miércoles, 30 de septiembre de 2015

Carlos Osoro, en La Sexta: "Soy defensor de la vida, y comprensivo con las mujeres que han abortado


"Intento no juzgar ni condenar, sino perdonar siempre, tal y como afirma el Papa Francisco"
 En una entrevista realizada a «La Sexta Noche», monseñor Carlos Osoro explicó que «no son discursos distintos» la acogida y respeto a las personas con atracción por el mismo sexo y la afirmación de que el matrimonio es entre un hombre y una mujer.
El arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro fue entrevistado este sábado en el programa «La Sexta Noche», donde afirmó que «soy defensor de la vida por principio, desde su inicio hasta la muerte. Y soy comprensivo, y tengo que serlo, porque lo fue Jesucristo», con las mujeres que han abortado. En este sentido, se ha felicitado de que durante el Año de la Misericordia el Papa haya dado permiso a todos los sacerdotes para absolver del pecado de aborto.
También explicó que la acogida a las personas que sufren atracción por el mismo sexo y la definición del matrimonio como unión entre un hombre y una mujer «no son discursos distintos. El Papa acaba de hablar en Filadelfia de lo que es el matrimonio cristiano. Así lo hemos vivido y lo entendemos, y es donde yo he aprendido las mejores cosas de mi vida. En una familia donde había padre y madre». Sobre su predecesor, el cardenal Antonio María Rouco, explicó que «cada uno tenemos una manera de ser y de actuar, pero tenemos el mismo credo».
Estas fueron algunas de las frases más destacadas de Osoro:
 "Intento no juzgar ni condenar, sino perdonar siempre, tal y como afirma el Papa Francisco"
Yo creo que fallamos los hombres, la Iglesia tiene claro lo que hay que hacer con los demás"
"Un obispo como Reig Pla dirá lo que dice desde su diócesis, pero yo digo lo que dice el catecismo"
"Yo defiendo vida de la concepción a la muerte, pero acojo a quien por circunstancias tuvo que enfrentar un aborto"

 Por otro lado, el arzobispo de Madrid presentó ayer en la Sala Capitular de la catedral de Santa María la Real de La Almudena el libro Decir el hombre. Persona, cultura de la Pascua del P. Marko Ivan Rupnik. En su intervención, Osoro incidió en que "aquí hay una riqueza grande, que no se puede encontrar en ningún lugar. Es una obra que, como Cristo, va derecho al corazón".
También ayer, al término de una misa de inicio de curso de Manos Unidas,y uno de los padres sinodales españoles que participarán en la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de la Familia que comienza este domingo, monseñor Carlos Osoro, ha asegurado que todos los gobiernos del mundo incluido el de España deben sentirse "aludidos" por la petición del Papa Francisco de dar mayor protección a la familia y ha destacado que una de las "tareas pendientes" de España en este ámbito es la defensa de la vida desde el inicio hasta la muerte natural.
"Todos los gobiernos del mundo tienen que estar ayudando a la familia, en España se necesita siempre la protección y cuanto más protección se le dé mejor, hay tareas por hacer en España y todos los países del mundo pero en España, por supuesto. Entre otras, defender la vida de todo ser humano desde el inicio hasta su término", ha subrayado a Europa Press.
A su juicio, todos deben sentirse "aludidos" porque "la familia es lo más importante que existe en la construcción de este mundo y de esta historia" y, según ha precisado, "de la dignidad con que se la trate, dependerá lo que sean los hombres".
Por otra parte, preguntado por si acude al Sínodo abierto a posibles cambios en relación a los divorciados que se han vuelto a casar y ante la publicación de un libro en el que once cardenales, entre ellos Antonio María Rouco Varela, rechazan la comunión para divorciados, el obispo ha aclarado que "no hay que ponerse en posiciones de ningún tipo" y "no crear problemas donde no existen".
 "El Papa nos ha dicho ya a través del instrumentus laboris de lo que vamos a tratar. No hay más, no hay que ponerse en posiciones de ningún tipo, sólo se va a tratar lo que allí nos dice y se nos pregunta. No hay que crear problemas donde no existen", ha subrayado.
Preguntado por los resultados de las elecciones catalanas, Osoro ha insistido en que ha acudido a esta eucaristía para celebrar Manos Unidas y en que es "muy importante crear una cultura del encuentro" pero ha remarcado a Europa Press que se refiere a "todas las partes del mundo".
"Yo celebro Manos Unidas y he dicho que es muy importante crear la cultura del encuentro y de la inclusión, en todas las partes del mundo, España es muy poquito", ha matizado.

La Misericordia el tema elegido por el Papa para la Jornada de las Comunicaciones Sociales


“Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo”, es el tema elegido por el Papa Francisco para la próxima Jornada Mundial de la Comunicaciones Sociales. Como es tradicional el lema fue anunciado en la fiesta litúrgica de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, la Jornada que llega a su 50° Edición se celebrará el domingo 8 de mayo de 2016, en la Solemnidad de la Ascensión del Señor.
La elección del Tema para este año ha sido determinada, claramente, por la celebración del Jubileo Extraordinario de la Misericordia y, sin duda, el Santo Padre ha querido que la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales ofreciese una ocasión propicia para reflexionar sobre la sinergia profunda entre comunicación y misericordia.
En la Bula de Convocación del Año Jubilar, en el número 12, el Papa afirma que “la Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona”. Y, en el mismo número, el Papa añade: “Su lenguaje y sus gestos deben transmitir misericordia para penetrar en el corazón de las personas y motivarlas a reencontrar el camino de vuelta al Padre”.

Parece oportuno recordar, señala el Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales, que “una comunicación es momento constitutivo de la promoción de la cultura del encuentro”. Por ello, el Papa se refiere, al lenguaje y a los gestos de la Iglesia; pero en la perspectiva que nos indica, todo hombre y mujer de hoy, en su propia comunicación, en el ir al encuentro de los demás, y debe estar animado por una profunda dimensión de acogida, de disponibilidad y de perdón.

El Tema elegido por el Pontífice, subraya que una buena comunicación puede abrir un espacio para el diálogo, para la comprensión recíproca y la reconciliación, permitiendo de ese modo que florezcan encuentros humanos fecundos. En un momento en el que nuestra atención se dirige a menudo a la naturaleza exasperada y judicante de muchos comentarios en los medios sociales, el tema nos recuerda el poder de las palabras y de los gestos para superar las incomprensiones, para curar las memorias, para construir la paz y la armonía.
Una vez más, el Obispo de Roma nos ayuda a redescubrir que en el centro de la comunicación hay, sobre todo, una profunda dimensión humana. “Comunicación que no es sólo una tecnología actual o avanzada, sino una profunda relación interpersonal”.
La Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, única jornada mundial establecida por el Concilio Vaticano II (Inter Mirifica, 1963); se celebra en numerosos países, por recomendación de los obispos del mundo, el domingo anterior a la fiesta de Pentecostés, que en el 2016 será el 15 de mayo.
Recordemos que la primera Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales fue celebrada el 7 de mayo de 1967. El Mensaje del Santo Padre para esta Jornada se publica tradicionalmente con ocasión de la festividad de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas el 24 de enero.

(Renato Martinez - Radio Vaticano)

Te seguiré adonde vayas


Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 57-62
En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos le dijo uno: -«Te seguiré adonde vayas.»
Jesús le respondió: -«Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»
A otro le dijo: -«Sígueme.»
Él respondió: -«Déjame primero ir a enterrar a mi padre.»
Le contestó: -«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.»
Otro le dijo: -«Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.»
Jesús le contestó: -«El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.»

Palabra del Señor.

Los ángeles intervienen en nuestra vida



¿Qué son los ángeles? Espíritus que contemplan a Dios y que viven en medio del misterio. Espíritus que participan de la alegría divina y colaboran en sus planes sobre los hombres débiles y necesitados de ayuda y protección.

Por eso los ángeles sufrirán, de algún modo que no podemos imaginar, al ver que hay corazones que se cierran al amor o pierden la esperanza. O se alegrarán profundamente cuando vean que otros corazones lloran por sus pecados e inician el camino del regreso al Amor de Dios.

El Evangelio nos habla de fiestas y gozo entre los ángeles por cada pecador convertido. Cada vida es importante para Dios, es observada por los ángeles, es bendecida de mil formas por compañeros celestes que nos invitan a soñar en el cielo que nos espera.

Dios desea que algunos ángeles intervengan en nuestras vidas. Por eso en la Biblia encontramos la narración de presencias angélicas. Especialmente bella resulta la salida de san Pedro de la cárcel, guiado por un ángel. Ya en la calle exclama fuera de sí: "Ahora me doy cuenta realmente de que el Señor ha enviado su ángel y me ha arrancado de las manos de Herodes y de todo lo que esperaba el pueblo de los judíos" (Hch 12,11).

Es muy conmovedora la historia de Tobit y de su hijo Tobías, a los que Dios envió el arcángel Rafael. Sólo al final, cuando Tobías ha podido contraer matrimonio con Sarra, y cuando Tobit ha recuperado la vista, los dos descubren que habían sido ayudados por un ángel.

El mismo Rafael les explica cómo había intervenido en sus vidas:

"Cuando tú y Sarra hacíais oración, era yo el que presentaba y leía ante la Gloria del Señor el memorial de vuestras peticiones. Y lo mismo hacía cuando enterrabas a los muertos. Cuando te levantabas de la mesa sin tardanza, dejando la comida, para esconder un cadáver, era yo enviado para someterte a prueba. También ahora me ha enviado Dios para curarte a ti y a tu nuera Sarra. Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están siempre presentes y tienen entrada a la Gloria del Señor" (Tb 12,12-15).

Rafael añade inmediatamente, para tranquilizar a sus amigos, estas palabras llenas de afecto: "No temáis. La paz sea con vosotros. Bendecid a Dios por siempre. Si he estado con vosotros no ha sido por pura benevolencia mía hacia vosotros, sino por voluntad de Dios. A él debéis bendecir todos los días, a él debéis cantar. Os ha parecido que yo comía, pero sólo era apariencia. Y ahora bendecid al Señor sobre la tierra y confesad a Dios" (Tb 12,17-20).

Servidores de Dios y amigos de los hombres: así son los ángeles. Las palabras de Rafael nos llenan de alegría y esperanza. Con la ayuda angélica podemos descubrir el amor de Dios y recibir una fuerza concreta, oportuna, en tantas pruebas de la vida.

Por eso hemos de sentirnos invitados a dar gracias a Dios, porque no deja sin recompensa ningún gesto de amor que podamos ofrecer a los hermanos nuestros más necesitados. Porque nos envía, en ocasiones totalmente inesperadas, un ángel que rompa nuestras cadenas y nos lleve a descubrir lo inmensamente bello que es el Amor del Padre de los cielos.

P. Fernardo Pascual

martes, 29 de septiembre de 2015

Arcángeles Gabriel, Miguel y Rafael

Arcángel San Miguel: 

Es el que arrojó del Cielo a Lucifer y a los ángeles que le seguían y quien mantiene la batalla contra Satanás y demás demonios para destruir su poder y ayudar a la Iglesia militante a obtener la victoria final. 

El nombre de Miguel significa "quien como Dios". Su conducta y fidelidad nos debe invitar a reconocer siempre el señoría e Jesús y buscar en todo momento la gloria de Dios.




Arcángel San Gabriel: 

Gabriel en hebreo significa "Dios es fuerte", "Fortaleza de Dios".
Aparece siempre como el mensajero de Yahvé para cumplir misiones especiales y como portador de buenas noticias. 

Anunció a Zacarías el nacimiento de Juan, el Bautista y a la Virgen María , la Encarnación del Hijo de Dios.

Arcángel San Rafael: 

Su nombre quiere decir "medicina de Dios". 

Tiene un papel muy importante en la vida del profeta Tobías, al mostrarle el camino a seguir y lo que tenía que hacer. 
Tobías obedeció en todo al arcángel San Rafael, sin saber que era un mensajero de Dios. Él se encargó de presentar sus oraciones y obras buenas a Dios, dejándole como mensaje bendecir y alabar al Señor, hacer siempre el bien y no dejar de orar. 

Se le considera patrono de los viajeros por haber guiado a Tobías en sus viajes. 

Es patrono, también, de los médicos (de cuerpo y alma) por las curaciones que realizó en Tobit y Sara, el padre y la esposa de Tobías. 

El Papa en el avión: "Los muros no son la solución a la emergencia migratoria de Europa"


Durante el vuelo que llevaba al Papa junto a su séquito y a los periodistas acreditados por la Oficina de Prensa del Vaticano desde Filadelfia hasta Roma, el Santo Padre respondió a diversas preguntas realizadas durante la rueda de prensa que normalmente se lleva a cabo al terminar un viaje apostólico internacional. Su experiencia en EE.UU., el perdón y los abusos a menores por parte de miembros del clero, los procesos de nulidad matrimonial y diferentes conflictos internacionales actuales, fueron algunos de los temas que trató el Obispo de Roma.
Respondiendo a la pregunta sobre el perdón a “los sacerdotes que han cometido abusos sexuales a menores y no hay pedido perdón a las víctimas”, el Papa contestó que si una persona ha hecho mal, es consciente de lo que ha hecho y no pide perdón, él mismo le pedirá a Dios para que lo tenga en cuenta. “Yo lo perdono, pero él no recibe el perdón, está cerrado al perdón. Una cosa es dar el perdón, todos estamos obligados a perdonar porque todos fuimos perdonados, pero otra cosa es recibir el perdón. Y si ese sacerdote está cerrado al perdón no lo recibe porque él cerró la puerta con la llave desde adentro y lo que queda es rezar para que el Señor le abra esa puerta. Se necesita estar dispuesto, pero no todos lo pueden recibir, lo saben recibir o no están dispuestos a recibirlo. Es duro lo que estoy diciendo. Y así se explica que haya gente que termine su vida dura, mal, sin recibir la caricia de Dios”.
Continuando con el mismo tema y respondiendo a la segunda parte de la pregunta sobre si entendía a las víctimas y sus familias que no han conseguido perdonar o no quieren perdonar, el Papa dijo que los comprendía, que reza por ellos y que no los juzga. “Rezo y le pido a Dios porque Dios es un campeón en buscar caminos de solución. Pido que lo arregle”.
Sobre la actual crisis migratoria que vive Europa y sobre el hecho de que en diferentes países se estén construyendo nuevas barreras para no dejar pasar a los que huyen del horror de su país,  el Santo Padre reconoció la grave situación que se está viviendo y aseguró que los muros no son una solución, todos los muros caen. “En este momento Europa está en dificultades es verdad. Debemos ser inteligentes porque viene toda aquella ola migratoria y no es fácil encontrar soluciones. Pero con el diálogo entre países deben encontrarlas. Los muros nunca son la solución. En cambio, los puentes sí. Siempre”.
Hablando del Motu Proprio del Papa Francisco sobre los procesos de tramitación de las nulidades matrimoniales aseguró que “hacía falta reducir los procesos”. “Este documento, este Motu Proprio, facilita los procesos en los tiempos, pero no es un divorcio, porque el matrimonio es indisoluble cuando es sacramento, y esto la Iglesia no lo puede cambiar, es doctrina, es un sacramento indisoluble”.
Finalmente el Papa fue preguntado por el éxito de este último viaje, sobre su pontificado y sobre el hecho de que haya persona que le califican como “una estrella”, a lo que el Papa contestó que los Papas deben ser “siervos de los siervos de Dios”, y que muchas veces las estrellas después de verlas se apagan y se caen, “en cambio el siervo de los siervos de Dios es bueno y eso no pasa”. Por otro lado, el Santo Padre habló de lo que más le había impactado del viaje, “se veía a la gente rezar, esto me impresionó y me gustó mucho, mucho” dijo. Las miradas, el calor de la gente, la expresividad y el hecho de que la Iglesia sea próxima al pueblo ha sido de lo que más le ha gustado.

(MZ-RV)

Veréis a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre


Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 47-51
En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
-«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño. »
Natanael le contesta:
-«¿De qué me conoces?»
Jesús le responde:
-«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»
Natanael respondió:
-«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
Jesús le contestó:
-«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.»
Y le añadió:
-«Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor.

lunes, 28 de septiembre de 2015

‘La pequeña voz’ de Teresa de Lisieux



Se acerca la fiesta de santa Teresita del Niño Jesús, y hoy se ha publicado este video, que recoge la realización de una obra pictórica por parte de la Hna. Marie Anastasia, de la Comunidad de las Bienaventuranzas. En ella, la artista resume la enseñanza de la santa carmelita Teresa de Lisieux (1873-1895) sobre su “caminito” hacia la santidad. Se acompaña con un sugerente canto.
Reproducimos el texto de Teresita, que pertenece a su “Historia de un alma”:

El ascensor divino 

Estamos en un siglo de inventos. Ahora no hay que tomarse ya el trabajo de subir los peldaños de una escalera: en las casas de los ricos, un ascensor la suple ventajosamente.
Yo quisiera también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, pues soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección.
Entonces busqué en los Libros Sagrados algún indicio del ascensor, objeto de mi deseo, y leí estas palabras salidas de la boca de Sabiduría eterna: El que sea pequeñito, que venga a mí.
Y entonces fui, adivinando que había encontrado lo que buscaba. Y queriendo saber, Dios mío, lo que harías con el pequeñito que responda a tu llamada, continué mi búsqueda, y he aquí lo que encontré: «Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo; os llevaré en mis brazos y sobre mis rodillas os meceré».
Nunca palabras más tiernas ni más melodiosas alegraron mi alma ¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! Y para eso, no necesito crecer; al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo que empequeñecerme más y más.
Tú, Dios mío, has rebasado mi esperanza, y yo quiero cantar tus misericordias: «Me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas, y las seguiré publicando hasta mi edad más avanzada». Sal. LXX.
Teresa de Lisieux, Historia de un alma
Fuente: Blog para Vos Nací

Balance del viaje histórico y triunfal del Papa a Estados Unidos. América proclama a Francisco líder moral planetario

Hizo un examen de conciencia a los políticos y les presentó el manual del buen gobernante


 El único traspiés que tuvo el Papa en Usa fue subiendo al avión, por culpa de su ciática. En todo lo demás, su periplo fue un paseo triunfal  por el corazón del imperio americano. América rendida a sus pies. Y sus potentes medios de comunicación haciéndole la ola. No se puede tener más éxito en menos tiempo. Nadie como Francisco supo conquistar a los de arriba y a los de abajo. A las élites, a los pobres y a la siempre olvidada clase media. La "tierra de los libres y la patria de los valientes" le proclamó líder global.

Se paseó Francisco por las tres ciudades-símbolo del Este americano (Washington, Nueva York y Filadelfia, la cuna de América). Estuvo en sus lugares más emblemáticos. En la Casa Blanca, con Obama, que lo llamó "emperador de la paz", y lo recibió a pie de escalerilla de un pequeño Fiat negro.
Entró en el Capitolio, sancta sanctorum del Estado americano, y puso en pié a los congresistas. Y eso que se temían protestas de algunos neocon. Ni eso. Con un discurso antológico hizo vibrar sus cimientos morales, mirando al Moisés, que campa en su interior, y de la mano de sus cuatro 'santos' americanos: Lincoln, Luther Kinh, Dorothy Day y Thomas Merton. Y cosechó 36 ovaciones y hasta las lágrimas del presidente de las Cámaras, John Boehner, uno de los pesos pesados republicanos.
Algo parecido le ocurrió en Naciones Unidas, el templo laico de la democracia globalizada, que lo agasajó como el profeta de la paz mundial. Y como auténtico profeta tiró de "parresía" y, con suma humildad y con todo la ternura que desprende, no dejó de romper el jarro de las denuncias.
Porque, tanto en el Capitolio como en el Palacio de cristal, Francisco hizo hacer a los grandes políticos de Estados Unidos y del mundo (desde Obama a Putin, pasando por Merkel, Castro o Maduro) un auténtico examen de conciencia. Y les presentó el manual del buen gobernante.
Les puso ante el espejo del Evangelio y les pidió un nuevo sistema político mundial. En nombre de los empobrecidos del planeta, que abarrotan las cunetas de la vida. Y en nombre de la "casa común" planetaria, a punto de morir asfixiada.
A los grandes y poderosos de la tierra, Francisco les pidió, en nombre de los gritos de los pobres que llegan a los oídos de Dios, una nueva diplomacia: la del diálogo. Y un nuevo sistema político: el ecopersonalismo. Un uevo modelo de desarrollo, basado en la persona humana y en la naturaleza como centros de todo el sistema. La buena gobernanza de los ricos, para que los pobres no mueran en medio de la 'globalización de la indiferencia' y de la 'cultura del descarte'.
La voz de los sin voz. Todo en nombre de los pobres. Papa paráclito, le llaman algunos. Es decir, el Papa defensor de los excluidos. Su abogado. El líder creíble, sin trampa ni cartón, que no lucha por sus propios intereses, ni siquiera por los de su Iglesia, que ya no la quiere como un poder entre otros, sino como un simple 'hospital de campaña'. El líder humilde, que contagia ternura y compasión, y ríe y llora con la gente. Y besa al niño con parálisis cerabral y se abraza a un preso en la cárcel de Filadelfia, mientras reconoce que "todos necesitamos limpiarnos, el primero yo".
Un Papa que arrastra hasta a la contracultural, moderna y esquiva Nueva York, que terminó cantándole el 'I love you'. Un Papa que seduce porque predica con el ejemplo. Y, por eso, pide a la potente Iglesia norteamericana que deje de mostrar su potencia, que hable quedo, que baje a la calle, que abrace las heridas del mundo, que salga de sus despachos lujosos y sus ricas catedrales, que reconozca la peste de la pederastia y pida perdón y pague por ella y llore por ella, como "llora Dios".
Que sus obispos y cardenales dejen de ser príncipes y se conviertan al Evangelio. Porque, como dijo Jesús, "el que quiera ser el primer entre vosotros, que sea vuestro servidor". Un Papa que hace milagros. A la vista están los acuerdos de paz en Cuba y Colombia. O la seducción de la Gran Manzana. Un Papa milagro. El Papa de la primavera. El Papa de la esperanza.

El más pequeño de vosotros es el más importante.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 46-50
En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante.
Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo:
-«El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mi; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado.
El más pequeño de vosotros es el más importante.»
Juan tomó la palabra y dijo:
-«Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.»
Jesús le respondió:
-«No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro. »

Palabra del Señor

El amor se manifiesta en pequeñas cosas que hacen que la vida tenga sabor a hogar, dijo Francisco a la familias

Hoy la Palabra de Dios nos sorprende con un lenguaje alegórico fuerte que nos hace pensar. Un lenguaje alegórico que nos desafía pero también estimula nuestro entusiasmo.
En la primera lectura, Josué dice a Moisés que dos miembros del pueblo están profetizando, proclamando la Palabra de Dios sin un mandato. En el Evangelio, Juan dice a Jesús que los discípulos le han impedido a un hombre sacar espíritus inmundos en su nombre. Y aquí viene la sorpresa: Moisés y Jesús reprenden a estos colaboradores por ser tan estrechos de mente. ¡Ojalá fueran todos profetas de la Palabra de Dios! ¡Ojalá que cada uno pudiera obrar milagros en el nombre del Señor!
Jesús encuentra, en cambio, hostilidad en la gente que no había aceptado cuanto dijo e hizo. Para ellos, la apertura de Jesús a la fe honesta y sincera de muchas personas que no formaban parte del pueblo elegido de Dios, les parecía intolerable. Los discípulos, por su parte, actuaron de buena fe, pero la tentación de ser escandalizados por la libertad de Dios que hace llover sobre «justos e injustos» (Mt 5,45), saltándose la burocracia, el oficialismo y los círculos íntimos, amenaza la autenticidad de la fe y, por tanto, tiene que ser vigorosamente rechazada.
Cuando nos damos cuenta de esto, podemos entender por qué las palabras de Jesús sobre el escándalo son tan duras. Para Jesús, el escándalo intolerable consiste en todo lo que destruye y corrompe nuestra confianza en este modo de actuar del Espíritu.
Nuestro Padre no se deja ganar en generosidad y siembra. Siembra su presencia en  nuestro mundo, ya que «el amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero» (1Jn 4,10). Amor que nos da una certeza honda: somos buscados por Él, somos esperados por Él. Esa confianza es la que lleva al discípulo a estimular, acompañar y hacer crecer todas las buenas iniciativas que existen a su alrededor. Dios quiere que todos sus hijos participen de la fiesta del Evangelio. No impidan todo lo bueno, dice Jesús, por el contrario, ayúdenlo a crecer. Poner en duda la obra del Espíritu, dar la impresión que la misma no tiene nada que ver con aquellos que «no son parte de nuestro grupo», que no son «como nosotros», es una tentación peligrosa. No bloquea solamente la conversión a la fe, sino constituye una perversión de la fe.

La fe abre la «ventana» a la presencia actuante del Espíritu y nos muestra que, como la felicidad,  la santidad está siempre ligada a los pequeños gestos. «El que les dé a beber un vaso de agua en mi nombre –dice Jesús– no se quedará sin recompensa» (Mc 9,41). Son gestos mínimos que uno aprende en el hogar; gestos de familia que se pierden en el anonimato de la cotidianidad pero que hacen diferente cada jornada. Son gestos de madre, de abuela, de padre, de abuelo, de hijo. Son gestos de ternura, de cariño, de compasión. Son gestos del plato caliente de quien espera a cenar, del desayuno temprano del que sabe acompañar a madrugar. Son gestos de hogar. Es la bendición antes de dormir y el abrazo al regresar de una larga jornada de trabajo. El amor se manifiesta en pequeñas cosas, en la atención mínima a lo cotidiano que hace que la vida tenga siempre sabor a hogar. La fe crece con la práctica y es plasmada por el amor. Por eso, nuestras familias, nuestros hogares, son verdaderas Iglesias domésticas. Es el lugar propio donde la fe se hace vida y la vida se hace fe.
Jesús nos invita a no impedir esos pequeños gestos milagrosos, por el contrario, quiere que los provoquemos, que los hagamos crecer, que acompañemos la vida como se nos presenta, ayudando a despertar todos los pequeños gestos de amor, signos de su presencia viva y actuante en nuestro mundo.
Esta actitud a la que somos invitados nos lleva a preguntarnos: ¿Cómo estamos trabajando para vivir esta lógica en nuestros hogares, en nuestras sociedades? ¿Qué tipo de mundo queremos dejarle a nuestros hijos? (cf. Laudato si’, 160). Pregunta que no podemos responder sólo nosotros. Es el Espíritu que nos invita y desafía a responderla con la gran familia humana. Nuestra casa común no tolera más divisiones estériles. El desafío urgente de proteger nuestra casa incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar (cf. ibid., 13). Que nuestros hijos encuentren en nosotros referentes de comunión. Que nuestros hijos encuentren en nosotros hombres y mujeres capaces de unirse a los demás para hacer germinar todo lo bueno que el Padre sembró.
De manera directa, pero con afecto, Jesús dice: «Si ustedes, pues, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?» (Lc 11,13) Cuánta sabiduría hay en estas palabras. Es verdad que en cuanto a bondad y pureza de corazón nosotros, seres humanos, no tenemos mucho de qué vanagloriarnos. Pero Jesús sabe que, en lo que se refiere a los niños, somos capaces de una generosidad infinita. Por eso nos alienta: si tenemos fe, el Padre nos dará su Espíritu.
Nosotros los cristianos, discípulos del Señor, pedimos a las familias del mundo que nos ayuden. Somos muchos los que participamos en esta celebración y esto es ya en sí mismo algo profético, una especie de milagro en el mundo de hoy. Ojalá todos fuéramos profetas. Ojalá cada uno de nosotros se abriera a los milagros del amor para el bien de todas las familias del mundo, y poder así superar el escándalo de un amor mezquino y desconfiado, encerrado en sí mismo e impaciente con los demás.
Qué bonito sería si en todas partes, y también más allá de nuestras fronteras, pudiéramos alentar y valorar esta profecía y este milagro. Renovemos nuestra fe en la palabra del Señor que invita a nuestras familias a esa apertura; que invita a todos a participar a la profecía de la alianza entre un hombre y una mujer, que genera vida y revela a Dios.
Todo el que quiera traer a este mundo una familia, que enseñe a los niños a alegrarse por cada acción que tenga como propósito vencer al mal –una familia que muestra que el Espíritu está vivo y actuante– encontrará nuestra gratitud y nuestra estima, no importando el pueblo, la región o la religión a la que pertenezca.
Que Dios nos conceda a todos, como discípulos del Señor, la gracia de ser dignos de esta pureza de corazón que no se escandaliza del Evangelio.


“Todos tenemos algo de lo que ser limpiados y purificados", el Papa a los carcelados

Queridos hermanos y hermanas, Buenos días:
Yo voy a hablar en español porque no sé hablar inglés, pero él habla muy bien inglés y me va a traducir. Gracias por recibirme y darme la oportunidad de estar aquí con ustedes compartiendo este momento. Un momento difícil, cargado de tensiones. Un momento que sé que es doloroso no solo para ustedes, sino para sus familias y para toda la sociedad. Ya que una sociedad, una familia que no sabe sufrir los dolores de sus hijos, que no los toma con seriedad, que los naturaliza y los asume como normales y esperables, es una sociedad que está «condenada» a quedar presa de sí misma, presa de todo lo que la hace sufrir. Yo vine aquí como pastor pero sobre todo como hermano a compartir la situación de ustedes y hacerla también mía; he venido a que podamos rezar juntos y presentarle a nuestro Dios lo que nos duele, y también lo que nos anima y recibir de Él la fuerza de la Resurrección.
Recuerdo el Evangelio donde Jesús lava los pies a sus discípulos en la Última Cena. Una actitud que le costó mucho entender a los discípulos, inclusive Pedro reacciona y le dice: «Jamás permitiré que me laves los pies» (Jn 13,8).
En aquel tiempo era habitual que, cuando uno llegaba a una casa, se le lavara los pies. Toda persona siempre era recibida así. Porque no existían caminos asfaltados, eran caminos de polvo, con pedregullo que iba colándose en las sandalias. Todos transitaban los senderos que dejaban el polvo impregnado, lastimaban con alguna piedra o producían alguna herida. Ahí lo vemos a Jesús lavando los pies, nuestros pies, los de sus discípulos de ayer y de hoy.
Todos sabemos que vivir es caminar, vivir es andar por distintos caminos, distintos senderos que dejan su marca en nuestra vida.
Y por la fe sabemos que Jesús nos busca, quiere sanar nuestras heridas, curar nuestros pies de las llagas de un andar cargado de soledad, limpiarnos del polvo que se fue impregnando por los caminos que cada uno tuvo que transitar. Jesús no nos pregunta por dónde anduvimos, no nos interroga qué estuvimos haciendo. Por el contrario, nos dice: «Si no te lavo los pies, no podés ser de los míos» (Jn 13,9). Si no te lavo los pies, no podré darte la vida que el Padre siempre soñó, la vida para la cual te creó. Él viene a nuestro encuentro para calzarnos de nuevo con la dignidad de los hijos de Dios. Nos quiere ayudar a recomponer nuestro andar, reemprender nuestro caminar, recuperar nuestra esperanza, restituirnos en la fe y la confianza. Quiere que volvamos a los caminos, a la vida, sintiendo que tenemos una misión; que este tiempo de reclusión nunca no ha sido y nunca será sinónimo de expulsión.
Vivir supone «ensuciarse los pies» por los caminos polvorientos de la vida, y de la historia. Y todos tenemos necesidad de ser purificados, de ser lavados. Todos. Yo, el primero. Todos somos buscados por este Maestro que nos quiere ayudar a reemprender el camino. A todos nos busca el Señor para darnos su mano. Es penoso constatar sistemas penitenciarios que no buscan curar las llagas, sanar las heridas, generar nuevas oportunidades. Es doloroso constatar cuando se cree que solo algunos tienen necesidad de ser lavados, purificados no asumiendo que su cansancio y su dolor, sus heridas, son también el cansancio, y el dolor, las heridas, de toda una sociedad. El Señor nos lo muestra claro por medio de un gesto: lavar los pies y volver a la mesa. Una mesa en la que Él quiere que nadie quede fuera. Una mesa que ha sido tendida para todos y a la que todos somos invitados.
Este momento de la vida de ustedes solo puede tener una finalidad: tender la mano para volver al camino, tender la mano para que ayude a la reinserción social. Una reinserción de la que todos formamos parte, a la que todos estamos invitados a estimular, acompañar y generar. Una reinserción buscada y deseada por todos: reclusos, familias, funcionarios, políticas sociales y educativas. Una reinserción que beneficia y levanta la moral de toda la comunidad y la sociedad.
Y quiero animarlos a tener esta actitud entre ustedes, con todas las personas que de alguna manera forman parte de este Instituto. Sean forjadores de oportunidades, sean forjadores de camino, sean forjadores de nuevos senderos.
Todos tenemos algo de lo que ser limpiados, y purificados. Todos. Que esta esa conciencia nos despierte a la solidaridad entre todos, a apoyarnos y a buscar lo mejor para los demás.
Miremos a Jesús que nos lava los pies, Él es el «camino, la verdad y la vida», que viene a sacarnos de la mentira de creer que nadie puede cambiar, la mentira de creer que nadie puede cambiar. Jesús que nos ayuda a caminar por senderos de vida y de plenitud. Que la fuerza de su amor y de su Resurrección sea siempre camino de vida nueva.
Y así como estamos, cada uno en su sitio sentado, en silencio pedimos al Señor que nos bendiga. Que el Señor los bendiga y los proteja. Haga brillar su rostro sobre ustedes y les muestre Su Gracia, les descubra Su Rostro y les conceda la paz. Gracias.
Palabras al terminar el encuentro:
La silla que han hecho, muy linda, muy hermosa. Muchas gracias por el trabajo.