lunes, 28 de junio de 2010

AMAR A DIOS

«Amado Señor, enséñanos a sufrir contigo; haz que el sufrir por amor a ti, sea dulce para nosotros, y santifica con tus méritos todos nuestros sufrimientos. A ti, Jesús, fuerza y sostén del universo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén» J.H. Newman

¡Camina en Cristo y canta con alegría!..., pues el que te mandó que le siguieses..., va delante de ti... El resucitó primero..., para que tuviésemos un motivo para esperar... San Agustín de Hipona

De ahora en adelante sólo a ti te amo..., sólo a ti quiero estar unido..., es a ti a quien busco..., a quien quiero servir... Porque sólo tú eres mi Señor y yo quiero pertenecer solamente a ti... San Agustín de Hipona

Si quieres amar a Cristo..., extiende tu amor a todo el mundo..., porque los miembros de Cristo están por todo el mundo... San Agustín de Hipona

Si supieras cuán dulce es amar a Dios, ningún trabajo os parecería intolerable en razón de conseguir este amor. Santa Margarita María Alacoque

Seguir a Jesús

"Y se fueron a otro pueblo. Mientras iban caminando, uno le dijo: Te seguiré adondequiera que vayas. Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza. A otro dijo: Sígueme. Él respondió: Déjame ir primero a enterrar a mi padre. Le respondió: Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios. También otro le dijo: Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa. Le dijo Jesús: Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios."

Leyendo este evangelio parece que Jesús es demasiado duro. Pero Jesús conoce la naturaleza del hombre, sabe que a veces nos dejamos llevar por un entusiasmo momentáneo y nos sentimos capaces de hacer cualquier cosa por El, pero poco a poco se va enfriando nuestro entusiasmo y nos quedamos con un amor tibio.

Otras veces estamos dispuestos a seguirle a medias, nos quedamos con lo que nos interesa del evangelio. Nos hacemos una religión a nuestra medida, seguimos a Jesús por el camino llano y sin embargo cuando llegan las cuestas y las piedras del camino encontramos disculpas para desviarnos.

Jesús es exigente, quiere que le sigamos de verdad, sin dudas, sabiendo que tenemos que dejar atrás algunos comportamientos, El quiere generosidad, decisión y un amor verdadero. Nuestra entrega debe ser total.

El sabe hasta dónde nos puede pedir que lleguemos, solo tenemos que decir: SI.
¿Seremos capaces?
H de Carmen

viernes, 25 de junio de 2010

San Juan Bautista

¿Qué nos enseña la vida de Juan Bautista?


Nos enseña a cumplir con nuestra misión que adquirimos el día de nuestro bautismo: ser testigos de Cristo viviendo en la verdad de su palabra; transmitir esta verdad a quien no la tiene, por medio de nuestra palabra y ejemplo de vida.
Nos enseña a reconocer a Jesús como lo más importante y como la verdad que debemos seguir. Nosotros lo podemos recibir en la Eucaristía todos los días.
Nos hace ver la importancia del arrepentimiento de los pecados y cómo debemos acudir con frecuencia al sacramento de la confesión.

Podemos atender la llamada de Juan Bautista reconociendo nuestros pecados, cambiando de manera de vivir y recibiendo a Jesús en la Eucaristía.
El examen de conciencia diario ayuda a la conversión, ya que con éste estamos revisando nuestro comportamiento ante Dios y ante los demás.
Teresa Fernández

Vídeo


Enviado por un amig@

lunes, 21 de junio de 2010

Fuentes que confirman la existencia de Jesús. Catholic.net

Fuentes no cristianas.


La historia, no sólo cristiana, sino también pagana, da testimonio de que Jesucristo realmente existió. Es de coherencia humana aceptar los hechos históricos. El seguir la doctrina y el mensaje de Jesús ya requiere, por una parte, fe y, por otra, voluntad
 
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Fuentes cristianas.



¿Existen documentos históricos que corroboren la veracidad de la figura de Jesús?

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A mi me ha parecido interesante, espero que a vosotros también.

MEMM

viernes, 18 de junio de 2010

Madre Teresa

Una frase de Madre Teresa que nos ha comentado un amig@:

" Nosotros predicamos un Dios bueno, comprensivo, generoso y compasivo.Pero ¿lo predicamos también a través de nuestras actitudes?Si queremos ser coherentes con lo que decimos, todos deben poder ver esa bondad, ese perdón y esa comprensión en nosotros"

A mi siempre me ha dado mucho que pensar lo difícil que es ser coherentes con nuestras creencias y me imagino que a muchos de nuestros amigos también.

Es muy fácil decir que amamos a Dios, pero, ¿amamos a nuestro prójimo?, es decir, ¿vemos a Jesús en nuestro vecino?, ¿en el compañero de trabajo que no nos trata demasiado bien?, ¿ en el empleado de la limpieza?, ¿en el pobre que está en la puerta de nuestra iglesia?

Es muy complicado, pero seguro que Dios no nos pide algo que no podamos hacer, seguramente lo que nos pide es que lo intentemos, que intentemos imitarle a Él que es el Amor. Que intentemos perdonar a nuestros hermanos, pero que lo intentemos de verdad, pidiendo siempre su ayuda.

Hay que ser confiados, debemos mirar al cielo y descubrir a un Padre que nos mima, que nos arropa, que nos acompaña, que nos ama y que nos salva.
Que Dios nos guarde y nos ayude a seguir el buen camino.
MEMM

domingo, 13 de junio de 2010

Queremos tu Perdón, Señor

Cuando hemos ofendido a alguna persona, tenemos necesidad de pedir disculpas, no nos encontramos bien hasta que no hemos sido perdonados.
De la misma forma, cuando nos ofenden o nos hacen daño debemos perdonar. El no perdonar además de separarnos de otras personas también nos separa de Dios.
Nosotros también ofendemos al Señor de muchas formas y tenemos la necesidad de recibir Su Perdón.
Jesús durante su vida en la tierra, perdonó muchos pecados, curaba a los enfermos y sobre todo perdonaba sus pecados.

Sabemos que cuando nos arrepentimos somos completamente perdonados porque Jesucristo pagó por nuestros pecados cuando Él murió en la cruz.
Y no solamente eso, también bajó al limbo a rescatar a nuestros primeros padres Adán y Eva y a todos los inocentes que habían muerto antes de venir Él al mundo.

Por todo esto te pedimos , Señor, que nos ayudes a no ofenderte; y si lo hacemos que nos des tú Perdón.

Sé que tu perdón es tan grande,
que no tomas en cuenta nuestras bajezas
y nuestras vergüenzas.
Por nuestros pecados
cada herida de tu cuerpo la abrimos sin clemencia
y cada espina clavada en tu frente,
 tu amor humillamos.
Perdónanos Dios mío.
MEMM



lunes, 7 de junio de 2010

SIEMPRE CERTERO E INQUIETANTE SAN AGUSTÍN

Acabo de leer un comentario de un amig@ que me ha dejado muy impresonada, una frase de San Agustín que yo no conocía:


La eucaristía es un banquete en el que comemos con Cristo, comemos a Cristo, y somos comidos por Cristo.
San Agustín de Hipona

Es una forma perfecta de explicar que en la comunión se realiza una unión íntima con Cristo Jesús: "Lo mismo que me ha enviado el Padre, que vive, y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí" (Jn 6, 57).
Al tomar la Eucaristía nos unimos más estrechamente a Cristo. Así también, Cristo nos une a todos los fieles en un solo cuerpo: La Iglesia
MEMM

domingo, 6 de junio de 2010

Corpus Crhisti


Una vez más ante ti, Señor.

Hoy es un día grande para ti, para nosotros, para tu Iglesia. Es la solemnidad donde se exalta y glorifica la presencia de tu Cuerpo, tu Sangre y tu Divinidad en el Sacramento de la Eucaristía.

¡HOY ES CORPUS CHRISTI !

Tu Cuerpo, tu Sangre.... y tu Divinidad. ¿Qué te podemos decir, Señor? Tan solo caer de rodillas y decirte: - ¡Creo en ti, Señor, pero aumenta mi fe!

Tu lo sabes todo, mi Dios, mi Jesús, y sabías cuando te quedaste en el pan y vino, - aparentemente tan solo de pan y vino -, con el único deseo de ser nuestro alimento, que aunque no te corresponderíamos como tu Corazón desea, no te importó y ahí te quedaste para ser nuestro refugio, nuestra fuerza para nuestras penas y dolores, para ser consuelo, para ser el cirineo que nos ayuda a cargar con la cruz de nuestro diario vivir, a veces demasiado pesada y dolorosa, que nos puede hacer desfallecer sin tu no estás.... y también para bendecirte en los momentos de alegría, para buscar que participes en los momentos en que nuestro corazón está feliz.... ¡ahí estás Tu!...¡ Bendito y alabado seas!

Solo a un Dios locamente enamorado de sus criaturas se le podía ocurrir semejante ofrenda... por que no sabemos corresponder a ese amor, no, Jesús, no te acompañamos en la soledad de tus Sagrarios, no pensamos en tu gran amor .... somos indiferentes, egoístas, muchas veces solo nos acordamos de ti cuando te necesitamos porque las cosas no van, ni están, como nosotros queremos...

Señor... ¡haznos dóciles siempre a tu amor pero especialmente en este hermosísimo día de Corpus Christi!

Catholic net

Gracias Señor, por quedarte con nosotros, gracias por poder alimentarnos de ti cada día, gracias por que entras en nuestro corazón cada vez que comulgamos, gracias por hacernos sentir muchísimo mejor cada vez que te recibimos.
Perdónanos por no ser dignos de recibirte, perdónanos por que en algunas ocasiones no te recibimos con la importancia que te mereces.
Ayúdanos Señor para que recibirte sea lo más importante de cada día y que nos ayude a ser mejores y estar mucho más unidos a Ti.
H. de Carmen

martes, 1 de junio de 2010

Oración de entrega. San Ignacio de Loyola

En la Oración ante el Santísimo del día 15 de abril rezamos esta oración:


Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad,
mi memoria, mi entendimiento
y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer.
Vos me disteis, a Vos, Señor, lo torno.
Todo es Vuestro: disponed
de ello según Vuestra Voluntad.
Dadme Vuestro Amor y G.acia,
que éstas me bastan.

La Santísima Trinidad


Sabemos que Dios es un Ser tri-personal. De eso se trata el misterio de la Santísima Trinidad: Dios es uno, pero hay tres Personas en Dios. Imposible de entender. Difícil de explicar.

Y esas Tres Personas que son cada una el mismo y único Dios, se aman entre sí y nos aman a nosotros con un Amor que es Infinito, como Infinito es Dios.

En la verdad y realidad cristianas, Dios se da a los seres humanos y espera que nosotros nos demos a Él. Él nos comunica su Amor y desea que le amemos a Él . El nos ama para que nosotros le amemos y para que nos amemos entre nosotros con ese Amor con que El nos ama.
Después de la Pascua lo primero que celebramos es la fiesta de la Santísima Trinidad, para recordamos a quién pertenecemos, de donde venimos y a donde vamos.
Dios creó el Universo, el Hijo nos enseñó al Padre y al Espíritu de Dios que procede del Padre y del Hijo.
¿Amamos a Dios como Dios desea ser amado? ¿nos amamos entre nosotros como Dios quiere que nos amemos?
¿Realmente Dios está presente en nuestras vidas?
El sentir a Dios con nosotros, en los momentos felices y en los duros, verdaderamente es un regalo de Dios, que muchas veces no sabemos apreciar.
Pidamos a nuestro Señor que nuestro amor hacia El siga creciendo, para que también crezca el amor a los demás.

sábado, 29 de mayo de 2010

Oración del enfermo. Juan Pablo II


Señor,
Tu conoces mi vida
y sabes mi dolor,
Has visto mis ojos llorar,
Mi rostro entristecerse,
Mi cuerpo lleno de dolencias
Y mi alma traspasada por la angustia.

Lo mismo que te pasó a ti
Cuando, camino de la cruz,
Todos te abandonaron
Hazme comprender tus sufrimientos
Y con ellos el Amor que Tu nos tienes.

Y que yo también aprenda
Que uniendo mis dolores a Tus Dolores
Tienen un valor redentor por mis hermanos.

Ayúdame a sufrir con Amor,
Hasta con alegría.
Sí no es ¨posible que pase de mi este cáliz¨.
Te pido por todos los que sufren:
Por los enfermos como yo
Por los pobres, abandonados,
los desvalidos,
los que no tienen cariño
ni comprensión y se sienten solos.

Señor:
Sé que también el dolor lo permites Tu
Para mayor bien de los que te amamos.
Haz que estas dolencias que me aquejan,
Me purifiquen,me hagan más humano,
Me transformen y me acerque mas a Ti.
Amén.

Congregación para la doctrina de la fe. Enfermedad

El anhelo de felicidad, profundamente radicado en el corazón humano, ha sido acompañado desde siempre por el deseo de obtener la liberación de la enfermedad y de entender su sentido cuando se experimenta. Se trata de un fenómeno humano que, interesando de una manera u otra a toda persona, encuentra en la Iglesia una resonancia particular. En efecto, la enfermedad se entiende como medio de unión con Cristo y de purificación espiritual y, por parte de aquellos que se encuentran ante la persona enferma, como una ocasión para el ejercicio de la caridad. Pero no sólo eso, puesto que la enfermedad, como los demás sufrimientos humanos, constituye un momento privilegiado para la oración: sea para pedir la gracia de acoger la enfermedad con fe y aceptación de la voluntad divina, sea para suplicar la curación.

La victoria mesiánica sobre la enfermedad, así como sobre otros sufrimientos humanos, no se da solamente a través de su eliminación por medio de curaciones portentosas, sino también por medio del sufrimiento voluntario e inocente de Cristo en su pasión y dando a cada hombre la posibilidad de asociarse a ella. En efecto, "el mismo Cristo, que no cometió ningún pecado, sufrió en su pasión penas y tormentos de todo tipo, e hizo suyos los dolores de todos los hombres: cumpliendo así lo que de Él había escrito el profeta Isaías (cf. Is 53, 4-5)".(4) Pero hay más: "En la cruz de Cristo no sólo se ha cumplido la redención mediante el sufrimiento, sino que el mismo sufrimiento humano ha quedado redimido. (…) Llevando a efecto la redención mediante el sufrimiento, Cristo ha elevado juntamente el sufrimiento humano a nivel de redención. Consiguientemente, todo hombre, en su sufrimiento, puede hacerse también partícipe del sufrimiento redentor de Cristo". (5)

Sin embargo, es en el Nuevo Testamento donde encontramos una respuesta plena a la pregunta de por qué la enfermedad hiere también al justo. En su actividad pública, la relación de Jesús con los enfermos no es esporádica, sino constante. Él cura a muchos de manera admirable, hasta el punto de que las curaciones milagrosas caracterizan su actividad: "Jesús recorría todas las ciudades y aldeas; enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanado toda enfermedad y toda dolencia" (Mt 9, 35; cf. 4, 23). Las curaciones son signo de su misión mesiánica (cf. Lc 7, 20-23). Ellas manifiestan la victoria del Reino de Dios sobre todo tipo de mal y se convierten en símbolo de la curación del hombre entero, cuerpo y alma. En efecto, sirven para demostrar que Jesús tiene el poder de perdonar los pecados (cf. Mc 2, 1-12), y son signo de los bienes salvíficos, como la curación del paralítico de Bethesda (cf. Jn 5, 2-9.19.21) y del ciego de nacimiento (cf. Jn 9).

La Iglesia acoge a los enfermos no solamente como objeto de su cuidado amoroso, sino también porque reconoce en ellos la llamada "a vivir su vocación humana y cristiana y a participar en el crecimiento del Reino de Dios con nuevas modalidades, incluso más valiosas. Las palabras del apóstol Pablo han de convertirse en su programa de vida y, antes todavía, son luz que hace resplandecer a sus ojos el significado de gracia de su misma situación: "Completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia" (Col 1, 24). (6) Precisamente haciendo este descubrimiento, el apóstol alcanzó la alegría: "Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros" (Col 1, 24)". Se trata del gozo pascual, fruto del Espíritu Santo. Y, como San Pablo, también "muchos enfermos pueden convertirse en portadores del "gozo del Espíritu Santo en medio de muchas tribulaciones" (1 Ts 1, 6) y ser testigos de la Resurrección de Jesús".(7)

viernes, 28 de mayo de 2010

Jesucristo, Sacerdote, Profeta y Rey



Cristo Como Sacerdote.
El sacerdote del Antigüo Testamento era un hombre consagrado divinamente para representar a los hombres delante de Dios. Para poder conseguir el favor divino para los representados, el sacerdote ofrecía sacrificios. Cristo se ofreció a sí mismo como "El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" para reconciliar a los hombres con Dios. Su ministerio sacerdotal no ha terminado. (Heb. 7:25). El es nuestro actual Sacerdote, quien intercede al Padre a nuestro favor.

Cristo como Profeta.
El profeta traía el mensaje de Dios a los hombres por predicación y por predicción de acontecimientos futuros. Cristo hizo estas dos cosas. (Mat. 5 al 7 comparado con Mat. 24) Moisés profetizó de Cristo como El Profeta. (Hech. 3:22-26 comparado con Mat. 21:10-11) ¿Quién entre lo sabios, filósofos, patriarcas o profetas, jamás habló como El? En la majestad de su incomparable superioridad abanza, ararncando de sus enemigos este elogio involuntario: "Nunca ha hablado hombre así como este habla" (Juan 7:46)

Cristo como Rey.
Los judíos, basados especialmente en las profecías de David y de Daniel, creían que el Mesías sería un rey y estaban en lo cierto, con la única diferencia de que "su reino no era de este mundo". Jesús declara ante Pilato Su posición de Rey. (Juan 18:36-37) El ladrón arrepentido le reconoció como rey y le pidió lugar en su reino. (Luc.23:42) Los cristianos esperamos su segunda venida en la cual se manifestará como "Rey de Reyes y Señor de Señores". (I Tim. 6:14-16) Es el deber de los siervos de Dios predicar Su Palabra y hacer súbditos para este reino mientras el Señor viene, sabiendo que El pagará a cada uno conforme a su labor,

Nosotros, los bautizados también debemos actuar como sacerdotes, ofreciendo sacrificios y culto a Dios, pidiendo perdón e implorando la paz y la gracia. Como profetas, transmitiendo la voluntad divina y viviendo de manera que seamos ejemplo y realicemos nuestra acción evangelizadora. Como reyes, intentando cambiar el mundo a través de nuestro testimonio.

Necesitamos la ayuda del Espíritu Santo para poder acercarnos a lo que Dios quiere de nosotros.

MEMM