sábado, 21 de noviembre de 2015

"Preparar los corazones para que el Señor se manifieste", el Papa a los educadores católicos

No hacer proselitismo en las escuelas
La primera pregunta que el Papa respondió trataba el tema de la Iglesia en contextos plurales, difíciles, donde los católicos son minoría. “No se puede hablar de educación católica sin hablar de humanidad - dijo - precisamente porque la identidad católica es Dios que se ha hecho hombre”. “Educar cristianamente no es solamente hacer una catequesis, esto es una parte. No es solamente hacer proselitismo; ¡nunca hagan proselitismo en las escuelas! Educar cristianamente es llevar adelante a los jóvenes, a los niños, en los valores humanos en todas las realidades y una de esas realidades es lo trascendente”.
"Falta la trascendencia"
Hoy en día, continuó, hay una tendencia a “un neopositivismo”, es decir, a educar en las cosas inmanentes, al valor inmanente de las cosas, y esto sucede en los países de tradición cristiana y en países de otras tradiciones. “Hay que preparar los corazones para que el Señor se manifieste, pero en la totalidad, es decir, en la totalidad de la humanidad que también tiene esta dimensión de trascendencia. Educar humanamente pero con horizontes abiertos. Todo tipo de cerrazón no sirve para la educación”.
No a la educación selectiva que aleja a los ricos de los pobres
Sobre la relación entre escuela y familia, el Papa señaló que “también la educación se ha vuelto demasiado selectiva y elitista”. Parece que tienen derecho a la educación sólo algunos pueblos que tienen un cierto nivel económico: “Esto sucede también en cosas menores”, puso en guardia el pontífice: “el pacto educativo entre familia y escuela se ha roto, es necesario volver a empezar”. Y también aquel entre familia y estado: “Entre los trabajadores peor pagados están los educadores”. “Esto significa que el Estado no tiene interés: simple. Si lo tuviera, las cosas irían así”. Hoy es necesaria una educación  de emergencia, hay que arriesgar en la educación informal, porque la educación formal se ha empobrecido debido a que es herencia del positivismo. Sólo concibe un tecnicismo intelectualista y el lenguaje de la cabeza. Y por esto, se ha empobrecido. Hay que romper este esquema”.
Que la enseñanza sea siempre inclusiva
“Hay que abrirse a nuevos horizontes, hacer nuevos modelos”. Hay tres lenguajes, el de la cabeza, el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos, y la educación debe ir por los tres caminos: “enseñar a pensar, ayudar a sentir bien y acompañar en el quehacer, es decir que los tres lenguajes estén en armonía, que el niño, que el joven, piense lo que siente y hace, sienta lo que piensa y hace y haga lo que piensa y siente.  De este modo la educación se vuelve inclusiva porque todos tienen un lugar, también inclusiva humanamente”. El pacto educativo se ha roto por el fenómeno de la exclusión, afirmó Francisco, y advirtió que “el mundo no puede ir hacia adelante con una educación selectiva”. “La verdadera escuela debe enseñar conceptos, costumbres y valores, y cuando una escuela no es capaz de hacer todo esto junto, esta escuela es selectiva y exclusiva y para pocos”.
Ir hacia las periferias
A la pregunta sobre cómo se puede ser educadores de paz en un tiempo marcado por lo que el mismo pontífice ha llamado “una guerra mundial por partes”, respondió que  “en un tiempo marcado por la guerra la tentación más grande son “los muros”, y que “el fracaso más grande que puede tener un educador es educar “dentro de los muros”.
Señalando que el primer desafío es dejar los lugares donde haya muchos educadores” para ir “hacia las periferias”, porque allí los jóvenes tienen “la experiencia de la supervivencia”, “una humanidad herida”, señaló que de dichas heridas debe partir el trabajo del educador: “No se trata de ir para hacer beneficencia, para enseñar a leer, para dar de comer: no. Esto es necesario, pero es provisorio. Es el primer paso. El problema - y ése es el desafío, y yo los animo – es ir allí para hacerlos crecer en humanidad, en inteligencia, en valores, en hábitos para que puedan ir hacia adelante y llevar a los otros experiencias que no conocen”.
(GM – RV)

TODO EL QUE HACE LA VOLUNTAD DEL SEÑOR ES MI HERMANO



Lectura del santo Evangelio según san Mateo (12,46-50):

Todavía estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con Él.

Alguien le dijo: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte».

Jesús le respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?».

Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: «Estos son mi madre y mis hermanos.

Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».

viernes, 20 de noviembre de 2015

HOY, JORNADA MUNDIAL DE LOS DERECHOS DE LA INFANCIA. PAPA FRANCISCO: PROTEGER A LOS NIÑOS ES UN DEBER DE TODOS


Queridos amigos, hoy se celebra la Jornada mundial de los derechos de la infancia (Día Universal del Niño). Refiriéndose a esta Jornada, el Papa Francisco dijo el miércoles en la audiencia general: 

«Es un deber de todos proteger a los niños y anteponer su bien a cualquier otro criterio, para que nunca sean sometidos a formas de servidumbre y maltratos, y también a formas de explotación. 

Deseo fervientemente que la Comunidad internacional pueda vigilar atentamente sobre las condiciones de vida de los menores, especialmente allí donde están expuestos a reclutamiento por parte de grupos armados; y que pueda ayudar a las familias a garantizar a cada niño y niña el derecho a la escuela y a la educación».
Fuente: News.va

Homilía del Papa: Que la fuerza de la Iglesia sea la palabra de Jesús

Que la Iglesia no esté apegada al dinero y al poder, que no adore “el santo soborno”, sino que su fuerza y su alegría sea la palabra de Jesús. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

El proceso de degradación ensucia a la Iglesia

Partiendo de la primera lectura tomada del Libro de los Macabeos, que relata la alegría del pueblo por la nueva consagración del Templo profanado por los paganos y por el espíritu mundano, el Papa Bergoglio comentó la victoria de cuantos fueron perseguidos por el pensamiento único.
El pueblo de Dios festeja y se alegra – dijo el Santo Padre – porque vuelve a encontrar su propia identidad. Y explicó que la fiesta es algo que la mundanidad no sabe ni puede hacer. Porque el espíritu mundano nos puede conducir a tener un poco de diversión, un poco de ruido, mientras la alegría sólo proviene de la fidelidad a la Alianza.

El Obispo de Roma también destacó que en el Evangelio Jesús echa a los mercaderes del templo diciendo: “Está escrito: mi casa será casa de oración. Ustedes, en cambio, han hecho de ella una cueva de ladrones”. Como durante la época de los Macabeos, en que el espíritu mundano “había ocupado el lugar de la adoración al Dios vivo”. Y ahora – añadió el Papa – “sucede de otra manera”:
“Los jefes del Templo, los jefes de los sacerdotes – dice el Evangelio – y los escribas habían cambiado un poco las cosas. Habían entrado en un proceso de degradación y haciendo que  el Templo resultara ‘sucio’. ¡Habían ensuciado el Templo! El Templo es un icono de la Iglesia. ¡La Iglesia siempre, siempre, sufrirá la tentación de la mundanidad y la tentación de un poder que no es el poder que Jesucristo quiere para ella! Jesús no dice: ‘No, no se hace esto. Háganlo afuera’. Dice: ‘¡Ustedes han hecho una cueva de ladrones aquí!’. Y cuando la Iglesia entra en este proceso de degradación el final es muy feo. ¡Muy feo!”.

Apego al dinero y al poder que se transforma en rigidez

Se trata – añadió el Santo Padre – del peligro de la corrupción:
“Siempre está en la Iglesia la tentación de la corrupción. Sucede cuando la Iglesia, en lugar de estar apegada a la fidelidad al Señor Jesús, al Señor de la paz, de la alegría, de la salvación, cuando en lugar de hacer esto está apegada al dinero y al poder. Esto sucede aquí, en este Evangelio. Estos jefes de los sacerdotes, estos escribas estaban apegados al dinero, al poder, y se habían olvidado del espíritu. Y para justificarse y decir que eran justos, que eran buenos, habían cambiado el espíritu de libertad del Señor con la rigidez. Y Jesús, en el capítulo 23 de Mateo, habla de su rigidez. La gente había perdido el sentido de Dios, incluso la capacidad de alegría, también la capacidad de alabanza: no sabían alabar a Dios, porque estaban apegados al dinero y al poder, a una forma de mundanidad”.

No confiar en “el santo soborno”, sino en la palabra de Jesús


El Papa Francisco también recordó que los escribas y los sacerdotes se enojaron con Jesús:
“Jesús echa del Templo no a los sacerdotes, a los escribas; echa a estos que hacían negocios, a los especuladores del Templo. Pero los jefes de los sacerdotes y los escribas estaban relacionados con ellos: ¡existía el ‘santo soborno’ allí! Recibían de estos, estaban apegados al dinero y veneraban a este santo. El Evangelio es muy fuerte. Dice: ‘Los jefes de los sacerdotes y los escribas trataban de hacer morir a Jesús y así también los jefes del pueblo’. Lo mismo que había sucedido en el tiempo de Judas Macabeo. ¿Y por qué? Por este motivo: ‘Pero no sabían qué hacer porque todo el pueblo pendía de sus labios para escucharlo’. La fuerza de Jesús era su palabra, su testimonio, su amor. Y donde está Jesús, ¡no hay lugar para la mundanidad, no hay lugar para la corrupción! Y ésta es la lucha de cada uno de nosotros, ésta es la lucha cotidiana de la Iglesia: siempre Jesús, siempre con Jesús, siempre pendientes de sus labios, para escuchar su palabra; y jamás buscar seguridades donde están las cosas de otro patrón. Jesús nos había dicho que no se puede servir a dos patrones: o a Dios o a las riquezas; o a Dios o al poder”.
“Nos hará bien  – dijo el Papa al concluir su homilía – rezar por la Iglesia. Pensar en tantos mártires de hoy que, por no entrar en este espíritu de mundanidad, de pensamiento único, de apostasía, sufren y mueren. ¡Hoy! Hoy –  añadió –  hay más mártires en la Iglesia que en los primeros tiempos. Pensemos. Nos hará bien pensar en ellos. Y también pedir la gracia de no entrar jamás en este proceso de degradación hacia la mundanidad que nos lleva a estar apegados al dinero y al poder”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

«Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». Benedicto XVI


El hecho, recogido por todos los evangelistas, tuvo lugar en la proximidad de la fiesta de la Pascua y suscitó gran impresión tanto entre la multitud como entre sus discípulos. ¿Cómo debemos interpretar este gesto de Jesús? En primer lugar, hay que señalar que no provocó ninguna represión de los guardianes del orden público, porque lo vieron como una típica acción profética: de hecho, los profetas, en nombre de Dios, con frecuencia denunciaban los abusos, y a veces lo hacían con gestos simbólicos. El problema, en todo caso, era su autoridad. Por eso los judíos le preguntaron a Jesús: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» (Jn 2, 18); demuéstranos que actúas verdaderamente en nombre de Dios.


La expulsión de los mercaderes del templo también se ha interpretado en sentido político revolucionario, colocando a Jesús en la línea del movimiento de los zelotes. Estos, de hecho, eran «celosos» de la ley de Dios y estaban dispuestos a usar la violencia para hacer que se cumpliera. En tiempos de Jesús esperaban a un mesías que liberase a Israel del dominio de los romanos. Pero Jesús decepcionó estas expectativas, por lo que algunos discípulos lo abandonaron, y Judas Iscariote incluso lo traicionó. En realidad, es imposible interpretar a Jesús como violento: la violencia es contraria al reino de Dios, es un instrumento del anticristo. La violencia nunca sirve a la humanidad, más aún, la deshumaniza.


Escuchemos entonces las palabras que Jesús dijo al realizar ese gesto: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre» (Jn 2, 16). Sus discípulos se acordaron entonces de lo que está escrito en un Salmo: «El celo de tu casa me devora» (69, 10). Este Salmo es una invocación de ayuda en una situación de extremo peligro a causa del odio de los enemigos: la situación que Jesús vivirá en su pasión. El celo por el Padre y por su casa lo llevará hasta la cruz: el suyo es el celo del amor que paga en carne propia, no el que querría servir a Dios mediante la violencia. De hecho, el «signo» que Jesús dará como prueba de su autoridad será precisamente su muerte y resurrección. «Destruid este templo —dijo—, y en tres días lo levantaré». Y san Juan observa: «Él hablaba del templo de su cuerpo» (Jn 2, 19. 21). Con la Pascua de Jesús se inicia un nuevo culto, el culto del amor, y un nuevo templo que es él mismo, Cristo resucitado, por el cual cada creyente puede adorar a Dios Padre «en espíritu y verdad» (Jn 4, 23). Queridos amigos, el Espíritu Santo comenzó a construir este nuevo templo en el seno de la Virgen María. Por su intercesión, pidamos que cada cristiano sea piedra viva de este edificio espiritual.

Benedicto XVI. Domingo 11 de marzo de 2012

Alabamos, Señor, tu nombre glorioso.

Alabamos, Señor, tu nombre glorioso.
Bendito eres, Señor, 
Dios de nuestro padre Israel, 
por los siglos de los siglos.
Alabamos, Señor, tu nombre glorioso.
Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, 
la gloria, el esplendor, la majestad, 
porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra.
Alabamos, Señor, tu nombre glorioso.
Tú eres rey y soberano de todo. 
De ti viene la riqueza y la gloria.
Alabamos, Señor, tu nombre glorioso.
Tú eres Señor del universo, 
en tu mano está el poder y la fuerza, 
tú engrandeces y confortas a todos.
Alabamos, Señor, tu nombre glorioso.

Habéis convertido la casa de Dios en una cueva de bandidos.


Lectura del santo evangelio según san Lucas 19, 45-48
En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles:
-«Escrito está: "Mi casa es casa de oración"; pero vosotros la habéis convertido en una "cueva de bandidos."»
Todos los días enseñaba en el templo.
Los sumos sacerdotes, los escribas y los notables del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios.
Palabra del Señor

jueves, 19 de noviembre de 2015

¿Dónde estaba Dios la noche del viernes en París?


Desde luego, no en la acción de los terroristas que mataban en su Nombre. Nada hay más ajeno al Dios verdadero que la destrucción de sus hijos y de sus criaturas. El Magisterio de la Iglesia recuerda que los musulmanes se dirigen al mismo Dios Padre que los cristianos. Y Dios es amor.

Tampoco estaba en los arrebatos de ira y de racismo visceral que estas acciones suelen hacer surgir hasta en personas de bien, aunque no lo exterioricen. El odio incrementa el odio, porque es el alimento del diablo. Y desde luego, no estaba de brazos cruzados mirando para otro lado, insensible a lo que les suceda a los hombres.

¿Dónde estaba Dios, entonces? ¿Es el mal una muestra de que no existe?

En absoluto. La noche del viernes, Dios estaba siendo asesinado por la libertad mal empleada. Dios fue hecho rehén y fue muerto. Fue degollado, tiroteado, graneado. Dios estaba consolando y compadeciendo (padeciendo con) a cada familiar y amigo afectado de lleno por los terroristas. Dios estaba gritando desagarradoramente silencioso en cada sagrario, llorando en el Sacramento para que los terroristas no atentasen. Dios estaba preso de su amor, que dio libertad a los hombres. Dios estaba, de nuevo, crucificado en el dolor.

Y estaba, y está, en el corazón de todos los hombres y mujeres que no desean devolver mal por mal. Que anhelan la paz y la justicia. Que desean que a los asesinos se les frene, no por sed de venganza, sino por deseo de concordia.

Fuente: "Alfa y Omega":

serpersona.info

El arzobispo de Madrid presidió una misa por las víctimas de París, y por la paz

Osoro: "La mayor victoria del terrorismo sería colonizar los corazones de odio"
El arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, presidió anoche una Misa en la catedral de Santa María la Real de la Almudena por las víctimas de los atentados de París y por la paz. En su homilía, ha recordado que «una tragedia provocada por manos humanas ha puesto de luto a todos los pueblos de la tierra, después de inundar de dolor la ciudad de París» y ha incidido en que, en la celebración, «recordamos a los fallecidos y los presentamos con todo nuestro cariño a Dios, pedimos por el restablecimiento de los heridos, y no dejamos de rezar por la paz en el mundo, en las guerras conocidas y olvidadas», con una mención especial a los cristianos perseguidos en Oriente Medio.
En este sentido, el prelado ha denunciado de nuevo el uso blasfemo por parte de los terroristas del «nombre de Dios», al cual «las grandes religiones confesamos como el Señor de la Vida, el que es Compasivo y Padre Misericordioso». Y ha reivindicado la fraternidad como camino para conseguir la paz. Esa fraternidad, que «es una palabra sagrada también dentro del imaginario de nuestra nación hermana Francia», proviene de reconocernos hijos de un padre común, tal como se reza en el Padrenuestro, la oración cristiana por excelencia. «Aprendamos a decir y a vivir diciendo Padrenuestro; así vendrá la paz, paz en el corazón, en las relaciones interpersonales, en las relaciones internacionales», ha añadido.
Además, monseñor Osoro ha apelado a la esperanza de la fe ante tragedias para las que, humanamente, «no hay explicación», sin olvidar «nuestra responsabilidad» tras la matanza. «Los actos terroríficos no pueden embotarnos el corazón», ha dicho, antes de asegurar que «la mayor victoria del terrorismo sería que colonizase nuestro corazón con el odio y nuestra razón, haciéndonosla perder, con respuestas creadoras de más violencia».
«No podemos confundir a los verdugos con las víctimas. Esta tragedia nos debe llevar a ejercer la sabiduría y la prudencia. Pero ni puede ni debe anestesiarnos ante el dolor ajeno. No podemos permanecer insensibles ante las grandes tragedias humanas que llaman a nuestras puertas, como las personas víctimas del fundamentalismo, de la violencia o del hambre. No dejemos ganar al terrorismo. Su mayor victoria sería enajenarnos el alma; el alma de una Europa construida sobre unos valores de honda raigambre cristiana y que son tan universales y actuales», ha aseverado.

Junto al arzobispo de Madrid, han concelebrado el nuncio de Su Santidad en España, monseñor Renzo Fratini, y varios obispos, entre ellos un prelado en representación del episcopado francés; el arzobispo de Urgel y copríncipe de Andorra, monseñor Joan-Enric Vives; el arzobispo de Malabo, monseñor Juan Nsue Edjang Mayé; el secretario general de la Conferencia Episcopal, José María Gil Tamayo; así como los vicarios episcopales y el Cabildo de la catedral. Han participado también varios representantes de las Iglesias ortodoxas, evangélica y anglicana.

Entre las autoridades, han estado presentes el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes; la delegada del Gobierno en Madrid, Concepción Dancausa; la presidenta de la Asamblea, Paloma Adrados; el presidente del Consejo de Estado, José Manuel Romay Beccaría, y la defensora del Pueblo, Soledad Becerril; además de varios representantes diplomáticos, entre ellos el embajador de Francia en España, Yves Saint-Geours, a quien muchos asistentes a la celebración se han acercado para mostrarle su solidaridad y apoyo.
Archidiócesis d Madrid

Homilía del Papa: Jesús llora por el mundo que mata y no comprende la paz


“Todo el mundo” hoy  “está en guerra”, por la cual “no hay justificación”. Y el rechazo del  “camino de la paz” hace que Dios mismo, que Jesús mismo, lloren. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
“Jesús ha llorado”. Con estas palabras el Pontífice comenzó su homilía, en la que resonó el eco del Evangelio de Lucas leído poco antes, un pasaje tan breve cuanto conmovedor.

El mundo disfrazado de fiesta

Jesús se acerca a Jerusalén y – probablemente desde un punto más alto que le permite verla  – la observa y llora, dirigiendo estas palabras a la ciudad: “¡Si hubieras comprendido también tú, en este día, lo que conduce a la paz! Pero ahora ha sido escondido a tus ojos”. Francisco las repitió una a una y añadió:
Pero también hoy Jesús llora. Porque nosotros hemos preferido el camino de las guerras, el camino del odio, el camino de las enemistades. La Navidad está cerca: habrá luces, habrá fiestas, árboles iluminados, también pesebres… todo falsificado: el mundo sigue haciendo la guerra, sigue haciendo las guerras. El mundo no ha comprendido el camino de la paz.

Guerra para los bolsillos de los traficantes

El Santo Padre recordó las recientes conmemoraciones de la Segunda Guerra Mundial, las bombas de Hiroshima y Nagasaki, su visita a Redipuglia, el año pasado con motivo del aniversario de la Gran Guerra. “Matanzas inútiles”, repitió con las palabras del Papa Benedicto. “Hoy hay guerra por doquier, hay odio”, constató. Y se preguntó: “¿Qué queda de una guerra, de ésta, que estamos viviendo ahora?”:
¿Qué queda? Ruinas, miles de niños sin educación, tantos muertos inocentes: ¡tantos!, y tanto dinero en los bolsillos de los traficantes de armas.

Una vez Jesús dijo: “No es posible servir a dos patrones: o a Dios, o las riquezas”. La guerra es precisamente la elección por las riquezas: “Construyamos armas, así la economía se equilibra un poco, y vamos adelante con nuestro interés”. Hay una palabra fea del Señor: “¡Malditos!”. Porque Él ha dicho: “¡Bienaventurados los constructores de paz!”. Estos que trabajan por la guerra, que hacen las guerras, son malditos, son delincuentes. Una guerra se puede justificar – entre comillas – con tantas, tantas razones. Pero cuando todo el mundo, como sucede hoy, está en guerra, ¡todo el mundo!: es una guerra mundial – a pedazos: aquí, allá, allá, por doquier… no hay justificación. Y Dios llora. Jesús llora.

Que el mundo llore por sus crímenes

“Y mientras los traficantes de armas hacen su trabajo  – prosiguió diciendo el Pontífice  – están los pobres agentes de paz que sólo para ayudar a una persona, a otra, a otra, y a otra, dan su vida”. Como hizo “un icono de nuestros tiempos, Teresa de Calcuta”. Contra la cual también – observó – “con el cinismo de los potentes, se podría decir: ‘¿Pero qué ha hecho aquella mujer? ¿Ha perdido su vida ayudando a la gente a morir?”. No se comprende el camino de la paz…”:
Nos hará bien también a nosotros pedir la gracia del llanto, por este mundo que no reconoce el camino de la paz. Que vive para hacer la guerra, con el cinismo de decir que no hay que hacerla. Pidamos la conversión del corazón. Precisamente en el umbral de este Jubileo de la Misericordia, que nuestro júbilo, nuestra alegría sea la gracia para que el mundo vuelva a encontrar la capacidad de llorar por sus crímenes, por lo que hace con las guerras.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

¡Si comprendieras lo que conduce a la paz!


Lectura del santo evangelio según san Lucas 19, 41-44
En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando:
-« ¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz!
Pero no: está escondido a tus ojos.
Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra.
Porque no reconociste el momento de mi venida.»
Palabra del Señor

miércoles, 18 de noviembre de 2015

El Estado Islámico vuelve a amenazar al Vaticano "Conquistaremos Roma, romperemos sus cruces y esclavizaremos a sus mujeres, con el permiso de Alá"

Después de los ataques en París, el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) ha mostrado un video desde Salahudinne, provincia norteña de Irak. En él puede verse a varios de sus combatientes reivindicando su accionar en la capital francesa y amenazando al Vaticano. "Conquistaremos Roma, romperemos sus cruces y esclavizaremos a sus mujeres, con el permiso de Alá".
En las primeras horas de hoy se conoció un nuevo comunicado de ISIS, emitido desde su capital de facto Raqqa, Siria, por su vocero oficial, Abu Muhammad al Adnani. El periódico saudita Al Sharq al Awsat, basado en Londres, hace mención del comunicado pero indica que se niega a publicarlo (al igual que varios diarios árabes) para no difundir las amenazas terroristas que llaman de forma mucho más dura y directa que el anterior que dio a conocer Al Adnani en septiembre último y que fue publicado por Europa Press.
Abu Muhammad al Adnani, el vocero del grupo terrorista, apeló a sus milicianos y seguidores en Occidente para que maten de "la manera que puedan y del modo que sea" a norteamericanos, franceses, rusos y europeos, como también a ciudadanos de los países árabes que apoyan la coalición militar en su contra en Irak y Siria, al tiempo que advierte a estas naciones que pagarán un "alto precio" por los ataques aéreos y las operaciones en el territorio bajo su dominio.
"Atáquenlos, asesinen soldados, jefes y tropas de los tawaghit (los que exceden las enseñanzas y los limites dictados por Alá). Maten a sus policías, agentes de seguridad y de Inteligencia, así como a los traidores apostatas y sus serviles agentes del mundo islámico. Destruyan sus ciudades y sus hogares. Amarguenles la vida y ocúpense de ellos de forma aplastante", indico Abu Muhammad al Adnani en un comunicado publicado en internet y difundido en el foro islamista adicto al grupo terrorista, Al Shams al Ansar Islam.
En su comunicado, el vocero del Estado Islámico amenaza a EEUU, a Rusia y Francia, y a "todos" sus "aliados", a los que conceptualiza como "cruzados e infieles".
"Los infieles no deben ignorar que el peligro de sus ciudades es mucho peor de lo que han imaginado y mayor de lo que han pensado", aseguró. "Les hemos advertido que hoy estamos en una nueva era, en la que el Estado Islámico reinará en el mundo, sus soldados y sus hijos no son esclavos. Somos personas que desde hace tiempo no conocen la derrota", asevero.
"Cruzados, han experimentado en París que somos capaces de cumplir y llevar adelante nuestras palabras, lo que vosotros llamáis amenazas es una realidad del ISIS, ahora tiemblan temerosos porque no conocen la cura a sus males y tampoco la descubrirán, porque no hay cura posible. Si luchan contra nosotros, eso nos hace más fuertes y duros. Si nos dejan solos, crecemos y nos expandimos", sostuvo Al Adnani.
El vocero islamista ha hecho hincapié en que la operación aérea de Francia sobre Raqqa, la capital del califato del Estado Islámico, será su "campaña final". "Terminará en derrota, acabarán muertos quienes pongan un pie en la tierra del islam, como todas las campañas previas que fueron derrotadas por los hijos de Alá, aunque en esta ocasión los perseguiremos luego de matarlos aquí y ustedes no tendrán paz en sus países y ciudades. Conquistaremos Roma, romperemos sus cruces y esclavizaremos a sus mujeres, con el permiso de Alá, el elevado", ha afirmado.
Al Adnani advirtió también al presidente francés, Francois Hollande, que terminará "decepcionado" por no lograr sus objetivos militares y dejo claro que tanto los franceses como los estadounidenses, los rusos y los europeos en general deben temer al ISIS pues "los hombres del Califato los asesinarán en el momento oportuno en el lugar en el que estén", finalizó.

(RD/Agencias)

¡Familias abran las puertas de sus casas, sean un pequeño gran signo de la Misericordia! Catequesis del Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Con esta reflexión hemos llegado a umbral del Jubileo, está cerca. Delante de nosotros se encuentra la puerta, pero no sólo la puerta santa, la otra: la gran puerta de la Misericordia de Dios – ¡y esta es una puerta hermosa! –, que acoge nuestro arrepentimiento ofreciendo la gracia de su perdón. La puerta es generosamente abierta, se necesita un poco de valentía de nuestra parte para cruzar el umbral. Cada uno de nosotros tiene dentro de sí cosas que pesan, ¿o no? Todos, ¿no? ¡Todos somos pecadores! Aprovechemos de este momento que se acerca y pasemos por el umbral de esta misericordia de Dios que nunca se cansa de perdonar, ¡jamás se cansa de esperarnos! Nos mira, está siempre junto a nosotros. ¡Animo! ¡Entremos por esta puerta!
Del Sínodo de los Obispos, que hemos celebrado el pasado mes de octubre, todas las familias, y la Iglesia entera, han recibido un gran aliento para encontrarse bajo el umbral de esta puerta. La Iglesia ha sido animada a abrir sus puertas, para salir con el Señor al encuentro de sus hijos y de sus hijas en camino, a veces inciertos, a veces perdidos, en estos tiempos difíciles. Las familias cristianas, en particular, han sido animadas a abrir la puerta al Señor que espera para entrar, trayendo su bendición y su amistad. 
Y si la puerta de la misericordia de Dios está siempre abierta, también las puertas de nuestras iglesias, del amor de nuestras comunidades, de nuestras parroquias, de nuestras instituciones, de nuestras diócesis, deben estar abiertas, para que así, todos podamos salir a llevar esta misericordia de Dios. El Jubileo significa la grande puerta de la misericordia de Dios, pero también las pequeñas puertas de nuestras iglesias abiertas para dejar entrar al Señor o muchas veces dejar salir al Señor prisionero de nuestras estructuras, de nuestro egoísmo y tantas cosas.
El Señor no fuerza jamás la puerta: Él también pide permiso para entrar: ¡el Señor pide permiso, no fuerza la puerta! El Libro del Apocalipsis dice: «Yo estoy junto a la puerta y llamo – pero imaginémonos, ¡el Señor que toca a la puerta de nuestro corazón! – Si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos” (3,20). Y en la última gran visión de este Libro del Apocalipsis, así se profetiza de la Ciudad de Dios: «Sus puertas no se cerrarán durante el día», lo que significa para siempre, porque «no existirá la noche en ella» (21,25). Existen lugares en el mundo en los cuales no se cierran las puertas con llave, todavía quedan. Pero existen tantos otros donde las puertas blindadas se han convertido en normales. No debemos rendirnos a la idea de tener que aplicar este sistema, que también es de seguridad, en toda nuestra vida, en la vida de la familia, de la ciudad, de la sociedad. Y mucho menos en la vida de la Iglesia. ¡Sería terrible! Una Iglesia inhóspita, así como una familia cerrada en sí misma, mortifica el Evangelio y marchita el mundo. ¡Ninguna puerta blindada en la Iglesia, ninguna! ¡Todo abierto!
La gestión simbólica de las “puertas” – de los umbrales, de los caminos, de las fronteras – se ha hecho crucial. La puerta debe proteger, cierto, pero no rechazar. La puerta no debe ser forzada, al contrario, se pide permiso, porque la hospitalidad resplandece en la libertad de la acogida, y se oscurece en la prepotencia de la invasión. La puerta se abre frecuentemente, para ver si afuera esta alguno que espera, y tal vez no tiene la valentía, o ni siquiera la fuerza de tocar. Cuanta gente ha perdido la confianza, no tiene la valentía de tocar a la puerta de nuestro corazón cristiano, a las puertas de nuestras iglesias… Y están ahí, no tienen el coraje, le hemos quitado la confianza: por favor, que esto no suceda nunca. La puerta dice muchas cosas de la casa, y también de la Iglesia. La gestión de la puerta necesita un atento discernimiento y, al mismo tiempo, debe inspirar gran confianza. Quisiera expresar una palabra de agradecimiento para todos los vigilantes de las puertas: de nuestros condominios, de las instituciones cívicas, de las mismas iglesias. Muchas veces la sagacidad y la gentileza de la recepción son capaces de ofrecer una imagen de humanidad y de acogida de la entera casa, ya desde el ingreso. ¡Hay que aprender de estos hombres y mujeres, que son los guardines de los lugares de encuentro y de acogida de ciudad del hombre! A todos ustedes custodios de tantas puertas, sean puertas de habitaciones, sean puertas de las iglesias, ¡muchas gracias! Pero siempre con una sonrisa, siempre mostrando la hospitalidad de esa casa, de esa iglesia, así la gente se siente feliz y acogida en ese lugar.
En verdad, sabemos bien que nosotros mismos somos los custodios y los siervos de la Puerta de Dios, y ¿Cómo se llama la puerta de Dios? ¿Quién puede decirlo? ¿Quién es la puerta de Dios? Jesús. ¿Quién es la puerta de Dios? ¡Fuerte! ¡Jesús! Él nos ilumina en todas las puertas de la vida, incluso aquella de nuestro nacimiento y de nuestra muerte. Él mismo ha afirmado: «Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento» (Jn 10,9). Jesús es la puerta que nos hace entrar y salir. ¡Porque el rebaño de Dios es un amparo, no es una prisión! La casa de Dios es un amparo, no es una prisión, y la ¿la puerta se llama? ¡Una vez más! ¿Cómo se llama? ¡Jesús! Y si la puerta está cerrada, decimos: “¡Señor, abre la puerta!”. Jesús es la puerta y nos hace entrar y salir. Son los ladrones, aquellos que tratan de evitar la puerta: es curioso, los ladrones siempre tratan de entrar por otra parte, por la ventana, por el techo, pero evitan la puerta, porque tienen malas intenciones, y se meten en el rebaño para engañar a las ovejas y aprovecharse de ellas. Nosotros debemos pasar por la puerta y escuchar la voz de Jesús: si sentimos su tono de voz, estamos seguros, somos salvados. Podemos entrar sin temor y salir sin peligro. En este hermoso discurso de Jesús, se habla también del guardián, que tiene la tarea de abrir al buen Pastor (Cfr. Jn 10,2). Si el guardián escucha la voz del Pastor, entonces abre, y hace entrar a todas las ovejas que el Pastor trae, todas, incluso aquellas perdidas en el bosque, que el buen Pastor ha ido a buscarlas. Las ovejas no los elige el guardián, no las elige el secretario parroquial o la secretaria de la parroquia – no, ¡no las elige, eh! – las ovejas son todas invitadas, son escogidas por el buen Pastor. El guardián – también él – obedece a la voz del Pastor. Entonces, podemos bien decir que nosotros debemos ser como este guardián. La Iglesia es la portera de la casa del Señor, la Iglesia es la portera, no es la dueña de la casa del Señor.
La Sagrada Familia de Nazaret sabe bien qué cosa significa una puerta abierta o cerrada, para quien espera un hijo, para quien no tiene amparo, para quien huye del peligro. Las familias cristianas hagan del umbral de sus casas un pequeño gran signo de la Puerta de la misericordia y de la acogida de Dios. Es así que la Iglesia deberá ser reconocida, en cada rincón de la tierra: como la custodia de un Dios que toca, como la acogida de un Dios que no te cierra la puerta en la cara, con la excusa que no eres de casa. Con este espíritu nos acercamos todos al Jubileo, estará la puerta santa, pero también ¡la puerta de la misericordia de Dios grande! Que también haya una puerta en nuestro corazón para recibir todos el perdón de Dios o dar nuestro perdón y recibir a todos aquellos que tocan a nuestra puerta. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez - Radio Vaticano)