buenos para identificar la presencia de alguno que puede incomodar: sucede cuando encontramos a alguien por la calle, o cuando recibimos una llamada telefónica… Enseguida pensamos: “¿Por cuánto tiempo tendré que escuchar las quejas, los comentarios, los pedidos o las vanaglorias de esta persona?”. A veces, sucede también, que las personas fastidiosas son aquellas que están más cercana de nosotros: entre los familiares hay siempre alguien; en el centro de trabajo no faltan; y ni siquiera en el tiempo libre no estamos eximidos. ¿Qué cosa debemos hacer con las personas fastidiosas? También nosotros muchas veces somos incomodos a los demás. ¿Por qué entre las obras de misericordia ha sido incluida también ésta? ¿Sufrir con paciencia los defectos del prójimo?.
En la Biblia vemos que Dios mismo debe usar misericordia para soportar las quejas de su pueblo. Por ejemplo, en el libro del Éxodo el pueblo resulta ser verdaderamente insoportable: primero llora porque es esclavizado en Egipto, y Dios lo libera; luego, en el desierto, se queja porque no tiene que comer (Cfr. 16,3), y Dios envía las codornices y el mana (Cfr. 16,13-16), pero no obstante esto las quejas no cesan. Moisés hacía de mediador entre Dios y el pueblo, y también él algunas vez habría sido incómodo para el Señor. Pero Dios ha tenido paciencia y así ha enseñado a Moisés y al pueblo también esta dimensión esencial de la fe.
Entonces, surge espontáneamente una pregunta: ¿hacemos siempre el examen de conciencia para ver si también nosotros, a veces, podemos resultar incomodos para los demás? Es fácil apuntar el dedo contra los defectos y las faltas de los demás, pero debemos aprender a ponernos en el lugar de los otros.
Miremos sobre todo a Jesús: ¡cuánta paciencia ha debido tener en los tres años de su vida pública! Una vez, mientras estaba de camino con sus discípulos, lo detuvo la madre de Santiago y Juan, y ella le dijo: «Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda» (Mt 20,21). La madre creaba las elites para sus hijos, pero era la mamá… También de aquella situación Jesús aprovecha la ocasión para dar una enseñanza fundamental: su reino, no es un reino de poder, no es un reino de gloria como aquellos terrenos, sino de servicio y donación a los demás. Jesús enseña a ir siempre a lo esencial y a mirar más lejos para asumir con responsabilidad la propia misión. Podríamos ver aquí la evocación a otras dos obras de misericordia espiritual: aquella de corregir al que se equivoca y enseñar al que no sabe. Pensemos en el gran empeño que se puede poner cuando ayudamos a las personas a crecer en la fe y en la vida. Pienso, por ejemplo, en los catequistas – entre los cuales hay muchas mamás y tantas religiosas – que dedican tiempo para enseñar a los jóvenes los elementos básicos de la fe. ¡Cuánto trabajo, sobre todo cuando los jóvenes preferirían jugar en vez de escuchar el catecismo!
Acompañar en la búsqueda de lo esencial es bello e importante, porque nos hace compartir la alegría de probar el sentido de la vida. Muchas veces nos sucede que encontramos a personas que se detienen en cosas superficiales, efímeras y banales; a veces porque no han encontrado a nadie que los estimulara a buscar algo más, a apreciar los verdaderos tesoros. Enseñar a mirar lo esencial es una ayuda determinante, especialmente en un tiempo como el nuestro que parece haber perdido la orientación y busca satisfacciones inmediatas. Enseñar a descubrir que cosa el Señor quiere de nosotros y cómo podemos corresponderle significa ponerse en su camino para crecer en la propia vocación, el camino de la verdadera alegría. Así las palabras de Jesús a la madre de Santiago y de Juan, y luego a todo el grupo de los discípulos, indican la vía para evitar caer en la envidia, en la ambición, en la adulación, tentaciones que están siempre presentes también entre nosotros cristianos. La exigencia de aconsejar, amonestar y enseñar no nos debe hacer sentir superiores a los demás, sino nos obliga sobre todo a entrar en nosotros mismos para verificar si somos coherentes con lo que pedimos a los demás. No olvidemos las palabras de Jesús: «¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?» (Lc 6,41). El Espíritu Santo nos ayude a ser pacientes para soportar y humildes y sencillos para aconsejar.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Reflexión del arzobispo de París a un año de los atentados

El arzobispo de París (Francia), cardenal André Vingt Trois, presidió una Misa en la que recordó los atentados del 13 de noviembre de 2015, en los que murieron más de 130 personas, y aprovechó para hacer una profunda reflexión sobre el fin del mundo.
En la homilía de la Misa que presidió el domingo 13 de noviembre en la Catedral de París, el cardenal meditó en el pasaje del Evangelio de San Lucas en el que Jesús habla del fin de los tiempos.
«La manera en la que Jesús reacciona a este asunto es particularmente importante para nosotros. Nos hace descubrir que lo que debe conducir nuestra vida no es imaginar lo que será el fin, sino afrontar a lo que es el presente», resaltó el purpurado.
«Imaginar un fin del mundo al modo de la ciencia ficción puede generar buenas series de televisión, ¡pero así no se vive! Cristo nos dice: el fin del mundo no es un acontecimiento indefinido, ¡es ahora! Hoy disponemos en el mundo, como lo conocemos, de todos los signos de la precariedad de nuestra historia, de la violencia que puede surgir entre los pueblos, de las catástrofes que pueden ocurrir».
Los atentados ocurridos el año pasado, dijo el cardenal, «han sido también un signo revelador de esta precariedad en la que vivimos. Habituados como hemos estado a las varias décadas de paz en nuestro territorio, la irrupción violenta y salvaje de la muerte nos ha hecho reflexionar, nos ha ayudado a tomar consciencia de los límites en los que se desarrolla la vida».
Ante las tragedias que se viven en el mundo y que la humanidad ha sufrido a lo largo de la historia, con los atentados de noviembre de 2015, el arzobispo cuestiona la reacción de los cristianos y si «tenemos acaso en nosotros la capacidad de comprender que estos acontecimientos, además de la gravedad de su realización concreta, son un signo de la fragilidad de nuestra vida».
«¿Tenemos la sabiduría de comprender que a través de estos acontecimientos, algo está en camino de cumplirse? Algo que no conocemos aún, de lo que no vemos el plan completo, pero que la fe en la Palabra de Dios nos permite vivir no como el fin del mundo sino como una etapa en la relación que la humanidad está llamada a renovar con Dios poco a poco».
De algún modo, continuó el cardenal Vingt Trois, «nuestra capacidad de afrontar las dificultades de la existencia, no solo cada uno por sí mismo sino afrontarlas juntos, haciendo eso la paz y la serenidad son un testimonio».
«Si creemos verdaderamente que Dios no abandona a su pueblo, si creemos verdaderamente que Dios no abandona a los hombres, si creemos en esta palabra de Cristo ‘ni un cabello de nuestra cabeza se perderá’, no podemos convertirnos en pueblos de angustia. Solo podemos convertirnos, con la ayuda de Dios, en el pueblo de la serenidad y la paz».
Sobre el miedo, el cardenal dijo que es lógico experimentarlo porque es humano, pero reiteró que por encima de ello debe primar en la persona la certeza de que «Dios no nos abandona».
Tras señalar que “no somos una humanidad perdida, ni un pueblo sumido en el temor, ni un pueblo de víctimas”, el arzobispo de París enfatizó que «sí somos un pueblo de hijos, un pueblo habitado por la fuerza de Dios, y es esta fuerza la fuente de nuestra confianza. Es esta fuerza la que debe convertirse en la fuente de nuestra paz».
«Es esta fuerza la que debemos poner el servicio de todos para tratar, si se puede, de pacificarlos, de reconfortarlos, de devolverles un poco la esperanza y no dejar que se abandonen al juego de la masacre y el terror». «Es por vuestra perseverancia lo que les guardará la vida», destacó el cardenal Vingt Trois.
El recuerdo de las víctimas de los atentados
Lo primero que debe hacerse en esta conmemoración, dice el cardenal, es «rezar por las víctimas, los que han muerto en estos atentados, los miembros de sus familias, sus amigos, que viven con el futuro de este suceso terrible, lo que llevan aún las secuelas en su carne».
«También rezamos por el personal de servicio del orden y de los servicios de seguridad que han sido muy solicitados en estos momentos difíciles, y que siguen haciéndolo como lo pueden constatar al venir aquí».
El purpurado dijo que deben estar más unidos que nunca y orar «para fortificar esta capacidad de afrontar juntos las dificultades, para no instrumentalizarlas como argumento de combate político sino para vivirlas como una prueba común que va más allá de los compromisos, las convicciones de cada uno y que requiere de todos la capacidad de asumir la realidad como gente libre y fuerte».
ACI

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (19,11-28)




Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de hoy es la parábola de los talentos... Relata la historia de un hombre que, antes de partir para un viaje, convocó a sus siervos y les confió su patrimonio (...) Durante la ausencia del patrón, los tres siervos tenían que hacer fructificar ese patrimonio. (...) Al regresar el patrón, los dos primeros recibieron la alabanza y la recompensa, mientras que el tercero, que restituyó sólo la moneda recibida, fue reprendido y castigado. 

Es claro el significado de esto. El hombre de la parábola representa a Jesús, los siervos somos nosotros y los talentos son el patrimonio que el Señor nos confía. ¿Cuál es el patrimonio? Su Palabra, la Eucaristía, la fe en el Padre celestial, su perdón... en definitiva, muchas cosas, sus bienes más preciosos. 

Este es el patrimonio que Él nos confía. No sólo para custodiar, sino para fructificar. Mientras que en el uso común el término «talento» indica una destacada cualidad individual —por ejemplo el talento en la música, en el deporte, etc.—, en la parábola los talentos representan los bienes del Señor, que Él nos confía para que los hagamos fructificar. 

El hoyo cavado en la tierra por el «siervo negligente y holgazán» indica el miedo a arriesgar que bloquea la creatividad y la fecundidad del amor. Porque el miedo a los riesgos del amor nos bloquea. Jesús no nos pide que conservemos su gracia en una caja fuerte. Jesús no nos pide esto, sino más bien quiere que la usemos en beneficio de los demás. Todos los bienes que hemos recibido son para darlos a los demás, y así crecen. 

Es como si nos dijera: «Aquí tienes mi misericordia, mi ternura, mi perdón: tómalos y haz amplio uso de ello». Y nosotros, ¿qué hemos hecho con ello? ¿A quién hemos «contagiado» con nuestra fe? ¿A cuántas personas hemos alentado con nuestra esperanza? ¿Cuánto amor hemos compartido con nuestro prójimo? Son preguntas que nos hará bien plantearnos. 

Cualquier ambiente, incluso el más lejano e inaccesible, puede convertirse en lugar donde fructifiquen los talentos. No existen situaciones o sitios que sean obstáculo para la presencia y el testimonio cristiano. El testimonio que Jesús nos pide no es cerrado, es abierto, depende de nosotros.

Esta parábola nos alienta a no esconder nuestra fe y nuestra pertenencia a Cristo, a no sepultar la Palabra del Evangelio, sino a hacerla circular en nuestra vida, en las relaciones, en las situaciones concretas, como fuerza que pone en crisis, que purifica y renueva. Así también el perdón que el Señor nos da especialmente en el sacramento de la Reconciliación: no lo tengamos cerrado en nosotros mismos, sino dejemos que irradie su fuerza, que haga caer los muros que levantó nuestro egoísmo, que nos haga dar el primer paso en las relaciones bloqueadas, retomar el diálogo donde ya no hay comunicación... Y así sucesivamente. Hacer que estos talentos, estos regalos, estos dones que el Señor nos dio, sean para los demás, crezcan, produzcan fruto, con nuestro testimonio. 

Creo que hoy sería un hermoso gesto que cada uno de vosotros tomara el Evangelio en casa (...) y meditara un poco: «Los talentos, las riquezas, todo lo que Dios me ha dado de espiritual, de bondad, la Palabra de Dios, ¿cómo hago para que crezcan en los demás? ¿O sólo los cuido en la caja fuerte?».

Además, el Señor no da a todos las mismas cosas y de la misma forma: nos conoce personalmente y nos confía lo que es justo para nosotros; pero en todos, en todos hay algo igual: la misma e inmensa confianza. Dios se fía de nosotros, Dios tiene esperanza en nosotros. Y esto es lo mismo para todos. No lo decepcionemos. 

No nos dejemos engañar por el miedo, sino devolvamos confianza con confianza. La Virgen María encarna esta actitud de la forma más hermosa y más plena. Ella recibió y acogió el don más sublime, Jesús en persona, y a su vez lo ofreció a la humanidad con corazón generoso. A ella le pedimos que nos ayude a ser «siervos buenos y fieles», para participar «en el gozo de nuestro Señor».

A QUIEN ES FIEL EN LO POCO SE LE DARÁ MUCHO


Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,11-28):

En aquel tiempo, Jesús dijo una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestarse enseguida. Dijo, pues:

«Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo”.

Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo: “No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”.

Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno.

El primero se presentó y dijo: “Señor, tu mina ha producido diez”.

Él le dijo: “Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades”.

El segundo llegó y dijo: “Tu mina, señor, ha rendido cinco”.

A ese le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”.

El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”.

Él le dijo: “Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”.

Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas”.

Le dijeron: “Señor, ya tiene diez minas”.

Os digo: “Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y en cuanto a esos enemigos míos, que no querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”».

Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

Palabra del Señor

martes, 15 de noviembre de 2016

Homilía del Papa en Santa Marta: El amor cristiano es concreto

Estar atentos para no convertirse en “cristianos tibios”, porque así perdemos de vista al Señor. Fue la advertencia del Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice subrayó que Jesús siempre trata de corregirnos, de despertar nuestra alma tibia y adormecida en la tibieza. Y exhortó a saber discernir cuando el Señor llama a nuestra puerta.
Jesús reprocha a los cristianos “tibios” de la Iglesia de Laodicea. Francisco partió de la Primera Lectura, tomada de un pasaje del Apocalipsis de Juan, para detenerse en el riesgo de la tibieza en la Iglesia, tanto hoy cuanto para la primera comunidad cristiana. El Santo Padre subrayó que el Señor utiliza un lenguaje fuerte, de reprensión para los tibios, “cristianos que no son ni fríos, ni calientes”. Y a estos les dice: “Estoy a punto de vomitarte de mi boca”.
No a la tranquilidad que engaña, allí no está Dios
El Pontífice agregó que el Señor reprocha esa tranquilidad “sin consistencia” de los tibios. Una “tranquilidad que engaña”:
“¿Pero qué cosa piensa un tibio? Lo dice aquí el Señor: piensa que es rico. ‘Me he enriquecido y no tengo necesidad de nada. Estoy tranquilo’. Esa tranquilidad que engaña. Cuando en el alma de una Iglesia, de una familia, de una comunidad, de una persona siempre todo está tranquilo, allí no está Dios”.
El Obispo de Roma reprochando a los tibios dijo que no hay que adormecerse en la tibieza, en la convicción de que no se necesita nada y de que no se hace mal a nadie.
El Señor muestra que los tibios están desnudos, su riqueza no viene de Dios
Y recordó que el Señor define a estos que se creen ricos, “infelices y miserables”. Sin embargo – añadió Francisco – “lo hace por amor”, a fin de que descubran otra riqueza, la que sólo Él puede dar:
“No aquella riqueza del alma que tú crees que tienes porque eres bueno, haces bien todas las cosas, todo tranquilo: otra riqueza, aquella que viene de Dios, que siempre trae una cruz, siempre trae tempestad, siempre trae alguna inquietud al alma. Y te aconsejo que compres ropa blanca, para vestirte, para que no aparezca tu vergonzosa desnudez: los tibios no se dan cuenta de que están desnudos, como la fábula del rey desnudo donde es un niño el que dice: ‘¡Pero el rey está desnudo!’… Los tibios están desnudos”.
Los tibios – prosiguió diciendo el Papa Bergoglio – “pierden la capacidad de contemplación, la capacidad de ver las grandes y bellas cosas de Dios”. Por esta razón el Señor trata de despertarlos, de ayudarlos a convertirse. Y prosiguió explicando que el Señor también está para invitarnos: ‘He aquí, estoy ante la puerta y llamo’”. Y evidenció la importancia de ser capaces de “sentir cuando el Señor llama a nuestra puerta”, “porque quiere darnos algo bueno, quiere entrar en nosotros”.
Saber discernir cuando el Señor llama a nuestra puerta
Hay cristianos – fue la constatación del Pontífice – “que no se dan cuenta cuando el Señor llama”, “todo rumor es igual para ellos”. Entonces es necesario “comprender bien” cuando llama el Señor, cuando quiere darnos su consuelo. Y dijo que el Señor también está ante nosotros “para hacerse invitar”. Es lo que le sucedió a Zaqueo, como narra el Evangelio del día: “Aquella curiosidad de Zaqueo, el pequeño, fue sembrada por el Espíritu Santo”:
“La iniciativa viene del Espíritu hacia el Señor: el Señor está. Levanta los ojos y dice: ‘Ven, invítame a tu casa’. El Señor está… siempre está con amor: o para corregirnos o para invitarnos a cenar o para hacerse invitar. Está para decirnos: ‘Despiértate’. Está para decirnos: ‘Abre’. Está para decirnos: ‘Baja’. Pero siempre es Él. ¿Yo sé distinguir en mi corazón cuando el Señor me dice ‘despiértate’? ¿Cuando me dice ‘abre’? ¿Y cuando me dice ‘baja’? Que el Espíritu Santo nos dé la gracia de saber discernir estas llamadas”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

San Alberto Magno – 15 de noviembre



Nació en 1206 en el castillo de Lauingen, Baviera. Era hijo de los condes de Bollstädt, quienes se hallaban al servicio del monarca Federico II. Contaba con 16 años cuando inició los estudios universitarios de derecho. Pasó por Bolonia y Venecia, y finalmente recaló en Padua, lugar donde residía un tío suyo. En ese momento la ciudad era sede de una de las más prestigiosas universidades. Hizo acopio de una vasta preparación decantándose por las ciencias naturales. Solía acudir al templo de los dominicos y en 1223 conoció al beato Jordán de Sajonia, que era entonces el segundo maestro general de la Orden de predicadores. El inquieto joven, profundamente conmovido por el testimonio de vida y palabra del beato, no dudó en seguir el llamamiento de Cristo que se produjo en su interior, y en 1224 se abrazó a este carisma, junto a otros nueve novicios, uno de ellos hijo de un noble, como lo era él.
La conmoción familiar que se desató al conocer la noticia alcanzó cotas preocupantes. Su padre, en particular, estaba tan enfurecido que determinó aplicar la fuerza, si era preciso, para desligarlo de los frailes mendicantes. Alberto no pensaba claudicar. Pero, en todo caso, y con la más que probable idea de evitar males mayores, los superiores le trasladaron a Colonia. Allí impartió clases en 1228 y en 1229; éste último año tomó el hábito. Por esa época el enojo paterno se había aplacado. Era un profesor tan brillante que sus alumnos desbordaban las aulas tanto en las universidades de Colonia, como en las de Hildesheim, Friburgo, Ratisbona, Estrasburgo, y en la Sorbona de París, lugares donde también enseñó. Además, en París había estudiado teología. Algunas veces, cuando el auditorio crecía al punto de exceder el espacio del aula, se vio obligado a impartir clases al aire libre. El texto que tenía como base era el Liber Sententiarum, de Pedro Lombardo. En Colonia, donde fue enviado en 1248 para regir como rector la nueva universidad puesta en marcha por los dominicos, tuvo como discípulo al Aquinate, su más excelso alumno, por el que tuvo predilección. Consciente de su valía, hizo notar: «Ustedes llaman a Tomás ‘buey mudo’, pero yo les digo que los mugidos de este buey se escucharán en todo el mundo».
Pero si notables fueron las cualidades intelectuales de Alberto, insigne científico, teólogo y filósofo, autor de numerosas obras, no palidecían ante ellas sus excelsas virtudes. Vivía henchido de gozo porque era un hombre de intensa y continua oración. Su penetrante análisis sobre la ciencia y la filosofía estaban encarnados en ella, por eso su magistral exposición enardecía a sus enfervorizados seguidores. Se le considera impulsor de la escolástica. Pero no se dejó tentar por la vanagloria y, con espíritu sencillo y humilde elevó sus súplicas a Dios: «Señor Jesús pedimos tu ayuda para no dejarnos seducir de las vanas palabras tentadoras sobre la nobleza de la familia, sobre el prestigio de la Orden, sobre lo que la ciencia tiene de atractivo».
Se dejó guiar de este sentimiento de plena aquiescencia con la voluntad divina: «Querer todo lo que yo quiero para gloria de Dios, como Dios quiere para su gloria todo lo que él quiere». Destacaba por su amor a la Eucaristía y su devoción por María. Se cuenta que en su juventud, experimentando gran dificultad para el estudio, pensó fugarse del colegio a través de una escalera que pendía sobre la pared. Y la Virgen, saliéndole al encuentro, le ofreció su amparo vaticinando lo que le ocurriría al final de sus días: «Alberto, ¿por qué en vez de huir del colegio, no me rezas a mí, que soy ‘Causa de la Sabiduría’? Si me tienes fe y confianza, yo te daré una memoria prodigiosa. Y para que sepas que fui yo quien te la concedo cuando ya te vayas a morir, olvidarás todo lo que sabías». Ella había sido la que guió sus pasos a la Orden dominicana. Le dedicó el Mariale.
En 1254 fue designado provincial de Alemania recorriendo el vasto territorio a pie mientras mendigaba. El pontífice le encomendó diversas misiones y tuvo que combatir graves tendencias y abusos. Defendió el derecho a la enseñanza de las órdenes mendicantes, y fue encargado de redactar el plan de estudios para todos los dominicos. Cuando se aceptó su renuncia, se centró en el estudio, la docencia y la escritura. En 1260 fue nombrado obispo de Ratisbona, lugar donde emprendió la reforma del clero y erradicó las costumbres licenciosas. No consiguió que el papa Alejandro IV le liberase del oficio, pero sí lo hizo Urbano IV encomendándole que predicara la Cruzada desde 1261 a 1263. Fue un gran pacificador. En 1274 participó en el Concilio de Lyon que había convocado Gregorio X y, entre otras cosas, tuvo ocasión de salir en defensa de las tesis de su amado Tomás de Aquino que habían sido objeto de críticas infundadas.
En 1278, mientras impartía clase en Colonia, perdió la memoria. Y desde ese momento se recluyó en su celda, en oración. Diariamente acudía a la tumba que mandó erigir para rezar el Oficio de difuntos. En 1279 redactó su testamento. Murió el 15 de noviembre de 1280 serenamente, sobre su mesa. Fue beatificado en 1622 por Gregorio XV, y canonizado por Pío XI el 16 de diciembre de 1931, quien lo proclamó doctor de la Iglesia. En 1941 Pio XII lo declaró patrono de los científicos. Ha recibido el título de «magnus» (grande), y de «doctor universal» por la extensión de su saber que engloba las disciplinas filosófico teológicas y las científicas.
Como señaló Benedicto XVI, Alberto «tiene mucho que enseñarnos aún […] muestra que entre fe y ciencia no hay oposición, a pesar de algunos episodios de incomprensión que se han registrado en la historia […] recuerda que entre ciencia y fe hay amistad, y que los hombres de ciencia pueden recorrer, a través de su vocación al estudio de la naturaleza, un auténtico y fascinante recorrido de santidad».
ZENIT

El arzobispo de Tijuana colocará una imagen de la Virgen donde Trump quiere levantar el muro

Monseñor Francisco Moreno procesionará con una talla de la Virgen de Guadalupe desde la parroquia Santa María del Mar hasta la valla fronteriza entre México y San Diego (California). Allí colocará la imagen y celebrará una Misa para suplicar a la Virgen que «interceda ante Dios para que proteja a todos los migrantes»
El arzobispo de Tijuana y un grupo de fieles llevarán en procesión la imagen de la Virgen de Guadalupe al «muro» que divide a Estados Unidos y América Latina para suplicarle que «interceda ante Dios para que proteja a todos los migrantes».
La comitiva se reunirá el sábado 19 de noviembre, a las 15:00, en la parroquia de Santa María del Mar, situada en la zona de Playas de Tijuana, donde rezarán la «hora de la Misericordia», y después saldrán en procesión con la imagen rumbo a la valla fronteriza entre México y San Diego (California). Allí monseñor Francisco Moreno bendecirá la imagen y la colocará en el lugar donde celebrará Misa y al terminar expresará «su súplica a Dios» para que, a través de la Virgen, proteja a todos los migrantes.
«Este acontecimiento se pretende tomar como un puente de paz, de amor y de misericordia a la Virgen de Guadalupe, de tal manera que por su intercesión hombres y mujeres migrantes sean bendecidos en la situación difícil» que viven, explicó el arzobispo.
Respetar la decisión de los estadounidenses
Sobre la amenaza del presidente electo de EE.UU., Donald Trump, de expulsar a tres millones de migrantes, Francisco Moreno dijo que se debe respetar la decisión de los estadounidenses y desearles que su elección sea para bien de ellos y del mundo entero.
Recordó que Estados Unidos «es un país que juega un papel preponderante en medio del concierto de las naciones».
El arzobispo añadió que, como personas de fe, «hay que orar para que Dios ilumine a este presidente electo y pueda tomar las decisiones convenientes».
Monseñor Moreno consideró que las decisiones que Trump anunció durante la campaña electoral «pueden ser precipitadas» y primero «tendrá que iniciar su gobierno, y se va a dar cuenta de que no todo es posible hacerlo tal como ha propuesto».
Pidió «no crear un ambiente de alarma, pero sí manifestar nuestra inconformidad» para reclamar un trato digno, humano, para todos nuestros migrantes que están en Estados Unidos, quienes «aportan muchísimo» a la construcción, a la identidad, al progreso de ese país.
«Tomemos con serenidad estas declaraciones y pensemos que aún no son hechos concretos, eso tendrá que ser todo un proceso; espero que se vayan diluyendo en el camino y que no lleguen a ser realidad. Ojalá el señor Trump se dé cuenta de lo valiosa que es la presencia de los migrantes en Estados Unidos», concluyó el arzobispo mexicano.
Alfa y Omega/EFE

El Papa impone la birreta cardenalicia a monseñor Osoro este sábado


El arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, será creado cardenal en el Consistorio que presidirá el Santo Padre en Roma este sábado, 19 de noviembre. 17 nuevos cardenales procedentes de los cinco continentes recibirán la birreta cardenalicia en la basílica de San Pedro a partir de las 11:00 horas. 13TV retransmitirá la ceremonia en directo.
Los peregrinos desplazados a Roma para acompañar a monseñor Osoro en esta jornada podrán saludarlo en el Aula Pablo VI, a partir de las 16:30 horas.
Al día siguiente, este domingo, 20 de noviembre, el Santo Padre presidirá en la plaza de San Pedro la Misa de clausura del Año Jubilar de la Misericordia, en la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. En ella concelebrarán los recién creados cardenales, junto al Colegio de Cardenales, arzobispos, obispos y presbíteros. La celebración también podrá seguirse en 13TV, que retransmitirá un especial de su espacio Periferias.
Está previsto que el lunes 21 de noviembre se celebre, a primera hora de la mañana, en la capilla del Colegio Español en Roma, una Misa presidida por el nuevo cardenal Osoro.
Consistorio
El Santo Padre hizo público, el domingo 9 de octubre, la convocatoria de un nuevo Consistorio en el que serían creados 17 nuevos cardenales:
  • Mons. Mario Zenari, que permanece como nuncio apostólico de Siria (Italia)
  • Mons. Dieudonné Nzapalainga, arzobispo de Bangui (República Centroafricana)
  • Mons. Carlos Osoro Sierra, arzobispo de Madrid (España)
  • Mons. Sérgio da Rocha, arzobispo de Brasilia (Brasil)
  • Mons. Blase J. Cupich, arzobispo de Chicago (EE.UU.)
  • Mons. Patrick D’Rozario, arzobispo de Daca (Bangladesh)
  • Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo, arzobispo de Mérida (Venezuela)
  • Mons. Jozef De Kesel, arzobispo de Malinas-Bruselas (Bélgica)
  • Mons. Maurice Piat, arzobispo de Puerto Louis (Isla Mauricio)
  • Mons. Kevin Joseph Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida (EE.UU.)
  • Mons. Carlos Aguiar Retes, arzobispo deTlalnepantla (México)
  • Mons. John Ribat, arzobispo de Puerto Moresby (Papúa Nueva Guinea)
  • Mons. Joseph William Tobin, arzobispo de Indianápolis (EE.UU)
  • Mons. Anthony Soter Fernandez, arzobispo Emérito de Kuala Lumpur (Malasia)
  • Mons. Renato Corti, arzobispo emérito de Novara (Italia)
  • Mons. Sebastian Koto Khoarai, obispo emérito di Mohale’s Hoek (Lesoto)
  • Reverendo Ernest Simoni, presbítero de la archidiócesis de Shkodër-Pult (Albania)
Infomadrid

COMENTARIO DE BENEDICTO XVI AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (19,1-10)



Queridos hermanos y hermanas: 

El evangelista san Lucas presta una atención particular al tema de la misericordia de Jesús. De hecho, en su narración encontramos algunos episodios que ponen de relieve el amor misericordioso de Dios y de Cristo, el cual afirma que no vino a llamar a los justos, sino a los pecadores (cf. Lc 5, 32). 

Entre los relatos típicos de san Lucas se encuentra el de la conversión de Zaqueo, que se lee en la liturgia de hoy. Zaqueo es un «publicano», más aún, el jefe de los publicanos de Jericó, importante ciudad situada junto al río Jordán. Los publicanos eran los recaudadores de los impuestos que los judíos debían pagar al emperador romano y, por este motivo, ya eran considerados pecadores públicos. Además, aprovechaban con frecuencia su posición para sacar dinero a la gente mediante chantaje. 

Por eso Zaqueo era muy rico, pero sus conciudadanos lo despreciaban. Así, cuando Jesús, al atravesar Jericó, se detuvo precisamente en casa de Zaqueo, suscitó un escándalo general; pero el Señor sabía muy bien lo que hacía. Por decirlo así, quiso arriesgar y ganó la apuesta: Zaqueo, profundamente impresionado por la visita de Jesús, decide cambiar de vida, y promete restituir el cuádruplo de lo que ha robado. 

«Hoy ha llegado la salvación a esta casa», dice Jesús y concluye: «El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido». 

Dios no excluye a nadie, ni a pobres y ni a ricos. Dios no se deja condicionar por nuestros prejuicios humanos, sino que ve en cada uno un alma que es preciso salvar. Y le atraen especialmente aquellas almas a las que se considera perdidas y que así lo piensan ellas mismas. 

Jesucristo, encarnación de Dios, demostró esta inmensa misericordia, que no quita nada a la gravedad del pecado, sino que busca siempre salvar al pecador, ofrecerle la posibilidad de rescatarse, de volver a comenzar, de convertirse.

En otro pasaje del Evangelio Jesús afirma que es muy difícil para un rico entrar en el reino de los cielos (cf. Mt 19, 23). En el caso de Zaqueo vemos precisamente que lo que parece imposible se realiza: «Él —comenta san Jerónimo— entregó su riqueza e inmediatamente la sustituyó con la riqueza del reino de los cielos» (Homilía sobre el Salmo 83, 3). 

Y san Máximo de Turín añade: «Para los necios, las riquezas son un alimento para la deshonestidad; sin embargo, para los sabios son una ayuda para la virtud; a éstos se les ofrece una oportunidad para la salvación; a aquéllos se les provoca un tropiezo que los arruina» (Sermones, 95).

Queridos amigos, Zaqueo acogió a Jesús y se convirtió, porque Jesús lo había acogido antes a él. No lo había condenado, sino que había respondido a su deseo de salvación. Pidamos a la Virgen María, modelo perfecto de comunión con Jesús, que también nosotros experimentemos la alegría de recibir la visita del Hijo de Dios, de quedar renovados por su amor y transmitir a los demás su misericordia. 
(Benedicto XVI, Ángelus del 31 de octubre de 2010)

JESÚS HA VENIDO A BUSCAR Y SALVAR A QUIEN ESTABA PERDIDO


Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,1-10):

En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad.
En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. 

Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.

Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».

Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento.

Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».

Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor:N«Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le 
restituyo cuatro veces más».

Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

Palabra del Señor

lunes, 14 de noviembre de 2016

Las tres reglas fundamentales para los lectores en la Misa


El liturgista italiano Enrico Finotti responde a una lectora de Aleteia

Un lector escribe: “Quisiera saber si hay indicaciones precisas dictadas por el magisterio o simplemente por la tradición que expliquen cómo se debe comportar un lector durante la misa. Las lecturas del día y los salmos no deben ser leídos, sino anunciados. ¿Podrían hacer un pequeño elenco de los "errores" más comunes? Por ejemplo, a veces oigo decir como conclusión de una lectura "Es palabra de Dios" en lugar de "palabra de Dios". Y también, hay quien pone mucho énfasis en leer, a menudo cambiando fuertemente el tono de voz en los diálogos directos…. Hay quien levanta la mirada a los bancos y quien en cambio nunca alza los ojos y los tiene fijos en el texto. Gracias".

El liturgista Enrico Finotti explica: “La Palabra de Dios en la celebración litúrgica debe ser proclamada con sencillez y autenticidad. El lector, en resumen, debe ser él mismo y proclamar la Palabra sin artificios inútiles. De hecho, una regla importante para la dignidad misma de la liturgia es la de la verdad del signo, que afecta a todo: los ministros, los símbolos, los gestos, los ornamentos y el ambiente”.

Dicho esto, prosigue Finotti, “es también necesario solicitar la formación del lector, que se extiende a tres aspectos fundamentales”.

1. La formación bíblico-litúrgica

“El lector debe tener al menos un conocimiento mínimo de la Sagrada Escritura: estructura, composición, número y nombre de los libros sagrados del Antiguo y Nuevo Testamento, sus principales géneros literarios (histórico, poético, profético, sapiencial, etc.). Quien sube al ambón debe saberlo que va a hacer y qué tipo de texto va a proclamar.

Además, debe tener una suficiente preparación litúrgica, distinguiendo los ritos y sus partes y sabiendo el significado del propio papel ministerial en el contexto de la liturgia de la palabra. Al lector corresponde no sólo la proclamación de las lecturas bíblicas, sino también la de las intenciones de la oración universal y otras partes que le son señaladas en los diversos ritos litúrgicos”.

2. La preparación técnica

El lector debe saber cómo acceder y estar en el ambón, cómo usar el micrófono, cómo usar el leccionario, cómo pronunciar los diversos nombres y términos bíblicos, de qué modo proclamar los textos, evitando una lectura apagada o demasiado enfática.

Debe tener clara conciencia de que ejerce un ministerio público ante la asamblea litúrgica: su proclamación por tanto debe ser oída por todos. El Verbum Domini con el que termina cada lectura no es una constatación (Esta es la Palabra de Dios), sino una aclamación llena de asombro, que debe suscitar la respuesta agradecida de toda la asamblea (Deo gratias).

3. La formación espiritual

La Iglesia no encarga a actores externos el anuncio de la Palabra de Dios, sino que confía este ministerio a sus fieles, en cuanto que todo servicio a la Iglesia debe proceder de la fe y alimentarla. El lector, por tanto, debe procurar cuidar la vida interior de la Gracia y predisponerse con espíritu de oración y mirada de fe.

Esta dimensión edifica al pueblo cristiano, que ve en el lector un testigo de la Palabra que proclama. Esta, aunque es eficaz por sí misma, adquiere también, de la santidad de quien la transmite, un esplendor singular y un misterioso atractivo.

Del cuidado de la propia vida interior del lector, además que del buen sentido, dependen también la propiedad de sus gestos, de su mirada, del vestido y del peinado. Es evidente que el ministerio del lector implica una vida pública conforme a los mandamientos de Dios y las leyes de la Iglesia.

Leer en misa es un honor, no un derecho

Esta triple preparación, precisa el liturgista, “debería constituir una iniciación previa a la asunción de los lectores, pero después debería seguir siendo permanente, para que no se relajen las costumbres. Esto vale para los ministros de cualquier grado y orden.

Será finalmente muy útil para él mismo y para la comunidad que todo lector tenga el valor de verificar si siguen estando en él todas estas cualidades, y si disminuyeran, saber renunciar con honradez.

Realizar este ministerio es ciertamente un “honor” y la en Iglesia siempre se ha considerado así. Sin embargo, concluye, no se puede acceder a él a toda cosa, ni debe ser considerado un derecho, sino un servicio en pro de la asamblea litúrgica, que no puede ser ejercido sin las debidas habilitaciones, por el honor de Dios, el respeto a Su pueblo y la eficacia misma de la liturgia.

Aleteia

«Dondequiera que esté un cristiano, los hombres tienen que encontrar siempre un oasis de misericordia»

La catedral de Santa María la Real de la Almudena ha acogido este sábado, 12 de noviembre, la solemne Eucaristía de clausura del Año de la Misericordia, presidida por monseñor Carlos Osoro, cardenal electo, arzobispo de Madrid. Junto a él han concelebrado el arzobispo emérito de Madrid, cardenal Antonio María Rouco Varela; el obispo emérito de Ciudad Real, monseñor Antonio Antonio Algora; el obispo auxiliar de Madrid, monseñor Juan Antonio Martínez Camino; los vicarios episcopales, el Cabildo catedral y numerosos presbíteros.
En su homilía, el prelado ha agradecido este año que Dios «nos ha concedido por voluntad del Sucesor de Pedro» y ha reiterado que la misericordia «ha de ser el mensaje de la Iglesia, desde el que conquiste el corazón de los hombres», por lo que «no es de extrañar que el Señor nos proponga hoy tres grandes tareas».
La primera de estas tareas, como subraya la primera lectura, es honrar su nombre. «Se honra siendo misericordiosos como el Padre, tal y como nos revela Nuestro Señor Jesucristo. [...] Hay un paso que hemos de dar y que, en este Año Santo, tanta gente ha dado: reconocernos necesitados de misericordia, de perdón. Cuando reconocemos que somos pecadores, sabemos y experimentamos que Jesús vino por nosotros, vino a salvar y no a condenar», ha explicado.
No obstante, a veces hay a quien le cuesta «dejarse abrazar y perdonar por el Señor». «Quien está acostumbrado a juzgar a los demás desde arriba, sintiéndose cómodo y considerándose justo, bueno y leal, no sabe honrar el nombre de Dios que es Misericordia», ha aseverado.s
La segunda tarea que nos da el Señor, según ha detallado monseñor Osoro, es: «entregaos al trabajo que salve». Debemos «entregarnos a dar a conocer el carnet de identidad de Dios: la misericordia»; conscientes de que, como dice san Pablo, «si somos infieles, Él permanece fiel pues no puede renegar de sí mismo».
La tercera tarea es «dar y mostrar a los hombres la Belleza verdadera, que es Jesucristo». De acuerdo con el Evangelio, «no quedará piedra sobre piedra»; «el derribo material del templo es la expresión de que un mundo injusto, corrupto, de pecado, tiene que acabarse», ha asegurado el arzobispo. «Toda construcción de una vida fundamentada en lo exterior, en la apariencia y lo superficial, se derrumbará. Cristo ha traído una nueva creación; no es restauración, es nueva creación y tiene un nombre: misericordia», ha añadido.
«La misericordia vence, la misericordia cura, sana. [...] Tengamos la audacia de volver a las fuentes de la misericordia y la gracia. Pecadores, sí; corruptos, no. La corrupción es el pecado no reconocido y elevado a sistema, que se convierte en costumbre y en una manera de vivir. No es un acto, es una condición. Sin embargo, el pecador sabe que no hay situaciones de las que no podamos salir, que Jesús siempre está dispuesto a darnos la mano para salir. La misericordia será siempre más grande que el pecado. De ahí la fuerza que, para nosotros y para este momento de la historia de los hombres, tiene precisamente la misericordia».
«Hemos aprendido en este año que, dondequiera que esté un cristiano, en las parroquias, en las comunidades, en la Iglesia doméstica que es la familia cristiana, en las asociaciones y movimientos... los hombres tienen que encontrar siempre un oasis de misericordia», ha concluido.
Clausura del Año Santo en Roma
La celebración ha tenido lugar justo una semana antes del consistorio de cardenales presidido por el Papa Francisco en Roma en el que creará cardenal al arzobispo de Madrid. Al día siguiente, el domingo 20, el Pontífice presidirá la clausura oficial del Año de la Misericordia en la basílica de San Pedro.
Para más información sobre el Jubileo, puede visitarse este enlace.
Infomadrid / R.P. / Fotos: Miguel Hernández Santos