viernes, 9 de enero de 2015

Quien ama a Dios es libre, dijo el Papa en su homilía

 Sólo el Espíritu Santo vuelve el corazón dócil a Dios y a la libertad. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. Y añadió que los dolores de la vida pueden hacer que una persona se encierre en sí misma, mientras el amor la hace libre.
Una sesión de yoga jamás podrá enseñar a un corazón a “sentir” la paternidad de Dios, ni un curso de espiritualidad zen lo volverá más libre para amar. Este poder sólo lo tiene el Espíritu Santo. El Papa meditó sobre el episodio del Evangelio de Marcos – el que sigue a la multiplicación de los panes y de los peces en el que los Discípulos se asustan al ver a Jesús que camina hacia ellos sobre el agua – y que concluye con una consideración acerca del porqué de aquel susto: los Apóstoles no habían comprendido el milagro de los panes porque “su corazón estaba endurecido”.

Vida dura y murallas de protección

Un corazón puede ser de piedra por tantos motivos, observó Francisco. Por ejemplo, a causa de “experiencias dolorosas”. Sucede a los discípulos de Emaús, temerosos de hacerse ilusiones “otra vez”. Sucede a Tomás que rechaza creer en la Resurrección de Jesús. El Pontífice también indicó que “otro motivo que endurece el corazón es la cerrazón en sí mismo”:


“Hacer un mundo en sí mismo, cerrado. En sí mismo, en su comunidad o en su parroquia, pero siempre cerrazón. Y la cerrazón puede girar en torno a tantas cosas: pensemos en el orgullo, en la suficiencia, pensar que yo soy mejor que los demás, también en la vanidad, ¿no? Existen el hombre y la mujer espejo, que están encerrados en sí mismos para verse a sí mismo continuamente, ¿no? Estos narcisistas religiosos, ¿no? Tienen el corazón duro, porque están cerrados, no están abiertos. Y tratan de defenderse con estos muros que crean a su alrededor”.

La seguridad de la prisión

También está quien se atrinchera detrás de la ley, aferrándose a la “letra” a lo que establecen los mandamientos. Aquí – afirmó el Papa – lo que endurece el corazón es un problema de “falta de seguridad”. Y quien busca solidez en lo que dicta la ley está seguro –  añadió Francisco con un poco de ironía –  como “un hombre o una mujer en la celda de una cárcel detrás de los barrotes: es una seguridad sin libertad”. Es decir, lo opuesto de lo que “vino a traernos Jesús, la libertad”:
“El corazón, cuando se endurece, no es libre y si no es libre es porque no ama: así terminaba el Apóstol Juan en la primera Lectura. El amor perfecto disipa el temor: en el amor no hay temor, porque el temor supone un castigo y quien teme no es perfecto en el amor. No es libre. Siempre tiene temor de que suceda algo doloroso, triste. Que me vaya mal en la vida o que ponga en peligro mi salvación eterna…  Tantas imaginaciones porque no ama. Quien no ama no es libre. Y su corazón estaba endurecido, porque aún no habían aprendido a amar”.

El Espíritu vuelve libres y dóciles

Entonces, se preguntó Francisco: “¿Quién nos enseña a amar? ¿Quién nos libera de esta dureza?”. Y su respuesta fue:
“Tú puedes hacer mil cursos de catequesis, mil cursos de espiritualidad, mil cursos de yoga, zen y todas estas cosas. Pero todo esto jamás será capaz de darte la libertad de hijo. Es sólo el Espíritu Santo quien mueve tu corazón para decir ‘Padre’. Sólo el Espíritu Santo es capaz de disipar, de romper esta dureza del corazón y hacer un corazón… ¿blando?… No sé, no me gusta la palabra… “Dócil”. Dócil al Señor. Dócil a la libertad del amor”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).

AMAD A VUESTROS ENEMIGOS Y EL TERROR EN EL MUNDO. De Willigis Jäger

Hoy día sabemos que la consciencia origina una energía a-causal que provoca y dirige también procesos físicos y psíquicos. En otras palabras: campos inmateriales son capaces de poner en movimiento procesos materiales en el cerebro humano y en el cuerpo. Más claro aún, las emociones y los pensamientos pueden materializarse.

Gracias a la biología molecular sabemos que las emociones, mediante los neurotransmisores, se pasean por el cuerpo, haciendo que enferme o se cure. El odio y las agresiones comienzan en nuestros corazones. Nos enferman a nosotros y a la comunidad humana.

Los buenos deseos, la benevolencia y el amor crean campos que ayudan, curan y ordenan. Las oraciones son buenos deseos. No surten efecto porque en algún lugar elevado haya un Dios que conceda algo porque se hayan rezado tres “Padres nuestros”, sino que la Realidad originaria Dios ha previsto que la estructura básica de la evolución se alimente de esa energía.

Guerra, refugiados, violaciones, asesinatos. ¿Hay alguna respuesta para todo esto? Sí, hay una respuesta, pero ésta no proviene de la política, sino de la profundidad de nuestro corazón, que puede ser un nido de maldades o un lugar de paz y de amor.

El amor auténtico no actúa de otro modo porque experimenta la unidad de la vida y se infligiría a sí mismo el mal que hace a otro. Ese amor abraza también a los adversarios, a los que nos odian, a los talibanes, a Osama Bin Laden, a los heridos, a las mujeres violadas y a los niños hambrientos. Abraza asimismo, a un presidente desorientado y a las víctimas de los atentados terroristas contra las torres de Nueva York. Pero no tiene nada que ver con compasión sentimental, se trata del Fondo originario mismo. El Fondo originario es amor. ¿Cómo se manifiesta este amor?

Quiero leeros un párrafo de un texto para que veáis lo que Jesús aconsejaba en una situación parecida. Le tocó vivir en una época en la que Israel estaba ocupado por los romanos. Había terroristas que se sublevaron. Conocemos el nombre de uno de ellos: Barrabás. Jesús no le siguió; es más, fue intercambiado por él más adelante cuando ambos fueron detenidos. Jesús murió en su lugar. Cuando Barrabás se sublevó, Jesús predicó lo siguiente: “Pero yo os digo a los que me escucháis; Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo no se lo reclames” (Lc 6,27)

Nuestro sentido común nos dice que esto es un idealismo erróneo. Se suele decir: “pensad en los campos de concentración, pensad en Afganistán, en los atentados terroristas, en el terror en nuestro mundo. Ningún orden social se puede basar en ese tipo de ética, los malvados se aprovecharían siempre y nos dominarían. Una sociedad basada en estos principios no funciona”.

Sin embargo, Jesús nos dice “Amad a vuestros enemigos, haced el bien, a los que os odien. Bendecid a los que os maldigan; rogad por los que os maltraten. Al que te hiera en una mejilla preséntale también la otra, y al que te quite el manto, déjale también tu túnica”. Así sólo habla alguien que ha experimentado la unidad con todos los seres, porque ha experimentado que “el otro” no existe. Se ofrece a sí mismo la túnica y el manto.

Jesús está hablando aquí del desarrollo humano, de cómo rompemos las fronteras de la individualidad que nos aprisiona. Y nos lo muestra con ejemplos. Únicamente ese amor será capaz de presentar la otra mejilla, únicamente él será capaz de dar la túnica cuando se nos pide el manto. Pero esta postura no sería auténtica si proviniera del “buen comportamiento” o del “debes” y “tienes que”.

Quien no sea capaz de transcender su limitación personal, quien sea incapaz de abrirse al otro, no se comporta de acuerdo con la evolución, y cae enfermo. La estructura básica del cosmos es auto transcendencia. El científico Charon no tuvo reparos en utilizar el término “amor” en este contexto: amor, la estructura básica de la evolución. Nuestra sociedad está enferma de narcisismo; no es capaz de abrirse a lo Uno y a la totalidad. Ya no se comporta de acuerdo con la evolución. Aquí es donde se encuentra el origen del terrorismo y de la guerra.

¿Qué podemos contraponer a ello? Estoy plenamente convencido de que las revoluciones y el terrorismo no comienzan con las barricadas ni con las bombas, sino en el campo energético que crean las personas con su odio y sus agresiones.

Y viceversa: estoy convencido de que solamente se eliminarán del mundo el terrorismo, el odio y las agresiones mediante las energías de la paz y el amor.

Los conceptos anteriores nos sirven para explicar el significado de la oración y de los buenos deseos, y la eficacia de los pensamientos de paz y del lenguaje conciliador.

El cambio del mundo no comienza con leyes y, mucho menos, con guerras, comienza en nuestro fuero interno. Los ermitaños lo han sabido siempre, y nuestro camino contemplativo nos lo recuerda constantemente: “Nunca estas sentado solo. El cosmos entero está sentado”. El “efecto mariposa” comienza en tu cojín, comienza en tus pensamientos y sentimientos, y puede afectar al mundo entero.

Días atrás estuvimos hablando de la necesidad de volver a activar las energías femeninas que se han ido perdiendo en los últimos siglos. Hay que despertar en nosotros esas energías: cuidar, curar, intuir, compadecer, contemplar, sentir, ser afectuoso, entregarse, y amar.

El amor nos convierte en personas. Somos responsables de lo que irradia en nosotros. De nosotros siempre emana algo: benevolencia, compasión, rechazo, odio. El amor no comienza con la palabra y el abrazo; comienza en nuestros pensamientos y sentimientos. Quien ama es como Dios, dice san Juan, porque “Dios es amor, y quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él (1Jn 4, 16). “Quien ama, proviene de Dios y conoce a Dios”.


Despertemos ahora las energías del amor. Se convertirán en campos de ayuda y de curación que, en el momento adecuado y en cada caso concreto, se transformarán en actuaciones de ayuda y apoyo.

(Con ocasión del 11 de septiembre de 2001)

DECIDIDOS A SER LIBRES Y A GENERAR LIBERTAD. POR DON CARLOS OSORO, ARZOBISPO DE MADRID.

Quiero acercarme a vosotros para deciros con todas mis fuerzas dónde está la novedad del Año Nuevo. ¡Qué fuerza tiene para nuestra vida, y para la vida de todos los hombres, descubrir dónde está la novedad! ¡Cuántas veces decimos feliz Año Nuevo! Pero muchas veces nos quedamos en unos nuevos días que comienzan y en cómo va pasando la vida, casi sin darnos cuenta. La novedad del Año que comienza es que Jesucristo está con nosotros. No estamos solos. Dios nos acompaña, es más, va delante de nosotros. Nos ha revelado su rostro, y por Él hemos conocido quién es Dios y quiénes somos nosotros. Por eso os digo a todos vosotros también esas palabras que tantas veces nos decimos, pero os las acerco con este contenido: ¡Feliz Año Nuevo! Lo nuevo surge porque Dios vino a esta historia, se hizo Hombre: “la Palabra de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros”. De ahí también el título y el contenido del Mensaje que el Papa Francisco nos ha regalado en la XLVIII Jornada Mundial de la Paz: “No esclavos, sino hermanos”. El año nuevo se convierte en una llamada a renovar nuestra adhesión absoluta y total a Dios, y en él a todos los hombres. “Decididos a ser libres y generar libertad”.

   Entremos al comenzar el año experimentando que el Señor nos bendice, que ilumina nuestro rostro con su Rostro, que nos hace conocer los caminos que tenemos que seguir los hombres para experimentar y dar la paz y la salvación a todos, que hemos de contar con alegría que es Dios quien da la justicia verdadera y que hace posible que los pueblos vivan con rectitud y no haciéndose esclavos los hombres unos de otros. Ello nos manifiesta la urgencia de hacer que todos los hombres conozcan la alegría del Evangelio, que es el mismo Jesucristo. En conocerlo y acogerlo en nosotros está el presente y el futuro de la libertad de los hombres. Escuchemos de Él el proyecto de Dios sobre la humanidad. Es un proyecto en el que la vida de discípulos de Cristo nos hace nacer de nuevo y regenera siempre la fraternidad entre los hombres. Globalicemos la fraternidad y no la división y el desencuentro. Una fraternidad que se expresa en la multiplicidad y en la diferencia. Volvamos nuestra mirada a Jesucristo, contemplemos su rostro. ¡Qué maravilla es poder descubrir a los primeros cristianos entre los que se encontraban judíos y griegos, esclavos y libres hombres y mujeres! (cf. 1 Co 12, 13; Ga 3, 28). Entre los primeros cristianos había diversidad de origen, diversidad de condición social, pero no disminuía entre ellos la dignidad de cada uno, que era la misma, ni excluirían a nadie de la pertenencia al pueblo de Dios.

   Pensemos por un momento en la multiplicidad de rostros de esclavitud que existen a nuestro alrededor, también en estos momentos de la historia humana: oprimidos de manera formal o informal en todos los sectores de la vida económico-social, entre tantos emigrantes que sufren condiciones de vida que impiden vivir con la dignidad que todo ser humano por ser hijo de Dios tiene. Pensemos también en las personas que están obligadas a ejercer la prostitución, entre los cuales se encuentran también menores. Es necesario anunciar la alegría del Evangelio, entre otras cosas para hacer ver las causas profundas de la esclavitud que viven tantas personas. Todos los hombres y mujeres de buena voluntad sabemos que especialmente la raíz de las esclavitudes está en una concepción de la persona recortada y construida a nuestro gusto o según nuestros intereses, a la que en vez de ver “como imagen y semejanza de Dios”, tratamos como un objeto.

Y esa falsa concepción trae la corrupción del corazón humano, que sabemos se corrompe cuando se aleja de Dios y, por ello, de los demás, que en vez de verlos como hermanos, los ve como contrincantes o enemigos. “Decididos a ser libres y engendrar libertad”. La corrupción del corazón trae pobreza, subdesarrollo, exclusión, envidias, enfrentamientos, odios, el que me sobren los que no piensan como yo. El corazón siempre se corrompe cuando los hombres y las mujeres estamos dispuestos a cualquier cosa para ser nosotros los beneficiados de todo. Hagamos un compromiso real por derrotar la esclavitud y por estar “decididos a ser libres y generar libertad”. Esta decisión pasa necesariamente por entregar la alegría del Evangelio, que es globalizar la fraternidad, no la esclavitud o la indiferencia. ¿Cómo  hacer posible esto?:

            1) Déjate bendecir por Dios. Dejarnos bendecir, proteger e iluminar por el Señor. El Señor nos habla también a nosotros hoy: Él se ha fijado en nosotros, nos ha mirado, nos ha amado, se ha hecho hombre por nosotros, nos ha mostrado su rostro, nos ha regalado el rostro humano verdadero, es el rostro que construye, alimenta, proyecta y diseña una manera de ser y de estar en el mundo.
            2) No ignores que eres hijo de Dios y, por ello, hermano de todos los hombres. Sabernos hijos de Dios y, por lo tanto, hermanos de todos los hombres. Esto es lo que nos ha revelado nuestro Señor Jesucristo: que somos hijos y, por ello, hermanos.
            3) Conserva como María y medita todas las cosas en tu corazón. Conservar como María en su silencio admirable y contemplativo a Dios mismo. María está ante el misterio, llena de luz y de amor, de fe y esperanza, de amor y donación. María vive desde la interioridad, que en definitiva es saber escuchar y vivir la Palabra que da vida a nuestro corazón y a los hombres. En el centro de su vida puso a Dios como prioridad y de primera necesidad para estar “decididos a ser libres y generar libertad”. Si Dios está ausente, la vida personal y social enferma.
            Con gran afecto, os bendice:
+Carlos, Arzobispo de Madrid



¿Qué es el Castillo de las Moradas teresianas?

El mismo nombre de “moradas”, utilizado con tanta frecuencia por Teresa, está reclamando origen bíblico, pues ya en el mismo comienzo, la autora cita el texto de Juan (1M1,1): “En la casa de mi Padre hay mucha moradas” (Jn 14,2). Es probable que en un primer momento Teresa lo entienda como la parte reservada de un castillo, una estancia. Y así utilizará también a lo largo de la narración esa imagen. Pero, si se observa con atención, esta representación pasa a un plano secundario, porque las connotaciones bíblicas la van absorbiendo. Pero, además, es que Teresa, apenas comienza, infunde tal dinamismo a esta palabra que la enmarca en su más genuino sentido de Sagrada Escritura.
En efecto, Juan entiende la palabra morada como una derivación del verbo griego “meno”, vocablo que utiliza para significar la relación permanente, vital y sin interrupción entre Jesús y el Padre, Jesús y nosotros, y a veces también entre el Padre y nosotros (14,23). Dinamismo teológico muy teresiano también. Por tanto, podemos decir que Teresa asume para su obra esa categoría tan significativa del IV Evangelio. Desde este punto de vista, todo el libro de Moradas ya cobra un cariz bíblico. En algún sentido podíamos decir que las Moradas son un comentario al texto joaneo antes recordado. Pasaje que, por otra parte, ha tenido un largo significado en la dogmática de la Iglesia y en la tradición espiritual. Teresa, como sabemos, ha concentrado en el fondo de la persona la entera historia de salvación, sobre todo la evangélica. Baste de momento notar que en el centro del alma tiene lugar el matrimonio espiritual (7M 2,1-3). La casa del Padre con sus muchas moradas se va a hallar en lo más hondo del ser humano, en el corazón del hombre y de la mujer.
El contenido de las moradas del Padre se prosigue luego en Juan en el Apocalipsis (21,10-23), en el que morada es la ciudad entera. Así parece que Teresa entiende también las suyas. De hecho algunos de los elementos que componen su visión del alma están tomados de esa ciudad escatológica y encantada de que habla el discípulo de Jesús (1M 2,1).
Veamos el texto: “Un castillo todo de un diamante o muy claro cristal a donde hay mucho aposentos. Así como en el cielo hay muchas moradas. Que si bien lo consideramos, hermanas, no es otra cosa el alma del justo, un paraíso adonde dice Él tiene sus deleites” (1M 1,1).
El alma es un castillo, dice Teresa. Piénsese que entonces en el castillo se concentraba una ciudad entera. Podemos decir, pues, que el castillo en la mente de Teresa es una pequeña y preciosa ciudad; esa ciudad es el alma donde mora el Señor. En última instancia, la ciudad celestial que Teresa tenía “in mente” es la descrita por Juan, la ciudad que viene de arriba, vestida de novia (Ap 21,9-12). No olvidemos que las moradas se dirigen a preparar el matrimonio con Cristo, en el centro del alma (7M 2,1-3), donde hemos dicho que se sitúa la ciudad, venida de lo alto, de Dios, donde mora Cristo y la Trinidad.

Los fundamentos de la ciudad teresiana vienen descritos con trazos bíblicos. El primer recuerdo de Teresa es para el Génesis (1,26). Y mientras en Vida, en los dos capítulos primeros, nos presentará de forma velada la creación, la tentación y la caída, aquí va a hacer referencia al alma, imagen de Dios (Gn 1,26). Por tanto, una realidad muy rica y llena de misterios, de moradas (Jn 14,2) o, mejor, de posibilidades de acoger a Dios. Ese ser imagen de Dios, le va a dar capacidad de Dios, de llenarse de él, de estar constituida desde su esencialidad para él. El alma es un espacio para el Señor. Dios nos creó para la relación con él. Las moradas son capacidades dinámicas esencialmente abiertas para ser plenificadas. Esa posibilidad de relación la apoya Teresa en Proverbios 8,31, que presenta a un Dios que tiene sus delicias en estar entre los hombres. La palabra deleite también puede hacer referencia al Génesis: “Un paraíso de delicias” (3,23-24), según algunas traducción de la palabra hebrea “Edén”, y era como se traducía este texto en los libros de piedad del siglo XVI.
Otro texto teresiano nos ayuda también a recomponer la imagen que ella está persiguiendo: “Qué será ver este castillo tan resplandeciente y hermoso, esta perla oriental, este árbol de vida, que está plantado en las mismas aguas vivas de la vida que es Dios, cuando cae en pecado mortal: no hay tinieblas más tenebrosas ni cosa tan oscura y negra que no lo esté mucho más” (1M 2,1). Este pasaje es paralelo con V 40,5, que en seguida consideraremos, en el que habla de una experiencia de Cristo en su alma. Pero antes, no olvidemos que Teresa dice que en ese centro interior hay un sol (Ap 2,7; 21,23) y una fuente (Gn 2,6). El árbol de vida hace alusión o al Génesis, árbol de la vida, o al salmo (1,3) o quizás más al Apocalipsis (22,1). Sea como fuere, el imaginario es bíblico, y, sin duda, está desplazando la idea de castillo. Del castillo Teresa ha dado el salto de inmediato a la ciudad de Jerusalén, y de las estancias del castillo medieval, a las moradas del cuarto evangelio ola Jerusalén celestial del Apocalipsis.
Así es la contemplación teresiana dela Biblia. Se trata de una asunción profunda de las categorías de las Escrituras de tal manera, que quedan perfectamente incorporadas a su discurso, aunque ella muchas veces no lo perciba. El sol de la ciudad celestial, ahora lucirá en la morada del alma. De esta forma la antropología teresiana se reconstruye desde las perspectivas escatológicas de la Escritura. Y Teresa realiza este milagro de forma natural, casi sin pretenderlo, por conexiones de su yo hebreo y místico con los textos inspirados que ella pretende vivir de forma total.
Lo primero que se observa en esta comprensión teresiana del yo es su capacidad de asumir los símbolos y conectarlos. La percepción inmediata es una ciudad humana, el castillo, que es donde ella veía que vivían los reyes y las élites de la sociedad; pero eso sólo es la plataforma que la proyecta a otra ciudad y a otro Rey, y da el salto a la Bibliay en seguida busca allí los ámbitos donde se desenvuelve la vida de Dios con los hombres, el cielo. El cielo es el lugar donde se halla Dios; y ella ha descubierto que ese Dios habita el centro del hombre. Así lo pudo contemplar un día en una de sus famosas visiones: “Estando una vez en las horas con todas, de presto se recogió mi alma y parecióme ser como un espejo claro toda, sin haber espaldas ni lado ni alto ni bajo que no estuviese toda clara, y en el centro de ella se me representó Cristo nuestro Señor, como le suelo ver. Parecíame en todas las partes de mi alma le veía claro como en un espejo, y también este espejo –yo no sé decir cómo- se esculpía todo en el mismo Señor por una comunicación que yo no sabré decir, muy amorosa” (V 40,5).
Esta Belleza es patrimonio de todo ser humano. El pecado lo único que hace es oscurecerlo y entenebrecerlo, pero la realidad siempre permanece. El texto continúa: “Dióse me a entender que estar un alma en pecado mortal es cubrirse este espejo de gran niebla y quedar muy negro, y así no se puede representar ni ver este Señor, aunque esté siempre presente dándonos el ser”, (Cf. V 40,5). En un texto paralelo de Moradas podemos leer:”Qué será ver este castillo tan resplandeciente y hermoso, esta perla oriental, este árbol de vida, que está plantado en las mismas aguas vivas de la vida, que es Dios, cuando cae en pecado mortal. No hay tinieblas más tenebrosas ni cosa tan oscura y negra, que no lo esté mucho más. No queráis más saber de que, con estarse el mismo Sol que le daba tanto resplandor y hermosura todavía en el centro de su alma, es como si allí no estuviese para participar de El, como el cristal para resplandecer en él el sol” (1M 2,1).
Sin duda, el castillo de Moradas reproduce la experiencia que nos narra en Vida 40,5. Comparando los textos citados, se evidencia que desde un punto de vista literario-espiritual, el sol, la fuente y la luz simbolizan la presencia de Cristo en el alma, espejo o cristal. La meta consiste en que a través del seguimiento de Cristo la persona se identifique con él, es decir, alcance el centro de sí misma. Teresa lo describe así: “Aparécese el Señor en este centro del alma sin visión imaginaria sino intelectual –aunque más delicada que las dichas-, como se apareció a los Apóstoles sin entrar por la puerta, cuando les dijo:«Pax vobix»” (7M 2,3). Aparece una nueva figura: el Cenáculo. En moradas quintas (1,13) nos hablará de la bodega del Cantar, que identifica con el centro del alma, aludiendo también al cenáculo. Por eso no e extraño que escriba en Fundaciones: “En aquella eternidad adonde son las moradas conforme al amor con que hemos imitado la vida de nuestro buen Jesús” (14,5).

Para Teresa el centro del castillo donde se halla el Rey viene identificado con el centro del yo humano, con el paraíso del Génesis. La bodega del Cantar, el Cenáculo, las moradas de Juan y la ciudad del Apocalipsis. Por consiguiente, el Rey del Castillo, es el Esposo del Cantar, el Cristo Resucitado del Cenáculo, el Hijo de las Moradas de Juan, y el Rey (Cordero) del Apocalipsis. También al Paraíso del Génesis, por cuanto hemos visto Teresa lo cristologiza.

Por el P. Secundino Castro, Carmelita descalzo

EL PAPA FRANCISCO SOBRE EL ATENTADO DE PARÍS: LA VIOLENCIA HOMICIDA ES ABOMINABLE Y NO SE JUSTIFICA JAMÁS

Queridos amigos, como sabrán, ayer tres terroristas entraron en la sede de un semanario francés y asesinaron a 12 personas e hirieron a otras 11. 

El Papa Francisco ha expresado su firme condena por este atentado. Así lo ha referido en un comunicado el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, padre Federico Lombardi:

“El Santo Padre expresa la más firme condena por el horrible atentado que ha sacudido esta mañana la ciudad de París con un alto número de víctimas, sembrando la muerte, hundiendo en la consternación a la entera sociedad francesa, turbando profundamente a todas las personas amantes de la paz, mucho más allá de los confines de Francia.

El Papa participa con la oración al sufrimiento de los heridos y de las familias de los difuntos y exhorta a todos a oponerse con todo medio a la difusión del odio y de toda forma de violencia, física y moral, que destruye la vida humana, viola la dignidad de las personas, mina radicalmente el bien fundamental de la convivencia pacífica entre las personas y los pueblos, no obstante las diferencias de nacionalidad, de religión y de cultura.

Cualquiera sea la motivación, la violencia homicida es abominable, no es jamás justificable, la vida y la dignidad de todos deben ser garantizados y tutelados con decisión, toda instigación al odio debe ser rechazada, el respeto del otro debe ser cultivado.

El Papa expresa su cercanía, su solidaridad espiritual y su apoyo a todos aquellos que, según sus diversas responsabilidades, continúan a empeñarse con constancia por la paz, la justicia y el derecho, para curar en profundidad los origines y las causas del odio, en este momento doloroso y dramático, en Francia y el toda parte del mundo marcada por tensiones y violencias”.

jueves, 8 de enero de 2015

Compañeros de viaje

En tren, en autobús, en coche, en avión o en barco, viajamos juntos.

Desde que cruzamos la puerta, comenzamos a ser compañeros de viaje. Quizá solo por unas horas, en ocasiones durante varios días. Luego, cada uno seguirá su camino, hasta alcanzar la meta que esperaba.

Mientras dura el viaje, estamos juntos. Tal vez en silencio, por respeto a los pensamientos del otro. Tal vez en una conversación intrascendente, hablando del tiempo, del fútbol o del mal estado de las carreteras. Tal vez, en un diálogo profundo, porque logramos conectar en un interés común.

El tiempo no perdona. Llega la hora de separarnos. Si el viaje ha permitido un encuentro feliz y fecundo, queda en el corazón algo de tristeza. Quizá nos volveremos a ver más adelante, en una de esas misteriosas casualidades de la vida. O tal vez hemos intercambiado teléfonos y mails, deseosos de seguir nuestro diálogo.

¿Qué significó ese encuentro casual? ¿Fuimos simplemente dos extraños que estaban juntos durante el viaje? ¿Había algo dentro de cada uno que nos permitía compartir intereses, ideales, sueños, temores y esperanzas?

Si alargamos la mirada, seremos capaces de reconocer que somos compañeros de camino de cada ser humano. Algunos están lejos, a miles de kilómetros de distancia. Otros están muy cerca, en el piso de arriba o de abajo, aunque en ocasiones no sabemos sus nombres...

Todos, lejanos o cercanos, vamos hacia adelante, nos acercamos, inexorablemente, a una meta común: la que inicia tras la muerte.

El camino hacia esa meta definitiva parece largo. Para algunos, el final llega de modo inesperado. Para otros, se retrasa más de lo que desearían. Para todos, esa meta nos une misteriosamente: al otro lado de esa frontera descubriremos que en cada uno había un alma llamada a lo eterno, hermanada, profundamente, con los demás seres humanos.


El viaje continúa, en este tren tranquilo o en ese camión que nos marea con sus curvas. Tú y yo estamos de camino. Somos compañeros, y es hermoso cuando logramos sintonizar en temas que deciden el presente y el futuro: Dios, el amor, la verdad, la justicia, la misericordia, la belleza de lo eterno...
P. Fernando Pascual

SER NIÑO ANTE TI Oración para un día de Reyes


Señor, concédeme el don de ser niño
y poder descansar en tu regazo
sin vergüenza y sin miedo,
pues a medida que crecemos
otros intereses nos hacen olvidar
que la confianza y la ternura
son imprescindibles para madurar
y recorrer tus caminos.

Concédeme el don de ser niño
para saber mirar a los demás
con cariño y transparencia,
pues el paso de los años
va cargando nuestra vida
de suspicacias, temores y envidias
que doblan nuestra la espalda
y tensionan nuestras entrañas

Concédeme el don de ser niño
para confiar en los demás
y compartir gratuitamente,
con generosidad y limpieza,
lo que de ti recibo, cada día, para ser feliz;
pues el egoísmo, la avaricia y las comparaciones
apagan todas las estrellas
y encienden nuestras más oscuras vanidades.

Concédeme el don de ser niño;
quítame todo lo que me impide llegar a ti
y me aleja de quienes son niños
y van llenos de carencias y necesidad;
 quítame la desconfianza, la doblez y el orgullo
que no acepta perderse entre los más pobres.
¡Que recupere, en el cuerpo y en el espíritu,
la maleabilidad de la niñez para servir!

¡Vuélveme niño otra vez!

Y si así no logro alcanzarte
o no logras retenerme,
o no me dejo querer,
o no aprendo o servir,
o creo que soy más y mejor,
o no me doy a los que tú quieres,
vuélvete, Señor, a mí
y háblame como una madre habla a su bebé.

                                                (Florentino Ulibarri)

miércoles, 7 de enero de 2015

"Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca".

Evangelio según San Mateo 4,12-17.23-25.

Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea.

Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:

¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones!

El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz.

A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca".

Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente.

Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y él los curaba.

Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. 

GOBERNANTES DE LA TIERRA, SIRVAN AL SEÑOR CON TEMOR


Del salmo 2: 

Felices los que se refugian en el Señor

¿Por qué se amotinan las naciones
y los pueblos hacen vanos proyectos?
Los reyes de la tierra se sublevan,
y los príncipes conspiran
contra el Señor y contra su Ungido: 

Felices los que se refugian en el Señor

El que reina en el Cielo se sonríe;
el Señor se burla de ellos.
Luego los increpa airadamente
y los aterra con su furor.

Felices los que se refugian en el Señor

Voy a proclamar el decreto del Señor:
Él me ha dicho: «Tú eres mi hijo,
yo te he engendrado hoy
Pídeme, y te daré las naciones como herencia,
y como propiedad, los confines de la tierra». 

Felices los que se refugian en el Señor

Por eso, reyes, sean prudentes;
aprendan, gobernantes de la tierra.
Sirvan al Señor con temor;
temblando, ríndanle homenaje,
no sea que se irrite y vayan a la ruina.


¡Felices los que se refugian en el Señor!

De News.va

Papa Francisco explica el significado de la estrella de los Reyes Magos

Después de celebrar la Misa de la Epifanía del Señor en la Basílica de San Pedro, el Papa Francisco rezó el ángelus desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólicos antes miles de personas, algunas de ellas llegadas desde Alemania, Irlanda o Estados Unidos de América.
Antes de rezar, el Pontífice explicó que en este día “hacemos memoria de la llegada de los Reyes, llegados de Oriente, para adorar al recién nacido Rey de los Judíos y Salvador universal y ofrecerle regalos simbólicos”.
“La estrella que es capaz de guiar a todo hombre a Jesús es la Palabra de Dios: Es la luz que orienta nuestro camino, nutre nuestra fe y la regenera. Es la palabra de Dios que renueva continuamente nuestros corazones y nuestras comunidades”, afirmó.
Para el Papa es importante “no olvidar leerla y meditarla todos los días, para que sea para cada uno como una llama que llevamos dentro de nosotros para iluminar nuestros pasos, e incluso para aquellos que caminan a nuestro lado, y que tal vez luchan por encontrar el camino a Cristo”.
Francisco remarcó que el viaje que realizan los Reyes Magos es “un viaje del alma, como un camino hacia el encuentro con Cristo”. Y “ellos están atentos a los signos que les indican la presencia; están cansados por afrontar las dificultades de la búsqueda; son valientes en las consecuencias de la vida derivadas del encuentro con el Señor”.
De hecho, “la experiencia de los Magos evoca el camino de todos los hombres hacia Cristo”. “Como para los Magos, también para nosotros buscar a Dios quiere decir caminar, mirando el cielo y viendo en él el signo visible de la estrella del Dios invisible que habla a nuestro corazón”.
De nuevo sobre los Magos, señaló que “con su gesto de adorar, los Magos testimonian que Jesús ha venido a la tierra para salvar no sólo a un pueblo, sino a todas las personas”.
“En la fiesta de hoy –continuó el Pontífice- nuestra mirada se ensancha al horizonte del mundo entero para celebrar la ‘manifestación’ del Señor a todos los pueblos, es decir, la manifestación del amor y de la salvación universal de Dios”.
Sobre esto, subrayó que “no se reserva su amor sólo para algunos privilegiados, sino que lo ofrece a todos” porque “así como de todos es el Creador y el Padre, así de todos quiere ser el Salvador”.

Esto es lo que hace que estemos llamados a “cultivar siempre con gran fidelidad y esperanza hacia cada persona su salvación: También a aquellos que nos parecen estar lejos del Señor son seguidos –o mejor ‘perseguidos’- por su amor apasionado y fiel”, concluyó.

EL PAPA EN EL DÍA DE REYES: JESÚS ESTÁ EN TODOS LOS HERMANOS Y HERMANAS MÁS PEQUEÑOS QUE SUFREN



Queridos amigos, les ofrecemos el texto completo de la homilía del Papa Francisco en la Misa de la Solemnidad de la Epifanía del Señor: 

"Ese Niño, nacido de la Virgen María en Belén, vino no sólo para el pueblo de Israel, representado en los pastores de Belén, sino también para toda la humanidad, representada hoy por los Magos de Oriente. Y precisamente hoy, la Iglesia nos invita a meditar y rezar sobre los Magos y su camino en busca del Mesías.

Estos Magos que vienen de Oriente son los primeros de esa gran procesión de la que habla el profeta Isaías en la primera lectura (cf. 60,1-6). Una procesión que desde entonces no se ha interrumpido jamás, y que en todas las épocas reconoce el mensaje de la estrella y encuentra el Niño que nos muestra la ternura de Dios. Siempre hay nuevas personas que son iluminadas por la luz de la estrella, que encuentran el camino y llegan hasta Él.

Según la tradición, los Magos eran hombres sabios, estudiosos de los astros, escrutadores del cielo, en un contexto cultural y de creencias que atribuía a las estrellas un significado y un influjo sobre las vicisitudes humanas. Los Magos representan a los hombres y a las mujeres en busca de Dios en las religiones y filosofías del mundo entero, una búsqueda que no acaba nunca. Hombres y mujeres en búsqueda.

Los Magos nos indican el camino que debemos recorrer en nuestra vida. Ellos buscaban la Luz verdadera: «Lumen requirunt lumine», dice un himno litúrgico de la Epifanía, refiriéndose precisamente a la experiencia de los Magos; «Lumen requirunt lumine». Siguiendo una luz ellos buscan la luz. Iban en busca de Dios. Cuando vieron el signo de la estrella, lo interpretaron y se pusieron en camino, hicieron un largo viaje.


El Espíritu Santo es el que los llamó e impulsó a ponerse en camino, y en este camino tendrá lugar también su encuentro personal con el Dios verdadero.

En su camino, los Magos encuentran muchas dificultades. Cuando llegan a Jerusalén van al palacio del rey, porque consideran algo natural que el nuevo rey nazca en el palacio real. Allí pierden de vista la estrella. Cuántas veces se pierde de vista la estrella. Y encuentran una tentación, puesta ahí por el diablo, es el engaño de Herodes. El rey Herodes muestra interés por el niño, pero no para adorarlo, sino para eliminarlo. 

Herodes es un hombre de poder, que sólo consigue ver en el otro a un rival. Y en el fondo, también considera a Dios como un rival, más aún, como el rival más peligroso. En el palacio los Magos atraviesan un momento de oscuridad, de desolación, que consiguen superar gracias a la moción del Espíritu Santo, que les habla mediante las profecías de la Sagrada Escritura. Éstas indican que el Mesías nacerá en Belén, la ciudad de David.


En este momento, retoman el camino y vuelven a ver la estrella. El evangelista apunta que experimentaron una «inmensa alegría» (Mt 2,10), una verdadera consolación. Llegados a Belén, encontraron «al niño con María, su madre» (Mt 2,11). Después de lo ocurrido en Jerusalén, ésta será para ellos la segunda gran tentación: rechazar esta pequeñez. Y sin embargo: «cayendo de rodillas lo adoraron», ofreciéndole sus dones preciosos y simbólicos. La gracia del Espíritu Santo es la que siempre los ayuda. Esta gracia que, mediante la estrella, los había llamado y guiado por el camino, ahora los introduce en el misterio. 

Esta estrella que les ha acompañado durante el camino los introduce en el misterio. Guiados por el Espíritu, reconocen que los criterios de Dios son muy distintos a los de los hombres, que Dios no se manifiesta en la potencia de este mundo, sino que nos habla en la humildad de su amor. El amor de Dios es grande, sí. El amor de Dios es potente, sí. Pero el amor de Dios es humilde, muy humilde. De ese modo, los Magos son modelos de conversión a la verdadera fe porque han dado más crédito a la bondad de Dios que al aparente esplendor del poder.

Y ahora nos preguntamos: ¿Cuál es el misterio en el que Dios se esconde? ¿Dónde puedo encontrarlo? Vemos a nuestro alrededor guerras, explotación de los niños, torturas, tráfico de armas, trata de personas… Jesús está en todas estas realidades, en todos estos hermanos y hermanas más pequeños que sufren tales situaciones (cf. Mt 25, 40.45). El pesebre nos presenta un camino distinto al que anhela la mentalidad mundana. Es el camino del anonadamiento de Dios, de esa humildad del amor de Dios que se abaja, se anonada, de su gloria escondida en el pesebre de Belén, en la cruz del Calvario, en el hermano y en la hermana que sufren.

Los Magos han entrado en el misterio. Han pasado de los cálculos humanos al misterio, y éste es el camino de su conversión. ¿Y la nuestra? Pidamos al Señor que nos conceda vivir el mismo camino de conversión que vivieron los Magos. Que nos defienda y nos libre de las tentaciones que oscurecen la estrella. Que tengamos siempre la inquietud de preguntarnos, ¿dónde está la estrella?, cuando, en medio de los engaños mundanos, la hayamos perdido de vista. 

Que aprendamos a conocer siempre de nuevo el misterio de Dios, que no nos escandalicemos de la “señal”, de la indicación, de aquella señal anunciada por los ángeles: «un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12), y que tengamos la humildad de pedir a la Madre, a nuestra Madre, que nos lo muestre. 

Que encontremos el valor de liberarnos de nuestras ilusiones, de nuestras presunciones, de nuestras “luces”, y que busquemos este valor en la humildad de la fe y así encontremos la Luz, Lumen, como han hecho los santos Magos. Que podamos entrar en el misterio. Que así sea".

Qué nos han traído los Reyes Magos

Te traemos ALEGRÍA. Ya sabemos que, en muchas ocasiones, avanzas cabizbajo y triste. Que te preocupa la situación de tu entorno y del mismo mundo. La alegría, aunque sea un bien escaso, viene por un gran torrente que se da en las personas buenas.

Te dejamos VALOR. En varios momentos, la rectitud, se convierte en enemiga del pillaje. Ante la debilidad o la incertidumbre te vendrá bien para hacerles frente.

Te obsequiamos FE. En nuestras subidas y bajadas a las casas, percibimos una cosa: el hombre está tremendamente solitario. En un rincón te hemos dejado “fe”. Te garantizamos que, con ella, nunca te encontrarás solo.

Te inyectamos un poco de AMOR. Por experiencia, aunque seamos reyes, sabemos que, quien ama, sufre. También, en propias carnes, para llegar hasta Belén tuvimos que esquivar varios inconvenientes. Luego vimos que, el amor, lo multiplica y satisface todo.
 
Te regalamos un vaso de SENSIBILIDAD. Constatamos que, por diversas causas, en el mundo se llora mucho pero, a veces, las lágrimas se quedan sólo en eso. La sensibilidad que te traemos, tal vez, no te hará llorar pero sí te empujará a trabajar en contra de aquello que consideres injusto.
 
Si buscas hoy, en el fondo de tu corazón, verás que te hemos puesto un nombre: DIOS. Nos extraña tantos que dicen ser sus hijos, pero, por otro lado, les cuesta dar la cara por El. Es el regalo del que más nos cuesta desprendernos. Aprovéchalo.
 
Debajo de tu almohada depositamos LA VERDAD. No te dejes vencer por las verdades a medias que son grandes mentiras. El decir las cosas a la cara puede llevar a un gran disgusto. El no decir la verdad puede generar un maremoto de complicaciones.
 
En la sala de estar, te hemos confiado la SINCERIDAD. Ya sabemos que muchos dicen que “hay que ser sinceros”. Pero, amigo, ser sincero no es lo mismo que abrir el corazón. A veces, en nombre de la sinceridad, sólo se busca el hacer daño buscando la debilidad del otro. Cuando hables…piensa lo que dices y, si de verdad, es sentimiento noble de tu corazón.
 
Nos ha costado entrar en tu hogar. Hemos comprobado que, prácticamente, tenías de todo. Por ello mismo, y visto lo visto, te damos lo que –sin ella- nada de lo que posees te dará la felicidad: SALUD. Con ella disfrutarás, incluso, de lo que no tienes. Sin ella, hasta la mayor riqueza te producirá ansiedad y desdicha.
 
Cuando te encuentres airado, violento, fuera de ti mismo, sube a lo más alto de tu casa. Allá arriba, en un rincón, hemos dejado el don de la PAZ. Ella, por ser una meta difícil de alcanzar y puesta en lo más alto de la cumbre, te hará erguir tu cabeza para pedírsela a Dios.
Siempre, tus amigos y reyes.

De Reflejos de Luz