martes, 12 de julio de 2016

En Fátima se unen a las intenciones del Papa por la paz en Siria



La peregrinación internacional de este 12 y 13 de julio en el Santuario de Fátima, con el tema En ti está la fuente de la vida, tendrá en sus intenciones el pedido de paz que el papa Francisco hizo en favor de Siria. Lo indicó el rector del Santuario, el padre Carlos Cabecinhas, señalando que «el Santuario tiene una particular unión con el Santo Padre y sus intenciones, y así será también en este momento particular de oración por la paz, intención siempre presente en Fátima».
El Santuario se une de esta manera al llamado que el papa Francisco realizó el 5 de julio pasado invitando a la comunidad internacional a encontrar una solución a la guerra en Siria, con un videomensaje apoyando la campaña de la Cáritas Internacional con el título: Siria: la paz es posible.
En su mensaje, el Santo Padre señala la incoherencia de quien habla de paz y al mismo tiempo vende armas, y que el mundo debe reconocer que no existe una solución militar para Siria sino política, apoyando las conversaciones de paz para construir un gobierno de unidad nacional.
La peregrinación internacional del aniversario de la aparición de María del mes de julio de 1917 en Fátima será presidida por el obispo auxiliar de Braga, Nuno Manuel Santos Almeida.
El congreso Internacional de Mariología
Siempre desde el Santuario de Fátima, llega un mensaje de alegría por el nombramiento del cardenal Saraiva Martins, prefecto emérito de la Congregación para las Causas de los Santos, como enviado especial del Pontífice a la 24ª edición del Congreso Internacional de Mariología, que se realizará del 6 a 11 septiembre próximo en Fátima.
Desde el Santuario indican que el cardenal Saraiva Martins está relacionado particularmente con Fátima debido a la beatificación de los pastorcitos Francisco y Jacinta.
El congreso organizado por la Academia Pontificia Mariana, en colaboración con el Santuario de Fátima, se realiza cada cuatro años y este tendrá como tema: «Los acontecimientos de Fátima, cien años después. La historia, el mensaje y el presente».
En mayo del año pasado, Francisco aprobó la celebración en Fátima, el 24º Congreso Internacional de Mariología. El anuncio fue hecho por el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal Angelo Amato, durante la inauguración del Foro Internacional de Mariología, que tuvo lugar en Roma del 7 al 9 de mayo de 2015.
El Santuario de Fátima consideró que la 24ª edición del congreso es «el más importante momento de reflexión internacional en el campo de la mariología, en particular con el tema central del evento de Fátima».
Zenit/Sergio Mora

Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy.





Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11,20-24.

En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho casi todos sus milagros, porque no se habían convertido:

–¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sal y ceniza. 

Os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al Abismo. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti.

lunes, 11 de julio de 2016

COMENTARIO DE BENEDICTO XVI AL EVANGELIO según San Mateo 10,34-42.11,1.




En el evangelio de hoy hay una expresión de Jesús que siempre atrae nuestra atención y hace falta comprenderla bien. Mientras va de camino hacia Jerusalén, donde le espera la muerte en cruz, Cristo dice a sus discípulos: "¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división".

Y añade: "En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra" (Lc 12, 51-53). 

Quien conozca, aunque sea mínimamente, el evangelio de Cristo, sabe que es un mensaje de paz por excelencia; Jesús mismo, como escribe san Pablo, "es nuestra paz" (Ef 2, 14), muerto y resucitado para derribar el muro de la enemistad e inaugurar el reino de Dios, que es amor, alegría y paz.

¿Cómo se explican, entonces, esas palabras suyas? ¿A qué se refiere el Señor cuando dice —según la redacción de san Lucas— que ha venido a traer la "división", o —según la redacción de san Mateo— la "espada"? (Mt 10, 34).

Esta expresión de Cristo significa que la paz que vino a traer no es sinónimo de simple ausencia de conflictos. Al contrario, la paz de Jesús es fruto de una lucha constante contra el mal. El combate que Jesús está decidido a librar no es contra hombres o poderes humanos, sino contra el enemigo de Dios y del hombre, contra Satanás. Quien quiera resistir a este enemigo permaneciendo fiel a Dios y al bien, debe afrontar necesariamente incomprensiones y a veces auténticas persecuciones. 

Por eso, todos los que quieran seguir a Jesús y comprometerse sin componendas en favor de la verdad, deben saber que encontrarán oposiciones y se convertirán, sin buscarlo, en signo de división entre las personas, incluso en el seno de sus mismas familias. 

En efecto, el amor a los padres es un mandamiento sagrado, pero para vivirlo de modo auténtico no debe anteponerse jamás al amor a Dios y a Cristo. De este modo, siguiendo los pasos del Señor Jesús, los cristianos se convierten en "instrumentos de su paz", según la célebre expresión de san Francisco de Asís. No de una paz inconsistente y aparente, sino real, buscada con valentía y tenacidad en el esfuerzo diario por vencer el mal con el bien (cf. Rm 12, 21) y pagando personalmente el precio que esto implica. 

La Virgen María, Reina de la paz, compartió hasta el martirio del alma la lucha de su Hijo Jesús contra el Maligno, y sigue compartiéndola hasta el fin de los tiempos. Invoquemos su intercesión materna para que nos ayude a ser siempre testigos de la paz de Cristo, sin llegar jamás a componendas con el mal. 
(Benedicto XVI, Ángelus del 19 de agosto de 2007)

EL QUE PIERDA SU VIDA POR MÍ, LA ENCONTRARÁ



Evangelio según San Mateo 10,34-42.11,1. 

Jesús dijo a sus apóstoles: 

"No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada. 

Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra; y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa. 

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. 

El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. 

El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió. 

El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo. 

Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa". 

Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí, para enseñar y predicar en las ciudades de la región. 

domingo, 10 de julio de 2016

San Benito de Nursia – 11 de julio

«Nada absolutamente antepongan a Cristo, el cual nos lleve a todos juntamente a la vida eterna», consignó en el cap. 72 de su regla este gran santo. El Libro Segundo de los Diálogos, que san Gregorio Magno redactó unos cuarenta años después de la muerte de Benito, es el texto del que acostumbran a extraerse los datos de su vida. Pero este relato no es una biografía al uso; se limita a exponer hechos prodigiosos, que debieron narrar a Gregorio en el momento en que se hallaba redactando los Diálogos estos dos abades: Constantino sucesor de Benito en Montecassino, y Honorato, que presidía le comunidad de Subiaco. A Gregorio le interesó destacar la santidad de este patriarca del monacato occidental, y no tanto el discurrir cronológico de los hechos.
Benito nació en Nursia, Italia, hacia el año 480 en el seno de una familia de patricios. En su juventud cursó en Roma derecho, retórica y filosofía. En esa época dio otro rumbo a su existencia radicalmente opuesto al que llevaba: se había contaminado, en cierto modo, de la vida licenciosa de otros jóvenes coetáneos. Su hermana Escolástica le precedió en su consagración. Él comenzó retirándose a Enfide (Affile en la actualidad) para iniciar una experiencia eremítica signada por la oración, estudio, ascesis y penitencia, que ya no abandonaría. Tras veinte años de soledad, eligió el monte Subiaco para seguir retirado del mundo. Durante tres años habitó en una cueva bajo la guía de Romano, un ermitaño que moraba en otra oquedad cercana; éste le impondría el hábito monástico.
La siguiente etapa le llevó a convivir con los monjes de Vicovaro, quienes le eligieron sustituto del prior fallecido. Al parecer, las exigencias de la regla impuesta por Benito no fueron de su agrado, y tomaron el áspero camino de la venganza. Se quisieron desembarazar de él mediante una pócima venenosa que echaron en su vaso, pero cuando estaba a punto de beberlo, éste se quebró en pedazos.
Benito quedó consternado. Retornó a Subiaco con la idea de fundar nuevos monasterios y dio inicio al primero de ellos con el grupo de jóvenes que se congregó en torno a él. A éste le siguieron otros difuminados por la región. Al saberse objeto de envidia de monjes vecinos, abandonó el lugar para establecerse en Montecassino. Allí erigió otra abadía el año 529, y redactó hacia el 540 su conocida Regula monasteriorum (regla de los monasterios), fruto de su acrisolada experiencia monástica, punto de referencia ineludible para la vida monacal que la ha tenido como norma durante más de 1500 años. Su unánime aceptación ha sido la artífice del título otorgado a Benito como «patriarca del monacato occidental». El hecho de estar fundamentada en las Sagradas Escrituras y en la tradición de la Iglesia ha contribuido a que mantenga su frescura inicial. En ella no se atisba la inducción a extremadas penitencias, sino la exhortación a una vida cimentada en los pilares de la consagración: humildad, obediencia y abnegación. Al tiempo, realza la hospitalidad característica del monacato y subraya el valor incalculable del estudio. El objetivo primordial: la santidad de vida guiada por el «ora et labora». El santo abad quería conducir a todos «a Dios por el trabajo de la obediencia, de la que habían salido por la pereza de la desobediencia». La vivencia de la caridad, y la pobreza, siempre con un espíritu de fraternal y gozoso servicio por amor a Dios, ejercido en silencio, irían moldeando el discurrir de todos.
Benito fue agraciado con dones diversos, entre otros, el de milagros y el de profecía; era un dechado de virtudes. En su regla se aprecian muchas de ellas a través del perfil que trazó sobre la figura del abad, destacando el rigor que debe caracterizarle y la responsabilidad que encarna. En el primer capítulo de la misma hizo notar: «El abad debe acordarse siempre de lo que es, debe recordar el nombre que lleva, y saber que a quien más se le confía, más se le exige. Y sepa qué difícil y ardua es la tarea que toma: regir almas y servir los temperamentos de muchos, pues con unos debe emplear halagos, reprensiones con otros, y con otros consejos. Deberá conformarse y adaptarse a todos según su condición e inteligencia, de modo que no sólo no padezca detrimento la grey que le ha sido confiada, sino que él pueda alegrarse con el crecimiento del buen rebaño». Personalmente contribuyó sin descanso a ese incremento de vocaciones al que aludía. Desde Montecassino impulsó la creación de nuevos monasterios, auténticos bastiones de fe y cultura en los que se formaron incontables monjes dando lance en esos momentos a una época caracterizada por una profunda crisis espiritual.
Su hermana santa Escolástica, que compartió con él similar vocación al monacato, moraba con su comunidad en las estribaciones de Montecassino. Acostumbrados a compartir sus altos ideales, ambos se veían semanalmente de forma puntual. Al final del día, Benito regresaba al monasterio con los monjes que le acompañaban. Pero en una ocasión, Escolástica le rogó que se quedase hasta el día siguiente. El cumplimiento de la petición no entraba en los planes de Benito, riguroso observante de su regla. Se propuso partir desoyendo el ruego de su hermana, cuando una súbita tempestad le obligó a permanecer junto a ella. Viéndose sorprendido por esta contingencia meteorológica, que apareció de improviso, reconvino a Escolástica haciéndole «culpable» de la misma. Ella, paciente y animosa, replicó con ternura que al ver rechazada su petición, elevó sus ruegos a Dios y Él la escuchó. Poco tiempo después, su alma volaba al cielo, y su hermano, en un éxtasis, contemplaba su ingreso en la gloria eterna. Benito no tardó mucho en seguirla. Vaticinó su muerte que se produjo el 21 de marzo de 547, pocos días después de la de su santa hermana. Fue canonizado por Honorio III en 1220. Pablo VI lo proclamó Patrón de Europaen 1964 con la carta apostólica «Pacis nuntius».
Zenit

El Papa en el ángelus: ‘Depende de mí ser o no ser prójimo de la persona necesitada’


El papa Francisco, como cada domingo, se ha asomado a la ventana del estudio en el Palacio Apostólico para rezar el ángelus con los miles de fieles reunidos en la plaza de San Pedro.
Estas son las palabras para introducir la oración mariana:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy la liturgia nos propone la parábola llamada del “buen samaritano”, del Evangelio de Lucas  (10,25-37). Esta, en su historia sencilla y estimulante, indica un estilo de vida, cuyo centro no somos nosotros mismos, sino los otros, con sus dificultades, que encontramos en nuestro camino y nos interpelan. Los otros nos interpelan. Y cuando los otros no nos interpelan, hay algo que no funciona, hay algo en ese corazón que no es cristiano. Jesús usa esta parábola en el diálogo que con un doctor de la ley, a propósito del doble mandamiento que permite entrar en la vida eterna: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a ti mismo (vv. 25-28). “Sí – replica ese doctor de la ley – pero quién es mi prójimo?” (v. 29). También nosotros podemos hacernos esta pregunta: ¿quién es mi prójimo? ¿A quién debo amar como a mí mismo? ¿Mis padres? ¿Mis amigos? ¿Mis connacionales? ¿Los de mi religión? ¿Quién es mi prójimo?
Jesús responde con esta parábola. Un hombre, en el camino de Jerusalén a Jericó, fue asaltado por ladrones, golpeado y abandonado. Por ese camino pasan primero un sacerdote y después un levita, los cuales, incluso viendo al hombre herido, no se detuvieron y continuaron su camino (vv. 31-32). Después pasa un samaritano, es decir un habitante de Samaria, como tal despreciado por los judíos por no seguir la verdadera religión; y sin embargo él, precisamente él, cuando vio ese pobre desgraciado, dice el Evangelio, “tuvo compasión. Se acercó, le curó las heridas […], le llevó a una posada y cuidó de él” (vv. 33-34); y el día después le encomendó a los cuidados del posadero, pagó por él y dijo que pagaría también el resto (cfr v. 35).
En ese momento Jesús se dirige al doctor de la ley y le pregunta: “¿Cuál de estos tres, –el sacerdote, el levita, el samaritano– te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?”. Y ese naturalmente, porque era inteligente, responde: “Quién ha tenido compasión de él” (vv. 36-37). De esta forma Jesús ha volcado completamente la perspectiva inicial del doctor de la ley – ¡y también la nuestra!-: no debo catalogar a los otros para decidir quién es mi prójimo y quién no lo es. Depende de mí ser o no ser prójimo, la decisión es mía, depende de mí ser o no ser prójimo de la persona que encuentro y que necesita ayuda, también si es extranjera o quizá hostil. Y Jesús concluye: “Anda, haz tú lo mismo” (v. 37). Bonita lección. Y lo repite a cada uno de nosotros: “Anda, haz tú lo mismo”. “Hazte prójimo del hermano y hermana que ves en dificultad”. “Anda, haz tú lo mismo”. Hacer buenas obras, no solo decir palabras que se las lleva el viento. Me viene a la cabeza esa canción “palabras, palabras, palabras”. Hacer, hacer y mediante las buenas obras, que cumplimos con amor y con alegría hacia el prójimo, nuestra fe germina y da fruto. Preguntémonos, cada uno de nosotros que responda en el corazón, preguntémonos: ¿nuestra fe es fecunda? ¿Nuestra fe produce buenas obras? ¿O es más bien estéril, y por tanto más muerta que viva? ¿Me hago prójimo o simplemente paso de largo? ¿Soy de esos que seleccionan la gente según el propio placer? Está bien hacerse estas preguntas, y hacerlo a menudo, porque al final seremos juzgados sobre las obras de misericordia; el Señor podrá decirnos: “Pero tú, tú, tú, ¿te acuerdas esa vez, en el camino de Jerusalén a Jericó? Ese hombre medio muerto era yo” (cfr Mt 25,40-45). “¿Te acuerdas? Ese niño hambriento era yo”. “¿Te acuerdas? Ese inmigrante que muchos quieren expulsar, era yo”. “Esos abuelos solos abandonados en las residencias, era yo”. “Ese enfermo solo en el hospital que nadie visita, era yo”.
Que la Virgen María nos ayude a caminar en el camino del amor generoso hacia los otros, el camino del buen samaritano. Nos ayude a vivir el mandamiento principal que Cristo nos ha dejado. Es este el camino para entrar en la vida eterna.
Después del ángelus:
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy se celebra el “Domingo del Mar”, en apoyo al cuidado pastoral de la gente de mar. Animo a los marineros y pescadores en su trabajo, a menudo duro y arriesgado, como también a los capellanes y voluntarios en su precioso servicio. ¡María, Estrella del Mar, cuide de vosotros!
Saludo a todos vosotros, fieles de Roma y de tantas parte de Italia y del mundo.
Dirijo un saludo especial a los peregrinos de Puerto Rico; a los polacos que han realizado una carrera de relevos desde Cracovia a Roma, ¡buenos! Y lo extiendo a los participantes de la gran peregrinación de la Familia de Radio María al Santuario de  Częstochowa, que ha llegado a la 25º edición. Pero también he escuchado ahí algunos connacionales míos que no están callados. A los argentinos que están aquí y que hacen ruido, que hacen lío, un saludo especial.
Saludo a las familias de la diócesis de Adria-Rovigo, las Hermanas Hijas de la Caridad del Preciosísimo Sangre, la Orden Secular Teresiana, los fieles de Limbiate y la Comunidad Misionera Juan Pablo II.
Os deseo a todos un feliz domingo y ¡un domingo caluroso! No os olvidéis, por favor, de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!
Traducción realizada por ZENIT 

Haz tú lo mismo

Para no salir malparado de una conversación con Jesús, un maestro de la ley termina preguntándole: «Y ¿quién es mi prójimo?». Es la pregunta de quien solo se preocupa de cumplir la ley. Le interesa saber a quién debe amar y a quién puede excluir de su amor. No piensa en los sufrimientos de la gente.
Jesús, que vive aliviando el sufrimiento de quienes encuentra en su camino, rompiendo si hace falta la ley del sábado o las normas de pureza, le responde con un relato que denuncia de manera provocativa todo legalismo religioso que ignore el amor al necesitado.
En el camino que baja de Jerusalén a Jericó, un hombre ha sido asaltado por unos bandidos. Agredido y despojado de todo, queda en la cuneta medio muerto, abandonado a su suerte. No sabemos quién es, solo que es un «hombre». Podría ser cualquiera de nosotros. Cualquier ser humano abatido por la violencia, la enfermedad, la desgracia o la desesperanza.
«Por casualidad» aparece por el camino un sacerdote. El texto indica que es por azar, como si nada tuviera que ver allí un hombre dedicado al culto. Lo suyo no es bajar hasta los heridos que están en las cunetas. Su lugar es el templo. Su ocupación, las celebraciones sagradas. Cuando llega a la altura del herido, «lo ve, da un rodeo y pasa de largo».
Su falta de compasión no es solo una reacción personal, pues también un levita del templo que pasa junto al herido «hace lo mismo». Es más bien una actitud y un peligro que acecha a quienes se dedican al mundo de lo sagrado: vivir lejos del mundo real donde la gente lucha, trabaja y sufre.
Cuando la religión no está centrada en un Dios, Amigo de la vida y Padre de los que sufren, el culto sagrado puede convertirse en una experiencia que distancia de la vida profana, preserva del contacto directo con el sufrimiento de las gentes y nos hace caminar sin reaccionar ante los heridos que vemos en las cunetas. Según Jesús, no son los hombres del culto los que mejor nos pueden indicar cómo hemos de tratar a los que sufren, sino las personas que tienen corazón.
Por el camino llega un samaritano. No viene del templo. No pertenece siquiera al pueblo elegido de Israel. Vive dedicado a algo tan poco sagrado como su pequeño negocio de comerciante. Pero, cuando ve al herido, no se pregunta si es prójimo o no. Se conmueve y hace por él todo lo que puede. Es a este a quien hemos de imitar. Así dice Jesús al legista: «Vete y haz tú lo mismo». ¿A quién imitaremos al encontrarnos en nuestro camino con las víctimas más golpeadas por la crisis económica de nuestros días?
José Antonio Pagola

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO DEL BUEN SAMARITANO



Jesús responde al doctor de la Ley con una parábola en la que convergen un sacerdote, un levita y un samaritano. Los dos primeros son figuras relacionadas al culto del templo; el tercero es un judío cismático, considerado como un extranjero, pagano e impuro, es decir, el samaritano. 

En el camino de Jerusalén a Jericó, el sacerdote y el levita se encuentran con un hombre moribundo, que los ladrones habían asaltado, saqueado y abandonado. La Ley del Señor en situaciones símiles preveía la obligación de socorrerlo, pero ambos pasan de largo sin detenerse. Tenían prisa... 

(...) Y aquí la parábola nos da una primera enseñanza: no es automático que quien frecuenta la casa de Dios y conoce su misericordia sepa amar al prójimo. ¡No es automático! Puedes conocer toda la Biblia, puedes conocer todas las rúbricas litúrgicas, puedes aprender toda la teología, pero de conocer no es automático el amar: amar tiene otro camino, es necesaria la inteligencia pero también algo más... 

El sacerdote y el levita ven, pero ignoran; miran, pero no proveen. Sin embargo, no existe un verdadero culto si no se traduce en servicio al prójimo. No olvidemos nunca: frente al sufrimiento de mucha gente agotada por el hambre, la violencia y las injusticias, no podemos permanecer como espectadores. 

Ignorar el sufrimiento del hombre, ¿qué significa? ¡Significa ignorar a Dios! Si yo no me acerco a ese hombre, a esa mujer, a ese niño, a ese anciano o a esa anciana que sufre, no me acerco a Dios. 

Pero vamos al centro de la parábola: el samaritano, que es precisamente aquel despreciado, aquel por el que nadie habría apostado nada, y que igualmente tenía sus compromisos y sus cosas que hacer, cuando vio al hombre herido, no pasó de largo como los otros dos, que estaban ligados al templo, sino que «tuvo compasión» (v. 33). Así dice el Evangelio: «Tuvo compasión», es decir, ¡el corazón, las entrañas se conmovieron! Esa es la diferencia. 

Los otros dos «vieron», pero sus corazones permanecieron cerrados, fríos. En cambio, el corazón del samaritano estaba en sintonía con el corazón de Dios. De hecho, la «compasión» es una característica esencial de la misericordia de Dios. 

Dios tiene compasión de nosotros. ¿Qué quiere decir? Sufre con nosotros y nuestros sufrimientos Él los siente. Compasión significa «padecer con». El verbo indica que las entrañas se mueven y tiemblan ante el mal del hombre. 

Y en los gestos y en las acciones del buen samaritano reconocemos el actuar misericordioso de Dios en toda la historia de la salvación. 

Es la misma compasión con la que el Señor viene al encuentro de cada uno de nosotros: Él no nos ignora, conoce nuestros dolores, sabe cuánto necesitamos ayuda y consuelo. Está cerca de noosotros y no nos abandona nunca. 

Cada uno de nosotros, que se haga la pregunta y responda en el corazón: «¿Yo lo creo? ¿Creo que el Señor tiene compasión de mí, así como soy, pecador, con muchos problemas y tantas cosas?». Pensad en esto, y la respuesta es: «¡Sí!». Pero cada uno tiene que mirar en el corazón si tiene fe en esta compasión de Dios, de Dios bueno que se acerca, nos cura, nos acaricia. Y si nosotros lo rechazamos, Él espera: es paciente y está siempre a nuestro lado. 

El samaritano actúa con verdadera misericordia: venda las heridas de aquel hombre, lo lleva a una posada, se hace cargo personalmente y provee para su asistencia. Todo esto nos enseña que la compasión, el amor, no es un sentimiento vago, sino que significa cuidar del otro hasta pagar en persona. Significa comprometerse realizando todos los pasos necesarios para «acercarse» al otro hasta identificarse con él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Este es el mandamiento del Señor.

Concluida la parábola, Jesús da la vuelta a la pregunta del doctor de la Ley y le pregunta: «¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» (v. 36). La respuesta es finalmente inequívoca: «El que practicó la misericordia con él» (v. 37). 

Al comienzo de la parábola para el sacerdote y el levita el prójimo era el moribundo; al final el prójimo es el samaritano que se hizo cercano. Jesús invierte la perspectiva: no clasificar a los otros para ver quién es prójimo y quién no. Tú puedes convertirte en prójimo de cualquier persona en necesidad, y lo serás si en tu corazón hay compasión, es decir, si tienes esa capacidad de sufrir con el otro.
Esta parábola es un regalo maravilloso para todos nosotros, y ¡también un compromiso! A cada uno de nosotros, Jesús le repite lo que le dijo al doctor de la Ley: «Vete y haz tú lo mismo» (v. 37). Todos estamos llamados a recorrer el mismo camino del buen samaritano, que es la figura de Cristo: Jesús se ha inclinado sobre nosotros, se ha convertido en nuestro servidor, y así nos ha salvado, para que también nosotros podamos amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado, del mismo modo.
(De la catequesis del Papa Francisco el 27-4-2016)

HAGAN COMO EL BUEN SAMARITANO



Evangelio según San Lucas 10,25-37. 

Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?". 

Jesús le preguntó a su vez: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?". 

Él le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo". 

"Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida". 

Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: "¿Y quién es mi prójimo?". 

Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. 

Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. 

También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. 

Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. 

Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. 

Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: 'Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver'. 

¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?". 

"El que tuvo compasión de él", le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: "Ve, y procede tú de la misma manera". 

sábado, 9 de julio de 2016

Nota Eclesial: levantar, acompañar y sanar al prójimo

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10, 27), es la respuesta diáfana que retumba en el corazón del cristiano cuando preguntamos sobre cómo ha de ser nuestro actuar.
Es el mandamiento que brota de la misericordia de Dios, e impulsa  a la compasión para levantar, acompañar y sanar al prójimo como lo recuerda Jesucristo en la parábola del buen samaritano (Lucas 10, 25-37), que no hace distinción de prójimo sino de verdadera compasión para amar con rectitud.
“En los gestos y en las acciones del buen samaritano reconocemos el actuar misericordioso de Dios en toda la historia de la salvación. Es la misma compasión con la que el Señor viene al encuentro de cada uno de nosotros: Él no nos ignora, conoce nuestros dolores, sabe cuánto necesitamos ayuda y consuelo. Nos está cerca y no nos abandona nunca”, decía el Papa Francisco en una catequesis durante el Año de la Misericordia (27-IV-2016).
De esta reflexión del Papa podemos alertarnos de una característica fundamental, la compasión, y una tentación, la indiferencia. Si amamos como Dios nos ama, podremos comprender y compadecernos del prójimo en sus necesidades, distanciándonos del peligro de ignorar a quien sufre a la orilla de camino.
Con los sentimientos de Cristo, estamos llamados cada día ha preguntarnos ¿quién es mi prójimo? para compadecernos como el samaritano que levanta, acompaña y sana a quien consigue en el camino para dignificarle con el amor de Dios que no estable diferencias entre los hombres, sino que los une en su amor.
Dice la parábola: “un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se compadeció. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo” (Lucas 10, 33-34).     
P. Johan Pacheco para RADIO VATICANA. @padrejohan (from Vatican Radio)

VÍDEO DEL PAPA. RESPETO DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS

Monseñor Osoro cuenta en Radio María de dónde viene su devoción a la Virgen. «Mi familia fue mi escuela»

Monseñor Osoro concedió al programa Hay mucha gente buena, de Radio María, una entrevista tras la vigilia de oración celebrada el viernes 1 de julio con los jóvenes. El prelado compartió varios recuerdos personales, como su vida familiar en el municipio cántabro de Castañeda, su localidad natal. «Dios ha marcado mi vida. Con mis padres y mis hermanos yo aprendí a pronunciar por primera vez el nombre de Jesús y me enseñaron a ponerme en sus manos», dijo. Su familia fue «la gran escuela en la que yo aprendí las mejores cosas: a perdonar, a vivir la alegría, a sentirme querido por Dios, a servir a los demás… Todo esto lo aprendí junto con mis padres».
El arzobispo de Madrid recordó que su madre siempre le decía: «A ver niño, ¿has rezado el rosario?» «Fue mi madre –añadió– la que me enseñó a querer a la Virgen, la que me remitía permanentemente a nuestra Madre». A monseñor Osoro le marcó también «el ver cuando ya mi padre era muy mayor, se iba a acostar y a veces yo iba a despedirle; él tenía en su mesilla una imagen de la Virgen, y lo encontraba rezando y le daba un beso. Yo siempre he tenido la tentación de escribir la teología del beso de mi padre. Por eso yo creo que ahí hay algo que ha hecho que para mí la Virgen sea algo tan especial y tan esencial en mi vida». Hasta el punto de que la noche anterior a la toma de posesión como arzobispo de Oviedo la pasó «ante la Santina en la cueva de Covadonga, tapado con una manta y rezando a la Virgen»; o de la hondura con la que le ha calado la Virgen de la Almudena, patrona de Madrid: «He descubierto en ella algo precioso: su imagen aparece en un muro, el muro se abre y aparece ella, porque ella es la mujer que rompe muros, que crea puentes, que nos une».
L.U.Z./J.L.V-D-M

Alfa y Omega

AL QUE ME RECONOZCA ANTE LOS HOMBRES, YO LO RECONOCERÉ ANTE EL PADRE CELESTIAL



Evangelio según San Mateo 10,24-33. 

Jesús dijo a sus apóstoles: 

"El discípulo no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño. Al discípulo le basta ser como su maestro y al servidor como su dueño. 

Si al dueño de casa lo llamaron Belzebul, ¡cuánto más a los de su casa! 

No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. 

Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. 

No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena. 

¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el Cielo. 

Ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros. 

Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el Cielo. 
Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el Cielo de aquél que reniegue de mí ante los hombres." 

BENDECIRES. Escrito por Dolores Aleixandre


Tantos años leyendo el texto en que Lucas cuenta la Ascensión de Jesús y solo ahora caigo en la cuenta de su insistencia en el tema del bendecir de Jesús: “alzando las manos los bendijo y mientras los bendecía, se separó de ellos…” (Lc 24 50).
Si en vez de mirar el hacer de Jesús nos fijamos en su decir y hacemos una traducción pura y dura del verbo eu-logeo (eu= bien, logeo=decir), nos espera la sorpresa de que Jesús se marcha diciendo cosas buenas de sus discípulos, dejando un “informe final” sobre ellos claramente positivo.
Es como si antes de irse hubiera estado redactando su evaluación para dar cuenta de ella al Padre y, para alivio nuestro, resulta satisfactoria y elogiosa: somos buena gente, con cosas a mejorar por supuesto, pero en conjunto, majos.
Así que tranquilos: le hemos caído bien y se lleva apuntadas un montón de cosas buenas nuestras para contárselas al Padre.
El evangelio está poniendo el broche de oro al notición de Belén, aquello de “Paz en la tierra a la gente de buena voluntad”. Y esa “buena voluntad” (eudokía= bien parecer…), no es cosa nuestra, es algo que Dios tiene dentro y por eso no puede evitar que le caigamos en gracia, independientemente de que seamos buenos, malos o regulares; o tan torpes y cerriles como fueron los discípulos.
El anuncio es tan asombroso que aún no hemos terminado de asimilarlo y por eso tenemos que escucharlo otra vez al final del evangelio, a ver si conseguimos entenderlo. Y creérnoslo. Y espantar nuestros temores. Y ensanchar nuestro corazón. Y respirar a gusto.
Vamos ahora a mirar el gesto de las manos de Jesús: espero no faltar al respeto a nadie si actualizo el clásico gesto de bendición por este otro, al que nos tienen acostumbrados las redes sociales: Like.
Así se despide Jesús de nosotros: me gustáis, podéis contar con mi Espíritu, la alegría que yo os doy no os la puede quitar nadie.

Dolores Aleixandre
Vida Nueva

viernes, 8 de julio de 2016

Todos los actos de la iglesia de San Antón por streaming


 La iglesia del Padre Ángel, presidente de Mensajeros de la Paz, es famosa por prestar los últimos servicios tecnológicos. Situada en el centro de Madrid (Calle Hortaleza, 63), en el barrio de Chueca, cuenta con wifi gratuita, pantallas de televisión con acceso al canal del Vaticano, confesionarios con tablets adaptadas a las personas con discapacidades auditivas y, ahora, servicio de streaming.
A través del sitio web www.sananton.net, al que también se puede acceder a través de una pestaña en la página web de la iglesia, se puede ver en directo cualquier acto que tenga lugar dentro de San Antón, ya sean algunos de los religiosos de cada día o los culturales que eventualmente se llevan a cabo.

El streaming retransmite en tiempo real los actos litúrgicos (rosario y ángelus a las 12 de la mañana; eucaristía de 17 y 19 de la tarde), de tal manera que pueden seguirse desde casa, sin necesidad de desplazarse a la iglesia.

"Hay muchas personas enfermas, discapacitadas o ancianas para las que no es fácil ir a la iglesia siempre que lo desean", cuenta el Padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz. "Por eso en nuestra iglesia pensamos que, por ejemplo, a muchos ancianos de las residencias de Mensajeros les vendría bien poder seguir la misa de siete por televisión, a través de internet, desde Murcia, Andalucía o Castilla y León...".

La iglesia de San Antón está abierta las 24 horas del día y ofrece servicios básicos (catering de desayunos y cenas, bebidas frías y calientes, WC, atención sanitaria...) a personas en situación de calle. Abierta también para mascotas, es un ejemplo de acogida, cercanía y solidaridad con los más necesitados de la sociedad.

(Mensajeros de la Paz)