lunes, 12 de octubre de 2015

Teresa de Jesús y Edith Stein

El próximo jueves es la fiesta de Santa Teresa de Jesús y se cerrará el Año Teresiano, celebrado con motivo del quinto centenario de su nacimiento. De las muchas cosas que se han escrito sobre la santa de Ávila, yo quisiera subrayar la actualidad de su mensaje tal como se ha manifestado en una de las grandes figuras cristianas del siglo XX: Edith Stein.
De jovencita, Edith Stein fue la discípula predilecta de Edmund Husserl, el fundador de la escuela de la fenomenología. Muy pronto, Edith abandonó la religión judía que había recibido de su madre y se profesó no creyente.
Pero la búsqueda de la verdad la condujo a encontrar a Dios en el camino de su vida. Una amiga suya, buena cristiana, perdió a su marido -profesor universitario- en la guerra de 1914. Joven aún, cuando recibió la triste noticia, reaccionó con una actitud de esperanza y de paz. Edith fue testigo de ello. "En ese momento -escribió- mi incredulidad se desplomó y Cristo irradió en su misterio de la cruz". Sin embargo, su conversión al catolicismo aún tardó en llegar.
Una tarde del verano de 1921, Edith comienza, de forma casual, la lectura de la Vida, la autobiografía de santa Teresa de Jesús. La lectura la apasiona tanto que pasa toda la noche leyendo. En la madrugada, al cerrar el libro, exclamó: "¡Esto es la verdad!" Había descubierto que Dios es amor. "El camino de la fe -escribe en una de sus obras- nos lleva más lejos que el conocimiento filosófico: nos lleva al Dios personal y cercano, a Aquel que es todo amor y misericordia, a una certeza que ningún conocimiento natural puede dar."
Como afirmó san Juan Pablo II, que sentía una gran admiración por esta filósofa, "a pesar de su gran aprecio por la ciencia, Edith fue descubriendo cada vez más que el corazón de la existencia cristiana no está en la ciencia sino en el amor".

Su condición de mujer y también de judía le impidieron un merecido lugar en la cátedra universitaria. A los 42 años entró en el monasterio del Carmelo de Colonia. Lo había deseado desde su conversión. Tomó el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz. Allí siguió a Jesús pobre, en la pobreza radical de una vida escondida en el claustro. Allí escribió páginas llenas de belleza y profundidad sobre la ciencia de la cruz, inspirándose en santa Teresa de Jesús y en san Juan de la Cruz.
Cuando, desnuda, entró en la cámara de gas de Auschwitz, con su hermana Rosa y otras víctimas judías como ella, ofreció a Dios su vida en sacrificio. Fue la culminación de su ciencia de la cruz, que vivió muy unida al Crucificado.
La vida y el pensamiento de Edith Stein ponen de relieve la profundidad del testimonio de Teresa de Jesús en el dramático siglo XX y también en el siglo actual.
† Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

12 de octubre, clausura del Año Jubilar Pilarista por los 1975 años de la llegada de la Virgen a Zaragoza El Pilar que salva a los que dudan

La tradición que habla de la llegada de la Virgen a Zaragoza hunde sus raíces en la oscuridad de los siglos, y por los siglos se ha mantenido inalterada. Lo que se predicaba en la Cesaraugusta romana allá por el año 130 (de tal fecha son los restos arqueológicos más antiguos encontrados en torno a la actual basílica del Pilar, una de las referencias más antiguas que se conservan de las primeras comunidades cristianas de Hispania), es lo mismo que en 2015 se transmite de padres a hijos. Y el relato es el que sigue.
Tras haber escuchado de labios de Cristo resucitado el mandato de evangelizar hasta los confines del mundo (el mismo mandato que el evangelista Marcos dejaría escrito en torno al año 68), Santiago el Mayor, uno de los más estrechos amigos de Jesús y cuyo carácter impetuoso y bravío le habían valido el apodo de boanerges («hijo del trueno»), se embarcó literalmente hasta el finisterrae, que por entonces se ubicaba en la costa occidental de Hispania. Tras tomar tierra seguramente por el puerto de Cartagonova (hoy, Cartagena), Santiago recorrió las tierras hispanas anunciando el Evangelio, proclamando que el crucificado había resucitado, y anunciando que por su muerte en cruz el Mesías había redimido los pecados de los hombres.
Una de las grandes urbes hispanas
Corría el año 40, justo hace 1975 años. Cartagonova pertenecía a la provincia hispánica de Tarraconova, que junto a la Bética y a la Lusitana formaban la distribución administrativa del Imperio en la Península. Por eso, como harían otros apóstoles en sus viajes y el mismo Pablo de Tarso, Santiago se dirigió a las grandes urbes de la provincia para evangelizar. Y entre estas destacaba Cesaraugusta.
Los conversos, sin embargo, se contaban a cuentagotas, y aunque unos siete hombres y mujeres se bautizaron y decidieron acompañar a Santiago, fueron muchos más los que se reían de él. La testarudez de los hispanos hizo desesperarse a aquel pescador galileo que había cruzado el mundo conocido para anunciar a Cristo. Exhausto y desanimado, Santiago rompió a llorar a orillas del Ebro. Pero, de modo similar a lo que le había ocurrido en Pentecostés, un viento impetuoso sacudió su rostro y tuvo una visión: la Virgen María, en carne mortal –pues seguía viva en Éfeso, con Juan, el hermano de Santiago– descendía sobre una columna de luz y lo animaba en su misión. Tras prometerle el auxilio de su Hijo, María mostró a Santiago un pilar de jaspe para explicarle que la fe de aquellos que entonces le rechazaban sería algún día firme como la roca; que ella misma sería pilar de apoyo para quienes dudasen o sufriesen a causa de la fe, y para pedirle que allí construyese un templo para su Hijo.
Concluida la visión, permaneció el Pilar. Y en torno a él, los bautizados por Santiago hicieron una capilla, tenida por el primer templo mariano del mundo. Atanasio, discípulo de Santiago, permanecería un tiempo en Zaragoza haciendo las veces de obispo.
La posterior división del Imperio romano en reinos godos, la invasión musulmana, la Reconquista, la unificación de las coronas de Castilla y Aragón, el Imperio español, la evangelización de América, las guerras napoleónicas y carlistas, la persecución republicana, la Guerra Civil… Dos mil años de historia se han sucedido ante el Pilar de la Virgen, que nunca ha sido movido de lugar aunque la basílica que lo alberga haya ido cambiando con los siglos. Revestida de bronce y plata para no dañarla, hace 250 años que en torno a la columna se erigió su actual capilla, dentro de una basílica en cuyo techo impactaron tres bombas en 1936…, y ninguna estalló.
Por los 1975 años de la aparición mariana, la archidiócesis de Zaragoza ha celebrado un Año Jubilar Pilarista, que concluye el día 12. Un día en el que, como desde aquel año 40, miles de peregrinos acudirán a la Madre del Pilar en busca de lo que le dio a Santiago: consuelo, ánimo, alegría y fe.
José Antonio Méndez
Alfa y Omega

Monseñor Osoro: El gran reto del Sínodo es que el mundo reconozca la belleza de la familia

«Mostrar la bella de la familia cristiana». Ese es el gran reto del Sínodo de la familia, ha dicho el arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, en una entrevista a Rome Reports.
«Estamos en una época nueva» con nuevos retos y «hay que salir a todos los caminos por donde van los hombres», añade el vicepresidente de la Conferencia Episcopal. La Iglesia está llamada a acercarse hoy a todos esos lugares. Se trata de lograr eso que consiguió Jesús resucitado con los discípulos de Emaús, aunque inicialmente estos no le reconocieran: acercase a los hombres y mujeres de este tiempo para que terminen experimentando la familia como lo más bello, y puedan decir: «familia, quédate con nosotros», afirma el prelado, uno de los tres participantes en representación de la Conferencia Episcopal Española, junto al presidente y arzobispo de Valladolid, el cardenal Ricardo Blázquez, y el obispo de Bilbao y presidente de la subcomisión de Familia y Vida.

El ambiente en el Sínodo, a juicio de Osoro, es de «fraternidad apostólica» y «comunión sincera que quiere buscar para anunciar a todos los hombres la buena noticia de la familia cristiana».

Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen



Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo:

-«Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»

Pero él repuso:

-«Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»
Palabra del Señor

domingo, 11 de octubre de 2015

Sólo recibiendo con humilde gratitud el amor del Señor nos liberamos de las seducciones de los ídolos y la ceguera, dijo el Papa en el Ángelus

«¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
El Evangelio de hoy, tomado del capítulo 10 de Marcos, se articula en tres escenas, marcadas por tres miradas de Jesús.
La primera escena presenta el encuentro entre el Maestro y un tal, que - según el pasaje paralelo de Mateo – es identificado como ‘joven’. El encuentro de Jesús con un joven. Él corre hacia Jesús, se arrodilla y lo llama «Maestro bueno». Luego le pregunta: «¿Qué debo hacer para heredar la Vida eterna?» (v. 17). Es decir, la felicidad.  “Vida eterna” no es solo la vida del más allá, sino que es ésta: la vida plena, cumplida, sin límites. ¿Qué debemos hacer para alcanzarla? La respuesta de Jesús resume los mandamientos que se refieren al amor al prójimo. En este contexto, ese joven no tiene nada que reprocharse; pero evidentemente la observancia de los preceptos no le basta, no satisface su deseo de plenitud. Y Jesús intuye este deseo que el joven lleva en su corazón; por lo que su respuesta se traduce en una mirada intensa llena de ternura y de cariño, así dice el Evangelio: «Jesús lo miró con amor» (v.21). Se dio cuenta de que era un buen joven… Pero Jesús comprende también cuál es el punto débil de su interlocutor y le hace una propuesta concreta: dar todos sus bienes a los pobres y seguirlo. Pero ese joven tiene el corazón dividido entre dos patrones: Dios y el dinero, y se va triste. Esto demuestra que no pueden convivir la fe y el apego a las riquezas. Así, al final, el impulso inicial del joven se apaga en la infelicidad de un seguimiento naufragado.
En la segunda escena, el evangelista enfoca los ojos de Jesús y esta vez se trata de una mirada pensativa, de advertencia: «Mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!» (v.23). Ante el estupor de los discípulos, que se preguntan: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?» (v. 26), Jesús responde con una mirada de aliento – es la tercera mirada – y dice: la salvación es sí «imposible para los hombres, ¡pero no para Dios!» (v.27). Si nos encomendamos al Señor, podemos superar todos los obstáculos que nos impiden seguirlo en el camino de la fe. Encomendarse al Señor. Él nos dará la fuerza, él nos dará la salvación, él nos acompaña en el camino.
Y así llegamos a la tercera escena, aquella de la solemne declaración de Jesús: Les aseguro que el que deja todo para seguirme tendrá la vida eterna en el futuro y el ciento por uno ya en el presente (cfr v 29 y v 30). Este “ciento por uno” está hecho de las cosas primero poseídas y luego dejadas, pero que se reencuentran multiplicadas al infinito. Nos privamos de los bienes y recibimos en cambio el gozo del verdadero bien; nos liberamos de la esclavitud de las cosas y ganamos la libertad del servicio por amor; renunciamos a poseer y logramos la alegría del don. Lo que Jesús decía: «Hay más alegría en dar que en recibir».
El joven no se ha dejado conquistar por la mirada de Jesús y así no ha podido cambiar. Solo acogiendo con humilde gratitud el amor del Señor nos liberamos de la seducción de los ídolos y de la ceguera de nuestras ilusiones. El dinero, el placer, el éxito deslumbran, pero luego desilusionan: prometen vida, pero causan muerte. El Señor nos pide el desapego de estas falsas riquezas para entrar en la vida verdadera, la vida plena, auténtica, luminosa.
Y yo les pregunto a ustedes, jóvenes, chicos y chicas, que están en la plaza: ¿han percibido la mirada de Jesús sobre ustedes? ¿Qué le quieren responder? ¿Prefieren dejar esta plaza con la alegría que nos da Jesús o con la tristeza en el corazón que la mundanidad nos ofrece?
Que la Virgen María nos ayude a abrir nuestro corazón al amor de Jesús, a la mirada de Jesús, el único que puede apagar nuestra sed de felicidad».
(Traducción del italiano: Cecilia de Malak)

Monseñor Agrelo: "Las fronteras matan, aunque a veces finjamos ignorarlo".Tacha de hipócritas a los Gobiernos que "reciben a Cristo en la catedral y ponen cuchilas"

El arzobispo de Tánger (Marruecos), el español Santiago Agrelo (A Coruña, 1942), ha reivindicado la dignidad de las personas pobres, el papel social de la Iglesia ante la actual crisis de refugiados y ha advertido que "las fronteras matan, aunque a veces finjamos ignorarlo".
El clérigo franciscano, que ha visitado Barcelona esta semana para inaugurar el curso 2015-2016 del Centro de Estudios Cristianismo y Justicia, ha denunciado en una entrevista con Efe la "paradoja" que supone el hecho de que "los creadores de los problemas en Oriente Medio y en África" seamos "nosotros mismos", en referencia a los países occidentales.
Por eso, Agrelo, que entró en el noviciado de los franciscanos con tan sólo 11 años, ha acusado de hipocresía a los estados europeos, "que reciben a Cristo en la catedral y luego ponen cuchillas en la frontera".
El prelado, que estudió Filosofía, Humanidades y Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca y Liturgia en Roma, ha defendido que "no somos ni debemos ser los encargados de exportar la democracia" porque eso sólo "desestabiliza naciones", y ha reprochado que "se vaya salvando el mundo llenándolo de víctimas".
Como arzobispo de Tánger, cargo en el que fue nombrado en 2007, ha descrito elcontinente africano como un lugar donde las naciones occidentales "explotan los recursos en su favor" con el objetivo de llevar "una vida de señores" que, asegura, "es lo que los africanos nos envidian, y por eso vienen para aquí".
Concretamente, y en relación con su experiencia en Marruecos, monseñor Agrelo ha explicado que cuando bendice a los emigrantes que emprenderán el viaje hacia Europa siente que, más bien, les está "dando la extremaunción".
Agrelo se ha mostrado muy crítico con los gobiernos europeos que presumen de tener buenas políticas de inmigración: "me duele, me molesta y me indigna la impermeabilización de las fronteras", porque "detrás hay mujeres, hombres y niños que quedan mutilados, muertos, y sin derecho a buscar un futuro mejor".
"Las fronteras siempre me han parecido vejatorias", ha remarcado. "No creo que haya nadie con capacidad moral de prohibir el paso al pobre", ha opinado Agrelo, que ha equiparado las políticas de inmigración europeas con "muros que sólo obligarán al pobre a arriesgar la vida en su camino".
Según el arzobispo, que ha trabajado en barrios marginales de Roma, acompañando a presos y colaborando con las religiosas oblatas en proyectos de apoyo a mujeres prostitutas o dirigiendo un albergue para personas sin techo, "aunque la Iglesia no tenga capacidad de decisión política", necesariamente "debe estar donde están los pobres, porque no tiene otros destinatarios".
Agrelo ha apelado a periodistas y medios de comunicación, y ha exigido responsabilidad y "rigor en el lenguaje", ya que "los términos 'irregular' o 'sin papeles' los hemos inventado nosotros", y ha reprochado que, de forma interesada, se llame 'refugiados' a los emigrantes.
En relación con las recientes declaraciones del papa Francisco sobre la crisis migratoria, Agrelo se ha mostrado muy cercano a la línea del Pontífice, que recuerda la necesidad de mantener un "compromiso permanente" para con los emigrantes, y no sólo una disponibilidad fruto de una circunstancia temporal, como puede ser una crisis.

En cuanto al Sínodo de obispos sobre la familia en el que el papa Francisco quiere flexibilizar la postura de la Iglesia sobre los divorciados y separados, Agrelo ha dicho que, a pesar de que el modelo del matrimonio para la Iglesia "es claro", también ésta debe "reconocer el derecho a tropezar" y valora muy positivamente este "ejercicio de libertad de reflexión" dentro de la Iglesia, aunque ha augurado que va a "traer tensiones". (RD/Agencias)

Una cosa nos falta

¿Quién no desea acertar en la vida? Es una pregunta que se plantea no solo en el momento de escoger una carrera o elegir un trabajo; es, sobre todo, la cuestión esencial al optar por la forma de vida que identifique la propia historia,  A veces se hace por haber caminado de manera errada y en otros casos por tentación, cuando se pasa alguna dificultad o crisis.
Se acercó un joven al Señor: -«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» (Mc 10, 18) Es la pregunta existencial más importante Quizá no es la preocupación más habitual entre nosotros, por estar inmersos en los afanes de este mundo, pero en definitiva debería ser lo que más nos importara.
Suelo afirmar, cuando acompaño a alguien en algún discernimiento, que la opción de vida no es un proyecto, sino una obediencia. El camino que debemos recorrer no debería responder a nuestra imaginación o deseos, sino a la llamada recibida, a la voluntad de Dios. De aquí lo importante que es conocer la vocación personal contrastándola con la Palabra de Dios, los signos y acontecimientos, la mediación objetivadora, con la ayuda de la oración y la súplica al Espíritu Santo.
Para conocer el querer de Dios para cada uno, la lectura de hoy nos aconseja recurrir a la oración: “Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría” (Sb 7,7). El salmista incide en lo mismo, y en la misma clave pide el don de la sensatez: “Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato” (Sal 89).

Tengo la seguridad de que Dios no oculta su voluntad al que quiere llamar para sí. “Todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas” (Hbr 4, 13). Y no puede permitir que estemos vocacionados para algo que Él desee de nosotros, y no lo descubramos.
Puede suceder, que no obstante que seamos consciente de la llamada y nos dé pereza seguirla, o estemos afectados por otras realidades y tengamos miedo a la radicalidad. Jesús respondió a los discípulos: -«Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más-casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones- y en la edad futura, vida eterna.» (Mc 10, 18.29-30).
La razón de seguir la llamada no debiera ser la especulación del ciento por uno. Jesús, sin embargo, conoce nuestra naturaleza, y sabe lo que nos cuesta fiarnos de lo que no vemos. Pero es seguro que quien se fía de Él no quedará defraudado, no solo por heredar la vida eterna, sino en este mundo.

Atrévete a seguir a Jesús en aquello que creas es de su agrado, aunque te cueste.
Ámgel Moreno de Buenafuente

Una cosa nos falta

Evangelio del joven rico
El episodio está narrado con intensidad especial. Jesús se pone en camino hacia Jerusalén, pero antes de que se aleje de aquel lugar, llega «corriendo» un desconocido que «cae de rodillas» ante él para retenerlo. Necesita urgentemente a Jesús.
No es un enfermo que pide curación. No es un leproso que, desde el suelo, implora compasión. Su petición es de otro orden. Lo que él busca en aquel maestro bueno es luz para orientar su vida: «¿Qué haré para heredar la vida eterna?». No es una cuestión teórica, sino existencial. No habla en general; quiere saber qué ha de hacer él personalmente.
Antes que nada, Jesús le recuerda que «no hay nadie bueno más que Dios». Antes de plantearnos qué hay que «hacer», hemos de saber que vivimos ante un Dios Bueno como nadie: en su bondad insondable hemos de apoyar nuestra vida. Luego, le recuerda «los mandamientos» de ese Dios Bueno. Según la tradición bíblica, ese es el camino para la vida eterna.
La respuesta del hombre es admirable. Todo eso lo ha cumplido desde pequeño, pero siente dentro de sí una aspiración más honda. Está buscando algo más. «Jesús se le queda mirando con cariño». Su mirada está ya expresando la relación personal e intensa que quiere establecer con él.
Jesús entiende muy bien su insatisfacción: «una cosa te falta». Siguiendo esa lógica de «hacer» lo mandado para «poseer» la vida eterna, aunque viva de manera intachable, no quedará plenamente satisfecho. En el ser humano hay una aspiración más profunda.
Por eso, Jesús le invita a orientar su vida desde una lógica nueva. Lo primero es no vivir agarrado a sus posesiones: «vende lo que tienes». Lo segundo, ayudar a los pobres:«dales tu dinero». Por último, «ven y sígueme». Los dos podrán recorrer juntos el camino hacia el reino de Dios.
El hombre se levanta y se aleja de Jesús. Olvida su mirada cariñosa y se va triste. Sabe que nunca podrá conocer la alegría y la libertad de quienes siguen a Jesús. Marcos nos explica que «era muy rico».

¿No es esta nuestra experiencia de cristianos satisfechos de los países ricos?
¿No vivimos atrapados por el bienestar material?
¿No le falta a nuestra religión el amor práctico a los pobres?
¿No nos falta la alegría y libertad de los seguidores de Jesús?
José Antonio Pagola

DESCIENDA SOBRE NOSOTROS LA BONDAD DEL SEÑOR

 Del Salmo 89:

 Sácianos de tu misericordia, Señor.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuando?
Ten compasión de tus siervos.


Sácianos de tu misericordia, Señor.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Dános alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas.


Sácianos de tu misericordia, Señor.

Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.
Que descienda hasta nosotros la bondad del Señor;
que el Señor, nuestro Dios, haga prosperar la obra de nuestras manos.


Sácianos de tu misericordia, Señor.

VEN Y SÍGUEME



Evangelio según San Marcos 10,17-30.

Cuando Jesús se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?". 

Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno.
Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre".

El hombre le respondió: "Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud".

Jesús lo miró con amor y le dijo: "Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme".

Él, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.

Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: "¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!".

Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: "Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios!. Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios".

Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?".

Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: "Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Él todo es posible".

Pedro le dijo: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido".

Jesús respondió: "Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia,
desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y, campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna".

sábado, 10 de octubre de 2015

Nota Eclesial: la sinodalidad por la familia contemporánea

Ha trascurrido la primera semana de la XIV Asamblea General Ordinaria de los Obispos dedicada a la familia. Los pastores en un ambiente de comunión, llevan la voz de los fieles de las Iglesias particulares, y guiados por el Espíritu Santo que consuela, miran con particular atención las dificultades de las personas amenazadas por las colonizaciones modernas que afectan el hogar.
Esta es la responsabilidad de la sinodalidad, de los participantes del Sínodo de la Familia en una estrecha cercanía con las familias del mundo. Expresaba el Papa Francisco al inicio de la asamblea del año pasado (06 de octubre 2014), y que constituye uno de los documentos principales de este Sínodo: “Vosotros lleváis la voz de las Iglesias particulares, reunidas a nivel de Iglesias locales mediante las Conferencias episcopales”.
Entonces “sinodalidad” es la expresión de la comunión entre nuestros pastores, y su caminar junto a los hombres y mujeres de hoy llevándoles el mensaje la Iglesia. “Esta voz la lleváis en sinodalidad -dice Francisco-. Es una gran responsabilidad: llevar las realidades y las problemáticas de las Iglesias, para ayudarlas a caminar en esa senda que es el Evangelio de la familia”.
Cuando comenzaba aquella primera fase de este Sínodo de la Familia, el Papa les invitaba hablar con parresía: “porque es necesario decir todo lo que en el Señor se siente el deber de decir”. Y también les recordaba tener en cuenta las dos actitudes con la cual se ejerce la sinodalidad: “escuchar con humildad y acoger con corazón abierto lo que dicen los hermanos”.
En este contexto se desarrollan las sesiones sinodales, con la presentación de testimonios de matrimonios, la experiencia de los pastores que han escuchado sus fieles y representan su voz, los debates que buscan cargar en sus hombros las familias en dificultades para acompañarles desde la doctrina y la misericordia de Dios.
La sinodalidad por la familia contemporánea, desde la comunión de nuestros pastores y su parresia iluminada por el Espíritu Santo, no cierra sus ojos a los problemas de la familia en sus diversas realidades y culturas, para discernir sobre su vocación y misión.
P. Johan Pacheco para RADIO VATICANO.

Carlos Osoro desde el Sínodo: "Hay que acoger y acompañar a los inmigrantes", "La ideología de género se está implantando y organiza la economía y la política"

"Hay que acoger y acompañar a los inmigrantes. En España, y en particular en mi diócesis de Madrid, se han renovado las comunidades cristianas con su llegada y han dado un nuevo frescor", señaló.
Osoro participó hoy en la habitual rueda de prensa que organiza el Vaticano en ocasión del Sínodo, en la que comentó también las preocupaciones expresadas por los otros padres sinodales (participantes) sobre el avance de la ideología del género, que propone de eliminar las diferencias entre sexos.
"Coincidimos todos en que esta ideología se está implantando y organiza la economía y la política", aseguró el arzobispo de Madrid.
Osoro, que participa por primera vez en ideología se está implantando y organiza la economía y la política un Sínodo, aseguró que "los padres (sinodales) tienen un deseo inmenso de poder mostrar al mundo que la estructura primordial de la sociedad es la familia".
Y que se debate sobre la "defensa de esta familia", pero no "sólo católica" sino como institución, y lamentó que las instituciones políticas y económicas "no ayuden a lo que la familia tiene que ser".
Osoro también invitó a la Iglesia a "salir al camino donde están los jóvenes y las familias" yencontrar "un lenguaje" para acompañarlos.
Sobre la falta de matrimonios, asunto que se aborda en este Sínodo, Osoro invitó también a pensar que en muchas ocasiones "el problema es el trabajo o la vivienda".
"¿Dónde están las llamadas viviendas sociales?", se preguntó Osoro, que aseguró que "todos estos temas se están tocando con una gran profundidad" en este Sínodo.
El Vaticano publicó hoy las relaciones elaboradas por los Círculos Menores -los grupos por idiomas en los que han sido dividido los 270 padres sinodales presentes-, tras las discusiones de esta semana de la primera parte incluida en el "Instrumentum Laboris", el documento base sobre el que discuten, sobre "la escucha de los desafíos que afronta la familia".

En las próximas dos semanas, la asamblea analizará otros temas y se harán otras dos relaciones que servirán para redactar el documento final, que será votado el 24 de octubre. (RD/Agencias)

Alegraos, justos, con el Señor.

Sal 96, 1-2. 5-6. 11-12 

 Alegraos, justos, con el Señor.
El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. 
 Alegraos, justos, con el Señor
Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. 
 Alegraos, justos, con el Señor
Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre. 
 Alegraos, justos, con el Señor

¡Dichoso el vientre que te llevó! Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la palabra de Dios!

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo:
-«Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»
Pero él repuso:
-«Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. »
Palabra del Señor

viernes, 9 de octubre de 2015

Apremiante llamamiento y oración del Papa y del Sínodo por la paz en Oriente Medio y en África

Introduciendo el rezo antes de la cuarta Congregación del Sínodo de la familia, el Papa Francisco quiso invitar a la oración por la paz en Oriente Medio y en el continente africano.

Ayuda de la comunidad internacional, opciones de paz, diplomacia y derecho internacional
Con dolor y preocupación por las numerosas víctimas inocentes y la enorme crisis humanitaria, en Siria, Iraq, Jerusalén y Cisjordania, sin olvidar a las poblaciones africanas que sufren la tragedia de los conflictos, el Obispo de Roma – en unión con el Sínodo – apremió a la comunidad internacional, afianzada en el derecho y en la diplomacia, a ayudar de forma eficaz a las partes interesadas a resolver los conflictos:
«Al reanudar, esta mañana,  los trabajos de la Congregación general quisiera invitarlos a dedicar la oración de la Hora Tercia a la intención de la reconciliación y de la paz en Oriente Medio. Estamos dolorosamente afectados y seguimos con preocupación cuanto está sucediendo en Siria, en Iraq, en Jerusalén y en Cisjordania, donde asistimos a una escalada de violencia, que afecta a civiles inocentes y sigue alimentando una crisis humanitaria de proporciones enormes. La guerra lleva destrucción y multiplica los sufrimientos de las poblaciones. Las esperanzas y progresos llegan sólo con las opciones de paz. Unámonos, pues, en una intensa y confiada oración al Señor, una oración que quiere ser al mismo tiempo expresión de cercanía a los hermanos Patriarcas y Obispos aquí presentes, que provienen de aquella región, a sus sacerdotes y fieles, así como a todos aquellos que la habitan.
Dirijo asimismo, junto con el Sínodo, un apremiante llamamiento a la comunidad internacional, para que encuentre el modo de ayudar eficazmente a las partes interesadas a ampliar sus propios horizontes, más allá de los intereses inmediatos y a usar los instrumentos del derecho internacional y de la diplomacia para resolver los conflictos en curso.
Deseo en fin que extendamos nuestra oración también a aquellas zonas del continente africano que están viviendo análogas situaciones de conflicto. Por todos interceda María, Reina de la paz y amorosa Madre de sus hijos».
(CdM – RV)