lunes, 23 de febrero de 2015

Decálogo Cuaresmal del Papa Francisco

1.– El itinerario cuaresmal de cuarenta días que nos conducirá al Triduo pascual, memoria de la pasión, muerte y resurrección del Señor, corazón del misterio de nuestra salvación.

2.- La Cuaresma nos prepara para este momento tan importante, por ello es un tiempo «fuerte», un momento decisivo que puede favorecer en cada uno de nosotros el cambio, la conversión.

3.- Todos nosotros necesitamos mejorar, cambiar para mejor. La Cuaresma nos ayuda y así salimos de las costumbres cansadas y de la negligente adicción al mal que nos acecha.

4.- La consciencia de las maravillas que el Señor actuó para nuestra salvación dispone nuestra mente y nuestro corazón a una actitud de gratitud hacia Dios, por lo que Él nos ha dona-do, por todo lo que realiza en favor de su pueblo y de toda la humanidad.

5.- De aquí parte nuestra con-versión: la respuesta agradecida al misterio estupendo del amor de Dios. Cuando vemos este amor que Dios tiene por nosotros, sentimos ganas de acercar-nos a Él: esto es la conversión.

7.- La Cuaresma llega a nosotros como tiempo providencial para cambiar de rumbo, para recuperar la capacidad de reaccionar ante la realidad del mal que siempre nos desafía.

8.- Acción de gracias a Dios por el misterio de su amor crucificado; fe auténtica, conversión y apertura del corazón a los hermanos: son elementos esenciales para vivir el tiempo de Cuaresma.

9.- La Cuaresma es para vivirla como tiempo de conversión, de renovación personal y comunitaria mediante el acercamiento a Dios y la adhesión confiada al Evangelio. De este modo nos permite también mirar con ojos nuevos a los hermanos y sus necesidades.


10.– La Cuaresma es un momento favorable para convertirse al amor a Dios y al prójimo; un amor que sepa hacer propia la actitud de gratuidad y de misericordia del Señor, que «se hizo pobre para enrique-cernos con su pobreza». 

domingo, 22 de febrero de 2015

"Volver con todo el corazón a Dios"

Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!
El miércoles pasado, con el rito de las Cenizas, ha comenzado la Cuaresma y hoy es el primer domingo de este tiempo litúrgico que se refiere a los cuarenta días transcurridos por Jesús en el desierto, después del bautismo en el río Jordán. San Marcos escribe en el Evangelio de hoy: “En seguida el Espíritu lo llevó al desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado porSatanás. Vivía entre las fieras y los ángeles lo servían” (1, 12-13). Con estas pocas palabras el evangelista describe la prueba afrontada voluntariamente por Jesús, antes de iniciar su misión mesiánica. Es una prueba de la cual el Señor sale victorioso y que lo prepara a anunciar el Evangelio del Reino de Dios. Él, en aquellos cuarenta días de soledad, enfrentó a Satanás “cuerpo a cuerpo”, desenmascaró sus tentaciones y lo venció. Y en Él hemos vencido todos, pero nos toca a nosotros proteger en nuestro cotidiano esta victoria.
La Iglesia nos hace recordar tal misterio al comienzo de la Cuaresma, porque ello nos da la perspectiva y el sentido de este tiempo, que es tiempo de lucha – en la Cuaresma se debe luchar – un tiempo de lucha espiritual contra el espíritu del mal (cfr Oración colecta del Miércoles de Cenizas). Y mientras atravesamos el ‘desierto’ cuaresmal, tenemos la mirada dirigida hacia la Pascua, que es la victoria definitiva de Jesús contra el Maligno, contra el pecado y contra la muerte. He aquí entonces el significado de este primer domingo de Cuaresma: volver decididamente al camino de Jesús, el camino que conduce a la vida. Mirar a Jesús, qué ha hecho Jesús e ir con Él.
Y este camino de Jesús pasa a través del desierto. El desierto es el lugar en el cual se puede escuchar la palabra de Dios y la voz del tentador. En el rumor, en la confusión, esto no se puede hacer; se escuchan sólo las voces superficiales. En cambio, en el desierto, podemos bajar en profundidad, donde se juega verdaderamente nuestro destino, la vida o la muerte. ¿Y cómo escuchamos la voz de Dios? La escuchamos en su Palabra. Por esto es importante conocer las Escrituras, porque de otra manera no sabemos responder a las insidias del Maligno. Y aquí quisiera volver a mi consejo de leer cada día el Evangelio: cada día leer el Evangelio, meditarlo un poquito, diez minutos; y llevarlo también siempre con nosotros: en el bolsillo, en la cartera… Tener siempre el Evangelio a mano. El desierto cuaresmal nos ayuda a decir no a la mundanidad, a los ‘ídolos’, nos ayuda a hacer elecciones valientes conformes al Evangelio y a reforzar la solidaridad con los hermanos.
Entonces, entremos en el desierto sin miedo, porque no estamos solos: estamos con Jesús, con el Padre y con el Espíritu Santo. Es más, como fue para Jesús, es precisamente el Espíritu Santo que nos guía en el camino cuaresmal, aquel mismo Espíritu descendido sobre Jesús y que nos ha sido donado en el Bautismo. La Cuaresma, por lo tanto, es un tiempo propicio que debe conducirnos a tomar siempre más conciencia de cuánto el Espíritu Santo, recibido en el Bautismo, ha obrado y puede obrar en nosotros. Y al final del itinerario cuaresmal, en la Vigilia Pascual, podremos renovar con mayor conciencia la alianza bautismal y los compromisos que de ella derivan.
La Virgen Santa, modelo de docilidad al Espíritu, nos ayude a dejarnos conducir por Él, que quiere hacer de cada uno de nosotros una “nueva creatura”.
A Ella confío en particular, esta semana de Ejercicios Espirituales que iniciará esta tarde y en la cual tomaré parte junto con mis colaboradores de la Curia Romana.  Recen para que en este ‘desierto’ que son los Ejercicios podamos escuchar la voz de Jesús y también corregirtantos defectos que todos nosotros tenemos, y hacer frente a las tentaciones que cada día nos atacan. Les pido, por lo tanto, que nos acompañen con su oración.
(Traducción del italiano: María Cecilia Mutual – RV)

DEJÁNDOSE TENTAR POR SATANÁS.

Ayer por la tarde estaba uno de los vicarios parroquiales preparando la homilía de hoy y, entre bautizo y bautizo, le dije: “Quién hable mañana de las tentaciones de convertir las piedras en pan, de tirarse del cenáculo o adorar a quien no sea Dios, no se ha preparado la homilía de este año.” Leemos el evangelio de las tentaciones en San Marcos, es muy escueto respecto a las tentaciones, no las enumera ni especifica, simplemente dice: “Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás.” No puede ser la homilía de los otros ciclos litúrgicos . la misma que haremos el año que viene al comenzar la cuaresma, es la de este año, cuando Dios llama a tu corazón.
El salmo de hoy nos dice (y esto se lo copio al coadjutor), “enseña el camino a los pecadores”. En el padrenuestro diremos: “No nos dejes caer en la tentación.” No hay que tener miedo a ser tentados. Podemos tener la tentación (nunca vino mejor esta palabra), de pensar que el cristiano perfecto, el bueno, el de auténtica caché es el que no tiene tentaciones. Es una especie de estatua de mármol, impasible ante lo que pasa sobre él o sucede sobre él. Da igual que pase por delante de una estatua una horda de caníbales o que le des un martillazo: La estatua no se inmuta. Dios no tiene buena relación con los impávidos, con aquellos que son indiferentes al mundo que les rodea o se aíslan en su burbuja. Si el Hijo de Dios se ha encarnado es para vivir nuestra vida, con sus tentaciones y sus bendiciones. El tener tentaciones no es signo de ser mal cristiano. Hay tentaciones burdas, groseras, vastas…, si caemos en ellas significa que todavía tenemos que afinar más en el amor a Dios y a los demás. Pero no te extrañe que cuanto más cerca estés de Dios tengas más tentaciones, mucho más sutiles pero mucho más abundantes. El afán de protagonismo, la soberbia encubierta, la falsa humildad, el juicio sobre los demás, la prepotencia…, seguirán apareciendo día tras día, jornada tras jornada. Sin duda el afinar el alma nos hace darnos cuenta de las tentaciones con las que antes convivíamos con naturalidad y ahora nos damos cuenta de su origen, y nos duelen.
Las tentaciones nos pueden hacer pensar que Dios no nos quiere suficiente, siempre nos tiene a prueba a ver si nos hace caer…, pero no es así. Si desbordante fue el pecado más desbordante fue la gracia. Mira al cielo, mira el arco iris que entre las nubes nos descubre los rayos del sol aunque encima tengamos la borrasca. En las tentaciones volvemos a escuchar las palabras de Dios a Noé: “Hago un pacto con vosotros: el diluvio no volverá a destruir la vida, ni habrá otro diluvio que devaste la tierra”. No habrá nada ni nadie que pueda romper esa alianza de Dios con su Iglesia y contigo si confías en la alianza de Dios, en la fuerza de Dios en ti.
“Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.” Después de ser tentado Jesús no se marcha a llorar a su casa pensando en su debilidad, comienza a predicar, a anunciar la conversión. Cuando te sientas tentado no tengas miedo de tu debilidad sino confía en la fortaleza de Dios y te servirán los ángeles. Te lo aseguro. Las caricias de Dios se dan en la tentación y cuando en la caída nos levantamos. No es momento de hundirse por nuestra debilidad, es tiempo de levantarse desde las cenizas que recibimos el miércoles pasado para decir Cristo ha vencido… y yo soy de Cristo.

La Virgen nos ayuda a mirar a los ojos a la tentación, a las alimañas, al pecado…y elegir la mirada de Cristo. Convertíos y creed en el Evangelio.
Archidiócesis de Madrid

sábado, 21 de febrero de 2015

Jorge Bergoglio... ¿quién es ese cardenal venido desde lejos?

Hoy se cumplen 14 años de su creación como cardenal por mano de Juan Pablo II: "Cada ascenso entraña un descenso: hay que descender para servir mejor", dijo entonces

Hoy 21 de febrero se cumplen justamente 14 años del consistorio en el que el entonces monseñor Jorge Mario Bergoglio fue creado cardenal por el papa Juan Pablo II.
 
Desde ese momento, la opinión pública empezó a preguntarse quién era ese ‘cardenal venido desde lejos y que no ama el trato principesco’ designado a los purpurados de la época.

El sacerdote y poeta Juan de la Cruz decía en el mil quinientos: “El alma que está enamorada de Dios es un alma gentil, humilde y paciente”. Y es esa idiosincrasia la que acompaña la vida de Jorge Bergoglio como peregrino, pastor, Papa y hombre hasta nuestros días. 
 
Antes del consistorio de su creación como purpurado, el futuro Papa era más conocido en el ámbito latinoamericano, pero ahora la birreta lo ponía bajo observación mundial como candidato a Pontífice. De hecho, en el año 2005 quedó segundo después de Ratzinger en la sucesión de Pedro.  
 
Para el Consistorio de febrero de 2001, Bergoglio no quiso ser acompañado por nadie desde Buenos Aíres e invitó a sus amigos a que el dinero que se gastarían en el billete de avión lo donaran a los pobres o a obras de caridad. Después del cónclave de 2013 hizo lo mismo.
 
Esquivo y conciso, el jesuita no concedió entrevistas por doquier, comentando la noticia de su inminente creación. Dijo: “Ser cardenales significa una mayor cercanía al Papa y a un servicio a la Iglesia universal. Estoy absolutamente seguro que se trata de una atención especial y un afecto particular del Papa hacia la sede de Buenos Aires”. 
 
En la única entrevista concedida antes de ser cardenal a Elisabetta Piqué, corresponsal en Italia de La Nación, Bergoglio cuenta cómo estaba viviendo esa espera.

“Yo lo vivo religiosamente. Es decir, rezo, hablo con el Señor, pido por la diócesis, y no lo vivo como haber llegado a algo. Según los criterios del Evangelio, cada ascenso entraña un descenso: hay que descender para servir mejor. Y quiero tomar esto con ese espíritu de servicio”, reveló.
 
Otro detalle que llamó la atención ha sido que el cardenal Bergogliono compró vestidos nuevos para tan prestigioso momento. Como buen religioso que se respete, atento al voto de pobreza, mandó arreglar el de su antecesor, Antonio Quarracino, muerto en 1998. Por lo demás, se dice que aún hoy usa la misma mitra desde su ordenación como sacerdote.
 

La tradición dice que después del consistorio, todo nuevo cardenal tenga encuentros con familiares, amigos y fieles. Tras la ceremonia, el cardenal Bergoglio recibió efusivamente y con atención particular a cada persona, sin contar quién fuera, era suficiente estar allí como fiel. No aceptó ninguna fiesta u homenaje, ni siquiera cuando regresó a Buenos Aires. Austeridad total.
 

En ese consistorio también se marcó otro hito. El papa Juan Pablo II creó 42 cardenales, un número jamás visto en la historia de la Iglesia, sumando al colegio de purpurados 11 electores de América Latina y nombres internacionales como Kasper (Alemania), Rodríguez Maradiaga (Honduras), Hummes (Brasil), Mejía (Argentina), Re (Italia), entre otros.
 
Como menciona Il Sismografo, el blog de los vaticanistas, el papa Wojtyla había hecho el anuncio de los nombres de los futuros cardenales en dos ocasiones: en el Ángelus del 21 de enero, y luego, una semana después en el Ángelus del 28 de enero. En 9 consistorios, el futuro santo creó 231 cardenales de 69 diversos países y el del 2001 fue el penúltimo consistorio, que dio la birreta a monseñor Bergoglio. 
 ALETEIA


EMPUJADOS AL DESIERTO. José Antonio Pagola

Mc 1, 12-15

Marcos presenta la escena de Jesús en el desierto como un resumen de su vida. Señalo algunasclaves. Según el evangelista, «el Espíritu empuja a Jesús al desierto». No es una iniciativa suya. Es el Espíritu de Dios el que lo desplaza hasta colocarlo en el desierto: la vida de Jesús no va a ser un camino de éxito fácil; más bien le esperan pruebas, inseguridad y amenazas.

Pero el «desierto» es, al mismo tiempo, el mejor lugar para escuchar, en silencio y soledad, la voz de Dios. El lugar al que hay que volver en tiempos de crisis para abrirle caminos al Señor en el corazón del pueblo. Así se pensaba en la época de Jesús.

En el desierto, Jesús «es tentado por Satanás». Nada se dice del contenido de las tentaciones. Solo que provienen de «Satanás», el Adversario que busca la ruina del ser humano destruyendo el plan de Dios. Ya no volverá a aparecer en todo el evangelio de Marcos. Jesús lo ve actuando en todos aquellos que lo quieren desviar de su misión, incluido Pedro.

El breve relato termina con dos imágenes en fuerte contraste: Jesús «vive entre fieras», pero «los ángeles le sirven». Las «fieras», los seres más violentos de la creación, evocan los peligros que amenazarán siempre a Jesús y su proyecto. Los «ángeles», los seres más buenos de la creación, evocan la cercanía de Dios que bendice, cuida y defiende a Jesús y su misión.

El cristianismo está viviendo momentos difíciles. Siguiendo los estudios sociológicos, nosotros hablamos de crisis, secularización, rechazo por parte del mundo moderno... Pero tal vez, desde una lectura de fe, hemos de decir algo más: ¿No será Dios quien nos está empujando a este «desierto»? ¿No necesitábamos algo de esto para liberarnos de tanta vanagloria, poder mundano, vanidad y falsos éxitos acumulados inconscientemente durante tantos siglos? Nunca habríamos elegido nosotros estos caminos.

Esta experiencia de desierto, que irá creciendo en los próximos años, es un tiempo inesperado de gracia y purificación que hemos de agradecer a Dios. Él seguirá cuidando su proyecto. Solo se nos pide rechazar con lucidez las tentaciones que nos pueden desviar una vez más de la conversión a Jesucristo.

José Antonio Pagola

Jamás usar a Dios para cubrir la injusticia

Los cristianos, especialmente en Cuaresma, están llamados a vivir coherentemente el amor a Dios y el amor al próximo. Es uno de los pasajes de la homilía que el Papa Francisco pronunció
durante la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice puso en guardia contra quien envía dinero a la Iglesia y después se comporta injustamente con sus empleados.
El Papa comenzó su meditación partiendo del pasaje de Isaías de la primera Lectura, subrayando que es necesario distinguir entre “lo formal y lo real”. Y observó que para el Señor “no es ayuno no comer carne” pero después “pelear y explotar a los obreros”. “He aquí porqué – dijo – Jesús ha condenado a los fariseos porque cumplían “tantas observancias exteriores, pero sin la verdad del corazón”.

El amor a Dios y al hombre están unidos, hacer penitencia real

El ayuno que quiere Jesús, en cambio, es el que suelta las cadenas injustas, deja libres a los oprimidos, viste a los desnudos y hace justicia. “Éste  – reafirmó el Papa – es el ayuno verdadero, el ayuno que no es sólo exterior, una observancia externa, sino que es el ayuno que viene del corazón”:
“Y en las tablas de la ley está la ley hacia Dios y la ley hacia el próximo y ambas van juntas. Yo no puedo decir: ‘Pero, no, yo cumplo los tres primeros mandamientos… y los otros más o menos’. No, si tú no haces estos, eso no puedes hacerlo y si tú haces estos, debes hacer esto. Están unidos: el amor a Dios y el amor al prójimo son una unidad y si tú quieres hacer penitencia, real no formal, debes hacerla ante Dios y también con tu hermano, con el prójimo”.

Pecado gravísimo usar a Dios para cubrir la injusticia

Se puede tener tanta fe – prosiguió diciendo el Papa – pero, como dice el Apóstol Santiago, si “no haces obras está muerta, para qué sirve”. De este modo, a quien va a Misa todos los domingos y toma la comunión, se le puede preguntar: “¿Y cómo es tu relación con tus empleados? ¿Les pagas en negro? ¿Les pagas el salario justo? ¿También depositas las contribuciones para la jubilación y para el seguro sanitario?”:
“Cuántos, cuántos hombres y mujeres de fe, tienen fe pero dividen las tablas de la ley: ‘Sí, sí yo hago esto’ – ‘¿Pero tú das la limosna?’ – ‘Sí, sí, siempre envío un cheque a la Iglesia – ‘Ah, bien, está bien. Pero en tu Iglesia, en tu casa, con aquellos que dependen de ti – ya sean hijos, o abuelos, o empleados – ¿eres generoso, eres justo?’. Tú no puedes hacer ofertas a la Iglesia sobre los hombros de la injusticia que haces con tus empleados. Este es un pecado gravísimo: es usar a Dios para cubrir la injusticia”.
“Y esto – explicó el Santo Padre  – es lo que el profeta Isaías, en nombre del Señor, hoy nos hace entender”: “No es un buen cristiano el que no hace justicia con las personas que dependen de él”. Y no es un buen cristiano – añadió el Papa – “el que no se priva de algo necesario, para dar a otro que tenga necesidad”. El camino de la Cuaresma – dijo también el Papa – “es éste, es doble, a Dios y al prójimo: es decir, es real, no es meramente formal. No es sólo no comer carne el viernes, hacer alguna cosita y después hacer crecer el egoísmo, la explotación del prójimo, ignorar a los pobres”.
El Papa relató que hay quien si tiene necesidad de curarse va al hospital y dado que tiene un seguro de salud, es visitado inmediatamente. “Es una cosa buena – comentó el  Papa –, da gracias al Señor. Pero  dime, ¿has pensado en aquellos que no tienen esta relación social con el hospital y cuando llegan deben esperar seis, siete u ocho horas, incluso por una cosa urgente?”.

En Cuaresma, hagamos espacio en el corazón para quien se ha equivocado

Y hay gente aquí, en Roma – advirtió Francisco – que vive así y la Cuaresma sirve “para pensar en ellos: ¿qué puedo hacer por los niños, por los ancianos, que no tienen la posibilidad de ser visitados por un médico?”, que tal vez esperan “ocho horas y después te dan el turno para la semana siguiente”.
“¿Qué haces por aquella gente? ¿Cómo será tu Cuaresma?” – preguntó el Santo Padre –. “Gracias a Dios yo tengo una familia que cumple los mandamientos, no tenemos problemas…” – “Pero en esta Cuaresma  – se preguntó una vez más el  Papa –  ¿en tu corazón hay lugar para aquellos que no han cumplido con los mandamientos? ¿Qué se han equivocado y están en la cárcel?”:
“‘Pero con aquella gente yo no…’  –  ‘Pero tú, él está en la cárcel: si tú no estás en la cárcel es porque el Señor te ha ayudado a no caer. ¿En tu corazón tienen lugar los encarcelados? ¿Tú rezar por ellos, para que el Señor los ayude a cambiar de vida?’ Acompaña, Señor, nuestro camino cuaresmal para que la observancia exterior corresponda a una profunda renovación del Espíritu. Así hemos rezado. Que el Señor nos dé esta gracia”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).

viernes, 20 de febrero de 2015

Servir a Dios y no a quien nos ofrece cosas sin valor, pidió el Papa

En cada circunstancia de la vida, el cristiano debe elegir a Dios y no dejarse desviar por hábitos que lo llevan lejos de Él. Lo afirmó el Papa Francisco al comentar las lecturas del día durante la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

Elegir a Dios, elegir el bien, para no ser un fracasado con éxito. Elogiado sí, por la masa pero al final sólo un adorador de “pequeñas cositas que pasan”. En el centro de la liturgia y, por tanto, de la reflexión del Papa, se destaca el pasaje de la Biblia en que Dios dice a Moisés: “Mira, yo pongo hoy ante ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Hoy, por tanto, yo te mando que ames al Señor, tu Dios, que camines por sus caminos”.

Seguidores de dioses que no cuentan

La elección de Moisés – afirmó Francisco – es la que el cristiano debe hacer cada día. Y es una elección difícil. “Es más fácil  – reconoció el Papa  – vivir dejándose llevar por la inercia de la vida, de las situaciones, de las costumbres”. Es más fácil, en el fondo, convertirse en servidor de “otros dioses”:
“Elegir entre Dios y los otros dioses, aquellos que no tienen el poder de darnos nada, sólo pequeñas cositas que pasan. Y no es fácil elegir, nosotros tenemos siempre esta costumbre de ir un poco donde va la gente, un poco como todos. Como todos. Todos y nadie. Y hoy la Iglesia nos dice: ‘Pero, ¡detente! Detente y elige’. Es un buen consejo. Y hoy nos hará bien detenernos y durante la jornada pensar un poco: ¿cómo es mi estilo de vida? ¿Por cuáles calles camino?”.

Monumento a los fracasados

Y junto a esta pregunta, excavar más a fondo – prosiguió diciendo el Papa Bergoglio – y preguntarnos  también cuál es nuestra relación con Dios, con Jesús. La relación con los padres, los hermanos, la esposa o el marido, los hijos. A continuación, el Santo Padre pasó a considerar el Evangelio del día, cuando Jesús explica a los discípulos que un hombre “que gana el mundo entero, pero pierde o se arruina a sí mismo” no obtiene ninguna “ventaja”:
“Un camino equivocado es el de buscar siempre el propio éxito, los propios bienes, sin pensar en el Señor, sin pensar en la familia. Estas dos preguntas: ¿cómo es mi relación con Dios, cómo es mi relación con la familia? Y uno puede ganar todo, pero al final, convertirse en un fracasado. Ha fracasado. Esa vida es un fracaso. ‘Pero no, le han hecho un monumento, le han pintado un cuadro…”. Pero has fracasado: no has sabido elegir bien entre la vida y la muerte”.

No elegimos solos

Preguntémonos – insistió el Papa – cuál es “la velocidad de mi vida”, si “reflexiono sobre las cosas que hago”. Y pidamos a Dios la gracia de tener ese “pequeño valor” necesario para elegirlo cada vez. Nos ayudará –  concluyó Francisco –  el “consejo tan bello” del Salmo 1:
“Bienaventurado el hombre que confía en el Señor”. Cuando el Señor nos da este consejo  – ‘¡Detente! Elige hoy, elige – no nos deja solos. Está con nosotros y quiere ayudarnos. Sólo nosotros debemos confiar, tener confianza en Él. ‘Bienaventurado el hombre que confía en el Señor’. Hoy, en el momento en que nosotros nos detenemos a pensar en estas cosas y tomar decisiones, elegir algo, sabemos que el Señor está con nosotros, está junto a nosotros, para ayudarnos. Jamás nos deja ir solos, jamás. Está siempre con nosotros. También en el momento de la elección está con nosotros”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).

jueves, 19 de febrero de 2015

El Arzobispo de Madrid recuerda que “Cuaresma es un tiempo impresionante para mantener la lozanía de la vida y vivir la gracia del Señor”

El Arzobispo de Madrid, Mons. Carlos Osoro Sierra, presidió ayer una solemne Eucaristía en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena con motivo del inicio del tiempo litúrgico de Cuaresma.  

“Qué maravilla, dijo Mons. Osoro al comienzo de su homilía, poder comenzar este itinerario cuaresmal con esta orientación que la Palabra del Señor nos regala a todos nosotros, que se manifiesta fundamentalmente en tres direcciones”. En primer lugar, “el Señor nos hace descubrir que tenemos que mantener la lozanía de la vida, y que ésta solamente se puede mantener orientando nuestra vida y dejándonos alcanzar por ese amor misericordioso de Dios que nos está llamando a una conversión sincera y profunda... Mantener la lozanía de la vida. De la vida verdadera. El Señor nos da una oportunidad impresionante en este comienzo del itinerario cuaresmal. En este Miércoles de Ceniza se acerca a nosotros para decirnos, como nos ha dicho el Papa Francisco, que nos dejemos amar por Dios, que el amor de Dios sea el que ocupe nuestro corazón, que la lozanía de la vida sólo se puede sostener y mantener -para nosotros y para los demás- si vivimos de ese amor de Dios, incondicional, que se quiere acercar a todos los hombres. Mantengamos esa lozanía de la vida en Cristo, que en el fondo es vivir en la alegría que nos da la versión que entra en nuestra vida cuando dejamos que ésta sea ocupada por Dios mismo, por ese amor entrañable manifestado en Jesucristo Nuestro Señor”. 

En segundo lugar, “acojamos la petición que nos hace el Señor” en la segunda lectura, “y que engendra esperanza”: reconciliaos con Dios. “Aceptemos, acojamos esta petición que engendra esperanza en nuestra vida. Es posible vivir la versión que Jesucristo nos regala y nos entrega, y lo hacemos con su gracia, esa que el Señor nos regala en el sacramento de la Penitencia” y “en la Eucaristía. Sí, esa gracia que el Señor acerca a nuestra vida siempre”. Cuaresma, prosiguió, “es tiempo favorable” y “oportuno” para “acoger esta petición del Señor que engendra esperanza en nosotros y en quienes nos rodean si vivimos de esa gracia que el Señor nos dio dándonos su vida por el bautismo, pero que a menudo estropeamos, y que es necesario volver a recuperar” a través del “sacramento de la reconciliación, y alimentándonos de la Eucaristía, del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Si queremos tener su vida, si queremos crecer siempre en esa vida, alimentémonos de Él”. 


En tercer lugar, apuntó, “el Señor nos ha dicho que utilicemos las armas que Él nos da” y que son la limosna, la oración y el ayuno. En cuanto a la limosna, exhortó a “hacer participes a los demás de todo lo que tenemos”, respecto a la oración, invitó a “mantener un diálogo abierto, sincero, con el Señor, escuchando su Palabra, recomponiendo nuestra vida siempre desde su Palabra, dejando que el Señor nos hable, poniéndose en disposición de que el Señor nos ame… Dejemos que el Señor nos dé un abrazo y nos quiera, dejémonos abrazar por Dios, dialoguemos con el Señor”. Sobre el ayuno, animó a recordar que Jesús “es el tesoro verdadero”. “El corazón del hombre, explicó, siempre tiene un tesoro. El problema está en qué tesoro metemos en nuestro corazón. Y es necesario que el ayuno no recuerde que nuestro tesoro es Jesucristo Nuestro Señor”. “Estas armas, afirmó, son las que el Señor nos entrega para vivir la lozanía de la vida, para acoger esta petición de que vivamos de su gracia y reconciliados con Él, en amistad sincera con Él, que es lo que engendra esperanza en nuestra vida. Vivamos con estas armas”. 

Conversión a Jesucristo es “volver la vida a Dios, tal y como nos enseña Jesucristo. Escuchemos y meditemos su palabra, hagamos confesión sincera… Esta conversión significa eliminar ídolos”. En cuanto a la conversión a su discipulado, recordó las palabras del Señor, “nadie llega al Padre si no por mí”. Y lo “que nos recordaba el Papa Benedicto XVI: no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o por una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con la persona del Señor. Él es el que nos da un horizonte absolutamente nuevo, diferente, distinto, y nos da una orientación decisiva en la vida”. Respecto a la conversión a la fraternidad y a la comunidad, manifestó que “es constitutivo del encuentro con Jesucristo el crear fraternidad”, por lo que exhortó a no ser “hombres y mujeres de ruptura, de división, de crítica, de desapego de los demás, de eliminar personas de nuestro lado; no hagamos grupos autorreferenciales... La vida está en Cristo, en su iglesia, de la que somos parte todos. La entrega a Dios no es verdadera, y se contradice directa y gravemente, si no es fraterna y comunitaria, porque la única referencia es Cristo… Y esto es lo que construye la Iglesia del Señor”. Por último, invitó a una “conversión misionera y social”, ya que “dar a conocer al Señor es el mejor regalo que podemos hacer a los hombres… Del encuentro con Cristo surge siempre la fascinación. Por eso vamos tras Él, y por eso seguimos sus huellas y sus pasos, y por eso salimos en búsqueda de todos los hombres. Y del encuentro no solamente surge la fascinación, surge la admiración por el Señor. Y en esta admiración está la raíz de una Iglesia que evangeliza atrayendo, como lo hizo el Señor con los discípulos de Emaús”. “Conversión a la misión. Conversión a cambiar el corazón del ser humano, para que lo que existe lo pongamos al servicio de todos”. Algo que, explicó “haremos si somos discípulos misioneros, si nos dejamos fascinar y entramos en la admiración hacia el Señor. Y si hacemos, con obras verdaderas, aquello en Aquel en quien creemos. Nos lo ha dicho el Señor: ‘por sus obras me conoceréis’”. 

Cuaresma, concluyó, “es un tiempo de gracia, un tiempo impresionante para mantener la lozanía de la vida, para acoger la petición que nos ha hecho el Señor de vivir de su gracia y para dar un vuelco a la vida utilizando estas armas que el Señor nos ha regalado hoy en el Evangelio. Hagamos estas conversiones e invitemos a que con nosotros vengan otras gentes, otros hombres y mujeres, para hacer este itinerario cuaresmal”.

Benedicto XVI, Homilía, Miércoles de Ceniza

Hoy, Miércoles de Ceniza, comenzamos un nuevo camino cuaresmal, un camino que se extiende por cuarenta días y nos conduce al gozo de la Pascua del Señor, a la victoria de la vida sobre la muerte. [...]

Las lecturas que han sido proclamadas nos ofrecen algunos puntos que, con la gracia de Dios, estamos llamados a convertirlos en actitudes y comportamientos concretos en esta cuaresma. La Iglesia nos propone de nuevo, en primer lugar, la vehemente llamada que el profeta Joel dirige al pueblo de Israel: «Así dice el Señor: convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto» (2,12). Hay que subrayar la expresión «de todo corazón», que significa desde el centro de nuestros pensamientos y sentimientos, desde la raíz de nuestras decisiones, elecciones y acciones, con un gesto de total y radical libertad. ¿Pero, es posible este retorno a Dios? Sí, porque existe una fuerza que no reside en nuestro corazón, sino que brota del mismo corazón de Dios. Es la fuerza de su misericordia. […]

En el texto del Evangelio de Mateo, que pertenece al denominado Sermón de la Montaña, Jesús se refiere a tres prácticas fundamentales previstas por la ley mosaica: la limosna, la oración y el ayuno; son también indicaciones tradicionales en el camino cuaresmal para responder a la invitación de «retornar a Dios con todo el corazón». Pero lo que Jesús subraya es que lo que caracteriza la autenticidad de todo gesto religioso es la calidad y la verdad de la relación con Dios. Por esto denuncia la hipocresía religiosa, el comportamiento que quiere aparentar, las actitudes que buscan el aplauso y la aprobación. El verdadero discípulo no sirve a sí mismo o al “público”, sino a su Señor, en la sencillez y en la generosidad: «Y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará» (Mt 6, 4.6.18). Nuestro testimonio, entonces, será más eficaz cuanto menos busquemos nuestra propia gloria y seamos conscientes de que la recompensa del justo es Dios mismo, el estar unidos a él, aquí abajo, en el camino de la fe, y al final de la vida, en la paz y en la luz del encuentro cara a cara con él para siempre (cf. 1 Cor 13,12).

Benedicto XVI, Homilía, Miércoles de Ceniza, 13 de febrero de 2013

Un Centro Teresiano en Villanueva de la Jara, inspirado en Las Moradas de Santa Teresa.

miércoles, 18 de febrero de 2015

El Papa: 'pidamos el don de las lágrimas para una oración auténtica y sin hipocresía

Nos hará bien, al inicio de esta Cuaresma, a todos, pero especialmente a los sacerdotes, el don de las lágrimas, para hacer nuestra oración y nuestro camino de conversión cada vez más auténtico y sin hipocresía. Nos hará bien hacernos la pregunta, ¿yo lloro? ¿el Papa llora? ¿los cardenales lloran? ¿los obispos lloran? ¿los consagrados lloran? ¿el llanto está en nuestras oraciones? Ésta ha sido la invitación del santo padre Francisco durante la celebración eucarística del Miércoles de Ceniza. Además, ha advertido que “los hipócritas no saben llorar, han olvidado cómo se llora. No piden el don de las lágrimas”.
En su homilía, el Pontífice ha recordado que hoy se comienza la Cuaresma, “tiempo en el que tratamos de unirnos más estrechamente al Señor Jesucristo, para compartir el misterio de su Pasión y su Resurrección”.
Asimismo ha señalado que la liturgia de este día propone el pasaje del profeta Joel, enviado por Dios a llamar al pueblo a la penitencia y a la conversión, por una calamidad que devasta Judea. “Solo el Señor puede salvar del flagelo y es necesario suplicarle con oraciones y ayunos, confesando el propio pecado”, ha afirmado. El profeta habla de conversión interior, “volved a mí con todo el corazón”. Por eso, Francisco ha explicado que “volver al Señor con todo el corazón significa emprender un camino de una conversión no superficial y transitoria, sino un itinerario espiritual que se refiere al lugar más íntimo de nuestra persona”. El corazón --ha observado-- es la sede de nuestros sentimientos, el centro en el que maduran nuestros elecciones, nuestras actitudes. Y ese “volved a mí con todo el corazón” no afecta solamente a los individuos, sino que se extiende a toda la comunidad, ha especificado el Papa.
Haciendo referencia al Evangelio de hoy, el Pontífice ha explicado que “Jesús relee las tres obras de piedad previstas por la ley de Moisés: la limosna, la oración y el ayuno”.
A propósito, el Papa ha recordado que con el tiempo estas disposiciones se habían visto arruinadas por el formalismo exterior o incluso se habían convertido en un signo de superioridad social. Y por eso Jesús subraya una tentación común a estas tres obras, que se puede resumir precisamente en la hipocresía.
De este modo, el Papa ha observado que cuando se realiza algo bueno, casi instintivamente nace en nosotros el deseo de ser estimados y admirados por esta buena acción. “Jesús nos invita a cumplir estas obras sin ninguna ostentación, y a confiar únicamente en la recompensa del Padre que ve en lo secreto”, ha recordado.
A continuación, el Santo Padre ha insistido en que el Señor “no se cansa nunca de tener misericordia de nosotros, y quiere ofrecernos una vez más su perdón, todos lo necesitamos, invitándonos a volver a Él con un corazón nuevo, purificado del mal, purificado por las lágrimas, para participar de su alegría”.
Para saber cómo acoger esta invitación, ha señalado el Papa, san Pablo en la segunda lectura de hoy hace una sugerencia: “En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios”. Este esfuerzo de conversión --ha añadido-- no es solamente una obra humana.
Así, el Papa ha asegurado que la reconciliación entre Dios y nosotros es posible gracias a la misericordia del Padre que, por amor a nosotros, no dudó en sacrificar a su Hijo.“En Él podemos convertirnos en justos, en Él podemos cambiar, si acogemos la gracia de Dios y no dejamos pasar en vano el momento favorable”, ha indicado.
Por otro lado, ha pedido que María Inmaculada nos sostenga en nuestro combate espiritual contra el pecado, “nos acompañe en este momento favorable, para que podamos llegar y cantar juntos la exultación de la victoria en la Pascua de la Resurreción”.

Finalmente, sobre el gesto de la imposición de la ceniza y la fórmula que pronuncia el celebrante, el Obispo de Roma ha indicado que son un recordatorio de la verdad de la existencia humana: “somos criaturas limitadas, pecadores cada vez más necesitados de penitencia y conversión”.