jueves, 23 de marzo de 2017

Papa: Endureciendo el corazón nos volvemos “católicos ateos”

Escuchar la Palabra de Dios para evitar el riesgo de que el corazón se endurezca. Lo pidió el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Francisco subrayó que cuando nos alejamos de Dios nos volvemos sordos a su Palabra y llegamos a ser católicos infieles e incluso “católicos ateos”.
El Papa Bergoglio se inspiró en la Primera Lectura – un pasaje tomado del Libro del Profeta Jeremías – para desarrollar una meditación acerca de la escucha de la Palabra de Dios. “Cuando nosotros no nos detenemos a escuchar la voz del Señor  – subrayó el Pontífice – terminamos por alejarnos, nos alejamos de Él, le damos la espala. Y si no se escucha la voz del Señor, se escuchan otras voces”.
Si no escuchamos la Palabra de Dios, al final escuchamos a los ídolos del mundo
Al  final – constató con aflicción el Santo Padre – a fuerza de cerrar los oídos, “nos volvemos sordos: sordos a la Palabra de Dios”.
“Y todos nosotros, si hoy nos detenemos un poco y miramos nuestro corazón, veremos cuántas veces  – ¡cuántas veces! – hemos cerrado los oídos y cuántas veces nos hemos vuelto sordos. Y cuando un pueblo, una comunidad, digamos también una comunidad cristiana, una parroquia, una diócesis, cierra los oídos y se vuelve sorda a la Palabra del Señor, busca otras voces, otros señores, y termina con los ídolos, los ídolos que el mundo, la mundanidad, la sociedad, le ofrecen. Se aleja de Dios vivo”.
Si el corazón se endurece, nos convertimos en “católicos paganos” e incluso en “católicos ateos”
Cuando nos alejamos del Señor – prosiguió diciendo el Obispo de Roma – nuestro corazón se endurece. Cuando “no se escucha – reafirmó – el corazón se vuelve más duro, más cerrado en sí mismo, pero duro e incapaz de recibir algo; no sólo cerrazón, sino dureza de corazón”. Vive entonces “en aquel mundo, en aquel clima que no le hace bien. Lo aleja cada día más de Dios”:
“Y estas dos cosas – no escuchar la Palabra de Dios y el corazón endurecido, cerrado en sí mismo – hacen que se pierda la fidelidad. Se pierde el sentido de la fidelidad. Dice la Primera Lectura, el Señor, allí: ‘La fidelidad ha desaparecido’, y nos convertimos en católicos infieles, católicos paganos o, peor aún, en católicos ateos, porque no tenemos una referencia de amor a Dios vivo. No escuchar y dar la espalda – lo que hace que se nos endurezca el corazón – nos lleva por el camino de la infidelidad”.
“Esta infidelidad, ¿cómo se colma?”, se preguntó el Papa. “Se colma con la confusión – dijo – no se sabe dónde está Dios, dónde no está, se confunde a Dios con el diablo”. Aludiendo al Evangelio del día, Francisco puso de manifiesto que “a Jesús, que hace milagros, que hace tantas cosas para la salvación y la gente está contenta, feliz, y le dice: ‘Y esto lo hace porque es un hijo del diablo. Tiene el poder de Belcebú’”.
Preguntémonos si verdaderamente escuchamos la Palabra de Dios o si endurecemos el corazón
“Ésta – dijo el Sucesor de Pedro – es la blasfemia. La blasfemia es la palabra final de este itinerario que comienza con el no escuchar, lo que endurece el corazón”, lo que “lleva a la confusión, te hace olvidar la fidelidad y, al final, dices blasfemias”. Pobre aquel pueblo – añadió el Papa – que se olvida del estupor del primer encuentro con Jesús:
“Cada uno de nosotros hoy puede preguntarse: ‘¿Me detengo a escuchar la Palabra de Dios? ¿Tomo la Biblia en la mano,  que me está hablando a mí? ¿Mi corazón se ha endurecido? ¿Me he alejado del Señor? ¿He perdido la fidelidad al Señor y vivo con los ídolos que me ofrece la mundanidad de cada día? ¿He perdido la alegría del estupor del primer encuentro con Jesús?’. Hoy es una jornada para escuchar. ‘Escuchar, hoy, la voz del Señor, hemos orado. ‘No endurezcan su corazón’. Pidamos esta gracia: la gracia de escuchar para que nuestro corazón no se endurezca”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

La parroquia «sin vergüenza» que armó lío



Del 5 al 19 de marzo, la localidad toledana de Yepes celebró la Misión Diocesana para dar a conocer el amor de Dios
«No me busques en Facebook. Ven y verás». Así le decía una madre a su hijo cuando este le preguntaba por la Misión Diocesana de Yepes. En esta localidad toledana ha pasado algo, un no sé qué que sintieron los yeperos pero que les llenó de felicidad. Así lo recordaba el pasado 10 de marzo el párroco de Yepes, Emilio Palomo, en la celebración de la Misa con la participación de todas las asambleas, familiares, cofrades, adolescentes y jóvenes que se han reunido en la primera semana de la misión.
Del 5 al 19 de marzo en este municipio toledano de unos 5.000 habitantes se ha armado lío, un lío como es la misión que está permitiendo experimentar el amor de Dios, dándolo a los demás; un lío que se nota en los rostros de los yeperos, de emoción, de felicidad, de esperanza; rostros de haber sentido y vivido el amor de Dios. Emoción y entusiasmo se refleja en cada yepero que está viviendo la Misión.
Este lío ha hecho que 80 casas –divididas en 16 sectores– hayan abierto sus puertas a sus vecinos para acoger las asambleas familiares, y en las que los yeperos se han reconocido no solo como vecinos o amigos sino como hijos de Dios, miembros de la Iglesia. En estas asambleas se reunían los vecinos en torno a la Cruz, realizando y meditando catequesis que meses previos se han preparado en la parroquia. Asambleas que, según cuentan los vecinos, por la experiencia de las tres misiones anteriores (1953, 1975 y 1992) permitirán «sentirnos más cerca de Dios y de los hermanos, afianzando el sentimiento de pertenencia a Cristo». Asimismo, en la primera semana han tenido lugar asambleas para jóvenes, adolescentes y cofrades.
El párroco indicaba a todos los participantes en las asambleas a que «se nos suelte la lengua para anunciar a Cristo», porque «en Yepes no nos tiene que dar vergüenza decir que somos cristianos, que somos miembros de la Iglesia. Cuéntalo. Pídeselo a Dios».
En la Misión Diocesana de Yepes, que ha contado también la participación de todas las delegaciones de la Archidiócesis de Toledo, y sus dos obispos, monseñor Braulio Rodríguez, y monseñor Ángel Fernández, se han programado un amplio abanico de actividades evangelizadoras para todas las edades y todos los días que dura este lío. Asimismo, en la parroquia de San Benito Abad, una gran cruz de madera permite abrazar la Cruz; «no tocarla», como diría su párroco, Emilio Palomo, «sino abrazar la Cruz, con el Señor», sintiendo que somos pecadores, pero que tenemos un Padre que nos ama y nos perdona.
Mónica Moreno
Yepes (Toledo)
Alfa y Omega

Una tragedia más que debía haberse evitado


Al recordar a las más de 40 niñas fallecidas en el incendio de un centro de menores en Guatemala, el Papa incluyó una demoledora frase que cobra todo su sentido a la luz de los hechos que se relatan hoy en este semanario: «Pido que recen conmigo por todas las chicas y chicos víctimas de la violencia, maltrato, explotación y de las guerras», dijo Francisco tras el rezo del ángelus. Las autopsias han revelado que varias chicas estaban embarazadas, y que murieron ante una más que extraña pasividad de la Policía mientras se propagaba el fuego. La investigación oficial deberá ofrecer más luz sobre este suceso, que pone al descubierto una situación que por desgracia no es excepcional en los centros de menores y cárceles de América Latina. En lugar de servir a la rehabilitación social, estos lugares a menudo son reinos de taifas de maras y grupos mafiosos, en los que sistemáticamente se vulneran los derechos humanos elementales de los presos. Se trata de personas bajo la tutela de la Administración, y por tanto los estados son cómplices de lo que pase en el interior de estos recintos. Al denunciar con valentía estos hechos, la Iglesia en Guatemala ha prestado un gran servicio al país y a la justicia.
Alfa y Omega

Papa Francisco descansará en una cárcel durante su visita a Milán


Durante la visita que el Papa Francisco hará el sábado 25 de marzo a Milán, mantendrá un encuentro con presos de la cárcel de San Vittore e incluso descansará 30 minutos en el mismo centro penitenciario antes de celebrar la Misa en el Parque Monza.
Es habitual que el Pontífice se reúna con detenidos durante sus visitas apostólicas. En Milán hará lo propio con los de San Vittore, con quienes conversará en privado y almorzará después.
A continuación, descansará unos 30 minutos en una habitación habilitada para uso del capellán. Es la primera vez en la historia que un Pontífice descansará, aunque sea por un breve periodo de tiempo, dentro de una cárcel.
El pasado 6 de noviembre, Francisco celebró el Jubileo de los Encarcelados con una Misa en la Basílica de San Pedro. En ella pronunció una homilía en la que habló de la esperanza y señaló que “donde hay una persona que se ha equivocado, allí se hace presente con más fuerza la Misericordia del Padre, para suscitar arrepentimiento, perdón, reconciliación”. Francisco recordó entonces que “ciertamente, la falta de respeto por la ley conlleva la condena, y la privación de libertad es la forma más dura de descontar una pena, porque toca la persona en su núcleo más íntimo. Y todavía así, la esperanza no puede perderse”.
«Una cosa es lo que merecemos por el mal que hicimos, y otra cosa distinta es el ‘respiro’ de la esperanza, que no puede sofocarlo nada ni nadie», dijo el Pontífice.
ACI

El Santo Padre invita a Jornada '24 horas por el Señor' para experimentar la misericordia


Durante la Audiencia General del miércoles, el Papa Francisco invitó a participar en la jornada ‘24 horas por el Señor’ para «redescubrir» la confesión.
Después de los saludos en diversos idiomas, el Pontífice dijo: «invito a todas las comunidades a vivir con fe la cita del 23 y 24 de marzo, para redescubrir el sacramento de la reconciliación: ‘24 horas para el Señor’».
«Anhelo, que también este año, este momento privilegiado de gracia del camino cuaresmal se viva en tantas iglesias del mundo para experimentar el encuentro alegre con la misericordia del Padre, que a todos acoge y perdona».
Esta iniciativa está organizada por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización bajo el lema Quiero misericordia. Las parroquias de todo el mundo que se acojan a ella organizarán vigilias de oración, Adoración al Santísimo y todos los fieles que lo deseen podrán acudir al Sacramento de la Reconciliación.
ACI

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (11, 14- 23)




Reconocerse pecadores y ser capaces de pedir perdón es el primer paso para responder con claridad, sin entablar negociaciones, a la respuesta que Jesús nos dirige a cada uno de nosotros: «¿estás conmigo o contra mí?». 

El profeta Jeremías (7, 23-28) «nos recuerda el pacto de Dios con su pueblo: Escuchad mi voz y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y seguiréis todo camino que yo os mandaré, para que os vaya bien». Es «un pacto de fidelidad». 

En el libro de Jeremías se lee que pueblo no confió en el pacto: «Ellos no escucharon ni prestaron el oído a mi Palabra». La Escritura «nos cuenta muchas cosas que hizo Dios para atraer a los corazones del pueblo, de los suyos: “desde la fecha en que salieron vuestros padres del país de Egipto hasta el día de hoy, os envié a todos mis siervos, los profetas, cada día puntualmente. Pero no me escucharon ni aplicaron el oído, sino que hicieron peor que sus padres”». Y este pasaje de Jeremías acaba con una expresión fuerte: «Ha perecido la lealtad, ha desaparecido de su boca».

La «infidelidad del pueblo de Dios», así como nuestra infidelidad, «endurece el corazón: cierra el corazón»; y «no deja entrar la voz del Señor que, como padre amoroso, nos pide siempre que nos abramos a su misericordia y a su amor». En el salmo de hoy «hemos rezado todos juntos: ¡Oh si escucharais hoy su voz! ¡No endurezcáis vuestro corazón!». En verdad «el Señor siempre nos habla así» y «también con ternura de padre nos dice: regresad a mí con todo el corazón, porque soy piadoso y misericordioso».

Pero «cuando el corazón es duro esto no se entiende». En efecto, «la misericordia de Dios se entiende sólo si tú eres capaz de abrir tu corazón para que pueda entrar». 

Y «esto sigue, sigue: el corazón se endurece y vemos la misma historia» en el pasaje del evangelio de Lucas (11, 14-23) propuesto hoy por la Liturgia. «Estaba la gente que había estudiado las Escrituras, los doctores de la Ley que conocían la teología, pero eran muy cerrados. La multitud estaba admirada y seguía a Jesús. Alguno dirá: “Pero lo seguía para ser curado, lo seguía por este motivo”».

La realidad era que la gente «¡tenía fe en Jesús! Tenía el corazón abierto: imperfecto, pecador, pero el corazón abierto». En cambio, «estos teólogos tenían una actitud cerrada». Y «buscaban siempre una explicación para no comprender el mensaje de Jesús». Hasta el punto de que, como lo relata Lucas, dicen: «Este expulsa los demonios en nombre del jefe de los demonios». 

Y así buscaban siempre otros pretextos, continua el pasaje evangélico, «para ponerlo a prueba, le pedían una señal del cielo». El problema de fondo era su modo de estar «siempre cerrados». 

«Esta es la historia de esta fidelidad fallida, la historia de los corazones cerrados, de los corazones que no dejan entrar la misericordia de Dios, que han olvidado la palabra “perdón” —“¡Perdóname Señor!”— simplemente porque no se sienten pecadores: se sienten jueces de los demás». Y es «una larga historia de siglos».

Precisamente «esta fidelidad fallida Jesús la explica con dos palabras claras para acabar este discurso de estos hipócritas: “El que no está conmigo, está contra mí”». El lenguaje de Jesús es «claro: o eres fiel, con tu corazón abierto, al Dios que es fiel contigo o estás en contra de Él: “El que no está conmigo, está contra mí”, o eres fiel o estás en contra». 

Pero «existe una salida: ¡confiésate pecador!». Porque «si dices “yo soy pecador” el corazón se abre y entra la misericordia de Dios y comienzas a ser fiel».

Pidamos al Señor la gracia de la fidelidad. Con la consciencia de que «el primer paso para ir por este camino de la fidelidad es sentirse pecador». En efecto, «si tú no te sientes pecador, has comenzado mal». 

«Pidamos la gracia de que nuestro corazón no se endurezca, que esté abierto a la misericordia de Dios, y la gracia de la fidelidad». Y también, «cuando somos infieles, la gracia de pedir perdón».

(De la homilía del Papa en Santa Marta el 3-3-2016)

EVANGELIO DE HOY: EL QUE NO ESTÁ CONMIGO, ESTÁ CONTRA MÍ





Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,14-23):

En aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo.

Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron:

«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. El, conociendo sus pensamientos, les dijo:

«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y se cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra si mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. 

Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. 

Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín.

El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.»

Palabra del Señor

El Papa en la Catequesis: “Hoy el Señor nos pide ser sembradores de esperanza”

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Ya desde hace algunas semanas el Apóstol Pablo nos está ayudando a comprender mejor en que cosa consiste la esperanza cristiana. Y hemos dicho que no era un optimismo, no: era otra cosa. Y el Apóstol nos ayuda a entender que cosa es esto. Hoy lo hace uniéndola a dos actitudes aún más importantes para nuestra vida y nuestra experiencia de fe: la «perseverancia» y la «consolación» (vv. 4.5). En el pasaje de la Carta a los Romanos que hemos apenas escuchado son citados dos veces: la primera en relación a las Escrituras y luego a Dios mismo. ¿Cuál es su significado más profundo, más verdadero? Y ¿En qué modo iluminan la realidad de la esperanza? Estas dos actitudes: la perseverancia y la consolación.
La perseverancia podríamos definirla también como paciencia: es la capacidad de soportar, llevar sobre los hombros, “soportar”, de permanecer fieles, incluso cuando el peso parece hacerse demasiado grande, insostenible, y estamos tentados de juzgar negativamente y de abandonar todo y a todos. 
La consolación, en cambio, es la gracia de saber acoger y mostrar en toda situación, incluso en aquellas marcadas por la desilusión y el sufrimiento, la presencia y la acción compasiva de Dios. Ahora, San Pablo nos recuerda que la perseverancia y la consolación nos son transmitidas de modo particular por las Escrituras (v. 4), es decir, por la Biblia. De hecho, la Palabra de Dios, en primer lugar, nos lleva a dirigir la mirada a Jesús, a conocerlo mejor y a conformarnos a Él, a asemejarnos siempre más a Él. En segundo lugar, la Palabra nos revela que el Señor es de verdad «el Dios de la constancia y del consuelo» (v. 5), que permanece siempre fiel a su amor por nosotros, es decir, que es perseverante en el amor con nosotros, no se cansa de amarnos: ¡no! Es perseverante: ¡siempre nos ama! Y también se preocupa por nosotros, curando nuestras heridas con la caricia de su bondad y de su misericordia, es decir, nos consuela. Tampoco, se cansa de consolarnos.
En esta perspectiva, se comprende también la afirmación inicial del Apóstol: «Nosotros, los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no complacernos a nosotros mismos» (v. 1). Esta expresión «nosotros, los que somos fuertes» podría parecer arrogante, pero en la lógica del Evangelio sabemos que no es así, es más, es justamente lo contrario porque nuestra fuerza no viene de nosotros, sino del Señor. Quien experimenta en su propia vida el amor fiel de Dios y su consolación está en grado, es más, en el deber de estar cerca de los hermanos más débiles y hacerse cargo de sus fragilidades. Si nosotros estamos cerca al Señor, tendremos esta fortaleza para estar cerca a los más débiles, a los más necesitados y consolarlos y darles fuerza. Esto es lo que significa. Esto nosotros podemos hacerlo sin auto-complacencia, sino sintiéndose simplemente como un “canal” que transmite los dones del Señor; y así se convierte concretamente en un “sembrador” de esperanza. Es esto lo que el Señor nos pide a nosotros, con esa fortaleza y esa capacidad de consolar y ser sembradores de esperanza. Y hoy, se necesita sembrar esperanza, ¿eh? No es fácil.
El fruto de este estilo de vida no es una comunidad en la cual algunos son de “serie A”, es decir, los fuertes, y otros de “serie B”, es decir, los débiles. El fruto en cambio es, como dice Pablo, «tener los mismos sentimientos unos hacia otros, a ejemplo de Cristo Jesús» (v. 5). La Palabra de Dios alimenta una esperanza que se traduce concretamente en el compartir, en el servicio recíproco. Porque incluso quien es “fuerte” se encuentra antes o después con la experiencia de la fragilidad y de la necesidad de la consolación de los demás; y viceversa en la debilidad se puede siempre ofrecer una sonrisa o una mano al hermano en dificultad. Y así es una comunidad que «con un solo corazón y una sola voz, glorifica a Dios» (Cfr. v. 6). Pero todo esto es posible si se pone al centro a Cristo, su Palabra, porque Él es el “fuerte”, Él es quien nos da la fortaleza, quien nos da la paciencia, quien nos da la esperanza, quien nos da la consolación. Él es el “hermano fuerte” que cuida de cada uno de nosotros: todos de hecho tenemos necesidad de ser llevados en los hombros del Buen Pastor y de sentirnos acogidos en su mirada tierna y solícita.
Queridos amigos, jamás agradeceremos suficientemente a Dios por el don de su Palabra, que se hace presente en las Escrituras. Es ahí que el Padre de nuestro Señor Jesucristo se revela como «Dios de la perseverancia y de la consolación». Y es ahí que nos hacemos conscientes de como nuestra esperanza no se funda en nuestras capacidades y en nuestras fuerzas, sino en el fundamento de Dios y en la fidelidad de su amor, es decir, en la fuerza de Dios y en la consolación de Dios. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

miércoles, 22 de marzo de 2017

Mil millones de personas se enfrentan a la escasez de agua en las regiones más secas del planeta



 En el Día Mundial del AguaManos Unidas vuelve los ojos hacia los millones de personas que, en estos momentos, se enfrentan en el mundo a los graves efectos de la escasez de agua, derivada de la sequía recurrente que padecen en sus países, consecuencia del cambio climático y del mal uso de los recursos.
El pasado mes de enero, Jose Graziano da Silva, director general de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) lo advertía en el Foro Global para la Alimentación y la Agricultura: "El cambio climático está alterando los regímenes hidrológicos en todo el mundo. Se estima que cerca de mil millones de personas en las regiones más secas, con mayores índices de pobreza y hambre, van a enfrentarse a una creciente escasez de agua a corto plazo".
Mabel Ibáñez, coordinadora de proyectos de Manos Unidas en África, el continente más castigado por una sequía que dura ya demasiados años y que está provocando la que, según Naciones Unidas, podría ser la mayor crisis humanitaria desde que terminó la II Guerra Mundial en 1945, asegura que "es inadmisible que, en pleno siglo XXI, en algunas zonas del mundo la falta de agua siga siendo sinónimo de muerte".
Otra vez África
En África, donde la amenaza del hambre es una constante, la escasez de lluvias ha agravado la situación hasta el punto de hacer saltar todas las alarmas. En Sudán del Sur, el país más joven del mundo, sumido en un conflicto tribal que parece no tener fin, la falta de precipitaciones ha contribuido al descenso en la producción de alimentos, muy mermada ya a causa de la guerra. La situación ha llevado a Naciones Unidas a una declaración formal de hambruna en Unity, una zona situada en el centro-norte del país, aunque se prevé que el hambre se extienda a otras regiones e, incluso, a la capital. Esta es la primera vez en seis años que Naciones Unidas declara la hambruna; la última vez fue en el año 2011 en Somalia, donde murieron de hambre 260.000 personas.
"Desgraciadamente, estamos hablando de una crisis regional que afecta a varios países. En Africa Este se está sufriendo una sequía muy fuerte. En algunas zonas no ha llovido en 3 años, y, en otras, por el efecto de El Niño, el año pasado las lluvias fueron muy cortas y escasas", asegura la coordinadora de proyectos de Manos Unidas en el continente africano.
"Es terrible que la amenaza de muerte por inanición penda otra vez sobre las cabezas de cerca de 1,5 millones de niños en cuatro países", afirma.
Nigeria, Somalia, el noreste de Kenia y diversas regiones de Etiopía, son algunos de los territorios en los que la población corre mayor riesgo de padecer hambre. Los pequeños agricultores y ganaderos, el sector de población más afectado por la falta de de lluvia y la consecuente escasez de agua, dependen ya, en gran medida, de la ayuda externa para poder asegurarse la alimentación. "En algunas de estas zonas hace mucho tiempo, demasiado, que no llueve y, en otras, las precipitaciones han sido tan escasas que no ha sido posible cosechar lo suficiente para garantizar el sustento", dice Ibañez, quien señala que "aunque la situación es de emergencia extrema, el mundo parece estar mirando a otro lado".

Manos Unidas y el agua en África
Desde hace 58 años, Manos Unida dedica grandes esfuerzos a la puesta en marcha de programas específicos de abastecimiento de agua potable y de regadío a través de la construcción de presas y traídas de agua, la perforación de pozos o los programas de regadío, básicos para evitar emergencias como la actual.
Para ello, solo en África y en los últimos cuatro años, Manos Unidas ha aprobado más de 140 proyectos relacionados con el agua por un importe superior a 8 millones de euros. "El agua es un elemento fundamental para el ser humano. Y en África puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Por eso, está presente en gran parte de nuestros proyectos y en todos los sectores de actuación: agrícola, educativo, sanitario, de promoción social y de promoción de la mujer", afirma Mabel Ibáñez. Consulta aquí la lista de proyectos.
"Con su trabajo, Manos Unidas pone su granito de arena para paliar los efectos del cambio climático, pero nadie tiene capacidad para predecir y evitar sequías tan brutales como las de los últimos años", asegura la coordinadora de proyectos de Manos Unidas en África. "Lo que sí que podemos hacer es prevenir sus efectos y, sobre todo, trabajar para evitar que en el mundo la falta de agua sea sinónimo de muerte para muchos millones de personas a día de hoy".
Manos Unidas

El milagro que acontece cada día en las periferias


Llevo un par de semanas con el brazo y la mano derecha inmovilizada por un pequeño accidente. Es una situación nueva que me obliga a no valerme por mis manos, sino a ponerme en las manos de otros y otras.
Manos que me ayudan a levantarme y asearme, manos que me sostienen y ofrecen seguridad cuando cojo el autobús para ir al médico, manos que se ofrecen para escribir al ordenador mis palabras, manos de diferentes colores y texturas que cuidan y piden permiso para hacerlo.
Manos cobrizas como las de Farzana, que cuando me ayuda a vestirme me repite cariñosamente: «Tú ayudar a mí, yo ahora ayudar a ti», o manos negras, fuertes y grandes como las de Ammadou, al que tantas veces he acompañado al médico desde los grupos de Yo sí sanidad universal, y que ahora protege mi brazo inmóvil en el autobús para que nadie me lo roce mientras me acompaña al hospital.
«Hoy por ti, mañana por mí», me repite Sandra, una vecina ecuatoriana que también tuvo un pequeño accidente hace unos meses y las compañeras de la Red Interlavapiés le echamos unas manos con sus hijos.
Manos que cuidan, manos que se entrecruzan juntas en luchas comunes, compartiendo precariedades y sueños: la despenalización de la manta, la ratificación del convenio 189 de la OIT para trabajadoras domésticas, el pasaje seguro para los refugiados o los papeles por derecho.
Manos que nos recuerdan que el hoy por ti y mañana por mí, las relaciones de ida y vuelta, hacen posible la vida, la ternura y el cuidado, aún en las situaciones más hostiles. El hoy por ti y mañana por mí es el milagro que acontece cada día en las periferias.
Pepa Torres
Red interlavapiés
Alfa y Omega

Mensaje del Papa Francisco por la Jornada Mundial de la Juventud 2019


Hoy se ha dado a conocer el mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Juventud 2017, que se celebra este Domingo de Ramos y que lleva como título «El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí» (Lc 1,49).
A continuación el texto completo:
Queridos jóvenes:
Nos hemos puesto de nuevo en camino después de nuestro maravilloso encuentro en Cracovia, donde celebramos la XXXI Jornada Mundial de la Juventud y el Jubileo de los Jóvenes, en el contexto del Año Santo de la Misericordia.
Allí dejamos que san Juan Pablo II y santa Faustina Kowalska, apóstoles de la divina misericordia, nos guiaran para encontrar una respuesta concreta a los desafíos de nuestro tiempo.
Experimentamos con fuerza la fraternidad y la alegría, y dimos al mundo un signo de esperanza; las distintas banderas y lenguas no eran un motivo de enfrentamiento y división, sino una oportunidad para abrir las puertas de nuestro corazón, para construir puentes.
Al final de la JMJ de Cracovia indiqué la próxima meta de nuestra peregrinación que, con la ayuda de Dios, nos llevará a Panamá en 2019. Nos acompañará en este camino la Virgen María, a quien todas las generaciones llaman bienaventurada (cf. Lc 1,48).
La siguiente etapa de nuestro itinerario está conectada con la anterior, centrada en las bienaventuranzas, pero nos impulsa a seguir adelante. Lo que deseo es que vosotros, jóvenes, caminéis no sólo haciendo memoria del pasado, sino también con valentía en el presente y esperanza en el futuro.
Estas actitudes, siempre presentes en la joven Mujer de Nazaret, se encuentran reflejadas claramente en los temas elegidos para las tres próximas JMJ. Este año (2017) vamos a reflexionar sobre la fe de María cuando dijo en el Magnificat: «El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí» (Lc 1,49).
El tema del próximo año (2018), No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios (Lc 1,30), nos llevará a meditar sobre la caridad llena de determinación con que la Virgen María recibió el anuncio del ángel. La JMJ 2019 se inspirará en las palabras: «He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), que fue la respuesta llena de esperanza de María al ángel.
En octubre de 2018, la Iglesia celebrará el Sínodo de los Obispos sobre el tema: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Nos preguntaremos sobre cómo vivís vosotros, los jóvenes, la experiencia de fe en medio de los desafíos de nuestra época.
También vamos a abordar la cuestión de cómo se puede desarrollar un proyecto de vida discerniendo vuestra vocación, tomada en sentido amplio, es decir, al matrimonio, en el ámbito laical y profesional, o bien a la vida consagrada y al sacerdocio. Deseo que haya una gran sintonía entre el itinerario que llevará a la JMJ de Panamá y el camino sinodal.
Nuestra época no necesita de «jóvenes-sofá»
Según el Evangelio de Lucas, después de haber recibido el anuncio del ángel y haber respondido con su «sí» a la llamada para ser madre del Salvador, María se levanta y va de prisa a visitar a su prima Isabel, que está en el sexto mes de embarazo (cf. 1,36.39).
María es muy joven; lo que se le ha anunciado es un don inmenso, pero comporta también un desafío muy grande; el Señor le ha asegurado su presencia y su ayuda, pero todavía hay muchas cosas que aún no están claras en su mente y en su corazón. Y sin embargo María no se encierra en casa, no se deja paralizar por el miedo o el orgullo.
María no es la clase de personas que para estar bien necesita un buen sofá donde sentirse cómoda y segura. No es una joven-sofá (cf. Discurso en la Vigilia, Cracovia, 30 de julio de 2016). Si su prima anciana necesita una mano, ella no se demora y se pone inmediatamente en camino.
El trayecto para llegar a la casa de Isabel es largo: unos 150 km. Pero la joven de Nazaret, impulsada por el Espíritu Santo, no se detiene ante los obstáculos. Sin duda, las jornadas de viaje le ayudaron a meditar sobre el maravilloso acontecimiento en el que estaba participando.
Lo mismo nos sucede a nosotros cuando empezamos nuestra peregrinación: a lo largo del camino vuelven a la mente los hechos de la vida, y podemos penetrar en su significado y profundizar nuestra vocación, que se revela en el encuentro con Dios y en el servicio a los demás.
El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí
El encuentro entre las dos mujeres, la joven y la anciana, está repleto de la presencia del Espíritu Santo, y lleno de alegría y asombro (cf. Lc 1,40-45). Las dos madres, así como los hijos que llevan en sus vientres, casi bailan a causa de la felicidad. Isabel, impresionada por la fe de María, exclama: «Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá» (v. 45).
Sí, uno de los mayores regalos que la Virgen ha recibido es la fe. Creer en Dios es un don inestimable, pero exige también recibirlo; e Isabel bendice a María por eso. Ella, a su vez, responde con el canto del Magnificat (cf. Lc 1,46-55), donde encontramos las palabras: «El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí» (v. 49).
La oración de María es revolucionaria, es el canto de una joven llena de fe, consciente de sus límites, pero que confía en la misericordia divina. Esta pequeña y valiente mujer da gracias a Dios porque ha mirado su pequeñez y porque ha realizado la obra de la salvación en su pueblo, en los pobres y humildes.
La fe es el corazón de toda la historia de María. Su cántico nos ayuda a comprender cómo la misericordia del Señor es el motor de la historia, tanto de la persona, de cada uno de nosotros, como del conjunto de la humanidad.
Cuando Dios toca el corazón de un joven o de una joven, se vuelven capaces de grandes obras. Las «cosas grandes» que el Todopoderoso ha hecho en la vida de María nos hablan también del viaje de nuestra vida, que no es un deambular sin sentido, sino una peregrinación que, aun con todas sus incertidumbres y sufrimientos, encuentra en Dios su plenitud (cf. Ángelus, 15 de agosto de 2015).
Me diréis: «Padre, pero yo soy muy limitado, soy pecador, ¿qué puedo hacer?». Cuando el Señor nos llama no se fija en lo que somos, en lo que hemos hecho. Al contrario, en el momento en que nos llama, él está mirando todo lo que podríamos dar, todo el amor que somos capaces de ofrecer.
Como la joven María, podéis hacer que vuestra vida se convierta en un instrumento para mejorar el mundo. Jesús os llama a dejar vuestra huella en la vida, una huella que marque la historia, vuestra historia y la historia de muchos (cf. Discurso en la Vigilia, Cracovia, 30 de julio de 2016).
Ser joven no significa estar desconectado del pasado
María es poco más que una adolescente, como muchos de vosotros. Sin embargo, en el Magnificat alaba a su pueblo, su historia. Esto nos enseña que ser joven no significa estar desconectado del pasado. Nuestra historia personal forma parte de una larga estela, de un camino comunitario que nos ha precedido durante siglos.
Como María, pertenecemos a un pueblo. Y la historia de la Iglesia nos enseña que, incluso cuando tiene que atravesar mares revueltos, la mano de Dios la guía, le hace superar momentos difíciles. La verdadera experiencia en la Iglesia no es como un flashmob, en el que nos damos cita, se realiza una performance y luego cada uno se va por su propio camino.
La Iglesia lleva en sí una larga tradición, que se transmite de generación en generación, y que se enriquece al mismo tiempo con la experiencia de cada individuo. También vuestra historia tiene un lugar dentro de la historia de la Iglesia.
Hacer memoria del pasado sirve también para recibir las obras nuevas que Dios quiere hacer en nosotros y a través de nosotros. Y nos ayuda a dejarnos escoger como instrumentos suyos, colaboradores en sus proyectos salvíficos.
También vosotros, jóvenes, si reconocéis en vuestra vida la acción misericordiosa y omnipotente de Dios, podéis hacer grandes cosas y asumir grandes responsabilidades.
Me gustaría haceros algunas preguntas: ¿Cómo “guardáis” en vuestra memoria los acontecimientos, las experiencias de vuestra vida? ¿Qué hacéis con los hechos y las imágenes grabadas en vuestros recuerdos? A algunos, heridos por las circunstancias de la vida, les gustaría “reiniciar” su pasado, ejercer el derecho al olvido.
Pero me gustaría recordaros que no hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro. La perla nace de una herida en la ostra. Jesús, con su amor, puede sanar nuestros corazones, transformando nuestras heridas en auténticas perlas. Como decía san Pablo, el Señor muestra su fuerza a través de nuestra debilidad (cf. 2 Co 12,9).
Nuestros recuerdos, sin embargo, no deben quedar amontonados, como en la memoria de un disco duro. Y no se puede almacenar todo en una “nube” virtual. Tenemos que aprender a hacer que los sucesos del pasado se conviertan en una realidad dinámica, para reflexionar sobre ella y sacar una enseñanza y un sentido para nuestro presente y nuestro futuro. Descubrir el hilo rojo del amor de Dios que conecta toda nuestra existencia es una tarea difícil pero necesaria.
Muchos dicen que vosotros, los jóvenes, sois olvidadizos y superficiales. No estoy de acuerdo en absoluto. Pero hay que reconocer que en nuestros días tenemos que recuperar la capacidad de reflexionar sobre la propia vida y proyectarla hacia el futuro. Tener un pasado no es lo mismo que tener una historia.
En nuestra vida podemos tener tantos recuerdos, pero ¿cuántos de ellos construyen realmente nuestra memoria? ¿Cuántos son significativos para nuestros corazones y nos ayudan a dar sentido a nuestra existencia? En las «redes sociales», aparecen muchos rostros de jóvenes en multitud de fotografías, que hablan de hechos más o menos reales, pero no sabemos cuánto de todo eso es «historia», una experiencia que pueda ser narrada, que tenga una finalidad y un sentido.
Los programas en la televisión están llenos de los así llamados «reality show», pero no son historias reales, son sólo minutos que corren delante de una cámara, en los que los personajes viven al día, sin un proyecto. No os dejéis engañar por esa falsa imagen de la realidad. Sed protagonistas de vuestra historia, decidid vuestro futuro.
Cómo mantenerse unidos, siguiendo el ejemplo de María
De María se dice que conservaba todas las cosas, meditándolas en su corazón (cf. Lc 2,19.51). Esta sencilla muchacha de Nazaret nos enseña con su ejemplo a conservar la memoria de los acontecimientos de la vida, y también a reunirlos, recomponiendo la unidad de los fragmentos, que unidos pueden formar un mosaico. ¿Cómo podemos, pues, ejercitarnos concretamente en tal sentido? Os doy algunas sugerencias.
Al final de cada jornada podemos detenernos unos minutos a recordar los momentos hermosos, los desafíos, lo que nos ha salido bien y, también, lo que nos ha salido mal. De este modo, delante de Dios y de nosotros mismos, podemos manifestar nuestros sentimientos de gratitud, de arrepentimiento y de confianza, anotándolos también, si queréis, en un cuaderno, una especie de diario espiritual.
Esto quiere decir rezar en la vida, con la vida y sobre la vida y, con toda seguridad, os ayudará a comprender mejor las grandes obras que el Señor realiza en cada uno de vosotros. Como decía san Agustín, a Dios lo podemos encontrar en los anchos campos de nuestra memoria (cf. Confesiones, Libro X, 8, 12).
Leyendo el Magnificat nos damos cuenta del conocimiento que María tenía de la Palabra de Dios. Cada versículo de este cántico tiene su paralelo en el Antiguo Testamento. La joven madre de Jesús conocía bien las oraciones de su pueblo. Seguramente se las habían enseñado sus padres y sus abuelos.
¡Qué importante es la transmisión de la fe de una generación a otra! Hay un tesoro escondido en las oraciones que nos han enseñado nuestros antepasados, en esa espiritualidad que se vive en la cultura de la gente sencilla y que conocemos como piedad popular. María recoge el patrimonio de fe de su pueblo y compone con él un canto totalmente suyo y que es también el canto de toda la Iglesia.
La Iglesia entera lo canta con ella. Para que también vosotros, jóvenes, podáis cantar un Magnificat totalmente vuestro y hacer de vuestra vida un don para toda la humanidad, es fundamental que conectéis con la tradición histórica y la oración de aquellos que os han precedido.
De ahí la importancia de conocer bien la Biblia, la Palabra de Dios, de leerla cada día confrontándola con vuestra vida, interpretando los acontecimientos cotidianos a la luz de cuánto el Señor os dice en las Sagradas Escrituras. En la oración y en la lectura orante de la Biblia (la llamada Lectio divina), Jesús hará arder vuestros corazones e iluminará vuestros pasos, aún en los momentos más difíciles de vuestra existencia (cf. Lc 24,13-35).
María nos enseña a vivir en una actitud eucarística, esto es, a dar gracias, a cultivar la alabanza y a no quedarnos sólo anclados en los problemas y las dificultades. En la dinámica de la vida, las súplicas de hoy serán mañana motivo de agradecimiento.
De este modo, vuestra participación en la Santa Misa y los momentos en que celebraréis el sacramento de la Reconciliación serán a la vez cumbre y punto de partida: vuestras vidas se renovarán cada día con el perdón, convirtiéndose en alabanza constante al Todopoderoso. «Fiaros del recuerdo de Dios [...] su memoria es un corazón tierno de compasión, que se regocija eliminando definitivamente cualquier vestigio del mal» (Homilía en la S. Misa de la JMJ, Cracovia, 31 de julio de 2016).
Hemos visto que el Magnificat brota del corazón de María en el momento en que se encuentra con su anciana prima Isabel, quien, con su fe, con su mirada perspicaz y con sus palabras, ayuda a la Virgen a comprender mejor la grandeza del obrar de Dios en ella, de la misión que él le ha confiado. Y vosotros, ¿os dais cuenta de la extraordinaria fuente de riqueza que significa el encuentro entre los jóvenes y los ancianos? ¿Qué importancia les dais a vuestros ancianos, a vuestros abuelos?
Vosotros, con sobrada razón, aspiráis a «emprender el vuelo», lleváis en vuestro corazón muchos sueños, pero tenéis necesidad de la sabiduría y de la visión de los ancianos. Mientras abrís vuestras alas al viento, es indispensable que descubráis vuestras raíces y que toméis el testigo de las personas que os han precedido.
Para construir un futuro que tenga sentido, es necesario conocer los acontecimientos pasados y tomar posición frente a ellos (cf. Exhort. ap. postsin. Amoris Laetitia, 191,193). Vosotros, jóvenes, tenéis la fuerza; los ancianos, la memoria y la sabiduría. Como María con Isabel, dirigid vuestra mirada hacia los ancianos, hacia vuestros abuelos. Ellos os contarán cosas que entusiasmarán vuestra mente y emocionarán vuestro corazón.
Fidelidad creativa para construir tiempos nuevos
Es verdad que tenéis pocos años de vida y, por esto mismo, os resulta difícil darle el debido valor a la tradición. Tened bien presente que esto no significa ser tradicionalistas. No. Cuando María en el Evangelio dice que «El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí» (Lc 1,49), se refiere a que aquellas «cosas grandes» no han terminado, sino que continúan realizándose en el presente.
No se trata de un pasado remoto. El saber hacer memoria del pasado no quiere decir ser nostálgicos o permanecer aferrados a un determinado período de la historia, sino saber reconocer los propios orígenes para volver siempre a lo esencial, y lanzarse con fidelidad creativa a la construcción de tiempos nuevos.
Sería un grave problema que no beneficiaría a nadie el fomentar una memoria paralizante, que impone realizar siempre las mismas cosas del mismo modo. Es un don del cielo constatar que muchos de vosotros, con vuestros interrogantes, sueños y preguntas, os enfrentáis a quienes consideran que las cosas no pueden ser diferentes.
Una sociedad que valora sólo el presente tiende también a despreciar todo lo que se hereda del pasado, como por ejemplo las instituciones del matrimonio, de la vida consagrada, de la misión sacerdotal. Las mismas terminan por ser consideradas vacías de significado, formas ya superadas.
Se piensa que es mejor vivir en las situaciones denominadas «abiertas», comportándose en la vida como en un reality show, sin objetivos y sin rumbo. No os dejéis engañar. Dios ha venido para ensanchar los horizontes de nuestra vida, en todas las direcciones. Él nos ayuda a darle al pasado su justo valor para proyectar mejor un futuro de felicidad. Pero esto es posible solamente cuando vivimos experiencias auténticas de amor, que se hacen concretas en el descubrimiento de la llamada del Señor y en la adhesión a ella. Esta es la única cosa que nos hace felices de verdad.
Queridos jóvenes, encomiendo a la maternal intercesión de la Bienaventurada Virgen María nuestro camino hacia Panamá, así como también el itinerario de preparación del próximo Sínodo de los Obispos. Os invito a recordar dos aniversarios importantes en este año 2017: los trecientos años del descubrimiento de la imagen de la Virgen de Aparecida, en Brasil; y el centenario de las apariciones de Fátima, en Portugal, adonde, si Dios quiere, iré en peregrinación el próximo mes de mayo.
San Martín de Porres, uno de los santos patronos de América Latina y de la JMJ de 2019, en su humilde servicio cotidiano tenía la costumbre de ofrecerle las mejores flores a María, como signo de su amor filial. Cultivad también vosotros, como él, una relación de familiaridad y amistad con Nuestra Señora, encomendándole vuestros gozos, inquietudes y preocupaciones. Os aseguro que no os arrepentiréis.
La joven de Nazaret, que en todo el mundo ha asumido miles de rostros y de nombres para acercarse a sus hijos, interceda por cada uno de nosotros y nos ayude a proclamar las grandes obras que el Señor realiza a través de nosotros.
Desde el Vaticano, 27 de febrero de 2017
Memoria de San Gabriel de Nuestra Señora de los Dolores
Francisco

La grandeza de nuestras vidas. Comentario del Evangelio según san Mateo (5, 17 - 19)



“El que los cumpla (las enseñanzas de la ley y los profetas, los mandamientos) y los enseñe , será grande en el Reino de los cielos”. Con éste Evangelio nos coloca Jesús a todos en un gran horizonte de vida.

 Además de venir a quitarle los miedos a los fariseos  de que él no viene  a abolir la ley, Jesús nos saca de la visión aislada de una santidad personal y nos invita a concebirnos transmitiendo a mucho las enseñanzas que para un cristiano significan Vida en abundancia.

 Cuando las personas con las que convivimos, trabajamos o estudiamos nos ven vivir una vida diferente, al servicio de los demás, sin competitividades, perdonando las ofensas y creyendo en lo bueno de la gente, se llegan a cuestionar muchas cosas. Si en esos momentos damos razón de por qué tenemos esperanza, experimentaremos que nuestra propia fe se fortalece y que todas las dificultades que vivimos pueden ser un “camino abierto” para muchos. 

La fe toma otra viveza cuando nos concebimos como pueblo y como parte de una cadena de testigos, gracias a la cual nos ha llegado el Evangelio a nuestras vidas y en la cual también somos miembros pequeños, pero vitales. Sólo así podrán llegar estas enseñanzas a muchos.

Que en éste día nos podamos dejar mirar por Jesús con esa trascendencia que él nos ve, como esos “eslabones de una cadena de transmisores de fe y Vida” y podamos descubrir que no hay mayor grandeza para una vida que ésta.

Archidiócesis  de Madrid

Quien cumpla y enseñe será grande


Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 17-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».
Palabra del Señor.