martes, 22 de julio de 2014

"La violencia no se vence con la violencia. ¡Se gana con la paz!", el Papa pide oración por Oriente Medio y Ucrania

Después de la oración mariana del Ángelus de este domingo el Papa pidió que rezáramos por la situación de las comunidades cristianas en Iraq y Oriente Medio. "Queridos hermanos y hermanas tanto perseguidos, yo sé cuánto sufren, yo sé que son despojados de todo. Estoy con vosotros en la fe, con Él que ha vencido el mal".
Palabras del Santo Padre:
Queridos hermanos y hermanas:
He recibido con preocupación las noticias procedentes de las Comunidades cristianas en Mosul (Iraq) y en otras partes de Oriente Medio, donde éstas, desde el inicio del cristianismo, han vivido con sus conciudadanos, ofreciendo una contribución significativa al bien de la sociedad. Hoy son perseguidos. ¡Nuestros hermanos son perseguidos, son echados, deben dejar sus casas sin tener la posibilidad de llevarse nada! Aseguro a estas familias y a estas personas mi cercanía y mi constante oración. Queridos hermanos y hermanas tan perseguidos, yo sé cuánto sufren, yo sé que son despojados de todo. Estoy con vosotros en la fe con Él que ha vencido el mal.
Y a vosotros aquí, en la plaza, y a todos los que nos siguen por la televisión, invito recordar en la oración. Les exhorto, a perseverar en la oración por las situaciones de tensión y de conflicto que persisten en diferentes partes del mundo, especialmente en Oriente Medio y Ucrania. El Dios de la paz suscite en todos un auténtico deseo de diálogo y de reconciliación. La violencia no se vence con la violencia. ¡La violencia se gana con la paz! Recemos en silencio pidiendo la paz. Todos en silencio.

Jesús afronta el problema del mal en el mundo y resalta la paciencia de Dios, Francisco en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas ¡Buenos días!
 


En estos domingos la liturgia propone algunas parábolas evangélicas, o sea breves narraciones que Jesús usaba para anunciar a la multitud el Reino de los cielos. 

Entre aquellas presentes en el Evangelio de hoy, se encuentra una más bien compleja que al inicio no se entiende, la cual Jesús explica luego a discípulos: es aquella de la semilla buena y de la cizaña, que enfrenta el problema del mal en el mundo y pone en relieve la paciencia de Dios(cfr Mt 13,24-30.36-43). La escena se desarrolla en un campo en donde el propietario siembra la semilla; pero una noche llega el enemigo y siembra la cizaña, término que en hebreo deriva de la misma raíz del nombre “Satanás” y evoca el concepto de división. 

Todos sabemos que el demonio es un cizañero: trata siempre de dividir a las personas, a las familias, a las Naciones y a los pueblos. Los peones quisieran de inmediato arrancar la hierba mala, pero el propietario lo impide con esta motivación: «porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo» (Mt 13, 29). Porque todos sabemos que, cuando la cizaña crece, se parece mucho a la semilla buena y existe el peligro de confundir una con otra.
 

La enseñanza de la parábola es doble. Ante todo dice que el mal en el mundo no proviene de Dios, sino de su enemigo, el Maligno. Es curioso: él va de noche a sembrar la cizaña, en la oscuridad, en la confusión… Donde no existe la luz, él va y siembra la cizaña. Este enemigo es astuto: ha sembrado el mal en medio del bien, de manera que es imposible para nosotros hombres separarlos netamente; pero al final, Dios, podrá hacerlo. Él se toma el tiempo.
Y aquí llegamos al segundo tema: la contraposición entre la impaciencia de los peones y la paciente espera del propietario del campo, que representa a Dios. A veces nosotros tenemos una gran prisa en juzgar, clasificar, poner de un lado a los buenos, y del otro a los malos… Pero acuérdense de la oración del hombre soberbio: “te agradezco, Dios, porque yo soy bueno y no soy como ese otro que es malo”. Acuérdense de esto. Dios en cambio sabe esperar. Él mira en el “campo” de la vida de cada persona con paciencia y misericordia: ve mucho mejor que nosotros la suciedad y el mal, pero también ve los retoños del bien y espera con confianza que maduren. Dios es paciente, sabe esperar. 


¡Que hermoso es esto! Nuestro Dios es un padre paciente, que nos espera siempre, y nos espera con el corazón en la mano para acogernos, ¡para perdonarnos! Nos perdona siempre si vamos hacia Él… 

La actitud del propietario es aquella de la esperanza fundada sobre la certidumbre de que el mal no tiene ni la primera ni la última palabra. Y hay más: gracias a esta paciente espera de Dios la misma cizaña, o sea el corazón malvado con tantos pecados, al final puede convertirse en semilla buena.

Pero atención: la paciencia evangélica no es indiferencia al mal; ¡no se puede hacer confusión entre bien y mal! Frente a la cizaña presente en el mundo el discípulo del Señor está llamado a imitar la paciencia de Dios, a alimentar la esperanza con el apoyo de una inquebrantable confianza en la victoria final del bien, o sea de Dios.
Al final, de hecho, el mal será arrancado y eliminado: al tiempo de la cosecha, o sea del juicio, los cosechadores seguirán la orden del propietario separando la cizaña para quemarla (cfr Mt13,30). En aquel día de la cosecha final el juez será Jesús, Aquel que ha sembrado la semilla buena en el mundo y que se ha vuelto Él mismo “semilla”, ha muerto y resucitado. Al final todos seremos juzgados con la misma medida ¿Con cuál? ¿Con cuál medida? con la misma medida con la que hemos juzgado: la misericordia que habremos tenido para con los demás será usada también con nosotros. Pidamos a la Virgen, nuestra Madre, que nos ayude a crecer en la paciencia, en la esperanza y en la misericordia con todos los hermanos.

(Traducción del italiano: Raúl Cabrera- Radio Vaticano)

sábado, 19 de julio de 2014

Autentica fraternidad entre cristianos y musulmanes, mensaje vaticano para el fin del Ramadán

'Hacia una auténtica fraternidad entre cristianos y musulmanes'' es el título del mensaje del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso en ocasión del final del Ramadán (Id al-Fitr 1435/ 2014 AD). El documento está firmado por el cardenal Jean-Louis Tauran y por padre Miguel Ángel Ayuso Guixot MCCJ, respectivamente presidente y secretario de ese dicasterio. El año pasado, el primero de su ministerio el Papa Francisco firmó personalmente el Mensaje con motivo del 'Id-al Firt y, en el Ángelus del 13 de agosto de ese mismo año se dirigió a los musulmanes llamándolos ''hermanos nuestros''.
''Todos reconocemos -dice el texto- la importancia de esas palabras. Efectivamente, los cristianos y los musulmanes son hermanos y hermanas de una única familia humana, creada por el único Dios''. El mensaje recuerda también las palabras de San Juan Pablo II a algunos líderes religiosos musulmanes en 1982 en Nigeria: ''Todos nosotros, cristianos y musulmanes, vivimos bajo el sol de un único Dios misericordioso. Todos creemos en un sólo Dios creador del hombre. Aclamamos la señoría de Dios y defendemos la dignidad del ser humano en cuanto siervo de Dios, Adoramos a Dios y le profesamos una sumisión total. En este sentido podemos llamarnos unos a otros hermanos y hermanas en la fe en un sólo Dios''. ''Damos gracias al Altísimo -prosigue el documento- por todo lo que tenemos en común, aunque seamos conscientes de nuestras diferencias. Nos damos cuenta de la importancia de la promoción de un diálogo fructífero basado en el respeto y la amistad recíprocas. Inspirados por nuestros valores compartidos y reforzados por nuestros sentimientos de fraternidad genuina, estamos llamados a trabajar juntos por la justicia, la paz y el respeto de los derechos y de la dignidad de toda persona. Nos sentimos particularmente responsables de los más necesitados: los pobres, los enfermos, los huérfanos, los migrantes, las víctimas de la trata de personas y todos los que sufren a causa de cualquier forma de dependencia''. ''Sabemos que el mundo actual debe hacer frente a grandes desafíos que requieren solidaridad por parte de las personas de buena voluntad -observa el mensaje- Estos retos comprenden las amenazas al medio ambiente, la crisis de la economía global y altos niveles de desempleo, especialmente entre los jóvenes. Situaciones tales generan un sentido de vulnerabilidad y una falta de esperanza en el futuro. Tampoco tenemos que olvidar los problemas que afrontan las tantas familias que han sido separadas dejando a sus seres queridos y, a menudo, también a niños pequeños. Por lo tanto, aunemos nuestros esfuerzos para construir puentes de paz y para promover la reconciliación, especialmente en las regiones en que musulmanes y cristianos padecen juntos el horror de la guerra''.
El documento se cierra manifestando el deseo de que la amistad común ''inspire siempre nuestra cooperación cuando se trata de afrontar estos retos tan numerosos con sabiduría y prudencia. Así podremos ayudar a reducir las tensiones y los conflictos y a hacer que progrese el bien común. Y demostraremos también que las religiones pueden ser fuente de armonía para el beneficio de toda la sociedad''. ''Rogamos -concluye-que la reconciliación, la justicia, la paz y el desarrollo sigan siendo nuestras prioridades, por el bienestar y el bien de toda la familia humana. Con el Papa Francisco os dirigimos nuestra mejores deseos de una fiesta gozosa y de una vida de prosperidad en la paz.''(RC-RV)

viernes, 18 de julio de 2014

ACEPTAR LA CIZAÑA NOS HUMANIZA. Escrito por Enrique Martínez Lozano

Mt 13, 24-43
La personalidad fanática tiende a ver la realidad escindida completamente en dos: todo es blanco o negro, verdadero o falso, bueno o malo, "trigo o cizaña"; para ella, no caben otras tonalidades. 
Por eso, se convierte en juez implacable que "salva" o "condena".
Sabemos que, tras esa apariencia de dureza e intransigencia, lo que se esconde es una inseguridad amenazadora, aunque con frecuencia inconsciente para el propio individuo. Precisamente, el fanatismo cumple la función de mantenerla a raya, aunque sea a un precio excesivamente alto, por el desgaste y el sufrimiento que conlleva.
La intolerancia, nos advertía el físico ruso Andrei Sájarov, no es sino "la angustia de no tener razón". Pero imposibilita el descanso y la paz, porque se asienta en una no aceptación de la realidad tal como es.
Algo similar ocurre en las actitudes fundamentalistas: al identificar sus creencias con la verdad, y al haber hecho de las mismas el sostén de su propia seguridad psicológica, no queda otro remedio que condenar tajantemente todo aquello que pueda poner en cuestión el "orden" que su propia mente ha establecido (y que, en el caso religioso, intentará justificar remitiéndose a una autoridad divina).
Y aquí se unen todos esos perfiles mentalmente autoritarios: aun sin pretenderlo, están cultivando la semilla del fanatismo que siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral.
Con un humor que no oculta la tragedia, el escritor israelí Amos Oz escribe lo siguiente: "La esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. En esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de enderezar al hermano en vez de dejarles ser.
El fanático es una criatura de lo más generosa. El fanático es un gran altruista. A menudo, está más interesado en los demás que en sí mismo. Quiere salvar tu alma, redimirte. Liberarte del pecado, del error, de fumar. Liberarte de tu fe o de tu carencia de fe. Quiere mejorar tus hábitos alimenticios, lograr que dejes de beber o de votar. El fanático se desvive por uno. Una de dos: o nos echa los brazos al cuello porque nos quiere de verdad o se nos lanza a la yugular si demostramos ser unos irredentos.
En cualquier caso, topográficamente hablando, echar los brazos al cuello o lanzarse a la yugular es casi el mismo gesto. De una forma u otra, el fanático está más interesado en el otro que en sí mismo por la sencillísima razón de que tiene un sí mismo bastante exiguo o ningún sí mismo en absoluto" (A. OZ, Contra el fanatismo, Debolsillo, Barcelona 2005, pp.28-29).
La tragedia puede formularse de este modo: el trigo y la cizaña no se dan en campos diferentes, ni dividen a las personas en dos grupos: buenos y malos, como el fundamentalismo quiere hacer creer. Trigo y cizaña habitan juntos en cada corazón humano.

Más aún: en la medida en que venimos a conocer el funcionamiento de la sombra, nos percatamos de que es precisamente aquello que más nos crispa lo que –aunque reflejado en el vecino- tenemos en nosotros mismos. La "cizaña" que más detestamos en el prójimo es aquella que más escondida se halla en nuestro interior.
Por eso, la actitud sabia es la de "dejarlos crecer juntos". Tal actitud remite precisamente a lo que tenemos que hacer con la propia sombra: aceptarla, abrazarla, para poder reconocerla como propia –con lo que, al dejar de proyectarla en los demás, renunciaremos a juzgarlos-, sin reducirnos a ella.

El regalo que tal trabajo esconde para quien lo emprende es un crecimiento en integración y en humildad. Paradójicamente, la aceptación de la "cizaña" nos ha terminado humanizando, bajándonos del pedestal egoico –hecho de exigencia, perfeccionismo y ciertas ideas de "superioridad"- que sostenía el fanatismo, y acercándonos a nuestra verdad completa.

Severidad contra la "lepra" de la pederastia eclesial Sobre el celibato: "hay soluciones y las encontraré"

Francisco afirmó que afrontará con toda la "severidad" que requiere los casos de pederastia en el seno de la Iglesia Católica y los tildó de "lepra", en una entrevista publicada el lunes 14 de julio por el diario italiano "La Repubblica", en la que también habló de la mafia y del celibato.


Francisco señaló que los casos de pederastia son "frecuentes" en la sociedad actual, en la que se perpetran estos "abominables" delitos como consecuencia, entre otras cosas, de que la educación parece haber desaparecido de las casas y de las familias.

"La corrupción de un muchacho es lo más terrible e inmundo que se pueda imaginar y especialmente si, como demuestran los datos que he podido examinar personalmente, gran parte de estos hechos abominables se dan en el entorno de familias o amigos", indicó.
Un problema que también afecta a la Iglesia Católica, donde se desarrolla como si de una enfermedad infecciosa se tratara, como si fuera "lepra", dijo.

El papa expresó su preocupación por las estadísticas que le ofrecen algunos de sus colaboradores, que apuntan a que la pederastia podría afectar al 2 % de la Iglesia.
"Lo considero gravísimo. Este 2 % de pederastas son incluso obispos y cardenales. Además, otros conocen estos casos y callan. Encuentro esta situación insostenible y mi intención es afrontarla con la severidad que requiere", subrayó.

El pasado lunes, el papa pidió "perdón por los pecados de omisión" cometidos por líderes de la Iglesia en relación con los abusos sexuales durante una misa en su residencia vaticana, a la que asistieron seis víctimas de dichos delitos.

"Humildemente pido perdón", dijo el papa argentino, quien reconoció que los líderes de la Iglesia "no han respondido adecuadamente a las denuncias de abuso presentadas por familiares y por aquellos que fueron víctimas del abuso".
Otro de los asuntos que abordó durante la entrevista es el crimen organizado, que el pontífice argentino dijo no conocer "a fondo", aunque es consciente de los delitos que a menudo cometen los mafiosos o de los "enormes intereses" que administran.
"Todo esto está cambiando y cambiará. Nuestra denuncia de la mafia no será un hecho aislado, sino constante. Pederastia y mafia: la Iglesia, el pueblo de Dios, los sacerdotes y las comunidades tendrán entre sus cometidos estas dos importantísimas cuestiones", dijo.
Por último, el Obispo de Roma también se refirió al celibato entre los miembros del clero y aseguró que, a este respecto, hay soluciones y las encontrará.

"El celibato fue establecido en el siglo X, es decir, 900 años después de la muerte de Jesús. La Iglesia católica oriental permite que sus sacerdotes se casen. El problema ciertamente existe aunque no es de gran dimensión. Se requiere tiempo aunque hay soluciones y las encontraré", señaló.


Redacción de Religión Digital

Yo quiero misericordia y no sacrificios.


Evangelio según San Mateo 12,1-8.

En aquel tiempo, Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas.

Al ver esto, los fariseos le dijeron: "Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado".

Pero él les respondió: "¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre,
cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes?

¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta?

Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo.

Si hubieran comprendido lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios, no condenarían a los inocentes.

Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado". 
Fuente: News. va

jueves, 17 de julio de 2014

IMPORTANCIA DE LO PEQUEÑO. Escrito por José Antonio Pagola


Mt 13, 24-42
Al cristianismo le ha hecho mucho daño a lo largo de los siglos el triunfalismo, la sed de poder y el afán de imponerse a sus adversarios. Todavía hay cristianos que añoran un Iglesia poderosa que llene los templos, conquiste las calles e imponga su religión a la sociedad entera.


Hemos de volver a leer dos pequeñas parábolas en las que Jesús deja claro que la tarea de sus seguidores no es construir una religión poderosa, sino ponerse al servicio del proyecto humanizador del Padre (el reino de Dios), sembrando pequeñas "semillas" de Evangelio e introduciéndose en la sociedad como pequeño "fermento" de vida humana.

La primera parábola habla de un grano de mostaza que se siembra en la huerta. ¿Qué tiene de especial esta semilla? Que es la más pequeña de todas, pero, cuando crece, se convierte en un arbusto mayor que las hortalizas. El proyecto del Padre tiene unos comienzos muy humildes, pero su fuerza transformadora no la podemos ahora ni imaginar.

La actividad de Jesús en Galilea sembrando gestos de bondad y de justicia no es nada grandioso y espectacular: ni en Roma ni en el Templo de Jerusalén son conscientes de lo que está sucediendo. El trabajo que realizamos hoy sus seguidores es insignificante: los centros de poder lo ignoran.
Incluso, los mismos cristianos podemos pensar que es inútil trabajar por un mundo mejor: el ser humano vuelve una y otra vez a cometer los mismos horrores de siempre. No somos capaces de captar el lento crecimiento del reino de Dios.

La segunda parábola habla de una mujer que introduce un poco de levadura en una masa grande de harina. Sin que nadie sepa cómo, la levadura va trabajando silenciosamente la masa hasta fermentarla enteramente.

Así sucede con el proyecto humanizador de Dios. Una vez que es introducido en el mundo, va transformando calladamente la historia humana. Dios no actúa imponiéndose desde fuera. Humaniza el mundo atrayendo las conciencias de sus hijos hacia una vida más digna, justa y fraterna.

Hemos de confiar en Jesús. El reino de Dios siempre es algo humilde y pequeño en sus comienzos, pero Dios está ya trabajando entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de verdad y de justicia, el anhelo de un mundo más dichoso. Hemos de colaborar con él siguiendo a Jesús.
Una Iglesia menos poderosa, más desprovista de privilegios, más pobre y más cercana a los pobres, siempre será una Iglesia más libre para sembrar semillas de Evangelio, y más humilde para vivir en medio de la gente como fermento de una vida más digna y fraterna.


José Antonio Pagola

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.

Evangelio según San Mateo 11,28-30.

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana".

Meditación del Papa Francisco


Con su mansedumbre. Jesús nunca ha dejado de ser cordero: manso, bueno, lleno de amor, cercano a los pequeños, cercano a los pobres. Estaba allí, entre la gente, curaba a todos, enseñaba, rezaba. Pero, tan débil Jesús: como un cordero. 

Pero ha tenido la fuerza para cargar sobre sí todos nuestros pecados: todos. "Pero, padre, usted no sabe mi vida: tengo uno que... pero, ni siquiera puedo llevarlo con un camión...". Muchas veces, cuando miramos en nuestra conciencia, nos encontramos con algunos que son grandes, ¿eh? Pero Él los lleva. 

Él ha venido para eso: para perdonar, para traer la paz en el mundo, pero primero en el corazón. Quizá cada uno de nosotros tiene una tormenta en el corazón, quizá tiene una oscuridad en el corazón, quizá se siente un poco triste por una culpa... Él ha venido a quitar todo eso. Él nos da la paz, Él lo perdona todo.

miércoles, 16 de julio de 2014

EL SEÑOR NO RECHAZA A SU PUEBLO, EL JUSTO OBTENDRÁ SU DERECHO


 El Señor no rechaza a su pueblo

Trituran, Señor, a tu pueblo,
oprimen a tu heredad;
asesinan a viudas y forasteros,
degüellan a los huérfanos.


El Señor no rechaza a su pueblo

Y comentan: «Dios no lo ve,
el Dios de Jacob no se entera.»
Enteraos, los más necios del pueblo,
ignorantes, ¿cuándo discurriréis?


El Señor no rechaza a su pueblo


El que plantó el oído ¿no va a oír?;
el que formó el ojo ¿no va a ver?;
el que educa a los pueblos ¿no va a castigar?;
el que instruye al hombre ¿no va a saber?


El Señor no rechaza a su pueblo

Porque el Señor no rechaza a su pueblo,
ni abandona su heredad:
el justo obtendrá su derecho,
y un porvenir los rectos de corazón.


El Señor no rechaza a su pueblo

Fiesta de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo

Juan Pablo II, Mensaje a la Orden de los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo

Ya desde los primeros ermitaños que se establecieron en el monte Carmelo y que habían ido como peregrinos a la tierra del Señor Jesús, la vida se suele representar como una ascesis hasta llegar a Cristo nuestro Señor, monte de salvación (cf. Misal romano, Oración colecta de la misa en honor de nuestra Señora del Carmen, 16 de julio). Orientan esa peregrinación interior dos iconos bíblicos muy apreciados por la tradición carmelitana: el del profeta Elías y el de la Virgen María.


El profeta Elías arde en celo por el Señor (cf. 1 R 19, 10); se pone en marcha hacia el monte Horeb y, aunque se siente cansado, sigue caminando hasta alcanzar la meta. Sólo al término de su arduo itinerario encuentra al Señor en el susurro de una brisa suave (cf. 1 R 19, 1-18).
Contemplando su ejemplo, los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo comprenden más profundamente que sólo quien se mantiene entrenado para escuchar a Dios e interpretar los signos de los tiempos es capaz de encontrar al Señor y reconocerlo en los acontecimientos diarios. Dios habla de muchos modos, incluso a través de realidades que a veces pueden parecer insignificantes.

El otro icono es el de la Virgen María, a quien veneráis bajo el título de Hermana y Belleza del Carmelo. La Virgen se pone en camino para ir a visitar a su anciana prima, santa Isabel. En cuanto recibe el anuncio del ángel (cf. Lc 1, 26-38), al saber que Isabel necesita ayuda, parte generosamente, casi corriendo por los senderos del monte (cf. Ct 2, 8; Is 52, 7). Durante el encuentro con su prima, de su alma brota un cántico de alegría: el Magníficat (cf. Lc 1, 39-56). Cántico de alabanza al Señor y testimonio de humilde disponibilidad a servir a sus hermanos. En el misterio de la Visitación todo cristiano ve el modelo de su vocación. Así debe ser especialmente para vosotros, reunidos en asamblea capitular con la finalidad de imprimir a la Orden un nuevo impulso ascético y misionero. Con el corazón rebosante de alabanza al Señor en la contemplación de su misterio, avanzad con alegría por los caminos de la caridad, abriéndoos a la acogida fraterna, para ser testigos creíbles del amor misericordioso del Verbo de Dios hecho hombre para redimir el mundo.

martes, 15 de julio de 2014

¡ Ay de ti, Betsaida !

Evangelio según San Mateo 11,20-24.


Jesús comenzó a recriminar a aquellas ciudades donde había realizado más milagros, porque no se habían convertido.

"¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza.

Yo les aseguro que, en el día del Juicio, Tiro y Sidón serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.

Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. Porque si los milagros realizados en ti se hubieran hecho en Sodoma, esa ciudad aún existiría.
Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú".
MEDITACIÓN DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Cuando pensamos en el regreso de Cristo y en su juicio final, que manifestará, hasta sus últimas consecuencias, el bien que cada uno habrá realizado o habrá dejado de realizar durante su vida terrena, percibimos que nos encontramos ante un misterio que nos supera, que no conseguimos ni siquiera imaginar. Un misterio que casi instintivamente suscita en nosotros una sensación de miedo, y quizás también de trepidación. Pero si reflexionamos bien sobre esta realidad, esta sólo puede agrandar el corazón de un cristiano y ser un gran motivo de consuelo y confianza. [...]

"Quien cree en él no está condenado; pero quien no cree ya está condenado, porque no ha creído en el Hijo único de Dios". Esto significa entonces que ese juicio, el juicio ya está en marcha, empieza ahora, en el transcurso de nuestra existencia.

Este juicio es pronunciado en cada instante de la vida, como respuesta de nuestra acogida con fe de la salvación presente y operante en Cristo, o bien de nuestra incredulidad, con la consiguiente cerrazón en nosotros mismos. (S.S. Francisco, 11 de diciembre de 2013). .

Oración para el V Centenario del Nacimiento de santa Teresa de Jesús

Dios, Padre nuestro,
te alabamos y te bendecimos,
porque nos concedes la gracia de celebrar
el V centenario del nacimiento
de Santa Teresa de Jesús.

Señor Jesucristo, “amigo verdadero”,
ayúdanos a crecer en tu amistad,
para que, como Teresa, hija de la Iglesia,
demos testimonio de tu alegría ante el mundo, atentos a las necesidades
de la Humanidad.


Espíritu Santo,
ayúdanos a avanzar,
“con limpia conciencia y humildad”,
en el camino de la vida interior,
cimentados en la verdad,
con renovado desprendimiento,
y amor fraterno incondicional.

Como Teresa de Jesús,
maestra de espiritualidad,
enséñanos a orar de todo corazón:
“Vuestra soy, Señor, para Vos nací
¿qué mandáis hacer de mi? Amén.

lunes, 14 de julio de 2014

"Quien pierda la vida por mí y por el Evangelio, ése se salvará"

Jesús llama a seguirle personalmente. Podemos decir que esta llamada está en el centro mismo del Evangelio. Por una parte Jesús lanza esta llamada; por otra oímos hablar a los Evangelistas de hombres que lo siguen, y aún más, de algunos de ellos que lo dejan todo para seguirlo.

Pensemos en todas las llamadas de las que nos han dejado noticia los Evangelistas: “Un discípulo le dijo: Señor, permíteme ir primero a sepultar a mi padre; pero Jesús le respondió: Sígueme y deja a los muertos sepultar a sus muertos” (Mt 8, 21-22): forma drástica de decir: déjalo todo inmediatamente por Mí. Esta es la redacción de Mateo. Lucas añade la connotación apostólica de esta vocación: “Tú vete y anuncia el reino de Dios” (Lc 9, 60). En otra ocasión, al pasar junto a la mesa de los impuestos, dijo y casi impuso a Mateo, quien nos atestigua el hecho: “Sígueme. Y él, levantándose lo siguió” (Mt 9, 9; cf. Mc 2, 13-14).

Seguir a Jesús significa muchas veces no sólo dejar las ocupaciones y romper los lazos que hay en el mundo, sino también distanciarse de la agitación en que se encuentra e incluso dar los propios bienes a los pobres. No todos son capaces de hacer ese desgarrón radical: no lo fue el joven rico, a pesar de que desde niño había observado la ley y quizá había buscado seriamente un camino de perfección, pero “al oír esto (es decir, la invitación de Jesús), se fue triste, porque tenía muchos bienes” (Mt 19, 22; Mc 10, 22). Sin embargo, otros no sólo aceptan el “Sígueme”, sino que, como Felipe de Betsaida, sienten la necesidad de comunicar a los demás su convicción de haber encontrado al Mesías (cf. Jn 1, 43 ss.). Al mismo Simón es capaz de decirle desde el primer encuentro: “Tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)” (Jn 1, 42). El Evangelista Juan hace notar que Jesús “fijó la vista en él”: en esa mirada intensa estaba el “Sígueme” más fuerte y cautivador que nunca. Pero parece que Jesús, dada la vocación totalmente especial de Pedro (y quizá también su temperamento natural), quiera hacer madurar poco a poco su capacidad de valorar y aceptar esa invitación. En efecto, el “Sígueme” literal llegará para Pedro después del lavatorio de los pies, durante la última Cena (cf. Jn 13, 36), y luego, de modo definitivo, después de la resurrección, a la orilla del lago de Tiberíades (cf. Jn 21, 19).

No cabe duda que Pedro y los Apóstoles —excepto Judas— comprenden y aceptan la llamada a seguir a Jesús como una donación total de sí y de sus cosas para la causa del anuncio del reino de Dios. Ellos mismos recordarán a Jesús por boca de Pedro: “Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido” (Mt 19, 27). Lucas añade: “todo lo que teníamos” (Lc 18, 28). Y el mismo Jesús parece que quiere precisar de “qué” se trata al responder a Pedro. “En verdad os digo que ninguno que haya dejado casa, mujer, hermanos, padres e hijos por amor al reino de Dios dejará de recibir mucho más en este siglo, y la vida eterna en el venidero” (Lc 18, 29-30).

En Mateo se especifica también el dejar hermanas, madre, campos “por amor de mi nombre”; a quien lo haya hecho Jesús le promete que “recibirá el céntuplo y heredará la vida eterna” (Mt 19, 29).

En Marcos hay una especificación posterior sobre el abandonar todas las cosas “por mí y por el Evangelio”, y sobre la recompensa: “El céntuplo ahora en este tiempo en casas, hermanos, hermanas, madre e hijos y campos, con persecuciones, y la vida eterna en el siglo venidero” (Mc10, 29-30).

Dejando a un lado de momento el lenguaje figurado que usa Jesús, nos preguntamos: ¿Quién es ese que pide que lo sigan y que promete a quien lo haga darle muchos premios y hasta “la vida eterna”? ¿Puede un simple Hijo del hombre prometer tanto, y ser creído y seguido, y tener tanto atractivo no sólo para aquellos discípulos felices, sino para millares y millones de hombres en todos los siglos?

 En realidad los discípulos recordaron bien la autoridad con que Jesús les había llamado a seguirlo sin dudar en pedirles una dedicación radical, expresada en términos que podían parecer paradójicos, como cuando decía que había venido a traer “no la paz, sino la espada”, es decir, a separar y dividir a las mismas familias para que lo siguieran, y luego afirmaba: “El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí” (Mt 10, 37-38). Aún es más fuerte y casi dura la formulación de Lucas: “Si alguno viene a mí y no aborrece a(expresión del hebreo para decir: no se aparte de) su padre, su madre, su mujer, sus hermanos, sus hermanas y aún su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lc 14, 26).


Ante estas expresiones de Jesús no podemos dejar de reflexionar sobre lo excelsa y ardua que es la vocación cristiana. No cabe duda que las formas concretas de seguir a Cristo están graduadas por Él mismo según las condiciones, las posibilidades, las misiones, los carismas de las personas y de los grupos. Las palabras de Jesús, como Él dice, son “espíritu y vida” (cf. Jn 6, 63), y no podemos pretender concretarlas de forma idéntica para todos. 

Pero según Santo Tomás de Aquino, la exigencia evangélica de renuncias heroicas como las de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y renuncia de sí por seguir a Jesús —y podemos decir igual de la oblación de sí mismo en el martirio, antes que traicionar la fe y el seguimiento de Cristo— compromete a todos “secundum praeparationem animi” (cf. S. Th. II-II q. 184, a. 7, ad 1), o sea, según la disponibilidad del espíritu para cumplir lo que se le pide en cualquier momento que se le llame, y por lo tanto comportan para todos un desapego interior, una oblación, una autodonación a Cristo, sin las cuales no hay un verdadero espíritu evangélico.


Del mismo Evangelio podemos deducir que hay vocaciones particulares, que dependen de una elección de Cristo: como la de los Apóstoles y de muchos discípulos, que Marcos señala con bastante claridad cuando escribe: “Subió a un monte, y llamando a los que quiso, vinieron a Él, y designó a doce para que lo acompañaran...” (Mc 3, 13-14). El mismo Jesús, según Juan, dice a los Apóstoles en el discurso final: “No me habéis elegido vosotros a mí, sino yo os he elegido a vosotros...” (Jn 15, 16).

No se deduce que Él condenara definitivamente al que no aceptó seguirlo por un camino de total dedicación a la causa del Evangelio (cf. el caso de joven rico: Mc 10, 17-27). Hay algo más que pone en juego la libre generosidad de cada uno. Pero no hay duda que la vocación a la fe y al amor cristiano es universal y obligatoria: fe en la Palabra de Jesús, amor a Dios sobre todas las cosas y también al prójimo como a nosotros mismos, porque “el que no ama a su hermano a quien ve, no es posible que ame a Dios a quien no ve” (1 Jn 4, 20).

Jesús, al establecer la exigencia de la respuesta a la vocación a seguirlo, no esconde a nadie que su seguimiento requiere sacrificio, a veces incluso el sacrificio supremo. En efecto, dice a sus discípulos: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues el que quiera salvar su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la salvará...” (Mt 16, 24-25).

Marcos subraya que Jesús había convocado con los discípulos también a la multitud, y habló a todos de la renuncia que pide a quien quiera seguirlo, de cargar con la cruz y de perder la vida “por mi y el Evangelio” (Mc 8, 34-35). (Y esto después de haber hablado de su próxima pasión y muerte! (cf. Mc 8, 31-32).
Pero, al mismo tiempo, Jesús proclama la bienaventuranza de los que son perseguidos “por amor del Hijo del hombre” (Lc 6, 22): “Alegraos y regocijaos, porque grande será en los cielos vuestra recompensa” (Mt 5, 12).

Y nosotros nos preguntamos una vez más: ¿Quién es éste que llama con autoridad a seguirlo, predice odio, insultos y persecuciones de todo género (cf. Lc 6, 22), y promete “recompensa en los cielos”? Sólo un Hijo del hombre que tenía la conciencia de ser Hijo de Dios podía hablar así. En este sentido lo entendieron los Apóstoles y los discípulos, que nos transmitieron su revelación y su mensaje. En este sentido queremos entenderlo nosotros también, diciéndole de nuevo con el Apóstol Tomás: “Señor mío y Dios mío”.


 JUAN PABLO II. Miércoles 28 de octubre de 1987

El Papa: No a la política del descarte, hoy se descarta a toda una generación de jóvenes

Volver a poner en el centro al hombre, para no caer en el reduccionismo antropológico que descarta a los niños, a los ancianos y a las jóvenes generaciones. Es cuanto en síntesis dijo el Papa Francisco a los participantes en el seminario internacional sobre “el bien común global hacia una economía más inclusiva”, organizado por el Consejo Pontificio de la Justicia y de la Paz y por la Segunda Sección de la Secretaría de Estado, que se celebró el pasado 12 de julio en la Ciudad del Vaticano.

Usando la metáfora del vino, que tras la destilación se transforma en aguardiente, el Santo Padre advirtió acerca de la posibilidad para el hombre de perder su propia esencia, transformándose en otra cosa, en un mero instrumento. Durante el almuerzo con los académicos, expertos y representantes de grandes empresas, el Pontífice también recordó la necesidad de superar “una política, una sociología, una actitud de descarte”.

Hoy el hombre ya no está en el centro y termina al servicio de alguna otra cosa; ya no está en el centro de su reflexión, no se coloca como eje de la sociedad para desarrollar su pensamiento, para elaborar sus elecciones, y así pierde su humanidad. El Papa Francisco dirigió estas fuertes palabras al mundo de hoy, donde las decisiones son generadas por los intereses económicos, de modo que el hombre:

“Se convierte en un instrumento del sistema, sistema social, económico, sistema donde señorean los desequilibrios. Cuando el hombre pierde su humanidad, ¿qué nos espera? Sucede lo que a mí se me ocurre decir en un lenguaje común: una política, una sociología, una actitud ‘del descarte’. ¡Se descarta lo que no sirve para esto, porque el hombre el hombre no está en el centro!”

Y entonces es necesario que el hombre vuelva “al centro de la sociedad, al centro de los pensamientos, al centro de la reflexión”, añadió el Santo Padre. Y a cuantos estudian los sistemas económicos y trabajan para instituciones internacionales y grandes empresas, el Pontífice reafirmó que es necesario salvar al hombre:
“Se descarta a los niños, porque el nivel de natalidad – al menos aquí en Europa – todos los conocemos; se descarta a los ancianos, porque no sirven. ¿Y ahora? ¡Se descarta a toda una generación de jóvenes! ¡Y esto es gravísimo! He visto una cifra: 75 millones de jóvenes, menores de 25 años, sin trabajo. Los “jóvenes ni - ni”: ni estudian, ni trabajan. No estudian porque no tienen posibilidades, no trabajan porque no hay trabajo. ¡Es otro descarte! ¿Cuál será el próximo descarte? Detengámonos a tiempo, por favor”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).