sábado, 27 de febrero de 2016

El Papa Francisco reitera la actualidad de la primera encíclica de Benedicto XVI: ''Deus caritas est''

Ciudad del Vaticano, 26 de febrero de 2016 (Vis).-''La encíclica Deus caritas est conserva intacta la frescura de su mensaje, con el que indica la perspectiva siempre actual para el camino de la Iglesia. Y todos seremos cristianos más auténticos cuanto más vivamos con este espíritu'', ha dicho esta mañana el Papa Francisco recibiendo en la Sala Clementina a los participantes en el congreso internacional ''La caridad no pasará jamás Perspectivas a los 10 años de la encíclica Deus caritas est'', organizado por el Consejo pontificio Cor Unum que ha analizado en las dos últimas jornadas la repercusión y el horizonte pastoral y teológico abierto por la primera encíclica del papa Benedicto XVI.
Una encíclica, señaló Francisco que ''trata un tema que permite recorrer toda la historia de la Iglesia que, entre otras cosas, es una historia de caridad. Es la historia del amor que hemos recibido de Dios y debemos llevar al mundo: esta caridad recibida y dada es el fundamento de la historia de la Iglesia y de la historia de cada uno de nosotros...Para cada uno de los fieles, como para la comunidad cristiana en su conjunto, vale la palabra de Jesús, según la cual la caridad es el primer mandamiento y el más alto''.
El Año jubilar que estamos viviendo, continuó el Santo Padre, nos brinda también ''la ocasión de volver a este corazón palpitante de nuestra vida y de nuestro testimonio, al centro del anuncio de fe: Dios es amor. Dios no tiene simplemente el deseo o la capacidad de amar; Dios es caridad: la caridad es su esencia, su naturaleza. Él es único, pero no es solitario... no puede cerrarse en sí mismo, porque es comunión, es caridad, y la caridad por naturaleza se comunica, se difunde. Así, Dios asocia al hombre a su vida de amor y, aunque el hombre se aleje de él, él no permanece distante sino que le sale al encuentro. Este salir al encuentro del hombre, que culmina en la encarnación del Hijo, es su misericordia...El programa de Jesús —está escrito en la encíclica— es ''un “corazón que ve''. Este corazón ve dónde se necesita amor y actúa en consecuencia. Caridad y misericordia están tan estrechamente vinculadas porque son el modo de ser y de actuar de Dios: su identidad y su nombre''.
El primer aspecto que la encíclica nos recuerda es ''precisamente el rostro de Dios: quién es el Dios que podemos encontrar en Cristo, cuán fiel e insuperable es su amor... Cualquier forma nuestra de amor, de solidaridad, de compartir es sólo un reflejo de la caridad que es Dios. Él derrama incansablemente su caridad sobre nosotros y nosotros estamos llamados a ser testigos de este amor en el mundo. Por eso, debemos ver la caridad divina como la brújula que orienta nuestra vida, antes de encaminarnos en cualquier actividad: en ella encontramos la dirección, de ella aprendemos cómo mirar a los hermanos y al mundo''.
Francisco se refirió también al segundo e importante aspecto de ''Deus caritas est'' : esa caridad quiere verse reflejada cada vez más en la vida de la Iglesia. ''Cuánto desearía -excalmó- que en la Iglesia cada fiel, cada institución, cada actividad revelara que Dios ama al hombre. La misión que desempeñan nuestros organismos de caridad es importante, porque acercan a muchas personas pobres a una vida más digna, más humana, y esto es algo muy necesario; es una misión importantísima porque, no con palabras, sino con el amor concreto puede hacer sentir a todo hombre que el Padre le ama, que es hijo suyo, destinado a la vida eterna con Dios''.

''Quisiera dar las gracias a todos aquellos que trabajan diariamente en esta misión, que interpela a todo cristiano -finalizó- En este Año jubilar he querido resaltar que todos podemos vivir la gracia del Jubileo, precisamente poniendo in práctica las obras de misericordia corporales y espirituales: vivir las obras de misericordia significa conjugar el verbo amar como lo hizo Jesús. Y así, todos juntos, contribuimos concretamente a la gran misión de la Iglesia de comunicar el amor de Dios, que desea extenderse''.

SALMO DE MISERICORDIA

SALMO 86
Oración de David.
Inclina tu oído, Señor, respóndeme,
porque soy pobre y miserable;
2 protégeme, porque soy uno de tus fieles,
salva a tu servidor que en ti confía.

3 Tú eres mi Dios: ten piedad de mí, Señor,
porque te invoco todo el día;

4 reconforta el ánimo de tu servidor,
porque a ti, Señor, elevo mi alma.

5 Tú, Señor, eres bueno e indulgente,
rico en misericordia con aquellos que te invocan:

6 ¡atiende, Señor, a mi plegaria,
escucha la voz de mi súplica!

7 Yo te invoco en el momento de la angustia;
porque tú me respondes.

8 No hay otro dios igual a ti, Señor,
ni hay obras como las tuyas.

9 Todas las naciones que has creado
vendrán a postrarse delante de ti
y glorificarán tu Nombre, Señor.

10 porque tú eres grande, Dios mío,
y eres el único que hace maravillas.

11 Indícame tu camino, Señor,
para que yo viva según tu verdad;
orienta totalmente mi corazón
al temor de tu Nombre.

12 Te daré gracias, Dios mío, de todo corazón,
y glorificaré tu Nombre eternamente;

13 porque es grande el amor que me tienes,
y tú me libraste del fondo del Abismo.

14 Dios mío, los orgullosos se levantaron contra mí,
y una banda de forajidos atenta contra mi vida
sin preocuparse para nada de ti.

15 Pero tú, Señor, Dios compasivo y bondadoso,
lento para enojarte, rico en amor y fidelidad,

16 vuelve hacia mí tu rostro y ten piedad de mí;
fortalece a tu servidor,
salva a tu hijo de tu servidora.

17 Dame una prueba de tu bondad,
para que mis adversarios queden confundidos,
al ver que tú, Señor, eres mi ayuda y mi consuelo.


"Si la UE no puede hacerlo, que lo solucione la comunidad internacional"El padre Ángel define el drama de los refugiados como "uno de los problemas más graves de la sociedad

El padre Ángel, presidente y fundador de Mensajeros de la Paz, ha lamentado "la situación" en la que se encuentran los refugiados sirios en Lesbos, ante lo que ha definido como "uno de los problemas más graves que tiene la sociedad hoy en día, no solo a nivel europeo sino a nivel mundial".
El padre Ángel ha realizado estas declaraciones en Logroño hasta donde ha acudido para recibir -por parte del Foro Cívico Francisco Sáez Porres- el galardón del XV Certamen Justicia y Solidaridad, que se entrega desde el año 2002.

Previamente a la entrega del galardón, el sacerdote ha recordado ante los medios de comunicación la situación por la que están pasando los refugiados sirios en la isla griega de Lesbos. Para el padre Ángel, que viajó hasta dicha isla hace apenas unas semanas, es "una vergüenza y un escándalo todo lo que está ocurriendo allí porque la situación va a peor" y ha añadido que "uno se siente más entristecido cuando después de estar con los responsables de los partidos políticos, ellos mismos te dicen que tampoco ven la luz y que es una problemática muy complicada".

A pesar de todo, ha insistido, "hay que hacer todo lo posible por resolver esta situación" y "si la Comunidad Europea no puede hacerlo, debería entrar la Comunidad Internacional e incluso la ONU porque siempre que hay un problema grave, y este lo es, debe hacerlo".

Además, el padre Ángel ha querido agradecer también la labor de los medios de comunicación que son "los que ponen en el tapete la situación" como ocurrió con laimagen del niño Aylan "que nos sensibilizó a todos y dio la vuelta al mundo".

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO DEL HIJO PRÓDIGO

En la liturgia de hoy se lee un fragmento del capítulo 15 del Evangelio de Lucas. Este capítulo contiene las tres parábolas de la misericordia: la de la oveja perdida, la de la moneda extraviada y después la más larga de las parábolas, típica de san Lucas, la del padre y los dos hijos, el hijo «pródigo» y el hijo que se cree «justo», que se cree santo.

 Estas tres parábolas hablan de la alegría de Dios. Dios es alegre. Interesante esto: ¡Dios es alegre! ¿Y cuál es la alegría de Dios? La alegría de Dios es perdonar, ¡la alegría de Dios es perdonar!

Es la alegría de un pastor que reencuentra su oveja; la alegría de una mujer que halla su moneda; es la alegría de un padre que vuelve a acoger en casa al hijo que se había perdido, que estaba como muerto y ha vuelto a la vida, ha vuelto a casa. ¡Aquí está todo el Evangelio! ¡Aquí! ¡Aquí está todo el Evangelio, está todo el cristianismo

Pero mirad que no es sentimiento, no es «buenismo». Al contrario, la misericordia es la verdadera fuerza que puede salvar al hombre y al mundo del «cáncer» que es el pecado, el mal moral, el mal espiritual. Sólo el amor llena los vacíos, los socavones negativos que el mal abre en el corazón y en la historia. Sólo el amor puede hacer eso, y ésta es la alegría de Dios.

Jesús es todo misericordia, Jesús es todo amor: es Dios hecho hombre. Cada uno de nosotros es esa oveja perdida, esa moneda perdida; cada uno de nosotros es ese hijo que ha derrochado la propia libertad siguiendo ídolos falsos, espejismos de felicidad, y ha perdido todo. 

Pero Dios no nos olvida, el Padre no nos abandona nunca. Es un padre paciente, nos espera siempre. Respeta nuestra libertad, pero permanece siempre fiel. Y cuando volvemos a Él, nos acoge como a hijos, en su casa, porque jamás deja, ni siquiera por un momento, de esperarnos, con amor.

Y su corazón está de fiesta por cada hijo que regresa. Está de fiesta porque es alegría. Dios tiene esta alegría cuando uno de nosotros pecadores va a Él y pide su perdón. 

¿Cuál es el peligro? Que presumamos de ser justos, y juzguemos a los demás. Que juzguemos también a Dios, porque pensamos que debería castigar a los pecadores, condenarles a muerte, en lugar de perdonar

Entonces sí que nos arriesgamos a permanecer fuera de la casa del Padre. Como ese hermano mayor de la parábola, que en vez de estar contento porque su hermano ha vuelto, se enfada con el padre que le ha acogido y hace fiesta. Si en nuestro corazón no hay la misericordia, no hay la alegría del perdón, no estamos en comunión con Dios aunque observemos todos los preceptos, porque es el amor lo que salva, no la sola práctica de los preceptos. 

 Es el amor a Dios y al prójimo lo que da cumplimiento a todos los mandamientos. Y éste es el amor de Dios, su alegría: perdonar. ¡Nos espera siempre! Tal vez alguno en su corazón tiene algo grave: «Pero he hecho esto, he hecho aquello...». ¡Él te espera! Él es padre: ¡siempre nos espera!
Si nosotros vivimos según la ley «ojo por ojo, diente por diente», nunca salimos de la espiral del mal. El Maligno es listo, y nos hace creer que con nuestra justicia humana podemos salvarnos y salvar el mundo. En realidad sólo la justicia de Dios nos puede salvar. 

Y la justicia de Dios se ha revelado en la Cruz: la Cruz es el juicio de Dios sobre todos nosotros y sobre este mundo. ¿Cómo nos juzga Dios? ¡Dando la vida por nosotros! He aquí el acto supremo de justicia que ha vencido de una vez por todas al Príncipe de este mundo; y este acto supremo de justicia es precisamente también el acto supremo de misericordia.

Jesús nos llama a todos a seguir este camino: «Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6, 36). Os pido algo, ahora. En silencio, todos, pensemos... que cada uno piense en una persona con la que no estamos bien, con la que estamos enfadados, a la que no queremos. Pensemos en esa persona y en silencio, en este momento, oremos por esta persona y seamos misericordiosos con esta persona. Invoquemos ahora la intercesión de María, Madre de la Misericordia. 

(Papa Francisco, Ángelus del 5 de septiembre de 2013)

EL REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO

Evangelio según San Lucas 15,1-3.11-32.
Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
 Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".
Jesús les dijo entonces esta parábola:
 "Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes.
 Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
Él hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre! Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'.
 Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
 El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'.
 Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso. Él le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'.
Él se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'.
Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'". 

viernes, 26 de febrero de 2016

Me dispongo a perdonar

Me gusta la sensación de libertad que siento cuando me quito la pesada capa de críticas, miedo, culpa, resentimiento y vergüenza.

Entonces puedo perdonarme a mi y perdonar a los demás.

Eso nos deja libres a todos. 

Renuncio a darle vueltas y más vueltas a los viejos problemas.

Me niego a seguir viviendo en el pasado.

Me perdono por haber llevado esa carga durante tanto tiempo, por no haber sabido amarme a mí ni amar a los demás.

Cada persona es responsable de su comportamiento, y lo que da, la vida se lo devuelve.

Así pues, no necesito castigar a nadie.



Continúo con mi trabajo de limpiar las partes negativas de mi alma y dar entrada al amor.
Entonces me curo.

Así que es lo mejor que podemos hacer, despojarnos de todo peso de toda culpa y así pidiendo perdón a Dios primeramente, luego a quien ofendimos y por ultimo perdonémonos nosotros mismos, así la vida es de mucho gozo y armonía, solo depende de nosotros, hagámoslo y nos sentiremos mejor en todo sentido. 

Proverbios: 17:17

"En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia".


Publicado por Reflejos de Luz Pastoral 

«DICHOSOS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN, PORQUE ELLOS VERÁN A DIOS»


Si tú me dices: «Muéstrame a tu Dios», yo te diré a mi vez: «Muéstrame tú al hombre que hay en ti», y yo te mostraré a mi Dios. Muéstrame, por tanto, si los ojos de tu mente ven, y si oyen los oídos de tu corazón.

Pues de la misma manera que los que ven con los ojos del cuerpo perciben con ellos las realidades de esta vida terrena... eso mismo hay que decir de los oídos del corazón y de los ojos de la mente, en cuanto a su poder para captar a Dios.

En efecto, ven a Dios los que son capaces de mirarlo, porque tienen abiertos los ojos del espíritu. Porque todo el mundo tiene ojos, pero algunos los tienen oscurecidos y no ven la luz del sol. Y no porque los ciegos no vean ha de decirse que el sol ha dejado de lucir...

De la misma manera, tienes tú los ojos de tu alma oscurecidos a causa de tus pecados y malas acciones... Cuando en el espejo se produce el orín, no se puede ver el rostro de una persona; de la misma manera, cuando el pecado está en el hombre, el hombre ya no puede contemplar a Dios.

Pero puedes sanar, si quieres. Ponte en manos del médico, y él punzará los ojos de tu alma y de tu corazón.

¿Qué médico es éste? Dios, que sana y vivifica mediante su Palabra y su sabiduría. [...] Si entiendes todo esto y vives pura, santa y justamente, podrás ver a Dios; pero la fe y el temor de Dios han de tener la absoluta preferencia de tu corazón, y entonces entenderás todo esto. 

Cuando te despojes de lo mortal y te revistas de la inmortalidad, entonces verás a Dios de manera digna. Dios hará que tu carne sea inmortal junto con el alma, y entonces, convertido en inmortal, verás al que es inmortal, con tal de que ahora creas en Él.


Del libro de san Teófilo de Antioquía, obispo, a Autólico.

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (21,33-43.45-46) POR BENEDICTO XVI

Queridos hermanos y hermanas:
El Evangelio de este domingo concluye con una amonestación de Jesús, particularmente severa, dirigida a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos» (Mt 21, 43). 

Son palabras que hacen pensar en la gran responsabilidad de quien, en cada época, está llamado a trabajar en la viña del Señor, especialmente con función de autoridad, e impulsan a renovar la plena fidelidad a Cristo. Él es «la piedra que desecharon los constructores», (cf. Mt 21, 42), porque lo consideraron enemigo de la ley y peligroso para el orden público; pero Él mismo, rechazado y crucificado, resucitó, convirtiéndose en la «piedra angular» en la que se pueden apoyar con absoluta seguridad los fundamentos de toda existencia humana y del mundo entero. 

De esta verdad habla la parábola de los viñadores infieles, a los que un hombre confió su viña para que la cultivaran y recogieran los frutos. El propietario de la viña representa a Dios mismo, mientras que la viña simboliza a su pueblo, así como la vida que Él nos da para que, con su gracia y nuestro compromiso, hagamos el bien. 

Dios tiene un proyecto para sus amigos, pero por desgracia la respuesta del hombre a menudo se orienta a la infidelidad, que se traduce en rechazo. El orgullo y el egoísmo impiden reconocer y acoger incluso el don más valioso de Dios: su Hijo unigénito. En efecto, cuando «les mandó a su hijo —escribe el evangelista Mateo— … [los labradores] agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron» (Mt 21, 37.39). 

Dios se pone en nuestras manos, acepta hacerse misterio insondable de debilidad y manifiesta su omnipotencia en la fidelidad a un designio de amor, que al final prevé también el justo castigo para los malvados (cf. Mt 21, 41).

Anclados en la fe en la piedra angular que es Cristo, permanezcamos en Él como el sarmiento que no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid. Solamente en Él, por Él y con Él se edifica la Iglesia, pueblo de la nueva Alianza.
(Benedicto XVI, Ángelus del 2 de octubre de 2011)

EL REINO DE DIOS SE DARÁ A QUIEN PRODUZCA SUS FRUTOS

Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,33-43.45-46):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
 

«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. 

Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. 

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. 

Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. 

Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»

Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»

Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que deshecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Gil Tamayo: ‘Meterse con las convicciones religiosas no puede salir gratis’

Durante la rueda de prensa posterior a la reunión de la Comisión Permanente de la CEE, el secretario general y portavoz ha expresado la preocupación de los obispos españoles por el actual escenario político
Durante la rueda de prensa posterior a la reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), el secretario general y portavoz de los obispos, José María Gil Tamayo, ha manifestado este jueves que meterse con las convicciones religiosas de las personas “no puede salir gratis”, en referencia a la exposición del artista Abel Azcona –que escribió la palabra “pederastia” con 242 formas consagradas– y a otros atentados contra la libertad religiosa. “Meterse con las convicciones no puede salir gratis. Si esos actos son delictivos y atentan contra los derechos fundamentales de las personas entre los que entran las convicciones religiosas, tienen una responsabilidad”, ha advertido.
Preguntado por las declaraciones del papa Francisco sobre el uso de anticonceptivos en situaciones excepcionales como el Zika, el sacerdote y periodista ha mostrado su adhesión al Santo Padre, al tiempo que han invitado a tener en cuenta el contexto de la pregunta, ya que los anticonceptivos eran presentados “como alternativa al aborto, que es un crimen”. “No se trata de manga ancha. Es una respuesta en un contexto concreto y frente a una alternativa de muerte”, ha puntualizado.
Ante los casos de abusos sexuales en un colegio de los Maristas, el secretario general de la CEE ha pedido “tolerancia cero, colaboración con la Justicia, cercanía con las víctimas, respeto exquisito a la presunción de inocencia y prevención”. También ha aprovechado para “levantar la voz en favor de las instituciones que llevan siglos defendiendo a los más débiles, sobre todo en escenarios educativos donde no hay otra presencia” y donde los religiosos “están desarrollando una labor importantísima”. Y ha defendido a la escuela concertada, que supone un ahorro anual al Estado de 2.850 millones de euros y da trabajo a 123 mil personas, entre ellas unos 100 mil profesores, además de “hacer factible” el derecho de los padres a la educación de sus hijos.
Sobre la revisión de los acuerdos entre la Iglesia católica y el Estado que contempla el pacto PSOE-Ciudadanos, Gil Tamayo ha admitido que las leyes y los acuerdos no son eternos, pero ha subrayado que éstos fijaron un marco de convivencia que ha dado buenos resultados y que ahora son de uso compartido por el resto de confesiones religiosas que tienen acuerdos con el Estado.
Por último, el portavoz de los obispos ha confiado en las instituciones y en los actores políticos para que se forme un Gobierno “estable y duradero”. Aun así, ha mostrado su preocupación por la actual situación política en España. “Estamos en un momento inédito pero hay confianza en que los actores políticos tendrán los resortes suficientes en nuestro sistema legal para reconducir este camino en una estabilidad”, ha precisado. “Que haya diálogo, búsqueda de espacios comunes, que haya recuperación del bien general y que se atienda a las necesidades de los ciudadanos, sobre todo en el ámbito del desempleo juvenil y tantas carencias que exigen una puesta en marcha de una gobernabilidad estable y duradera”, ha concluido.

(ZENIT – Madrid)

jueves, 25 de febrero de 2016

Si Francisco pudiera hacer un milagro, curaría a los niños

El Santo Padre responde por carta a las inquietudes enviadas por niños de todas las partes del mundo
Un diálogo sincero y sencillo del Santo Padre con niños de todo el mundo. Es lo que ofrece el libro El amor antes del mundo. El papa Francisco escribe a los niños” (L’amore prima del mondo. Papa Francesco scrive ai bambini), desde hoy en las librerías italianas editado por Rizzoli, inspirado y querido por la editorial de los jesuitas americanos “Loyola Press”. El libro ha sido realizado gracias a la colaboración del padre Antonio Spadaro. De este modo, el papa Francisco responde a las preguntas e inquietudes que niños y niñas de distintos países le han enviado por carta. 
“Querido papa Francisco, ¿cuál ha sido la elección más dificil en tu misión por la fe?”. “Santidad, mi abuelo no es católico pero no está dispuesto a hacer el mal. ¿Él irá al paraíso cuando muera? Si alguno no hace nunca penitencia, ¿cómo de grande puede tiene que ser su pecado para ir al infierno?”. “Querido papa Francisco. ¿Si Dios nos ama tanto y no quiere que suframos, por qué no derrotó al diablo?”. “Querido papa Francisco, ¿el mundo un día será nuevamente bello como lo era en el pasado?”. “ Quisiera saber si las personas malas también tienen ángel de la guarda”
Estas son algunas de las preguntas que el Santo Padre responde con sencillez y a la vez con gran profundidad.
Si el papa Francisco pudiera hacer un milagro, sería curar a los niños. Es la respuesta que da a William, estadounidense de 7 años. “Todavía no he conseguido entender por qué los niños sufren. Para mí es un misterio. No sé dar una explicación. Me interrogo sobre esto”, asegura el Santo Padre. Y añade: “mi respuesta al dolor de los niños es el silencio o una palabra que nace de mis lágrimas. No tengo miedo de llorar. No tienes que tenerlo tú tampoco”.
Una niña irlandesa pregunta al Papa si se siente como un padre para todos. Por eso, le responde que “a cada sacerdote le gusta sentirse padre”. Y explica que la “paternidad espiritual es realmente importante. Yo la siento muchísimo: no sabría reconocerme a mí mismo sin este sentimiento de paternidad”.
Para responder por qué Dios nos ha creado si sabía que pecaríamos contra él, el Pontífice explica que “Dios nos ha creado como Él. Dios nos ha creado libres. La libertad es el don más bonito que nos ha dado”. Y ser libres –añade– implica la posibilidad de pecar. Asimismo Francisco asegura que mucha gente tiene miedo a la libertad y este es un problema serio de hoy.
Luca, un niño de Australia de 7 años, le pregunta al Papa si a su madre, que está en el paraíso, le habrán crecido alas de ángel. Responde al niño asegurándole que su madre está en el cielo “bella, espléndida, llena de luz” pero no le han crecido las alas. “Es la madre que tú conoces pero más guapa que nunca. Y ella te mira y te sonríe que eres su hijo”, subraya el Papa.
También hay espacios para preguntas simpáticas e inocentes, como no puede ser de otra forma con los niños.  Desde Singapur, Faith, le pregunta a Francisco  por qué necesita ese “sombrero alto”. El Papa le explica que “es el símbolo de los obispos. Me lo pongo en algunas ocasiones especiales, en las liturgias, durante las misas”. Asimismo le cuenta a la niña que de vez en cuando lo cambia pero que a él le gusta el que tenía en Buenos Aires. “Cuando venía a Roma antes de ser Papa traía dos: uno blanco entero para las celebraciones con el Papa y el mio normal para algunas celebraciones que hacía aquí en Roma. Y lo tengo todavía aquí conmigo”, recuerda.
Y antes de crear el mundo, ¿Dios qué hacía? “Dios ha comenzado a hacer algo cuando creó el mundo. Pero si te dijera que Dios no hacía nada antes de crear el mundo me equivocaría. De hecho, Dios ha creado también el tiempo, es decir el ‘antes’ y el ‘después’”. Y añade: “Antes de crear Dios amaba. He aquí qué hacía Dios: Dios amaba. Dios ama. Dios ama siempre”.
La elección más difícil que el papa Francisco ha tomado en su misión por la fe ha sido “echar a alguno o de una tarea de responsabilidad o de una posición de confianza o de un camino que está haciendo porque no es apto”, asegura el Pontífice en la carta escrita al pequeño Tom, de 8 años.
Para responder a Yifan, joven chino de 13 años, sobre si su abuelo irá o no al cielo aunque no es católico, el Papa asegura que “la voluntad de Dios es que nos salvemos todos”. De este modo, recuerda que “Jesús está junto a nosotros hasta el último momento de nuestra vida para salvarnos”.
El papa Francisco cuenta a Prajla que le gustaba mucho bailar cuando era pequeño. “Bailar es expresar la alegría”, “cuando uno está triste no puede bailar”. Y le explica que incluso el gran rey David, cuando toma Jerusalén, haciéndola Ciudad Santa, hizo transportar solemnemente el Arca de la Alianza y se puso a bailar delante de ella.

(ZENIT – Ciudad del Vaticano)

«LA PASIÓN DE TODO EL CUERPO DE CRISTO». SAN AGUSTÍN.

«Señor, te he llamado, ven de prisa» (Salmo 140,1). Esto podemos decirlo todos. No lo digo yo solo, sino el Cristo total. Pero es más bien el cuerpo quien habla aquí; pues Cristo, cuando estaba en este mundo, oró en calidad de hombre, y oró al Padre en nombre de todo el cuerpo, y al orar caían de todo su cuerpo gotas de sangre...Esta efusión de sangre de todo su cuerpo no significaba otra cosa que la pasión de los mártires de toda la Iglesia. [...]

«Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde» (Sal 140, 2). Todo cristiano sabe que estas palabras suelen entenderse de la Cabeza en persona. Cuando, en efecto, declinaba el día, el Señor entregó voluntariamente su vida en la cruz, para volver a recobrarla. Pero también entonces estábamos nosotros allí representados. Pues lo que colgó del madero es la misma naturaleza que tomó de nosotros... Y sin embargo, clavando nuestra frágil condición en la cruz... clamó en nombre de este hombre viejo: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Salmo 21, 1).

Aquella ofrenda de la tarde fue, pues, la pasión del Señor, la cruz del Señor, oblación de la víctima salvadora, holocausto agradable a Dios. Aquella ofrenda de la tarde se convirtió, por la resurrección, en ofrenda matinal. Así, la oración que sale con toda pureza de lo íntimo de la fe se eleva como el incienso desde el altar sagrado. Ningún otro aroma es más agradable a Dios que éste; este aroma debe ser ofrecido a él por los creyentes.
De los Comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos

El Papa en Santa Marta: es una gracia ver al pobre que llama a nuestro corazón

La fe verdadera es darse cuenta de los pobres que nos están cerca. Allí está Jesús, que llama a la puerta de nuestro corazón: lo dijo el Papa en la misa matutina en la Casa de Santa Marta.
Cristianos en una burbuja de vanidad
En el Evangelio del día Jesús relata la parábola del hombre rico “que vestía de púrpura y lino finísimo y cada día celebraba espléndidos banquetes” y no se daba cuenta que, en su puerta, estaba un pobre llamado Lázaro, cubierto de llagas. El Papa invita a preguntarse: “Si yo soy un cristiano en el camino de la mentira, solamente del ‘decir’, o soy un cristiano en el camino de la vida, es decir, de las obras, del hacer”Este hombre rico, en efecto – nota el Papa – “conocía los mandamientos, seguramente todos los sábados iba a la sinagoga y una vez al año al templo”. “Tenía una cierta religiosidad”.
“Pero era un hombre cerrado, encerrado en su pequeño mundo – el mundo de los banquetes, de los vestidos, de la vanidad, de los amigos – un hombre encerrado, precisamente en una burbuja, allí, de vanidad. No tenía capacidad de mirar más allá, solamente a su propio mundo. Y este hombre no se daba cuenta de lo que sucedía fuera de su mundo cerrado. No pensaba, por ejemplo, a las necesidades de tanta gente o a la necesidad de compañía de los enfermos, solamente pensaba en él, en sus riquezas, en su buena vida”.
El pobre es el Señor que llama a la puerta de nuestro corazón
Era un “religioso aparente”, “no conocía alguna periferia, estaba completamente cerrado en sí mismo. Precisamente la periferia, que estaba cerca de la puerta de su casa, no la conocía”. Recorría “el camino de la mentira”, porque “se confiaba solamente de sí mismo, de sus cosas, no se confiaba de Dios”. “Uno hombre que no ha dejado herencia, no ha dejado vida, porque solamente estaba cerrado en sí mismo”. Y es curioso – subraya el Papa Francisco – que “había perdido el nombre. El Evangelio no dice cómo se llamaba, solamente dice que era un hombre rico, y cuando tu nombre es solamente un adjetivo es porque has perdido, has perdido sustancia, has perdido fuerza”:

“Éste es rico, éste es potente, éste puede hacer de todo, éste es un sacerdote en carrera, un obispo en carrera…” Cuántas veces a nosotros nos sale nombrar a la gente con adjetivos, no con nombres, porque no tienen sustancia. Pero yo me pregunto: ¿Dios que es Padre, no tuvo misericordia de este hombre? ¿No ha llamado a su corazón para moverlo? Pero sí, estaba en la puerta, estaba en la puerta en la persona de aquel Lázaro, que sí tenía nombre. Y aquel Lázaro con sus necesidades y sus miserias, sus enfermedades, era precisamente el Señor que llamaba a la puerta para que este hombre abriera su corazón y la misericordia pudiera entrar. Pero no, él no veía, solamente estaba cerrado: para él, más allá de la puerta, no había nada”.
La gracia de ver a los pobres
Estamos en Cuaresma – recuerda Francisco – y nos hará bien preguntarnos cuál camino estamos recorriendo:
“¿Yo estoy en el camino de la vida o en el camino de la mentira? ¿Cuántos cerrazones tengo en mi corazón todavía? ¿Dónde está mi alegría: en el hacer o en el decir? ¿En el salir de mí mismo para ir al encuentro de los demás, para ayudar? ¡Las obras de misericordia, eh! ¿O mi alegría es tener todo arreglado, encerrado en mí mismo? Pidamos al Señor, mientras pensamos esto, sobre nuestra vida, la gracia de ver siempre a los ‘Lázaros’ que están en nuestra puerta, los ‘Lazaros’ que llaman al corazón, y salir de nosotros mismos con generosidad, con actitud de misericordia, para que la misericordia de Dios pueda entrar en nuestro corazón.
(María Cecilia Mutual – RV)
(from Vatican Radio)

HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO SOBRE EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 16,19-31:

 «La liturgia cuaresmal de hoy nos propone dos historias, dos juicios y tres nombres. Las dos historias son las de la parábola del rico y del mendigo Lázaro, narrada por san Lucas».

La primera historia es «la del hombre rico que vestía de púrpura y de lino finísimo» y «se concedía placeres», en tal medida que «banqueteaba cada día». En realidad el texto «no dice que haya sido malo»: más bien «era un hombre de vida acomodada, se daba a la buena vida». En el fondo «el Evangelio no dice que se divirtiera en abundancia»; su vida era más bien «una vida tranquila, con los amigos». 

Tal vez «si tenía a los padres, seguramente les enviaba bienes para que tuviesen lo necesario para vivir». Y quizá «era también un hombre religioso, a su estilo. Recitaba, tal vez, alguna oración; y dos o tres veces al año seguramente iba al templo para ofrecer los sacrificios y daba grandes donativos a los sacerdotes». Y «ellos, con esa pusilanimidad clerical le agradecían y le hacían tomar asiento en el sitio de honor». Esto era «socialmente» el sistema de vida del hombre rico presentado por san Lucas.

Está luego «la segunda historia, la de Lázaro», el pobre mendigo que estaba ante la puerta del rico. Las llagas de las que habla el Evangelio, destacó el Papa, son «un símbolo de las numerosas necesidades que tenía. ¿Cómo es posible que ese hombre no se diese cuenta que debajo de su casa estaba Lázaro, pobre y hambriento?». 

«Cuando el rico salía de casa, tal vez el coche con el que salía tenía los cristales oscuros para no ver hacia fuera». Pero «seguramente su alma, los ojos de su alma estaban oscurecidos para no ver». Y así el rico «veía sólo su vida y no se daba cuenta de lo que sucedía» a Lázaro.

Al fin de cuentas, afirmó el Papa Francisco, «el rico no era malo, estaba enfermo: enfermo de mundanidad». Y «la mundanidad transforma las almas, hace perder la conciencia de la realidad; la undanidad anestesia el alma». Y «por eso, ese hombre mundano no era capaz de ver la realidad». Con el “corazón mundano” no se pueden comprender «la carencia y la necesidad de los demás.

Con el corazón mundano se puede ir a la iglesia, se puede rezar, se pueden hacer muchas cosas. Pero Jesús, en la oración de la última Cena, ¿qué pidió? «Por favor, Padre, cuida a estos discípulos», de modo «que no caigan en el mundo, no caigan en la mundanidad». Y la mundanidad «es un pecado sutil, es más que un pecado: es un estado pecaminoso del alma».

«Estas son las dos historias» presentadas por la liturgia, resumió el Pontífice. En cambio, «los dos juicios» son «una maldición y una bendición». En Jeremías 17, 5-10, se lee: «Maldito quien confía en el hombre, y busca apoyo en las criaturas, apartando su corazón del Señor». Pero esto, puntualizó el Papa Francisco, es precisamente el perfil del «mundano que hemos visto» en el hombre rico. Y «al final, ¿cómo será» este hombre? La Escritura lo define «como un cardo en la estepa: no verá llegar el bien, “habitará en un árido desierto” —su alma es desierta— “en una tierra salobre, donde nadie puede vivir”». Y todo esto «porque los mundanos, en verdad, están solos con su egoísmo».

En el texto de Jeremías está luego también la bendición: «Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua», mientras que el otro «era como un cardo en la estepa». Y, luego, he aquí «el juicio final: nada es más falso y enfermo que el corazón y difícilmente se cura: ese hombre tenía el corazón enfermo, tan apegado a este modo de vivir mundano que difícilmente podía curarse».

Después de las «dos historias» y los «dos juicios» el Papa Francisco volvió a proponer también «los tres nombres» sugeridos en el Evangelio: «son los del pobre, Lázaro, Abrahán y Moisés». Con una ulterior clave de lectura: el rico «no tenía nombre, porque los mundanos pierden el nombre». Son sólo un elemento «de la multitud acomodada que no necesita nada». 

En cambio un nombre lo tienen «Abrahán, nuestro padre, Lázaro, el hombre que lucha por ser bueno y pobre y carga con numerosos dolores, y Moisés, quien nos da la ley». Pero «los mundanos no tienen nombre. No han escuchado a Moisés», porque sólo quieren manifestaciones extraordinarias.

«Al final hay una palabra de consuelo: cuando ese pobre hombre mundano, en los tormentos, pidió que mandasen a Lázaro con un poco de agua para ayudarle», Abrahán, que es la figura de Dios Padre, responde: «Hijo, recuerda...». Así, pues, «los mundanos han perdido el nombre» y «también nosotros, si tenemos el corazón mundano, hemos perdido el nombre». Pero «no somos huérfanos. Hasta el final, hasta el último momento existe la seguridad de que tenemos un Padre que nos espera. Encomendémonos a Él». Y el Padre se dirige a nosotros diciéndonos «hijo», incluso «en medio de esa mundanidad: hijo». Y esto significa que «no somos huérfanos».

Pensemos en estas dos historias, en estos dos juicios, en los tres nombres; «pero, sobre todo, en la hermosa palabra que siempre se pronunciará hasta el último momento: hijo».

(Papa Francisco, homilía del 5 de marzo de 2015)

EL RICO Y EL POBRE LÁZARO

Evangelio según San Lucas 16,19-31.
 Jesús dijo a los fariseos: "Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes.
 A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas.
El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado. En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él.
Entonces exclamó: 'Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan'.
 'Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento.
 Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí'.
 El rico contestó: 'Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento'.
 Abraham respondió: 'Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen'.
 'No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán'.

Pero Abraham respondió: 'Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán'".