miércoles, 3 de mayo de 2017

Arzobispado de Zaragoza defiende la propiedad "indiscutible" de los templos


 El portavoz del Arzobispado de Zaragoza, José Antonio Calvo, ha defendido que la propiedad eclesiástica de los templos de la Catedral de La Seo, y las iglesias de La Magdalena, San Juan de los Panetes y Santiago el Mayor "es indiscutible" y así lo transmitirán este miércoles en el acto de conciliación con el Ayuntamiento de la capital aragonesa que se celebrará en el Juzgado de Primera Instancia número 21 de la ciudad.
En declaraciones a los medios de comunicación, con motivo de la visita a las obras de restauración de la Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena, Calvo se ha referido de este modo al proceso iniciado por el consistorio que cuestiona las inmatriculaciones a nombre de la Iglesia de estos cuatro templos zaragozanos.
"El planteamiento del Arzobispado está claro desde el principio, se ha actuado desde la legalidad y la responsabilidad histórica como Iglesia y como parte de la sociedad", ha sostenido Calvo, al recalcar que "tenemos claro que jurídicamente la propiedad es nuestra desde hace la friolera de 800 años", por lo que la propiedad eclesiástica de estas iglesias "es indiscutible".
Respecto al acto de conciliación que tendrá lugar este miércoles, ha avanzado que acudirá el abogado del Arzobispado, Ernesto Gómez, agregando que "entendemos que tenemos que estar aunque dudamos de que el Ayuntamiento tenga la legitimidad necesaria para emprender estas acciones".
En este sentido, ha advertido de que no corresponde al Ayuntamiento de Zaragoza iniciar este tipo de procesos sobre la propiedad de bienes, sino que "correspondería en todo caso a administraciones como son el Gobierno de Aragón o el Gobierno de España".
Ambos ejecutivos "coinciden en señalar y respetar, y así ha quedado claro en muchas intervenciones, que la propiedad de estos templos pertenece desde tiempo inmemorial a la Iglesia Católica y esta propiedad fue inscrita en los registros de la propiedad a finales de los años 80, simplemente para visibilizar lo que era un hecho", ha sentenciado el portavoz del Arzobispado.

Nace fatima17.com, una web para entender la importancia de las apariciones de Fátima

Este año, Fátima se viste de gala. Y no es para menos. Se cumplen ahora 100 años de las apariciones de la Virgen a LuciaFrancisco y Jacinta. Y eso no puede ser un aniversario más. El Santuario y toda la Iglesia a través del Papa Francisco se están volcando en una gran acción de gracias por los muchos dones recibido de la Madre de Dios y Madre nuestra. El 13 de mayo, Francisco estará presente en el Santuario. Allí rezará en la Capelinha y canonizará a los beatos Francisco y Jacinta.
Primeros Cristianos también se une a la alegría de toda la Iglesia al cumplirse 100 años de tan notable suceso. Para ello, han preparado un especial online (www.fatima17.com) con una información sencilla, dinámica y fiable que permite entender el contexto de esta celebración y la importancia de Fátima en la historia de la Iglesia y del mundo.
La web pretende contar de forma sencilla y agradable una historia llena de detalles de cariño de la Virgen que no deja indiferente a nadie. Estructurada en cuatro secciones (Historia, Mensaje, Milagros y «Fátima y el Papa»), el especial resume 100 años de un hito que ha pasado a la historia. En menos de media hora, el lector podrá reconocer la relevancia de los eventos que allí acontecieron y descubrir qué sucede a día de hoy en Fátima.
Puede acceder a la página web pinchando AQUÍ.
Primeros cristianos
Alfa yOmega

3 de mayo: san Felipe y Santiago, Apóstoles



Se trata de Felipe y Santiago el que se llama Menor para diferenciarlo del otro Santiago, hijo de Zebedeo, que tiene su día el veinticinco de julio. Un buen día los llamó Jesús para que lo acompañaran; ellos le siguieron, escucharon por tres años su predicación y se convirtieron en sus testigos después de la Ascensión.
Felipe
Era natural de Betsaida, como Pedro y Andrés. Nada más conocer a Jesús le acercó un amigo, a Natanael, aunque con dificultades, porque el tal Natanael se cuestionaba en grado superlativo que lo que estaba oyendo fuera verdad, ya que, leyendo la Escrituras, nunca había aparecido un profeta de Nazaret. No le quedó otra salida al bueno de Felipe que remitirle a su propia experiencia personal, diciéndole: «ven y lo verás». De este modo hizo sus pinitos en el apostolado cristiano, aún antes de que se le llamara de modo solemne y definitivo que fue en el monte de las bienaventuranzas, después que el Maestro pasara aquella noche haciendo oración.
El sitio que ocupa en las listas de los Doce que aparecen en los Evangelios es a continuación de las dos parejas de hermanos y antes que Natanael.
Por tres veces aparece en los Evangelios, interviniendo en circunstancias diversas: en la multiplicación de los panes y peces está preocupado por la desmesurada cantidad de dinero de que deberían disponer para darles a aquellos famélicos seguidores de Jesús aunque fuera solo un pedazo de pan; otra ocasión está situada en la fiesta de la Pascua, cuando media junto con Pedro entre los prosélitos griegos que quieren ver a Jesús, haciendo quizá de intérprete de ellos; la tercera y última, en el Cenáculo, diciendo en voz alta sus deseos de conocer mejor al Padre.
Después de la Ascensión ya no hay datos; sí conjeturas posibles, aunque bien pudiera ser que algunas de ellas pertenezcan más al diácono Felipe que al mismo Apóstol. Estuvo un tiempo indefinido en Jerusalén, y luego… ¡el mundo!
Parece ser que evangelizó Frigia (actual Turquía). Una tradición le atribuye la muerte a manos de los jefazos importantes que estaban hartos de que les censurara sus vicios y envidiosos –siempre la envidia– de que la gente sencilla le siguiera por su bondad.
¿Alguna anécdota? Ya que no se conocen más datos biográficos ciertos, se puede señalar una que ni siquiera se sabe si sucedió o no: dicen de él que destrozó una monstruosa víbora a la que rendían culto idolátrico aquellos paganos.
Se supone que su muerte fue en torno al año 54.
Una parte de sus reliquias fue a parar a Constantinopla y otra parte está en Roma, en la basílica de los Santos Apóstoles.
Santiago
Nació en Caná de Galilea, cerca de Nazaret. Hijo de Alfeo y su madre era María, prima de la Virgen; por tanto, este Santiago era pariente del Señor.
Solo aparece enumerado en las listas de los Apóstoles sin que intervenga en los textos evangélicos ninguna vez.
Fue la cabeza de la Iglesia de Jerusalén porque Pablo refiere que le visitó la primera vez que fue a Jerusalén después de su conversión; y, cuando Pedro fue liberado por el ángel de su prisión, y fue a la casa de Juan Marcos, dejó el encargo de que le comunicasen a Santiago su libertad; intervino en el concilio de Jerusalén, abogando por la unidad entre los cristianos provenientes de los judíos y los que venían del paganismo, y sugiriendo se les impusiera a estos últimos unas mínimas pautas de conducta que facilitasen la convivencia entre los hermanos.
Se le conoce como un hombre con profundo amor a Jesucristo, que siempre manifestó gran respeto por aquellos que observaban la Ley, eran asiduos al Templo para la oración, y veneraban a Moisés. Eusebio recoge de Hegesipo la afirmación de que tanto los judíos contemporáneos de Santiago como los cristianos le llaman «el Justo», por ver en él a un hombre austero, sin mancha y con callos en las rodillas de tanto adorar.
Una de las cartas canónicas es suya. Está dirigida a los cristianos de la dispersión, es decir, a los que están diseminados por todas las provincias. Más que un tratado orgánico, son sentencias y consejos que animan a llevar la vida cristiana. Habla de la paciencia en las pruebas y tribulaciones, expresa con claridad la relación que debe darse entre la fe y las obras, el uso de la lengua, y severísimas advertencias a los ricos con respecto al uso de sus bienes. En la misma carta se leen unas líneas que son la promulgación del Sacramento de la Unción de Enfermos, según la sanción tridentina.
Josefo afirma que el Sumo Sacerdote Anás II lo mandó matar por lapidación, después de haberlo tirado desde lo alto de las murallas del templo, y murió, repitiendo la historia, ¡rezando por sus verdugos!
El hecho de que estén unidas sus fiestas se debe a una simple decisión de la Iglesia.
Archimadrid.org

Francisco en Egipto, contra la «barbarie del conflicto»



Creer y odiar son incompatibles. El mundo necesita saberlo. Los líderes religiosos lo deben asumir. Solo así se podrá aislar el extremismo fundamentalista, en el islam y en el resto de los credos. Con su visita a Egipto, Francisco desafió a los terroristas en su propio territorio, el norte de África y, desde allí, el no muy lejano Oriente Medio. No solo porque decidió exponerse al extremo, pidiendo el mínimo de seguridad para él y su comitiva. Sobre todo porque demostró en los hechos que el terror puede ser derrotado con valentía, bondad y realismo
El Papa de paz en un Egipto de paz. Un lema significativo para un viaje de alto voltaje geopolítico, que duró poco más de 24 horas: viernes 28 y sábado 29 de abril. El principal objetivo de la visita fue la participación del Pontífice en una conferencia de paz convocada por el gran imán de la Universidad de Al-Azhar, Ahmed al Tayeb, la máxima autoridad teológica del islam sunnita.
«Juntos afirmamos la incompatibilidad entre la fe y la violencia, entre creer y odiar. Como líderes religiosos, estamos llamados a condenar los intentos de justificar cualquier forma de odio en nombre de la religión», aseguró el Obispo de Roma, ante referentes religiosos y políticos de diversos países, la tarde del viernes en el centro de conferencias de Al-Azhar.
Francisco llamó a esos líderes religiosos a desenmascarar la violencia «que se disfraza de supuesta sacralidad», les recordó que están obligados a denunciar las violaciones que atentan contra la dignidad humana y contra los derechos humanos, y a poner al descubierto los intentos de justificar todas las formas de odio en nombre de las religiones, condenándolos como una «falsificación idolátrica de Dios».
El Papa advirtió que la violencia «es la negación de toda auténtica religiosidad» y que la única alternativa a la «barbarie del conflicto» es la «cultura del encuentro». «No hay otra manera», dijo. Por eso, para contrarrestar de verdad la «barbarie de quien instiga al odio e incita a la violencia», es necesario ayudar a madurar a las nuevas generaciones para que, ante la lógica incendiaria del mal, respondan con el paciente crecimiento del bien.
Según el Papa, para prevenir los conflictos y construir la paz es esencial trabajar para eliminar las situaciones de pobreza y de explotación, donde los extremismos arraigan fácilmente. Y pidió detener la proliferación de armas que, si se siguen produciendo y comercializando, tarde o temprano llegarán a utilizarse. «Solo sacando a la luz las turbias maniobras que alimentan el cáncer de la guerra se pueden prevenir sus causas reales. A este compromiso urgente y grave están obligados los responsables de las naciones, de las instituciones y de la información, así como también nosotros responsables de cultura, llamados por Dios, por la historia y por el futuro a poner en marcha –cada uno en su propio campo– procesos de paz, sin sustraerse a la tarea de establecer bases para una alianza entre pueblos y estados», apuntó.
Escoltas en alerta
El encuentro había comenzado con un minuto de silencio dedicado las víctimas del terrorismo de todas las nacionalidades. Como telón de fondo flotaba en el aire el recuerdo de los 53 muertos y más de 200 heridos que dejaron los bombazos del pasado Domingo de Ramos contra iglesias cristianas coptas en las ciudades egipcias de Tanta y Alejandría.
Esos ataques, reivindicados públicamente por el Estado Islámico, hicieron temer la postergación de la visita papal. Pero, como aclaró el secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin, Francisco jamás puso en duda su viaje. Al contrario, dobló la apuesta y decidió renunciar voluntariamente a moverse en coche blindado durante sus recorridos por El Cairo.
Esa decisión puso en alerta máxima a la escolta personal del Papa Francisco. Testigos presenciales percibieron la evidente preocupación que mostró Domenico Giani, el jueves 27 por la noche, cuando acompañó a Francisco a su visita a la Virgen Salus Populi Romani, ubicada en la Basílica de Santa María la Mayor. Antes y después de cada viaje internacional, reza ante la imagen patrona de la capital italiana. En esta oportunidad, el Pontífice dedicó más minutos que de costumbre a permanecer en silencio frente a la imagen. La tensión se notaba en sus acompañantes.
El viaje se presentaba lleno de insidias, no solo por la amenaza constante de los terroristas sino, también, por los antecedentes. Francisco se apestaba a pisar la tierra de la mal llamada primavera árabe, una revolución fallida que abrió paso a una intensa volatilidad en la región. Visitaría Al-Azhar, que en 2011 rompió relaciones con el Vaticano pocas semanas antes del estallido de las manifestaciones en la plaza Tahrir que precipitaron la caída del régimen de Hosni Mubarak.
El éxito no estaba asegurado. Pero la tenacidad del Pontífice y su voluntad de estrechar lazos de paz se impusieron. «Es un viaje de unidad, de fraternidad», anticipó Francisco en su breve saludo a los periodistas a bordo del avión que lo trasladó de Roma a El Cairo. «La visita se da en un momento de paz perdida, buscada por los pueblos, las naciones y las gentes que huyen de sus países», constató, por su parte, el gran imán Al-Tayeb en su mensaje de bienvenida.
«Un pueblo que ama la paz»
En el Palacio Presidencial de Heliópolis, Francisco sostuvo un encuentro privado con Abdelfatah al-Sisi y ante autoridades civiles del país les indicó el deber de «desmontar las ideas homicidas y las ideologías extremistas, afirmando la incompatibilidad entre la verdadera fe y la violencia, entre Dios y los actos de muerte».
«Tenemos el deber de afirmar juntos que la historia no perdona a los que proclaman la justicia y en cambio practican la injusticia; no perdona a los que hablan de igualdad y desechan a los diferentes. Tenemos el deber de quitar la máscara a los vendedores de ilusiones sobre el más allá, que predican el odio para robar a los sencillos su vida y su derecho a vivir con dignidad, transformándolos en leña para el fuego y privándolos de la capacidad de elegir con libertad y de creer con responsabilidad», dijo.
Luego siguió el abrazo con el Papa copto Tawadros II, en la sede del patriarcado copto-ortodoxo de El Cairo. Allí, donde explotó una bomba terrorista en 2016 matando a 29 personas, ambos ratificaron su decisión de seguir un diálogo que mire a la unidad y firmaron una declaración conjunta con una novedad: el reconocimiento a la validez del Bautismo de los fieles en ambas iglesias. Por ello, se comprometieron mutuamente a no bautizar de nuevo a quien ya tenga ese sacramento y provenga de la otra Iglesia.
La mañana del sábado 29 el Pontífice presidió una Misa para unos 30.000 católicos egipcios en el Air Defense Stadium, un estadio ubicado en medio del desierto. En su homilía, pronunciada en italiano y traducida al egipcio, aclaró que «el único extremismo que se permite a los creyentes es el de la caridad», porque «cualquier otro extremismo no viene de Dios y no le agrada».
El último acto de la gira tuvo lugar en el Seminario Patriarcal Al Maadi. A miembros del clero, religiosos y seminaristas, Francisco los puso en guardia ante la tentación del «faraonismo», o bien «endurecer el corazón y cerrarlo al señor y a los demás», porque «es la tentación de sentirse por encima de los demás y de someterlos por vanagloria, de tener la presunción de dejarse servir en lugar de servir».
También les instó a no «dejarse arrastrar», dejando de guiar a los fieles; a no «quejarse constantemente», a evitar caer en la murmuración, en la envidia, en el compararse con los demás, en el individualismo o en el «caminar sin rumbo y sin meta».
Francisco regresó a Roma satisfecho, con la convicción de haber colaborado con la promoción de la paz y haber empujado a todo un pueblo a desear la armonía y la fraternidad. Así lo reconoció a un viejo amigo suyo argentino, Luis Liberman, director de la cátedra del Diálogo y la Cultura del Encuentro. El domingo 30, en una llamada telefónica, le confesó: «Fue un viaje extraordinario, conmovedor. Me fui con la certeza de que hay un pueblo que ama la paz».
Andrés Beltramo Alvarez
Ciudad del Vaticano

COMENTARIO DE BENEDICTO XVI AL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (14,6-14)





Queridos hermanos y hermanas:
El Evangelio de hoy propone un doble mandamiento sobre la fe: creer en Dios y creer en Jesús. En efecto, el Señor dice a sus discípulos: «Creed en Dios y creed también en mí» (Jn 14, 1)...

El Nuevo Testamento puso fin a la invisibilidad del Padre. Dios mostró su Rostro, como confirma la respuesta de Jesús al apóstol Felipe: «Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn 14, 9). El Hijo de Dios, con su encarnación, muerte y resurrección, nos libró de la esclavitud del pecado para darnos la libertad de los hijos de Dios, y nos dio a conocer el Rostro de Dios, que es amor: Dios se puede ver, es visible en Cristo. 

Santa Teresa de Ávila escribe que no hay que «apartarse de todo nuestro bien y remedio, que es la sacratísima humanidad de nuestro Señor Jesucristo». Por tanto sólo creyendo en Cristo, permaneciendo unidos a Él, los discípulos, entre quienes estamos también nosotros, pueden continuar su acción permanente en la historia: «En verdad, en verdad os digo —dice el Señor—: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago» (Jn 14, 12).

La fe en Jesús conlleva seguirlo cada día, en las sencillas acciones que componen nuestra jornada. Es propio del misterio de Dios actuar de manera discreta. Sólo poco a poco va construyendo su historia en la gran historia de la humanidad. Se hace hombre, pero de tal modo que puede ser ignorado por sus contemporáneos, por las fuerzas de renombre en la historia. 

Cristo padece y muere y, como Resucitado, quiere llegar a la humanidad solamente mediante la fe de los suyos, a los que se manifiesta. No cesa de llamar con suavidad a las puertas de nuestro corazón y, si le abrimos, nos hace lentamente capaces de “ver”». `

San Agustín afirma que «era necesario que Jesús dijese: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6), porque una vez conocido el camino faltaba por conocer la meta», y la meta es el Padre. Para los cristianos, para cada uno de nosotros, por tanto, el camino al Padre es dejarse guiar por Jesús, por su palabra de Verdad, y acoger el don de su Vida. 

Hagamos nuestra la invitación de san Buenaventura: «Abre, por tanto, los ojos, tiende el oído espiritual, abre tus labios y dispón tu corazón, para que en todas las criaturas puedas ver, escuchar, alabar, amar, venerar, glorificar y honrar a tu Dios».

Queridos amigos, el compromiso de anunciar a Jesucristo, «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6), constituye la tarea principal de la Iglesia. Invoquemos a la Virgen María para que asista siempre a los pastores y a cuantos en los diversos ministerios anuncian el alegre mensaje de salvación, para que la Palabra de Dios se difunda y el número de los discípulos se multiplique.
(Benedicto XVI, Ángelus del 22 de mayo de 2011)

YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA





Lectura del santo evangelio según san Juan (14,6-14):

En aquel tiempo, dijo Jesús a Tomás: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»

Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»

Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. 

El Padre, que permanece en mí, hace sus obras, Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. 

Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.»

Palabra del Señor

Papa: el Señor es capaz de cambiar un corazón de piedra con uno de carne



Que el Señor enternezca los corazones duros, que condenan todo aquello que está fuera de la ley: fueron las palabras del Papa Francisco en la homilía de la Misa matutina en la casa Santa Marta. "No saben, dijo, que la ternura de Dios es capaz de quitar un corazón de piedra y poner en su lugar uno de carne".
San Esteban es un “testigo de obediencia”, como Jesús, y precisamente por esto fue perseguido. En la homilía Francisco parte de la Primera Lectura del día, que narra el martirio de Esteban y prosigue la reflexión sobre el hecho que el cristiano es un testigo de obediencia. Aquellos que lo lapidaron, no entendían la Palabra de Dios. Esteban los había llamado “testarudos”, “incircuncisos en el corazón y en las orejas” y decir a una persona “incircunciso”, nota el Papa, equivalía a decirle “pagano”.  Por ejemplo, Jesús llama a los discípulos de Emaús “necios”, una expresión que no es una alabanza pero no es tan fuerte como aquella que usa Esteban: los discípulos de Emaús no entendían, eran temerosos porque no querían problemas, “tenían miedo” pero “eran buenos”, “abiertos a la verdad”. Y cuando Jesús los reprende, dejan entrar sus palabras y su corazón se templa mientras quienes lapidaron a Esteban “estaban furibundos”, no querían escuchar. Éste es el drama del “cerrazón del corazón”: “el corazón duro”, dice el Papa.
En el Salmo 94 el Señor pone en guardia a su pueblo exhortándolo a que no endurezca el corazón y después, con el profeta Ezequiel, hace una promesa bellísima: aquella de cambiar el corazón de piedra con uno de carne, es decir, un corazón “que sepa escuchar” y “recibir el testimonio de la obediencia”:
“Y esto hace sufrir tanto, tanto a la Iglesia”: los corazones cerrados, los corazones de piedra, los corazones que no quieren abrirse, que no quieren sentir; los corazones que sólo conocen el lenguaje de la condena: saben condenar, no saben decir: “¿Pero explícame por qué tú dices esto? ¿Por qué esto? Explícame. No: están cerrados. Saben todo. No tienen necesidad de explicaciones”.
El reproche que también Jesús les dirige es el de haber matado a los profetas “porque les decían lo que no les gustaba”, recuerda Francisco. En efecto, un corazón cerrado no deja entrar al Espíritu Santo:
“No había lugar en su corazón para el Espíritu Santo. En cambio, la Lectura de hoy nos dice que Esteban, lleno del Espíritu Santo, había entendido todo: era testigo de la obediencia del Verbo hecho carne, y esto lo hace el Espíritu Santo. Estaba lleno. Un corazón cerrado, un corazón testarudo, un corazón pagano no deja entrar el Espíritu y se siente suficiente en sí mismo”.
Los dos discípulos de Emaús “somos nosotros”, dice el Papa, “con tantas dudas”, “tantos pecados”, que tantas veces “queremos alejarnos de la Cruz, de las pruebas” pero “hacemos espacio para escuchar a Jesús que nos templa el corazón”. Al otro grupo, a aquellos que están “encerrados en la rigidez de la ley”, que no quieren escuchar, Jesús – recuerda el Papa – ha hablado tanto, diciendo cosas “más feas” de aquellas dichas por Esteban. Y Francisco concluye haciendo referencia al episodio de la adultera que era una pecadora. “Cada uno de nosotros – subraya – entra en un diálogo entre Jesús y la víctima de los corazones de piedra: la adúltera”. A quienes querían lapidarla, Jesús responde solamente: “Mírense ustedes adentro”:
“Y hoy miramos esta ternura de Jesús: el testigo de la obediencia, el Gran Testigo, Jesús, que ha dado la vida, nos hace ver la ternura de Dios con respecto a nosotros, a nuestros pecados, a nuestras debilidades. Entremos en este diálogo y pidamos la gracia de que el Señor enternezca un poco el corazón de estos rígidos, de aquella gente que está encerrada siempre en la Ley y condena todo aquello que está fuera de la Ley. No saben que el Verbo vino en carne, que el Verbo es testigo de obediencia, no saben que la ternura de Dios es capaz de mover un corazón de piedra y poner en su lugar un corazón de carne”.
(MCM-RV)
(from Vatican Radio)

martes, 2 de mayo de 2017

Mons. Lucio Ruíz: “La ternura es el método fundamental de la comunicación del Papa Francisco”



El secretario de la Secretaria pro Communicatione de la Santa Sede, Monseñor Lucio Adrián Ruíz, abrió el 30 de abril en Madrid, la segunda jornada del iCongreso 2017 con una ponencia sobre el estilo comunicativo del Papa Francisco.
El congreso que se realizó este sábado 29 y el domingo 30 de abril fue enfocado en la estrategia y planificación en la evangelización digital y contó con doce talleres.
El secretario del dicasterio para la comunicación del Vaticano señaló que el método esencial de la comunicación del Pontífice es la ternura, e indicó que “el Papa da importancia al proceso profesional y organizativo de la comunicación”. Es necesario, según Ruiz, adaptar las estructuras al “medio cambiante y dinámico” para que la evangelización afronte adecuadamente los desafíos del mundo actual.
Mons. Lucio recordó que no se debe confundir la comunicación con las nuevas tecnologías. Se trata de comprender la mentalidad que está detrás de ella: “No es el móvil que está allí, en un lugar concreto, sino que su lógica está en la cabeza de las personas”. Ruiz apuntó que características principales del contexto actual son la difusión masiva de los smartphones, de las fotografías de alta definición que pueden ser compartidas en tiempo real y la conectividad siempre y en todo lugar.
Con referencia a lo que la Santa Sede hace al respecto, Mons. Lucio apuntó la unión, en 2015, de los nueve organismos comunicativos del Vaticano, que confluyeron en la actual Secretaria pro Communicatione (Secretaría para la Comunicación). Este órgano busca producir un nuevo sistema comunicativo a la vez que focalizar y comprender los distintos públicos a los que se dirige su mensaje.
El Magisterio de la Misericordia del Papa Francisco
Para Mons. Lucio Ruíz, el estilo comunicativo del Santo Padre equivale a su magisterio de misericordia, que se refleja en cinco puntos. En primer lugar, la “proximidad”: la comunicación del Papa procura ser cercana, obedeciendo a la lógica de la Encarnación; Dios se hizo hombre para estar con ellos y salvarlos. También el estilo del Pontífice se caracteriza por el “encuentro”, dispuesto a dialogar con los hombres y mujeres de hoy, con sus problemas y necesidades. En tercer lugar, la comunicación del sucesor de Pedro está guiada por la “gratuidad”: ofrecer al otro el mensaje, sin pensar en si lo merece o lo pide. Esto se refleja en un cuarto punto, la comunicación de la “misericordia”, que Mons. Lucio quizo centrarlo en el ofrecimiento del perdón y la sanación de las relaciones con los demás. Por último, el estilo comunicativo del actual pontífice se caracteriza por la “esperanza”: Francisco quiere que la Iglesia no se sume a la tendencia de solo publicar malas noticias; debe buscar señalar el bien y las soluciones a los problemas.
Todo esto obedece al método fundamental de la comunicación de Francisco, que según Mons. Ruiz, es la ternura. Esta se ve reflejada en el lenguaje de los gestos: los propios valores se reflejan más y mejor con el lenguaje corporal. El secretario del dicasterio para comunicación advirtió, no obstante, que evangelizar en las redes no se trata de compartir fotos bonitas de los gestos del Papa con un mensaje; sino de vivir cada uno esa ternura que él refleja. Para ello, es necesario una ascesis personal que conduzca a la coherencia entre la fe que se profesa y la conducta diaria; y, sobre todo, la influencia de Dios en cada uno, que se descubre en la oración.

2 de mayo: san Atanasio, obispo y doctor de la Iglesia


Este personaje inflexible, protagonista de más de medio siglo de la historia de la Iglesia, personifica la perseverancia en la lucha de la ortodoxia frente a la herejía de Arrio.
Desde la paz de Constantino hasta la aceptación de Teodosio como religión oficial pasaron muchas cosas. El primero se convirtió; con él se puso fin a la persecución sangrienta de los que profesaban la fe cristiana; pero el emperador continuó con adherencias paganas –siguió ostentando (es solo un detalle) el título de Pontifex Maximus– y pagana seguía siendo la corte, la sociedad y la cultura, las costumbres y las instituciones tradicionalmente orientadas al culto a los ídolos.
Hubo muchos que se acercaron al bautismo cristiano por cálculo y oportunismo sin hacerse una idea exacta de lo que debía suponer la nueva fe para el cambio de sus vidas. Como, de hecho, seguir a Cristo y ser en serio de los suyos supone posponer todo, llegaron los conflictos al pretender ser cristianos manteniendo una vida al estilo pagano, amándose a sí mismos; comenzó a colarse un cristianismo rebajado, condescendiente, contemporizador. Por otra parte, los emperadores bizantinos quieren manejar la Iglesia, empleándola como fuerza para sus planes políticos, apoyados por cortesanos que quieren medrar. Además, está el acreditado saber de la prestigiosa cultura griega al que todos quieren rendir culto y no todos entienden. Se producen tensiones entre Occidente y Oriente. Y para colmo de males, Arrio ha rebajado al Verbo a nivel de criatura. En ese entorno es donde se sitúa Atanasio con su realismo evangélico. Ahora se verá por qué la Historia le ha aplicado el calificativo de «Grande».
Nació en Alejandría (Egipto) al final del siglo III. Lo hizo clérigo Alejandro –el arzobispo de Alejandría que luego será santo–, lo formó en la sana doctrina, le ordenó lector de su catedral, después será diácono y secretario suyo.
Ya en el año 320, un concilio provincial en Alejandría con los obispos de Egipto y Libia condenó a Arrio por sus extrañas doctrinas divulgadas entre teólogos y con aire de maestro. Era un párroco experto en Sagrada Escritura, de unos sesenta años, majestuoso, alto y fuerte, lleno de ambición por anhelar sentarse en la sede de Alejandría.
¿Qué enseñaba? Casi nada: Que el Verbo encarnado no es igual al Padre; que solo es la primera y más maravillosa criatura; que está entre Dios Creador y la creación manchada; que es hijo adoptivo de Dios y no de su misma naturaleza, aunque creador del mundo. De este modo destruía la doctrina revelada sobre la Trinidad, aniquilaba la cristología, anulaba la Encarnación y no había Redención, que se efectuaba solo –decía Arrio– por la doctrina y el ejemplo de Cristo. Aquella doctrina era imposible de conciliar con la verdadera fe. El filo peligroso era que solo los intelectuales podían comprender su maldad por los conceptos y terminología empleada; pero los errores que contenía no podían soportarse desde la Revelación. Tuvo que intervenir la Iglesia en defensa de la fe cristiana.
Arrio llegó a granjearse la amistad de muchos obispos con su inmensa actividad política y literaria, principalmente de Eusebio de Nicomedia, creando una situación desequilibrante, con dificultades graves, en aquella zona del Imperio, y haciendo que tanto el papa Silvestre, como el emperador Constantino se viesen forzados a tomar parte. Enviaron al prestigioso obispo de Córdoba, Osio, y convocaron el concilio de Nicea (325) para explicitar la fe en Cristo. Atanasio dio la medida de su fe, de sus conocimientos teológicos y filosóficos, con sagacidad y dialéctica. Esta parte terminó con el destierro de Arrio, después de proclamar la fe en la divinidad de Cristo, consubstancial al Padre.
Pero, cuando lo nombraron metropolitano de Alejandría a la muerte de Alejandro, se pusieron de pie todas las intrigas de los arrianos –Eusebio de Nicomedia, los melecianos, Gregorio, Jorge de Capadocia– y los intereses de los emperadores –Constantino, Constantino el Joven, Constante, Juliano el Apóstata y Valente– que buscaban el apoyo del arrianismo, siempre más flexible con el poder temporal. Atanasio fue desterrado por cinco veces; de cuarenta y cinco años de obispo, pasó diecisiete de destierro: dos en Tréveris, siete en Roma y el resto en las cuevas del desierto egipcio. Fue, sin fisuras, el bastión de la fe de la Iglesia en Cristo, mientras que el arrianismo tomaba carta de ciudadanía en todo el Imperio, que estuvo en esta clarificación de la cristología balanceándose entre los sínodos de Alejandría, Nicea, Sárdica, y los contrasínodos de Tiro, Antioquía, Filiópolis, Arlés, Aquileya y Milán.
Sus obras teológicas, la exégesis bíblica, los escritos de espiritualidad y las cartas proporcionan un material considerable. En algunas de ellas se muestra duro, poco compasivo, desconsiderado y hasta hiriente con sus adversarios; pero tampoco ellos fueron con él excesivamente delicados cuando le acusaron ante el emperador de haber asesinado al obispo Arsenio, después de haberle cortado una mano, intentando desviar los bienes materiales que habían de engrosar las arcas imperiales en provecho propio –menos mal que Arsenio salió de su retiro monástico en el desierto y pudo desmentirse toda la calumniosa trama–, ni cuando pagaron dinero a una prostituta para que declarase que Atanasio había intentado violarla.
La apasionada exclamación del cardenal Newman sobre este pastor docto y santo –quizás después de haber rezado muchas veces el Símbolo Atanasiano– es clara: «Este hombre extraordinario es, después de los Apóstoles, el instrumento principal del que Dios se sirve para dar a conocer la Verdad al mundo».
Y es que la fe no es moneda de cambio; hay obligación de defenderla aunque cueste la vida; el cristiano sabe que es preciso resistir con firmeza inquebrantable ante las amenazas, coacciones, los halagos y destierros.
Archimadrid.org

Congo: nuestra confianza está en la cruz



La República Democrática del Congo es el segundo país más grande de África, está rodeada de nueve países, consta de 26 provincias y tiene unos 79 millones de habitantes.
Desde septiembre de 2016 el país vive una situación muy delicada, que se agravó en diciembre por la negativa del presidente Joseph Kabila a dejar el poder, como indica la Constitución. Durante tres meses, la Conferencia Episcopal Nacional del Congo (CENCO) ha mediado en el conflicto con el fin de llegar a una solución pacífica y de organizar unas elecciones creíbles, pospuestas a diciembre de 2017. Dichas negociaciones giran en torno al Acuerdo de San Silvestre (31 de diciembre).
Pero el 28 de marzo la CENCO se retiró como mediadora, puesto que no hay resultados y lo que se estaba viendo es que el proceso se alargaba inútilmente sin llegar a formar un Gobierno de transición ni a nombrar un responsable del Comité Nacional de Seguimiento del Acuerdo (CNSA). Esto provocó, el pasado 5 de abril, la comparecencia de Joseph Kabila en el Congreso.
Dos días después se nombró primer ministro a Bruno Tshibala, que había sido expulsado del principal partido opositor (UDPS) en el mes de febrero y que en diciembre estuvo un mes en prisión. Del 10 al 24 de abril la oposición convocó manifestaciones pacíficas de protesta pero, de momento, no se han podido realizar ya que, el día que empezaban, el Gobierno desplegó un importantísimo dispositivo militar y policial con fuertes y claras amenazas y la prohibición de manifestarse. Aun así, hubo más de 80 arrestos en distintas ciudades del país. Ya se habla de la posibilidad de un Tercer Diálogo bajo los auspicios de la Unión Africana y, en el aire, el temor a que el censo electoral –que ya ha empezado–, no sirva para organizar las elecciones, sino para organizar un referéndum destinado a perpetuar al presidente en el poder.
Por otra parte, el país tiene dos focos de conflicto muy difíciles. La zona del este, por el comercio de minerales y los intereses económicos y estratégicos de los países vecinos (que además son aliados de los EE. UU. en el control de esa zona del continente), y la provincia del Kasai Central, con el conflicto de las milicias de Kamwina Nsapu que, desde que empezó, se ha cobrado miles de muertos y desplazados de guerra, al menos 23 fosas comunes y el asesinato de dos expertos de la ONU el pasado mes de marzo. Y en todo el país hay una crisis tremenda, no solo de falta de comida –y el hambre es desgarradora–, sino de educación, sanidad, carreteras, servicios…
Como dijo el Papa el Viernes Santo, nuestra confianza está en la cruz, con la esperanza de que ella transforme nuestros corazones endurecidos en corazones de carne capaces de soñar, de perdonar y de amar, y transforme esta noche tenebrosa de la cruz en el alba fulgurante de la Resurrección.
Victoria Braquehais
Religiosa de la Pureza de María. Misionera en la República Democrática del Congo

Porque necesitamos reconciliarnos



La edición número 22 de Las Edades del Hombre reúne durante el año 2017, distribuidas en tres templos de la segoviana Cuéllar, cerca de un centenar de obras de arte sacro propiedad de diócesis, museos y particulares bajo el título Reconciliare. Entre los autores representados se encuentran a Juan de Juni, El Greco, Gil de Siloé o Pedro y Alonso Berruguete
Durante la restauración de las tres yeserías mudéjares que adornan las tumbas del presbiterio de la iglesia de San Esteban, en Cuéllar, se descubrieron cinco bulas en el enterramiento de Isabel de Zuazo. «Alguna pertenece a las Cruzadas y hay otra que es de la rendición de Granada. Las compró esta mujer para llegar al cielo cuanto antes sin pasar por el purgatorio», afirma el comisario de la exposición y delegado diocesano de Patrimonio de Segovia, Miguel Ángel Barbado. Este gesto de piedad de la dama inspiró a los sacerdotes y autoridades de Cuéllar a proponer el tema de la reconciliación como hilo conductor de la 22 edición de Las Edades del Hombre, que durante todo el 2017 podrá verse en tres templos diferentes de la localidad segoviana.
La muestra, que ofrece un recorrido por cuatro capítulos que se corresponden con la historia de reconciliación entre Dios y el hombre, tiene como objetivo «destacar la urgente necesidad de perdón en una época lacerada por divisiones, guerras, odios fraticidas y la terrible lacra del terrorismo», apuntó el obispo de Segovia, monseñor César Franco, durante la inauguración que tuvo el 24 de abril y a la que acudió la reina Sofía.
A través de 96 piezas clásicas –fundamentalmente barrocas– y contemporáneas –hay incluso una fotografía del Papa Francisco en oración en Auschwitz– Reconciliare muestra una doble realidad: «La mirada positiva, es decir, que la misericordia de Dios es más grande que el pecado, y la realista, que no podemos ocultar el mal, la división y el odio existentes», afirma el comisario. Destaca el tríptico del Descendimiento, del pintor flamenco Ambrosius Benson (siglo XVI), que preside el templo de San Martín, pieza trasladada desde la capilla de la Piedad de la catedral segoviana. O La oración en el huerto de El Greco, cuadro traído desde el museo diocesano de Cuenca. «Yo también destacaría la Expulsión del Paraíso, un grafito contemporáneo sobre papel de Joaquín Risueño, que pintó tras un comentario de su mujer, que finalmente falleció de cáncer. Un día fueron a pasear y ella le reconoció que se sentía “expulsada del Paraíso”», añade Barbado. Toda la información de la exposición, que incluso tiene una app para el móvil, en reconciliare.es.
Cristina Sánchez Aguilar
@csanchezaguilar

No fue Moisés, sino que es mi Padre el que da el verdadero pan del cielo


Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 30-35

En aquel tiempo, en gentío dijo a Jesús:
- «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Pan del cielo les dio a comer"».
Jesús les replicó:
- «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».
Entonces le dijeron:
- «Señor, danos siempre de este pan».
Jesús les contestó:
- «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cr
ee en mí nunca tendrá sed».
Palabra del Señor.

lunes, 1 de mayo de 2017

Venezuela: llamada del Papa Francisco a negociar una solución




 Al término de una audiencia con unos 70.000 miembros de la Acción Católica italiana que festejan sus 150 años al lado de él, en la plaza de San Pedro, este domingo 30 de abril de 2017, el Papa Francisco ha dirigido diferentes mensajes, antes de la oración mariana y pascual del Regina Caeli.
Su primer mensaje ha sido para el Venezuela : “No cesan de llegar nuevas noticias dramáticas en relación a la situación del Venezuela y de los grandes enfrentamientos, con un gran número de  muertos, heridos y de prisioneros”: “Me uno al dolor de las familias de las víctimas, por las cuales aseguro mi oración, dirijo una sincera llamada al Gobierno y a toda la sociedad venezolana, para que se evite toda clase de violencia, que los derechos humanos sean respetados, y que se busquen soluciones negociadas a la grave crisis humanitaria, social, política y económica que está agotando al pueblo.”
El Papa ha invitado a los católicos a orar por esta intención, añadiendo también un pensamiento por la situación en la República de Macedonia: “Confiamos a la Santa Virgen María la intención de la paz, de la reconciliación y de la democracia en este querido país. Y oremos por todos los países que atraviesan grandes dificultades, pienso en particular estos días en la República de Macedonia.”
El papa Francisco ya había evocado la situación en Venezuela en la conferencia de prensa en el avión que le había llevado, el sábado 29 de abril de El Cairo a Roma.
Taducción de Raquel Anillo

El Papa a los católicos de Egipto: «En medio de tantos profetas de destrucción, sed una fuerza positiva»



Francisco les invita a superar el negativismo general y ser «sembradores de esperanza»
El último encuentro del Papa en Egipto tuvo un carácter familiar e íntimo aunque participaban millar y medio de personas. Francisco se reunió con unos quinientos sacerdotes, setecientas religiosas y un centenar de religiosos en el campo de futbol del seminario de Al-Maadi, donde los más orgullosos eran, lógicamente, los 30 seminaristas.
Francisco comenzó su discurso revelándoles una prioridad de su corazón: «daros las gracias por vuestro testimonio y por todo el bien que hacéis cada día trabajando en medio de numerosos retos y, a menudo, con pocos consuelos».
Es lo habitual en países con problemas y donde los católicos son una minoría pero, en realidad, comparada con otros países de Oriente Medio, la situación de Egipto no es tan mala. Quizá la característica específica es un cierto clima de pesimismo.
El Papa es consciente de las dificultades reales y también de las psicológicas, por eso mencionaba ambas en el pasaje central de su discurso a los católicos egipcios, una pequeña comunidad de 270.000 personas, prácticamente invisible al lado de los diez millones de coptos, a su vez minoría junto a 90 millones de musulmanes.
En tono realista pero a la vez vigoroso, Francisco les ha dicho que «en medio de tantos motivos para desanimarse, de tantos profetas de destrucción y de condena, de tantas voces negativas y desesperadas, sed una fuerza positiva; sed la luz y la sal de esta sociedad».
Es una tarea difícil, pero es la vocación marcada por Jesús en el Evangelio, que el propio san Marcos trajo a las tierras de Alejandría, la gran capital cultural del mundo en aquellos momentos.
Animándoles a no dejarse oprimir bajo el peso de una grandeza pasada que testimonian las pirámides, el Papa les ha insistido en que los católicos deben ser en este país «la locomotora que empuja el tren hacia adelante, llevándolo hacia la meta. Sed sembradores de esperanza, constructores de puentes y artífices de diálogo y de concordia».
En un plano más práctico, y hablando a personas dedicadas enteramente a Dios, Francisco les ha enumerado siete tentaciones «que las personas consagradas encuentran cada día en su camino».
En primer lugar y con toda claridad les ha dicho que una persona dedicada a evangelizar «no puede dejarse arrastrar por la desilusión y el pesimismo». Y debe ser generosa, debe «saber ser padre cuando los hijos la tratan con gratitud pero, sobre todo, cuando no son agradecidos».
«La tentación del “faraonismo”»
Les ha alertado, en segundo lugar contra «la tentación de quejarse continuamente», típica de ambientes clericales, lo mismo que las tentaciones de «la murmuración y la envidia».
Con un juego de palabras les ha puesto en guardia frente a «la tentación del ‘faraonismo’, es decir, de endurecer el corazón y cerrarlo al Señor», como el faraón del tiempo de Moisés, que no dejaba marchase a sus esclavos judíos.
La palabra «copto» significa «egipcio», y un buen resumen de su vocación especifica es, según Francisco, «ser coptos -es decir, arraigados en vuestras nobles y antiguas raíces- y ser católicos –es decir, parte de la Iglesia una y universal-, como un árbol que cuanto más enraizado está en la tierra, más alto crece hacia el cielo».
Era un texto para meditar durante las próximas décadas, tanto en su enseñanza como en el espaldarazo final del Papa: «Os tendré presentes en mi corazón y en mis oraciones. ¡Ánimo y adelante! ‘Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría’. Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí».

Juan Vicente Boo. El Cairo (ABC)

1 de mayo: san José Obrero


Se cristianizó una fiesta que había sido hasta el momento la ocasión anual del trabajador para manifestar sus reivindicaciones, su descontento y hasta sus anhelos. Fácilmente se observaba en las grandes ciudades un paro general y con no menos frecuencia se podían observar las consecuencias sociales que llevan consigo la envidia, el odio y las bajas pasiones repetidamente soliviantadas por los agitadores de turno. En nuestro Occidente se aprovechaba también ese momento para lanzar reiteradas calumnias contra la Iglesia, que era frecuentemente presentada como fuerza aliada con el capitalismo y, en consecuencia, como enemiga de los trabajadores.
Fue después de la época de la industrialización cuando tomó cuerpo la fiesta del trabajo. Las grandes masas obreras han salido perjudicadas con el cambio y aparecen extensas masas de proletarios. También hay otros elementos que ayudan a echar leña al fuego del odio: la propaganda socialista-comunista de la lucha de clases.
Era entonces una fiesta basada en el odio de clases con el ingrediente del odio a la religión. Calumnia dicha por los que, en su injusticia, quizá tengan vergüenza de que en otro tiempo fuera la Iglesia la que se ocupó de prestar asistencia a sus antepasados en la cama del hospital en que murieron; o quizá lanzaron esas afirmaciones aquellos que, un tanto frágiles de memoria, olvidaron que los cuidados de la enseñanza primera los recibieron de unas monjas que no les cobraban a sus padres ni la comida que recibían por caridad; o posiblemente repetían lo que oían a otros sin enterarse de que son la Iglesia aquellas y aquellos que, sin esperar ningún tipo de aplauso humano, queman sus vidas ayudando en todos los campos que pueden a los que aún son más desafortunados en el ancho mundo, como Calcuta, territorios africanos pandemiados de sida, o tierras americanas plenas de abandono y de miseria; allí estuvieron y están, dando del amor que disfrutan, ayudando con lo que tienen y con lo que otros les dan, consolando lo que pueden y siendo testigos del que enseñó que el amor al hombre era la única regla a observar. Y son bien conscientes de que han sido siempre y son hoy los débiles los que están en el punto próximo de mira de la Iglesia. Quizá sean inconscientes, pero el resultado obvio es que su mala propaganda daña a quien hace el bien, aunque con defectos, y, desde luego, deseando mejorar.
El día 1 de mayo del año 1955, el Papa Pío XII, instituyó la fiesta de San José Obrero. Una fiesta bien distinta que ha de celebrarse desde el punto de partida del amor a Dios y de ahí pasar a la vigilancia por la responsabilidad de todos y de cada uno al amplísimo y complejo mundo de la relación con el prójimo basada en el amor: desde el trabajador al empresario y del trabajo al capital, pasando por poner de relieve y bien manifiesta la dignidad del trabajo –don de Dios– y del trabajador –imagen de Dios–, los derechos a una vivienda digna, a formar familia, al salario justo para alimentarla y a la asistencia social para atenderla, al ocio y a practicar la religión que su conciencia le dicte; además, se recuerda la responsabilidad de los sindicatos para el logro de mejoras sociales de los distintos grupos, habida cuenta de las exigencias del bien de toda la colectividad y se aviva también la responsabilidad política del gobernante. Todo esto incluye ¡y mucho más! la doctrina social de la Iglesia porque se toca al hombre al que ella debe anunciar el Evangelio y llevarle la Salvación; así mantuvo siempre su voz la Iglesia, y quien tenga voluntad y ojos limpios lo puede leer sin tapujos ni retoques en Rerum novarum, Mater et magistra, Populorum progressio, Laborem exercens, Solicitudo rei socialis, entre otros documentos. Dar doctrina, enseñar dónde está la justicia y señalar los límites de la moral; recordar la prioridad del hombre sobre el trabajo, el derecho a un puesto en el tajo común, animar a la revisión de comportamientos abusivos y atentatorios contra la dignidad humana… es su cometido para bien de toda la humanidad; y son principios aplicables al campo y a la industria, al comercio y a la universidad, a la labor manual y a la alta investigación científica, es decir, a todo el variadísimo campo donde se desarrolle la actividad humana.
Nada más natural que fuera el titular de la nueva fiesta cristiana José, esposo de María y padre en funciones de Jesús, el trabajador que no lo tuvo nada fácil a pesar de la nobilísima misión recibida de Dios para la salvación definitiva y completa de todo hombre; es uno más del pueblo, el trabajador nato que entendió de carencias, supo de estrecheces en su familia y las llevó con dignidad, sufrió emigración forzada, conoció el cansancio del cuerpo por su esfuerzo, sacó adelante su responsabilidad familiar; es decir, vivió como vive cualquier trabajador y, probablemente, tuvo dificultades laborales mayores que muchos de ellos; se le conoce en su tiempo como José «el artesano» y a Jesús se le da el nombre descriptivo de «el hijo del artesano». Y, por si fuera poco, los designios de Dios cubrían todo su compromiso.
Fiesta sugiere honra a Dios, descanso y regocijo. Pues, ¡ánimo! Honremos a Dios santificando el trabajo diario con el que nos ganamos el pan, descansemos hoy de la labor y disfrutemos la alegría que conlleva compartir lo nuestro con los demás.
Archimadrid.org