domingo, 9 de octubre de 2016

“María, memoria perenne de Cristo, riqueza de la misericordia”, el Papa en la Vigilia Mariana


Queridos hermanos y hermanas
En esta Vigilia hemos recorrido los momentos fundamentales de la vida de Jesús, en compañía de María. Con la mente y el corazón hemos ido a los días del cumplimiento de la misión de Cristo en el mundo. La Resurrección como signo del amor extremo del Padre que devuelve vida a todo y es anticipación de nuestra condición futura. La Ascensión como participación de la gloria del Padre, donde también nuestra humanidad encuentra un lugar privilegiado. Pentecostés, expresión de la misión de la Iglesia en la historia hasta el fin de los tiempos, bajo la guía del Espíritu Santo. Además, en los dos últimos misterios hemos contemplado a la Virgen María en la gloria del Cielo, ella que desde los primeros siglos ha sido invocada como Madre de la Misericordia.
Por muchos aspectos, la oración del Rosario es la síntesis de la historia de la misericordia de Dios que se transforma en historia de salvación para quienes se dejan plasmar por la gracia. Los misterios que contemplamos son gestos concretos en los que se desarrolla la actuación de Dios para con nosotros. Por medio de la plegaria y de la meditación de la vida de Jesucristo, volvemos a ver su rostro misericordioso que sale al encuentro de todos en las diversas necesidades de la vida. María nos acompaña en este camino, indicando al Hijo que irradia la misericordia misma del Padre. Ella es en verdad la Odigitria, la Madre que muestra el camino que estamos llamados a recorrer para ser verdaderos discípulos de Jesús. En cada misterio del Rosario la sentimos cercana a nosotros y la contemplamos como la primera discípula de su Hijo, la que cumple la voluntad del Padre (cf. Mc 3,31-35; Mt 12,46-50; Lc 8,19-21).
La oración del Rosario no nos aleja de las preocupaciones de la vida; por el contrario, nos pide encarnarnos en la historia de todos los días para saber reconocer en medio de nosotros los signos de la presencia de Cristo. Cada vez que contemplamos un momento, un misterio de la vida de Cristo, estamos invitados a comprender de qué modo Dios entra en nuestra vida, para luego acogerlo y seguirlo. Descubrimos así el camino que nos lleva a seguir a Cristo en el servicio a los hermanos. Cuando acogemos y asimilamos dentro de nosotros algunos acontecimientos destacados de la vida de Jesús, participamos de su obra de evangelización para que el Reino de Dios crezca y se difunda en el mundo. Somos discípulos, pero también somos misioneros y portadores de Cristo allí donde él nos pide estar presentes. Por tanto, no podemos encerrar el don de su presencia dentro de nosotros. Por el contrario, estamos llamados a hacer partícipes a todos de su amor, su ternura, su bondad y su misericordia. Es la alegría del compartir que no se detiene ante nada, porque conlleva un anuncio de liberación y de salvación.
María nos permite comprender lo que significa ser discípulo de Cristo. Ella fue elegida desde siempre para ser la Madre, aprendió a ser discípula. Su primer acto fue ponerse a la escucha de Dios. Obedeció al anuncio del Ángel y abrió su corazón para acoger el misterio de la maternidad divina. Siguió a Jesús, escuchando cada palabra que salía de su boca (cf. Mc 3,31-35; Mt 12,46-50; Lc 8,19-21); conservó todo en su corazón (cf. Lc 2,19) y se convirtió en memoria viva de los signos realizados por el Hijo de Dios para suscitar nuestra fe. Sin embargo, no basta sólo escuchar. Esto es sin duda el primer paso, pero después lo que se ha escuchado es necesario traducirlo en acciones concretas. El discípulo, en efecto, entrega su vida al servicio del Evangelio.
De este modo, la Virgen María acudió inmediatamente a donde estaba Isabel para ayudarla en su embarazo (cf. Lc 1,39-56); en Belén dio a luz al Hijo de Dios (cf. Lc 2,1-7); en Caná se ocupó de los dos jóvenes esposos (cf. Jn 2,1-11); en el Gólgota no retrocedió ante el dolor, sino que permaneció ante la cruz de Jesús y, por su voluntad, se convirtió en Madre de la Iglesia (cf. Jn 19,25-27); después de la Resurrección, animó a los Apóstoles reunidos en el cenáculo en espera del Espíritu Santo, que los transformó en heraldos valientes del Evangelio (cf. Hch 1,14). A lo largo de su vida, María ha realizado lo que se pide a la Iglesia: hacer memoria perenne de Cristo. En su fe, vemos cómo abrir la puerta de nuestro corazón para obedecer a Dios; en su abnegación, descubrimos cuánto debemos estar atentos a las necesidades de los demás; en sus lágrimas, encontramos la fuerza para consolar a cuantos sufren. En cada uno de estos momentos, María expresa la riqueza de la misericordia divina, que va al encuentro de cada una de las necesidades cotidianas.
Invoquemos en esta tarde a nuestra tierna Madre del cielo, con la oración más antigua con la que los cristianos se dirigen a ella, sobre todo en los momentos de dificultad y de martirio. Invoquémosla con la certeza de saber que somos socorridos por su misericordia maternal, para que ella, «gloriosa y bendita», sea protección, ayuda y bendición en todos los días de nuestra vida: «Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, Oh Virgen gloriosa y bendita».
(from Vatican Radio)

Papa Francisco: la oración del Rosario es la síntesis de la historia de la misericordia de Dios que se transforma en historia de salvación.

Queridos hermanos y hermanas, En esta Vigilia hemos recorrido los momentos fundamentales de la vida de Jesús, en compañía de María. Con la mente y el corazón hemos ido a los días del cumplimiento de la misión de Cristo en el mundo. La Resurreccióncomo signo del amor extremo del Padre que devuelve vida a todo y es anticipación de nuestra condición futura. La Ascensióncomo participación de la gloria del Padre, donde también nuestra humanidad encuentra un lugar privilegiado. Pentecostés, expresión de la misión de la Iglesia en la historia hasta el fin de los tiempos, bajo la guía del Espíritu Santo. Además, en los dos últimos misterios hemos contemplado a la Virgen María en la gloria del Cielo, ella que desde los primeros siglos ha sido invocada como Madre de la Misericordia.
Por muchos aspectos, la oración del Rosario es la síntesis de la historia de la misericordia de Dios que se transforma en historia de salvación para quienes se dejan plasmar por la gracia. Los misterios que contemplamos son gestos concretos en los que se desarrolla la actuación de Dios para con nosotros. Por medio de la plegaria y de la meditación de la vida de Jesucristo, volvemos a ver su rostro misericordioso que sale al encuentro de todos en las diversas necesidades de la vida. María nos acompaña en este camino, indicando al Hijo que irradia la misericordia misma del Padre. Ella es en verdad la Odigitriala Madre que muestra el camino que estamos llamados a recorrer para ser verdaderos discípulos de Jesús. En cada misterio del Rosario la sentimos cercana a nosotros y la contemplamos como la primera discípula de su Hijo, la que cumple la voluntad del Padre (cf. Mc 3,31-35; Mt 12,46-50; Lc 8,19-21).
La oración del Rosario no nos aleja de las preocupaciones de la vida; por el contrario, nos pide encarnarnos en la historia de todos los días para saber reconocer en medio de nosotros los signos de la presencia de Cristo. Cada vez que contemplamos un momento, un misterio de la vida de Cristo, estamos invitados a comprender de qué modo Dios entra en nuestra vida, para luego acogerlo y seguirlo. Descubrimos así el camino que nos lleva a seguir a Cristo en el servicio a los hermanos. Cuando acogemos y asimilamos dentro de nosotros algunos acontecimientos destacados de la vida de Jesús, participamos de su obra de evangelización para que el Reino de Dios crezca y se difunda en el mundo. Somos discípulos, pero también somos misioneros y portadores de Cristo allí donde él nos pide estar presentes. Por tanto, no podemos encerrar el don de su presencia dentro de nosotros. Por el contrario, estamos llamados a hacer partícipes a todos de su amor, su ternura, su bondad y su misericordia. Es la alegría del compartir que no se detiene ante nada, porque conlleva un anuncio de liberación y de salvación.
María nos permite comprender lo que significa ser discípulo de Cristo. Ella fue elegida desde siempre para ser la Madre, aprendió a ser discípula. Su primer acto fue ponerse a la escuchade Dios. Obedeció al anuncio del Ángel y abrió su corazón para acoger el misterio de la maternidad divina. Siguió a Jesús, escuchando cada palabra que salía de su boca (cf. Mc 3,31-35; Mt 12,46-50; Lc 8,19-21); conservó todo en su corazón (cf. Lc 2,19) y se convirtió en memoria viva de los signos realizados por el Hijo de Dios para suscitar nuestra fe. Sin embargo, no basta sólo escuchar. Esto es sin duda el primer paso, pero después lo que se ha escuchado es necesario traducirlo en acciones concretas. El discípulo, en efecto, entrega su vida al servicio del Evangelio.
De este modo, la Virgen María acudió inmediatamente a donde estaba Isabel para ayudarla en su embarazo (cf. Lc 1,39-56); en Belén dio a luz al Hijo de Dios (cf. Lc 2,1-7); en Caná se ocupó de los dos jóvenes esposos (cf. Jn 2,1-11); en el Gólgota no retrocedió ante el dolor, sino que permaneció ante la cruz de Jesús y, por su voluntad, se convirtió en Madre de la Iglesia (cf. Jn 19,25-27); después de la Resurrección, animó a los Apóstoles reunidos en el cenáculo en espera del Espíritu Santo, que los transformó en heraldos valientes del Evangelio (cf. Hch 1,14). A lo largo de su vida, María ha realizado lo que se pide a la Iglesia: hacer memoria perenne de Cristo. En su fe, vemos cómo abrir la puerta de nuestro corazón para obedecer a Dios; en su abnegación, descubrimos cuánto debemos estar atentos a las necesidades de los demás; en sus lágrimas, encontramos la fuerza para consolar a cuantos sufren. En cada uno de estos momentos, María expresa la riqueza de la misericordia divina, que va al encuentro de cada una de las necesidades cotidianas.
Invoquemos en esta tarde a nuestra tierna Madre del cielo, con la oración más antigua con la que los cristianos se dirigen a ella, sobre todo en los momentos de dificultad y de martirio. Invoquémosla con la certeza de saber que somos socorridos por su misericordia maternal, para que ella, «gloriosa y bendita», sea protección, ayuda y bendición en todos los días de nuestra vida: «Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, Oh Virgen gloriosa y bendita».

sábado, 8 de octubre de 2016

Las monjas que dejaron el hábito para casarse: "Dios condena la hipocresía, no a los homosexuales"


 Federica e Isabel, las dos monjas franciscanas que dejaron los hábitos para casarse, cuentan la historia de su amor a un diario italiano. Se conocieron, trabajando en las misiones, en África y se enamoraron. Tras casarse, denuncian la hipocresía de muchos curas y monjas que, en todo el mundo, viven sus amores en la clnadestinidad. Mientras, el Sustituto de la Secretaría de Estado, dice que el Papa se entristeció al leer la noticia de las monjas.
"¡Cuánta tristeza en el rostro del papa cuando le he leído la noticia de las dos 'monjas' esposas!", afirmó hoy en un tuit el sustituto de la Secretaría de Estado de la Santa Sede,Angelo Becciu.
Federica e Isabel decidieron casarse, ateniéndose a la reciente ley que permite en Italia las uniones civiles entre personas del mismo sexo, aprobada el pasado mayo.Estas dos mujeres, una italiana y otra proveniente de Suramérica, tienen 44 y 40 años y se casaron el pasado 28 de septiembre en el municipio piamontés de Pinerolo, informan medios locales.
El diario "La Repubblica" publicó este viernes una entrevista a la pareja en la que señalan que su amor surgió durante una misión en Guinea Bissau, "trabajando codo con codo a favor de los pobres" como llevan haciendo desde que se hicieran monjas con veinte años.
Las dos aseguraron que han rechazado "un consejo que se escucha a menudo en los conventos, el de vivir juntas como hermanas: 'basta que no digáis nada y no provoquéis escándalo'", si bien consideraron este modo de actuar como "una vía cómoda y falsa".
"Hay muchos casos como estos: sacerdotes y religiosas que viven clandestinamente sus relaciones con hombres y mujeres. Pero en el Evangelio, Jesús condena la hipocresía, no a los homosexuales. Y por eso hemos decidido dejar la vida religiosa y emprender un camino de libertad, fe y serenidad, sin escándalo", recordaron.
Afirmaron también que la suya ha sido "una elección difícil pero no infeliz", aunque confesaron cierto temor ante la vida fuera de los muros del convento.
"Dejar el hábito religioso significa hallarse de un día para otro en la condición de quien no sabe cómo juntar comida y cena, encontrar un trabajo, sin ayudas ni pensiones. Quien sale del convento, en vez de ser ayudado a reinsertarse en la sociedad, es abandonado", dijeron a ese medio.
En la entrevista, las religiosas aluden a la respuesta que el papa Francisco suele dar cuando se le pregunta por el tema de los homosexuales: "¿Quién soy yo para juzgar?".
"El papa ha dicho '¿quién soy yo para juzgar? Nadie debería juzgar. Esa frase nos ha abierto el corazón", señalaron las exreligiosas, que han invitado a los que se encuentren en su misma situación dentro de la Iglesia a "no tener miedo".
El diario turinés "La Stampa" informó por su parte de que su "unión civil" fue presidida por el alcalde de Pinerolo y que acto seguido tuvo lugar una "función religiosa" organizada por Franco Barbero, expulsado del sacerdocio en 2003 por Juan Pablo II por bendecir a parejas homosexuales.




“La íntima relación entre la Palabra de Dios y la alegría se manifiesta claramente en la Madre de Dios. Recordemos las palabras de santa Isabel: «Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho e
l Señor se cumplirá» (Lc 1,45). 

María es dichosa porque tiene fe, porque ha creído, y en esta fe ha acogido en el propio seno al Verbo de Dios para entregarlo al mundo. La alegría que recibe de la Palabra se puede extender ahora a todos los que, en la fe, se dejan transformar por la Palabra de Dios. 

El Evangelio de Lucas nos presenta en dos textos este misterio de escucha y de gozo. Jesús dice: «Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra» (8,21). Y, ante la exclamación de una mujer que entre la muchedumbre quiere exaltar el vientre que lo ha llevado y los pechos que lo han criado, Jesús muestra el secreto de la verdadera alegría: «Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen». 

Jesús muestra la verdadera grandeza de María, abriendo así también para todos nosotros la posibilidad de esa bienaventuranza que nace de la Palabra acogida y puesta en práctica. Por eso, recuerdo a todos los cristianos que nuestra relación personal y comunitaria con Dios depende del aumento de nuestra familiaridad con la Palabra divina. (...) 

Así pues, que cada jornada nuestra esté marcada por el encuentro renovado con Cristo, Verbo del Padre hecho carne. Él está en el principio y en el fin, y «todo se mantiene en él» (Col 1,17).

Hagamos silencio para escuchar la Palabra de Dios y meditarla, para que ella, por la acción eficaz del Espíritu Santo, siga morando, viviendo y hablándonos a lo largo de todos los días de nuestra vida”.

(Benedicto XVI, Exhortación Apostólica “Verbum Domini”, n. 124)

DICHOSOS LOS QUE ESCUCHAN LA PALABRA DE DIOS Y LA CUMPLEN





Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,27-28):

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»

Pero Él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen.»

Palabra del Señor

viernes, 7 de octubre de 2016

"La Iglesia en Europa puede convertirse siempre más en 'Iglesia en salida'"



 Una Iglesia "anunciadora alegre del Evangelio de la misericordia y testigo de la esperanza". Así ve el Papa Francisco a la Iglesia europea, y así se lo hizo ver a la Plenaria de las Conferencias Episcopales Europeas, en un mensaje dirigido al cardenal Erdo.
"Que la Iglesia en Europa puede convertirse siempre más en ‘Iglesia en salida'", es el clamor de Bergoglio, leído ayer por el presidente de la CCEE. Los obispos europeos, reunidos en el Principado de Mónaco, escucharon las palabras del Pontífice, en las que muestra su "profundo aprecio por la significativa contribución" en lo tocante a "la promoción de las relaciones fraternas y eclesiales, que manifiesta la importancia de la comunión y la alegría de la fe".
Al tiempo, el Papa alienta a la Iglesia europea a "proseguir con confianza" un camino e servicio, teniendo en cuenta "los dos pulmones" del continente, el oriental y el occidental. Con sus matices y tonalidades propias.
Finalmente, el Papa invita a los obispos a "iluminar las conciencias de los creyentes, ofreciéndoles criterios de juicio y discernimiento, para no dejarse desviar por una cultura mundana".
El mensaje de Francisco concluye con un agradecimiento a la década de Peter Erdo al frente de este organismo de colaboración entre los obispos de toda Europa. "Usted - escribe el Papa- ha sabido servir con mansedumbre y sabiduría, poniendo por arriba de todo la caridad evangélica. ¡Gracias por su celo pastoral!".

DOLOR Y ORACIÓN DEL PAPA POR LAS VÍCTIMAS DEL HURACÁN MATTHEW


El Papa Francisco ha expresado hoy su tristeza y sus condolencias por las numerosas víctimas de la devastación que ha causado a su paso el huracán Matthew. 

En un telegrama enviado al presidente de la conferencia episcopal de Haití, Cardenal Chibly Langlois, el Papa asegura su participación en la pena de todas las personas que han perdido un ser querido; y encomienda a los difuntos a la misericordia de Dios, para que los acoja en su luz. 

También asegura su cercanía espiritual y su afecto a todas las personas que han perdido sus casas y sus bienes en esta catástrofe, y confía a todos a la protección maternal de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

"El apego a la Ley hace que se ignore al Espíritu Santo"

La verdadera doctrina no es el rígido apego a la Ley que encanta como las ideologías, sino que es la revelación de Dios que se deja encontrar cada día más por cuantos están abiertos al Espíritu Santo. Lo afirmó el Papa en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.
El Santo Padre destacó los aspectos que surgen de las lecturas del día, que se refieren al Espíritu Santo, ese "gran don del Padre" - dijo - , que es la fuerza que hace salir a la Iglesia con coraje para que llegue hasta el fin del mundo. Es el Espíritu "el protagonista de este ir adelante de la Iglesia". Mientras sin él - añadió Francisco- se produce la cerrazón y el miedo.
El pontífice indicó las tres actitudes que podemos tener con el Espíritu. La primera de las cuales es la que San Pablo reprocha a los Gálatas, a saber: el hecho de creerse justificados por la Ley y no por Jesús "que da sentido a la Ley". Y de este modo, eran "demasiado rígidos". Son los mismos que atacaban al Señor que los llamaba "hipócritas":
"Y este apego a la Ley hace que se ignore al Espíritu Santo. No deja que la fuerza de la redención de Cristo salga adelante con el Espíritu Santo. Ignora; sólo la Ley. Es verdad que están los Mandamientos y nosotros debemos seguirlos; pero siempre desde la gracia de este don grande que nos ha dado el Padre, su Hijo, es el don del Espíritu Santo. Y así se comprende la Ley. Pero no reducir al Espíritu y al Hijo a la Ley. Éste era el problema de aquella gente: ignoraba al Espíritu Santo y no sabían ir adelante. Estaban cerrados, encerrados en las prescripciones: se debe hacer esto, se debe hacer aquello otro. A veces, a nosotros, nos puede suceder que caigamos en esta tentación".
Los Doctores de la Ley - afirmó el Papa Bergoglio - "encantan con las ideas":
"¿Por qué las ideologías encantan; y así Pablo comienza, aquí: ‘Necios Gálatas, quién los ha encantado?'. Aquellos que predican con ideologías: ¡es todo justo! Encantan: ¡todo claro! Pero mira la revelación de Dios, ¿acaso no es clara? A la revelación de Dios se la encuentra cada día más, más, más; siempre en camino. ¿Es clara? ¡Sí! ¡Clarísima! Es Él, pero nosotros debemos encontrarla en camino. Y aquellos que creen que tienen toda la verdad en la mano no son ignorantes, Pablo dice más: ‘¡Necios!'. Que se han dejado encantar".
La segunda actitud es entristecer al Espíritu Santo, lo que sucede - prosiguió diciendo el Pontífice - "cuando no dejamos que Él nos inspire, que nos lleve adelante en la vida cristiana", cuando "no permitimos que Él nos diga - no con la teología de la Ley, sino con la libertad del Espíritu - lo que debemos hacer". De este modo, recordó el Papa, nos volvemos "tibios" y caemos en la "mediocridad cristiana".
La tercera actitud, en cambio, es precisamente "abrirse al Espíritu Santo y dejar que Él nos conduzca. Como hicieron los Apóstoles con el coraje que tuvieron el día de Pentecostés. Perdieron el miedo y se abrieron al Espíritu Santo". "Para entender, para acoger las palabras de Jesús"  - dijo también Francisco -"es necesario abrirse a la fuerza del Espíritu Santo. Y cuando un hombre, una mujer, se abre al Espíritu Santo es como un velero que se deja arrastrar por el viento y va adelante, adelante, adelante y no se detiene más". Pero es necesario "rezar para abrirse al Espíritu Santo":
"Nosotros podemos preguntarnos hoy, en un momento de la jornada, ¿yo ignoro al Espíritu Santo? ¿Y sé que si voy a Misa el domingo, si hago esto, si hago esto es suficiente? Segundo: ¿mi vida es una vida a medias, tibia, que entristece al Espíritu Santo y no deja en mí la fuerza de ir adelante, de abrirme? ¿O, finalmente, mi vida es una oración continua para abrirse al Espíritu Santo, para que Él me lleve adelante con la alegría del Evangelio y me haga entender la doctrina de Jesús, la verdadera doctrina, aquella que no encanta, aquella que no nos hace necios, sino la verdadera? Y que nos haga entender dónde está nuestra debilidad, aquella que lo entristece a Él; y que nos lleve adelante, llevando adelante también el nombre de Jesús a los demás y enseñando el camino de la salvación. Que el Señor nos dé esta gracia: abrirnos al Espíritu Santo para no volvernos necios, encantados, ni hombres y mujeres que entristecen al Espíritu". (RD/RV)

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (11,15-26) POR SAN JUAN PABLO II:





A Jesús de Nazaret, Dios lo ha acreditado “con milagros, prodigios y señales”. (…) 

El Hijo del hombre con su enseñanza daba a conocer que era verdadero Dios-Hijo, que era con el Padre “una sola cosa” (cf. Jn 10, 30). Su palabra estaba acompañada por “milagros, prodigios y señales”. Estos hechos acompañaban a las palabras no sólo siguiéndolas para confirmar su autenticidad, sino que muchas veces las precedían, tal como nos dan a entender los Hechos de los Apóstoles cuando hablan de “todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el principio” (Act 1, 1). 

Eran esas mismas obras, y particularmente “los prodigios y señales”, los que testificaban que “el reino de Dios estaba cercano” (cf. Mc 1, 15), es decir, que había entrado con Jesús en la historia terrena del hombre y empujaba para entrar en cada espíritu humano. Al mismo tiempo testificaban que Aquél que las realizaba era verdaderamente el Hijo de Dios. (…) 

Estos hechos no sólo son atestiguados y narrados por los Apóstoles y por los discípulos de Jesús, sino que también son confirmados en muchos casos por sus adversarios. Es muy significativo que estos últimos no negaran los milagros realizados por Jesús, sino que más bien pretendieran atribuirlos al poder del “demonio”. 

En efecto, decían: “Está poseído de Beelcebul, y por virtud del príncipe de los demonios echa a los demonios” (Mc 3, 22; cf. también Mt 8, 32; 12, 24; Lc 11, 14-15). Y es conocida la respuesta de Jesús a esta objeción, demostrando su íntima contradicción: “Si, pues, Satanás se levanta contra sí mismo y se divide, no puede sostenerse, sino que ha llegado a su fin” (Mc 3, 26). 

Pero lo que en este momento cuenta más para nosotros es el hecho de que tampoco los adversarios de Jesús pueden negar sus “milagros, prodigios y signos” como realidad, como “hechos” que verdaderamente han sucedido. (…) 

Por lo demás, cuando el Apóstol Pedro, el día de Pentecostés, da testimonio de toda la misión de Jesús de Nazaret, acreditada por Dios por medio de “milagros, prodigios y señales”, no puede más que recordar que el mismo Jesús fue crucificado y resucitado (Act 2, 22-24). Así indica el acontecimiento pascual en el que se ofreció el signo más completo de la acción salvadora y redentora de Dios en la historia de la humanidad. 

Podríamos decir que en este signo se contiene el “anti-milagro” de la muerte en cruz y el “milagro” de la resurrección -milagro de milagros- que se funden en un solo misterio, para que el hombre pueda leer hasta el fondo la autorrevelación de Dios en Jesucristo y, adhiriéndose con la fe, entrar en el camino de la salvación.

(Catequesis de la Audiencia General del 11-11-1987)

EL REINO DE DIOS HA LLEGADO A VOSOTROS


Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,15-26):

En aquel tiempo, habiendo echado Jesús un demonio, algunos de entre la multitud dijeron: «Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.» Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo.

Él, leyendo sus pensamientos, les dijo:
«Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino?

Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces.

Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín.

El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.

Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero, como no lo encuentra, dice: “Volveré a la casa de donde salí.” Al volver, se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.»

Palabra del Señor

Papa: Estar abiertos al Espíritu Santo para ir adelante

La verdadera doctrina no es el rígido apego a la Ley que encanta como las ideologías, sino que es la revelación de Dios que se deja encontrar cada día más por cuantos están abiertos al Espíritu Santo. Lo afirmó el Papa en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.
El Santo Padre destacó los aspectos que surgen de las lecturas del día, que se refieren al Espíritu Santo, ese “gran don del Padre” – dijo – , que es la fuerza que hace salir a la Iglesia con coraje para que llegue hasta el fin del mundo. Es el Espíritu “el protagonista de este ir adelante de la Iglesia”. Mientras sin él –  añadió Francisco– se produce la cerrazón y el miedo. E indicó las tres actitudes que podemos tener con el Espíritu. La primera de las cuales es la que San Pablo reprocha a los Gálatas, a saber: el hecho de creerse justificados por la Ley y no por Jesús “que da sentido a la Ley”. Y de este modo, eran “demasiado rígidos”. Son los mismos que atacaban al Señor que los llamaba “hipócritas”:
“Y este apego a la Ley hace que se ignore al Espíritu Santo. No deja que la fuerza de la redención de Cristo salga adelante con el Espíritu Santo. Ignora; sólo la Ley. Es verdad que están los Mandamientos y nosotros debemos seguirlos; pero siempre desde la gracia de este don grande que nos ha dado el Padre, su Hijo, es el don del Espíritu Santo. Y así se comprende la Ley. Pero no reducir al Espíritu y al Hijo a la Ley. Éste era el problema de aquella gente: ignoraba al Espíritu Santo y no sabían ir adelante. Estaban cerrados, encerrados en las prescripciones: se debe hacer esto, se debe hacer aquello otro. A veces, a nosotros, nos puede suceder que caigamos en esta tentación”.
Los Doctores de la Ley  – afirmó el Papa Bergoglio – “encantan con las ideas”:
“¿Por qué las ideologías encantan; y así Pablo comienza, aquí: ‘Necios Gálatas, quién los ha encantado?’. Aquellos que predican con ideologías: ¡es todo justo! Encantan: ¡todo claro! Pero mira la revelación de Dios, ¿acaso no es clara? A la revelación de Dios se la encuentra cada día más, más, más; siempre en camino. ¿Es clara? ¡Sí! ¡Clarísima! Es Él, pero nosotros debemos encontrarla en camino. Y aquellos que creen que tienen toda la verdad en la mano no son ignorantes, Pablo dice más: ‘¡Necios!’. Que se han dejado encantar”.
La segunda actitud es entristecer al Espíritu Santo, lo que sucede – prosiguió diciendo elPontífice – “cuando no dejamos que Él nos inspire, que nos lleve adelante en la vida cristiana”, cuando “no permitimos que Él nos diga – no con la teología de la Ley, sino con la libertad del Espíritu – lo que debemos hacer”. De este modo, recordó el Papa, nos volvemos “tibios” y caemos en la “mediocridad cristiana”.
La tercera actitud, en cambio, es precisamente “abrirse al Espíritu Santo y dejar que Él nos conduzca. Como hicieron los Apóstoles con el coraje que tuvieron el día de Pentecostés. Perdieron el miedo y se abrieron al Espíritu Santo”. “Para entender, para acoger las palabras de Jesús  – dijo también Francisco – es necesario abrirse a la fuerza del Espíritu Santo. Y cuando un hombre, una mujer, se abre al Espíritu Santo es como un velero que se deja arrastrar por el viento y va adelante, adelante, adelante y no se detiene más”. Pero es necesario “rezar para abrirse al Espíritu Santo”:
“Nosotros podemos preguntarnos hoy, en un momento de la jornada, ¿yo ignoro al Espíritu Santo? ¿Y sé que si voy a Misa el domingo, si hago esto, si hago esto es suficiente? Segundo: ¿mi vida es una vida a medias, tibia, que entristece al Espíritu Santo y no deja en mí la fuerza de ir adelante, de abrirme? ¿O, finalmente, mi vida es una oración continua para abrirse al Espíritu Santo, para que Él me lleve adelante con la alegría del Evangelio y me haga entender la doctrina de Jesús, la verdadera doctrina, aquella que no encanta, aquella que no nos hace necios, sino la verdadera? Y que nos haga entender dónde está nuestra debilidad, aquella que lo entristece a Él; y que nos lleve adelante, llevando adelante también el nombre de Jesús a los demás y enseñando el camino de la salvación. Que el Señor nos dé esta gracia: abrirnos al  Espíritu Santo para no volvernos necios, encantados, ni hombres y mujeres que entristecen al Espíritu”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

jueves, 6 de octubre de 2016

Entre judíos y samaritanos



Después de los reinados de David y Salomón, el pueblo judío se dividió en dos reinos: Judá o Reino del Sur, con su capital en Jerusalén; e Israel o Reino del Norte, con su capital en Siquem (que más tarde se trasladó a Samaria)… Cada uno de los dos reinos sufrió el exilio en distintas ocasiones: Judá a manos de Babilonia; e Israel a manos de Siria… la diferencia entre ambos es que los habitantes de Judá lograron restablecerse sin mezclarse con otras razas, mientras Israel se unió con otros pueblos al regresar del exilio…
Esto fue motivo de escándalo para los habitantes de Judá, quienes dejaron de considerar a los samaritanos como judíos auténticos… De igual manera, los samaritanos dejaron de considerar obligatorio el culto en el Templo de Jerusalén, dando culto a Dios en el monte Garizim…
Los samaritanos creían en Yahvé como único Dios… consideraban a Moisés como el profeta por excelencia y observaban la Ley de la Toráh… pero no reconocían el Talmud (tradición oral judía), ni los Profetas (Nevi’im), ni los libros escritos (Ketuvim)…
Todos sabemos que en el tiempo de Jesús, las relaciones entre judíos y samaritanos eran tensas y conflictivas, llegando hasta el odio y la intolerancia en muchas ocasiones… pero hay tres pasajes muy interesantes que me gustaría mirar brevemente…
Inhospitalidad de los samaritanos (Lucas 9, 51-56)
Samaria quedaba entre Galilea y Jerusalén, de manera que para ir de uno a otro era necesario pasar por Samaria, de otra manera había que dar una gran vuelta para evitar la región… y cuenta Lucas que en uno de sus viajes, Jesús envió mensajeros delante de Él a un pueblo de Samaria para que le prepararan posada… los samaritanos de ese pueblo se negaron a recibirle, porque iba hacia Jerusalén (por tanto, era judío)… y Santiago y Juan (por algo les llamaban “los hijos del trueno”) le preguntaron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?»… pero Jesús les reprendió por tal pensamiento y siguió hacia otro pueblo…

La samaritana, en el pozo de Sicar (Juan 4, 1-42)
En esta ocasión Jesús va de Judea hacia Galilea y se detiene en Sicar (en Samaria)… mientras los discípulos van a comprar comida, Él se queda junto al pozo conversando con una mujer samaritana… el diálogo entre ambos es hermoso y de gran profundidad teológica… lo primero que debemos comentar es la sorpresa de la mujer: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?»… Jesús le responde haciendo alusión al «Don de Dios» y le ofrece «agua viva»… esas dos referencias son al Espíritu Santo… luego Jesús le habla de un nuevo culto que no estará sujeto al Templo de Jerusalén ni al Monte Garizim, sino que «llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad»… el relato sigue diciendo que Jesús le habló sobre todo lo que ella había hecho durante su vida… y ella, sorprendida, corrió al pueblo a contárselo a todos: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?»… dice Juan que Jesús se quedó dos días en Sicar… y «fueron muchos más los que creyeron por sus palabras, y decían a la mujer: “Ya no creemos por tus palabras; nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo.”»

Parábola del buen samaritano (Lucas 10, 25-37)
Todos hemos escuchado la parábola del buen samaritano… un doctor de la Ley que, para poner a prueba a Jesús, le pregunta qué debe hacer para tener en herencia la vida eterna… Jesús devuelve la pregunta, preguntando qué es lo que dice la Ley… “Amar a Dios y amar al prójimo”, responde el legista… inconforme con el giro de la conversación, vuelve a preguntar a Jesús que quién es su prójimo (los judíos solamente consideraban como “prójimo” a otros judíos)… esto le da pié a Jesús para contar la parábola del hombre que va de Jerusalén a Jericó y caen en mano de ladrones que le dejan mal herido a la orilla del camino… a su lado pasan un sacerdote y un levita judíos, y ambos siguen de largo sin ayudarle… finalmente, pasa un samaritano que le socorre, cura y cuida… la parábola concluye con un pequeño diálogo entre ambos: Jesús le preguntó, «¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores? Él dijo: El que practicó la misericordia con él. Díjole Jesús: Vete y haz tú lo mismo.»

Veamos… en el primero de estos tres pasajes, Jesús rechaza la actitud de odio y violencia de Santiago y Juan –y los judíos en general– hacia los samaritanos… actitud que hubiera estado bien vista, según las relaciones reinantes entre judíos y samaritanos pero que se opone con el mensaje del Evangelio de amar al prójimo (incluyendo a los “enemigos”)… en el segundo, Jesús no sólo conversa con la samaritana, sino que le ofrece el «Don de Dios», que no es otra cosa que Dios mismo… en adición, se queda entre los samaritanos dos días, anunciándoles el Reino… o sea, que además de hablar con los samaritanos, Jesús se interesa por su salvación y les trata con respeto y misericordia… por último, Jesús utiliza a un samaritano como ejemplo para mostrarle a un legista judío que “prójimo” no es el que comparte mis ideas o mi fe, sino todo aquel que necesite ayuda…
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Pues la actitud de algunos hermanos evangélicos hacia los católicos se parece a la actitud que existía entre judíos y samaritanos: está llena de reproche y condena por el sólo hecho de ser católico… fíjense, en ocasiones he comentado que algunos hermanos evangélicos tienen más respeto y cortesía para con un musulmán o un budista que para un católico… ¡lo vemos aquí mismo en algunos temas!!!
Los valores del Evangelio son humildad, mansedumbre y renuncia… y estos valores nos deben llevar a amar a Dios y al prójimo (y “prójimo” son todos)… no con un amor cualquier, sino con el Amor mismo de Cristo… con un amor tan perfecto, que no deja espacio para nada más…
A ti, hermano evangélico o de otra denominación que me lees…
Cuando veo la actitud que tienes hacia los católicos, no veo el Amor de Jesús reflejado en tus palabras… al contrario, en lugar de humildad, veo soberbia y prepotencia… en lugar de mansedumbre, veo intolerancia y odio… en lugar de renuncia, veo insulto, burla y desprecio… y no se trata de que creamos lo mismo o estemos de acuerdo en todo… pero de la misma manera que los católicos respetamos la manera de pensar de otras iglesias –cristianas y no cristianas– de esa misma forma esperamos que se nos respete nuestra fe…

No sé tú… pero yo no puedo imaginarme a Jesús enviando fuego del cielo para acabar con una ciudad de Samaria… sin embargo, tú nos condenas sin pensar que esa actitud de juicio/condena es rechazada por Dios…
No sé lo que tú piensas… pero mientras Jesús se sentó a dialogar con la mujer samaritana, abriéndole su Corazón para poder alcanzar el de ella… tú te limitas a disparar tres o cuatro textos bíblicos, sin importar lo que yo pueda decir o pensar al respecto… no te interesa escucharme porque ya me has juzgado por lo que te dijeron… y no te interesa conocerme para saber lo que de verdad creo y pienso…
No sé tú… pero cada vez que leo uno de tus comentarios incendiarios, no puedo dejar de preguntarme si alguna vez has pensado que yo soy “tu prójimos”, al igual que tú eres el mío… y que de la misma forma que yo respeto tu fe, también espero que tú respetes la mía…
Entiendo que tú creas que estás por el camino correcto… pero de verdad te digo, lo que tú crees de los católicos… lo que te han dicho o lo que crees haber visto… ¡está equivocado!… yo soy tan cristiano como tú… adoró a Yahvé, él único Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo… y guardo su Palabra con celo apostólico… tan así, que no sólo guardo su Palabra escrita, sino que guardo todo aquello que dijo e hizo Jesús y que no se escribió (como explica Juan al final de su Evangelio)…
No espero que cambies tu forma de pensar o sentir… cada cual es libre de elegir el camino que desea recorrer… y cada cual será responsable de darle cuentas a Dios por sus acciones (o la falta de ellas)… pero igual que tú eres libre, también lo soy yo… y si nuestro Padre respeta la libertad de ambos, ¿por qué no puedes tú respetar la mía?
A pesar de tus palabras y reproches, créeme, te amo como a mi hermano y oro a Dios por ti… no para que te cambie… o te convierta… o te salve… sino para que Su Voluntad se cumpla total y completamente en tu vida … y sobre todo, oro pidiéndole a Dios que te bendiga con su Amor y te conceda esa Paz que viene de morar dentro de su Corazón…
Y tú, hermano católico que me lees…
No permitas que estas actitudes afecten tu relación con Dios o tu forma de ver al prójimo… Lo digo porque a veces pienso que podemos caer en lo mismo… juzgando y condenando, cuando eso solamente le compete a Dios… Si nos insultan o calumnian o difaman… respondamos con caridad y respeto… mostremos la Verdad de nuestra fe… amemos y oremos!!!

Recuerda que Jesús predicó en muchas sinagogas… y levitas y fariseos rechazaron, unos tras otros, el Mensaje de Salvación que se les ofrecía… pero a pesar de eso, algunos oídos oyeron… y algunos corazones acogieron la Palabra… y por esos pocos es que hoy vive nuestra Iglesia… Sembremos la semilla del Evangelio con nuestras palabras… pero sobre todo, con nuestro ejemplo de vida… seamos como Jesús… y el Espíritu Santo se encargará de tocar los corazones que Él desee tocar…
Dios me los bendiga a TODOS… y María Santísima, Madre del Salvador y Madre nuestra, nos acompañe por el camino hacia Jesús…

Romualdo de Tengo Sed de Ti

Nuestra Señora del Rosario – 7 de octubre


En este santoral de ZENIT, que se inició a primeros de noviembre de 2012, por vez primera se incluye un espacio específicamente dedicado a la Virgen, aunque a través de la vida de los santos y beatos ofrecidos siempre ha estado presente. La tradición mariana impregna la cultura de incontables rincones del mundo. Sin disimular su orgullo, las gentes relatan la ancestral devoción heredada y transmitida a las sucesivas generaciones por la patrona que les aglutina. Cada una de las imágenes veneradas, que fue descubierta por alguien en lugares y circunstancias diversas, así como la aparición milagrosa directa de Ella misma, tiene tras de sí la grandeza de la fe florecida en el noble corazón de personas sencillas que nunca osaron dudar de la presencia de la Reina del cielo. Todas han tenido un porqué. Con ellas María insta a la penitencia, advierte de los peligros de no vivir la conversión, media para que se restablezca la paz cuando ha sido el caso, auxilia a los que están en peligro, responde a todos los que la invocan y se encomiendan a su mediación, sea cual sea la situación en la que se hallen. Siempre es portadora de consuelo y esperanza para sus hijos; lleva consigo multitud de bendiciones.
Hay advocaciones de carácter local, de modo que la noticia de su existencia es restringida. Otras son universalmente conocidas, como sucede con la que hoy se celebra: la de Nuestra Señora del Rosario. Tras cada una de ellas se esconde una hermosísima tradición. Por lo general, radica en apariciones que han tenido como acreedores de esta gracia a personas de distinta edad y condición. Han sido escenarios de su presencia árboles, oquedades, montañas, grutas, colinas, rocas, lugares desérticos que han florecido milagrosamente bajo sus pies, riveras marinas o el océano mismo, en campo abierto o en un templo, bien en la intimidad de un convento o en una humilde celda… Todos ellos, y muchos más, han servido para enmarcar una historia de amor sellada por la Virgen en una localidad determinada, en una nación, o en una persona concreta; son «acueductos» a través de los cuales proyecta sus gracias a la Humanidad entera.
El origen del rosario, aunque no como es conocido, se remonta al s. IX. Era usual en la observancia monástica con la lectura de los 150 salmos en la Liturgia de las Horas. El vulgo se limitaba a rezar 150 avemarías (el conocido «salterio de la Virgen»). En 1208 María se apareció a santo Domingo de Guzmán en la capilla del monasterio de Prouille, Francia. Era un momento difícil para él marcado por su lucha contra los albigenses, y rogaba a la Madre de Dios que le sostuviera en esa batalla. Portaba un rosario en sus manos que le enseñó a rezar, rogándole que difundiera por doquier esta devoción, a la par que vaticinaba incontables bendiciones especialmente en la conversión de los pecadores. El santo hizo depositario de esta gracia, entre otros, a Simón de Monfort, que tenía vía libre para dirigirse a los soldados que se hallaban bajo su mando e iban a combatir en Muret. Toda la tropa rezó esta oración y obtuvo la bendición de María con el resultado de una espectacular victoria. En conmemoración de este hecho, que Simón consideró obra de Ella, erigió una capilla dedicada a Nuestra Señora del Rosario.
Domingo propagó esta devoción y fue testigo de numerosas conversiones. Después de su muerte, los dominicos tomaron el testigo continuando esta misión. Pero el ser humano muchas veces peca de inconstancia, y aunque la oración fue acogida y rezada con piedad durante un siglo, después decayó. Entonces María volvió a hacerse presente para pulsar el corazón de sus hijos. Así, en el siglo XV se apareció al beato dominico bretón Alain de la Roche reiterando las promesas –quince en total– que había hecho a Domingo. Le rogó que recuperase esta tradición que se había perdido diciendo que, si además de saludarla, añadían la meditación sobre la vida, muerte y Pasión de su Hijo, se sentiría totalmente complacida. Le aseguró que serían tantos los milagros que se producirían con su rezo, que no habría prácticamente volúmenes para recogerlos. El beato volvió a restablecer esta devoción que fue calando en las gentes sencillas y en otros estratos sociales del pueblo cristiano.
Cuando el 7 de octubre de 1571 se obtuvo la victoria de los cristianos en la batalla naval de Lepanto, el papa san Pío V, que vio en ella la intercesión de María, solicitada rezando el rosario, extendió su práctica. Instituyó la celebración de Nuestra Señora de las Victorias, y mandó incluir en las letanías el título de «Auxilio de los cristianos». A Gregorio III se debe haber reemplazado el nombre de Nuestra Señora de las Victorias por el de Nuestra Señora del Rosario, como se viene celebrando desde entonces. La historia recoge memorables batallas en las que el adalid del triunfo obtenido ha sido siempre la advocación a la Virgen del Rosario. Distintos pontífices han ido acogiendo fervorosamente su rezo, otorgándole diversas indulgencias. Entre las encíclicas de León XIII se hallan doce dedicadas a él. A este papa se debe que la Iglesia confiera al mes de octubre la dedicación al santo rosario y a la presencia en las letanías del título «Reina del Santísimo Rosario». San Juan Pablo II, al igual que hicieron sus predecesores así como sus sucesores Benedicto XVI y Francisco, insistió en la conveniencia de rezarlo, y en 2002 añadió los misterios luminosos. En total se recorren veinte misterios de la vida de Jesucristo y de María. Tanto en Fátima como en Lourdes, María se apareció llevando un rosario en sus manos, pidiendo a los videntes: «Rezad el rosario».
En las primeras décadas del siglo XX esta oración se hizo popular en el mundo gracias al P. Patrick Peyton, quien hallándose plenamente convencido de haber sanado de su enfermedad gracias a María, no dudó en llevar a cabo su bellísima cruzada en pro del rosario haciendo de este lema «la familia que reza unida, permanece unida» un heraldo de reconciliación, bendecido por la Virgen.

El próximo Sínodo de los obispos tratará sobre ‘los jóvenes y la fe’



El papa Francisco ha decidido el tema para el próximo Sínodo de los obispos: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. La decisión la ha tomado tras consultar, como es habitual, a las Conferencias Episcopales, las Iglesias Orientales Católicas y la Unión de los Superiores Generales. Además también ha escuchado las sugerencias de los padres de la pasada Asamblea sinodal y el parecer del XIV Consejo Ordinario.
Según informa la oficina de prensa de la Santa Sede, el Sínodo tendrá lugar en octubre del 2018. Asimismo, se explica que el tema, “expresión de la preocupación pastoral de la Iglesia hacia los jóvenes, está en continuidad con lo surgido de las recientes Asambleas sinodales sobre la familia y con los contenidos de la exhortación apostólica post-sinodal  Amoris Laetitia”.
Se quiere “acompañar a los jóvenes en su camino existencial hacia la madurez para que, a través de un proceso de discernimiento, puedan descubrir su proyecto de vida y realizarlo con alegría, abriéndose al encuentro con Dios y con los hombres y participando activamente en la edificación de la Iglesia y de la sociedad”.
El Sínodo de los obispos es una asamblea de obispos procedentes de distintas regiones del mundo. Fue creada por el papa Pablo VI el 15 Septiembre de 1965, para responder así al deseo de los padres del Concilio Vaticano II de mantener vivo el buen espíritu nacido de la experiencia conciliar.
Las Asambleas generales pueden ser ordinarias y extraordinarias. Las Asambleas extraordinarias del Sínodo de los Obispos tratan cuestiones que exigen una resolución rápida. La diferencia entre una y otra es también la designación de los miembros de la Asamblea: en la Asamblea extraordinaria participan menos personas que en la Asamblea ordinaria, para facilitar la discusión rápida de los temas a estudiar.
El último Sínodo celebrado abordó el tema de la familia y tuvo una gran atención mediática. Además, tal como explicó en varias ocasiones el Santo Padre, fue en realidad un camino que duró dos años. En octubre de 2014 se celebró la Asamblea extraordinaria y en octubre de 2014 la Asamblea ordinaria. El resultado de este camino fue la exhortación apostólica del Santo Padre Amoris Laetitia.
ZENIT