Este blog se crea con el objetivo de que todos los que formamos parte de de la comunidad cristiana, podamos expresar nuestras opiniones, consultar nuestras dudas y, sobre todo, ayudarnos unos a otros en este caminar con Jesús y hacia Jesús. Anímate y participa
jueves, 17 de enero de 2013
miércoles, 16 de enero de 2013
ORAR
Para vivir el presente debemos creer profundamente que lo más importante es el aquí y el ahora. Continuamente estamos distraídos por cosas que han ocurrido en el pasado o que han de ocurrir en el futuro. No es fácil permanecer en el presente. Nuestra mente es difícil de dominar y sigue siempre sacándonos del momento presente.
La oración es la disciplina del momento. Cuando oramos entramos en la presencia de Dios, cuyo nombre es Dios con nosotros. Orar es escuchar atentamente a quien se dirige a nosotros aquí y ahora.
Cuando tenemos la valentía de confiar en que no estamos nunca solos, sino que Dios está siempre con nosotros, se ocupa siempre de nosotros y continuamente nos está hablando, entonces podemos ir desprendiéndonos gradualmente de las voces que nos hacen sentirnos preocupados y ansiosos, impidiendo que nos instalemos en el momento presente.
Se trata de un verdadero desafío, porque la confianza radical en Dios no es algo evidente.La mayor parte de nosotros desconfiamos de Dios. La mayor parte de nosotros piensa en Dios como una autoridad temible, que castiga, o bien como algo vacío y sin poder. El mensaje fundamental de Jesús fue que Dios no es ni un débil impotente ni un poderoso patrón, sino un amante, cuyo único deseo es darnos lo que más desea nuestro corazón.
Orar es escuchar esta voz amorosa. Cuando dejamos de rezar, cuando dejamos de oír esa voz amorosa que nos habla en cada momento, nuestras vidas se convierten en vidas absurdas en las que somos arrastrados y zarandeados por el presente y por el futuro.
No estamos solos, y el que está con nosotros sólo quiere una cosa: DARNOS AMOR.
Del libro "Aquí y ahora" de Henri J.M. Nouwen
martes, 15 de enero de 2013
Bautismo de Cristo
En sus palabras previas al rezo del Ángelus, en la Plaza de San Padre, el Papa Benedicto XV aseguró que los cristianos, a semejanza de Jesús debemos ofrecer la propia vida por la verdad y la justicia ante el mal del mundo.
Benedicto XVI subrayó que “este renacer es el Bautismo, que Cristo ha donado a la Iglesia para regenerar a los hombres en la vida nueva”.
El Santo Padre indicó que “Jesús es el hombre nuevo que quiere vivir como hijo de Dios, es decir, en el amor; el hombre que ante el mal del mundo, elige el camino de la humildad y de la responsabilidad, elige no de salvarse a sí mismo sino de ofrecer la propia vida por la verdad y la justicia”.
“Ser cristianos significa vivir así”, señaló el Papa, sin embargo reconoció que “este tipo de vida comporta renacer: renacer desde lo alto, desde Dios, desde la Gracia”.
Benedicto XVI subrayó que “este renacer es el Bautismo, que Cristo ha donado a la Iglesia para regenerar a los hombres en la vida nueva”.
El Papa recordó que este domingo concluye el tiempo litúrgico de Navidad, “tiempo de luz, la luz de Cristo que, como nuevo sol aparecido en el horizonte de la humanidad, disipa las tinieblas del mal y de la ignorancia”.
“Celebramos hoy la fiesta del Bautismo de Jesús: aquel Niño, hijo de la Virgen, que contemplamos en el misterio de su nacimiento, lo vemos hoy adulto sumergirse en las aguas del río Jordán, y santificar así todas las aguas y el cosmos entero –como indica la tradición oriental”.
El Papa también cuestionó “¿por qué Jesús, en quien no había sombra de pecado, fue para hacerse bautizar por Juan? ¿Por qué quiso realizar este gesto de penitencia y conversión, junto con tantas personas que de este modo querían prepararse para la venida del mesías?”.
“El sentido de este movimiento de abajamiento divino se resume en una única palabra: amor, que es el nombre mismo de Dios”.
El Santo Padre indicó que el evangelista Lucas relata que “Jesús, habiendo recibido el bautismo, ‘mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección’”.
El Papa afirmó que “este Jesús es el Hijo de Dios que está totalmente inmerso en la voluntad de amor del Padre. Este Jesús es Aquel que morirá en la cruz y resurgirá por la potencia del mismo Espíritu que ahora se posa sobre Él y lo consagra”.
“Según la tradición, esta mañana tuve la alegría de bautizar a un numeroso grupo de niños que nacieron en los últimos tres o cuatro meses. En este momento quiero extender mi oración y mi bendición a todos los recién nacidos; pero en especial invitar a todos a recordar nuestro Bautismo, hacer memoria de aquel renacer espiritual que nos abrió el camino de la vida eterna”.
“Que pueda cada cristiano, en este Año de la fe, redescubrir la belleza de haber renacido desde lo alto, desde el amor de Dios, y vivir como su verdadero hijo”, concluyó.
Benedicto XVI, Vaticano, Bautismo
sábado, 12 de enero de 2013
Nacer de la Virgen María
Una persona realmente cristiana no puede ni debe vivir más que de la vida de Nuestro Señor Jesucristo.
Esta vida divina debe ser el principio de todos sus pensamientos, de todas sus palabras y de todas sus acciones.
Jesucristo fue concebido en el seno de María por obra del Espíritu Santo. Jesucristo nació del seno virginal de María. Concebido por obra del Espíritu Santo, nacido de María Virgen.
El bautismo y la fe hacen que empiece en nosotros la vida de Jesucristo. Por eso, somos como concebidos por obra del Espíritu Santo. Pero debemos, como el Salvador, nacer de la Virgen María.
Jesucristo quiso formarse a nuestra semejanza en el seno virginal de María. También nosotros debemos formarnos a semejanza de Jesucristo en el seno de María, conformar nuestra conducta con su conducta, nuestras inclinaciones con sus inclinaciones, nuestra vida con su vida.
María, con un amor inimaginable, nos lleva siempre en sus castas entrañas como hijos pequeños, hasta tanto que, habiendo formado en nosotros los primeros rasgos de su hijo, nos dé a luz como a Él. María nos repite incesantemente estas hermosas palabras de san Pablo: Hijitos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo se forme en vosotros (Gál 4,19). Hijitos míos, que yo quisiera dar a luz cuando Jesucristo se haya formado perfectamente en vosotros.
Ágora Marianista
viernes, 11 de enero de 2013
martes, 8 de enero de 2013
EPIFANÍA DEL SEÑOR
VATICANO, 06 Ene. 13 / 11:37 am (ACI/EWTN Noticias).- En sus palabras previas al rezo del Ángelus, con ocasión de la Solemnidad de la Epifanía del Señor, el Papa Benedicto XVI señaló que “en las figuras de los Magos, que llegan a Belén siguiendo la luz de una estrella y las indicaciones de las Sagradas Escrituras” se conoce que la Iglesia es “desde el inicio universal”.
El Santo Padre indicó que “la Virgen María, junto a su esposo, representan el ‘tronco’ de Israel, el ‘resto’ preanunciado por los profetas, del que debía germinar el Mesías. En cambio los Magos representan los pueblos, y también podemos decir las civilizaciones, las culturas, y las religiones que están, por decirlo de alguna manera, en camino hacia Dios, en busca de su reino de paz, de justicia, de verdad y de libertad”.
“En un primer momento hay un núcleo, personificado por María, la ‘hija de Sión’: un núcleo de Israel, el pueblo que conoce y que tiene fe en aquel Dios que se ha revelado a los Patriarcas y en el camino de la historia”.
El Papa subrayó que “esta fe alcanza su cumplimiento en María, en la plenitud de los tiempos; en ella, ‘bienaventurada porque ha creído’, el Verbo se ha hecho carne, Dios ha ‘aparecido’ en el mundo”.
“La fe de María se convierte en la primicia y el modelo de la fe de la Iglesia, Pueblo de la Nueva Alianza”.
Benedicto XVI recordó también que mientras hoy celebramos la Epifanía del Señor, “numerosas Iglesias Orientales, según el calendario Juliano, festejan la Navidad”.
“Esta ligera diferencia, que hace que se superpongan los dos momentos, hace resaltar que aquel Niño, nacido en la humildad de la gruta de Belén, es la luz del mundo, que orienta el camino de todos los pueblos”.
“Es un binomio que también hace reflexionar desde el punto de vista de la fe: por una parte, en Navidad, ante Jesús, vemos la fe de María, de José y de los pastores; y hoy, en la Epifanía, vemos la fe de los Magos, venidos de Oriente para adorar al rey de los Judíos”.
El Papa señaló que “la fe de María se puede poner junto a la de Abraham: es el nuevo inicio de la misma promesa, del mismo inmutable designio de Dios, que encuentra ahora su pleno cumplimiento en Jesucristo”.
“Y la luz de Cristo es tan límpida y fuerte que hace inteligible tanto el lenguaje del cosmos, cuanto el de las Escrituras, de modo que todos aquellos que, como los Magos, están abiertos a la verdad, pueden reconocerla y llegar a contemplar al Salvador del mundo”.
El Santo Padre indicó que “también en esta perspectiva podemos ver las Ordenaciones episcopales que he tenido la alegría de conferir esta mañana en la Basílica de San Pedro: dos de los nuevos Obispos permanecerán al servicio de la Santa Sede, y los otros dos partirán para ser Representantes Pontificios en dos naciones”.
“Oremos por cada uno de ellos, por su ministerio, y para que la luz de Cristo resplandezca en el mundo entero”, concluyó.
domingo, 6 de enero de 2013
Querido Jesús, yo también te quiero regalar
«Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra» (Mateo 2, 11).
Mi buen Jesús... hoy, día que celebramos Tu epifanía a todos los hombres... y día en que te visitaron los «magos de Oriente» para llevarte sus dones... yo también me acerco a Ti para entregarte lo poco que tengo...
En este día, te entrego el «oro» de lo poco que poseo, con la conciencia de que lo tengo porque Tú me lo has dado... te entrego mis pensamientos y mis acciones... mi trabajo, mi esfuerzo y mi cansancio... en fin, te entrego mi vida para que Tú la dirijas como y hacia donde Tú quieras hacerlo...
...
Te entrego el «incienso» de mis oraciones... las dichas con fervor... y aquellas que, por la prisa, en ocasiones he repetido sin poner todo mi corazón en ellas... las dichas ante el Sagrario y las dichas en el automóvil, mientras conduzco... te entrego mis horas ante Ti en el Santísimo... y las Eucaristías a las que he asistido a encontrarme contigo... te entrego cada Rosario... cada Novena... y cada oración que te he ofrecido... para que Tú, mi Señor, las multipliques y las hagas dar fruto...
Te entrego, también, la «mirra» de mis dificultades y problemas... de mis angustias y pesares... te entrego mis momentos de ansiedad, cuando buscaba con urgencia Tu Paz... te ofrezco mis miserias... mis momentos de dudas... mis miedos y temores... te entrego las tormentas que he encontrado y de las que Tú me has permitido salir... te entrego cada cruz... cada sufrimiento... cada tribulación... para que Tú, Dios mío, las guardes en Tú Sacratísimo Corazón...
Por último, mi amado Jesús... te pido que bendigas a cada uno de los amigos que nos visitan en este pequeño rinconcito que tenemos aquí... derrama sobre ellos y sus familias Tus Gracias... llénalos de Tu Amor... y concédeles Tu Paz... para que vivan, hoy y siempre, unidos a Ti...
~*~*~*~
¡Muchas felicidades y que Dios me los bendiga mucho en este día de los Reyes Magos!!!
De "Tengo sed de Ti"
Epifanía del Señor
Con los pastores pasó hace unos días un acontecimiento extraño que resultó bien. Cuidaban sus rebaños cumpliendo su rudo oficio cuando vieron una tan extraña como clara visión de ángeles que les decían cosas al principio incomprensibles y al poco rato comprobadas. Sí, allí, en un casuco, estaba el Niño del que se les habló, con su madre y un varón. Hicieron lo que pudieron en su tosquedad y carencia según mandaban las circunstancias. Como les habían asegurado que era la "Luz que iluminaba al pueblo que habitaba en sombras de muerte", de lo que tenían dieron para ayudar y para quedar bien con aquella familia que al parecer era más pobre que ellos. No les costó trabajo aceptar el milagro que era tan claro. Lo dijeron los ángeles, pues... tenían razón.
Vinieron unos Reyes. Fueron los últimos en llegar a ver a aquel Niño y si se entretienen un poco más..., pues ¡que no lo encuentran! Viajaron mucho por los caminos del mundo. Venían desde muy lejos. Pasaron miedo, frío y calor. Hasta estuvieron perdidos pero, preguntando e inquiriendo, sacaron fruto de su investigación. Aquello fue un consuelo porque tuvieron susto de haber perdido el tiempo y tener que regresar a los comienzos con el fracaso en sus reales frentes. Pero no, sabían que aquella estrella era capaz de llevarles adonde estaba Dios. También las circunstancias mandaban y adoraron y ¡cómo no! ofrecieron dones al Niño-Creador.
Los dos son caminos, la fe y la razón. Uno es sencillo, basta con que hable Dios. El otro es costoso, búsqueda constante y sincera con peligros de equivocación. La Verdad está en su sitio. Sencillez es condición. Los pastores la aprehenden y los sabios la descubren. Entrambos la sirven y entrambos son de Dios.
Archidiócesis de Madrid
Los Magos de Oriente, modelos del verdadero sabio. Benedicto XVI
¡Queridos hermanos y hermanas!
Celebramos hoy la gran fiesta de la Epifanía, el misterio de la Manifestación del Señor a todas las gentes, representadas por los Magos, venidos de Oriente para adorar al Rey de los Judíos (cfr Mt 2,1-2). El evangelista Mateo, que relata el acontecimiento, subraya que éstos llegaron a Jerusalén siguiendo una estrella, avistada en su surgimiento e interpretada como signo del nacimiento del Rey anunciado por los profetas, o sea, el Mesías. Llegados sin embargo a Jerusalén, los Magos necesitaron las indicaciones de los sacerdotes y de los escribas para conocer exactamente el lugar a donde dirigirse, es decir, Belén, la ciudad de David (cfr Mt 2,5-6; Mi 5,1). La estrella y las Sagradas Escrituras fueron las dos luces que guiaron el camino de los Magos, los cuales aparecen como modelos de los auténticos buscadores de la verdad.
Éstos eran unos sabios, que escrutaban los astros y conocían la historia de los pueblos. Eran hombres de ciencia en un sentido amplio, que observaban el cosmos considerándolo casi un gran libro lleno de signos y de mensajes divinos para el hombre. Su saber, por tanto, lejos de considerarse autosuficiente, estaba abierto a ulteriores revelaciones y llamadas divinas. De hecho, no se avergüenzan de pedir instrucciones a los jefes religiosos de los judíos. Habrían podido decir: hagámoslo solos, no necesitamos a nadie, evitando, según nuestra mentalidad actual, toda “contaminación” entre la ciencia y la Palabra de Dios. En cambio los Magos escuchan las profecías y las acogen; y, apenas se vuelven a poner en camino hacia Belén, ven nuevamente la estrella, casi como confirmación de una perfecta armonía entre la búsqueda humana y la Verdad divina, una armonía que llenó de alegría sus corazones de auténticos sabios (cfr Mt 2,10). El culmen de su itinerario de búsqueda fue cuando se encontraron ante "el niño con María su madre" (Mt 2,11). Dice el Evangelio que “postrándose le adoraron". Habrían podido quedarse desilusionados, es más, escandalizados. En cambio, como verdaderos sabios, se abrieron al misterio que se manifiesta de modo sorprendente; y con sus dones simbólicos demostraron que reconocían en Jesús al Rey y al Hijo de Dios. Precisamente en ese gesto se cumplen los oráculos mesiánicos que anuncian el homenaje de las naciones al Dios de Israel.
Un último detalle confirma, en los Magos, la unidad entre inteligencia y fe: es el hecho de que “advertidos en sueños de que no volvieran a Herodes, volvieron a su tierra por otro camino" (Mt 2,12). Habría sido natural volver a Jerusalén, al palacio de Herodes y al Templo, para proclamar su descubrimiento. En cambio, los Magos, que han elegido como soberano al Niño, lo cus
ces de vivir siempre la profunda sintonía que hay entre la razón y la fe, entre la ciencia y la revelación.
Benedicto XVI. 6 de enero de 2010
sábado, 5 de enero de 2013
Los hijos un don de Dios por Benedicto XVI
Los padres “no son los amigos o los dueños de la vida de sus hijos, sino los custodios de este don incomparable de Dios”. Lo indicó el Papa durante el Ángelus, al recordar a la familia de Jesús. Benedicto XVI invitó a “que el amor, la fidelidad y la dedición de María y José sirvan de ejemplo para todos los esposos cristianos”. En la familia de Jesús, añadió, hay un “misterio lleno de fe y de humanidad”, al que podemos entrar siguiendo el ejemplo de María y José.
“La preocupación de María y José por Jesús -explicó Benedicto XVI- es la misma de cada padre que educa a un hijo, lo introduce a la vida y a la comprensión de la realidad”. Después de haber invitado a una “necesaria y especial oración al Señor por todas las familias del mundo”, el Pontífice expresó su deseo de que “los padres se preocupen seriamente por el crecimiento y la educación de los propios hijos, para que maduren como hombres responsables y ciudadanos honestos, sin jamás olvidar que la fe es un don precioso que hay que alimentar en los propios hijos también con el ejemplo personal”.
“Al mismo tiempo -prosiguió-, oremos para que cada niño sea acogido como don de Dios, sea sostenido por el amor del padre y de la madre, para poder crecer como el Señor Jesús «en sabiduría, edad y gracia ante Dios y los hombres» (Lc 2,52)”.
“El silencio de José -concluyó el Papa-, hombre justo (cfr Mt 1,19), y el ejemplo de María, que guardaba todo en su corazón (cfr Lc 2,51), nos hagan entrar en el misterio lleno de fe y de humanidad de la Santa Familia. Deseo a todas las familias cristianas vivir en presencia de Dios con el mismo amor y con el mismo gozo de la familia de Jesús, María y José”.
Benedicto XVI
jueves, 3 de enero de 2013
¿Cómo hemos vivido la Navidad?
"Hemos
visto su estrella". Los Reyes Magos son proclamadores del misterio de
Cristo. Quien al menos por un instante haya contemplado la estrella de Cristo,
se siente invitado a proclamarla. Es el caso de la Samaritana, es la
experiencia de Sta. Teresa de Jesús, de Juan Pablo II, de la Madre Teresa de
Calcuta: cuando se experimenta el amor de Dios, todo se hace fácil y ligero.
Anunciemos gozosos que Cristo ha nacido en nuestro corazón. No hay lugar para
la tristeza, cuando Cristo nace en el alma. ¿Qué palabras de aliento y
esperanza he llevado en mis labios a lo largo de estos días santos de la
Navidad?
Anunciar a Cristo, para el cristiano, es vivir alegre y feliz, es aspirar a la
santidad propia de su estado, es construir su familia con la sencillez de su
alma y la confianza puesta en Dios. El seguimiento de Cristo no es un camino
sembrado de rosas, es, más bien, un sendero estrecho, de grandes alturas y para
corazones audaces. Ante todo, ellos se ponen en marcha sin tener la totalidad
de la ruta, tienen la corazonada, tienen la inspiración, la estrella que se
cruzó por su telescopio, pero nada más. Quien espere tener la hoja de ruta en
su experiencia de Dios, se quedará siempre atado a la orilla. Con Dios, una
buena dosis de aventura y de confianza en Él, son indispensables.
Ahora bien, esa estrella no siempre brillará esplendorosa. Hay momentos en que
se oculta. En la vida hay que seguir, pues sabemos que aunque la estrella
desaparezca por las nubes de alguna posible tormenta, la estrella sigue estando
ahí, los magos nos dan una gran lección, de fe y constancia. En estos momentos
hay que preguntar a Dios, no a mis propias seguridades, no a mi egoísmo, no a
la ciencia o al ambiente que nos envuelve, tú sigue buscando la estrella.
Cuando tengas dudas, cuando la vida te duela, pregunta, pregunta siempre a tu
estrella.
El Papa Benedicto XVI, en una jornada de la juventud, nos decía a todos los
jóvenes del mundo: "Quisiera decir a todos insistentemente: abrid vuestro
corazón a Dios, dejad sorprenderos por Cristo. Dadle el «derecho a hablaros».
Presentad vuestras alegrías y vuestras penas a Cristo, dejando que Él ilumine
con su luz vuestra mente y acaricie con su gracia vuestro corazón".
Es cierto que hoy no buscamos ya a un rey; pero estamos preocupados por la situación
del mundo y preguntamos: ¿Dónde encuentro los criterios para mi vida?, ¿dónde
los criterios para colaborar de modo responsable en la edificación del presente
y del futuro de nuestro mundo?, ¿de quién puedo fiarme; a quién confiarme?,
¿dónde está aquel que puede darme la respuesta satisfactoria a los anhelos del
corazón?.
La respuesta nos la dan los mismos Reyes Magos. Los Magos, una vez que oyeron
la respuesta «en Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta»,
decidieron continuar el camino y llegar hasta el final y ¡vaya, que gran
sorpresa!, ahí se encontraron con Dios, se encontraron con el Rey que iban a
adorar. «Los Magos están asombrados ante lo que ahí contemplan: el cielo en la
tierra y la tierra en el cielo; el hombre en Dios y Dios en el hombre; ven
encerrado en un pequeñísimo cuerpo, aquello que no puede ser contenido en todo
el mundo».
Al terminar estas fiestas navideñas, tal vez valga la pena hacernos algunas
preguntas, ¿qué Navidad he vivido?, ¿me he encontrado con este Niño Dios?, ¿hoy
entro a la cueva como los Reyes Magos, después de ser invitado a Belén, por mi
estrella?, ¿entro con las manos vacías o están llenas de regalos?, ¿me siento
satisfecho con Dios y conmigo mismo por lo que he hecho?
Tal vez hoy le podríamos ofrecer a Jesús todas las buenas obras realizadas a lo
largo de este año que acaba de terminar, tal vez le ofrezca aquellos proyectos
que estoy dispuesto a realizar a lo largo de este nuevo año, no sé, todo está
en tus manos y en tu corazón.
Hoy, cuando vayas a Misa, cuando entres una vez más a esa cueva que se llama
Iglesia y te encuentres con Cristo, y cuando lo vayas a recibir, recuerda: es
el día en el que tengo que ofrecer algo al recién nacido.
Ojalá no sean sólo las sobras de tu vida, o un mero sentimiento o pensamiento
de algo que tienes en mente, llévale algo diferente, llévale algo que
signifique para tí un verdadero compromiso con Él, tal vez sea una buena
confesión, el reconciliarte con algún pariente, el ir a Misa cada domingo, el
ser menos gruñón, el compartir tus cosas con tus hermanos, el obedecer siempre
con una sonrisa a papá y a mamá, el ser más tolerante...
P. Dennis Doren
Pensamientos de un cristiano en Navidad
Otra vez contigo Señor, he hecho buenos propósitos para este
nuevo año y los he puesto en manos de tu Madre, que gracias a Ti también es la
mía, la nuestra.
Cuando rezaba, tenía miedo Señor , de que fuera como siempre,
sólo buenos propósitos. Pero a la vez
estaba contento, me sentía más fuerte que otros años. Sé que lo voy a intentar con fuerza y sé que Tú vas a estar a mi lado para
ayudarme y darme ánimos.
Quiero que los problemas de cada día no me alejen de Ti, al
revés, quiero que me acerquen cada vez
más a Ti, porque Tú estás conmigo cada instante de mi vida y quiero tener
absoluta confianza en tu amor, en tu misericordia y en tu bondad.
También he pensado mucho en la Eucaristía, cuando pensaba
que te hiciste hombre y que naciste de una Mujer limpia de pecado, me he dado
cuenta de que cuando te recibo en la Eucaristía, de verdad que no soy digno de
recibirte. Tengo que procurar tener el corazón
más limpio para Ti, ya sé que nunca
estará completamente preparado, pero, sabes Señor, quiero que esté cada día mejor
para que Tú te sientas más cómodo cada día.
También he meditado sobre
el camino que recorrieron los Magos para conocerte, para verte, para adorarte
y
sentirte cerca. Me he dado cuenta de que Tú nos has dado el regalo de
tenerte, sentirte y adorarte sin hacer
tan largo viaje. Cada día en la Eucaristía podemos recibirte y sentirte dentro
de nuestro corazón, perdona Señor por no darle la importancia que tiene. Cada
día que comulgue pensaré, de verdad con toda mi alma, en tu inmenso regalo que no
merezco, pero que Tú quieres darme y quieres que sea digno de recibirlo.
¡¡Muchas Gracias!!
H. de Carmen
miércoles, 2 de enero de 2013
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






