martes, 16 de mayo de 2017

«San Isidro nos recuerda que la caridad de Cristo es lo más importante»


La diócesis se vuelca hoy en las celebraciones en honor a san Isidro Labrador. El cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, ha presidido sendas Eucaristías en la colegiata y la pradera, animando a cambiar la ciudad con el ejemplo del santo patrón.
Como hizo él, hay que ver que los otros son «imágenes de Dios» que «custodiar», es decir, hay que «hacer crecer a todos los que se acercan a nosotros». A ellos, los cristianos, les deben aproximar «una palabra y una vida nuevas, el lenguaje y la vida del Resucitado: Cristo ha vencido a la muerte». «Estamos para dar vida y aliento, para dar el abrazo de Dios a todos los hombres, para buscar la paz por todos los medios, la reconciliación, el vivir en verdad. Suscitemos esperanza, sanemos los corazones», ha aseverado.
En esta línea, el cardenal Osoro ha subrayado la necesidad de pedir siempre «la caridad de Cristo». «Acogida con corazón abierto, nos cambia, nos transforma, nos hace capaces de amar no según la medida humana, siempre limitada, sino según la medida de Dios. ¿Cuál es la medida de Dios? ¡Sin medida! ¡Todo! No se puede medir el amor de Dios, es sin medida, pues da hasta la vida misma. Y así llegamos a ser capaces de amar también nosotros. No es fácil. Pero debemos amar a quien no nos ama. Hay que oponerse al mal con el bien. Perdonar, compartir, acoger, crear puentes, derribar muros», ha detallado.
Después de la MIsa en la colegiata, el arzobispo de Madrid se ha ido a la pradera de San Isidro, donde miles de madrileños celebraban la fiesta de su patrono. En una multitudinaria Eucaristía al aire libre, en la que han participado la alcadesa de Madrid, Manuela Carmena, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, ha reiterado la necesidad de construir la cultura del encuentro. Luego se ha acercado a la carpa instalada por la Vicaría VI para compartir la comida, al tiempo que un nutrido grupo de jóvenes repartían estampas de san Isidro y santa María de la Cabeza con una oración suya.

Papa: La paz de Jesús es real, no la anestesiada del mundo

La paz verdadera no podemos fabricarla nosotros. Es un don del Espíritu Santo. Lo afirmó el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice subrayó asimismo que “una paz sin la Cruz no es la paz de Jesús y recordó que sólo el Señor puede darnos la paz en medio de las tribulaciones.
“Les dejo la paz, les doy mi paz”. Francisco desarrolló su reflexión a partir de las palabras que Jesús dirigió a sus Discípulos en la Última Cena. Y se detuvo en el significado de la paz dada por el Señor; a la vez que puso de manifiesto que el pasaje de los Hechos de los Apóstoles propuesto en la Primera Lectura, narra las tantas tribulaciones que padecieron inmediatamente Pablo y Bernabé en sus viajes para anunciar el Evangelio. “¿Es ésta – se preguntó el Papa Bergoglio – la paz que da Jesús?”. Y afirmó que Jesús subraya que la paz que Él da no es la paz de este mundo.
El mundo quiere una paz anestesiada para no hacernos ver la Cruz
“La paz que nos ofrece el mundo  – comentó el Obispo de Roma – es una paz sin tribulaciones; nos ofrece una paz artificial”, una paz que se reduce a la “tranquilidad”. Es una paz – dijo – “que sólo mira las propias cosas, las propias seguridades, que no falte nada”, un poco como era la paz del rico Epulón. Una tranquilidad que nos vuelve “cerrados”, que hace que no se vea “más allá”:
“El mundo nos enseña el camino de la paz con la anestesia: nos anestesia para no ver la otra realidad de la vida: la Cruz. Por esto Pablo dice que se debe entrar en el Reino del cielo en el camino con tantas tribulaciones. Pero, ¿se puede tener paz en la tribulación? Por nuestra parte, no: nosotros no somos capaces de hacer una paz que sea tranquilidad, una paz psicológica, una paz hecha por nosotros, porque las tribulaciones existen: quien tiene un dolor, quien una enfermedad, quien una muerte… existen. La paz que da Jesús es un regalo: es un don del Espíritu Santo. Y esta paz va en medio de las tribulaciones y va adelante. No es una especie de estoicismo, eso que hace el faquir: no. Es otra cosa”.
La paz de Dios no se puede comprar, sin la Cruz no hay paz verdadera
El Papa Francisco reafirmó que la paz de Dios es “un don que nos hace ir adelante”. Y añadió que Jesús, después de haber donado la paz a los Discípulos, sufre en el Huerto de los Olivos y allí “ofrece todo según la voluntad del Padre y sufre, pero no le falta el consuelo de Dios”. El Evangelio, en efecto, narra que “le apareció un ángel del cielo para consolarlo”.
La paz de Dios es un paz real, que va en la realidad de la vida, que no niega la vida: la vida es así. Está el sufrimiento, existen los enfermos, hay tantas cosas malas, están las guerras… pero aquella paz desde dentro, que es un regalo, no se pierde, sino que se va adelante llevando la Cruz y el sufrimientoUna paz sin la Cruz no es la paz de Jesús: es una paz que se puede comprar. Podemos fabricarla nosotros. Pero no es duradera: termina”.
Pidamos la gracia de la paz interior, don del Espíritu Santo
Cuando uno se enoja – dijo el Papa al concluir –, “pierdo la paz”. Cuando mi corazón “se turba – añadió – es porque no estoy abierto a la paz de Jesús”, porque no soy capaz “de llevar la vida como viene, con las cruces y los dolores que vienen”. En cambio, debemos ser capaces de pedir la gracia al Señor para que nos dé Su paz:
“‘Debemos entrar en el Reino de Dios a través de muchas tribulaciones. La gracia de la paz, de no perder esa paz interior. Un Santo, hablando de esto decía: ‘La vida del cristiano es un camino entre las persecuciones del mundo y las consolaciones de Dios’ [San Agustín, De Civitate Dei XVIII, 51]. Que el Señor nos haga comprender bien cómo es esta paz que Él nos regala con el Espíritu Santo”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

Presentan el logo de la JMJ de Panamá 2019



En el logo para la Jornada Mundial de la Juventud 201, representa el Canal de Panamá, que simboliza el camino del peregrino que descubre en María el medio para encontrarse con Jesús; la silueta del Istmo panameño, como lugar de acogida; la Cruz Peregrina; la silueta de la Virgen en su «Hágase» y los pequeños puntos blancos como signo de la corona de María, y de los peregrinos de cada continente.
Lo indicó la Iglesia de Panamá señalando que la ganadora del concurso del logo para la JMJ es Ambar Calvo, una joven de 20 años y estudiante de arquitectura en la Universidad de Panamá, imagen que servirá para el evento convocado por el Papa Francisco, el cual se realizará en este país del 22 al 27 de enero del 2019.
Otro aspecto simbólico del logo ganador es la vinculación de la letra «M» que se insinúa en la forma del corazón, que si bien alude al lema «Puente del Mundo, Corazón del Universo», también nos sugiere al nombre de María como camino (puente) hacia Jesús, y su corazón abnegado de madre.
El logo fue escogido entre 103 propuestas que fueron evaluadas por un jurado integrado por especialistas en diseño gráfico, marketing y otras profesiones afines que seleccionó las 3 mejores propuestas, que luego fueron evaluadas por el Comité Ejecutivo de la JMJ, junto con el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida en Roma.
Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, Arzobispo de Panamá, manifestó sentirse emocionado  con el talento de la juventud panameña, porque este diseño de Ambar, “pudo captar el mensaje que deseamos enviar a los jóvenes del mundo, la pequeñez de nuestro país, pero la grandeza de nuestro corazón, abierto a todos y todas sin exclusión de nadie,  de la mano de la Virgen María, un modelo de joven valiente, comprometida y generosa que supo de decir SÍ ante el llamado de Dios”.
«Los jóvenes son la reserva moral y humana de nuestras sociedades y de la misma Iglesia, ellos son capaces de transformarlo todo, positivamente, arriesgándose como lo hizo la adolescente María de Nazaret, si somos capaces de enseñarles a amar como Jesús lo hizo con nosotros”, señaló el Arzobispo panameño.
Ambar Calvo, por su parte, indicó que desde los 12 años siente una afinidad por el arte como medio de expresión, y lo que quiso mostrar con el logo propuesto fue «la ternura y la entrega de María en su mejor escena: el Hágase».
La joven estudiante de arquitectura agradeció a las religiosas del colegio Pureza de María ―donde ella cursó estudios― quienes fueron las que le ayudaron a desarrollar su talento artístico, haciéndolo parte de su vida y profesión, y quienes además le motivaron a participar en el concurso.
Zenit

Tarancón hoy


El exembajador ante la Santa Sede Francisco Vázquez rinde homenaje al cardenal Tarancón en el 110 aniversario de su nacimiento
Pocas son las personas que puedan simbolizar mejor que el cardenal Tarancón el espíritu de la Transición democrática en España. Él fue uno de los grandes impulsores de las políticas de reconciliación nacional encaminadas a superar las endémicas divisiones entre los españoles.
Sus esfuerzos, y los de otros muchos, tanto desde el propio régimen franquista como desde el exilio y la oposición, permitieron alumbrar un clima de diálogo y de consenso que terminó plasmándose en la aprobación de la vigente Constitución de 1978, la primera en nuestra dilatada historia constitucional sin vencedores ni vencidos.
Su compromiso temporal era estrictamente evangélicoel perdón y la ayuda a los necesitados y marginados. Desde el inicio de su andadura sacerdotal, los principios de la doctrina social de la Iglesia fueron prioritarios en su actividad pastoral, llegando a ocasionarle sus denuncias públicas de las injusticias existentes no pocos problemas con las autoridades franquistas.
Pero, sobre todo, recordar la figura de Tarancón es reivindicar su etapa al frente de la Conferencia Episcopal Española, una de las épocas más convulsas de nuestra historia reciente y donde le tocó al cardenal la casi imposible tarea de aplicar en aquella España del nacionalcatolicismo las resoluciones del Concilio Vaticano II.

 Siguiendo siempre las directrices de su protector, el Pontífice Pablo VI, Tarancón llevó a cabo el proceso de separación de la Iglesia y el Estado, denunciando el Concordato entonces vigente, renunciando al fuero eclesiástico y exigiendo la abolición del derecho de presentación de terna para el nombramiento de obispos.
Negó a cualquier partido político la representación de la doctrina de la Iglesia y, por el contrario, animó a los católicos a participar en la vida pública, siempre de forma transversal, en las distintas ideologías que respetasen los principios éticos de la fe cristiana.
Sufrió ataques y amenazas al borde la violencia física, sobre todo desde las filas de los “ultras” del propio régimen, pero gracias a la combinación de su tozudez y su habilidad dialéctica hoy, muchas décadas después de aquellos acontecimientos, nadie puede negar el gran papel que la Iglesia española jugó en el advenimiento y consolidación de la democracia.
Siempre me gusta recordar aquella mañana del 27 de noviembre de 1975, cuando, en la Iglesia de los Jerónimos de Madrid se realizó, oficiada por el cardenal Tarancón, la ceremonia solemne de entronización del nuevo Rey de España, su Majestad Don Juan Carlos I, de la Casa de Borbón. Por la radio escuchamos aquella inconfundible ronca voz de fumador del cardenal que en su homilía desgranaba ante el nuevo Rey toda una serie de recomendaciones presididas por la voluntad del perdón y de la reconciliación, así como por la necesidad de mirar al futuro y construir una España en la que cupiéramos todos, como cuando dijo: «Españoles son todos los que se sienten hijos de la Madre Patria», continuando así el pensamiento que días antes en El Pardo, ante el cadáver de Franco, había expuesto en el privado funeral familiar, al decir: «Debemos formular la premisa de borrar todo cuanto pueda separarnos y dividirnos». Al hablar don Vicente, todos los españoles nos dimos cuenta de que la dictadura había terminado y que nacían nuevos tiempos de acuerdo y participación de todos los españoles.
Paradójicamente, cuarenta y dos años después de haber sido pronunciadas, las palabras del cardenal Tarancón vuelven a ser nuevamente una exhortación a la sensatez y al sentido de paz y concordia, que hoy muchos parecen empeñados en querer destruir.
Francisco Vázquez (ABC)

Alfa yOmega

Sin creer mucho en Dios pienso que ha sido Él el que me ha ayudado a salir adelante



Una voluntaria del comedor Ave María nos regala este testimonio: «Una tarde del mes de noviembre estábamos en el comedor preparando cosas para el día siguiente cuando sonó el timbre. Era un joven de 35 años, Jacinto, que quería algo de comer. Hablé con él y me contó un poco de su vida. Es de Córdoba y llevaba dos días en Madrid con su mujer en una habitación que les había dejado un amigo. Sociólogo de profesión, hace medio año se quedó de repente sin trabajo. Su mujer estaba embarazada de tres meses y la situación les llevó a pensar que era mejor perder el hijo.
Intenté animarlo y le dije que siguiera buscando. Quedamos en vernos al día siguiente, pero no vino. Dos meses después se presentó a desayunar. Hablamos y comencé a notarle un poco más animado. Me contó que, paseando por el Retiro, vio a un muchacho de 20 años solo y pensativo. No le dio importancia, pero al día siguiente lo volvió a ver durmiendo en un banco. Se acercó a él, lo despertó y preguntó qué le pasaba. El muchacho se quedó muy asombrado de que alguien se preocupara por él, ya que llevaba más de seis meses viviendo en soledad, sin que nadie se dirigiera a él. Sonriendo le dijo: “Gracias, hoy me siento un poco más feliz porque al menos para ti no soy un adorno más del Retiro”. Esto, dijo Jacinto, “me llenó de alegría, porque había podido ayudar a alguien nuevamente. La vida me empezaba a sonreír. Ilusionado, empecé a repartir propaganda y poco después me contratan como acomodador en un teatro”.
Pasados unos días me presentó a su mujer para decirme que habían tomado la decisión de no abortar. “No somos quiénes para matar una vida”, afirmó. Ahora todo eran preguntas para él: “¿Quién me puso esa tarde fría en esta puerta? ¿Quién me llevó al Retiro y puso en mi camino a ese muchacho? Soy consciente de que la vida es dura, pero cuando confías en alguien y no te encierras en tu egoísmo, esa vida puede empezar a sonreír. Sin creer mucho en Dios pienso que ha sido Él el que me ha ayudado a salir adelante y el que un día me trajo al comedor Ave María».
Paulino Alonso
Responsable del comedor Ave María. Madrid
Alfa y Omega

«San Isidro es una fiesta de todos, para todos y con todos»


En la fiesta del patrón de Madrid, el cardenal Carlos Osoro convoca «a todos los madrileños», crean o no, a construir «la cultura del encuentro»
San Isidro es «una fiesta de todos, para todos y con todos», dijo el cardenal Osoro al presidir la Misa en el día del patrón de Madrid en la colegiata que lleva el nombre del santo, la antigua catedral de la catedral. Tras esa primera Misa, el arzobispo se desplazó, como es tradicional, a celebrar otra Eucaristía en la pradera, donde Madrid celebra las fiestas del patrón.
San Isidro es de todos porque «está presente en todas las latitudes de la tierra, en comunidades pequeñas rurales y en grandes ciudades», especialmente desde que Juan XXIII le nombró patrón de los agricultores.
Pero sobre todo es un santo universal porque lo que hizo fue acoger y regalar el amor que «Dios regala en gratuidad a todos los hombres». De este modo, nos enseña que «nuestro nombre verdadero es Amor, pues somos imágenes de Dios». Y desde esa identidad, nos lanza a «hacer la cultura del encuentro, que es la que, en nombre del Señor, desea, promueve y hace la Iglesia».
«Os convoco a todos los madrileños, a los que creéis y a quienes buscáis siempre lo mejor, a poneros manos a la obra y hacer esta cultura en este momento de la historia», exhortó Carlos Osoro.
«Es una cultura que responde a aspiraciones radicalmente humanas. En esta época de cambio, hemos de generar espacios y relaciones para acertar en las transformaciones que hay que hacer. No son cuestiones de técnicas, sino cuestiones de fondo ético, de saber cuál es el nombre de cada ser humano, sus necesidades fundamentales y no recortarlas nunca. Hacer la cultura del encuentro es un desafío social; yo diría que el más importante. Es el que hizo Dios, viniendo a nuestro encuentro en la Encarnación, y el que imitándolo hizo posible san Isidro en este campo de san Isidro en el que estamos».
La Iglesia, en concreto, está «para dar vida y aliento, para dar el abrazo de Dios a todos los hombres, para buscar la paz por todos los medios, la reconciliación, el vivir en verdad».
«Suscitemos esperanza, sanemos los corazones», añadió el cardenal. «San Isidro nos recuerda que la caridad de Cristo es lo más importante: Señor, quiero que nos recuerdes lo que con tanta intensidad vivió san Isidro con su familia», concluyó.
Alfa y Omega

«Es mi paz la que os doy»




      Príncipe de la paz, Jesús resucitado, mira con benevolencia a la humanidad entera. Sólo de Tï, espera ayuda y socorro. Como en tiempos de tu vida terrena, siempre prefieres a los pequeños, los humildes, los que sufren. Siempre vas buscando a los pecadores. Haces que todos te invoquen y te encuentran, para que tengan en Tí el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6). Concedenos tu paz, cordero inmolado por nuestra salvación (Ap 5,6); (Jn 1,29): "¡Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, dános la paz!"

      He aquí, Jesús, nuestra oración: aleja del corazón de los hombres todo aquello que pueda comprometer su paz, confirmales en verdad, la justicia y el amor fraterno. Ilumina a los dirigentes; que sus esfuerzos por el bienestar de los pueblos, estén unidos en el esfuerzo para asegurar la paz. Enciende el deseo de todos para derribar las barreras que nos dividen,  con el fin de fortalecer los vínculos de la caridad. Enciende la voluntad de todos para que estemos dispuestos a comprender, compartir y perdonar,  con el fin de que todos estemos unidos en tu nombre y que triunfe en los corazones,las familias, el mundo entero, la paz, tu  paz.

San Juan XXIII (1881-1963), papa 

Mi paz os doy


Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 27-31a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: "Me voy y vuelvo a vuestro lado." Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.
Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mi, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo».
Palabra del Señor.

Entreculturas. Únete a la oración del papa Francisco por los niños soldado.

lunes, 15 de mayo de 2017

A un año del terremoto de Ecuador, Manuel Rodicio todavía celebra la Eucaristía en la calle



El 16 de abril se cumplió un año del terremoto que asoló la costa ecuatoriana. Manuel Rodicio, misionero orensano, todavía celebra la Eucaristía en la calle. «Solo en la diócesis de Manabí se dañaron más de 50 parroquias. Algunas incluso hubo que tirarlas del todo, no queda nada». Eso, en lo material. En lo espiritual «acompañamos a mucha gente que perdió seres queridos o vivió experiencias traumáticas.
Como Yadira, que pasó varios días entre cascotes. Un año después, todavía no puede dormir». El Fondo de Nueva Evangelización de la Conferencia Episcopal Española está canalizando los donativos para su misión a través del portal donoamiiglesia.es
Un año sin dormir. Parece una tortura china.
Yadira estaba en un edificio de Manta que cayó entero. Murieron más de 90 personas allí, y ella estuvo varios días atrapada entre cascotes. Aparentemente es una mujer fuerte, pero la verdad es que lleva un año sin poder pegar ojo. Acompañamos desde la misión a muchísima gente que perdió seres queridos o vivió experiencias traumáticas. La gente ha intentado poco a poco reincorporarse a la vida, a la rutina, pero no es fácil.
¿Perdieron la fe?
Al revés. El 16 de abril se cumplió un año del terremoto y las autoridades públicas nos pidieron celebrar una Eucaristía en varias ciudades. En la que yo presidí, en la ciudad de Manta, te aseguro que había miles -y recalco miles- de personas sin ninguna prisa, rezando con un fervor increíble.
¿En una iglesia?
No, en la calle. La diócesis de Manabí, donde tenemos la misión, tiene alrededor de 80 parroquias. Tras el terremoto 52 quedaron dañadas y muchas de ellas destruidas por completo. Esto nos sobrepasa, porque es muy difícil la pastoral sin templos. Pero económicamente es imposible hace frente a este gasto. Solo en la catedral de Portoviejo -capital de la provincia de Manabí- ya llevamos gastados 700.000 dólares y falta otro tanto. Eso únicamente en la catedral, así que imagínate en las parroquias... yo celebro Misa a diario en una cabaña de paja donde caben 100 personas. Los domingos tenemos que celebrar en la calle.
¿No reciben ayudas?
Pues hay un problema. Mucha gente se interesa por apoyar proyectos sociales, algo que es fundamental, pero cuando necesitamos dinero para reconstruir capillas, casas de curas o un coche para la pastoral, es muy difícil conseguir fondos. Todo el mundo te dice que ese no es su ámbito. Gracias al Fondo de Nueva Evangelización, que nos apoya en estas necesidades concretas, vamos tirando. Ellos hacen lo que nadie más hace.
¿Cómo llevan los fieles tener que reunirse en la calle?
Los fieles son la alegría de la Iglesia en Ecuador. Gracias a ellos, que son los líderes de las comunidades, aquello sale adelante. Cuando vengo a España me da mucha tristeza ver que aquí la Iglesia parece cosa de curas.
¿Es porque hay pocos curas allí?
No, de hecho tenemos 76 en el seminario, que abrió sus puertas hace 25 años. Es porque el modelo eclesial pone a los laicos en el centro. Es lo que ha vivido el Papa durante toda su vida. En España escucho cosas ambiguas, incluso sobre el Papa... y claro, no comprendemos bien que él responde al baremo latinoamericano. Por eso, su preocupación es que los laicos celebren la Palabra, que la Iglesia sea menos clerical... en Europa es difícil de entender, pero en América Latina nos vemos muy reflejados en él.
(Cristina SánchezAlfa y Omega)

La joya de Madrid



Pasando por la calle Toledo, en pleno corazón del Madrid de los Austrias, llama la atención el templo de la Colegiata, donde se conserva la joya más importante de la Iglesia en Madrid y también de gran parte de la Iglesia universal, ya que nuestro santo patrón es venerado en gran parte de países del mundo.
En el retablo del altar mayor contemplamos una urna funeraria de plata donde se conserva el cuerpo incorrupto de san Isidro desde el año 1769. Desde el momento de su muerte a los 90 años, en 1172, la fama –que ya le acompañó en vida– de milagrero e intercesor se hizo cada vez mayor, y rápido se empezaron a recoger datos y testimonios para el proceso de canonización. Este proceso, en el que aparecen más de 1.000 prodigios, se encuentra en el archivo catedral de Madrid, así como un listado de más de 100 personas dispuestas a testificar su fama de santidad.
El 15 de mayo de 1620 fue beatificado y en 1633 canonizado junto a san Ignacio de Loyola, san Francisco Javier, santa Teresa de Jesús y san Felipe Neri. Se celebró un gran pontifical con la presencia de los reyes en la plaza Mayor y todavía se conserva en el museo catedral el terno (casulla, dalmáticas, capa, humeral y paños de ambón) que se utilizó para la ceremonia.
El cuerpo del santo fue enterrado en el cementerio de la iglesia de San Andrés, y apareció prodigiosamente tras el derrumbe de algunas sepulturas a causa de grandes lluvias que asolaron Madrid en el año 1212, descubriéndose que estaba incorrupto y con el sudario intacto. En ese año corría la noticia de que el santo se había aparecido al rey Alfonso VIII en la batalla de las Navas de Tolosa, por lo que el rey, después de vencer, vino a Madrid a visitar el sepulcro del santo y a darle las gracias. En el año 1619 se encontraba enfermo el rey Felipe III y, tras venerar al santo, se recuperó de la enfermedad.
Durante la guerra civil, el obispo Eijo Garay mandó ocultarlo en la pared de la colegiata junto a los restos de su esposa, santa María de la Cabeza y su hijo, san Illán, salvándose milagrosamente. La última vez que fue expuesto para su veneración fue en el año 1985, con motivo del centenario de la diócesis.
A su sepulcro acuden fieles de todo el mundo, que reconocen en el santo patrón que vela por Madrid la presencia del cielo.
Jesús Junquera
Alfa y Omega

15 de mayo: san Isidro Labrador, patrón de Madrid


La vida de Isidro Labrador fue menos relevante desde el punto de vista político y social que la de su contemporáneo Olaguer († 1137), primer obispo de Barcelona y posteriormente titular de la metrópoli de Tarragona. Juan Diácono, del siglo XIII, el biógrafo que escribió Vita Sancti Isidori, destaca en él, sobre todo, la ejemplaridad de un cristiano madrileño extremadamente sencillo que tuvo que esperar la sanción oficial de su santidad hasta el siglo XVII, cuando el rey Felipe III, que atribuyó su propia curación a la intercesión de san Isidro, solicitó y obtuvo la beatificación al papa Paulo V el 4 de junio de 1619 y, tres años más tarde, la canonización por Gregorio XV.
No se sabe con exactitud el año del nacimiento de san Isidro –sí que fue el final del siglo XI–, ni la casa, ni el barrio en que poco más o menos estaría hoy ubicado el lugar en que vio la primera luz, ni siquiera el nombre de sus padres. Como es de esperar, la época, el tiempo en que transcurre su vida, la poca importancia social o política de Madrid en los momentos en que la pisa el santo pueden aportar muy pocos datos fiables y comprobables desde el ámbito histórico, sobre todo, si se tiene en cuenta que no perteneció al mundo de la política, de las finanzas, ni al de la jerarquía alta de la Iglesia que hubieran podido dejar constancia para la posteridad la influencia social en el ambiente cristiano de su mundo. Y lo que puede parecer paradójico al oriundo común –munícipe de a pie– de la megalópolis que es el Madrid actual es que su patrón no sea un industrial, ni un político, gobernante, banquero, sociólogo o cardenal –un ciudadano–, sino precisamente un agricultor –un hombre del campo–. Pero esas son las ironías de la vida y la enseñanza de la historia que da lecciones de humildad, haciendo ver, como en este caso, que las grandes urbes también un día tuvieron infancia.
Parece que se bautizó en la antigua parroquia de san Andrés, recibiendo el nombre bautismal de Isidoro –Isidro es su síncopa– seguramente en honor del santo arzobispo de Sevilla; dicen que trabajó como pocero y bracero al servicio de la familia Vera de la que salió, junto con otros muchos del lugar, cuando Alí toma Toledo al frente del imponente ejército de almorávides, y que esta fue la razón de trabajar en Torrelaguna donde contrajo matrimonio con Toribia, luego Santa María de la Cabeza, de quien tuvo a su hijo Illán, también tratado como santo. Al regreso a Madrid se asienta definitivamente en la casa de la familia Vargas, cuidando de las tierras de Juan, donde ejercita las virtudes cristianas en el cumplimiento fiel de las obligaciones con Dios y los hombres, entre las labores del campo y la atención a su casa. De hecho, el papa Gregorio XV afirma que «nunca salió para su trabajo sin antes oír, muy de madrugada, la santa misa y encomendarse a Dios y a su Madre santísima».
La tradición popular conservó la memoria de su espíritu de oración y de generosidad para con los necesitados, glosándolos con prodigios que, más que verdad histórica, encierran los anhelos de todo agricultor sometido al duro capricho de los elementos hasta que su cosecha dé fruto: agua que salta al golpe de azada y tormentas que se disuelven milagrosamente a ruegos del agricultor; la sopa que se multiplica de modo prodigioso en la olla, cuando se hace caridad con el pobre advenedizo, para que no falte alimento a la familia, y –el más comentado por el pueblo– los ángeles que se prestan a colaborar en la labranza la tierra mientras él se dedica a la oración.
Naturalmente, ese es el producto de la fábula y del cariño al santo varón. La verdad debió de ir por los derroteros vulgares y comunes en su tiempo como llevar albarcas llenas de barro, algún manto con añadidos, quizá remiendo en el calzón, un tapasol de cabeza y de mucho sudor impregnado su jubón; sus manos serían rudas y con callos; sus gestos, serenos, pensados, sin precipitación, y sus palabras, más toscas que finas; pero esa humildísima persona no cedió a la pereza, luchó contra el egoísmo, atendió a quien penaba y supo contar con Dios.
Su culto está muy extendido entre los trabajadores del campo que le tienen como especial protector. Es patrono de los agricultores y de la archidiócesis de Madrid.
Murió anciano.
Su cuerpo incorrupto se conserva en la Colegiata de su nombre en Madrid, y el arcón donde secularmente estuvo depositado se visita en la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena en la Capital de España.
Goya tuvo el buen gusto de pintarlo en obra que se puede contemplar en la Biblioteca Nacional, y Lope de Vega, cantándole, puso encanto literario en los versos miles que poetizan de otro modo lo que ya contó el primer biógrafo del santo.
Archimadrid.org

Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador




Lectura del santo Evangelio según san Juan 15. 1-7
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseéis, y se realizará».
Palabra del Señor.

Llamamiento del Papa ante los conflictos de Oriente Medio y atención concreta a la maternidad

Queridos hermanos y hermanas,
Confío a María, Reina de la paz, el destino de las poblaciones afligidas por guerras y conflictos, en particular en Oriente Medio. Tantas personas inocentes están duramente afectadas, ya sea cristianas que musulmanas, como así también pertenecientes a minorías como los yazidíes, los cuales sufren trágicas violencias y discriminaciones. A mi solidaridad se acompaña el recuerdo en la oración, mientras agradezco a cuantos se empeñan en subvenir a las necesidades humanitarias. Aliento a las diversas comunidades a recorrer el camino del diálogo y de la amistad social para construir un futuro de respeto, de seguridad y de paz, lejos de todo tipo de guerra.
Ayer en Dublín fue proclamado Beato el sacerdote jesuita John Sullivan.
Vivido en Irlanda entre el ochocientos y el novecientos, él dedicó la vida a la enseñanza y a la formación espiritual de los jóvenes, y era tan amado y buscado como un padre por los pobres y por los sufrientes. Demos gracias a Dios por su testimonio.
Saludo a todos ustedes, fieles de Roma y peregrinos de Italia y de varios países. En particular los fieles de Ivrea, Salerno, Valmontone y Rimini; los alumnos de Potenza y de Mozzo (Bergamo). Saludo a los participantes a la iniciativa denominada “Cochecitos vacíos” y al grupo de las mamás de Bordighera: el futuro de nuestras sociedades requiere de parte de todos, especialmente de las instituciones, una atención concreta a la vida y a la maternidad. Y este llamamiento es particularmente significativo hoy mientras se celebra, en tantos países, el Día de la madre. Recordemos con gratitud y afecto a todas las mamás, incluso a nuestras mamás en el Cielo, confiándolas a María, la mamá de Jesús. Y ahora les hago una propuesta: permanezcamos algunos instantes en silencio, cada uno rezando por la propia mamá.
A todos les deseo un feliz domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!
(Traducción del italiano: María Cecilia Mutual, Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

"Oración y penitencia para implorar la gracia de la conversión", el Papa a la hora del Regina Coeli


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Ayer por la noche regresé de la peregrinación a Fátima: ¡saludemos a la Virgen de Fátima! Y nuestra oración mariana de hoy adquiere un significado particular lleno de memoria y de profecía para quien mira la historia con los ojos de la fe. En Fátima me sumí en la oración del santo Pueblo fiel, oración que allí fluye desde hace cien años como un río, para implorar la protección maternal de María sobre el mundo entero. Doy gracias al Señor que me ha concedido ir a los pies de la Virgen Madre como peregrino de esperanza y de paz. Y agradezco de corazón a los Obispos, al Obispo de Leiría en Fátima,  a las Autoridades del Estado, el Presidente de la República, y a todos aquellos que han ofrecido su colaboración.
Desde el inicio, cuando en la Capilla de las Apariciones permanecí por largo tiempo en silencio, acompañado por el silencio orante de todos los peregrinos, se creó un clima de recogimiento y contemplativo, en el cual se desarrollaron los varios momentos de oración. Y al centro de todo estuvo y está el Señor Resucitado, presente en medio a su Pueblo en la Palabra y en la Eucaristía. Presente en medio a los tantos enfermos, que son protagonistas de la vida litúrgica y pastoral de Fátima, como de cada santuario mariano.
En Fátima la Virgen eligió el corazón inocente y la sencillez de los pequeños Francisco, Jacinta y Lucía, como depositarios de su mensaje. Estos niños lo acogieron dignamente, tanto que fueron reconocidos como testigos confiables de las apariciones, transformándose en modelos de vida cristiana. Con la canonización de Francisco y Jacinta, quise proponer a toda la Iglesia su ejemplo de adhesión a Cristo y el testimonio evangélico. Y también quise proponer a toda la Iglesia que cuide a los niños. Su santidad no es consecuencia de las apariciones sino de la fidelidad y del ardor con el cual ellos correspondieron al privilegio recibido de poder ver a la Virgen María. Después del encuentro con la “bella Señora” – así la llamaban – ellos recitaban frecuentemente el Rosario, hacían penitencia y ofrecían sacrificios para obtener el final de la guerra y por las almas más necesitadas de la divina misericordia.
También hoy hay tanta necesidad de oración y de penitencia para implorar la gracia de la conversión, para implorar el final de tantas guerras que están por todas partes en el mundo y que se extienden cada vez más, como también el final de los absurdos conflictos: grandes y familiares, pequeños que desfiguran el rostro de la humanidad.
Dejémonos guiar por la luz que viene de Fátima. Que el Corazón Inmaculado de María sea siempre nuestro refugio, nuestra consolación y el camino que nos conduce a Cristo.
(Traducción del italiano: María Cecilia Mutual, Radio Vaticano)