sábado, 14 de octubre de 2017

Monseñor Marto: «Fátima es anuncio de misericordia para un mundo herido»



Este viernes se celebra el centenario de la sexta y última aparición de la Virgen en Cova de Iría y del milagro del sol. 200.000 peregrinos lo celebran en el santuario
El 13 de octubre de 1917 llovía en Cova de Iría. Entre 50.000 y 70.000 personas esperaban expectantes la última aparición de la Virgen, que había prometido a los pastorcitos Lucía, Francisco y Jacinta un milagro para que todos creyeran. Cuando llegó la Señora, las nubes se dispersaron y salió el sol. Mientras los niños videntes veían a María, a san José y al Niño Jesús, el astro rey bailó a la vista de todos.
Muchos, aterrorizados, pensaron que había llegado el fin del mundo. El incrédulo periodista Avelino da Almeida, corresponsal del periódico laicista O século, afirmó luego: «¡Yo lo he visto, yo lo he visto!».
Este viernes, son unos 200.000 fieles los que se han congregado en Fátima para el centenario de la última aparición. La homilía de la Misa, presidida por monseñor António Marto, obispo de Leiría-Fátima, giró en torno a tres ejes: «Fátima como reflejo de la luz y la belleza de Dios que nos invita a la fe y la adoración; Fátima como anuncio de misericordia para el mundo herido y Fátima como mensaje de paz».
La reina de la paz pide colaboración
Monseñor Marto presidió también el rosario y la Eucaristía del jueves por la noche en el santuario. «Hoy queremos confiar a la intercesión de la Virgen Madre, Nuestra Señora del Rosario de Fátima –afirmó–, nuestros anhelos más íntimos, las esperanzas y dolores de la humanidad herida, los problemas del mundo y, de modo particular, la grande causa de la paz entre los pueblos».
Subrayó que la Virgen se presentó, en Cova de Iría, como «madre de misericordia y reina de la paz, que acompaña los sufrimientos de sus hijos y les ofrece su Corazón Inmaculado como refugio y garantía de triunfo del amor en los dramas de la historia, y pide su colaboración con el rezo del rosario».
Más devoción a los pastorcitos
El Centenario de las apariciones comenzó el 27 de noviembre de 2016, y se prolongará hasta el 26 de noviembre de este año. Uno de sus momentos centrales fue la canonización de los beatos Francisco y Jacinta Marto, los dos pastores más jóvenes, primos de Lucía, que fallecieron en 1918 y 1919 respectivamente.
Papa que dispensara de la obtención de un milagro para la canonización de los pastorcitos, a lo que el Pontífice le pidió que se procurase seguir la vía normal. Finalmente, se obtuvo el milagro.
La canonización ha dado un nuevo protagonismo, dentro del conjunto de Fátima, a la devoción a los santos no mártires más jóvenes de la historia. «Hoy hay colas diarias para visitar sus tumbas», afirma el obispo en otra entrevista al periódico Voz de Fátima.
Cambio de registro
En la misma conversación, monseñor Marto ha explicado que en este centenario se buscaba «cambiar de registro de los simples aspectos devocionales» o el énfasis sobre los secretos «a la belleza del mensaje en su integridad». Este ha sido el eje central de un trabajo pastoral previo que ha durado siete años, y que ha conseguido demostrar que Fátima no es, como pensaban algunos, «una especie de subcultura».
Junto a esta visión «global y armónica» del mensaje, el Centenario ha servido para «profundizar en la dimensión mística de la vivencia de la fe, como los pastorcitos, que nos enseñan hoy a vivir la fe de forma más amorosa, transformadora de la vida». Y, por último, la dimensión profética del mensaje nos ayuda a «abrirnos a los problemas de hoy, sobre todo cuando el Papa Francisco habla de una tercera guerra mundial por partes y de los grandes problemas como los refugiados, los sintecho, los cristianos perseguidos…».
En este sentido, el obispo se muestra realista. «No vamos a conseguir mantener siempre este tono de fiesta», reconoce, aunque sí se compromete a «continuar promoviendo el estudio del mensaje y apostar por su divulgación». Recuerda que, siendo un conjunto de apariciones muy proféticas, «tiene una vocación histórico-universal, acompañando a cada generación» con un lenguaje renovado.
María Martínez López
Alfa y Omega

«El ejemplo de la Santa sugiere cómo afrontar las dificultades de la vida»



El obispo de Ávila, Jesús García Burillo, abrirá este sábado la Puerta Santa en el convento de Santa Teresa, pistoletazo de salida para el primer Año Teresiano ordinario de la historia, que según el privilegio concedido a la diócesis hace apenas unos meses por la Santa Sede, se celebrará los años en que el 15 de octubre coincida con un domingo. El presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Ricardo Blázquez, presidirá al día siguiente, festividad de la Santa, la Misa de apertura jubilar en la plaza del Mercado Chico, celebración que recordará a los grandes actos del V Centenario. Monseñor García Burillo advierte sin embargo de que este Año Santo va a ser menos de fastos que de recogimiento interior y búsqueda personal. Se trata de dar continuidad a la labor divulgativa que se hizo entonces para seguir expandiendo «la presencia espiritual de la Santa en la Iglesia y en la sociedad», facilitando que cada peregrino pueda empaparse de la espiritualidad de la primera doctora de la Iglesia. En la programación destaca la oferta de cuatro rutas teresianas de unos 100 kilómetros de distancia cada una, que recorren todos los rincones de la provincia. Camina con determinación es, de hecho, el lema de este Año Santo.
Las condiciones para ganar la indulgencia plenaria son muy heterogéneas: oír Misa tranquilamente en uno de los nueve templos jubilares (cumpliendo las condiciones habituales)… ¡o caminar en peregrinación 100 kilómetros a pie o más!
Queremos potenciar el camino. Uno de los objetivos es presentar a santa Teresa como andariega. Queremos animar a que la gente se ponga en marcha, como hizo ella a los 20 años de su vida, que fueron los más difíciles, cuando se lanzó al camino puro y duro para llevar a cabo las fundaciones. Vemos además que en la actualidad a muchos jóvenes y adultos les gusta caminar o participar en carreras. Es la cultura de ahora. Así que esto no es poner las cosas difíciles, ¡al contrario! El Señor es quien concede las gracias jubilares y nosotros no somos nadie para poner condiciones gravosas. Lo que sí tenemos es que ofrecer caminos de experiencia para que el peregrino se pueda llenar de la espiritualidad teresiana.
¿Por eso las nuevas rutas para peregrinos?
Hemos ofrecido cuatro rutas en el interior de la diócesis, una de ellas en conexión con Alba de Tormes (Salamanca), donde murió santa Teresa. Y está la ruta del confesor, que sigue el viaje que hizo san pedro de Alcántara para ir al encuentro con la Santa en Ávila. O la ruta de la salud, que parte de Becedas y Barco de Ávila; la de los caminos y las posadas, que sale del Tiétar (Sotillo de la Adrada) y sigue por Cebreros, las Navas… En las cuatro rutas se está preparando fundamentalmente la acogida, de modo que, en cada lugar, haya albergues o espacios de acogida. Esa es la invitación que he lanzado a los párrocos y a los alcaldes. Con ello se pretende también llevar el Año Santo a los pueblos más pequeños de la provincia, que se sientan partícipes, y que no todo quede reducido a la ciudad de Ávila, sino que toda la diócesis se ponga en movimiento.
Para enfermos y presos basta para obtener la indulgencia con leer una de las cuatro obras de la Santa.
Queremos que se lea a santa Teresa. No es una lectura sencilla, pero es importante invitar a la gente a entrar con cierta profundidad en su obra, en la que, aparte de esos modismos tan simpáticos del siglo XV y XVI, descubrimos cómo afronta todas las situaciones de su vida, las dificultades, las relaciones humanas…
¿Y esto de ganar la indulgencia haciendo diez horas de oración según el modelo teresiano? ¿Es esta una propuesta al alcance de cualquiera?
Los carmelitas y las carmelitas sobre todo, pero no solo ellos, tienen formulas sencillas de oración y experiencias que pueden servir. Aunque hay ya muchos funcionando, promover esos grupos de oración es uno de los objetivos del Año Teresiano. La oración es un camino para la interiorización; no hay posibilidad de emprender una respuesta valiente, plasmada en un camino exterior, si no hay una experiencia de vida interior fuerte. Esa vida interior es la que te capacita para tomar decisiones. El ejemplo y la lectura de la Santa fortalecen mucho, ofrecen ideas y sugerencias para afrontar las dificultades y las realidades de la vida con la mejor disposición.
R.B.

Los nueve templos jubilares
  • Catedral del Salvador (Ávila)
  • Convento de santa Teresa (Ávila)
  • Convento de la Encarnación (Ávila)
  • Convento de San José (Ávila)
  • Real monasterio de Santo Tomás (Ávila)
  • Convento de la Inmaculada y San José (Arenas de San Pedro)
  • Convento de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz (Duruelo)
  • Convento del Amor Misericordioso y de la Madre de Dios (Piedrahíta)
  • Convento de La Anunciación Madres Carmelitas Descalzas (Alba de Tormes)

El Papa reflexiona sobre la pena de muerte en el Catecismo de la Iglesia Católica



Al cumplirse los 25 años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, el Papa Francisco hizo una reflexión sobre la importancia de este texto y sobre la pena de muerte.
El Santo Padre hizo esta reflexión ante cientos de participantes en un encuentro promovido por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización por el 25º aniversario de la firma de la Constitución Apostólica ‘Fidei Depositum’ por San Juan Pablo II, un texto que acompañó la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica en 1992.
«En este horizonte de pensamiento quiero hacer referencia a un tema que debería encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica un espacio más adecuado y coherente con estas finalidades concretas», dijo el Papa en el aula nueva del Sínodo en el Vaticano.
«Pienso, de hecho, en la pena de muerte. Esta problemática no puede ser reducida a un mero recuerdo de enseñanza histórica sin hacer emerger no solo el progreso en la doctrina y obra de los últimos Pontífices, sino también en la cambiante consciencia del pueblo cristiano, que rechaza una actitud concordante ante una pena que socava en gran medida la dignidad humana».
Aunque no lo mencionó, es importante recordar que el punto 2267 del Catecismo indica que «la enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas».
Al respecto y en su reflexión, el Santo Padre resaltó que «se debe afirmar con fuerza que la sentencia a pena de muerte es una medida deshumana que humilla».
«Es en sí misma contraria al Evangelio porque con ella se decide voluntariamente una vida humana que es siempre sagrada a los ojos del Creador y de la que Dios solo, en un último análisis, es verdadero juez y garante», agregó.
Francisco manifestó que «a ninguno le puede ser quitada no solo la vida, tampoco la misma posibilidad de un rescate moral y existencial que vuelva a favor de la comunidad».
El Pontífice aprovechó para reconocer que también «en el Estado Pontificio», en alguna ocasión, «se ha hecho recurso a este extremo y deshumano remedio, descuidando que debe primar la misericordia sobre la justicia».
Esto fue en parte a que «la preocupación por conservar íntegros los poderes y las riquezas materiales habían llevado a sobrestimar el valor de la ley, impidiendo ir en profundidad en la comprensión del Evangelio»”.
A este respecto señaló que «la defensa de la dignidad de la vida humana desde el primer instante de la concepción hasta la muerte natural siempre ha encontrado en la enseñanza de la Iglesia su voz coherente y autorizada».
Nuevos desafíos para la humanidad
El Obispo de Roma aseguró que «la tradición es una realidad viva, y solo una visión parcial puede pensar en el ‘depósito de la fe’ como algo estático. La Palabra de Dios no puede ser conservada en naftalina como si se tratase de una vieja manta para protegernos de los parásitos».
«La Palabra de Dios es una realidad dinámica, siempre viva, que progresa y crece porque es atraída hacia un cumplimiento que los hombres no pueden parar».
«No se puede conservar la doctrina sin progreso, ni puede estar ligada a la lectura rígida e inmutable sin humillar la acción del Espíritu Santo».
A su vez subrayó que San Juan Pablo II «deseó y quiso el Concilio no para condenar los errores, sino sobre todo para permitir que la Iglesia alcanzase al final a presentar con un lenguaje renovado la belleza de su fe en Jesucristo«.
«Custodiar» y «proseguir» es «lo que compete a la Iglesia por su misma naturaleza, para que la verdad impresa en el anuncio del Evangelio de parte de Jesús pueda alcanzar su plenitud hasta el fin de los siglos».
Se trata de una misión que atañe a todos los cristianos, que deben acercarse «a los hombres y mujeres de nuestro tiempo para permitir que descubran la inagotable riqueza de la persona de Jesucristo».
Sobre el Catecismo explicó que «constituye un instrumento importante no solo porque presenta a los creyentes la enseñanza de modo que se crezca en la comprensión de la fe, sino también y sobre todo, porque tiene la intención de acercarse a nuestros contemporáneos, con sus nuevas y diversas problemáticas, a la Iglesia, comprometida en presentar la fe como la respuesta significativa para la existencia humana en este particular momento histórico».
Expresó también que no es suficiente «encontrar un lenguaje nuevo para expresar la fe de siempre» sino que existe una urgencia, «ante los nuevos desafíos y perspectivas que se abren para la humanidad», de que «la Iglesia pueda expresar la novedad del Evangelio de Cristo».
A su parecer, «conocer a Dios» «no es en primer lugar un ejercicio teórico de la razón humana, sino un deseo inextinguible impreso en el corazón de toda persona».
«Nuestro Catecismo se pone a la luz del amor como una experiencia de conocimiento, de confianza y de abandono al misterio».
ACI/Álvaro de Juana

Tras las huellas del Buen Pastor.


Cuanto más pienso en la situación de los hombres de nuestro tiempo y de nuestra Iglesia, más fuerza adquiere para mí la misión que tan bellamente describe Juan al hablar del Buen Pastor. Hay además dos textos del Concilio Vaticano II que nos hacen entender mejor aún esta imagen y que debemos aplicar a la Iglesia entera. Uno dice así: «Incumbe a la Iglesia por mandato divino ir por todo el mundo y anunciar el Evangelio a toda criatura». Y el otro incide en que «la Iglesia entera es misionera, la obra de la evangelización es un deber fundamental del Pueblo de Dios». Esta constatación de que la Iglesia es enviada y tiene el mandato de evangelizar a todo el mundo, tiene que despertar en todos los creyentes una doble convicción: primero, que la misión, la evangelización, nunca es un acto aislado, es profundamente eclesial; y segundo, que si evangelizamos en nombre de la Iglesia cada uno de nosotros, lo hacemos en virtud del mandato del Señor, pero no somos dueños absolutos de la acción evangelizadora.
La imagen del pastor con la que Nuestro Señor Jesucristo explica su misión, tiene una historia muy anterior. Se utiliza esta figura del pastor en el antiguo Oriente y por supuesto en el Antiguo Testamento en el que Dios mismo se presenta como el gran Pastor de Israel. El gran discurso del Buen Pastor no comienza como podemos contemplar, con la afirmación de «Yo soy el Buen Pastor», sino con otra imagen muy diferente: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas». Y en el inicio del discurso había dicho: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido». Aquí está la pauta para todos los que formamos parte de la Iglesia: descubrir, sentir, vivir, asumir, acoger, entrar en comunión con Jesucristo, que es la puerta verdadera. Y nunca podremos anunciar el Evangelio ni realizar la misión sin vivir de esta convicción fundamental, hecha vida en cada uno de nosotros. Vivir de otra manera nos convierte en ladrones y salteadores.
Quien se ha encontrado con Jesucristo descubre que estar al lado de los hombres sin realizar la misión misma de Jesucristo es un robo, un deshacer la dignidad de quienes comparten nuestra vida, es ser salteador de la vida humana, que es lo más sagrado que existe, pues ha sido creada por Dios y constituida a su imagen y semejanza. De tal manera que destruir al hombre es, de alguna manera, destruir su imagen más preciada. Como se subraya en Redemptor hominis, «el hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente. Por esto precisamente, Cristo Redentor […] revela plenamente el hombre al mismo hombre. […] En el misterio de la Redención el hombre es “confirmado” y en cierto modo es nuevamente creado. […] La Iglesia que no cesa de contemplar el conjunto del misterio de Cristo, sabe con toda la certeza de la fe que la Redención llevada a cabo por medio de la Cruz, ha vuelto a dar definitivamente al hombre la dignidad y el sentido de su existencia en el mundo».
En la imagen del Buen Pastor está la pauta para los pastores de su rebaño, los sacerdotes, y para todos los consagrados y laicos que formamos la Iglesia:
1. Para los pastores, para los sacerdotes, tiene una fuerza especial la página del Evangelio en la que el Señor confía a Pedro la misma tarea de pastor que pertenece a Jesús. Pedro es designado claramente pastor de las ovejas de Jesús, pero para este empeño tiene que entrar por la puerta: «¿Me amas?». Es esta pregunta la que le hace ser una sola cosa con Jesús. Unido a Jesús en el amor, llega a los hombres por la puerta, le escuchan porque escuchan la voz del mismo Jesús. Y la escena acaba con el Señor diciéndole: «Sígueme». Estamos invitados a tomar conciencia de este deber de realizar la misión como el Buen Pastor más que cualquier otro miembro de la Iglesia, porque esto es lo que constituye la singularidad de nuestro ser y de nuestro servicio. Elegidos para proclamar con autoridad la Palabra de Dios, para reunir al Pueblo de Dios disperso, para alimentar a este Pueblo con los signos de la acción de Cristo que son los sacramentos.
2. Pero también tiene una fuerza especial y singular esta página del Evangelio para los miembros de la vida consagrada: religiosos, religiosas, miembros de institutos seculares y de sociedades de vida apostólica. Los consagrados tenéis un medio privilegiado de evangelización y de dar rostro al Buen Pastor. Sed puerta para que todos los hombres lo conozcan en su ser más íntimo y más profundo. Encarnáis la Iglesia deseosa de entregarse al radicalismo de las bienaventuranzas, sois signo de total disponibilidad para con Dios, para con la Iglesia y para con los hermanos. Por vuestra consagración tan singular os vemos en la vanguardia de la evangelización, afrontando hasta el riesgo de vuestra propia vida. El fundamento de la vida consagrada siempre hemos de buscarlo en la especial relación que Jesús estableció en su vida terrena con algunos discípulos, a quienes invitó no solamente a acoger el Reino de Dios en su vida, sino a poner la propia existencia al servicio de esta causa. Esto es posible gracias a una especial vocación y gracias a un don peculiar del Espíritu Santo.
3. Y qué fuerza tiene esta página del Evangelio en la vida de los seglares cristianos, que sois la mayoría en la Iglesia. Vuestra vocación específica os coloca en el corazón del mundo y en las más variadas tareas temporales. Ahí, en medio, realizáis la evangelización y la misión de la Iglesia, aproximáis el rostro del Buen Pastor. Vuestro trabajo primero e inmediato es poner en práctica todas las posibilidades cristianas evangélicas en las cosas del mundo: en la política, lo social, la economía, la cultura, las ciencias y las artes, la vida internacional, y los medios de comunicación social, así como en otras realidades abiertas a la evangelización como el amor, la familia, la educación de los niños y jóvenes, o el sufrimiento. En todos estos lugares tiene que hacerse presente el rostro del Buen Pastor. ¡Qué alegría ver cada día más seglares impregnados del Evangelio, responsabilizándose de estas tareas, comprometiéndose claramente con ellas, promoviendo estos compromisos!
En la exhortación apostólica Christifidelis laici, el Papa san Juan Pablo II se hace esta pregunta: «Pero ¿cuál es el rostro actual de la tierra y del mundo en el que los cristianos han de ser sal y luz?». Y da algunas respuestas y líneas que sobresalen en nuestra cultura: a) El grave fenómeno del secularismo y la aspiración y necesidad de lo religioso; b) Las violaciones que se dan en la persona humana cuando no es reconocida y amada como imagen de Dios viviente; c) La imposibilidad de aniquilar la sacralidad de la persona humana y el sentido cada día más hondo de su dignidad personal; d) La conflictividad de la humanidad; e) La conciencia cada día más grande de los cristianos, de que la Iglesia es enviada por el Señor como «signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano» (LG 1).
Con gran afecto, os bendice,
+Carlos Card. Osoro, arzobispo de Madrid

Bienaventurado el vientre que te llevó. Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo:
«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Palabra del Señor.

Homilía del Papa: llamar al corazón de Dios con la oración

Tras haber visitado, el segundo jueves de octubre, la sede del Pontificio Instituto Oriental de Roma, para saludar a los Superiores de la Congregación para las Iglesias Orientales, a los Patriarcas y a los Arzobispos Mayores; y tras encontrarse con los benefactores y con la Comunidad de los Jesuitas, el Papa Francisco presidió, a las 10.15, en la Basílica de Santa María La Mayor, una Concelebración Eucarística por el Centenario de la Congregación para las Iglesias Orientales, que fue instituida por el Papa Benedicto XV con el Motu Proprio Dei Providentis del 1º de mayo de 1917.
En su homilía, el Papa comenzó dando gracias al Señor por la fundación de esta Congregación junto al Pontificio Instituto Oriental, hace exactamente un siglo. Y recordó que en aquel entonces arreciaba la Primera Guerra Mundial; mientras hoy – como ya lo dijo en diversas ocasiones  – “vivimos otra guerra mundial, si bien a pedazos”. Por esta razón Francisco afirmó: “Y vemos a tantos de nuestros hermanos y hermanas cristianos de las Iglesias orientales que sufren persecuciones dramáticas y una diáspora cada vez más inquietante. Esto hace que surja tantas preguntas, tantos ‘por qué’, que se asemejan a los de la Primera Lectura del día, tomada del libro de Malaquías (3,13-20 a)”.
Tras recordar que en aquel episodio el Señor se lamenta con su gente diciendo que son duros los razonamientos que hacen contra Él, el Santo Padre agregó:  
“Cuántas veces también nosotros hacemos esta experiencia, y cuántas veces la escuchamos en las confidencias y en las confesiones de las personas que nos abren su corazón. Vemos a los malvados, aquellos que, sin escrúpulos, hacen sus propios intereses, aplastando a los demás, y parece que a ellos las cosas les van bien: obtienen lo que quieren y piensan sólo en disfrutar la vida...”.
De todos estos “¿por qué?”, que también aparecen en la Sagrada Escritura, el Obispo de Roma dijo que a ellos responde la misma Palabra de Dios en el pasaje del profeta en el que se lee que el Señor los escuchó. De manera que Dios no se olvida de sus hijos, puesto que su memoria es para los justos, para quienes sufren, están oprimidos y se preguntan “¿por qué?”. Y sin embargo, añadió, “no cesan de confiar en el Señor”.
“Cuántas veces la Virgen María, en su camino, se ha preguntado ‘¿por qué?’; pero en su corazón, en el que meditaba  cada cosa, la gracia de Dios hacía resplandecer la fe y la esperanza”.
El Papa Bergoglio reafirmó que cuando se reza se necesita el coraje de la fe; es decir, tener confianza en que el Señor nos escucha. Tener el valor de llamar a su puerta, tal como el mismo Señor lo dice: “el que quiere recibe, el que busca encuentra y al que llama se le abrirá”. (v. 10).
“Pero nuestra oración ¿es verdaderamente así? ¿Nos implica verdaderamente, implica nuestro corazón y nuestra vida? ¿Sabemos llamar al corazón de Dios?”.
“El hombre – dijo el Papa Francisco hacia el final de su reflexión – llama con la oración a la puerta de Dios para pedir la gracia. Y Él, que es Padre, me da eso y más: el don, el Espíritu Santo”. Y concluyó su homilía invitando a aprender a llamar al corazón de Dios. Y a hacerlo con coraje, con una oración valerosa que inspire y alimente también su servicio en la Iglesia, a fin de que su empeño dé frutos a su tiempo y lleguen a ser como los árboles, cuyas hojas no se marchitan (Cfr. Sal 1, 3).
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

Que la Iglesia presente con lenguaje renovado la belleza de la fe en Jesucristo, afirmó el Papa

En su discurso a los participantes del Encuentro promovido por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, realizado en el Aula del Sínodo, el Papa expreso que “custodiar” y "proseguir” es cuanto compete a la Iglesia por su misma naturaleza, “para que la verdad expresada en el anuncio del Evangelio, por parte de Jesús, pueda llegar a su plenitud hasta el fin de los siglos. Esta es la gracia que ha sido concedida al Pueblo de Dios, pero es igualmente un compromiso y una misión, de la que tenemos la responsabilidad, para anunciar de modo nuevo y más completo el Evangelio de siempre a nuestros contemporáneos, para que descubran la inagotable riqueza que encierra la persona de Jesucristo.”
“Al presentar el Catecismo de la Iglesia Católica, san Juan Pablo II sostenía que éste debía tener en cuenta las explicitaciones de la doctrina que en el curso de los tiempos el Espíritu ha sugerido a la Iglesia.”
“Este Catecismo –ha dicho el Papa- constituye un instrumento importante no solo porque presenta a los creyentes la enseñanza de siempre, de modo de crecer en la compresión de la fe, sino también y sobre todo porque quiere acercarse a nuestros contemporáneos con sus nuevas y diversas problemáticas; a la Iglesia, comprometida en presentar la fe como respuesta significativa para la existencia humana. Es necesario y urgente que, frente a los nuevos desafíos y perspectivas que se abren para la humanidad, la Iglesia pueda expresar la novedad del Evangelio de Cristo que, encerrada en la Palabra de Dios, no han venido todavía a la luz.”
“Conocer a Dios, como bien sabemos, no es en primer lugar un ejercicio teórico de la razón humana, sino un deseo inextinguible impreso en el corazón de toda persona. Es el conocimiento que proviene del amor porque nos hemos encontrado con el Hijo de Dios en nuestro camino… El que ama quiere conocer cada vez más la persona amada para descubrir la riqueza que esconde en sí y que cada día emerge como una realidad siempre nueva.”
El Papa insiste en un texto más largo que “el catecismo se pone a la luz del amor como una experiencia de conocimiento, de confianza y de abandono al misterio. El Catecismo de la Iglesia Católica al delinear los puntos estructurales de su propia composición, retoma un texto del Catecismo Romano; lo hace suyo, proponiéndolo como clave de lectura y de aplicación: “Toda la sustancia de la doctrina y de la enseñanza debe ser orientada a la caridad que no tendrá fin jamás. De hecho, sea que se expongan las verdades de la fe, o los motivos de la esperanza, o los deberes de la actividad moral, siempre y en todo se le da relieve al amor de nuestro Señor. De modo de hacer comprender que cada ejercicio de perfecta virtud cristiana no puede brotar sino del amor, como en el amor tiene su último fin.”
Varios párrafos siguientes el Papa los dedica a la pena de muerte. “En este horizonte de pensamiento me complace hacer referencia a un tema que debería encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica un espacio más adecuado y coherente con esta finalidad expresada. Pienso de hecho en la pena de muerte". Entre otras cosas Francisco dice que “se debe afirmar con fuerza que la condena a la pena de muerte es una medida inhumana que humilla la dignidad humana, en cualquier modo que venga ejecutada. Es en sí misma contraria al Evangelio porque se decide voluntariamente suprimir una vida humana que es siempre sagrada a los ojos del Creador”.
“Desgraciadamente, también en el Estado Pontificio se ha hecho recurso a este remedio extremo y deshumano, dejando de lado el primado de la misericordia sobre la justicia. Asumamos la responsabilidad del pasado, y reconozcamos que esos medios eran dictados por una mentalidad más legalista que cristiana… permanecer hoy neutrales frente a las nuevas exigencias para la reafirmación de la dignidad personal, nos hace más culpables.”
Finalmente el Papa Francisco concluye que “la Iglesia en su doctrina, en su vida y en su culto perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que ella es y todo lo que ella cree”, como dijeron los padres del Concilio.
“La Tradición es una realidad viva y solo una visión parcial puede pensar en el “depósito de la fe” como una cosa estática. ¡La Palabra de Dios no puede ser conservada en naftalina como si se tratara de una vieja frazada que hay que proteger contra los parásitos! No. La Palabra de Dios es una realidad dinámica, siempre viva que progresa y crece porque tiende a un cumplimiento que los hombres no pueden detener…”. (Síntesis de jesuita Guillermo Ortiz del original italiano– Radio Vaticana)
(from Vatican Radio)

Catequesis del Papa: “El cristiano constructor de paz, en espera vigilante del regreso de Jesús”

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy quisiera detenerme en aquella dimensión de la esperanza que es la espera vigilante. El tema de la vigilancia es uno de los hilos conductores del Nuevo Testamento. Jesús predica a sus discípulos: «Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta» (Lc 12,35-36). En este tiempo que sigue a la resurrección de Jesús, en el cual se alternan en continuación momentos serenos y otros angustiantes, los cristianos no descansan jamás. El Evangelio exige ser como los siervos que no van jamás a dormir, hasta que su señor no haya regresado. Este mundo exige nuestra responsabilidad, y nosotros la asumimos toda y con amor. Jesús quiere que nuestra existencia sea laboriosa, que no bajemos jamás la guardia, para recibir con gratitud y maravilla cada nuevo día donado por Dios. Cada mañana es una página blanca que el cristiano comienza a escribir con las obras de bien. Nosotros hemos ya sido salvados por la redención de Jesús, pero ahora esperamos la plena manifestación de su señoría: cuando finalmente Dios será todo en todos (Cfr. 1 Cor 15,28). Nada es más cierto, en la fe de los cristianos, de esta “cita”, este encuentro con el Señor, cuando Él regrese. Y cuando este día llegará, nosotros cristianos queremos ser como aquellos siervos que han pasado la noche ceñidos y con las lámparas encendidas: es necesario estar listos para la salvación que llega, listos para el encuentro. Ustedes, ¿han pensado cómo será este encuentro con Jesús, cuando Él regrese? ¡Será un abrazo, una alegría enorme, un gran gozo! Este encuentro: nosotros debemos vivir en espera de este encuentro.
El cristiano no está hecho para el aburrimiento; en todo caso para la paciencia. Sabe que incluso en la monotonía de ciertos días siempre iguales está escondido un misterio de gracia. Existen personas que con la perseverancia de su amor se convierten en pozos que irrigan el desierto. Nada sucede en vano, y ninguna situación en la cual un cristiano se encuentra inmerso es completamente refractaria al amor. Ninguna noche es tan larga de hacer olvidar la alegría de la aurora. Y cuando más oscura es, más cerca está la aurora. Si permanecemos unidos a Jesús, el frío de los momentos difíciles no nos paraliza; y si incluso el mundo entero predicara contra la esperanza, si dijera que el futuro traerá sólo nubes oscuras, el cristiano sabe que en ese mismo futuro existe el regreso de Cristo. ¿Cuándo sucederá esto? Nadie sabe el tiempo, no lo sabe, pero el pensamiento que al final de nuestra historia está Jesús Misericordioso, basta para tener confianza y no maldecir la vida. Todo será salvado. Todo. Sufriremos, habrán momentos que suscitan rabia e indignación, pero la dulce y poderosa memoria de Cristo expulsará la tentación de pensar que esta vida es equivocada.
Después de haber conocido a Jesús, nosotros no podemos hacer otra cosa que observar la historia con confianza y esperanza. Jesús es como una casa, y nosotros estamos adentro, y por las ventanas de esta casa nosotros vemos el mundo. Por esto, no nos encerremos en nosotros mismos, no nos arrepintamos con melancolía un pasado que se presume dorado, sino miremos siempre adelante, a un futuro que no es sólo obra de nuestras manos, sino que sobre todo es una preocupación constante de la providencia de Dios. Todo lo que es opaco un día se convertirá en luz.
Y pensemos que Dios no se contradice a sí mismo. Jamás. Dios no defrauda jamás. Su voluntad en relación a nosotros no es nublada, sino es un proyecto de salvación bien delineado: «porque Él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2,4). Por lo cual no nos abandonemos al fluir de los eventos con pesimismo, como si la historia fuese un tren del cual se ha perdido el control. La resignación no es una virtud cristiana. Como no es de los cristianos levantar los hombros o inclinar la cabeza adelante hacia un destino que nos parece ineludible.
Quien trae esperanza al mundo no es jamás una persona remisiva. Jesús nos pide esperarlo sin estar con las manos cruzadas: «¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada!» (Lc 12,37). No existe un constructor de paz que al final de la cuenta no haya comprometido su paz personal, asumiendo problemas de los demás. Este no es un constructor de paz: este es un ocioso, este es un acomodado. No es constructor de paz quien, al final de la cuenta, no haya comprometido su paz personal asumiendo los problemas de los demás. Porque el cristiano arriesga, tiene valentía para arriesgar para llevar el bien, el bien que Jesús nos ha donado, nos ha dado como un tesoro.
Cada día de nuestra vida, repitamos esta invocación que los primeros discípulos, en su lengua aramea, expresaban con las palabras Marana-tha, y que lo encontramos en el último versículo de la Biblia: «¡Ven, Señor Jesús!» (Ap 22,20). Es el estribillo de toda existencia cristiana: en nuestro mundo no tenemos necesidad de otra cosa sino de una caricia de Cristo. Que gracia sí, en la oración, en los días difíciles de esta vida, sentimos su voz que responde y nos consuela: «¡Volveré pronto!» (Ap 22,7). Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

sábado, 7 de octubre de 2017

7 de octubre: Nuestra Señora del Rosario


La devoción del Santo Rosario la difundió la propia Virgen María. Santo Domingo de Guzmán y el beato Alano de la Rupe recibieron apariciones de la Virgen para que enseñaran a los hombres a rezar esta oración. La fiesta se universalizó gracias al impulso de los Papas san Pío V, Gregorio XIII, León XIII…
Año 1208, la oración del rosario todavía no era una práctica conocida en la Iglesia y la Virgen, para acabar con esta situación, se apareció a santo Domingo de Guzmán en una capilla del monasterio de Prouilhe (Francia) paraLa devoción del Santo Rosario la difundió la propia Virgen María. Santo Domingo de Guzmán y el beato Alano de la Rupe recibieron apariciones de la Virgen para que enseñaran a los hombres a rezar esta oración. La fiesta se universalizó gracias al impulso de los Papas san Pío V, Gregorio XIII, León XIII…
Año 1208, la oración del rosario todavía no era una práctica conocida en la Iglesia y la Virgen, para acabar con esta situación, se apareció a santo Domingo de Guzmán en una capilla del monasterio de Prouilhe (Francia) para enseñarle su rezo. La Virgen portaba en sus manos un rosario y le pidió a Santo Domingo que difundiera la oración entre los hombres.
El santo, cumpliendo con la petición del Virgen, se lo enseñó a los soldados liderados por su amigo Simón IV de Montfort, que se disponían a luchar en la Batalla de Muret. La victoria en la guerra se le atribuyó a María y, por ello, fue en la localidad de Montfort donde se erigió la primera capilla dedicada a la imagen de la Virgen con el rosario.
A pesar de los esfuerzos, la Virgen tuvo que volver a proponer a los hombres el rezo del rosario en el siglo XV. En esta ocasión el elegido fue el beato Alano de la Rupe, a quien le pidió no sólo que volviera a difundir la devoción, sino también que recogiera en un libro todos los milagros atribuidos al rosario, y le recordó las promesas que siglos atrás dio a Santo Domingo.
José Calderero @jcalderero enseñarle su rezo. La Virgen portaba en sus manos un rosario y le pidió a Santo Domingo que difundiera la oración entre los hombres.
El santo, cumpliendo con la petición del Virgen, se lo enseñó a los soldados liderados por su amigo Simón IV de Montfort, que se disponían a luchar en la Batalla de Muret. La victoria en la guerra se le atribuyó a María y, por ello, fue en la localidad de Montfort donde se erigió la primera capilla dedicada a la imagen de la Virgen con el rosario.
A pesar de los esfuerzos, la Virgen tuvo que volver a proponer a los hombres el rezo del rosario en el siglo XV. En esta ocasión el elegido fue el beato Alano de la Rupe, a quien le pidió no sólo que volviera a difundir la devoción, sino también que recogiera en un libro todos los milagros atribuidos al rosario, y le recordó las promesas que siglos atrás dio a Santo Domingo.
José Calderero @jcalderero
Alfa y Omega

Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 17-24
En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron con alegría diciendo:
«Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».
Jesús les dijo:
«Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno.
Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».
En aquella hora, se lleno de alegría en el Espíritu Santo y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
Todo me lo ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar».
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
«¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron».
Palabra del Señor.

Defensa de la dignidad de la persona humana es principio y fundamento de todo orden social, asegura el Papa

Señores Cardenales,
Señor Presidente del Senado, Señora Ministra,
Señores Obispos, Rector Magnífico,
Señores Embajadores, distinguidas Autoridades, Profesores,
Señoras y Señores
Quiero agradecer al Rector de la Universidad Gregoriana, P. Nuno da Silva Gonçalves, y a la representante de los jóvenes por sus corteses e interesantes palabras de introducción a nuestro encuentro. Les doy las gracias a todos por su presencia aquí esta mañana, por haberme comunicado los resultados de vuestro trabajo y vuestro compromiso de afrontar juntos, por el bien de los niños de todo el mundo, un nuevo y grave problema, característico de nuestro tiempo. Un problema que no había sido todavía estudiado y discutido colegialmente, con la aportación de tantas personas especializadas y figuras con responsabilidades diferentes, como lo habéis hecho en estos días: el problema de la protección eficaz de la dignidad de los menores en el mundo digital.
El reconocimiento y la defensa de la dignidad de la persona humana es el principio y el fundamento de todo orden social y político legítimo, y la Iglesia ha reconocido la Declaración Universal de los Derechos del Hombre (1948) como «una piedra miliar en el camino del progreso moral de la humanidad» (cf. Discursos de Juan Pablo II en la ONU, 1979 y 1995). En la misma línea, conscientes de que los niños son los primeros que han de recibir atención y protección, la Santa Sede saludó positivamente la Declaración de los Derechos del Niño (1959) y se adhirió a la correspondiente Convención (1990) y a los dos Protocolos facultativos (2001). La dignidad y los derechos de los niños deben ser protegidos por los ordenamientos jurídicos como bienes extremadamente valiosos para toda la familia humana (cf. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, nn. 244-245).
Sobre estos principios estamos por lo tanto plena y firmemente de acuerdo y sobre la base de ellos debemos trabajar también de modo concorde. Tenemos que hacerlo con determinación y con verdadera pasión, mirando con ternura a todos los niños que vienen al mundo, cada día y en todas partes, y que tienen necesidad sobre todo de respeto, pero también de cuidado y afecto para crecer en toda la maravillosa riqueza de sus potencialidades.
La Escritura nos habla de la persona humana creada por Dios a imagen suya. ¿Qué otra afirmación más rotunda se puede hacer sobre su dignidad? El Evangelio nos habla del afecto con el que Jesús acogía a los niños, tomándolos en sus brazos y bendiciéndolos (cf. Mc 10,16), porque «de los que son como ellos es el reino de los cielos» (Mt 19,14). Y las palabras más fuertes de Jesús son precisamente para el que escandaliza a los más pequeños: «Más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar» (Mt 18,6). Por lo tanto, debemos dedicarnos a proteger la dignidad de los niños con ternura pero también con gran determinación, luchando con todas las fuerzas contra esa cultura de descarte que hoy se manifiesta de muchas maneras en detrimento sobre todo de los más débiles y vulnerables, como son precisamente los menores.
Vivimos en un mundo nuevo, que cuando éramos jóvenes ni siquiera podíamos imaginar. Lo definimos con dos palabras sencillas: «mundo digital ― digital world»; es el fruto de un esfuerzo extraordinario de la ciencia y la técnica, que en unas pocas décadas ha transformado nuestro ambiente de vida y nuestra forma de comunicarnos y de vivir, y está transformando en cierto sentido nuestro propio modo de pensar y de ser, influyendo profundamente en la percepción que tenemos de nuestras posibilidades y nuestra identidad.
Por un lado estamos como admirados y fascinados por el maravilloso potencial que nos abren, por otra parte, sentimos temor y tal vez miedo, cuando vemos lo rápido que avanza este desarrollo, los problemas nuevos e imprevistos que nos plantea, las consecuencias negativas –casi nunca queridas y sin embargo reales– que trae consigo. Con razón nos preguntamos si somos capaces de conducir los procesos que nosotros mismos hemos puesto en marcha, si no se nos estarán yendo de las manos, si estamos haciendo lo suficiente para tenerlos bajo control.
Esta es la gran cuestión existencial de la humanidad de hoy frente a los diversos aspectos de la crisis global, que es al mismo tiempo ambiental, social, económica, política, moral y espiritual.
Os habéis reunido, representantes de diversas disciplinas científicas, de diferentes áreas de trabajo en las comunicaciones digitales, en el derecho y en la política, justamente porque sois conscientes de la importancia de estos desafíos relacionados con el progreso científico y técnico, y con visión de largo alcance habéis concentrado vuestra atención sobre ese reto, que es probablemente el más importante de todos para el futuro de la familia humana: la protección de la dignidad de los jóvenes, de su crecimiento saludable, de su alegría y de su esperanza.
Sabemos que hoy en día, los niños representan más de la cuarta parte de los más de tres mil millones de usuarios de Internet, lo que significa que más de 800 millones de niños navegan por la red. Sabemos que tan sólo en India, en los próximos dos años, más de 500 millones de personas tendrán acceso a la red, y la mitad de ellos serán menores. ¿Qué es lo que se encuentran en la red? ¿Y cómo son considerados por quienes, de tantas maneras, tienen poder sobre la red?
Debemos tener los ojos abiertos y no ocultar una verdad que es desagradable y que no quisiéramos ver. Por otra parte, ¿no hemos entendido demasiado bien en estos años que ocultar la realidad del abuso sexual es un gravísimo error y fuente de tantos males? Entonces, miremos la realidad tal y como la habéis visto en estos días. En la red se están propagando fenómenos extremadamente peligrosos: la difusión de imágenes pornográficas cada vez más extremas porque con la adicción se eleva el umbral de la estimulación; el creciente fenómeno del sexting entre chicos y chicas que utilizan las redes sociales; la intimidación que se da cada vez más en la red y representa una auténtica violencia moral y física contra la dignidad de los demás jóvenes; la sextortion; la captación a través de la red de menores con fines sexuales es ya un hecho del que hablan continuamente las noticias; hasta llegar a los crímenes más graves y estremecedores de la organización online del tráfico de personas, la prostitución, incluso de la preparación y la visión en directo de violaciones y violencia contra menores cometidos en otras partes del mundo. Por lo tanto, la red tiene su lado oscuro y regiones oscuras (la dark net) donde el mal consigue actuar y expandirse de manera siempre nueva y cada vez con más eficacia, extensión y capilaridad. La antigua difusión de la pornografía a través de medios impresos era un fenómeno de pequeñas dimensiones comparado con lo que está sucediendo hoy en día, de una manera cada vez más creciente y rápida, a través de la red. De todo esto habéis hablado claramente, de manera documentada y en profundidad, por eso os damos las gracias.
Ante todo esto ciertamente nos quedamos horrorizados. Pero lamentablemente estamos también desorientados. Como bien sabéis y así nos enseñáis, la característica de la red es su carácter global, que cubre todo el planeta superando todas las fronteras, siendo cada vez más capilar, alcanzando en cualquier parte todo tipo de usuarios, incluidos los niños, a través de dispositivos móviles cada vez más ágiles y fáciles de manejar. Por eso ahora nadie en el mundo, ninguna autoridad nacional por su cuenta se siente capaz de abarcar adecuadamente y de controlar las dimensiones y la evolución de estos fenómenos, que se entrelazan y se conectan con otros problemas dramáticos relacionados con la red, como el tráfico ilegal, el crimen económico y financiero, el terrorismo internacional. Incluso desde un punto de vista educativo nos sentimos desorientados, ya que la velocidad del desarrollo deja «fuera de juego» a las generaciones de más edad, haciendo que sea muy difícil o casi imposible el diálogo entre las generaciones y la transmisión equilibrada de las normas y de la sabiduría de vida adquirida con la experiencia de los años.
Pero no debemos dejarnos dominar por el miedo, que es siempre un mal consejero. Y mucho menos dejar que nos paralice el sentimiento de impotencia que nos oprime frente a la dificultad de la tarea. Estamos llamados en cambio a movilizarnos juntos, sabiendo que nos necesitamos mutuamente para buscar y encontrar el camino y las actitudes adecuadas que ayuden a dar respuestas eficaces. Debemos confiar en que «es posible volver a ampliar la mirada, y la libertad humana es capaz de limitar la técnica, orientarla y colocarla al servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral» (Enc. Laudato si’, 112).
Para que esta movilización sea eficaz, os invito a contrastar con decisión algunos posibles errores de perspectiva. Me limito a señalar tres.
El primero es el de subestimar el daño que los fenómenos antes mencionados hacen a los menores. La dificultad para resolverlos puede hacernos caer en la tentación de decir: «En el fondo, la situación no es tan grave ...». Pero los avances en la neurobiología, la psicología, la psiquiatría, nos llevan a destacar el profundo impacto que las imágenes violentas y sexuales tienen en las dúctiles mentes de los niños, a reconocer los trastornos psicológicos que se manifiestan en el crecimiento, las situaciones y comportamientos adictivos, de auténtica esclavitud resultantes del abuso en el consumo de imágenes provocativas o violentas. Son trastornos que repercutirán fuertemente durante toda la vida de los niños actuales.
Y aquí permítaseme hacer una observación. Con razón se insiste en la gravedad de estos problemas para los menores, pero como consecuencia se puede subestimar o tratar de hacer olvidar que también se dan problemas en los adultos y que, aunque para los ordenamientos jurídicos se necesita un límite que distinga entre el menor y el mayor de edad, eso no es suficiente para afrontar los desafíos, porque la difusión de una pornografía cada vez más extrema y otros usos impropios de la red no sólo causan trastornos, adicciones y daños graves incluso entre los adultos, sino que afecta también a la representación simbólica del amor y a las relaciones entre los sexos. Y sería un grave engaño pensar que una sociedad en la que el consumo anómalo de sexo en la red se extiende entre los adultos será capaz de proteger eficazmente a los menores.
El segundo error es el de pensar que las soluciones técnicas automáticas, los filtros construidos en base a algoritmos cada vez más sofisticados para identificar y bloquear la difusión de imágenes abusivas y dañinas, son suficientes para hacer frente a los problemas. Ciertamente estas son medidas necesarias. Sin duda, las empresas que proporcionan a millones de personas redes sociales y dispositivos informáticos cada vez más potentes, capilares y veloces han de invertir en ello una parte proporcionalmente grande de sus numerosos ingresos. Pero también es necesario que, dentro de la dinámica misma del desarrollo técnico, sus actores y protagonistas perciban con mayor urgencia, en toda su amplitud y en sus diversas implicaciones, la fuerza de la exigencia ética.
Y es aquí donde nos encontramos con el tercer posible error de perspectiva, que consiste en una visión ideológica y mítica de la red como un reino de libertad sin límites. Precisamente entre vosotros hay también representantes de quienes tienen que elaborar las leyes y de aquellos que han de hacerla cumplir para garantizar y proteger el bien común y el de las personas. La red ha abierto un espacio nuevo y de gran alcance para la libre expresión y el intercambio de ideas e información. Y es ciertamente un bien, pero, como vemos, también ha ofrecido nuevos instrumentos para actividades ilícitas horribles y, en el ámbito que nos ocupa, para el abuso y el daño a la dignidad de los menores, para la corrupción de sus mentes y la violencia a sus cuerpos. Aquí no se trata de ejercicio de la libertad, sino de crímenes, contra los cuales debemos proceder con inteligencia y determinación, ampliando la cooperación entre los gobiernos y las fuerzas del orden a nivel global, en la misma medida en que la red se ha hecho global.
De todo esto habéis hablado entre vosotros, y en la «Declaración» que poco antes me habéis presentado habéis indicado algunas de las direcciones en las que hay que promover la cooperación concreta entre todos los que están llamados a comprometerse para afrontar el gran reto de la defensa de la dignidad de los menores en el mundo digital. Apoyo con gran determinación y firmeza el compromiso que habéis asumido.
Se trata de despertar la conciencia sobre la gravedad de los problemas, de hacer leyes apropiadas, de controlar el desarrollo de la tecnología, de identificar a las víctimas y perseguir a los culpables de crímenes, de ayudar en su rehabilitación a los menores afectados, de colaborar con los educadores y las familias para que cumplan con su misión, de educar con creatividad a los jóvenes para que usen adecuadamente Internet –y sea saludable para ellos y para los demás menores–, de desarrollar la sensibilidad y la formación moral, de continuar con la investigación científica en todos los campos relacionados con este desafío.
Con razón expresáis el deseo de que también los líderes religiosos y las comunidades de creyentes participen en este esfuerzo común, aportando toda su experiencia, su autoridad y su capacidad educativa y de formación moral y espiritual. En efecto, sólo la luz y la fuerza que vienen de Dios nos pueden ayudar a afrontar los nuevos desafíos. Por cuanto respecta a la Iglesia Católica, quiero asegurar su disponibilidad y compromiso. Como todos sabemos, la Iglesia Católica en los últimos años se ha hecho cada vez más consciente de no haber hecho lo suficiente en su interior para la protección de los menores: han salido a la luz hechos gravísimos de los que hemos tenido que reconocer nuestra responsabilidad ante Dios, ante las víctimas y ante la opinión pública. Precisamente por eso, por las dramáticas experiencias vividas y los conocimientos adquiridos en el compromiso de conversión y purificación, la Iglesia siente hoy un deber especialmente grave de comprometerse, de manera cada vez más profunda y con visión de futuro, en la protección de los menores y de su dignidad, tanto dentro de ella como en toda la sociedad y en todo el mundo; y esto no lo realiza ella sola –porque sería evidentemente insuficiente– sino ofreciendo su colaboración activa y cordial a todas las fuerzas y miembros de la sociedad que desean comprometerse en la misma dirección. En este sentido, se adhiere al objetivo de «poner fin al maltrato, la explotación, la trata y todas las formas de violencia y tortura contra los niños», establecido por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible 2020 (Objetivo 16.2).
En muchas ocasiones y en tantos países diferentes, mi mirada se ha cruzado con la de los niños, pobres y ricos, sanos y enfermos, los que están alegres y los que sufren. Sentirse mirado por los ojos de los niños es una experiencia que todos conocemos y que nos toca en lo más hondo del corazón, y que también nos obliga a un examen de conciencia. ¿Qué hacemos para que estos niños nos puedan mirar sonriendo y conserven una mirada limpia, llena de confianza y de esperanza? ¿Qué hacemos para que no se les robe esta luz, para que esos ojos no sean perturbados y corrompidos por lo que encontrarán en la red, que será parte integral e importantísima de su ambiente de vida?
Trabajemos por tanto todos juntos para tener siempre el derecho, el valor y la alegría de mirar a los ojos de los niños de todo el mundo.
(from Vatican Radio)