sábado, 22 de octubre de 2016


Karol Józef Wojtyła, aclamado pontífice Juan Pablo II, conmovió al mundo durante casi tres décadas del siglo XX. Sus gestos de bondad, la capacidad para llegar al corazón de creyentes y no creyentes, sus dotes de comunicador, los incesantes viajes apostólicos en los que no cesó de transmitir el amor de Dios, como hizo con su ingente obra, sedujeron a millones de jóvenes y adultos. El dolor humano, con su carácter de esencial ofrenda a Cristo, ha tenido en él uno de sus insignes valedores. Al ver los estragos del sufrimiento en su persona, todo el planeta pudo constatar la grandeza del mismo cuando se asume como él lo hizo. Así coronó su vida de entrega entrado el siglo XXI, siendo faro para todos los que sufren
Nació en Wadowice, Cracovia, el 18 de mayo de 1920. Fue el menor de tres hermanos, aunque Olga apenas sobrevivió. Perdió a su madre a los 9 años y poco después a Edmund, el primogénito, un médico que se contagió en el ejercicio de su profesión. Sus padres dejaron en Karol fuertemente arraigada la semilla de la fe católica. Brillante en sus estudios, con una mente privilegiada, cursó filosofía en la universidad Jagellónica de Cracovia. Al mismo tiempo se vinculó a un círculo teatral. En esa época obtuvo varios galardones como jugador de ajedrez. En 1939, durante la invasión nazi, fue peón en una cantera y obrero en una fábrica química. Era un líder nato, joven atractivo, de carismática personalidad y singular magnetismo para atraer a la gente. Gozaba del respeto y admiración de sus compañeros, católicos idealistas y entusiastas, que conformaron el grupo Unia y que defendían a los más débiles. En 1941, en plena ocupación alemana, falleció su padre, oficial del ejército polaco.
La Gestapo iba tras él, y se recluyó en una buhardilla. Un sastre le dio a conocer a san Juan de la Cruz y se entusiasmó. En esa época se sintió llamado al sacerdocio. Tuvo que formarse en el seminario clandestino de Cracovia hasta que el arzobispo, cardenal Stefan Sapieha, acogió al grupo de aspirantes en su palacio. Ordenado sacerdote en noviembre de 1946, él lo envió a Roma. Estudió en el Angellicum doctorándose en teología con una tesis sobre su estimado santo y reformador carmelita español. En Polonia fue vicario parroquial, capellán universitario y profesor de teología moral y de ética en el seminario y en las universidades Jagellónica y de Lublin; era afín al pensamiento de Scheler, sobre el que hizo su tesis. En 1958 Pío XII lo designó obispo auxiliar de Cracovia. En 1962 participó en el Concilio Vaticano II, donde sus intervenciones sobre el ateísmo y la libertad religiosa no pasaron desapercibidas. Pablo VI lo nombró cardenal en 1967. Al fallecer Juan Pablo I, tras su fugaz asunción de la Cátedra de Pedro, fue elegido para sucederle; tomó el nombre de este antecesor.
A partir de entonces, este polaco, primero en ostentar la altísima misión como Vicario de Cristo en la tierra, inició un pontificado excepcional. Enamorado de la Eucaristía y devoto de María, supo llegar al corazón de todos con independencia de razas, credos, edades, profesiones… Fue un atleta de Cristo, sacerdote y obispo ejemplar, un gran Pastor. También filósofo y teólogo destacado, defensor de la moral y de los derechos humanos, de la cultura de la vida, amante de la paz y de la justicia, papa de los jóvenes y de las familias, adalid de los derechos del no nacido, de los ancianos y de los enfermos. Apóstol de la reconciliación que supo aglutinar a credos diversos en Asís abriendo una vía ecuménica del diálogo interreligioso de un valor incalculable. El papa viajero que recorrió el mundo una y otra vez abrazando y bendiciendo a todos. En su pontificado se registró la caída de la cortina de hierro y el desmoronamiento del imperio soviético, lo que es atribuido por muchos estudiosos a la presencia de un papa del este europeo.
El gravísimo atentado sufrido en mayo de 1981, poco a poco fue minando su salud. Perdonó al agresor y siguió viviendo alumbrado por Cristo y por María, que lo rescató de una muerte prematura, pudiendo llevar a cabo de manera heroica su responsabilidad. Afrontó magistralmente numerosos problemas y dificultades que se le presentaron. Fue un hombre de oración que mostró siempre una imponente fortaleza ante las adversidades. Los últimos años de su vida no ocultó al mundo su deterioro físico; se mantuvo al frente de la Sede de Pedro dando ejemplo de su inalterable fidelidad a Cristo y a la Iglesia.
Catorce encíclicas, once constituciones apostólicas y 1060 audiencias públicas celebradas dan prueba del alcance de su entrega y ardor apostólico. En uno de sus mensajes recordó: «La vocación del cristiano es la santidad, en todo momento de la vida. En la primavera de la juventud, en la plenitud del verano de la edad madura, y después también en el otoño y en el invierno de la vejez, y por último, en la hora de la muerte». Él lo cumplió con creces. Si se pudiera hablar en términos numéricos sería uno de los pocos pontífices que ostentó uno de los records más altos. Y no solo por los casi veintisiete años de duración de su pontificado, el tercero más largo de la historia. También por la muchedumbre que le siguió en directo y en diferido multiplicando sus palabras y gestos gracias a los diversos medios de comunicación. Ellos mostraron el dolor que produjo su muerte acaecida el 2 de abril de 2005, y el impresionante gentío que se dio cita en su duelo.
Hay que dejar atrás los detractores que tuvo y sigue teniendo, que también han perseguido a otros integrantes de la vida santa, como se ha recordado aquí para otras biografías; ahí está la reciente de Teresa de Calcuta. Es inútil que traten de silenciar con absurdo griterío el eco de las obras de los grandes hijos de Dios. Él es su valedor; no se le puede acallar. Habla a través de los santos aunque pasen los siglos; lo vemos en esta sección de ZENIT todos los días. La realidad es que por sus muchas virtudes Juan Pablo II fue beatificado por Benedicto XVI el 1 de mayo de 2011. Francisco lo canonizó junto a Juan XXIII el 27 de abril de 2014, fiesta de la Divina Misericordia que este gran polaco instituyó.
Zenit

Arranca el Curso Anual de Catequética con Martín Barrios, de la CEE


El próximo jueves, 27 de octubre, en el salón de actos del semanario Alfa y Omega (calle La Pasa, 3) tendrá lugar la apertura del Curso Anual de Catequética dirigido a sacerdotes, catequistas y agentes de pastoral de la archidiócesis de Madrid. La primera lección correrá a carggo de Juan Luis Martín Barrios, director de la Subcomisión de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española, quien disertará sobre ¿Qué es la catequesis?.
El curso se prolongará hasta junio de 2017 con 26 sesiones en las que se desarrollarán 26 temas distintos por 26 ponentes distintos. Las sesiones se desarrollan de 17 a 19 horas. Es el primer curso sistemático de formación de catequistas en Madrid cuyas sesiones será transmitidas en directo por streaming y colgadas posteriormente en la web de la Delegación de Catequesis. Quienes acudan al menos al 80% del curso podrán obtener un diploma acreditativo.
¿Qué es la catequesis?
Para algunos la catequesis es el curso que los niños o los adolescentes tienen que hacer para poder hacer la Primera Comunión o recibir la Confirmación, cuando la catequesis es en realidad un proceso de iniciación cristiana por el que los que han despertado a la experiencia religiosa y han recibido el primer anuncio cristiano se insertan paulatinamente en la comunidad cristiana, proceso en el que los sacramentos de la iniciación son importantes, pero no son ni su final ni su finalidad. Para otros, entre ellos, no pocos cristianos, la catequesis es la enseñanza de la religión cristiana, similar a la impartida en la enseñanza escolar, cuando la catequesis no tiene como objeto sólo enseñar la fe, sino enseñar a vivir la fe.
¿Qué es entonces la catequesis si ninguna de estas dos explicaciones es acertada? La respuesta la dará José Luis Martín Barrios. Experto catequeta, Martín Barrios nació en el pueblo Villaseco del Pan en la provincia de Zamora, en 1952. Sacerdote desde 1978, se licenció en Teología Bíblica en la Universidad Pontifica de Salamanca y se doctoró en Teología Catequética en la Universidad Salesiana de Roma. Además de formador del Seminario y de párroco en su diócesis de Zamora, ha sido también delegado episcopal de Catequesis, vicario general, y canónigo de la catedral de la diócesis zamorana, así como profesor en el Bienio de Catequética de la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid.
El Secretariado –y por tanto de modo prominente su director– de la Subcomisión Episcopal de Catequesis tiene como objetivos conocer y estudiar la realidad de la catequesis de la Iglesia en España: necesidades, dificultades, posibilidades y desafíos. Asimismo también impulsa el funcionamiento de las delegaciones y secretariados diocesanos en su preocupación por los catequistas y se ofrecen materiales para su formación, espiritualidad y compromiso apostólico. Se organizan las Jornadas anuales de delegaciones de Catequesis y responsables del Catecumenado y se colabora estrechamente con las demás comisiones de la Conferencia Episcopal. Es función de este Secretariado mantener una relación cordial y de trabajo con el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización y con las Comisiones Episcopales Europeas.
Infomadrid

Papa: este año jubilar es continuación del Evangelio de la misericordia proclamado por Juan Pablo II al mundo



Recordando a San Juan Pablo II en el día de su memoria litúrgica, el 22 de octubre, el Papa Francisco  evocó, en su audiencia jubilar, a su santo predecesor en la Cátedra de Pedro. Y, con entrañable afecto en especial en sus palabras a los polacos, hizo resonar para los hombres de todo el mundo la exhortación de Karol Wojtyla al comenzar su pontificado.
En su cordial saludo a la peregrinación nacional de Polonia, el Papa Bergoglio, recordó asimismo su viaje a Cracovia para la JMJ 2016
«Queridos hermanos y hermanas
han llegado aquí, en peregrinación nacional para agradecer a Dios por el Bautismo que su pueblo recibió hace 1050 años, así como por todo el bien que ha nacido en los corazones de los jóvenes de todo el mundo, durante el inolvidable encuentro en Cracovia. Me uno a ustedes en este agradecimiento. Me siento inmensamente agradecido a Dios que me ha permitido conocer su nación, la patria de San Juan Pablo II, donde pude visitar el Santuario de Jasna Gora, el Santuario de la Divina Misericordia en Cracovia y el Centro Juan Pablo II ‘No tengan miedo’.
A Aquel que se identifica sobre todo en cada hombre humillado y que sufre, le agradezco por el silencio que me fue concedido en el lugar del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. ¡En este silencio el mensaje de la misericordia asume una importancia inaudita!».
Luego en su emocionado recuerdo, el Papa Francisco repitió en la Plaza de San Pedro laexhortación al mundo de San Juan Pablo II, el 22 de octubre de 1978:
«Queridos hermanos y hermanas,
Hace exactamente treinta y ocho años, casi a esta hora, en esta Plaza resonaban las palabras dirigidas a los hombres de todo el mundo: ¡No tengan miedo!... Abran, aún más abran de par en par las puertas a Cristo. Estas palabras las pronunció al comienzo de su pontificado, Juan Pablo II, Papa de profunda espiritualidad, plasmada por la milenaria herencia de la historia y de la cultura polaca transmitida en el espíritu de fe, de generación en generación. Esta herencia era para él fuente de esperanza, de poder y de coraje, con que exhortaba al mundo a abrir las puertas a Cristo. Esta invitación se transformó en una incesante proclamación del Evangelio de la misericordia para el mundo y para el hombre, cuya continuación es este Año Jubilar.
Hoy anhelo desearles que el Señor les dé la gracia de cuidar y perseverar en la fe, esperanza y amor que han recibido de sus antepasados. Que en sus mentes y corazones resuene siempre el llamado de su gran compatriota a despertar en ustedes la fantasía de la misericordia, para que puedan brindar el testimonio del amor de Dios a todos los que lo necesitan.
Les pido que me recuerden en sus oraciones ¡Los bendigo de corazón! ¡Alabado sea Jesucristo!»
La enseñanza y ejemplo de San Juan Pablo II también en su bienvenida a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados:
«Hoy es la memoria litúrgica de San Juan Pablo II. Que su coherente testimonio de fe sea una enseñanza para ustedes, queridos jóvenes, para afrontar los desafíos de la vida. A la luz de su ejemplo, queridos enfermos, abracen con esperanza la cruz de la enfermedad. Invoquen su celestial intercesión, queridos recién casados, para que nunca falte el amor en su nueva familia».
En la víspera de la Jornada Mundial de las Misiones el Papa Francisco exhortó a todos a «acompañar con la oración y con ayuda concreta la acción evangelizadora de la Iglesia en los territorios de misión».
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)


Los obispos se miran en el espejo de Pablo VI


El cardenal Parolin, secretario de Estado del Papa, presenta al Papa Montini como «el primer Papa moderno» y un impulsor del diálogo con «el humanismo laico»
La primera misión de la Iglesia en Europa es «revitalizar una sociedad que no es cristiana, que es poscristiana», y España no es una excepción. Esa es «la línea a seguir en los próximos años». En ella están trabajando ya los obispos españoles de forma «discreta pero muy efectiva».
Estas son algunas de las pocas palabras dirigidas a la prensa el 14 de octubre por el principal colaborador del Papa, quien desde el Palacio de la Zarzuela dejó caer que, aunque no está en la agenda una visita del Pontífice, «todo es posible para los que tienen fe». Preguntado después sobre sus encuentros con el rey y con Mariano Rajoy, el secretario de Estado transmitió el deseo del Vaticano de que haya Gobierno en España «cuanto antes».
Cumplimentados sus compromisos de Estado, el cardenal Pietro Parolin inauguró en la sede de la Conferencia Episcopal un simposio homenaje a Pablo VI que sirvió para poner a los obispos españoles ante el espejo de quien Parolin definió como «el primer Papa moderno», un Papa «enamorado de Cristo y de la Iglesia» que supo presentar el Evangelio en positivo y tender la mano al «humanismo laico», cualidades muy en sintonía con el estilo pastoral del actual sucesor de Pedro.
El cardenal Ricardo Blázquez, presidente de la CEE, destacó la continuidad entre Montini y Francisco en el impulso a la evangelización. Uno de los grandes documentos del primero fue la exhortaciónEvangelii nuntiandi, muy citada en el documento programático del actual pontificado, la exhortaciónEvangelii gaudium.
Pablo VI y la Transición

El arzobispo de Valladolid se refirió también a la relación entre Pablo VI y España, y destacó que «la Iglesia pudo prestar a nuestra sociedad un servicio notable, inestimable quizá, en la etapa de la Transición, porque la onda en que emitían los documentos conciliares coincidía a grandes rasgos con la transición sociopolítica en España». Una de las grandes líneas de este simposio consistió precisamente en hacer justicia a la figura de un Papa muy denostado por el régimen franquista e incomprendido por muchos católicos. El cardenal Fernando Sebastián, arzobispo emérito de Pamplona, habló de estos difíciles años en los que «ser partidario del Concilio te hacía sospechoso de antifranquista». Y a la inversa, «las actitudes en políticas determinaban los sentimientos en cuestiones eclesiales», lo cual «produjo una confusión y un apasionamiento difíciles de describir».
«Todo cambió radicalmente con la llegada de la monarquía», prosiguió Sebastián. La Iglesia, siguiendo las orientaciones del Papa, «apoyó decididamente un cambio político que supusiera el reconocimiento de los derechos civiles de los ciudadanos», con el objetivo de favorecer «la reconciliación de todos los españoles» y «dejar atrás las consecuencias de la Guerra Civil».
Pablo VI, en palabras del cardenal Sebastián, trató de favorecer una «transición pacífica, renovadora y conservadora, que nos permitiera superar las discordias, entrar en la modernidad con sabiduría y con paz, sin perder nuestra identidad y nuestro gran patrimonio espiritual, un patrimonio que en varias ocasiones resumió en los grandes valores de la fe en Jesucristo, el amor a la Eucaristía y a la Virgen María, la fortaleza de la familia y el espíritu misionero».


«No solo la Iglesia, sino la sociedad entera está en deuda con él», añadió el cardenal Sebastián, para concluir que «hoy los españoles necesitamos escuchar de nuevo su mensaje y cumplir sus recomendaciones de mutuo respeto y diálogo sincero, de reconciliación generosa, y colaboración honesta y sincera entre todos nosotros por encima de las inevitables y positivas diferencias sociales, culturales, políticas y religiosas».

COMENTARIO POR SAN AGUSTÍN DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (13,1-9)




La higuera se refiere a la raza humana, y los tres años a las tres eras de la humanidad: antes de la ley, bajo la ley y bajo la gracia. 

No es extraño ver a la raza humana en la higuera. El primer hombre después de su pecado, ¿no cubrió su miembros con hojas de higuera? (Gen 3,7) Esos miembros honorables antes del pecado, se convirtieron para él en miembros vergonzosos. Antes del pecado nuestros primeros padres estaban desnudos y no se sonrojaban por ello. ¿Cómo iban a sonrojarse, si estaban sin pecado? ¿Acaso podían ellos tener vergüenza de las obras de su Creador? 

Ciertamente no, porque aún no habían corrompido la pureza con sus malas acciones, no habían todavía tocado el árbol del conocimiento del bien y del mal, que Dios les había prohibido tocar. Fue sólo después de haber pecado, comiendo de aquel “fruto”, que el hombre experimentó la esterilidad…

De este modo, la higuera estéril designa perfectamente a todos los hombres que rechazan constantemente dar frutos y por este motivo son amenazados, poniendo el hacha en las raíces de este árbol ingrato. 

Pero el jardinero intercede, posponiendo la ejecución del hacha y tratando de aplicar un remedio eficaz al árbol enfermo. Este jardinero nos recuerda a todos los santos que oran en la Iglesia por todos aquellos que están fuera de la Iglesia. 

Y, ¿qué piden ellos? «Señor, déjala por este año todavía», es decir, concede un tiempo de gracia, salva a los pecadores, salva a los incrédulos, salva a las almas estériles, salva a los corazones que no producen fruto… «Cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.»
El Señor volverá a recoger frutos. ¿Cuándo? En el momento del Juicio, cuando vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. La higuera es salvada, como un tiempo de gracia, para que de fruto. 

¿Qué hemos de hacer mientras el Señor vuelve? La respuesta la podemos encontrar en la fosa cavada alrededor del árbol, que significa una exhortación a la humildad y a la penitencia. La fosa en efecto es cavada bajo tierra y allí se debe echar una buena parte de estiércol. 

El estiércol es sucio, pero hace fructificar. El estiércol hace referencia al dolor por nuestros pecados. Si somos llamados a hacer penitencia, hagámoslo con inteligencia y sinceridad, teniendo presente nuestra ignominia. A este árbol misterioso le es dicho: «Conviértete, porque el Reino de los Cielos ha llegado» (Mt 3,2).

PARÁBOLA DE LA HIGUERA QUE NO DABA FRUTO





Lectura del santo evangelio según san Lucas (13,1-9):

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.

Jesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. 

Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.»

Y les dijo esta parábola: 

«Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: "Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?" 

Pero el viñador contestó: "Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas."»

Palabra del Señor

Homilía del Papa: Que los cristianos trabajen por la unidad

Humildad, dulzura, magnanimidad. En su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla  de la Casa de Santa Marta, el Papa Francisco indicó estos tres puntos clave para construir la unidad en la Iglesia. Una vez más, el Santo Padre exhortó a los cristianos a que rechacen los celos, las envidias y las luchas.
“Paz a ustedes”. El Papa Bergoglio desarrolló su homilía subrayando que este saludo del Señor “crea un vínculo”, un vínculo de paz. Un saludo – dijo Francisco – que “nos une para hacer la unidad del Espíritu”. Y observó que “si no hay paz, si no somos capaces de saludarnos en el sentido más amplio de la palabra, tener el corazón abierto con espíritu de paz, jamás existirá la unidad”.
El espíritu del mal siembra guerras, que los cristianos eviten las luchas
Y esto – precisó el Pontífice – vale para “la unidad en el mundo, la unidad en las ciudades, en el barrio, en la familia”:
“El espíritu del mal siembra guerras. Siempre. Celos, envidias, luchas, habladurías… son cosas que destruyen la paz y, por tanto, no puede existir la unidad. ¿Y cómo es el comportamiento de un cristiano en favor de la unidad, para encontrar esta unidad? Pablo dice claramente: ‘Compórtense de modo digno, con toda humildad, dulzura y magnanimidad’. Estas tres actitudes. Humildad: no se puede dar la paz sin la humidad. Donde está la soberbia, hay siempre guerra, siempre el deseo de vencer sobre el otro, de creerse superior. Sin humildad no hay paz y sin paz no hay unidad”.
Redescubrir la dulzura, y soportarse recíprocamente
El Papa constató con ya hemos “olvidado la capacidad de hablar con dulzura, sino que nuestro modo de hablar es gritarnos. O hablar mal de los demás… no hay dulzura”. La dulzura, en cambio, “tiene un núcleo que es la capacidad de soportarse recíprocamente”: ‘Soportándose recíprocamente’, dice Pablo. Es necesario tener paciencia – reafirmó Francisco –, “soportar los defectos de los demás, las cosas que no nos gustan”:
“Primer: humildad; segundo: dulzura, con este soportarse recíprocamente; y tercero: magnanimidad: corazón grande, corazón grandioso que tiene capacidad para todos y no condena, no se achica en las pequeñeces, ‘que se ha dicho esto’, ‘que he oído esto’, ‘que…’: no: grande el corazón, hay lugar para todos. Y esto hace el vínculo de la paz, éste es el modo digno de comportarnos para hacer el vínculo de la paz que es creador de unidad. Creador de unidad es el Espíritu Santo, pero favorece, prepara la creación de la unidad”.
Ayudemos a construir la unidad con el vínculo de la paz
El Obispo de Roma destacó asimismo “el modo digno de la llamada del misterio al que hemos sido llamados, es decir, el misterio de la Iglesia”. De ahí que el Papa haya invitado a releer el capítulo XIII de la Carta a los Corintios que nos “enseña cómo hacer espacio al Espíritu, con qué actitudes nuestras, para que Él haga la unidad”:
“El misterio de la Iglesia es el misterio del Cuerpo de Cristo: ‘Una sola fe, un solo Bautismo’, ‘un solo Dios, Padre de todos, que está por encima de todos’, actúa ‘por medio de todos y está presente en todos’: ésta es la unidad que Jesús ha pedido al Padre por nosotros y que nosotros debemos ayudar a hacer esta unidad, con el vínculo de la paz. Y el vínculo de la paz crece con la humildad, con la dulzura, con el soportarse recíprocamente y con la magnanimidad”.
La invocación conclusiva del Papa fue pedir al Espíritu Santo que nos dé la gracia, no sólo de comprender, sino de vivir este misterio de la Iglesia, que es un misterio de unidad”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

viernes, 21 de octubre de 2016

Mons. Auza: “Los cristianos podrían desaparecer de Oriente Medio”


Es un grito de alarma preocupante el que lanza a la ONU el arzobispo Bernardito Auza, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas: “Los cristianos y los miembros de otras minorías étnicas y religiosas en Oriente Medio están al borde de la destrucción total. Parar la violencia en nombre de Dios”.
Su llamamiento a la comunidad internacional sobre el peligro que se está corriendo en la zona de Oriente Medio se une al repetido por los obispos y sacerdotes de Siria e Irak. “En Oriente Medio, en una época cuna de integración entre judaísmo, cristianismo e islam, se asiste hoy al total desprecio del derecho humanitario internacional que alcanza niveles alarmantes de deshumanidad”, precisó monseñor Auza, informa la Radio Vaticana. 
“Los cadáveres bajo los escombros y los refugiados errantes son una claro testimonio de este cínico desprecio y pisoteo a las normativas internacionales humanitarias”, aseguró. Asimismo, el observador vaticano recordó el reciente llamamiento del papa Francisco para una tregua inmediata en Aleppo y otras zonas de Siria, para consentir la evacuación civil.
Nosotros continuamos discutiendo –observó monseñor Auza– mientras que los cristianos y los miembros de otras minorías étnicas y religiosas en Medio Oriente están al borde de la destrucción total, con sus iglesias, monasterios, monumentos y objetos de culto, muchos de los cuales ya han sido reducidos a polvo y escombros.
“Para detener el derramamiento de sangre y destrucción es necesaria la colaboración de toda la comunidad internacional”, reconoció. Es necesario –concluyó– interrumpir el flujo de armas y municiones y promover a toda costa el diálogo, las negociaciones, la asistencia humanitaria, solidaridad y respeto de los derechos humanos fundamentales. “No a la violencia en nombre de Dios”, pidió el observador vaticano.
Finalmente, el prelado intervino también sobre el conflicto Israel-Palestina. De este modo explicó que es esencial el nacimiento de un gobierno de unidad en Cisjordania y Gaza, actualmente administradas respectivamente por Fatah y Hamas. El objetivo –precisó– es también el de emancipar a Palestina de las ayudas internacionales destinadas a un población ahora totalmente dependiente de las intervenciones humanitarias.  
 ZENIT

Domund, una oportunidad para no caer en la cultura de la indiferencia


“Sal de tu tierra” es el lema elegido para este Domund 2016. El próximo 23 de octubre la Iglesia universal celebra la Jornada Mundial de las misiones, el tradicional Domund, destinado a recordar a los “13.000 misioneros españoles en todo el mundo”, y a realizar “la colecta dominical destinada a ayudar los 1.111 territorios de misión, (el 37 % de la Iglesia Universal)”. El director nacional en España de OMP, Obras Misionales Pontificias, Anastasio Gil, presentó esta Jornada acompañado por tres misioneros: el padre blanco José María Cantal Rivas, que explicó su trabajo en Argelia; y el matrimonio formado por Juan Carlos García y Virginia Cuenca, que vuelven a salir a la misión tras una larga experiencia misionera.
Cantal Rivas, que lleva muchos años como misionero en el norte de África explicó –indica la nota de prensa– cómo entiende él el lema “Sal de tu tierra”. “Tengo que ir en nombre de mi fe a otra cultura, otra raza, otra religión. Salir de mi zona de confort en nombre de Jesús”, señaló. Asimismo, precisó que ante el temor de muchos que se preguntan si vamos hacia un conflicto global, este misionero acostumbrado a convivir con musulmanes, se alegra de que “la Iglesia le confíe estar allí para trabajar a favor del encuentro”.
Su misión consiste en “promover los valores del Evangelio”, porque “los discípulos de Jesús estamos para construir puentes y no barreras”. El padre Blanco afirma que “los valores del Evangelio que ha recibido de la Iglesia son un patrimonio de la humanidad, que hacen que el mundo sea mejor”. Desde su misión en el “Santuario de Nuestra Señor de África”, en Argel (que recibe unas cien mil visitas al año, el 99% de musulmanes), el padre Cantal explicó la variedad de motivos que lleva a los musulmanes hasta este santuario: desde la madre que va a encender una vela por su hijo que saldrá en patera, hasta el padre que confiesa no saber cómo recibirá a su hijo al salir de la cárcel.
Tras sus destinos anteriores en Honduras, Guinea y Bolivia, y recién llegados de Mozambique, el matrimonio misionero formado por Juan Carlos y Virginia, se prepara ya para su próxima misión en Brasil. Allí trabajarán en la diócesis Sao Gabriel de Cachoeira junto a otro misionero español, el sacerdote Luis Miguel Modino. Como señaló Virginia, los ríos serán para ellos las carreteras que les lleven a las comunidades indígenas, 23 etnias y unas 17 lenguas que no les asustan, “porque el lenguaje de la caridad es comprensible para todos”. No les faltará el trabajo como enfermeros en un lugar donde “muchos niños siguen muriendo a causa de la diarrea, la desnutrición la tuberculosis o la malaria”.
El director de OMP dijo que “el Domund es una oportunidad para no caer en la cultura de la indiferencia” y sentir “cuanto acontece en otros lugares o ámbitos sociales”, especialmente en aquellos que atraviesan mayores dificultades, como “Oriente Próximo, Indonesia, India, Venezuela… y ahora, de nuevo Haití”. Anastasio Gil informó que OMP apoyó, en 2015, a través del Domund, 684 proyectos en 35 países, a los que se destinó una ayuda de más de 13.722.015,39 euros.
Finalmente, el responsable de OMP en España presentó el mapa interactivo en el que se pueden consultar los países del mundo en los que hay presencia de misioneros españoles y las ayudas que los países recibieron de las OMP. Como novedad, en este 90º Aniversario del Domund, OMP presentó también la “Misión 360º”, un recorrido virtual por la Misión de la Iglesia en los cinco continentes, a través de fotografías hechas por los propios misioneros, al que se puede acceder desde cualquier ordenador, tablet o móvil.
 ZENIT

En Lourdes siguen pasando cosas


«En Lourdes, pasa hoy lo mismo que le pasó a santa Bernadette, cuando dijo que la Virgen “me miró como se mira a una persona”. A ella, a quien en el pueblo miraban por encima del hombro, ese detalle de la Virgen la cautivó. Hoy, en Lourdes, María se expresa en la acogida de los pequeños, de los enfermos, de los que tienen la vida rota, de aquellos a quienes todo el mundo mira por encima del hombro». Así lo asegura Guillermo Cruz, el consiliario de la Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes de Madrid, recién llegado de la 90 peregrinación de la Hospitalidad al santuario francés, una de las más numerosas de los últimos años. Han sido cerca de 1.200 personas en total: 350 enfermos y 800 hospitalarios distribuidos en equipos, más 50 personas que se han sumado a la peregrinación de manera individual. «Hemos notado especialmente el impulso de este Año de la Misericordia, y los nuevos grupos de voluntarios y enfermos que han nacido en los últimos meses», afirma.
Entre los descartados que menciona el sacerdote ha habido muchos niños con discapacidad mental que han recibido la Primera Comunión estos días, algo que normalmente tienen más difícil porque sobre ellos recae la sospecha de que no saben lo que hacen. De hecho, Guillermo Cruz recuerda a un chico al que en su parroquia negaron la Comunión porque decían que no se iba a enterar, «pero una monja con paciencia y con dibujos poco a poco le fue explicando las cosas. ¡Y a ese niño hay que verle rezar ahora! Cuando les doy la Comunión a estos niños, no me cabe la menor duda de que saben perfectamente a Quién están recibiendo».
Según el consiliario de la Hospitalidad, «si a cualquier persona, para recibir a Jesús, se le pide un mínimo conocimiento de lo que hace, en Lourdes te das cuenta de que la fe con la que lo reciben estos niños muestra un conocimiento incluso más profundo que el de otros niños más capacitados». En Lourdes, ellos lo han tenido más fácil estos días no solo por su fe, sino quizás porque «también a santa Bernadette no le dejaban tomar la Comunión alegando que no se aprendía bien el credo».
Divorciados y no creyentes
Otras personas miradas a menudo con distancia en la sociedad e incluso en la Iglesia son aquellos que están viviendo situaciones matrimoniales irregulares, y que «al venir a Lourdes estos días en peregrinación han descubierto que, aunque no puedan comulgar, en el servicio de la caridad pueden vivir su fe de una manera plena, algo que pocas veces se valora, y es algo que pueden hacer perfectamente: vivir amando y volcándose por ejemplo en un enfermo», atestigua el consiliario.
También los no creyentes tienen un sitio en Lourdes, como el voluntario que llega cada año desde Chile «y me dice que sigue sin creer, ¡pero hay que verle cómo ha acompañado a los enfermos!» O ese joven algo descreído que un día quiso irse al pueblo a tomar algo, pero que al tener que acompañar a un enfermo a la gruta acabó él también poniéndose a rezar.
«¡Yo no me quiero curar!»
En la peregrinación ha habido grupos para niños, otros para más mayores, otros para quienes padecen enfermedades infecciosas, y también ha habido cabida para personas que van a Lourdes no con enfermedades del cuerpo pero sí con una vida muy destruida. Han sido 23 autobuses que han ido allí llenos de historias difíciles, y han vuelto cargados de gracia y de amor de Dios.
Como Concha, en silla de ruedas desde que hace ocho años sufrió un infarto medular y un aneurisma de aorta, mientras se tomaba una cerveza «tan tranquila». Después de varias operaciones a vida o muerte se animó a ir a Lourdes: «Yo antes tenía la curiosidad, pero pensaba que había que ir de voluntario o en silla de ruedas, ¡y al final fui así!», dice. Esa primera peregrinación, hace tres años, la vivió «como un niño la mañana del día de Reyes, con los ojos abiertos y asombrada, viendo todo, cómo te atienden los voluntarios, no podía articular palabra. Este año he vuelto a ir y ha sido como abrir los juguetes, saboreando y gustando todo bien. Ha sido maravilloso».
Para Concha, el principal milagro de Lourdes «es la paz interior y el cariño de la gente». Tanto, que afirma sin dudar: «¡Yo no me quiero curar! Soy feliz en mi silla de ruedas. Dios me ha dado la oportunidad de vivir otra vida, no valía para nada mi vida de antes. Porque yo trabajaba en el mundo de la moda, cogía aviones, dormía en hoteles de cinco estrellas, tenía muchos modelos y mucho glamur, pero ahora me doy cuenta de que todo eso era banal. Lo importante es lo que estoy viviendo ahora, porque estoy creciendo de mí hacia adentro. Yo quiero sana mi alma sana, para poder dar este amor a los demás, ayudando en lo que puedo. Ese es mi milagro de Lourdes. Solo Dios me puede dar esta paz y esta tranquilidad. He vuelto a vivir otra vida. Animo a todos a ir a Lourdes, porque no saben lo que se pierden». Por eso vive esperando la próxima peregrinación: «Acabamos de volver, pero ya queda un día menos para la peregrinación del año que viene».
Sigue marcando a los jóvenes
Del lado de los voluntarios también ha habido historias bonitas, como los hijos de un matrimonio de hospitalarios que el año pasado retrasaron su Primera Comunión y renunciaron a la fiesta habitual para poder recibir a Jesús ahora por primera vez en Lourdes.
Este santuario sigue marcando a los pequeños, a los que son como niños, a los que les ha sido concedido ver con misericordia a aquellos con los que nadie cuenta. Como María, una hospitalaria que de pequeña iba a despedir a su madre, hospitalaria también, al tren de los enfermos: «Siempre le preguntaba cuándo iba a poder ir yo. Veía las caras de los enfermos, cómo me saludaban con mucho cariño, preguntando por mí… Todo eso me atraía». Hasta que pudo ir y desde que empezó no ha dejado de hacerlo: «Crees que vas a dar pero recibes mucho más. Te levantas muy temprano, es mucho trabajo, pero durante estos días se vive un amor inmenso, todo el mundo está con una sonrisa. Te das cuenta de que los enfermos esperan la peregrinación con una necesidad total. Y van chicos muy jóvenes para acompañarlos, con mucho cariño y mucho amor. Eso llama mucho la atención», dice María.
La edad media de esta peregrinación ha sido muy joven, y casi todos repiten. «Todos nosotros venimos –asegura el consiliario de la Hospitalidad– porque encontramos la misericordia de Dios por medio de María, porque nos sentimos amados y queridos como personas –como decía santa Bernadette– en medio de nuestras enfermedades o historias difíciles, y ves que Dios te mira y descubres que tu vida sigue valiendo la pena; que nuestro dolor, que es difícil de abrazar, es acompañado por el dolor de María y de Cristo en la Cruz».
«Los que acompañamos descubrimos qué es lo accesorio y qué es lo esencial. Nos pasamos la vida encerrados en nosotros mismos, en el trabajo, la familia, etc., y de pronto llega hasta ti una persona muy limitada y ves que el sentido de tu vida es la entrega». Para Guillermo, «estos han sido días de muchísima confesión, de hablar en profundidad. «Cuando descubrí Lourdes, para mí fue algo apasionante, pero ahora lo vivo con más respeto si cabe y con mucha oración: “Madre, todo esto es una gracia que me supera”».
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Alfa y Omega

Comentario del Papa Francisco al Evangelio según San Lucas 12,54-59




El Evangelio relata que Jesús habla de los “signos de los tiempos” definiendo hipócritas a quienes saben comprenderlos pero no hacen lo mismo con el tiempo del Hijo del Hombre. 

Los tiempos cambian. Pertenece a la sabiduría cristiana conocer estos cambios, conocer los diversos tiempos y conocer los signos de los tiempos. Lo que significa una cosa y lo que significa otra cosa. Y hacer esto sin miedo, con libertad.

Dios nos ha creado libres y “para tener esta libertad debemos abrirnos a la fuerza del Espíritu y entender bien qué cosa sucede dentro y fuera de nosotros”, usando el “discernimiento”:

“Tenemos esta libertad para juzgar lo que sucede fuera de nosotros. Pero para juzgar debemos conocer bien lo que sucede fuera de nosotros. ¿Y cómo se puede hacer esto? ¿Cómo se puede hacer esto, que la Iglesia llama ‘discernir los signos de los tiempos’? 

Para entender los signos de los tiempos, ante todo es necesario el silencio: hacer silencio y observar. Y después reflexionar dentro de nosotros. Y rezar… Silencio, reflexión y oración. Sólo así podremos comprender los signos de los tiempos, y qué cosa quiere decirnos Jesús”.

“Los tiempos cambian y nosotros los cristianos debemos cambiar continuamente. Debemos cambiar firmes en la fe en Jesucristo, firmes en la verdad del Evangelio, pero nuestra actitud debe moverse continuamente según los signos de los tiempos. 

Somos libres por el don de la libertad que nos ha dado Jesucristo. Pero nuestro trabajo es mirar qué cosa sucede dentro de nosotros, discernir nuestros sentimientos, nuestros pensamientos; y ver qué cosa sucede fuera de nosotros y discernir los signos de los tiempos. Con el silencio, con la reflexión y con la oración ”.

(De la homilía del Papa Francisco en Santa Marta el 23-10-2015)

LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS


Evangelio según San Lucas 12,54-59

Jesús dijo a la multitud:

"Cuando ven que una nube se levanta en occidente, ustedes dicen en seguida que va a llover, y así sucede. Y cuando sopla viento del sur, dicen que hará calor, y así sucede.

¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente? ¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo?

Cuando vas con tu adversario a presentarte ante el magistrado, trata de llegar a un acuerdo con él en el camino, no sea que el adversario te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y éste te ponga en la cárcel.

Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo."

Palabra del Señor

jueves, 20 de octubre de 2016

Papa: No basta el catecismo para conocer a Jesús, hay que rezar

Para conocer verdaderamente a Jesús tenemos necesidad de oración, de adoración y de reconocernos pecadores. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice subrayó que el catecismo no es suficiente para comprender la profundidad del misterio de Cristo.
“Ganar a Cristo”
El Papa Bergoglio desarrolló su homilía partiendo del pasaje de la Carta de San Pablo a los Efesios, contenido en la Primera Lectura del día. El Apóstol de los Gentiles  – observó – pide que el Espíritu Santo dé a los Efesios la gracia de “ser fuertes, reforzados”, hacer que Cristo habite en sus corazones. “Allí está el centro”.
No se conoce a Jesús sólo con el catecismo, es necesario rezar
El Santo Padre observó que Pablo “se sumerge” en el “mar inmenso que es la persona de Cristo”. Y tras formular las preguntas: “¿Cómo podemos conocer a  Cristo? ¿Cómo podemos comprender el amor de Cristo que supera todo conocimiento”?, Francisco dijo:
“Cristo está presente en el Evangelio. Leyendo el Evangelio conocemos a Cristo. Y todos nosotros hacemos esto. Al menos escuchamos el Evangelio cuando vamos a Misa. Con el estudio del catecismo. El catecismo nos enseña quién es Cristo. Pero esto no es suficiente. Para ser capaces de comprender cuál es la amplitud, la longitud, la altura y la profundidad de Jesucristo es necesario entrar en un contexto, primero, de oración, como hace Pablo, de rodillas: ‘Padre envíame al Espíritu para conocer a Jesucristo’”.
Encontrar al Señor en el silencio de la adoración
Par conocer verdaderamente a Cristo – reafirmó el Obispo de Roma – “es necesaria la oración”. Pero Pablo –  añadió –  “no sólo reza, sino que adora este misterio que supera todo conocimiento y en un contexto de adoración pide esta gracia” al Señor:
“No se conoce al Señor sin esta costumbre de adorar, de adorar en silencio. Adorar. Creo – si no me equivoco – que esta oración de adoración es la menos conocida por nosotros, es la que hacemos menos. Perder el tiempo – me permito decir – ante el Señor, ante el misterio de Jesucristo. Adorar. Y allí en silencio, el silencio de la adoración. Él es el Señor y yo adoro”.
Reconocerse pecadores para entrar en el misterio de Jesús
Tercero –  dijo el Papa al concluir – “para conocer a Cristo es necesario tener conciencia de nosotros mismos”, es decir, tener la costumbre de acusarnos a nosotros mismos, reconociendo que  somos “pecadores”:
“No se puede adorar sin acusarse a sí mismo. Para entrar en este mar sin fondo, sin orilla, que es el misterio de Jesucristo, son necesarias estas cosas. La oración: ‘Padre, envíame al Espíritu para que Él me conduzca a conocer a Jesús’. Segundo: la adoración del misterio, entrar en el misterio, adorando. Y tercero: acusarse a sí mismo. Soy un hombre de labios impuros’. Que el Señor nos dé esta gracia que Pablo pide para los Efesios, también para nosotros, esta gracia de conocer y ganar a Cristo”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

El Papa bendijo una estatua del cura Brochero en la plaza de San Pedro



El Papa Francisco bendijo este miércoles al término de la audiencia general en la plaza de San Pedro una estatua tamaño natural del nuevo santo argentino, conocido como el "cura Brochero".
La estatua, de cerca 2 metros de altura, realizada en fibra de vidrio por el artista Fernando Pugliese, representa al santo José Gabriel Brochero montado en una mula, el medio de transporte con el que el nuevo santo recorrió parte de su país para ayudar a los pobres y enfermos de lepra.
La estatua del llamado "cura gaucho", canonizado por el Papa el domingo en el curso de una ceremonia solemne a la que asistió el presidente argentino Mauricio Macri, permanecerá en el Vaticano.
El religioso argentino, muy popular en su país, cumplió su misión evangelizadora a lomo de mula en las sierras de Córdoba, al norte de Buenos Aires, donde nació en 1840 y murió en 1914, víctima de la lepra.
Se trata del primer santo argentino nacido y fallecido en su país. 
(RD/Agencias)