lunes, 24 de julio de 2017

Osoro, a los cristianos: "No estéis llorando todo el día"


"La Iglesia de la Cruz es la Iglesia de la ternura y de la misericordia". Así lo ha subrayado este viernes, 21 de julio, el cardenal Osoro en la conferencia de clausura del curso Una aproximación teológica a la relación entre corporalidad y sacramentalidad de la Universidad Eclesiástica San Dámaso(UESD), enmarcado en los Cursos de Verano de la Universidad Complutense en El Escorial.
El arzobispo de Madrid ha lamentado que a veces se entiendan «como algo de rebajas» cuando en realidad son actitudes «de orden antropológico» que están «inscritas en nosotros desde el momento de nacer» y revisten «un profundo contenido del Misterio tanto para nosotros como para los demás».
La misericordia y la ternura -ha explicado- nos abren «a la compasión, al encuentro...» y se oponen a «dos actitudes existenciales casi siempre relacionadas entre sí», muy presentes en nuestra cultura: «la dureza del corazón, que es como un muro, como cerrazón mental, y el repliegue sobre uno mismo».
El gran canciller de la UESD ha animado a vivirlas desde el «ser», ocupándonos del otro como «nos enseña Cristo», y lo ha contrapuesto al «tener», que «califica la relación con la alteridad en términos de posesión»: «Yo soy lo que tengo, o yo tengo porque soy. Cuanto más tengo, más soy; o cuanto más soy, más tengo. La realidad me domina, o yo domino la realidad».
En estos momentos es necesario superar «el doble riesgo de tener solamente o de parecer solamente» porque «la felicidad no consiste en la posesión de cosas, sino en la disponibilidad para compartir con los semejantes lo que tenemos y lo que somos». «Dios nos impulsa a ser», ha aseverado, para luego remarcar la importancia de «ver que la ternura de ser se hace siempre ternura de amar y la ternura de amar se hace ternura de adorar».
En este sentido, el cardenal Osoro ha recordado que «la Iglesia nace del costado de Cristo» y que «la Cruz es el lugar y el signo de la reunión de los hijos dispersos de Dios»; algo que «tiene que expresarse en todos los sacramentos».
 «La ternura y la misericordia es un acontecimiento importante, un acontecimiento teologal: viene de Dios, vive de Dios y, si va bien dirigido, conduce a Dios», ha abundado casi al final de su intervención. Se trata de algo «esencial en la Teología Pastoral y, tal y como ha advertido, «si no entramos por ahí en la cultura de hoy»...
«No estéis llorando todo el día»
Ya en la ronda de preguntas -que el rector de la UESD, Javier Prades, ha aprovechado para agradecer la presencia del purpurado un año más en este curso de verano-, el arzobispo de Madrid ha pedido que los cristianos «no estéis llorando todo el día», sino dedicados a «ver cómo conquistas el corazón de la gente con ese fuego que ayude a superar estas dificultades».
Señalando una tubería despintada al fondo de la sala de conferencias, ha denunciado que «hay especialistas en la vida cristiana en entrar en este lugar y ver el desconchado». «Esos no sirven para nada, perdonadme -ha añadido-. No transforman este mundo. Estamos en el mundo para servir y entregar la belleza de la tierra, la belleza de ser persona, la belleza de poder ir buscando la verdad y proponiéndola por todos sitios, de marcar dirección...».
En la misma línea, al ser preguntado por la presencia de los cristianos en las redes sociales, ha incidido en que estás pueden usarse bien o mal. «No pueden ser instrumento de división, [...] para eliminar al otro, para deshacer al otro. Hoy tenemos medios que, por desgracia, se dedican a deshacer a los demás. Y en nombre de Jesucristo, que es lo grave». «Tenemos que ser exquisitos en la construcción de la comunión en la vida de la Iglesia. Mi gran pasión en la Iglesia es la comunión. Cuando me dicen: "¿Usted es...?". Yo soy de todos...», ha concluido.

Parias de la tierra, uníos



Un millón de excluidos se unirán a la marcha a pie entre Delhi y Ginebra para exigir sus derechos. El organizador es hijo de un colaborador de Ghandi y admirador del Papa Francisco
«El Estado está entrenado para enfrentarse a la violencia, pero no sabe cómo hacerlo con la no violencia». Esta es una de las lecciones que Rajagopal Puthan Veetil (1948) aprendió de su padre, un colaborador de Ghandi, para aplicarla en su lucha por los derechos de los pobres y los excluidos.
El fundador del movimiento Ekta Parishad comenzó su historia de activismo político a principios de los años 70, cuando medió en un conflicto tribal con los dacoits en el estado de Madhya Pradesh. Esa experiencia le enseñó que «el cambio de corazón es posible». La Policía se prestaba a abrir fuego contra 562 insurrectos. Él pidió que le dejaran tiempo, y consiguió finalmente que los rebeldes depusieran pacíficamente las armas ante un retrato del Mahatma Ghandi.
Por aquellos años, otro discípulo de Ghandi se dedicó a caminar durante 14 años por toda la India pidiendo tierra a los terratenientes para dársela a quienes no tenían nada. «¡Consiguió 4,2 millones de acres [1,7 millones de hectáreas]! Eso no resolvía el problema de la falta de tierra en un país tan poblado como el mío, pero marcaba un camino que seguir», explica Rajagopal. «Ya hay en el mundo demasiada violencia. Nosotros no queremos matar al rico. Queremos cambiar su corazón y liberarlo de su ansia de acumular cosas que no le van a hacer feliz».
De ahí se inspiró también en la estrategia de las caminatas a pie. Desde 2007 el movimiento Ekta Parishad ha organizado multitudinarias marchas de excluidos. Aquel año participaron unas 25.000, procedentes de las comunidades más pobres de todo el país, movilizadas para reclamar sus derechos en Delhi, la capital. La cifra fue progresivamente en aumento, superándose en 2012 las 100.000 personas.
Jai Jagat 2020
El reto ahora es llevar la lucha a escala global, con la llamada Jai Jagat 2020, que aspira a movilizar a un millón de personas. Diversas organizaciones colaboran con Rajagopal desde varios países; en España, el partido Solidaridad y Autogestión Internacionalista (SAIn).
«Hoy los problemas son globales», explicaba el activista durante una reciente visita a España para la firma del acuerdo con SAIn. «Y las instituciones mundiales, como el FMI, el Banco Mundial o la OCDE, son también responsables de un modelo de desarrollo que margina a millones de personas, destruye el planeta y genera más y más violencia». Pero también empieza a oírse hoy un discurso alternativo, añade, y cita en particular el liderazgo moral del Papa Francisco a nivel mundial.
Jai Jagat (que significa la victoria par todos) arrancará de Nueva Delhi el 2 de octubre de 2019, día en el que se cumplen 150 años del nacimiento de Ghandi. El primer gran escollo será lograr el permiso para entrar en Pakistán, secular enemigo de la India. En caso de no obtenerlo, hay un plan b para hacer ese trayecto en autobús. Y si ni siquiera eso concedieran las autoridades del país, activistas de la no violencia de Pakistán tomarían el testigo hasta la frontera con Afganistán, donde volverán a contemplarse esas mismas tres opciones en caso de dificultad.
Así, hasta Ginebra. La llegada está prevista para el 21 de septiembre de 2020, fecha en la que se conmemora el Día Internacional de la Paz. Por el camino, se irán uniendo activistas de todos los países recorridos. En Suiza, se organizarán diversas iniciativas que culminarán el 2 de octubre, Día Internacional de la No Violencia.
La idea, de algún modo, es «unir a los pobres de la tierra». «Cuando el poder económico se siente amenazado, sus lobbies se movilizan a nivel mundial. Nosotros también tenemos que hacerlo», añade.
«En India tenemos hoy los mismos problemas que Senegal o Kenia: una pequeña parte de la población se ha beneficiado de la globalización. La mayoría de la gente, sin embargo, ha quedado excluida», argumenta Rajagopal.
¿Pero tienen algo que ver estas luchas en el sur con los problemas actuales en los países más ricos? ¿Pueden trasladarse a Europa el mismo tipo de estrategias? «En vuestros países la gente está viendo hoy que el Estado ya no es capaz de garantizar el sistema de bienestar, y la está empezando a buscar otras estrategias, a unirse a los pobres del resto del mundo», responde el fundador de Ekta Parishad.
«Tenemos que gobernar entre todos la globalización», añade Rajagopal, no sin lanzar una seria advertencia hacia un exceso de fe en los poderes públicos. «La gente no debe esperar que el estado resuelva todas sus problemas, y esto hoy muchos europeos no lo entienden».
Para conseguir realmente un modelo de desarrollo más justo, es a su juicio esencial «superar el individualismo y reconstruir las comunidades. Esa es la única forma de revertir la desintegración de las sociedades: reconstruir las familias; fortalecer las iglesias, y no dejar que nos las sustituyan por supermercados y centros comerciales… El poder político sueña con convertirnos en esclavos a cambio de garantizarnos unos pocos derechos, pero no queremos eso. Eso no es democracia. Se ha perdido la capacidad de controlar el poder y necesitamos recuperarla».
R.B.
Alfa y Omega

24 de julio: santa Cristina, mártir


Nació en Toscana, en la margen derecha del lago Bolsena, en un villorrio frecuentemente sacudido por elementos naturales y al mismo tiempo transformado por diversas culturas en el transcurso del tiempo.
Cristina es la hija de Urbano, gobernador pagano de la región y presentado por los libros antiguos como enemigo acérrimo de los cristianos. La niña se ha aficionado desde pequeña a aquello que cuentan de ese Cristo tan perseguido y maltratado; la curiosidad primera se cambia en pensamiento cuando descubre que son muchos los cristianos juzgados por su padre y condenados porque son fieles dispuestos a dar la vida por su ideal. Crece más y más la simpatía y a escondidas busca datos de unas señoras cristianas; la instruyen y la forman; se bautiza en secreto y toma el nombre de Cristiana.
Entre juego y travesura formal ha hecho algo que saca de quicio a su padre y será el motivo que la lleve al martirio; no se le ha ocurrido otra cosa que apañar las estatuillas de ídolos que su padre siempre ha conservado con esmero, casi como un patrimonio familiar, las ha tomado por suyas, las ha destrozado y ha dado el rico material de que estaban hechas a los pobres para remedio de su necesidad.
El padre ha descubierto su condición y lleno de ira, al notar la rebeldía de la niña, la trata con peores modos que a los demás cristianos. «No se ha de decir en el mundo que una niña me dio la ley, ni que estos hechiceros de cristianos triunfan de nuestros dioses en medio de mi propia familia. Yo veré si sus hechizos pueden más que mis tormentos y si la paciencia de una hija ha de hacer burla de la cólera de un padre». El gobernador manda usar con ella azotes y garfios admirándose de que Cristina persista en su actitud. Manda el desnaturalizado padre preparar un brasero ardiente para quemarla poco a poco; mas el brasero se hizo una hoguera que abrasó a los verdugos y a los curiosos cercanos. Puesta en la cárcel para que cambie por la lobreguez de la mazmorra, la oscuridad y el hambre; pero allí es consolada con luminosas apariciones de ángeles que le curan sus heridas y le prometen protección. El padre, a los pocos días, manda atarle al cuello una pesada piedra y arrojarla al lago; sin embargo, un ángel la transporta a la orilla. Esa noche muere de un sofoco Urbano en su cama.
Mandan las autoridades un nuevo gobernador que se siente estimulado a proseguir el asunto Cristina presumiendo que su padre, por padre, no supo solventarlo. Se llama Dion y ya piensa en nuevas crueldades: estanque de aceite hirviendo mezclado con pez del que la niña Cristina es liberada. Luego la manda llevar al templo de Apolo para obligarle a ofrecer sacrificio, pero, ante el asombro de todos, el ídolo se derrumba y se hace polvo ante el mismísimo gobernador que muere en el acto, ¡claro que los verdugos y miles de testigos presenciales, espantados, proclaman a gritos que es el de Cristina el único Dios!
El tercero de los gobernadores poderosos se llama Juliano quien, preocupado por el caso pendiente, lo ha estudiado con detenimiento llegando a la conclusión de que se trata de artificios, encantamientos y magia que todos los cristianos profesan. Por ello maquina nuevos procedimientos para hacer desistir a la niña Cristina de sus pertinaces rebeldías y conseguir que el poder romano y los dioses propicios terminen con la situación que ha puesto al borde del caos a la región. Mandó preparar un horno encendido donde mete a la niña para que el fuego la consuma; siete días la tiene allí sin conseguir que le suceda daño alguno.
Luego será una habitación oscura plagada de serpientes, víboras y escorpiones venenosos de la que sale indemne y sin ningún picotazo, cantando alabanzas a Dios; la desesperación del mandatario llegó entonces al extremo de decretar cortarle la lengua, pero ¡oh prodigio! ahora canta más fuerte y mejor.
Y acude, arremolinándose, toda la comarca ante la contemplación evidente del triunfo que se comenta por todas partes de la debilidad cristiana ante la fortaleza y brutalidad romana. Basta un tronco caído en donde atan a la delicada niña para que las saetas atraviesen su cuerpo y ella decida, suplicándole al buen Dios, rendirle su espíritu con el martirio.
Dicen que sus restos se trasladaron de Toscana a Palermo de Sicilia donde es reverenciada.
¿Verosímil? Parece más bien como si la vida y la muerte martirial de Cristina hubiera servido de modelo para expresar la confrontación entre el bien y el mal, o, lo que es lo mismo, entre fe cristiana y paganismo, entre la frágil niña Cristina y la personalidad experimentada y abrumadora de tres hombres de gobierno sucesivos –el primero su propio padre– con el mismo común empeño de demostrar que ellos pueden más. Parece como si se tratara de exaltar en Cristina aquello que debe ser real en todo cristiano –la fe en su Cristo y la confianza sin límite en su ayuda constante–, mientras que los gobernadores representan la obstinación ciega que rechaza el poder cada vez más evidente, como in crescendo, de Dios.
Los verdugos y el pueblo serían los testigos que en la narración van a testificar con sus reacciones –esas que se intuyen llenas de emoción compasiva– dónde está la verdad y lo grande que es el poder de Dios.
Da la sensación de que la Passio que narra la muerte de Cristina intenta también cargar motivos vetero-testamentarios en donde parecen inspirarse algunos hechos que se narran. El hecho histórico del martirio sería la ocasión que motiva la amplia catequesis. De todos modos, estas consideraciones más parecen próximas a la labor pasada de los bolandistas; pero, en el caso de que hubieran sido los hechos tal como expresa la Passio, nos quedaría el regusto de disfrutar el aroma extraño que desprende la fidelidad del débil a las exigencias amorosas divinas que no entienden de edades y que perduran más allá de la muerte.
Archimadrid.org

Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará


Lectura del santo Evangelio según san Mateo 12, 38-42
En aquel tiempo, algunos escribas y fariseos dijeron a Jesús:
«Maestro, queremos ver un signo tuyo».
Él les contestó:
«Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo: pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra.
Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen;porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.
Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón».
Palabra del Señor.

Ángelus del Papa: Dios fecunda la historia

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
La hodierna página evangélica propone tres parábolas con las cuales Jesús habla a la multitud del Reino de Dios. Me detengo en la primera: aquella de la buena semilla y de la cizaña, que ilustra el problema del mal en el mundo y pone en evidencia la paciencia de Dios (Cfr. Mt 13,24-30.36-43). ¡Cuánta paciencia tiene Dios! También cada uno de nosotros puede decir esto: “¡Cuanta paciencia tiene Dios conmigo!”. La narración se desarrolla en un campo con dos protagonistas opuestos. De una parte el dueño del campo que representa a Dios y siembra la buena semilla; de otra parte el enemigo que representa a Satanás y siembra la mala hierba.
Con el pasar del tiempo, en medio del trigo crece también la cizaña, y ante este hecho el dueño y sus siervos tienen actitudes diversas. Los siervos quisieran intervenir arrancando la cizaña; pero el dueño, que está preocupado sobre todo por la salvación del trigo, se opone diciendo: «No, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo» (v. 29). Con esta imagen, Jesús nos dice que en este mundo el bien y el mal están tan entrelazados, que es imposible separarlos y extirpar del todo el mal. Sólo Dios puede hacer esto, y lo hará en el juicio final. Con sus ambigüedades y su carácter complejo, la situación presente es el campo de la libertad, el campo de la libertad de los cristianos, en el cual se realiza el difícil ejercicio del discernimiento entre el bien y el mal.
En este campo, se trata pues de unir, con gran confianza en Dios en su providencia, dos actitudes aparentemente contradictorias: la decisión y la paciencia. La decisión es aquella de querer ser la semilla buena, todos lo queremos, con todas sus fuerzas, y entonces tomar distancia del maligno y de sus seducciones. La paciencia significa preferir una Iglesia que es levadura en la masa, que no teme ensuciarse las manos lavando la ropa de sus hijos, más bien que una Iglesia de “puros”, que pretende juzgar antes del tiempo quién está en el Reino de Dios y quién no.
El Señor, que es la Sabiduría encarnada, hoy nos ayuda a comprender que el bien y el mal no se pueden identificar con territorios definidos o determinados grupos humanos: “Estos son buenos, estos son malos”. Él nos dice que la línea de confín entre el bien y el mal pasa por el corazón de cada persona, pasa por el corazón de cada uno de nosotros, es decir, somos todos pecadores. Me dan ganas de preguntarles: “Quién no es pecador levante la mano”. ¡Ninguno! Porque todos los somos, somos todos pecadores. Jesucristo, con su muerte en la cruz y su resurrección, nos ha liberado de la esclavitud del pecado y nos da la gracia de caminar en una vida nueva; pero con el Bautismo nos ha dado también la Confesión, porque tenemos siempre la necesidad de ser perdonados de nuestros pecados. Mirar siempre y solamente el mal que esta fuera de nosotros, significa no querer reconocer el pecado que también está en nosotros.
Y entonces Jesús nos enseña un modo diverso de mirar el campo del mundo, de observar la realidad. Estamos llamados a aprender los tiempos de Dios – que no son nuestros tiempos – y también la “mirada” de Dios: gracias al influjo benéfico de una impaciente espera, lo que era cizaña o parecía cizaña, puede convertirse en un producto bueno. Es la realidad de la conversión. ¡Es la perspectiva de la esperanza!
Nos ayude la Virgen María a tomar de la realidad que nos circunda no solamente la suciedad y el mal, sino también el bien y lo bello; a desenmascarar las obras de Satanás, pero sobre todo a confiar en la acción de Dios que fecunda la historia.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

Preocupación del Papa por la violencia desatada en Jerusalén

 Después de la oración mariana del Ángelus el Obispo de Roma manifestó la preocupación con la que sigue las graves tensiones y la violencia desatadas en estos días en Jerusalén. Por esta razón hizo un apremiante llamamiento a la moderación y al diálogo, a la vez que invitó a unirse a su oración, a fin de que el Señor inspire en todos propósitos de reconciliación y de paz.
“Queridos hermanos y hermanas: Sigo con preocupación las graves tensiones y la violencia de estos días en Jerusalén. Siento la necesidad de expresar un apremiante llamamiento a la moderación y al diálogo. Los invito a unirse a mí en la oración, a fin de que el Señor inspire en todos propósitos de reconciliación y de paz”. 
Por último, al saludar a los fieles y peregrinos procedentes de diversos países – familias, grupos parroquiales y asociaciones – el Santo Padre también dirigió su pensamiento y aliciente a los jóvenes participantes en la Obra “Hombre Mundo”, comprometidos en testimoniar la alegría del Evangelio en las periferias más necesitadas de los cinco continentes.
Y, como es costumbre, el Papa Francisco deseó a todos un feliz domingo, pidiendo, como suele hacer, que por favor no se olviden de rezar por él.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

domingo, 23 de julio de 2017

Proteger a los niños migrantes con soluciones duraderas


“Proteger” a los niños migrantes, “integrarlos y proponer soluciones duraderas” este es el objetivo señalado por el Papa. Lo indicó el subsecretario del dicasterio para el Servicio del desarrollo integral, el padre Fabio Baggio. C.S., en su intervención en la octava edición de la ‘escuela de verano’ sobre la Movilidad humana que llevó por título: Niños y adolescentes en los procesos migratorios”. El evento se realizó del 17 al 20 de julio pasado en Italia, en la localidad de Montepaone Lido.
Los trabajos de la ‘escuela de verano’ fueron organizados por la Universidad católica del Sagrado Corazón, en colaboración con el Instituto internacional escalabriniano para las migraciones, la Fundación Migrantes, la Fundación Ismu, y la agencia escalabriniana para la cooperación y el desarrollo.
Las jornadas que profundizaron el problema de los menores involucrados en los fenómenos migratorios, se inspiró al mensaje del papa Francisco para la Jornada mundial del migrante y refugiado 2017: “Migrantes menores, vulnerables y sin voz”.
El padre Baggio evocó la exhortación del papa que invita a “ocuparse de los niños” migrantes, “que son indefensos porque menores, extranjeros e indefensos”. El secretario del dicasterio insistió que “el Santo Padre insiste sobre el deber de resolver y regularizar la posición de los migrantes menores, en el pleno respeto de su dignidad”.
Señaló que “encontrar soluciones duraderas” a este problema “significa sobre todo empeñarse en eliminar las causas de las migraciones forzadas de tantos niños: las guerras, las violaciones de los derechos humanos, la corrupción, la pobreza, los desequilibrios y los desastres ambientales”.
(ZENIT – Roma, 22 Jul. 2017)

El trigo y la cizaña


Nos situamos hoy ante un relato que pretende seguir profundizando en cómo es el Reino de los Cielos. De nuevo, Jesús utiliza las parábolas con un lenguaje sencillo y comprensible por la gente, especialmente por quienes conocen el mundo agrario. El trigo y la cizaña, el grano de mostaza y la levadura corresponden a realidades de la vida cotidiana. A través de la función de estos elementos en su contexto natural –el campo– el Señor quiere hacernos ver el modo en el que Dios Padre actúa en nuestra vida.
La paciencia
La controversia que aparece en la narración de Jesús sobre el trigo y la cizaña gira en torno a si es conveniente arrancar esta última cuanto antes. El desenlace del relato hace ver que es preferible que el trigo y la cizaña crezcan juntos hasta que llegue el momento de la siega. Solo en ese momento serán separados.
Desde un punto de vista meramente racionalista y calculador no parece tener mucho sentido la espera, pues cuanto antes hagamos desaparecer las malas hierbas, mejor será para el campo y para el trigo. Además, siendo Dios omnipotente, no habría ningún obstáculo para que desde el primer momento impidiera al maligno sembrar la cizaña. Sin embargo, la primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, señala que si Dios no interviene no es por carencia de poder: «Tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia […] pues concedes el arrepentimiento a los pecadores». Si alguna característica del obrar de Dios destaca aquí es su infinita paciencia con el hombre. Aunque la parábola hable del campo y de la hierba, la realidad que hay detrás es el actuar de Dios en relación con el hombre, así como la posibilidad de cambio del hombre. El Señor desea ante todo que cambiemos y nos convirtamos. Y ello no sería posible si la siega se realizara antes de tiempo.
La otra cara de la moneda es que hemos de ser pacientes también nosotros. Naturalmente, quisiéramos ver solucionados todos nuestros problemas de un plumazo, los que nos afectan directamente y aquellos que escapan de nuestro alcance inmediato. Nos enerva, a menudo, ver cómo al mal arraiga en el mundo y parece que poco podemos hacer. Tampoco comprendemos, a veces, por qué Dios no interviene de modo excepcional en cada momento. Entendemos que el Señor permita que seamos libres, que podamos elegir entre el bien y el mal. Sin embargo, cuando somos testigos del mal propagándose por el mundo, no entendemos por qué Dios no interviene fulminantemente.
El grano de mostaza y la levadura
Las otras dos parábolas del pasaje que la liturgia nos presenta este domingo amplían nuestro conocimiento sobre el Reino de Dios y sirven para iluminar el sentido de la primera. La parábola del grano de mostaza quiere ser una muestra de que el Reino de Dios no se impone de una manera deslumbrante, sino que nace como algo pequeño y escondido. Nos enseña que Dios actúa de modo casi invisible, pero real. Con el tiempo va saliendo a la luz la gran obra que el Señor hace en nuestra vida. Parecido es el sentido de la levadura: no se ve, pero está presente y hace germinar la masa.
En resumidas cuentas, mediante las parábolas del Reino de Dios, Jesús nos anima a centrar nuestra mirada en la acción de Dios de un modo paciente y con esperanza. Dios es quien marca los tiempos y quien ya ha puesto su germen en nosotros. De no poner obstáculos, su Evangelio puede hacerse realidad en nuestra vida.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid

23 de julio: santa Brígida de Suecia, fundadora y Patrona de Europa


La santa sueca; una mujer cuya vida está inmersa en lo sobrenatural, acompañada de todo tipo de visiones, profecías, revelaciones. Como si se pudiera decir que es el juego de Dios, o quizá la paradoja de lo divino, para enseñar dónde se encuentra la verdad. Viene bien, sobre todo, para los que han mirado en los últimos tiempos a Suecia como prototipo de país culto y adelantado, por los que no ven más allá de sus narices llamando el progreso a lo que solo lo es parcial.
Aunque en la actualidad sea Suecia uno de los países europeos de más acusada carencia católica, llevaba ya seis siglos de cultura cristiano-romana sobre sus espaldas cuando entró en ella el protestantismo. O sea, que no siempre fue así. Los países escandinavos cuentan con un gran plantel de santos entre los que sobresalen los reyes mártires, patronos muy venerados a lo largo de la Edad Media, de los tres países nórdicos: Dinamarca, cuenta con san Canuto, Noruega tiene a san Olav y Suecia venera a san Eric.
Brígida nació probablemente en el 1030, en Finsta. Su padre era un senador del reino, se llamaba Birger Peterson, y era gobernador de Upland; hombre rico, piadoso y casado con Ingeborg Bengtsdotter, que murió al poco de nacer Brígida, por lo que tuvo que educarla una tía suya, que a su vez estaba casada con el gobernador de Östergötland.
Siguiendo la costumbre de la época, Brígida se casó a los catorce años con Ulf Gudmarson, senador y gobernador de la región de Närke, con quien tuvo ocho hijos en sus treinta años de matrimonio. Facilitó a su esposo el gobierno recto y justo del territorio, y se entregó sin reserva a la educación personal de los hijos. No todos le salieron buenos; pero Catalina estará siempre unida a ella y será la continuadora de la obra de su madre. Brígida fue llamada a la corte cuando la nombraron dama de honor de la reina Blanca, la esposa de Magnus Eriksson. Como era frecuente en su época, peregrinó con su esposo a Santiago de Compostela en un viaje de dos años y que le facilitó conocer in situ los dos males de la sociedad de su tiempo con desastrosas consecuencias: la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra, y el destierro de los papas en Avignon. A la vuelta, su marido entró en el monasterio cisterciense de Alvastra, donde enfermó y murió en febrero de 1344. Con ello empezaba una nueva época para Brígida, plena de intervenciones sobrenaturales, visiones –de Cristo, de la Virgen y del demonio–, revelaciones, profecías, terribles tentaciones contra todas las virtudes, discernimiento de espíritus, que le llevaron a una dinámica acción con papas, reyes, príncipes, nobles, obispos y clero para intentar poner algo de orden en el estado deplorable que padecía la Cristiandad.
En 1345 fundó un monasterio en Vadstena y escribió su Regla. Sería la Ordo Sanctissimi Salvatoris: Orden contemplativa para alabar al Señor y a su Madre, y reparar por los pecados con la contemplación frecuente de la Pasión. El hábito tendría manto gris. Cada monasterio se compone de 85 miembros repartidos entre 60 monjas, 13 presbíteros, 2 diáconos, 2 subdiáconos y 8 legos; todo un simbolismo medieval que representaba a los 72 discípulos del Señor, más los 12 Apóstoles con san Pablo.
Para conseguir la aprobación de la Regla y ganar el Jubileo del Año Santo 1350 se puso en camino hacia Roma en el año 1349. Por revelación tenía orden de evitar Avignon y de permanecer en Roma hasta la llegada del papa. Fueron veinte años de espera paciente acompañada de su hija Catalina, de dos obispos suecos y del eremita Alfonso de Vadaterra que recopilaría su obra como obispo de Jaén. En Roma trabajaron con sus manos para vivir y hacer limosnas; ejercían la caridad, visitaban las piedras santas, instruían a los pobres y extranjeros. Brígida, enamorada de la humanidad de Cristo y, por tanto, de la Eucaristía, practicaba el ayuno con grandes penitencias corporales, siempre durmió en el suelo. Su estilo chocaba fuertemente con el espíritu mundano de la Roma del siglo XIV, que la llamó «bruja escandalosa» por sus continuas llamadas a la rectitud moral. Cuando vino el papa Urbano V, aprobó la Orden pero no le hizo caso en lo de residir en Roma, regresando de nuevo a Avignon… y murió como le había avisado.
Muere en Roma, el 23 de julio de 1373, al regreso de la peregrinación que hizo con Catalina a Tierra Santa, donde tuvo más revelaciones sobre la vida no-narrada –conocidas por Revelaciones y por Revelaciones Extravagantes– de Cristo, que luego inspiraron las obras de muchos artistas.
Su entierro en San Lorenzo in Panisperma fue temporal. Catalina y su hermano Birger Ulfsson trasladaron sus restos a Suecia; pero hasta que lo depositaron en el monasterio de Vadstena el 4 de julio de 1374, pasaron atravesando Europa –incluidas Viena y Czestochowa–, predicando una misión itinerante mientras daban a conocer las revelaciones de Brígida, ratificada con los milagros que Dios iba haciendo y que fueron solo un anticipo de los que luego se realizarían junto al sepulcro de Brígida.
Otro dato curioso por infrecuente fue su «triple canonización». Me explico. Catalina se fue a Roma en 1375 a gestionar la canonización de su madre, pero murió sin conseguirlo. La canonizó el papa Bonifacio IX en el 1401; ratificó la canonización el antipapa Juan XXIII, en 1415, en el Concilio de Constanza; legitimó la canonización Martín V, ya Sumo Pontífice de toda la Cristiandad. Fue una de las mínimas consecuencias de tener varios papas por estar la Iglesia dividida por el cisma.
Por si quedaran dudas al lector hispano de lo que supuso la figura y escritos de santa Brígida para el último largo siglo de la Edad Media, conviene reseñar que el sapientísimo Juan de Torquemada defendió sus Revelaciones tan discutidas y combatidas, dándolas por buenas.
En la inauguración de las sesiones del Sínodo de obispos del 1999, cuando se prepara la Iglesia para el comienzo del tercer milenio, el Sumo Pontífice la declaró Patrona de Europa, junto a Catalina de Siena y Edith Stein, queriendo colocar tres figuras femeninas junto a los patronos Benito, Cirilo y Metodio para subrayar el papel que las mujeres han tenido y tienen en la historia eclesial y civil del continente.
Archimadrid.org

Comentario del santo Evangelio según san Mateo 13, 24-30


“El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo”. Estas palabras del Señor hacen del mundo y de la historia un lugar hermoso. Dios no deja de bendecirnos, de cuidarnos, de exhortarnos. Siembra incesantemente. Aunque muchas personas desesperen contemplando el mal en el mundo, en realidad se siembra mucho más bien, aunque su acción no sea tan evidente. En la primera lectura leemos: “diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento”. También en el salmo exclamamos: “Tú, Señor, eres bueno y clemente”.
Cristo ha vencido al maligno, le ha sometido instaurando el reino de los cielos, donde sólo Uno puede reinar. Algún día lo veremos con evidencia total en el cielo nuevo y la tierra nueva. Mientras tanto, nos toca esperar. O mejor dicho, vivir de la gran virtud teologal de la esperanza. No esperamos la victoria de Cristo, pues ha vencido ya por su muerte y resurrección; esperamos que esa victoria se manifieste en su plenitud y esplendor.
La virtud propia del sembrador es la esperanza. La hierba no crece rápido, y mucho menos los árboles. En el episodio de Astérix “La residencia de los dioses”, el druida Panorámix inventa unas semillas de crecimiento instantáneo para evitar que los romanos, talando árboles, construyan sus edificaciones. En ese cuento, basta plantar la semilla mágica para que crezca un árbol completo en décimas de segundo, para regocijo de Idéfix. Fuera de los cuentos, el crecimiento vegetal requiere de mucho tiempo.
También el enemigo sabe luchar a largo plazo, aunque no tiene tanta paciencia como el Señor. La cizaña estropea la calidad de la buena semilla y pone en peligro la cosecha de trigo. No pertenece a la cosecha buena, pero la afecta completamente, pues crecen juntas. Así es el pecado: no pertenece a la naturaleza humana —imagen y semejanza de Dios—, pero la afecta completamente.
En la vida real, nos encontramos muchas veces con situaciones similares: un campo en que junto al buen trigo, encontramos cizaña. Por ejemplo, en muchas situaciones familiares o de amistad, cuando hay problemas y pretendemos solucionarlos, corremos el riesgo de arrancar no sólo la cizaña (la envidia, el orgullo, la codicia), sino también la buena voluntad o la rectitud de intención salvable en las personas. Cuántas veces pensamos en “decirle a fulano esto y esto”, “cantarle las cuarenta” o “ponerle en su sitio”. No todo es cizaña, no todo es perverso: con una frecuencia mucho mayor de lo que pensamos, siempre hay algo que salvar. El Señor nos enseña a tener paciencia para salvar lo salvable, fomentarlo y afianzarlo. Quizá acompaña siempre la cizaña, pero al final, todo se cortará y se pondrá en su justo lugar.
La impaciencia, cuando se trata de avanzar en el bien, no es cosa buena. Tampoco en la vida interior, donde el campo del buen trigo tiene la cizaña del pecado. No podemos bastarnos a nosotros mismos, sino que con humildad, tenemos que reconocer que es Otro quien nos salva, cortando y separando lo bueno de lo malo. San Pablo lo dice con gran ternura: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene”.
Hoy es un buen día para pedir dos cosas. En primer lugar, esperanza en la victoria definitiva del bien. La segunda, saber distinguir siempre bien el trigo y la cizaña. Esto último es también don del Paráclito: ilumina los corazones y las mentes para movernos hacia la santidad, abandonando el pecado y la muerte. Sin duda, una de las mayores victorias del enemigo es el relativismo moral que impide distinguir el bien del mal, haciendo que muchos coetáneos nuestros anden como vagabundos por la vida, desorientados, faltos de una luz que guíe su existencia.
Señor, ¡no dejes de sembrar el buen trigo en nuestros corazones! ¡Ilumina nuestras vidas, multiplica los dones de tu gracia, para que encendidos de fe, esperanza y caridad, perseveremos fielmente en el cumplimiento de tu ley!
Archidiócesis de Madrid

La importancia de lo pequeño




Al cristianismo le ha hecho mucho daño a lo largo de los siglos el triunfalismo, la sed de poder y el afán de imponerse a sus adversarios. Todavía hay cristianos que añoran una Iglesia poderosa que llene los templos, conquiste las calles e imponga su religión a la sociedad entera.
Hemos de volver a leer dos pequeñas parábolas en las que Jesús deja claro que la tarea de sus seguidores no es construir una religión poderosa, sino ponerse al servicio del proyecto humanizador del Padre -el reino de Dios- sembrando pequeñas «semillas» de Evangelio e introduciéndolo en la sociedad como pequeño «fermento» de una vida humana.
La primera parábola habla de un grano de mostaza que se siembra en la huerta. ¿Qué tiene de especial esta semilla? Que es la más pequeña de todas, pero, cuando crece, se convierte en un arbusto mayor que las hortalizas. El proyecto del Padre tiene unos comienzos muy humildes, pero su fuerza transformadora no la podemos ahora ni imaginar.
La actividad de Jesús en Galilea sembrando gestos de bondad y de justicia no es nada grandioso ni espectacular: ni en Roma ni en el Templo de Jerusalén son conscientes de lo que está sucediendo. El trabajo que realizamos hoy sus seguidores parece insignificante: los centros de poder lo ignoran.
Incluso los mismos cristianos podemos pensar que es inútil trabajar por un mundo mejor: el ser humano vuelve una y otra vez a cometer los mismos horrores de siempre. No somos capaces de captar el lento crecimiento del reino de Dios.
La segunda parábola habla de una mujer que introduce un poco de levadura en una masa grande de harina. Sin que nadie sepa cómo, la levadura va trabajando silenciosamente la masa hasta fermentarla por completo.
Así sucede con el proyecto humanizador de Dios. Una vez que es introducido en el mundo va transformando calladamente la historia humana. Dios no actúa imponiéndose desde fuera. Humaniza el mundo atrayendo las conciencias de sus hijos hacia una vida más digna, justa y fraterna.
Hemos de confiar en Jesús. El reino de Dios siempre es algo humilde y pequeño en sus comienzos, pero Dios está ya trabajando entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de verdad y de justicia, el anhelo de un mundo más dichoso. Hemos de colaborar con él siguiendo a Jesús.
Una Iglesia menos poderosa, más desprovista de privilegios, más pobre y más cercana a los pobres siempre será una Iglesia más libre para sembrar semillas de Evangelio y más humilde para vivir en medio de la gente como fermento de una vida más digna y fraterna.
José Antonio Pagola

SOLO DIOS ES DIOS


MANDAMIENTO PRINCIPAL
El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (Dt 6, 4-5).

PRINCIPIO DE SABIDURÍA
“No hay más Dios que tú, que cuidas de todo, para demostrar que no juzgas injustamente” (Sb 12, 13).

ORACIÓN DEL SALMISTA
“Grande eres tú y haces maravillas, tú eres el único Dios” (Sal 85).

APOTEGMA EVANGÉLICO
“Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga” (Mt 13, 43).

TEXTO PATRÍSTICO
“Enmudezcan, pues, aquí las deudas contraídas por la humana naturaleza, pues ya perecieron en Adán, y reine por siempre esta gracia de Dios, que ya reina por medio de Jesucristo, Señor nuestro, único Hijo de Dios y único Señor” (San Agustín).

TEXTO MÍSTICO
“Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta” (Santa Teresa).

CONFESIÓN
“Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso…”

CONSIDERACIÓN
Los que han creído en Dios nos manifiestan la mayor sabiduría, la de cruzar esta vida con la mayor libertad interior, por no perecer en ningún deísmo, no permanecer sujeto a ninguna idolatría esclavizante. Ellos nos enseñan a buscar enteramente a Dios (San Benito); a invocarlo como a único Señor: “Dios, Dios; Dios, mi todo (San Francisco de Asís); a poner en Él toda la esperanza: “Solo Dios, solo Dios” (San Rafael Arnáiz).


La fe en Dios es liberadora, consuela el alma, acompaña el corazón, y permite retornar siempre a los brazos entrañables de quien aguarda siempre a que lo amemos por Él mismo con el corazón unificado, haciendo de su voluntad nuestro camino, y compartiendo los dones que de Él hemos recibido.
Ángel Moreno de Buenafuente

Dejadlos crecer juntos hasta la siega




Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 24-30

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo:
«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo:
"Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?"
Él les dijo:
"Un enemigo lo ha hecho".
Los criados le preguntaron:
"¿Quieres que vayamos a arrancarla?"
Pero él les respondió:
"No, que, al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».
Palabra del Señor.

sábado, 22 de julio de 2017

«En nombre de Dios, ni una muerta más»





«Queremos que las mujeres víctimas de violencia nos sientan a su lado», afirma el cardenal Carlos Osoro en un vídeo contra el machismo difundido por la archidiócesis en el día de santa María Magdalena
«Como Iglesia, queremos que las mujeres víctimas de violencia nos sientan inequívoca, radical, efectiva, y afectivamente a su lado». Este es el deseo que expresa el cardenal Carlos Osoro en el vídeo de presentación de la nueva comisión diocesana Por una vida libre de violencia contra las mujeres. La iniciativa se presenta este 22 de julio, fiesta de santa María Madalena, y lleva por lema: «En nombre de Dios, ni una muerta más».
Julia Almansa, directora de la fundación Luz Casanova, es una de las integrantes de la comisión. «En el nombre de María Magdalena y del de tantas mujeres silenciadas, abusadas, violadas y asesinadas, la Iglesia de Madrid se compromete en la erradicación de la violencia contra la mujer y se suma a la denuncia y reivindicación civil para solicitar medidas sociales, económicas, legales y educativas que permitan terminar con esta lacra», explica.
Toman la palabra en el vídeo diversas personalidades de la Iglesia local, como la periodista María Ángeles López, el filósofo Luis Aranguren o el jesuita Pablo Guerrero, coordinador del Área Familia de la Compañía de Jesús en España.
«Como Iglesia, estoy en contra de la violencia contra las mujeres, y si te lo tengo que explicar es que tienes un problema», dice el sacerdote Agustín Rodríguez Teso.
Enrique Iglesias Bemúdez, de la Delegación de Pastoral Gitana, llama la atención sobre la tolerancia social hacia esta forma de violencia. «Si vuelvo la cara ante el maltrato de la mujer me convierto en cómplice», dice. Por su parte, el Delegado de Pastoral de Trabajo, Juan Fernández de la Cueva, advierte sobre el riego que corren muchas empleadas en el trabajo doméstico, donde «la mujer no tiene suficiente protección ante el acoso sexual machista».
La nueva comisión diocesana pertenece a la Vicaría de Pastoral Social e Innovación de Madrid. Su máximo responsable, José Luis Segovia, define la violencia machista «como una cobarde degradación del poder masculinoy como la máxima expresión de las relaciones de poder y desigualdad entre hombres y mujeres que hunden sus raíces en los excesos del patriarcado y considera a la mujer de segunda categoría».

22 de julio: santa María Magdalena, pecadora arrepentida



Era «una mujer pecadora que había en la ciudad» y se le perdonaron los pecados «porque había amado mucho».
El relato de san Lucas (7, 36-50) introduce a esta mujer en la historia de los hombres y ya estará en ella hasta el fin; de no ser por los Evangelios y por lo que Jesús hizo con ella, nadie la recordaría hoy; su vida habría pasado como un anónimo de baja calidad olvidado por todos. Leyendo la escena de lo que pasó en casa de Simón no se descubre su nombre; fue una delicadeza de autor tan humano y fino que no quiso ponerla en evidencia. Hizo bien, porque como la malicia de los hombres y mujeres con sus evidentes debilidades no tienen nada de atractivo ni de originalidad, prefirió resaltar la misericordia sin límite de Jesús. Luego, cuando ya no tuviera dentro «los siete demonios» que tuvo, sí sería oportuno escribir el nombre de María Magdalena, como hace Lucas en el capítulo siguiente.
Sin que pueda afirmarse de modo absoluto la identidad entre María Magdalena, la pecadora sin nombre, con la hermana de Lázaro y de Marta que se llamaba María a la que habría de suponer una época de extravíos juveniles, parece que la coincidencia de rasgos comunes en los relatos evangélicos –preferencia por los pies de Jesús y ser amiga de ungüentos perfumados–, justifican la fusión que de ambas figuras hace la tradición cristiana como queda expresada en la liturgia y en el martirologio.
Quizá fue un reproche de Jesús lo que la llevó al cambio, pero no lo sabemos; o a lo mejor fue una mirada de Jesús encontrada en alguno de aquellos momentos en los que la había situado su curiosidad por desear ver al joven Rabí de Nazaret; o la afirmación agresiva que hizo Jesús –para aclarar la mente de los que pensaban que eran buenos– de que «los publicanos y las prostitutas os precederán en el reino de los Cielos». El caso es que comenzó a sentirse incómoda consigo misma desde que le escuchó aquello de «bienaventurados los limpios» que verían a Dios. Hablaba mucho Jesús de la misericordia divina y, sin poderlo explicar, María no podía distraerse del deseo vehemente de estar cercana; le parecía que nadie hasta entonces entendía tanto de las profundidades de ese corazón bueno de Dios y ella comenzó a notar en su interior un deseo acuciante de bondad y de bien. El Nazareno disfrutaba hablando de la misericordia divina con los pecadores, rompió las reglas de juego admitiendo entre sus amigos a indeseables, y hasta dijo aquella verdad de que el médico está para los enfermos, que lo sanos no lo necesitan. María se siente colocada frente a sí misma; comenzó a darle asco su vida. La enseñanza variopinta del Maestro hablaba del padre bueno que espera la vuelta del hijo que se fue, y del pastor que busca cuidadoso a la oveja que se extravió. La de Magdala ya no se soporta; no puede sufrir el pensamiento de su propio espectáculo a pesar de su ansia vehemente de triunfos y halagos; se rebela contra su situación actual al tiempo que escucha a Jesús que hablaba de Dios –el mismo de siempre, pero sin palo–, como un padre lleno de comprensión. La mujer siente su orgullo encabritado, pero la gracia va abriéndose camino; solo hacía falta querer dar un paso, porque los pecados pesan ahora como una atadura insoportable.
Ni se lo pensó. Entró como a escondidas con un vaso de alabastro lleno de perfume, sin deseo de llamar la atención, y sin conseguir pasar desapercibida. Quiso pedir perdón y no pudo; se arrastró; no le salían palabras; solo es capaz de llorar, besar los pies y secar lo mojado con sus cabellos manejados con arte. Aturdida por tan extraña situación, le pareció oír que el joven Rabí la defendía de Simón con palabras pausadas y voz serena. Después vino el gozo al escuchar «tu fe te ha salvado, vete en paz».
Libre y renovada, flotando en bondad, se une al grupo de mujeres que le asisten en el ministerio mesiánico, y ya no dejará jamás a Jesús, ni siquiera cuando le escuche que deberá comer su carne y beber su sangre, ni se unirá a la cobarde deserción de sus amigos en el momento del Calvario. Vive una felicidad indecible.
Galilea, Judea, Decápolis y Fenicia. En Judea, el ambiente se iba enrareciendo; ella no sintió miedo, ni entendió cómo podían tenerlo los discípulos. Pero aquello pasó, aunque María no lo tuviera previsto y hasta le pareciera la pesadilla de un sueño embustero, ¡habían apresado al Maestro! Si solo ha hecho el bien, si es tan bueno, si no hizo mal, si ayuda a los pobres, si se desvive por los enfermos, si dice verdades, si habla del Cielo… Su actuación fue la misma por todas partes. ¿No curó al paralítico? ¿Qué hizo con el ciego? ¿No sanó leprosos? ¡Dio vida a la niña, al chico de Naín, a Lázaro! Alimentó a miles con pocos panes y peces, libró a endemoniados… tantas y tantos vivían contentos gracias e él.
Ya han levantado la cruz. El Gólgota está oscuro y con truenos. Se le escucha perdonando, que es lo suyo. Y hace promesa del Reino al ladrón y asesino que se arrepiente; sí, ese es su estilo. María mira y no entiende, mira y se avergüenza. La antigua profecía: «Mi siervo ha tomado sobre sí los pecados de todos» fue como un relámpago en su mente que le hizo entrever algo del misterio. Era descubrir el precio de sus pecados, la malicia de sus hechos. Y muchas lágrimas, algún grito, todo es desconsuelo mientras hipa a moco tendido. La mano de la madre del crucificado puesta en su hombro venía a darle paz; el rostro de aquella mujer con lloro sosegado le hizo entender que no tenía derecho a expresar más dolor del que sufría la propia madre del muerto.
Cuando lo desclavaron y lo bajaron, casi no tuvieron tiempo para prepararlo y así lo tuvieron que enterrar. María Magdalena tiene la cabeza confusa y lleva un propósito en el pecho: cuando pasase el descanso sabático, moriría al lado de Jesús, quedándose junto al sepulcro.
Allá iba el domingo entre dos luces, con más ungüentos aromáticos, acompañada de un grupo pequeño de mujeres. La puerta está abierta, ¡han violado la tumba y no está su cuerpo! Corre al cenáculo y corren también Juan y Pedro. Todos se alborotan y regresan con el corazón en un puño, plasmada la incertidumbre en los rostros y con más miedo dentro. María se queda sola con su desventura; ya no le queda ni siquiera el cuerpo de Jesús muerto.
Le dice al hortelano que lo buscará y lo traerá. Solo una palabra en tono especial la revuelve para poder ella responder de modo increíble a lo humano: Rabboni, Maestro mío. Hay un nuevo intento de agarrarse a sus pies y la alegría indescriptible de testificar como un huracán que ha visto vivo al que estuvo muerto.
A partir de este momento, ya no se vuelve a hablar en el Evangelio más de María Magdalena.
Después quedó la leyenda –clara en sus justos términos– parloteando de sus posibles, imaginados o deseados pasos por el mundo, apartada en el desierto o llegando en diáspora judía hasta las playas de Marsella. Yo prefiero quedarme con la estampa que cierra su vida el Evangelio hasta que la salude personalmente en el cielo. ¿Podrá hacerse eso?
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