sábado, 14 de julio de 2012

La verdadera oración por San Macario

Para orar no hacen falta ni gestos, ni gritos, ni silencio, ni arrodillarse.
Nuestra oración, a la vez prudente y fervorosa, debe ser una espera de Dios, hasta que Dios venga y visite nuestra alma a través de todos sus caminos de acceso a ella, todos sus senderos, todos sus sentidos. Tregua de nuestros silencios, de nuestros gemidos y de nuestros sollozos: No busquemos en la oración otra cosa que el abrazo de Dios.

En el trabajo, ¿no empleamos con esfuerzo todo nuestro cuerpo? ¿No colaboran en él todos nuestros miembros? Que nuestra alma se consagre toda entera a la oración y al amor del Señor; que no se deje dar tirones por sus pensamientos: que ponga toda su atención en Cristo. Entonces Cristo, la iluminará y le enseñará la verdadera oración, le dará la petición pura y espiritual que es según Dios, la adoración en espíritu y en verdad.

San Macario

jueves, 12 de julio de 2012

Que tome su cruz y me siga. San Agustín

A lo largo de tu vida Cristo no te pide que lleves con él toda su pesada cruz, sino una pequeña parte aceptando tus sufrimientos.
No tienes nada que temer. Por el contrario, tente por muy dichoso de haber sido juzgado digno de tener parte en los sufrimientos del Hombre-Dios.
Por parte del Señor, no se trata de un abandono ni de un castigo; por el contrario, es un testimonio de su amor, de un gran amor para contigo. Debes dar gracias al Señor y resignarte a beber el cáliz de Getsemaní.

A veces el Señor te hace sentir el peso de la cruz; este peso te parece insoportable y, sin embargo, lo llevas, porque el Señor, rico en amor y misericordia, te tiende la mano y te da la fuerza necesaria.

El Señor, ante la falta de compasión de los hombres, tiene necesidad de personas que sufran con él. Por esta razón te lleva por caminos dolorosos.

Así pues; que el Señor sea siempre bendito, porque su amor trae suavidad en medio de la amargura; él cambia los sufrimientos pasajeros de esta vida en méritos para la eternidad.
San Agustín.

Saludos de nuestra Concha



Gracias, por la página en general, las oraciones me ayudan, las fotos me hacen sentir cerca de vosotros, ahora que estoy en Santa Pola. 
Os echo de menos a todos. 
ESA SIGUE SIENDO MI CASA. 
Besos
Concha Ingelmo Lora


Hola Cocha, nos alegramos de que la página te ayude. Nosotros también te echamos de menos, siempre has sido un miembro muy activo y muy cariñoso de la parroquia. Nos gustaría que estuvieras aquí, pero la vida nos va separando.

Separando, pero sólo físicamente, tenemos la gran suerte de ser hermanos en la fe, estamos unidos espiritualmente por el amor al Padre a través de Jesús. ¡Siempre estaremos juntos, Concha!

Además, ¿has pensado por qué el Señor te ha conducido a Santa Pola?. Seguro que hay algo muy importante que puedes hacer.

Un abrazo de todos tus hermanos de Nuestra Señora de Europa, tú casa.


lunes, 9 de julio de 2012

El aguijón de San Pablo


En la segunda carta del apóstol San Pablo a los Corintios 12, 7b -10, Pablo dice:

"Hermanos : Para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un ángel de Satanás que me apalea,  para que no sea soberbio"

No sabemos exactamente cuál era la espina o el agujón de Pablo, hay muchas teorías:  tartamudeo, paludismo, problemas crónicos en los ojos.....

Él lo llamaba mi debilidad, sabía que  había sido culpa de Satanás, aunque el Señor lo consentía.

"Tres veces he pedido al Señor verme libre de él"

Pablo siendo humano, deseaba librarse de él, tres veces rogó al Señor que lo quitara
 Así como el mismo Señor oró en el jardín de Getsemaní – Luc 22:39-43.  Ambos oraron tres veces.

"y me ha respondido: Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad"

Ambos no recibieron la respuesta por la que oraron. Pero ambos recibieron respuestas que fueron suficientes...Un ángel vino a fortalecer a Cristo. El Señor le dijo a Pablo: “Bástate mi gracia”. “Mi poder se perfecciona en la debilidad”

También nosotros tenemos nuestras espinas clavadas,  que nos duelen y a veces nos desaniman, entonces:
Debemos orar con insistencia – Luc 18:1-8
Debemos orar de manera seria – Mt 7:7
Debemos orar específicamente (como lo hizo Pablo).  Sin embargo Dios sabe lo que es mejor para nosotros, así que la respuesta podría no ser la que deseamos.

Dios nos responde, igual que a Pablo, “Bástate mi gracia”.“Mi poder se perfecciona en la debilidad”
El Señor podría escoger no quitarnos la debilidad... En vez de eso, podría escoger darnos la fuerza para resistir.            
Si es así, ¡regocijémonos entonces que el poder de Cristo descansa en nosotros!


sábado, 7 de julio de 2012

La humildad

Hay muchos grados de humildad. Hay quien es obediente y se reprocha a sí mismo en todas las cosas; esto es humildad.

Hay quien se arrepiente de sus pecados y se considera un miserable delante de Dios. Esto también es humildad. Pero distinta es la humildad del que ha conocido al Señor por el Espíritu Santo: su conocimiento es diferente.

Cuando el alma ve cuán suave y humilde es el Señor a través del Espíritu Santo, se humilla a sí misma hasta lo más hondo. Esta humildad es del todo particular y nadie puede describirla.

Si los hombres, a través del Espíritu Santo, pudieran saber qué Señor tenemos, cambiarían completamente: los ricos menospreciarían sus riquezas; los sabios, su ciencia; los gobernantes, su poder y su prestigio.
Todos vivirían en una profunda paz y con amor, y reinaría sobre la tierra un gozo grande.

San Silvano

viernes, 6 de julio de 2012

Desilusiones y esperanzas


Los fracasos llegan. Tarde o temprano, anunciados o por sorpresa.


Tras su llegada, queda en el corazón una sensación más o menos profunda de tristeza: perdimos un amigo, un trabajo, un afecto, un proyecto.


La vida sigue su ritmo. El cielo no detiene sus pasos. La Tierra gira, mientras los pájaros buscan la comida diaria y el Sol se pasea por el horizonte.

Un corazón siente el peso del fracaso. Sobre todo, cuando descubre su miseria, cuando toca su cobardía, cuando desentraña su egoísmo atroz.

Hay momentos en los que sentimos una pena profunda. Parece que la vida no tiene sentido. Seguimos adelante, entonces, casi por inercia, quizá sin saber ni hacia dónde ni cómo.

Cuando la pena ahoga el alma, necesitamos fuerzas y luces para mirar hacia arriba. Más allá de las desilusiones y los fracasos, existe un Dios en quien podemos anclar la propia vida. Hay Alguien que nos ama, a pesar de todo, simplemente, sin condiciones: un Padre es "más Padre" cuando el hijo está más enfermo y necesitado, cuando ha sido mordido por el veneno de la derrota.

Las desilusiones no pueden extinguir el fuego de una esperanza basada en la certeza de Cristo. Si le hemos dejado entrar en nuestras vidas, si le hemos abierto las puertas del alma, quedan siempre motivos para reemprender la lucha, para avanzar hacia metas buenas, para tender la mano humilde a quien nos pide ayuda, aunque sintamos todavía el peso de la pena por las propias faltas.

Las esperanzas dan sentido a cada vida humana. Pequeñas o grandes, como recordaba el Papa Benedicto XVI en su encíclica Spe salvi, las esperanzas son el fuego interior que guía nuestros pasos y nos lanza a conquistas nuevas. También después del mayor de los fracasos: el pecado.

Dios nos espera con superdón eterno. Nos devolverá la paz del alma y nos lanzará a seguir, llenos de esperanza, en el camino misterioso de la vida humana.
P. Fernando Pascual

lunes, 2 de julio de 2012

Dios siempre nos espera


El aire está cargado. Roces en casa o en el trabajo, problemas con un amigo, noticias desconcertantes, han llenado mi corazón de miedos, de angustia, de rabia, de desesperación.

Noto que me asfixio. El horizonte parece gris, confuso, incierto. La vida parece sin sentido, absurda, casi trágica.

De repente, un movimiento interior del alma me lleva a levantar los ojos y el corazón a un horizonte distinto, maravilloso, bueno: Dios es Padre, Cristo es Salvador, el Espíritu Santo consuela a los creyentes.

¿Tan fácil es cambiar de aires? ¿Cómo, entonces, pasé días, semanas, quizá meses, asfixiándome? ¿Por qué me dejé atrapar por un túnel de negatividad y olvidé que para el cristiano existe un horizonte de esperanza, de Pascua, de misericordia?

Es misteriosa la existencia humana. Somos capaces de morir de sed aunos pasos de la fuente. Incluso a veces llegamos a la desidia más completa cuando tenemos fuerzas en los brazos y energías escondidas con las que podríamos sembrar de bondad un rinconcito del planeta.

Dios, mientras, espera. No puede obligarnos a tener vivas en los corazones las verdades propias de la fe católica. No puede arrancar la mala hierba que dejamos crecer en nuestras almas. No nos ata a un poste de luz para que no podamos llegar a ese gesto absurdo que se llama pecado.

Dios espera, y llama. Porque somos hijos, porque somos débiles, porque somos frágiles, porque hemos pecado tantas veces. Vino, precisamente, a buscar la oveja perdida, a encontrar la moneda caprichosa, a abrazar al hijo que huele a porqueriza (cf. Lc 15).

Vino porque no puede olvidar que somos obra de sus manos, porque me amó al crear a Adán y Eva, y porque volvió a amarme en la Encarnación del Hijo. Vino,simplemente, para invitarme a un aire nuevo, a un mundo hermoso, a una Jerusalén celeste, a las fiestas, eternas, del Cordero.
P.Fernando Pascual

viernes, 29 de junio de 2012

Los ancianos también son nuestro prójimo


Jesús nos dijo:" amaréis al prójimo como a vosotros mismos". "Haz a los demás lo que quieras que te hagan a ti"

Los ancianos también son nuestro prójimo, necesitan nuestro cariño, es más, necesitan nuestro respeto y nuestra admiración.

Antiguamente se respetaban a las personas mayores, las  veneraban,  las apreciaban  y las valoraban.  

Ahora, en algunos casos, parece que nos molestan, les dejamos a un lado, no oímos  sus consejos. ¿Qué pronto se nos ha olvidado todo el bien que nos hicieron, como nos quisieron, nos cuidaron y trabajaron para nosotros?.

Pero lo peor de todo, cuando los miramos, ¿no vemos en ellos a Jesús?, ¿ no nos damos cuenta de que es al mismo Dios al que despreciamos y arrinconamos?.

Siguiendo el ejemplo de Cristo, como cristianos, debemos tratar a nuestros padres de la manera en que deberíamos aproximarnos reverencialmente a nuestro Padre celestial (Hebreos 12:9; Malaquías 1:6)

Cuidemos y amemos a nuestros mayores, seguro que recibimos de ellos mucho más de lo que les damos.
H. de Carmen

miércoles, 27 de junio de 2012

La verdadera caridad


La verdadera caridad consiste en amar tanto a los amigos como a los enemigos, añade: "Si uno adolece de esta virtud, pierde todo bien que tiene, es privado del talento recibido y es arrojado fuera, a las tinieblas". 


¡Queridos hermanos, acojamos la invitación a la vigilancia, a la que tantas veces nos llaman las Escrituras! Es la actitud de quien sabe que el Señor volverá y querrá ver en nosotros los frutos de su amor. 

La caridad es el bien fundamental que nadie puede dejar de hacer fructificar y sin el cual todo otro don es vano.

Si Jesús nos ha amado hasta el punto de dar su vida por nosotros, ¿cómo podríamos no amar a Dios con todas nuestras fuerzas y amarnos de verdadero corazón los unos a los otros?

Sólo practicando la caridad, también nosotros podremos participar en la alegría del Señor.Que la Virgen María sea nuestra maestra de laboriosa y alegre vigilancia en el camino hacia el encuentro con Dios. Benedicto XVI, 13 de noviembre de 2011.

domingo, 24 de junio de 2012

Frases que nos ayudan a amar a Dios


¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Tu estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; me lanzaba sobre esas cosas hermosas que Tu creaste. Tú estabas conmigo mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de Ti aquellas cosas que si no estuvieran en Ti, no serían. Llamaste y clamaste , y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera, exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por Ti; gusté de Ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y abraséme en tu paz.   
San Agustín

¿Crees que el sol existe cuando no lo ves por causa de una nube?; entonces no dudes de la bondad de Dios para contigo, cuando parece que Él esconde su rostro.
Anónimo


El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir.
Albert Einstein

Amigos míos, Dios me es necesario porque es el único ser que puede amar eternamente.
Fëdor Dostoyevsky 

Nadie niega a Dios, sino aquel a quien conviene que Dios no exista.
San Agustín

Cada criatura, al nacer, nos trae el mensaje de que Dios todavía no ha perdido la esperanza en los hombres.
Rabindranath Tagore

Si uno persevera, Dios no se niega a nadie.
Santa Teresa de Jesús

No pidáis a Dios que os de una carga apta para vuestros hombros; pedidle unos hombros aptos para soportar vuestras cargas.
Phillips Brooks

EL BAUTISTA


Hoy, 24 de junio, la liturgia nos invita acelebrar la solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista, cuya vida estuvo totalmente orientada a Cristo, como la de su madre, María (...) 

De Jerusalén y de todas las partes de Judea la gente acudía para escuchar a Juan Bautista y para hacerse bautizar por él en el río, confesando sus pecados. La fama del profeta que bautizaba creció hasta el punto de que muchos se preguntaban si él era el Mesías. Pero él -subraya el evangelista- lo negó decididamente: "Yo no soy el Cristo".

 En cualquier caso, es el primer "testigo" de Jesús, habiendo recibido del cielo la indicación: "Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo".

 Esto aconteció precisamente cuando Jesús, después de recibir el bautismo, salió del agua: Juan vio bajar sobre él al Espíritu como una paloma. Fue entonces cuando"conoció" la plena realidad de Jesús de Nazaret, y comenzó a "manifestarlo a Israel", señalándolo como Hijo de Dios y redentor del hombre: "Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo".

 Como auténtico profeta, Juan dio testimonio de la verdad sin componendas. (Benedicto XVI, 24 de junio de 2007.

El mandamiento nuevo


Se ha dicho que la novedad, más allá del mandamiento ya existente del amor al prójimo, se manifiesta en la expresión "amar como yo os he amado", es decir, en amar hasta estar dispuestos a sacrificar la propia vida por el otro. Entonces habría que definir el cristianismo como una especie de esfuerzo moral extremo.

No, la verdadera novedad del mandamiento nuevo no puede consistir en la elevación de la experiencia moral. Lo esencial también en estas palabras no es precisamente la llamada a una exigencia suprema, sino al nuevo fundamento del ser que se nos ha dado. La novedad solamente puede venir del don de la comunión con Cristo, de vivir en Él.


Se puede ver la conexión con el lavatorio de los pies; sólo si nos dejamos lavar una y otra vez, si nos dejamos "purificar" por el Señor mismo, podemos aprender a hacer, junto con Él, lo que Él ha hecho.


La inserción de nuestro yo en el suyo - "vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí" (Ga, 2, 20)- es lo que verdaderamente cuenta. Por eso la segunda palabra clave que aparece frecuentemente en la interpretación que hace San Agustín del Sermón de la Montaña es "misericordia".
                                                                                                                                                                                          Debemos dejarnos sumergir en la misericordia del Señor, entonces también nuestro "corazón" encontrará el camino recto.
El "mandamiento nuevo" no es simplemente una exigencia nueva y superior. Está unido a la novedad de Jesucristo, al sumergirse progresivamente en Él.


Recordemos que ser cristiano es ante todo un don, pero que luego se desarrolla en la dinámica de vivir y poner en práctica este don.


Benedicto XVI, segundo libro de Jesús de Nazaret.


lunes, 18 de junio de 2012

SED DE DIOS


En nuestra vida tenemos muchas actividades, vamos a trabajar, nos divertimos, salimos con los amigos. Quizás para algunas personas esto es suficiente, creen llevar una vida feliz y satisfactoria. Quizá ellos se conforman con la diversión, el tener cada vez más dinero y el tener  cada vez más poder.

Pero a los que hemos tenido una relación con Dios, a los que Dios nos ha llamado y nos ha dicho : "¡Ven, soy el camino, la verdad y la vida!", y le hemos contestado ¡Voy, Señor!, todo esto nos es insuficiente, necesitamos algo más, necesitamos a Dios en nuestra vida, anhelamos la compañía de nuestro Señor.

Tener sed de Dios es estar esperándolo en todo momento , oír o leer su palabra, tener una relación de intimidad con ÉL, recibirlo en la Eucaristía, confiar en  Él, consultarle nuestras dudas,  confiar en sus designios. Cuando tenemos sed de Dios cada día le necesitamos más y nuestro amor a Él es mayor cada dÍa.

La relación de plenitud que se tiene en la relación con Dios es incomparable con otras relaciones y es muy difícil de describir.

H. de Carmen

sábado, 16 de junio de 2012

El poder de Dios

Cuando vemos que la sociedad vive cada vez más descristianizada, nos lamentamos y vemos lo poco que podemos hacer. Ese sentimiento de impotencia es natural. Sin embargo, los mecanismos del Reino de los Cielos funcionan de manera diferente. ¿Por qué? Porque el verdadero actor es Dios, y como Él es Todopoderoso puede hacer que cambie hasta lo más difícil.

Al contemplar la vida de los santos, como la de S. Francisco de Asís, vemos cómo se realiza una gran obra a través de ese “pequeño instrumento”. Esto es lo que Jesús quiere decirnos: “no te preocupes si sólo eres una semilla diminuta. Siémbrate en mi Corazón y verás hasta dónde puedes”.

Así lo hicieron un grupo de gente sencilla que siguió a Jesús: sus apóstoles. ¿Quién les iba a decir que después de dos mil años la Iglesia estaría presente en tantos lugares y atendería las necesidades materiales y espirituales de millones de personas? Esto se debe a que la fuerza de la Iglesia no está en lo que pueda hacer cada uno por su cuenta, sino en el poder de Dios con las personas que se entregan a fondo.

El secreto consiste en cambiar el propio corazón por el de Jesús, pareciéndonos a Él en todo lo posible. Así se transforma también nuestra familia y las personas de nuestro entorno. Y entre todos, impulsados por Cristo, podemos traer a este mundo la civilización del amor.
P. Clemente González. Fuente: Catholic.net