lunes, 16 de mayo de 2016

«Ser cristianos no significa principalmente adherirse a una doctrina»


 Pentecostés, último Regina Coeli de la Pascua. «El Espíritu Santo no trae otra enseñanza, sino que hace vivo y hace operante la enseñanza de Jesús, para que el tiempo que pasa no lo cancele y no lo desvanezca», dice Francisco. Estas fueron sus palabras:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy celebramos la gran fiesta de Pentecostés, que lleva al término del Tiempo Pascual, cincuenta días después de la Resurrección de Cristo. La liturgia nos invita a abrir nuestra mente y nuestro corazón al don del Espíritu Santo, que Jesús prometió varias veces a sus discípulos, el primero y principal don que Él nos ha dado con su Resurrección. Este don, Jesús mismo los ha implorado al Padre, como testifica el Evangelio de hoy, que está ambientado en la Última Cena. Jesús dice a sus discípulos: «Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes». (Jn 14,15-16).
Estas palabras nos recuerdan sobre todo que el amor por una persona y también por el Señor, se demuestra no con las palabras, sino con los hechos; y también «cumplir los mandamientos» debe ser entendido en sentido existencial, de manera que toda la vida sea involucrada. En efecto, ser cristianos no significa principalmente pertenecer a una cierta cultura o adherirse a una cierta doctrina, sino sobre todo vincular la propia vida, en cada uno de sus aspectos, a la persona de Jesús y a través de Él, al Padre. Por este objetivo Jesús promete la efusión del Espíritu Santo a sus discípulos. Precisamente, gracias al Espíritu Santo, Amor que une el Padre y el Hijo y de ellos deriva, todos podemos vivir la misma vida de Jesús. El Espíritu, de hecho, nos enseña cada cosa, es decir, la única cosa indispensable: amar como ama Dios.
En el prometer al Espíritu Santo, Jesús lo define como «otro Paráclito» (v. 16), que significa Consolador, Abogado, Intercesor, es decir, Aquél que nos asiste, nos defiende, está a nuestro lado en el camino de la vida y en la lucha por el bien y contra el mal. Jesús dice: «otro Paráclito», porque el primero es Él, Él mismo, que se hizo carne justamente para asumir sobre sí mismo nuestra condición humana y liberarla de la esclavitud del pecado.
Además, el Espíritu Santo ejerce una función de enseñanza y de memoria. Enseñanza y memoria. Nos lo dijo Jesús: «Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho» (v. 26).
El Espíritu Santo no trae otra enseñanza, sino que hace vivo y hace operante la enseñanza de Jesús, para que el tiempo que pasa no lo cancele y no lo desvanezca. El Espíritu Santo injerta esta enseñanza dentro de nuestro corazón, nos ayuda a interiorizarlo, haciendo que se transforme en parte de nosotros, carne de nuestra carne. Al mismo tiempo, prepara nuestro corazón para que sea capaz realmente de recibir las palabras y los ejemplos del Señor. Todas las veces que la palabra de Jesús es recibida con alegría en nuestro corazón, esto es obra del Espíritu Santo.
Recemos ahora juntos el Regina Coeli –por última vez este año–, invocando la materna intercesión de la Virgen María. Ella nos de la gracia de ser fuertemente animados por el Espíritu Santo, para testimoniar a Cristo con franqueza evangélica y abrirnos siempre más a la plenitud de su amor.
Alfa y Omega

LA LEY DEL SEÑOR ES DESCANSO DEL ALMA

Del Salmo 18:

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante.

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos.

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del S
eñor son verdaderos
y enteramente justos
.
Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón

Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, roca mía, redentor mío.

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón

TODO ES POSIBLE PARA EL QUE CREE

 

Evangelio según San Marcos 9,14-29. 

Cuando volvieron a donde estaban los otros discípulos, los encontraron en medio de una gran multitud, discutiendo con algunos escribas. 

En cuanto la multitud distinguió a Jesús, quedó asombrada y corrieron a saludarlo. 

Él les preguntó: "¿Sobre qué estaban discutiendo?". 

Uno de ellos le dijo: "Maestro, te he traído a mi hijo, que está poseído de un espíritu mudo. Cuando se apodera de él, lo tira al suelo y le hace echar espuma por la boca; entonces le crujen sus dientes y se queda rígido. Le pedí a tus discípulos que lo expulsaran pero no pudieron". 

"Generación incrédula, respondió Jesús, ¿hasta cuando estaré con ustedes? ¿Hasta cuando tendré que soportarlos? Tráiganmelo". 

Y ellos se lo trajeron. En cuanto vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al niño, que cayó al suelo y se revolcaba, echando espuma por la boca. 

Jesús le preguntó al padre: "¿Cuánto tiempo hace que está así?". 

"Desde la infancia, le respondió, y a menudo lo hace caer en el fuego o en el agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos". 

"¡Si puedes...!", respondió Jesús. "Todo es posible para el que cree". 

Inmediatamente el padre del niño exclamó: "Creo, ayúdame porque tengo poca fe". 

Al ver que llegaba más gente, Jesús increpó al espíritu impuro, diciéndole: "Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno, sal de él y no vuelvas más". 

El demonio gritó, sacudió violentamente al niño y salió de él, dejándolo como muerto, tanto que muchos decían: "Está muerto". 

Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y el niño se puso de pie. 
Cuando entró en la casa y quedaron solos, los discípulos le preguntaron: "¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?". 

El les respondió: "Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración". 

Invocación


Ven, Espíritu Creador, e infunde en nosotros la fuerza y el aliento de Jesús. Sin tu impulso y t gracia, no acertaremos a creer en él; no nos atreveremos a seguir sus pasos; la Iglesia no se renovará; nuestra esperanza se apagará. ¡Ven y contágianos el aliento vital de Jesús!
Ven, Espíritu Santo, y recuérdanos las palabras buenas que decía Jesús. Sin tu luz y tu testimonio sobre él, iremos olvidando el rostro bueno de Dios; el Evangelio se convertirá en letra muerta; la Iglesia no podrá anunciar ninguna noticia buena. ¡Ven y enséñanos a escuchar solo a Jesús!
Ven, Espíritu de la Verdad, y haznos caminar en la verdad de Jesús. Sin tu luz y tu guía, nunca nos liberaremos de nuestros errores y mentiras; nada nuevo y verdadero nacerá entre nosotros; seremos como ciegos que pretenden guiar a otros ciegos. ¡Ven y conviértenos en discípulos y testigos de Jesús!
Ven, Espíritu del Padre, y enséñanos a gritar a Dios «Abba» como lo hacía Jesús. Sin tu calor y tu alegría, viviremos como huérfanos que han perdido a su Padre; invocaremos a Dios con los labios, pero no con el corazón; nuestras plegarias serán palabras vacías. ¡Ven y enséñanos a orar con las palabras y el corazón de Jesús!
Ven, Espíritu Bueno, y conviértenos al proyecto del «reino de Dios» inaugurado por Jesús. Sin tu fuerza renovadora, nadie convertirá nuestro corazón cansado; no tendremos audacia para construir un mundo más humano, según los deseos de Dios; en tu Iglesia los últimos nunca serán los primeros; y nosotros seguiremos adormecidos en nuestra religión burguesa. ¡Ven y haznos colaboradores del proyecto de Jesús!
Ven, Espíritu de Amor, y enséñanos a amarnos unos a otros con el amor con que Jesús amaba. Sin tu presencia viva entre nosotros, la comunión de la Iglesia se resquebrajará; la jerarquía y el pueblo se irán distanciando siempre más; crecerán las divisiones, se apagará el diálogo y aumentará la intolerancia. ¡Ven y aviva en nuestro corazón y nuestras manos el amor fraterno que nos hace parecernos a Jesús!
Ven, Espíritu Liberador, y recuérdanos que para ser libres nos liberó Cristo y no para dejarnos oprimir de nuevo por la esclavitud. Sin tu fuerza y tu verdad, nuestro seguimiento gozoso a Jesús se convertirá en moral de esclavos; no conoceremos el amor que da vida, sino nuestros egoísmos que la matan; se apagará en nosotros la libertad que hace crecer a los hijos e hijas de Dios y seremos, una y otra vez, víctimas de miedos, cobardías y fanatismos. ¡Ven, Espíritu Santo, y contágianos la libertad de Jesús!
José Antonio Pagola


Pascua de Pentecostés. "Recrea en mi alma la bondad, la verdad y la belleza"


Espíritu Santo, ven, hazme reconocer tu acción en mí, como en la primera creación, por la que el Hacedor de todo, al final de cada jornada, vio que todo era bueno. Recrea en mi alma la bondad, la verdad y la belleza, por las que yo siempre pueda sentir el cimiento de mi estabilidad personal, al saber y reconocer la huella de tu acción. ¡Ven, Espíritu Santo, y recrea en mí tu proyecto!
Espíritu Santo, ven, muéstrame, como lo hiciste en tiempos de Noé, la señal de paz, de vida, de habitabilidad, que me haga confiar y entregarme. Que no me encierre dentro de mí de manera ensimismada y egoísta, sino que salga a compartir la tarea y colabore contigo en la obra inmensa de hacer este mundo mejor, una casa habitable, en convivencia y en paz. ¡Ven, Espíritu Santo, y visítame con tu paz, signo de que cumplo la voluntad de Dios!
Espíritu Santo, ven, y, como lo hiciste en tiempos de Moisés, descendiendo sobre la tienda del encuentro, santuario de tu presencia, desciende sobre mí, cúbreme, habítame, abrázame, sumérgeme, que respire tu vida en mí, que te encuentre dentro de mí, que camine bajo tu luz o bajo tu sombra, pero siempre llevando en mi conciencia que soy persona habitada, y considere a quienes miro reflejo del don de tu aliento. ¡Ven, Espíritu Santo, acompáñame siempre y así no perderé nunca la conciencia de que me habitas!
Espíritu Santo, ven, y como hiciste en tiempos de los profetas, fortaléceme para que tenga el valor, la fuerza, la energía de anunciar el mensaje del amor y de la misericordia, de la justicia, y de la bondad de Dios a todos los que hoy peregrinan por la vida y se cruzan en mi camino o viven junto a mí. Para que se anuncie la Buena Noticia entre los más necesitados de pan y de esperanza. ¡Ven, Espíritu Consolador, hazme instrumento de tu misericordia!
Espíritu Santo, ven. Tú puedes, como en los tiempos de Ezequiel, revitalizar lo seco, lo inerte, hasta lo muerto, y hacer que se convierta en signo de vida y de esperanza. Tú eres quien da vida, rehabilita, endereza a los que ya se doblan. Tú fortaleces. ¡Ven, Espíritu Santo, Señor y dador de vida, haz que nunca pacte con la inercia ni con la apatía, y que gracias a ti sea signo de vida!
Espíritu Santo, ven, sé fuego, ardor en el corazón, valentía en el ánimo, motivo para testimoniar la experiencia desbordante de tu moción consoladora, de tu llamada, para ser testigo de Jesucristo resucitado, razón de la fe. ¡Ven, Espíritu Santo, enciende en nosotros el fuego de tu amor!
Espíritu Santo, ven. Tú puedes, como lo hiciste con los discípulos de Jesús, vencer el miedo, el escepticismo, la desesperanza, el tedio, la huida, la vergüenza, el cansancio. Sé que gracias a ti vivo, respiro, tengo ilusión, ánimo, fuerza, fe, deseos de bien, pero Tú conoces mi debilidad, mi pobreza, mi pecado, mi estado crónico. ¡Ven en ayuda de mi debilidad!
(Ángel Moreno).-


domingo, 15 de mayo de 2016

Recibid el Espíritu Santo

Evangelio: Juan 20,19-23: Recibid el Espíritu Santo

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos.

En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.

Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió: Paz a vosotros.

Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos. . Palabra de Dios.

sábado, 14 de mayo de 2016

Piedad, manifestación de la misericordia de Dios. Tema de la Audiencia jubilar del Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!No parece tan bonito el día, pero ustedes son valientes y han venido con la lluvia, gracias. Esta audiencia se realizará en dos lugares: los enfermos están en el Aula Pablo VI, por la lluvia, están más cómodos ahí  y nos siguen a través de las pantallas; y nosotros aquí. Estamos unidos, ambos, y les hago la propuesta de saludarlos con un aplauso. No es fácil aplaudir con el paraguas en la mano, ¿eh?

Entre los tantos aspectos de la misericordia, existe uno que consiste en sentir piedad o apiadarse en relación a cuantos tienen necesidad de amor. La pietas – la piedad – es un concepto presente en el mundo greco-romano, donde indica el acto de someterse a los superiores: sobre todo la devoción debida a los dioses, también el respeto de los hijos hacia los padres, sobre todo a los ancianos.

.Hoy, en cambio, debemos estar atentos a no identificar la piedad con el pietismo, bastante difundido, que es solo una emoción superficial y ofende la dignidad del otro. Al mismo modo, la piedad no se debe confundir ni siquiera con la compasión que sentimos por los animales que viven con nosotros; sucede, de hecho, que a veces se siente este sentimiento hacia los animales, y se permanece indiferente ante los sufrimientos de los hermanos.
Pero, cuantas veces vemos gente tan apegada a los gatos, a los perros, y después dejan sin ayuda el hambre del vecino, de la vecina… no, no ¿eh?La piedad de la cual queremos hablar es una manifestación de la misericorda de Dios. Es uno de los siete dones del Espíritu Santo que el Señor ofrece a sus discípulos para hacerlos «dóciles para seguir los impulsos del Espíritu Santo» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1830).

Tantas veces en el Evangelio se presenta el grito espontáneo que personas enfermas, endemoniad1as, pobres o afligidas dirigen a Jesús: “Ten piedad” (Cfr. Mc 10,47-48; Mt 15,22; 17,15). A todos Jesús respondía con la mirada de la misericordia y el conforto de su presencia. En tales invocaciones de ayuda o pedidos de piedad, cada uno expresaba también su fe en Jesús, llamándolo “Maestro”, “Hijo de David” y “Señor”. Intuían que en Él había algo extraordinario, que les podía ayudar a salir de la condición de tristeza en la cual se encontraban. Percibían en Él el amor de Dios mismo. Y también si la gente se amontonaba, Jesús se daba cuenta de aquellas invocaciones de piedad y se apiadaba, sobre todo cuando veía personas sufrientes y heridas en su dignidad, como en el caso de la hemorroisa (Cfr. Mc 5,32). Él los llamaba a tener confianza en É
l y en su Palabra (Cfr. Jn 6,48-55). Para Jesús sentir piedad equivale a compartir la55 tristeza de quien encuentra, pero al mismo tiempo a obrar en primera personaje para transformarla en alegría.

También nosotros somos llamados a cultivar en nosotros actitudes de piedad ante tantas situaciones de la vida, quitándonos de encima la indiferencia que impide reconocer las exigencias de los hermanos que nos rodean y liberándonos de la esclavitud del bienestar material (Cfr. 1 Tim 6,3-8).Miremos el ejemplo de la Virgen María, que cuida de cada uno de sus hijos y es para nosotros creyentes el ícono de la piedad. Dante Alighieri lo expresa en la oración a la Virgen puesta al culmen del Paraíso: «En ti misericordia, en ti bondad, en ti magnificencia, en ti se encuentra todo cuanto hay de bueno en las criaturas» (XXXIII, 19-21). Gracias.(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)(from Vatican Radio)        

Papa: con la Madre de Jesús, en la víspera de Pentecostés

En la audiencia general  de los sábados del Jubileo de la Misericordia, en la víspera de la Solemnidad de Pentecostés, el Papa Francisco invitó a contemplar el modelo de la Virgen María, icono de la piedad, aprendiendo de la Madre de Dios a amar al Señor y al prójimo.  En sus exhortaciones a los numerosos peregrinos de tantas partes del mundo -  que a pesar de la intensa lluvia, acudieron a la cita jubilar, en la Plaza de San Pedro -  el Obispo de Roma hizo hincapié en la importantke y tierna presencia materna de la Virgen, en nuestras vidas, así como fue en Cenáculo, con los ruegos de María implorando que el don del Espíritu Santo Consolador abra e ilumine nuestros corazones:«A través de la  intercesión de la Virgen María, estamos invitados, en la víspera de Pentecostés a sacudir nuestra indiferencia, que a veces nos impide ver las necesidades de nuestros hermanos y liberarnos de la esclavitud de los bienes materiales.En esta víspera de Pentecostés, queremos unirnos espiritualmente con la Virgen María y los apóstoles reunidos en oración en espera del Espíritu Santo. El Paráclito nos ayude a crecer en la fe y en la caridad para ser testimonios de la verdadera piedad.Mañana celebraremos la Solemnidad de Pentecostés. Pidamos al Espíritu Santo que llene nuestros corazones. Abrámoslos a su acción. San Pablo nos recuerda que es el mismo Espíritu el que intercede por nosotros con gemidos inefables. Pidámosle que sostenga nuestra oración y nuestras acciones, que las ilumine con su luz, que las haga conformes a la voluntad de Dios».El mes mariano y el Rosario, no podían faltar en las palabras del Papa«Este mes de María nos invita a multiplicar cotidianamente los actos de devoción e imitación de la Madre de Dios. ¡Recen el Rosario cada día! ¡Dejen que la Virgen Madre posea su corazón, encomendándole lo que son y tienen! Y Dios será todo en todos»En su cordial bienvenida a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, el Papa Francisco recordó que la audiencia general coincidió con la memoria litúrgica de San Matías -  que completó el número doce de los Apóstoles, después de la Ascensión del Señor, cuando los mismos junto con María y varios discípulos, se dedicaron a la oración y a esperar la venida del Espíritu Santo:«Hoy es la fiesta de San Matías, el último apóstol que entró entre los Doce. Que su vigor espiritual estimule en ustedes, queridos jóvenes - en especial a los alumnos del Sagrado Corazón y Pablo VI de Roma – a ser coherentes con su fe. Que su entrega a Cristo Resucitado los sostenga a ustedes, queridos enfermos, en los momentos de mayor dificultad. Que su dedición misionera les recuerde a ustedes, queridos recién casados, que el amor  es el cimiento insustituible de la familia»(CdM – RV)(from Vatican Radio)

ÁMENSE LOS UNOS A LOS OTROS COMO YO LOS HE AMADO


Evangelio según San Juan 15,9-17. 

Jesús dijo a sus discípulos: «Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. 

Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.

Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado.

No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.

Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.

No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, Él se lo concederá.

Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.»

viernes, 13 de mayo de 2016

Dramático llamamiento de Patriarca católico a sacerdotes que abandonaron Irak

El Patriarca Caldeo de Bagdad (Irak), monseñor Louis Sako, calificó como un «pecado grave» el de aquellos sacerdotes y religiosos que abandonaron Irak rumbo a Estados Unidos sin permiso de sus superiores, pues «debemos vivir y morir en el lugar donde Dios nos llama».
En una carta a la Eparquía de San Pedro de los Caldeos en San Diego, California (Estados Unidos), recogido por la agencia vaticana Fides, monseñor Sako recordó a los sacerdotes y religiosos que emigraron que «su futuro se apoya en el Señor y en dar un testimonio de Cristo no solo con las palabras, sino con el ejemplo, en negarse a sí mismos, amando y sirviendo a su pueblo, especialmente aquellos necesitados».
En febrero de este año, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) informó en un boletín que la violencia desatada en Irak por el Estado Islámico (ISIS) ha ocasionado más de 3,3 millones de desplazados internos en el país desde enero de 2014.
Según un informe de Naciones Unidas publicado a inicios de 2016, entre enero de 2014 y octubre de 2015 más de 18 mil 800 civiles fueron asesinados y otros 36 mil han resultado heridos.
En marzo de este año, Estados Unidos reconoció como «genocidio» los crímenes de ISIS contra los cristianos y otras minorías religiosas en Medio Oriente y otras regiones que están bajo su poder.
Los sacerdotes y religiosos, precisó monseñor Sako, «no deben buscar condiciones de vida confortables, sino servir a los hermanos siguiendo a Cristo, aceptando también cargar la cruz, cuando lo requieran las circunstancias».
«Esta es la razón por la que nadie puede dejar su diócesis o comunidad religiosa sin la aprobación formal del obispo o superior, como también fue reiterado en el Sínodo de los Obispos Caldeos en junio de 2013», señaló.

ACI

«MARÍA SOLA ABRAZA AL QUE TODO EL UNIVERSO NO ABARCA». SAN EFRÉN

María fue hecha cielo en favor nuestro al llevar la divinidad que Cristo, sin dejar la gloria del Padre, encerró en los angostos límites de un seno para conducir a los hombres a una dignidad mayor. Eligió a ella sola entre toda la asamblea de las vírgenes para que fuese instrumento de nuestra salvación. En ella encontraron su culmen los vaticinios de todos los justos y profetas. De ella nació aquella brillantísima estrella bajo cuya guía vio una gran luz el pueblo, que caminaba en tinieblas. María puede ser denominada de forma adecuada con diversos títulos. 
Ella es el templo del Hijo de Dios, que salió de ella de manera muy distinta a como había entrado, porque, aunque había entrado en su seno sin cuerpo, salió revestido de un cuerpo. 
Ella es el nuevo cielo místico, en el que el Rey de reyes habitó como en su morada. De él bajó a la tierra mostrando ostensiblemente una forma y semejanza terrena. Ella es la vid que da como fruto un suave olor. Su fruto, como difería absolutamente por la naturaleza del árbol, necesariamente cambiaba su semejanza por causa del árbol. Ella es la fuente que brota de la casa del Señor, de la que fluyeron para los sedientos aguas vivas que, si alguien las gusta aunque sea con la punta de los labios, jamás sentirá sed.

Amadísimos, se equivoca quien piensa que el día de la renovación de María puede ser comparado con otro día de la creación. 
En el inicio fue creada la tierra; por medio de ella es renovada. 
En el inicio fue maldita en su actividad por el pecado de Adán, por medio de ella le es devuelta la paz y la seguridad. 
En el inicio, la muerte se extendió a todos los hombres por el pecado de los primeros padres, pero ahora hemos sido trasladados de la muerte a la vida. 
En el inicio, la serpiente se adueñó de los oídos de Eva, y el veneno se extendió a todo el cuerpo; ahora María acoge en sus oídos al defensor de la perpetua felicidad. Lo que fue instrumento de muerte, ahora se alza como instrumento de vida. 
El que se sienta sobre los Querubines es sostenido ahora por los brazos de una mujer; Aquel al que todo el orbe no puede abarcar, María sola lo abraza; Aquel al que temen los Tronos y las Dominaciones, una joven lo protege; Aquel cuya morada es eterna, se sienta en las rodillas de una virgen; Aquel que tiene la tierra por escabel de sus pies, la pisa con pies de niño.
De los sermones de san Efrén, diácono
(Sermón 3 de diversis: Opera omnia, III syr. et lat., Roma 1743, 607)
Fuente: News.va

JESÚS CONFÍA SU REBAÑO A PEDRO

Evangelio según San Juan 21,15-19.
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer, dijo a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?". Él le respondió: "Sí, Señor, Tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos".
Le volvió a decir por segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". Él le respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas".
Le preguntó por tercera vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?". Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: "Señor, Tú lo sabes todo; sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas. 
Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras".

De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: "Sígueme".

jueves, 12 de mayo de 2016

El Papa Francisco abre la puerta al diaconado de las mujeres. Anuncia la creación de una "comisión oficial" para que "la Iglesia aclare este punto"

En la actualidad, este servicio está reservado de manera exclusiva a los hombres
Francisco afirmó hoy que creará una comisión de estudio para analizar la posibilidad de permitir a las mujeres ejercer el servicio del diaconado en la Iglesia católica, actualmente reservado de manera exclusiva a hombres.
Esto durante un encuentro -en el Aula Pablo VI del Vaticano- con unas 900 líderes de congregaciones religiosas femeninas del mundo, asistentes a la asamblea trienal de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG).
En la reunión el pontífice respondió improvisando a seis preguntas de las presentes, una de ellas le cuestionó: "¿Por qué no constituir una comisión oficial para estudiar la cuestión?".
En su respuesta el líder católico reveló que había abordado el asunto hace algunos años con un "buen y sabio profesor", el cual tenía estudios sobre el uso de las mujeres diáconos en los primeros siglos de la Iglesia.
Siguió reconociendo que no estaba claro qué papel tenían esas mujeres. "¿Cuáles fueron estas mujeres diáconos? ¿Tenían ordenación o no? Está poco claro eso. ¿Cuál fue el papel de esas ‘diaconisas' entonces?", se cuestionó.
"¿Constituir una comisión oficial que pueda estudiar la cuestión? Creo que sí. Sería bueno, para hacer que la Iglesia aclare este punto. Estoy de acuerdo, voy a hablar para hacer algo como esto. Acepto, me parece útil tener una comisión para aclarar", añadió.
Actualmente la Iglesia católica reserva el diaconado exclusivamente a los hombres. Los seminaristas son ordenados "diáconos temporales" un tiempo antes de recibir la ordenación sacerdotal.
Pero no sólo pueden ser diáconos quienes serán presbíteros, también existe una categoría distinta de "diáconos permanentes" que incluso pueden ser casados. Estos son considerados el "grado inferior de la jerarquía eclesiástica".
Entre las funciones permitidas a los diáconos destacan la proclamación del evangelio, la predicación y la asistencia en el altar, la administración del sacramento del bautismo y el presidir matrimonios, dar bendiciones. Ellos no pueden celebrar misa ni confesar o dar la unción de los enfermos.
La discusión sobre el diaconado femenino no es nueva. Durante la pasada asamblea del Sínodo de los Obispos, que tuvo lugar en el Vaticano en octubre de 2015, el arzobispo canadiense Paul-André Durocher avanzó el tema.
"El Sínodo debería reflexionar seriamente sobre la posibilidad de permitir el diaconado femenino, porque abriría el camino a mayores oportunidades para las mujeres en la vida de la Iglesia", señaló.
"En donde fuese posible, a mujeres calificadas se les debería asignar posiciones y autoridades de decisión en las estructuras eclesiásticas", añadió.
 Religión digital


Homilía del Papa: los cristianos trabajan por la unidad, los cizañeros dividen

 Jesús ruega por la unidad de los cristianos, pero en la Iglesia hay cizañeros que dividen y destruyen las comunidades con la lengua, dijo el Papa Francisco en su homilía, en la Misa matutina, en la Capilla de la Casa de Santa Marta.
La unidad es una de las cosas más difíciles
Antes de su Pasión, Jesús reza por la unidad de los creyentes, de las comunidades cristianas, para que sean una sola cosa, como Él con el Padre, para que el mundo crea. El Obispo de Roma reflexionó sobre las palabras y oración de Jesús, con la lectura del Evangelio del día:
«La unidad de las comunidades cristianas, de las familias cristianas son testimonio: testimonian que el Padre ha enviado a Jesús. Y, quizá llegar a la unidad – en una comunidad cristiana, una parroquia, un obispado, una institución cristiana, una familia cristiana – es una de las cosas más difíciles. Nuestra historia, la historia de la Iglesia nos hace avergonzar tantas veces: ¡hicimos guerras contra nuestros hermanos cristianos! Pensemos en una, la Guerra de los Treinta Años».
Pedir perdón por las divisiones
Donde los cristianos se hacen la guerra unos contra otros, no hay testimonio, hizo hincapié el Papa:
«¡Tenemos que pedir tanto perdón al Señor por esta historia! Una historia, tantas veces, de divisiones y no sólo en el pasado… ¡Aún hoy! ¡Aún hoy! Y el mundo ve que estamos divididos y dice: ‘Que se pongan de acuerdo, después veremos… Cómo, Jesús ha Resucitado y está vivo ¿y sus discípulos no se ponen de acuerdo?’. Una vez, un cristiano católico le preguntó a otro cristiano de Oriente, también católico: ‘Mi Cristo resucita pasado mañana. El tuyo ¿cuándo resucita? ¡Ni siquiera en la Pascua estamos unidos! Y el mundo no cree».
Los cizañeros embarran y destruyen
«Fue la envidia del diablo la que hizo entrar el pecado en el mundo», reiteró el Santo Padre, señalando luego que también en las comunidades cristianas es casi habitual que haya egoísmos, celos, envidias, divisiones. Y ello lleva a chismear unos contra otros ¡Cuántos chismes! Las divisiones comienzan con la lengua de los que siembran cizaña. ¡Por envidia, celos y también por cerrazón! ¡No! ¡La doctrina es ésta!.. La lengua es capaz de destruir una familia, una comunidad, una sociedad, de sembrar odio y guerras. En lugar de buscar una clarificación, es más cómodo chismear y destruir la fama del otro. Evocando a San Felipe Neri - que le dijo a una mujer chismosa, que como penitencia desplumara una gallina y desparramara las plumas, para luego intentar recogerlas, a lo que ella respondió que es imposible – el Santo Padre, concluyó su homilía alentando a pedir la gracia de la unidad y volvió a recordar las consecuencias del chismorreo:
«El chismear es así: embarrar al otro. ¡El que chismea embarra! ¡Destruye! Destruye la fama, destruye la vida y tantas veces - ¡tantas veces! – sin motivo, contra la verdad. Jesús rezó por nosotros, por todos nosotros que estamos aquí y por nuestras comunidades, nuestras parroquias, nuestras diócesis: ‘Que sean uno’. Roguemos al Señor que nos dé la gracia, porque es tanta, tanta la fuerza del diablo, del pecado que nos empuja a la desunión. ¡Siempre! Que nos dé la gracia, que nos dé el don: y ¿cuál es el don que hace la unidad? ¡El Espíritu Santo! Que nos dé este don que hace la armonía, porque Él es la armonía, la gloria en nuestras comunidades. Y que nos dé la paz, pero con la unidad. Pidamos la gracia de la unidad para todos los cristianos, la gracia grande y la gracia pequeña de cada día para nuestras comunidades, nuestras familias. ¡Y la gracia de poner un freno a la lengua!»
(CdM – RV)

JESÚS ORA POR LA UNIDAD DE LOS QUE CREEN EN ÉL

Evangelio según San Juan 17,20-26. 

Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo: 

"Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. 

Que todos sean uno: como Tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me enviaste. 
Yo les he dado la gloria que Tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno -yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que Tú me has enviado, y que yo los amé cómo Tú me amaste. 

Padre, quiero que los que Tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo. 

Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que Tú me enviaste. 

Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que Tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos".