miércoles, 12 de octubre de 2011

Muchos son los llamados y pocos los elegidos


Los invitados a las bodas del hijo del Rey, eran los que se consideraban pueblo de Dios, pero ellos se excusaron porque tenían cosas más importantes que hacer.
Jesús llamó entonces a los gentiles: "Pedro Apóstol de Jesucristo, saluda a los que viven como extranjeros dispersos en el Ponto, en Galacia, Asia y Bitinia, a los que han sido elegidos".
De la misma forma Cristo nos está invitando a cada uno de nosotros, no solo nos invita a ser su amigo, nos invita a algo mucho más cercano, a su  Reino, que es un banquete. Muchos aparentemente siguen a Jesús, pero cuando llegue el tiempo y les  invite a algo especial también se excusarán, porque estarán ocupados en sus cosas y no tendrán tiempo para Dios.

Entonces Jesús invitará a otros, pero no basta con pertenecer a este segundo grupo para gozar del banquete de bodas, el Evangelio agrega una segunda parte donde se indica una condición que hay que cumplir.  El rey observa que hay uno de esos últimos llamados que no está vestido como corresponde a la ocasión y le dice: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de boda?". Y ordena: "Atadlo de pies y manos, y echadlo a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes". ¡Uno solo está en este caso! Y, sin embargo, Jesús concluye: "Pocos son elegidos".

Nosotros debemos estar preparados, Jesús nos llama a todos, pero solamente haciendo la voluntad de Dios podremos llevar el vestido adecuado en la boda

viernes, 7 de octubre de 2011

Enséñanos, María a aceptar sin preguntar

Acabo de leer este artículo, además de parecerme de una sensibilidad increible, creo que nos puede ayudar mucho en nuestra vida.

¡Qué prueba tan dolorosa! Prepárate, Madre, para la hora del Calvario. Ahí lo perdiste  por tres   días terribles; pero lo recuperaste entero. Allí te lo matarán a mordiscos todos los pecados de los hombres, como rabiosos lobos. Al final, cuando pudiste recoger lo que quedaba de tu Hijo; era un muerto y un cadáver destruido desde la cabeza a los pies; la cabeza rota por  las hondas espinas; la cara desfigurada por las bofetadas; el pecho y la espalada aradas por los latigazos; las manos y pies horadados por los clavos: el corazón partido por una lanza.

Perdido y hallado. Perdido y no encontrado en el callejón lóbrego de la muerte. Perdido y hallado vivo. Perdido y hallado muerto, destinado solo para el sepulcro. Y ahí terminó la muerte; en un sepulcro pétreo que impedirá acercarse a los restos del amado hijo,
Prepararnos a las separaciones.Vivir un cierto tiempo es separarse de algunas personas. Vivir un trecho más es separarse de más seres. Durar más tiempo es separarse uno de los que me sobreviven. Cada separación es un desgarrón. Uno muere  al final desgarrado y desgarrando a alguien más.

¿Por qué me buscabais? La pregunta que toca la herida abierta, haciéndola sangrar. María sangraba por aquella herida de su corazón. El doloroso por qué de María quedó acallado con el misterioso por qué del Hijo. María sabía que  aquel hijo sería cada vez menos  de Ella  y más del Padre y de todos. María aceptó del desgarrón del hijo que se va de la casa, por ley de la vida, en este caso por ley divina. Pero aceptó sangrando.

María conservaba todas estas cosas  en su corazón.
Su corazón sangraba. Con oración y obediencia la curaba pero al mismo tiempo la abría,, porque esa herida nunca se cerró. Y de pronto un día, en el Calvario se abrió completamente y sangró a torrentes. Sólo en el cielo se ha cerrado del todo aquella herida, María ya no pregunta más; ha recibido todas las respuestas y una corona eterna por no haber preguntado indiscretamente sobre los misterios que le rodeaban.

Enséñanos, María a aceptar sin preguntar, hasta que Dios quiera ofrecernos su respuesta. Al final, todos diremos que Dios tuvo la razón, para que nuestra fe fuera meritoria.
P. Mariano de Blas LC

Artículo recomendado

Javier nos manda la dirección de otra página muy útil, muchas gracias Javier:

Me ha parecido interesante este artículo como reflexión personal y además, tal vez, para reflexionar o buscar un tema semejante, si es que no existe ya, entre los temas del Aula de Teología. Saludos. Javier

http://www.revistacriterio.com.ar/nota-tapa/editorial-el-lugar-de-los-laicos-en-la-iglesia/

jueves, 6 de octubre de 2011

TENER UN AMIGO ES TENER UN TESORO

Ya sabemos que nuestro mejor amigo es Jesús, que nos acompaña siempre, en los mejores y en los peores momentos. El que nunca nos falla, debemos leer con frecuencia los evangelios, son como sus cartas y así aprendemos a concerlo mejor y a amarlo mejor.
"Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos" (Jn 15,13). Jesús nos demostró su amistad muriendo por nosotros y en una muerte de cruz.
Nuestra forma de hablar con Jesús es la oración, si queremos cultivar la amistad de Jesús debemos orar con frecuencia y participar de los sacramentos.
Pero también a nuestro alrededor encontrar verdaderos amigos y entonces los podemos considersar como un regalo de Dios.
"El amigo fiel no tiene precio, no hay peso que mida su valor" (Eclo 6,15)
 El amigo ama en todo tiempo; es un hermano para el día de la desventura" (Prov. 17,17)
-La amistad es compartir e intercambiar, ilusiones, esperanzas, temores, problemas, etc.
- El fin de la amistad es cooperar a la realización del otro. Se trata de ayudar a crecer como persona.
-    El verdadero amigo enriquece al otro, ayuda a ser mejor, a superarse en todos los aspectos de la vida. El falso amigo es interesado, egoísta, esclaviza con sus gustos y caprichos, etc
       Condiciones para una verdadera amistad
-       CONFIANZA total: sin ella, es imposible cualquier amistad.
-       SINCERIDAD: decir la verdad al amigo, aunque a veces sea dolorosa y no le guste.
-       FIDELIDAD: estar con el amigo "en las buenas y en las malas"
-       GENEROSIDAD: la amistad es dar, es entrega, es ayuda.
 El verdadero amigo es comprensivo, servicial, no tiene envidia, no se engríe, ni se irrita, ni lleva cuentas del mal, porque disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites y ama sin límites.
Gracias Señor, por esos amigos que nos has regalado, que siempren están con nosotros, rezan y nos ayudan a acercarnos a Ti.
MEMM

lunes, 3 de octubre de 2011

AMOR AL PRÓJIMO

Oración introductoria
Señor, dame la sabiduría y el amor para descubrir y actuar, buscando el bien de los demás,en las diversas situaciones de mi vida cotidiana. No permitas que el ajetreo de mi vida me haga pasar de largo y no ver a esa persona que necesita que me detenga a hablar con ella para darle consuelo o simplemente una sonrisa.

Petición
Señor, concédeme un corazón grande para ayudar a todos, en todo momento.

Meditación del Papa
«Jesús responde con la célebre parábola del “buen samaritano”, para indicar que nos corresponde a nosotros hacernos “prójimos” de cualquiera que tenga necesidad de ayuda. El samaritano, en efecto, se hace cargo de la situación de un desconocido a quien los salteadores habían dejado medio muerto en el camino, mientras que un sacerdote y un levita pasaron de largo, tal vez pensando que al contacto con la sangre, de acuerdo con un precepto, se contaminarían. Laparábola, por lo tanto, debe inducirnos a transformar nuestra mentalidad según la lógica de Cristo, que es la lógica de la caridad: Dios es amor, y darle culto significa servir a los hermanos con amor sincero y generoso.
Este relato del Evangelio ofrece el “criterio de medida”, esto es, “la universalidad del amor que se dirige al necesitado encontrado ´casualmente´, quienquiera que sea”. Junto a esta regla universal, existe también una exigencia específicamente eclesial: que “en la Iglesia misma como familia, ninguno de sus miembros sufra por encontrarse en necesidad”. El programa del cristiano, aprendido de la enseñanza de Jesús, es un “corazón que ve” dónde se necesita amor y actúa en consecuencia» (Benedicto XVI, 11 de julio de 2010).

Reflexión
Muchas lecciones les ha dadoNuestro Señor a los fariseos, pero ninguna tan bella como ésta. Es de esas ocasiones en las que Cristo da a conocer su doctrina y su mandamiento a todos los hombres, y lo hace de manera muy velada.

Amar al prójimo no es muy fácil, porque requiere donarse a los demás, y ese donarse cuesta, porque no a todos los tratamos o queremos de la misma manera. Por ello tenemos que lograr amar a todos por igual, sin ninguna distinción. Quererlos a todos, sin preferir a nadie. Es difícil mas no imposible.

Dios nos ha dado el ejemplo al vivir su propia doctrina: "no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos", pero Él no la dio solo por sus  amigos, sino también por sus enemigos, y muchos santos han hecho lo mismo.

Propósito
Imitemos a Cristo en su vida de donación a los demás, y vivamos con confianza y constancia su mandamiento:"vete y haz tú lo mismo".
Autor: P Juan Pablo Menéndez | Fuente: Catholic.net

jueves, 29 de septiembre de 2011

Artículo recomendado

Javier nos ha mandado otra dirección interesante. Muchas gracias.
Premio de Turismo del Ayuntamiento de Madrid a la JMJ.

http://www.madrid.es/portal/site/munimadrid/menuitem.650ba10afbb0b0aa7d245f019fc08a0c/?vgnextoid=848528f78b682310VgnVCM2000000c205a0aRCRD&vgnextchannel=6091317d3d2a7010VgnVCM100000dc0ca8c0RCRD&vgnextfmt=default&idioma=es

HIMNO A JESÚS

¡Qué lejana veía tu casa,
mi dulce Maestro!

¡Qué difícil y abrupto el camino,
qué estrecho el sendero.
Y cuánta hojarasca
-remolinos locos de mis pensamientos-
llevaban mis pasos por otro camino
más fácil, ¡más lejos!

Pero yo sabía que en alguna parte
me esperabas siempre.
¡Ay Maestro bueno!
No puedo explicarme por qué esa paciencia
tuviste conmigo, ni cómo, ni cuando, ni qué fuerza hubo
que me colocara ante tu sendero.
Ante tu mirada sonriente y dulce.

¡Mi amado Maestro!
Deja que te diga lo que a todas horas
te he estado diciendo,
sin darme yo cuenta de lo que decía
con toda la fuerza de mis sentimientos.

Deja que repita lo que a cada instante
latía en mi alma,
lo que por minutos he estado viviendo.
Lo que, pese a todo, salía por encima
de las desviaciones de mis pensamientos.

Deja que lo diga, ¡que lo diga siempre!:
Jesús..., yo te quiero.

Sacado del Magnificat

sábado, 24 de septiembre de 2011

NACER DE LA VIRGEN MARÍA

María, con un amor inimaginable, nos lleva siempre como hijos pequeños, formando nuestra vida con la suya.

Una persona realmente cristiana no puede ni debe vivir más que de la vida de Nuestro Señor Jesucristo.

Esta vida divina debe ser el principio de todos sus pensamientos, de todas sus palabras y de todas sus acciones.

Jesucristo fue concebido en el seno de María por obra del Espíritu Santo. Jesucristo nació del seno virginal de María. Concebido por obra del Espíritu Santo, nacido de María Virgen.

El bautismo y la fe hacen que empiece en nosotros la vida de Jesucristo. Por eso, somos como concebidos por obra del Espíritu Santo. Pero debemos, como el Salvador, nacer de la Virgen María.

Jesucristo quiso formarse a nuestra semejanza en el seno virginal de María. También nosotros debemos formarnos a semejanza de Jesucristo en el seno de María, conformar nuestra conducta con su conducta, nuestras inclinaciones con sus inclinaciones, nuestra vida con su vida.
María, con un amor inimaginable, nos lleva siempre en sus castas entrañas como hijos pequeños, hasta tanto que, habiendo formado en nosotros los primeros rasgos de su hijo, nos dé a luz como a Él.

María nos repite incesantemente estas hermosas palabras de san Pablo: Hijitos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo se forme en vosotros (Gál 4,19). Hijitos míos, que yo quisiera dar a luz cuando Jesucristo se haya formado perfectamente en vosotros.
Autor: Ágora marianista | Fuente: Catholic.net

jueves, 22 de septiembre de 2011

PLEGARIA CONTRA LAS SEDUCCIONES DEL MAL. SALMO 141

Buenos días Señor, ahora necesito orar, necesito pedirte ayuda y necesito que me ayudes a ser mejor.

Salmo de David. 
Yo te invoco, Señor, ven pronto en mi ayuda:
escucha mi voz cuando te llamo;
que mi oración suba hasta ti como el incienso,
y mis manos en alto, como la ofrenda de la tarde
.
 Coloca, Señor, un guardián en mi boca
y un centinela a la puerta de mis labios;
no dejes que mi corazón se incline a la maldad,
o a cometer delitos con hombres perversos.
¡No, nunca gustaré de sus manjares!

Que el justo me golpee como amigo y me corrija,
pero que el óleo del malvado no perfume mi cabeza:
yo seguiré oponiendo mi oración a sus maldades.


Pero mis ojos, Señor, están fijos en ti:
en ti confío, no me dejes indefenso.
Protégeme del lazo que me han tendido
y de las trampas de los que hacen el mal.
 ¡Caigan los malvados en sus propias redes,
mientras yo paso sin hacerme daño!

Huir de la tristeza

Cuántos de nosotros nos sentimos tristes, con esa tristeza infinita que hasta duele. Con esa sensación de soledad y desamparo que nadie comprende, sólo los que la padecemos.
¡Cuántas veces nos gustaría desaparecer! Irnos con el Padre, pero Dios tiene otros planes para nosotros.
En esos momentos estamos solos, con Jesús a nuestro lado, no podemos verlo con los ojos de la cara, pero sí con los ojos de la fe.
¡Cómo nos gustaria sentir sus poderosos brazos, sosteniéndonos, abrazándonos con un abrazo infinito!.
Lo importante es saber que está aquí, ahora mismo a mi lado, aunque no lo vea, aunque no lo oiga, pero está sosteniéndome con sus brazos para que no me hunda.
Esta fragmento de la carta de San Pablo a los Filipenses, que leímos este domingo, me sirve de ayuda:

"Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1, 20c-24. 27a
Hermanos:
Cristo será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mí muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger.
Me encuentro en ese dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros.
Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo.
Palabra de Dios."

Ya sé que mi vida no es necesaria como ha sido la de Pablo, para sus contemporáneos y para todos nosotros. Pero si Dios me mantiene en este mundo, alguién puede necesitar mi pequeño granito de arena y eso me consuela y me permite "levantarme" y seguir adelante con la ayuda de Dios.
Espero que os sirva de ayuda.
H. de Carmen

martes, 20 de septiembre de 2011

¿Qué hacer cuando Dios calla?

El silencio de una persona amada es doloroso. Se percibe como ausencia, vacío, desinterés, soledad... El silencio del otro provoca inseguridad y puede ser el origen de resentimientos y desconfianza.

Por eso el silencio de Dios es terriblemente doloroso. Jesucristo también lo padeció en la cruz, se sintió abandonado por el Padre. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mc 15, 34b)

Sabemos que Dios salió de su eterno silencio, reveló su secreto, desveló su misterio en la Palabra: Jesucristo. Y que Cristo está vivo. Lo sabemos, pero eso no quita su misterioso silencio.
Aunque Dios calle y permanezca oculto, casi como si estuviera muerto, en el fondo del corazón percibimos su presencia. Esta percepción interior crece a medida que se desarrolla en nosotros la semilla de las virtudes teologales. La experiencia nos va demostrando el amor que Dios nos tiene. La memoria iluminada por la fe nos ayuda a recordarlo. Y así, progresivamente, nos va invadiendo la confianza de que Dios está presente. Poco a poco la gracia de Dios va trabajando en nosotros y de esa manera en el fondo de nosotros mismos crece y se va fortaleciendo una percepción interior de la que el corazón está seguro y que, gracias a la fe, se convierte en certeza: Aunque no lo vea, aunque no lo sienta, Él está aquí, conmigo, y me ama.
En mi vida he aprendido tres lecciones ante los silencios de Dios:
1. Que no debo perder la paz interior, aunque sufra lo indecible. Se vale quejarse, pero sin perder la paz interior.
2. Que debo aceptar mis límites y tener confianza. En la comunicación, el silencio tiene un significado. Y si el silencio viene de Dios puedo tener la certeza de que no puede ser más que un gesto de amor, algo que Él me ofrece para mi bien. En Dios el silencio no puede significar rechazo o desinterés, simplemente Dios no puede hacerme una cosa así.
El silencio de Dios se convierte para mí en un reclamo para que yo guarde silencio, que acepte que hay algo de Dios que no alcanzo a comprender y que aprenda a escucharlo y acoger su voluntad con plena confianza en la Providencia.
3. Que debo perseverar en oración (cf. Mt 26, 41; cf 1 Tes 5, 17) y ser como el amigo inoportuno que llama a la puerta hasta que abre (cf Lc 18,1-8), con la certeza de que mi Padre me escuchará:
El silencio de Dios no es ausencia, es otra forma de estar presente, un lenguaje diferente. Lo que pasa es que somos impacientes y queremos respuestas inmediatas y siempre a nuestro estilo. Algo importante en el amor es aceptar al otro como es. También Dios merece este trato.
 Autor: P Evaristo Sada LC | Fuente: www.la-oracion.com

miércoles, 14 de septiembre de 2011

LOS CINCO DEFECTOS DE JESÚS, por Monseñor Francois-Xavier Nguyen van Thuan.

Detenido en 1975 por su condición de obispo y encarcelado durante 13 años en las cárceles del Vietcong, nueve de ellos en completo aislamiento, en el año 2000 Juan Pablo II encarga a monseñor Van Thuan impartir los ejercicios espirituales de Cuaresma ante la curia vaticana.
Al comienzo de los mismos, monseñor Van Thuan relata cómo a pesar de las duras condiciones de su prisión, su esperanza inquebrantable en Jesús despierta la admiración e incomprensión de sus compañeros de prisión y guardianes. He aquí el admirable testimonio que dio sobre su seguimiento a Jesús.

Primer defecto: Jesús no tiene buena memoria


En la cruz, durante su agonía, Jesús oyó la voz del ladrón a su derecha: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino» (Lc 23, 42). Si hubiera sido yo, le habría contestado: «No te olvidaré, pero tus crímenes tienen que ser expiados, al menos, con 20 años de purgatorio». Sin embargo Jesús le responde: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23, 43). Él olvida todos los pecados de aquel hombre.
Algo análogo sucede con la pecadora que derramó perfume en sus pies: Jesús no le pregunta nada sobre su pasado escandaloso, sino que dice simplemente: «Quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor» (Lc 7, 47).
La parábola del hijo pródigo nos cuenta que éste, de vuelta a la casa paterna, prepara en su corazón lo que dirá: «Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros» (Lc 15, 1819). Pero cuando el padre lo ve llegar de lejos, ya lo ha olvidado todo; corre a su encuentro, lo abraza, no le deja tiempo para pronunciar su discurso, y dice a los siervos, que están desconcertados: «Traed el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en la mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado» (Lc 15, 22-24).
Jesús no tiene una memoria como la mía; no sólo perdona, y perdona a todos, sino que incluso olvida que ha perdonado.


Segundo defecto: Jesús no sabe matemáticas


Si Jesús hubiera hecho un examen de matemáticas, quizá lo hubieran suspendido. Lo demuestra la parábola de la oveja perdida. Un pastor tenía cien ovejas. Una de ellas se descarría, y él, inmediatamente, va a buscarla dejando las otras noventa y nueve en el redil. Cuando la encuentra, carga a la pobre criatura sobre sus hombros (cf. Lc 15, 47).
Para Jesús, uno equivale a noventa y nueve, ¡y quizá incluso más! ¿Quién aceptaría esto? Pero su misericordia se extiende de generación en generación...

Cuando se trata de salvar una oveja descarriada, Jesús no se deja desanimar por ningún riesgo, por ningún esfuerzo. ¡Contemplemos sus acciones llenas de compasión cuando se sienta junto al pozo de Jacob y dialoga con la samaritana, o bien cuando quiere detenerse en casa de Zaqueo! ¡Qué sencillez sin cálculo, qué amor por los pecadores!

Tercer defecto: Jesús no sabe de lógica



Una mujer que tiene diez dracmas pierde una. Entonces enciende la lámpara para buscarla. Cuando la encuentra, llama a sus vecinas y les dice: «Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido» (cf. Lc 15, 89).

 ¡Es realmente ilógico molestar a sus amigas sólo por una dracma! ¡Y luego hacer una fiesta para celebrar el hallazgo! Y además, al invitar a sus amigas ¡gasta más de una dracma! Ni diez dracmas serían suficientes para cubrir los gastos...
Aquí podemos decir de verdad, con las palabras de Pascal, que «el corazón tiene sus razones, que la razón no conoce»

Jesús, como conclusión de aquella parábola, desvela la extraña lógica de su corazón: «Os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta» (Lc 15, 10).

Cuarto defecto: Jesús es un aventurero

El responsable de publicidad de una compañía o el que se presenta como candidato a las elecciones prepara un programa detallado, con muchas promesas.
Nada semejante en Jesús. Su propaganda, si se juzga con ojos humanos, está destinada al fracaso.

Él promete a quien lo sigue procesos y persecuciones. A sus discípulos, que lo han dejado todo por él, no les asegura ni la comida ni el alojamiento, sino sólo compartir su mismo modo de vida.
A un escriba deseoso de unirse a los suyos, le responde: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Mt 8, 20).
El pasaje evangélico de las bienaventuranzas, verdadero «autorretrato» de Jesús, aventurero del amor del Padre y de los hermanos, es de principio a fin una paradoja, aunque estemos acostumbrados a escucharlo:
«Bienaventurados los pobres de espíritu..., bienaventurados los que lloran..., bienaventurados los perseguidos por... la justicia..., bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5, 312).

Pero los discípulos confiaban en aquel aventurero. Desde hace dos mil años y hasta el fin del mundo no se agota el grupo de los que han seguido a Jesús. Basta mirar a los santos de todos los tiempos. Muchos de ellos forman parte de aquella bendita asociación de aventureros. ¡Sin dirección, sin teléfono, sin fax...!

Quinto defecto: Jesús no entiende ni de finanzas ni de economía


Recordemos la parábola de los obreros de la viña: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Salió luego hacia las nueve y hacia mediodía y hacia las tres y hacia las cinco.., y los envió a sus viña». Al atardecer, empezando por los últimos y acabando por los primeros, pagó un denario a cada uno (cf. Mt 20, 116).

Si Jesús fuera nombrado administrador de una comunidad o director de empresa, esas instituciones quebrarían e irían a la bancarrota: ¿cómo es posible pagar a quien empieza a trabajar a las cinco de la tarde un salario igual al de quien trabaja desde el alba? ¿Se trata de un despiste, o Jesús ha hecho mal las cuentas? ¡No! Lo hace a propósito, porque -explica-: «¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?».


¿Por qué Jesús tiene estos defectos? Porque es Amor (cf. 1 Jn 4, 16). El amor auténtico no razona, no mide, no levanta barreras, no calcula, no recuerda las ofensas y no pone condiciones.
Jesús actúa siempre por amor. Del hogar de la Trinidad él nos ha traído un amor grande, infinito, divino, un amor que llega -como dicen los Padres- a la locura y pone en crisis nuestras medidas humanas.
Cuando medito sobre este amor mi corazón se llena de felicidad y de paz. Espero que al final de mi vida el Señor me reciba como al más pequeño de los trabajadores de su viña, y yo cantaré su misericordia por toda la eternidad, perennemente admirado de las maravillas que él reserva a sus elegidos. Me alegraré de ver a Jesús con sus «defectos», que son, gracias a Dios, incorregibles.
Los santos son expertos en este amor sin límites. A menudo en mi vida he pedido a sor Faustina Kowalska que me haga comprender la misericordia de Dios. Y cuando visité Paray-le-Monial, me impresionaron las palabras que Jesús dijo a santa Margarita María Alacoque: «Si crees, verás el poder de mi corazón».

Contemplemos juntos el misterio de este amor misericordioso.

Texto tomado de Devocionario Católico

martes, 13 de septiembre de 2011

Artículo recomendado

Interesante artículo a mi entender de esta revista. Saludos. J. Bodas

http://www.revistacriterio.com.ar/iglesia/una-alternativa-contracultural/

El artículo es muy interesante, muchas gracias Javier.

Es bueno que compartamos todo lo que nos pueda ayudar en nuestro caminar hacia el Señor.

lunes, 12 de septiembre de 2011

PERDONAR

«Los límites del mal los delimita la Divina Misericordia. Esto no implica que todo el mundo se salve automáticamente por la Divina Misericordia, disculpando así todo pecado, sino que Dios perdonará a todo pecador que acepte ser perdonado. Por eso, el perdón, la superación del mal, pasa por el arrepentimiento. Y si el perdón constituye el límite al mal (¡cuántas lecciones se podrían sacar de esta verdad para superar los conflictos armados!), la libertad condiciona, en cierto modo, a la Divina Misericordia. Dios, en efecto, arriesgó mucho al crear al hombre libre. Arriesgó que rechace su amor y que sea capaz, negando en realidad la verdad más honda de su libertad, de matar y pisotear a su hermano. Y pagó el precio más terrible, el sacrificio de su único Hijo. Somos el riesgo de Dios. Pero un riesgo que se supera con el poder infinito de la Divina Misericordia» (Benedicto XVI, 30 de abril de 2011).


Nos cuesta perdonar. A todos nos cuesta. Pero no hemos de confundir “sentir” rabia cuando nos han ofendido y “querer” perdonar de corazón. El perdón no es una cuestión de sentimientos, sino de voluntad. Lo importante es querer perdonar y ofrecer al prójimo el perdón, aunque la propia sensibilidad siga alterada y como “encabritada”. Dios no quiere que no sintamos -¡no somos de palo!-, sino que aprendamos a perdonar, independientemente del sentimiento. Con la ayuda de Dios, poco a poco se irá sometiendo y apaciguando también este último, pero no es la condición para el perdón. ¿O creemos que Cristo sintió “muy bonito” cuando estaba siendo atormentado por sus verdugos en la cruz? ¿O que fue para Él un lecho de rosas todas las humillaciones, las bofetadas, las calumnias, las burlas, los azotes, la coronación de espinas, el escarnio de sus enemigos? Y, sin embargo, ahí está el ejemplo: “¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!”
Propósito
Esforzarme por eliminar todo rencor para aprender a perdonar como Dios me perdona.
Diálogo con Cristo
Si queremos aprender a perdonar, Señor, aquí tenemos el ejemplo y el motivo para hacerlo. Sólo así podremos rezar el Padrenuestro como verdaderos cristianos: “Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

P. Sergio Córdova LC

viernes, 9 de septiembre de 2011

FELICIDADES MARÍA

Ave María, Mujer pobre y humilde, bendecida por el Altísimo.

Virgen de la esperanza, profecía de los tiempos nuevos, nosotros nos unimos a tu canto de alabanzas para celebrar las misericordias del Señor, para anunciar la venida del Reino de Dios y la plena liberación del hombre.

Ave María, humilde sierva de Señor, gloriosa Madre de Cristo. Virgen fiel, morada santa del Verbo, enséñanos a perseverar en la escucha de la Palabra, a ser dóciles a la voz del Espíritu, atentos a sus llamadas en la intimidad de la conciencia y a sus manifestaciones en los eventos de la historia.

Ave María, Mujer del dolor, Madre de los viven, Virgen esposa ante la Cruz, Eva nueva, sé nuestra guía en los caminos del mundo, enséñanos a vivir y a defender el amor de Cristo, a llevar con humildad nuestra cruz y estar contigo ante la Cruz de Cristo ante los débiles, los que sufren, los marginados, los pobre y a conocer en sus rostros el rostro de Cristo.

Ave María, Mujer de la fe, Antes que los discípulos! Virgen Madre de la Iglesia, ayúdanos siempre a dar razón de la esperanza que hay en nosotros confiando en la bondad del hombre creado por Dios a su imagen y en el amor del Padre. Enséñanos renovar el mundo desde adentro: en la profundidad del silencio y de la oración, en la alegría del amor fraterno, en la fecundidad insustituible de la Cruz.

Santa María, Madre de los creyentes, ruega por nosotros. Amén

Benedicto XVI