lunes, 6 de noviembre de 2017

Papa Francisco: Ser “hombres de la vida y no de la muerte”


“La fe que profesamos en la resurrección nos lleva a ser hombres de esperanza y no de desesperación, hombres de la vida y no de la muerte, porque nos consuela la promesa de la vida eterna enraizada en la unión con Cristo resucitado”, ha dicho el Papa Francisco.
A las 11:30 horas de esta mañana, en el Altar de la Cátedra de la Basílica Vaticana, el Santo Padre Francisco ha presidido la Santa Misa en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos este año.
«Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?» (42,3). “Son palabras poéticas que expresan de manera conmovedora nuestra espera vigilante y sedienta del amor, de la belleza, de la felicidad y de la sabiduría de Dios”, ha explicado el Papa.
Estas palabras del Salmo –ha aclarado el Santo Padre– se habían quedado grabadas en el alma de nuestros hermanos cardenales y obispos que hoy recordamos. “Damos gracias por su servicio generoso al Evangelio y a la Iglesia” y ha añadido que Dios es fiel y nuestra esperanza en Él no es inútil.
Sigue el texto de la homilía del Papa:
Homilía del Papa Francisco
La celebración de hoy nos pone una vez más frente a la realidad de la muerte, haciendo que también se reavive en nosotros el dolor por la separación de las personas que han estado cerca de nosotros, y nos han ayudado; pero la liturgia alimenta sobre todo nuestra esperanza por ellos y por nosotros mismos.
La primera lectura expresa una firme esperanza en la resurrección de los justos: «Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán: unos para vida eterna, otros para vergüenza e ignominia perpetua» (12,2). Los que duermen en el polvo, es decir, en la tierra, son obviamente los muertos, y el despertar de la muerte no es en sí mismo un retorno a la vida: algunos despertarán para la vida eterna, otros para vergüenza eterna. La muerte hace definitiva la «encrucijada» que ya está ante nosotros aquí, en este mundo: la senda de la vida, es decir, con Dios, o la senda de la muerte, es decir, lejos de Él. Esos «muchos» que resucitarán para la vida eterna son los «muchos» por los que Cristo ha derramado su sangre. Son esa muchedumbre que, gracias a la bondad misericordiosa de Dios, experimenta la realidad de la vida que no acaba, la victoria completa sobre la muerte a través de la resurrección.
En el Evangelio, Jesús fortalece nuestra esperanza, cuando dice: « Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre» (Jn 6,51). Estas palabras remiten al sacrificio de Cristo en la cruz. Él aceptó la muerte para salvar a los hombres que el Padre le había entregado y que estaban muertos en la esclavitud del pecado. Jesús se hizo nuestro hermano y compartió nuestra condición hasta la muerte; con su amor rompió el yugo de la muerte y nos abrió las puertas de la vida. Con su cuerpo y su sangre nos alimenta y nos une a su amor fiel, que lleva en sí la esperanza de la victoria definitiva del bien sobre el mal, sobre el sufrimiento y sobre la muerte. En virtud de este vínculo divino de la caridad de Cristo, sabemos que la comunión con los muertos no es simplemente un deseo, una imaginación, sino que se vuelve real.
La fe que profesamos en la resurrección nos lleva a ser hombres de esperanza y no de desesperación, hombres de la vida y no de la muerte, porque nos consuela la promesa de la vida eterna enraizada en la unión con Cristo resucitado.
Esta esperanza, que la Palabra de Dios reaviva en nosotros, nos ayuda a tener una actitud de confianza frente a la muerte: en efecto, Jesús nos ha mostrado que esta no es la última palabra, sino que el amor misericordioso del Padre nos transfigura y nos hace vivir en comunión eterna con Él. Una característica fundamental del cristiano es el sentido de la espera palpitante del encuentro final con Dios. Lo hemos reafirmado hace poco en el Salmo Responsable: «Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?» (42,3). Son palabras poéticas que expresan de manera conmovedora nuestra espera vigilante y sedienta del amor, de la belleza, de la felicidad y de la sabiduría de Dios.
Estas palabras del Salmo se habían quedado grabadas en el alma de nuestros hermanos cardenales y obispos que hoy recordamos: nos han dejado después de haber servido a la Iglesia y al pueblo que se les confió con la mirada puesta en la eternidad. Por tanto, damos gracias por su servicio generoso al Evangelio y a la Iglesia, al mismo tiempo que nos parece oírles repetir con el Apóstol: «La esperanza no defrauda» (Rm 5,5). Sí, no defrauda. Dios es fiel y nuestra esperanza en Él no es inútil. Invoquemos para ellos la intercesión materna de María Santísima, para que participen en el banquete eterno, que con fe y amor gustaron ya durante su peregrinación terrena.
ZENIT

Video del Papa: “Testimoniar el Evangelio en Asia”

Carta del arzobispo de Madrid: Un encuentro que lo cambia todo


Conozco muchas vidas de santos, he leído mucho sobre ellos, y he llegado a la conclusión de que en todos hay unas dimensiones humanas que nacen de la visión del hombre que nos regala Jesucristo: la personal y comunitaria; la espiritual; la intelectual; y la misionera
Este mes de noviembre celebramos la fiesta de Todos los Santos, hombres y mujeres de todas las edades, niños, jóvenes, adultos, ancianos que se dejaron llenar la vida por la fuerza del Espíritu Santo y de la Palabra; en diversas circunstancias, esto los llevó a contagiar a sus contemporáneos y a los que vivimos hoy de Jesucristo, haciendo posible que viésemos obras del Señor expresamente manifestadas en sus vidas. Ellos reconocieron la verdad del ser humano en Cristo, creyeron en Él como su Salvador, vieron que solo el seguimiento de su persona daba pleno significado a sus vidas y, entrando por caminos diversos al encuentro de los hombres, siguieron sus pasos. Escucharon aquellas palabras que un día Mateo, el recaudador de impuestos, escuchó: «Sígueme».
La presencia de Cristo Resucitado fue un factor imprescindible de su vida entregada y de todo su proceso de prestarla para que el rostro del Señor se manifestase. De acuerdo con el desarrollo de sus personas, por la edad que tenían, por las circunstancias en las que vivieron, por la pasión que el Señor ponía en su corazón, describieron con su propia sangre una página del Evangelio que los llevaba siempre a salir de sí mismos e ir a los demás en medio de las exigencias de la historia.
¿Cómo era su vida? Aunque formulada y vivida desde diversas realidades y épocas, en todos se dan unas dimensiones que ellos, en nombre de Jesucristo, nos animan a cultivar siempre. Conozco muchas vidas de santos, he leído mucho sobre ellos, y he llegado a la conclusión de que en todos hay unas dimensiones humanas que nacen de la visión del hombre que nos regala Jesucristo: la personal y comunitaria; la espiritual; la intelectual, y la misionera. Deseo hacer alguna reflexión sobre cada una de ellas:
Dimensión personal y comunitaria: todos los santos han asumido su propia historia y la historia de su tiempo para acercar a Jesucristo. Han sabido vivir esta dimensión en un mundo plural, siempre con gran equilibrio, fortaleza y enorme serenidad a pesar de las dificultades que tuvieran y con una gran libertad interior. Son personalidades que maduraron en contacto con la realidad y siempre abiertas a la misión en el tiempo que les tocó vivir.
Dimensión espiritual: ¡qué atractivo tiene contemplar en los santos esta dimensión! Siempre les ha conducido a Jesús, es la que da fundamento, raíces y vida. Tienen una experiencia profunda de Dios que los lleva a un encuentro radical con Jesucristo y a una maduración profunda de entrega absoluta de sus vidas. El Señor se encarga de dar diversos carismas que se arraigan en sus personas en su camino de vida y de servicio propuesto por Jesucristo, al que dan un estilo personal, con una adhesión sincera realizada desde la fe, haciéndolo como la Virgen María; que tuvo que pasar por los caminos gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos de Jesucristo, el Maestro y el Señor.
Dimensión intelectual: ¡qué fuerza y potencia da a la razón de los santos el encuentro con Jesucristo! Les hace ver el profundo significado que tiene la realidad cuando el ser humano se abre a Dios. Ellos piensan con la luz que les da la fe y ven la verdad de lo que hay que hacer con la profundidad que da a la inteligencia quien nos ha dicho que es el Camino, la Verdad y la Vida. En los santos entendemos la novedad que trae el encuentro con Jesucristo para dialogar con la realidad y con la cultura.
Dimensión misionera: Cristo ha sido quien ha movido a los santos a anunciarlo de todas las maneras, en los ambientes diversos en los que el Señor los situó. En todos los lugares que estaban y en todas las ocasiones en las que se movían sus vidas eran discípulos misioneros. Ellos nos hacen ver que el mejor servicio que se puede hacer al mundo está en la proyección que nuestras vidas alcanzan cuando, a partir del encuentro con Cristo, salimos y presentamos un estilo y modo de vivir atrayente, que comunica vida, que nos compromete en la transformación del mundo con responsabilidad, que hace que despierte nuestra vida con inquietud hacia los más necesitados, hacia los alejados, hacia los que no conocen al Señor y desconocen lo que Él hace en nuestras vidas cuando le dejamos entrar en ellas.
Irradiar la fe a los demás
Los santos nos enseñan que, para vivir esas dimensiones que los llevaron a la santidad de modos diferentes, se requiere un encuentro con Jesucristo que nos haga:
1. Reconocerlo: Dios nos ha mostrado cómo nos ama en Jesucristo y nosotros respondemos con ese mismo amor construyendo la fraternidad desde la donación, el perdón, la renuncia y la ayuda al hermano. Un amor que se nos muestra en el Hijo de Dios que se hizo hombre, muerto y resucitado. Que ofrece la salvación a todos los hombres como un don de la gracia y de la misericordia de Dios. Una salvación que se realiza en la comunión con el único Absoluto, Dios, que se nos ha revelado y manifestado en Cristo, que comienza en esta vida y tiene su cumplimiento en la eternidad. ¿Reconoces al Señor que te ama? ¿Te reconoces en el Señor, en su amor?
2. Acogerlo-interiorizarlo: descubrir en Cristo la Buena Noticia, descubrir y vivir lo que nos dice el libro del Apocalipsis [«He aquí que hago nuevas todas las cosas» (Ap 21, 5)], requiere acoger conscientemente e interiorizar la novedad que trae a nuestra vida el Bautismo y vivir la vida según el Evangelio. Esto cambia nuestra vida, nos hace dar una versión nueva a la misma: convierte nuestra conciencia, las actividades en las que estamos, nuestras vidas y los ambientes concretos en los que nos movemos.
3. Anunciarlo: a Cristo hay que proclamarlo mediante el testimonio, desde la capacidad de comprensión y de aceptación, de comunión de vida y de destino con los demás, en la solidaridad con los esfuerzos de todos en todo aquello que existe de noble y bueno, irradiando con espontaneidad la fe que lleva valores más allá de los corrientes, que hace posible que los que rodean se pregunten ¿por qué son así? ¿Por qué viven de esta manera? ¿Quién los inspira? ¿Por qué están de nuestra parte, con nosotros? Pero también hay que hacer un anuncio explícito, claro e inequívoco de Jesucristo: de su nombre, de su doctrina, de su vida, de sus promesas, reino y misterio.
Con gran afecto, os bendice,
+Carlos Card. Osoro, arzobispo de Madrid
Alfa y Omega

'María, causa de nuestra alegría' - Fiesta de la Almudena 2017

No invites a tus amigos, sino a pobres y lisiados


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14, 12-14
En aquel tiempo, Jesús dijo a uno de los principales fariseos que lo había invitado:
«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado.
Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos».
Palabra del Señor.

ÁNGELUS DEL PAPA: SEAMOS MANSOS Y HUMILDES DE CORAZÓN COMO JESÚS SIN BUSCAR HONORES

Como Jesús, que es manso y humilde de corazón, así debemos ser sus discípulos. Lo dijo el Papa Francisco al reflexionar en el XXXI domingo del tiempo ordinario sobre el Evangelio del día, ambientado en los últimos días de la vida del Señor en Jerusalén.
En sus últimos días el Maestro denuncia abiertamente algunos comportamientos negativos de los escribas y los fariseos, «Les gusta ocupar los primeros puestos en las comidas y los primeros asientos en las sinagogas; que los salude la gente por la calle y los llamen maestros » (vv.6-7), expresa el Señor. De este pasaje evangélico partió el Santo Padre para reflexionar haciendo el punto en algunos defectos frecuentes de las personas que detentan una autoridad, como aquel de exigir de los demás cosas,que inclusive pueden ser justas, pero que ellos no practican en primera persona.
De este modo el Obispo de Roma recordó que los discípulos de Jesús no debemos buscar títulos de honor, de autoridad o supremacía, sino que entre nosotros debe haber una actitud de hermanos. Y añadió, asimismo, que "si hemos recibido cualidades de nuestro Padre Celestial, debemos ponerlas al servicio de los hermanos, y no aprovecharlas para nuestra satisfacción personal".
El mal ejercicio de la autoridad – dijo también el Papa - no permite que la gente crezca, y crea un clima de desconfianza y hostilidad, mientras que, en cambio, la autoridad debería tomar precisamente su fuerza del buen ejemplo, que sirva para ayudar a los demás a practicar lo que es justo y debido, y para sostener en las pruebas a quienes se encuentran en el camino del bien.

domingo, 5 de noviembre de 2017

5 de noviembre: santa Ángela de la Cruz




Desde pequeñita fue alegre, devota y trabajadora. Sus problemas de salud le impidieron entrar en las Carmelitas Descalzas y las Hijas de la Caridad. Pasado el tiempo, y tras una profunda maduración espiritual fundamentada en la oración, fundó el Instituto de Hermanas de la Compañía de la Cruz, que se caracterizaban por el servicio a los pobres, «haciéndose pobre con el pobre para llevarlo a Cristo». Murió en 1932 y fue canonizada en 2003 en Madrid por san Juan Pablo II
Santa Ángela de la Cruz, más conocida como sor Ángela de la Cruz, nació en Sevilla en 1846. De pequeña era una niña alegre, devota y trabajadora. A los 13 años se tuvo que poner a trabajar y entró en un taller de zapatería. Tres años después, sor Ángela conoce al padre José Torres, un apoyo para su vida espiritual que le anima a madurar en su fe.
Tras un proceso de maduración espiritual, Ángela decide hacerse religiosa pero las Carmelitas Descalzas y las Hijas de la Caridad la rechazan por motivos de salud, así que, a pesar de no poder entrar como monja, Ángela continúa su vida de oración. Es estando en recogimiento, cuando ve una cruz vacía frente a la Cruz de Cristo crucificado, y recibe la inspiración de inmolarse junto a Jesús para la salvación de las almas. Esta inspiración presidirá toda su vida y la de sus hijas en la orden que iba a fundar.
Tras el suceso el padre José le manda escribir un diario espiritual. En él fue detallando su estilo de vida, que sería después el de sus hijas, cuando, en 1875, Ángela funde el Instituto de Hermanas de la Compañía de la Cruz, caracterizado por el servicio a los pobres «haciéndose pobre con el pobre para llevarlo a Cristo».
Las vocaciones crecen rápidamente así como las personas a las que tienen que atender. Pobres y ricos, todos estiman a las Hermanas de la Compañía de la Cruz. Son años de muchas fundaciones para Ángela, que morirá el 2 de marzo de 1932 a los 86 años de edad.
Fue beatificada en 1982 y canonizada por san Juan Pablo II el 4 de mayo de 2003 en la madrileña plaza de Colón.
José Calderero @jcalderero
Alfa y Omega

El amor, la mejor prótesis



Antonio, el octogenario al que voy a visitar, no para de llorar mientras su hija intenta consolarlo. Al verme, se me acerca y me dice: «Desde ayer, que le tuvimos que decir que le tienen que amputar la pierna, se ha venido abajo y no para de llorar». Con el Señor en el bolsillo de mi bata y apretando más fuerte el porta viril en mi mano, le pido que me ayude a consolar al triste. Me acerco a la cabecera de la cama para saludar a Antonio y no hace falta preguntar el motivo de su angustia. No para de contar su historia personal: lo joven que conoció a su mujer, que ahora está enferma en casa, y lo mucho que les quieren sus hijos, que no les dejan solos ni un momento, lo mucho que han trabajado en la vida…, todo lo cuenta sin dejar de suspirar, insistiendo en qué va a hacer ahora sin su pierna.
Observando el mucho cariño que manifestaba por su familia le dije: «Antonio, si tuvieras que elegir una sola cosa… ¿con qué te quedarías, con tu pierna enferma o con el amor de tus hijos? Respondió: «Sin duda elegiría el cariño de mis hijos». Cuántas alabanzas dedicó a sus dos hijas y a su hijo, pero como si despertara de un sueño volvió a llorar y a lamentar el que le quitaran su piernita.
Antonio sabía que su pierna gangrenada le había dejado tres meses en cama, pero aun así, él esperaba que su pierna sanase y poder atender a su mujer sin ser ambos una carga para sus hijos. Pero Antonio y yo sabíamos que su dolor era el fruto del recuerdo de su pasado, de todo lo vivido y recorrido con sus dos piernas. Me dijo que ya era muy mayor para afrontar un futuro teniendo que depender del amor de sus hijos. Estaba triste porque no sabía si sabría aceptar que le amaran tanto; él había nacido para dar la vida por sus hijos y ahora dependería de ellos para vivir.
Le agarré la mano, después de darle la comunión, diciéndole: «Antonio, no serás ninguna carga para tus hijos porque el amor que tú le diste, como dice el Evangelio de la samaritana, es como un surtidor que hace que necesiten dar todo ese amor que tienen dentro. Siéntete orgulloso de tus hijos y disfruta de lo mejor que tienes, porque el Amor no pasa nunca».
Manuel Lagar
Capellán del hospital de Mérida
Alfa y Omega

Silencio en vías de extinción


Hace algún tiempo hicimos una salida a una reserva forestal en la provincia de León en la que se protegían las hayas, una especie, al parecer, en vías de extinción. Durante el día estuve pensando en posibles especies espirituales en esa situación y descubrí tres: el silencio, interioridad y soledad.
Comenzaré por el silencio. Le veo caminar lentamente, se aleja. ¿A dónde irá? No tiene amigos, no tiene hogar. Va huyendo de quienes lo intentan eliminar. El ruido que ensordece, la palabra vacía, la algarabía, la exterioridad… Todos le van hiriendo obstinadamente día tras día, pero es especialmente la palabra la que se le quiere imponer con prepotencia y desterrarlo al desván, y eso que generalmente no dice nada, es sonante, pero no sonora.
El silencio nos garantiza la presencia de Dios en la tierra como principal vía de acceso al Misterio divino. Proporciona una auténtica comunión y relación. La palabra es siempre un intruso que se interpone en la conversación, mientras que el silencio posee una poderosa dimensión comunicativa.
Permite el conocimiento de la verdad, porque nos revela un aspecto de la realidad demasiado profunda para ser descubierta a simple vista. Nos inunda de serena alegría, ya que el silencio siempre se expande y exterioriza como una amplia sonrisa, inmensa y maravillosa, que abraza todo lo creado. Gracias a él podemos conocernos, al permanecer en ese «espacio de desierto» en el que se forma nuestra identidad.
Agudiza nuestro oído y, asombrados, escuchamos cantar a los campos, aplaudir a los árboles del bosque y a los ríos, y aclamar a los montes (salmos 95 y 97). ¡El silencio desaparece! Necesita urgentemente un ámbito de protección. Al menos los monasterios tendríamos que ser lugares de «reserva forestal» con la obligación de cuidar esos valores que creemos necesarios para el bienestar de la humanidad.
La invitación está hecha. ¡Encontremos tiempos para el silencio en nuestras vidas! Es un reto, como un río que aguarda a que te sumerjas en él.
Ernestina Álvarez
Monjas Benedictinas. Monasterio de Santa María de Carbajal de León
Alfa y Omega

La Iglesia, comprometida con la transparencia económica


"Somos una gran familia CONTIGO" es el lema del Día la Iglesia Diocesana 2017 que se celebra el próximo 12 de noviembre. El secretariado para el Sostenimiento de la Iglesia nos invita a colaborar con nuestra parroquia aportando lo que tenemos: cualidades, tiempo o dinero.
Somos la familia de los hijos de Dios y como familia todos somos corresponsables de su labor y de su sostenimiento.
Un tema que preo­cu­pa: ¿qué ha­cen con el di­ne­ro los par­ti­dos po­lí­ti­cos?, ¿las fun­da­cio­nes?, ¿los sin­di­ca­tos?, ¿los clu­bes de fút­bol?, ¿las or­ga­ni­za­cio­nes re­li­gio­sas? Desde que se acordó con el Gobierno de España el nuevo modelo de financiación de la Iglesia en el año 2006, los esfuerzos de la Iglesia católica por ser transparente han sido cuantiosos. Todos ellos se han concretado en el acuerdo que en 2016 se ha firmado con la asociación Transparencia Internacional España.
Este acuer­do su­po­ne 10 com­pro­mi­sos:
1.- In­for­mar pun­tual y de­ta­lla­da­men­te de los re­sul­ta­dos de las Asig­na­ción Tri­bu­ta­ria a fa­vor de la Igle­sia de la cam­pa­ña de la ren­ta. To­dos los da­tos es­tán dis­po­ni­bles des­de el año 2007 en la pá­gi­na de re­sul­ta­dos de la cam­pa­ña de la ren­ta a fa­vor de la Igle­sia don­de se in­di­can el nú­me­ro de de­cla­ra­cio­nes a fa­vor e im­por­te de la cam­pa­ña.
2.- Pu­bli­car la in­for­ma­ción eco­nó­mi­ca que ex­pli­que el des­tino de los fon­dos re­cau­da­dos en la Asig­na­ción Tri­bu­ta­ria. La Con­fe­ren­cia Epis­co­pal, como or­ga­nis­mo res­pon­sa­ble de re­ci­bir los fon­dos y dis­tri­buir­los en­tre las di­fe­ren­tes dió­ce­sis se­gún sus ne­ce­si­da­des, edi­ta en la Me­mo­ria de Ac­ti­vi­da­des un apar­ta­do don­de se de­ta­llan los in­gre­sos y el des­tino de los re­cur­sos de la Igle­sia. Ade­más, mu­chas dió­ce­sis pu­bli­can sus pro­pias me­mo­rias eco­nó­mi­cas don­de se de­ta­lla el des­tino de sus re­cur­sos eco­nó­mi­cos.
3.- Dis­po­ner de un Por­tal de Trans­pa­ren­cia que ofrez­ca toda la in­for­ma­ción re­le­van­te so­bre la Asig­na­ción Tri­bu­ta­ria y tan­tos con­ve­nios na­cio­na­les e in­ter­na­cio­na­les que sean ges­tio­na­dos por la CEE. La ofi­ci­na de Trans­pa­ren­cia de la Con­fe­ren­cia Epis­co­pal es ya una reali­dad que cuen­ta con una sec­ción en la pá­gi­na web don­de en­con­trar toda la re­gu­la­ción in­ter­na y ex­ter­na de la CEE.
4.- Di­fun­dir la Me­mo­ria de Ac­ti­vi­da­des de la Igle­sia ca­tó­li­ca en Es­pa­ñaque in­clu­ya in­for­ma­ción con­so­li­da­da so­bre las dis­tin­tas ac­tua­cio­nes que rea­li­zan las ins­ti­tu­cio­nes de la Igle­sia de nues­tro país. To­das las Me­mo­rias de Ac­ti­vi­da­des es­tán dis­po­ni­bles en la pá­gi­na web de Xtan­tos.
5.- Apli­car a la Me­mo­ria de Ac­ti­vi­da­des de la Igle­sia ca­tó­li­ca a un pro­ce­so de au­di­to­ría por una de las gran­des au­di­to­ras in­ter­na­cio­na­les. En los úl­ti­mos años PWC ha au­di­ta­do la Me­mo­ria de Ac­ti­vi­da­des cer­ti­fi­can­do la au­ten­ti­ci­dad de los da­tos pre­sen­ta­dos.
6.- Im­pul­sar en las 70 dió­ce­sis es­pa­ño­las un Por­tal de trans­pa­ren­cia pro­pio. Mu­chas dió­ce­sis cuen­tan ya con una Ofi­ci­na de Trans­pa­ren­cia que dis­po­nen de pu­bli­ca­cio­nes y ser­vi­cios de in­for­ma­ción para to­dos aque­llos que lo re­quie­ran. Ade­más, la ma­yo­ría de las dió­ce­sis cuen­tan con una sec­ción en la pá­gi­na web de Xtan­tos don­de pu­bli­can la me­mo­ria dio­ce­sa­na de ac­ti­vi­da­des y eco­nó­mi­ca.
7.- Adap­tar el Plan Con­ta­ble de en­ti­da­des no lu­cra­ti­vas a las en­ti­da­des re­li­gio­sas. De esta for­ma se con­se­gui­rá una ar­mo­ni­za­ción con­ta­ble en to­das las ins­ti­tu­cio­nes que for­man la Igle­sia en Es­pa­ña, lo que fa­ci­li­ta­rá enor­me­men­te las la­bo­res de aná­li­sis, au­di­to­ria y con­so­li­da­ción.
8.- Crear una Ofi­ci­na de ren­di­ción de cuen­tas para fun­da­cio­nes y aso­cia­cio­nes re­li­gio­sas de toda Es­pa­ña que sir­va de apo­yo or­ga­ni­za­ti­vo y en ma­te­ria de trans­pa­ren­cia a es­tas en­ti­da­des.
9.- De­fi­nir un ma­nual de bue­nas prác­ti­cas en ma­te­ria de trans­pa­ren­cia para la ac­ti­vi­dad de la Con­fe­ren­cia Epis­co­pal y que sir­va de mo­de­lo para la apli­ca­ción en el ám­bi­to dio­ce­sano.
10.- Ha­cer una au­di­to­ría con­ta­ble a las cuen­tas de la Con­fe­ren­cia Epis­co­pal una vez se haya apro­ba­do el Plan Con­ta­ble de­fi­ni­do an­te­rior­men­te.
Más info en www.por­tan­tos.es

No hacen lo que dicen

Jesús habla con indignación profética. Su discurso, dirigido a la gente y a sus discípulos, es una dura crítica a los dirigentes religiosos de Israel. Mateo lo recoge hacia los años ochenta para que los dirigentes de la Iglesia cristiana no caigan en conductas parecidas.
¿Podremos recordar hoy las recriminaciones de Jesús con paz, en actitud de conversión, sin ánimo alguno de polémicas estériles? Sus palabras son una invitación para que obispos, presbíteros y cuantos tenemos alguna responsabilidad eclesial hagamos una revisión de nuestra actuación.
"No hacen lo que dicen". Nuestro mayor pecado es la incoherencia. No vivimos lo que predicamos. Tenemos poder, pero nos falta autoridad. Nuestra conducta nos desacredita. Un ejemplo de vida más evangélica de los dirigentes cambiaría el clima en muchas comunidades cristianas.
"Atan cargas pesadas e insoportables y las ponen sobres las espaldas de los hombres; pero ellos no mueven ni un dedo para llevarlas". Es cierto. Con frecuencia somos exigentes y severos con los demás, comprensivos e indulgentes con nosotros. Agobiamos a la gente sencilla con nuestras exigencias, pero no les facilitamos la acogida del Evangelio. No somos como Jesús, que se preocupa de hacer ligera su carga, pues es humilde y de corazón sencillo.
"Todo lo hacen para que los vea la gente". No podemos negar que es muy fácil vivir pendientes de nuestra imagen, buscando casi siempre "quedar bien" ante los demás. No vivimos ante ese Dios que ve en lo secreto. Estamos más atentos a nuestro prestigio personal.
"Les gusta el primer puesto y los primeros asientos [...] y que les saluden por la calle y los llamen maestros". Nos da vergüenza confesarlo, pero nos gusta. Buscamos ser tratados de manera especial, no como un hermano más. ¿Hay algo más ridículo que un testigo de Jesús buscando ser distinguido y reverenciado por la comunidad cristiana?
"No os dejéis llamar maestro [...] ni preceptor [...] porque uno solo es vuestro Maestro y vuestro Preceptor: Cristo". El mandato evangélico no puede ser más claro: renunciad a los títulos para no hacer sombra a Cristo; orientad la atención de los creyentes solo hacia él. ¿Por qué la Iglesia no hace nada por suprimir tantos títulos, prerrogativas, honores y dignidades para mostrar mejor el rostro humilde y cercano de Jesús?

"No llaméis a nadie padre vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo". Para Jesús, el título de Padre es tan único, profundo y entrañable que no ha de ser utilizado por nadie en la comunidad cristiana. ¿Por qué lo permitimos?
José Antonio Pagola

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (23,1-12)





«Quien quiera ser el primero - o sea el más importante - que sea el último de todos y el servidor de todos». Quien quiera ser grande, que sirva a los demás, no que se sirva de los demás. 

Y esta es la gran paradoja de Jesús... Él trastoca nuestra lógica diciéndoles sencillamente que la vida auténtica se vive en el compromiso concreto con el prójimo. Es decir, sirviendo.

La invitación al servicio posee una peculiaridad a la que debemos estar atentos. Servir significa, en gran parte, cuidar la fragilidad. Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo. Son los rostros sufrientes, desprotegidos y angustiados a los que Jesús propone mirar e invita concretamente a amar. 

Amor que se plasma en acciones y decisiones. Amor que se manifiesta en las distintas tareas que como ciudadanos estamos invitados a desarrollar. Son personas de carne y hueso, con su vida, su historia y especialmente con su fragilidad, las que Jesús nos invita a defender, a cuidar y a servir. 

Porque ser cristiano entraña servir la dignidad de sus hermanos, luchar por la dignidad de sus hermanos y vivir para la dignidad de sus hermanos. Por eso, el cristiano es invitado siempre a dejar de lado sus búsquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los más frágiles. 

Hay un «servicio» que sirve a los otros; pero tenemos que cuidarnos del otro servicio, de la tentación del «servicio» que «se» sirve de los otros. Hay una forma de ejercer el servicio que tiene como interés el beneficiar a los «míos», en nombre de lo «nuestro». Ese servicio siempre deja a los «tuyos» por fuera, generando una dinámica de exclusión. 

Todos estamos llamados por vocación cristiana al servicio que sirve y a ayudarnos mutuamente a no caer en las tentaciones del «servicio que se sirve». Todos estamos invitados, estimulados por Jesús a hacernos cargo los unos de los otros por amor. 

Y esto sin mirar de costado para ver lo que el vecino hace o ha dejado de hacer. Jesús dice: «Quien quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos». Ese va a ser el primero. No dice, si tu vecino quiere ser el primero que sirva. Debemos cuidarnos de la mirada enjuiciadora y animarnos a creer en la mirada transformadora a la que nos invita Jesús. 

Este hacernos cargo por amor no apunta a una actitud de servilismo, por el contrario, pone en el centro la cuestión del hermano: el servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos la «padece» y busca la promoción del hermano. Por eso nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a personas.

...Porque, queridos hermanos y hermanas, «quien no vive para servir, no sirve para vivir».
(De la Homilía en La Habana 20 de septiembre de 2015)

EVANGELIO DE HOY: QUE EL MÁS GRANDE DE ENTRE USTEDES SE HAGA SERVIDOR DE LOS OTROS





Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,1-12):

Entonces Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:
«Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. Todo lo hacen para que los vean: agradan las filacterias y alargas los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar "mi maestro" por la gente.

En cuanto a ustedes, no se hagan llamar "maestro", porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen "padre", porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco "doctores", porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado». 
Palabra del Señor

viernes, 3 de noviembre de 2017

«Los mártires son más actuales que nunca, porque nos enseñan a perdonar»



Cerca de 3.000 personas celebrarán la beatificación de 60 nuevos mártires de la familia vicenciana, el sábado 11 de noviembre en Madrid
«Estos 60 mártires dieron su vida por amor. Murieron amando y perdonando. Mostraron una sabiduría que viene de arriba, que no lleva a rivalidades ni a desórdenes, sino que viene de Jesucristo», ha dicho el cardenal Osoro este jueves durante la rueda de prensa de presentación de la beatificación de 60 miembros de la familia vicenciana que va a tener lugar el sábado 11 de noviembre en Madrid.
La celebración comenzará a las 11 horas en el palacio de Vistalegre y será presidida por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Concelebrarán otros siete cardenales y 28 obispos, y se prevé que participen en ella cerca de 3.000 personas.
El arzobispo de Madrid ha propuesto a estos mártires como modelo para «dar la vida como ellos, sirviendo a los demás y considerándolos más importantes que uno mismo». Para el cardenal Osoro, «solo el amor y el perdón sirven a los hombres. Si deseamos este camino para nosotros hay que pedirlo, porque no es algo espontáneo y natural, sino que es un regalo que se nos da», ya que esta forma de vivir «solo la hace posible Jesús; es Él el que nos permite dar la vida por Dios y por los demás. Y es una propuesta de vida extraordinaria».
Todo ello llevará a «construir un mundo sin rencores ni odios ni envidias, en el que seremos capaces de dar la vida por los otros, aunque no piensen como nosotros», porque «las armas de los seres humanos no son las del odio ni las del rencor, sino las de Jesucristo: el amor que genera vida, y no muerte», ha subrayado el purpurado.
Para el arzobispo de Madrid, estos mártires son un modelo «más actual que nunca», porque «hay momentos en la historia en los que parece que nos cuesta perdonar. Por eso es bueno traer a la memoria a personas como estas, gente que no destruye sino que perdona, que da la vida no por una idea, sino por una persona: Jesucristo», porque «la paz tiene un nombre y un rostro: Jesucristo».
Misión y caridad
El visitador de la provincia San Vicente de Paúl-España, el padre Jesús María González, ha señalado que «para la familia vicenciana esta beatificación es un broche de oro al jubileo de los 400 años de carisma vicenciano que estamos celebrando este año». Además, estos mártires «llevaron a cabo al carisma vicenciano: misión y caridad, y han sido fieles continuadores de la misión que Cristo nos ha confiado».
Por su parte, la hija de la Caridad Ángeles Infante, miembro de la comisión de preparación del evento, ha destacado que la beatificación es «una gran fiesta de fe, de perdón y de esperanza», porque para los mártires «su gran tesoro es la vida, que entregan por amor a semejanza de Cristo. Y esto solo se entiende con la fe». Además, «todos ellos murieron perdonando», porque para ellos el perdón fue «su perla preciosa».
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

Programa de la beatificación
Viernes 10 de noviembre
18 horas: acto oficial de acogida de peregrinos, con saludo de autoridades y Vísperas solemnes, en la basílica de la Virgen Milagrosa.
19 horas: ágape en los jardines de la casa provincial de las Hijas de la Caridad. (C/ José Abascal, 30).
20 horas: musical El primer paso, sobre el carisma vicenciano, en salón de actos de colegio La Inmaculada-Marillac.
Visionado de película Red de libertad, de Pablo Moreno, en el cine Paz.
21:30 horas: vigilia de oración en basílica de la Virgen Milagrosa, especialmente para jóvenes, organizada por Juventudes Marianas Vicencianas.
Sábado 11 de noviembre
11 horas: ceremonia de beatificación presidida por el cardenal Angelo Amato en el Palacio Vistalegre Arena (Madrid).
14 horas: almuerzo de confraternización para invitados y peregrinos inscritos.
16 horas: itinerario martirial en autobús y oración a las 18:30 horas, preparada por el Grupo Siquem, en el Cerro de los Ángeles, para los peregrinos que se hayan inscrito.
20 horas: musical El primer paso, sobre el carisma vicenciano, en salón de actos de colegio La Inmaculada-Marillac.
Visionado de película “Red de libertad”, de Pablo Moreno, en el cine Paz.
Musical Sandalias de viento, en el colegio Chamberí Maristas.
21:30 horas: concierto en honor a los mártires en la basílica de la Virgen Milagrosa, con composiciones de algunos nuevos beatos.
Domingo 12 de noviembre
10:30 horas: Eucaristía de acción de gracias en la catedral de la Almudena, presidida por el cardenal Carlos Osoro.
12 horas: visita por grupos a exposición sobre el carisma vicenciano en las Casas Provinciales de las Hijas de la Caridad.

«Se manda a las parejas infértiles a reproducción asistida por no conocer otra cosa»


Madrid acoge este sábado un encuentro para informar a médicos y personal sanitario sobre la Naprotecnología, una forma de abordar los problemas de fertilidad desde la investigación médica y el respeto a la doctrina católica sobre la procreación
Desde su nacimiento, los métodos de diagnóstico de la fertilidad han servido a miles de parejas en todo el mundo no solo para distanciar sus embarazos, sino también para mejorar sus posibilidades de concebir. El motivo es sencillo: permiten detectar los días próximos a la ovulación, los únicos en los que es posible la fecundación.
Sin embargo, desde hace tres años, funciona en España la Naprotecnología. Esta corriente da un paso más allá: forma a médicos para que, desde el conocimiento y seguimiento del ciclo femenino, puedan diagnosticar y tratar un amplio abanico de problemas de fertilidad. Todo ello, desde el respeto al cuerpo de los esposos y a la doctrina católica sobre la procreación.
Este sábado a las 18 horas, la parroquia madrileña de San Germán acoge en su auditorio (c/ General Varela, 28) un encuentro informativo sobre Naprotecnología para médicos y personal sanitario.
¿Infertilidad de causa desconocida?
«Queremos que los médicos, enfermeros y farmacéuticos conozcan nuestra existencia. Primero, para que revisen sus propios diagnósticos de infertilidad, y para que puedan derivarlos hacia la Naprotecnología», explica Venancio Carrión, que se encarga de coordinar el contacto entre los pacientes, las médicos, y las monitoras del método Creighton.
Unas y otras son los dos pilares de la Naprotecnología: las monitoras enseñan a las pacientes el método Creighton de reconocimiento de la fertilidad, desarrollado por el Instituto Pablo VI para el Estudio de la Reproducción Humana de Omaha (Nebraska, Estados Unidos); y las médicos dirigen el diagnóstico y tratamiento utilizando esta información. De momento, solo hay dos en España.
«No somos una alternativa a las técnicas de reproducción asistida; no tenemos nada que ver. Nosotros no prometemos hijos, sino acompañamiento y un diagnóstico» que los médicos y clínicas de reproducción asistida muchas veces nunca dan. Una gran parte de los casos de infertilidad, explica Carrión, se atribuyen a «causas desconocidas» sin haberlos investigado en profundidad.
Detectar el problema permite ponerle remedio. Sin embargo, «muchos ginecólogos mandan a las parejas con problemas a una inseminación o una fecundación in vitro porque no conocen otra cosa».
Se buscan colaboradores
Otro objetivo del encuentro es que los ginecólogos puedan, si lo desean, convertirse en colaboradores. Las dos naprólogas españolas llevan casos de todo el país, cuando es necesario a distancia. Pero necesitan médicos dispuestos a realizar algunas pruebas en el lugar de residencia de los pacientes.
«En Barcelona tenemos dos colaboradores, que salieron de un encuentro similar al de este sábado que hicimos el año pasado en la ciudad condal –cuenta Carrión–. También estaría fenomenal que algún otro doctor se enamorara de la Naprotecnología para que, a medio plazo, también se enrolara» en el proyecto.
La formación en Naprotecnología dura unos seis meses, que incluyen dos visitas el Instituto Pablo VI de Estados Unidos, fundado en 1985 por el doctor Thomas W. Hilgers.
En España, esta forma de abordar la fertilidad funciona de forma organizada desde hace menos de un año, aunque las doctoras ya la practicaban antes. El nuevo método de trabajo les permite llevar a cada una unos 180 casos.
Desde la organización del encuentro del sábado se pide a los profesionales interesados en acudir que confirmen su asistencia a través de EventBrite. Los días 8 y 9 de diciembre se celebrará otro encuentro, ya abierto a todas las personas interesadas. Más información: www.naprotec.es.
María Martínez López