domingo, 26 de abril de 2015

Cáritas Internationalis y Cáritas Europa reclaman a la Unión Europea un cambio de sus políticas migratorias

Los secretarios generales de Cáritas Internationalis y de Cáritas Europa, Michel Roy y Jorge Nuño, han remitido una carta a los jefes de Estado y de Gobierno participantes en la reunión del Consejo Europeo extraordinario celebrada ayer en Bruselas en la que instan “a la UE y a sus Estado miembros a cambiar sus políticas migratorias”. 

Este es el texto íntegro de la carta: 
A los Jefes de Estado y de Gobierno 
Carta al Consejo Europeo extraordinario, 23 de abril 2015 

La tragedia que tuvo lugar frente a la costa de Libia el sábado pasado, donde hasta 900 personas perdieron sus vidas, ha causado conmoción en Europa. Estas muertes masivas suponen un paso atrás en el Proyecto Europeo, basado en la solidaridad y defensa de la dignidad de cada ser humano. La Unión Europea y sus Estados Miembros deben cambiar sus políticas migratorias. 

El peor desastre marítimo registrado en el Mediterráneo desde la Segunda Guerra Mundial pone el foco de atención en la responsabilidad, no sólo de los traficantes sin escrúpulos que embarcan a estas personas, sino también de la UE. Lamentablemente, esta no es la primera tragedia humana de esta naturaleza y no será la última en futuro próximo. 

Valoramos positivamente el hecho de que los Estados Miembros hayan decidido actuar rápidamente. Sin embargo, los diez puntos de acción presentados de forma conjunta el 20 de abril por la Comisión de interior y la Comisión de Exteriores del Consejo están lejos de plantear una solución efectiva. 

Antes de nada, debe plantearse una operación de búsqueda y rescate en las fronteras exteriores como acción prioritaria. Salvo por un pequeño esfuerzo duplicando los recursos de Frontex, que no tiene un mandato específico de salvamento, los Estados Miembros siguen poniendo el foco en medidas represivas. 

La lucha contra los traficantes o tomar las huellas de todas las personas migrantes no son medidas para salvar vidas ni están destinadas a lo que la Unión Europa puede y debe hacer: abrir canales seguros y legales para aquellos que buscan protección huyendo de la guerra y de la persecución, y abrir vías legales para la inmigración. 

Recordamos a los líderes europeos que sus anteriores declaraciones sobre "acciones concretas para evitar la pérdida de vidas "(04/12/2013) no han dado lugar a un menor número de muertos en el Mediterráneo. El deber de todos los países europeos es presentar acciones inmediatas y a largo plazo que sustenten sus declaraciones. 

Hacemos un llamamiento a los líderes de la UE para que en la reunión extraordinaria del Consejo de la UE de este jueves muestren un compromiso claro para salvar vidas en el Mediterráneo y en todas las fronteras de la UE. 

Europa tiene que reemplazar la Operación Tritón por una operación de búsqueda y rescate en toda regla, que tenga los buenos resultados de la operación italiana "Mare Nostrum" puesta en marcha a finales de 2014. 

Saludos cordiales. 

Michel Roy, secretario general de Cáritas Internationalis 
Jorge Nuño Mayer, secretario general de Cáritas Europa 

“Es necesario afrontar juntos la cuestión migratoria. No se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio” (Discurso del Papa Francisco al Parlamento Europeo, 25 de noviembre de 2014)
Fuente: Archidiocésis de Madrid

ACERCARNOS Y CONOCERNOS. Escrito por José Antonio Pagola

Jn 10, 11-18

Cuando entre los primeros cristianos comenzaron los conflictos y disensiones entre grupos y líderes diferentes, alguien sintió la necesidad de recordar que, en la comunidad de Jesús, solo él es el Pastor bueno. No un pastor más, sino el auténtico, el verdadero, el modelo a seguir por todos.

Esta bella imagen de Jesús, Pastor bueno, es una llamada a la conversión, dirigida a quienes reivindican el título de «pastores» en la comunidad cristiana. El pastor que se parece a Jesús, solo piensa en sus ovejas, no «huye» ante los problemas, no las «abandona». Al contrario, está junto a ellas, las defiende, se desvive por ellas, «expone su vida» buscando su bien.

Al mismo tiempo, esta imagen es una llamada a la comunión fraterna entre todos. El Buen Pastor «conoce» a sus ovejas y las ovejas le «conocen» a él. Solo desde esta cercanía estrecha, desde este conocimiento mutuo y esta comunión de corazón, el Buen Pastor comparte su vida con las ovejas. Hacia esta comunión y mutuo conocimiento hemos de caminar también hoy en la Iglesia.

En estos momentos no fáciles para la fe, necesitamos como nunca aunar fuerzas, buscar juntos criterios evangélicos y líneas maestras de actuación para saber en qué dirección hemos de caminar de manera creativa hacia el futuro.

Sin embargo, no es esto lo que está sucediendo. Se hacen algunas llamadas convencionales a vivir en comunión, pero no estamos dando pasos para crear un clima de escucha mutua y diálogo. Al contrario, crecen las descalificaciones y disensiones entre obispos y teólogos; entre teólogos de diferentes tendencias; entre movimientos y comunidades de diverso signo; entre grupos y «blogs» de todo género...

Pero, tal vez, lo más triste es ver cómo sigue creciendo el distanciamiento entre la jerarquía y el pueblo cristiano. Se diría que viven dos mundos diferentes.

En muchos lugares los «pastores» y las «ovejas» apenas se conocen. A muchos obispos no les resulta fácil sintonizar con las necesidades reales de los creyentes, para ofrecerles la orientación y el aliento que necesitan. A muchos fieles les resulta difícil sentir afecto e interés hacia unos pastores a los que ven alejados de sus problemas.

Solo creyentes, llenos del Espíritu del Buen Pastor, pueden ayudarnos a crear el clima de acercamiento, mutua escucha, respeto recíproco y diálogo humilde que tanto necesitamos.


José Antonio Pagola

Conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí


Evangelio según San Juan 10,11-18.

Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas.

El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa.

Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas.

Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí -como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre- y doy mi vida por las ovejas.

Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor
.
El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla.

Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre".
De News.va

“Crear trabajo en África para detener la inmigración ilegal” afirma el Cardenal Njue

 Nairobi - Hay que crear nuevas oportunidades de empleo en África para frenar los flujos migratorios ilegales a Europa. Lo ha dicho el cardenal John Njue, Arzobispo de Nairobi y Presidente de la Conferencia Episcopal de Kenia, durante una conferencia de prensa en Mónaco, organizada por Missio München. El cardenal ha recordado la masacre de Garissa, en el norte de Kenia, en la que 148 personas perdieron la vida por su afiliación religiosa. “Alrededor de la mitad de las personas asesinadas eran cristianos”, ha precisado el cardenal, quien también ha subrayado que los líderes religiosos musulmanes de Kenia han condenado el ataque.

Después de la masacre, cometida por los Shabaab de Somalia, el gobierno de Nairobi ha decidido cerrar el campamento de Dadaab, el mayor campo de refugiados del mundo , afirmando que en la estructura se ocultan los cómplices fundamentalistas somalíes. “Oficialmente, 350.000 personas viven en la zona situada cerca de la frontera entre Somalia y Kenia”, ha comentado el cardenal Njue. “Se sospecha que la milicia islámica se ha infiltrado en Dadaab, cerrar el campamento significa castigar a los inocentes poniéndolos en peligro al enviarlos de nuevo a Somalia”. El cardenal ha expresado la esperanza de que el campo no sea cerrado y ha afirmado que la Iglesia está negociando una solución aceptable con las autoridades en Nairobi.


sábado, 25 de abril de 2015

Misa en Santa Marta- Un encuentro para cada uno

Cada hombre tiene un encuentro personal con el Señor. Un encuentro verdadero, concreto, que puede cambiar radicalmente la vita. El secreto no está sólo en darse cuenta de ello, sino también en nunca perder la memoria del mismo, para conservar su frescura y belleza. Lo afirmó el Papa en la misa que celebró el viernes 24 de abril, por la mañana, en la capilla de Santa Marta. Con alguna «tarea para hacer en casa» y dos sugerencia prácticas: rezar para pedir la gracia de recordar y luego releer el Evangelio para reflejarse en los numerosos encuentros de Jesús.
La primea lectura (Hch 9, 1-20), destacó inmediatamente el Papa Francisco, relata precisamente «la historia de Saulo - Pablo», el hecho de estar «convencido de su doctrina, incluso acérrima». Pero «este celo lo llevaba a perseguir al nuevo camino que había nacido allí, es decir, a los cristianos». Así Saulo «pidió las cartas para las sinagogas de Damasco con el fin de ser autorizado para conducir a los cristianos encadenados». Y «esto lo hacía con el celo de Dios».
Luego, explicó el Papa, «sucedió lo que hemos escuchado y que todos sabemos: la visión, y él cayó del caballo». En ese punto, recordó el Papa Francisco, «el Señor le habla: “Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?” —“¿Quién eres, Señor?”— “Soy Jesús”». Se da así «el encuentro de Pablo con Jesús».
Hasta ese momento Pablo «creía que todo lo que decían los cristianos eran historias». Pero «he aquí que se encuentra con Él y jamás olvidará ese encuentro: le cambia la vida y lo hace crecer en el amor al Señor que antes perseguía y ahora ama». Un encuentro, añadió el Papa, que lleva a Pablo «a anunciar el nombre de Jesús al mundo como instrumento de salvación». Así, pues, es cómo sucedió y lo que significó «el encuentro de Pablo con Jesús».
«En la Biblia —afirmó el Papa Francisco— hay muchos otros encuentros». También «en el Evangelio». Y son «todos distintos» entre sí. Verdaderamente «cada uno tiene su encuentro con Jesús». Pensemos, sugirió el Papa, «en los primeros discípulos que seguían a Jesús y permanecieron con Él toda la tarde —Juan y Andrés, el primer encuentro— y fueron felices por esto». En tal medida que «Andrés fue al encuentro de su hermano Pedro —se llamaba Simón en ese tiempo— y le dijo: “Hemos encontrado al Mesías”». Es «otro encuentro entusiasta, feliz, y condujo a Pedro hacia Jesús». Siguió, luego, «el encuentro de Pedro con Jesús» que «fijó su mirada en él». Y Jesús le dijo: «Tú eres Simón, hijo de Juan. Te llamarás Cefas», «es decir piedra».


Los «encuentros», recordó el Papa Francisco, son verdaderamente muchos. Está, por ejemplo, «el de Natanael, el escéptico». Inmediatamente «Jesús con dos palabras lo tira por los suelos». De tal modo que el intelectual admite: «¡Tú eres el Mesías!». Está también «el encuentro de la Samaritana que, a un cierto punto, se siente en medio de un problema e intenta ser teóloga: “Pero este monte, el otro…”». Y Jesús le responde: «Pero tu marido, tu verdad». La mujer «en el propio pecado encuentra a Jesús y va a anunciarlo a los de la ciudad: “Me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será tal vez el Mesías?”».
El Papa Francisco quiso también que se reviviera «el encuentro del leproso, uno de los diez curados, que regresa para agradecer». Y, además, «el encuentro de la mujer enferma desde hacía dieciocho años, que pensaba: “Si al menos lograra tocar el manto estaría curada” y encuentra a Jesús». Y también «el encuentro con el endemoniado del que Jesús expulsa tantos demonios que se dirigen hacia los cerdos» y después «quiere seguirlo y Jesús le dice: “No, vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo”».
Así, resumió el Pontífice, «podemos hallar muchos encuentros en la Biblia, porque el Señor nos busca para tener un encuentro con nosotros» y «cada uno de nosotros tiene su propio encuentro con Jesús». Quizá, destacó el Pontífice, «lo olvidamos, perdemos la memoria» hasta el punto de preguntarnos: «Pero ¿cuándo yo me encontré con Jesús o cuándo Jesús me encontró?». Seguramente, precisó el Papa Francisco, Jesús «te encontró el día de tu Bautismo: eso es verdad, eras niño». Y con el Bautismo, añadió, «te ha justificado y te ha hecho parte de su pueblo».
«Todos nosotros –afirmó el Papa– hemos tenido en nuestra vida algún encuentro con Él», un encuentro verdadero en el que «sentí que Jesús me miraba». No es una experiencia sólo para santos». Y «si no recordamos, será bonito hacer un poco de memoria y pedir al Señor que nos dé la memoria, porque Él se acuerda, Él recuerda el encuentro». Al respecto el Papa Francisco hizo referencia al libro de Jeremías donde se lee: «Recuerdo tu cariño juvenil, el amor que me tenías de novia». Habla, por lo tanto, de «aquel encuentro entusiasta del inicio, aquel encuentro nuevo: Él jamás olvida, sino que nosotros olvidamos el encuentro con Jesús».
Una «buena tarea para hacer en casa» sugirió el Papa Francisco, sería precisamente volver a pensar «cuando sentí verdaderamente al Señor cerca de mí», «cuando sentí que tenía que cambiar de vida y ser mejor o perdonar a una persona», «cuando sentí al Señor que me pedía algo» y, por ello, «cuando me encontré al Señor».

Nuestra fe, de hecho, «es un encuentro con Jesús». Precisamente «este es el fundamento de la fe: he encontrado a Jesús como Saúl» tal y como lo relata el pasaje de los Hechos de los apóstoles propuesto por la liturgia.
Y así, prosiguió el Papa Francisco, si uno se dice a sí mismo «no me acuerdo» del encuentro con el Señor, es oportuno que pida la gracia: «Señor, ¿cuándo fui consciente de encontrarte? ¿Cuándo me dijiste algo que cambió mi vida o me invitaste a dar aquel paso hacia adelante en la vida?». Y, recomendó el Papa, «esta es una bonita oración, hacedla cada día». Y cuando después «te acuerdes, regocíjate en ese recuerdo que es un recuerdo de amor».
«Otra bonita tarea», propuso el Papa, «sería tomar los Evangelios» y releer las muchas historias que hay para «ver como Jesús encuentra a la gente, como elige a los apóstoles». Y darse cuenta, quizá, de que alguno de los encuentros se «asemeja al mío», porque «cada uno tiene su propio» encuentro.
He aquí entonces las dos sugerencias prácticas y concretas del Papa, «que nos harán bien». En primer lugar «rezar y pedir la gracia de la memoria» y preguntarnos: «¿Cuándo, Señor, fue ese encuentro, ese primer amor?». Para «no escuchar el reproche que el Señor hace en el Apocalipsis: “Pero tengo contra ti que has abandonado tu amor primero”».
La segunda sugerencia del Papa es, precisamente, «tomar el Evangelio y ver los numerosos encuentros de Jesús con muchas personas diversas». Resulta evidente, explicó, que «el Señor quiere encontrarnos, quiere que la relación con nosotros sea cara a cara». Seguramente «en nuestra vida hubo un encuentro fuerte que nos guió a cambiar un poco la vida y a ser mejores».
Precisamente la celebración eucarística, concluyó el Pontífice, es «otro encuentro con Jesús, para realizar lo que hemos escuchado» en el Evangelio (Juan 6, 52-59): «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él». Sí, precisamente para permanecer así «en el Señor, vamos ahora hacia este encuentro cotidiano».


viernes, 24 de abril de 2015

Recordar siempre nuestro primer encuentro con Jesús, alentó el Papa

Recordar la primera vez que sentimos a Jesús a nuestro lado y ver en los Evangelios cómo Jesús encuentra a la gente. Reiterando que Jesús nunca olvida el día en que nos encontró por primera vez, alentó a pedir a Dios ‘la gracia de la memoria’ para recordar siempre, precisamente, nuestro encuentro con Jesús, que es único para cada uno, es el primer amor.
En su homilía de la Misa matutina en la Capilla de la Casa de Santa Marta, el Santo Padre hizo hincapié en que Jesús elige un encuentro, como forma de cambiar la vida de los demás. Juan y Andrés, que pasan con el Maestro toda la velada. Simón que se vuelve la ‘piedra’ de la nueva comunidad. La Samaritana, el leproso, que regresa para agradecer por haber sido sanado, la mujer que queda sanada al tocar la túnica de Cristo.
El primer encuentro
Evocando, con la liturgia del día, el encuentro, cerca de Damasco, de Jesús con Saulo, que de persecutor anticristiano se vuelve Apóstol, el Papa se refirió a los encuentros con el Señor. Encuentros decisivos que deben llevar al cristiano a no olvidar nunca el primer momento en que percibimos la cercanía de Jesús a nuestro lado:
«Él nunca olvida, pero nosotros olvidamos nuestro encuentro con Jesús. Y ésta sería una bella tarea para hacer en casa: pensar en cuándo sentí al Señor cerca de mí, de verdad. ¿Cuándo sentí que debía cambiar de vida, o ser mejor, o perdonar a una persona? ¿Cuándo sentí al Señor que me pedía algo? ¿Cuándo encontré al Señor? Porque nuestra fe es un encuentro con Jesús. Éste es el fundamento de nuestra fe: he encontrado a Jesús como Saulo hoy».
La memoria de cada día
Preguntémonos sinceramente, aconsejó una vez más el Obispo de Roma: ¿cuándo Señor me dijiste algo que cambió mi vida o me invitaste a dar ese paso en mi vida?:
«Ésta es una bella oración y les recomiendo que la recen cada día. Y cuando te acuerdas, te alegras con eso, con ese recuerdo que es un recuerdo de amor. Otra bella tarea es la de leer los Evangelios y ver tantas historias. Ver cómo Jesús encuentra a la gente, cómo elige a los apóstoles, cómo hay tantos encuentros con Jesús allí. Quizá alguno se parezca al mío. Cada uno tiene el suyo».
No olvidemos nunca el primer amor
Para Cristo su relación con nosotros es de predilección, es una relación de amor, una relación de ‘tú y yo’, volvió a subrayar el Papa:
«Rezar para pedir la gracia de la memoria: Señor ¿cuándo fue ese primer encuentro, ese primer amor? Para no escuchar ese reproche que dirige el Señor, en el Apocalipsis: debo reprocharte que hayas olvidado el primer amor»

(CdM – RV)

ALMA MÍA, RECOBRA LA CALMA PORQUE EL SEÑOR ES BUENO CONTIGO


Del salmo 116:
 

El Señor escucha el clamor de mi súplica

Amo al Señor, porque Él escucha
el clamor de mi súplica,
porque inclina su oído hacia mí,
cuando yo lo invoco.


El Señor escucha el clamor de mi súplica

Los lazos de la muerte me envolvieron,
me alcanzaron las redes del Abismo,
caí en la angustia y la tristeza;
entonces invoqué al Señor:
«¡Por favor, sálvame la vida!».


El Señor escucha el clamor de mi súplica

El Señor es justo y bondadoso,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor protege a los sencillos:
yo estaba en la miseria y me salvó.


El Señor escucha el clamor de mi súplica

Alma mía, recobra la calma,
porque el Señor ha sido bueno contigo.


El Señor escucha el clamor de mi súplica

EL QUE COMA DE ESTE PAN VIVIRÁ ETERNAMENTE


Evangelio según San Juan 6,52-59.

Los judíos discutían entre sí, diciendo: "¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?".

Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.

Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.

Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente".

Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaún.



jueves, 23 de abril de 2015

«CRISTO VIVE EN SU IGLESIA» SAN LEÓN MAGNO

Es indudable, queridos hermanos, que la naturaleza humana fue asumida tan íntimamente por el Hijo de Dios que no sólo en él, que es el primogénito de toda criatura sino también en todos sus santos, no hay más que un solo Cristo; pues, del mismo modo que la cabeza no puede separarse de los miembros, tampoco los miembros de la cabeza. […]

Por ello, todo cuanto el Hijo de Dios hizo y enseñó para la reconciliación del mundo, no sólo podemos conocerlo por la historia de los acontecimientos pasados, sino también sentirlo en la eficacia de las obras presentes. […]

Él es aquel vástago en quien fue bendecida la descendencia de Abrahán y por quien la adopción filial se extendió a todos los pueblos, llegando por ello Abrahán a ser el padre de todos los hijos nacidos, no de la carne, sino de la fe en la promesa.

Él es también quien, sin excluir a ningún pueblo, ha reunido en una sola grey las santas ovejas de todas las naciones que hay bajo el cielo, realizando cada día lo que prometió cuando dijo: Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo pastor.

De los sermones de san León Magno, papa
(Sermón 12 sobre la pasión del Señor, 3, 6-7: PL 54, 355-357)

EL AMOR POR SAN AGUSTÍN

San Agustín habla mucho en sus escritos de la oración como camino para llegar a Dios, pero a este camino le llama amor. Por eso, afirma que a Dios no vamos caminando, sino amando (Ep 155, 4, 13).
Por otra parte, insiste mucho en que en este camino hacia Dios, en este camino del amor, en este camino de la oración, no hay que darse tregua, hay que orar sin interrupción, hay que hacer de la vida una permanente oración, un amor continuo. Y afirma: Si dices basta, ya estás perdido. No te detengas, avanza siempre; no vuelvas hacia atrás, no te desvíes. En este camino, el que no adelanta, retrocede (Sermo 169, 18). También nos invita a caminar cantando, es decir, con amor, a pesar de las dificultades, pues lo más importante es el amor. Dice: Canta y camina. Avanza siempre en el bien. Si tú progresas y adelantas, caminas; pero progresa en el bien, progresa en la fe, progresa en las santas costumbres. Canta y camina. No te extravíes, no te vuelvas atrás, no te detengas (Sermo 256, 3).
Por ello, es significativo que nos aconseje: Ama y haz lo que quieras; si callas, calla por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor. Que la raíz de todas tus obras sea el amor (In ep Io ad parth tr. 7, 7-8). Sin olvidar que la medida del amor es el amor sin medida (Epist 109.2).
San Agustín, sin embargo, nos pone en guardia para no confundir el amor auténtico a Dios y a los demás, con el amor carnal y egoísta. Afirma: Sólo el amor verdadero merece el nombre de amor, lo demás es pasión (De Trin 8, 7, 10). La verdadera amistad no es auténtica, sino entre los que Tú, Señor, unes entre sí por medio del amor derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado (Conf 4, 4, 7).
Además, nos enseña que para amar de verdad hay que ser humildes, pues la oración es un autentico acto de humildad. Dice: En la oración somos mendigos de Dios. Nos ponemos en la puerta del gran Señor; aún más, nos arrojamos el suelo, gemimos suplicantes, deseando recibir algo, y ese algo es el mismo Dios (Sermo 83, 2). El camino del amor es: primero humildad; segundo, humildad; y tercero, humildad. Si la humildad no precede, acompaña y sigue todas nuestras buenas acciones, todo queda arruinado por la soberbia (Epist 118, 22).
La humildad es propia de los grandes; la soberbia, en cambio, es la falsa grandeza de los débiles. El humilde no puede dañar, y el soberbio no puede no dañar (Sermo 353, 2).

Y aconsejaba: Tú, haz lo que puedas, pide lo que no puedas y Dios te dará para que puedas (De nat et gr 43, 50). ¡Oh amor, que siempre ardes y nunca te apagas! Amor, Dios mío, abrásame, ¿Mandas continencia? Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras (Conf 10, 29, 40). Haz Señor, Dios mío, que te comprenda y te ame (De Trin 18, 28, 51). Oh Señor, te amo y, si es poco, haz que te ame más intensamente (Conf 13, 8, 9). Cuán tarde te conocí, hermosura tan antigua y tan nueva, cuán tarde te conocí. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo. Llamaste y clamaste y rompiste mi sordera; brillaste, resplandeciste y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y ahora suspiro por Ti y siento hambre y sed de Ti (Conf 10, 27, 38). Nos hiciste, Señor para Ti y nuestro corazón está insatisfecho hasta que descanse en Ti (Conf 1, 1, 1). Por ello, sólo orando de verdad, amando sin cesar, llegaremos a Dios y encontraremos la felicidad, que es el gozo de la verdad (Conf 10, 23, 33).
De libro “La oración del corazón”, por el Padre Ángel Peña.Fuente: Tengo sed de Ti.

miércoles, 22 de abril de 2015

Hombre y mujer son de la misma sustancia y complementarios, el Papa en la catequesis

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En la catequesis anterior sobre la familia, me detuve sobre el primer relato de la creación del ser humano, en el primer capítulo del Génesis, en donde está escrito: “Y Dios creó al hombrea su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer” (1,27).

Hoy quisiera completar la reflexión con el segundo relato, que encontramos en el segundo capítulo. Aquí leemos que el Señor, después de haber creado el cielo y la tierra “modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente” (2,7). Es el culmen de la creación. Pero falta algo. Luego Dios pone al hombre en un bellísimo jardín, “para que lo cultivara y lo cuidara” (cfr. 2, 15).

El Espíritu Santo, que ha inspirado toda la Biblia, sugiere por un momento la imagen del hombre solo - le falta algo - sin mujer. Y sugiere el pensamiento de Dios, casi el sentimiento de Dios que lo mira, que observa a Adán solo en el jardín: es libre, es señor, pero está solo. Y Dios ve que esto “no está bien”: es como una falta de comunión, le falta una comunión, una falta de plenitud. “No está bien” - dice Dios - y agrega: “Voy a hacerle una ayuda adecuada” (2,18).


Entonces Dios presenta al hombre todos los animales; el hombre da a cada uno de ellos su nombre – y ésta es otra imagen de la señoría del hombre sobre la creación – pero no encuentra en ningún animal el otro similar a sí mismo.  El hombre continúa solo. Cuando finalmente Dios presenta a la mujer, el hombre reconoce exultante que aquella creatura, y sólo aquella, es parte de él: “¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!” (2, 23). Finalmente, hay un reflejo, una reciprocidad. Y cuando una persona – es un ejemplo para entender bien esto -  quiere dar la mano a otra, debe tener otro adelante: si uno da la mano y no tiene nada, la mano está allí, le falta la reciprocidad. Así era el hombre, le faltaba algo para llegar a su plenitud, le faltaba reciprocidad. La mujer no es una “replica” del hombre; viene directamente del gesto creador de Dios. La imagen de la “costilla” no expresa de ninguna  manera inferioridad o subordinación sino, al contrario, que hombre y mujer son de la misma sustancia y son complementarios. También tienen esta reciprocidad. Y el hecho que - siempre en la parábola -  Dios plasme la mujer mientras el hombre duerme, subraya precisamente que ella no es de ninguna manera creatura del hombre, sino de Dios. Y también sugiere otra cosa: para encontrar a la mujer y podemos decir, para encontrar el amor en la mujer, pero para encontrar la mujer, el hombre primero debe soñarla, y luego la encuentra.

La confianza de Dios en el hombre y en la mujer, a los cuales confía la tierra, es generosa,directa y plena. Pero es aquí que el maligno introduce en su mente la sospecha, la incredulidad, la desconfianza. Y finalmente, llega la desobediencia al mandamiento que los protegía. Caen en aquel delirio de omnipotencia que contamina todo y destruye la armonía. También nosotros lo sentimos dentro de nosotros, tantas veces, todos.

El pecado genera desconfianza y división entre el hombre y la mujer. Su relación será asechada por mil formas de prevaricación y de sometimiento, de seducción engañosa y de prepotencia humillante, hasta aquellas más dramáticas y violentas. La historia trae consigo las huellas. Pensemos, por ejemplo, en los excesos negativos de las culturas patriarcales. Pensemos en las múltiples formas de machismo donde la mujer era considerada de segunda clase. Pensemos en la instrumentalización y mercantilización del cuerpo femenino en la actual cultura mediática. Pero pensemos también en la reciente epidemia de desconfianza, de escepticismo e incluso de hostilidad que se difunde en nuestra cultura – en particular a partir de una comprensible desconfianza de las mujeres – con respecto a una alianza entre hombre y mujer que sea capaz, al mismo tiempo, de afinar la intimidad de la comunión y de custodiar la dignidad de la diferencia.

Si no encontramos un sobresalto de simpatía por esta alianza, capaz de poner a las nuevas generaciones al amparo de la desconfianza y de la indiferencia, los hijos vendrán al mundo siempre más erradicados de ella, desde el seno materno. La devaluación social por la alianza estable y generativa del hombre y de la mujer es ciertamente una pérdida para todos. ¡Debemos revalorizar el matrimonio y la familia! Y la Biblia dice una cosa bella: el hombre encuentra la mujer, ellos se encuentran, y el hombre debe dejar algo para encontrarla plenamente. Y por esto, el hombre dejará a su padre y a su madre para ir con ella. ¡Es bello! Esto significa comenzar un camino. El hombre es todo para la mujer y la mujer es toda para el hombre.

Por lo tanto, la custodia de esta alianza del hombre y de la mujer, aun pecadores y heridos, confundidos y humillados, desalentados e inciertos, para nosotros creyentes es una vocación ardua y apasionante, en la condición actual. El mismo relato de la creación y del pecado, en su final, nos entrega un ícono bellísimo: “El Señor Dios hizo al hombre y a su mujer unas túnicas de pieles y los vistió” (Gen 3, 21). Es una imagen de ternura hacia aquella pareja pecadora que nos deja a boca abierta: la ternura de Dios por el hombre y por la mujer. Es una imagen de custodia paterna de la pareja humana. Dios mismo cuida y protege su obra maestra.

(Traducción del italiano: María Cecilia Mutual - RV)

martes, 21 de abril de 2015

Cristianos en medio del mundo

Hoy resulta especialmente necesaria y urgente la presencia de los cristianos con una actitud evangelizadora en medio de nuestra sociedad. La Iglesia existe para evangelizar. Todos los cristianos son Iglesia y deben evangelizar.
La Iglesia evangeliza siempre. Lo hace cuando celebra cada día el misterio eucarístico, administra los sacramentos y anuncia la palabra de Dios. Sin embargo, observamos un proceso progresivo de descristianización. Muchos hombres y mujeres de hoy no encuentran en la evangelización permanente de la Iglesia del Evangelio, es decir, una respuesta convincente a la pregunta: ¿Cómo vivir? Por ello, más allá de la evangelización permanente, hoy es muy necesaria una nueva modalidad de testimonio cristiano, que sea capaz de hacerse escuchar por el mundo de hoy. Todo el mundo tiene necesidad del Evangelio, que está hecho para todos.
Cabe preguntarse: ¿cuál es el campo de los laicos cristianos en la evangelización y en el testimonio cristiano? La primera respuesta es ésta: los laicos son Iglesia y participan de la única misión de la Iglesia tanto en el seno de la comunidad eclesial como en el mundo, tanto en el orden espiritual como en el temporal.
Pero, ¿cuál de los dos campos es el específico de los laicos cristianos? El Concilio Vaticano II dio una respuesta clara afirmando que "el carácter secular es el propio y peculiar de los laicos". Los laicos cristianos tienen como vocación propia buscar el reino de Dios ocupándose de las realidades de este mundo y ordenándolas según Dios. Viven en el mundo, en todas y cada una de las profesiones y en las condiciones ordinarias de la familia y de la sociedad, que forman el tejido de su existencia. Los laicos cristianos reúnen la doble condición de ser miembros de la Iglesia y de vivir plenamente insertados en medio del mundo.
El trabajo primero e inmediato de los laicos es la realización de todas las virtualidades cristianas, escondidas, ciertamente, pero ya presentes y operantes en las realidades del mundo. Así, el campo propio de la actividad de los laicos cristianos como tales es el mundo amplio y complejo de la política, de la realidad social, de la economía, así como el de la familia, de la educación, de la cultura, del ocio, etc. Su identidad cristiana consiste en estar en el mundo sin ser del mundo.
Si esta es la vocación específica de los laicos cristianos, podemos preguntarnos: ¿se tiene conciencia de esta vocación? Hoy se observa en todo el mundo que los laicos cristianos tienen la tentación de dedicarse excesivamente a los servicios intraeclesiales, dejando su tarea específica de presencia cristiana en medio del mundo. Esta constatación es preocupante y hay que tomar conciencia de ello. Jesús pidió en la santa cena al Padre por sus discípulos: "No te pido que los saques del mundo".
† Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

Misa del Papa en Santa Marta - Iglesia de mártires

«Hoy la Iglesia es Iglesia de mártires». Y entre ellos están «nuestros hermanos degollados en la playa de Libia; el joven quemado vivo por sus compañeros por ser cristiano; los emigrantes que en alta mar fueron arrojados al mar por ser cristianos; los etíopes, asesinados por ser cristianos». Haciendo referencia a la historia del protomártir san Esteban, el Papa Francisco, en la misa que celebró el martes 21 de abril en la capilla de la Casa Santa Marta, recordó a los numerosos mártires de hoy: también aquellos de quienes no conocemos los nombres, que sufren en las cárceles o que son calumniados y perseguidos «por los numerosos sanedrines modernos» o, también, los que viven cada día «la fidelidad en su familia».
El Pontífice inició la homilía indicando precisamente lo que une a los numerosos mártires: son los que, explicó, «en la historia de la Iglesia dieron testimonio de Jesús» sin tener «necesidad de otros panes: para ellos era suficiente sólo Jesús, porque tenían fe en Jesús». Y «hoy —destacó— la Iglesia nos hace reflexionar y nos propone, en la liturgia de la Palabra, al primer mártir cristiano», san Esteban, de quien hablan los Hechos de los apóstoles (7, 51-8,1).
«Este hombre no tenía hambre, no tenía necesidad de hacer negociaciones, componendas con otros panes, para sobrevivir», afirmó el Papa. Y con este estilo «dio testimonio de Jesús» hasta el martirio. Ya «ayer —recordó refiriéndose a la liturgia de la Palabra del día anterior— la Iglesia comenzó a hablar de él: algunos de la sinagoga, los “libertos”, se pusieron de pie para discutir con Esteban pero no lograban resistir a la sabiduría y al espíritu con el que él hablaba». En efecto, explicó, «Esteban estaba lleno del Espíritu Santo y hablaba con la sabiduría del Espíritu: era fuerte». Y así estas personas «instigaron a algunos para que dijesen que lo habían escuchado pronunciar palabras contra Moisés y contra Dios, y dar un falso testimonio». Con estas acusaciones «levantaron al pueblo, a los ancianos, a los escribas: se abalanzaron sobre él, lo capturaron y lo llevaron ante el sanedrín».
«Es curioso» —destacó el Papa— cómo «la historia de Esteban» sigue «los mismos pasos de la historia de Jesús», es decir, el esquema de los «falsos testimonios» para «levantar al pueblo y llevarlo a juicio. Y hoy hemos escuchado cómo termina esta historia, porque Esteban en el sanedrín explica la doctrina de Jesús, hace una larga explicación». En realidad, sus acusadores «no querían escuchar, tenían el corazón cerrado». Así, «al final Esteban, con la fuerza del Espíritu, les dijo la verdad: “Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos”, es decir paganos, “no tenéis el corazón y los oídos de la fe en Dios”». Con ese «sois paganos, incircuncisos» Esteban precisamente «quiere decir eso». Y añadió: «Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo».
«Una de las características de la terquedad ante la Palabra de Dios» es, precisamente, la «resistencia al Espíritu Santo», explicó el Papa, repitiendo las palabras de Esteban: vosotros sois «como vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran?». Esteban «recuerda a muchos profetas que fueron perseguidos y asesinados por haber sido fieles a la Palabra de Dios». Luego, «cuando él confiesa su visión de Jesús, lo que Dios le hace ver en ese momento, estando él lleno del Espíritu Santo, ellos se escandalizaron y a gran voz dieron un grito estentóreo, se taparon los oídos». Y esto es un «buen signo», comentó el Papa, porque «no querían escuchar». Y así «se abalanzaron todos juntos sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo».
Y esta es siempre «la historia de los mártires», también «los del Antiguo Testamento, de los que hablaba Esteban en el sanedrín». La cuestión es que la «Palabra de Dios no siempre cae bien a algunos corazones; la Palabra de Dios molesta cuando tú tienes el corazón duro, cuando tu corazón es pagano, porque la Palabra de Dios te interpela a seguir adelante, buscando y dándote de comer con ese pan del cual hablaba Jesús».
«En la historia de la revelación» afirmó el Papa Francisco, hay «muchos mártires que fueron asesinados por ser fieles a la Palabra de Dios, a la verdad de Dios». Así, «el martirio de Esteban se asemeja mucho al sacrificio de Jesús». Y mientras lo lapidaban Esteban oraba diciendo: «Señor Jesús, recibe mi espíritu». Cómo no recordar lo que Jesús había dicho en la cruz: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». E, incluso, los Hechos de los Apóstoles nos relatan que Esteban «cayó de rodillas y gritó a gran voz: “Señor, no le tengas en cuenta este pecado”». De nuevo, Jesús había dicho: «Perdónales Señor, Padre: no saben lo que hacen». Aquí está toda «la magnanimidad cristiana del perdón, de la oración por los enemigos».
Pero «estos que perseguían a los profetas, estos que persiguieron y mataron a Esteban y a muchos mártires, estos –Jesús lo había dicho– creían que daban gloria a Dios, creían que» haciendo así, «eran fieles a la doctrina de Dios». Y, afirmó el Papa, «hoy quisiera recordar que la historia de la Iglesia, la verdadera historia de la Iglesia, es la historia de los santos y los mártires: los mártires perseguidos» y muchos también «asesinados por los que creían dar gloria a Dios, por los que creían poseer la verdad: corazón corrupto, pero la verdad».
También «en estos días ¡cuántos “Esteban” existen en el mundo!» exclamó el Papa. Y recordó historias recientes de persecuciones: «Pensemos en nuestros hermanos degollados en la playa de Libia; pensemos en el joven quemado vivo por sus compañeros por ser cristiano; pensemos en los emigrantes que en alta mar fueron arrojados al mar por los demás porque eran cristianos; pensemos –anteayer– en los etíopes, asesinados por ser cristianos». Y también, añadió, «en muchos otros que no conocemos, que sufren en las cárceles por ser cristianos».
Hoy, afirmó el Papa Francisco, «la Iglesia es Iglesia de mártires: ellos sufren, ellos dan la vida y nosotros recibimos la bendición de Dios por su testimonio». Y «están también los mártires ocultos, los hombres y las mujeres fieles a la fuerza del Espíritu Santo, a la voz del Espíritu, que abren camino, que buscan caminos nuevos para ayudar a los hermanos y amar mejor a Dios». Y por esta razón «son vistos con sospecha, calumniados, perseguidos por muchos sanedrines modernos que se creen dueños de la verdad». Hoy, dijo el Pontífice, hay «muchos mártires ocultos» y entre ellos existen muchos «que por ser fieles en su familia sufren mucho por fidelidad».
«Nuestra Iglesia es Iglesia de mártires» reafirmó el Papa Francisco antes de proseguir con la celebración, durante la cual, dijo, «vendrá a nosotros “el primer mártir”, el primero que dio testimonio y, más aún, salvación para todos nosotros». Así, pues, exhortó el Papa, «unámonos a Jesús en la Eucaristía, y unámonos a los numerosos hermanos y hermanas que sufren el martirio de la persecución, de la calumnia y del asesinato por ser fieles al único pan que sacia, es decir, a Jesús».