miércoles, 11 de enero de 2017

Desde el inframundo: Alternativas "Más que luchar contra la enfermedad hay que luchar con


Tenemos una medicina brillante de carácter quirúrgico y cirujano, cortante, de rasga y raja. Es una terapia heroica y agresiva que convierte al paciente en un toro toreado por los toreros de Esculapio, que empero buscan la salvación del enfermo. Pero es una salvación a través de su rajadura o partición, y uno se pregunta por alternativas menos agresivas (algunos hablan de inmunoterapia) o menos heroicas. Tras larga espera temporal (el tiempo todo lo cura, en este mundo o el otro), me han rajado de arriba abajo, así que tengo cierto derecho adquirido a rajarme de todo heroísmo fútil o fatuo.
Un amigo dominico, siguiendo el ejemplo de L. Wittgenstein y otros, rehusó la operación de cáncer para aceptar su curso natural hasta el final con cuidados paliativos. Y es que la operación de cáncer resulta dura, y la quimioterapia anunciada es fuerte (espero al menos que su fogueo acalore un poco mi friolera congénita). Pero no se nos ofrecen alternativas al modelo clásico oficial, quizás porque a la mayoría de la gente se le ha inculcado el vivir a toda costa, lo cual parece un poco obsceno en cierta edad, condición y situación límite. Pero incluso algún estólido mental ha llegado a plantear la inmortalidad, abundando así en la insensatez sobrehumana.
El caso es que la gente tiene miedo a la muerte y está dispuesta a vivir a toda costa, imponiéndose la cantidad a la calidad y la vida biológica a la existencia humana. Se trata de una ideología heroica que tiene dos fundamentos extremos pero que se tocan, por una parte cierto paganismo o naturalismo algo sádico o cruel, por otra una religiosidad o sobrenaturalismo algo pacato o masoquista. Frente a ello, la filosofía nos enseña desde Sócrates y Epicuro a no temer a la muerte, que es descanso eterno, sino a morir malamente, lo cual es bien distinto.
En el fondo de la ideología heroica contemporánea está la afirmación de un ánimus masculinista, que defiende el ánimo y la lucha a lo Cid Campeador. Pero es más sensato tener ánimo, valor y miedo, así pues asumir también el ánima femenina como implicación de lo real. Un amigo me ha rogado que no le falle, pero se trata de no fallar ante uno mismo sobre la propia realidad. Yo diría que más que luchar contra la enfermedad hay que luchar con ella, al modo como Jacob lucha con el ángel terrible y no en contra, sabiendo que es mejor morirse que perder la vida en el campo de batalla. Hay que hacerse una idea de la vida y hacerse a la idea de la muerte. Pues como me decía nuestro arzobispo y antiguo compañero de estudios, quien no tiene razones para morir no tiene razones para vivir.
Se me dirá que la vida es bella, por supuesto, pero también antibella; y se añadirá retóricamente que todo el mundo es bueno, sí, y también malo. Recuerdo que cuando animaba a mi santa abuela a cumplir años, me hacía una mueca ambivalente, como diciendo sí y no. Escribo esto convaleciendo en una buena residencia, a la que sin embargo mis cofrades denominan con humor negro el Morituri e incluso Treblinka, lo que muestra irónicamente la conciencia popular sobre nuestras residencias de ancianos. Es un inframundo o mundo inferior que debemos reconvertir en intramundo o mundo interior, elevando nuestra inconsciencia colectiva a conciencia crítica y autocrítica. Resulta sintomática al respecto la actual tabuización de la muerte, hasta el punto de llamar Testamento vital a lo que deberíamos llamar sin eufemismos Testamento mortal.
Europa está replanteando la cuestión de la vida en relación con la muerte, y nosotros debemos hacernos eco de semejante problema crucial. Curiosamente la máxima aportación de Franco al respecto fue su máxima final: "Lo que cuesta morir". En efecto, veo a mi alrededor demasiada inmanencia y algún encarnizamiento terapéutico, pues yo amo la trascendencia. De todas formas, deseo agradecer aquí la ayuda terapéutica de tantas personas en hospitales en vilo y en residencias quietistas. En la pequeña biblioteca de un gran hospital encontré una obra de Aristóteles, pero resultó ser de Aristóteles Onassis, lo cual me resultó simbólico. Pues hay que tener cuidado en no pasar del humanismo de Aristóteles al tecnologismo de Onassis.
La ciencia médica está al servicio del hombre humano y no inhumano. Mas he visto demasiados muertos vivientes entre nosotros, así como algún peligro de burocratización de la muerte. El hombre no puede librar al hombre de la muerte, pero puede liberar la muerte lo mismo que la vida.
(Andrés Ortíz-Osés)
Religión Digital

Carlos Osoro, a los jóvenes: “Acoged a Cristo para darlo a conocer con vuestra vida”



 Búscate en mí. Los jóvenes conversan con Jesús es un libro que se ha ido fraguando en mi corazón desde hace muchos años. Numerosos encuentros con diversas generaciones de jóvenes me han llevado a formular lo que yo llamaría «las grandes catequesis cristianas desde el inicio mismo de la Iglesia».
Y me animó a ello todavía más la celebración del «Año de la misericordia», que me hizo ver, con más claridad aún, lo que Jesucristo nos ha mostrado y revelado y lo que supone un encuentro con él. (...)
Siempre he querido proponer a los jóvenes acoger a Cristo para darlo a conocer a todos los hombres con nuestra vida, y así protagonizar en nuestra historia, con toda la Iglesia, con obras y palabras, el anuncio del mensaje con más novedad y más revolucionario, pues cambia nuestras vidas desde dentro: nos da un corazón nuevo, unos ojos nuevos, unos oídos nuevos y nos hace criaturas nuevas, hijos de Dios y hermanos de todos los hombres. (...)
El libro está pensado para que podáis iniciaros en el encuentro con Jesucristo, que os busca incansablemente, que siempre está a vuestro lado aunque no os deis cuenta, y que es quien provoca la verdadera alegría y da el verdadero sentido que tiene la vida. Tres capítulos lo conforman: comienzo con el Padre nuestro y termino con el Credo. En medio de estos dos capítulos puse otro, para mí entrañable, que llamo Ave María. (...)
"Búscate en mí" pretende ser un libro que se siga escribiendo entre todos con la convicción de que «Dios es real, se manifiesta en nuestro hoy y está en todas partes».
Un libro interactivo en el que Osoro cuenta lo que vive y cómo lo vive, e invita a los jóvenes a concretar lo que cada uno va descubriendo. Al final de cada capítulo, en el apartado «Ahora te toca a ti», se pueden plasmar los descubrimientos y vivencias mediante reflexiones, relatos, poemas y dibujos según se indica en cada ocasión. Y al final, si se desea, se puede enviar el libro -que siempre se devolverá- al concurso «Búscate en mí», organizado por el Arzobispado de Madrid, en colaboración con la editorial PPC, y dotado con 6.000 € en premios. Se pueden ver y descargar las bases del concurso en este enlace: www.e-sm.net/bembases
(Mons. Carlos Osoro)
Religión Digital

De cuando la Iglesia contribuyó a que España permaneciera en la Europa cristiana


Durante los siglos medievales, la Iglesia en la península ibérica marcó de modo profundo el lugar que hoy ocupa España en la civilización, al contribuir, de forma sobresaliente, a que pueda enmarcarse en la Europa de raíces cristianas, a cuya historia y vicisitudes logró mantenerse unida en un momento en el que pudo haber caído definitivamente en otra órbita cultural y religiosa
Durante los largos siglos que van desde la caída del Imperio romano (476) hasta el inicio del reinado de Isabel la Católica en Castilla (1474), la Iglesia española es protagonista de tres procesos principales que afectan tanto a la configuración de España como nación como a la vida de la Iglesia universal.
Puente entre dos culturas
El primer proceso es el que constituye a la Iglesia española como puente entre la cultura romano-cristiana y la cultura medieval. Estamos ante la gran contribución de la Iglesia en tiempos de los visigodos. Primero, como Iglesia de la mayoría de la población (los hispanorromanos) y, desde el 587, como la Iglesia oficial del reino tras la conversión del rey Recaredo.
La cultura romana fue conservada en estos siglos en los monasterios visigodos, de los que salieron los grandes exponentes de la cultura del momento, destacando san Isidoro de Sevilla, autor de las famosas Etimologías, obra enciclopédica que compendiaba la sabiduría de las generaciones anteriores. También el derecho canónico romano-cristiano se conservó y transmitió con mayor amplitud que en ninguna otra región cristiana gracias a la elaboración de la colección Hispana, en diversas etapas durante el siglo VI. La difusión de estas obras en el resto de Europa, a través de su recepción por parte del reino merovingio primero y carolingio después, garantizó la continuidad fundamental con el mundo antiguo, adaptándolo a las nuevas circunstancias.
La Reconquista
El segundo proceso es el que ha permitido que la península ibérica forme parte de la civilización cristiana, a diferencia de otras enormes regiones que en la antigüedad también lo eran. Dicho proceso se ha llamado Reconquista y ha durado desde la misma invasión de los árabes en el 711 hasta su definitiva expulsión del reino de Granada en 1492.
La religión cristiana sirvió durante esos siglos como elemento unificador de las distintas unidades políticas que se formaron como reacción al poder musulmán, siempre considerado como invasor. Todos los reinos cristianos encontraron en los hombres de Iglesia grandes colaboradores en el ejercicio de su gobierno y, en los monjes, uno de los más eficaces agentes para la progresiva repoblación y extensión de los límites de sus fronteras. La legitimidad del poder ejercido por los distintos reyes se buscó de un modo u otro en categorías tomadas de la teología cristiana. No es, pues, una exageración afirmar que la conciencia de unidad entre los distintos reinos cristianos estuvo fundado en una empresa común –la Reconquista– de indudable sentido religioso.
La europeización de España
Finalmente, el tercer proceso es el de la europeización de España. La entrada de los reinos cristianos peninsulares en la órbita de la naciente cristiandad europea en tiempos de Carlomagno fue favorecida por los eclesiásticos de dichos reinos, que buscaron desligarse de la Iglesia mozárabe, que vivía bajo dominio musulmán. Se produjo así una creciente europeización de la Iglesia española que, comenzando con la progresiva penetración de la regla de san Benito para la vida monástica, culminó con la supresión del rito mozárabe y la adopción del rito romano para las celebraciones litúrgicas en tiempos de san Gregorio VII. En este tercer proceso, el Camino de Santiago tuvo una importancia fundamental, convirtiéndose en una vía de intercambio cultural y religioso que unía el norte de la península con todos los reinos de Europa.
A partir del siglo XII los asuntos de los reinos cristianos de la península fueron de interés para todos los reinos europeos. Los Papas, por su parte, concedieron el estatuto de cruzada a la empresa de la Reconquista, facilitando de este modo la participación de caballeros de otras latitudes. También enviaron legados para que garantizaran la correcta aplicación de las distintas reformas eclesiásticas con el resultado de fortalecer aún más el carácter plenamente europeo del cristianismo peninsular. De este modo, ya en los albores de la Edad Moderna, los reinos peninsulares participaron todos juntos en el Concilio de Constanza, formando parte de la nación hispana y contribuyendo de este modo a la solución del cisma de Occidente y a poner las bases de un nuevo modo de entender las relaciones entre el poder eclesiástico y el civil.
Antesala de la edad moderna
Como se ve, el desarrollo de la Iglesia en la península ibérica durante los siglos medievales ha marcado de modo profundo el lugar que España ocupa hoy en la civilización, al contribuir de modo sobresaliente a que pueda enmarcarse en la Europa de raíces cristianas, a cuya historia y vicisitudes logró mantenerse unida en un momento en el que pudo haber caído en otra órbita cultural y religiosa de modo definitivo.
La vida de la Iglesia peninsular ha sido también de gran fecundidad para el conjunto de la Iglesia. Un papel principal se le reconoce como puente entre el mundo antiguo y medieval; pero, sobre todo desde el siglo XII, fue protagonista en pie de igualdad con las restantes Iglesias europeas en la configuración del catolicismo que se apresuraba hacia la Edad Moderna.
Nicolás Álvarez de las Asturias

Profesor del máster en Historia de la Iglesia española de la Universidad Eclesiástica San Dámaso
Alfa y Omega

Comentario del santo Evangelio según san Marcos 1, 29-39, por Benedicto XVI



Queridos hermanos y hermanas:

El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús que cura a los enfermos: primero a la suegra de Simón Pedro, que estaba en cama con fiebre, y él, tomándola de la mano, la sanó y la levantó; y luego a todos los enfermos en Cafarnaún, probados en el cuerpo, en la mente y en el espíritu; y «curó a muchos... y expulsó muchos demonios» (Mc 1, 34). Los cuatro evangelistas coinciden en testimoniar que la liberación de enfermedades y padecimientos de cualquier tipo constituía, junto con la predicación, la principal actividad de Jesús en su vida pública. De hecho, las enfermedades son un signo de la acción del Mal en el mundo y en el hombre, mientras que las curaciones demuestran que el reino de Dios, Dios mismo, está cerca. Jesucristo vino para vencer el mal desde la raíz, y las curaciones son un anticipo de su victoria, obtenida con su muerte y resurrección.

Un día Jesús dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos» (Mc 2, 17). En aquella ocasión se refería a los pecadores, que él había venido a llamar y a salvar, pero sigue siendo cierto que la enfermedad es una condición típicamente humana, en la que experimentamos fuertemente que no somos autosuficientes, sino que necesitamos de los demás. En este sentido podríamos decir, de modo paradójico, que la enfermedad puede ser un momento saludable, en el que se puede experimentar la atención de los demás y prestar atención a los demás. Sin embargo, la enfermedad es siempre una prueba, que puede llegar a ser larga y difícil. Cuando la curación no llega y el sufrimiento se prolonga, podemos quedar como abrumados, aislados, y entonces nuestra vida se deprime y se deshumaniza. ¿Cómo debemos reaccionar ante este ataque del Mal? Ciertamente con el tratamiento apropiado —la medicina en las últimas décadas ha dado grandes pasos, y por ello estamos agradecidos—, pero la Palabra de Dios nos enseña que hay una actitud determinante y de fondo para hacer frente a la enfermedad, y es la fe en Dios, en su bondad. Lo repite siempre Jesús a las personas a quienes sana: Tu fe te ha salvado (cf. Mc 5, 34.36). Incluso frente a la muerte, la fe puede hacer posible lo que humanamente es imposible. ¿Pero fe en qué? En el amor de Dios. He aquí la respuesta verdadera que derrota radicalmente al Mal. Así como Jesús se enfrentó al Maligno con la fuerza del amor que le venía del Padre, así también nosotros podemos afrontar y vencer la prueba de la enfermedad, teniendo nuestro corazón inmerso en el amor de Dios. Todos conocemos personas que han soportado sufrimientos terribles, porque Dios les daba una profunda serenidad. Pienso en el reciente ejemplo de la beata Chiara Badano, segada en la flor de la juventud por un mal sin remedio: cuantos iban a visitarla recibían de ella luz y confianza. Pero en la enfermedad todos necesitamos calor humano: para consolar a una persona enferma, más que las palabras, cuenta la cercanía serena y sincera.

Queridos amigos, el próximo sábado, 11 de febrero, memoria de Nuestra Señora de Lourdes, se celebra la Jornada mundial del enfermo. Hagamos también como la gente en tiempos de Jesús: presentémosle espiritualmente a todos los enfermos, confiando en que él quiere y puede curarlos. E invoquemos la intercesión de Nuestra Señora, en especial por las situaciones de mayor sufrimiento y abandono. María, Salud de los enfermos, ruega por nosotros.
Ángelus Domingo 5 de febrero de 2012

Curó a muchos enfermos de diversos males (Evangelio de hoy)




Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 29-39
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron:
-«Todo el mundo te busca».
Él les responde:
-«Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido».
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios
Palabra del Señor.

martes, 10 de enero de 2017

Omella traza las bases de su pontificado en Barcelona con la elección de dos auxiliares "pastores"


Un año después de su designación, Juan José Omella empieza trazar su pontificado en la Ciudad Condal. En los últimos meses, el arzobispo de Barcelona ha recorrido toda la diócesis, y a los sacerdotes, y ha formulado su petición: dos obispos auxiliares, con amplia experiencia pastoral, y conocimiento del "conflicto" catalán.
La petición se hizo perentoria después de la resolución del "escándalo Salinas" en Mallorca, que concluyó con el envío a la isla de Sebastiá Taltavull, todavía obispo auxiliar de Barcelona. Según ha sabido RD, Taltavull abandonará definitivamente la Ciudad Condal para dedicarse plenamente a su nueva diócesis, de la que será nombrado obispo residencial dentro de unos meses.
La marcha de Taltavull fue una difícil decisión para monseñor Omella, quien se había apoyado en su auxiliar durante sus primeros meses en Barcelona, para conocer la realidad de una diócesis marcada por la secularización, y por una sociedad en la que, desde hace unos años, sólo se habla del procès y del encaje de Cataluña en España, o fuera de ella.
Sin embargo, la decisión de que Taltavull recalase en Mallorca fue del propio arzobispo, miembro de la Congregación de Obispos y encargado por el Papa de informarle de todos los escándalos y problemas de la Iglesia española. Si Osoro es el hombre de Francisco en España, no cabe duda de que Omella es el nexo de unión con Roma.
Una vez conocida la marcha de Taltavull, Omella reclamó a la Santa Sede dos auxiliares, que a falta de confirmación oficial, Roma ha concedido, y que serán designados en las próximas semanas. Aunque no han trascendido sus nombres, sí parece que ambos serán dos párrocos con un amplio bagaje pastoral y un profundo conocimiento de las "periferias existenciales" de la diócesis barcelonesa.
Al menos uno de ellos será un sacerdote experimentado, y al parecer no será ninguno de los que, en los últimos años, han aparecido en sucesivas quinielas, incluso durante la época de Sistach: Santiago Bueno o Armand Puig. También queda descartado, pero en este caso debido a su edad, Salvador Pié Ninot (cumplió en junio los 75 años). Pié, sin embargo, sí es uno de los expertos que asesoran al Papa Francisco en su tarea de reformar la Iglesia.
De hecho, él es uno de los participantes en el volumen que, coordinado por Antonio Spadaro y Carlos María Galli, se acaba de publicar bajo el título "La reforma y las reformas en la Iglesia" (Sal Terrae), y en el que aparecen, directa o subrepticiamente, las claves del camino que Francisco ha emprendido.
Jesús Bastante

Papa: Jesús tiene autoridad porque está al servicio de la gente

Jesús tenía autoridad porque servía a la gente, estaba cerca de las personas y era coherente, al contrario, los Doctores de la Ley se sentían príncipes. En su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta el Papa Francisco puso de manifiesto estas tres características de la autoridad de Jesús. El Santo Padre subrayó que, en cambio, los Doctores de la Ley enseñaban con una autoridad de tipo clerical, separados de la gente, y que no vivían lo que predicaban.
Jesús servía a la gente mientras los Doctores de la Ley se sentían príncipes
El Papa Bergoglio centró su reflexión en las características que diferencian la autoridad de Jesús de la de los Doctores de la Ley. Mientras el Señor “enseñaba con humildad” y dice a sus discípulos que “el más grande sea como el que sirve”, es decir, que “se haga pequeño”, los fariseos se sentían príncipes:
“Jesús servía a la gente, explicaba las cosas para que la gente comprendiera bien: estaba al servicio de la gente. Tenía una actitud de servidor, y esto le daba autoridad. En cambio, estos Doctores de la Ley que las personas… sí, escuchaban, respetaban, pero no sentían que tuvieran autoridad sobre ellas; estos tenían una psicología de principios: ‘Nosotros somos los maestros, los príncipes, y nosotros les enseñamos a ustedes. No servicio: nosotros mandamos, ustedes obedecen’. Y Jesús jamás se hizo pasar como un príncipe: siempre era servidor de todos y esto es lo que le daba autoridad”.
La segunda característica de la autoridad de Jesús es la cercanía
Es estar cerca de la gente lo que, en efecto, confiere autoridad. La cercanía es, por lo tanto, la segunda característica que diferencia la autoridad de Jesús de la de los fariseos. “Jesús no tenía alergia a la gente: tocar a los leprosos, a los enfermos, no le producía repugnancia” – explicó Francisco – mientras los fariseos despreciaban a “la pobre gente ignorante”, y les gustaba pasear por las plazas, bien vestidos:
“Estaban separados de la gente, no eran cercanos; Jesús estaba sumamente cerca de la gente, y esto le daba autoridad. Aquellos separados, estos Doctores tenían una psicología clerical: enseñaban con una autoridad clerical, o sea con el clericalismo. A mí me gusta mucho cuando leo acerca de la cercanía a la gente que tenía el Beato Pablo VI. En el número 48 de la ‘Evangelii Nuntiandi’ se ve el corazón del pastor cercano: está allí la autoridad de aquel Papa, la cercanía. Primero: servidor, de servicio, de humildad: el jefe es aquel que sirve, que voltea todo, como un iceberg. Del iceberg se ve la cúspide; en cambio Jesús da un vuelco y el pueblo está arriba y Él, que manda, está debajo y desde abajo manda. Segundo: cercanía”.
Jesús era coherente. La actitud clerical es hipócrita
Pero hay un tercer punto que caracteriza la autoridad de Jesús en comparación con la de los escribas que es la coherencia. Jesús “vivía lo que predicaba”: “Había como una unidad, una armonía entre lo que pensaba, sentía y hacía”. Mientras quien se siente príncipe tiene “una actitud clerical”, o sea, hipócrita, dice una cosa y hace otra:
“En cambio, esta gente no era coherente y su personalidad estaba dividida hasta el punto de que Jesús aconseja a sus discípulos: “Hagan aquello que les dicen, pero no aquello que hacen”. Decían una cosa y hacían otra. Incoherencia. Eran incoherentes. Y el adjetivo que tantas veces Jesús les dice a ellos es hipócrita. Y se comprende que uno que se siente príncipe, que tiene una actitud clerical, que es un hipócrita, ¡no tiene autoridad! Dirá les verdades, pero sin autoridad. En cambio Jesús, que es humilde, que está al servicio, que es cercano, que no desprecia a la gente y que es coherente, tiene autoridad. Y ésta es la autoridad que siente el pueblo de Dios”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

Las masacres contra los jesuitas del Imperio español que inspiraron la película Silencio de Scorsese



En 1587, el shogunato (el gobierno militar central) ordenó la salida de todos los religiosos extranjeros en un plazo de 20 días. Pero ante la amenaza de ser ejecutados, los jesuitas decidieron «ofrecer sus vidas a nuestro Señor antes que desamparar aquella cristiandad ni salir de Japón»
La Compañía de Jesús se aficionó desde su nacimiento a las misiones imposibles. «Tengo gran esperanza, y está toda en Dios nuestro Señor, que se han de hacer muchos cristianos en Japón», escribió el primer jesuita que pisó el país en una carta dirigida a Ignacio de Loyola donde, tal vez, no calculó bien los peligros. Porque predicar en Japón no era difícil, simplemente iba a ser suicida.
Los negocios de los mercaderes portugueses y españoles en torno a Japón empezaron a ser cada vez más frecuentes conforme avanzaba el siglo XVI. Ambos países ibéricos sopesarían en varias ocasiones atacar Japón o incluso China; pero al final se contentaron con la evangelización.
En 1549, el jesuita San Francisco Javier y otros dos miembros de la Compañía llegaron a Japón para predicar el cristianismo, aprovechando esas mismas rutas comerciales. Los jesuitas se encontraron un país debilitado por las guerras internas y la inestabilidad política. El propio emperador prácticamente estaba confinado en su palacio. El arcabuz, que fascinó a los belicosos nipones, y Cristo fueron las únicas herramientas que encontró Occidente para hincarle el diente a una tierra de anarquía y guerras feudales.
El «Apóstol de las Indias» prende la llama
El conocido como «Apóstol de las Indias» fue un estrecho colaborador de Ignacio de Loyola y la vanguardia de la orden religiosa en el Lejano Oriente. Al estilo de Gary Cooper, los misioneros quedaron solos ante el peligro, especialmente tras el fallecimiento del carismático Francisco Javier y del reinado del señor de la guerra Oda Nobunaga, favorable al catolicismo.
Este Samuray vio en los sacerdotes católicos la mejor oportunidad para desplazar a los budistas de la política japonesa y abrió de par en par las puertas del país a la evangelización, hasta el extremo de que en esas fechas un grupo de cuatro jóvenes japoneses fue invitado a viajar a Roma a entrevistarse con el Papa Gregorio XIII.
Sin embargo, la muerte de Nobunaga echó al traste aquellos años de tolerancia. El Señor de Japón fue acribillado a flechazos en su palacio cuando estaba lavándose las manos con una toalla, al estilo de otras historias de traición de la época. Todavía herido se encerró en su cámara hasta que le alcanzó la muerte.
Uno de sus principales generales asumió el poder y, al menos al principio, mantuvo las buenas relaciones con los misioneros. Mientras el número de fieles no dejaba de incrementarse, con 60.000 almas convertidas; se elevó también la desconfianza de los señores feudales y la élite budista hacia lo que identificaban, no sin razón, como una quinta columna previa a una invasión militar.
Además de los problemas del idioma, los misioneros tuvieron que disputarse desde el principio cada alma con los monjes budistas, que vivían en aquellas fechas su momento político más bajo. Durante muchos años habían sabido ganarse el favor de las autoridades gobernantes; en tanto, la aparición de una nueva religión amenazaba sus intereses tanto terrenales como espirituales. Una nueva guerra religiosa estaba en curso.
La recuperación política de los budistas y la entrada en escena de los holandeses, enfrentados en Europa al Imperio español (donde también estaba integrado el Impero portugués) por un asunto religioso de fondo, complicaron la posición de los españoles y portugueses en Japón.
En 1587, el shogunato (el gobierno militar central) ordenó la salida de todos los religiosos extranjeros en un plazo de 20 días. Pero ante la amenaza de ser ejecutados, los jesuitas decidieron «ofrecer sus vidas a nuestro Señor antes que desamparar aquella cristiandad ni salir de Japón». Como resultado directo de este edicto fueron condenados a muerte de veintiséis cristianos –incluidos tres niños–, los cuales salieron de Kioto escoltados por soldados y fueron ejecutados en la colina Nishizaka (Nagasaki) hacia el año 1597. Los individuos fueron alzados en cruces y lanceados ante la multitud.
Los misioneros se vieron condenados a la clandestinidad hasta que, a principios del siglo XVII, ni siquiera se les permitió eso. Varios choques militares con barcos españoles y portugueses motivaron que Japón declarara una guerra abierta a los católicos. Miles de fieles cristianos y centenares de misioneros fueron enviados a la hoguera, mientras que sus iglesias fueron destruidas y sus símbolos profanados. Se estableció, además, como recuerda el historiador Jaime Tramon Castillo en un interesante artículo académico en la revista «Pharos», la práctica del «Fumiye», que consistía en poner la imagen de la Virgen en el suelo y obligar a la población a pisarla.
El número de asesinados alcanzó cifras aterradoras. El cronista jesuita Llorca García Villoslada Montalbán: «Ya en 1624 se elevaba a 30.000 el número de cristianos muertos o desterrados, y al final de la persecución pasaron de doscientos mil».
Y detrás de la sangre vino la oscuridad. «El Sakoku» o Política del aislamiento arrojó, desde 1639, un telón de acero sobre Japón que no se levantaría hasta 1853. «Silencio», de Scorsese, se desarrolla precisamente en los albores de esa oscuridad y de aquella lucha de la katana contra la cruz.
César Cervera/ABC
Alfa y Omega

Müller: «No habrá ninguna corrección al Papa»



El Prefecto de la Doctrina de la Fe en una entrevista con el Tgcom24: «En este momento no es posible, no hay ningún peligro para la fe. No me gustó la publicación de las “dubia”»
En relación con las «dubia» expresadas por los cuatro cardenales sobre la exhortación Amoris laetitia, interviene nuevamente el cardenal Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, afirmando que «en este momento no es posible una corrección al Papa porque no hay ningún peligro para la fe». El purpurado, en una entrevista con Fabio Marchese Ragona, del Tgcom24, en el ámbito del programa Estancias vaticanas, también expresó su irritación tras la publicación de las «dubia».
Como se recordará, poco más de un mes después de haber presentado las cinco «dubia» (sobre la interpretación de Amores laetitia, a propósito de los sacramentos para los divorciados que se han vuelto a casar, presentadas según la modalidad técnica de una petición de aclaraciones a la Congregación para la Doctrina de la Fe) los cuatro cardenales firmantes, Walter Brandmüller, Raymond Leo Burke, Carlo Caffarra e Joachim Meisner, decidieron hacerlas públicas en los medios de comunicación. La publicación llegó pocos días antes del Consistorio de octubre de 2016. En las siguientes semanas, el cardenal Burke habló en varias ocasiones de una posible y cercana «corrección formal» del Papa, en caso de que no llegara ninguna respuesta. En una entrevista con Vatican Insider, el cardenal Brandmüller precisó que esta corrección se habría llevado a cabo en primera estancia en «camera caritatis» y, por lo tanto, que no sería publicada.
Ahora, el Prefecto de la Doctrina de la Fe parece alejar la hipótesis de la «corrección». Cada quien, dijo Müller al Tgcom24, «sobre todo los cardenales de la Iglesia Romana, tienen derecho de escribir una carta al Papa. Sin embargo me sorprendí porque esta fue hecha pública, casi obligando al Papa a decir “Sí” o “No”. Esto no me gusta. Incluso una posible corrección fraterna del Papa», añadió, «me parece muy lejana, no es posible en este momento, porque no se trata de un peligro para la fe, como Santo Tomás dijo».
El Prefecto del ex-Santo Oficio continuó: «Estamos muy lejos de una corrección y digo que es un daño para la Iglesia discutir sobre estas cosas públicamente. Amoris laetitia es muy clara en su doctrina y podemos interpretar toda la doctrina de Jesús sobre el matrimonio, toda la doctrina de la Iglesia en 2000 años de historia». Papa Francisco, concluyó el cardenal, «pide discernir la situación de estas personas que viven en una unión no regular, es decir no según la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio, y pide ayudar a estas personas a encontrar un camino para una nueva integración en la Iglesia según las condiciones de los sacramentos, del mensaje cristiano del matrimonio. Pero yo no veo ninguna contraposición: por una parte tenemos la doctrina clara sobre el matrimonio, por otra, la obligación de la Iglesia de preocuparse por estas personas en dificultades».
Andrea Tornielli/Vatican Insider

10 de enero: san Gregorio de Nisa



(Palabras pronunciadas por Benedicto XVI en la Audiencia General, 29.8. 2007)
Queridos hermanos y hermanas,
En las últimas catequesis he hablado de dos grandes doctores de la Iglesia del siglo IV, san Basilio y san Gregorio Nacianceno, obispo en Capadocia, en la actual Turquía. Hoy hablaremos de un tercero, el hermano de san Basilio, san Gregorio de Nisa, hombre de carácter meditativo, con gran capacidad de reflexión y una inteligencia despierta, abierta a la cultura de su tiempo. Fue un pensador original y profundo en la historia del cristianismo.
Nació alrededor del año 335. De su formación cristiana se encargaron especialmente su hermano san Basilio –definido por él padre y maestro (Ep. 13, 4: SC 363, 198)– y su hermana santa Macrina. En sus estudios profundizó particularmente en la filosofía y la retórica. En un primer momento se dedicó a la enseñanza y se casó. Después, como su hermano y su hermana, se consagró totalmente a la vida ascética. Más tarde fue elegido obispo de Nisa, y se convirtió en pastor celoso, conquistando la estima de la comunidad. Acusado de malversaciones económicas por sus adversarios herejes, tuvo que abandonar por algún tiempo su sede episcopal, pero luego regresó triunfalmente (cf. Ep. 6: SC 363, 164-170) y prosiguió la lucha por defender la auténtica fe.
Sobre todo tras la muerte de san Basilio, como recogiendo su herencia espiritual, cooperó en el triunfo de la ortodoxia. Participó en varios sínodos; trató de resolver los enfrentamientos entre las Iglesias; participó en la reorganización eclesiástica y, como columna de la ortodoxia, fue uno de los protagonistas del Concilio de Constantinopla del año 381, que definió la divinidad del Espíritu Santo. Desempeñó varios encargos oficiales de parte del emperador Teodosio, pronunció importantes homilías y discursos fúnebres, y compuso varias obras teológicas. En el año 394 volvió a participar en un sínodo que se celebró en Constantinopla. Se desconoce la fecha de su muerte.
San Gregorio manifiesta con claridad la finalidad de sus estudios, el objetivo supremo al que orienta su trabajo teológico: no dedicar la vida a cosas banales, sino encontrar la luz que permita discernir lo que es verdaderamente útil (cf. In Ecclesiasten hom. 1: SC 416, 106-146). Encontró en el cristianismo este bien supremo, gracias al cual es posible «la imitación de la naturaleza divina» (De professione christiana: PG 46, 244 C). Con su aguda inteligencia y sus amplios conocimientos filosóficos y teológicos, defendió la fe cristiana contra los herejes que negaban la divinidad del Hijo y del Espíritu Santo (como Eunomio y los macedonianos) o ponían en duda la perfecta humanidad de Cristo (como Apolinar). Comentó la sagrada Escritura, reflexionando especialmente en la creación del hombre. La creación era para él un tema central. Veía en la criatura un reflejo del Creador y en ella encontraba el camino hacia Dios.
Pero también escribió un importante libro sobre la vida de Moisés, a quien presenta como hombre en camino hacia Dios: esta ascensión hacia el monte Sinaí se convierte para él en una imagen de nuestra ascensión en la vida humana hacia la verdadera vida, hacia el encuentro con Dios. Interpretó también la oración del Señor, el Padrenuestro, y las Bienaventuranzas.
En su Gran discurso catequístico (Oratio catechetica magna), expuso las líneas fundamentales de la teología, no para elaborar una teología académica cerrada en sí misma, sino para ofrecer a los catequistas un sistema de referencia para sus explicaciones, como una especie de marco en el que se mueve después la interpretación pedagógica de la fe.
San Gregorio, además, es insigne por su doctrina espiritual. Su teología no era una reflexión académica, sino la manifestación de una vida espiritual, de una vida de fe vivida. Como gran «padre de la mística» trazó en varios tratados –como el De professione christiana y el De perfectione christiana– el camino que los cristianos deben emprender para alcanzar la verdadera vida, la perfección.
Exaltó la virginidad consagrada (De virginitate), y propuso como modelo insigne la vida de su hermana santa Macrina, que fue para él siempre una guía, un ejemplo (cf. Vita Macrinae). Pronunció varios discursos y homilías, y escribió numerosas cartas. Comentando la creación del hombre, san Gregorio subraya que Dios, «el mejor de los artistas, forja nuestra naturaleza de manera que sea capaz del ejercicio de la realeza. Mediante la superioridad del alma, y por medio de la misma conformación del cuerpo, Dios hace que el hombre sea realmente idóneo para desempeñar el poder regio» (De hominis opificio 4: PG 44, 136 B).
Pero constatamos que el hombre, en la red de los pecados, con frecuencia abusa de la creación y no ejerce una verdadera realeza. Por eso, para desempeñar una verdadera responsabilidad con respecto a las criaturas, tiene que ser penetrado por Dios y vivir en su luz. En efecto, el hombre es un reflejo de la belleza original que es Dios: «Todo lo que creó Dios era óptimo», escribe el santo obispo. Y añade: «Lo testimonia el relato de la creación (cf. Gn 1, 31). Entre las cosas óptimas también se encontraba el hombre, dotado de una belleza muy superior a la de todas las cosas bellas. ¿Qué otra cosa podía ser tan bella como quien era semejante a la belleza pura e incorruptible? (…) Al ser reflejo e imagen de la vida eterna, era realmente bello, es más, bellísimo, con el signo radiante de la vida en su rostro» (Homilia in Canticum 12: PG 44, 1020 C).
El hombre fue honrado por Dios y situado por encima de toda criatura: «El cielo no fue hecho a imagen de Dios, ni la luna, ni el sol, ni la belleza de las estrellas, ni nada de lo que aparece en la creación. Sólo tú (alma humana) has sido hecha a imagen de la naturaleza que supera toda inteligencia, semejanza de la belleza incorruptible, huella de la verdadera divinidad, receptáculo de vida bienaventurada, imagen de la verdadera luz, al contemplar la cual te conviertes en lo que él es, pues por medio del rayo reflejado que proviene de tu pureza tú imitas a quien brilla en ti. Nada de lo que existe es tan grande que pueda ser comparado a tu grandeza» (Homilia in Canticum 2: PG 44, 805 D). Meditemos en este elogio del hombre. Veamos también cómo el hombre se ha degradado por el pecado. Y tratemos de volver a la grandeza originaria: el hombre sólo alcanza su verdadera grandeza si Dios está presente.
Por tanto, el hombre reconoce dentro de sí el reflejo de la luz divina: purificando su corazón, vuelve a ser, como al inicio, una imagen límpida de Dios, Belleza ejemplar (cf. Oratio catechetica 6: SC 453, 174). De este modo, el hombre, al purificarse, puede ver a Dios, como los puros de corazón (cf. Mt 5, 8): «Si con un estilo de vida diligente y atento lavas las fealdades que se han depositado en tu corazón, resplandecerá en ti la belleza divina. (…) Contemplándote a ti mismo, verás en ti a aquel que anhela tu corazón y serás feliz» (De beatitudinibus, 6: PG 44, 1272 AB). Por consiguiente, hay que lavar las fealdades que se han depositado en nuestro corazón y volver a encontrar en nosotros mismos la luz de Dios.
Así pues, el hombre tiene como fin la contemplación de Dios. Sólo en ella podrá encontrar su satisfacción. Para anticipar en cierto modo este objetivo ya en esta vida, debe avanzar incesantemente hacia una vida espiritual, una vida en diálogo con Dios. En otras palabras –y esta es la lección más importante que nos deja san Gregorio de Nisa– la plena realización del hombre consiste en la santidad, en una vida vivida en el encuentro con Dios, que así resulta luminosa también para los demás, también para el mundo.
J.M. Ballester Esquivias (@jmbe12)
Alfa y Omega

La limosnería apostólica abre los albergues 24 horas por la ola de frío


La ola de frío que afecta a Italia desde hace varios días ha despertado una nueva iniciativa del Vaticano a favor de los más desfavorecidos. Monseñor Konrad Krajewski, limosnero pontificio, explicó a la agencia Ansa que entregarán a los sin techo que lo requieran sacos de dormir especiales, resistentes hasta a 20º bajo cero. «Hemos puesto a disposición también nuestros coches de la Limosnería para quien no quiera moverse pueda dormir dentro por la noche. Hace algunas noches, por ejemplo, durmió allí una hombre sin hogar de 85 años».
Además, se han abierto 24 horas al día los albergues para poder garantizarles estar resguardados del frío también durante el día. Se trata de el «don de María», el albergue en el Vaticano gestionado por las hermanas de Madre Teresa de Calcuta. También el centro cercano y a la estación central de trenes Termini y el «don de la Misericordia», junto a la iglesia del Espíritu Santo en Sassia, a pocos metros del Vaticano inaugurado el pasado 7 de octubre de 2015 con motivo del Año Jubilar.
Allí explicó Krajewski alla Radio Vaticana, acogieron a 20 personas más aunque hay también 40 sillas. Es decir, quien llama a la puerta es acogido y puede permanecer al calor y recibir té, café o algo para comer.
La ola de frío polar ha provocado en Italia 8 fallecidos en dos días.
Zenit

Enseñaba con autoridad (Evangelio de hoy)



Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 21-28

En la ciudad de Cafarnaún, el sábado entró Jesús en la sinagoga a enseñar; estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar:
«¿Qué tenemos que ver nosotros, contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
Jesús lo increpó:
«Cállate y sal de él».
El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él. Todos se preguntaron estupefactos:
«¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen».
Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.
Palabra del Señor.

lunes, 9 de enero de 2017

Construyan la paz promoviendo el desarrollo integral del hombre: el Papa a los Embajadores ante la Santa Sede

“La paz es un don, un desafío y un compromiso”: lo dijo el Papa hablando en la mañana de este lunes 9 de enero a los Embajadores acreditados ante la Santa Sede en ocasión de las felicitaciones por el año nuevo. En el extenso y rico discurso centrado en el tema de la paz el Pontífice expresó su deseo de que en este año “crezcan en nuestros países y sus pueblos las oportunidades para trabajar juntos y construir una paz verdadera”.
“Considero importante dirigir una palabra de esperanza” dijo Francisco explicando la elección centrar su discurso en el tema de la seguridad y de la paz, considerando “el clima general de preocupación por el presente y de incertidumbre y angustia por el futuro, en el que nos encontramos inmersos”.
A los embajadores presentes en la Sala Regia en el Vaticano, el Papa explicó que “la paz es un don porque brota del corazón de Dios; un desafío, porque es un bien que no se da nunca por descontado y debe ser conquistado continuamente; un compromiso, ya que requiere el trabajo apasionado de toda persona de buena voluntad para buscarla y construirla”. No existe – aseguró después el  Pontífice - la verdadera paz si no se parte de una visión del hombre que sepa promover su desarrollo integral, teniendo en cuenta su dignidad trascendente, ya que ‘el desarrollo es el nuevo nombre de la paz’, como recordaba el beato Pablo VI.
En efecto el Obispo de Roma, recordando la reciente celebración de la 50 Jornada Mundial de la Paz, instituida por el beato Pablo VI afirmó,  citando la Constitución pastoral Gaudium et Spes, que “para los cristianos la paz es un don del Señor, aclamada y cantada por los ángeles en el momento del nacimiento de Cristo.  Es un bien positivo – dijo – fruto del orden asignado a la sociedad humana por Dios y no es la mera ausencia de la guerra. No se reduce sólo al establecimiento de un equilibrio de las fuerzas adversarias, sino que más bien exige el compromiso de personas de buena voluntad sedientos de una justicia más perfecta”.
En este sentido el Pontífice manifestó “la viva convicción de que toda expresión religiosa está llamada a promover la paz” no sin antes constatar que “desgraciadamente, todavía hoy, la experiencia religiosa, en lugar de abrirnos a los demás, puede ser utilizada a veces como pretexto para cerrazones, marginaciones y violencias”. “Me refiero en particular – agregó el Papa -  al terrorismo de matriz fundamentalista, que en el año pasado ha segado la vida de numerosas víctimas en todo el mundo”.
De ahí su llamado “a todas las autoridades religiosas para que unidos reafirmen con fuerza que nunca se puede matar en nombre de Dios. El terrorismo fundamentalista  - aseveró - es fruto de una grave miseria espiritual, vinculada también a menudo a una considerable pobreza social que sólo podrá ser plenamente vencido con la acción común de los líderes religiosos y políticos”. 
(MCM-RV)

Papa: Conocer, adorar y seguir a Jesús, el único Salvador

La vida cristiana es sencilla, no se necesitan cosas extrañas o difíciles, basta poner a Jesús en el centro de nuestras elecciones cotidianas. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta el segundo lunes de enero, en el día del inicio del Tiempo ordinario.
Después de la Navidad, con el comienzo del nuevo tiempo litúrgico, el tiempo ordinario, pero en cuyo centro de la vida cristiana – observó el Papa – está siempre Jesús, que es la primera y la última Palabra del Padre, “el Señor del universo”, el “Salvador del mundo. No hay otro, es el único”:
“Este es el centro de nuestra vida: Jesucristo. Jesucristo que se manifiesta, se hace ver y nosotros estamos invitados a conocerlo, a reconocerlo, en la vida, en las tantas circunstancias de la vida, reconocer a Jesús, conocer a Jesús: ‘Pero yo, padre, conozco la vida de aquel santo, de aquella santa, o también las apariciones de aquel de allá y de allá…’. Esto está bien, los santos son los santos, ¡son grandes! No todas las apariciones son verdaderas, ¡eh! Los santos son importantes pero el centro es Jesucristo: ¡Sin Jesucristo no hay santos! Y aquí la pregunta: ¿El centro de mi vida es Jesucristo? ¿Cuál es mi relación con Jesucristo?”.
Tres tareas para hacer que Jesús esté en el centro de la vida
El Papa Bergoglio indicó tres tareas “para asegurarnos que Jesús esté en el centro de nuestra vida”: ante todo conocerlo para reconocerlo. Y recordó que en su tiempo, muchos no lo reconocieron: “Los Doctores de la ley, los sumos sacerdotes, los escribas, los saduceos y algunos fariseos”. Es más – prosiguió diciendo Francisco – “lo persiguieron, lo mataron”. De ahí la necesidad de preguntarse: “¿A mí me interesa conocer a Jesús? ¿O quizás tengo más interés por las telenovelas o las charlas; o las ambiciones, o por conocer la vida de los demás?”.
“Para conocer a Jesús  – explicó el Santo Padre – está la oración, el Espíritu Santo”, pero también está el Evangelio, que hay que llevar siempre consigo para leer un pasaje todos los días: “Es el único modo de conocer a Jesús”. Y “el Espíritu Santo hace después el trabajo. Ésta es la semilla que hace germinar y crecer, es el Espíritu Santo”.
Segunda tarea
La segunda tarea es adorar a Jesús. No sólo pedirle cosas y agradecerle. El Pontífice se refirió a dos modos de adorar a Jesús: “La oración de adoración en silencio” y “después quitar de nuestro corazón las otras cosas que adoramos, que nos interesan más. No, sólo Dios”. “Las otras cosas sirven, sirven si yo soy capaz de adorar sólo a Dios”:
“Hay una pequeña oración que nosotros rezamos; el Gloria: ‘Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo’, pero tantas veces la decimos como loros. Pero esta oración ¡es adoración! ‘Gloria’: yo adoro al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Adorar, con pequeñas oraciones, con el silencio ante la grandeza de Dios, adorar a Jesús y decir: ‘Tú eres el único, tú eres el principio y el fin, y contigo quiero permanecer toda la vida, toda la eternidad. Tú eres el único’. Y expulsar las cosas que me impiden adorar a Jesús”.
Tercera tarea
La tercera tarea – subrayó el Pontífice – es la que propone el Evangelio del día en que Jesús llama a los primeros discípulos a seguirlo. Significa poner a Jesús en el centro de nuestra vida:
“La vida cristiana es sencilla, es muy simple, pero tenemos necesidad de la gracia del Espíritu Santo para que despierte en nosotros este deseo de conocer a Jesús, de adorar a Jesús y de seguir a Jesús. Por esto hemos pedido al Señor, al inicio, en la oración Colecta, conocer lo que debemos hacer y tener la fuerza para hacerlo. Que en la sencillez de cada día  – porque para cada día para ser cristianos no son necesarias cosas extrañas, cosas difíciles, cosas superfluas, no, es sencillo – el Señor nos dé la gracia de conocer a Jesús, de adorar a Jesús y de seguir a Jesús”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).