sábado, 9 de enero de 2016

BUSCO AL SEÑOR EN EL MOMENTO DE MI ANGUSTIA


Del salmo 77:


Invocaré a Dios con toda mi voz y Él me escuchará

Invocaré a Dios con toda mi voz, 
gritaré a Dios, y Él me escuchará. 
Busco al Señor en el momento de mi angustia; 
de noche, tiendo mi mano sin descanso.


Invocaré a Dios con toda mi voz y Él me escuchará


Yo recuerdo las proezas del Señor, 
sí, recuerdo sus prodigios de otro tiempo; 
evoco todas sus acciones, 
medito en todas sus hazañas.


Invocaré a Dios con toda mi voz y Él me escuchará


Oh Dios, tus caminos son santos. 
¿Hay otro dios grande como nuestro Dios? 
Tú eres el Dios que hace maravillas, 
y revelaste tu poder entre las naciones.


Invocaré a Dios con toda mi voz y Él me escuchará


Con tu brazo redimiste a tu pueblo, 
a los hijos de Jacob y de José. 
Tú guiaste a tu pueblo como a un rebaño, 
por medio de Moisés y de Aarón.

Invocaré a Dios con toda mi voz y Él me escuchará


COMENTARIO DE BENEDICTO XVI AL EVANGELIO DE HOY:San Marcos 6, 45-52

“Queridos hermanos y hermanas:
En el Evangelio de hoy, encontramos a Jesús que, retirándose al monte, ora durante toda la noche. El Señor, alejándose tanto de la gente como de los discípulos, manifiesta 
su intimidad con el Padre y la necesidad de orar a solas, apartado de los tumultos del mundo. 
Ahora bien, este alejarse no se debe entender como desinterés respecto de las personas o como abandonar a los Apóstoles. Más aún, como narra san Mateo, hizo que los discípulos subieran a la barca para que se adelantaran a la otra orilla, a fin de encontrarse de nuevo con ellos.
Mientras tanto, la barca iba lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario, y he aquí que se les acercó Jesús andando sobre el mar; los discípulos se asustaron y, creyendo que era un fantasma, gritaron de miedo, no lo reconocieron, no comprendieron que se trataba del Señor. Pero Jesús los tranquiliza: «¡Tranquilícense, soy yo, no tengan miedo!». 
 Es un episodio, en el que los Padres de la Iglesia descubrieron una gran riqueza de significado. El mar simboliza la vida presente y la inestabilidad del mundo visible; la tempestad indica toda clase de tribulaciones y dificultades que oprimen al hombre. La barca, en cambio, representa a la Iglesia edificada sobre Cristo y guiada por los Apóstoles
Jesús quiere educar a sus discípulos a soportar con valentía las adversidades de la vida, confiando en Dios, en Aquél que se reveló al profeta Elías en el monte Horeb en el «susurro de una brisa suave» (1 R 19, 12)
 (En el evangelio de Mateo), el pasaje continúa con el gesto del apóstol Pedro, el cual, movido por un impulso de amor al Maestro, le pidió que le hiciera salir a su encuentro, caminando sobre las aguas. «Pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: “¡Señor, sálvame!”» (Mt 14, 30). (…) 
Pedro camina sobre las aguas no por su propia fuerza, sino por la gracia divina, en la que cree; y cuando lo asalta la duda, cuando no fija su mirada en Jesús, sino que tiene miedo del viento, cuando no se fía plenamente de la palabra del Maestro, quiere decir que se está alejando interiormente de Él y entonces corre el riesgo de hundirse en el mar de la vida. 
 Lo mismo nos sucede a nosotros: si sólo nos miramos a nosotros mismos, dependeremos de los vientos y no podremos ya pasar por las tempestades, por las aguas de la vida.
Queridos amigos, la experiencia del profeta Elías, que oyó el paso de Dios, y las dudas de fe del apóstol Pedro nos hacen comprender que el Señor, antes aún de que lo busquemos y lo invoquemos, sale Él mismo a nuestro encuentro, baja el cielo para tendernos la mano y llevarnos a su altura; sólo espera que nos fiemos totalmente de Él, que tomemos realmente su mano

Invoquemos a la Virgen María, modelo de abandono total en Dios, para que, en medio de tantas preocupaciones, problemas y dificultades que agitan el mar de nuestra vida, resuene en el corazón la palabra tranquilizadora de Jesús, que nos dice también a nosotros: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» y aumente nuestra fe en Él”.
Benedicto XVI, Ángelus del 7 de agosto de 2011

Fuente: News.va

Lo vieron andar sobre el mar


Lectura del santo evangelio según San Marcos 6, 45-52 

 Después de haberse saciado los cinco mil hombres, Jesús enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. 

Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar. 

Llegada la noche, la barca estaba en mitad del lago, y Jesús, solo, en tierra. 

Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo. 

Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque todos lo vieron y se asustaron. Pero él hablo enseguida con ellos y les dice: - «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo.» Entró en la barca con ellos, y amainó el viento. Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque tenían la mente embotada.
Palabra del Señor.

viernes, 8 de enero de 2016

Papa: el Año de la Misericordia nos recuerda que Dios es amor y nos espera

Dios es amor, él nos amó primero, nos ama siempre, reiteró el Papa Francisco en su homilía, en la Misa de la mañana, que celebró en la capilla de la Casa de Santa Marta. Haciendo hincapié, en el mandamiento nuevo de Jesús, regalo de amor de Dios, y con la primera Carta de San Juan,  en la exhortación de amarnos «los unos a los otros, porque el amor procede de Dios y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios», el Santo Padre recordó de dónde viene el amor verdadero:

«Esta palabra ‘amor’ es una palabra que se usa tantas veces y que cuando se usa no se sabe qué significa exactamente.  ¿Qué es el amor? A veces pensamos en el amor de las telenovelas. No, ese no parece amor. El amor puede parecer un entusiasmo por una persona y después… se apaga. ¿De dónde viene el amor verdadero? Todo el que ama ha sido generado por Dios, porque Dios es amor. Juan no dice: todo amor es Dios, sino Dios es amor»

Y con el amor de Dios, el Papa reflexionó asimismo sobre la compasión de Jesús, recordada en la liturgia del día, en la multiplicación de los panes. «Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció», que no quiere decir que tuvo pena, advirtió el Santo Padre, para luego reiterar que no es lo mismo compadecer y tener pena. Porque el amor que Jesús siente hacia quienes lo rodean «lo lleva a padecer con ellos, a implicarse en la vida de la gente». Entre los ejemplos del amor de Dios que es el primero en amarnos, recordó también el del hijo pródigo y el Jubileo de la Misericordia:

«Cuando tenemos algo en el corazón y queremos pedir perdón al Señor, es Él el que nos espera para darnos su perdón. Este Año de la Misericordia es también esto: que recordemos que el Señor nos está esperando, a cada uno de nosotros. ¿Para qué? Para abrazarnos. Nada más. Para decir: hijo, hija, te amo. He dejado que crucificaran a mi Hijo por ti; éste es el precio de mi amor; éste es mi regalo de amor».
Tras alentar a que tengamos siempre la certeza de que «el Señor me espera, el Señor quiere que yo abra la puerta de mi corazón», el Papa Francisco dijo que si se asoma el escrúpulo de no sentirse dignos del amor de Dios, es mejor, porque Él nos espera como somos, como nos dicen que hay que ser:

«Ir ante el Señor y decir: ‘tú sabes Señor que te amo’. O si no: ‘tú sabes Señor que quisiera amarte, pero soy tan pecador, tan pecadora’. Y Él hará lo mismo que hizo con el hijo pródigo que se gastó todo el dinero en vicios: no dejará que termines tus palabras y con un abrazo te hará callar. El abrazo del amor de Dios».

(CdM - RV)

«EFUSIÓN DEL ESPÍRITU SANTO SOBRE TODA CARNE»



Cuando el Creador del universo decidió restaurar todas las cosas en Cristo, dentro del más maravilloso orden, y devolver a su anterior estado la naturaleza del hombre, prometió que, al mismo tiempo que los restantes bienes, le otorgaría también ampliamente el Espíritu Santo, ya que de otro modo no podría verse reintegrado a la pacífica y estable posesión de aquellos bienes.

Determinó, por tanto, el tiempo en que el Espíritu Santo habría de descender hasta nosotros, a saber, el del advenimiento de Cristo, y lo prometió al decir: En aquellos días —se refiere a los del Salvador— derramaré mi Espíritu sobre toda carne. [...]

De manera que el Hijo unigénito recibe el Espíritu Santo no para sí mismo —pues es suyo, habita en él, y por su medio se comunica, como ya dijimos antes—, sino para instaurar y restituir a su integridad a la naturaleza entera, ya que, al haberse hecho hombre, la poseía en su totalidad. 

Puede, por tanto, entenderse —si es que queremos usar nuestra recta razón, así como los testimonios de la Escritura— que Cristo no recibió el Espíritu para sí, sino más bien para nosotros en sí mismo: pues por su medio nos vienen todos los bienes.

Del Comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el Evangelio de san Juan
Fuente: News.va


El diario vaticano carga contra la imagen de un Dios armado con un kalashnikov. L'Osservatore cree que la portada de Charlie Hebdo "hiere a todos los creyentes de las diferentes religiones"

"Una imagen que hiere a todos los creyentes de las diferentes religiones: es una caricatura que no ayuda, en un momento en el que necesitamos encontrarnos flanco a flanco". Así define L'Osservatore Romano la polémica portada del semanario Charlie Hebdo, que en su último número ofrece una viñeta de Dios armado con un kalashnikov y la leyenda "Un año después, el asesino sigue corriendo".
En un editorial, titulado "La fe manipulada", el periodico vaticano afirma: «El episodio no es una novedad, porque detrás de la bandera engañosa de un ‘laicismo sin compromisos', el semanal francés olvida una vez más cuánto los líderes religiosos de cualquier pertenencia están repitiendo desde hace tiempo para rechazar la violencia en nombre de la religión: usar a Dios para justificar el odio es una auténtica ‘blasfemia', como ha insistido en varias ocasiones Papa Francisco».
Según el periódico de la Santa Sede, se trata de una «imagen que hiere a todos los creyentes de las diferentes religiones: es una caricatura que no ayuda, en un momento en el que necesitamos encontrarnos flanco a flanco», como dijo «Anouar Kbibech, presidente del Conseil français du culte musulman, para condenar la penosa portada de ‘Charlie Hebdo', publicada a un año de la masacre y que representa, según una iconografía claramente cristiana, a Dios como un terrorista que corre, manchado de sangre y con un kaláshnikoyv al hombro. Palabras en sintonía con el comentario del episcopado francés que se pregunta si este es «el tipo de polémicas que Francia necesita'».
Antes también había hablado al respecto el teólogo y Secretario general del Sínodo de los obispos, mons. Bruno Forte, con la AdnKronos, y dijo que la decisión del semanal francés era «un episodio muy doloroso, además de infundado». Explicó además: «el potencial de violencia puede, si acaso, ser cancelado por una auténtica experiencia religiosa, ciertamente no animado ni favorecido. Si esto sucede, entonces estamos frente a una falsificación de la experiencia religiosa. Como ha afirmado Papa Francisco, matar en nombre de Dios va en contra de Dios».
Y, a propósito del retrato de Dios en «Charlie Hebdo», observó el teólogo: «Ofende a la sensibilidad de cada persona, no solo de los creyentes cristianos, judíos o musulmanes, sino también de quienes, a pesar de no creer, advierten cuán importante es el respeto de la consciencia y de la dimensión religiosa de la vida. He aquí -añadió- por qué el juicio no puede más que ser extremadamente negativo».

Sobre todo, prosiguió Forte, está muy alejado «de la verdad, porque todas las religiones, no solo la cristiana, sino también la hebraica y la musulmana, predican la no violencia en nombre de Dios. Si acaso, es violento asumir una postura ideológica, la pretensión de tener la verdad en la mano, de juzgar y de excluir a los demás. Las religiones se confrontan con el misterio de Dios y, por lo tanto, tienen un antídoto muy fuerte en contra de esta pretensión: la supremacía del Señor, cuya voluntad todos debemos obedecer».

Al multiplicar los panes Jesús se manifiesta como profeta


Lectura del santo evangelio según San Marcos 6, 34-44
En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.
Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle:
- «Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer.»
El les replicó:
- «Dadles vosotros de comer.»
Ellos le preguntaron:
- «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?»
Él les dijo:
- «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.»
Cuando lo averiguaron le dijeron:
- «Cinco, y dos peces.»
Él les mandó que la gente se recostará sobre la hierba verde en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta.
Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces.
Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces.
Los que comieron eran cinco mil hombres.
Palabra del Señor.

jueves, 7 de enero de 2016

El vídeo del Papa - Diálogo Interreligioso

Cuidar y promover en nuestras comunidades. Nueva espiritualidad

«Espiritualidad» es una palabra desafortunada. Para muchos solo puede significar algo inútil, alejado de la vida real. ¿Para qué puede servir? Lo que interesa es lo concreto y práctico, lo material, no lo espiritual.
Sin embargo, el «espíritu» de una persona es algo valorado en la sociedad moderna, pues indica lo más hondo y decisivo de su vida: la pasión que la anima, su inspiración última, lo que contagia a los demás, lo que esa persona va poniendo en el mundo.
El espíritu alienta nuestros proyectos y compromisos, configura nuestro horizonte de valores y nuestra esperanza. Según sea nuestro espíritu, así será nuestra espiritualidad. Y así será también nuestra religión y nuestra vida entera.
Los textos que nos han dejado los primeros cristianos nos muestran que viven su fe en Jesucristo como un fuerte «movimiento espiritual». Se sienten habitados por el Espíritu de Jesús. Solo es cristiano quien ha sido bautizado con ese Espíritu. «El que no tiene el Espíritu de Cristo no le pertenece». Animados por ese Espíritu, lo viven todo de manera nueva.
Lo primero que cambia radicalmente es su experiencia de Dios. No viven ya con «espíritu de esclavos», agobiados por el miedo a Dios, sino con «espíritu de hijos» que se sienten amados de manera incondicional y sin límites por un Padre. El Espíritu de Jesús les hace gritar en el fondo de su corazón: ¡Abbá, Padre! Esta experiencia es lo primero que todos deberían encontrar en las comunidades de Jesús.
Cambia también su manera de vivir la religión. Ya no se sienten «prisioneros de la ley», las normas y los preceptos, sino liberados por el amor. Ahora conocen lo que es vivir con «un espíritu nuevo», escuchando la llamada del amor y no con «la letra vieja», ocupados en cumplir obligaciones religiosas. Este es el clima que entre todos hemos de cuidar y promover en las comunidades cristianas, si queremos vivir como Jesús.
Descubren también el verdadero contenido del culto a Dios. Lo que agrada al Padre no son los ritos vacíos de amor, sino que vivamos «en espíritu y en verdad». Esa vida vivida con el espíritu de Jesús y la verdad de su evangelio es para los cristianos su auténtico «culto espiritual».
No hemos de olvidar lo que Pablo de Tarso decía a sus comunidades: «No apaguéis el Espíritu». Una iglesia apagada, vacía del espíritu de Cristo, no puede vivir ni comunicar su verdadera Novedad. No puede saborear ni contagiar su Buena Noticia. Cuidar la espiritualidad cristiana es reavivar nuestra religión.


José Antonio Pagola

FELICES LOS QUE SE REFUGIAN EN EL SEÑOR


Del Salmo 2:

Te daré en herencia las naciones

Voy a proclamar el decreto del Señor;
Él me ha dicho: «Tú eres mi Hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemelo: te daré en herencia las naciones,
en posesión, los confines de la tierra.»


Te daré en herencia las naciones

Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad, los que regís la tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje temblando,
no sea que se irrite y vayan a la ruina,
porque su enojo se enciende en un instante.

¡Felices los que se refugian en el Señor! .


Te daré en herencia las naciones
Fuente: News. va

Homilía del Papa: “Las obras de misericordia son el corazón de nuestra fe”

“Las obras de misericordia son el corazón de nuestra fe”. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta tras la pausa navideña. Deteniéndose en la primera lectura, tomada de la Primera Carta de San Juan Apóstol, el Pontífice advirtió que es necesario estar atentos ante la mundanidad y ante aquellos espíritus que nos alejan de Dios, que se ha hecho carne por nosotros:
“Permanecer en Dios”. El Santo Padre Francisco desarrolló su homilía a partir de esta afirmación del Apóstol Juan. “Permanecer en Dios – dijo  – es un poco el alcance y el estilo de la vida cristiana”. Porque un cristiano “es el que permanece en Dios”, el que “tiene en sí al Espíritu Santo y se deja guiar por Él”. Al mismo tiempo – prosiguió – el Apóstol pone en guardia al hecho de dar “fe a todo espíritu”. De modo que es necesario poner “a prueba a los espíritus, para comprender si provienen, verdaderamente, de Dios. “Y ésta – afirmó el Papa –  es la regla cotidiana de vida que nos enseña Juan”.
¿Pero qué quiere decir entonces “poner a prueba a los espíritus”? –  se preguntó –. Y añadió que no se trata de “fantasmas”. Sino que se trata de “probar”, ver “qué sucede en mi corazón”, cuál es la raíz “de lo que estoy sintiendo ahora, y de dónde viene. “Esto es poner a prueba –  dijo el Papa – para saber si lo que “siento viene de Dios” o viene de otro, “del anticristo”.

Discernir lo que sucede en nuestra alma

La mundanidad – reafirmó Francisco –  es precisamente “el espíritu que nos aleja del Espíritu de Dios, que nos hace permanecer en el Señor”. Por tanto – volvió a preguntarse – ¿cuál es el criterio para “hacer un discernimiento correcto acerca de lo que sucede en mi alma?”. Y respondió que el Apóstol Juan da uno solo: “Todo espíritu que reconoce a Jesucristo que vino en la carne, es de Dios, y todo espíritu que no reconoce a Jesús, no es de Dios”:
“El criterio es la Encarnación. Yo puedo sentir tantas cosas dentro, incluso cosas buenas, ideas buenas. Pero si estas ideas buenas, estos sentimientos, no me conducen a Dios que se ha hecho carne, no me conducen al prójimo, al hermano, no son de Dios. Por esta razón, Juan comienza este pasaje de su Carta diciendo: ‘Este es el mandamiento de Dios: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos recíprocamente’”.

Las obras de misericordia están en el centro de nuestra fe

Podemos hacer “tantos planes pastorales” –  añadió el Papa –  e imaginar nuevos “métodos para acercarnos a la gente”, pero “si no seguimos el camino de Dios que vino en la carne, del Hijo de Dios que se ha hecho hombre para caminar con nosotros, no estamos en el camino del buen espíritu: es el anticristo, es la mundanidad, es el espíritu del mundo”:
“¡Cuánta gente encontramos en la vida que parece espiritual!: ‘Pero, ¡qué persona espiritual, ésta!’; pero no hables de hacer obras de misericordia. ¿Por qué? Porque las obras de misericordia son precisamente lo concreto de nuestra confesión, que el Hijo de Dios se ha hecho carne: visitar a los enfermos, dar de comer a quien no tiene comida, cuidar a los descartados… Obras de misericordia: ¿por qué? Porque cada hermano nuestro, que debemos amar, es carne de Cristo. Dios se ha hecho carne para identificarse con nosotros. Y con el que sufre, es Cristo quien lo sufre”.

Si el espíritu viene de Dios me lleva al servicio a los demás

“No dar fe a todo espíritu y estar atentos  – reafirmó el Papa – poner a prueba a los espíritus para saber si provienen verdaderamente de Dios”. Y subrayó que “el servicio al prójimo, al hermano, a la hermana que tiene necesidad”, que “tiene necesidad incluso de un consejo, que tiene necesidad de ser escuchado”, “estos son los signos de que vamos por el camino del buen espíritu, es decir, el camino del Verbo de Dios que se ha hecho carne”:
“Pidamos al Señor hoy la gracia de conocer bien qué cosa sucede en nuestro corazón, qué cosa nos gusta hacer, es decir, lo que a mí me toca más: si el espíritu de Dios, que me lleva al servicio de los demás, o el espíritu del mundo que gira en torno a mí mismo, a mis cerrazones, a mis egoísmos, a tantas otras cosas… Pidamos la gracia de conocer qué cosa sucede en nuestro corazón”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).


Está cerca el reino de los cielos


Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-17. 23-25
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea.
Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.»
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
- «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.»
Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curó.
Y lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.
Palabra del Señor.

martes, 5 de enero de 2016

¡ACLAMA AL SEÑOR, TIERRA ENTERA!


Del Salmo 99:

Aclama al Señor, tierra entera

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Aclama al Señor, tierra entera

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Aclama al Señor, tierra entera

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre.

Aclama al Señor, tierra entera

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»


Aclama al Señor, tierra entera

Tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel


Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 43-51
En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice:
- «Sígueme.»
Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice:
- «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.»
Natanael le replicó:
- «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»
Felipe le contestó:
- «Ven y verás.»
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
- «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»
Natanael le contesta:
- «¿De qué me conoces?»
Jesús le responde:
- «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»
Natanael respondió:
- «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
Jesús le contestó:
- «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees?
Has de ver cosas mayores.»
Y le añadió:
- «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»
Palabra del Señor.

lunes, 4 de enero de 2016

Año de la misericordia: de la celebración a la práctica. Más que predicarla, hay que practicarla


"La misericordia sana por dentro"
En los templos, en las oficinas parroquiales, en estampas y volantes,el mundo católico ha empezado a celebrar el Año de la Misericordia.
Lo que vale es el anuncio del Año de la Misericordia, una de las buenas intuiciones del papa Francisco. El sabe que este mundo afiebrado necesita más de la misericordia que de las reuniones de los poderosos para acordar reducciones de armamentos, resoluciones que nunca se cumplen.
Ya las Escrituras bíblicas proclamaban como palabra de Dios: "misericordia quiero y no ofrendas de sacrificios rituales".
Es que la misericordia es una actitud humana tan equiparable a la divina que se llegan a confundir como una sola respuesta ante determinadas situaciones. Debemos ser misericordiosos porque Dios es misericordioso. ¿No estamos hechos, según nuestra fe cristiana, a imagen y semejanza de Dios?
La misericordia es generosidad. A veces se la confunde con la compasión, incluso con un sentimiento de pena al comprobar las dolencias del prójimo. Pero es mucho más que eso. Es tener el corazón solidario hacia todos aquellos que avanzan con nosotros en los caminos de la vida, con aquellos que son nuestros compañeros de ruta. Y el corazón solidario no solamente se activa ante un dolor sino que se expresa en el cuidado permanente del prójimo.

La misericordia, más que predicarla, hay que practicarla. Pero nunca suple a la justicia. Hay quienes creen que la misericordia ampara perdonazos generales de los culpables de situaciones injustas, que afectan a los otros. No es así. La verdadera misericordia respeta a la virtud de la justicia que establece las normas de convivencia social.
La justicia ubica a cada cual en sus derechos y obligaciones. Si se viola esa ecología social, se deben asumir las consecuencias. La culpa debe ser reconocida como tal y debe recibir la sanción correspondiente. Pero el que cometió el error, por perversidad, por ingenuidad, por ignorancia o por vileza, podrá recibir el bálsamo de la misericordia, por pura gracia, en la medida que quiera aceptarla. La misericordia no solamente cubre nuestros errores sino que nos sana por dentro al sentirnos abrazados en lugar de ser castigados.
El "pecado" como llamamos a las injusticias que nos perjudican personal y socialmente, debe ser reparado, pero siempre será superado por la misericordia de aquel que nos ama como una madre.

El Año de la Misericordia ha sido una feliz iniciativa para este tiempo de tantos enfrentamientos. Pero más que una celebración deberá ser una práctica habitual, que no dure un año, sino toda la vida.
José Agustín Cabré