miércoles, 18 de enero de 2017

Carta del cardenal arzobispo de Madrid: «Me haréis creíble si estáis unidos»


Busquemos la unidad de los cristianos; oremos por ella. La unidad la da Jesucristo. La unidad y la comunión son esencia de nuestra identidad, de nuestro ser cristianos
Del 18 al 25 de enero celebramos la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Nunca podemos olvidar que el gran deseo de Cristo es que todos los discípulos seamos uno, que permanezcamos unidos. Y sin embargo no lo estamos. Y es un deseo del Señor que se nos torna necesario para realizar la misión que Él entregó a su Iglesia, pues sin unidad, sin comunión plena, no hay un anuncio con la sólida fuerza creíble del Evangelio para los hombres. Circunstancias diversas hicieron que los discípulos de Jesús rompiésemos la comunión y hoy, la situación histórica que vivimos los hombres, nos está mostrando la urgencia de la unidad. Hay que decir a todos los hombres que solamente en el Evangelio de Jesús está la salvación esperada y deseada, «porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el cual ellos deben ser salvados» (Hch 4, 12).
Busquemos la unidad de los cristianos; oremos por ella. La unidad la da Jesucristo. Por eso es normal que cuando queremos algo pongamos nuestra vida en sus manos. Siempre lo hacemos así, aunque estos días pedimos al Señor con especial intensidad que nos otorgue la unidad y la comunión. Esta Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos tiene un lema que arranca de lo más profundo de nosotros esa petición, y está sacado de una frase del apóstol san Pablo en una de sus cartas: «Reconciliación. El amor de Cristo nos apremia» (2 Cor 5, 14-20). Es verdad que la unidad y la comunión son esencia de nuestra identidad y, por tanto, de nuestro ser de cristianos. Esa esencia nos la entregó el Señor el día de nuestro Bautismo al darnos su misma Vida. Pero nos sucede como al apóstol, que hacemos lo que no queremos y queremos lo que no hacemos. El tesoro precisamente es eso que puso el Señor en nosotros, la unidad y la comunión, pero la vasija que cada uno somos se rompe, y hace que lo estropeemos y se vacíe.
¡Qué maravilloso es entrar en los escritos de san Pablo y ver cómo usa y qué sentido da a la palabra koinonía! Con ella expresa la participación de todo cristiano en Cristo, en los bienes cristianos entre los que se encuentran la unidad y la comunión y que también tienen su expresión en la comunidad de los fieles entre sí. Según el apóstol, los discípulos de Cristo estamos llamados a la comunión con el Hijo, y precisamente este el motivo por el que se llama al Padre fiel o justo: «Pues fiel es Dios, por quien habéis sido llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, Señor nuestro» (1 Cor 1, 9). Así, todos los creyentes somos compañeros de Cristo, en una comunión que está en el presente y se desarrolla en el futuro, en una comunión que se realiza mediante la fe, en una comunión que se realiza en una misión de vida con Él. El momento de esta unión es el Bautismo, en él se con-muere con Cristo para con-resucitar con Él. Es una comunión que se crea y recrea también en la Cena del Señor, en el Misterio de la Eucaristía.
El proyecto pastoral del Papa Francisco, que nos propone llevar a la tierra y a todos los hombres la alegría del Evangelio, no se puede hacer sin la espiritualidad de comunión. La comunión que se tiene en la fe con el Padre y el Hijo solo puede expresarse en la comunión con los hermanos. Es necesario volver a meditar este pasaje del Evangelio de Juan y hacerlo vida en nosotros: «Permaneced en mí como yo en vosotros. Si un sarmiento no permanece en la vid, no puede dar fruto solo; así también vosotros, si no permanecéis en mí» (Jn 15, 4). Y de la misma manera, este otro: «Para que todos sean una sola cosa. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean una sola cosa en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17, 21). Descubrir y experimentar que Cristo está en nosotros, que damos fruto y servimos tanto en cuanto permanecemos en Él, y que la credibilidad en este mundo pasa por ser uno en Él, se convierte para nosotros en petición constante al Señor, en tarea y en misión.
Os invito a descubrir tareas esenciales para vivir la unidad y la comunión. Os convoco a descubrir que el contenido, la gracia y la fuerza de la comunión pertenecen al poder de Dios en Jesucristo y no pueden ser sustituidos por ninguna otra cosa. De tal manera que en el anuncio gozoso de la salvación está también la fuerza para construir la unidad. Asumamos estas tareas:
1. Extendamos la mirada al panorama social que nos rodea: observemos los problemas, las necesidades, las posibilidades, los deberes que reclaman nuestro interés y servicio a todos los hombres. Hemos de buscar soluciones valientes y pacíficas, pongamos a prueba la sabiduría que nos regala Jesucristo para dar su esperanza y su amor. Podemos construir una sociedad más justa, sólida y pacífica. Pero ello nos está pidiendo unidad a los cristianos.
2. Tengamos la seguridad de que el cristianismo encierra un mensaje esencial para construir ya este mundo: en un mundo cada vez más inteligente y desarrollado, más metido en la esfera de lo visible y de lo experimental, orgulloso de sus inventos, satisfecho de sí, ¿qué falta? Si queremos ser coherentes con nuestra propia racionalidad, debemos retornar a Dios, dialogar humilde y noblemente con Dios, ver cómo el Evangelio puede dar al mundo una historia y una gloria nueva. Se percibe en los pensadores, en los científicos, en el corazón de los pueblos. Urge la unidad. Salgamos los cristianos al mundo como Cristo ha querido: unidos para dar ese mensaje de la alegría del Evangelio.
3. Regalemos el amor de Cristo a nuestro tiempo, a la humanidad: empeñemos la vida en dialogar con nuestro mundo, en ofrecer regeneración, solidez y paz. Nuestro mundo está pidiendo no solamente progreso humano y técnico, sino también justicia, fraternidad, paz, suspensión de hostilidades entre los hombres y pueblos, atmósfera de confianza. Ofrezcamos a la humanidad el remedio a los males y la respuesta a sus peticiones; ofrezcamos a Cristo y sus insondables riquezas.
4. Abramos nuestra vida a todos los que se enorgullecen del nombre de Cristo: ¡Con qué nombre más bonito les llamamos! Nada más ni nada menos que hermanos. Tengamos la pasión por restablecer la unidad rota en el pasado. Que encuentre en nosotros eco una voluntad ferviente y una plegaria emocionada desde la misión que nos regaló Jesús, «que también ellos sean una sola cosa en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17, 21).
Con gran afecto, os bendice,
+Carlos Card. Osoro Sierra, arzobispo de Madrid

JESÚS CURA EN SÁBADO




Lectura del santo evangelio según san Marcos (3,1-6):

En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo.

Jesús le dijo al que tenía la parálisis: «Levántate y ponte ahí en medio.»

Y a ellos les preguntó: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?»
Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira, y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: «Extiende el brazo.»

Lo extendió y quedó restablecido. En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con Él.

Palabra del Señor

Catequesis del Papa: “La oración hace crecer la esperanza”

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En la Sagrada Escritura, entre los profetas de Israel, resalta una figura un poco anómala, un profeta que trata de escaparse de la llamada del Señor rechazando en ponerse al servicio del plan divino de salvación. Se trata del profeta Jonás, de quien se narra la historia en un pequeño libro de sólo cuatro capítulos, una especie de parábola que contiene una gran enseñanza, aquella de la misericordia de Dios que perdona.
Jonás es un profeta “en salida” – pero también un profeta en fuga –, es un profeta en salida que Dios invita ir “a las periferias”, a Nínive, para convertir a los habitantes de aquella gran ciudad. Pero Nínive, para un israelita como Jonás, representa una realidad peligrosa, el enemigo que ponía en peligro a la misma Jerusalén, y por lo tanto de destruir, no cierto para salvar. Por eso, cuando Dios envía a Jonás a predicar en aquella ciudad, el profeta, que conoce la bondad del Señor y su deseo de perdonar, trata de escapar de su misión y huye.
Durante su fuga, el profeta entra en contacto con algunos paganos, los marineros del navío en el cual se había embarcado para alejarse de Dios y de su misión. Y huye lejos, porque Nínive estaba en la zona de Irak y él huye a España, huye en serio. Y es justamente el comportamiento de estos hombres, como después será el de los habitantes de Nínive, que nos permite hoy reflexionar un poco sobre la esperanza que, ante el peligro y la muerte, se expresa en oración.
De hecho, durante la travesía en el mar, se desata una fuerte tormenta, y Jonás baja a la bodega del barco y se queda dormido. Los marineros en cambio, viéndose perdidos, «invocaron cada uno a su dios», eran paganos (Jon 1,5). El capitán de la nave despertó a Jonás diciéndole: «¿Qué haces aquí dormido? Levántate e invoca a tu dios. Tal vez ese dios se acuerde de nosotros, para que no perezcamos» (Jon 1,6).
La reacción de estos “paganos” es la justa reacción ante la muerte, ante el peligro; porque es entonces que el hombre tiene la completa experiencia de la propia fragilidad y de la necesidad de salvación. El instintivo horror de morir revela la necesidad de esperar en el Dios de la vida. «Tal vez Dios se acuerde de nosotros, para que no perezcamos»: son las palabras de la esperanza que se convierte en oración, aquella suplica llena de angustia que sale de los labios del hombre ante un inminente peligro de muerte.
Con demasiada facilidad despreciamos el dirigirnos a Dios en la necesidad como si fuera solo una oración interesada, y por ello imperfecta. Pero Dios conoce nuestra debilidad, sabe que nos recordamos de Él para pedir ayuda, y con la sonrisa indulgente de un padre, Dios responde afectuosamente.
Cuando Jonás, reconociendo sus propias responsabilidades, se hace arrojar al mar para salvar a sus compañeros de viaje, la tempestad se calma. La muerte inminente ha llevado a aquellos hombres paganos a la oración, ha hecho también que el profeta, no obstante todo, viviera su propia vocación al servicio de los demás aceptando sacrificarse por ellos, y ahora conduce a los sobrevivientes al reconocimiento del verdadero Señor y a la alabanza. Los marineros, que habían orado por miedo dirigiéndose a sus dioses, ahora, con sincero temor del Señor, reconocen al verdadero Dios y ofrecen sacrificios y elevan votos. La esperanza, que les había llevado a orar para no morir, se revela aún más potente y obra en una realidad que va más allá de cuanto ellos esperaban: no solo no perecen en la tempestad, sino se abren al reconocimiento del verdadero y único Señor del cielo y de la tierra.
Sucesivamente, también los habitantes de Nínive, ante la perspectiva de ser destruidos, oraran, impulsados por la esperanza en el perdón de Dios. Harán penitencia, invocaran al Señor y se convertirán a Él, empezando por el rey, que, como el capitán del barco, da voz a la esperanza diciendo: «Tal vez Dios se vuelva atrás y se arrepienta, […] de manera que no perezcamos» (Jon 3,9). También para ellos, como para la tripulación en la tormenta, haber enfrentado la muerte y haber salido vivos los ha llevado a la verdad. Así, bajo la misericordia divina, y todavía más a la luz del misterio pascual, la muerte puede convertirse, como ha sido para San Francisco de Asís, en “nuestra hermana muerte” y representar, para todo hombre y para cada uno de nosotros, la sorprendente ocasión para conocer la esperanza y encontrar al Señor. Que el Señor nos haga entender esto, la relación entre oración y esperanza. La oración te lleva adelante en la esperanza y cuando las cosas se vuelven oscuras, más oración. Y habrá más esperanza. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

martes, 17 de enero de 2017

Luz Casanova: mujer apóstol, mujer de periferias



El Papa ha reconocido como venerable a Luz Casanova. El 8 de enero se celebraron los 68 años de su muerte en Madrid en la casa fundacional de la congregación de Apostólicas del Corazón de Jesús
Nace en Avilés el 28 de agosto de 1873 en el seno de una familia aristocrática, aunque la mayor parte de su vida trascurrirá en las periferias de Madrid. El derecho a la educación y a la salud de los últimos de la ciudad la llevará a crear una amplia red de escuelas populares dirigidas por mujeres, con el apoyo del cardenal Merry del Vall y el patronato de enfermos, como una red integral de atención sociosanitaria, apoyándose en el voluntariado social. En 1924, en unos ejercicios espirituales acompañados por el jesuita san José María Rubio, junto a otras compañeras decide fundar la congregación de la Apostólicas del Corazón de Jesús para dar estabilidad a los proyectos generados. Una congregación cuyo fin es la evangelización en el mundo de la marginación. «El amor más ardiente al Salvador y la máxima estima de la dignidad de la persona»; «tener un oído atento al murmullo de los pobres»; «la flexibilidad a circunstancias tiempos y lugares»… son algunos de los rasgos de la congregación desde su origen.
La vida incansable de Luz Casanova entre los pobres no estuvo nunca reñida con su preocupación por la formación y su gusto por escribir y abrir nuevos horizontes para las mujeres en la Iglesia. Lo cual la llevó a tener una intensa actividad en el Apostolado de la Prensa, viajar a Alemania para conocer la Pastoral Social y escribir unos ejercicios espirituales que durante años dio en secreto a otras mujeres. Murió en 1949 en Madrid.
Luz Casanova hoy
Luz Casanova encarna un tipo de Iglesia, la Iglesia en salida a las periferias que necesita de mujeres y hombres con «oído atento al murmullo de los empobrecidos y empobrecidas» que se dejan afectar por el Espíritu de Jesús para conducir su vida sin otra ley que «la ley interior de la caridad», porque el prójimo y el valor de la dignidad de la persona son la norma suprema en el Evangelio. En definitiva: la libertad, la agilidad y la creatividad del Evangelio al servicio de los últimos de la ciudad, pues ellos son los vicarios, los representantes de Cristo. Así fue la vida de Luz. Su historia es un icono del seguimiento a Jesús en las periferias, desde sus primeros encuentros con los pobres a los que empieza a convocar en el salón familiar de su casa, pasando por la creación de escuelas. También están los años duros de la guerra, cuando se resiste a cerrar y abandonar las obras sociales y educativas porque «la gente está preocupada por la quema de conventos; pero a mí lo que me quita el sueño es no poder dar de comer a la gente». En los últimos años de su vida creó albergues y puso en marcha proyectos socioeducativos dirigidos a la promoción y la evangelización de las de las personas más excluidas.
Una fe de camino
Toda su vida estuvo movida por «el más ardiente amor al Salvador y la máxima estima de la dignidad de la persona». Su fe, como nos insta el Papa Francisco, «no fue una fe de laboratorio, sino una fe histórica, una fe de camino», que hizo de su vida un permanente éxodo del centro a los márgenes para hacer comunidad de destino con quienes habitaban en ellos. Una fe que la llevó a romper con el círculo de confort y seguridad para el que había sido educada y a descubrir que lo que ella había recibido como un privilegio –techo, educación, salud, conocimiento del Evangelio, etcétera–, tenía que ser devuelto a los pobres como un derecho universalizable.
Reconocer a Luz Casanova como venerable significa también descubrirla como maestra de espiritualidad apostólica, de una espiritualidad contemplativa en la acción, en la que la complejidad de lo real y los compromisos por otro mundo posible no son un inconveniente para el encuentro con Dios, sino justo su condición. Una espiritualidad que conlleva una forma de vida atenta la realidad, buscando el querer de Dios en los acontecimientos desde la actitud y la práctica de discernimiento, con la confianza, la libertad y el riesgo que ello conlleva. En definitiva, una espiritualidad que no separa la fe de la justicia, la oración de la actuación, la pasión de la razón, las necesidades espirituales de las materiales. Una espiritualidad eucarística, de banquete y acción de gracias. Una espiritualidad de mesa compartida, donde sentarnos juntas y juntos con los excluidos del reparto de los bienes de la tierra para que dejen de serlo, para que no haya primeros ni últimos, donde nadie ocupe el centro, porque el centro es el Corazón de Cristo.
Por último, reconocer a Luz Casanova como venerable significa la apuesta por una Iglesia más laical y femenina, donde la autoridad de las mujeres no sea vista con sospecha o amenaza frente al clericalismo dominante, sino como un don del Espíritu. Luz Casanova se tomó en serio su participación en el espacio público: primero como laica, desde el apostolado femenino, creando escuelas, obras sociales dirigidas por mujeres y promoviendo la colaboración del laicado masculino y de otros religiosos y sacerdotes. Y, a partir de 1929, como fundadora de la congregación Apostólicas del Corazón de Jesús, cuyo fin es la evangelización en el mundo de los pobres. Una fundación «con el espíritu de san Ignacio pero en femenino», buscando la inculturación en las periferias y lugares de vida de los empobrecidos; cuidando el trato, la acogida y la amistad con ellos, de modo que «se sientan con derecho a contar con nosotras».
María José Torres
Autora de Espiritualidad y originalidad femenina en Luz R. Casanova (Verbo Divino)

El p. Hamel ya había sufrido un atentado en 1954: un tiroteo en el que murieron todos sus compañeros


El primer sacerdote muerto a manos de un islamista en suelo europeo en el siglo XXI ya sufrió un atentado cuando era seminarista durante la Guerra de Argelia, en 1954. Todos los ocupantes de su jeep y del que les seguía inmediatamente detrás murieron, mientras que él resultó ileso. «¿Por qué yo?», fue una pregunta que se hizo muchas veces a lo largo de su vida, durante muchos años
El sacerdote francés Jacques Hamel, muerto a manos de dos islamistas el 26 de julio de 2016, esquivó la muerte con anterioridad cuando con 23 años, siendo todavía seminarista, salió de Francia tras ser reclutado para participar en la guerra de Argelia, en 1954. Hamel sufrió entonces un atentado del que salió indemne. Mientras atravesaba el macizo de Biskra, el convoy en el que viajaba recibió una ráfaga de ametralladora: todos los ocupantes de su jeep y del que les seguía inmediatamente detrás murieron, mientras que él resultó ileso. «¿Por qué yo?», fue una pregunta que se hizo muchas veces a lo largo de su vida, durante muchos años.
Así lo desvela el periodista belga Jan de Volder en el libro Martyr. Vida y muerte del padre Jacques Hamel (Publicaciones claretianas). El sacerdote francés, que viviría después su ministerio muy implicado en desarrollar buenas relaciones con los musulmanes, quedó también muy impresionado cuando conoció la noticia del martirio de los monjes trapenses de Tibhirine, en 1996. «¿Por qué han querido suprimir todo el bien que hacían?», comentaba con sus familiares, mientras manifestaba su conmoción por el testamento espiritual del padre Christian, prior de la comunidad. La película De dioses y hombres, que narra el martirio de los religiosos, fue luego una de las preferidas del padre Jacques.
La parroquia en la que servía desde el año 2000 está enclavada en la zona de Rouen con más inmigrantes procedentes de Argelia y Marruecos. Detrás de la iglesia se encuentra la mezquita, para cuyo acceso la parroquia cedió en su día una parte de su terreno al precio simbólico de un franco, años antes de que se incorporara Hamel. La convivencia siempre fue normal, hasta el punto de que cada tres meses se organizaban en los salones parroquiales encuentros entre fieles de ambas religiones, a los que Hamel iba algunas veces.
«El Dios de los terroristas es un Dios que quiere la muerte, pero ese no es el Dios del islam. Estos jóvenes no saben lo que hacen», decía en los últimos años, cuando escuchaba noticias de algún atentado islamista. Pero poco antes de morir confesó a un amigo íntimo que tenía pesadillas en las que él resultaba agredido a la salida de la iglesia.
Días después de su martirio, durante su funeral en la catedral de Rouen, su hermana dio respuesta a la inquietud que había acompañado a Jacques durante años: por qué fue él el que salió ileso de aquel atentado en Argelia. «El Dios del amor y de la misericordia te ha elegido para estar al servicio de los demás, cultivar el amor, la apertura y la tolerancia entre los pueblos de todas las confesiones, creyentes y no creyentes, hasta tu último suspiro», dijo la hermana. Se despedía así de Jacques, el que en los funerales solía entonar un canto, que para él fue profético: «A las puertas de su mansión, nuestro Padre te espera, y los brazos de Dios se abrirán para ti».
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Alfa y Omega

17 de enero: san Antonio, abad



Modelo de espiritualidad ascética, considerado como el padre del monaquismo, San Antonio nació en Egipto -al sur de Memfis, cerca del Delta del Nilo, para ser precisos- en el año 251. Sus padres eran de posición social elevada y le dejaron una fortuna considerable al morir. San Antonio tenía entonces 20 años. Inspirado por el Evangelio de San Mateo, legó una parte de sus bienes a su hermana, repartió el resto entre los pobres y marchó a vivir al desierto de Tebaida en total soledad.
Una soledad especialmente austera: baste decir que no bebía una gota de agua antes de la puesta del sol. Más de una vez, padeció tentaciones diabólicas, que logró superar. No tardó en granjearse una fama de santo y, para albergar a todos los que acudían a verle -y a veces, a quedarse con él- hizo construir edificios con celdas individuales alrededor de un claustro. Era, según San Antonio, la mejor forma de propiciar una vida de oración y de entrega a Dios.
A estos edificios los llamó monasterios, del griego mono, que significa solo. Fundó varios de ellos y estableció que a la cabeza de cada uno debía figurar un monje que fuese como un padre para el resto. De ahí la palabra abad, que procede del Evangelio y significa padre.
De excepcional longevidad, superó los 100 años de vida y se da el año 356 como fecha de su muerte.
J.M. Ballester Esquivias (@jmbe12)
Alfa y Omega

El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado


Lectura del santo Evangelio según san Marcos 2, 23-28

Sucedió que un sábado Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas.
Los fariseos le preguntan:
«Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?».
Él les responde:
« ¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre, cómo entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que sólo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a quienes estaban con él»
Y les decía:
«El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado».
Palabra del Señor.

lunes, 16 de enero de 2017

¿Quién realiza el milagro de convertir el pan en Cuerpo de Cristo?


Dios tiene el poder de crear de la nada, y puede cambiar la sustancia de la materia ya preexistente de las especies eucarísticas para hacerse presente en la divina persona de Jesús.

Este cambio de sustancia (transubstanciación) de la materia del pan y del vino, aunque permanezcan los accidentes o apariencias (sabor, olor, medida, etc.), lo realiza Dios por medio del ministerio sacerdotal -que es la acción del mismo Jesús- por la fuerza del Espíritu Santo (epíclesis) junto a las palabras que Jesús utilizó cuando instituyó la eucaristía.

Jesucristo, que es el sumo y eterno sacerdote, manda a los apóstoles (sus discípulos) en la última cena perpetuar en la historia el ofrecimiento de su Cuerpo y Sangre, diciéndoles: “Haced esto en memoria mía” (Lc 22,19; 1 Cor 11, 24.25). En este sentido la misa es el memorial de su pasión.

Es decir, Jesús al dar este mandato a sus apóstoles, les pide reiterar el rito del Sacrificio eucarístico de su Cuerpo que será entregado y de su Sangre que será derramada.

A sus apóstoles, Jesús les entrega la acción que acaba de realizar, de transformar el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre; la acción con la que Él se manifiesta como sacerdote y víctima.
Con sus palabras Jesús constituye a sus apóstoles como sacerdotes del Nuevo Testamento, a ellos y a sus sucesores en el sacerdocio.

Haced esto en memoria mía”, son las palabras de Cristo que, aunque dirigidas a toda la Iglesia, son confiadas, como tarea específica, a sus apóstoles y, en consecuencia, a los que continuarán su ministerio.

Cristo quiere que, desde ese momento, su acción sea sacramentalmente también acción de la Iglesia por las manos de los sacerdotes.

Jesús al decir: “haced esto”, no sólo estaba señalando el acto en sí mismo -uno de los elementos constitutivos y el más importante de la Iglesia-, sino que también señala el sujeto llamado a actuar; es decir, instituye el sacerdocio ministerial.

Y recordemos que los apóstoles son los primeros obispos de la Iglesia encabezados por san Pedro, hoy el Papa.

Por tanto ellos, verdaderos, únicos y legítimos pastores, instituidos por Jesucristo el buen pastor, son los primeros sacerdotes de la nueva y eterna alianza.

Y los apóstoles, por la autoridad otorgada por Jesús, instituyeron u ordenaron a otros sacerdotes (los presbíteros) (Hch 14, 23), sus directos colaboradores, con el mismo poder y potestad recibidos de Jesucristo.

El Nuevo Testamento habla claramente de la unidad ministerial entre “los apóstoles y los presbíteros” (Hch 15, 22); por tanto los apóstoles y sus colaboradores (los presbíteros) tienen el mandato de Jesús de ‘hacer esto en memoria suya’.

“Así a los primeros apóstoles están ligados especialmente aquellos que han sido puestos para renovar IN PERSONA CHRISTI el gesto que Jesús realizó en la Última Cena, instituyendo el sacrificio eucarístico, “fuente y cima de toda la vida cristiana” (LG, 11).

El poder divino de Cristo para realizar el milagro de la transubstanciación lo transmite o lo traspasa pues a sus apóstoles y por extensión a sus colaboradores, los presbíteros o sacerdotes.

Es por esto que el sacerdote (sea obispo o presbítero) obra en nombre y con el poder del mismo Cristo, de manera que, por sobre él sólo está el poder de Dios: “El acto del sacerdote no depende de potestad alguna superior, sino de la divina” (Summa Teologiae supl, 40,4.).

En consecuencia ningún obispo, ni siquiera el Papa, tiene mayor poder que un sacerdote, para la consagración de las especies eucarísticas: “No tiene el Papa mayor poder que un simple sacerdote” (Summa Teologiae supl, 38,1, ad 3).

Ahora bien, el sacramento del Orden consta de tres grados diversos: los obispos, los presbíteros y los diáconos. Los dos primeros participan ministerialmente del sacerdocio de Cristo. Por eso, el término SACERDOTE designa a los obispos y a los presbíteros, pero no a los diáconos (catecismo, 1554).

El diaconado, sea éste transeúnte o permanente, está destinado a ayudar y a servir a los obispos y a los presbíteros (Catecismo 1554). El diaconado es un grado de servicio (Hch 6, 1-6).

Es por esto que los diáconos están “para realizar un servicio y no para ejercer el sacerdocio” (LG, 29). De manera pues que si el sacramento del Orden incluye, en tercer grado, el diaconado, éste no forma parte del sacerdocio ministerial.

De aquí se deriva que sólo hay misa, con la consecuente transubstanciación de las especies eucarísticas del pan y del vino, cuando está presente, única y exclusivamente, un obispo o un sacerdote.
En la ausencia de ellos, aunque esté presente un diácono, no hay misa y por tanto no hay consagración de dichas especies, no hay transubstanciación.


Aleteia

Francisco: "Una parroquia de chismosos y chismosas es una comunidad incapaz de dar testimonio"


 El Papa Francisco visitó la parroquia romana de Santa María a Seteville. Y en una misa sencilla pronunció una homilía sencilla, como la de un párroco. Y, en ella, quiso dejar claro que una de las peores enfermedades de las parroquias católicas son los chismes. "Una parroquia de chismosos y chimosas es una comunidad incapaz de dar testimonio". Y recordó que los apóstoles fueron pecadores ("Pedro, el primer Papa, traicionó a Jesús), pero no fueron chismosos.
Algunas frases de la homilía improvisada del Papa
"Juan da testimonio de Jesús"
"Hemos encontrado el Mesías"
"¿Por qué lo encontraron? Porque hubo un testigo"
"Así sucede en nuestra vida"
"Hay muchos cristianos que confiesan que Jesús es Dios"
"Ser cristiano no es tener una filosofía. Es, ante todo, dar testimonio de Jesús"
"Testimonio en lo pequeño y algunos llegan a lo grande: a dar la vida"
"Los apóstoles no hicieron un curso para ser testigos de Jesús, no hicieron un curso, no fueron a la Universidad"
"Los doce eran pecadores, envidiosos, tenían celos entre ellos..."
"Incluso fueron traidores. Cuando prendieron a Jesús, todos escaparon llenos de miedo"
"Pedro, el primer Papa, traicionó a Jesús"
"Ser testigo no significa ser santo"
"Les quiero dejar sólo un mensaje: Los apóstoles no eran chismosos"
"Los apóstoles no eran chismosos, no hablaban mal los unos de los otros"
"De creerse superior al otro y hablar mal de él"
"Todos somos pecadores"
"Pero una comunidad de chismosos y chismosas es una comunidad incapaz de dar testimonio"
"Nada de chismes, nada"
"Si tienes algo contra alguien dilo a la cara"
"Este es el signo de que el Espíritu está en una parroquia"
"Los otros pecados todos los tenemos. Lo que destruye una comunidad son los chismorreos"
"Que el Señor les conceda esta gracia: no hablar jamás mal unos de los otros"
Religión digital

Cuba: los obispos expresan preocupación por los cambios migratorios en EE.UU


Los obispos de Cuba publicaron un comunicado de prensa en el cual expresan preocupación porque el cambio de normativa de inmigración “pies secos y pies mojados”, pueda afectar a muchos migrantes que hicieron grandes sacrificios para poder migrar hacia Estados Unidos.
COMUNICADO DE PRENSA
Ante la nueva situación que se ha creado debido a la sorpresiva
derogación, por parte del gobierno norteamericano, de la normativa
conocida como ¨pies secos y pies mojados¨, los obispos cubanos
queremos manifestar nuestra preocupación por los numerosos
compatriotas que se encuentran en terceros países y que, ahora mismo,
están enfrentando un presente inesperado y un futuro incierto.

Somos conscientes del drama humano que afecta a tantas personas y
familias, algunas de ellas hicieron grandes sacrificios con el
propósito de emigrar a los Estados Unidos, confiados en las normas
migratorias que los amparaban.

A la vez que apreciamos el proceso que se está siguiendo en orden a
una mejor relación entre los gobiernos de Cuba y de los Estados
Unidos, hacemos votos para que las autoridades y las instituciones de
los distintos países implicados, busquen caminos de solución conforme
a la justicia teniendo en cuenta la misericordia, para los que se
encuentran en esta crítica situación.

Oramos a la Virgen de la Caridad, Madre y Patrona de todos los
cubanos, que Ella nos anime y nos una en la búsqueda del bien de cada
uno de sus hijos.

La Habana, 14 de enero de 2017
Zenit

La Conferencia Episcopal propondrá a santo Tomás de Villanueva como nuevo doctor de la Iglesia


Nacido en Fuenllana (Ciudad Real) en 1486, la infancia de santo Tomás de Villanueva transcurrió en las calles de la vecina localidad de Villanueva de los Infantes, a la sombra de sus padres, agricultores acomodados de fe recia. En 1516 abraza la vida agustiniana, y fue prior de Salamanca, Burgos y Valladolid, y visitador y prior provincial en Andalucía y Castilla. Envió numerosos misioneros al Nuevo Mundo, y su fama de santidad hizo que Carlos V lo llamara a la Corte para ser predicador y consejero real. En 1544 fue nombrado obispo de Valencia, donde se adelantó a las reformas que luego implantaría el Concilio de Trento
La Conferencia Episcopal Española va a apoyar ante la Santa Sede la solicitud del título de doctor de la Iglesia universal para santo Tomás de Villanueva, agustino y arzobispo de Valencia. La iniciativa parte de la Fraternidad de Agustinos Españoles, que ha pedido su apoyo a los obispos para que salga adelante. Si el proceso avanza con normalidad, el Santo Padre podría declarar doctor de la Iglesia universal a santo Tomás de Villanueva en un plazo de cuatro o cinco años.
La solicitud, realizada ya desde finales del siglo XIX tanto por los agustinos como por diferentes arzobispos de Valencia, se justifica «por la vida santa y la profundidad de la doctrina» de santo Tomás de Villanueva. «En momentos en los que la Iglesia tiene necesidad urgente de dar un empuje renovado a la proclamación del Evangelio, la sana doctrina y el ejemplo de vida del padre de los pobres, que mostró con sus escritos y gestos una preferencia absoluta por las periferias de sus días, pueden ofrecer luces para el camino eclesial de hoy», dicen los impulsores de la petición, quienes destacan del santo «la influencia de su pensamiento y de su doctrina, unida al ejemplo de una vida dedicada a los pobres y necesitados».
Pobreza y misericordia
Su labor pastoral y sus exhortaciones, así como su vida personal, estaban en la misma sintonía: la pobreza y la misericordia. Ejemplo de ello son las innumerables muestras iconográficas que presentan al santo repartiendo limosna, ya desde niño, pues procedía de familia acomodada y fue enseñado por sus padres en los rudimentos de la caridad hacia el prójimo. Cuentan de él que un día repartió los pollos que tenía la casa familiar entre los pobres que llamaban a la puerta a pedir limosna; y que en más de una ocasión cambió sus ropas con ellos, llegando a casa vestido solo con harapos. Esta virtud le acompañaría toda la vida y como sacerdote solía predicar la necesidad de practicarla: «No seáis insensibles ni duros como piedras. Esforzaos en ser atentos unos con otros, de modo que os afecte la necesidad ajena y os conmueva la miseria del prójimo».
Tomás de Villanueva trataba de acomodar su predicación a los oyentes de sus días, personas de todas las edades y todos los estados de vida, dejando así un modelo de pastor que encaja con el propuesto por el Papa Francisco en Evangelii gaudium. Se abajaba hasta los destinatarios de sus sermones, no solo en el estilo sino también en el contenido. Como afirma el agustino Jaime García Álvarez, santo Tomás de Villanueva «vivió a lo largo de su vida en y desde la misericordia. Fue expresión de su vida. Y no solo se limitaba a vivir la misericordia, sino que la meditaba y la elevaba al nivel de la reflexión». Sus mismos sermones «son una limosna que ofrece a sus oyentes para ayudarles a orientar sus vidas con relación a Dios»; son «obras de misericordia expresadas en palabras».
Un obispo ejemplar
Como arzobispo de Valencia se adelantó a las reformas del Concilio de Trento, en el que no pudo participar directamente, pero sí a través de un memorándum enviado por un emisario. Antes de su llegada, Valencia era una diócesis abandonada, con un clero no demasiado ejemplar, en el que abundaba un fenómeno entonces bastante extendido: el absentismo; y un pecado también común: el amancebamiento de los clérigos. Para combatirlos no dudó en valerse de la denuncia pública y de las amenazas de excomunión, «la medicina de la Santa Madre Iglesia para curar a estos hijos enfermos», decía.
Santo Tomás entró en la ciudad a primeros del año 1545 a lomos de una mula, y su primera decisión fue hacer de su residencia un lugar más parecido a un convento que a un palacio. Después inició las visitas pastorales a las parroquias, y convocó un Sínodo con el que puso orden en la diócesis. Asimismo, se adelantó a Trento al fundar el que se considera primer y único seminario diocesano existente antes del concilio: el Colegio de la Presentación de la Bienaventurada Virgen en el Templo, figura de los seminarios que se extenderían por toda Europa años después.
En Valencia despliega todo su potencial de cristiano guiado por la gracia, como cuenta Javier Campos en su biografía del santo. Mandó publicar un edicto en todas las parroquias diciendo que cualquiera que no pudiese alimentar a sus hijos, se los dejase a él a las puertas del palacio episcopal, y él mismo los visitaba y vigilaba su educación; y cuando murió, aseguró la manutención de todos aquellos niños para los dos años siguientes. Atendía después de la Misa matutina a quienes buscaban ayuda o consejo, y varias veces se le pasó la hora de la comida en este empeño. Cada día repartía comida en el zaguán del palacio a los mendicantes… y toda esta labor la compatibilizaba con una intensa vida de oración, y también de estudio.
La unidad entre lo que vivía y lo que predicaba llegó en santo Tomás al punto de que, pocos días antes de morir, ordenó repartir por las parroquias y casas de pobres todo el dinero en efectivo que quedara en el Arzobispado. Hasta le dio su cama a uno de los empleados de la diócesis, pidiéndole después permiso para usarla hasta que muriera. Fallecía así el padre de los pobres.
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

El Papa en Santa Marta: «Nuestra vida es un hoy»


La homilía del papa Francisco de la misa de Santa Marta se ha centrado en dos palabras «hoy» y «corazón». El hoy del que habla el Espíritu Santo en el pasaje de la Carta a los Hebreos de la liturgia del día, es «nuestra vida», un hoy «lleno de días» pero después del cual «no habrá un replay, un mañana», «un hoy en el cual nosotros hemos recibido el amor de Dios». Un hoy –ha explicado el Papa– en el cual podemos renovar nuestra alianza con la fidelidad de Dios. Pero hay un solo hoy en nuestra vida, y la tentación es decir «sí, lo haré mañana», ha advertido.
Jesús lo explica en la parábola de las diez vírgenes: las cinco que no habían llevado con ellas el aceite junto a las lámparas, lo van a comprar después pero cuando llegan encuentran la puerta cerrada. El Santo Padre ha hecho también referencia también a la parábola del que llama a la puerta diciendo al Señor: «he comido contigo, he estado contigo...». «No te conozco: has llegado tarde...».
Esto lo digo –ha proseguido Francisco– no para asustaros, sino simplemente para decir que nuestra vida es un hoy: hoy o nunca. El Papa ha asegurado que él piensa esto, «el mañana será el mañana eterno, sin atardecer, con el Señor, para siempre. Si yo soy fiel a este hoy». Y el Papa ha hecho la pregunta que hace el Espíritu Santo: «¿cómo vivo yo, este hoy?».
La segunda palabra sobre la que ha reflexionado es «corazón». Con el corazón «encontramos al Señor» y muchas veces Jesús regaña diciendo: «lentos de corazón», lentos en el entender. Así, la invitación es no endurecer el corazón y preguntarse si no está «sin fe» o «seducido por el pecado».
En esta misma línea, el Santo Padre ha contado que le conmueve cuando una persona anciana –muchas veces sacerdote o religiosa– le piden que rece por su perseverancia final.
De este modo, el Santo Padre exhorta a preguntarse sobre «nuestro hoy» y «nuestro corazón». El hoy está «lleno de días» pero «no se repetirá». Los días se repiten hasta que el Señor dice «basta».
Pero –ha señalado Francisco– el hoy no se repite, la vida es esta. «Y corazón abierto al Señor, no cerrado, no duro, no endurecido, no sin fe, no perverso, no seducido por los pecados».
Finalmente el Santo Padre ha recordado que el Señor se encontró a muchos de estos que tenían el corazón cerrado: los doctores de la ley, toda la gente que le perseguía, lo ponían a prueba para condenarlo y al final lo consiguieron.
Al concluir la homilía, Francisco ha invitado a hacerse varias preguntas: ¿Cómo es mi hoy? ¿Mi atardecer puede ser hoy mismo, este día o muchos días después? ¿Cómo va mi hoy, en la presencia del Señor? ¿Y mi corazón cómo es? ¿Está abierto? ¿Está firme en la fe? ¿Se deja conducir del amor del Señor?
Zenit

Conferencia sobre Tolkien en Nuestra Señora de Europa

Tolkien: de la dispersión a la unidad será el tema de la ponencia que imparta este lunes, 16 de enero, la Dra. Ana Rodríguez, profesora de la Universidad CEU San Pablo, en la parroquia Nuestra Señora de Europa (Paseo Vallejo Nájera, 23). Enmarcada en el ciclo de conferencias del Aula de Teología «Ágora Europa» que se organizan en el templo, se podrá escuchar a partir de las 20:00 horas en los salones parroquiales.
Además, del 16 al 22 de enero se podrá ver la exposición Descubriendo a Tolkien en el salón de actos parroquial. J. R. R. Tolkien (1892-1973) fue escritor, poeta, filólogo, lingüista y profesor universitario británico, autor de la conocida trilogía de El Señor de los Anillos.
Ágora Europa
La programación del Ágora Europa para este trimestre es la siguiente:
• 23 de enero. El deseo y la nostalgia en Saint-Exupery. Por Isidro Molina, doctor en filosofía.
• 30 de enero. Ideología de género: legislación, apariencia y realidad. Por Carmen Sánchez Maillo, profesora doctora de pensamiento político Universidad San Pablo CEU
• 6 de febrero. Una nueva mirada sobre el mundo: Laudato Si’. Por Carmen Valor y Juan Carlos Romero, profesores de la Universidad Pontificia de Comillas.
• 20 de febrero. Introducción al Evangelio de San Mateo. Por Luis Sánchez Navarro catedrático de Nuevo Testamento de la Universidad San Dámaso.
Infomadrid

La exposición se retrasa hasta nuevo aviso.

El novio está con ellos


Lectura del santo Evangelio según san Marcos 2, 18-22
En aquel tiempo, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno, vinieron unos y le preguntaron a Jesús:
«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?».
Jesús les contesta:
«¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar.
Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán en aquel día.
Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor.
Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos».
Palabra del Señor.

Entre los emigrantes no olvidar a los menores de edad, pide el Papa

 En sus saludos después del Ángelus el Papa recordó que en la fecha se celebra la 103° Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado dedicada en esta oportunidad al tema “Emigrantes menores de edad, vulnerables y sin voz”. “Estos nuestros pequeños hermanos, especialmente si no están acompañados, observó el Obispo de Roma, están expuestos a tantos peligros. Es necesario adoptar toda medida posible para garantizar a los menores emigrantes la protección y la defensa, así como también su integración”, precisó el Pontífice, dirigiendo un saludo especial a los representantes de las diversas comunidades étnicas presentes en la Plaza de San Pedro. A todas ellas Francisco deseó “vivir con serenidad en las localidades que los acogen, respetando sus leyes y las tradiciones y, al mismo tiempo, custodiando los valores de sus culturas de origen”.
Subrayando que el encuentro de varias culturas es siempre un enriquecimiento para todos, el Papa agradeció a la Diócesis de Roma y a todos los que trabajan con los emigrantes para recibirlos y acompañarlos en sus dificultades, alentando a continuar con esta obra recordando el ejemplo de santa Francisca Cabrini, patrona de los emigrantes, de quien conmemoramos este año el centenario de la muerte.
“Esta religiosa valiente dedicó su vida a llevar el amor de Cristo a todos los que estaban lejos de la patria y de la familia. Que su testimonio nos ayude a preocuparnos por el hermano extranjero, en el cual está presente Jesús, a menudo sufriente, rechazado y humillado”.
Finalmente, al saludar con afecto a todos los fieles provenientes de diversas parroquias de Italia y de otros países, así como a las asociaciones y diferentes grupos, el Santo Padre dirigió su saludo particular a los estudiantes del Instituto Meléndez Valdés de Villafranca de los Barros, en España . 
(RC-RV)